Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Social Sciences · Protección de la infancia
En España, 135 personas —madres y padres, niños, niñas y adolescentes en acogimiento y miembros de equipos de protección de la infancia— describen el apoyo con el que cuentan las familias cuando se separa a un hijo o una hija: una ayuda formal aceptada o rechazada según cómo se decide y se comunica la medida, y una red de parientes que a menudo falta.
Traducción no oficial al español de “If I’m Here, It’s Because I Do Not Have Anyone”: Social Support for the Biological Family during the Foster Care Process, de Eduard Vaquero, M. Àngels Balsells, Carmen Ponce, Aida Urrea y Alicia Navajas, publicado en Social Sciences (MDPI) (2020), doi: 10.3390/socsci9030031, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas; las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Para que las familias acepten el apoyo formal, es necesario que consideren a los equipos profesionales como un elemento de ayuda y no como un elemento de control.
Eduard Vaquero, M. Àngels Balsells, Carmen Ponce, Aida Urrea y Alicia Navajas
Resumen
El apoyo social es un elemento crucial para las familias en situación de vulnerabilidad, en especial para aquellas con hijos e hijas en procesos de acogimiento. Este apoyo es clave para la aceptación de la medida de protección en los momentos iniciales y para sentar las bases de la colaboración hacia la reunificación. Sin embargo, el apoyo social de estas familias es limitado, y el uso que hacen de los elementos de apoyo está estrechamente relacionado con su actitud hacia ellos. Los objetivos de este artículo fueron identificar los tipos y las características del apoyo social y analizar qué elementos influyen en la actitud de las familias hacia estos apoyos. La investigación, de carácter cualitativo, se llevó a cabo en España mediante grupos de discusión y entrevistas con 135 participantes: 63 profesionales de los servicios de protección a la infancia, 42 madres y padres, y 30 niños, niñas y adolescentes que habían estado en medidas de acogimiento. Los resultados muestran la diversidad de recursos de apoyo social de que disponen las familias y ponen de manifiesto que estas hacen un uso desigual de dichos recursos en función de factores como, entre otros, sus experiencias en el proceso de formalización y comunicación de la medida de protección o su predisposición a recibir apoyo. Se subraya el importante papel que desempeñan los recursos de apoyo social en la promoción de factores que permiten un acogimiento y una reunificación exitosos.
Palabras clave: apoyo social, acogimiento, bienestar infantil, necesidades familiares, análisis de contenido
El Sistema de Protección a la Infancia español entiende su actuación como consecuencia de una situación de desamparo que pone en peligro el bienestar psicológico, emocional o físico de niños, niñas y adolescentes. La Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor (Ley 26/2015) contempla diversas medidas de separación provisional durante las cuales el niño o la niña vive en acogimiento en familia extensa, en acogimiento familiar o en acogimiento residencial, mientras su familia participa en un plan de caso que puede permitir la reunificación familiar y el retorno a casa. La decisión que implica la separación de una familia tiene una especial relevancia en la vida de la infancia, dados los efectos a corto y largo plazo que tiene en ella (Farmer 2014). Los momentos iniciales en que se toma la decisión de aplicar una medida de protección merecen una atención detallada. En esta situación, el apoyo social es un elemento clave para que las familias favorezcan su aceptación de la medida establecida y muestren una actitud de colaboración.
El apoyo social se define como el proceso mediante el cual los recursos sociales que proporcionan las redes informales y formales permiten satisfacer las necesidades instrumentales y expresivas personales y familiares, tanto en situaciones cotidianas como en situaciones de crisis (Lin and Ensel 1989). Este apoyo se relaciona con el apoyo emocional, psicológico, físico, informativo, instrumental y material que proporcionan otras personas para mantener el bienestar o favorecer la adaptación a acontecimientos vitales difíciles (Dunst et al. 1988). Además, el apoyo social comprende las redes de apoyo formal e informal de recursos sociales que ayudan a las familias a afrontar la vida cotidiana o las situaciones de crisis (Lin and Ensel 1989).
En el caso de las familias del Sistema de Protección a la Infancia, la investigación ha señalado que el apoyo social del que disponen las familias para afrontar positivamente los procesos de acogimiento y reunificación se ha asociado a una menor tasa de retorno al Sistema de Protección (Farmer and Wijedasa 2013). El modelo de resiliencia familiar en los casos de reunificación familiar, desarrollado por Lietz y Strength (2011), identifica el apoyo social como una de las fortalezas que ayudan a superar ese momento inicial de separación de los niños y niñas respecto de su familia biológica. Asimismo, Walsh (2002) señala como mecanismo de resiliencia familiar la capacidad de las familias para generar relaciones positivas que ayuden a optimizar sus posibilidades y recursos. En cambio, Kimberlin et al. (2009) muestran que la falta de apoyo social podría considerarse un factor de riesgo para el éxito de la reunificación. Otros trabajos sugieren que contar con este apoyo social o recibirlo conlleva beneficios asociados a la prevención de recaídas y al fortalecimiento de las capacidades del sistema familiar (Lee et al. 2010), así como al mantenimiento y la mejora del funcionamiento familiar (Lietz et al. 2011; Ordoñez 2009).
