Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Systemic Practice and Action Research · Práctica sistémica
¿Y si las constelaciones familiares se trasladaran a la crisis climática? Cathy Macharis facilitó siete constelaciones, desde un congreso universitario hasta un grupo informal, en las que diversas personas representan a la Tierra, a la Industria o a la Generación Futura. Los testimonios describen una mayor conciencia sistémica y una fuerte emoción; los datos siguen siendo exploratorios y autodeclarados.
Traducción no oficial al español de Climate Constellations: A Systemic Tool for Exploring Sustainability Transitions, de Cathy Macharis, publicado en Systemic Practice and Action Research (Springer) (2025), doi: 10.1007/s11213-025-09722-5, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para la lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
No pretende ser «la verdad», sino una manera de mirar de otro modo las dinámicas del sistema.
Cathy Macharis
Resumen
Las constelaciones climáticas adaptan los métodos de constelación sistémica procedentes de la terapia familiar a los contextos de la sostenibilidad y ofrecen una vía experiencial para explorar las complejas dinámicas del sistema climático. Al implicar física y emocionalmente a las personas participantes en la representación de elementos de los sistemas socioecológicos, este enfoque puede favorecer el aprendizaje transformador y revelar puntos de apalancamiento ocultos para el cambio. Pusimos en práctica las constelaciones climáticas en varios contextos (un curso universitario de sostenibilidad, talleres profesionales, una sesión con un equipo de investigación y un grupo comunitario informal) para examinar cómo esta indagación sistémica encarnada podía modificar las perspectivas de las personas participantes. Las observaciones cualitativas y los comentarios de las personas participantes indicaron de forma constante una mayor conciencia sistémica, más empatía y una mayor implicación personal con las cuestiones climáticas. Aunque se requiere una facilitación cuidadosa, estos estudios de caso sugieren que las constelaciones climáticas pueden ser un potente catalizador de la reflexión y del aprendizaje en las transiciones hacia la sostenibilidad.
Palabras clave: Constelaciones climáticas, Transiciones hacia la sostenibilidad, Pensamiento sistémico, Aprendizaje transformador, Aprendizaje experiencial, Métodos participativos, Cambio climático
La crisis climática es, en esencia, una crisis sistémica, estrechamente entretejida con sistemas ambientales, sociales y económicos interconectados. Abordar un problema tan «perverso» (wicked) exige ir más allá de los síntomas superficiales para examinar las estructuras y los modelos mentales subyacentes. Partiendo del concepto de puntos de apalancamiento de Meadows (Meadows 2008), se considera que el cambio significativo surge de intervenciones dirigidas a las causas sistémicas más profundas, y no solo del tratamiento de los resultados inmediatos. Metáforas como la del iceberg o la de las raíces de un árbol ilustran que, bajo los acontecimientos visibles, se encuentran patrones, estructuras y visiones del mundo que sostienen el statu quo (Davelaar 2021). En el nivel más profundo, las visiones del mundo y los valores de las personas determinan sus acciones hacia el medio ambiente. Cambiar estas creencias profundamente arraigadas es crucial para una transición hacia la sostenibilidad.
Paralelamente, la ciencia de la complejidad ha puesto de manifiesto que los sistemas complejos presentan comportamientos no lineales, bucles de retroalimentación y patrones emergentes que desafían la planificación lineal (Loorbach et al. 2016). Los estudios sobre las transiciones hacia la sostenibilidad sostienen que desenvolverse en semejante complejidad requiere enfoques nuevos y participativos que acojan la incertidumbre y la pluralidad de puntos de vista. Se insiste cada vez más en crear «espacios transformadores» en los que los distintos actores puedan explorar de manera colaborativa las interdependencias sistémicas y experimentar con nuevas ideas de cambio (Pereira et al. 2020). En este contexto, implicar directamente a las personas participantes en la exploración sistémica –en lugar de tratarlas como receptoras pasivas de información– puede liberar conocimientos ocultos y estimular un aprendizaje más profundo. Los enfoques basados en la investigación participativa y en la teoría del aprendizaje transformador responden a esta necesidad: conciben el aprendizaje y la indagación como un proceso experiencial y cocreado que puede conducir a cambios de mentalidad y de cultura.
