Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Trends in Psychology · Migración
¿Cómo se mantiene la conexión con la madre y el padre tras dejar Portugal por París, Londres o Zúrich? Carlos Barros entrevistó a 22 personas jóvenes adultas que emigraron dentro de Europa, desde la perspectiva del modelo de solidaridad intergeneracional. Videollamadas diarias, la Navidad en casa, una abuela que aprende a usar Facebook: el contacto digital acerca, pero también reaviva conflictos de valores y ambivalencias.
Traducción no oficial al español de Connection in Transnational Families. Face-to-Face and Digital Spaces in Portuguese Emigrants, de Carlos Barros, publicado en Trends in Psychology (Springer) (2025), doi: 10.1007/s43076-023-00309-4, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para la lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta en forma de lista; las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Las personas participantes parecen resignificar la percepción del espacio, construyendo interacciones híbridas que refuerzan su pertenencia al grupo.
Carlos Barros
Resumen
El uso de las nuevas tecnologías de la comunicación favorece, en las familias transnacionales, dinámicas de presencia entre lo presencial y lo digital. Las personas migrantes de estas familias perciben estas relaciones como enriquecedoras, pero también como fuente de contradicciones y paradojas. Este estudio se propone explorar, a través de las dimensiones del modelo de solidaridad intergeneracional (SI), cómo perciben las personas emigrantes la interacción con sus figuras parentales en el país de origen y cómo el espacio digital incide en las dinámicas familiares. Con un enfoque cualitativo, se realizaron entrevistas semiestructuradas a personas jóvenes adultas portuguesas emigradas en el espacio europeo (N = 22) y se llevó a cabo un análisis temático desde una perspectiva constructivista, con el apoyo del programa N-Vivo. Los resultados sugieren la necesidad de entender la cohesión familiar en un continuo entre solidaridad, conflicto y ambivalencia y, sobre todo, de comprender cómo los desafíos de las dinámicas transnacionales alteran las dinámicas familiares. Es importante tener en cuenta la vivencia de los rituales familiares en persona y en formato digital. La comunicación digital atenúa las diferencias y el aislamiento, ya que favorece un mayor contacto, lo que conduce a un menor choque cultural y puede promover una mayor conexión.
Palabras clave: Solidaridad intergeneracional, Familias transnacionales, Comunicación digital, Migraciones
Las migraciones constituyen un fenómeno que pone a prueba el bienestar y la adaptación de quienes migran y de su núcleo familiar, aunque este resida en el país de origen. La aparición del contacto digital como forma de brindar apoyo y de establecer dinámicas en las familias transnacionales no solo permite intensificar, mantener o rechazar los patrones familiares presentes en las relaciones intergeneracionales para que las personas emigrantes se adapten al país al que han migrado, sino que también abre nuevas perspectivas sobre el bienestar (Bacigalupe & Parker, 2016; Baykara-Krumme & Fokkema, 2019).
El modelo del desarrollo de Bronfenbrenner (1979) concibe el entorno ecológico como una serie de estructuras concéntricas que contienen en su interior al sujeto en desarrollo, influido constantemente, de forma directa e indirecta, por los distintos niveles del entorno que lo rodea, en una relación simbiótica y bidireccional entre el ser humano y las propiedades cambiantes de los entornos en los que se desenvuelve, así como los contextos más amplios en los que dichos entornos se insertan. Al incluir múltiples niveles que remiten a los contextos y al entorno, esta conceptualización constituye un marco pertinente para la presente investigación, puesto que contempla las relaciones familiares intergeneracionales. Sobre todo cuando el modelo pasa a ser bioecológico (Bronfenbrenner, 2005) e implica formas particulares de interacción entre el organismo y el contexto que promueven el desarrollo humano, pero que varían de una persona a otra.
En el modelo bioecológico, los procesos proximales se producen según cuatro sistemas: microsistema, mesosistema, exosistema y macrosistema (Bronfenbrenner, 1986; Bronfenbrenner & Ceci, 1994; Bronfenbrenner et al., 2006). El microsistema es el más influyente y consiste en las interacciones directas con otras personas (Bronfenbrenner & Ceci, 1994; Bronfenbrenner et al., 2006). Bronfenbrenner y su equipo (2006) sostuvieron que las características de una persona se configuran a través de «madres y padres, familiares, amistades cercanas, docentes, personas mentoras y tutoras, pares, parejas u otras personas que participan en la vida de la persona en desarrollo de manera relativamente constante durante un largo periodo de tiempo» (p. 796). En el mesosistema, distintos microsistemas interactúan entre sí (Bronfenbrenner, 1979). En el exosistema, los procesos proximales incluyen las políticas públicas, los programas sociales, los medios de comunicación y las instituciones (Bronfenbrenner, 1977). El macrosistema es el sistema menos formalizado y está constituido por normas y valores culturales (Bronfenbrenner, 1977). El exosistema, el mesosistema y el microsistema son las «manifestaciones concretas» del macrosistema (Bronfenbrenner, 1977). Por último, la dimensión temporal constituye una unidad de contexto esencial para el análisis de percepciones debidamente enmarcadas y se añadió más recientemente para dotar al modelo de mayor precisión (Bronfenbrenner, 2005).
Por este motivo, es importante centrarse en la familia y en la relativización social, política, económica y cultural que este grupo implica para la investigación (Barros, 2022; Esteves et al., 2005). Se considera que este grupo tiene un impacto directo y un comportamiento adaptable, dotado de un conjunto «de estrategias flexibles y dinámicas que se transforman ante distintas necesidades y contextos económicos» (Massey, 1990, p. 9). Por otra parte, las decisiones tomadas en el contexto familiar no tienen por qué redundar en beneficio de todos sus miembros.
La distancia geográfica, en particular, favorece la ausencia de presencia; la negociación de las diferencias de cada miembro, de sus distintos intereses, motivaciones y actividades, puede dar lugar a conflictos entre ellos (Boyd & Grieco, 2003). El análisis de las relaciones intergeneracionales en las familias transnacionales debe entenderse sin descuidar la separación entre sus miembros por el país de origen y el de destino, y teniendo en cuenta variables que remiten a aspectos de integración y adaptación a nuevos contextos sociales, profesionales, políticos y culturales (Leme et al., 2016; Villas-Boas et al., 2017; Walsh, 2016).
