Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Journal of Family Therapy · Terapia familiar

Relatos fraternos del malestar psíquico parental

¿Qué conservan, ya en la edad adulta, las hermanas y los hermanos que crecieron con una madre con malestar psíquico? Un equipo británico entrevistó a cuatro parejas fraternas juntas, con un enfoque de investigación narrativa. Surgen dos tramas: «nuestra historia», hecha de roles de primogenitura, parentificación y salida del hogar, y «somos quienes somos por lo que pasó». El vínculo fraterno aparece como un recurso protector, aunque los roles asignados también pueden debilitarlo.

Autoría Wendy O’Neill (Tavistock and Portman NHS Trust, Londres); Nic Horley (West London NHS Trust, Londres); Pieter W. Nel y Lizette Nolte (University of Hertfordshire, Reino Unido)Primera publicación Journal of Family Therapy, 7 de abril de 2024Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Sibling stories of parental mental distress, de Wendy O’Neill, Pieter W. Nel, Nic Horley y Lizette Nolte, publicado en Journal of Family Therapy (Wiley) (2024), doi: 10.1111/1467-6427.12452, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla 1 se presenta en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Pasar de una posición de silencio a una construcción compartida de sentido, mediante un enfoque centrado en la familia, puede promover la resiliencia en la infancia.

Wendy O’Neill, Pieter W. Nel, Nic Horley y Lizette Nolte

Resumen

Este artículo presenta los resultados de un estudio que explora los relatos fraternos del malestar psíquico parental y los discursos sociales que pueden haber contribuido a la construcción de sentido de hermanas y hermanos adultos. Se reclutó de forma intencional a cuatro parejas fraternas, que fueron entrevistadas con un enfoque de investigación narrativa. A partir del análisis de las narrativas de las personas participantes se construyeron dos tramas principales: «Nuestra historia» y «Somos quienes somos por lo que pasó». Los resultados ponen de relieve que la construcción identitaria de cada miembro de la fratría y las identidades colectivas de las parejas fraternas están influidas por el contexto de salud mental parental. Los hallazgos sugieren también un cambio en la construcción de sentido entre la infancia y la edad adulta. Estos hallazgos se examinan junto con sus implicaciones para la práctica y la investigación sistémicas.

Puntos para la práctica

  • El malestar psíquico parental afecta a todos los miembros de la familia, y los equipos profesionales deberían adoptar una práctica que incluya a la familia y atender al bienestar de las hijas y los hijos de las personas que acuden a los servicios de salud mental de adultos.
  • Las relaciones fraternas suelen estar infrautilizadas en la práctica sistémica: conviene tener presente el papel potencialmente protector de la relación fraterna y considerar la posibilidad de trabajar junto con la fratría para coconstruir un significado coherente del malestar psíquico parental.
  • Quienes trabajan desde un enfoque sistémico con hijas e hijos de madres o padres con malestar psíquico deberían tener en cuenta los roles y las responsabilidades al considerar las distintas necesidades de cada miembro de la fratría, por ejemplo en relación con la parentificación o con el acceso a la información.
  • Quienes acompañan a personas que crecieron en un contexto de malestar psíquico parental deberían adoptar una posición de «tanto lo uno como lo otro», abriendo espacio a conversaciones sobre las dificultades y las fortalezas, así como sobre las ganancias y las pérdidas.
  • Los equipos de los servicios de salud mental de adultos deberían desarrollar las competencias y la confianza necesarias para trabajar de manera inclusiva con la familia cuando las personas usuarias del servicio son madres o padres.
  • Los equipos profesionales pueden sumarse al compromiso de quienes vivieron el malestar psíquico parental para cuestionar los discursos estigmatizantes sobre los problemas de salud mental.

INTRODUCCIÓN

Las experiencias de malestar psicológico de una madre o un padre repercuten en todos los miembros de la familia (Lagdon et al., 2021), incluidos los hijos y las hijas (Dam & Hall, 2016). Este artículo presenta una investigación narrativa (IN) sobre el modo en que hermanas y hermanos adultos coconstruyen la experiencia de tener una figura parental con experiencias de malestar psíquico (PEMD, por sus siglas en inglés). El estudio buscaba explorar si la fratría puede actuar como recurso y factor de protección frente a los riesgos asociados a la PEMD, y considerar el papel y la importancia de las intervenciones centradas en la familia para estas familias. A efectos de este estudio, PEMD era una etiqueta asignada por las personas participantes, entendida a través de etiquetas diagnósticas parentales como la ansiedad, la depresión o el trastorno bipolar, y que había tenido un impacto negativo significativo en la vida familiar al menos una vez a lo largo de la vida de la fratría. Se ha subrayado reiteradamente la importancia de adoptar un enfoque de familia completa (p. ej., Lagdon et al., 2021; Social Care Institute for Excellence, 2011); sin embargo, esta recomendación no se aplica de forma sistemática y a menudo no se dispone de acceso a intervenciones sistémicas dirigidas a toda la familia.

Las familias afectadas por la PEMD se consideran de las más vulnerables de la sociedad y tienen un mayor riesgo de pobreza, aislamiento social, exclusión y conflicto conyugal (Reupert & Maybery, 2007). La investigación indica que los niños y las niñas que viven con PEMD tienen un mayor riesgo de desarrollar malestar psicológico, dificultades de apego y relacionales, problemas de conducta y un bajo rendimiento académico (Foster, 2010; Gajos & Beaver, 2017; Mennen et al., 2015; Reupert & Maybery, 2007), y que el impacto de la PEMD dependerá de la frecuencia y del periodo en que se produzca a lo largo del desarrollo (Office for Health Improvement & Disparities, 2022). Se ha señalado que dos tercios de estas personas experimentan malestar psicosocial o psíquico en la edad adulta (Foster, 2010; Rutter & Quinton, 1984).

Ante este riesgo elevado, es importante comprender qué contribuye a las dificultades y qué protege de ellas, con el fin de mitigar los riesgos y apoyar el bienestar social y emocional de la infancia que vive la PEMD. Aunque algunas investigaciones se han centrado en el impacto causal directo de, por ejemplo, los factores genéticos (y su interacción con los factores ambientales, como se ha señalado más arriba) (véase, p. ej., Manning & Gregoire, 2006), hoy está ampliamente aceptado que no es la naturaleza del diagnóstico parental en sí lo que afecta a hijas e hijos, ni que el impacto sea lineal o unidireccional, sino que el riesgo está determinado por los aspectos sociales, relacionales e interaccionales complejos que suelen asociarse a los problemas de salud mental (véase, p. ej., Reupert et al., 2013; Rutter & Quinton, 1984; Van Parys & Rober, 2012). La literatura ha destacado en particular la comunicación familiar y la construcción de sentido, y se ha mostrado que la construcción de sentido de la PEMD por parte de la infancia es un factor significativo que media su impacto (p. ej., Focht & Beardslee, 1996; Scherer et al., 1996). Además, se ha mostrado la relevancia de las relaciones y los roles familiares (p. ej., la «parentificación» y las responsabilidades de cuidado) (p. ej., Rose & Cohen, 2010). Así, pasar de una posición de silencio a una construcción compartida de sentido, mediante un enfoque centrado en la familia, puede promover la resiliencia en la infancia y las interacciones positivas dentro de la familia, y respalda la necesidad de prácticas sistémicas.

