Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Solution Focused Practices · Debate
En 2020, el Journal of Solution Focused Practices publicó un artículo titulado Steve de Shazer’s Theory Development. Este repasaba toda la trayectoria de de Shazer, que la autoría dividía en cuatro fases, de las que extraía seis axiomas que considera fundamentales en el pensamiento y la práctica de de Shazer. En su comentario sobre los seis axiomas se pone un énfasis considerable en la singularidad de la TBCS, que la autoría se esfuerza por presentar como diferente, en cada uno de sus aspectos fundamentales, de la mayoría o quizá de todas las demás terapias. Este artículo responde a este aspecto concreto de Steve de Shazer’s Theory Development. Sostiene que, al comparar distintos enfoques del campo, es posible construir tanto relatos de singularidad como relatos de similitud y conexión. Se exponen algunos argumentos a favor de desarrollar más relatos de similitud y conexión.
Traducción no oficial al español del artículo original Narratives of Distinctiveness or Similarity and Connection – A Response to Korman, De Jong, and Jordan’s Steve de Shazer’s Theory Development, de Guy Shennan, publicado en Journal of Solution Focused Practices (2021), doi: 10.59874/001c.74984, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia; se han añadido intertítulos donde el original no los tenía, se han reunido al pie del artículo las tres notas de la autoría y se han insertado enlaces a artículos relacionados de este sitio. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Lo que deseo cuestionar es esta aparente importancia que se concede a presentar la TBCS como algo singular.
Guy Shennan
Creo que el artículo sobre el desarrollo del pensamiento teórico de Steve de Shazer publicado recientemente en esta revista (Korman et al., 2020) se convertirá en un clásico instantáneo. Disfruté muchísimo leyéndolo, tanto que lo leí dos veces en un plazo relativamente corto (al otro motivo de la segunda lectura, más allá del simple placer, llegaré enseguida). Steve de Shazer dejó una obra extensa, si se suman a sus libros todos sus artículos y textos en revistas (de Shazer, 1982, 1985, 1988, 1991, 1994; de Shazer et al., 2007), y aunque recompensa una lectura atenta, no es realista suponer que la mayoría de quienes practican el enfoque centrado en soluciones, o de otras personas interesadas, vayan a encontrar tiempo para leerla entera. E incluso si alguien lo hiciera, discernir y destilar de ese gran conjunto un relato coherente del desarrollo teórico de de Shazer es harina de otro costal. Así pues, tenemos una deuda de gratitud con la autoría de este artículo por su relato coherente y convincente.
Volví a leer el artículo porque fue elegido como tema de la primera reunión de 2021 del grupo de lectura del Solution-Focused Collective. Este contexto me llevó a leer —o a malinterpretar, como podría haber dicho de Shazer (1991, 1993) siguiendo a los deconstruccionistas— el artículo de una manera particular, que influyó en mis aportaciones al grupo de lectura. Un rasgo del artículo me llamó la atención en esta segunda lectura, y he escrito esta respuesta solo en relación con él. Uno de los grandes legados de de Shazer fue su insistencia en la importancia de la conversación, no solo al concebir la terapia como conversación, sino al fomentarla dentro de la comunidad centrada en soluciones. Espero que esta respuesta pueda contribuir a desarrollar una conversación, y que surjan otras conversaciones en torno a otros aspectos del artículo. Por ejemplo, la continuidad que presenta en el pensamiento de de Shazer me parece atravesar las nociones de una TBCS 1.0 y 2.0 que se han planteado en los últimos tiempos (McKergow, 2016).
El aspecto del artículo que voy a explorar y al que voy a responder aquí se refiere, por un lado, a la medida en que la terapia breve centrada en soluciones (TBCS) se distingue de otras terapias conversacionales y de otros enfoques de ayuda y, por otro, a las maneras en que se parece a otros enfoques, así como a los posibles efectos de escribir y hablar de ella como distinta o como similar (o como ambas cosas). Compartiré una idea que se ha ido formando a medida que leía, reflexionaba y debatía sobre ello: a partir del mismo material es posible construir relatos de diferencia o relatos de similitud y conexión, y esos relatos distintos tendrán efectos distintos.