Desde una perspectiva transdisciplinar, la solidaridad puede definirse como una unión de intereses, objetivos o afinidades entre los miembros de un grupo. Esta sinergia contribuye a la integración de la sociedad y previene la anomia que resulta de la lucha por la individualización y la autonomía (Coimbra & Mendonça, 2013).
En los modelos más clásicos y de tendencia macroestructural, la solidaridad se divide en cuatro subtipos: mecánica, orgánica, tradicional y moderna. Este artículo se centrará únicamente en la moderna, ya que es la vertiente del constructo que predomina en las sociedades contemporáneas (Coimbra & Mendonça, 2013). Es decir, los miembros toman conciencia de su carácter singular y sus acciones se rigen por la conciencia del libre albedrío; sus decisiones son autónomas, pero enmarcan la acción en una concepción del bien común. Sin embargo, es importante considerar el impacto de las políticas sociales en el individuo, ya que intervienen en la percepción del riesgo y actúan como un claro amortiguador del bienestar individual, familiar y profesional (Coimbra et al., 2013).
La pertinencia de estudiar la solidaridad, y el creciente interés por el concepto, no es ajena a la cuestión del envejecimiento: las personas viven más tiempo y, por tanto, surgen nuevas demandas de apoyo. La creciente conciencia de que en las sociedades occidentales más personas alcanzan edades avanzadas, pero de que podría haber menos personas disponibles para los cuidados necesarios, ha hecho necesario considerar las actitudes y los comportamientos relativos al edadismo y a la cooperación con la red más inmediata: la familia (Albert & Ferring, 2013, 2018). Esta preocupación se observa también en la creación de diversas redes de apoyo intergeneracional que acompañan a lo largo del ciclo vital, sobre todo en las etapas en que pueden surgir desafíos de adaptación, como la transición a la adultez, la emigración o la jubilación, momentos de especial adaptación psicosocial (Mendonça & Fontaine, 2013; Villas-Boas et al., 2017).
La solidaridad, inicialmente más macrosistémica, adquiere contornos y aplicaciones microsistémicas en las relaciones familiares (Roberts et al., 1991). El modelo adecuado para analizar las relaciones de solidaridad entre madres y padres e hijas e hijos adultos es el de la solidaridad intergeneracional (SI), concebido como multidimensional e integrado por seis dimensiones distintas (Bengston & Oyama, 2007): (a) afectiva: satisfacción con los lazos afectivos; (b) asociativa: tiempo y frecuencia de contacto entre generaciones; (c) consensual: proximidad de opiniones, valores y orientaciones entre generaciones; (d) funcional: recibir y prestar apoyo; (e) normativa: expectativas sobre las obligaciones filiales y parentales, así como normas sobre la importancia de la familia; y (f) estructural: refleja cómo la proximidad geográfica entre familiares puede subyacer a la interacción intergeneracional. Cada una de estas dimensiones se ha puesto a prueba empíricamente y ha demostrado ser distintiva (Bengston & Oyama, 2007).
Posteriormente se añadió también la dimensión del conflicto, ya que se consideró imposible comprender las relaciones dinámicas sin este aspecto, que puede conducir a crisis familiares y a situaciones de ambivalencia (Albert & Ferring, 2018; Barthassat, 2014; Lowenstein, 2007). También es importante, como señalan Bengston y su equipo (2000), entender que las dos dimensiones de solidaridad y conflicto no representan un único continuo que va de una solidaridad alta a un conflicto alto. La solidaridad intergeneracional puede presentar a la vez una solidaridad alta y un conflicto alto, o una solidaridad baja y un conflicto bajo, en combinaciones variables, según las dinámicas y las circunstancias familiares (Bengston et al., 2000). Esta visión se basa en el supuesto fundamental de que el conflicto es natural e inevitable en la vida de todos los seres humanos. La interacción social, como la que se vive en el seno de las unidades familiares, implica siempre armonía y conflicto; los grupos no existen en una armonía total, pues de lo contrario serían completamente estáticos e inertes (Klein & White, 1996).
Así, Bengston y su equipo (2002) sostuvieron que el concepto de solidaridad gana en sensibilidad cuando se incorpora la ambivalencia en función de la «disyunción o desconexión entre cualquiera de las seis dimensiones de la solidaridad». Conciben la ambivalencia como un complemento del marco solidaridad-conflicto, conceptualmente adecuado para explorar los sentimientos encontrados, a saber: «de la intersección entre solidaridad y conflicto surge la ambivalencia, psicológica y estructural» (Bengston et al., 2002, p. 575).
El uso de este modelo en el estudio de las familias transnacionales es un aspecto importante de este artículo, en la medida en que el cambio en las dimensiones estructural y asociativa de la SI (tiempo, forma de contacto e intención de compartir el espacio), vividas entre lo digital y lo presencial, puede modificar no solo las demás dimensiones, sino también actuar como catalizador de la percepción de conflictos propios de cada dimensión (Albert & Ferring, 2018; Barros, 2021). Los estudios más recientes han señalado no solo la importancia de combinar las dimensiones en tipologías, sino también, sobre todo, la de abordarlas desde una perspectiva cualitativa, que dé visibilidad a las diversas dinámicas de estas familias con una mayor diversidad de realidades (Baykara-Krumme & Fokkema, 2019; Barros, 2021).
La emigración es una constante histórica y social en Portugal, y el país presenta actualmente una de las tasas de emigración más altas de Europa (Pires et al., 2022). Aun así, el perfil de quienes migran ha cambiado sustancialmente con las décadas. Las personas portuguesas que emigran hoy, en comparación con quienes emigraron hasta finales del siglo XX, poseen más capital humano y una mayor cualificación, y construyen proyectos migratorios basados en el reconocimiento y la inversión profesionales, en contraposición a lo que el país de origen puede ofrecerles para su desarrollo (Gomes et al., 2015; Neto, 2003).
Aunque estas nuevas motivaciones de los movimientos migratorios pueden replantear el proceso migratorio en términos de variables eminentemente individuales y vinculadas a las oportunidades del país de destino, resulta limitante situar este proceso solo en contextos individuales y en cuestiones intrínsecas al país de destino. El impacto psicosocial de este proceso es de suma importancia e implica especialmente al núcleo familiar de origen en Portugal, ya que la familia suele ser la primera fuente de apoyo social en la migración (Coimbra et al., 2013), y debe considerarse en un contexto multisistémico (Gomes et al., 2015; Rodrigues, 2013).
