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Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Koers – Bulletin for Christian Scholarship · Parejas

Reescribir las historias de los miembros de la pareja. La ayuda de la escultura y el uso de pequeños objetos como «coterapeutas»

Un búho, una figura de alambre, un pequeño monstruo, unas gomas de borrar y una caja de madera: colocados sobre el escritorio, estos «coterapeutas» representan la distancia y el poder en la pareja. C. A. Venter vincula esta escultura en miniatura con la obra de Bowen, Karpel y Sager, con la escuela de Milán y con las terapias narrativas, y después la muestra en acción con una pareja al borde de la separación.

Autoría C. A. Venter (Department of Psychology, Potchefstroom University for Christian Higher Education, Potchefstroom, Sudáfrica)Primera publicación Koers – Bulletin for Christian Scholarship, 20 de diciembre de 2000Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Re-authoring marital partners’ stories. The aid of sculpting and the use of small objects as “co-therapists”, de C. A. Venter, publicado en Koers – Bulletin for Christian Scholarship (AOSIS) (2000), doi: 10.4102/koers.v65i4.487, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

La escultura de la interacción de los miembros de la pareja es una vía singular que les permite externalizar sus problemas.

C. A. Venter

Resumen

Debido a la elevada tasa de divorcios y a los efectos traumáticos y de largo alcance que estos fenómenos tienen sobre personas adultas, niñas y niños, la psicología debería procurar constantemente desarrollar formas eficaces de asesoramiento y terapia de pareja. El objetivo de este artículo es presentar un enfoque de terapia de pareja desarrollado por el autor de este artículo. Dentro de este enfoque, la persona terapeuta recurre a una serie de figurillas y objetos utilizados como «coterapeutas» durante las sesiones para representar la relación de los miembros de la pareja. Durante este proceso, el énfasis recae en la cercanía o la distancia (es decir, la intimidad o su ausencia) entre los miembros de la pareja y en la diferencia de altura (es decir, las relaciones de poder) que existe entre ellos. La experiencia ha demostrado que este enfoque es una técnica diagnóstica y terapéutica potente. En este artículo se exponen la fundamentación teórica de esta técnica, sus modos de presentación y su lógica. También se ofrecen sugerencias para futuras investigaciones sobre la técnica y para su desarrollo.

Palabras clave: coterapeutas, terapia de pareja, terapia narrativa, escultura

1. Introducción

La tasa de divorcios en Sudáfrica es alarmantemente alta. Las estadísticas de 1996 indican que se celebraron 146 732 matrimonios, se concedieron oficialmente 32 775 divorcios y 41 971 menores se vieron afectados por estos divorcios (Statistics SA, 1998). Debido a los efectos traumáticos y de largo alcance que el divorcio tiene o puede tener tanto en las personas adultas como en la infancia (cf. Everett & Volgy, 1991; Hodges, 1991; Venter et al., 1995), y en vista de la naturaleza compleja de los problemas de pareja y de las dificultades que experimentan los miembros de la pareja en sus intentos de resolverlos, es esencial que quienes se dedican a la terapia de pareja procuren continuamente desarrollar nuevos enfoques (técnicas) creativos para ayudar a las parejas a afrontar sus problemas. Naturalmente, estos enfoques (técnicas) deben basarse en principios teóricos sólidos. Este punto de partida debería ser una prioridad especial para la psicología cristiana: de las Escrituras se desprende claramente que Dios instituyó el matrimonio como un compromiso de por vida entre marido y mujer, una relación en la que deben mostrarse lealtad y amor mutuos (De Bruyn, 1996).

A raíz de sus propios intentos y fracasos al ayudar a parejas, el autor de este artículo ha desarrollado una técnica sencilla pero potente para ayudar a las parejas a afrontar sus problemas. La técnica desarrollada se basa en la integración de los supuestos de diversas figuras de la teoría y de la terapia sobre la interacción conyugal entre los miembros de la pareja, y de diversos enfoques y técnicas terapéuticos.

2. Fundamentación teórica de la técnica

La literatura sobre el tema indica que numerosas teorías, desde puntos de partida diversos, conceptualizan la relación entre las personas (y también entre los miembros de una pareja) en términos del grado de fusión y de diferenciación (individuación). En términos simplificados, esta visión implica centrarse en la distancia que las personas mantienen en sus relaciones. Ejemplos de esta visión son Bowen (1976), Karpel (1976) y Sager (1981).