Un enfoque prometedor para sondear lo que hay bajo la superficie de los problemas complejos procede del método de la constelación sistémica, desarrollado originalmente en terapia familiar. Las constelaciones familiares, iniciadas por Hellinger en la década de 1980, consisten en que las personas participantes (o «representantes») encarnan los papeles de miembros de la familia o de elementos de un sistema familiar y se colocan físicamente en el espacio para representar las dinámicas relacionales (Hellinger 2001; Stam (2012);). Esta representación espacial dinámica puede iluminar patrones familiares ocultos y conducir a tomas de conciencia y a una resolución emocional. El trabajo de constelaciones de Hellinger se nutrió de diversas tradiciones terapéuticas –entre ellas el psicodrama de Moreno, la terapia de los sistemas familiares de Satir, la hipnoterapia ericksoniana y la fenomenología–, combinándolas en un proceso grupal singular. El enfoque ganó popularidad en los países de habla alemana, aunque también suscitó críticas en la década de 1990 debido a la facilitación excesivamente dogmática de algunas personas practicantes y a la falta de validación científica. Las voces críticas advirtieron de que, sin una formación adecuada, quienes facilitan podían causar daño sin quererlo, dada la intensidad de las emociones que las constelaciones pueden suscitar. Estas reservas subrayan la necesidad de una facilitación cuidadosa y ética y de un acompañamiento posterior, incluso cuando las constelaciones se aplican fuera de los contextos terapéuticos.
Con el tiempo, el método de las constelaciones se extendió más allá de las familias a otros sistemas sociales, sobre todo a las organizaciones. Las constelaciones organizacionales, introducidas hacia el año 2000 por Weber y su equipo, trasladan los principios rectores de las constelaciones familiares a los contextos laborales. En una constelación organizacional, las personas representantes ocupan el lugar de partes de una empresa o institución (por ejemplo, departamentos, funciones o incluso entidades abstractas como el «Beneficio» o el «Mercado») para ayudar a descubrir bloqueos sistémicos y orientar la gestión del cambio. Weber (2003) y otras personas constataron que era necesario tener en cuenta principios adicionales –como el derecho de pertenencia, el respeto de la jerarquía y de las funciones de liderazgo, el reconocimiento de las contribuciones y el equilibrio entre dar y recibir– para abordar las dinámicas organizacionales. Desde principios de la década de 2000, el trabajo con constelaciones organizacionales se ha utilizado en diversas formas de consultoría sistémica y de práctica de gestión. Por ejemplo, se ha aplicado al diagnóstico de la cultura organizacional, al desarrollo de equipos, al fomento de la innovación y al apoyo a la gestión de proyectos (p. ej., Thiecke y Van Leeuwen 2013; Bryan at all. 2006). Han proliferado los programas de liderazgo y las intervenciones de consultoría basados en constelaciones, con aplicaciones que van desde la planificación estratégica hasta la resolución de conflictos. Paralelamente, el método solo ha empezado a aparecer recientemente en contextos formales de educación y formación, y los estudios académicos correspondientes son todavía escasos (Müller-Christ et al. 2015).
Se han desarrollado numerosas variantes de la práctica de las constelaciones sistémicas, pero todas comparten un rasgo central: observar y analizar las relaciones entre los elementos de un sistema para generar nuevas comprensiones o soluciones. En todos los casos, un «modelo mental» interno del sistema se externaliza mediante una disposición espacial de representantes o de símbolos. Los elementos de una constelación pueden estar representados por personas o por objetos (figuras, marcadores en el suelo, etc.), pero el objetivo es el mismo: crear un mapa encarnado de las relaciones, las jerarquías y los patrones de comunicación dentro del sistema. Esto permite tanto a quienes facilitan como a las personas participantes acceder a un conocimiento implícito que, de otro modo, podría permanecer inaccesible. La constelación funciona como una «instantánea» viva del sistema en la que se transmite a la vez una información multidimensional. De este modo, las constelaciones ofrecen una imagen analógica y holística de estructuras y dinámicas profundamente arraigadas que a menudo escapan a una indagación puramente analítica. Es importante señalar que el método implica a las personas participantes tanto en el plano emocional e intuitivo como en el cognitivo, lo que hace posible lo que Kopp & Martinuzzi (2013) describen como un aprendizaje afectivo y cognitivo simultáneo. Se considera que esta combinación de experiencia encarnada y reflexión ayuda a comprender las cuestiones complejas con mayor profundidad que el análisis intelectual por sí solo.
