Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Family Theory & Review · Familia
Cuando madres, padres y la generación abuela crían en común a las criaturas, ¿quién decide, quién hace qué y cómo se resuelven las tensiones? A partir de 42 estudios de 14 países, el equipo de Xue Bai en la Hong Kong Polytechnic University propone un marco con cinco dominios: poder y autoridad, reparto del trabajo, conflicto, afrontamiento y adaptación, y reciprocidad. Una lectura guiada por la teoría de los sistemas familiares y la interseccionalidad.
Traducción no oficial al español de Toward an integrative framework of intergenerational coparenting within family systems: A scoping review, de Xue Bai, Mengtong Chen, Ranran He y Tongling Xu, publicado en Journal of Family Theory & Review (Wiley) (2023), doi: 10.1111/jftr.12478, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
La coparentalidad intergeneracional es un proceso recíproco en el que las personas adultas que comparten la crianza se coordinan para preservar el funcionamiento y el bienestar de la familia, lo que conduce a estructuras de poder y de autoridad modificadas.
Xue Bai, Mengtong Chen, Ranran He y Tongling Xu
Resumen
La coparentalidad intergeneracional es cada vez más frecuente en todo el mundo. A partir de 42 artículos identificados mediante una búsqueda exhaustiva de estudios publicados en cinco bases de datos, esta revisión de alcance identificó cinco grandes temas relacionados con la coparentalidad intergeneracional: poder y autoridad, reparto del trabajo, conflicto, afrontamiento y adaptación, y reciprocidad. Con la teoría de los sistemas familiares y una perspectiva interseccional como guía, elaboramos un marco integrador de la coparentalidad intergeneracional que abarca cinco temas clave, ilustra sus interrelaciones y los vincula con factores influyentes en los planos individual, familiar, sociocultural y de las políticas públicas. Este marco puede orientar los futuros estudios sobre la coparentalidad intergeneracional y fundamentar el desarrollo de intervenciones destinadas a responder eficazmente a las necesidades prácticas del cuidado compartido de la infancia, prevenir el conflicto en las relaciones intergeneracionales y coparentales, concebir estrategias útiles de afrontamiento y adaptación para obtener resultados coparentales deseables, y cultivar la cooperación y la reciprocidad en el proceso de coparentalidad a fin de salvaguardar el bienestar y el funcionamiento de todo el sistema familiar.
La coparentalidad intergeneracional, definida como el cuidado compartido entre la generación parental y la generación abuela, es cada vez más frecuente en todo el mundo debido a factores como el aumento del empleo materno, el elevado coste de los servicios de cuidado infantil, la migración de las figuras parentales, la monoparentalidad, el embarazo adolescente y el encarcelamiento de madres o padres (Baker et al., 2010; Da, 2003; Goh, 2006; Harper & Ruicheva, 2010; Li & Liu, 2020; Sjöberg & Bertilsdotter-Rosqvist, 2017; Xiao, 2016). Las sociedades asiáticas, como China, tienen una larga tradición de transferencia intergeneracional del cuidado, y es habitual que abuelas y abuelos participen en la crianza (Chen et al., 2011). En 2014, el 66,47 % de las personas abuelas chinas participaban en el cuidado de sus nietas y nietos (China Research Center on Aging, 2014, citado en Xia, 2020). En las sociedades occidentales, que sostienen valores individualistas, la generación abuela no se ha implicado tradicionalmente en el cuidado de la descendencia de sus hijos e hijas; sin embargo, esto está cambiando poco a poco. En 2018, en Estados Unidos, aproximadamente 1,1 millones de personas abuelas de ≥60 años tenían responsabilidades de crianza respecto de uno o más nietos o nietas convivientes de <18 años (Administration on Aging, 2021). En Europa, el 47% de nietas y nietos declararon que la generación abuela participaba en su cuidado (Žilinčíková & Kreidl, 2018). Pese a esta tendencia mundial de mayor implicación de la generación abuela en el cuidado infantil, los estudios sobre la coparentalidad se han centrado en general en el cuidado compartido por los dos miembros de la pareja y han pasado por alto el papel de abuelas y abuelos y la coparentalidad intergeneracional (Shorey & Ng, 2022). Por ello, este estudio se propuso construir un marco integrador de la coparentalidad intergeneracional a partir de una revisión de alcance de la evidencia mundial existente, guiada por la teoría de los sistemas familiares y por una perspectiva interseccional.
La teoría de los sistemas familiares sostiene que la familia debe considerarse un sistema compuesto por subsistemas interdependientes, como los subsistemas conyugal, parental y fraterno (Cox & Paley, 2003). Las familias tienen la capacidad de adaptarse a nuevas circunstancias y de cambiar según lo requiera la sostenibilidad del sistema (Anderson & Sabatelli, 2011; Cox & Paley, 2003). La necesidad de que las hijas e hijos adultos y sus progenitores de edad avanzada se adapten a nuevos roles de cuidado afecta a ambas generaciones individualmente, así como a las interacciones entre generaciones. Además, la jerarquía y los límites dentro del sistema familiar pueden influir en la autoridad parental y en el proceso de coparentalidad intergeneracional (Arnold et al., 2011). Dentro del subsistema formado por los progenitores de edad avanzada y sus hijas e hijos adultos, las diferencias de rol como personas cuidadoras y de actitud ante la crianza pueden desencadenar cambios en la relación intergeneracional. Las relaciones intergeneracionales pueden a su vez influir en el bienestar de los miembros de la familia y en la capacidad del sistema familiar para afrontar los desafíos o adaptarse a ellos (Bai, 2018; Bai, Guo, & Fu, 2018; Bai, Liu, et al., 2018; Derlan et al., 2018).
En consonancia con la teoría de los sistemas familiares, la evidencia empírica indica que el cuidado por parte de la generación abuela puede satisfacer las necesidades instrumentales y de desarrollo de nietas y nietos (Pong & Chen, 2010; Schrijner & Smits, 2018), permitir la participación de las figuras parentales en el mercado laboral y su progresión profesional (Aassve et al., 2012), mejorar la salud, el bienestar y el sentimiento de valía de las personas abuelas (Arpino et al., 2018; Xu et al., 2017) y reforzar los vínculos y el funcionamiento familiares (Chen & Lewis, 2015; Noriega et al., 2017; Xiao, 2016). Sin embargo, las personas abuelas que tienen experiencias de crianza negativas, como quienes están sobrecargadas de responsabilidades de cuidado y viven conflictos frecuentes con quienes comparten con ellas la coparentalidad, son vulnerables al deterioro físico y a un bienestar psicológico deficiente (Goodman et al., 2008; Muller & Litwin, 2011; Xu et al., 2017). Las relaciones coparentales tensas pueden provocar problemas de conducta en niñas y niños (Li & Liu, 2019) y sentimientos de incompetencia en las figuras parentales en el desempeño de su rol (Greenfield, 2011). Las revisiones anteriores se han centrado más en los antecedentes o en los efectos de la coparentalidad intergeneracional que en sus procesos y dinámicas. Faltan investigaciones sobre la coparentalidad intergeneracional desde perspectivas comparativas en un contexto mundial.