Dentro de las cuatro fases del desarrollo teórico de de Shazer, la autoría1 destila seis axiomas que, según propone, son «fundamentales para comprender la TBCS» (p. 472). Añade que, al ser fundamentales para comprender la TBCS, cada axioma «contribuye a distinguir la TBCS de otras terapias conversacionales». Cuando enseño el enfoque CS,3 a veces lo contrasto —o contrasto algunos de sus aspectos— con otros enfoques, y siempre añado lo que considero una salvedad importante: que al hacerlo no estoy diciendo que sea mejor que otros enfoques, solo diferente, y que el contraste puede ayudar a poner de relieve lo que el enfoque CS tiene de distintivo. En otras palabras, a veces recurro a un relato de singularidad, en el contexto de ayudar a las personas a aprender el enfoque. Y cada vez que lo hago me pregunto hasta qué punto es necesario. En cualquier caso, como mis contrastes buscan facilitar la comprensión del enfoque CS, son un medio para ese fin, aunque un medio que uso con poca frecuencia. En este artículo, medios y fines parecen a veces invertidos, como puede verse en el resumen: «una comprensión de la TBCS… contribuye a distinguir la TBCS de otras terapias conversacionales» (p. 47). Lo que deseo cuestionar es esta aparente importancia que se concede a presentar la TBCS como algo singular.
Antes de examinar cómo se hace esto, permítanme dar un rodeo por la idea de construir relatos y por el modo en que pueden crearse relatos diferentes. Se encuentra una formulación clara de ello en los escritos del propio de Shazer. En la fase 4 de su desarrollo teórico (Korman et al., 2020), de Shazer empezó a hablar de las conversaciones terapéuticas como historias o relatos (de Shazer, 1991, p. 91). Al examinar los relatos que se desarrollan en las conversaciones de TBCS, de Shazer se apoyó en el trabajo de Gergen y Gergen (1983, 1986), según quienes existen tres tipos de relato disponibles para describir y evaluar la vida de las personas: los relatos progresivos, que muestran a las personas avanzando en una dirección preferida; los relatos de estabilidad, que muestran la vida como inmutable, y los relatos regresivos (de Shazer prefería «digresivos»), en los que las personas se alejan de sus objetivos (de Shazer, 1991, p. 92). Según esta visión, la conversación terapéutica no explora una realidad externa cuyo significado estaría fijado de antemano y esperando a ser descubierto en la terapia, sino que desarrolla un relato construido conjuntamente por terapeuta y cliente. Quienes practican la terapia centrada en soluciones buscan construir relatos progresivos, como deja claro de Shazer (1994, p. 135) a propósito de los objetivos de una sesión de seguimiento centrada en soluciones, entre los que figura «construir el intervalo entre sesiones como un periodo que ha incluido alguna mejora» (cursiva añadida). El mismo punto aparece con claridad en el informe del estudio seminal sobre el «discurso del cambio» (Gingerich et al., 1988), en el que el paso decisivo consistió en trasladar la «construcción del cambio» (cursiva añadida) a la sesión inicial.
De ello se desprende claramente que podrían construirse otros relatos distintos de los relatos progresivos propios de las conversaciones centradas en soluciones. Parece evidente, por ejemplo, que el intervalo entre dos sesiones cualesquiera de cualquier cliente podría construirse como un periodo que ha incluido algún problema, o algo que no encaja con la dirección que la persona prefería en ese momento. Como sabemos por nuestra creencia en la existencia de excepciones, nada sucede siempre (de Shazer, 1985, p. 161, 1988, p. 52), de modo que la «mejora» no se habrá producido de forma continua entre sesiones, como tampoco los problemas. Gergen y Gergen propusieron una tipología de tres relatos para describir y evaluar la vida de las personas. Quisiera sugerir, con cautela, una tipología de relatos para comparar cosas, por ejemplo maneras de hacer terapia, que también incluiría tres tipos de relato: un relato de singularidad, un relato de similitud o de conexión, y un relato de similitud y diferencia a la vez.