Una rama destacada, el enfoque de la constelación estructural sistémica (Systemic Structural Constellation, SSC) de Varga von Kibéd y Sparrer (2011), pone el acento en representar elementos abstractos de un sistema (como «el problema», los objetivos o los valores) junto a los actores concretos. La SSC introdujo además innovaciones metodológicas como las constelaciones «ocultas» (en las que las personas representantes no saben a quién o qué representan) para reducir los sesgos, e insiste en que el proceso de constelación esté siempre integrado en un diálogo o un proceso de consultoría más amplio (con una preparación y una puesta en común posterior minuciosas). Estas adaptaciones pretendían aumentar la objetividad y la integración de los hallazgos de las constelaciones, respondiendo a algunas de las reservas derivadas de sus orígenes terapéuticos. En el mundo anglófono, el trabajo con constelaciones siguió siendo relativamente poco habitual durante muchos años. Sin embargo, se han desarrollado bajo otros nombres técnicas de cartografía sistémica conceptualmente similares. Por ejemplo, el análisis de redes sociales (Social Network Analysis, SNA) ofrece una cartografía cuantitativa de los actores y de sus relaciones como nodos y vínculos de una red (p. ej., Freeman 2004), y la metodología de sistemas blandos (Soft Systems Methodology, SSM) recurre a «imágenes enriquecidas» (rich pictures) para ayudar a los actores implicados a representar gráficamente una situación problemática como primer paso del análisis de sistemas (Georgiou 2015). Tanto el SNA como la SSM hacen explícitas estructuras implícitas (como lo hacen inicialmente las constelaciones), pero carecen del componente encarnado y experiencial y de la «escena» viva e interactiva de una constelación. A diferencia del trabajo con constelaciones, estos métodos no incluyen el fenómeno de la «percepción representativa», por el que las personas representantes resuenan intuitivamente con los elementos del sistema cuyo lugar ocupan. Esto ilustra el valor distintivo de las constelaciones sistémicas: aprovechan la intuición encarnada y las dinámicas de grupo para obtener comprensiones del comportamiento del sistema que quizá no surgirían solo de encuestas o diagramas.
Más allá de los éxitos anecdóticos en la práctica, existe una investigación creciente (aunque todavía limitada) sobre la eficacia de los métodos de constelación. Los primeros trabajos de Ursula Franke (2003) proporcionaron una base cualitativa: comparaban los fundamentos teóricos de las constelaciones familiares con los de otros métodos y analizaban una serie de casos. Franke observó que las intervenciones mediante constelaciones parecen especialmente eficaces porque movilizan el hemisferio derecho del cerebro –que procesa metáforas, imágenes y relaciones espaciales– y comunican así las dinámicas del sistema en un nivel intuitivo y holístico. Esto concuerda con la idea de que las constelaciones hablan el lenguaje de los símbolos y de las emociones, como complemento del análisis racional. La evidencia empírica empieza ahora a respaldar algunos beneficios. Por ejemplo, un ensayo controlado aleatorizado de (Hunger et al. 2014) constató que las personas que participaron en talleres de constelaciones familiares mostraban efectos positivos a corto y largo plazo en sus relaciones sociales en comparación con un grupo control. (Konkolÿ Thege et al. 2021) concluyen en su revisión sistemática que la investigación apunta a que la terapia de constelaciones familiares es una intervención eficaz, con beneficios significativos para la salud mental en la población general. No obstante, advierten de que la cantidad y la calidad global de la evidencia son bajas. En el ámbito de la formación en gestión, Kopp & Martinuzzi, (2013) informaron de que el uso de constelaciones sistémicas en un curso de posgrado sobre liderazgo para la sostenibilidad permitió al estudiantado comprender de manera más holística problemas complejos con múltiples actores, integrando el aprendizaje cognitivo y el emocional. Además, Kopp y Huemann (2014) desarrollaron una herramienta de «constelación del impacto del proyecto» (Project Impact Constellation) para la gestión de proyectos, que permite a los equipos representar en una constelación tanto a los actores humanos como elementos abstractos (objetivos, impactos); esto ayudó a revelar cómo todo estaba interrelacionado en el sistema de un proyecto, incluidas las dinámicas de poder y los límites del sistema. Estas adaptaciones demuestran la versatilidad de los métodos de constelación más allá de la terapia: se han aplicado en la consultoría, el desarrollo comunitario, la educación e incluso en contextos de políticas públicas para explorar cuestiones sistémicas.