La relación fraterna es una de las relaciones que la literatura ha identificado como importantes (Feinberg et al., 2012; Reupert & Maybery, 2007). Las relaciones fraternas fluctúan en intensidad a lo largo del ciclo vital y pueden ser, en algunos momentos, la relación emocionalmente más destacada en el desarrollo de una persona (Waldinger et al., 2007). Un modelo evolutivo de la relación fraterna indica que, en distintas fases del ciclo vital familiar, la fratría puede estar más unida y prestarse más apoyo (Goetting, 1986). Por ejemplo, en la adolescencia se refieren niveles más bajos de amistad, intimidad y afecto con hermanas y hermanos que en la infancia y la preadolescencia (Buhrmester & Furman, 1990), y la frecuencia de las actividades compartidas disminuye con la edad (Raffaelli & Larson, 1987; Widmer, 1999). También se ha mostrado que la relación experimenta cambios estructurales durante la infancia media y la adolescencia (Buhrmester, 1992; Guan & Fuligni, 2016). Al pasar de la adolescencia a la edad adulta, cada miembro de la fratría puede elegir mantener o no la relación, y estas relaciones pueden parecerse más a una amistad (Whiteman et al., 2011). Los estudios han señalado factores como el contacto, la ayuda y el apoyo, y los sentimientos de cercanía y seguridad como indicadores del apego fraterno adulto, que a su vez se relacionan con el bienestar psicológico y la salud física en la vejez (Cicirelli, 1992, 1995; Stormshak et al., 1996).

Además, la fratría puede brindarse apoyo práctico y emocional en circunstancias difíciles (Widmer & Weiss, 2000), lo que se ha mostrado como un factor de protección en la primera infancia. El apoyo fraterno puede moderar los efectos negativos de los acontecimientos vitales estresantes y proteger frente a los problemas internalizantes (Gass et al., 2007; Jenkins & Smith, 1990). En un estudio con niños y niñas que vivían con PEMD, muchas personas participantes asumían roles de protección o de cuidado hacia sus hermanas y hermanos, y a menudo asumían el rol parental (Aldridge & Becker, 2003).

Las relaciones fraternas también pueden tener efectos adversos sobre el bienestar de una persona; por ejemplo, puede haber conflictos frecuentes y violencia ocasional en la fratría (Stormshak et al., 1996; Waldinger et al., 2007). Unas malas relaciones fraternas en la infancia constituyen un factor de riesgo de depresión en la edad adulta, con independencia de la calidad de la crianza, y los estudios han mostrado que el conflicto fraterno durante la infancia media puede asociarse a mayores experiencias de ansiedad y depresión en la adolescencia (Waldinger et al., 2007). Por consiguiente, las relaciones fraternas pueden fluctuar en cercanía, tiempo compartido, conexión y apoyo; pueden ser un contexto de construcción de sentido y de experiencias compartidas, pero también de dificultades y malestar (Cicirelli, 1995; Griffiths & Sin, 2013), y por ello pueden considerarse clave en la formación de la identidad, la autoestima y el bienestar (Cicirelli, 1995; McHale et al., 2013). Dada la importancia del contexto familiar y del curso evolutivo de la relación fraterna, el presente estudio se propuso explorar la relación fraterna a lo largo del tiempo en el contexto de la PEMD.

OBJETIVOS DEL ESTUDIO Y PREGUNTA DE INVESTIGACIÓN

El objetivo principal de la investigación era explorar cómo la fratría coconstruye el sentido de sus experiencias de PEMD, y la pregunta de investigación se formuló de manera deliberadamente abierta para favorecer la exploración y la curiosidad.

¿Cómo construyen las hermanas y los hermanos que viven con una figura parental con malestar psíquico el significado de su relación y de la experiencia de la PEMD?

Además, el estudio exploró cómo la fratría relata sus vidas y experiencias a lo largo del tiempo, para comprender los relatos que pueden contribuir a una relación fraterna positiva o negativa y qué impide o facilita la conversación sobre la PEMD en la fratría en el contexto de los discursos sociales más amplios.

MÉTODO

Se empleó un enfoque cualitativo de IN para recoger y dar sentido a la experiencia contextual y subjetiva de las personas participantes, incluido su posible cambio a lo largo del tiempo (Wertz, 2014). De acuerdo con la metodología cualitativa, el estudio se desarrolló sobre el terreno sin hipótesis claramente definidas e implicó el reclutamiento de un número reducido de participantes (Kidd, 2002). Con el enfoque de IN se investigaron los relatos construidos en las relaciones personales y sociales, centrándose en los significados distintos y opuestos, silenciados o privilegiados que las personas atribuyen a las experiencias, y teniendo en cuenta los contextos socioculturales locales y más amplios (Andrews et al., 2008).

Participantes

Se utilizó un muestreo intencional para reclutar a un número reducido de participantes de todo el Reino Unido, con una muestra variada en cuanto a edad, género y experiencia de malestar. Se invitó a participar cuando la fratría tenía una figura parental que se identificaba como poseedora de experiencia vivida de malestar psíquico, cuando ambos miembros eran mayores de 18 años y hablaban inglés con fluidez. Se reclutó a cuatro parejas fraternas: tres parejas de hermanas y una pareja formada por un hermano y una hermana (tabla 1). Aunque el tamaño de la muestra es pequeño, Wells (2011) sostiene que las muestras reducidas son adecuadas para los estudios narrativos por la riqueza y profundidad de la información que genera la investigación narrativa, y porque no se pretende generalizar los hallazgos a todas las fratrías con experiencia de PEMD.

Tabla 1 — Datos sociodemográficos de las personas participantes.

  • Pareja 1. Lana, 28; Shelby, 28. Figura parental identificada con malestar psíquico: madre. Etiqueta diagnóstica: trastorno bipolar.
  • Pareja 2. Anna, 30; Karen, 26. Figura parental identificada con malestar psíquico: madre. Etiqueta diagnóstica: trastorno bipolar, depresión, trastorno límite de la personalidad.
  • Pareja 3. Aaron, 30; Hannah, 25. Figura parental identificada con malestar psíquico: madre. Etiqueta diagnóstica: trastorno bipolar.
  • Pareja 4. Jane, 56; Denise, 54. Figura parental identificada con malestar psíquico: madre. Etiqueta diagnóstica: sin diagnóstico formal.

Todas las figuras parentales habían estado en contacto con los servicios de salud mental, y tres de ellas habían pasado un tiempo en una unidad de hospitalización psiquiátrica. Todas las personas participantes procedían de un entorno cultural blanco británico, y toda información identificativa se ha anonimizado.

Consideraciones éticas

Las personas participantes recibieron información completa sobre el propósito del estudio, y se obtuvo su consentimiento antes de comenzar las entrevistas. Se ofrecieron comprobaciones de su estado y pausas para minimizar cualquier malestar, y al final de las entrevistas se les facilitó información sobre servicios de apoyo en salud mental.

Procedimiento

Con cada pareja fraterna se llevó a cabo una entrevista en profundidad por parejas, en la que dos personas son entrevistadas juntas para recoger información sobre cómo perciben un mismo acontecimiento (Arksey, 1996). Las preguntas de la entrevista semiestructurada se formularon atendiendo a los tres lugares comunes narrativos de la socialidad, la temporalidad y el lugar (Clandinin et al., 2007). Se puso un énfasis particular en la temporalidad, ya que al equipo de investigación le interesaba cualquier cambio en los relatos a lo largo del tiempo. El guion se afinó mediante la consulta a personas expertas por experiencia y se centró en la construcción de las primeras experiencias de la fratría y en cómo sus experiencias y su construcción de sentido cambiaron con el tiempo. Las entrevistas duraron entre 1 h 25 min y 2 h 10 min, y se adoptó un enfoque conversacional guiado para optimizar la coconstrucción de las narrativas.

Análisis de los datos

Todas las entrevistas se grabaron y se analizaron con un enfoque analítico narrativo multidimensional (Coffey & Atkinson, 1996). El proceso de análisis (figura 1) se basó en los enfoques narrativos de Clandinin (2006), Riessman (2008) y Bamberg (2011).

