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El texto del artículo es el original en español. Los elementos editoriales añadidos por Complexe Systémique (presentación, puntos clave, notas) se han traducido con la ayuda de la inteligencia artificial.

Red Sistémica · Psicopatología

Ideación suicida en los jóvenes y clima social familiar

Invitada por la Escuela Sistémica Argentina, la investigadora mexicana Lourdes Eguiluz presenta la primera fase de una investigación realizada en la UNAM con cien jóvenes de la licenciatura en psicología: medir la ideación suicida, evaluar el clima social que reina en su familia y ver cómo se relacionan ambas dimensiones. Expone los resultados, a menudo contrarios a la intuición, y lo que dicen de los factores de protección familiares. Sigue un diálogo con el público sobre la transmisión, el secreto, la muerte voluntaria y su inscripción cultural.

Autora Lourdes Eguiluz, profesora investigadora de la UNAM (Escuela Nacional de Estudios Profesionales Iztacala), en el área de Terapia Familiar y Clínica de Educación y Desarrollo, jefa del Proyecto de Investigación «Salud, Familia y Medio Ambiente»Primera publicación Perspectivas Sistémicas, nº 78, septiembre-octubre de 2003Edición Complexe Systémique, con el acuerdo de Red Sistémica

«De la muerte no hay regreso, entonces mejor pensemos si vale la pena hacer oídos sordos a estas llamadas de auxilio.»

Lourdes Eguiluz

Nota de la redacción

La Dra. Lourdes Eguiluz, profesora investigadora de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México — Escuela Nacional de Estudios Profesionales Iztacala), en el área de Terapia Familiar y Clínica de Educación y Desarrollo y jefa del Proyecto de Investigación Salud, Familia y Medio Ambiente, fue invitada por ESA (*) (Escuela Sistémica Argentina) en agosto de 2003 a exponer sobre su trabajo de investigación y asistencia sobre el trascendente tema de la ideación suicida y el clima social familiar entre los jóvenes. Lo que sigue es la edición de la conferencia y del diálogo posterior con el público asistente. Además se agregan algunas citas de un artículo de la Dra. Lourdes Eguiluz y las referencias bibliográficas del mismo.

Cambiar de método para abordar la complejidad humana

Voy a iniciar esta plática hablándoles brevemente sobre lo que hago en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde soy profesora e investigadora desde hace 25 años. La materia que imparto en licenciatura es Metodología de Investigación. Inicialmente enseñábamos a hacer investigación desde un marco conductista. La teoría conductual tiene una visión sobre el ser humano pensándolo como un robot que responde a estímulos del medio ambiente. Sin embargo, poco a poco hemos ido dejando atrás los modelos positivistas para entender y explicar al ser humano y las cosas que les ocurren a las personas desde un nuevo paradigma. Esto implica necesariamente un cambio de método.

A pesar de que el método experimental ha resultado ser sumamente eficaz para la investigación en el campo de las ciencias físicas y naturales, no resulta ser el más adecuado para estudiar la complejidad humana. Las nuevas formas de investigar basadas en la hermenéutica, la etnografía, la fenomenología y la dialéctica implican necesariamente una visión cualitativa de los fenómenos. Me gustaría marcar algunas diferencias entre estas dos epistemologías. Mientras lo cuantitativo es enumerativo (describe y cuenta solamente los fenómenos), lo cualitativo es constructivo (construye la realidad subjetivamente); lo cuantitativo tiene interés en la verificación y lo cualitativo en generar conocimiento; el conocimiento cuantitativo es deductivo mientras que el segundo es inductivo; lo cuantitativo se ostenta como conocimiento objetivo, mientras que el conocimiento producto del método cualitativo se sabe y acepta proveniente de un sujeto que interpreta y describe los hechos, por lo que resulta necesariamente subjetivo.