Bowen (citado por Kerr, 1981:236) propone que en los sistemas de relaciones humanas existen dos fuerzas naturales que se contrarrestan mutuamente, a saber, una fuerza hacia la individualidad o autonomía y una fuerza hacia la unión o fusión. Según Bowen (en Kerr, 1981:236), estas fuerzas están en constante movimiento, y cada miembro de la relación vigila el estado actual del equilibrio. Una sensación de demasiada unión desencadenará esfuerzos por recuperar algo de individualidad, y una sensación de unión limitada estimulará movimientos hacia la cercanía emocional.

Karpel (1976) y Sager (1981), en su conceptualización y representación de la dinámica relacional, se centran específicamente en los contratos interaccionales que pueden darse entre los miembros de una pareja. Karpel señala 4 tipos de relación y Sager, 7. Karpel (1976:70-81), integrando la obra de numerosas figuras de la teoría y de la terapia, propone 4 modos de relación, a saber: la ausencia de relación, la fusión, la fusión ambivalente y el diálogo.

  • La ausencia de relación se refiere a la situación en la que se evitan en gran medida las relaciones cercanas.
  • La fusión se da en una relación cuando dos personas mínimamente individuadas forman una relación emocional estrecha. Su dependencia mutua las lleva a orientarse casi exclusivamente hacia la relación. Se dedica poca o ninguna energía a la tarea del crecimiento personal y la individuación.
  • La esencia del tercer modo relacional, la fusión ambivalente, es el conflicto entre tendencias progresivas hacia la diferenciación y tendencias regresivas hacia la identificación. Este modo de relación se vive a menudo como una encrucijada entre el miedo a la absorción total en una fusión con otra persona y el miedo a la soledad. Debido a este tipo de conflicto, puede desarrollarse una serie de subformas relacionales como manera de manejarlo, a saber:
  • el distanciamiento de uno de los miembros de la pareja,
  • el distanciamiento alterno de ambos miembros, que crea ciclos de fusión y de ausencia de relación,
  • el conflicto continuo y
  • la disfunción de uno de los miembros (Karpel, 1976:74-77).
  • El cuarto modo relacional, tal como lo propone Karpel (1976), es el diálogo. Este modo representa un modo relacional maduro en el que cada persona se esfuerza por respetar a la otra como alguien separado y diferente de sí. En consecuencia, la individuación de cada persona de una relación que funciona en este modo relacional se verá cada vez más favorecida.

Sager (1981:97-103) señala 7 contratos interaccionales que los miembros de una pareja pueden utilizar en una relación para cumplir sus metas y propósitos respectivos. Estos contratos comprenden la pareja igualitaria, la compañera, la romántica, la paralela, la racional, la parental y la infantil.

  • La pareja igualitaria busca una relación en pie de igualdad para sí y para su cónyuge, y espera que ambos tengan los mismos derechos, privilegios y obligaciones. Espera que su cónyuge sea una persona completa por derecho propio, en gran medida autónoma, pero sensible a sus necesidades y emocionalmente interdependiente.
  • La pareja compañera quiere a alguien con quien compartir la vida cotidiana, pero no aspira a una relación tan estrecha (íntima) como la que requiere la pareja igualitaria.
  • La pareja romántica se comporta como si quisiera y esperara que su cónyuge fuera su alma gemela y actuara como una sola entidad con ella.
  • La pareja paralela interactúa de manera que evita una relación íntima de intercambio. Quiere que su cónyuge respete su distancia emocional y su independencia.
  • La pareja racional intenta establecer una relación razonada, lógica y bien ordenada con su cónyuge. Depende de su cónyuge para aportar espontaneidad y expresión emocional a la relación.
  • La esencia de la dinámica de la pareja parental es controlar a su cónyuge. A veces asume el papel de progenitor protector, o bien se comporta como un progenitor autoritario y punitivo.
  • La pareja infantil es la contrapartida de la pareja parental. En la interacción, busca que la cuiden, la protejan, la disciplinen, la guíen y la liberen de responsabilidades.

Parece, pues, que los contratos interaccionales de Sager pueden relacionarse con los de Bowen y Karpel.