La teoría de la interseccionalidad aporta una lente adicional para profundizar en la comprensión de la coparentalidad intergeneracional. La interseccionalidad muestra cómo las múltiples identidades sociales de las personas, como la raza, el género o la clase, están insertas en contextos culturales y estructurales que privilegian u oprimen a unas personas frente a otras (Collins, 2019; Crenshaw, 1991; Curtis et al., 2020; Dolbin-MacNab & Few-Demo, 2018; Lai & Bai, 2016). Aplicada a la abuelidad, la teoría de la interseccionalidad explica cómo la raza, el género, la clase, la condición migratoria o la capacidad de las personas abuelas pueden entrecruzarse para generar distintas fuentes de resiliencia y de riesgo, e interactuar con los sistemas socioestructurales de privilegio y opresión para configurar sus experiencias y su bienestar (Dolbin-MacNab & Few-Demo, 2018; Greenwood, 2008). Por ejemplo, una abuela latina inmigrante, mayor, pobre y con mala salud puede verse obligada a hacer frente al mismo tiempo al edadismo, al clasismo, al racismo y al sexismo. Como sugirieron Dolbin-MacNab y Few-Demo (2018), los discursos dominantes sobre los motivos por los que las personas mayores se implican en la abuelidad y sobre su contexto familiar, como el empleo de las figuras parentales, el consumo de sustancias y la muerte por enfermedad terminal, pueden entrecruzarse con otras identidades sociales, como la raza, la clase y el estado civil, lo que puede conducir a la pérdida de poder de algunas personas abuelas.
Crenshaw (1991) identificó tres tipos de interseccionalidad: representacional, estructural y política. La interseccionalidad representacional se centra en cómo las construcciones culturales, al crear determinadas imágenes de grupos específicos en los medios de comunicación de masas, moldean nuestra visión de esos grupos e influyen en la elaboración de leyes y políticas conexas, lo que puede conducir a su vez a estereotipos y opresión (Crenshaw, 1991; Few-Demo, 2014). La interseccionalidad estructural se refiere a las conexiones entre los sistemas y estructuras de la sociedad y a la manera en que esos sistemas influyen en las personas y los grupos (Few-Demo, 2014). La interseccionalidad política subraya la importancia de examinar la variación dentro de los grupos y entre ellos, e investiga cómo un grupo minoritario concreto se sitúa dentro de dos o más grupos subordinados y cómo puede sufrir discriminación y dificultades debido a agendas políticas en conflicto relacionadas con sus identidades sociales (Dolbin-MacNab & Few-Demo, 2018).
Para comprender de forma integral la diversidad de la coparentalidad intergeneracional, es fundamental reconocer que su experiencia está influida por factores individuales, familiares y socioculturales. Por ejemplo, en las familias asiáticas la coparentalidad intergeneracional responde sobre todo a un fuerte sentido del familismo, mientras que en las familias occidentales la generación abuela suele participar en un arreglo coparental para atender las necesidades específicas de un miembro de la familia o en respuesta a crisis temporales de rol de las figuras parentales (Baker et al., 2010; Derlan et al., 2018; McHale et al., 2013; Moffatt et al., 2019; Xie & Xia, 2011). En los países donde los servicios públicos de cuidado infantil son insuficientes y las guarderías y el servicio doméstico resultan caros, es más probable que se considere a las personas abuelas como las más idóneas y dignas de confianza para asumir las responsabilidades de cuidado (Aassve et al., 2012; Bordone et al., 2017; Goh, 2006). Los estudios anteriores se han centrado principalmente en la coparentalidad intergeneracional en un único contexto cultural o social (Hoang & Kirby, 2020), lo que ha limitado la discusión sobre la interacción de los factores de varios niveles que configuran la experiencia de la coparentalidad intergeneracional. Sobre la base de estas dos perspectivas teóricas, sostenemos que la coparentalidad intergeneracional debe entenderse como parte de un sistema multinivel, inserto en las intersecciones entre factores como las políticas públicas, la cultura, la estructura familiar, la raza, la edad, la ideología de género, el nivel socioeconómico y la situación migratoria.
Los estudios anteriores no han aprovechado la evidencia mundial disponible para construir un marco integrador con el que conceptualizar y examinar la coparentalidad intergeneracional. Dado que la coparentalidad intergeneracional aún no se ha examinado dentro de sistemas familiares más amplios en un contexto mundial, siguen sin respuesta las siguientes preguntas: (a) ¿Cuál es la estructura o distribución del poder y de la autoridad en las coaliciones intergeneracionales de cuidado compartido? (b) ¿Cómo se reparte el trabajo entre la generación parental y la generación abuela en la crianza compartida? (c) ¿Cuáles son los desafíos coparentales habituales a los que se enfrentan madres, padres, abuelas y abuelos, y cómo los afrontan? (d) ¿Cómo cooperan y se corresponden mutuamente las dos generaciones, en su papel coparental, para salvaguardar el bienestar y el funcionamiento de toda la familia? (e) ¿Cómo configuran los factores de varios niveles, de forma independiente y conjunta, la experiencia de la coparentalidad intergeneracional?
Para responder a estas preguntas, este estudio adoptó el enfoque de la revisión de alcance, útil para determinar el alcance de la investigación existente y las dimensiones analíticas actuales en temas emergentes y amplios que no han sido conceptualizados ni analizados de manera adecuada (Munn et al., 2018; Pham et al., 2014). Este estudio adoptó la teoría de los sistemas familiares y la de la interseccionalidad para (a) cartografiar los conceptos, características y dinámicas clave que subyacen al proceso multifacético de coordinación intergeneracional en el cuidado infantil, y (b) sintetizar la evidencia de investigación mundial disponible para desarrollar un marco integrador que articule la esencia y las complejidades de la coparentalidad intergeneracional. Este marco ofrece una base conceptual y analítica sólida para la investigación, la evaluación y el desarrollo de servicios en el futuro.
El estudio adoptó una estrategia de búsqueda bibliográfica sistemática y transparente para garantizar la credibilidad y la exhaustividad de la revisión (Peters et al., 2015). Antes de realizar la búsqueda bibliográfica se elaboró un protocolo de revisión basado en la lista de verificación PRISMA (Moher et al., 2009). Posteriormente, el equipo de investigación debatió y decidió los términos de búsqueda, las bases de datos y los criterios de inclusión y exclusión. Para asegurar una alta calidad y un alcance adecuado de la búsqueda, se realizó una búsqueda piloto en las bases de datos seleccionadas. Tras ella se revisaron los términos de búsqueda y se finalizó el protocolo de revisión. El periodo concreto de este estudio (2000–2021) se eligió por las siguientes razones. En primer lugar, el año 2000 marca el inicio de la investigación moderna sobre las dinámicas coparentales (McHale et al., 2004; McHale & Lindahl, 2011), lo que lo convierte en un punto de partida adecuado. En segundo lugar, en 2000 el censo de Estados Unidos introdujo la pregunta de si las personas abuelas convivientes cuidaban de sus nietas y nietos (Sadruddin et al., 2019). En tercer lugar, las dos últimas décadas han marcado un giro industrial hacia la globalización, que ha dado lugar en muchos países a más hogares con doble ingreso y a más familias migrantes (es decir, aquellas en las que las figuras parentales y su descendencia están físicamente separadas en distintos países o ciudades), lo que empuja a la generación abuela a asumir el rol de cuidadora (Stevenson et al., 2007).
En noviembre de 2021 realizamos una búsqueda sistemática en cinco bases de datos exhaustivas en los ámbitos de las ciencias sociales y la biomedicina: PsyInfo (a través de ProQuest), el Social Science Citation Index, Sociological Abstracts (a través de ProQuest), Social Service Abstracts (a través de ProQuest) y Medline (a través de EbscoHost). Se utilizaron las siguientes combinaciones de términos de búsqueda: (co-parenting OR coparenting OR childrearing) AND (grandmother* OR grandfather* OR grandparent* OR three-generation OR multigenerational), (parent-grandparent OR grandparent-parent) AND ([co-parenting OR coparenting], grandparenting, grandfathering y grandmothering). Se buscaron artículos revisados por pares publicados entre enero de 2000 y noviembre de 2021. Además, como algunos estudios pertinentes pueden estar indexados de forma diferente en las distintas bases de datos electrónicas, se realizó una búsqueda manual mediante la revisión de las referencias y la búsqueda de citas posteriores, que aportó tres estudios adicionales.
