Esta versión ha sido traducida del francés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Lecturas · Alfredo Canevaro
Le presento aquí una ficha de lectura de una obra de Alfredo Canevaro: Prendre son envol, inviter la famille d’origine en thérapie individuelle systémique. Encontrará en ella, en su gran mayoría, citas del libro, con la referencia de la página para orientarse en él si desea leerlo para profundizar. El texto se mantiene estrictamente fiel a la palabra del autor; el vídeo que acompaña este artículo ofrece, por su parte, una síntesis a través de mi mirada personal.
Alfredo Canevaro presenta un modelo que recomienda ver cuatro o cinco veces a solas a la persona consultante antes de recibirla con su familia de origen. Según Matteo Selvini —autor del prólogo de la obra del psiquiatra argentino—, de este modo resultará después imposible reducirla a un peón en el impasse de pareja de sus padres, o a una simple víctima de una cadena de sufrimiento transgeneracional que podría visualizarse en la representación de su genograma (Matteo Selvini, 2008).
En la experiencia del autor, entre el 70 y el 80 % de los contenidos de las sesiones individuales giran en torno a problemas relacionados con la difícil diferenciación de la familia de origen y, por ello, con la dificultad de insertarse en la sociedad con un proyecto existencial satisfactorio.
Centra su reflexión en el hecho de que, si nos dejamos llevar por la corriente de los prejuicios —algunos de los cuales se aferran a nuestro pensamiento con tanta fuerza como un mejillón a su roca—, podríamos vernos arrastrados a guiar a las personas hacia una lucha contra su sistema familiar, concebido entonces como un obstáculo para el proceso de individuación. Recuerda que, para él, uno de los mitos más omnipresentes en psicoterapia es pensar que un individuo en edad adulta debe arreglárselas en ese periodo difícil sin la ayuda de su familia de origen. Ahora bien, si polarizamos la reflexión a la manera de este autor, el ser humano parece debatirse en un eje que oscila entre dos grandes necesidades: la necesidad de pertenencia a un sistema familiar que nos ha dado la vida, nuestro nombre, y con el que hemos acumulado miles de interacciones; y la necesidad de diferenciación, un impulso espontáneo que nos lleva a explorar el mundo y a trazar un proyecto existencial autónomo. Así será posible, llegado el caso, recuperar nuestro linaje en un mecanismo transgeneracional de supervivencia de los valores positivos heredados.
Canevaro se sitúa en la línea de autores como Bowen (1978), quien fue el primero en insistir en la importancia de la diferenciación del individuo respecto de su familia de origen, haciendo que las personas en terapia volvieran a su familia para confrontarse con ella e intentar destriangularse.
«Quienes ejercemos la terapia somos siempre más débiles que un sistema familiar, y solo la conciencia de nuestra debilidad nos da la fuerza para intervenir de forma a veces audaz en las relaciones familiares, favoreciendo un encuentro clarificador que puede servir de detonante para la realización personal autónoma fuera del contexto familiar.»
Alfredo Canevaro, Prendre son envol
Citando a otro autor: «Estoy convencido de que una sola sesión con una persona adulta, sus padres y sus hermanos y hermanas puede tener a veces mejores resultados que los observados tras un ciclo completo de psicoterapia» (Framo, 1996).
La presencia directa en sesión de los miembros de la familia:
Sin embargo, la convocatoria siempre es fuente de dudas y de ansiedad. «¿No se derrumbarán mis familiares si expongo de verdad lo que pienso?» «Papá, que ya tuvo un infarto, ¿no recaerá durante esta sesión?» (p. 53).
La persona terapeuta explica con claridad el motivo de su invitación: «Fulana y fulano han venido a verme para que les ayude con sus problemas y, como considero que la familia es muy importante en la vida de un individuo, necesito su colaboración para ayudarles mejor. Les pediré, por tanto, que hablen con sinceridad de los problemas actuales, de su razón de ser y de las soluciones que proponen. Ayúdenme a ayudarles.»
Esta sincera petición de ayuda mutua por parte de quien ejerce la terapia es muy importante para situar a la familia en una posición favorable ante el proceso terapéutico y evitar que se oponga a él. El arte terapéutico consiste en canalizar estas fuerzas en ese sentido, con el fin de favorecer una intervención a menudo considerada inútil por desconocimiento de causa.