El apoyo social comprende el apoyo formal y el informal. El apoyo informal procede de las relaciones no profesionales que se establecen con la familia, las amistades, el vecindario, etc. (Spilsbury and Korbin 2013). Diversos estudios (Lietz and Strength 2011; Maluccio and Ainsworth 2003; Terling 1999; Maluccio et al. 2000; Lee et al. 2010) han señalado que este tipo de apoyo desempeña un papel preeminente en el acogimiento y la reunificación familiar. Según Simard (2008), es importante consolidar las redes familiares de la infancia al adoptar medidas de protección para obtener resultados positivos en la reunificación. Sin embargo, pese a los beneficios de este tipo de apoyo, los hallazgos de distintos estudios sugieren que las familias en riesgo (Rodrigo et al. 2007) y las atendidas por el Sistema de Protección (Fuentes-Peláez et al. 2016) suelen tener una red de apoyo informal y pobre para hacer frente a sus situaciones difíciles y a los cambios a los que deben responder.
El apoyo formal procede de profesionales, servicios, organismos o instituciones (Spilsbury and Korbin 2013). Entre los estudios sobre este tipo de apoyo, el de Balsells et al. (2013) constató que las familias implicadas en el Sistema de Protección consideraban esencial recibir apoyo formal de las instituciones. Más concretamente, madres y padres recurrían al apoyo con diversos objetivos, como saber qué cambios debían hacer y de qué manera, expresar sus emociones y sentirse acompañados. Además, Fuller et al. (2014) observaron que lo que más ayudaba a la mayoría de las familias era el apoyo emocional que brindaban los equipos profesionales de los servicios de protección a la infancia. Este apoyo resultaba útil para normalizar sus sentimientos y su situación y para ayudarles a sentirse más seguros al contar con alguien que les facilitara determinadas gestiones. Por otra parte, Barth et al. (2008) señalaron que algunas de las estrategias de apoyo formal más exitosas en el acogimiento y la reunificación son los programas de mentoría o socioeducativos dirigidos a las familias.
Tanto el apoyo formal como el informal son útiles para abordar la aceptación de las medidas de protección en la fase inicial de separación y acogimiento. Gestionar adecuadamente esta fase es una de las cuestiones más relevantes para garantizar que la familia comprenda la situación y adquiera un mayor grado de conciencia del problema y de compromiso con el cambio. Trabajos como los de Amorós et al. (2003), Schofield et al. (2011) y Ellingsen et al. (2011) destacan el papel de una comprensión adecuada de las dificultades familiares; es decir, la importancia de que las familias sean conscientes de la situación y comprendan los motivos de la separación. Balsells et al. (2014) constataron que la adquisición de esta capacidad se origina de manera progresiva y en distintos momentos del proceso de acogimiento y reunificación familiar. Coinciden con los trabajos anteriores al mencionar que, en un primer momento, es importante trabajar la comprensión del motivo de la separación y la asimilación de dicho motivo con el plan de caso. Es importante que las familias comprendan cómo adaptarse, estén abiertas al cambio y se mantengan flexibles ante esta situación. También es crucial que consideren la medida de protección como algo positivo y que les aporta una ganancia personal a ellas y a sus hijos e hijas y, al mismo tiempo, deben adquirir confianza, seguridad y autonomía en sí mismas para superar la situación (Schofield et al. 2011; Thomas et al. 2005). Balsells et al. (2011) también constataron que las familias concedían gran importancia a su compromiso y a su disposición a aceptar y llevar a cabo los cambios necesarios para recuperar la guarda de sus hijos e hijas, lo que demuestra un compromiso y un deseo incuestionable de la familia de volver a estar unida (Lietz and Strength 2011; Ordoñez 2009; Farmer 1996).