Los efectos de la emigración en la estructura familiar interna (Dumon, 1989) pueden examinarse como un efecto procesual en el que la presencia puede ser vital. Parece esencial abordar el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, ya que ofrece un nuevo espacio a las formas de contacto y de presencia en las relaciones interculturales, lo que difumina la diferencia existente entre lo global y lo local en las sociedades actuales y genera una mayor transferencia de valores y normas entre grupos, de la que la familia y los procesos migratorios no son una excepción debido a la experiencia de la diversidad (Mateia, 2018).
Así, hoy en día, en las sociedades occidentales es muy difícil vivir sin utilizar las nuevas tecnologías, por lo que resulta difícil estudiar poblaciones o relaciones sin tener en cuenta el uso de la comunicación digital (Ganito, 2018; Mateia, 2018). Con la rapidez de los procesos de globalización, estudiar el desarrollo cultural y el cambio tecnológico ya no es una opción sino una necesidad, puesto que el espacio se media y se gestiona entre lo presencial y lo digital (Matusitz & Musambira, 2013).
El uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación se expandió rápidamente en las sociedades occidentales gracias a la proliferación de los paquetes de internet de banda ancha, que facilitaron el contacto con el mundo virtual de forma prácticamente ilimitada. Factores como la reducción del tiempo necesario para conectar con los grupos; la proximidad entre personas, servicios y espacios; la reducción de los gastos para mantenerse en contacto con los propios intereses; y también la información disponible en distintos lugares del mundo, potencian su uso como un recurso (Ferreira, 2009; Mateia, 2018).
No obstante, cabe señalar que el uso de estas tecnologías experimentó una gran transformación cuando internet empezó a asociarse a los teléfonos móviles, los smartphones (Kraemer & Katz, 2009), lo que puede afectar a la relación entre la facilidad de acceso y la percepción de conexión con el mundo. Tampoco podemos olvidar la importancia del ecosistema digital: la variedad de dispositivos, servicios y formas de acceso al mundo digital puede limitar la igualdad entre personas, grupos y generaciones. El acceso a diversas herramientas, aplicaciones y mecanismos puede ampliar la percepción de la persona en el espacio digital (Ganito, 2018). Estos hechos son importantes cuando reflexionamos sobre el contexto portugués, marcado por la emigración y por la necesidad de las familias transnacionales de seguir la vida y la trayectoria de sus miembros. Estas familias necesitan reinventar el contacto (y la comunicación) para responder a las diversas necesidades de sus miembros, así como a su pertenencia intercultural, de la que no está exenta la necesidad de un aprendizaje a lo largo de toda la vida (Mateia, 2018; Ramos, 2013).
Hace poco más de una década, Ferreira (2009) caracterizó la percepción de la identidad cultural en la población portuguesa inmigrada en Estados Unidos y consideró lo siguiente sobre la importancia de la World Wide Web: «la mayoría de las personas encuestadas ve internet como una herramienta que facilita el contacto con la cultura de origen y que, por tanto, puede proporcionar una remediación de su identidad cultural» (Ferreira, 2009, p. 150). Es decir, podemos ver internet como una especie de herramienta incompleta que permite el contacto con la cultura portuguesa, pero no formar parte de ella. Sin embargo, esta reflexión es importante, ya que podemos definir la identidad cultural como una percepción de pertenencia entre el yo y la cultura, influida por normas y valores en todos los niveles de la interacción social, que puede abarcar el modo en que las personas se sienten integradas en culturas (inter)nacionales (Correia & Watkins, 2023; Gamsakhurdia, 2019; Tseung-Wong et al., 2022). El contexto digital potencia la transculturalidad y conduce a procesos más fluidos en el proyecto migratorio (Barros, 2021; Mateia, 2018).
En Portugal, según los datos del Instituto Nacional de Estadística [INE], el uso de las tecnologías de la comunicación ha aumentado durante la última década: entre 2011 y 2021, el número de personas usuarias de acceso fijo pasó de 2 184 985 a 3 921 763 (Pordata, 2022).
Con el aumento exponencial del uso personal de internet, y también en el contexto pospandémico, es esencial analizar cómo las nuevas tecnologías intervienen en la percepción de la presencia y en la creación de dinámicas en las familias transnacionales, modificando sus rituales familiares (Barros, 2021). Pueden ser una vía de empoderamiento, integración y comunicación intergeneracional en una población residente más envejecida, que utiliza las redes sociales como conexión para combatir el aislamiento (Roberto et al., 2014).
Este artículo se propone explorar cómo la presencia del espacio digital puede contribuir a la comunicación, el contacto y la presencia en las familias transnacionales, ya que comprender las dimensiones del modelo de SI puede ser una forma de observar y analizar las dinámicas de conexión digital y presencial entre generaciones.
A través de un estudio realizado específicamente con personas jóvenes adultas portuguesas emigradas cuyas figuras parentales viven en Portugal, queremos comprender:
En este estudio recurrimos a una recogida de datos mediante análisis cualitativo, ya que buscamos acceder al conocimiento de la interacción social que, debidamente anclado en la revisión de la literatura y consciente de la multiplicidad de las interacciones humanas, explora significados para el proceso de interpretación de la interacción social al que aportaremos conocimiento (Charmaz, 2009; Ratner, 2002).
Para evaluar las interacciones analizadas y exploradas en este trabajo sobre la integración de dinámicas individuales y sociales, es necesario enmarcarlo en un paradigma de comprensión de las interacciones y los patrones (Holloway & Todres, 2003; Silverman, 2005), como prismas de una verdad colectiva con diversas percepciones de la interacción individual (Birks & Mills, 2011).
Para estudiar la percepción de las experiencias, los significados y las expectativas desde una perspectiva constructivista, optamos por un paradigma pospositivista (Birks & Mills, 2011; Charmaz, 2006), con un análisis temático basado en categorías previas y posteriores (Charmaz, 2009; Guerra, 2006).
Las personas participantes en el estudio fueron jóvenes adultas portuguesas migrantes (N = 22). Según su autoidentificación, la mayoría eran mujeres (n = 17) y algunos eran hombres (n = 5).
Sus edades oscilaban entre 23 y 33 años (M = 28.90; SD = 2.44) y habían vivido fuera de Portugal entre 2 y 14 años (M = 4.81; SD = 2.83).