La figura 1 ilustra el proceso de selección de los estudios mediante el diagrama de flujo PRISMA. Se utilizó EndNote X9 para gestionar las referencias y seleccionar los estudios. La búsqueda inicial arrojó 5113 artículos, de los que se eliminaron 1824 duplicados. Tras cribar los resúmenes de las 3289 referencias restantes, excluimos 2756 estudios no pertinentes e incluimos una muestra final de 533 estudios para su evaluación a texto completo. A continuación aplicamos criterios de inclusión y exclusión en el cribado a texto completo. Se incluyeron los estudios empíricos publicados en inglés que investigaban las dinámicas coparentales y la relación interpersonal entre la generación parental y la generación abuela implicadas conjuntamente en la crianza. Se excluyeron los estudios que se centraban exclusivamente en la relación entre las personas abuelas y sus nietas o nietos, o que no indicaban claramente la presencia tanto de la generación parental como de la generación abuela en el cuidado. Tras excluir 491 estudios, se incluyeron 42 en nuestra revisión. El proceso de cribado lo realizaron por separado dos personas asistentes de investigación, que contrastaron mutuamente sus resultados de selección para garantizar la coherencia y la exactitud.

El análisis de los datos constó de tres etapas: extracción de los datos, evaluación de la calidad y síntesis de los datos. En primer lugar, se extrajo la información pertinente de los estudios incluidos y se introdujo en una tabla de extracción (apéndice A), que contenía (a) las referencias; (b) las características de la muestra, es decir, la población destinataria, el país o la región y el tamaño de la muestra; (c) el tipo de alianza coparental; (d) la metodología; (e) las mediciones; y (f) los resultados relacionados. En segundo lugar, se evaluó la calidad metodológica de los estudios seleccionados con la herramienta de evaluación de métodos mixtos (MMAT), que se ha adoptado para evaluar la calidad de los estudios cualitativos, cuantitativos y de métodos mixtos en las revisiones sistemáticas (Hong et al., 2018). La MMAT se utilizó para evaluar la selección de la muestra, la adecuación de las mediciones y el análisis de los datos en los estudios cuantitativos, y la pertinencia, la suficiencia y la coherencia de los datos en los estudios cualitativos.
En segundo lugar, antes del análisis formal de los datos, se seleccionaron 10 estudios que fueron revisados de forma independiente por todos los miembros del equipo de investigación. Se celebró una reunión para debatir las discrepancias y las preguntas surgidas durante las dos primeras etapas del análisis, y se alcanzó un consenso sobre los principios de extracción de los datos y de evaluación de la calidad. A continuación, todos los artículos se dividieron en tres grupos, y cada grupo fue analizado de forma independiente por dos personas revisoras. La fiabilidad interevaluadores se examinó calculando los coeficientes de correlación intraclase, y se constató un alto grado de fiabilidad en los tres grupos (0.938, 0.886 y 0.873).
En tercer lugar, se realizó un análisis temático para sintetizar los resultados de todos los estudios (Pope et al., 2006). Cada artículo fue leído repetidamente por más de una persona revisora, y se resaltaron y codificaron los conceptos principales y los hallazgos clave. Se generaron temas y subtemas. Se llevó a cabo un análisis entre casos para comparar los resultados de varios estudios que examinaban temas o subtemas similares, y la síntesis de los datos se realizó identificando las diferencias y similitudes entre esos resultados. En el plano descriptivo, se identificaron la prevalencia de la implicación de la generación abuela en la coparentalidad intergeneracional, el perfil de las personas abuelas y los tipos de alianzas coparentales. Los demás resultados se sintetizaron en varios dominios clave.
Los 42 estudios se realizaron en 14 países o regiones, con el mayor número en Estados Unidos (n = 17), China (n = 9) y el Reino Unido (n = 5), seguidos de Singapur, Japón, Vietnam, la RAE de Hong Kong, Taiwán, Rusia, Suecia, Alemania, Suiza, Nueva Zelanda y Australia. Este alcance representaba ubicaciones geográficas y contextos socioculturales diversos. Los estudios de la muestra abarcaban contextos familiares diversos, entre ellos familias con bajos ingresos (n = 2), con doble empleo (n = 3) y migrantes transnacionales (n = 11), familias con hijos o hijas con discapacidad (n = 2) y familias con figuras parentales encarceladas (n = 3), adolescentes (n = 4) o que crían en solitario (n = 1). Las metodologías de los estudios eran mayoritariamente cualitativas (n = 25), seguidas de las cuantitativas (n = 11) y de los métodos mixtos (n = 6). Se utilizaron múltiples enfoques de recogida de datos; los detalles metodológicos se presentan en el apéndice A.
Este estudio sintetizó la interacción y el proceso de la coparentalidad intergeneracional y los clasificó en cinco temas parcialmente relacionados pero distintos entre sí: poder y autoridad, reparto del trabajo, conflicto, afrontamiento y adaptación, y reciprocidad. En el apéndice B se ofrece un resumen de los temas, los subtemas y los resultados correspondientes.
De los 18 estudios que evaluaron la estructura de poder en la crianza, la mayoría (n = 13) señalaba una estructura en la que la generación parental actúa como gestora, mientras que los demás mostraban una jerarquía colaborativa o encabezada por la generación abuela. Las figuras parentales que consideran que el estilo de las personas abuelas suele ser demasiado indulgente insisten en mantener su propio predominio en la crianza (Conn et al., 2013; Goh & Kuczynski, 2010; Sivak, 2018). En correspondencia, las personas abuelas que creen en la obligación parental ocupan a menudo un papel auxiliar en la coparentalidad y se atienen a las normas de «estar ahí» y de «no interferir» (Breheny et al., 2013; Chen & Lewis, 2015; Moffatt et al., 2019; Nagata et al., 2010; Yang et al., 2018). Estas normas indican que la generación abuela es condescendiente y tolerante, cree que las figuras parentales toman las mejores decisiones para las criaturas (Harman et al., 2021), deja espacio a la autonomía parental (Moffatt et al., 2019; Yang et al., 2018), facilita el ejercicio del poder parental (Mason et al., 2007; Xiao, 2016) y mantiene relaciones familiares armoniosas al tiempo que preserva su propio espacio emocional y físico (Chiu & Ho, 2020; Yang et al., 2018). La representación mediática de la jubilación ideal como autonomía, con una vida enriquecedora de ocio fuera de la familia, y la estructura de familia nuclear en las sociedades proindividualistas, como Estados Unidos, Europa y Japón, pueden traducirse en un apoyo jurídico insuficiente para el reconocimiento de la ayuda de las personas abuelas, lo que refuerza aún más esta estructura de poder (Breheny et al., 2013; Sjöberg & Bertilsdotter-Rosqvist, 2017; Thang et al., 2011). Sin embargo, la alianza en la que la generación parental actúa como gestora puede verse afectada por estas normas y mostrar incoherencias cuando la generación abuela participa intensamente en el cuidado infantil debido a contextos socioculturales como la falta de servicios formales de guardería y la construcción cultural tradicional de las personas abuelas como figuras principales de cuidado (Leung & Fung, 2014; Sandel et al., 2006; Thang et al., 2011).
La generación abuela, como fuerza estabilizadora de la familia, asume a veces, de forma voluntaria o involuntaria, las principales responsabilidades del cuidado infantil (Conn et al., 2013; Harper & Ruicheva, 2010). A menudo dispone de más recursos o está en mejores condiciones de cuidar cuando las figuras parentales carecen de capacidad de crianza debido a alguna crisis familiar. Además, algunas alianzas coparentales se caracterizan por una cooperación y una participación igualitarias de la generación abuela y de la generación parental (Conn et al., 2013; McHale et al., 2013). Por ejemplo, estudios realizados en Estados Unidos revelaron que puede darse una alianza igualitaria cuando ambas generaciones mantienen relaciones estrechas y afectuosas (McHale et al., 2013). Del mismo modo, el valor cultural tradicional de la piedad filial y del respeto a las personas mayores, que se subraya en las familias inmigrantes chinas, da lugar a este tipo de alianzas (Conn et al., 2013).