Sin embargo, el uso que las familias hacen de un apoyo está estrechamente relacionado con su actitud hacia ese apoyo. Se sabe que, en esta primera fase, las familias pueden mostrar hostilidad hacia la medida de protección, hacia los equipos profesionales que han tomado la decisión de adoptarla y, en definitiva, hacia todos los recursos de apoyo formal que han intervenido en la separación. (Forrester et al. 2012) señalan cinco razones por las que madres y padres tienden a mostrar resistencia y escasa colaboración en estas circunstancias: (1) la desventaja social de las familias, (2) el contexto de trabajo del Sistema de Protección, (3) la resistencia al cambio, (4) la negación o minimización del maltrato y (5) el comportamiento de los propios equipos profesionales. Algunos estudios (Smithson and Gibson 2016) también han recogido la voz de las familias, que cuentan cómo se sienten juzgadas, cohibidas, no tenidas en cuenta en la toma de decisiones, frustradas por los periodos de espera y los cambios en los requisitos para la reunificación, emocionalmente poco comprendidas y estresadas. Estos estudios reclaman más apoyo por parte de los equipos profesionales y ofrecen ejemplos de buenas prácticas, como la atención integral a los problemas de las familias, ver a la familia como una familia y no como un mero caso, y asegurar que las familias sean escuchadas e informadas a tiempo, entre otras cuestiones (Smithson and Gibson 2016). Las familias suelen mostrar menos reticencia hacia el apoyo informal porque, por ejemplo, las relaciones con otras familias en la misma situación o que han vivido un proceso similar al suyo reducen los sentimientos de aislamiento y de vivencia solitaria que estas familias padecen a menudo cuando se las separa de sus hijos e hijas (Serbati and Milani 2012; Balsells et al. 2015).
En resumen, el apoyo social es un elemento fundamental para el desarrollo de las familias que se encuentran en procesos de acogimiento, sobre todo en los momentos iniciales, cuando se produce la comunicación de la medida. En esta fase, las familias necesitan un apoyo más intenso y específico para sentar las bases de una buena colaboración, implicación y participación a lo largo de todo el proceso (Fernández-Simo and Cid-Fernandez 2018), lo que marcará el éxito de la posible reunificación. Sin embargo, estas necesidades plantean preguntas como las siguientes: ¿qué tipos de apoyo son más relevantes?, ¿qué características tienen estos apoyos?, ¿qué actitudes tienen las familias respecto al apoyo social?
Para responder a estas preguntas, el presente artículo se propone (a) identificar el apoyo social y sus características en las etapas iniciales de un proceso de acogimiento y (b) analizar los elementos que influyen en la actitud de las familias biológicas hacia el apoyo social.
La presente investigación es de naturaleza cualitativa, con una finalidad descriptivo-explicativa. El estudio siguió un diseño exploratorio mediante grupos de discusión y entrevistas semiestructuradas con múltiples informantes: profesionales del Servicio de Protección a la Infancia, madres y padres con hijos e hijas bajo medidas de protección, y niños, niñas y adolescentes implicados en procesos de acogimiento. El enfoque consideró a estas personas participantes como expertas en el proceso de reunificación (Stolz et al. 2013) e imprescindibles para su mejora. Este diseño metodológico se consideró necesario para profundizar en el papel del apoyo social en los procesos que viven las familias en el sistema de protección a la infancia y comprenderlo mejor (Lin 2014). Su carácter multiinformante permitió encontrar aspectos relevantes desde distintas perspectivas.
La investigación se realizó con un total de 135 participantes de cuatro comunidades autónomas de España: Cataluña, Islas Baleares, Cantabria y Galicia. En total, 63 eran profesionales que trabajaban en organismos públicos del Servicio de Protección a la Infancia, 42 eran madres y padres con planes de reunificación o recientemente reunificados, y 30 eran niños, niñas y adolescentes que habían pasado por un proceso de acogimiento familiar o residencial. Participaron familias que habían recorrido todo el proceso, con el fin de identificar los factores de protección que habían tenido un impacto a lo largo del tiempo y que las propias familias valoraban como fortalezas importantes vinculadas al apoyo social y a la resiliencia familiar en las primeras etapas del proceso: acogimiento y reunificación. Las personas participantes se seleccionaron según distintos criterios. Los criterios de selección del personal profesional fueron los siguientes: (1) trabajar en el Sistema de Protección a la Infancia; (2) contar con un mínimo de dos años de experiencia en acogimiento residencial o familiar; y (3) representar el carácter multidisciplinar de los equipos, es decir, desempeñar funciones distintas, como educación social, pedagogía, psicología, trabajo social, etc. La tabla 1 muestra las características del personal profesional participante.
Tabla 1 — Características del personal profesional participante.
Características; Profesionales (N = 63).
Fuente: elaboración propia.
Los criterios de selección de madres y padres fueron los siguientes: (1) familias ya reunificadas o a la espera de reunificarse en uno o dos meses; (2) familias que habían elaborado o estaban llevando a cabo un plan de reunificación; (3) familias con predisposición y actitud de colaboración con los equipos profesionales en el momento de la recogida de datos; (4) familias con distintas características de edad, estructura familiar, etc.; y (5) familias sin ninguna discapacidad física, mental o sensorial. La tabla 2 muestra las características de las madres y los padres participantes.
