Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Family Process · Familia
¿Puede un programa de parentalidad diseñado en Ciudad del Cabo hablar a las familias pobres de Manila? Un equipo filipino e internacional describe, paso a paso, cómo lo convirtió en MaPa, «Familia Feliz», escuchando primero a las familias. Una casa que construir, komiks, un elogio que reinventar: una adaptación que negocia con la autoridad parental y el castigo corporal sin sermonear nunca.
Traducción no oficial al español de A South‐to‐South Cultural Adaptation of an Evidence‐Based Parenting Program for Families in the Philippines, de Bernice Landoy Mamauag, Liane Peña Alampay, Jamie M. Lachman, Bernadette J. Madrid, Judy Hutchings, Catherine L. Ward y Frances Gardner, publicado en Family Process (Wiley) (2021), doi: 10.1111/famp.12625, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas; no se reproducen las figuras complementarias S1 y S2. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
El castigo corporal es una práctica normativa en muchas familias, y calificarlo de negativo o prohibir su uso puede considerarse culturalmente insensible.
Bernice Landoy Mamauag, Liane Peña Alampay, Jamie M. Lachman, Bernadette J. Madrid, Judy Hutchings, Catherine L. Ward y Frances Gardner
Resumen
Las tasas de maltrato infantil son más elevadas en los países de ingresos bajos y medianos debido a factores de riesgo como las desigualdades sociales, la adversidad económica y las normas socioculturales. Dada la evidencia que muestra la eficacia de las intervenciones de parentalidad para prevenir el maltrato infantil, este estudio emprendió la adaptación cultural de un programa de parentalidad basado en la evidencia, con el objetivo final de integrarlo en un programa nacional de transferencias monetarias condicionadas destinado a familias filipinas de bajos ingresos con hijas e hijos de 2 a 6 años. Documentamos la adaptación sistemática del programa Parenting for Lifelong Health for Young Children, desarrollado y evaluado en Sudáfrica, para familias filipinas con escasos recursos, utilizando el marco heurístico para la adaptación cultural de intervenciones. Subrayamos las ventajas de llevar a cabo un proceso en varias etapas, descendente y ascendente, que recurre a un enfoque participativo entre personas de dentro y de fuera de la cultura para desarrollar una intervención de parentalidad que refleje las realidades contextuales y los valores culturales de las personas destinatarias finales. El programa adaptado, Masayang Pamilya Para sa Batang Pilipino, es fruto de un esfuerzo delicado y deliberado por equilibrar los objetivos y valores filipinos de crianza con la evidencia científica sobre los componentes de las intervenciones de parentalidad que se sabe que promueven una parentalidad positiva y previenen el maltrato infantil.
Palabras clave: adaptación cultural; programa de parentalidad; parentalidad filipina; maltrato infantil
Las recomendaciones de políticas para implantar intervenciones de prevención de la violencia contra la infancia han aumentado con los años (World Health Organization, 2016). Las intervenciones de parentalidad son programas sistemáticos en los que «al menos un componente de la intervención consiste en actividades destinadas a promover algún aspecto de una parentalidad eficaz» (Sandler, Schoenfelder, Wolchik, & MacKinnon, 2011, p. 302). Estos programas promueven el cambio de comportamiento en las personas cuidadoras y amplían su repertorio de habilidades positivas de manejo de la conducta infantil mediante procesos asociados a la teoría del aprendizaje social y a principios de la terapia conductual. Estas habilidades, a su vez, se mantienen gracias a los resultados positivos que observan en el comportamiento de la infancia a su cargo (Sandler et al., 2011). La evidencia de la eficacia de estos programas incluye reducciones del maltrato infantil y de los comportamientos disruptivos en la infancia (Chen & Chan, 2015; Leijten et al., 2018).
Las intervenciones de parentalidad son especialmente importantes en los países de ingresos bajos y medianos (PIBM) y en otros contextos de importante privación económica. En las comunidades más pobres, las familias presentan un mayor riesgo de maltratar a sus hijos e hijas (Hillis, Mercy, Amobi, & Kress, 2016; Ward, Sanders, Gardner, Mikton, & Dawes, 2015). Promover formas positivas de parentalidad puede ser una manera eficiente y rentable de abordar los problemas de conducta infantil y de prevenir la delincuencia, el consumo problemático de sustancias y los problemas de salud mental a largo plazo (Leijten, et al., 2018; Ward et al., 2015). Al mismo tiempo, se necesitan enfoques pertinentes para el contexto que aborden las normas culturales dominantes en los PIBM, como la aceptabilidad del castigo corporal (Mejia, Leijten, Lachman, & Parra‐Cardona, 2016).
Una estrategia posible para implantar intervenciones de parentalidad en los PIBM consiste en adaptar culturalmente principios y/o programas de parentalidad basados en la evidencia que se desarrollaron y evaluaron en otros lugares, sobre todo en países de ingresos altos (PIA; Baumann, et al., 2015). Dados los limitados recursos de los PIBM, trasladar un programa de parentalidad basado en la evidencia puede resultar más eficiente que construir programas de parentalidad desde la base (Gardner, Montgomery, & Knerr, 2016). Cuando se introducen en los PIBM, los programas de intervención pueden requerir modificaciones de su contenido y de su forma de aplicación. También pueden ser necesarias adaptaciones para integrar el programa en un contexto específico y mejorar su aceptabilidad y su eficacia, manteniendo al mismo tiempo la fidelidad a los componentes centrales del programa (Castro, Barrera, & Martinez, 2004; Parra‐Cardona et al., 2018).
En este artículo describimos un proceso de adaptación cultural Sur-Sur, en Filipinas, de un programa de parentalidad basado en la evidencia que se desarrolló y evaluó originalmente en Sudáfrica para reducir el riesgo de maltrato infantil y mejorar el bienestar de la infancia (Lachman, Sherr, et al., 2016; Ward et al., 2019). Ofrecemos un modelo de proceso de adaptación sistemática para iniciativas de intervención en otros PIBM que buscan equilibrar los enfoques basados en la evidencia con las realidades contextuales y culturales locales (Parra‐Cardona et al., 2018). Ilustramos también cómo los contextos culturales pueden matizar los programas de intervención y su aplicación, y aportamos lecciones valiosas para quienes intervienen con familias, en particular quienes trabajan en contextos no occidentales. Abordamos así la necesidad de documentar sistemáticamente los esfuerzos de adaptación para aclarar cuáles son los componentes centrales de las intervenciones que resultan decisivos para reproducir los resultados esperados en contextos diferentes (Mejia et al., 2016).