Todas procedían de Portugal continental y habían emigrado a países europeos y del espacio Schengen, con al menos un progenitor residente en Portugal. Los datos se recogieron entre 2018 y 2019.
La distribución de las personas participantes por países puede consultarse en la tabla 1.
Tabla 1 — Distribución de las personas participantes por países
*En el caso de este último, se incluyó dado que el Brexit aún no había comenzado
Se diseñó un guion de entrevista semiestructurada para entrevistas individuales, que se probó previamente, en cuanto a su comprensión y su contenido, con dos grupos: personas investigadoras (n = 4) y personas con perfiles similares al estudiado (n = 4).
El guion constaba de cinco bloques temáticos, precedidos de un bloque inicial de presentación. Los bloques temáticos eran: (i) caracterización de la familia (p. ej., ¿Quiénes son las personas que identificas como familiares cercanos o nucleares?); (ii) experiencia migratoria, bienestar y motivaciones (p. ej., ¿Qué ha sido lo más beneficioso para ti en este proceso migratorio?); (iii) mantenimiento de las relaciones afectivas (p. ej., ¿Qué medios utilizas para comunicarte?); (iv) red de apoyo entre generaciones (p. ej., ¿Prestas algún tipo de apoyo a tus figuras parentales o cuidadoras?); y (v) transmisión de valores entre generaciones (p. ej., ¿Puedes darme ejemplos concretos de lo que compartes con tus familiares?).
Antes de aplicar el guion de entrevista, se recogieron el consentimiento informado y un cuestionario sociodemográfico.
De acuerdo con los principios éticos de la investigación, con la aprobación del proyecto por parte de la Comisión de Ética de la Facultad de Psicología de la Universidad de Lisboa y en cumplimiento del código de la American Psychological Association (2018), todas las entrevistas se grabaron en audio, se transcribieron y posteriormente se destruyeron, y los nombres y datos sensibles de las personas participantes se modificaron para garantizar la confidencialidad.
Para participar se consideraron los siguientes criterios de inclusión: (i) ser una persona joven adulta de nacionalidad portuguesa (de 18 a 35 años); (ii) haber emigrado a un país europeo; (iii) tener al menos una de las figuras parentales viviendo en Portugal; (iv) haber emigrado hacía al menos 1 año.
Con el apoyo de las comunidades portuguesas en el extranjero, de juntas de freguesia y municipios de Portugal, de los medios de comunicación, de asociaciones de emigrantes y de entidades vinculadas al instituto diplomático, así como mediante la creación de un sitio web y de redes sociales para el proyecto de investigación, se difundió el estudio para la captación de participantes.
Cabe señalar que, además de las métricas metodológicas, el N superó lo previsto, teniendo en cuenta que se determinó por la saturación teórica de los datos y que se trata de una muestra de conveniencia, construida simultáneamente a un análisis de datos que permite interrelacionarlos hasta percibir que la recogida está completa (Charmaz, 2008).
Las entrevistas se realizaron en persona o por medios digitales, salvaguardando la identidad y la confidencialidad de los dispositivos. Cada participación duró entre 50 y 70 min.
Teniendo en cuenta la simultaneidad entre la recogida y el análisis de los datos y las relaciones sociales dinámicas (Braun & Clarke, 2006), la primera aproximación a las entrevistas se hizo mediante la familiarización con los datos (leer, releer, hacer propios los datos), para luego proceder al análisis en tres unidades de sentido. En primer lugar, la codificación abierta, que permite crear y verificar categorías y conceptos centrales; a continuación, la codificación axial, en la que analizamos las relaciones entre categorías. Por último, la codificación selectiva, que permite saturar teóricamente las categorías centrales (sobre las relaciones y la solidaridad intergeneracional) con el fin de reagrupar y relacionar la codificación para la organización y la emergencia de nuevos datos sociales.
Desde una perspectiva constructivista (Charmaz, 2009), utilizando categorías de análisis a priori y a posteriori para incluir la interacción de quien investiga con los datos, buscamos temas entre categorías (Charmaz, 2006, 2008).
Para evitar sesgos en el análisis (Charmaz, 2006), el análisis de los datos se llevó a cabo y las perspectivas se debatieron en el seno del equipo de investigación, que participó como consultor, aportando reflexividad a una perspectiva constructivista. Conscientes de las cuestiones de riqueza lingüística, también se reflexionó sobre la traducción de las citas de las entrevistas de su lengua original al inglés. En este proceso fue importante que el equipo de investigación y supervisión fuera bilingüe.
Se utilizó el programa N-Vivo.
Para poder debatir de forma exhaustiva los datos y la literatura, decidimos combinar los resultados con una breve discusión.
Las dimensiones de la solidaridad intergeneracional deben entenderse como dinámicas que acompañan a los distintos grupos familiares estudiados. Es decir, las dimensiones estructural y asociativa (espacio, distancia frente a proximidad y frecuencia de contacto) (Bengston & Oyama, 2007) parecen resignificarse cuando el grupo se articula entre lo digital y lo presencial. Este cambio, a su vez, es transformador y transforma la dimensión afectiva, en la medida en que el contacto, la frecuencia y la intensidad permiten vínculos emocionales al servicio del bienestar y de la comprensión del espacio de cada miembro (Mateia, 2018; Rojas Rodríguez et al., 2021).
Al analizar la presencia, su forma y la utilidad de ese contacto para desarrollar una conexión en el grupo, se codificó toda la muestra.
Todas las personas participantes salvo una afirmaron que su presencia y su participación en la familia tienen una frecuencia y una intensidad elevadas. Los rituales familiares, ya sean cotidianos, festivos u ocasionales, se viven de forma presencial y digital, lo que modifica a su vez la visión clásica según la cual la proximidad geográfica refleja la capacidad y la disposición a interactuar, en consonancia con los enfoques más recientes sobre las familias transnacionales, que destacan la importancia de la conexión híbrida (Baldassar & Merla, 2014).