El proceso analítico narrativo.
FIGURA 1. El proceso analítico narrativo.

Se registraron las primeras impresiones de las entrevistas y las figuras retóricas importantes. Los relatos narrativos se analizaron primero mediante la puesta entre paréntesis analítica y después analizando los temas, la estructura y los aspectos performativos de las transcripciones (Riessman, 2008). También se prestó atención a cómo cambiaba la construcción de sentido a lo largo del tiempo (Clandinin et al., 2007) y a los discursos sociales más amplios (Wells, 2011). Para mejorar la calidad y la credibilidad de la investigación se llevaron a cabo varias comprobaciones de credibilidad, entre ellas la revisión independiente de los datos y su comparación dentro del equipo de investigación y en la supervisión entre pares. Por último, se revisó y comparó el análisis de los datos.

Se elaboraron retratos breves de cada narrativa y se identificaron las «líneas argumentales» destacadas, en particular las que hablaban de las identidades relacionales de la fratría y de los acontecimientos que privilegiaban en sus experiencias. Una vez analizadas individualmente las cuatro transcripciones, se consideraron de forma conjunta, identificando las similitudes o diferencias entre las narrativas. Para garantizar la calidad del análisis, los datos se revisaron y compararon entre quienes firman el artículo.

RESULTADOS

Del análisis de las narrativas de las personas participantes surgieron dos tramas principales (figura 2): (1) «Nuestra historia» y (2) «Somos quienes somos por lo que pasó». Se puso el acento en la aparición de líneas argumentales clave en relación con las relaciones y las identidades fraternas en el contexto de la PEMD, y en la vivencia emocional de esas líneas argumentales. Además, todas las interpretaciones de las líneas argumentales y de la construcción identitaria se consideraron dentro del contexto local y más amplio en el que se coconstruyeron los relatos.

Tramas y subtramas.
FIGURA 2. Tramas y subtramas.

Trama 1: Nuestra historia

La primera trama reflejaba la historia coconstruida de la fratría al crecer en el contexto de la PEMD y de los discursos sociales más amplios sobre el malestar psíquico en la época de la infancia y, más tarde, en la edad adulta. Pese a las experiencias fraternas compartidas, las personas participantes también quisieron hablar de las diferencias entre sus relatos individuales, lo que reflejaba cierta individualidad en los temas, y contar a la otra persona su versión de la historia. Se identificaron cuatro subtramas dentro de esta trama.

Yo en relación contigo

Se habló con claridad de relatos de formación de la identidad en relación con el otro miembro de la pareja fraterna. La coconstrucción de las identidades parecía darse en respuesta a la PEMD, en relación con la hermana o el hermano, y formarse también al margen de esta experiencia. El reconocimiento de la identidad de cada persona se enmarcaba en discursos sociales familiares. Por ejemplo, Anna se posicionaba claramente como la hermana mayor, la que asume el papel de «hermana mayor», con el consenso de Karen, y existe un acuerdo tácito de que ser «hermana mayor» conlleva ciertas características. Este rol se había mantenido a lo largo de toda su relación.

Anna: Sí, sigo siendo la hermana mayor, ¿no?, y sigo organizando las cosas porque sé que tú no quieres y tal.

Karen: Creo que mantienes un rol, un rol maternal, todavía un poco, como sin llegar a tomar el control, o sea, yo te empujo mucho hacia el rol de líder, a que tomes las riendas, a que decidas.

Hannah reconoció lo importante que había sido tener un «hermano mayor» que les ayudó a sobrellevar algunas experiencias difíciles y dolorosas.

Hannah: Tú no… seguramente no te dabas cuenta de lo que… no sé, simplemente fuiste muy, muy comprensivo.

Aaron: mmm

Hannah: Un hermano mayor muy, muy, muy bueno, un modelo.

Para Anna y Aaron era importante ser percibidos como la hermana y el hermano mayores, que se validaran los sacrificios y las responsabilidades que habían asumido, y ser presentados de forma positiva, lo que contrastaba con la realidad de su situación durante su crecimiento. Estos roles se pusieron en escena durante las entrevistas, y sus relaciones se distinguían por el modo en que se había delegado la responsabilidad durante la infancia. Esto, a su vez, parecía haberse mantenido a lo largo del tiempo en las relaciones fraternas.

En la contranarrativa de la identidad de primogenitura, era evidente que el otro miembro de la pareja ocupaba un rol diferente y construía el sentido de otro modo dentro de su relato. Karen, Hannah y Jane parecían menos seguras de su comprensión del malestar de su madre.

Jane: [pausa] y no podía… no lo entendía y estaba absolutamente aterrada, me… me llenaba de miedo [pausa].

Aunque Jane era, cronológicamente, la hermana mayor, Denise y Jane coincidían en que Denise había asumido el rol de hermana mayor en el contexto de su relación y de su sistema familiar.

Denise: Eh, y a veces, aunque yo soy la hermana pequeña, ha habido situaciones en las que he tenido que, eh, ser la responsable… ehh… [ser la].

Jane: [Totalmente]

Denise: He tenido que, ehh, hacerme cargo de [las situaciones]

Esto pudo deberse a su edad en aquel momento y a la falta de comprensión de lo que ocurría en casa cuando eran más pequeñas, o a la protección de la hermana mayor. Es posible que adoptaran un rol más distante para minimizar la competencia y preservar las relaciones, y que por ello su comprensión fuera menos clara. La necesidad de la fratría de crear una jerarquía y una estructura familiares basadas en discursos socioculturales sobre los roles familiares contrastaba con las narrativas de caos que contaban en relación con la PEMD.

El yin de mi yang

Las parejas fraternas hablaron del flujo y reflujo de sus relaciones, reflexionando sobre momentos de cercanía y de distancia, sobre sus semejanzas y diferencias, y con curiosidad por sus relaciones en comparación con otras relaciones fraternas. Denise y Jane reflexionaron sobre ello.

Denise: «[Hay], hay gente que no hace… que no está tan implicada con sus hermanas y hermanos, así que tienes relaciones en las que están muy unidos y siempre ha sido así, o puedes tener hermanos que se ven dos veces al año o algo así, o, o que no están tan implicados en todo… todo

Jane: [Nosotras estamos muy]

Denise: [Es un poco] distinto, no sé si es distinto de otra gente por cómo nos han criado, no sé

Jane: Mmm

Denise: Esta especie de, ¿cuál es la palabra?, quiero… no quiero decir aglutinadas, ¿cuál es esa palabra?

Jane: No, sí que lo es, para mí es querer estar, es querer estar implicada en la [vida] de Denise…»

La subtrama también daba cuenta de cómo cambiaba la manera de relacionarse a medida que crecían o que se producían distintos acontecimientos vitales. Tres de las parejas fraternas contaron lo unidas que estaban en la infancia. Aaron y Hannah hablaron de su estrecha relación y de cómo sentían que pertenecían a un club fraterno con un lenguaje y un código secretos cuando querían hablar entre sí de que su madre empezaba a ponerse mal.

Hannah: Simplemente nos lanzábamos una mirada y era como, vale, puede que estalle dentro de un rato.

Recordaron esta experiencia compartida corroborándose y construyendo frases a dúo, hablando a la vez y reviviendo la emoción del secreto que quizá vivieron en la infancia, así como el orgullo de haber sido capaces de hacerlo.

Aaron: Creo que nos volvimos bastante hábiles para mandarnos mensajes.

Lana y Shelby también describieron que se sentían más unidas y más parecidas que otras gemelas y otras fratrías debido a su experiencia de vivir con su madre, y que en la infancia se sentían fusionadas.

Lana: …y entonces tiene que haber como una pequeña unidad muy unida que cuide de mamá. Simplemente significa que tienes que ser práctica, así es como lo resolvimos.

