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Epistemología

Cibernética de primer y segundo orden: de los hilos a la danza

¿Movemos desde fuera los hilos de una marioneta, o bailamos con quien tenemos enfrente? Dos posturas muy distintas ante los sistemas humanos.

Por Yara Doumit Terapeuta familiar y profesional de la intervención sistémica · Formadora y responsable pedagógica en Complexe Systémique
Parte 1

¿Qué es la cibernética?

La cibernética nació en la década de 1940 por impulso de figuras científicas como Norbert Wiener, que buscaba comprender los mecanismos de control y de comunicación en los sistemas vivos y en las máquinas.

Este campo interdisciplinario, surgido de las célebres conferencias Macy, reúne a especialistas de las matemáticas, la ingeniería, la biología y la antropología, como Gregory Bateson, y a otras mentes pioneras. Su concepto clave es el de retroalimentación —el feedback—, es decir, los bucles de interacción circular mediante los cuales un sistema se autorregula respondiendo al efecto de sus propias acciones.

En el contexto de los sistemas humanos —familias, equipos, organizaciones—, el pensamiento sistémico se apropió de estas ideas desde la década de 1950. La primera terapia familiar, inspirada en la cibernética y en la teoría de sistemas de Ludwig von Bertalanffy, concibió la familia como un sistema que busca mantener su equilibrio interno. Observó que el síntoma de una persona, como la conducta problemática de un niño o una niña, podía servir para estabilizar el funcionamiento familiar. El sistema «familia» se resistiría a los cambios profundos por miedo a perder su equilibrio, y privilegiaría soluciones repetitivas que mantienen el statu quo.

Con el paso de las décadas, se hizo evidente que esta visión inicial era incompleta. Se produjo un giro conceptual de primer orden con la aparición de la cibernética de segundo orden, a veces llamada cibernética de la cibernética.

Parte 2

Cibernética de primer orden: quien observa mueve los hilos

En la cibernética de primer orden, quien ejerce se sitúa como quien maneja una marioneta, a los mandos de un sistema concebido como una caja negra que hay que ajustar. La posición de observación es exterior: desde fuera se tira de los hilos para corregir el funcionamiento interno del sistema. Se observa desde arriba. El objetivo: controlar o corregir el sistema desde el exterior, aplicando soluciones para que funcione correctamente. Hay que reparar las disfunciones para restablecer el equilibrio.

En este enfoque, quien ejerce adopta de buen grado una postura experta. Una terapia familiar de primer orden analizará a la familia como en ingeniería se analizaría una máquina: identificando la pieza defectuosa o el eslabón débil. Un trastorno de conducta en la infancia podrá verse como el síntoma de un desequilibrio familiar que hay que corregir. Se establece un diagnóstico externo y después se proponen soluciones prescritas. Se habla de una relación de tipo jerárquico: quien interviene posee el saber y el plan de reparación; la familia es la paciente.

Guy Ausloos

La terapia de primer orden «busca lo que no funciona […] y muestra lo que hay que hacer para que todo vaya mejor».

La palabra clave aquí es el control. Se considera que la familia o el grupo necesita sobre todo recuperar su homeostasis eliminando las desviaciones. La práctica pretende ser neutral y objetiva, idealmente capaz de observar sin influir, como en un laboratorio detrás de un espejo unidireccional. Si el cambio no llega, podrá atribuirse a resistencias del sistema más que al propio procedimiento.

Este enfoque ha dado sus frutos en muchas situaciones y ha constituido una base valiosa. Se le debe, en particular, la comprensión de las reglas interaccionales y de las retroalimentaciones negativas que mantienen los problemas. También ha mostrado sus límites, sobre todo ante contextos humanos complejos en los que lo imprevisto y la subjetividad desempeñan un papel crucial.

Parte 3

Cibernética de segundo orden: quien observa entra en la danza

La cibernética de segundo orden marca un cambio radical de postura: quien observa forma parte del sistema observado. En lugar de mover los hilos desde fuera, participa en el juego, como quien baila en interacción con sus parejas de baile.

Por retomar la fórmula del cibernetista Heinz von Foerster, se pasa de la «cibernética de los sistemas observados» a la «cibernética de los sistemas observadores». No solo se estudia el sistema, sino también cómo quienes observamos formamos parte del cuadro. El espejo ya no tiene una sola cara reflectante: tiene dos, y cada una devuelve la imagen de la otra.

