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Journal of Religion & Spirituality in Social Work: Social Thought · Conferencias de grupo familiar

Utilizar el concepto de Mashwarah en las conferencias de grupo familiar con familias musulmanas británicas

¿Cómo proponer una conferencia de grupo familiar a familias musulmanas que temen el juicio de su comunidad? Dos estudios de caso de un servicio del noroeste de Inglaterra muestran a un coordinador que vincula la FGC con la Mashwarah, la consulta mutua de la tradición islámica, y plantean la cuestión del lugar de la fe en la competencia cultural.

Autoría Deanna Edwards (University of Salford) y Asad Mahmood (Wakefield Council), Reino UnidoPrimera publicación Journal of Religion & Spirituality in Social Work: Social Thought, 20 de diciembre de 2025Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Using the concept of the Mashwarah in family group conferences with British muslim families, de Deanna Edwards y Asad Mahmood, publicado en Journal of Religion & Spirituality in Social Work: Social Thought (Taylor & Francis) (2026), doi: 10.1080/15426432.2025.2601981, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Recurrir a referencias culturales como la Mashwarah puede contribuir en cierta medida a que las familias se impliquen en el proceso.

Deanna Edwards y Asad Mahmood

Resumen

Este artículo se sirve de un enfoque de estudio de caso para explorar el uso de las conferencias de grupo familiar (FGC, por sus siglas en inglés) con familias musulmanas británicas. Se centra en particular en el uso que hace el coordinador de la FGC del concepto de Mashwarah (definido aquí como consulta y deliberación) para construir relaciones y confianza con las familias. Examina la importancia de un enfoque culturalmente competente de las FGC, que incluye la importancia de la fe, y debate si ello debe suponer la contratación de personas coordinadoras musulmanas para trabajar con familias musulmanas británicas.

Palabras clave: conferencias de grupo familiar; trabajo social con familias musulmanas; trabajo social culturalmente competente

Introducción

Según Payne (1997), el trabajo social está modelado por contextos socioculturales occidentales, como corresponde a sus orígenes, aunque reconoce que el multiculturalismo y la sensibilidad cultural están en el centro de la práctica actual. Sin embargo, Warden et al. (2017, p. 739) sostienen que «hay escasez de investigaciones que exploren los puntos de vista de las personas musulmanas que se benefician de estos servicios». De hecho, Scourfield et al. (2013) sostienen que es muy necesario examinar los servicios de trabajo social destinados a las comunidades de fe minoritarias y desarrollar servicios adecuados. Con este fin, Barise (2005) ha elaborado un modelo que los equipos de trabajo social pueden utilizar con personas usuarias de origen musulmán. El presente artículo recurre a un enfoque de estudio de caso para explorar el uso de las conferencias de grupo familiar (en adelante, FGC), un modelo de toma de decisiones del trabajo social, con familias musulmanas británicas.

Las conferencias de grupo familiar (FGC) son un enfoque aplicable tanto a las situaciones de protección de la infancia como a las de personas adultas, que implica a la familia extensa en el proceso de toma de decisiones. En el Reino Unido se utilizan más ampliamente en los servicios para la infancia, pero se van empleando poco a poco con personas adultas (Edwards and Parkinson 2018). En el marco del presente artículo, se examinará su uso en los servicios para la infancia (Children’s Services).

Las FGC nacieron en Aotearoa (Nueva Zelanda) en la década de 1980, en respuesta a las preocupaciones de las comunidades indígenas sobre la práctica del trabajo social (Connolly, 2004). Entre esas preocupaciones figuraban la falta de participación de la familia extensa en la toma de decisiones y una comprensión deficiente de la cultura indígena. Las FGC de protección de la infancia y de justicia juvenil quedaron consagradas en la legislación de Aotearoa por la Children, Young People, and the Families Act de 1989. La práctica británica surgió poco después, a principios de la década de 1990, cuando se pusieron a prueba, se evaluaron y se desarrollaron (Edwards, 2007). Desde entonces se han extendido ampliamente en el Reino Unido y, según un estudio de Woods et al. de 2022, están presentes hoy en el 58,8 % de las autoridades locales de Inglaterra.

