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Families, Relationships and Societies · Familia

Trauma relacional: el impacto del encarcelamiento materno en las relaciones familiares

Cuando una madre entra en prisión, sus hijos e hijas no son los únicos afectados. A partir de entrevistas con 19 madres inglesas que han pasado por la cárcel, Sophie Mitchell describe adolescentes llenos de rabia, vínculos maternofiliales llevados al límite y abuelas agotadas que, de la noche a la mañana, pasan a hacerse cargo de la infancia. Propone ampliar la noción de trauma relacional a toda la familia y tenerla en cuenta en el momento de dictar sentencia.

Autora Sophie Mitchell (Northumbria University, Reino Unido)Primera publicación Families, Relationships and Societies, 29 de noviembre de 2024Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Relational trauma: the impact on family relationships of maternal imprisonment, de Sophie Mitchell, publicado en Families, Relationships and Societies (Bristol University Press) (2025), doi: 10.1332/20467435y2024d000000039, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las declaraciones del original (tesis de origen, financiación, agradecimientos, conflicto de intereses) se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autora ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Son los efectos relacionales continuados e intergeneracionales los que llevan a muchas personas a cuestionar el sentido del encarcelamiento materno: ¿quién es, en última instancia, la persona castigada en esta situación?

Sophie Mitchell

Resumen

Este artículo presenta resultados sobre el impacto del encarcelamiento materno en las relaciones más amplias dentro de la familia. Investigaciones anteriores han detallado el impacto considerable que el encarcelamiento materno puede tener en las madres y en sus hijos e hijas. La teoría relacional sugiere que los vínculos y las relaciones pueden ser más importantes para las mujeres y que ello repercute en el desistimiento delictivo y en la recuperación. Este artículo aplica la teoría relacional a los efectos más amplios del encarcelamiento materno y presenta nuevos resultados sobre sus repercusiones familiares intergeneracionales. Entre ellas figuran los efectos en la relación maternofilial y en la descendencia de más edad (a partir de 13 años), así como en las relaciones de las madres con los familiares cuidadores, en particular las abuelas. Los datos presentados muestran cómo las relaciones dentro de la familia sufren a menudo un daño irreparable a causa del encarcelamiento, lo que puede denominarse «trauma relacional». Los resultados sugieren que el impacto considerable del encarcelamiento materno en la familia en sentido amplio debería tenerse en cuenta cuando se condena a madres a penas privativas de libertad.

Introducción

El encarcelamiento de mujeres, y en particular de madres, se cuestiona cada vez más, sobre todo porque la mayoría de las mujeres están privadas de libertad por delitos no violentos y delitos menores (House of Commons Justice Committee, 2022). Sin embargo, aunque las tasas de encarcelamiento femenino han seguido disminuyendo en Inglaterra durante los últimos cinco años, el Gobierno británico ha propuesto 500 plazas penitenciarias adicionales para mujeres (Ministry of Justice, 2021). Ya se sabe que el encarcelamiento de las mujeres tiene un impacto mayor en la infancia, pues aumenta la probabilidad de que los niños y niñas abandonen su hogar y queden bajo la tutela del Estado cuando una madre entra en prisión (Booth, 2017; Minson, 2019; Baldwin, 2022). Lo que se ha investigado menos es el impacto traumático en las relaciones familiares, en particular con la descendencia de más edad (a partir de 13 años) y con los familiares cuidadores, que siguen sumando capas de desventaja durante y después de la privación de libertad.

En los últimos años, la importancia de mantener los lazos familiares de las personas presas ha ocupado un lugar más destacado en la agenda, principalmente como vía para reducir la reincidencia. El Gobierno británico encargó a Lord Farmer un informe sobre cómo el fortalecimiento de los lazos familiares podría beneficiar a los hombres privados de libertad (Farmer, 2017). El primer informe describe los lazos familiares como el «hilo de oro» que debería recorrer todo el trabajo con las personas presas. Un segundo informe, centrado específicamente en las mujeres privadas de libertad, reconoce que muchas de ellas han tenido experiencias familiares profundamente negativas, en particular en lo relativo al maltrato y a la violencia de pareja (Farmer, 2019). Reconoce que, para las mujeres, la familia no siempre es una influencia segura y positiva, mientras que para los hombres suele ocurrir lo contrario: esposas, parejas y madres constituyen la mayoría de las visitas que reciben los hombres en prisión. Las recomendaciones ponen el acento en las alternativas a la prisión y en una mejor consideración de las necesidades de las mujeres, en particular de las madres.

Este artículo propone que la rehabilitación debe pensarse de manera más holística, incluyendo los efectos en toda la unidad familiar. La teoría relacional se basa en la idea de que las personas interactúan con el mundo de forma interconectada (Miller, 1976; Gilligan, 1982). Se plantea que las mujeres tienen más probabilidades de desarrollar un sentido de sí mismas y de su propio valor cuando sus acciones surgen de los vínculos con otras personas y conducen de nuevo a ellos (Covington, 1998). La teoría sugiere así que las mujeres, en mayor medida que los hombres, tienden a estar motivadas por los vínculos y las relaciones. En lo que respecta al encarcelamiento materno, esto significa que alterar las relaciones familiares será más dañino y problemático para las mujeres que para los hombres. La alteración de las relaciones causada por el encarcelamiento materno puede entenderse como generadora de un «trauma relacional» tanto para las madres como para sus hijos e hijas y para otros miembros de la familia (Alexander, 2013).