La familia filipina se caracteriza por su cohesión: sus miembros muestran respeto filial y apoyo mutuo. El respeto a madres y padres se basa en el valor cultural de utang na loob, la inconmensurable «deuda del propio ser» contraída con quienes nos criaron (Enriquez, 1994). La deferencia hacia las figuras parentales y las personas mayores se codifica en las palabras po y opo que se emplean al dirigirse a ellas (Guthrie & Jacobs, 1966), y en la expectativa de que la descendencia se someta a la autoridad y cumpla con la obligación de sostener a la familia a medida que crece (Alampay & Rothenberg, en prensa).
Los comportamientos, los logros o las carencias de la descendencia repercuten en la familia. El valor cultural de hiya, o sentido del decoro, implica que hay que tener en cuenta a la familia en las decisiones y en los actos (Enriquez, 1994). Las dinámicas sutiles y a menudo no verbales de la interacción interpersonal conocidas como pakikiramdam, o «ser sensible a la otra persona y tantear el camino hacia ella» (Mataragnon, 1988, p. 252), tienen por objeto proteger a la propia persona y a la familia de la kahihiyan (vergüenza). En consecuencia, la humildad y la modestia (Choi, Park, Lee, Kim, & Tan, 2017), así como el control emocional (Ng & Wang, 2019), son cualidades que las madres y los padres filipinos valoran e inculcan.
En las familias filipinas y en otras familias asiáticas, las formas instrumentales de apoyo son más habituales que las demostraciones abiertas de calidez (por ejemplo, el elogio; Ng & Wang, 2019). Así, para expresar su consideración positiva, las familias filipinas preparan una comida favorita o cubren las necesidades escolares pese a las dificultades económicas (Alampay & Rothenberg, en prensa). También se ha constatado que las figuras parentales filipinas mantienen actitudes tradicionales y autoritarias hacia la crianza, y valoran más la obediencia que la autonomía (Alampay & Jocson, 2011). Estas actitudes autoritarias se asocian positivamente con la aprobación y el uso del castigo corporal, mientras que los años de escolarización se asocian inversamente con estas actitudes y comportamientos (Jocson, Alampay, & Lansford, 2012).
La evidencia del uso generalizado del castigo corporal por parte de las familias filipinas, y las actitudes y creencias culturales que lo respaldan, constituyeron un contexto importante para nuestra adaptación de un programa de parentalidad basado en la evidencia en Filipinas. En un estudio nacional sobre la violencia contra la infancia en el que participaron unas 4000 personas jóvenes de Filipinas de 13 a 24 años, la mitad de las personas participantes declaró haber sufrido formas leves de violencia física (como azotes con la mano) y un tercio, violencia psicológica (Council for the Welfare of Children & UNICEF Philippines, 2016). Un tercio declaró asimismo haber sufrido formas graves, como bofetadas o patadas. Las madres fueron identificadas con mayor frecuencia como quienes recurrían al castigo corporal, probablemente porque son las más implicadas en los cuidados, seguidas de los padres, los hermanos mayores y las hermanas mayores.
Este estudio forma parte de una iniciativa internacional denominada Parenting for Lifelong Health (PLH), cuyo objetivo es desarrollar, evaluar y difundir un conjunto de programas de parentalidad de bajo coste para prevenir el maltrato infantil y mejorar el bienestar de las familias y de la infancia en los PIBM.1 Este artículo presenta la adaptación cultural para Filipinas de PLH for Young Children (PLH‐YC), un programa grupal de parentalidad para personas cuidadoras de niñas y niños de dos a nueve años. PLH‐YC se desarrolló y evaluó en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) e incorpora los principios y componentes de las intervenciones de parentalidad basadas en la teoría del aprendizaje social y en técnicas de manejo de la conducta infantil (Hutchings, 2013; Lachman, Sherr, et al., 2016). PLH‐YC se diseñó específicamente para ser de bajo coste, con un enfoque de aplicación participativo a cargo de personal paraprofesional formado. Las personas facilitadoras siguen un currículo estructurado y manualizado basado en un modelo de teoría del cambio derivado de los trabajos de Forehand y McMahon (2003) y Hanf (1969), que subrayan la importancia de establecer una base sólida de relaciones parentofiliales positivas antes de aprender estrategias de manejo de la conducta y de disciplina. Los resultados de un ensayo controlado aleatorizado (ECA) realizado en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) mostraron, según lo declarado por las familias, un aumento de la parentalidad positiva y una disminución de la parentalidad dura inmediatamente después del programa, así como un número significativamente menor de estrategias parentales negativas observadas un año después de finalizarlo (N = 296; Ward et al., 2019).
El objetivo de este estudio de adaptación era examinar (1) las preferencias y percepciones de las familias filipinas y de los servicios en relación con el contenido de los programas de parentalidad en Filipinas y (2) la pertinencia cultural y contextual y la aceptabilidad del programa adaptado para familias de muy bajos ingresos con hijas e hijos de 2 a 6 años,2 con vistas a su futura aplicación en el marco de un sistema nacional de transferencias monetarias condicionadas. Aplicamos el marco heurístico para la adaptación cultural de intervenciones de Barrera y sus colegas (Barrera, Castro, Strycker, & Toobert, 2013). Este modelo por etapas integra enfoques descendentes y ascendentes de la adaptación cultural: partimos de un programa PLH‐YC existente y tomamos en consideración sus fundamentos teóricos y la evidencia de buenas prácticas (enfoque descendente). A continuación, miembros del grupo cultural receptor (es decir, familias destinatarias, personas facilitadoras del programa y equipo investigador) someten el programa a un examen minucioso y aportan comentarios en distintas etapas (enfoque ascendente). Los procesos descendente y ascendente interactúan de forma iterativa. El marco se despliega en una serie de pasos que incluyen la Fase 1: recopilación de información; la Fase 2: diseño preliminar de la adaptación; la Fase 3: pruebas preliminares de la adaptación; y la Fase 4: perfeccionamiento de la adaptación. La recopilación de información implica recoger datos de las personas destinatarias del programa, que luego orientan el diseño preliminar de la adaptación. El programa adaptado se pone a prueba a pequeña escala en un estudio piloto (Fase 3), y los resultados orientan una nueva ronda de adaptación del contenido y de la aplicación del programa (Fase 4). En este artículo describimos el proceso de adaptación y los cambios que se introdujeron en PLH‐YC para hacerlo aceptable y pertinente para familias filipinas de bajos ingresos con criaturas pequeñas.