Las FGC se celebran cuando debe tomarse una decisión sobre el bienestar de una niña, un niño o una persona joven. La práctica tradicional del trabajo social tiende a que las decisiones las tome la persona referente de trabajo social en consulta con la familia. En una FGC, en cambio, las decisiones las toma la familia en consulta con la persona referente de trabajo social y el resto de profesionales implicados.

Derivación y preparación

El proceso de FGC comienza con una derivación y, aunque muchos servicios aceptan derivaciones de múltiples organismos, la fuente de derivación más frecuente es la persona referente de trabajo social (Ashley et al., 2006). La derivación debe precisar claramente qué pregunta o preguntas deben abordarse en la FGC y cualquier «límite infranqueable» (bottom line), es decir, el alcance y los límites de toda decisión, lo que no está permitido. Una vez aceptada la derivación, se designa a una persona coordinadora «independiente», que facilitará tanto la preparación como la reunión de la FGC. Algunos servicios están en condiciones de ofrecer la elección de la persona coordinadora para responder a las necesidades y preferencias de la familia, lo que puede incluir a alguien de un origen cultural o religioso similar al de la familia. La persona coordinadora ayuda a la familia a decidir quién debe estar en la reunión, así como la fecha, la hora y el lugar de esta. Parte de su función consiste en preparar a la familia para la reunión, lo que implica ayudarla a comprender qué debe abordarse y decidirse, cómo podría gestionar las tensiones familiares y qué podría necesitar para elaborar un plan.

La reunión de la FGC

La reunión de la FGC se celebra en un lugar neutral y a una hora que convenga a la familia, a menudo fuera del horario laboral habitual. La reunión empieza con todas las personas juntas en una fase de «transmisión de información». En ella se hacen las presentaciones, se fijan las reglas básicas y quien ha hecho la derivación expone los motivos de la reunión, los puntos fuertes, las preocupaciones y los límites infranqueables. También expone los recursos que puede ofrecer. Cualquier otra persona presente a título profesional hace lo mismo, y la familia puede plantear preguntas y reunir la información que necesite. Una vez concluida esta fase, la familia pasa al tiempo privado. En ese momento, todas las personas presentes a título profesional, incluidas la persona referente de trabajo social y la persona coordinadora, salen de la sala y dejan a la familia un tiempo ilimitado para elaborar un plan que responda a las preguntas y preocupaciones. Una vez que tiene ese plan, la familia invita a todas las personas a volver a la reunión para discutirlo y acordarlo. En esta fase final, la familia expone su plan y la persona coordinadora la ayuda a desarrollar los puntos que no están claros o que requieren más detalle. Hecho esto, se pide a quien ha hecho la derivación que apruebe el plan. En las FGC, se espera que los planes se aprueben si son seguros, legales y responden a las preocupaciones. Para una guía completa sobre las FGC, véase Edwards and Parkinson (2018).

Dado que las FGC se desarrollaron como un enfoque culturalmente sensible frente a prácticas racistas del trabajo social, quizá sorprenda que en el Reino Unido sigan siendo poco utilizadas por los grupos de la mayoría global (Haresnape, 2009). Fatimlehin (2018, p. 146) sostiene que «existe un amplio consenso en que el modelo de la conferencia de grupo familiar es culturalmente competente porque tiene en cuenta los valores, la cultura y las creencias de la familia». Sin embargo, añade que la práctica depende mucho de la competencia de la persona coordinadora de la FGC. Quizá convenga señalar también que dependerá de a quién se deriva al servicio. Barn y Das (2016) sugieren que las familias de la mayoría global podrían tener menos probabilidades de ser derivadas a los servicios sociales por varias razones y, por tanto, menos probabilidades de ser derivadas a una FGC. Fatimlehin (2018) sostiene que esto puede deberse a una falta de comprensión cultural y de diversidad étnica del personal, lo que hace eco de las preocupaciones planteadas en el informe Puao te ata tu de 1988 (Ministerial Advisory Committee, 1988), que condujo precisamente a la introducción de las FGC.

Barn y Das (2016) sostienen que, para trabajar con familias de la mayoría global, las personas coordinadoras de FGC necesitan conocimientos culturales y los servicios necesitan contar con un grupo de profesionales de coordinación étnicamente diverso, de modo que las familias puedan elegir, si así lo desean, a una persona coordinadora de un origen cultural similar.

