Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Journal of Family Studies · Familia

Abuelas acogedoras: negociar conflictos de identidad, culpa, pérdida y amor en un contexto de «culpabilización de las madres»

En el Reino Unido, más de la mitad de los menores acogidos por familiares viven con sus abuelos, y sobre todo con sus abuelas. A partir de 24 entrevistas, un equipo de sociología muestra cómo estas mujeres, a la vez madres de progenitores en dificultades y «madres» de sus nietos, lidian con la culpa, a veces se vuelven contra su propia hija y pagan un amor que sigue siendo profundo con pérdidas en el resto de la familia.

Autoría Jenny Birchall (University of Bristol, Reino Unido); Amanda Holt (University of Roehampton, Londres, Reino Unido)Primera publicación Journal of Family Studies, 14 de diciembre de 2024Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Grandmother kinship carers: negotiating conflicts in identity, blame, loss and love in the context of ‘mother blame’, de Jenny Birchall y Amanda Holt, publicado en Journal of Family Studies (Taylor & Francis) (2025), doi: 10.1080/13229400.2024.2440491, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Ese mérito solía obtenerse a costa de los «fallos» de otra mujer, por lo general la madre biológica del nieto o la nieta.

Jenny Birchall y Amanda Holt

Resumen

Se calcula que más de la mitad de las personas que ejercen el acogimiento en familia extensa en el Reino Unido son abuelos, y en su mayoría abuelas. Estas abuelas afrontan toda una serie de dificultades económicas, sociales y emocionales derivadas de su papel, en una sociedad en la que se espera que las mujeres carguen con el peso del cuidado no remunerado dentro de las familias. En este artículo nos basamos en datos de entrevistas cualitativas con 24 abuelas acogedoras para comprender el difícil paisaje emocional que produce este papel. En particular, mostramos cómo las abuelas acogedoras transitan por dos roles contradictorios, el de «madres» y el de «abuelas», que quedan enredados en los discursos omnipresentes de la «culpabilización de las madres». Mostramos cómo los discursos de culpabilización de las madres se movilizan y refuerzan no solo en las estructuras e instituciones más amplias de nuestra sociedad, sino también dentro de cada familia. Cuando esto ocurre, las normas y expectativas de género desiguales en torno al cuidado y la familia, así como las desigualdades estructurales subyacentes, permanecen ocultas.

Palabras clave: género, acogimiento en familia extensa, abuelas, madres, nietos, culpabilización de las madres, culpa, pérdida

Introducción

El acogimiento en familia extensa designa las situaciones en las que miembros de la familia asumen el papel parental principal y la responsabilidad de criar a un niño o una niña cuando sus progenitores no pueden hacerlo. La investigación indica que este tipo de acogimiento ofrece a la infancia resultados más favorables que otros tipos de acogida (Selwyn et al., 2013), y hay indicios de que la cercanía emocional con las personas abuelas puede proteger frente a condiciones familiares adversas (Akhtar et al., 2017). En Inglaterra y Gales, la Children Act (1989) establece que el acogimiento en familia extensa debe utilizarse siempre que sea posible para la acogida a largo plazo de menores, y las estimaciones sugieren que 1 de cada 74 menores en el Reino Unido se encuentra en acogimiento en familia extensa (Wijedasa, 2015). Sin embargo, el apoyo que se ofrece a las personas acogedoras de la familia extensa es desigual, sobre todo en comparación con el que reciben otras figuras de cuidado, como las familias adoptivas y las familias de acogida (Holt & Birchall, 2020; Tarrant et al., 2017). El proceso para convertirse en familia acogedora es complejo: a veces se acuerda de manera informal entre los progenitores y la persona acogedora, pero también puede establecerse mediante una resolución formal del tribunal de familia, como una Special Guardianship Order o una Child Arrangements Order. Aunque a menudo se presenta como una «elección», en la práctica las personas acogedoras se sienten con frecuencia coaccionadas para asumir esta responsabilidad, un proceso del que los y las profesionales del trabajo social son a menudo cómplices (Holt & Birchall, 2022).

Además de las dificultades económicas que afrontan por reducir o abandonar el trabajo remunerado para hacerse cargo del acogimiento (Birchall & Holt, 2022; Kinship, 2023), las personas acogedoras de la familia extensa se enfrentan también a varias dificultades psicosociales. Entre ellas figuran el aislamiento social, dinámicas familiares difíciles y problemas de conducta de los menores, todo lo cual puede repercutir en su bienestar (Bell et al., 2022; Sharda et al., 2019; Strozier, 2012). Como resultado, en comparación con otras figuras de cuidado, experimentan niveles elevados de estrés (Harnett et al., 2014; Lee et al., 2016; Sprang et al., 2015) y refieren una escasa disponibilidad de apoyo y orientación (Sharda et al., 2019; Valentine et al., 2013).