Sin embargo, trabajar con metodología cualitativa y emplear sus herramientas no resulta tan sencillo como el hecho de aplicar un cuestionario y obtener datos estadísticos. Los métodos cualitativos nos obligan a reflexionar durante todo el proceso, nos hacen entender las cosas tomando en cuenta el contexto donde ocurren y, sobre todo, nos comprometen más en la investigación, porque aceptamos de inicio la propuesta hecha por el célebre cibernetista Heinz von Foerster, quien señalaba que «el investigador está presente siempre en lo observado».

Ideación suicida en los jóvenes

Esta investigación que les presento es la primera parte de una investigación mucho más amplia que va de lo cuantitativo a lo cualitativo, de lo simple a lo complejo, y que implica no solo la investigación sobre lo que está ocurriendo, sino también una propuesta de solución a los problemas detectados.

La primera fase la hemos iniciado en el mes de mayo pasado; el proyecto completo tendrá una duración aproximada de dos años. La primera parte es cuantitativa y su objetivo es conocer si los jóvenes estudiantes tienen ideación suicida, además de saber cuál es el clima social que reina en su familia y cómo pueden estos dos factores estar relacionados. Tanto la detección de ideación suicida como la evaluación sobre el clima social familiar se realizarán con dos instrumentos de medición seleccionados por su alta validez y confiabilidad.

Definimos ideación suicida como aquellos pensamientos intrusivos y repetitivos sobre la muerte autoinfligida, sobre las formas deseadas de morir y sobre los objetos, circunstancias y condiciones en que se propone morir.

Pensamos a nivel de hipótesis que los jóvenes inscritos en las carreras de la salud —medicina, enfermería, psicología, odontología—, por trabajar con personas y estar cercanos al dolor humano, están más propensos a pensar en la muerte que los estudiantes de otras carreras. También tomamos en cuenta como una variable importante la familia de procedencia: si el clima social familiar es positivo, no habrá pensamientos suicidas o estos se presentarán muy esporádicamente.

Según las investigadoras Medina Mora y González-Forteza, del Instituto de Salud Mental, el suicidio puede entenderse como un proceso que comienza con la idea de suicidarse, pasa por la tentativa o los intentos de suicidio, hasta concluir con la muerte autoinfligida, es decir, con el suicidio consumado.

Consideramos que ese proceso podría truncarse si lo detenemos, es decir, si lo descubrimos desde su primera fase. Al detectar a los jóvenes que tienen los puntajes más altos, estamos en la posibilidad de ofrecerles terapia breve sistémica. Esta última fase también forma parte de la investigación, porque las sesiones de terapia serían videograbadas con el fin de analizarse y obtener datos que nos puedan servir para detectar no solo las causas, sino las situaciones que han llevado a los jóvenes a pensar en el suicidio como una opción. En esta fase se emplearían entrevistas a profundidad e historias de vida como herramientas pertenecientes a la investigación cualitativa. Así, con esta última fase cerraríamos las tres partes que forman el proceso: investigación, enseñanza y servicio. A saber:

1. Investigación cuantitativa

La medición y detección de la ideación suicida.

2. Investigación cualitativa

Investigación cualitativa enfocada al servicio: la práctica clínica para la prevención.

3. Enseñanza

La enseñanza del modelo de terapia breve sistémica a los alumnos del posgrado en Terapia Familiar.

Me gustaría comentarles algunos datos que hemos encontrado acerca de la ideación suicida. Durante el congreso en el que participé recientemente en la ciudad de Salta, nos comentaban las compañeras que en algunas regiones de Argentina están ocurriendo suicidios de gente cada vez más joven; yo no sé si ustedes tienen conocimiento sobre ello. Sin embargo, vemos que a pesar de que el suicidio se ha estudiado desde diferentes ciencias y desde distintos marcos teóricos, no se ha logrado aclarar por qué la gente recurre al suicidio, ni qué características presentan las personas proclives al suicidio.

Algo está ocurriendo en las grandes ciudades como Tokio, Nueva York o México, donde la gente recurre al suicidio como una forma de escapar de situaciones difíciles; probablemente tiene que ver con la situación económica, pero también tiene un correlato social. La familia donde participa el sujeto puede ser un disparador o un contenedor de la conducta suicida.