Tabla 2 — Características de las madres y los padres participantes.
Características; Madres y padres (N = 42).
Fuente: elaboración propia.
Los criterios de selección de niños, niñas y adolescentes fueron los siguientes: (1) tener más de seis años; (2) estar ya reunificados o a la espera de reunificarse en uno o dos meses; (3) presentar distintas características de edad, estructura familiar, etc.; y (4) no tener ninguna discapacidad física, mental o sensorial. La tabla 3 muestra las características de las madres y los padres participantes.
Tabla 3 — Características de los niños, niñas y adolescentes participantes.
Características; Niños, niñas y adolescentes (N = 30).
Fuente: elaboración propia.
La captación de madres, padres e hijos e hijas como participantes en el estudio la propuso la persona profesional de referencia de cada familia en el organismo de protección a la infancia, conforme a los criterios citados.
Para recoger los datos se utilizaron grupos de discusión y entrevistas semiestructuradas. Esta técnica se ha considerado adecuada para su uso con grupos de población vulnerables (Ayón and Villa 2013), en particular con familias del sistema de protección a la infancia (Balsells et al. 2011), así como con profesionales que trabajan con familias (Stolz et al. 2013). Se elaboró una guía que incluía varios instrumentos: (1) una ficha de identificación para recoger los datos básicos de las personas participantes; (2) un guion de preguntas para el desarrollo de los grupos de discusión y de las entrevistas semiestructuradas; y (3) un registro resumen, en el que el equipo investigador recogía aspectos relacionados con el desarrollo del grupo, como la fecha, la duración y el lugar de realización, la motivación de las personas participantes, la cohesión del grupo y su dinámica.
Los guiones se elaboraron a partir de una revisión de la literatura científica sobre el tema, que puso de relieve elementos clave que debían investigarse. El enfoque de las preguntas pretendía animar a las personas participantes a compartir sus experiencias sobre el proceso de acogimiento y reunificación, incluidas las etapas iniciales de la medida de protección: cómo se produjo, qué sentimientos surgieron, qué ayuda se prestó, etc. Las preguntas se formularon desde la perspectiva de los distintos participantes implicados: familias, hijos e hijas, y profesionales. Así, a cada participante se le plantearon preguntas distintas sobre el apoyo formal e informal, ajustando aspectos como el vocabulario técnico o el tipo de información que profesionales, madres y padres o la infancia podían aportar en cada caso.
Se realizaron en total 22 grupos de discusión: nueve con profesionales (una media de siete profesionales por grupo), ocho con madres y padres (una media de cinco por grupo) y cinco con niños, niñas y adolescentes (una media de tres por grupo). Además, se llevaron a cabo 18 entrevistas semiestructuradas con niños, niñas y adolescentes. Todas se grabaron en audio y se transcribieron posteriormente. Dos miembros del equipo investigador acudieron a cada Servicio de Protección a la Infancia que colaboró en el proyecto. Una persona se encargaba de la dinámica del grupo, mientras que la otra se ocupaba de la grabación y de verificar que se seguían los criterios establecidos en las instrucciones.
El análisis de contenido se realizó siguiendo el sistema ascendente (bottom-up) y se centró en dos dimensiones: (a) el apoyo social y sus características en las etapas iniciales de un proceso de acogimiento, y (b) los elementos que influyen en la actitud de las familias biológicas hacia el apoyo social. Se recurrió al análisis de contenido para analizar la información mediante la elaboración de códigos que fueron evaluados por siete jueces. La primera etapa del análisis fue textual: se seleccionaron párrafos, fragmentos y citas importantes de las transcripciones de las entrevistas y de los grupos focales. La segunda etapa fue conceptual y permitió identificar las categorías y subcategorías potencialmente interrelacionadas. Ambas etapas se sometieron a la revisión de los jueces. El proceso de extracción de códigos y categorías se evaluó mediante un proceso de validación. El análisis de contenido se revisó para buscar el consenso y lograr la máxima fiabilidad de los datos extraídos. Las categorías y subcategorías se definieron cuando los datos alcanzaron la saturación. Se consideró que las categorías estaban saturadas cuando (1) no surgían datos nuevos en una categoría, (2) la categoría estaba bien desarrollada y mostraba variación y (3) las relaciones entre las categorías estaban establecidas y validadas.
Para procesar los datos cualitativos se utilizó el programa Atlas.ti 6.2. Se creó un editor de unidad hermenéutica en el que se incluyeron las transcripciones literales de los grupos focales y de las entrevistas (documentos primarios). A cada categoría se le asignó un código (code) y se incluyeron notas textuales (memos). Se creó una red conceptual (network) para analizar los datos sobre la base de las conexiones establecidas entre los códigos de la unidad hermenéutica.