Dicho esto, el estudio sistemático de los métodos de constelación en contextos organizacionales y sociales está todavía en sus inicios. Una revisión reciente señaló que, si bien las constelaciones sistémicas se utilizan cada vez más para el coaching de equipos, el desarrollo organizacional y los procesos de transformación, la evidencia científica de su eficacia sigue siendo escasa y de calidad variable. Muchos informes están en alemán o se presentan como descripciones de casos y estudios piloto. Una revisión sistemática reciente de Scholtens et al., (2021) identificó algunos resultados prometedores de las constelaciones aplicadas en las organizaciones (por ejemplo, mejoras percibidas en las relaciones y la confianza dentro de los equipos), pero concluyó que es «demasiado pronto para extraer conclusiones firmes», debido al reducido número de estudios y a su calidad generalmente baja. La autoría de esa revisión subrayó que la investigación empírica va a la zaga de la práctica: la eficacia percibida del método es alta entre profesionales, pero sus mecanismos teóricos y sus efectos a largo plazo no se comprenden bien. Esta laguna en la literatura justifica sólidamente explorar nuevas aplicaciones como las constelaciones climáticas y documentar sistemáticamente sus efectos.
Las constelaciones climáticas representan un intento de extender el trabajo con constelaciones sistémicas al ámbito de la sostenibilidad ambiental y de la acción climática. Recientemente, Disterheft et al., (2021) han empezado a experimentar con ejercicios basados en constelaciones para las transiciones hacia la sostenibilidad, incluidos formatos virtuales o en línea. Estos estudios exploratorios sugieren que las constelaciones pueden servir como método de investigación participativa para visualizar los problemas de sostenibilidad y hacer emerger conocimientos «ocultos» sobre las dinámicas de los sistemas. Sobre esta base, nuestro trabajo sitúa las constelaciones climáticas dentro del marco más amplio de las constelaciones: adaptamos el método para centrarlo en las relaciones entre clima, sociedad y ecosistemas, como forma de implicar a las personas en el pensamiento sistémico y en un aprendizaje transformador sobre los desafíos de la sostenibilidad. Al hacerlo, tenemos en cuenta tanto el potencial como las advertencias señaladas en investigaciones anteriores. Por un lado, los métodos de constelación ofrecen un medio poderoso para revelar patrones implícitos y transformar las perspectivas; por otro, deben facilitarse de manera responsable y estudiarse con rigor para validar su impacto transformador. A continuación describimos el enfoque de las constelaciones climáticas y varios estudios de caso de su aplicación, antes de examinar las comprensiones obtenidas, las consideraciones prácticas y el potencial transformador de este método novedoso.
Las constelaciones climáticas son talleres facilitados en los que las personas participantes encarnan físicamente elementos de un sistema relacionado con el clima. El enfoque se basa en prácticas consolidadas de las constelaciones familiares y organizacionales, adaptadas para centrarse en cuestiones de sostenibilidad. En una sesión típica de constelación, la persona facilitadora trabaja con un grupo para externalizar una pregunta guía o el enunciado de un problema, eligiendo a personas que representen los elementos clave del sistema en cuestión. Por ejemplo, los elementos de una constelación climática pueden incluir entidades como la «Tierra», el «Clima», la «Humanidad», la «Industria» o el «Gobierno», o bien actores o conceptos más específicos (p. ej., los «Combustibles Fósiles», la «Generación Futura» o el «Beneficio»). Las personas representantes ocupan su lugar en un espacio abierto y se colocan intuitivamente a distintas distancias u orientaciones unas respecto de otras, creando así un modelo vivo de la configuración del sistema.