Las abuelas y los abuelos representan algo más de la mitad de todas las personas acogedoras de la familia extensa (Wijedasa, 2015), y los estudios han mostrado la gama de emociones que viven, desde la alegría y la satisfacción hasta la pérdida, el duelo, la ira, el resentimiento, la ansiedad, la inseguridad y la vergüenza (Backhouse & Graham, 2013; Dunne & Kettler, 2008). Esto se debe a que, aunque se ocupan de sus nietos por razones diversas, estas suelen implicar un conjunto complejo de problemas, como la enfermedad o la muerte de un progenitor, la violencia doméstica, el maltrato o el abandono parental, el consumo de sustancias y/o problemas de salud mental (Ashley & Braun, 2019; Selwyn et al., 2013; Kinship, 2021; Lanyado, 2019; Raikes, 2016). Algunas personas abuelas acogedoras dicen sentir la responsabilidad personal de compensar lo que su nieto o nieta se ha perdido (Bell et al., 2022). La investigación en Inglaterra y Gales muestra también que los menores en acogimiento en familia extensa presentan niveles de necesidades adicionales superiores a la media: por ejemplo, Kinship (2021) señalaba que el 36 % de los menores en esta situación tienen necesidades educativas especiales, frente a una media nacional del 12 %.

Muchas personas abuelas que asumen el acogimiento afrontan enormes cambios en sus roles. Tarrant et al. (2017) describen el cambio que esto supone: pasar de una abuelidad de «ocio y placer» a una abuelidad de «rescate y reparación». Al asumir el acogimiento, muchas personas abuelas se ven ante una curva de aprendizaje pronunciada, pues deben manejar estilos y valores de crianza distintos de los que practicaron con sus propios hijos e hijas (Campbell & Gilmore, 2007; Lock-Lewis, 2019; Sanson & Wise, 2001). En un estudio con 54 personas abuelas acogedoras de España, algo menos del 40 % afirmaba mostrar más afecto y comunicarse más con sus nietos que con sus propios hijos e hijas (Fuentes et al., 2008). Las circunstancias en que se produce el acogimiento hacen que a menudo tengan que adaptar su manera de criar para explorar enfoques de crianza informados por el trauma o terapéuticos, centrados en ofrecer un entorno seguro y protector y en construir seguridad emocional (Milot et al., 2015). También se ven intentando relacionarse con sistemas educativos y sanitarios que a menudo carecen de recursos y no pueden proporcionar el apoyo que su nieto o nieta necesita (Lee, 2017). Asimismo, se enfrentan a la posibilidad de que los menores a su cargo vuelvan algún día con sus progenitores, y deben afrontar las incertidumbres, y la posible pérdida, que ello conlleva (Dolbin-McNab, 2021). El enorme impacto del acogimiento sobre las personas abuelas hace también que las relaciones de pareja, así como las relaciones con otros miembros de la familia, puedan verse alteradas por los cambios que traen consigo estas acogidas (Birchall & Holt, 2022; Campbell & Handy, 2011; Chinnery & Worrall, 2017; Climo et al., 2002; Martin et al., 2021).

Acogimiento en familia extensa, género e identidad

La investigación, tanto británica como internacional, indica que existe una gran disparidad de género en el acogimiento a cargo de personas abuelas, en el que las abuelas constituyen una amplia mayoría (p. ej., Dolbin-MacNab & Yancura, 2018; Martin et al., 2021; McCarthy, 2021; McGrath & Ashley, 2021; Purcal et al., 2014). Además, aunque todas las personas abuelas acogedoras probablemente se ven afectadas por las dificultades económicas, prácticas y emocionales descritas, es probable que sus experiencias estén condicionadas por normas y expectativas de género, y por la manera en que estas se cruzan con la edad, la raza o etnia, la discapacidad, el nivel socioeconómico y otros ejes estructurales de poder.

Cuando se examina el acogimiento a cargo de personas abuelas con una perspectiva de género, se hace posible poner de manifiesto cómo las abuelas acogedoras se ven afectadas por toda una serie de desigualdades, presupuestos, estereotipos y normas de género. Además de los efectos económicos del acogimiento marcados por el género, que hemos analizado en otro lugar (Birchall & Holt, 2022), las abuelas viven respuestas y reacciones emocionales complejas ante su papel de acogedoras. Como abuelas y como mujeres, el discurso popular las sitúa de un modo en que no sitúa a muchos abuelos ni a muchos hombres: como cuidadoras «naturales», a la vez responsables de la ruptura familiar y llamadas a intervenir instintivamente para repararla (Campbell & Handy, 2011; Climo et al., 2002; Horsfall & Dempsey, 2015; McCarthy, 2021).

Las abuelas acogedoras deben negociar nuevas identidades que no encajan con los discursos dominantes que construyen el papel de «madre» o de «abuela». Estos discursos dominantes giran en torno al supuesto de la familia nuclear y son específicos tanto del género como de la generación: dan prioridad a la relación madre-hijo frente a los vínculos familiares más amplios (Tarrant et al., 2017). Las abuelas acogedoras pueden vivir así un proceso complejo, ambiguo y fluido de «dualidad identitaria» (Freeman & Stoldt, 2019) al habitar los roles de abuela y de madre y moverse entre ambos. De ello resulta «una paradoja de sentimientos contrapuestos: duelo y oportunidad» (Freeman & Stoldt, 2019, p. 422).