El artículo sobre el desarrollo teórico de de Shazer desarrolla desde el principio un relato que subraya la singularidad de la TBCS, y esto se acentúa en particular al presentar cada uno de los seis axiomas. Examinaré cada axioma por turno. Bajo el primero propuesto —La terapia es un proceso interaccional observable, es decir, una conversación (p. 50)—, la autoría afirma que de Shazer «empieza a distinguir claramente su foco teórico del de las terapias que se centran en lo que ocurre en el interior de la persona, que no es observable, y que no se centran en la interacción entre cliente y terapeuta» (p. 50, cursiva añadida). Sin embargo, lo mismo sobre lo que de Shazer está haciendo aquí podría decirse también dentro de un relato de conexión, que podría incluir lo siguiente: «empieza a alinear claramente su foco teórico con el de las terapias que se centran en las interacciones entre cliente y terapeuta, más que en lo que ocurre en el interior de la persona, que no es observable» (cursiva añadida). Sería difícil afirmar que de Shazer era el único en centrarse en las interacciones entre cliente y terapeuta, y de hecho la autoría no lo afirma en su comentario sobre el axioma 1.
Un ejemplo de otro enfoque conversacional de la terapia, que resultará familiar a muchas de las personas que practican el enfoque CS, es el desarrollado por Harlene Anderson y Harold Goolishian, que cofundaron el Houston Galveston Institute en 1978, casualmente el mismo año en que Steve de Shazer, Insoo Kim Berg y sus colegas fundaron el Brief Family Therapy Center. En un capítulo de una obra colectiva dedicada a los enfoques construccionistas sociales de la terapia, Anderson y Goolishian (1992) describen su terapia como algo que había ido evolucionando a lo largo de los veinticinco años anteriores, lo que abarcaría la totalidad de las tres primeras fases del desarrollo teórico de de Shazer. Imagino que quienes leen esta revista conocerán menos el modelo conversacional del psicoterapeuta británico Robert Hobson, cuyo libro de 1985, Forms of Feeling, expone el enfoque ecléctico de la terapia que había ido desarrollando durante los treinta años anteriores. Sería fácil crear un relato de singularidad que contrapusiera el modelo conversacional y la TBCS, pero también hay similitudes maravillosas, entre otras cosas por la sencillez del enfoque de Hobson y su insistencia en que «quien ejerce la terapia siempre forma parte de una situación de dos personas» (Hobson, 1985, p. 202).
Este comentario resulta interesante a la luz del segundo axioma que la autoría propone para la teoría de de Shazer: La unidad mínima de análisis es la interacción entre terapeuta y cliente en el marco de la terapia. Esta unidad no puede subdividirse más (p. 51). Hobson podría estar diciendo algo parecido. La autoría hace un comentario audaz sobre el axioma 2: «Con este axioma se trazó una frontera clara con básicamente todas las demás teorías del campo» (p. 51). El significado de la palabra «básicamente» en esta frase no está claro, y puede que pretenda matizar el «todas» que le sigue, para dar a entender «la mayoría» o «quizá todas». Creo que sería un matiz sensato, ya que siempre cabe la posibilidad de que existan teorías o modelos que se desconocen.
Ya se ha desarrollado al menos un relato de similitud/conexión que plantea similitudes entre la TBCS y la terapia centrada en la persona de Carl Rogers (Hales, 1999). Una de las «condiciones nucleares» de la terapia centrada en la persona es la empatía, y se ha sugerido que a quienes practican la terapia breve centrada en soluciones no les ha interesado mucho (Turnell & Lipchik, 1999). La empatía podría concebirse como algo que posee quien ejerce la terapia o, desde una perspectiva más conductual, como un conjunto de respuestas que esa persona da a quien consulta. Sin embargo, dos destacadas figuras británicas de la terapia centrada en la persona la describen de un modo que parece conectarla con el axioma 1, como un proceso interactivo, que «debe tener en cuenta no solo la respuesta verbal de quien hace el counselling y el modo en que la persona la percibe, sino también la secuencia de interacción que ha conducido a esa respuesta» (Mearns & Thorne, 2007, p. 70).