Investigaciones anteriores han recurrido a la teoría relacional para estudiar el desistimiento delictivo, principalmente en términos de los efectos positivos de las relaciones (Gålnander, 2020; Rutter and Barr, 2021). Este artículo examinará además si el encarcelamiento materno da lugar a un trauma relacional (Alexander, 2013; Schore, 2013) y cómo afecta a las personas implicadas. El trauma relacional, entendido en el marco de la teoría relacional, se define como el trauma que surge de la alteración, durante la infancia, de la relación con una persona cuidadora. Puede incluir el maltrato, el enmarañamiento y el abandono. El trauma relacional altera a menudo los vínculos de apego, con consecuencias emocionales y relacionales (Weld, 2014). También se señala que el trauma relacional conduce a dificultades para gestionar las emociones, dar sentido a los acontecimientos y a sentimientos de vergüenza (Weld, 2014). Este artículo amplía la definición de trauma relacional para incluir los efectos en las madres y las abuelas, y concibe los efectos relacionales como bidireccionales, en lugar de afectar únicamente a la descendencia. Se sostendrá que el encarcelamiento materno y la separación forzosa entre madre e hijo o hija que de él resulta pueden causar un trauma relacional según las circunstancias de la familia y los problemas que sobrevienen. Se plantea que este trauma relacional también pueden vivirlo las madres y las abuelas, lo que amplía la definición de los aspectos relacionales del trauma. Los datos presentados mostrarán que esta experiencia es significativa para la descendencia de más edad y para la de menor edad, así como para las relaciones con los familiares cuidadores.

Madres criminalizadas y relaciones familiares

Cada vez son más las voces que reclaman un enfoque más específico de género para las mujeres en prisión y en todo el sistema de justicia penal. Históricamente, las mujeres han estado marginadas dentro del sistema debido a su reducido número, lo que ha conducido a un enfoque que a menudo no tiene en cuenta las necesidades de las mujeres y de las madres (Carlen, 2013). En los últimos tiempos se ha producido un aumento considerable de los enfoques específicos de género y de los intentos de introducir cambios relacionados con las necesidades de las mujeres. Los enfoques informados por el trauma y la investigación con mujeres privadas de libertad han puesto además de relieve las historias de victimización de las mujeres, que en muchos casos guardan relación con sus delitos (DeHart, 2008; Tripodi and Pettus-Davis, 2012; DeHart et al, 2014). No obstante, muchas personas sostendrán que aún queda mucho por hacer (Auty et al, 2023). Los servicios de libertad vigilada (probation) de muchas zonas de Inglaterra ofrecen también grupos y servicios exclusivamente femeninos, y en algunas zonas los centros para mujeres reúnen varios servicios en un mismo lugar (National Offender Management Service, 2013).

Para muchas mujeres, sus experiencias traumáticas tienen su origen en relaciones cercanas, ya sea dentro de la familia o con sus parejas. Es evidente hasta qué punto el papel de las relaciones está estrechamente ligado a la delincuencia femenina (Kreis et al, 2016; Barlow and Weare, 2019). La teoría de las trayectorias (pathways), que identifica la victimización y las historias de vida de las mujeres, ha tratado de poner de relieve las vías específicas de género que conducen a la delincuencia femenina, argumentando que las influencias identificadas pueden ser a menudo muy distintas de las de los hombres y requieren, por tanto, otro enfoque (Daly, 1992; Salisbury and Van Voorhis, 2009; DeHart et al, 2014). Aunque en el caso de los hombres hay datos que indican que las relaciones con la pareja, la familia y los hijos pueden ser un factor estabilizador de gran importancia para el desistimiento delictivo, esto a menudo no es así en el caso de las mujeres. Algunas investigaciones ilustran cómo mantener el rol materno o reencontrarse con los hijos e hijas puede ser un motor positivo de cambio en el comportamiento delictivo de las mujeres (Mignon and Ransford, 2012; Barnes and Stringer, 2014). Mientras que la retirada de la custodia de los niños puede generar un sentimiento de desesperación y desencadenar nuevos delitos, las mujeres que prevén recuperar la custodia de sus hijos al salir tienen un objetivo positivo por el que luchar (Barnes and Stringer, 2014; Broadhurst and Mason, 2020).

Una de las críticas formuladas a los enfoques informados por el trauma y a los centrados en la victimización es la «responsabilización» de cada mujer que este trabajo implica (Rutter and Barr, 2021). Las intervenciones psicológicas tienden a centrarse más en la responsabilidad individual que en los factores sociales, lo que puede llevar a poner el énfasis en «reparar» las reacciones individuales ante acontecimientos causados, en muchos casos, por factores sociales más amplios como la violencia de género, la pobreza y las políticas gubernamentales y estatales. Para muchas madres en prisión, el trauma principal que relatan es la separación de sus hijos e hijas, en muchos casos por primera vez. La investigación ha mostrado que su impacto puede ser a la vez inmediato y duradero (Baldwin, 2017; Aiello and McCorkel, 2018). También hay efectos considerables en otros miembros de la familia, en concreto en las abuelas, a quienes puede pedírseles de repente que cuiden de la infancia por tiempo indefinido (Raikes, 2016; Tasca, 2016). Por tanto, la prisión puede considerarse en sí misma generadora de trauma.

A diferencia de lo que ocurre cuando un padre entra en prisión, en cuyo caso la mayoría de los niños y niñas permanecen en el hogar familiar al cuidado de su madre, solo el 5 % de la infancia permanece en el hogar familiar cuando es la madre quien es encarcelada (Corston, 2007). Faltan datos actualizados sobre quién cuida de la infancia en esta situación (Joint Committee on Human Rights, 2019). A menudo los niños y niñas acaban al cuidado de sus abuelas (25 %) o de otros familiares o amistades (por lo general mujeres) (29 %); el 9 % queda al cuidado del padre y el 12 % acaba bajo la tutela del Estado (Corston, 2007). Por ello, el encarcelamiento también tiene un efecto considerable en muchas relaciones de la familia extensa. Aparte de algunas organizaciones del sector asociativo, en el Reino Unido apenas existe o no existe en absoluto apoyo económico o emocional para quienes cuidan de niños y niñas cuyo padre o madre está en prisión y, como el ingreso en prisión suele producirse de forma imprevista, las personas cuidadoras tienen que intervenir con muy poca antelación (Joint Committee on Human Rights, 2019).