El desarrollo de la investigación implicó numerosas consideraciones éticas. Se elaboró un documento de consentimiento informado para profesionales y familias, con el fin de garantizar que supieran en qué participaban y pudieran dar su consentimiento. Este documento explicaba claramente la finalidad científica de la investigación, sus derechos como participantes y el tratamiento confidencial de los datos recogidos. Antes de realizar las entrevistas, se animó a las personas participantes a formular cualquier pregunta o pedir aclaraciones para favorecer su comprensión y su disposición a participar. Del mismo modo, se insistió en que tenían derecho a no responder a ninguna pregunta que no quisieran contestar. En el caso de niños, niñas y adolescentes, se solicitó la autorización y el consentimiento de sus familias o de la Administración pública que ostentaba la tutela legal en ese momento. Antes de iniciar la recogida de datos, se informó detalladamente a la infancia participante de la finalidad del estudio, adaptando el vocabulario y el lenguaje, y se le animó a expresar cualquier duda; además, se solicitó su asentimiento explícito antes de comenzar la recogida de datos.
El análisis de contenido de las voces de madres, padres, hijos e hijas y profesionales permitió identificar y responder a dos preguntas clave relacionadas con el apoyo formal e informal: (a) ¿qué tipos de apoyo son más relevantes y cuáles son sus características?, y (b) ¿qué actitudes tienen las familias respecto al apoyo social?
Los resultados muestran una gama diversa de recursos de apoyo formal que las familias utilizan cuando se inicia una medida de separación y acogimiento: (a) los apoyos formales que proporciona el Sistema de Protección (el equipo interdisciplinar que gestiona el plan de caso, el centro de acogida o el servicio de familias acogedoras, entre otros) y otros apoyos formales (personal médico, profesorado, etc.) o especializados (psicología, psiquiatría, especialistas o terapeutas, etc.); y (b) los apoyos informales que proporcionan los servicios sociales comunitarios, la familia extensa, las amistades, etc.
En cuanto al apoyo formal, los resultados sugieren que las familias no siempre utilizan este tipo de recurso en la misma medida ni de la misma manera. En esta fase del acogimiento, hay familias que apenas utilizan el apoyo que proporciona el Sistema de Protección e incluso lo rechazan. Otras familias, en cambio, utilizan estos apoyos de forma positiva desde el principio, en especial las que acuden a los servicios sociales para solicitar voluntariamente la guarda administrativa de sus hijos e hijas.
«Al principio lo rechazaba, estaba bloqueada, solo recibía ayuda de la directora del centro donde me estaba rehabilitando, pero luego, cuando salí, es verdad que estuve con unos psicólogos y educadores que me ayudaron, pero quizá fue porque para entonces ya les escuchaba más».
(cita de una madre)
Las familias utilizan de forma selectiva los apoyos formales normalizados o especializados según sus necesidades; cabe destacar que su uso también podría estar influido por el tipo de relación que se establece entre la familia y los equipos profesionales. En este sentido, la confianza, el conocimiento mutuo y el vínculo son aspectos cruciales asociados a esta relación.
«Llegué a mitad de curso, la maestra me cuidó muy bien, me dieron cariño, estaban muy pendientes de mí, me trataron muy bien». (cita de una persona adolescente)
Los resultados indican que los apoyos formales más solicitados por las familias son el apoyo económico y el psicológico. En el caso del apoyo económico, las familias, los hijos e hijas y los equipos profesionales entrevistados subrayaron la necesidad de aumentar este tipo de ayuda. En el caso del apoyo psicológico, los resultados indican que se reconoce como una de las fuentes de apoyo formal más destacadas en esta fase del acogimiento.
«No puedes decirle a una familia con 400 € que cuide bien de tres criaturas y ya está, porque es imposible... porque a veces las cosas se sostienen con algo material».
(cita de una persona adolescente)
«Las trabajadoras sociales apostaron mucho por mí. Y además, luego, los psicólogos me hicieron ver el motivo por el que me habían quitado a los niños».
(cita de un padre)
En cuanto al apoyo informal, los resultados muestran que tiene una presencia escasa en los momentos iniciales del proceso de acogimiento. El apoyo de la familia, las amistades o el vecindario se considera a menudo insuficiente. En particular en el caso de la familia extensa, su ausencia suele corresponder al deterioro de las relaciones familiares o al distanciamiento de los parientes. A pesar de todo, algunas personas participantes reconocieron que el apoyo informal es un elemento fundamental para el bienestar de sus hijos e hijas y para la estabilidad de la familia. En este sentido, afirmaron que, si hubieran contado con este tipo de apoyo en el pasado, quizá se habría podido evitar la separación.