Al pasar al tercer axioma propuesto por la autoría —El cambio es el propósito del encuentro entre terapeuta y cliente (p. 54)—, siento la tentación de iniciar otra conversación, o más exactamente de retomarla, dadas mis reflexiones en la Theory of Solution-Focused Practice publicada por la European Brief Therapy Association (Sundman et al., 2020, pp. 101-109). Allí defendí la idea de que el enfoque CS es «un proceso con la esperanza en su centro… más que el cambio» (p. 107). Sin embargo, esa era una opinión mía, y estos axiomas se refieren a la teoría de de Shazer; en cualquier caso, no es el tema de esta respuesta. Volviendo a ella, me doy cuenta de que, para defender mi postura, soy yo quien está construyendo un relato de diferencia entre la autoría y mi persona. ¡Debo tener cuidado! En su comentario sobre el axioma 3, la autoría subraya que quienes practican la terapia centrada en soluciones «no se interesan por el problema ni por sus causas» y alude a «las enormes diferencias que esto genera en la práctica en comparación con casi todo lo demás en el mundo de la psicología y la psiquiatría» (p. 54). Uno de los rasgos de la TBCS que más distintivos me parecieron, y que más me entusiasmaron cuando me formé en ella por primera vez, fue precisamente esa falta de interés por el problema. Al mismo tiempo, lo que me entusiasmaba no eran tanto las «enormes diferencias» que esto produciría en la práctica, sino el apoyo que me daba para trabajar como yo quería. Quizá tuviera que ver con el hecho de que yo no venía del mundo de la psicología o de la psiquiatría, sino del trabajo social. Desde hace mucho se debate con vehemencia si la evaluación o los esfuerzos de cambio deben estar en el centro del trabajo social y, cuando trabajaba en protección de la infancia como profesional del trabajo social, había escrito un documento interno en el que abogaba por un cambio de enfoque en mi equipo, que nos llevaría a desplazar el equilibrio de la evaluación hacia el cambio. Lo que necesitábamos era un modelo y un conjunto de habilidades que nos permitieran hacerlo, y eso es lo que la TBCS me proporcionó a mí y, por extensión, a mi equipo.
Esto me lleva a una de las principales razones por las que creo que desarrollar, al menos en parte o al menos en ocasiones, un relato de similitud/conexión para la TBCS puede tener efectos beneficiosos. En mi labor de formación, suelo sugerir a las personas que aprenden el enfoque CS que busquen las maneras en que encaja con sus formas preferidas de trabajar. Hay al menos un par de razones para ello. En primer lugar, parece probable que las personas se formen una buena impresión del enfoque cuando lo descubren si ven conexiones con maneras de trabajar que ya les gustan. En segundo lugar, adaptar e integrar el enfoque CS en lo que hacen puede ser una tarea difícil para muchas personas en formación, sobre todo para aquellas cuyo contexto de trabajo no es tan sencillo como la terapia (al menos para aplicar el enfoque CS). Por eso parece sensato buscar dónde encajará con los enfoques preexistentes, más que dónde podría chocar con ellos. Es lo que ocurrió en mi caso. Además de encajar con mi deseo de centrarme más en el cambio y menos en la evaluación, la TBCS conectaba también con mis enfoques preferidos del trabajo social. En particular, el trabajo social centrado en la tarea se había desarrollado como una alternativa breve al trabajo social de casos tradicional (Reid & Shyne, 1969; Reid & Epstein, 1972), y durante mi formación en trabajo social me había atraído su orientación hacia objetivos definidos por la persona usuaria y la ausencia de teoría esotérica. No soy la única persona que establece conexiones entre el trabajo centrado en la tarea y la práctica CS. En un relato sobre un enfoque CS de la enseñanza práctica del trabajo social, Bucknell (2000) analiza tanto las similitudes como las diferencias. En el manual británico de referencia sobre la práctica centrada en la tarea, dos personas que me enseñaron trabajo social cuestionan la idea de que «llegar a la raíz del problema» sea un requisito previo imprescindible para el cambio, y citan con admiración a de Shazer: «De hecho, hay terapias breves que parten del objetivo y dejan intactos los problemas. Al fin y al cabo, es posible empezar a desenredar un ovillo de lana y aprender a mantenerlo desenredado sin saber cómo se enredó» (Doel & Marsh, 1992, p. 94).