Utilizar un enfoque de FGC con familias musulmanas británicas exige claramente una práctica culturalmente competente. Cabría sostener que lo ideal sería recurrir a personas coordinadoras que sean musulmanas practicantes o que, como mínimo, comprendan las tradiciones de esta fe. Este artículo recurre a un enfoque de estudio de caso para examinar el uso del concepto de Mashwarah en las FGC. La Mashwarah es un término islámico que suele definirse como consulta o deliberación (Masri, 2021) y al que a veces se denomina Shura.

si el problema tiene un impacto muy grande en el beneficio mutuo, entonces se necesita la deliberación, para que el problema no se vea desde un solo punto de vista, sino que implique a muchas personas de diversos orígenes, etnias, formaciones, etc., que puedan aportar consejos y soluciones, lo que beneficiará a muchas partes. (Masri, 2021, p. 7396)

Masri añade que se basa en los principios de igualdad, justicia y libertad.

Este concepto de consulta y deliberación parece encajar bien con las FGC, que pretenden «consultar» a la familia extensa según el principio de que todas las personas tienen la misma voz (Edwards and Parkinson 2018); por ello, el uso del concepto de Mashwarah en la práctica de las FGC sería, en principio, útil para animar a las familias musulmanas a recurrir a una FGC. Según el censo de 2021, había 4 millones de personas musulmanas en el Reino Unido, lo que representa el 6,5 % de la población y convierte al islam en la 2.a religión del país. Además, el mismo censo constató que el 84,5 % de las personas musulmanas tenían menos de 50 años (frente al 62% del conjunto de la población), lo que supone proporcionalmente más niñas y niños y, cabe sostener, una mayor utilidad de las FGC de protección de la infancia. No existen estadísticas nacionales sobre el número o la proporción de familias musulmanas que recurren a los servicios de FGC. Sin embargo, datos recientes recogidos en una autoridad local (Edwards & Bonham, 2025) indicaban que el 78% de las derivaciones a su servicio de FGC correspondían a personas blancas británicas, frente a solo un 5,5 % de personas asiáticas y otro 3,5 % de personas blancas asiáticas. No se recogieron datos sobre la religión, pero los datos sobre el origen étnico sugieren que el número de derivaciones de familias musulmanas era relativamente bajo. Una persona coordinadora de FGC competente que se apoye en los principios de la Mashwarah podría favorecer una mayor participación.

Método

Uno de los autores se ha basado en su propia experiencia como coordinador en un servicio de FGC de ayuda temprana (Early Help) de un distrito metropolitano (Metropolitan Borough) del noroeste de Inglaterra. El distrito es étnicamente diverso, con una población compuesta en un 73,6 % por personas blancas británicas, un 19,4 % por personas asiáticas, un 3,1 % por personas negras, un 3,1 % por personas de origen mixto y un 1,5 % por otros orígenes, según el censo de 2021 (Office for National Statistics). El servicio funciona desde hace 15 años y emplea a nueve personas coordinadoras de FGC. El coordinador es un musulmán practicante de origen pakistaní. Los estudios de caso se han anonimizado minuciosamente y se ha modificado cualquier dato que permitiera identificar a las personas. Ambos miembros de la autoría tienen experiencia práctica con las FGC y se han servido de este saber práctico, junto con los datos de la investigación, para examinar y analizar los estudios de caso y discutir sus implicaciones para la práctica de las FGC.

Como todo trabajo cualitativo, los estudios de caso y los métodos de análisis orgánico pueden ser cuestionados por su falta de objetividad y de generalizabilidad (véase Robson, 2011, para un análisis más detallado). El enfoque se presta a generalizaciones subjetivas basadas en una cantidad reducida de datos, lo que dificulta extraer conclusiones (Creswell, 2014). Sin embargo, el enfoque de estudio de caso puede ser aplicable a los campos relacionados con el trabajo social, ya que permite analizar circunstancias y experiencias individuales (Gilgun 1994); y para explorar un «fenómeno en su contexto» (Robson, 2011, p. 136), como las FGC en la práctica, se requiere un enfoque flexible.