Los protocolos del estudio fueron revisados y aprobados por los comités de ética de la Ateneo de Manila University (AdMUREC_16_014PA) y de las universidades de Oxford (R43041/RE002) y Ciudad del Cabo (PSY2016‐041). Todas las personas participantes se reclutaron mediante un muestreo intencional según los siguientes criterios: (1) ser madre, padre o persona cuidadora de niñas o niños de 2 a 6 años; (2) ser beneficiaria del programa de transferencias monetarias condicionadas (TMC) del Gobierno filipino (solo en la Fase 1); y (3) estar dispuesta y en condiciones de participar en un programa grupal de parentalidad de 12 sesiones semanales (solo en la Fase 3). Todas las personas participantes pasaron por un proceso de consentimiento informado y firmaron los formularios correspondientes antes de participar en el estudio.
Realizamos entrevistas y grupos focales con familias beneficiarias del programa nacional de TMC para examinar qué contenidos consideran importantes las familias filipinas en un programa de parentalidad. El programa de TMC proporciona a las familias de bajos ingresos prestaciones en efectivo de 10 $ al mes y 6 $ por hijo o hija, sujetas al cumplimiento de condiciones en materia de salud, educación y otros aspectos del desarrollo social (incluida la asistencia a un programa de parentalidad). Veintisiete madres y 20 padres, en representación de 47 familias de una comunidad urbana pobre de Metro Manila, participaron en cinco grupos focales. La edad media de la descendencia era de 4.52 (SD = 1.69), y la mayoría de las personas participantes había terminado la educación secundaria.
Examinamos los resultados de la Fase 1 para orientar la adaptación inicial del programa. El equipo de diseño del programa, formado por el equipo investigador filipino y personas colaboradoras internacionales (es decir, la autoría de este artículo), participó en un taller intensivo en Filipinas y celebró varias reuniones en línea para debatir la adaptación del programa a la luz de los datos. Examinamos el contenido, la estructura, los materiales y las modalidades de aplicación del programa original para identificar los componentes que eran compatibles o incompatibles con las características y prácticas locales, y los que entraban en conflicto con las necesidades, los valores y las creencias de las familias filipinas o, por el contrario, los respaldaban. Estos componentes iban desde los personajes y las situaciones representados en los materiales hasta mensajes más fundamentales del contenido del programa. A partir de los datos de la Fase 1 y de la perspectiva émica de las personas colaboradoras locales, se debatieron recomendaciones específicas para que el programa resultara adecuado y significativo para las familias filipinas. El equipo documentó sus adaptaciones en borradores de las guías de facilitación y de los manuales de las sesiones, elaborados presencialmente y en línea en colaboración entre las personas integrantes locales e internacionales del equipo.
El programa adaptado se puso a prueba en un estudio piloto de viabilidad para evaluar cómo percibían las personas participantes la pertinencia y la aceptabilidad de contenidos y enfoques de aplicación específicos. Participaron 29 madres y un padre (edad M = 33.30, SD = 10.54), que se ocupaban todos de niñas y niños de 2 a 6 años (edad M = 3.87, SD = 1.33). Las características demográficas y los indicadores de pobreza de la muestra se presentan en la Tabla 1. Las personas cuidadoras asistieron a uno de dos grupos de madres y padres, cada uno dirigido por una pareja de facilitación filipina formada por el tercer autor. El equipo de facilitación estaba compuesto por una persona que cursaba un posgrado en psicología, una persona con formación en medicina y dos profesionales del trabajo social.
Tabla 1 — Características sociodemográficas de las personas participantes en la prueba piloto (N = 30)
Economic Asset Index; acceso y posesión de bienes como agua, electricidad, teléfono móvil y televisión, según lo declarado por la persona adulta. Hunger Scale Questionnaire (Labadarios, 2003); aparición de hambre en el hogar, según lo declarado por la persona adulta. ICAST‐Retrospective (Dunne et al., 2009); incidencia de maltrato físico, maltrato emocional y negligencia en la infancia, según lo declarado por la persona adulta. Revised Conflict Tactics Scale Short Form (Straus et al., 1996); incidencia de violencia física y psicológica en la pareja, según lo declarado por la persona adulta.
Los grupos de familias se reunían una vez por semana en el centro del barangay (aldea). Salvo un abandono, todas las personas participantes asistieron al menos a una sesión (96.6% de inscripción). La tasa media global de asistencia fue del 62%, es decir, 7 de las 12 sesiones. Las ausencias se repartieron a lo largo de las 12 sesiones del programa, y las personas facilitadoras animaban a quienes faltaban a una sesión a asistir a las siguientes. Una vez finalizado el programa, se realizaron dos grupos focales con 19 participantes del programa (n = 10 en el primer grupo focal, n = 9 en el segundo) y otro con tres de las cuatro personas facilitadoras del programa, para examinar la pertinencia y la adecuación de los componentes de la intervención.
Utilizamos los datos de los grupos focales para seguir perfeccionando el programa. Dos de las personas colaboradoras internacionales (JML y JH) viajaron a Filipinas para participar en dos días de reuniones intensivas con las personas colaboradoras y facilitadoras locales, con el fin de debatir la importancia y la pertinencia del contenido del programa, las dificultades y las buenas prácticas en su aplicación, y otras mejoras recomendadas para el programa adaptado.