La investigación con madres que han pasado por la cárcel ha mostrado que la separación de sus hijos e hijas es una de las partes más duras del encarcelamiento para las madres (Slotboom et al, 2011; Baldwin and Epstein, 2017). Diversas investigaciones se han centrado específicamente en el encarcelamiento materno y en sus implicaciones y efectos (Masson, 2019; Booth, 2020; Lockwood, 2020a; Baldwin, 2021). Por ejemplo, Baldwin (2017) entrevistó a madres sobre sus experiencias en prisión, en particular en relación con sus emociones y los espacios carcelarios. La dolorosa experiencia de la separación describe la angustia añadida de no poder ayudar a la descendencia cuando atraviesa momentos difíciles. Para las madres criminalizadas, su paso por el sistema de justicia penal genera un trauma relacional adicional, como mostrará esta investigación.

Allen et al (2010) describen cómo las mujeres hablaban de la impotencia que sentían ante la separación de sus hijos e hijas. La vergüenza surgió también como tema central, junto con sentimientos de culpa y de insuficiencia como madres. La investigación ha descrito el impacto del encarcelamiento materno en la descendencia dependiente, centrándose a menudo en la infancia en edad de escolarización primaria, con especial atención a la alteración causada por las penas cortas (Baldwin and Epstein, 2017; Masson, 2019). Lo que se ha investigado menos es el impacto en la descendencia de más edad. Lockwood (2020b) analiza la importancia de la ausencia de las madres durante la transición a la edad adulta de sus hijos e hijas mayores, y subraya la preocupación por el apoyo que reciben y la inquietud de las madres ante la manera en que gestionarán sus relaciones y las decisiones que tomen en ellas.

Easterling et al (2019) recurren al concepto de pérdida ambigua para comprender cómo viven las madres y su descendencia la separación debida al encarcelamiento. Este concepto sostiene que, aunque los miembros de la familia puedan estar físicamente ausentes, siguen estando psicológicamente presentes en cierta medida, lo que genera emociones contradictorias y confusas. Al no poder ejercer sus funciones maternas habituales, las mujeres se sienten estresadas e inseguras respecto a la relación con sus hijos e hijas. Arditti (2012) describe además la separación traumática y el duelo no reconocido que viven las familias en esta situación. Esto coincide con otras investigaciones que han identificado como tema recurrente que las mujeres en prisión sufren una gran angustia porque se preocupan por quienes están fuera mientras se sienten impotentes para ayudarles (Masson, 2019; Baldwin, 2021). Socializadas para cuidar de los demás, cuando el encarcelamiento les impide ejercer este papel, la alteración de las relaciones genera un conflicto emocional.

Las personas que cuidan de los hijos e hijas de mujeres presas constituyen otro grupo afectado por el encarcelamiento, a menudo olvidado por las políticas y la investigación en este ámbito. La mayoría de los familiares cuidadores en estas circunstancias son mujeres, por lo general abuelas o, en algunos casos, hermanas (Minkler and Fuller-Thomson, 1999; Birchall and Holt, 2023). En muchos casos, las personas cuidadoras de la familia tienen que mudarse y dejar de trabajar para asumir esta función (Hairston, 2003; Raikes, 2016). Puede que ya estén cuidando de otros niños o nietos y que su salud física se vea afectada. La investigación en este ámbito es especialmente escasa en el contexto británico, pues gran parte de ella se centra en la persona infractora o en su descendencia dependiente. En muchos casos, las personas cuidadoras sienten que no tienen más remedio que asumir esta función, ya que de lo contrario la infancia podría acabar en el sistema de protección. Bachman y Chase-Lansdale (2005) detallan el impacto que tiene en las abuelas, a menudo ya con ingresos bajos, el cuidado a tiempo completo de sus nietos y nietas. El principal factor observado fue un deterioro de la salud física y de la estabilidad económica. La presión añadida de mantener el contacto con la persona presa aumenta la carga del cuidado. Las personas cuidadoras también tienen que hacer frente al estigma en su comunidad y puede que les toque explicar a sus nietos y nietas dónde está su madre y por qué (Lockwood and Raikes, 2015; Raikes, 2016). Todo ello puede traducirse en una mala salud mental y en la pérdida de la vida social, y repercutir en otros miembros de la familia (Young and Smith, 2000; Vallely and Cassidy, 2012).

El trauma relacional, como aspecto de la teoría relacional en sentido amplio, no se ha examinado en el contexto del encarcelamiento materno, en concreto teniendo en cuenta el impacto en la relación entre madre e hijo o hija y también, cabe sostener, entre abuela y madre. El trauma relacional se define como el que surge de relaciones de maltrato, pero también de la negligencia, el abandono y la alteración significativa de las relaciones. Puede dejar a un niño o una niña con sentimientos de confusión e inseguridad y con dificultades para establecer relaciones a lo largo de la vida (Alexander, 2013; Schore, 2013; Weld, 2014). Este artículo propone que el encarcelamiento de las madres causa un trauma relacional con efectos traumáticos tanto para la madre como para la descendencia y para otros miembros de la familia, como las abuelas, y que puede entenderse en un sentido más amplio como la destrucción de relaciones que son clave para el crecimiento y el desistimiento delictivo. Puede observarse en situaciones en las que las madres están ausentes a causa de una pena de prisión, y en las secciones siguientes se analizarán los datos del estudio. Comprender los efectos relacionales del encarcelamiento materno es, por tanto, crucial para prevenir daños continuados y reconstruir vidas. Estos traumas o vulnerabilidades «relacionales» (Few-Demo and Arditti, 2014) pueden tener efectos de gran alcance e intergeneracionales que van más allá del periodo de reclusión y producen un ciclo de desventaja para las generaciones futuras. A continuación, este artículo expondrá una investigación sobre el alcance de estos traumas en madres que han pasado por la cárcel.

