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Ficha de lectura · Red Sistémica

Amor y personalidad en los aymaras

Fruto de una tesis doctoral defendida en Granada en 2008, este libro del psicólogo boliviano Bismarck Pinto cruza la escala triangular del amor de Sternberg con los cinco grandes factores de la personalidad en una población universitaria de origen aymara de La Paz. Cuestiona las descripciones convencionales de la «personalidad aymara», construidas sin preguntar nunca cómo se perciben a sí mismas las personas concernidas, y propone una lectura del vínculo amoroso ordenada por las exigencias comunitarias del trabajo.

Obra Amor y personalidad en los aymaras, Bismarck Pinto Origen tesis doctoral «Concepto de amor y personalidad en universitarios aymaras del departamento de La Paz», defendida en la Universidad de Granada (España) en octubre de 2008 Presentación del autor Edición Complexe Systémique, con el acuerdo de Red Sistémica

«La teoría es buena, pero no impide que las cosas pasen.»

Jean Martin Charcot, epígrafe de la obra

Lo que estudia el libro

El libro Amor y personalidad en los aymaras está basado en la tesis doctoral de Bismarck Pinto: «Concepto de amor y personalidad en universitarios aymaras del departamento de La Paz», defendida en la Universidad de Granada (España) en octubre del 2008.

Trata sobre la relación entre los componentes de la escala triangular del amor de Sternberg con los cinco grandes factores de la personalidad en universitarios de origen aymara de las Unidades Académicas Campesinas (UACs) de la Universidad Católica Boliviana San Pablo.

Los resultados alcanzados muestran la falta de consistencia en las investigaciones previas acerca de la personalidad aymara, demostrándose que la visión que el aymara tiene de sí mismo y de sus relaciones sociales dista bastante de las consideraciones prejuiciosas de quienes intentaron describirlos sin considerar las autopercepciones.

Por otro lado, el concepto de amor aymara carece del elemento pasional, constituyéndose fundamentalmente en un «amor de compañeros» regido principalmente por las exigencias comunitarias hacia el trabajo; es probable que la erradicación del placer sea producto de la incursión nefasta del pensamiento religioso de los conquistadores y de los posteriores sometimientos de la cultura aymara a la ideología colonialista.

Nota de la redacción

La reseña publicada por Red Sistémica reproduce la introducción completa de la obra. De acuerdo con nuestra norma editorial, no reproducimos aquí ese texto: las secciones que siguen restituyen su argumento y los trabajos que discute, sin retomar su letra. El texto íntegro en español se encuentra en el sitio de la revista.

Conviene recordar también qué mide exactamente el estudio: se refiere a una muestra de personas universitarias de origen aymara matriculadas en las unidades académicas rurales de una universidad boliviana, en un momento dado. Sus conclusiones valen para ese grupo; no describen a «los aymaras» en general, y el autor hace de ello precisamente su argumento contra las generalizaciones anteriores.

El punto de partida: Bolivia, la pareja, la comunidad

La introducción sitúa primero el terreno. La situación socioeconómica y los cambios ideológicos de la sociedad están modificando profundamente las relaciones conyugales. En Bolivia, según los datos que cita el autor (Revollo, 1996), del 70 al 80 % de los matrimonios se divorcian en los tres primeros años; en el Juzgado de Familia, el 71,8 % de los casos atendidos corresponden a divorcios, demandados en un 59 % por las esposas y en un 41 % por los esposos; el mayor índice se produce entre los 25 y los 35 años; el 74 % de los divorcios se definen de manera consentida por ambas partes, y el 26 % por injurias o malos tratos. La composición etnorracial del país se recuerda según el Instituto Nacional de Estadística (INE, 2007): una mayoría amerindia, quechuas y aymaras en el occidente, comunidades indígenas del oriente boliviano —principalmente guaraníes y mojeños— en el este, alrededor de un 27,5 % de población mestiza repartida por todo el país y un porcentaje menor de población criolla.