En cuanto a los cambios en las relaciones fraternas, Jane y Denise hablaron de cómo había evolucionado su relación de la infancia a la edad adulta. Jane habló del nacimiento de Denise y comentó que Denise era «mi mundo». Había cierta incertidumbre sobre si su relación se parecía a otras relaciones fraternas, dadas sus experiencias de PEMD y la forma en que se relacionaban de niñas y ahora como adultas. Las personas participantes hablaron de lo que había facilitado sus relaciones estrechas, y señalaron que las buenas habilidades de comunicación, la confianza, el perdón, el respeto, el apoyarse mutuamente y el ayudarse a sobrellevar los momentos difíciles con su madre habían contribuido a esa cercanía. La idea de que compartían las experiencias les ayudó a formar alianzas, que parecían actuar como factor de protección.

Hannah: No, porque si pasara cualquier cosa estaríamos ahí en un segundo para apoyar. Así que creo que, en cierto modo, es que… nos ha hecho estar más alerta el uno con el otro. Muy protectores.

El relato de la diferencia estaba presente a lo largo de todas las narraciones. Tres de las cuatro parejas fraternas hablaron de que habían vivido la PEMD de forma diferente. Aunque las situaciones les hubieran sucedido a ambos miembros, la forma en que respondían y el rol que ocupaban en relación con el otro y con su madre afectaban a la construcción de sentido de la experiencia.

Denise: O sea, hemos visto lo mismo, hemos oído lo mismo, pero la manera en que lo hemos gestionado es muy distinta y, son historias distintas porque yo no me acuerdo, me he desconectado de ciertas cosas y no me acuerdo de algunas cosas, y a lo mejor no quiero acordarme de algunas cosas.

Las razones aducidas eran el rol que había adoptado cada miembro de la fratría, por voluntad propia o por necesidad, o el hecho de no haber estado presente en un acontecimiento concreto. Por ejemplo, Aaron y Hannah describieron una experiencia fraterna distinta debido al rol de Aaron, moldeado por el malestar psíquico de su madre. Hannah señaló que, por la edad de Aaron y su posición en la familia cuando su madre tuvo su primer «episodio», ella pudo ser más infantil y más libre, mientras que Aaron tuvo que ser más responsable.

Anna y Karen reconocieron que también tenían un relato diferente de su experiencia, y señalaron que todavía no llegan a ver del todo la perspectiva de la otra, aunque demostraron que habían podido superar esa diferencia y forjar un estrecho vínculo fraterno y de amistad. Karen y Aaron consideraban además que las diferencias estaban relacionadas con estilos de personalidad distintos, y Aaron planteó también que la estructura y la dinámica de la familia habían hecho que las cosas fueran diferentes para cada uno.

Aaron: Creo que, en general, la dinámica familiar, tipo hermano mayor, hermana mediana, hermana pequeña. Eh, supongo que yo era… tenía una relación más cercana que la de un adulto con papá.

Hacer de madre o de padre

Las hermanas y los hermanos hablaron de no haber tenido una vida familiar o una infancia «normales». El uso de la palabra «normal» en los cuatro relatos ponía de relieve su sensación de ser diferentes de los demás y los efectos aislantes de sus experiencias, conformados por discursos sociales normativos.

Jane: Pero es solo cuando creces y llegas a la adolescencia o te relacionas más cuando te das cuenta…

En particular, hablaron de no haber tenido infancia y de haber tenido que crecer antes de lo que quizá habrían querido. Había narrativas contradictorias: tener que ser una persona joven responsable, adoptando un rol parental, y reconocer que no podían vivir su infancia en casa. Además, cada pareja fraterna habló de brindar apoyo práctico o emocional a su hermana o hermano y a su madre, de hablar con profesionales de la salud mental y de ejercer de defensores y consejeros de su madre. En el caso de Anna y Karen, el rol parentificado que adoptó Anna generó conflictos en su relación cuando eran más pequeñas, ya que Anna se posicionaba como madre de Karen.

Anna: Básicamente yo estaba al mando, Matt (el hermano mayor) se había ido a Estados Unidos, yo estaba, tenía que criarte – papá trabajaba todo el tiempo. Así que básicamente yo era tu madre.

Aunque Aaron se posicionaba claramente como el «líder» y el hermano «responsable» que aconsejaba a su padre y era el confidente de su madre, esto no parecía provocar ningún conflicto con Hannah, que elogiaba sin reservas a Aaron por el papel que había asumido al apoyar a la familia. Hannah señaló que ella también había asumido un rol parentificado cuando Aaron se fue. Sin embargo, cuando eso ocurrió, buscaba la orientación de Aaron.

Así que cuando te fuiste a la universidad, fue entonces cuando creo que tuve que dar un paso al frente y aun así me sentía… aunque aun así me encontraba al teléfono diciendo: Aaron, ¿qué hago?

Aaron lo acogía con agrado, ya que se sentía culpable por no poder estar ahí para la familia después de irse de casa. Lana y Shelby hablaron de cuidar de su madre y de desarrollar un sentimiento de competencia.

Shelby: …crecer también con mamá, o sea, siempre estuvimos muy unidas y creo que sin duda, yo sin duda siento que asumí esto de estoy bien y puedo cuidar de ella, y ella sin duda nos reforzaba mucho, en plan, sois tan buenas las dos.

Esta dependencia de su madre y su posición como protectoras de ella les imponían mucha responsabilidad. Para algunas personas esa responsabilidad se vivía como una carga e impedía a las hijas volverse independientes y vivir experiencias propias de la adolescencia, porque tenían muy presente no causar ningún malestar a su madre.

Shelby: Habría sido muy dramático, horrible de verdad, así que está como ese peso de, como, de las consecuencias de, como, los sentimientos de tu madre, que creo que sin duda nos mantenía a raya, pero es algo bastante frustrante.

Aunque esta fuera una consecuencia de la parentificación, adoptar la posición parental tenía otras implicaciones. Por ejemplo, Shelby contó que se sentía emocionalmente madura de niña; sin embargo, ninguna de las dos sentía que tuviera la madurez social para afrontar el mundo exterior a medida que crecían, por la falta de libertad en su infancia. Del mismo modo, en el caso de Anna y Karen, el hecho de que Anna actuara como madre de Karen provocó tensión y confusión en Karen, y resentimiento en Anna por tener ese rol.

Pese a adoptar a veces un rol adulto, Anna, Karen, Jane y Denise también hablaron de no haber tenido ningún control sobre lo que les ocurría de niñas. Jane había ido a menudo al pub, cuando era más pequeña, a comprar alcohol para su madre; sin embargo, esto contrasta fuertemente con la sensación de no tener ningún control sobre la situación, y describe haberse sentido «traumatizada», «aterrada» y «asustada».

Esta identidad parental, puesta en escena en el contexto de la entrevista, era importante para mostrar el orgullo por su resiliencia, su competencia y su capacidad de adoptar un rol maduro cuando eran más pequeñas. Sin embargo, iba acompañada de la sensación de no tener el control de su situación por ser niñas o niños, lo que capta la tensión entre la responsabilidad percibida y la capacidad de acción de la infancia en contextos de PEMD, así como la lucha y la pérdida vividas por quienes ocupaban el lugar de mayores, junto a su sentimiento de orgullo.

Seguir cada cual su camino

Las relaciones fraternas cambian con el tiempo a medida que se suceden los acontecimientos vitales. Esto se hacía evidente en todos los relatos, cuando la fratría negociaba la transición de vivir juntos a vivir separados. La naturaleza cambiante de la relación fraterna mientras atravesaban esa separación se identificó como una subtrama. Cuando la hermana o el hermano mayor dejaba primero el hogar familiar para ir a la universidad o para apartarse de la experiencia de la PEMD, el cambio de contexto y la separación parecían provocar algunas rupturas y sentimientos de culpa.