Metodología

El estudio se llevó a cabo en 2019 como investigación doctoral de la autora en el contexto del sistema de justicia penal de Inglaterra. La autora realizó entrevistas a 19 madres que habían pasado por la cárcel. Como en este estudio no se habló directamente con niños, niñas, jóvenes ni familiares cuidadores, las experiencias recogidas son las relatadas por las propias madres. Las mujeres se reclutaron a través de un servicio de libertad vigilada y de una organización del sector asociativo. Todas las madres salvo una estaban en libertad vigilada: 14 de ellas como consecuencia de su reciente periodo de privación de libertad y las restantes (4) por nuevos delitos cometidos tras el periodo anterior de privación de libertad. Las penas, de entre 6 semanas y 2 años de duración, se habían impuesto por fraude, delitos de drogas, incendio provocado y obstrucción a la justicia, entre otros. Las mujeres tenían entre 22 y 60 años. Fueron derivadas por una o un profesional de libertad vigilada o contactadas durante su asistencia a un grupo de libertad vigilada para mujeres. Las mujeres tenían entre uno y cuatro hijos o hijas cada una, de entre 6 semanas y 19 años en el momento del periodo de privación de libertad; seis madres no tenían a la descendencia a su cargo antes de entrar en prisión y otras tres quedaron separadas de ella de forma permanente después. Las entrevistas se realizaron en oficinas de libertad vigilada y en grupos de libertad vigilada para mujeres, y duraron entre 25 y 80 minutos. Se centraron en los relatos de las madres y en sus experiencias de la privación de libertad y sus efectos en su vida, lo que les permitía controlar lo que deseaban revelar (Squire et al, 2014).

Las consideraciones éticas, entre ellas el consentimiento informado, el anonimato y la protección de datos, fueron prioritarias durante toda la investigación, y con todas las participantes se habló en un entorno en el que había apoyo fácilmente disponible. Se proporcionó información a todas las mujeres antes de su participación en el estudio y de nuevo durante las entrevistas. Cada entrevista siguió un procedimiento establecido, consistente en una serie de medidas destinadas a garantizar un trato justo y ético a las participantes. Ello implicaba informarles de los objetivos de la investigación, de cómo se tratarían sus datos, de cómo se garantizaría el anonimato y de en qué casos se rompería la confidencialidad. También se les informó de que la participación era voluntaria, de que no tenían que responder a todas las preguntas y de que podían interrumpir la entrevista en cualquier momento. No se seleccionó a las mujeres que el personal identificó como especialmente vulnerables. Al final se reservó un tiempo para ofrecer apoyo adicional si era necesario. Se han utilizado seudónimos en todo el texto y se recogieron y almacenaron los mínimos datos personales. En los casos presentados se han modificado algunos datos personales para reforzar el anonimato (como el sexo de los hijos e hijas). La edad de la descendencia que se indica es la que tenía cuando la madre entró en prisión. Antes de comenzar la investigación se obtuvo la plena aprobación ética de HM Prison and Probation Service (HMPPS) y de la universidad de acogida, además de mantenerse una consulta continua con las entidades cuyos servicios se utilizaron durante el trabajo de campo.

Este artículo se basa en los datos relativos a las relaciones de las mujeres con sus hijos e hijas y con la familia extensa o los familiares cuidadores. Para este artículo se analizaron setenta y seis páginas de datos, procedentes de 12 entrevistas con abundante información sobre este tema. Los datos se analizaron temáticamente y la autora transcribió íntegramente las entrevistas; la transcripción comenzó cuando la recogida de datos aún estaba en curso, para preservar la comprensión de las entrevistas. Las transcripciones se leyeron y releyeron varias veces para comprender plenamente las narrativas y las historias que contenían. En un primer momento se elaboraron mapas mentales a partir de los temas principales y de los elementos comunes de los relatos de las mujeres. Después se redactó un breve retrato de cada mujer y se extrajeron datos cuantitativos básicos sobre su biografía y sus delitos. Se elaboró una lista de códigos para cada transcripción y los códigos (95 en total) se agruparon después en temas (15 en total). Este artículo se basa en los datos de cuatro temas relativos a la separación de la descendencia, el impacto en los miembros de la familia, la relación con los familiares cuidadores y el reencuentro o la recuperación del rol materno. Como todas las mujeres que participaron en el estudio eran blancas, no puede realizarse un análisis de las experiencias de madres pertenecientes a minorías. Además, los relatos reflejan las experiencias de mujeres de una sola zona geográfica de Inglaterra y los servicios y prisiones de mujeres a los que tuvieron acceso.