La culpabilización de las madres en el contexto del acogimiento en familia extensa

La investigación ha puesto de relieve los sentimientos contradictorios que viven las abuelas en torno a la culpa y la autoinculpación. Por ejemplo, en su estudio con 65 personas abuelas que criaban a sus nietos en Michigan (Estados Unidos), Backhouse y Graham (2013) observaron que, mientras algunas abuelas afirmaban que criar a sus nietos había mejorado su salud física y emocional, otras sentían vergüenza por las circunstancias que rodeaban la llegada de esos nietos a su cuidado. Las abuelas se juzgaban a sí mismas, y/o sentían que las juzgarían los demás, por las circunstancias que habían llevado a su propio hijo o hija adulta a tener que renunciar a sus responsabilidades parentales.

Para entender por qué las abuelas pueden sentirse así hay que remontarse al desarrollo de las ideas sobre la maternidad y la culpabilización de las madres. La culpabilización de las madres tiene una larga historia y encontró una legitimidad particular en las ideas dominantes sobre el desarrollo infantil a comienzos del siglo XX, a medida que se afianzaba la ciencia psicológica. En particular, las teorías sobre la importancia del apego materno en los primeros años de vida y la construcción de las madres como las únicas capaces de satisfacer todas las necesidades de sus hijos condujeron a una fetichización de la maternidad como causa principal, y a la vez solución, de los males de la sociedad (Azzopardi et al., 2018; Everingham & Bowers, 2006; Jackson & Mannix, 2004). Jackson y Mannix (2004) definen la culpabilización de las madres como un concepto que implica que «… se responsabilice a las madres de los actos, la conducta, la salud y el bienestar de sus hijos (incluso adultos). Describe también situaciones en las que se culpa a las mujeres de sus propias dificultades, como haber sido abandonadas o vivir en la pobreza» (Jackson & Mannix, 2004, p. 150). La culpabilización de las madres se apoya en el tópico de la «mala madre», que abarca a las madres que son «negligentes o sobreprotectoras, demasiado frías o demasiado cariñosas, demasiado estrictas o demasiado permisivas, demasiado indulgentes o demasiado autoritarias» (Courcy & des Rivieres, 2017, p. 233).

Es habitual culpar a las madres de impedir que los padres participen activamente en el cuidado de los hijos (Everingham & Bowers, 2006) o de «alienar» a los hijos de su padre (Birchall & Choudhry, 2022). También se las culpa con frecuencia de «no proteger» a sus hijos frente a toda una serie de daños, como el abuso sexual infantil (Azzopardi et al., 2018) y la violencia doméstica (Lapierre & Cote, 2011; Maher et al., 2021; Moulding et al., 2015; Radford & Hester, 2006; Singh, 2021). Y ello pese a que, para muchas madres que sufren violencia doméstica, sobre todo cuando hay control coercitivo, cualquier margen o capacidad de proteger a sus hijos mediante medidas preventivas o de evitación es muy limitado (Katz, 2022). Las madres tienen también más probabilidades que los padres de ser culpadas de «causar» problemas de salud en sus hijos, como la obesidad (Jackson & Mannix, 2004). Las madres de niños y niñas neurodivergentes se sienten a menudo culpadas por profesionales de las dificultades y el malestar de sus hijos, debido a la falta de comprensión de la neurodiversidad en los ámbitos educativo, sanitario y social (Clements & Aiello, 2023; Courcy & des Rivieres, 2017; Laurin, 2023; Running & Jata-Hall, 2023).

El sesgo de género de la culpabilización de las madres impone a estas una carga que los padres no conocen (Jackson & Mannix, 2004). El interés superior del menor se enfrenta a menudo al de la madre, mientras que la rendición de cuentas y las responsabilidades de los padres quedan fuera del cuadro (Azzopardi, 2022). Por ello, Jackson y Mannix sostienen que «muchas mujeres cargan con el peso de la desaprobación social (y profesional), ya sea porque no encajan en la visión idealizada de la maternidad que tiene la sociedad o porque se comportan de maneras que no se consideran apropiadas para una madre» (2004:, p. 151). Las madres solas, las madres en parejas del mismo sexo, las madres con bajos ingresos, las madres de minorías étnicas y las madres con discapacidad figuran entre las más expuestas, de forma desproporcionada, a la culpabilización. Los discursos de culpabilización de las madres son visibles en los discursos políticos, en las resoluciones de los tribunales de familia y en las políticas y prácticas de servicios sociales, protección social, salud y educación (Azzopardi et al., 2018, p. 261).

El discurso de género profundamente arraigado de la culpabilización de las madres desvía la atención del complejo abanico de factores que intervienen en la ruptura familiar y oculta los factores estructurales y sistémicos que están detrás de las desigualdades, la discriminación y el maltrato. Como explica Nussey (2021), cuando las desigualdades estructurales no se reconocen ni se comprenden, surgen «discursos del déficit» para explicar sus consecuencias. Como señalan Jackson y Mannix: «Es más fácil culpar a mujeres concretas de los problemas familiares […] que examinar cómo podrían reorganizarse la política social y los servicios comunitarios para apoyar a las mujeres y a las familias» (2004:, p. 156). Así, la culpabilización de las madres garantiza que quienes ejercen la violencia y el maltrato no respondan de sus actos (Azzopardi et al., 2018; Moulding et al., 2015) y que la infancia quede situada en una posición pasiva y sin capacidad de acción (Katz, 2015). Además, restringe el acceso de las madres a ayuda y apoyo, y se infiltra profundamente en las relaciones madre-hijo, socavándolas (Maher et al., 2021).