Antes del análisis de los datos, la primera autora y tres personas asistentes de investigación transcribieron las grabaciones de audio y comprobaron su exactitud. Esto les permitió sumergirse en los datos para garantizar la fiabilidad del proceso de investigación (Morrow, 2005). A continuación, analizaron las transcripciones de los grupos focales siguiendo las seis fases del análisis temático de Braun y Clarke (2006). El equipo investigador se familiarizó primero con los datos leyendo y releyendo las transcripciones y anotando sus interpretaciones. Después, cada integrante del equipo revisó a fondo el conjunto de datos para codificar e identificar patrones como posibles temas. Se debatió colectivamente el trabajo individual para determinar los patrones coherentes y los contrapuestos. Estos últimos se abordaron mediante debates sobre los significados latentes y los contenidos de los temas hasta alcanzar un consenso. El equipo aplicó luego al conjunto de datos los códigos y temas derivados del trabajo en grupo. Por último, definió y fijó las etiquetas de los temas y seleccionó extractos de datos codificados para sustentarlos.
Se realizaron comprobaciones de validez mediante consultas con la autoría, que corroboró los datos codificados o propuso interpretaciones alternativas. El diálogo continuo con el equipo de coinvestigación local e internacional constituyó una estrategia reflexiva que permitió contrastar creencias, perspectivas y sesgos, y que respalda la fiabilidad del proceso de investigación y de sus resultados (Morrow, 2005). Las comprobaciones de fiabilidad se efectuaron mediante una documentación exhaustiva del procedimiento de análisis, actas de reuniones y borradores de los resultados.
De las entrevistas y los grupos focales surgieron cinco temas relativos a los contenidos que las familias consideraban importante incluir en un programa de parentalidad: (1) promover interacciones positivas con la infancia, (2) permitir que la infancia exprese sus emociones, (3) comunicarse eficazmente con la infancia según su nivel de desarrollo, (4) reforzar los comportamientos sociales positivos deseables y (5) una disciplina eficaz y el manejo de los comportamientos infantiles difíciles.
Las personas participantes aludieron a la necesidad de tener más interacciones positivas con sus criaturas para fortalecer la relación. Como lo expresó una madre:
Creo que es fundamental para no perder el cariño de tus hijos. Es importante que, mientras van creciendo, su relación con sus padres sea cada vez mejor.
Estas interacciones positivas se consideraban necesarias para mejorar la obediencia, mantener relaciones armoniosas y superar los retos cotidianos que plantea la conducta infantil. Ello sugiere también que las familias filipinas están abiertas a aplicar enfoques de crianza más afectuosos y protectores, en lugar de las prácticas autoritarias descritas en la literatura.
Las personas participantes querían aprender a ayudar a sus criaturas a expresar sus emociones. Una madre explicó que a las criaturas pequeñas a menudo les cuesta expresar sus emociones de forma constructiva, sobre todo si son negativas. Un estudio cualitativo clásico ha documentado que en la cultura filipina se desalienta la expresión de la agresividad o de la ira (Guthrie & Jacobs, 1966), como ocurre en otros contextos asiáticos (Ng & Wang, 2019). Las familias añadieron que enseñar a la infancia a expresar sus emociones era necesario para que comprendiera sus propias emociones y las de sus figuras parentales, lo cual constituye un aspecto esencial del pakikiramdam (sensibilidad hacia los demás) y de una relación armoniosa con el entorno.
Las personas participantes señalaron la importancia de saber relacionarse con la infancia de acuerdo con su edad. Un padre expresó que «es importante que los padres sepan qué decirles a sus hijos para que no se metan en ese tipo de cosas [conductas de riesgo]». Los padres explicaron también que este tema les ayudaría a aprender a animar a sus criaturas a abrirse más con ellos, sobre todo porque los padres filipinos se implican menos en el cuidado cotidiano de la infancia (Jocson et al., 2012). Una madre contó que no sabía cómo dar instrucciones a su hija pequeña y que eso generaba malentendidos. La habilidad de comunicarse con más eficacia con la infancia permitirá a las familias guiarla hacia los comportamientos esperados, favorecer la obediencia y mejorar las relaciones parentofiliales.
Las personas participantes querían saber cómo mantener y reforzar los comportamientos sociales deseables en la infancia, especialmente la obediencia y el respeto a las personas mayores. Una madre relató que estos comportamientos eran un reflejo de ellas mismas.
Creo que es importante que los niños aprendan estas cosas [cómo comportarse en público] porque es un reflejo de cómo los crías. Cómo se portan delante de los demás habla de ti como madre o como padre. Hay niños que dicen “po” u “opo”. A los padres de esos niños los felicitan. La gente dice: “Tu madre es excelente”.
Este objetivo respalda la tendencia, muy extendida en Filipinas, a mantener buenas relaciones con los demás y a evitar la vergüenza familiar (Enriquez, 1994).
Las personas participantes revelaron que daban azotes con la mano o utilizaban objetos para disciplinar. Además de los azotes, las familias disciplinaban hablando con sus criaturas, dándoles pellizcos, asustándolas y recurriendo al castigo verbal. Al mismo tiempo, las personas encuestadas reconocieron que estas prácticas no eran necesariamente eficaces, porque la mala conducta continuaba, y por ello expresaron el deseo de aprender formas de disciplina más eficaces:
A veces, cuando le hablamos a nuestro hijo y no hace caso, se lleva unos azotes. A lo mejor hay otras formas de disciplinar a un niño que no se corrige cuando se le habla.
Este sentimiento concuerda con los datos mundiales sobre las altas tasas de castigo físico en el hogar, pese a que en las encuestas las familias expresan la opinión de que el castigo corporal no es necesario ni deseable (UNICEF, 2010).
La autoría analizó los temas surgidos de las respuestas de la Fase 1 a la luz del contenido original de PLH‐YC con el fin de adaptar el programa a las familias filipinas. Nuestras adaptaciones van de las superficiales a las profundas (Resnicow, Soler, Braithwaite, Ahluwalia, & Butler, 2000). Las adaptaciones superficiales consisten en ajustar el programa a las características y comportamientos observables de la población destinataria, como la traducción a la lengua local y el cambio de aspecto de los personajes en los materiales. Las adaptaciones profundas abordan los aspectos socioculturales, históricos y psicológicos que influyen de manera diferente en los comportamientos en el contexto local. Ello implicó reformular los mensajes para adecuarlos a los valores y motivaciones de las familias filipinas.