Primer estudio de caso

Intervine en un caso para coordinar una conferencia de grupo familiar (FGC) a raíz de una derivación de la escuela a los servicios sociales. La preocupación surgió después de que la hija de 13 años de la familia revelara que su madre y su padre la habían encerrado en su habitación, le habían quitado el teléfono y le habían impedido contactar con sus amistades. Cuando me reuní con la familia, me explicaron que su hija había vuelto tarde a casa una noche sin decirles dónde había estado, y que la habían castigado sin salir por preocupación por su seguridad y por la influencia de ciertas compañías.

La familia, de origen musulmán indio, se mostró al principio muy reacia a implicarse. Había un fuerte sentimiento de vergüenza por estar en contacto con los servicios sociales, algo que en su opinión era un estigma en su comunidad. Lo agravaban experiencias anteriores en las que habían sentido que el personal profesional no comprendía su cultura ni su fe, así como barreras lingüísticas que les habían hecho sentir el peso del juicio y de la exclusión.

Cuando expliqué la finalidad y los principios de la FGC, la madre y el padre se mostraron vacilantes, sobre todo ante la idea de implicar a otros miembros de la familia. Temían que diera lugar a habladurías o juicios, y eso les hacía dudar del proceso. Para ayudar a resolverlo, establecí un vínculo entre la FGC y la Mashwarah, la práctica islámica de consultarse mutuamente en tiempos de dificultad. Les expliqué que la Mashwarah anima a recurrir a familiares o miembros de la comunidad de confianza en busca de apoyo, sabiduría y consejo ante las dificultades, algo muy parecido a los objetivos de una FGC.

Como reconocían la Mashwarah, esta comparación les ayudó a cambiar de perspectiva. Lo que al principio vivían como una intervención impuesta empezó a parecerles más acorde con sus propios valores y creencias. Empezaron a ver la FGC no como una amenaza para su forma de criar, sino como una manera respetuosa y estructurada de buscar orientación y apoyo en las personas en quienes confiaban.

Presentar así la FGC fue un punto de inflexión. La conexión entre su fe y los principios fundamentales de la FGC —participación voluntaria, planificación dirigida por la familia y respeto del contexto cultural— les permitió abordar el proceso desde la confianza y no desde la actitud defensiva. Valoraron que les correspondiera dirigir la reunión y decidir a quién implicar. Eso les ayudó a sentir que tenían más control y a estar más cómodos al participar.

La familia decidió invitar a la reunión a dos tíos maternos y a ambas abuelas, y acordó que su hija también debía participar, reconociendo que la Mashwarah, como la FGC, valora la inclusión de quienes se ven directamente afectados.

En la FGC, la familia se implicó plenamente. Abordó la reunión con un sentido de dignidad y de propósito, no como algo de lo que avergonzarse, sino como algo de lo que podía sentirse orgullosa. Durante su tiempo privado en familia, mostraron respeto y reflexión, sobre todo en lo relativo a las necesidades de su hija. Acordaron un plan que incluía límites claros y consecuencias adecuadas, que tanto la madre y el padre como la hija apoyaron. La familia extensa se ofreció a supervisar la situación, y todas las personas acordaron celebrar nuevas Mashwarahs si surgían dificultades.

El plan familiar se centraba en fijar límites claros de una manera que se percibiera como justa y colaborativa. Juntos, la madre, el padre y la hija acordaron expectativas concretas sobre la hora de llegada, el uso del teléfono y el tiempo pasado con las amistades. Por ejemplo, acordaron una hora fija para que volviera a casa por la noche, un límite de tiempo diario de uso del teléfono y una comunicación más abierta sobre dónde estaría y con quién. El plan incluía también consecuencias acordadas si no se respetaban estos límites, como entregar el teléfono a su madre y a su padre durante un periodo determinado o restringir temporalmente ciertos privilegios, como salir. Estas consecuencias no se impusieron de forma punitiva, sino que se discutieron abiertamente, con la participación de la hija, como una manera de fomentar la confianza y la responsabilidad. Los tíos y las abuelas se ofrecieron a ayudar a supervisar y apoyar este plan interesándose regularmente por la situación y estando disponibles para mediar si fuera necesario. La persona referente de trabajo social revisó y aceptó el plan.