Conviene aclarar que «encarnar» un elemento en el trabajo con constelaciones no significa interpretar un papel con guion ni imitar a un personaje. Más bien, la persona representante ocupa el lugar de ese elemento y presta atención a las sensaciones corporales, emociones o impulsos que surgen mientras está en esa posición. Este proceso se apoya en el fenómeno de la «resonancia sistémica» o «percepción representativa». Quienes practican el trabajo con constelaciones plantean la hipótesis de que las personas representantes –aun siendo externas al sistema real– pueden resonar intuitivamente con las dinámicas relacionales del sistema que representan (Varga, von Kibéd & Sparrer, 2011). En la práctica, una persona representante puede referir que siente de repente pesadez, calor, ganas de moverse u otra sensación, lo que puede aportar pistas sobre el estado o las necesidades del elemento dentro del sistema. Aunque los fundamentos científicos de la percepción representativa no se comprenden del todo, se la trata como una hipótesis de trabajo pragmática en la facilitación de constelaciones (a menudo formulada en términos de fenomenología y de cognición encarnada). La función de la persona facilitadora es guiar el proceso: introducir los elementos iniciales, después, eventualmente, añadir o recolocar elementos a partir de las aportaciones del grupo, e invitar regularmente a las personas representantes a expresar cómo se sienten o qué perciben desde su posición.
Una constelación climática suele desarrollarse en varias fases. En primer lugar, la persona facilitadora y el grupo precisan la pregunta o el escenario que se va a constelar (por ejemplo, «¿Qué dinámicas invisibles intervienen en la crisis climática?» o «¿Cómo interactúan los distintos actores económicos en torno a los objetivos de sostenibilidad?»). A continuación, se invita a una parte de las personas participantes (o a veces a todas, en un círculo más amplio) a representar elementos concretos pertinentes para esa pregunta. La persona facilitadora puede designar algunos elementos fundamentales (p. ej., la «Tierra» o el «Clima» para iniciar el escenario) y luego permitir que el grupo proponga otros elementos que considere importantes. Las personas representantes eligen esos papeles o se les asignan, y se desplazan al centro del espacio. La persona facilitadora puede colocarlas al principio o pedirles que busquen un lugar que «se sienta adecuado» para su elemento. Una vez establecida la disposición básica de la constelación, comienza la exploración dinámica: la persona facilitadora invita a las personas representantes a observar sus sensaciones y sus relaciones espaciales. Se les puede pedir, una por una, que describan cómo se sienten en el lugar en que se encuentran («¿Qué surge en ti ahora mismo como Tierra?»). También se las puede invitar a modificar su posición si se sienten atraídas a hacerlo, por ejemplo, acercándose a otro elemento o alejándose de él si sienten esa necesidad. En ocasiones, nuevas personas representantes (u objetos que ocupan un lugar) pueden entrar en la constelación para representar factores adicionales (p. ej., puede introducirse un elemento «Desastre» o «Energías Renovables» si alguien siente que falta algo importante). La persona facilitadora sigue de cerca estas interacciones y plantea de vez en cuando preguntas (al grupo o a representantes concretos) para aclarar las relaciones que van apareciendo. Más adelante se mencionan otras maneras de utilizar las constelaciones en situaciones relacionadas con el clima y la sostenibilidad.
A lo largo de todo el proceso, la persona facilitadora permanece atenta a la seguridad emocional de las personas participantes. Dado que las cuestiones climáticas y de sostenibilidad pueden suscitar sentimientos intensos (duelo, miedo, culpa, etc.), es fundamental garantizar un entorno de apoyo. Nuestras sesiones comenzaban con un breve ejercicio de calentamiento de conciencia fenomenológica: las personas participantes se emparejaban para practicar el «sentir» cambios relacionales sencillos (p. ej., estar una al lado de la otra frente a estar una enfrente de la otra). El objetivo era aumentar su sensibilidad a las sensaciones corporales y normalizar el hecho de prestar atención a sensaciones sutiles. Otra manera de generar esta conciencia corporal puede ser un escaneo corporal o una meditación. También establecimos como reglas básicas que cualquier participante podía salir de su papel de representante en cualquier momento si no se sentía a gusto, y que interrumpiríamos el ejercicio si era necesario. Una vez concluida la fase activa de la constelación (normalmente entre 30 y 45 min para el escenario principal), realizamos una puesta en común estructurada en varias rondas. Primero se pidió a las personas representantes que salieran de sus papeles y compartieran sus reflexiones personales sobre lo que habían vivido. Después se invitó a las personas observadoras (quienes no representaban ningún elemento) a describir lo que habían percibido y cómo les había afectado. Por último, el grupo comentó la constelación en relación con el sistema real: ¿qué comprensiones o preguntas suscitaba sobre la crisis climática (o sobre la cuestión concreta tratada)? Esta estructura de puesta en común se diseñó para ayudar a las personas participantes a procesar sus emociones, dar sentido a la experiencia y vincularla con aprendizajes o acciones concretos.