Denise: Sientes que me abandonaste.

La historia de Anna y Karen estaba salpicada de periodos de unión y de periodos de separación, lo que generaba conflictos y cercanía ocasionales mientras negociaban sus nuevos roles y situaciones de vida. Karen sintió que el tiempo que pasaron juntas cuando visitó a Anna en la universidad fue la primera vez que compartían un tiempo en el que podían sentarse a hablar y descubrir cosas la una de la otra.

Karen: Tenías que pasar tiempo conmigo, y no creo que hubiéramos tenido eso, así que en realidad cuando nos sentamos fue como, ah, en realidad tenemos mucho en común.

Anna: Supongo que hay una libertad que te da estar fuera de la casa familiar… que pudiste verme con todas mis amigas, viviendo de forma independiente y siendo quien yo era.

En este sentido, Anna señaló que salir del contexto familiar y crear una nueva forma de relacionarse una vez alcanzada cierta independencia hizo que la relación pasara de ser una relación fraterna a una amistad. Los relatos de estar juntas y separarse, y luego contar juntas su historia en el contexto de la entrevista, transmitían la importancia de su relación fraterna.

Lana y Shelby también hablaron de irse de casa por primera vez y vivir de forma independiente la una de la otra, y lo describieron como una época muy difícil para ellas y para su relación. Shelby habló de lo difícil que fue después volver a vivir juntas y darse cuenta de que habían cambiado.

Shelby: …o sea que es como, estamos muy contentas de volver a estar juntas y todavía lo estoy, muchísimo, pero es simplemente diferente y tenemos que volver a acostumbrarnos.

Aaron y Hannah hablaron de la salida de Aaron del hogar y de la dificultad que supuso, ya que cada uno adoptó nuevos roles, él fuera de la familia y ella dentro. Por ejemplo, Aaron habló de lo difícil que le resultó instalarse en una vida nueva, contó que había sufrido ansiedad y que se sentía culpable por no estar en casa para ayudar a sus hermanas y a su familia. A Aaron parecía costarle sobrellevar el cambio de su rol de «hombre de la casa» al de estudiante.

Aaron: Así que llamaba para ponernos al día quizá dos o tres veces por semana, o me llamabas tú, así que nos asegurábamos de que yo estuviera totalmente al tanto de lo de aquí.

Hablaron de su relación actual y de la que tienen con su hermana Clare, y sentían que tienen una relación poco habitual por lo mucho que mantienen el contacto y disfrutan pasando tiempo juntos. Jane y Denise también hablaron del tiempo que pasaron separadas. Jane contó que, a los 14 años, pasaba noches fuera de casa como forma de afrontarlo. En cambio, Denise se quedó en casa hasta casi los treinta años. Denise habló de cómo entendía la decisión de Jane de distanciarse de la familia; sin embargo, Jane se sentía culpable por haber dejado a Denise en casa, algo que Jane transmitió en la entrevista, expresando su reproche si Denise le hubiera hecho eso a ella.

Trama 2: Somos quienes somos por lo que pasó

Esta trama describía en quiénes se habían convertido las hermanas y los hermanos en la edad adulta, cómo habían llegado a comprender bien su relación y cómo esta había sido moldeada por el contexto en el que crecieron. Quienes narraban hablaron también de no querer llegar a parecerse a su madre, y de las medidas y los recursos a los que habían recurrido para que el malestar psíquico no tuviera una presencia significativa en sus vidas. Se identificaron dos subtramas.

Así soy yo y así somos

En la edad adulta, cada miembro de la fratría había desarrollado una identidad, tanto personal como profesional, nacida de sus experiencias.

Jane: …bueno, yo…, porque yo solo me rijo por la disciplina, necesito disciplina; si no tengo disciplina, yo, yo, yo necesito esa disciplina en mi vida, y es evidente que de niña también la necesitaba,

Cinco de las ocho personas participantes habían emprendido o estaban emprendiendo profesiones en las que ayudar al público ocupaba un lugar central. Las experiencias vividas en la infancia, cuidando y apoyando a su madre, habían moldeado quiénes eran. El impacto de vivir con PEMD se había trasladado de su identidad personal a su identidad profesional, y el lenguaje utilizado reflejaba esta dualidad. Los relatos de competencia y logro contradecían la narrativa sociocultural según la cual la infancia que vive la PEMD se encuentra entre los grupos más vulnerables y en riesgo.

Las hermanas y los hermanos mostraron también sus creencias sobre quiénes eran como individuos en la edad adulta, haciendo hincapié en quiénes eran en el presente e introduciendo en sus relatos a otros personajes, como novios, maridos y grupos de iguales, para mostrar la transformación de sus historias de vida, lo que respalda la resiliencia con la que superaron experiencias vitales adversas. La introducción de estos «nuevos» personajes y acontecimientos, como irse de vacaciones o casarse, mostraba una alineación con las visiones sociales más amplias del desarrollo «normal» y la influencia de estas normas sociales en la fratría. Aun así, privilegiaban su relación fraterna como personas adultas.

Shelby: Creo que nos ha unido más… que a otras gemelas, más que probablemente a la mayoría de las fratrías.

Aaron y Hannah también hablaron de cómo la comunicación y el hecho de compartir una experiencia hicieron posible la estrecha relación de la que hoy disfrutan como adultos.

Aaron: Siento que teníamos como esa comprensión y ese respeto mutuo que ayudaron a construir una relación mucho más cercana y podíamos comunicarnos mejor, entendernos un poco mejor, y probablemente yo podía chincharte un poquito más fácilmente. [Sí] tenemos, tenemos una relación bastante única y además bastante sana…

Anna y Karen insistieron en la idea de que la experiencia compartida de lo que les había ocurrido y el hecho de haber sido criadas por una madre con experiencia vivida de malestar psíquico habían fomentado en su relación una cercanía que no habría existido sin esa experiencia. Algunas de estas personas seguían sintiéndose protectoras de su hermana o hermano incluso en la edad adulta y sentían la necesidad de velar por ella o por él. El humor era un componente importante, y la capacidad de compartir una broma y reírse de los momentos difíciles se hacía evidente en la relación durante las entrevistas, a través de momentos de humor y de risa.

La historia no se repetirá

Quienes narraban eran conscientes de la idea de que el malestar psíquico «viene de familia» y de la posibilidad de vivir en primera persona su propio malestar. Había una determinación de no repetir, en lo que respecta a su propio malestar psíquico, las experiencias que habían vivido.

Anna: Siempre he pensado que era tan inevitable que fuéramos a tener problemas de salud mental, siempre he pensado que eso estaba escrito en… en nuestra genética, y yo no iba a dejar que eso pasara de ninguna manera.

Las hermanas y los hermanos contaron historias de no querer vivir el malestar que había vivido su madre, lo que les había hecho estar más atentos a su propio bienestar al entrar en la edad adulta.

Shelby: …sabemos cómo sería si cualquiera de las dos empezara a ponerse así. Eso eran cosas esenciales que puedo… y había como una sensación de que seré capaz de verlo en mí misma si empiezo a ponerme mal, de tanto haber estado rodeada de ello.

Parecía que querían hacerse saber mutuamente que se apoyarían y que cada cual tenía derecho a tener sus propias dificultades.

Anna: Siento que podemos apoyarnos de esa manera porque podemos ver los pequeños matices en nuestro comportamiento, nuestras propias dificultades de salud mental, por así decirlo.