Viene luego lo que, para el autor, constituye la especificidad del terreno: en el mundo aymara, la familia está supeditada a la comunidad. Apoyándose en la etnografía de Carter y Mamani (1989) en la comunidad de Irpa Chico, recuerda que allí el matrimonio cumple la función de transición de una categoría social a otra y determina un orden jerárquico entre la familia del novio y la de la novia, y que los niños y niñas, aunque tienen tiempo para jugar, aprenden desde temprana edad a trabajar junto a sus progenitores. La comunidad se organiza alrededor del trabajo, de tal modo que todas las estructuras sociales —el individuo, la pareja, la familia, el ayllu— están subordinadas al cuidado de la tierra; las creencias religiosas, los ritos y las tradiciones mantienen el delicado equilibrio entre los seres humanos y la naturaleza hostil del Altiplano.

Se subrayan otros dos rasgos. La descendencia aymara es bilateral: el parentesco se establece a través de la línea materna y de la paterna; la kasta paterna reproduce los patrilinajes locales, mientras que la kasta materna teje la red de lazos femeninos que los vinculan (Arnold, 1998). Y la propia lengua lleva la primacía de lo común: Van den Berg (1993) señala que la raíz ay significa lo común; de ahí aymara, tener la misma sangre; ayllu, la comunidad local; aynuqa, el terreno comunitario; ayni, la ayuda mutua. Nada prima sobre la comunidad; y si se entablan relaciones fuera de ella, es para asegurarse un apoyo, una protección y una garantía social que el propio ambiente no basta para ofrecer.

Población indígena en América Latina (datos de la UNESCO 2008 citados en la obra)

  • Bolivia: 5 600 000 (81,2 %);
  • Guatemala: 4 600 000 (50,0 %);
  • Perú: 9 000 000 (40,0 %);
  • Ecuador: 3 800 000 (35,3 %);
  • Belice: 27 000 (14,7 %);
  • México: 10 900 000 (12,6 %);
  • Chile: 1 000 000 (10,3 %);
  • Panamá: 194 000 (8,3 %); El Salvador: 400 000 (7,0 %);
  • Colombia: 744 000 (2,2 %); Nicaragua: 67 000 (1,8 %); Honduras: 50 000 (1,3 %);
  • Argentina: 360 000 (1,1 %); Brasil: 1 500 000 (1,0 %); Venezuela: 315 000 (1,0 %); Paraguay: 30 000 (0,7 %).

De ahí parte el argumento del autor: Bolivia es el país latinoamericano con mayor porcentaje de población indígena, y urge investigar la psicología de sus pueblos.

Los dos instrumentos

La escala triangular del amor

Sternberg construyó su escala para definir lo que las personas quieren decir con «te amo», y para comparar en distintas partes del mundo el lugar de los tres componentes del concepto.

Intimidad

La capacidad de recibir y dar apoyo emocional, de compartir sentimientos, y el nivel de confianza de la relación.

Pasión

Lo que tiene que ver con la diversión y el erotismo.

Decisión / compromiso

A corto plazo, la decisión de amar a otra persona; a largo plazo, el compromiso de mantener ese amor.

Sternberg sostiene que no existe diferencia entre los géneros a la hora de definir el amor: las diferencias se encuentran entre culturas, y se refieren al orden de los componentes, no a la ausencia de alguno de ellos. La introducción repasa las validaciones de la escala —435 adolescentes en los Países Bajos en el estudio de Overbeek y su equipo (2007), 553 personas universitarias en Corea en el de Kwon (2006), con coeficientes de consistencia interna elevados para los tres componentes—, así como los trabajos transculturales de Kim y Hatfield (2004) entre Corea y Estados Unidos, que van en el mismo sentido.

Los cinco grandes factores de la personalidad

El segundo instrumento procede de la teoría de los rasgos, entendido el rasgo como «la tendencia de un individuo a comportarse de una forma consistente en muchas situaciones distintas». La introducción recorre su hilo: los rasgos centrales y secundarios de Allport, los dieciséis factores de Cattell y, después, la serie de trabajos que, de Fiske (1949) a Norman, Borgatta y Smith, encuentran invariablemente cinco factores estables en lugar de dieciséis. Goldberg (1981) los bautiza como los «cinco grandes»: apertura a la experiencia, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo. Costa y McCrae elaboran a partir de ellos, en 1985, un inventario de 185 ítems, traducido desde entonces a más de cuarenta idiomas y estudiado en más de treinta culturas, y después una versión revisada en 1992, ampliada a 240 ítems.