Crear un entorno psicológicamente seguro es esencial en el proceso de las constelaciones climáticas. Esto no implica ausencia de intensidad emocional ni de temas difíciles; al contrario, a menudo surgen experiencias intensas. Sin embargo, es fundamental que las personas participantes se sientan lo bastante apoyadas y ancladas para acceder a su percepción intuitiva. Si están demasiado ansiosas o no se sienten seguras, su sistema nervioso entra en un estado de supervivencia (lucha, huida o bloqueo), lo que limita considerablemente su capacidad para percibir, reflexionar y representar las dinámicas relacionales. Crear seguridad significa, por tanto, ofrecer un espacio en el que las personas participantes puedan relajar sus defensas, implicarse fenomenológicamente en sus papeles y confiar en que sus aportaciones serán bien recibidas sin juicio. Es importante señalar que, aunque las personas participantes refieren a menudo emociones intensas durante las constelaciones (p. ej., duelo, ira, impotencia), estas se viven sabiendo que representan elementos de un sistema, y no que escenifican su biografía personal. Esta distinción les permite explorar incluso dinámicas antagónicas o dolorosas con claridad y cuidado.
Las personas participantes en los talleres dieron su consentimiento implícito al inscribirse voluntariamente y participar activamente en las sesiones. Se les informó explícitamente de que las fotografías tomadas durante los talleres solo se utilizarían para resumir e ilustrar visualmente las actividades. Para garantizar la plena confidencialidad, las fotografías se han convertido en este manuscrito en dibujos anonimizados que hacen irreconocibles a las personas. Esta investigación se llevó a cabo de conformidad con las normas éticas establecidas en la Declaración de Helsinki.
Para empezar, aplicamos el enfoque de las constelaciones climáticas con distintos tipos de grupos y con variantes del enfoque. En cada caso, el método de constelación se presentó y se facilitó de forma similar (como se ha explicado más arriba), con ajustes en función del tamaño del grupo y del foco. Las primeras constelaciones se organizaron en el marco de un curso académico (Macharis, 2025). En este artículo pretendemos mostrar el potencial de las constelaciones climáticas en talleres. Todas las sesiones fueron dirigidas por la misma persona facilitadora (quien firma este artículo), con experiencia y formación en la facilitación de constelaciones sistémicas.




En todos los casos anteriores, los datos se recogieron mediante las observaciones de la persona facilitadora y de su asistente y mediante los intercambios de puesta en común posteriores a los talleres. El caso 6 (doble ciego) se grabó en vídeo, y para el caso 4 existe una encuesta escrita de valoración. Las distintas etapas de las constelaciones se registraron con fotografías y notas, que se reunieron en un PowerPoint después de la sesión. Estas notas se verificaron con las personas representantes. Recogimos valoraciones cualitativas mediante reflexiones escritas informales o comentarios orales al final de la sesión. Todas las respuestas individuales se anonimizaron. Estos datos mixtos (observaciones narrativas y comentarios de las personas participantes) constituyen la base de nuestro análisis cualitativo. Dado el carácter esencialmente exploratorio de este estudio, nuestro objetivo era identificar los temas comunes y los efectos transformadores referidos por las personas participantes, más que medir resultados con rigor estadístico.