En este artículo desarrollamos el concepto de culpabilización de las madres para examinar cómo se aplica a quienes asumen un papel materno principal. En particular, lo aplicamos al contexto de las abuelas que acogen a sus nietos y que pueden quedar atrapadas no solo en los discursos dominantes y marcados por el género sobre los roles y las responsabilidades de cuidado, sino también en procesos de chivo expiatorio materno. Exploramos sus relatos sobre sus relaciones familiares y examinamos cómo transitan por estas relaciones complejas y por los discursos de culpabilización de las madres que las moldean.

Método

En este artículo nos basamos en datos de entrevistas en profundidad con 24 abuelas de Inglaterra, Escocia y Gales que acogían a uno o varios nietos. Los datos proceden de un estudio más amplio que examinaba las experiencias de personas abuelas acogedoras que habían vivido conductas violentas, difíciles o de malestar por parte de un nieto o una nieta (véase Holt & Birchall, 2020). Las entrevistas se realizaron en el domicilio de las abuelas o a distancia (por teléfono o videoconferencia) y cada una duró entre 60 y 90 minutos. Planteamos preguntas abiertas sobre las relaciones familiares de las abuelas, la naturaleza de las conductas que vivían, sus efectos y sus respuestas ante estas dificultades.

Las entrevistas se transcribieron literalmente y se sometieron a un análisis temático. Cada integrante del equipo de autoría leyó varias veces todas las transcripciones y, en conjunto, discutieron y acordaron las categorías clave para organizar los datos. Después, cada integrante codificó de forma independiente, línea por línea, todas las transcripciones, con el programa NVivo para gestionar los datos. El marco general de codificación se guio por las preguntas de investigación clave del proyecto, que consistían en explorar y comprender las experiencias de acogimiento en familia extensa en un contexto de conductas difíciles o de malestar de un nieto o una nieta. Una vez terminada la codificación, se compararon y discutieron los códigos y se afinó el marco de codificación para garantizar tanto el consenso analítico como el rigor metodológico. Durante el análisis, la «culpabilización de las madres» se identificó como un concepto especialmente significativo a partir del cual parecían cobrar sentido las complejas experiencias emocionales de las abuelas: de hecho, a la autoría le resultaba difícil comprender esta complejidad sin recurrir a este concepto.

Reclutamos a las participantes a través de servicios nacionales y locales de apoyo al acogimiento en familia extensa, así como de otras organizaciones, como grupos y servicios de apoyo ante la violencia filio-parental (VFP) y servicios de apoyo a familias y adolescentes. Las abuelas tenían entre 40 y 72 años (edad modal = 60 años); dos tercios estaban casadas o convivían en pareja, y el tercio restante estaba divorciada, separada o viuda. Dos tercios de las abuelas estaban jubiladas o sin empleo, y las demás tenían trabajo; la mayoría de las participantes eran británicas blancas. Antes del trabajo de campo se obtuvo la aprobación ética de la institución de acogida. En los extractos que siguen, los nombres de las abuelas se han sustituido por seudónimos.

Resultados

Presentamos resultados centrados en las experiencias de acogimiento de las abuelas y en los cambios que este puede provocar en las relaciones y dinámicas familiares y, en particular, en la manera en que los discursos de culpabilización de las madres se movilizan en estos procesos. Empezamos explorando cómo las abuelas acogedoras negocian sus roles e identidades atípicos de madre-abuela-acogedora y cómo estos nuevos roles implican adaptarse a nuevas prácticas de crianza. Examinamos después cómo las abuelas manejan sentimientos interiorizados de culpabilización materna y de culpa, y cómo los discursos de culpabilización de las madres se movilizan en sus propias interacciones familiares. Por último, examinamos cómo las abuelas gestionan sus roles familiares en competencia, que, si bien a veces generan pérdidas, por otra parte pueden producir un profundo sentimiento de orgullo materno.

Negociar roles e identidades atípicos

Las abuelas describieron las dificultades que afrontaban para adaptarse a su nuevo papel de acogedoras y comprenderlo. Al dejar de ser «abuela» o «madre» en el sentido comúnmente entendido, tuvieron que construir nuevas relaciones tanto con sus hijos e hijas adultos como con sus nietos. Esta «dualidad identitaria» generaba una mezcla compleja de sentimientos ligados a unas identidades en cambio constante:

Pasé una época muy traumática porque no podía ser mamá, abuela y madre sustituta, por así decirlo, acogedora de [nombre del nieto]. Así que lo pasé muy mal, porque tuve que dejar de ser madre para mi hija y convertirme en cuidadora. Tuve que dejar de ser la abuela de [nombre del nieto] porque tenía que convertirme en su madre, en el papel de acogedora, y fue una época muy traumática. (Naomi)

Últimamente me siento muy fuera de lugar en el colegio porque… soy la abuela, pero no formo parte del grupo de las madres jóvenes […] Ahora me siento un poco fuera de lugar. Pero por suerte ya está en sexto [es decir, 10-11 años], así que procuro no entrar tanto en el patio. Lo espero en la puerta, y si tengo que entrar a hablar con quien le da clase, él entra solo, así no tengo que lidiar con todo ese lío. (Naomi)