En la alianza en la que la generación parental actúa como gestora, las figuras parentales suelen tener la voz dominante en las decisiones sobre la crianza. Las personas abuelas quedan fácilmente marginadas en las conversaciones familiares sobre el desarrollo infantil por su supuesta falta de conocimientos sobre la educación formal y los estilos modernos de crianza (Xiao, 2016). En las alianzas coparentales encabezadas por la generación abuela puede observarse una incoherencia entre la estructura de poder y la autoridad en el proceso de toma de decisiones sobre la crianza. Las personas abuelas que se encargan del cuidado principal a menudo no tienen un estatus jurídico claro, lo que limita su capacidad para tomar decisiones (Hayslip et al., 2019). En cambio, en los estilos jerárquicos tradicionales de abuelidad de las familias africanas y asiáticas, la generación abuela debe «enseñar» a sus hijas e hijos adultos (Bhopal, 1998; Goh, 2013; Leung & Fung, 2014; Sandel et al., 2006). Este fenómeno se observa sobre todo en madres y padres adolescentes cuya propia familia de origen insiste en formarles en materia de crianza (Perez-Brena et al., 2021), y en familias de minorías étnicas o inmigrantes en las que la generación abuela desempeña un papel estabilizador en la unidad familiar ante el racismo y la migración laboral (Goodman & Silverstein, 2001). En un ejemplo relativamente extremo, en la India la familia abuela por línea paterna tiene la última palabra en las decisiones de crianza aunque no aporte necesariamente un apoyo considerable en el cuidado (Bhopal, 1998).
La estructura de poder de las coaliciones coparentales, que incluyen las unidades coparentales nucleares, los grupos familiares funcionales y los «subsistemas ejecutivos familiares» encargados de la orientación, la toma de decisiones y la educación de las criaturas (Baker et al., 2010; Goh & Kuczynski, 2010; McHale et al., 2004), no siempre es fija y estable, sino fluida en las interacciones cotidianas (Xiao, 2016). Las luchas de poder intergeneracionales en torno a la crianza son frecuentes. Las personas cuidadoras insatisfechas con su posición marginal o con el arreglo de crianza pueden tratar estratégicamente de obtener más poder sin dejar de evitar socavar la alianza coparental. Estas luchas de poder son especialmente marcadas entre las madres jóvenes y sus suegras, ya que las abuelas paternas tienden más a percibir a las madres como ajenas a la familia que desafían su autoridad, sobre todo en los hogares chinos de cultura patrilineal (Sandel et al., 2006; Xiao, 2016). A la inversa, las madres y padres jóvenes pueden adoptar una visión edadista de la generación abuela como cuidadora carente de conocimientos científicos y actualizados sobre el cuidado infantil (Sivak, 2018; Xiao, 2016). Las personas abuelas pueden negarse a acatar las reglas parentales, criticar a las figuras parentales delante de nietas y nietos (Goh & Kuczynski, 2010; Xiao, 2016), formar alianzas con la generación nieta a través del cuidado cotidiano (Xiao, 2016) o incluso hacer directamente promesas de donaciones en vida sin contar con las figuras parentales (Tezcan, 2021). Para hacer frente a los desafíos que encuentran en su papel rector dentro de la alianza coparental, las figuras parentales pueden «ablandar» a la generación abuela organizando viajes familiares y cediendo parcialmente en asuntos menores (Xiao, 2016), mientras que algunas pueden plantearse retomar las tareas de cuidado para «tomar distancia» de unas personas abuelas demasiado implicadas (Conn et al., 2013; Sivak, 2018).
Las personas abuelas pueden asumir múltiples tareas de cuidado, que van desde las actividades recreativas hasta un apoyo instrumental intensivo a las figuras parentales en el cuidado infantil. Cuando la generación abuela ayuda en las tareas de cuidado, las figuras parentales pueden quedar liberadas de algunas responsabilidades de crianza y centrarse en la educación y la disciplina de la criatura y en la planificación de su desarrollo (Goodman, 2007; Sandel et al., 2006). El reparto del trabajo de cuidado entre ambas generaciones se ve afectado por la intersección entre las características individuales, la relación familiar y la estructura de poder, el contexto cultural y las políticas de cuidado infantil (Goodman & Silverstein, 2006; Wyss & Nedelcu, 2020). Por ejemplo, las personas abuelas más jóvenes (Goodman, 2007), con un nivel socioeconómico más bajo (Goh, 2009), con mejor estado de salud (Chen & Lewis, 2015; Nagata et al., 2010) y que viven cerca de una hija o un hijo adulto o con él (Bhopal, 1998; Chen & Lewis, 2015) tienen más probabilidades de implicarse en el cuidado de la generación nieta. Los factores familiares y sociales, como el doble empleo de las figuras parentales, la discapacidad de la criatura, el acceso limitado a centros y servicios de cuidado infantil y el apoyo gubernamental a la ayuda de la generación abuela, como las desgravaciones del impuesto sobre la renta para las personas abuelas cuidadoras sin empleo, pueden entrecruzarse con las características individuales y favorecer una implicación intensiva de la generación abuela en el cuidado infantil (Bordone et al., 2017; Thang et al., 2011; Xiao, 2016; Yang et al., 2018).
Cuando las figuras parentales no pueden cuidar de sus hijas e hijos por encarcelamiento, abuso de sustancias o de alcohol, o por criar en solitario o en la adolescencia, algunas personas abuelas pueden asumir las principales responsabilidades del cuidado infantil (Harper & Ruicheva, 2010; Sjöberg & Bertilsdotter-Rosqvist, 2017). Aunque se las considere «salvadoras» de la familia, las personas mayores de estas familias se enfrentan a desafíos adicionales. Ello se debe a que normalmente no tienen empleo y deben desempeñar diversas tareas de cuidado para sus hijas e hijos y para la generación nieta, al tiempo que garantizan la seguridad económica de la familia (Goodman & Silverstein, 2001; Harper & Ruicheva, 2010; Sandel et al., 2006).
Las abuelas suelen asumir más tareas de cuidado que los abuelos, en particular la limpieza del hogar y el apoyo emocional (Harper & Ruicheva, 2010; Xiao, 2016). Además, los padres tienen menos probabilidades que las madres de participar en las coaliciones coparentales. Incluso en las familias con doble empleo, los padres tienden a considerar que su papel es el de «sostén económico» más que el de cuidador (Conn et al., 2013; Xiao & Loke, 2021) y pueden quedar excluidos de la coparentalidad si las madres dudan de su competencia en el cuidado (Wang & Schoppe-Sullivan, 2021). Además, el reparto del trabajo según el género depende del contexto familiar. Por ejemplo, en los grupos de minorías étnicas de Estados Unidos es más probable que sean las abuelas quienes desempeñen los principales papeles de cuidado, debido a una historia de crianza compartida iniciada por mujeres (Goodman & Silverstein, 2006). A la inversa, la condición migrante de una familia puede obligar a la generación abuela a apartarse de los roles de género tradicionales y a ofrecer cualquier tipo de ayuda que pueda prestar, ya que las necesidades de cuidado infantil son más importantes que los roles de género (Chen & Lewis, 2015).