Impacto en las relaciones con los hijos e hijas

Partiendo de la teoría relacional y del concepto de trauma relacional, esta sección expone los efectos relatados en las relaciones de las madres con sus hijos e hijas a lo largo de su paso por el sistema de justicia penal. Entre ellos figuraban una intensa angustia emocional, problemas en la escuela y dificultades económicas y prácticas. La principal frustración de las madres era no poder hacer nada para ayudar: se sentían impotentes, sin ningún recurso para resolver los problemas que se estaban produciendo. Las madres quedaban relegadas al papel de espectadoras mientras sus familias se deterioraban cada vez más fuera; en la mayoría de los casos, lo único que podían hacer era verse obligadas a presenciarlo.

Como se ha señalado, hay menos datos sobre el impacto del encarcelamiento materno en la descendencia de más edad y en jóvenes adultos. Gran parte de la investigación se ha centrado, en cambio, en el impacto en bebés y en niños y niñas en edad de escolarización primaria (Minson, 2019; Booth, 2020). En este estudio, seis de las mujeres tenían hijos o hijas mayores de 13 años. Los efectos no se limitaban al periodo en que la madre estaba en prisión, sino que comenzaban antes —en muchos casos durante la espera entre la acusación y la sentencia— y continuaban después. Estos efectos deben tenerse más en cuenta cuando se condena a madres a penas privativas de libertad, si se quiere lograr el desistimiento delictivo de las madres. En este estudio, las madres relataron que sus hijos e hijas mayores y jóvenes expresaban emociones intensas y complejas sobre lo ocurrido: «Mi hijo mayor, a veces se enfadaba mientras yo esperaba la sentencia y todo eso, se ponía de mal humor conmigo y me preguntaba todo el rato “¿Por qué?”» (Samantha, dos hijos, de 19 y 14 años).

Lisa también habló de la rabia y el descontento que su hijo albergó durante toda la sentencia y después: «A veces está muy decepcionado conmigo, pero no sé si es decepción o qué, es que no consigo entenderlo, ¿sabes?, porque teníamos esa confianza. Creo que le hizo sentirse inseguro, creo que se sentía inseguro» (Lisa, 1 hijo, de 18 años).

Explicó cómo su hijo había perdido el respeto por el sistema de justicia penal y expresó su preocupación por el impacto que esto tendría en su vida futura. Estas experiencias reflejan las definiciones de trauma relacional que describen a jóvenes que se sienten inseguros y que atraviesan sus propias dificultades relacionales: «después de dejarlo con su novia porque no podía soportar que yo estuviera en la cárcel, una pelea muy fuerte, y perdió el trabajo porque arremetía contra todo el mundo, su rabia se manifestaba así, ya sabes, explotando» (Lisa).

Mientras que el hijo de Lisa se llenó de rabia, a Tammy le preocupaba que a su hija mayor le costara tanto visitarla en prisión y que pareciera recurrir al alcohol para sobrellevar esas emociones difíciles: «Creo que a mi mayor le afectó mucho, como te decía, empezó a beber todos los días y cosas así» (Tammy, dos hijas, de 17 y 15 años).

[V]inieron esa noche, cuando salí; un par de ellos nos mandaron cartas mientras estaba dentro, y son amigos de mi hijo pequeño. O sea, todavía vienen, claro, y siempre me preguntan si estoy bien. Y me decían: «¡Qué alegría que hayas salido!»; ¡o sea, que a ellos también les tuvo que afectar! Pero no te das cuenta, no sabes a quién estás afectando… (Naomi, dos hijos, de 18 y 21 años)

Nunca lo había dejado antes y sí que le afectó, se hacía pis en la cama y todo, o sea, no sabía dónde estaba yo, no lo veía ni nada, no quería que viniera, y me afectó a mí, claro, porque le afectó a él. (Cheryl, 1 hijo, de 5 años)

La verdad es que lo pasé fatal, porque mi hija, ahora tiene 7 años, así que se entera de todo, ¿sabes lo que quiero decir?, y me hacía preguntas: «¿Cómo es que has estado tanto tiempo de vacaciones?» y cosas así, y la verdad es que no me gustaba mentir… no son tontos. (Diane, 1 hija, de 7 años)

Se fue a vivir con su padre cuando tenía 11 años, perdí el vínculo que tenía con él, yo nunca había dejado a ninguno de mis hijos, y a mis niñas no las he dejado, cuando lo dejé a él, es que no conseguía recuperar aquello, aunque solo fueron siete semanas, era como… siete semanas es mucho tiempo, la verdad, para un niño de 6 años y para una madre sin su hijo, me costaba perdonarme por haberlo dejado. (Cheryl)

Estuve dos semanas sin ver a mi niña, se me partía el corazón. Y luego, al salir… el vínculo que tenía con mi niña antes de entrar era irrompible, ahora está muy distante, alejada de nosotros, o sea que esta condena ha hecho que mi hija se aleje de nosotros, ya ni siquiera viene a darme un abrazo. (Danielle, 1 hija, de 10 años)

Los sentimientos aquí expresados muestran los efectos duraderos incluso de periodos cortos de encarcelamiento. Son los efectos relacionales continuados e intergeneracionales los que llevan a muchas personas a cuestionar el sentido del encarcelamiento materno: ¿quién es, en última instancia, la persona castigada en esta situación?

En el contexto del impacto en la unidad familiar, vemos cómo las relaciones no vuelven sin más a ser como eran antes del periodo de encarcelamiento. Los vínculos pueden haberse estirado demasiado y, en algunos casos, haberse roto para siempre por el trauma del encarcelamiento materno. Las madres describen una combinación de culpa, vergüenza y estigma en torno al impacto que su encarcelamiento tuvo en la familia. Sin embargo, hubo algunos aspectos positivos ocasionales, como en el caso del hijo de Samantha, que se había alistado en el ejército, algo que ella dijo que no habría permitido de haber estado en casa. Tammy también podía reflexionar ahora sobre el hecho de que convertirse en abuela era una razón para esforzarse por dar estabilidad a su familia. En otro caso, aunque los hijos ya habían vuelto a vivir con su madre, en el plano emocional las cosas seguían siendo muy difíciles: «Tenía muchísimo miedo al rechazo, a haberles fallado. Sentía que no me perdonarían. Pensaba que renegarían de mí. Pero fueron increíbles» (Alison, 2 hijos, de 18 y 20 años).