Al introducir un concepto familiar, significativo y culturalmente pertinente, pude replantear la FGC como algo que empodera en lugar de estigmatizar. Ello no solo ayudó a la familia a implicarse, sino que le permitió ver el proceso como una prolongación de sus propios valores. Mostró hasta qué punto una práctica culturalmente informada puede ser poderosa para construir confianza y favorecer una participación significativa.

Segundo estudio de caso

Se me pidió que coordinara una conferencia de grupo familiar (FGC) para un chico de 14 años tras una derivación de la escuela a los servicios sociales. La preocupación surgió cuando un miembro del profesorado observó moratones en el brazo del joven. Aunque la madre y el padre negaron haberle hecho daño físico, el padre reconoció haber agarrado a su hijo del brazo para sacarlo de una situación que se estaba agravando. Ambos expresaron también que tenían dificultades con su comportamiento y que se estaba volviendo cada vez más difícil.

La familia, de origen musulmán pakistaní, vivía en un hogar multigeneracional con el abuelo y la abuela paternos. Mientras que la madre y el padre, nacidos en el Reino Unido, hablaban un inglés fluido y tenían puntos de vista más modernos, el abuelo y la abuela, que hablaban urdu y panyabí, seguían enfoques más tradicionales, sobre todo en materia de crianza y disciplina. Esto generaba cierta tensión entre las generaciones.

Cuando los servicios sociales intervinieron por primera vez, la familia se mostró reacia a implicarse. Expresaron una profunda vergüenza y la convicción de que el personal profesional se entrometía en su vida familiar y menoscababa sus capacidades de crianza. El caso se elevó al nivel de protección de la infancia (Child Protection) ante su negativa persistente a implicarse.

Se me asignó el caso y, en mi primera visita, invité tanto a la madre y al padre como al abuelo y a la abuela a participar en la conversación. Aunque mostraban recelo, escucharon y manifestaron interés por los principios de la FGC. Sin embargo, dejaron claro que no querían implicar a otros miembros de la familia. Temían ser objeto de juicios y burlas si otras personas se enteraban de la intervención de los servicios sociales, y ese temor les hacía dudar en compartir la situación de forma más amplia.

Para ayudar a salvar esta distancia, introduje la idea de la Mashwarah, la práctica islámica de la consulta mutua. Ya conocían su significado religioso y su uso para buscar consejo y orientación en tiempos de dificultad. Les expliqué que la FGC, en muchos aspectos, refleja la Mashwarah: ofrece un espacio estructurado en el que las familias pueden reunirse, hablar de sus preocupaciones y llegar a soluciones compartidas. Presentar así la FGC pareció tener sentido para la familia, que empezó a verla no como un proceso impuesto, sino como algo arraigado en su fe y en sus valores.

Este cambio de perspectiva tuvo un efecto real. El abuelo, que al principio parecía el más escéptico, propuso invitar no solo a miembros de la familia extensa —tres tíos y tías paternos y dos tíos y tías maternos—, sino también al imán de su mezquita local. El imán era alguien a quien la familia respetaba profundamente y con quien tenía un fuerte vínculo espiritual. Tras hablar por separado con el joven, este también aceptó participar en la FGC y estuvo de acuerdo con que participaran los familiares propuestos y el imán.

El día de la reunión, el imán desempeñó un papel activo y ayudó a contextualizar la FGC apoyándose en las enseñanzas islámicas sobre la Mashwarah. Destacó la importancia de la consulta, la compasión, el respeto mutuo y la responsabilidad compartida, principios que reflejaban de cerca los objetivos de la FGC. Su presencia y sus palabras parecieron dar a la familia un mayor sentimiento de tranquilidad y de propósito. Abordaron la reunión con humildad y reflexión, viéndola no como un juicio, sino como una oportunidad para reflexionar, reparar las relaciones y estrechar los lazos familiares, al tiempo que encontraban consuelo en verla como un acto religioso significativo.

Durante su tiempo privado en familia, se escucharon con respeto y colaboraron para elaborar un plan que reconocía el papel de cada persona, manteniendo en su centro las necesidades del joven. El hijo contó cómo se había sentido, y su voz fue escuchada a lo largo de todo el proceso. El plan incluía estrategias para gestionar los conflictos, reforzar la comunicación mutua y buscar el apoyo de la familia y del imán cuando fuera necesario.