El cuarto axioma —El cambio de la persona a través de la terapia se produce mediante interacciones observables en las que quien ejerce la terapia encuentra maneras de cooperar con la persona consultante (p. 54)— remite al gran avance que logró de Shazer en relación con la idea de que la clientela se resiste a quien ejerce la terapia (de Shazer, 1984). Dado lo innovador que fue, un relato de singularidad tiene sentido para relatar aquella época, en la que de Shazer «cuestion[ó] y descart[ó] muchos conceptos establecidos en el campo de la terapia familiar y, de este modo, siguió diferenciando la forma de hacer terapia en el BFTC de la de muchas otras clínicas de terapia familiar…». Sin embargo, no me convencen tanto las últimas palabras de esta frase: «… tanto entonces como hoy» (p. 54).
En 1996, un año después de mi primera formación en TBCS, emprendí dos años de formación en terapia familiar y práctica sistémica. Conocía los tipos de terapia familiar predominantes en los años ochenta porque había trabajado durante ese periodo en una unidad psiquiátrica para jóvenes, y el contraste con mi formación posterior fue notable. El acento se ponía entonces firmemente en los enfoques colaborativos y en los llamados enfoques de segundo orden, en los que terapeutas y equipos adoptaban una posición no experta. Lynn Hoffman (2002) lo describió como un «nuevo paradigma» de la terapia familiar, cuyo giro empezó a notarse a finales de los años ochenta y principios de los noventa, y del que son ejemplo Anderson y Goolishian (1992), Tom Andersen y su enfoque del equipo reflexivo (1987), el trabajo posmilanés de Cecchin (1987) y los enfoques construccionistas sociales recogidos en McNamee y Gergen (1992). La terapia breve centrada en soluciones es, por supuesto, distinta de todos estos enfoques y, al mismo tiempo, todos ellos son empresas colaborativas y cooperativas en mayor o menor medida. Desde ese periodo, los relatos de similitud/conexión en este sentido no solo son posibles, sino que se han contado a menudo (véase, por ejemplo, Friedman, 1993).
El quinto axioma —La terapia breve consiste en desarrollar soluciones con la clientela (p. 63)— pretende condensar el proceso centrado en soluciones tal como se desarrolló en la fase 3 del desarrollo teórico de de Shazer. No me convence la formulación de este axioma, lo que quizá refleje mi formación y mi trabajo en BRIEF y las descripciones posteriores de la «versión BRIEF» de la práctica centrada en soluciones (Shennan, 2019). Sin embargo, ahora creo que, aunque existen algunas diferencias sustanciales entre las versiones del enfoque, otras son más superficiales y dependen de la manera en que se presenta. Aunque no describo lo que hago como «desarrollar soluciones» con las personas que acuden a consulta, el comentario más detallado que desglosa el axioma sí refleja mi práctica, puesto que implica la doble actividad de «trabajar de forma cooperativa para continuar los cambios que ya se están produciendo en la vida de la persona, concretamente los cambios en la dirección del futuro más positivo que desea», e «invitar a la clientela a ampliar y construir los detalles de sus definiciones de un futuro más satisfactorio» (p. 63).
Las dos últimas frases de este párrafo «de desglose» bajo el axioma 5 ofrecen un ejemplo claro del relato de singularidad que me llevó a querer escribir esta respuesta. Tras subrayar la postura interaccional de de Shazer y la «terapia como sistema» que favorece el cambio de la persona, el párrafo concluye: «En cambio, el desarrollo de soluciones no consiste en considerar que la clientela tiene problemas concebidos como enigmas que hay que evaluar y resolver. En este sentido, de Shazer distinguió claramente la TBCS de la mayoría de las demás terapias» (p. 63). Lo que se insinúa es una visión monolítica de la mayor parte de la terapia como una actividad de evaluación y resolución de problemas, concebidos como enigmas, lo que parece a la vez una generalización y algo así como una caricatura. Además de las terapias colaborativas, posmodernas y construccionistas sociales mencionadas más arriba, es difícil considerar que las terapias centradas en la persona, humanistas, existenciales y muchas terapias integradoras y creativas se basen de esta manera en la evaluación y la resolución de problemas. Por otra parte, una vez expuesto en qué consiste positivamente el «desarrollo de soluciones», es discutible que sea necesario añadir que no implica otras actividades. Por último, aunque ese contraste sea útil para aclarar el proceso centrado en soluciones, cerrar el párrafo con la nota concluyente de que así «de Shazer distinguió claramente la TBCS de la mayoría de las demás terapias» sugiere que demostrar esa singularidad era el objetivo desde el principio. ¿Por qué habría de ser así?