Los temas se correspondían en gran medida con el contenido del programa original, y muchas de las preocupaciones, de los contenidos deseados y de los valores descritos por las familias filipinas eran similares a los identificados por las familias sudafricanas (véase Lachman, Sherr, et al., 2016). Por ello, en el programa adaptado se mantuvieron los principios de aprendizaje social y de resolución participativa de problemas de PLH‐YC, así como el contenido central y las habilidades parentales de cada sesión. El programa adaptado tenía igualmente como objetivo reducir el riesgo de maltrato infantil, reforzar las habilidades parentales para manejar los comportamientos infantiles difíciles mediante estrategias no violentas, reducir los problemas de conducta infantil y aumentar el bienestar de las personas cuidadoras y de la infancia.
Rebautizamos el programa adaptado como Masayang Pamilya Para sa Batang Pilipino (Familia Feliz para la Infancia Filipina), con la abreviatura MaPa, que significa «mapa» en filipino y es a la vez una forma abreviada de «mamá» y «papá». El énfasis en una emoción positiva (masaya, feliz) y en la familia en su conjunto pretende reducir el estigma y la hiya (vergüenza) que las familias filipinas pueden sentir si un programa se presenta como prevención de la violencia dirigida a las familias. El modelo de Hanf en dos etapas (1969) se representó mediante la imagen de una casa filipina típica o Masayang Tahanan (Hogar Feliz), adaptada del rondavel, la choza con techo de paja que se utiliza como marco visual en PLH‐YC (Figura S1). Se acompaña a las familias para que refuercen las paredes de su casa, que representan la base de la parentalidad positiva, antes de ocuparse del tejado, que simboliza el establecimiento de límites y una disciplina eficaz y no violenta. El marco visual se despliega a lo largo de 12 sesiones grupales, cada una centrada en un tema o habilidad central específicos (Tabla 2). La metáfora de una casa y de las habilidades centrales como «bloques de construcción» permite a las familias captar fácilmente que van desarrollando progresivamente habilidades para construir un hogar feliz.
Tabla 2 — Sesiones del programa Masayang Pamilya Para sa Batang Pilipino
En todas las sesiones se incluyeron actividades de atención plena y de reducción del estrés (p. ej., ejercicios físicos, meditaciones breves).
El enfoque de intervención es participativo y no didáctico. El programa comienza con consultas individuales, normalmente en el domicilio de la familia, durante las cuales las personas facilitadoras ayudan a las familias a definir objetivos de comportamiento específicos para sí y/o para la infancia a su cargo. En las sesiones del programa, las personas facilitadoras apoyan la adquisición de habilidades ayudando a las familias a identificar principios y estrategias de crianza mediante historias ilustradas, y después las acompañan mientras practican estas habilidades en juegos de rol. Se proponen a las familias actividades para practicar en casa con la infancia. Unos días después de cada sesión, las personas facilitadoras envían mensajes de texto/SMS para animarlas a practicar las habilidades aprendidas. Se realizan visitas domiciliarias a las familias que faltan a sesiones o que necesitan un apoyo adicional para resolver las dificultades que surgen al practicar las habilidades con la criatura.
Las historias ilustradas, llamadas komiks, constituyen una estrategia clave para implicar a las familias de manera sencilla y culturalmente significativa, ya que los komiks son un medio popular en la cultura filipina (Reyes, 1997). Las historias se adaptaron para incorporar personajes, temas y situaciones propios de la vida familiar y comunitaria filipina. Todos los komiks representan las experiencias de dos familias filipinas tal como las describieron las personas participantes en la Fase 1: una familia que vive en un asentamiento informal de la ciudad, compuesta por una abuela, una madre y dos criaturas (el padre es un trabajador migrante que vuelve a casa de vez en cuando); y otra familia que vive en un barangay (aldea) rural, compuesta por un padre, una madre y dos criaturas. Algunas situaciones del programa original se modificaron en función de las realidades del contexto. Por ejemplo, el juego de disfraces en el juego dirigido por la criatura se sustituyó por un juego simbólico de cocinar adobo, ya que disfrazarse es menos habitual y menos adecuado en un entorno de bajos ingresos (véase la Figura S2).
Se realizaron varias adaptaciones más profundas para ajustar mejor el contenido a los valores y prácticas filipinos y aumentar la aceptabilidad cultural del programa. Estas adaptaciones se destacaron explícitamente en la formación y en el manual de facilitación. Dadas las actitudes y prácticas tradicionales que hacen hincapié en la autoridad entre las familias filipinas, el equipo preveía que el concepto de actividades «dirigidas por la criatura», lección central de la Sesión 1, resultaría difícil. Por ello, formulamos este concepto con cuidado para subrayar que se trata de un periodo específico y delimitado en el tiempo en el que la figura parental permite que la criatura asuma la responsabilidad de una actividad, y no de que la figura parental ceda el control a la criatura. Además, en la sesión debían suscitarse entre las familias los beneficios de la actividad dirigida por la criatura y debatirse a fondo.
Al igual que en el contexto sudafricano, observamos que elogiar a la infancia no era una práctica normativa en los hogares filipinos. En consecuencia, se enseñó a las personas facilitadoras a obtener de las propias familias las palabras o expresiones concretas con las que se sentirían cómodas para expresar su aprobación del comportamiento de sus criaturas. Estas palabras se practican después en juegos de rol durante las sesiones y en casa, así como en actividades entre familias durante las sesiones, para normalizar y validar el elogio. También orientamos el contenido sobre las recompensas a animar a las familias a pensar en recompensas prácticas, realistas y culturalmente aceptables y a aplicarlas (p. ej., el plato favorito de la criatura, más tiempo de juego).
Se matizó la comunicación sobre los sentimientos para subrayar que es aceptable expresar las emociones negativas de forma adecuada. Se recordó a las personas facilitadoras que debían suscitar entre las familias los beneficios de permitir que la infancia exprese y nombre sus emociones, y explorar los obstáculos a esa expresión (es decir, que puede percibirse como un desafío a la autoridad parental o como desobediencia).
Para responder al deseo de las familias de contar con contenidos sobre cómo comunicarse con la infancia según su nivel de desarrollo, se incorporaron preguntas de debate adicionales sobre la importancia de las instrucciones claras y positivas, y de las normas y rutinas del hogar para las criaturas pequeñas (p. ej., por qué y cómo se descomponen las instrucciones complejas en pasos concretos). Se añadió al manual una nueva sección sobre los hitos del desarrollo en la primera infancia para preparar a las personas facilitadoras a abordar las dudas sobre la adecuación de las expectativas a la edad, que pueden surgir en cualquiera de las sesiones.