La mayoría de mis amistades me dicen: «No sé cómo lo haces. No sé por qué lo hiciste. Deberías hacer que se la llevaran». Ya sabes: «Yo también tengo nietos y no lo aguantaría». Y yo pienso: bueno, a lo mejor sí lo aguantarías. Pero no sé, creo que hay otras abuelas y abuelos que no lo hacen, que no lo aguantarían. Ni siquiera sé por qué lo hace una; supongo que es ese vínculo emocional lo que te lleva y lo que te hace hacerlo. (Libby)

Negociar nuevos valores y estilos de crianza

Algunas abuelas describieron lo distinta que les resultaba esta vez la práctica de la crianza, sobre todo porque las estrategias educativas habían evolucionado en los años transcurridos desde que fueron madres. Eso significaba que necesitaban adoptar un enfoque diferente del que habían tenido con sus propios hijos:

Cuando mis dos hijas iban al colegio, tenías más energía, no tenías la tecnología que hay ahora, y podías… las niñas, de pequeñas, podían salir a jugar a la calle y fuera mucho más. Pero ahora no puedes dejarlos salir por la cantidad de tráfico que hay, y la gente no tiene ni idea de lo que estás pasando cuando los ve con sus rabietas en la calle. «Lo que necesitan es una buena tunda»: no, no la necesitan; necesitan que se les enseñe cómo hacerlo y que se les trate como si… cómo decirlo… fueran individuos. (Olive)

Si te remontas treinta años, entonces era normal dar azotes. No hablo de ahora, ahora las cosas son distintas, pero hace treinta años, si tu hijo se desmandaba, te asegurabas de que lo supiera, y no digo que les hicieras daño, pero les dabas un buen cachete, ya sabes […] Sabías que a tu madre y a tu padre no se les llevaba la contraria. Y mis tres [hijos] también lo sabían, ¿sabes? (Judith)

He pasado de ser una abuela cariñosa a ser la cuidadora de [nombre del nieto] y tener que imponer todas estas normas por su propia seguridad […] Con mis dos hijos pequeños actué de forma muy distinta […] Cuando les decía «Una semana en tu cuarto después del colegio», eso es lo que hacían. A lo mejor se escapaban por la ventana, pero, por lo que a mí respectaba, estaban en su cuarto. Con [nombre del nieto] no puedo hacer eso. Tengo que intentar sentarme y explicarle por qué hago las cosas. «Pero si solo eres mi abuela». Y le digo: «Soy tu abuela, pero también he asumido un papel de cuidado, no podemos hacer las cosas como antes». (Caitlin)

Negociar sentimientos complejos de culpabilización y de culpa

Además de las dificultades de adaptarse a nuevos roles atípicos y a nuevas prácticas de crianza, las abuelas describieron cómo su experiencia de cuidar a sus nietos estaba moldeada por sus propios sentimientos contradictorios de culpabilización y de culpa. Algunas cargaban con un profundo sentimiento de culpa materna por lo que les había ocurrido a sus propios hijos e hijas adultos y por las circunstancias en que sus nietos habían llegado a estar a su cuidado:

Está esto de la culpa. Porque siempre me preocupa, aunque todo el mundo me dice: «Mira a tus otras dos hijas, las dos son mujeres con éxito, profesionales. Tú no causaste los problemas de [nombre de la hija]», porque yo siempre me fustigo. ¿Hice algo mal? (Libby)

Él [su hijo] no está siendo un padre para [nombre de la nieta], ¿sabe? En realidad me hace sentir un poco fracasada. Un poco fracasada porque mi hijo sea así, porque haga eso. (Alex)

Así es como ella [su hija] acabó teniendo hijos tan joven, no sé si me explico. No por culpa mía, porque, ya sabe, mi otra hija se crio exactamente igual. (Gillian)

Ella [su hija] no asume nada, ninguna responsabilidad en absoluto. Y eso es muy irritante, porque desde luego no la criamos así para nada. Tuvo una infancia maravillosa. La verdad es que no sé en qué se torció, y no nos culpo, porque no es culpa de la familia. Ya sé que mucha gente dice «Ah, es culpa de la familia», pero no siempre. Tuvo la misma educación que mis otros cinco hijos. Así que no tengo ni idea de dónde lo ha sacado. (Sarah)

Se queda ahí sentada, mirando las fotos de la pared, y se emborracha. Y es muy, muy irritante y frustrante, y dice «Quiero recuperar a mis hijos», pero no haces nada para demostrar que los quieres recuperar. Yo habría caminado sobre cristales rotos para recuperar a mis hijos. (Catherine)

Él no quería dejar de trabajar. Su novia de entonces tenía otros dos hijos de una edad muy parecida […] En cierto modo, hizo bien en decir «No puedo». Creo que sí le reconozco un poco de mérito por eso, por haber admitido «No puedo» y haber venido a nosotros. Le costó mucho tiempo poder volver a llamar a nuestra puerta. Pero todavía me molesta un poco que no pudiera hacerlo. Aunque creo que estuvo bastante bien que fuera capaz de decir «No puedo con esto». (Corinne)