Tras ver por primera vez el trabajo de Michael White, y en respuesta a un relato de similitud y diferencia que comparaba la TBCS y la terapia narrativa (Chang & Phillips, 1993), Steve de Shazer (1993) escribió un relato de singularidad propio muy contundente. Concluía: «los “acontecimientos extraordinarios” y las “excepciones” son conceptos enormemente diferentes. Conducen a prácticas clínicas y teorías del cambio enormemente diferentes, se derivan de ellas y están relacionados con ellas» (de Shazer, 1993, p. 119). Creo que los acontecimientos extraordinarios y las excepciones son en realidad bastante parecidos, pero, aunque aceptemos que hay diferencias entre ellos, el uso que hace de Shazer de la palabra «enormemente», dos veces seguidas, parece curiosamente hiperbólico. Su conclusión pudo verse influida por su incomprensión del término «unique outcomes» y de la razón por la que el sociólogo Erving Goffman lo acuñó. Supone que la singularidad de un «unique outcome» se refiere a que es un acontecimiento aislado que, al ser un resultado, llega al final de un largo proceso (de Shazer, 1993, p. 118). Sin embargo, en su clásico estudio de los hospitales psiquiátricos como «instituciones totales», Goffman (1961, p. 119) utilizó «unique outcomes» para referirse a aspectos de una persona que se pasan por alto cuando se la considera miembro de una categoría social —la de paciente de un hospital psiquiátrico, por ejemplo—, aspectos que son propios de ese individuo. White tomó prestado el término para referirse a «aspectos de la experiencia vivida que quedan fuera de la historia dominante» (White & Epston, 1990, p15), siendo la historia dominante, por lo general, una historia «saturada de problemas». ¿Distintos de las excepciones? Quizá, pero sin duda no mucho y desde luego no enormemente. Solo podemos conjeturar sobre las razones de un relato de singularidad tan extremo; con todo, sería comprensible que estos grandes terapeutas (White [1993] había llegado a una conclusión similar), en pleno proceso de consolidar sus enfoques relativamente nuevos, sintieran la necesidad de subrayar su singularidad para lograrlo. Casi treinta años después, esta razón concreta para construir relatos de singularidad parece menos apremiante.
El sexto y último axioma propuesto —La terapia es un proceso interaccional y dialógico visible que negocia los significados del lenguaje de la persona consultante (p. 66)— refleja el creciente interés de de Shazer por Wittgenstein y por las ideas postestructuralistas sobre el modo en que el significado se construye en las interacciones entre las personas. Su conexión con el primer axioma, según el cual la terapia es un proceso interactivo, y que la autoría sitúa en la primera fase de de Shazer, entre 1969 y 1978, da fe de la continuidad y la coherencia del pensamiento y de la visión de de Shazer a lo largo de los años. Hay un atisbo de relato de similitud en el comentario de la autoría sobre el axioma 6, antes de volver a la singularidad: «Aunque algunas otras terapias posmodernas puedan compartir esta visión teórica, la mayoría de las terapias del campo no son posmodernas y funcionan como si las palabras que describen las dificultades de la persona y sus soluciones tuvieran significados esenciales» (p. 66). Puedo dar fe de que otras terapias posmodernas comparten esta visión, ya que la mayor formación que he recibido sobre el postestructuralismo fue al asistir a una formación en terapia narrativa en 2014 y 2015.
La autoría señala que la visión postestructural se conoce hoy más a menudo como construccionismo social (p. 63) y, en sus reflexiones sobre «el poder terapéutico del postestructuralismo», Drewery y Monk (1994, p. 304) consideran que el construccionismo social «se inscribe en la diversa gama de implicaciones que se derivan de las aportaciones postestructuralistas». Reflexionan desde el counselling, pero abordan tanto el cambio social como el personal, y terminan su texto mirando al potencial del construccionismo social «mucho más allá del microcontexto de la entrevista de counselling» (Drewery & Monk, 1994, p. 312). Esto me devuelve al punto de partida, que fue mi lectura del artículo sobre el desarrollo teórico de Steve de Shazer para una reunión del grupo de lectura del Solution-Focused Collective.