En los 4 primeros estilos de pareja propuestos por Sager (1981), el foco está en la distancia o la cercanía de los miembros de la pareja, pero los dos últimos contratos interaccionales de Sager (pareja parental y pareja infantil) aluden a las diferencias de poder que pueden existir en las relaciones. Otras corrientes, por ejemplo las terapias familiares estructurales, las terapias familiares estratégicas y Bowen, también destacan esta dimensión de las relaciones (cf. Hanna & Brown, 1999; Colapinto, 1991; Levant, 1984; Madanes, 1991).

A la vista de esta información, la hipótesis es que dos dimensiones básicas de las relaciones son la cercanía entre los miembros de la pareja y las diferencias de poder entre ellos. Diversas fuentes ponen de manifiesto que estas dimensiones de distancia y poder en las relaciones desempeñan papeles importantes en las relaciones funcionales y disfuncionales y que, en consecuencia, deben abordarse en las sesiones de terapia (cf. Bartle & Rosen, 1994; Becvar & Becvar, 1996; Goldner, 1998; Holtzworth-Munroe & Jacobson, 1991; Worden, 1999). También se observa que las perspectivas teóricas de Bowen y de Karpel sirven de punto de partida básico para la mayoría de las teorías y terapias mencionadas. Resulta asimismo llamativo y notable que estas mismas dos dimensiones (distancia/cercanía y estatus) se señalan en las Escrituras como dos dimensiones esenciales de las relaciones interpersonales (Kruger, 2000).

La exposición de la técnica propiamente dicha (cf. 3) mostrará que en las sesiones de terapia se utiliza a menudo una forma modificada de escultura. Esta técnica utiliza pequeños objetos y figurillas que actúan como «coterapeutas» para representar la relación entre los miembros de la pareja. L’Abate et al. (1986) señalan claramente las ventajas de esta técnica en su exposición detallada de la escultura. En resumen, puede afirmarse que la técnica «... es un proceso potente para concretar y explorar las relaciones, capaz de condensar el significado en una imagen evocadora y eficaz que resulta más fácil de almacenar, recuperar y relacionar que las descripciones verbales equivalentes» (Papp, citada en L’Abate et al., 1986:166).

En cierta medida, la posición terapéutica que adopta la persona terapeuta durante las sesiones coincide con la de la escuela de Milán y la de algunas terapias narrativas (en especial Michael White, Harlene Anderson & Goolishian, y De Shazer). Se utilizan especialmente dos de las estrategias de la escuela de Milán, a saber, la formulación de hipótesis y la curiosidad (cf. Palazzoli et al., 1980; Cecchin, 1987). La curiosidad ayuda a seguir buscando descripciones y explicaciones diferentes de las ideas de la pareja, de su comportamiento y de la explicación de los acontecimientos de su vida. Desde esta perspectiva, pueden derivarse muchas hipótesis de las historias de la pareja. En términos de terapia narrativa, se estimula a los miembros de la pareja a descubrir historias alternativas e historias «nuevas-viejas» sobre su relación, y no solo a centrarse en la historia dominante de su relación (Hewson, 1991; White, 1991; White & Epston, 1990). De acuerdo con el trabajo de Anderson y Goolishian (1988), la terapia debe garantizar que se cree suficiente espacio emocional durante las sesiones para que los miembros de la pareja puedan articular «lo no dicho» o «lo aún no dicho», ya que estas perspectivas nuevas o alternativas se consideran el recurso para un posible cambio durante un proceso terapéutico. Dentro de este «círculo de lo no expresado», terapeuta y pareja pueden cocrear y codesarrollar nuevos temas y nuevas narrativas (historias). En la cocreación de nuevas historias, la persona terapeuta, teniendo en cuenta el trabajo de De Shazer (1991), puede ayudar a las parejas a construir narrativas progresivas (es decir, nuevas historias que señalan una comprensión distinta y actúan como fuentes del cambio deseado en su vida). La construcción de estas narrativas progresivas es importante porque las parejas con problemas suelen tener narrativas de estabilidad o regresivas sobre su vida (es decir, narrativas que justifican que su vida no cambia —es estable— y narrativas que indican que su vida se aleja de sus objetivos). A la luz de los comentarios de Tom Andersen (1998), se procura que terapeuta y clientela utilicen el lenguaje cotidiano en el proceso de comunicación.