La muerte por suicidio constituye, después de los accidentes, la segunda causa de muerte entre los jóvenes de entre catorce y veinticuatro años. Las estadísticas que presenta el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática son datos que tenemos que afrontar, aunque no nos guste hablar de la muerte. Mucha gente piensa que no hay que hablar de la muerte, pretendiendo mantenerla alejada o incluso negarla. Algunas teorías psicológicas señalan que la ideación suicida expresada verbalmente es una forma de chantaje; aquí hay que tener cuidado. Yo diría que nos detuviéramos a pensar si es válido este recurso, porque aquí la equivocación no tiene cabida: de la muerte no hay regreso, entonces mejor pensemos si vale la pena hacer oídos sordos a estas llamadas de auxilio.

En otra investigación que hicimos en 1995 sobre el suicidio, encontramos que algunas personas que recurrían a él habían vivenciado recientemente un suicidio de algún familiar —padre, hermano, primo— o habían tenido noticia de que una persona cercana afectivamente se había suicidado; entonces parece como si el suicidio se contagiara.

Otro de los factores que están relacionados con la conducta suicida es la baja autoestima; esta circunstancia está relacionada con la depresión. Ambos son factores correlacionados con la ideación suicida y el suicidio consumado. También se ha encontrado que el fácil acceso a armas de fuego u otros objetos peligrosos favorece que la idea se lleve al acto. Otros factores son la soledad, los problemas económicos, los problemas con los padres, con los compañeros. Las pérdidas en general, sean económicas, emocionales o afectivas, pueden llevar al pensamiento suicida.

Se ha encontrado que las personas que han tenido una infancia de violencia o personas que tienen historias de abuso físico o sexual tienden a ampliar los sucesos negativos ocurridos en la vida adulta. Por ejemplo, la pérdida de un ser querido les hará un impacto mucho mayor que a otra persona que no tuvo experiencias traumáticas en su infancia.

Otro elemento importante que encontramos son las relaciones familiares. Las personas que viven en una familia con buenos niveles de comunicación, con posibilidades de hablar y ser escuchadas, no tienen tanta probabilidad de cometer suicidio como los muchachos que viven en una familia desarticulada, autoritaria, donde no existe la comunicación. La familia es un factor importante para la mayoría de los jóvenes: el ajuste emocional es mejor cuando estas familias son cohesivas, expresivas y fomentan la independencia de sus miembros. Las familias demasiado amalgamadas o excesivamente autoritarias, que no fomentan la independencia, en donde a los hijos les cuesta más trabajo desprenderse y se ven restringidos en su posibilidad de crecimiento, también pueden recurrir al suicidio como una forma de escape.

Lo esencial

En cuanto a los factores de protección, la familia no actúa por su sola presencia, sino por la calidad de lo que circula en ella: una familia cohesiva, expresiva, en la que se puede hablar y encontrar escucha, y que apoya la independencia de sus miembros, se asocia a un mejor ajuste emocional. A la inversa, el amalgamamiento y el autoritarismo, que obstaculizan el desprendimiento y el crecimiento, figuran entre las configuraciones en las que el suicidio puede aparecer como una salida.

Hasta aquí, todo lo que corresponde a la investigación previa, a lo que ahora se ha dado en llamar «el estado del arte». Vamos enseguida a hablar sobre la investigación realizada.

Clima social familiar e ideación suicida

El objetivo de esta investigación fue evaluar el clima social que reina en la familia de los jóvenes estudiantes y relacionarlo con la ideación suicida.

Sujetos

Participaron de manera voluntaria 100 jóvenes, con edades comprendidas entre 17 y 26 años, que asisten como alumnos de la licenciatura en psicología.