Los estudios realizados en Europa revelaron que la familia abuela por línea materna participaba más en la coparentalidad intergeneracional, como fuente crucial de apoyo para las madres (Barnett et al., 2010; Moffatt et al., 2019; Sjöberg & Bertilsdotter-Rosqvist, 2017). En China y en la India, donde la cultura patrilineal es más fuerte, la familia abuela por línea paterna parecía más dispuesta a ayudar en la crianza (Chen et al., 2000). Además, la proximidad residencial de la generación abuela paterna (pero no de la materna) reduce la implicación de las madres en el cuidado infantil (Chen et al., 2000), lo que indica el papel crucial de la línea paterna en la coparentalidad intergeneracional.
El conflicto, la tensión y las discusiones son escenarios habituales en la literatura sobre la coparentalidad. El tira y afloja entre las personas adultas que comparten la crianza se describe a menudo con cierto detalle en relación con numerosos problemas de crianza, que van desde las necesidades básicas de las criaturas hasta su disciplina y su rendimiento escolar. Los desacuerdos sobre el reparto del trabajo derivados de percepciones distintas de los roles, los métodos de crianza contrapuestos, la coordinación insuficiente en materia de medidas disciplinarias, la comunicación ineficaz y la posible manipulación por parte de las criaturas son conflictos frecuentes (Goh, 2013; Goh & Kuczynski, 2010; Leung & Fung, 2014; Perez-Brena et al., 2021). Además, son fuentes de conflicto el desequilibrio de poder y la diferente autoridad y responsabilidad asociadas a los distintos roles que desempeñan ambas generaciones.
La parentalidad y la abuelidad implican significados, deberes y énfasis diferentes, y cada generación puede ver a la otra a través de narrativas culturales moldeadas por el edadismo, el sexismo y otras ideas culturalmente construidas sobre la familia y la responsabilidad. A menudo se representa a las personas abuelas, en particular a las abuelas, de forma edadista y sexista, como apegadas a su autoridad de mayores y de suegras o suegros, pero con escasos conocimientos de los métodos modernos de crianza. Las figuras parentales, aunque vayan ganando autoridad en la crianza, pueden seguir oprimidas por la idea de respetar a sus mayores y verse obligadas a oponerse con cautela a la manera de cuidar de la generación abuela. Estos escenarios ilustran el conflicto que surge de la intrusión del desacuerdo intergeneracional y de la difuminación de los límites entre ambas generaciones, debida a la confusión (Goodman, 2007) y al solapamiento de roles (Conn et al., 2013; Harper & Ruicheva, 2010) que genera la intersección de expectativas e ideales culturales divergentes de dos generaciones.
La aparición y la gravedad del conflicto dependen en gran medida de las relaciones e interacciones interpersonales e intergeneracionales. Por ejemplo, las alianzas de apoyo mutuo (McHale et al., 2013) y las familias conectadas (Goodman, 2007) eran las que con menos frecuencia referían conflictos, seguidas de las familias dirigidas por la generación parental y de las vinculadas a través de las criaturas (Goodman, 2007). La capacidad de ambas generaciones para trabajar de forma constante en equipo, prestarse apoyo recíproco, disfrutar de la evolución de la otra parte y mantener una fuerte cercanía emocional parece ser el factor clave para prevenir y reducir el conflicto (Goodman, 2007; Goodman & Silverstein, 2001; McHale et al., 2013). En cambio, el conflicto y las quejas son más habituales cuando el poder asociado a los arreglos y decisiones de cuidado queda en manos de la generación parental en exclusiva o escapa al control de todas las personas adultas que comparten la crianza (Goodman, 2007). Además, influyen la ideología cultural y los contextos familiares; por ejemplo, el cuidado compartido está culturalmente avalado en los hogares afroamericanos, sobre todo durante las crisis familiares, mientras que las madres adolescentes suecas insisten en su identidad materna como «la madre principal», con una generación abuela que «enseña» (Oberlander et al., 2007; Sjöberg & Bertilsdotter-Rosqvist, 2017).
La falta de comunicación se identifica como una preocupación y un desafío frecuentes para las figuras coparentales (Huang et al., 2021). Aunque la comunicación abierta pueda ser una vía directa para resolver el conflicto, resulta, paradójicamente, difícil de llevar a la práctica (Goh, 2006; Goh & Kuczynski, 2010; Leung & Fung, 2014; Thang et al., 2011; Xiao, 2016). La comunicación abierta suele evitarse entre familia política, pero se acepta entre las personas mayores y sus propios hijos e hijas (Goh, 2006; Leung & Fung, 2014), ya que se considera descortés que la generación más joven hable con franqueza con sus suegras y suegros (Goh & Kuczynski, 2010). Además, algunas personas abuelas dudan en expresar sus preocupaciones porque perciben a la familia política como ajena a la familia (Thang et al., 2011). Dada la dificultad de facilitar una comunicación abierta, suele recurrirse a la negociación. Por ejemplo, las madres pueden educar a la generación abuela, mediante la negociación, para que siga métodos modernos de crianza (Sivak, 2018). La negociación puede estar mediada por la intimidad de las relaciones familiares, y se pone de manifiesto cuando la generación abuela renuncia a su poder de negociación para mantener la intimidad emocional con otros miembros de la familia (Xiao, 2016).
En comparación con la comunicación y la negociación, los modos de afrontamiento sumisos son relativamente frecuentes. El compromiso indica que las personas adultas que comparten la crianza reprimen su frustración para evitar el conflicto y mantener relaciones familiares armoniosas (Chen & Lewis, 2015; Sandel et al., 2006; Xie & Xia, 2011). Esta definición distingue el compromiso de la negociación, en la que ninguna de las personas adultas implicadas renuncia a sus ideas sobre la crianza (Sivak, 2018). Aunque cada cual pueda ceder parte de su poder o de su autoridad, el compromiso no es una forma de afrontamiento del todo sumisa. Sivak (2018) resumió dos tipos de reacciones que se asemejan a un compromiso: el reformateo y la redescripción. Las figuras parentales gestionan activamente los desacuerdos o las injerencias con una actitud aparentemente pasiva para «reformatear» la implicación de la generación abuela, evitando así una injerencia excesiva, o para «redescribirla» y hacerla aceptable (Sivak, 2018). Otras figuras parentales pueden buscar apoyo fuera de la familia (Conn et al., 2013), evitar reprender a las criaturas en presencia de la generación abuela o hablar con ella en tono de broma (Goh, 2006). En estos casos, aunque las figuras parentales hagan concesiones ante la injerencia de la generación abuela, exploran otras estrategias para asumir las diferencias. Los relatos de las personas abuelas revelaron que sus concesiones suelen atenerse a la norma de «estar ahí sin interferir» (Harman et al., 2021). En cambio, la evitación, que puede surgir inicialmente de intentos de contener el conflicto y de la esperanza de que se disipe con el tiempo, a menudo agudiza las contradicciones (Goh & Kuczynski, 2010).
Pese a los problemas cotidianos de crianza, las alianzas coparentales desarrollan a largo plazo la capacidad de afrontar las transiciones familiares previsibles y los acontecimientos críticos irregulares (Walsh, 2012). Las transiciones normativas, como la llegada de un bebé o la implicación de la generación abuela en una familia inmigrante, llevan a toda la familia a reconsiderar su reparto de roles, lo que obliga a cada persona a adaptarse al entorno cambiante y a reconfigurar su rol para asumir las responsabilidades de cuidado (Chiu & Ho, 2020; Dolbin-MacNab et al., 2021; Xiao & Loke, 2021; Xie & Xia, 2011).