Se mantuvo la omisión deliberada, ya presente en el programa original, de mensajes que desaprueben o desaconsejen explícitamente el uso del castigo corporal. El castigo corporal es una práctica normativa en muchas familias, y calificarlo de negativo o prohibir su uso puede considerarse culturalmente insensible y hacer que madres y padres se sientan faltos de respeto y despojados de su capacidad de actuar. MaPa ofreció a las familias estrategias alternativas y proactivas para manejar la mala conducta infantil y evitar así el recurso a formas de disciplina más duras. Las personas facilitadoras recibieron formación para modelar y reforzar estas estrategias alternativas, suscitar sus beneficios en los debates con las familias y reducir al mínimo la atención o el tiempo dedicados a las respuestas que respaldan el castigo corporal.
Tras las adaptaciones mencionadas, el programa MaPa adaptado se aplicó en un ensayo de viabilidad. Al término del ensayo se realizaron grupos focales cualitativos con 19 figuras parentales y tres personas facilitadoras para explorar sus experiencias y percepciones sobre el contenido y la aplicación del programa MaPa. Los temas de los grupos focales que se presentan aquí se refieren a la aceptabilidad y la pertinencia contextuales del programa y ofrecen implicaciones para seguir perfeccionándolo.
Las familias contaron que rara vez describían acciones y sentimientos a sus criaturas porque les resultaba difícil y les incomodaba. Las personas facilitadoras de MaPa comentaron que este comportamiento, al igual que comunicar sobre las emociones, parecía poco natural para la mayoría de las familias, ya que no suelen interactuar con la infancia de forma muy verbal ni poner palabras a sus sentimientos. Como dijo una de las personas participantes:
Sinceramente, no tengo costumbre de hacerlo… Veo a mi hijo viendo la tele y sé que está contento. No tengo que decirle: “Hijo, qué contento estás”.
Las familias se mostraban especialmente reacias a comentar o nombrar las emociones negativas de sus criaturas, porque creían que hacerlo intensificaría la emoción y su expresión. Esta observación concuerda con estudios que indican que la implicación parental directa con la infancia y el habla dirigida a la infancia son menos frecuentes en las familias de nivel socioeconómico bajo (Hoff, 2003).
Pese a las dificultades que experimentaron las familias para aplicar estas prácticas, mantuvimos en el programa MaPa el contenido sobre la descripción de acciones y sentimientos, en consonancia con la sólida evidencia científica que pone de relieve sus beneficios para la cognición y el lenguaje infantiles (Rowe, 2012) y para la competencia emocional (Denham, Renwik‐DeBardi, & Hewes, 1994). Incluso en culturas en las que la implicación de las personas adultas con la infancia no es normativa, el uso del habla dirigida a la infancia por parte de las figuras parentales y, de forma correlativa, el vocabulario infantil aumentaron cuando las intervenciones incluían estos componentes (Weber, Fernald & Diop, 2017). Mejoramos los materiales de las sesiones para aclarar a las familias los objetivos de estas prácticas y suscitar con más claridad sus beneficios (p. ej., por qué conviene potenciar las habilidades lingüísticas de la infancia). La descripción de acciones y sentimientos se planteó como una actividad que las familias podían realizar de manera más natural durante su tiempo a solas con la criatura, y que podía centrarse en el entorno, por ejemplo nombrando las acciones o los sentimientos de otras personas y comentando objetos y acontecimientos que la criatura pudiera observar.
Las familias comprendieron el significado de la metáfora del Masayang Tahanan («Hay que reforzar las paredes, si no el tejado se puede caer») y subrayaron hasta qué punto se reflejaba en sus experiencias («No he tenido que usar ni el tiempo de calma ni las consecuencias con mi hija, porque se ha portado muy bien, y nos hemos acercado mucho»). Hablaron también de una transformación progresiva de sus actitudes («Creía que tenían que obedecerme siempre. Me di cuenta de que también tenía que tener en cuenta lo que le gusta a mi hijo y reconocer sus decisiones») y de su comportamiento («Los azotes formaban parte de cómo me criaron. No tengo por qué usarlos con mi hijo.»).
Las familias percibieron asimismo que los elogios y las recompensas, las instrucciones positivas y las normas del hogar les ayudaban a alcanzar su objetivo de tener hijas e hijos que muestren mabuting asal (buen comportamiento). Aunque los elogios y las recompensas no sean su forma habitual de apoyar a la infancia, las familias filipinas valoraron positivamente este aspecto del contenido del programa. También consideraron que el uso de instrucciones positivas y de normas del hogar era útil y eficaz para reforzar la obediencia infantil.
Por último, las familias consideraron útiles las técnicas de reducción del estrés basadas en la atención plena para regular su ira y su impulso de pegar a sus criaturas o de discutir con su cónyuge. Una de las personas participantes subrayó este punto con estas palabras: «Desde que entré en MaPa, soy consciente de mi genio. Antes les daba azotes o les gritaba a mis hijos cuando se portaban mal. Ahora les hablo con calma y con cariño». El impacto de la intervención de parentalidad en todo el sistema familiar queda de manifiesto en la afirmación de una madre: «Desde que mi hijo y yo ya no nos peleamos tanto, mi marido y yo tampoco nos peleamos tanto».
Las familias contaron que les gustaban los komiks, porque representaban situaciones y retos típicos de la vida familiar filipina. Indicaron también que el enfoque colaborativo y los juegos de rol les ayudaban a aprender las habilidades y que preferían estos métodos a las exposiciones magistrales. Como elemento central tanto del programa original como del adaptado, se trató a las familias como expertas en la crianza de sus propias criaturas, lo que reforzó su sentimiento de respeto y su apropiación del programa. Las madres declararon sentir orgullo y confianza en su papel de madres, así como mostrarse más activas y asertivas a la hora de intervenir ante el cónyuge y otras personas cuidadoras del hogar en cuestiones de crianza. Sin embargo, también contaron que les costaba realizar las actividades asignadas para casa debido a otras responsabilidades, como el trabajo y las tareas domésticas.