Instrumentos que utilizamos

A los jóvenes se les aplicaron dos instrumentos: la escala de ideación suicida elaborada por Roberts y la evaluación de clima social familiar de Moos. La aplicación de ambos instrumentos llevó entre 45 minutos y una hora. La escala de ideación suicida evalúa la presencia de sentimientos y de pensamientos sobre la muerte. Mientras que la escala de clima social familiar sirve para conocer las características de la familia y evalúa tres aspectos importantes: uno es la relación o cohesión, otro es el desarrollo y un último aspecto es la estabilidad. En la parte de relaciones se evalúan la cohesión, la expresividad y el conflicto, con todos los factores importantes dentro de lo que es lo relacional; dentro del aspecto de desarrollo se evalúan autonomía, actuación, intelectualidad-cultura, social-recreativo y moralidad-religiosidad. Y por último, estabilidad, donde se evalúan organización y control.

La situación de evaluación

Los instrumentos se aplicaron dentro del salón de clases con la autorización tanto de los profesores como de los alumnos que se ofrecieron como voluntarios para responder a los instrumentos.

Resultados obtenidos

Los resultados nos indican que el 51 % de los estudiantes de psicología pensó por lo menos en la última semana en suicidarse, lo cual es un dato sumamente alto. Les aclaro que esta evaluación se hizo a término del semestre; aquí tendríamos que efectuar una réplica para comprobar si, aplicando los mismos instrumentos en otro momento del semestre, los datos varían.

De las mujeres evaluadas, el 47 % presentó algunos de los síntomas de ideación suicida durante la semana anterior a la evaluación, mientras que de los varones el 63,6 %, lo cual indica que los hombres piensan más en el suicidio que las mujeres. Este dato se contradice con lo encontrado en la bibliografía, donde se señala que las mujeres piensan más en suicidarse, lo intentan más, pero no se suicidan tanto como los hombres.

51 %
del centenar de estudiantes de psicología pensó en el suicidio al menos una vez en la última semana
63,6 %
de los hombres presentaban síntomas de ideación suicida
47 %
de las mujeres presentaban esos mismos síntomas

Analizando el perfil de la muestra con ideación suicida, encontramos que el síntoma que se reportó con más frecuencia fue el que indicaba sentimientos de no poder seguir adelante: el 22,8 % de los hombres reportaron tener pensamientos sobre la muerte de uno a dos días durante la semana anterior a la evaluación y solo el 15,4 % de las mujeres reportaron estos síntomas con la misma persistencia. En la escala de clima familiar se obtuvieron correlaciones entre las diez subescalas; como les decía al principio, esta escala evalúa varios factores, entonces entre ellos se sacaron correlaciones y se encontró una alta correlación entre los factores que conforman la prueba de clima social.

Las correlaciones entre la escala de ideación suicida y la de clima social familiar fueron negativas; esto significa que cuando en las áreas de clima familiar se obtienen puntajes altos, los puntajes en ideación suicida son bajos. Los tres factores que salieron más altos, lo que quiere decir que estos factores no favorecen la ideación suicida, son:

  • la cohesión familiar;
  • la expresividad;
  • la actuación.

De acuerdo con los resultados, las personas que presentaron mayor riesgo de ideación suicida fueron los sujetos de sexo masculino; esto concuerda con los resultados encontrados en una investigación que en el 95 realizó una servidora, más allá de que no podría ser comparada directamente porque durante esa investigación se usaron distintos instrumentos de medición.

Sin embargo, en otra investigación, realizada por González-Forteza también en México, se encontró que las mujeres tienen mayor prevalencia de ideas suicidas, lo cual suele atribuirse a cuestiones culturales, ya que los hombres, aunque tengan sentimientos depresivos, no lo hablan. Puede ser que no lo admitan porque consideran que es una debilidad; los hombres en México son «muy machos»… y entonces no se permiten estos sentimientos, por lo que parece preferible negarlos o transformar la depresión en agresión.

Estudiar la ideación suicida resulta bastante complejo, porque hay mucha gente que no sabe que tiene ideación suicida o no quiere reflexionar seriamente en ello. Hay muchos comportamientos que llevan a la muerte como un proceso largo y que no se toman como actos suicidas propiamente dichos, por ejemplo: una persona que tiene diabetes y que sin embargo no se cuida; los trastornos de la alimentación como la bulimia o la anorexia son formas de suicidio, pero más a largo plazo.