El autor no oculta las objeciones planteadas al modelo: la apertura a la experiencia sigue siendo la dimensión más problemática y la más difícil de definir en términos conductuales; algunos trabajos han cuestionado la independencia del factor responsabilidad, considerado un componente de la extraversión y el neuroticismo. La extraversión y el neuroticismo son, por su parte, los dos factores más consistentes y estables cuando el inventario se adapta a otras culturas; de ahí la hipótesis de una posible generalización de los cinco factores.

El estado de la investigación: un punto ciego

La última parte de la introducción hace inventario de lo que se sabe y, sobre todo, de lo que no se sabe. Los estudios sobre la personalidad aymara son escasos y pertenecen en su mayoría al campo de la antropología o a la especulación filosófica; su tendencia dominante es señalar una predisposición al retraimiento y a la introversión como rasgo básico. Es precisamente esa tradición la que la tesis pone a prueba, partiendo esta vez de las autopercepciones.

Sobre el amor, la constatación es aún más clara: no existe ninguna investigación que lo trate específicamente en la cultura aymara. El matrimonio y la estructura familiar en la región andina han sido objeto de numerosos estudios, pero la dinámica de las relaciones afectivas ha sido a menudo tratada como periférica respecto de las instituciones. La historia ha descrito las costumbres del matrimonio y el trato entre los sexos antes de la conquista, durante la colonia y en la República; la antropología ha analizado las relaciones conyugales, su relación con la cosmovisión y la organización social; la sociología se ha ocupado de la violencia doméstica; la lingüística ha explorado la organización léxico-semántica de los conceptos relacionados con la pareja y la reproducción. Pero no existen investigaciones psicológicas sobre el amor y la sexualidad en los aymaras de Bolivia, ni estudios publicados sobre la atracción sexual; la sexualidad, recuerda el autor, era hasta hace poco un tema casi completamente ausente en las ciencias sociales de América Latina, y su estudio sigue en gran medida ceñido a la cuestión del género.

La introducción recuerda por último los trabajos realizados en La Paz, varios con el autor, que preparan la tesis: sobre las filosofías de vida incompatibles y las creencias irracionales en matrimonios jóvenes (Peralta, 1998); sobre la rigidez de las expectativas en parejas jóvenes y el desacuerdo central sobre la educación de los hijos (Clavijo y Pinto, 1999); sobre la toma de decisiones como problema principal, agravado por las diferencias de nivel educativo, de medio sociocultural y de ingresos (Suárez, 1999); sobre los puntajes de intimidad y pasión más altos en jóvenes de raíces culturales occidentales que en jóvenes de origen aymara (Trigo y Pinto, 2002); sobre el uso de la escala de Sternberg como diagnóstico antes y después de la terapia de pareja (Exeni y Pinto, 2006); sobre las diferencias en la construcción del vínculo conyugal entre mujeres mojeñas y aymaras (Ribera y Pinto, 2006); sobre los conceptos de placer en estudiantes de ambos sexos (Villarroel y Pinto, 2005; Cooper y Pinto, 2007), siguiendo los trabajos mexicanos de Corres, Bedolla y Martínez (1997).

Lo que aporta el libro

Una investigación empírica allí donde no la había, y un desplazamiento de método: preguntar a las personas concernidas cómo se perciben a sí mismas, en lugar de reproducir descripciones establecidas desde fuera. Para la práctica terapéutica, el interés reside menos en las cifras que en la pregunta que reabren: lo que «amar» quiere decir no tiene nada de universal en su ordenación, y un vínculo de pareja puede organizarse en torno al trabajo y la pertenencia comunitaria más que en torno a la pasión, sin que ello constituya una carencia que haya que colmar.

Texto original publicado por Red Sistémica: «AMOR Y PERSONALIDAD EN LOS AYMARAS» (primera publicación: Red Sistémica). Esta ficha de lectura se publica con el acuerdo de la revista.

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Cómo citar este artículo

Pinto, B. (2023). Amour et personnalité chez les Aymaras (Complexe Systémique, trad.). Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/fr_FR/articles/amour-et-personnalite-chez-les-aymaras (Obra original publicada en 2023 en Red Sistémica; republicada en 2023 por Red Sistémica, https://redsistemica.ar/2023/02/10/amor-y-personalidad-en-los-aymaras/)

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