Para muchas mujeres, el reencuentro con sus hijos e hijas al salir de prisión se complica por problemas de vivienda y económicos: «Todavía lloro al dormirme porque no tengo a mi niña de 4 años, dormía conmigo todas las noches» (Janette, 1 hija, de 4 años, y 1 hijo, de 14 años).

Janette no tenía acceso a una vivienda adecuada que permitiera a su hija vivir con ella o quedarse a dormir, ya que había perdido su alojamiento durante la privación de libertad, en parte debido a su delito, que le impedía volver a su anterior domicilio. Tammy quería sentirse preparada para que su hija volviera a casa, para que esta vez funcionara, y necesitaba tiempo para llegar a ese punto: «Bueno, mi mayor, ahora mismo sigue en acogimiento familiar, estamos teniendo problemas, ella tiene algunos problemas, creo que es porque he salido, quiere volver a casa y cosas así, pero tiene que darse cuenta de que solo llevo fuera cinco meses».

En algunos casos, los hijos e hijas querían volver al hogar familiar y en otros no: ambas situaciones resultaban difíciles. Incluso cuando volvían a su situación de convivencia anterior, se relataban con frecuencia dificultades en esas relaciones, a menudo teñidas de culpa, rabia y confusión. Estas experiencias muestran los efectos relacionales del encarcelamiento materno y cómo, incluso para la descendencia de más edad y para jóvenes adultos, esta experiencia puede ser emocionalmente dañina y traumática.

Impacto en las relaciones con los familiares cuidadores

El impacto del encarcelamiento materno en la familia extensa se ha documentado y considerado menos. En muchos casos, son familiares mujeres quienes acaban cuidando de la infancia cuando una madre entra en prisión. En este estudio, abuelas y hermanas asumieron el cuidado en diez casos, ambos abuelos conjuntamente en tres casos, un abuelo en un caso y los padres en cuatro casos; los hijos e hijas de una mujer ya estaban en acogimiento familiar. En tres de estos casos, la infancia estuvo en algún momento bajo la tutela de los servicios sociales. La carga del cuidado puede tener un coste económico, emocional y físico, como se detalla más adelante. En muchos casos, las relaciones entre las madres y los familiares cuidadores se ven sometidas a una fuerte tensión y pueden no recuperarse tras la salida de prisión. La infancia puede quedar atrapada en medio de los problemas relacionales entre la madre y la persona cuidadora. Esto pone de manifiesto el daño continuado que puede producirse tras la salida de una madre de prisión: recuperar el rol materno no siempre es posible ni fácil, y a menudo este experimenta un cambio profundo.

En el caso de Lisa, su relato se centró en el visible deterioro físico de su madre, que cuidaba de su hijo adolescente: «Mi madre perdió casi veinte kilos que no se podía permitir perder, venía [a la prisión] y había envejecido, y se me rompía el corazón, cada vez que venía se la veía más y más mayor».

Supuso una carga económica enorme para mi madre y para mis hijos mientras estuve dentro, enorme. Porque no hay ninguna ayuda para ellos, ¿sabes?, mi madre no recibió ninguna prestación para ayudarla a criar a mis hijos porque era abuela, porque estaba jubilada, no podía pedir los créditos fiscales por trabajo, así que no había nada; la prestación por hijo a cargo (Child Benefit), y ya está. (Samantha)

Las preocupaciones económicas agravan los problemas relacionales y la tensión emocional. Esta cuestión del apoyo económico ya se ha planteado antes, y más recientemente en un informe del Parlamento británico (Ministry of Justice, 2019, punto 13), y sigue habiéndose avanzado muy poco para introducir cambios.

Quedarse en casa, con sus cosas alrededor, como digo, eso lo hizo mi madre, así que él ha tenido eso, mientras que si no hubiera tenido a mi madre, habría sido otra historia totalmente distinta, de verdad que sí, así que tengo mucho que agradecerle, pero nuestra relación nunca volverá a ser la misma, la relación que tengo con mi madre se ha perdido, la verdad, así que…

Estos datos sugieren que hay que hacer mucho más para tener en cuenta el impacto en la familia extensa más allá de la descendencia, ya que estos problemas relacionales también afectarán, directa e indirectamente y de forma continuada, a niños, niñas y jóvenes. El daño causado por el encarcelamiento materno se documenta menos en lo que respecta a sus efectos en las madres y en sus relaciones con sus propias madres, como se ha detallado más arriba. En el caso de Samantha, esta ruptura no mejoró tras su salida de prisión: le costó recuperar el rol de madre de sus hijos y se quedó con un sentimiento de vergüenza y estigmatización. Su hijo quedó atrapado en medio del trauma relacional así generado. En algunos de estos casos, las relaciones ya estaban tensas de antemano y la pena de prisión añadió más estrés. Stacey lo describió así: «Tres semanas antes de que saliera, mi madre intentó conseguir una orden judicial sobre la convivencia de mi hija (child arrangement order) para poder quedarse con ella. Me notificaron la orden tres semanas antes de salir» (Stacey, 1 hija, de 1 año).