Una muerte apartada de la vida

Muchas costumbres de nuestros pueblos ancestrales, como los aztecas, los incas, están relacionadas con la muerte. Se hacen rituales sobre la muerte el día 2 de noviembre; se hacen arreglos sobre las tumbas con flores de cempasúchil, flores de un color amarillo naranja que crecen durante esa temporada; se hacen también comidas especiales que le gustaban al difunto; se hace un altar de muertos con velas y la foto de la persona muerta, además de una serie de tradiciones que demuestran que nuestros pueblos aceptaban la muerte como parte de la vida. En el Museo de Antropología de la Ciudad de México hay una escultura tallada en piedra de ónix: la mitad de la cabeza es una calavera y la otra mitad aparece encarnada, lo cual nos hace pensar que para las culturas prehispánicas la vida y la muerte pertenecen a la misma unidad. Esto se ha ido perdiendo: a la muerte la hemos dejado aparte, está separada, escindida de la vida. Hoy nadie quiere hablar de ella, nadie quiere tenerla presente.

Uno de los problemas que tuvimos en la investigación fue que muchos jóvenes, cuando hablábamos sobre el objetivo de la investigación, decían que no querían ser evaluados. Esto nos hace pensar que hay un rechazo hacia la muerte: «no me hagan pensar que voy a morir, porque me pongo mal». Hay un rechazo total, no se puede aceptar que el morir es parte de la condición humana, pero a pesar de ello, es la única certeza que tenemos.

Hasta aquí termina la investigación, pero me gustaría abrir un diálogo con ustedes sobre el tema. ¿Alguien quiere hacer alguna pregunta o comentario?

Diálogo con el público asistente

Quería preguntarte si en algún momento encontraste una correlación entre hijos de suicidas (o con padres suicidados) y la tendencia de ellos.

Lourdes Eguiluz: directamente no se realizó esa pregunta en esta investigación, porque utilizamos instrumentos ya elaborados, pero en la investigación del ’95 una de mis preocupaciones era un poco lo que tú señalas, porque sí creo que hay un aprendizaje; yo sí pienso que hay posibilidades de que alguien que haya vivido esta experiencia pueda intentarlo. Pero también está la posibilidad de reflexión y de cambio, y de nunca llevarlo a cabo. El suicidio es algo que generalmente se oculta en la mayoría de las familias, porque es una situación muy penosa y dolorosa, y para algunos incluso de deshonra. Eso dificulta la posibilidad de ayudar terapéuticamente, cuando no se conoce con claridad lo ocurrido, pero lo extraño es que la mera sospecha puede llevar al mismo resultado.

El tema de ocultar el suicidio es bastante ancestral. Se sabe que en la Grecia clásica a los suicidas los enterraban separando la mano que había cometido el acto del resto del cuerpo. Socialmente está mal visto; casi todas las culturas tienen un rechazo con respecto al suicidio, no siempre con la muerte, pero me parece que en general sí con el suicidio. Salvo cuando tiene un carácter más espiritual, religioso, de entrega; pero sí es rechazado el suicidio «tradicional», en el que uno se quita la vida en un sentido más egoísta.

Recuerdo una investigación con respecto a la cantidad de suicidios en Estados Unidos, donde parece que el índice de suicidios más alto está entre los médicos y en especial en los psiquiatras; esto se lo asoció con el síndrome de burnout respecto al trabajo clínico de los psiquiatras. Ahora, teniendo en cuenta su investigación, pareciera que los estudiantes de psicología, antes de tener experiencias clínicas, ya tienen una predisposición alta, con lo cual pareciera que la elección de la carrera puede llegar a estar relacionada con eso, no solamente con el deterioro…

Lourdes Eguiluz: me parece muy interesante lo que decís. El hecho de que los estudiantes de psicología tienen alta ideación previo a tener la experiencia terapéutica nos hace pensar que los trabajadores de la salud tienen más posibilidades de suicidio que otros profesionales, lo cual podría estar condicionado por esto que ya existe desde antes.