El plan incluía estrategias prácticas para gestionar los conflictos y mejorar la comunicación. Por ejemplo, la familia acordó que, en los momentos de tensión, el joven podría ir a casa de su tía materna, que identificaron como un espacio seguro y tranquilizador, para dar a todas las personas tiempo de calmarse. La madre y el padre se comprometieron a evitar todo contacto físico en los momentos difíciles y a recurrir en su lugar a enfoques no confrontativos, como bajar el tono y retomar la cuestión más tarde, una vez calmadas las emociones. La familia se comprometió también a hacer un balance semanal todos los viernes, facilitado por el imán cuando fuera posible, en el que cada miembro pudiera compartir cómo se sentía y plantear cualquier preocupación.

Discusión

Los dos estudios de caso ilustran el valor de un conocimiento amplio de las tradiciones y conceptos culturales en el trabajo con familias en los servicios sociales. Esto es pertinente porque, según Schmid y Sheikhzadegan (2022), la investigación sobre el trabajo social islámico es escasa, y Shaw (2018, p. 414) sostiene que el trabajo social suele considerarse antirreligioso y que, en general, existe una «relación incómoda entre el trabajo social y sus orígenes religiosos»; por ello, el trabajo social ve a menudo la religión como un «asunto privado» que no incide en la práctica (Schmid and Sheikhzadegan 2022, p. 3). Sin embargo, Chaney y Church (2007) sostienen que, junto a la competencia cultural, los equipos de trabajo social necesitan también desarrollar su «competencia espiritual» (p 39) para responder a las necesidades de las personas con las que trabajan.

Varios estudios han constatado que los equipos de trabajo social carecen de formación específica en cultura y fe, y han defendido por ello la necesidad de una formación complementaria en este ámbito (Furness & Gilligan, 2010, Furness and Gilligan 2014). Además, Ross-Sheriff (2017) sostiene que el conocimiento de cada fe concreta es esencial cuando se trabaja con personas que la profesan. Scourfield et al. (2013) sostienen que ello puede incluir perfectamente la colaboración con proveedores de servicios religiosos, algo que se observa claramente en el segundo estudio de caso, en el que la familia invitó al imán a su FGC.

Un estudio de Warden et al. (2017) constató que las personas musulmanas usuarias de servicios de trabajo social consideraban que el hecho de que se comprendiera su cultura y de poder hablar de su religión eran factores importantes de su satisfacción con los servicios. Por ejemplo, a propósito de los servicios de asesoramiento psicológico, la persona que le atendía «decía cosas parecidas a las del médico de cabecera, pero no sé si, como venía de un médico británico blanco, quizá no se tuvo en cuenta» (p. 745). Podríamos ver que el origen cultural de la persona coordinadora de la FGC podría tener un efecto similar al de este ejemplo.

Las FGC son un tipo específico de intervención de trabajo social, que sitúa en el centro la toma de decisiones por parte de la familia en todas las etapas del proceso. Esto debería incluir las decisiones sobre a quién se invita a la FGC, cuándo y dónde se celebra la reunión, qué tipo de comida se toma en ella, así como las decisiones de protección que la familia adopta ese día. Cabría sostener, por tanto, que las FGC son un enfoque que respeta la cultura y da prioridad a la voz de las familias (O’Shaughnessy et al., 2010). El enfoque se basa en invitar a la familia extensa, lo que es coherente con los sistemas culturales colectivistas (Fatimilehin & Hassan, 2010), y permite incorporar prácticas y valores culturales al proceso (Sheets et al., 2009). Las familias pueden decidir que el culto u otras prácticas culturales formen parte de su FGC.

Según Ashley et al. (2006), en el FGC toolkit

la persona coordinadora tiene la responsabilidad de identificar y abordar las cuestiones de raza, género y cultura, y de responder positivamente a cualquier necesidad particular que la familia pueda señalar. La FGC se celebrará, en la medida de lo posible, en la lengua elegida por la familia.