«Al principio tenía a toda mi familia en contra y fue muy duro; estaba sola y me habían quitado a mi hija. Luego llamé a servicios sociales para reunir a mi familia, nos sentamos, hablamos y a partir de ahí la cosa empezó a solucionarse... ahora pienso que, si hubiera tenido la relación que tengo ahora con mi familia, quizá nada de esto nos habría pasado».
(cita de una madre)
«Cuando les preguntas a algunas familias —¿Tiene a alguien que...?—, la mayoría te dice: si estoy aquí es porque no tengo a nadie».
(cita de una persona profesional)
Los resultados muestran que la actitud de las familias hacia el apoyo depende de cómo se formaliza la medida de protección y de cómo se les comunica. A medida que se desarrolla este proceso de separación, se genera entre los miembros de la familia un conjunto de sentimientos que determina su actitud hacia el apoyo.
En cuanto a la actitud de las familias respecto al apoyo formal, estas tienden a ser más colaboradoras y receptivas cuando solicitan voluntariamente que la Administración ejerza la tutela y la guarda de sus hijos e hijas. En cambio, cuando la decisión no la toman las familias y estas no aceptan las medidas de protección, suelen observarse dos tipos de actitudes que conducen a una menor colaboración: la ira y la agresividad, o la pasividad y la indiferencia.
Aunque los resultados indican que las familias que al principio están enfadadas y alteradas son las más reacias a colaborar en las primeras etapas, sugieren que esto puede ser una reacción orientada a recuperar la guarda de los hijos e hijas, que puede conducir a la reunificación, ya que puede indicar —en términos de implicación y participación— un interés genuino por el futuro de la infancia y por el restablecimiento de las condiciones familiares y contextuales para una parentalidad óptima. En cambio, quienes aceptan la separación y no muestran interés por comprender los elementos que la provocaron pueden tener menores expectativas de reunificación. No obstante, estas últimas constituyen una minoría de las familias en acogimiento.
«He conocido muy pocas familias “abandonantes”; si pienso en los veinte años que llevo trabajando en el equipo, quizá haya conocido una o dos».
(cita de una persona profesional)
Los resultados también indican que la aceptación de estos apoyos formales está relacionada con tres elementos: la aceptación de la medida de acogimiento, la percepción que tiene la familia de los equipos profesionales como recurso de ayuda y la predisposición a recibir apoyo.
Para favorecer la aceptación de la medida se consideran clave tanto la conciencia del problema que causó la separación como el sentimiento de responsabilidad respecto a la situación. En este sentido, los resultados sugieren que la conciencia de los motivos de la separación se adquiere mediante un proceso gradual de comprensión vinculado a la motivación para el cambio. Cuando las familias comprenden los motivos de la separación, empiezan a estar motivadas para hacer los cambios necesarios.
«Empecé a verlos útiles a los ocho meses o así, no antes, porque vi que querían ayudarme a recuperar a mis hijos y a estar bien».
(cita de una madre)
Para que las familias acepten el apoyo formal, es necesario que consideren a los equipos profesionales como un elemento de ayuda y no como un elemento de control. Para que se produzca este cambio de perspectiva y de actitud, un aspecto crucial es la confianza, que también se adquiere mediante un proceso gradual y temporal.
«Primero te suena raro, luego empiezas a escuchar. Es como un proceso, ¿no? Y luego llega el momento, porque te hablan, y empiezas a aceptar un poquito, luego te vas acostumbrando un poco más, hasta que llega un momento en que llegas a confiar en ellos».
(cita de un padre)
Otro elemento esencial asociado a la aceptación del apoyo es la predisposición y la apertura de las familias a recibir ayuda. En este sentido, todas las personas participantes consideraban que la colaboración empieza cuando las familias son conscientes de que el primer paso para avanzar reside en una actitud receptiva a dejarse ayudar:
«Yo personalmente era muy negativa a escuchar a nadie, no quería que nadie me ayudara, pero cuando me di cuenta de todo lo que había vivido, lo entendí, abrí mi corazón para que la educadora que tenía pudiera ayudarme. Entonces estuve abierta a todas las correcciones, a todo lo que se me decía».
(cita de una madre)
«Tienes un gran equipo alrededor, un gran equipo que te apoya, que te orienta... pero eres tú quien tiene que aceptarlo y tragarse el orgullo».