Primer orden — mover los hilos

Quien observa está fuera. Diagnostica, prescribe, controla. Se busca la neutralidad. El sistema debe recuperar su equilibrio.

Segundo orden — entrar en la danza

Quien observa está dentro. Co-construye, facilita, resuena. Se asume la influencia mutua. El sistema inventa un nuevo equilibrio.

Aplicada a los sistemas humanos, esta perspectiva reconoce que quien interviene influye inevitablemente en el sistema sobre el que interviene y que, a su vez, recibe su influencia. En lugar de pretender una neutralidad absoluta, más vale ser consciente de ello y utilizar esa influencia de manera constructiva.

En el marco de una terapia familiar de segundo orden, quien ejerce la terapia co-crea la realidad de la sesión con la familia. Ya no hay, por un lado, el sistema familiar y, por otro, la terapia en posición de superioridad: hay un todo englobante en el que familia y terapeuta forman juntos un nuevo sistema durante el tiempo de la intervención. Quien ejerce se convierte en parte activa del cambio y comparte el saber y la responsabilidad con las personas a las que acompaña.

En la práctica, esto cambia muchas cosas. Ya no se trata de reparar piezas defectuosas, sino de facilitar nuevas interacciones y nuevos significados. El papel de quien ejerce es ayudar al sistema humano a generar sus propias soluciones, estimulando sus recursos endógenos. Se trata de pasar de la pericia a la co-construcción. Una terapia familiar de segundo orden recurrirá de buen grado a las preguntas circulares, inspiradas en la escuela de Milán, para llevar a la familia a intercambiar sus puntos de vista, en lugar de emitir un veredicto ex cathedra.

Desde el punto de vista del propio sistema, la segunda cibernética pone el acento en su autonomía evolutiva. Allí donde la primera veía sobre todo la tendencia a la homeostasis, la segunda reconoce la capacidad de los sistemas vivos para la morfogénesis: cambiar de estructura y evolucionar hacia nuevos equilibrios. Bajo el efecto de perturbaciones, un sistema humano puede reorganizarse de forma imprevisible y creativa en lugar de disgregarse.

Los trabajos de Ilya Prigogine sobre el caos y los de Maturana y Varela sobre la autopoiesis lo ilustran bien: una familia, en tanto que sistema autopoiético, posee en sí misma el poder de mantenerse y renovarse mediante sus propias interacciones. El papel de quien interviene ya no es entonces controlar ese sistema desde fuera —sería en vano, como querer coreografiar una danza sin oír la música—, sino bailar con él, actuar en resonancia para favorecer la emergencia de un nuevo orden más funcional.

Parte 4

El descentramiento como postura

Quien ejerce adopta una actitud de descentramiento: abandonar su sola visión del mundo para comprender la de la otra persona, y reconocer que su propia percepción está filtrada por su historia y sus esquemas. Esta humildad epistemológica conecta con la corriente del constructivismo radical de Ernst von Glasersfeld, que afirma que la realidad que percibimos es, en parte, una construcción nuestra.

Quien ejerce pasa así a aprender del sistema tanto como a aportar su pericia. Siente curiosidad por lo que ocurre, se implica de manera auténtica e incluso utiliza sus emociones como herramienta de comprensión. Allí donde la primera cibernética preconizaba una distancia emocional, la segunda valora la empatía encarnada.

La resonancia según Mony Elkaïm

Las emociones de quien ejerce la terapia, si las reconoce y las comparte en el momento oportuno, pueden servir de caja de resonancia de las dinámicas familiares y facilitar que se tome conciencia de ellas.

Lo que hay que retener

No se coreografía una danza sin oír la música. Se entra en ella.

Bibliografía
  • Bateson, G. (1972). Steps to an Ecology of Mind. Chandler Publishing.
  • Maturana, H., & Varela, F. (1980). Autopoiesis and Cognition: The Realization of the Living. D. Reidel Publishing.
  • von Foerster, H. (1981). Observing Systems. Intersystems Publications.
  • Watzlawick, P., Weakland, J., & Fisch, R. (1974). Change: Principles of Problem Formation and Problem Resolution. Norton.
  • Wiener, N. (1948). Cybernetics: Or Control and Communication in the Animal and the Machine. MIT Press.
Para ir más lejos
Cómo citar este artículo

Doumit, Y. (2025). Cybernétique de premier et de second ordre : du marionnettiste au danseur. Complexe Systémique. https://www.complexe-systemique.com

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