Ahora, si hacemos esta pregunta que yo hago generalmente a los estudiantes de nuevo ingreso: «¿Por qué estás aquí?», o «¿Por qué decidiste estudiar psicología?», la mayoría te va a contestar dos cosas: «Porque quiero ayudar a otros» y «Porque me quiero ayudar a mí mismo». Con esta última respuesta vas a encontrar que es probable que estos chicos tengan un problema de identidad, que hayan sufrido violencia física o agresiones muy fuertes, hayan sido violentados en el aspecto sexual; son jóvenes que tienen ya una problemática muy seria que tiene que ver con la identidad, la personalidad.

Es interesante este tema para hacer una investigación más profunda; con esto que tú estás diciendo, creo que valdría la pena saber por qué los muchachos quieren estudiar psicología y no otra carrera.

Cuando un adolescente juega con la muerte, por ejemplo en deportes de riesgo, y termina matándose, ¿se podría considerar que eso es un suicidio o es un accidente?

Lourdes Eguiluz: yo diría que oficialmente es un accidente, pero psicológicamente sería un suicidio a largo plazo; es como el caso de los deportes de riesgo, cosas que la sociedad permite pero que sabemos que la persona está corriendo un gran riesgo. La pregunta obligada sería: ¿por qué decidió ser torero, o ser corredor de autos? Ahí es donde deberíamos buscar, porque una vez que se convirtió en una profesión es muy difícil que la gente reconozca que está corriendo un riesgo, por ejemplo el policía, el bombero…

Fenómenos como el samurái, los kamikazes, la semántica del sacrificio humano, tienen otra significación…

Lourdes Eguiluz: la evaluación del acto suicida tiene que ver con las épocas, con las culturas; es muy diferente si el suicidio es considerado un acto de valor o de gran desprestigio. Entonces, depende de la idea que se tenga, del significado que se le dé al suicidio, se le va a permitir o no. Es la connotación social la que pone el signo de más o de menos en el suicidio; no es la persona aislada, sino la persona dentro del grupo social.

En cuanto a los métodos empleados para el suicidio, ¿encontraron diferencias entre hombres y mujeres?

Lourdes Eguiluz: aquellos métodos que deteriorarían la imagen no son muy empleados por las mujeres; los hombres buscan una muerte más violenta, recurren a la pistola. Si una mujer se daría un balazo, se lo daría en el corazón, pero el hombre se lo da en la cabeza; es muy simbólico: en los hombres «truenan las ideas», en la mujer «truenan los sentimientos». Al hombre no le importa cómo quede el cadáver, a la mujer sí; la mujer es más teatral, recurre al veneno, por ejemplo, intenta más el suicidio y no lo consuma; el hombre, en cambio, dice «me suicido» y punto, se suicida; la mujer lo intenta más veces.

Notas del original

(*) Perspectivas Sistémicas agradece a los directores de ESA, el Lic. H. Serebrinsky y el Dr. M. Ceberio, la invitación a la conferencia de la Dra. Lourdes Eguiluz.

Este artículo fue publicado en el nº 78 de Perspectivas Sistémicas (septiembre-octubre de 2003).

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Texto original publicado por Red Sistémica con el título «Ideación suicida» (primera publicación: Perspectivas Sistémicas, nº 78, septiembre-octubre de 2003). Reproducido con el acuerdo de la revista.

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Cómo citar este artículo

Eguiluz, L. (2022). Idéation suicidaire chez les jeunes et climat social familial (Complexe Systémique, trad.). Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/fr_FR/articles/ideation-suicidaire-chez-les-jeunes-et-climat-social-familial (Obra original publicada en 2003 en Perspectivas Sistémicas, nº 78, septiembre-octubre de 2003; republicada en 2022 por Red Sistémica, https://redsistemica.ar/2022/07/14/ideacion-suicida/)

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