Gran parte del lenguaje que utilizaban las personas participantes al hablar de la prevención del malestar psicológico reflejaba los discursos sociales actuales sobre la salud mental y la medicación, que les habían ayudado a cuidarse y a dar prioridad a su propio bienestar. En este sentido, algunas de estas personas contaron que hablaban más abiertamente de su bienestar mental con sus amistades y que recurrían a los recursos que tenían a su alcance, como los servicios de orientación psicológica en los centros educativos. Parecían posicionarse como defensoras de actitudes menos negativas hacia el malestar en sus contextos personales, y la redefinición de su posición también parecía contribuir a su bienestar.

DISCUSIÓN

Las personas participantes en este estudio coconstruyeron sus relaciones fraternas como «muy estrechas», y sus identidades fraternas en relación mutua, así como sus identidades individuales, como profundamente moldeadas por haber crecido con PEMD. La cercanía descrita parecía contribuir al bienestar y a la resiliencia, afirmando una identidad fraterna compartida y una cercanía que se prolongaban en la edad adulta. Había una narrativa convincente de haber sobrevivido y prosperado pese a situaciones vitales difíciles y estresantes ligadas a la PEMD. Este relato parece especialmente importante, ya que contradice el discurso dominante según el cual la infancia que vive la PEMD es particularmente vulnerable y está en riesgo (p. ej., Goodman et al., 2011; HM Government, 2018), y respalda la perspectiva de que, además del propio malestar psíquico, otros determinantes agravan el riesgo y la vulnerabilidad de la infancia que vive la PEMD (Rutter & Quinton, 1984). Apunta también al potencial protector de unas relaciones fraternas estrechas en las familias con PEMD. Las parejas fraternas de este estudio parecían haber afrontado con relativa solidez los factores de estrés asociados a la PEMD. No solo pudieron recurrir a sus propios recursos, sino que también pudieron apoyar a su hermana o hermano y recibir su apoyo.

La fratría contó cómo las relaciones fraternas se vieron afectadas por la PEMD en varios niveles, al relatar cada persona las posiciones, los roles y las responsabilidades que asumió en la familia según lo requería la PEMD. Para estas fratrías, la estructura tradicional de los subsistemas familiares se había alterado, y algunas personas adoptaron una posición parentificada (Byng-Hall, 2008; Minuchin, 1974). Estas personas tendían también a poner en escena ese rol durante la entrevista, mostrando una «competencia precoz» (Aldridge & Becker, 1999, p. 9) al relatar las responsabilidades adicionales que asumieron en la infancia. Parecía que, cuando un miembro de la pareja adoptaba una posición afirmativa de acción, el otro adoptaba una posición que la equilibraba, manteniendo una forma de homeostasis y reflejando potencialmente el sistema parental (Crittenden & Dallos, 2009). Algunas personas reconocieron que su relación fraterna había sido a veces menos cohesionada, y la describieron como tumultuosa, por las posiciones que habían adoptado en relación con las experiencias de la familia y con la PEMD. Por lo tanto, cuando un miembro de la fratría adoptaba un rol parentificado, ese rol podía generar conflictos en la pareja fraterna. Pese a estas rupturas en torno a los roles y las transiciones, para las personas participantes en el presente estudio la relación fraterna parecía sobrevivir, prosperar y ser protectora a lo largo del tiempo. Esto pone de relieve con fuerza el impacto duradero que la PEMD puede tener en las relaciones familiares. Así pues, es importante considerar cómo las responsabilidades y la parentificación que, para algunas personas, conlleva vivir con PEMD pueden interferir en el apoyo que la fratría podría brindarse mutuamente o perturbarlo.

En el presente estudio, la persona parentificada solía ser la mayor de la fratría. Se ha señalado que quienes ocupan el lugar de mayor pueden sentirse responsables de asumir un rol parental o de reprimir sentimientos negativos cuando se producen crisis en la familia (Van Parys & Rober, 2012), algo que también caracterizaba algunos de los relatos de este estudio. Además, el rol parecía haberse mantenido en la edad adulta y haberse convertido en una parte importante de su identidad. Pese a ello, algunas de estas personas hablaron del miedo, la incertidumbre y el trauma que sintieron en algunos momentos de la infancia. Algunas de las personas que narraban hablaron de estar «aglutinadas» con la figura parental con malestar y con su hermana o hermano, lo que generaba conflictos en la propia persona y en la relación con la hermana o el hermano y con la figura parental.

Los momentos de transición parecían especialmente significativos en la relación fraterna, en particular cuando la persona mayor de la fratría estaba lista para irse de casa. Este estudio mostró cómo otros miembros de la fratría pueden asumir roles con el tiempo; por ejemplo, la persona más joven asume un rol de cuidado cuando la otra se va de casa (Byng-Hall, 2008). El cambio en la estructura jerárquica de poder dentro de la familia tenía potencialmente implicaciones negativas para las relaciones fraternas. Las hermanas y los hermanos relataron lo difícil que resultaba separarse o quedarse en casa, adoptando nuevas identidades según el contexto, con consecuencias variables para la relación fraterna en ese momento.

En cuanto a dar sentido a la PEMD, la mayoría de las fratrías compartían la idea de que, aunque cada miembro había vivido acontecimientos similares, sus experiencias individuales, y por tanto su construcción de sentido, habían sido distintas. Esto se reflejaba en la posición de cada persona y en el rol que adoptaba dentro del sistema familiar, y parecía estar influido por ellos. La investigación identificó que la ausencia de conversaciones sobre el estrés en casa provocaba una falta de comprensión de lo que ocurría, lo que parecía agravar los sentimientos de preocupación y confusión de la fratría. Quienes eran menores en la fratría, en particular, describieron una comprensión menos clara de la PEMD. La investigación ha mostrado sistemáticamente que la falta de comunicación familiar sobre la PEMD (Gammage & Nolte, 2020), con el riesgo de confusión, preocupación y autoinculpación que conlleva para la infancia (Mordoch, 2010), puede tener un impacto negativo significativo en su bienestar. La literatura existente apunta al efecto protector de una comprensión clara y coherente de la PEMD (Beardslee et al., 2003). Por ello, este hallazgo es significativo para tomar conciencia de cómo la posición y el rol de una niña o un niño dentro de la familia pueden influir en el desarrollo de dicha comprensión.

Por último, en cuanto a las estrategias de afrontamiento, las parejas fraternas parecían afrontar la PEMD de maneras bastante distintas. Todas las personas participantes sentían que no tenían ningún control sobre la situación al crecer con PEMD. Las estrategias adoptadas iban desde asumir un rol parental, ofreciendo cuidado y protección a la hermana o el hermano, hasta tomar cierta distancia (p. ej., mantenerse lejos del hogar familiar) para sobrellevar el estrés. Más adelante, en la adolescencia y la edad adulta, se reconocía que desarrollar una amistad con la hermana o el hermano había ayudado a mantener la cercanía de las relaciones y había favorecido el afrontamiento. Contar con estrategias de afrontamiento y con una relación positiva con la hermana o el hermano en la edad adulta parecía haberles ayudado a dar sentido a sus experiencias.

Implicaciones clínicas

Hay implicaciones claras para los equipos profesionales que trabajan con la infancia de familias que viven con PEMD. Este estudio contribuye a tomar conciencia del posible impacto de la PEMD en todos los miembros de la familia, incluidos los hijos y las hijas. Las profesiones de ayuda siguen sin preguntar de forma sistemática por la PEMD (Polkki et al., 2004), y este estudio subraya una vez más la necesidad de explorar el bienestar parental y de recurrir a prácticas sistémicas familiares al reunirse con las familias. Incluir esta información en la evaluación reconoce que la PEMD puede contribuir a las dificultades emocionales de una niña o un niño, y ofrece a la familia un modelo de transparencia al hablar de la PEMD. Además, subraya una vez más que es crucial que los equipos clínicos de los servicios de adultos se muestren más abiertos y curiosos respecto al impacto del malestar psíquico en la crianza, y que reconozcan su efecto en la infancia (Cleaver et al., 2011).