Las familias apreciaron los mensajes de texto de recordatorio que recibían de las personas facilitadoras, porque las hacían sentirse bienvenidas y valoradas. Aunque las visitas domiciliarias incomodaban a algunas familias, estas contaron que también las animaban a asistir a las sesiones y aumentaban su aprecio por las personas facilitadoras, de quienes sentían que recibían una atención personalizada. Este tipo de interacciones entre las personas facilitadoras y participantes puede ser especialmente importante en la cultura filipina, que promueve el pakikipagkapwa, es decir, valorar y respetar a la otra persona con independencia de las diferencias de estatus.
Este artículo responde a la necesidad de documentar de forma sistemática los procedimientos de adaptación de programas (p. ej., Mejia et al., 2016) y subraya las ventajas de llevar a cabo un proceso en varias etapas para orientar la adaptación cultural Sur-Sur de un programa de parentalidad basado en la evidencia para familias vulnerables de Filipinas (Barrera et al., 2013). Los datos procedentes de las familias, la investigación local y la evidencia científica orientaron nuestro proceso de adaptación.
Observamos que la perspectiva interna o émica aportada por el equipo investigador filipino fue un recurso decisivo en el proceso, lo que pone de relieve la importancia de colaborar con las personas destinatarias finales y con quienes aplican el programa. Como el proyecto contaba con personas colaboradoras internacionales (procedentes de Estados Unidos, el Reino Unido y Sudáfrica), el proceso de adaptación cultural exigía equilibrar los puntos de vista de quienes pertenecían a la cultura y de quienes eran ajenos a ella. Los desacuerdos brindaron ocasiones para conocer los supuestos, las perspectivas y las experiencias de cada parte. Por ejemplo, utilizar la comida (p. ej., un plato favorito) como recompensa tiene sentido en el contexto filipino, donde ofrecer comida es un gesto importante de hospitalidad y señala el estrechamiento de los vínculos. Sin embargo, desde una perspectiva occidental podría considerarse inadecuado utilizar la comida como refuerzo, dados los hábitos alimentarios poco saludables o problemas como la obesidad. La distancia geográfica y la necesidad de comunicarse por canales en línea complicaron asimismo la gestión del proyecto y, en ocasiones, dificultaron apreciar de inmediato las costumbres y limitaciones locales para alcanzar los objetivos del proyecto. Aun así, las entidades socias internacionales concedieron un peso importante a las interpretaciones de quienes pertenecían a la cultura y apoyaron al máximo el proceso de investigación y de adaptación.
Nuestro enfoque participativo empoderó a las familias filipinas como protagonistas activas del diseño de una intervención que, en última instancia, se aplicará a gran escala en su contexto. El propio equipo investigador filipino puede considerarse ajeno al entorno específico de las familias destinatarias, donde predominan la privación y la adversidad. Por ello, era esencial incluir y respetar los valores, las percepciones y las preferencias de las personas informantes locales, y reconocer la heterogeneidad de los conocimientos y las experiencias incluso dentro de un mismo entorno sociocultural. El traslado y la adaptación de programas entre culturas y dentro de una misma cultura son objetos de estudio cada vez más importantes, dadas las crecientes oportunidades de colaboración internacional y las iniciativas mundiales que promueven el desarrollo social en los PIBM. Constatamos que el diálogo continuo, la reflexividad, la apertura y la capacidad de adaptación entre las personas colaboradoras y las partes interesadas fueron ingredientes clave en el proceso de traslado y adaptación cultural de los programas de intervención.
En lo que respecta al programa MaPa, mantuvimos en gran medida la teoría del cambio, el contenido y el enfoque de aplicación de PLH‐YC. Sin embargo, anclamos el programa adaptado en los valores y actitudes familiares predominantes en Filipinas que se correspondían con las necesidades identificadas por las familias filipinas. Nuestra adaptación abordó, por tanto, tanto las estructuras superficiales como las profundas (Resnicow et al., 2000), en el sentido de que todo el contenido se matizó con los valores filipinos al tiempo que manteníamos los principios originales de contenido y de aplicación.
Consideramos los contenidos de MaPa que las familias encontraban difíciles o incómodos como oportunidades para reflexionar sobre los valores centrales de las personas destinatarias y para ajustar los mensajes del programa de modo que estuvieran más en consonancia con esos valores. Por ejemplo, dada la investigación que describe la tendencia de las familias filipinas a adherirse a actitudes autoritarias (Alampay & Jocson, 2011; Jocson et al., 2012), redactamos con cuidado nuestros mensajes sobre el juego dirigido por la criatura para que la actividad resultara más aceptable para las familias. En lugar de presionarlas para que cambiaran sus actitudes o su comportamiento (p. ej., el castigo corporal), apoyamos la aparición de nuevas habilidades acordes con los valores filipinos. Reconocimos que la interacción verbal con la infancia (es decir, describir acciones y sentimientos) era algo nuevo y difícil para las familias filipinas de bajos ingresos, por lo que ofrecimos un apoyo adicional a esta práctica, dados sus beneficios para el desarrollo infantil.
Reforzando el valor cultural del pakikipagkapwa, o tratar a la otra persona de igual a igual, las personas facilitadoras adoptaron una postura de apoyo y sin juicios hacia las personas destinatarias del programa, con el fin de reforzar la eficacia y la confianza de las familias en su relación con sus criaturas, su cónyuge y otras personas cuidadoras del hogar. Más allá de sus efectos sobre la parentalidad y el maltrato infantil, la capacidad de las intervenciones de parentalidad para empoderar a las personas cuidadoras que viven en circunstancias desfavorecidas y de maltrato puede evaluarse sistemáticamente en ensayos formales.
Nuestro trabajo concuerda con la evidencia de que numerosos objetivos y valores de crianza son comparables entre culturas y contextos y requieren, por tanto, sistemas de apoyo o contenidos de intervención similares (Leijten et al., 2016). Los elementos del programa que las familias filipinas consideraron necesarios figuran entre los que suelen abordar las intervenciones de parentalidad basadas en la evidencia. Además, se ha comprobado que principios de intervención como la mejora de la relación parentofilial mediante la atención positiva y la modificación del comportamiento parental e infantil mediante estrategias de aprendizaje social siguen siendo eficaces en contextos diferentes (Gardner et al., 2016; Leijten, et al., 2018; Leijten et al., 2016). Si bien esto pone de relieve la transferibilidad de las intervenciones, una adaptación sistemática como la descrita en este artículo mejora la aceptabilidad del programa, así como su pertinencia y su sensibilidad culturales en entornos específicos. La adaptación descendente y ascendente, el enfoque colaborativo y los principios de diálogo y reflexividad son aplicables a quienes diseñan programas y a los servicios que realizan intervenciones familiares, incluidos los equipos de terapia familiar y de trabajo social en contextos clínicos, escolares o comunitarios. No obstante, sigue siendo esencial contar con evidencia de la eficacia del programa en relación con los componentes adaptados; de lo contrario, los esfuerzos de intervención carecen de sentido.