La posición de la persona terapeuta durante el proceso terapéutico no debe ser la del «saber experto», sino más bien la de «no sé». Esta posición implica no presentar a las parejas con problemas conyugales «verdades universales» generales sobre la dinámica del matrimonio. Más bien, en cooperación con los miembros de la pareja, se trata de sostener varias interpretaciones de la realidad (cf. Anderson & Goolishian, 1988; Dashti & Wigg, 1997; White, 1995).

3. La técnica

La aplicación de esta técnica implica que las historias de los miembros de la pareja se redefinen y se reescriben en términos de la cercanía y el poder de cada cual en la relación. En este proceso de reescritura se utilizan pequeños objetos como «coterapeutas» para simular una determinada posición.

Los «coterapeutas» que utiliza el autor de este artículo son algunos adornos y objetos. Los dos «coterapeutas» utilizados con más frecuencia son un búho (de 10 cm de alto y 9 cm de diámetro) y una figura de alambre (de 7 cm de alto y 5 cm de diámetro) (cf. figura 1). Estos dos «coterapeutas» suelen representar a los dos miembros de la pareja. El problema de la relación (un asunto o una persona concretos) se representa a veces con un pequeño monstruo (de 5 cm de alto y 7 cm de diámetro) (cf. figura 1). Las hijas y los hijos se representan con gomas de borrar de distintos tamaños. Un objeto que se utiliza a menudo para representar una situación es una caja de madera para notas (7 cm x 7 cm x 4 cm). Sobre este recipiente se colocan ciertas figuras para indicar las diferencias de altura. A veces la caja se coloca de lado entre dos figuras para indicar una barrera clara entre personas.

Durante las sesiones, el proceso de escultura se realiza sobre el escritorio de la consulta. Se pide a los miembros de la pareja que indiquen si la escultura refleja fielmente sus respectivas historias. La distancia horizontal entre los «coterapeutas» indica la cercanía entre los miembros de la pareja en la relación (su intimidad), y las diferencias verticales (si se indican mediante la caja) indican las diferencias de poder.

Durante las conversaciones que siguen, la disposición de la escultura puede modificarse. En muchos casos, son los propios miembros de la pareja quienes cambian la escultura moviendo los «coterapeutas». A través de este proceso se descubren nuevos temas (historias), así como matices más finos de historias bien conocidas.

Los «coterapeutas»
Figura 1. Los «coterapeutas»

4. Estudio de caso

Una pareja casada de unos treinta y cinco años acudió a terapia porque el marido no estaba seguro de querer continuar una relación conyugal que no lo satisfacía.

Al comienzo de la primera sesión, él indicó que sentía como si hubiera un muro entre él y su esposa. También indicó que ya se había preguntado si no sería mejor divorciarse. Ante su franqueza y su evidente impaciencia con la situación, el terapeuta decidió esculpir sobre su escritorio la información aportada. El marido quedó representado por el búho, su esposa por la figura de alambre y el muro entre ellos por la caja para notas (cf. figura 2). Se formularon entonces varias preguntas y se dedujeron hipótesis sobre la situación, por ejemplo: si la esposa también era consciente del muro entre ellos, ¿desde cuándo sabía que existía? Otras preguntas que podían plantearse eran las siguientes: ¿qué aportó cada cual a la construcción del muro? ¿Qué vivía cada cual en la relación antes de que se levantara el muro? ¿Qué diferencia supuso el muro en su relación y en su vida como personas? ¿Qué habían intentado ya para derribar el muro? ¿Cómo mantenía cada cual el muro? ¿Por qué creían que esos intentos habían fracasado? A esta última pregunta, el marido respondió que sentía que tendría que apartar el muro o, en su defecto, darse la vuelta y poner fin a la relación conyugal. Se le señalaron entonces muchas otras opciones alternativas de lo que podía hacer, apuntando a la escultura sobre el escritorio y cambiando la posición del búho. Estas sugerencias generaron muchas nuevas preguntas e hipótesis sobre las distintas posibilidades. Se consideraron las siguientes preguntas: qué pasaría si se apoyara contra el muro, llamara a su esposa y le preguntara cómo vivía ella el muro; qué pasaría si mirara por encima del muro y le pidiera que le ayudara a derribarlo poco a poco; etc. Al preguntarles al final de la sesión, parecía que ambos miembros de la pareja se habían beneficiado de la sesión y que había sido instructivo esculpir sus problemas relacionales de esa manera.