Con este fin, las familias deciden a quién desean invitar, lo que, como se ve en el segundo estudio de caso, puede incluir a veces a figuras religiosas como un imán. La persona coordinadora trabaja con estas personas para explicarles el concepto de la FGC y prepararlas para la reunión. Estas personas de apoyo se consideran «profesionales» en la reunión y, por tanto, solo participan en la 1.a y la 3.a fase de la reunión, no en el tiempo privado de la familia. Así, conocen el plan que surge de la reunión y pueden aconsejar sobre la manera de apoyar a la familia, pero no forman parte de las conversaciones privadas que esta mantiene. Por ello, debe dejarse claro a todas las personas que asisten a título de apoyo que el contenido de la reunión es confidencial, salvo que surja alguna preocupación en materia de protección.

Barn y Das (2016) sostienen que, a pesar de estas salvaguardias y de sus orígenes culturales, las FGC deben protegerse de la complacencia, y que el personal de coordinación debería ser, en la medida de lo posible, étnicamente diverso y, cuando proceda, asignado en función de las familias. Reconocen que en los servicios pequeños esto no siempre es posible y que, por tanto, las personas coordinadoras de FGC necesitan conocimientos culturales. Los estudios de caso aquí presentados proceden de una autoridad local en la que el censo de 2021 identificó 20 lenguas habladas distintas en la zona, lo que hace imposibles las recomendaciones de Barn y Das sobre la correspondencia y la diversidad del personal de coordinación, y muy amplios los conocimientos culturales exigidos a las personas coordinadoras de FGC. Sin embargo, existen varias organizaciones y servicios que ofrecen asesoramiento cultural a las FGC y a otros servicios sociales. Podrían aprovecharse para ayudar a servicios como este a desarrollar su pericia cultural (Crabtree et al., 2008; Edwards & Bonham, 2025).

Debemos reconocer, no obstante, que la población musulmana británica es muy heterogénea, con una miríada de normas y valores culturales diferentes. Mukadam et al. (2010) sostuvieron que algunas generaciones más jóvenes de personas musulmanas pueden desear practicar el islam de manera distinta a como lo practican las generaciones mayores. Así lo ilustra el segundo estudio de caso, en el que el coordinador señalaba que la generación más joven «tenía puntos de vista más modernos, el abuelo y la abuela… seguían enfoques más tradicionales». Ambos factores deben tenerse en cuenta cuando los servicios asignan una persona coordinadora a las familias, junto con el derecho de las familias, dentro de lo razonable y de los recursos disponibles, a elegir a su persona coordinadora. Este derecho garantizaría que el servicio respete las normas de las FGC elaboradas por el Family Rights Group en 2013 (https://frg.org.uk/family-group-conferences/fgc-accreditation/), que establecen que, siempre que sea posible, debe ofrecerse a las familias la elección de la persona coordinadora para reflejar sus preferencias. Las familias de comunidades pequeñas pueden no desear una persona coordinadora de un origen cultural similar que viva en la misma zona geográfica.

Las FGC pueden encajar perfectamente con varios factores importantes de la vida musulmana, como la centralidad de la familia (Carlson et al., 2005) y la interdependencia mutua de sus miembros (Barise, 2005). Sin embargo, este modo de vida podría estar debilitándose en la cultura musulmana británica contemporánea (Barise, 2003), lo que significa que el apoyo que generaría también podría debilitarse. Las FGC ofrecen, por tanto, una posible herramienta para movilizar este apoyo de la familia extensa. Barise (2005) sostiene también que el Tafakkur (contemplación) es otro concepto islámico importante. Encaja bien con el proceso del tiempo privado en familia de una FGC, en el que las familias, tras reunir información, la analizan y planifican estrategias para afrontar los problemas.

Los estudios de caso ilustran los beneficios del conocimiento cultural para implicar a las familias en el proceso de FGC: el coordinador recurre al concepto de Mashwarah para convencer a las familias de las ventajas de la FGC y mostrar las similitudes entre la FGC y un precepto religioso central. Para que esto resultara convincente, el coordinador necesitaba, como mínimo, un conocimiento amplio de la fe musulmana y de sus conceptos. Como musulmán practicante, posee a la vez el conocimiento y un terreno común que pueden ayudar a implicar a las familias musulmanas con las que trabaja. Cabría preguntarse aquí si tal aceptación seguiría siendo posible si la persona coordinadora no fuera musulmana practicante, pero tuviera aun así «conocimientos culturales». ¿Sería igual de productiva la conversación y estaría la familia igual de receptiva a la idea de una FGC? ¿Puede alguien que no profesa el islam ensalzar las virtudes de la Mashwarah? Es difícil saberlo, pero ello plantea la cuestión de si los servicios necesitan contratar a más personas coordinadoras musulmanas en las zonas donde la población musulmana es más numerosa. Las personas coordinadoras musulmanas, como las personas musulmanas que ejercen el trabajo social, pueden ser útiles para implicar a las familias en servicios hacia los que puede existir cierta reticencia. Aunque las FGC tienen menos probabilidades de suscitar reticencias dado su carácter voluntario, pueden sin embargo encontrar cierta reticencia, sobre todo si las familias sienten que la persona coordinadora no comprende sus normas culturales. Recurrir a referencias culturales como la Mashwarah puede contribuir en cierta medida a que las familias se impliquen en el proceso.