Negociar relaciones rotas con sus propios hijos e hijas adultos

Varios relatos de las abuelas pusieron de relieve dificultades específicas en la relación madre-hija. En particular, una dificultad clave para las abuelas era que su hija ya no podía cuidar de sus hijos y que ellas tenían que intervenir para ayudar con el cuidado de sus nietos, o asumirlo. Esto puede introducir resentimiento en la relación madre-hija:

Mi otra hija era drogadicta, estaba completamente ida. Le seré sincera, era una adicta muy grave. Y ahora, en los últimos años, con apoyo, lo ha dejado. Sí, hay secuelas mentales, pero ahora es una buena persona, ha vuelto a ser la que era. Es encantadora, amable y atenta, y a su manera intenta compensar el hecho de no haber estado ahí para sus hijos. Y en ese sentido hay como una pequeña barrera entre nosotras. Lo entiendo y no le doy mucha importancia. Porque yo siempre le dije: «Si tú no puedes, lo haré yo». Y creo que se lo ha tomado a mal. Pero no creo que sea una mala frase: creo que es una frase sincera. Y sus hijos no acabaron bajo tutela. Y creo que, dadas las circunstancias, nos llevamos bastante bien. (Rosie)

Le dije: «¿Por qué no escuchas lo que [nombre del nieto] te está diciendo, o lo que te está pidiendo?». Me dijo: «Ah, o sea que soy una mala madre». Le dije: «Yo no he dicho eso». Porque esa es su respuesta a todo: si criticas cualquier cosa, es «Ah, crees que soy una mala madre». Un día perdí los nervios y le dije: «Pues sí, la verdad es que creo que eres una mala madre, porque no escuchas lo que tu hijo te pide o te dice». Le dije: «Tienes que dedicar un poco más de tiempo y un poco más de atención a lo que él quiere». […] Así que entonces se calló, no volvió a decirlo, y ya no dice «Ah, crees que soy una mala madre», no vaya a ser que le diga «Sí». (Estelle)

Ellie: Es difícil porque ella [su hija] es muy dependiente. Se supone que tiene a alguien de trabajo social, una persona de apoyo y todo lo demás, pero mucho parece recaer sobre mí. Recibo muchas llamadas, ya sabe: «¿Me puedes prestar dinero, puedes hacer esto, puedes…?», lo que sea. Así que ha tenido muchos problemas, muchas dificultades, porque es muy vulnerable, y hace poco he tenido que volver a amueblarle el piso, básicamente.

E: ¿Y qué edad tiene?

Ellie: Tiene… treinta y seis. (Ellie)

Antes la gente me decía: «Tienes que sacar a [nombre de la hija] de tu vida. No puedes ayudarla, solo puede ayudarse ella misma. Ya lo has hecho todo». Pero yo no podía. No va conmigo como persona, como madre, poder hacer eso […] Para mí es muy duro, porque no puedo tenerla aquí. Tengo a los niños, pero sigue siendo mi hija. (Libby)

Negociar la pérdida de otras relaciones familiares

A algunas abuelas les costaba tanto conciliar sus roles contradictorios de madre-abuela-acogedora que se vieron obligadas a tomar la difícil decisión de anteponer las necesidades de su nieto o nieta a las de su propio hijo o hija, porque las responsabilidades maternas contradictorias que afrontaban les resultaban incompatibles:

He decidido, con el consejo de psicología y de otras personas profesionales que conozco y en las que confío, romper definitivamente el contacto con [nombre de la hija]. Lo cual, ya sabe, para ella ha sido un duelo… bueno… y para mí. Quiero decir, he sido su principal cuidadora y la que ha luchado por sus derechos durante treinta años. Así que he pasado por un periodo de duelo profundo. Ahora está bastante claro, pero en realidad, cuando oigo hablar de [nombre de la hija], vuelvo a vivir el duelo por ella. Ya sabe, es que… no hay alternativa. Ya sabe, mentalmente no puedo con las dos cosas. (Pat)

Mi hija no está lo bastante bien. Intentaba ayudarla, pero he tenido que dar un paso atrás, y eso no le gusta. Siente que la he abandonado, pero tenía que dedicarle tanto a la nieta que estaba teniendo un gran impacto en mi salud y mi bienestar, con todo el estrés y todo eso, y todas las noches sin dormir y demás. Así que tuve que dejar de ayudar a mi hija. (Jackie)

Yo me ocupaba de cuidar a mis padres, pero cuando llegó [nombre de la nieta] no funcionaba, porque varias veces se portó mal y molestó a todo el mundo, así que nos intercambiamos los papeles. Ahora lo hace mi hijo. Vamos a verlos, pero yo no me implico tanto. Y es duro, porque mi padre tiene 98 años y siento que me han arrancado de su lado y del de mi madre. Quiero decir, no van a estar aquí mucho más tiempo, pero esa es otra cosa que tienes que sopesar: ¿qué hago? (Alex)

Negociar sentimientos de amor, orgullo y protección

En medio de la pérdida, la culpabilización y el sacrificio que trajo consigo el acogimiento, muchas abuelas hablaron también del amor inmenso que sentían por los nietos a su cargo y de las relaciones sólidas que habían construido con ellos:

Ahora que mi hija menor tiene 18 años, podríamos estar haciendo lo que quisiéramos. Hay momentos en que lo piensas, pero luego miro a [nombre de la nieta] y sé por qué lo hacemos. Sé que somos las personas adecuadas, y simplemente lo sabes cuando la miras mientras duerme tan tranquila. Un día me pilló en su cuarto por la noche: «Abuelita, ¿por qué siempre me pones la manta cuando estoy dormida?». Le dije: «Vengo a verte todas las noches. Me gusta asegurarme de que estás bien calentita y arropada». Y me dio un abrazo precioso y me dijo «Eres la mejor abuelita», y luego volvió a dormirse. (Corinne)

E: ¿Cómo describiría ahora su relación con él [su nieto]?

Denise: Muy estrecha, sin duda. No es una relación normal… no creo que sea una relación normal entre abuela y nieto; eso, en cierto modo, nos lo han quitado. Es más bien que ahora es mucho más como un hijo. Diría que estamos muy unidos y que es una relación muy buena. Ha sido muy, muy difícil llegar a ese punto, porque durante muchísimo tiempo no ha podido hablar realmente de las cosas. Pero está empezando a poder hacerlo. Es un joven increíble y, para serle sincera, estoy muy orgullosa de cómo ha salido. (Denise)

Discusión

Los resultados presentados en este artículo muestran algunas de las formas complejas en que los discursos de culpabilización de las madres se movilizan y refuerzan en el contexto del acogimiento en familia extensa. Esto ocurre no solo en las estructuras e instituciones más amplias de nuestra sociedad, sino también en las interacciones familiares y, más concretamente, en las relaciones madre-hija. El dominio de los discursos de culpabilización de las madres es tal que parecen trasladables cuando moldean las experiencias de las abuelas acogedoras. Este artículo ha puesto de relieve que, además de las dificultades económicas y sociales que, según la literatura científica, afrontan las abuelas acogedoras, estas mantienen también una relación complicada con la culpabilización, tanto respecto de sí mismas como de sus hijos e hijas adultos. Aunque en algunos casos las abuelas podían atribuirse el mérito del papel de cuidado que habían asumido, ese mérito solía obtenerse a costa de los «fallos» de otra mujer, por lo general la madre biológica del nieto o la nieta. En otros casos, las abuelas habían aceptado los relatos que culpabilizan a las madres y se debatían con preguntas sin respuesta sobre «qué salió mal» con sus propios hijos. En ambos casos, las consecuencias dañinas de la culpabilización de las madres se vivían en el plano emocional (con los consiguientes sentimientos de culpa) y se desplegaban en el plano relacional (generando resentimiento y conflicto en sus propias relaciones familiares).

La culpabilización de las madres se interpreta y se vive de distintas maneras, pero sigue siendo un rasgo constante de nuestra sociedad, reproducido y aceptado con regularidad, aunque rara vez cuestionado (Jackson & Mannix, 2004). Como resultado, las normas y expectativas de género desiguales en torno al cuidado y la familia, y las desigualdades estructurales subyacentes que afrontan las familias con menos recursos, permanecen ocultas (Azzopardi et al., 2018; Jackson & Mannix, 2004). Entretanto, las abuelas acogedoras, pese a su innegable determinación y a su compromiso de querer, criar y cuidar a sus nietos en circunstancias muy difíciles, siguen estando infravaloradas, sin recompensa y sin apoyo.

En el plano teórico, este artículo hace una contribución importante al concepto de culpabilización de las madres e ilustra su persistencia, o su carácter «pegajoso», en contextos que van más allá de la madre biológica dentro de la familia nuclear.1 Esto tiene implicaciones importantes para comprender el paisaje emocional del acogimiento en familia extensa, en el que los sentimientos contradictorios deben gestionarse mediante un «trabajo emocional» complejo y marcado por el género (Hochschild, 1979). La investigación futura debería explorar otras aplicaciones de la culpabilización de las madres en otros contextos en los que personas adultas cuidadoras puedan estar actuando in loco parentis.

En el plano práctico, este artículo tiene implicaciones importantes para nuestra manera de trabajar con las personas acogedoras de la familia extensa. En primer lugar, habría que concienciar a los y las profesionales de cómo la culpabilización de las madres moldea el contexto del acogimiento, en cuanto a los efectos psicológicos y sociales (p. ej., culpa, estrés, aislamiento social) que configuran esta experiencia, y de cómo estos efectos están marcados por el género y los sienten con especial intensidad las abuelas de grupos minorizados. Sería útil que las y los profesionales reconocieran estos efectos con las familias con las que trabajan y ofrecieran apoyo en este sentido para aliviar su carga emocional. En segundo lugar, deberían asegurarse de no reproducir el discurso de culpabilización de las madres en su propia práctica, haciendo suposiciones de género sobre cómo debería repartirse el acogimiento dentro de las familias y reforzando estereotipos que sirven para juzgar en lugar de empoderar. Unas políticas sociales más amplias que promuevan la igualdad en el acogimiento en familia extensa ayudarían a ello, al permitir un reparto más equitativo de las responsabilidades de cuidado entre varios miembros de la familia y al reducir las expectativas sociales que pesan sobre las abuelas. En tercer lugar, el énfasis debería ponerse siempre en el apoyo antes que en la vigilancia, con la provisión de recursos (p. ej., cuidado infantil, ayudas económicas, orientación psicológica) para aliviar la presión que recae de forma desproporcionada sobre las abuelas. Este énfasis debería inscribirse en un enfoque más amplio que reconozca que mejorar los resultados para las familias exige un cambio estructural y no la culpabilización individual. Unas políticas sociales más amplias que aborden la vivienda, la atención sanitaria, los ingresos y la inseguridad alimentaria también pueden contribuir a reducir la presión indebida sobre las abuelas acogedoras que viven en circunstancias desfavorecidas.