Además, la adaptación es un proceso de afrontamiento continuo. Yang et al. (2018) señalaron que las personas abuelas realizaban múltiples adaptaciones por sus nietas y nietos con discapacidad. Por ejemplo, se adaptaban para ofrecer apoyo práctico, económico y emocional a su descendencia adulta y a la generación nieta, y para atender las necesidades de las criaturas a fin de mantener las tradiciones familiares (Yang et al., 2018). Además, se centraban en mantener su salud física y emocional para estar en condiciones de prestar un apoyo a largo plazo. Los esfuerzos progresivos de las personas abuelas mostraban cómo las familias se adaptaban a los acontecimientos disruptivos y prosperaban a pesar de ellos (Yang et al., 2018).
Múltiples cuestiones subyacentes, como la condición de inmigrante, las leyes de visados y de residencia y el género, generan diferencias entre las familias en su proceso de adaptación. Por ejemplo, en Suiza, las personas abuelas inmigrantes procedentes de fuera de la Unión Europea (UE) están sujetas a un engorroso proceso de solicitud de visado y a requisitos de duración limitada de la estancia; en consecuencia, no pueden ofrecer el mismo nivel de apoyo en el cuidado infantil que las procedentes de la UE (Wyss & Nedelcu, 2020). Como cuidadoras familiares por presunción, las mujeres cuidadoras (madres y abuelas) de estas familias inmigrantes con doble ingreso tienen que hacer con frecuencia concesiones en su empleo para cumplir con sus responsabilidades de crianza (Wyss & Nedelcu, 2020).
Las alianzas coparentales intergeneracionales están compuestas intrínsecamente por relaciones recíprocas en las que ambas generaciones se apoyan mutuamente para alcanzar los objetivos de crianza (Goodman, 2007; McHale et al., 2013). El familismo se considera fundamental para garantizar una relación de colaboración entre la generación parental y la generación abuela en los contextos asiáticos y occidentales (Low & Goh, 2015; Thang et al., 2011; Zeiders et al., 2015). El discurso de las experiencias coparentales positivas describe a menudo la crianza como un objetivo familiar supremo, que justifica la inversión, los sacrificios y los compromisos constantes que exige (Chen & Lewis, 2015; Low & Goh, 2015). En particular, el sacrificio por la familia se enfatiza en exceso en las familias chinas, ya que garantizar la continuidad del linaje y beneficiar a la descendencia se consideran esenciales en la cultura china (Conn et al., 2013; Da, 2003; Low & Goh, 2015; Xie & Xia, 2011).
El intercambio bilateral de apoyo se materializa en forma de recompensas percibidas y esperadas como componente del cuidado en la vejez. Las personas abuelas pueden verse recompensadas simbólicamente con estrechos vínculos familiares (Xie & Xia, 2011) y con el aprecio, el amor y el respeto de nietas y nietos (Chiu & Ho, 2020; Da, 2003). Para las familias transnacionales, la coparentalidad ofrece una valiosa oportunidad de reunificación (Chiu & Ho, 2020; Xie & Xia, 2011). Desde el concepto de «circulación del cuidado» (Chiu & Ho, 2020), la participación de la generación abuela en el cuidado infantil puede apuntar a una estrategia de «pagar por adelantado», con la expectativa de recibir a cambio cuidados de su descendencia adulta (Low & Goh, 2015; Sandel et al., 2006) y de la generación nieta (Tezcan, 2021).
Como forma de devolución, la mayoría de las figuras parentales se sienten obligadas a prestar un apoyo instrumental, como atención sanitaria y apoyo económico, mediante remesas, para garantizar el bienestar de las personas abuelas cuidadoras en la vejez, sobre todo si se encuentran en una situación económica desfavorecida y tienen un acceso limitado a cuidados y servicios formales (Chiu & Ho, 2020; Da, 2003; Xiao, 2016). Por ejemplo, la falta de justicia de reconocimiento hacia las personas abuelas cuidadoras inmigrantes y su situación socioeconómica inferior en las sociedades de acogida contribuyen a un mayor compromiso de las figuras parentales con el cuidado de sus mayores como contrapartida (Chiu & Ho, 2020; Da, 2003).
La planificación y la preparación multidimensionales de la vejez son cruciales para las personas mayores y sus familias (Liu et al., 2022). Según la teoría del enriquecimiento de roles, las experiencias coparentales positivas y colaborativas aportan a las personas abuelas orgullo, satisfacción y un sentimiento de pertenencia familiar (Moffatt et al., 2019; Thang et al., 2011). Además, contextos socioculturales más amplios, como el énfasis en el familismo y unas políticas sociales de apoyo, se entrecruzan para favorecer el bienestar de la generación abuela (Goodman & Silverstein, 2006; Low & Goh, 2015; Zeiders et al., 2015).
En cambio, las experiencias coparentales negativas, como el conflicto intergeneracional frecuente, la ambigüedad de roles y el aislamiento emocional, se asocian a niveles más altos de malestar (Leung & Fung, 2014) y a problemas de salud mental (Goodman, 2007). Cuando las personas abuelas se ven de repente empujadas a asumir funciones de cuidado importantes, pueden constatar que las dificultades del cuidado superan la recompensa, lo que aumenta su riesgo de sufrir un estrés considerable y costes para su salud (Baker et al., 2010; Goodman & Silverstein, 2002). Esto se debe, por lo general, a los múltiples obstáculos entrecruzados a los que pueden enfrentarse, como las crisis familiares, la falta de apoyo institucional en materia de prestaciones sociales o de custodia legal, y la privación económica (Baker et al., 2010; Goodman & Silverstein, 2002).
Desde la perspectiva de las figuras parentales, la contribución de la generación abuela a la crianza mejora su estabilidad y su seguridad económicas (Xie & Xia, 2011) y facilita el mantenimiento de su posición social (Goh, 2006), ya que pueden dedicar más tiempo a su desarrollo profesional (Wyss & Nedelcu, 2020). Además, la orientación de la generación abuela sobre la crianza reduce el estrés parental (Goh, 2006; Sandel et al., 2006), mientras que su implicación excesiva puede provocar frustración y ansiedad en las figuras parentales, en particular en las madres adolescentes en el marco de un discurso social dominante individualista (Bhopal, 1998; Goh & Kuczynski, 2010; Sjöberg & Bertilsdotter-Rosqvist, 2017). Una coparentalidad intergeneracional de alta calidad reduce la frecuencia de las conductas problemáticas de las criaturas (Baker et al., 2010) y aumenta su competencia social (Li & Liu, 2019).
Tomando como referencia la teoría de los sistemas familiares y una perspectiva interseccional, esta revisión de alcance cartografió con claridad los conceptos, características y dinámicas clave que subyacen al proceso multifacético de coordinación intergeneracional en el cuidado infantil. Al sintetizar la evidencia de investigación mundial disponible y remitirnos al modelo de los componentes de la coparentalidad propuesto por Feinberg (2003), elaboramos un marco integrador que articula la esencia y las complejidades de la coparentalidad intergeneracional.
Nuestro marco de la coparentalidad intergeneracional (figura 2) comprende cinco dominios clave: poder y autoridad, reparto del trabajo, conflicto, afrontamiento y adaptación, y reciprocidad. El marco describe los aspectos comunes de la coparentalidad que pueden observarse en cualquier forma de coparentalidad y distingue los rasgos propios de la coparentalidad entre la generación parental y la generación abuela, entre ellos unas relaciones interpersonales e intergeneracionales complejas y arreglos coparentales diversos.