(cita de un padre)
Además de estos elementos, los resultados indican que la actitud de las familias también está influida por los sentimientos que se generan en los momentos iniciales de la experiencia de acogimiento. En general, las familias albergan sentimientos intensos, ambivalentes e incluso negativos debido a la separación de sus hijos e hijas. Los resultados muestran que los sentimientos más frecuentes podrían ser la ansiedad, la soledad, la desorientación, el shock, el bloqueo emocional, el dolor, el sufrimiento, la ira, la impotencia, el miedo, la tensión y la depresión. Algunos de estos sentimientos parecen actuar como generadores o impulsores de intenciones de cambio en las familias.
«Las familias suelen ser reactivas, pero detrás de esa reacción hay sentimientos de miedo e impotencia, de rabia... y son estos los que acaban haciendo “clic” antes».
(cita de una persona profesional)
«Sentía que era un mal padre, y como me sentía un mal padre porque nadie me decía nada, pues dejaba a la niña... Así que, cuando se llevaron a mi hija, se me hundió el mundo. Caí en un pozo oscuro».
(cita de un padre)
En cuanto a la actitud de las familias respecto al apoyo informal, las madres, los padres y los equipos profesionales entrevistados afirman que, si el acogimiento se produce en la familia extensa, la situación suele vivirse de forma menos traumática, lo que podría implicar que la actitud de la familia hacia el apoyo informal también sea más positiva.
«Si es en el entorno familiar, porque se queda en la familia extensa, no es tan traumático; está dentro de su ámbito».
(cita de una persona profesional)
Por último, los resultados indican que los sentimientos más frecuentes de las familias hacia el apoyo informal son la vergüenza, el miedo y la desconfianza, lo que les lleva a rechazar este tipo de apoyo por miedo al «qué dirán» y por la percepción de que pedir ayuda es un síntoma de debilidad.
«Cuando vuelven a casa, hay quien no pide ayuda porque teme que le vuelvan a quitar a sus hijos».
(cita de una persona profesional)
«Si hubieran estado ahí, habría sido muy distinto; una sola persona [familia] no puede sin la ayuda de alguien de confianza».
(cita de una madre)
Este estudio ha analizado dos de los elementos clave vinculados al apoyo social de las familias en procesos de acogimiento: el tipo y las características del apoyo, y la actitud de las familias hacia él. Como se ha observado en este estudio y en los de diversos equipos de investigación (Rodrigo et al. 2007; Lietz et al. 2011), el apoyo social es un factor clave antes (para prevenir la separación), durante (para favorecer el cambio durante el acogimiento) y después (para favorecer y reforzar la reunificación familiar y el retorno de los hijos e hijas al hogar) del proceso. Estos aspectos se asocian a las fortalezas de las etapas del proceso de resiliencia familiar (Lietz 2006; 2009; Lietz and Strength 2011). El apoyo social es un factor clave relevante para la resiliencia familiar a lo largo de todo el proceso de acogimiento y reunificación, pero resulta especialmente importante en los primeros días tras el acogimiento, cuando las familias no solo necesitan recibir un apoyo formal fiable y de confianza, sino que deben afrontar distintos retos para construir progresivamente una red informal que les ayude a culminar con éxito el acogimiento y la reunificación.
La investigación muestra que el apoyo formal es especialmente importante al inicio de una medida de protección. Algunas familias demandan este tipo de apoyo, pero otras lo rechazan, ya que al principio pueden albergar sentimientos intensos y ambivalencia, o incluso rechazar algún apoyo. Este hallazgo respalda y amplía los resultados de otros estudios que señalan la relación entre los equipos profesionales y la familia como un elemento que favorece el compromiso de la familia con la reunificación (Child Welfare Information Gateway 2011). Cuando las familias consideran a los equipos profesionales como elementos de ayuda, se favorece el proceso de acogimiento y de retorno de sus hijos e hijas al hogar (Bravo and Del Valle 2009). Esta visión del profesional como referente de ayuda se alcanza mediante un proceso gradual en el que la aceptación de la medida de acogimiento y el establecimiento de una relación de confianza y comunicación son factores cruciales (Balsells et al. 2014).
En cuanto al apoyo informal, los resultados subrayan el importante papel que desempeñan familiares, vecindario o amistades. Según Spilsbury y Korbin (2013), este tipo de apoyo puede ayudar a reducir y mitigar el impacto de determinados factores de vulnerabilidad al aportar recursos emocionales, proteger a las familias del estrés de la vida cotidiana y ayudarlas a afrontar situaciones de crisis. Sin embargo, los resultados confirman la débil red de apoyo informal de estas familias, en especial en lo que respecta al apoyo recibido de la familia extensa, pese a su importancia, reflejada en otros estudios (Lietz et al. 2011).