Todas las personas participantes destacaron que reunirse con la familia en Portugal en las épocas festivas es algo sistemático (la Navidad en todos los casos; y otras celebraciones, aunque con menor peso, como los cumpleaños, la Pascua o el Día de Todos los Santos). Perciben estos momentos como importantes e indispensables para el mantenimiento de la familia con las generaciones ascendentes y descendentes, como afirma Marta (F4)
La Navidad, para mí, hay que pasarla en familia. Así que todas las Navidades voy a Portugal. [...] al menos mientras mis padres y mis familiares estén vivos, tengo intención de pasar estas fiestas con ellos. Para mí es una celebración familiar. Para mí es impensable pasar la Navidad aquí con mi marido y mi hija, impensable.
Más de la mitad de las personas participantes mencionan que, aunque el objetivo del viaje a Portugal no sea visitar a la familia, este es siempre el tema transversal al planificar el viaje al país de origen.
Aunque son pocos, en los casos en que existe una pareja significativa surgida durante la experiencia migratoria, refieren que el contacto presencial, sobre todo en las celebraciones y los rituales cotidianos, se produce mediado por los valores culturales de la pareja y del país de la persona entrevistada. Como refiere la participante Patrícia (F9), hablando de su pareja,
Es un reto enorme y ahí él me ayuda mucho, porque es bastante más desapegado, yo soy muy apegada, así que cualquier cosa era llorar o [...] y él es muy... no es que no le importe, pero el desapego a veces sienta bien, y él me enseñó mucho sobre eso.
Cabe señalar que, con una frecuencia que va como mucho de diaria a semanal, todas las personas participantes reinventaron el contacto y sus dinámicas con la familia mediante el uso de las tecnologías de la comunicación, y estas tecnologías cambiaron el paradigma del contacto y de las dinámicas; en el caso de la generación ascendente de más edad, enseñándole a usar los canales digitales como una de las rutinas de contacto que pasaron de lo presencial a lo digital, como ilustra Lucas (F14)
hace tres años, pues, ella [la madre], con setenta y cinco años, se abrió una cuenta de Facebook y ahora sabe usarla más o menos [...] quizá sea el mayor apoyo que he dado, por tanto, pero también un poco consecuencia de mi partida.
Todas las personas participantes mencionan que mantienen un contacto muy frecuente a través de las nuevas tecnologías de la comunicación para acompañar y apoyar los rituales familiares y las tareas cotidianas. También las utilizan para planificar el contacto presencial en momentos concretos o en celebraciones familiares.
Las videollamadas y la mensajería, en concreto mediante las aplicaciones Whatsapp y Messenger, se constituyeron como una forma de contacto más privada; y los feeds, en concreto mediante las aplicaciones Facebook e Instagram y también grupos en cualquiera de ellas, como una forma de compartir contenidos con familiares situados en distintos puntos geográficos, aunque menos específicamente orientada al relato y al intercambio de apoyo entre familiares.
Más bien, sirve como refuerzo de la presencia y del intercambio de experiencias en un grupo más amplio que la familia nuclear. Guilherme (F20) se refiere al uso intenso del contacto digital:
[…] las llamadas son todos los días después de cenar, entre la cena y la hora de acostarse, luego depende de si ellos [los padres] tienen algún plan aquí en Portugal [...] durante el día, por ejemplo, mis primas y primos siempre andan metiéndose conmigo en Facebook o hablando por Messenger o algo así.
La gran mayoría mencionó que utiliza las videollamadas como un momento cotidiano para compartir y estar presente con la familia, incluso cuando se trata simplemente de estar ahí sin ninguna tarea asociada. Aun así, algunas personas participantes mencionaron que las videollamadas también sirven para hacer el seguimiento de necesidades concretas, como la recuperación de una enfermedad de las figuras parentales o de sí mismas. Además, la generación de más edad las utiliza en Portugal para supervisar las tareas domésticas y hacer compañía a la generación más joven o cuidarla (cuando tiene edad suficiente para cierta autonomía, con una vigilancia a distancia por videollamada).
Algunas personas refieren que, dada la dificultad de adaptación digital de las personas mayores, se hacen llamadas por teléfono analógico; no son las figuras parentales ni las personas mayores en Portugal quienes se adaptan, sino las personas jóvenes emigrantes, para mantener la forma de comunicación de la generación ascendente. Esto concuerda con la literatura según la cual el acceso a los ecosistemas es más difícil con la edad (Ganito, 2018).
Algunas de ellas refieren que este contacto se percibe como una forma bidireccional de reducir la ansiedad o la soledad debidas a vivir lejos del núcleo familiar. Asimismo, teniendo en cuenta el aumento de las tecnologías en sus vidas y dinámicas (Mateia, 2018), los rituales familiares también parecen haberse adaptado, lo que a su vez transformará la manera en que estas familias pueden volverse más flexibles en favor de la resiliencia individual y colectiva (Denov et al., 2019; Walsh, 2020).
El contacto, ya sea en persona o por vías digitales, permite una presencia más frecuente entre los distintos miembros de las familias transnacionales y da cabida a dinámicas diversas, en las que será importante considerar la simbiosis del continuum solidaridad-conflicto-ambivalencia (Bengston & Oyama, 2007; Lowenstein, 2007; Lüscher, 2011) y cómo el hecho de estar en contacto aumenta la percepción de presencia, lo que se traduce en un sentimiento de pertenencia más fuerte (Neto, 2019).
Por tanto, es imposible reflexionar sobre el sentimiento de pertenencia en estas familias sin considerar la fuerza central de la dimensión de solidaridad afectiva, ya que es en esta dimensión de la SI donde encontramos las percepciones en las que se enmarcan los sentimientos y la satisfacción con los lazos afectivos, posiblemente en la base de las dinámicas que permiten la resiliencia en la presencia (Bengston & Oyama, 2007; Fingerman et al., 2020,).
Al analizar esta dimensión afectiva, observamos que más de la mitad de las personas participantes refirieron haber contado con apoyo familiar en su proyecto migratorio. Algunas incluso refieren que la familia y el núcleo familiar fueron esenciales para el refuerzo afectivo durante el plan migratorio, aun cuando se trataba de un proceso percibido como incómodo por los familiares en Portugal, como ilustra la participante Alice (F22) al relatar su experiencia con su figura cuidadora (su abuela): «[ella] lloró de alegría, lloró de tristeza… pero me apoyó… me apoyó en mi decisión, siempre me dijo que siempre existía la posibilidad de volver, pero que quería lo mejor para mí». Beatriz (F19) dijo que «fue sobre todo en el sentido de: vete, te ayudaremos y, cuando no haya alternativas, vuelve, que somos un plan B para apoyarte… que es algo que no todo el mundo tiene siempre», lo que pone de relieve el apoyo afectivo como matriz de la comunicación intergeneracional, cuyas relaciones son una forma de mediar en las situaciones de conflicto (Lüscher, 2004).