Durante la segunda sesión, el marido parecía decidido a eliminar el muro entre su esposa y él. De la conversación que siguió se desprendía que había experimentado una gran frustración a causa de la implicación excesiva de su esposa con los menores. Vivía su posición como la de alguien de fuera. La escultura realizada durante la primera sesión volvió a disponerse sobre el escritorio (cf. figura 2).

Según la visión de la pareja consultante
Figura 2. Según la visión de la pareja consultante

Mediante una serie de preguntas se intentó entonces determinar la posición de los dos menores, de 10 y 6 años respectivamente, y cómo encajaba cada cual en la disposición de la escultura. Los menores se representaron con gomas de borrar. Al principio, tanto el marido como la esposa sentían que los menores estaban junto a la esposa, de su lado del muro, pero a fuerza de preguntas pareció que los menores formaban una parte importante del muro (cf. figura 3).

Según la visión de la pareja consultante
Figura 3. Según la visión de la pareja consultante

Se generaron entonces otras preguntas e hipótesis sobre la situación. Por ejemplo: ¿desde cuándo ocupaban los menores esa posición entre ellos? ¿Quién de los dos había contribuido más a ello? ¿Qué hacía cada cual para mantener la posición de los menores? ¿Qué hacía cada menor para permanecer en esa posición? ¿Dónde encajaban los menores en la escultura antes de esta situación? ¿Qué ventajas e inconvenientes tenía la situación para cada miembro de la familia? ¿Qué pasaría si los menores salieran de esas posiciones y dejaran de formar un muro? Al preguntarles, parecía que ambos miembros de la pareja habían llegado durante la sesión a numerosas comprensiones nuevas (historias) sobre su dinámica conyugal y familiar, y que la escultura había mostrado claramente qué cambios estructurales podían introducir en sus relaciones familiares.

La tercera sesión amplió la escultura para incluir el papel del trabajo del marido y la familia de origen de la esposa. El trabajo del marido se representó con un pequeño monstruo, y los miembros de la familia de origen de la esposa con varias gomas de borrar. Durante esta sesión y las siguientes, los nuevos temas (historias) planteados por los miembros de la pareja se incorporaron a la escultura. Esto dio lugar, evidentemente, a nuevas series de preguntas e hipótesis, y a posibles maneras en que la pareja podía abordar sus problemas.

La terapia terminó tras siete sesiones, cuando ambos miembros de la pareja indicaron que había habido una mejora y que sentían que estaban derribando el muro entre ellos. La información sobre diversos aspectos de sus relaciones conyugales y familiares confirmó sus suposiciones.

5. Lógica de la técnica

La lógica en la que se apoya la técnica puede formularse así:

  • La aplicación de la técnica es una metáfora visual y espacial que permite redefinir cuestiones conyugales complejas, y a menudo vagas, de una forma sencilla y manejable. Esta representación de una situación crea un nuevo «lenguaje» que reduce al mínimo la posibilidad de malentendidos entre terapeuta y pareja.
  • La técnica apela a las funciones asociadas más específicamente con el hemisferio derecho del cerebro, es decir, las funciones responsables en particular de los procesos holísticos, intuitivos y creativos. La conversación en torno al proceso de escultura contribuye a integrar los componentes cognitivos, afectivos y experienciales (cf. Wissing, 1991).
  • Al aplicar la técnica, cada miembro de la pareja se implica intelectualmente en el estudio de un material de alto contenido emocional y adquiere así un nuevo conocimiento sobre él. Por ello, puede ganar objetividad respecto a las cuestiones conyugales a medida que se conoce mejor, y puede adoptar la posición del «yo». Esta posición favorecerá la autodiferenciación de cada miembro dentro del matrimonio. Esta hipótesis se apoya en los supuestos teóricos de Bowen (Bowen, 1976) y en la idea de Papp et al. (1973) de que la individuación puede lograrse como resultado de la escultura familiar.
  • Como ocurre con la escultura familiar (Cromwell et al., 1980), la técnica expuesta en este artículo tiene un efecto cohesionador en los matrimonios. Los miembros de la pareja se dan cuenta de que forman una unidad y de que cada cual no solo es parte esencial de ella, sino que también influye en la otra persona de la unidad.
  • Los miembros de la pareja toman conciencia de las características positivas y negativas de su matrimonio y de cómo esta información puede permitirles introducir ciertos cambios en su relación de pareja o en sus relaciones con otras personas.
  • Como en la escultura, el carácter activo y novedoso de esta técnica exige más atención que las conversaciones conyugales, por lo que resulta idónea para contrarrestar el aburrimiento y la inquietud, la falta de atención y los intercambios repetitivos y sin sentido (cf. L’Abate et al., 1986).
  • Por la naturaleza singular de la técnica, a las personas suele parecerles interesante y no tan amenazadora como cabría esperar. El humor también puede incorporarse fácilmente al proceso.
  • La escultura de la interacción de los miembros de la pareja es una vía singular que les permite externalizar sus problemas. En este proceso, los problemas se convierten en una entidad separada y, por tanto, externa y separada de las propias personas y de la relación a la que se atribuía inicialmente el problema. Como el problema se vuelve menos fijo, las personas pueden separarse de las historias dominantes que han ido configurando su vida (cf. White & Epston, 1990).
  • La escultura ayuda a la persona terapeuta a no implicarse demasiado ni dejarse absorber por el sistema emocional de la pareja. Esta ventaja se consigue porque el proceso de escultura crea cierta distancia, lo que facilita mantener una implicación cognitiva en el proceso (cf. Bowen, 1976).