En términos más generales, la labor de adaptar programas de intervención en contextos de escasos recursos debería reconocer las desigualdades sistémicas más amplias y las normas opresivas (p. ej., de género) que se asocian con tasas más elevadas de violencia en las comunidades y las familias. Se ha demostrado que las presiones de la privación económica, como las que viven las familias de nuestra muestra filipina, agravan el estrés familiar, los problemas de salud mental, los conflictos conyugales y la violencia de pareja, así como las conductas parentales duras (Conger, Conger & Martin, 2010). El hecho de que el programa MaPa vaya a integrarse en un sistema de prestación de bienestar social (es decir, las TMC) reconoce que las intervenciones de apoyo a la parentalidad deben estar indisolublemente unidas a programas de desarrollo social para aliviar la pobreza, mejorar la salud y la educación de las personas cuidadoras y de la infancia, y apoyar la igualdad de género. Una estrategia integrada de este tipo es esencial en los PIBM, donde la rentabilidad y la escalabilidad de los programas constituyen preocupaciones y retos particulares (Ward et al., 2015). Más allá del proceso de adaptación cultural y de traslado de un programa, la investigación futura debería documentar los procesos y las buenas prácticas, desde la adaptación del programa hasta su ampliación y su integración en iniciativas más amplias del sistema social para prevenir la violencia en las familias desfavorecidas.
Varias limitaciones matizan nuestras conclusiones. Recogimos datos de familias filipinas de una única comunidad urbana con escasos recursos, y sus necesidades pueden no reflejar las de las familias filipinas de bajos ingresos que viven en otros entornos. Nos centramos en métodos cualitativos en nuestra adaptación cultural de PLH‐YC para Filipinas. Los futuros estudios sobre la adaptación cultural de programas de parentalidad deberían integrar métodos cualitativos y cuantitativos para ofrecer una investigación más poliédrica del proceso de adaptación y del impacto del programa, con un análisis más rico de su viabilidad, aceptabilidad y eficacia. Es necesario seguir evaluando la eficacia de la intervención en un ECA para confirmar si el programa MaPa culturalmente adaptado logra sus objetivos de reducir el maltrato infantil y mejorar el bienestar de la infancia y de las figuras parentales en las familias filipinas de bajos ingresos.
Complexe Systémique: puntos clave
El interés del artículo para la práctica sistémica reside menos en sus resultados, todavía cualitativos, que en la manera en que describe el paso de un programa de una cultura a otra. El equipo no se enfrenta de lleno a la autoridad parental ni a los azotes: reformula el juego dirigido por la criatura como un momento acotado, deja que las familias encuentren sus propias palabras para elogiar, elige un plato favorito como recompensa y trata la vergüenza (hiya) como algo con lo que trabajar, más que como un obstáculo. Se reconoce aquí una lógica de connotación positiva y de respeto de las lealtades culturales. Un detalle resume lo que está en juego desde el punto de vista sistémico: una madre señala que, desde que discute menos con su hijo, discute menos con su marido. El texto asume también sus tensiones, entre miradas occidentales y locales, y entre transferibilidad y adaptación. Sus límites son los de un estudio piloto en una única comunidad urbana, con mayoría de madres y sin medición de la eficacia. Para leer junto con el artículo sobre un programa familiar con familias birmanas en Tailandia y el artículo sobre la adaptación contextual de un programa de parentalidad.
Notas del original
1 https://www.who.int/violence_injury_prevention/violence/child/plh/en
2 La diferencia entre los rangos de edad destinatarios del programa original y del adaptado se debió a limitaciones impuestas por la entidad financiadora. El rango de edad abarca el grupo con mayor riesgo de sufrir violencia según el Violence Against Children Study (es decir, 4-5 años).
Financiación. Esta investigación contó con el apoyo de subvenciones de la UBS Optimus Foundation (subvención 7905 concedida a Frances Gardner, Jamie Lachman y Cecille Gan), UNICEF Filipinas y el programa Complexity and Relationships in Health Improvement Programmes del Medical Research Council MRC UK y de la Chief Scientist Office (subvenciones MC_UU_12017/14, MC_UU_1201711 y CSO SPHSU11, CSO SPHSUU14).
Agradecimientos. Agradecemos las valiosas contribuciones de las personas cuidadoras participantes de nuestra comunidad asociada, de la Philippine Ambulatory Pediatric Association, de la Dra. Pia Anna Ramos, de Bianca Bello‐Sarmenta, Margarita Mañalac‐Copia y Celina Maria Torres, y del Dr. Michael Te.
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Traducción no oficial al español de A South‐to‐South Cultural Adaptation of an Evidence‐Based Parenting Program for Families in the Philippines, de Bernice Landoy Mamauag, Liane Peña Alampay, Jamie M. Lachman, Bernadette J. Madrid, Judy Hutchings, Catherine L. Ward y Frances Gardner, Family Process, vol. 60, no 4, pp. 1202-1216 (2021), doi: 10.1111/famp.12625, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
El artículo original, «A South‐to‐South Cultural Adaptation of an Evidence‐Based Parenting Program for Families in the Philippines», se publicó en Family Process (2021) bajo licencia CC BY 4.0. Esta versión es una traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, con una presentación adaptada para la lectura en línea, tal como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Mamauag, B. L., Alampay, L. P., Lachman, J. M., Madrid, B. J., Hutchings, J., Ward, C. L., y Gardner, F. (2021). A South‐to‐South Cultural Adaptation of an Evidence‐Based Parenting Program for Families in the Philippines. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/a-south-to-south-cultural-adaptation-of-an-evidence-based-parenting-program-for-families (Obra original publicada en 2021 en Family Process, 60(4), 1202-1216 (2021); republicada en 2021 por Family Process, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/famp.12625)
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