Los cinco dominios de la coparentalidad están interrelacionados; por ello, una dificultad en un dominio puede resolverse a través de otros dominios o contribuir a generar dificultades en ellos. Por ejemplo, los cambios en el sistema familiar pueden dar lugar a una lucha de poder dentro de la familia, que a su vez puede crear conflictos en torno a las estrategias y reglas establecidas (Conn et al., 2013; Goh, 2013). Además, las luchas relacionadas con el poder y la autoridad y la nueva estructura de poder pueden afectar a su vez al reparto del trabajo en la coparentalidad (Moffatt et al., 2019; Nagata et al., 2010; Yang et al., 2018). Un desequilibrio en el reparto del trabajo puede desencadenar un conflicto, caracterizado por el derecho de una de las personas que comparten la crianza a asignar privilegios y responsabilidades relativos al cuidado infantil (Conn et al., 2013; Goh, 2013; Goodman, 2007; Harper & Ruicheva, 2010). Ante el conflicto, las personas adultas que comparten la crianza idean medidas de afrontamiento para hacer frente a las dificultades y se adaptan a los cambios para lograr un mejor ajuste a las circunstancias presentes de la familia (Goh, 2006; Leung & Fung, 2014; Sivak, 2018; Xiao, 2016). La coparentalidad intergeneracional es un proceso recíproco en el que las personas adultas que comparten la crianza se coordinan para preservar el funcionamiento y el bienestar de la familia, lo que conduce a estructuras de poder y de autoridad modificadas.
La teoría de la interseccionalidad (Crenshaw, 1991; Few-Demo, 2014) ofrece un marco valioso para comprender mejor las familias en las que la generación abuela cría a la generación nieta (grandfamilies) y el sistema familiar en general (Dolbin-MacNab & Few-Demo, 2018; Few-Demo & Allen, 2020). Estudios anteriores han examinado cómo la intersección de las identidades sociales de las personas abuelas da lugar a desigualdades y a experiencias diferenciadas de la abuelidad (Dolbin-MacNab & Few-Demo, 2018; Greenwood, 2008). A partir de la investigación mundial y del marco interseccional de Crenshaw (1991), esta revisión sistemática extendió el análisis interseccional a los planos intergeneracional y familiar, contribuyendo a profundizar en la comprensión de cómo las características de las múltiples partes implicadas —la generación abuela, la parental y la nieta— y los factores de varios niveles —individuales, familiares y socioculturales— configuran, de forma independiente y conjunta, las diversas experiencias de la coparentalidad intergeneracional.
La coparentalidad intergeneracional puede estar sujeta a construcciones culturales familiares e individuales que pueden desembocar en luchas de poder en torno a la crianza, en un reparto del trabajo marcado por el género y en relaciones familiares conflictivas. En el plano familiar, como en la cultura occidental se pone el acento en la primacía de la estructura tradicional de la familia nuclear, el discurso de la familia nuclear excluye a la generación abuela de una implicación intensiva en las cuestiones de crianza, y la coparentalidad intergeneracional se asocia a menudo con la incapacidad de las hijas e hijos adultos para cuidar de su descendencia y con la falta de recursos socioeconómicos. En las familias con tradiciones culturales de hogares multigeneracionales, las luchas de poder entre ambas generaciones no son infrecuentes debido al creciente énfasis en la crianza científica.
En el plano individual, la coparentalidad intergeneracional está configurada por el género, la edad, el nivel socioeconómico y la raza. El reparto del trabajo en la coparentalidad intergeneracional está muy marcado por el género, ya que las madres y las abuelas suelen asumir más tareas de cuidado que sus homólogos masculinos (Barnett et al., 2010; Harper & Ruicheva, 2010; Xiao, 2016). Las personas abuelas pueden ser consideradas demasiado mayores y con conocimientos limitados de los estilos modernos de crianza, lo que desvaloriza su papel de cuidado. Las personas cuidadoras con mayores recursos socioeconómicos suelen tener más peso en la familia (Dolbin-MacNab et al., 2021; Sjöberg & Bertilsdotter-Rosqvist, 2017). En las familias afroamericanas, latinas y asiáticas con implicación de la generación abuela, se suele presentar a las personas abuelas como cuidadoras principales, debido tanto a las expectativas culturales como a las adversidades familiares o a la inmigración.
La coparentalidad intergeneracional refleja en cierta medida la opresión de las familias en las que la generación abuela cría a la generación nieta dentro de los sistemas sociales, como el derecho de familia, el de extranjería y el derecho internacional. La coparentalidad intergeneracional se considera una solución pragmática ante la falta de guarderías y de servicios formales y asequibles de cuidado infantil. En las familias transnacionales, la intersección de las consideraciones jurídicas, como la migración, el cuidado de las personas mayores y las prestaciones sociales, con la ciudadanía y la situación migratoria de los miembros de la familia afecta a la viabilidad, la duración y la reciprocidad de la coparentalidad intergeneracional (Chiu & Ho, 2020; Wyss & Nedelcu, 2020). Algunas familias experimentan cambios importantes debido a la intersección de la raza, el género, el nivel socioeconómico y los sistemas sociales. Por ejemplo, aunque se han descrito conflictos de rol de género entre los hombres cuidadores (p. ej., Bai, 2018; Bai, Guo, & Fu, 2018; Bai, Liu, et al., 2018), la condición migrante de una familia puede obligar a la generación abuela a apartarse de los roles de género tradicionales y a ofrecer cualquier tipo de ayuda que pueda prestar, ya que las necesidades de cuidado infantil se consideran más importantes que los roles de género (Chen & Lewis, 2015).
Cabe señalar que algunas personas abuelas no pueden beneficiarse de las iniciativas de defensa ni de los avances jurídicos, pese al importante papel que desempeñan en el cuidado infantil. Baker et al. (2008) señalaron que varias personas abuelas que crían a sus nietas y nietos en Estados Unidos no tienen su custodia legal, lo que las obliga a obtener recursos y apoyo económico fuera del sistema de protección social.
Reconociendo el papel crucial de las características individuales, familiares y socioculturales, y de su intersección, en la configuración de las diversas experiencias de la coparentalidad intergeneracional, este marco incluye varios factores de distintos niveles en su círculo exterior (figura 2). El círculo ilustra la interseccionalidad y la circulación de influencias entre las características individuales, familiares y socioculturales. Así, este marco hace avanzar la comprensión de la implicación de la generación abuela y de la interacción entre la generación parental y la generación abuela dentro de los sistemas familiares, y puede facilitar el desarrollo de prestaciones sociales y la elaboración de políticas destinadas a mejorar el bienestar individual y las relaciones interpersonales en las familias que practican la coparentalidad intergeneracional.
Esta revisión de alcance mostró cómo los futuros estudios sobre las prácticas intergeneracionales de cuidado compartido pueden beneficiarse de este marco integrador. Nuestro marco de la coparentalidad intergeneracional puede ayudar a la comunidad investigadora a explorar los mecanismos mediante los cuales diversos factores individuales y contextuales influyen en la coparentalidad. Por ejemplo, el marco adopta la interseccionalidad como lente analítica y subraya la diversidad de los arreglos y experiencias coparentales, que varían según la edad, el género y el estado de salud de quienes comparten la crianza y de las criaturas, así como según los contextos familiares y socioculturales. Además, el marco puede orientar a quienes investigan hacia el estudio de la coparentalidad entre la generación parental y la generación abuela dentro de los sistemas familiares, lo que facilita una comprensión más profunda de las dificultades que encuentran las personas y de cómo las experiencias personales, las circunstancias familiares y los contextos socioculturales complican el proceso coparental.
Esta revisión tiene algunas limitaciones, que reflejan en gran medida las de la literatura revisada y que deberían abordarse en estudios futuros. En primer lugar, la investigación sobre la coparentalidad intergeneracional ha utilizado sobre todo métodos cualitativos o cuantitativos transversales; la evidencia procedente de estudios longitudinales que hayan seguido la evolución de las dinámicas de la coparentalidad intergeneracional, del funcionamiento familiar y del bienestar es limitada. En segundo lugar, nos propusimos analizar la influencia de diversos factores socioculturales y de políticas públicas mediante la comparación internacional de las prácticas coparentales. Sin embargo, no pudimos realizar una comparación directa debido a las diferencias metodológicas entre los estudios y a la falta de información pertinente. Por ello, se necesitan más estudios con un diseño longitudinal y perspectivas comparativas.