6. Conclusión

Las parejas expuestas a esta técnica o enfoque pueden aportar información importante sobre el impacto que la técnica tiene en ellas, por lo que es imprescindible investigar la experiencia que las parejas tienen de la técnica.

Otro aspecto que podría o debería investigarse es cómo quienes ejercen la psicología desde una perspectiva cristiana y utilizan un enfoque bíblico explícito en sus conversaciones terapéuticas podrían incorporar al proceso de escultura los aspectos de la presencia de Dios y de Sus prescripciones para la vida conyugal cristiana. Ni que decir tiene que un enfoque así debería llevarse a cabo con mucho cuidado y prudencia. Una forma posible de hacerlo es ver las paredes de la sala de terapia como la presencia envolvente y amorosa de Dios.

Complexe Systémique: puntos clave

La fuerza de esta técnica reside en su sencillez: dos ejes, la distancia horizontal para la intimidad y la altura para el poder, y unos pocos objetos cotidianos bastan para hacer visible lo que a la pareja le cuesta decir. Está emparentada con la escultura familiar, con los objetos flotantes y con los tests de figuras en los que la cercanía y la jerarquía se leen en el espacio. Sobre todo, el estudio de caso muestra lo que el objeto permite preguntar: el «muro» que siente el marido resulta estar formado en parte por los menores, lo que abre, sin interpretarla, la cuestión de la triangulación y del lugar de cada cual. Para la clínica, el interés es doble: el problema toma forma fuera de las personas, y la persona terapeuta mantiene la distancia necesaria para no dejarse arrastrar por el sistema emocional. Los límites son claros: un solo caso, relatado por el propio autor, sin medición ni seguimiento, y un marco cristiano que hace del matrimonio un compromiso de por vida, lo que no conviene a todas las parejas ni a todas las prácticas. Puede leerse junto con el artículo sobre los objetos flotantes en terapia sistémica y el artículo sobre la puesta en acto de las metáforas en terapia sistémica colaborativa.

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Traducción no oficial al español de Re-authoring marital partners’ stories. The aid of sculpting and the use of small objects as “co-therapists”, de C. A. Venter, Koers – Bulletin for Christian Scholarship, vol. 65, n.o 4 (2000), doi: 10.4102/koers.v65i4.487, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial son responsables de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «Re-authoring marital partners’ stories. The aid of sculpting and the use of small objects as “co-therapists”», publicado en Koers – Bulletin for Christian Scholarship (2000) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado a la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Venter, C. A. (2000). Re-authoring marital partners’ stories. The aid of sculpting and the use of small objects as “co-therapists”. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/re-authoring-marital-partners-stories-the-aid-of-sculpting-and-the-use-of-small-objects (Obra original publicada en 2000 en Koers – Bulletin for Christian Scholarship, 65(4), 495-506 (2000); republicada en 2000 por Koers – Bulletin for Christian Scholarship, https://koersjournal.org.za/index.php/koers/article/view/487)

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