Fortalezas, limitaciones y líneas de investigación futuras

Este estudio ha examinado las dinámicas emocionales y relacionales que viven las abuelas acogedoras a partir de datos de entrevistas cualitativas con 24 abuelas acogedoras del Reino Unido. Los resultados ilustran las formas en que los discursos de género de culpabilización de las madres se movilizan y reproducen en el ámbito familiar. Ello contribuye a ocultar el impacto de las desigualdades estructurales, así como el papel de las normas y expectativas de género desiguales en torno al cuidado. Esta ocultación es una consideración importante para responsables políticos y profesionales de los servicios sociales y de los ámbitos de la infancia y la familia, porque probablemente condiciona los obstáculos que encuentran las personas acogedoras para buscar apoyo y recursos y acceder a ellos. También repercute negativamente en las relaciones dentro de la familia, en particular en las que unen a la persona acogedora con sus propios hijos e hijas adultos y, sobre todo, con sus hijas.

Nuestro estudio aporta conocimientos nuevos e importantes sobre el acogimiento en familia extensa, pero tiene algunas limitaciones. Las participantes se autoseleccionaron, lo que limita las posibilidades de generalización. Aunque el estudio demuestra la importancia de un análisis interseccional del acogimiento en familia extensa en cuanto al género, la edad y el nivel socioeconómico, no tiene en cuenta otras características e identidades, como la raza o etnia, la religión o las creencias, la discapacidad o la orientación sexual. Nuevas investigaciones interseccionales que tuvieran en cuenta estos factores permitirían comprender mejor las formas en que los relatos de culpabilización se articulan en distintos grupos de nuestra sociedad y les afectan, las desigualdades que viven estos grupos, y en qué difieren y coinciden las experiencias de acogimiento de un grupo a otro.

Complexe Systémique: puntos clave

El artículo ilumina un punto ciego del acogimiento en familia extensa: la abuela que cría a sus nietos no es solo un recurso; está atrapada en un triángulo con su propia hija y el menor, en el que circulan la culpa, el reproche y la lealtad. El concepto de culpabilización de las madres muestra que un discurso social atraviesa la propia familia: para exculparse, se acusa a la hija de ser una «mala madre», o una se culpa a sí misma de haberla criado mal. Para la práctica sistémica, esto invita a trabajar la confusión de las posiciones generacionales (madre, abuela, «madre sustituta»), a reconocer las pérdidas, incluida la de una relación con un hijo o una hija adulta, y a desconfiar de cualquier lectura que haga a las mujeres las únicas responsables de la crisis familiar. Padres, abuelos e instituciones apenas son visibles en estos relatos, lo que dice mucho. Los límites están claros: una muestra autoseleccionada, mayoritariamente británica blanca, extraída de un estudio sobre la conducta violenta de los nietos. Puede leerse junto con el artículo sobre las dinámicas familiares en el acogimiento en familia extensa y el estudio sobre las experiencias de estigma y culpabilización vividas por las madres.

Notas del original

1 No hemos llegado a conceptualizarlo como «culpabilización de las abuelas» porque, en última instancia, lo que sigue movilizándose es la «culpabilización de las madres», aunque en un contexto familiar distinto.

Aprobación ética. Este proyecto fue aprobado conforme a los procedimientos del Research Integrity and Ethics Committee de la University of Roehampton.

Agradecimientos. La autoría desea dar las gracias a las participantes en la investigación y a la entidad financiadora por su tiempo y su compromiso con el estudio.

Declaración de intereses. La autoría no declara ningún posible conflicto de intereses.

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Traducción no oficial al español de Grandmother kinship carers: negotiating conflicts in identity, blame, loss and love in the context of ‘mother blame’, de Jenny Birchall y Amanda Holt, Journal of Family Studies, vol. 31, n.o 2 (2025), doi: 10.1080/13229400.2024.2440491, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción al español). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «Grandmother kinship carers: negotiating conflicts in identity, blame, loss and love in the context of ‘mother blame’», publicado en Journal of Family Studies (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Birchall, J., et Holt, A. (2025). Grandmother kinship carers: negotiating conflicts in identity, blame, loss and love in the context of ‘mother blame’. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/grandmother-kinship-carers-negotiating-conflicts-in-identity-blame-loss-and-love (Obra original publicada en 2024 en Journal of Family Studies, 31(2), 271-286 (2025); republicada en 2025 por Journal of Family Studies, https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/13229400.2024.2440491)

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