Además, las voces de las personas participantes confirman que la actitud de la familia hacia el apoyo está ligada a otros sentimientos de la familia, en especial a las reticencias y los miedos que madres, padres e hijos e hijas pueden tener a la hora de pedir ayuda. En otros estudios, las familias no quieren mostrarse vulnerables porque «podrían sentir culpa, vergüenza o rabia» (Bravo and Del Valle 2009, p. 130), lo que les dificulta solicitar y recibir ayuda.
La relevancia del apoyo formal para ayudar a las familias a afrontar con éxito el acogimiento y la reunificación lleva a los equipos profesionales a adoptar nuevas formas de relación y de comunicación. Nuestros resultados coinciden con los señalados por la Child Welfare Information Gateway (2011) y por Ward et al. (2012) en cuanto a los retos que se plantean: trabajar de forma colaborativa con las familias, ayudarlas a comprender los cambios que deben afrontar, apoyarse en sus fortalezas, mostrar sensibilidad, explicar las consecuencias de incumplir los acuerdos y comunicar las «malas noticias» cuando sea necesario. Del mismo modo, los resultados confirman que determinadas habilidades y actitudes del profesional ayudan a mitigar los miedos de las familias y a construir la relación necesaria para un acogimiento de calidad, como una comunicación abierta y honesta con las familias (Yatchmenoff 2005) o un compromiso real con el caso (Cheng 2010).
Así pues, surgen algunas orientaciones e implicaciones para la práctica vinculadas al apoyo social en los procesos de acogimiento:
Complexe Systémique: lo esencial
Este estudio recuerda algo que los servicios olvidan con rapidez: el momento en que se separa a un niño o una niña de su familia es también el momento en que se prepara la reunificación. La actitud de las familias ante la ayuda no aparece como un rasgo de carácter, sino como el producto de una relación: depende de cómo se decidió y se comunicó la medida, de la confianza construida a lo largo de los meses y de los sentimientos de vergüenza, miedo e impotencia que cierran la puerta a la red de parientes. La ira inicial puede incluso indicar apego al hijo o la hija más que rechazo. Para una lectura sistémica, este es el núcleo: trabajar con toda la familia, incluida la familia extensa, y tratar la red informal como un recurso que hay que reconstruir. Las limitaciones son claras: familias seleccionadas por su disposición a colaborar, exclusión de las personas con discapacidad, un análisis de contenido poco detallado y citas breves. Puede leerse junto con el artículo sobre la experiencia de las familias que visitan a sus hijos e hijas en acogimiento y el artículo sobre lo que la conferencia de grupo familiar enseña a la protección de la infancia.
Notas del original
Contribuciones de la autoría. Conceptualización, M.À.B.; metodología, E.V. y M.À.B.; análisis formal, E.V.; C.P.; A.U. y A.N.; investigación, M.À.B.; curación de datos, E.V.; A.U.; C.P. y A.N.; redacción del borrador original, E.V.; M.À.B.; C.P.; A.U. y A.N.; redacción, revisión y edición, E.V. Toda la autoría ha leído y aprobado la versión publicada del manuscrito.
Financiación. Esta investigación ha sido financiada por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, número de proyecto RTI2018-099305-B-C21, y por el Ministerio de Economía y Competitividad, número de proyecto EDU2014-52921-C2-1-R, del Gobierno de España, así como por la Agència de Gestió d’Ajuts Universitaris i de Recerca de la Generalitat de Catalunya, número de expediente 2017SGR905.
Agradecimientos. El equipo investigador agradece la participación de los niños, niñas y adolescentes, las familias y los equipos profesionales en el estudio.
Conflictos de intereses. La autoría declara no tener ningún conflicto de intereses. Las entidades financiadoras no intervinieron en el diseño del estudio, en la recogida, el análisis o la interpretación de los datos, en la redacción del manuscrito ni en la decisión de publicar los resultados.
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Traducción no oficial al español de “If I’m Here, It’s Because I Do Not Have Anyone”: Social Support for the Biological Family during the Foster Care Process, de Eduard Vaquero, M. Àngels Balsells, Carmen Ponce, Aida Urrea y Alicia Navajas, Social Sciences, vol. 9, n.º 3, 31 (2020), doi: 10.3390/socsci9030031, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción al español, tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «“If I’m Here, It’s Because I Do Not Have Anyone”: Social Support for the Biological Family during the Foster Care Process», publicado en Social Sciences (2020) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Vaquero, E., Balsells, M. À., Ponce, C., Urrea, A., et Navajas, A. (2020). “If I’m Here, It’s Because I Do Not Have Anyone”: Social Support for the Biological Family during the Foster Care Process. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/if-i-m-here-it-s-because-i-do-not-have-anyone-social-support-for-the-biological-family (Obra original publicada en 2020 en Social Sciences, 9(3), 31 (2020); republicada en 2020 por Social Sciences, https://www.mdpi.com/2076-0760/9/3/31)
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