Aunque los estudios incluidos en esta revisión de alcance revelaron variaciones geográficas, creemos que nuestro marco de la coparentalidad intergeneracional es generalizable y puede adaptarse adecuadamente a personas con identidades que se entrecruzan. El marco propuesto puede ayudar a profesionales del trabajo social familiar, de la educación para la vida familiar, de la terapia familiar y de la gerontología familiar, y a profesionales de la familia en general, a comprender los procesos y desafíos de la coparentalidad intergeneracional, así como sus principales factores contribuyentes. Nuestro marco descompone en varias dimensiones un fenómeno complejo, que implica relaciones interpersonales intrincadas y deberes individuales que se solapan, lo que permite a profesionales de la educación para la vida familiar y de la terapia reconocer las dinámicas de los procesos familiares en términos de patrones de interacción característicos entre la generación parental y la generación abuela, y permite a profesionales de otros ámbitos utilizarlos para orientar las prácticas clínicas y de intervención con una mejor comprensión de los efectos culturales e institucionales.
Creemos que nuestro marco de la coparentalidad intergeneracional puede ayudar a abordar con eficacia los problemas de las relaciones coparentales desde una perspectiva que implique a ambas generaciones. Una intervención coparental eficaz debería incluir múltiples componentes orientados a alcanzar un consenso entre generaciones sobre el poder, la autoridad y el reparto del trabajo, a fin de resolver el conflicto, facilitar el afrontamiento y la adaptación y construir una relación recíproca. Una intervención coparental eficaz no tiene por qué resolver solo los problemas de un dominio, sino que también puede contribuir a reducir los factores de riesgo en otros dominios. Por ejemplo, el conflicto intergeneracional puede derivarse de luchas de poder dentro de la familia y afectar negativamente a la relación entre las dos generaciones. Para lograr una relación recíproca, las intervenciones podrían tratar de mejorar la comunicación en el proceso de asignación de las tareas de cuidado y de resolver el conflicto y las tensiones en las interacciones intergeneracionales. La comunicación abierta y una negociación eficaz pueden ser cruciales para una colaboración eficiente y para reducir las contradicciones intergeneracionales (Xiao, 2016).
Además, a profesionales de la familia les resultaría beneficioso incorporar las voces de madres, padres, abuelas y abuelos con características que se entrecruzan a sus intervenciones y a sus iniciativas de defensa (Dolbin-MacNab & Few-Demo, 2018). Por ejemplo, en las familias con madres adolescentes, las intervenciones grupales multifamiliares con madres y abuelas tuvieron un efecto positivo en la autoeficacia de las madres más jóvenes y en el vínculo entre madre e hijo o hija, y redujeron el conflicto familiar intergeneracional (McDonald et al., 2009). Fomentar una relación de apoyo entre madres y abuelas afroamericanas con bajos ingresos y proponer un reparto adecuado del trabajo de cuidado permitió a las madres jóvenes ejercitar sus habilidades parentales y aumentar progresivamente su competencia parental (Oberlander et al., 2007).
Además, profesionales de la familia no deberían desestimar las expectativas filiales persistentes de las personas mayores, sobre todo en entornos culturales más familistas. Es fundamental tener en cuenta las diversas interpretaciones culturales de la coparentalidad intergeneracional al plantear la noción de relación recíproca entre generaciones. Al diseñar servicios y programas de apoyo para las personas mayores, debe tenerse en cuenta su papel en la crianza; al mismo tiempo, debe animarse a sus hijas e hijos y a la generación nieta a implicarse en la preparación y la prestación del cuidado de las personas mayores (Bai et al., 2020). Además, este marco señala dimensiones principales en las que es posible intervenir en favor de las personas abuelas que soportan una pesada carga de cuidado y han tenido experiencias coparentales negativas.
Al sintetizar la evidencia de investigación mundial disponible con la guía de la teoría de los sistemas familiares y de la teoría de la interseccionalidad, este estudio elaboró un marco integrador de la coparentalidad intergeneracional que comprende cinco dominios distintos e interrelacionados: poder y autoridad, reparto del trabajo, conflicto, afrontamiento y adaptación, y reciprocidad. Este marco ofrece una lente a través de la cual la comunidad investigadora puede examinar los procesos y experiencias de interacción entre la generación parental y la generación abuela en la crianza, y cómo características que se entrecruzan, como la raza, la ideología de género, el nivel socioeconómico, la situación migratoria, la estructura familiar, la cultura y las políticas públicas, influyen en las experiencias y prácticas del cuidado compartido de la infancia. Este marco integrador de nueva elaboración es una herramienta prometedora que puede orientar los futuros estudios sobre la coparentalidad intergeneracional y fundamentar el desarrollo de intervenciones destinadas a responder eficazmente a las necesidades prácticas del cuidado compartido de la infancia, prevenir el conflicto en las relaciones intergeneracionales y coparentales, concebir estrategias útiles de afrontamiento y adaptación para obtener resultados coparentales deseables, y cultivar la cooperación y la reciprocidad en el proceso de coparentalidad a fin de salvaguardar el bienestar y el funcionamiento del sistema familiar.
Tabla
Abreviaturas: GM, abuela; GP, generación abuela (abuelas y abuelos); M, madre; P, figuras parentales. a Solo se entrevistó a personas abuelas y no había alianzas coparentales concretas.
Tabla
Complexe Systémique: puntos clave
Esta revisión es importante para la práctica sistémica porque incorpora a la generación abuela al subsistema parental, allí donde la literatura sobre la coparentalidad suele detenerse en la pareja. El marco propuesto, con cinco dominios vinculados entre sí, puede leerse como una serie de preguntas para las entrevistas familiares: quién tiene la autoridad y quién la ejerce de hecho, quién hace qué, sobre qué versa el conflicto, cómo se reajusta la familia y qué circula de vuelta entre las generaciones. Recuerda también que los límites intergeneracionales no pueden juzgarse fuera de contexto: la misma implicación de la generación abuela puede pasar por injerencia en una familia nuclear occidental y darse por sentada en una familia china o migrante, y depende además de los visados, de las políticas de cuidado infantil y del género. Cabe lamentar el carácter mayoritariamente descriptivo de la síntesis, la ausencia de estudios longitudinales y una comparación internacional que resultó imposible. Para leer junto con el artículo sobre el apoyo a la coparentalidad en los servicios para la infancia y la familia y el artículo sobre la abuelidad ante el autismo.
Notas del original
Financiación. Este estudio contó con el apoyo de la Lee Kum Kee Family Foundation y del Research Matching Grant Scheme del University Grant Council del Gobierno de la RAE de Hong Kong.
Conflicto de intereses. La autoría declara no tener ningún conflicto de intereses.
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Traducción no oficial al español de Toward an integrative framework of intergenerational coparenting within family systems: A scoping review, de Xue Bai, Mengtong Chen, Ranran He y Tongling Xu, Journal of Family Theory & Review, vol. 15, n.o 1 (2023), doi: 10.1111/jftr.12478, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en los términos de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
El artículo original, «Toward an integrative framework of intergenerational coparenting within family systems: A scoping review», se publicó en Journal of Family Theory & Review (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Esta versión es una traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, con una presentación adaptada a la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Bai, X., Chen, M., He, R., y Xu, T. (2023). Toward an integrative framework of intergenerational coparenting within family systems: A scoping review. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/toward-an-integrative-framework-of-intergenerational-coparenting-within-family-systems (Obra original publicada en 2022 en Journal of Family Theory & Review, 15(1), 78-117 (2023); republicada en 2023 por Journal of Family Theory & Review, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/jftr.12478)
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