Creo que fue leer el artículo en este contexto lo que me llevó a ver los aspectos de relato de singularidad que contiene y a reflexionar sobre ellos y, para explicarlo, me referiré al manifiesto centrado en soluciones para el cambio social (Solution-Focused Collective, 2019). El manifiesto se basa en la convicción de que el enfoque centrado en soluciones tiene el potencial de «ponerse al servicio de la búsqueda de la justicia social». Enuncia una serie de intenciones dirigidas a aumentar la justicia social por medios centrados en soluciones, entre ellas la de «tender puentes con los movimientos por la justicia social y la igualdad, y con profesionales de otros enfoques comprometidos con estos fines, para aprender del trabajo de cada cual y enriquecerlo mutuamente». Aprecio la singularidad de la práctica centrada en soluciones, cuya percepción contribuyó a que cambiara mi vida y mi carrera prácticamente de la noche a la mañana cuando me formé en ella por primera vez en 1995. Aprecio también que me ofreciera una manera de trabajar que encajaba con mi forma de querer ver a las personas y de trabajar con ellas. No me cabe duda de que otros enfoques también habrían encajado con ello, pero solo se puede asistir a un curso de formación a la vez, y probablemente se deba en parte a un azar de mis circunstancias a finales del verano de 1995 que hoy trabaje como profesional de la práctica centrada en soluciones. Me alegra haber descubierto desde entonces similitudes con otros enfoques y, quizá, la construcción de algunos relatos de similitud y conexión, o al menos de algunos relatos de similitud y diferencia a la vez, contribuya a crear los vínculos y alianzas entre enfoques del cambio que se necesitan para construir un mundo mejor.
Notas del original
1. Cada vez que utilice a partir de aquí la expresión «la autoría», me referiré a Harry Korman, Peter De Jong y Sara Smock Jordan, que firman el artículo de 2020 al que respondo.
2. Todos los números de página remiten a Korman, De Jong y Jordan, 2020, salvo indicación contraria.
3. Dado que en mi propio trabajo me ocupo de un ámbito más amplio que la terapia, cuando me refiera a él utilizaré la abreviatura CS (centrado en soluciones) en lugar de TBCS.
Complexe Systémique · el hilo del debate
Esta respuesta forma parte de un intercambio publicado por el Journal of Solution Focused Practices. Responde a Steve de Shazer’s Theory Development, de Harry Korman, Peter De Jong y Sara Smock Jordan (2020). El Solution-Focused Collective respondió al mismo artículo en Solution-Focused Collective Action, y Korman, De Jong y Smock Jordan contestaron a ambas respuestas en We Don’t Want to Blur the Boundaries. Guy Shennan había expuesto su propia postura el año anterior en Towards a Critical Solution-Focused Practice?
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Traducción no oficial al español del artículo original Narratives of Distinctiveness or Similarity and Connection – A Response to Korman, De Jong, and Jordan’s Steve de Shazer’s Theory Development, de Guy Shennan, publicado en Journal of Solution Focused Practices, vol. 5, n.º 1 (2021), doi: 10.59874/001c.74984, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia; se han añadido intertítulos, se han reunido las notas al pie del artículo y se han insertado enlaces a artículos relacionados. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Traducción no oficial al español del artículo original «Narratives of Distinctiveness or Similarity and Connection – A Response to Korman, De Jong, and Jordan’s Steve de Shazer’s Theory Development», publicado en Journal of Solution Focused Practices (2021) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Shennan, G. (2021). Narratives of Distinctiveness or Similarity and Connection: A Response to Korman, De Jong and Jordan. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/narratives-of-distinctiveness-or-similarity-and-connection (Obra original publicada en 2021 en Journal of Solution Focused Practices, vol. 5, n.º 1 (2021), pp. 61-67; republicada en 2021 por Journal of Solution Focused Practices, https://journalsfp.org/article/74984)
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