Conclusión

Aunque no podemos generalizar a partir de un enfoque de estudio de caso, los dos estudios de caso analizados ilustran el valor del conocimiento cultural en el trabajo con las familias para prepararlas para una FGC de protección de la infancia. Contar con personas coordinadoras musulmanas es una herramienta útil en el proceso de FGC, que permite a las familias hablar de sus problemas con alguien que comprende sus referencias culturales. El conocimiento de la Mashwarah y su uso para explicar el proceso de FGC es una herramienta útil que las personas coordinadoras pueden emplear para implicar a las familias musulmanas británicas en las FGC. Sin embargo, debemos evitar suponer que las familias siempre querrán una persona coordinadora de un origen cultural similar, y garantizar que ofrecemos a todas las familias, sea cual sea su cultura u origen étnico, una elección adecuada cuando sea posible. Futuros estudios en este ámbito podrían recoger los puntos de vista de los miembros de la familia que participaron en la FGC, así como ampliar el número de estudios de caso.

Complexe Systémique: puntos clave

El artículo es breve y asume sus límites: dos viñetas redactadas por el propio coordinador, sin ningún testimonio recogido de las familias. Sin embargo, arroja luz sobre un gesto valioso para toda práctica sistémica: traducir el procedimiento a la lengua propia de la familia. Presentar la FGC como una Mashwarah reencuadra una intervención vivida como intrusiva en un recurso que la familia ya conoce, y desplaza la vergüenza hacia la dignidad. El segundo caso muestra además a la familia ampliando por sí misma su red, hasta el imán, y un tiempo privado que hace eco del Tafakkur, la contemplación. La pregunta planteada sigue abierta: ¿hace falta compartir la fe de una familia para apoyarse en sus conceptos? El texto se abstiene de zanjarla y recuerda que la correspondencia cultural también puede rechazarse, sobre todo en comunidades pequeñas donde todo el mundo se conoce. Cabe lamentar la ausencia de un seguimiento a más largo plazo de los planes y el escaso espacio concedido a la voz de las personas jóvenes. Para leer junto con el artículo sobre las prácticas de las personas coordinadoras de conferencias de grupo familiar y el artículo sobre los factores culturales de la implicación en la terapia multisistémica.

Notas del original

Declaración de intereses. La autoría no ha declarado ningún posible conflicto de intereses.

Referencias

Ashley, C., Halton, L., Horan, H., & Wiffin, J. (2006). The family group conference toolkit. Department for Education and Skills; The Welsh assembly; Family Rights Group.

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Traducción no oficial al español de Using the concept of the Mashwarah in family group conferences with British muslim families, de Deanna Edwards y Asad Mahmood, Journal of Religion & Spirituality in Social Work: Social Thought, vol. 45, n.o 3, p. 468-479 (2026), doi: 10.1080/15426432.2025.2601981, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Este es el artículo original «Using the concept of the Mashwarah in family group conferences with British muslim families», publicado en Journal of Religion & Spirituality in Social Work: Social Thought (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Edwards, D., y Mahmood, A. (2026). Using the concept of the Mashwarah in family group conferences with British muslim families. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/using-the-concept-of-the-mashwarah-in-family-group-conferences-with-british-muslim (Obra original publicada en 2025 en Journal of Religion & Spirituality in Social Work: Social Thought, 45(3), 468-479 (2026); republicada en 2026 por Journal of Religion & Spirituality in Social Work: Social Thought, https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/15426432.2025.2601981)

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