Además, la atención a la fratría pone de relieve la necesidad de servicios centrados en la familia e inclusivos con ella. En particular, señala ámbitos importantes para el trabajo familiar en el contexto de la PEMD. En primer lugar, parece importante reconocer y, cuando proceda, facilitar el potencial de apoyo que pueden brindarse los miembros de la fratría (Abbey & Dallos, 2004; Rosenberg, 1980). Sin embargo, este potencial puede verse alterado por los roles y las responsabilidades que se les atribuyen dentro de la familia. Por ello, abrir conversaciones sobre esos roles y sus implicaciones para las personas y para las relaciones familiares podría ser especialmente útil (Byng-Hall, 2008), y plantearse dedicar tiempo a ver a la fratría sin el resto de la familia podría movilizar fortalezas y apoyar aún más esa relación fraterna (Bank & Kahn, 1975; Lewis, 1986). Además, aunque se sabe que la construcción de sentido de la PEMD por parte de la infancia es significativa para el afrontamiento y el bienestar (Mordoch, 2010), el presente estudio pone de relieve cómo el rol y la responsabilidad de una niña o un niño en la familia pueden influir en el desarrollo de esa comprensión. Esto indica a los equipos profesionales que algunos miembros de la fratría pueden necesitar más apoyo que otros para desarrollar una comprensión coherente de la PEMD.

CONCLUSIÓN

Este estudio ha mostrado una vez más el impacto de la PEMD en la familia en sentido amplio, y la realidad de que, para hijas e hijos, estos impactos se prolongan en la edad adulta. La investigación puso de relieve la posible importancia de las relaciones fraternas en las familias con PEMD. Se trata de un estudio con una muestra pequeña de participantes de un entorno cultural blanco británico, y es plausible que se ofreciera a participar un subconjunto particular de fratrías. Las cuatro parejas fraternas que participaron en el estudio relataron experiencias positivas y de apoyo, y en este estudio no están presentes las narrativas de quienes tienen relaciones fraternas más conflictivas, ni las de parejas de hermanos varones, ni las de fratrías de orígenes étnicos diversos. Aunque se reconocen estas limitaciones y no se pretende generalizar los hallazgos, se ponen de relieve algunas implicaciones importantes para la práctica sistémica. Se identificó que los roles y las responsabilidades fraternas, como la parentificación, y los momentos de transición, como la salida del hogar, tienen implicaciones potencialmente importantes tanto para las personas como para las relaciones fraternas. La conversación familiar (o su ausencia) y la construcción de sentido individual y colectiva aparecieron como significativas para el afrontamiento y el bienestar. Estos aspectos tienen implicaciones potencialmente importantes y merecen más investigación y atención clínica, incluida una investigación que considere cómo la cultura influye en los roles, las relaciones y la construcción de sentido fraternas, así como el modo en que las experiencias y los roles fraternos en el contexto de la PEMD influyen en su propia crianza en la edad adulta.

Complexe Systémique: puntos clave

Un estudio pequeño con un gran punto ciego: los servicios de adultos suelen tratar a una madre o a un padre sin ver a la fratría que se organiza en torno a esa figura. Estos relatos muestran a la fratría funcionando como un subsistema por derecho propio, con su propia jerarquía, sus códigos secretos y su homeostasis: cuando uno de sus miembros ocupa el lugar parental, el otro se repliega, y el equilibrio se reproduce incluso en la entrevista. Tres pistas para la clínica. Primero, la parentificación no es solo una carga: es también fuente de orgullo y de identidad, y conviene reconocerla más que denunciarla. Segundo, las transiciones (irse a la universidad, mudarse) redistribuyen los roles y despiertan culpa en quien se va. Tercero, el silencio familiar sobre la enfermedad pesa sobre todo en quienes son menores: ver a la fratría a solas, sin la madre ni el padre, puede abrir un espacio para coconstruir una historia coherente. Un límite que conviene tener presente: cuatro parejas voluntarias, blancas, británicas y todas bastante unidas. Para leer junto con el artículo sobre la parentificación y el artículo sobre el vínculo fraterno.

Notas del original

Declaración de conflicto de intereses. Toda la autoría declara no tener ningún conflicto de intereses.

Referencias

Abbey, C. & Dallos, R. (2004) The experience of the impact of divorce on sibling relationships: a qualitative study. Clinical Child Psychology and Psychiatry, 9, 241–259.

Aldridge, J. & Becker, S. (1999) Children as carers: the impact of parental illness and disability on children's caring roles. Journal of Family Therapy, 21, 303–320.

Aldridge, J. & Becker, S. (2003) Five: towards a systemic approach: ways forward and conclusions. In: Children caring for parents with mental illness. Bristol: Policy Press.

Andrews, M., Squire, C. & Tamboukou, M. (2008) Doing narrative research. London: Sage Publications.

Arksey, H. (1996) Collecting data through joint interviews. Social Research Update, Winter( 15).

Bamberg, M. (2011) Who am I? Narration and its contribution to self and identity. Theory & Psychology, 21(1), 3–24.

Bank, S. & Kahn, M.D. (1975) Sisterhood-brotherhood is powerful: sibling sub-systems and family therapy. Family Process, 14, 311–337. Available from: https://doi.org/10.1111/j.1545-5300.1975.00311.x

Beardslee, W.R., Gladstone, T.R., Wright, E.J. & Cooper, A.B. (2003) A family-based approach to the prevention of depressive symptoms in children at risk: evidence of parental and child change. Pediatrics, 112, 119–131.

Buhrmester, D. (1992) The developmental courses of sibling and peer relationships. In: F. Boer & J. Dunn (Eds.) Children's sibling relationships: developmental and clinical issues. Hillsdale, NJ: Lawrence Erlbaum Associates, Inc, pp. 19–40.

Buhrmester, D. & Furman, W. (1990) Perceptions of sibling relationships during middle childhood and adolescence. Child Development, 61(5), 1387–1398.

Byng-Hall, J. (2008) The crucial roles of attachment in family therapy. Journal of Family Therapy, 30(2), 129–146.

Cicirelli, V.G. (1992) Sage library of social research, Vol. 186. Family caregiving: autonomous and paternalistic decision making. Thousand Oaks, CA: Sage.

Cicirelli, V.G. (1995) Sibling relationships across the life span. Boston, MA: Springer US.

Clandinin, D.J. (2006) Handbook of narrative inquiry: mapping a methodology. Thousand Oaks, CA: Sage Publications Inc.

Clandinin, D.J., Pushin, D. & Orr, A.M. (2007) Navigating sites for narrative inquiry. Journal of Teacher Education, 58, 21–35.

Cleaver, H., Unell, I. & Aldgate, J. (2011) Children's needs – parenting capacity. Child abuse: parental mental illness, learning disability, substance misuse, and domestic violence, 2nd edition. London: The Stationary Office.

Coffey, A. & Atkinson, P. (1996) Making sense of qualitative data: complementary research strategies. Thousand Oaks, CA: Sage Publications, Inc.

Crittenden, P.M. & Dallos, R. (2009) All in the family: integrating attachment and family systems theories. Clinical Child Psychology and Psychiatry, 14(3), 389–409. Available from: https://doi.org/10.1177/1359104509104048

Dam, K. & Hall, E.O. (2016) Navigating in an unpredictable daily life: a metasynthesis on children's experiences living with a parent with severe mental illness. Scandinavian Journal of Caring Sciences, 30(3), 442–457.