Yo solo quería volver y ser otra vez su madre, y mi hijo quería que volviera y fuera otra vez su madre, pero estaba pisándole el terreno a mi madre; ella se había hecho cargo durante diez meses, ¿sabes?, cosas pequeñas, te soltaba comentarios, si un día yo había hecho la cena o lo que fuera, me decía: «¿Por qué has hecho eso? Ya lo habría hecho yo». (Samantha)

Cuando intenté llamarla [a la abuela], no me cogió el teléfono el día del cumpleaños de mi hija, así que tuve que llamar a mi tía para que llamara a mi madre para que la llamara a ella, y entonces me soltó: «No, ni hablar de que tenga contacto», porque en la cárcel hacen visitas para los niños, así que yo estaba intentando conseguir eso y ella no quería ni oír hablar del tema: «¿Por qué iba a querer llevarla a ella, una niña tan pequeña, a una cárcel?». (Caitlin, 1 hija, de 3 años)

Su padre me hizo llegar algún comentario sobre lo avergonzado que estaba [mi hijo], que ya no nos veía como un modelo y que estaba avergonzadísimo de nosotros y de todo, y que necesitaría tiempo antes de ser capaz de hablarnos o vernos, pero eso fue antes de que entrara en la cárcel, así que ya han pasado meses y no ha hecho ningún esfuerzo, ninguno, para que tengamos algún contacto, ni siquiera una llamada, nada, ni una tarjeta, ni una carta, nada, absolutamente nada, así que no sé adónde ir, no sé a quién recurrir con esto… (Tanya, 2 hijos, de 13 y 27 años)

La financiación del apoyo a las familias es escasa: antes había en esta zona profesionales adicionales dedicados al contacto familiar, cuya función era aumentar el contacto de las madres en esta situación. En muchos casos, la combinación de la ruptura de la relación con la persona cuidadora de la familia y del estigma que pesa sobre las madres criminalizadas genera dificultades en el contacto con los hijos e hijas, tanto durante como después del periodo de encarcelamiento. Esto se suma al trauma relacional vivido.

Para muchas, los efectos duraderos de la prisión eran difíciles de sobrellevar. En un momento en que se suponía que debían alegrarse de haber salido de prisión y empezar de nuevo, los problemas de contacto con los hijos e hijas generaban sentimientos insoportables de pérdida, como en el caso de Tanya: «Nos han dejado al margen siempre desde que él tenía ocho años, cada Navidad, cada cumpleaños y cada Día de la Madre: ni tarjetas ni llamadas, nada. Para ellos no soy una prioridad».

La teoría relacional subraya la importancia de las relaciones empáticas y nutricias para el bienestar de las mujeres y su desistimiento delictivo (Covington, 1998), por lo que estas cuestiones tienen una importancia fundamental. Es evidente que el encarcelamiento materno agrava los problemas relacionales y afecta no solo a la infancia, sino también a quienes la cuidan en la comunidad.

Conclusión

Este artículo ha expuesto los efectos relacionales traumáticos del encarcelamiento materno, en particular los menos investigados, como los efectos en la descendencia de más edad y la posible ruptura de las relaciones con los familiares cuidadores. Teniendo en cuenta estos traumas relacionales a la luz de la teoría relacional (Covington, 1998; Weld, 2014), resulta evidente que el encarcelamiento materno tiene efectos de gran alcance y duraderos a lo largo de las generaciones. Este trauma relacional agrava los problemas prácticos y económicos que ya existen al salir de prisión. Considerar el efecto del encarcelamiento materno en la familia extensa y en las relaciones permite construir una imagen más detallada de los daños sufridos y, por tanto, identificar dónde es necesario un trabajo adicional.

La teoría relacional sugiere que la manera en que las mujeres se vinculan con el mundo puede dar más peso a las relaciones con otras personas y a la importancia de estas para el crecimiento, la estabilidad y la salud mental. La política penal actual, aunque reconoce la importancia de las relaciones, es en sí misma generadora de daño, al separar a las madres de sus hijos e hijas y ofrecer poco o ningún apoyo a las personas cuidadoras y a la infancia en la comunidad (Comack, 2018; Anderson, 2021). Los niños y niñas siguen siendo separados de repente de su madre el día de la sentencia, con poco aviso o tiempo para prepararse en el plano práctico, económico o emocional. Este artículo ha expuesto la alteración de las relaciones que se produce, en lo que respecta a los familiares cuidadores y a la descendencia tanto de menor como de mayor edad. Dado que los familiares cuidadores pueden ser quienes controlan el acceso al contacto con la infancia, la alteración de estas relaciones tiene efectos adicionales en la relación maternofilial (Tasca, 2016).

La alteración de las relaciones descrita en este artículo muestra que muchas relaciones se consideraron «nunca ya iguales» tras la prisión, marcadas por un sentimiento de pérdida, como si algo profundo faltara en esa relación, ya fuera con una abuela o un abuelo o con un hijo o una hija. En algunos casos había también recordatorios físicos del trauma del periodo de encarcelamiento. La investigación ha indicado que las madres que salen de prisión se encuentran en un momento de especial vulnerabilidad y que este periodo es también importante para pensar el desistimiento delictivo (Few-Demo and Arditti, 2014; Gålnander, 2020). Es probable que estos problemas o vulnerabilidades relacionales posteriores a la prisión resulten perjudiciales para la vida de las madres en sentido amplio (Few-Demo and Arditti, 2014) y puedan influir en la comisión de nuevos delitos. En cuanto al trabajo relacional, la relación con las y los profesionales de libertad vigilada también se ha señalado como una posible fortaleza clave en la vida de las mujeres tras la prisión (Aisling et al, 2021), al aportar confianza, empatía y continuidad en la atención. Sería útil seguir investigando este ámbito de trabajo.