Por último, cabe considerar el efecto de los lazos afectivos en la mediación de estas dinámicas, ya que alrededor de un tercio mencionó que las dinámicas parentales y familiares, aun con una gestión de las diferencias no siempre fácil, mejoraron desde que viven a distancia geográfica, al tener ahora un contacto y un seguimiento diarios a través del contacto digital, lo que les permite reducir la soledad de los miembros de la generación ascendente en el país de origen (Mateia, 2018).
Las distintas formas de presencia y las modificaciones de las dimensiones de la solidaridad nos llevan a reflexionar sobre lo que esto implica para las normas, a la luz de lo que cada miembro espera de la familia, así como para los valores sociales. Ambos pueden entenderse si consideramos las dimensiones de solidaridad normativa y solidaridad consensual (Bengston & Oyama, 2007).
Observamos que casi todas las personas participantes perciben la familia como una estructura de unidad, peso y contexto que dicta normas entre generaciones (solidaridad normativa), con la que la mayoría afirma identificarse (Bengston & Oyama, 2007), lo que refuerza la pertenencia familiar (Neto, 2019).
Señalan valores, normas y orientaciones macrosociales compartidos con sus familiares (solidaridad consensual). Los valores compartidos que se mencionan con frecuencia son: la autonomía, la conexión familiar, el apoyo social y la solidaridad, el respeto a la individualidad, el derecho al espacio propio, la libertad y el derecho a opinar. Por otra parte, las entrevistas muestran que el conflicto va más allá del ámbito de acción familiar y se vuelve macrosistémico. Es decir, la mayoría de las personas participantes afirmaron que sus figuras parentales tienen valores y actitudes más conservadores, lo que impide compartir entre generaciones.
Estas personas refieren que la falta de experiencia intercultural y la menor experiencia global de su madre y su padre generan diferencias de opinión y de valores, y los perciben como menos sensibles a las diferencias, como mostramos en un breve ejemplo de la participante Joana (F17):
convivir con personas de distintas nacionalidades... tener que aprender a convivir con gente muy diferente, acabó haciéndome mucho más abierta en relación con: la emigración, la migración, la guerra, la política internacional (...) sobre las personas migrantes, sobre las personas refugiadas... quizá, discrepábamos... empezamos a discrepar mucho, sobre todo porque mi madre y yo tenemos experiencias muy distintas... mi padre también fue inmigrante, mi madre nunca fue inmigrante... nació, creció y vivió siempre en la misma casa, siempre en el mismo sitio, y acabamos teniendo valores un poco distintos, viendo las cosas de una forma un poco distinta. No es que tengan menos respeto por el valor de la vida humana ni nada de eso, pero quizá aceptamos las cosas y las vemos de manera un poco distinta la una de la otra.
Ante estos datos, es importante considerar la perspectiva ecosistémica de Bronfenbrenner (2005) y su enfoque para comprender no solo las actitudes, los valores, las normas y los prejuicios correspondientes como comportamientos resultantes de la influencia de los micro a los macrosistemas, sino también dentro de un contexto cronológico en el que madres y padres e hijas e hijos adultos tienen percepciones distintas de la globalización y de la circulación de normas y valores. Resulta cada vez más importante comprender los contextos interseccionales y multisistémicos (Villas-Boas et al., 2017).
Aproximadamente la mitad de las personas participantes mencionó que las opiniones y los valores de las figuras cuidadoras ya han generado conflictos que han llevado a una ruptura de la comunicación y a la necesidad de evitar los temas en cuestión. Se refieren a aspectos de la identidad cultural portuguesa que consideran inadecuados, como las corridas de toros o la vivencia de los rituales festivos típicos (vestimenta, ceremonias, condicionamiento de los comportamientos para seguir las tradiciones). Una amplia mayoría mencionó que la forma en que las figuras parentales ven con prejuicio la acogida de personas extranjeras, la aceptación de los movimientos y las políticas LGBTQI +, las minorías étnicas, así como la evitación del riesgo en el ámbito laboral, provoca hastío e incomprensión. Estos aspectos subrayan la necesidad de una comprensión interseccional de las normas y los valores que obstaculizan la construcción de una sociedad más inclusiva (Ilic, 2020).
En un caso se mencionaron limitaciones basadas en los roles de género. Aunque no se optó por explorar la solidaridad desde las teorías de género, es preciso subrayar la importancia de estas dinámicas para entender las dinámicas intergeneracionales y comprender las expectativas y los roles en el marco familiar (Min et al., 2012). La literatura indica que existe una direccionalidad de las expectativas de apoyo, sobre todo en materia de cuidados, en caso de enfermedad de la generación ascendente (solidaridad funcional) (Coimbra et al., 2013; Wilson et al., 2003). Sin embargo, esta percepción conlleva un conjunto de proyecciones de los roles familiares (solidaridad normativa) y, en consecuencia, su proyección en los valores basados en lo que se espera de las figuras femeninas (p. ej., madres, hijas, abuelas: solidaridad consensual). Estas dinámicas de prejuicios y normas hacen que las mujeres migrantes de las familias transnacionales sientan más ambivalencia y conflicto (Fingerman, 2004; Wilson et al., 2003).
En todos estos casos, las personas participantes refieren una ambivalencia entre querer informar y poner al día a estas figuras sobre cuestiones que, a su juicio, existen por la falta de experiencia de contextos de diversidad en Portugal y, en sentido opuesto, querer evitar los temas en cuestión, ya que perciben que no pueden cambiar ninguna realidad, como ilustra la participante Cátia (F11): «Sé que no va a cambiar de opinión, pero a veces lo dejamos pasar, sin enfadarse conmigo ni con mi padre, ni enfadarnos con ella ni nada». Esto nos remite al conflicto-ambivalencia asociado a la solidaridad consensual (Bengston & Oyama, 2007; Lowenstein, 2007): lo importante, pero estresante, que puede ser la comunicación con las figuras parentales. No obstante, se destaca el impacto positivo de esta comunicación en la construcción de la transculturalidad y de valores de aceptación de la diversidad en los familiares que permanecieron en el país de origen en las familias transnacionales (Albert & Ferring, 2018; Barros, 2021).