Feinberg, M.E., Solmeyer, A.R. & McHale, S.M. (2012) The third rail of family systems: sibling relationships, mental and behavioral health, and preventive intervention in childhood and adolescence. Clinical Child & Family Psychological Review, 15(1), 43–57.

Focht, L. & Beardslee, W.R. (1996) Speech after long silence: the use of narrative therapy in a preventive intervention for children of parents with affective disorder. Family Process, 35, 407–422.

Foster, K. (2010) You'd think this roller coaster was never going to stop': experiences of adult children of parents with serious mental illness. Journal of Clinical Nursing, 19(21–22), 3143–3151.

Gajos, J.M. & Beaver, K.M. (2017) Maternal depression and risk for antisocial behaviour in children. Child and Family Social Work, 22, 349–363.

Gammage, R.J. & Nolte, L. (2020) Understanding and communication about an adult's mental health problem by their adult relatives: a systematic review. Journal of Psychiatric and Mental Health Nursing, 27, 763–788.

Gass, K., Jenkins, J. & Dunn, J. (2007) Are sibling relationships protective? A longitudinal study. Journal of Child Psychology & Psychiatry, 48(2), 167–175.

Goetting, A. (1986) The developmental tasks of siblings over the life cycle. Journal of Marital and Family Therapy, 47, 703–714.

Goodman, S.H., Rouse, M.H., Connell, A.M., Broth, M.R., Hall, C.M. & Heyward, D. (2011) Maternal depression and child psychopathology: a meta-analytic review. Clinical Child and Family Psychology Review, 14(1), 1–27.

Griffiths, C. & Sin, J. (2013) Rethinking siblings and mental illness. The Psychologist, 11(26), 808–811.

Guan, S.S.A. & Fuligni, A.J. (2016) Changes in parent, sibling, and peer support during the transition to young adulthood. Journal of Research on Adolescence, 26(2), 286–299.

HM Government. (2018) Working together to safeguard children: a guide to inter-agency working to safeguard and promote the welfare of children. London: HM Government.

Jenkins, J.M. & Smith, M.A. (1990) Factors protecting children living in disharmonious homes: maternal reports. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 29(1), 60–69.

Kidd, S.A. (2002) The role of qualitative research in psychological journals. Psychological Methods, 7(1), 126–138.

Lagdon, S., Grant, A., Davidson, G., Devaney, J., Donaghy, M., Duffy, J. et al. (2021) Families with parental mental health problems: a systematic narrative review of family-focused practice. Child Abuse Review, 30, 400–421. Available from: https://doi.org/10.1002/car.2706

Lewis, K.G. (1986) Sibling therapy with multiproblem families. Journal of Marital and Family Therapy, 12, 291–300. Available from: https://doi.org/10.1111/j.1752-0606.1986.tb00655.x

Manning, C. & Gregoire, A. (2006) Effects of parental mental illness on children. Psychiatry, 5(1), 10–12.

McHale, S.M., Updegraff, K.A. & Whiteman, S.D. (2013) Sibling relationships. In: Handbook of marriage and the family, 3rd edition. New York, NY: Springer US, pp. 329–351.

Mennen, F.E., Pohle, C., Monro, W.L., Duan, L., Finello, K.M., Ambrose, S. et al. (2015) The effect of maternal depression on young children's progress in treatment. Journal of Child and Family Studies, 24(7), 2088–2098.

Minuchin, S. (1974) Families & family therapy. Cambridge, MA: Harvard University Press.

Mordoch, E. (2010) How children understand parental mental illness. “You don't get life insurance. What's life insurance?”. Journal of the Canadian Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 19(1), 19–25.

Office for Health Improvement & Disparities. (2022) Methodology and supporting information: children living with parents in emotional distress, March 2022 update. Available from: https://www.gov.uk/government/statistics/children-living-with-parents-emotional-distress-march-2022-update/methodology-and-supporting-information-children-living-with-parents-in-emotional-distress-march-2022-update

Polkki, P., Ervast, S.A. & Huppoonen, M. (2004) Coping and resilience of children of a mentally ill parent. Society of Work Health Care, 39, 151–163.

Raffaelli, M. & Larson, R.W. (1987) Sibling interactions in late childhood and early adolescence. In: Paper presented at the biennial meeting of the Society for Research in Child Development, Baltimore.

Reupert, A. & Maybery, D. (2007) Families affected by parental mental illness: a multiperspective account of issues and interventions. American Journal of Orthopsychiatry, 77(3), 362–369.

Reupert, A.E., Maybery, D.J. & Kowalenko, N.M. (2013) Children whose parents have a mental illness: prevalence, need and treatment. The Medical Journal of Australia, 199(Supplement 3), S7–S9. Available from: https://doi.org/10.5694/mja11.11200

Riessman, C.K. (2008) Narrative methods for the human sciences. Thousand Oaks, CA: Sage Publications.

Rose, H.D. & Cohen, K. (2010) The experiences of young carers: a meta-synthesis of qualitative findings. Journal of Youth Studies, 13(4), 473–487.

Rosenberg, E.B. (1980) Therapy with siblings in reorganizing families. International Journal of Family Therapy, 2, 139–150. Available from: https://doi.org/10.1007/BF00927383

Rutter, M. & Quinton, D. (1984) Parental psychiatric disorders: effects on children. Psychological Medicine, 14, 853–880.

Scherer, D., Melloh, T., Buyck, D., Anderson, C. & Foster, A. (1996) Relation between children's perceptions of maternal mental illness and children's psychological adjustment. Journal of Clinical Child Psychology, 25(2), 156–169.

Social Care Institute for Excellence. (2011) Think child, think parent, think family. London: SCIE.

Stormshak, E.A., Bellanti, C.J. & Bierman, K.L. (1996) The quality of sibling relationships and the development of social competence and behavioral control in aggressive children. Developmental Psychology, 32(1), 79–89.

Van Parys, H. & Rober, P. (2012) Trying to comfort the parent: a qualitative study of children dealing with parental depression. Journal of Marital and Family Therapy, 39, 330–345.

Waldinger, R., Vaillant, G.E. & Orav, E.J. (2007) Childhood sibling relationships as a predictor of major depression in adulthood: a 30-year prospective study. American Journal of Psychiatry, 164(6), 949–954.

Wells, K. (2011) Narrative inquiry. Oxford: Oxford University Press.

Wertz, F.J. (2014) Qualitive inquiry in the history of psychology. Qualitative Psychology, 1(1), 4–16.

Whiteman, S.D., McHale, S.M. & Soli, A. (2011) Theoretical perspectives on sibling relationships. Journal of Family Theory & Review, 3(2), 124–139.

Widmer, E.D. (1999) Family contexts as cognitive networks: a structural approach of family relationships. Personal Relationships, 6(4), 487–503.

Widmer, E.D. & Weiss, C.C. (2000) Do older siblings make a difference? The effects of elder sibling support and older sibling adjustment on the adjustment of socially disadvantaged adolescents. Journal of Research on Adolescence, 10, 1–27.

Traducción no oficial de Sibling stories of parental mental distress, de Wendy O’Neill, Pieter W. Nel, Nic Horley y Lizette Nolte, Journal of Family Therapy, vol. 46, no 2 (2024), doi: 10.1111/1467-6427.12452, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción, tabla presentada como lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «Sibling stories of parental mental distress», publicado en Journal of Family Therapy (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

Leer el artículo original

Cómo citar este artículo

O'Neill, W., Nel, P. W., Horley, N., et Nolte, L. (2024). Sibling stories of parental mental distress. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/sibling-stories-of-parental-mental-distress (Obra original publicada en 2024 en Journal of Family Therapy, 46(2), 121-139 (2024); republicada en 2024 por Journal of Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/1467-6427.12452)

Carrito

Su carrito está vacío.