Es imprescindible seguir examinando el abanico de alternativas a la prisión y si son eficaces y se utilizan de forma adecuada. En el Reino Unido ha habido reticencias a cambiar la manera en que se atiende a las madres en prisión y a su descendencia. Aunque se ha propuesto que la prisión sea siempre el último recurso y que se utilicen alternativas siempre que sea posible (Ministry of Justice, 2018), no se han llegado a crear nuevas alternativas. Se ha propuesto que los informes previos a la sentencia son una herramienta útil para tener plenamente en cuenta las responsabilidades de cuidado, las circunstancias personales y las relaciones de una madre antes de dictar sentencia. Sin embargo, los datos indican que su utilización sigue siendo desigual (Centre for Justice Innovation, 2018).

En Alemania, las madres pueden, en determinadas circunstancias, seguir ejerciendo la crianza de sus hijos e hijas durante la privación de libertad y hacerse cargo de ellos durante el día, para regresar a prisión por la noche (Dolan, 2019). Esto mantiene sus vínculos con la descendencia y exige a las madres trabajar en el desarrollo y el mantenimiento de sus competencias parentales. Parece probable que, si se les diera la oportunidad, la mayoría de las mujeres elegiría esta vía, que podría ofrecerles la posibilidad de afrontar sus experiencias y sus delitos, avanzar y crecer, en lugar de causar un daño irreparable a las relaciones. También aliviaría la presión sobre los abuelos y abuelas, que soportarían una carga menor, lo que posiblemente preservaría también estas relaciones de cara al futuro. Existe un amplio margen para abordar el trauma relacional que produce el encarcelamiento materno.

Como se señala en el informe Farmer (2019), las relaciones positivas y nutricias pueden considerarse el «hilo de oro» o una «necesidad criminógena» de las mujeres que han delinquido. Existe una contradicción entre el impacto del encarcelamiento materno en las familias, con investigaciones que muestran que daña las relaciones, y una política penal que sigue recurriendo a las penas privativas de libertad. En conclusión, los datos presentados sobre los efectos relacionales del encarcelamiento materno ponen de relieve la necesidad de un apoyo adicional a las familias tras la salida de prisión. No obstante, dado que los datos en los que se basa este artículo proceden de un subconjunto de datos de un proyecto más amplio, conviene señalar que estas limitaciones podrían afectar a la calidad de los resultados en términos de fiabilidad y validez. Podría realizarse un trabajo adicional en prisión antes de la salida, en forma de apoyo entre iguales, para hablar de las cuestiones de crianza y reflexionar sobre cómo la ausencia de la madre ha podido afectar a los hijos e hijas. Tras la salida, las sesiones grupales impartidas por los servicios de libertad vigilada también pueden ser una oportunidad para ofrecer apoyo adicional en torno a estas importantes cuestiones relacionales, además de profesionales de apoyo familiar que puedan ayudar a gestionar las cuestiones de contacto con la infancia y ofrecer orientación sobre la crianza.

Complexe Systémique: puntos clave

El texto procede de la criminología, pero su movimiento es sistémico: desplaza la atención de la díada madre-hijo hacia el conjunto de relaciones que la prisión reorganiza. Tres aportaciones son útiles en la clínica. En primer lugar, adolescentes y jóvenes adultos, a menudo olvidados, reaccionan con rabia, vergüenza o alcohol, y la relación no se limita a «volver» a lo que era tras la salida de prisión. En segundo lugar, la abuela que toma el relevo se convierte a la vez en un recurso y en quien controla el acceso al contacto, y el regreso de la madre abre una rivalidad de roles que las y los terapeutas familiares conocen bien. En tercer lugar, el trauma relacional se concibe como bidireccional: afecta también a las madres y a las abuelas. Conviene mantener cierta distancia crítica: la muestra es pequeña e íntegramente blanca, y solo hablan las madres, de modo que las voces de la infancia y de las personas cuidadoras solo se conocen a través de sus relatos; la idea de que las relaciones importan más a las mujeres sigue siendo un supuesto teórico debatido. Para leer junto con el artículo sobre una persona guía del sistema para la infancia con madres encarceladas y el artículo sobre la terapia relacional tras la prisión.

Notas del original

Nota. Este artículo se basa en materiales e ideas desarrollados en el marco de la siguiente tesis doctoral: Mitchell, S. (2021) The Intergenerational Traumatic Impact of Maternal Imprisonment, Northumbria University.

Financiación. Este trabajo contó con el apoyo de una beca de la Northumbria University financiada por Lady Edwina Grosvenor.

Agradecimientos. La autora desea dar las gracias a las personas revisoras por sus comentarios y sugerencias, que ayudaron a desarrollar y mejorar el artículo.

Conflicto de intereses. La autora declara que no existe ningún conflicto de intereses.

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Traducción no oficial al español de Relational trauma: the impact on family relationships of maternal imprisonment, de Sophie Mitchell, Families, Relationships and Societies, vol. 14, n.o 4 (2025), doi: 10.1332/20467435y2024d000000039, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (declaraciones agrupadas en las notas). Ni la autora ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Traducción no oficial del artículo original «Relational trauma: the impact on family relationships of maternal imprisonment», publicado en Families, Relationships and Societies (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido y maquetado por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Mitchell, S. (2025). Relational trauma: the impact on family relationships of maternal imprisonment. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/relational-trauma-the-impact-on-family-relationships-of-maternal-imprisonment (Obra original publicada en 2024 en Families, Relationships and Societies, 14(4), 507-522 (2025); republicada en 2025 por Families, Relationships and Societies, https://bristoluniversitypressdigital.com/view/journals/frs/14/4/article-p507.xml)

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