También se constató que un tercio de las personas entrevistadas eligió la evitación como forma de gestionar el conflicto familiar. La mayoría mencionó que abordan las cuestiones que afectan negativamente a sus dinámicas relacionales con sus figuras cuidadoras, pero acaban evitando discutir abiertamente el motivo del conflicto, ya que no consideran que la familia tenga la capacidad de escuchar y dar sentido a experiencias que interfieren en su bienestar migratorio. Acaban utilizando la comunicación digital para mediar contenidos que no comparten con sus figuras parentales.
Aunque la mayoría de las personas participantes refiere que el contacto a través de plataformas digitales ha mejorado o ha permitido desarrollar relaciones familiares de mejor calidad, la mayoría indica que la distancia geográfica dificulta la interacción familiar, y esto se manifiesta en divergencias generacionales de perspectiva sobre lo que se espera en cuanto a los momentos y la frecuencia de las visitas al país de acogida de las personas participantes (van Gaalen et al., 2010).
La mayoría percibe que las distintas perspectivas de los familiares sobre el número de contactos (ya sean digitales o presenciales) aumentan el conflicto interno y la tensión psicológica, lo que conduce a conflictos entre familiares y corrobora la literatura que considera el conflicto y la ambivalencia como habituales en las dinámicas (Albert & Ferring, 2018; Lowenstein, 2007). Esto se regula con la experiencia progresiva de la nueva forma de contacto y con el apoyo de la familia formada con la pareja en el país al que emigraron, como refiere Rosa (F22):
Mi hijo tiene ya tres años, [...] no sé si voy a ser capaz de llevarlo adelante, pero con mi marido, y en general, intentamos que, de verdad, las cosas son como son, las familias no son perfectas, las cosas no siempre salen bien y lo importante es decir las cosas como son y afrontarlas.
La presencia del conflicto, resuelto en la cooperación intergeneracional, se pone de manifiesto también en lo que se percibe como adecuado en los rituales familiares, ya sean cotidianos, festivos u ocasionales. Dicho de otro modo, la gran mayoría mencionó que la manera en que las generaciones ascendentes perciben su presencia es un factor de desgaste, y perciben una carga emocional debida a una presencia excesiva en la familia en Portugal, en contraste con la noción de hogar en el país de destino, como ilustra Catarina (F10):
Normalmente, unos dos o tres días antes de ir es cuando empiezo a ponerme... no es ansiosa, no es eso, pero empiezo a contar los días, digamos, porque mis padres empiezan a preguntarme qué quiero comer y adónde quiero ir y a quién quiero ver, y así, empieza... el recuerdo empieza a revivir y [...] estoy en Portugal, la mayor parte del tiempo... los tres, cuatro primeros días todavía consigo estar... muy dedicada, digamos, a mi familia; después, más allá de eso, empieza a complicarse, porque siento que tengo dos vidas.
Se mencionó que el mantenimiento del contacto con la familia desarrollado durante la estancia en el extranjero es motivo de una tensión que se está negociando. La presencia digital acerca realidades y facilita el contacto, pero también parece anular la privacidad y la autonomía frente a los familiares, ya que todo el mundo está siempre conectado, como en el ejemplo de Ana (F7):
Intento decirle: ¡mamá!, sabes que no tienes que... no tienes que mandar mensajes todos los días o, ¡mira!, hay ciertas cosas que yo ahora, no es eso, soy adulta y tengo mi vida y podemos hablar, pero no todos los días... e intento, quizá... creo que también noto fases, mi madre también, si está un poco más necesitada emocionalmente, hay épocas en que me manda más mensajes, así que también intento entender lo que pasa de su lado.
Este testimonio nos lleva a repensar las expectativas de género de las generaciones y cómo pueden ser fuente de estrés y ambivalencia (Fingerman, 2004; Wilson et al., 2003).
La gran mayoría de las personas participantes siente un conflicto interno por no estar más presente en la vida de sus familiares de más edad, ya que estos no han podido adaptarse con tanta facilidad a la comunicación a través de las nuevas tecnologías, y considera que no puede mantener el contacto diario, lo que crea una ambivalencia entre disfrutar de la experiencia migratoria y sentirse incómoda por no acompañar el envejecimiento y la salud de sus familiares, lo que denota preocupación por las personas mayores, como vemos en el ejemplo de Lucas (F14):
La probabilidad de que lleguen a morir y yo no esté allí también me deja cierta angustia... no tanto culpa, porque así son las cosas y eso va a pasar, así que no... no hay duda, nadie se queda aquí para siempre, pero la probabilidad de que yo esté lejos cuando llegue ese momento es bastante alta, así que también me deja cierta angustia no poder... no poder acompañarlos de cerca en los próximos años.
Estos resultados nos remiten a la importancia de reflexionar sobre los ecosistemas digitales, en particular sobre cómo la edad puede ser una vulnerabilidad en el acceso digital, y de reinventar los rituales familiares entre lo digital y lo presencial (Denov et al., 2019; Ganito, 2018)
Las diferencias generacionales se presentan como un factor que pone a prueba la cooperación entre madres y padres e hijas e hijos adultos, ya que tienen perspectivas distintas sobre la vida y posibles contextos socioculturales diferentes, y el tiempo-espacio en el que vive la persona cambia su manera de ver el mundo. A modo de ilustración, podemos recurrir al modelo bioecológico de Bronfenbrenner (2005), que nos advierte de la importancia de considerar los sistemas en los que se inserta el individuo, desde los sistemas sociales más cercanos hasta los más lejanos, sin olvidar nunca la dimensión cronológica. Cuando estudiamos las dinámicas familiares transnacionales, es aún más importante comprender no solo las dinámicas sociales, sino también la interseccionalidad de los desafíos que afrontan las familias compuestas por personas emigrantes y por quienes permanecen en el país de origen (Villas-Boas et al., 2017; Ilic, 2020).
Teniendo en cuenta la esencia del apoyo en estas familias, el modelo que nos permitió analizar estas dinámicas relacionales fue el de la solidaridad intergeneracional (Bengston & Oyama, 2007; Coimbra et al., 2013)), que hoy integra la simbiosis del continuum solidaridad-conflicto-ambivalencia (Bengston & Oyama, 2007; Lowenstein, 2007; Lüscher, 2011). Esta opción permitió analizar adecuadamente lo que cambió en las experiencias de estas personas participantes con la presencia híbrida de la familia, mediada entre lo digital y lo presencial.