«Según Greenberg y Johnson (1990), las emociones dan sentido a la construcción y a la organización de la realidad. Son prerreflexivas, inmediatas, y sintetizan la información que llega. Informan al individuo sobre su estado interior como reacción a los acontecimientos externos. La conciencia de la experiencia emocional proporciona al individuo información crucial sobre la satisfacción de las necesidades básicas para la supervivencia y la resolución efectiva de los problemas. Tienen una función comunicativa en la interacción social. Orientan al individuo hacia los objetos circundantes del mundo físico o lo alejan de ellos y, cuando se elaboran en un nivel superior, lo preparan para la acción. En terapia, favorecen el cambio interpersonal cuando se toma contacto con las emociones no expresadas que subyacen a un círculo vicioso interpersonal y se redefinen las necesidades o las motivaciones capaces de ayudar a reestructurar la interacción.» (p. 64)
«Es muy frecuente que durante las terapias y los encuentros con los miembros significativos de la familia haya que afrontar conflictos no resueltos del pasado que siguen manifestándose en las relaciones actuales.» Recordemos los objetivos terapéuticos de estos encuentros (p. 65):
«Desde hace muchos años practico técnicas para favorecer la psicoterapia individual o de pareja. Durante mis investigaciones, inventé, a título experimental, una maniobra (Canevaro, 1999) destinada a favorecer la expresión de los sentimientos relativos a la fase de diferenciación de un joven adulto respecto de sus padres, técnica que llamé la mochila.» (p. 81)
«Para facilitar esta fase, el ejercicio de la mochila permite el intercambio emocional y la redefinición positiva de la relación entre padres e hijos, devolviendo a cada cual lo que tiene derecho a tener: al hijo o la hija, la confirmación de sí y el permiso para explorar el mundo; a la madre o al padre, el cumplimiento de una atribución indisociable de su rol. Una vez realizadas las primeras fases de la definición del problema y efectuada la convocatoria de los miembros de la familia a la sesión, llegamos a la tercera fase del protocolo, la entrevista que permitirá aclarar los malentendidos y alcanzar los objetivos terapéuticos. Tras esta explicitación, y una vez obtenido el acuerdo de los padres para ayudar a su hijo o hija a superar sus dificultades, se invita a todos a hacer una experiencia.» (p. 84)
Los matices técnicos de este ejercicio son numerosos, y es necesario que la persona terapeuta esté cerca, no solo físicamente (la distancia: la que le permite tocar con la mano el hombro del joven cuando pronuncia «y lleva consigo una mochila»), al tiempo que presta una escucha atenta y silenciosa mientras escribe en una hoja lo que dicen.
A-B: Confianza — alianza terapéutica — filosofía terapéutica — estrategia de la convocatoria.
B-C: Fenómeno de «efecto invernadero» — encuentros con los padres y/o los hermanos y hermanas.
C-D: Pareja — posible(s) encuentro(s) con la pareja.
D-E: Proyecto existencial — tras los encuentros con la familia de origen, la persona ya está más diferenciada; se traza el proyecto existencial original.
Se evalúan los cambios realizados para comprender si se han alcanzado los objetivos terapéuticos.
E-F: Verificación y balance de la terapia — en esta fase pueden repetirse algunos encuentros con las personas significativas para establecer los cambios individuales de la relación y los posibles retornos al sistema familiar como coterapeutas.
F-G: Controles trimestrales al mes y a los 6 meses; posible seguimiento al año y a los 2 años.
Alfredo Canevaro nos habla de un fenómeno psicológico que encuentra muy a menudo en su práctica cotidiana como terapeuta, y no puedo sino estar de acuerdo con él a partir de mi propia experiencia.
El ritual de la mochila me parece muy interesante y lo he guardado en mi caja de herramientas personal; sin duda lo utilizaré en mi práctica, adaptándolo a mi estilo.
Espero que este pequeño resumen le haya dado ganas de profundizar. Para prolongar esta lectura, puede ver a continuación el vídeo que ofrece una síntesis.
Cómo citar este artículo
Besse, J. (2021, 25 de abril). Prendre son envol. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/fr_FR/articles/prendre-son-envol
Para profundizar
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