Este estudio permite profundizar en cómo el espacio digital contribuye a la comunicación y a la presencia de la persona emigrante con su familia en el país de origen y, respectivamente, en cómo ello se refleja en el mantenimiento de las relaciones y en las percepciones sobre ellas. Más aún, muestra cómo este comportamiento atenúa el impacto de las dificultades y los desafíos de la distancia geográfica, al permitir adaptar los rituales familiares, ya sea en sus formas cotidianas, en las celebraciones o en las tradiciones, que se viven de forma presencial y digital (solidaridad asociativa-estructural). Las personas participantes parecen resignificar la percepción del espacio, construyendo interacciones híbridas que refuerzan su pertenencia al grupo (Neto, 2019). Al mismo tiempo, nos alerta sobre las crecientes diferencias que dan lugar a conflictos y ambivalencias, ambos en el contexto del grupo familiar: cuáles son sus expectativas de cuidado y de presencia (solidaridad funcional-normativa) y en qué consiste el compartir de valores y normas sociales que puede acercar a las generaciones (solidaridad consensual), con vistas a dar forma conjuntamente a su trayectoria (Albert & Ferring, 2018). Aun así, la solidaridad afectiva actúa como elemento de unión para que todas las demás dimensiones funcionen y sigan siendo dinámicas en estas relaciones, con aspectos naturales de solidaridad-conflicto-ambivalencia, lo que corrobora la literatura que señala la importancia de abordar este continuum (Albert & Ferring, 2018; Baykara-Krumme & Fokkema, 2019; Barros, 2021).
Los datos nos mostraron que las formas digitales de comunicación pueden funcionar como una vía para promover la pertenencia y la interculturalidad, ya que las personas emigrantes pueden aportar nuevas perspectivas sobre el mundo y distintas formas de vivir, lo que constituye una vía de crecimiento social y, al mismo tiempo, una forma de acercar valores transculturales y una mayor apertura hacia el otro a sus figuras parentales en Portugal. Esto es muy importante, pues resulta necesario no solo para la intervención, sino también para reducir el estigma y los prejuicios en las relaciones, ya que es importante aumentar la empatía y las competencias interculturales (Gamsakhurdia, 2019; Ramos, 2013).
Se cree que la pandemia de COVID-19 aceleró el contacto digital y que el uso de diversas formas de comunicación en línea está hoy aún más extendido (Rojas Rodríguez et al., 2021) que cuando se recogieron los datos. No obstante, lo que sigue siendo común para futuros estudios es la importancia de adoptar una perspectiva más interseccional que tenga en cuenta las cuestiones de género y la conciliación entre el trabajo y la vida personal y familiar, acentuada con el teletrabajo y las formas digitales durante la pandemia en favor de la resiliencia (Walsh, 2020).
En futuros estudios también será necesario abordar aspectos relacionados con la parentalidad y la conyugalidad a lo largo del curso vital (Min et al., 2012). Esto es importante porque hace falta abordar la idea del envejecimiento que preocupa a estas personas jóvenes adultas migrantes, tanto en relación con su madre y su padre como con su propia vida en la experiencia transnacional, lo que puede traducirse en un menor bienestar (Denov et al., 2019; Fingerman, 2004; Neto, 2019).
Complexe Systémique: puntos clave
Este estudio cualitativo portugués interesa a la práctica sistémica en varios aspectos. En primer lugar, muestra que la distancia no suprime la presencia: las familias transnacionales reinventan sus rituales entre la Navidad en casa y las videollamadas diarias, hasta el punto de que algunas relaciones mejoran con la distancia. En segundo lugar, a partir del modelo de Bengtson, recuerda que solidaridad y conflicto no son los dos extremos de un mismo eje: se puede estar muy cerca y en profundo desacuerdo, y de ese encuentro surge la ambivalencia. Las diferencias de valores (acogida de personas extranjeras, derechos LGBTQI+, roles de género) se convierten en temas que se evitan, y los canales digitales sirven a veces para sortear lo no dicho. La hiperconexión también desgasta: los mensajes diarios de una madre, la sensación de tener «dos vidas». Para el trabajo con familias migrantes, estos datos invitan a los equipos clínicos a explorar la geografía del vínculo, sus rituales y sus zonas de silencio. Límites: una muestra de conveniencia pequeña, mayoritariamente femenina y muy cualificada, recogida antes de la pandemia, y solo con las voces de quienes se fueron, no de la generación que se quedó en Portugal. Puede leerse junto con el artículo sobre la familia transnacional y el modelo de resiliencia para las familias transnacionales de trabajadoras domésticas filipinas.
Notas del original
Agradecimientos. La autoría agradece a las personas participantes en el estudio y al equipo de investigación de la Universidad de Lisboa que ayudó a reflexionar sobre los datos.
Financiación. Financiación de acceso abierto proporcionada por FCT|FCCN (b-on). Recogida de datos durante una beca de doctorado de la Fundação para a Ciência e Tecnologia, con la referencia PD/BD/128345/2017. Elaboración del artículo con una beca posdoctoral de la Universidade Católica Portuguesa, con el apoyo de PORTICUS.
Consentimiento para participar. Se obtuvo el consentimiento informado de todas las personas participantes incluidas en el estudio.
Conflicto de intereses. La autoría declara no tener conflictos de intereses.
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Traducción no oficial al español de Connection in Transnational Families. Face-to-Face and Digital Spaces in Portuguese Emigrants, de Carlos Barros, Trends in Psychology, vol. 33, n.o 4, pp. 1314-1333 (2025), doi: 10.1007/s43076-023-00309-4, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tabla presentada en forma de lista). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial del artículo original «Connection in Transnational Families. Face-to-Face and Digital Spaces in Portuguese Emigrants», publicado en Trends in Psychology (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Barros, C. (2025). Connection in Transnational Families. Face-to-Face and Digital Spaces in Portuguese Emigrants. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/connection-in-transnational-families-face-to-face-and-digital-spaces-in-portuguese (Obra original publicada en 2023 en Trends in Psychology, 33(4), 1314-1333 (2025); republicada en 2025 por Trends in Psychology, https://link.springer.com/article/10.1007/s43076-023-00309-4)
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