En los distintos casos, las personas participantes refirieron de manera constante que los ejercicios de constelación climática les habían resultado esclarecedores y significativos. Aunque cada constelación tuvo su propio hilo narrativo y sus propios elementos, de los comentarios cualitativos surgieron varios temas comunes:
Después del caso 4 se realizó una encuesta en el marco del sistema de evaluación del programa. La respondieron 14 personas. A la pregunta de si la sesión les había inspirado y a la de si habían obtenido nuevas comprensiones, la puntuación media fue de 3 sobre 4. A la pregunta sobre la probabilidad de que transmitieran a otras personas los conocimientos adquiridos, la media fue de 7 sobre 10.
Desde el punto de vista de la facilitación, es importante tener presente que quien facilita forma parte también del sistema y debe tener cuidado de no influir en él con sus propios patrones. Crear un entorno seguro es clave: establecer normas de respeto, garantizar la posibilidad de no participar y realizar una puesta en común minuciosa.
En resumen, los estudios de caso de las constelaciones climáticas mostraron varios resultados prácticos: las personas participantes tomaron mayor conciencia de las interconexiones sistémicas, vivieron una implicación emocional y empatía, y muchas experimentaron un cambio (a veces sutil, a veces importante) en su manera de ver el cambio climático y su papel para afrontarlo. Ninguna constelación por sí sola puede resolver un problema complejo, por supuesto, pero al experimentar el sistema, las personas participantes encontraron a menudo nuevas preguntas que plantear o una nueva determinación para actuar. La sección de discusión que sigue interpretará con más detalle estos hallazgos, examinará las enseñanzas metodológicas obtenidas (incluidos los límites y las buenas prácticas) y situará el potencial transformador de las constelaciones climáticas en el contexto de las transiciones hacia la sostenibilidad.
Según Peter Senge (2004) y Hicks (2003), un cambio auténtico requiere no solo reconocer la realidad, sino también cultivar visiones creativas de un futuro diferente. El enfoque de las constelaciones climáticas encarna este principio: las personas participantes empiezan por ser testigos del sistema actual, observando físicamente las representaciones encarnadas de sus elementos y de sus interacciones, y después pueden empezar a imaginar configuraciones alternativas experimentando dentro del escenario de la constelación. En nuestros casos, el estudiantado y las demás personas participantes pasaron de simplemente oír hablar de la complejidad climática a implicarse activamente en esa complejidad. Este paso de la recepción pasiva de información a un aprendizaje activo y experiencial parece catalizar una comprensión más profunda. Los estudios de caso muestran cómo un ejercicio de constelación sistémica puede actuar como catalizador del aprendizaje transformador y de nuevas comprensiones. Modificar la percepción de una persona –cambiar literalmente su manera de ver y de sentir las relaciones dentro de un sistema– puede preceder y, potencialmente, desencadenar cambios más amplios de actitudes y comportamientos. Esta idea resuena con las teorías del aprendizaje transformador: una experiencia de constelación puede funcionar como una especie de «dilema desorientador» (Mezirow 1978) que cuestiona los modelos mentales de las personas participantes. Al enfrentarse a la complejidad de manera encarnada, las personas participantes atraviesan a menudo un periodo de reflexión (y a veces de confusión) mientras concilian la experiencia con sus supuestos previos (Ison and Stowell 2000).
Los resultados que observamos concuerdan con los relatos anteriores sobre las constelaciones sistémicas en gestión y en educación. En el trabajo de Kopp y Martinuzzi (2013) con estudiantes de empresariales, por ejemplo, se constató que los ejercicios de constelación permitían que «el aprendizaje cognitivo, emocional y afectivo se produjera simultáneamente», lo que ayudaba a futuros líderes a comprender mejor la complejidad. Los comentarios de nuestras personas participantes mostraron el mismo efecto de triple aprendizaje: comprensiones factuales sobre el sistema, conexión emocional con la cuestión e incluso cambios de valores o de intenciones (algunas personas participantes expresaron un mayor compromiso con la colaboración o con la acción climática después del ejercicio). Se trata precisamente del tipo de resultados de aprendizaje profundo (competencia en pensamiento sistémico, empatía y motivación por la sostenibilidad) que la educación para la sostenibilidad pretende cultivar (Sterling 2011; Shrivastava 2010). Del mismo modo, profesionales de la consultoría organizacional han referido de manera anecdótica que las constelaciones pueden revelar puntos ciegos en las dinámicas de equipo o en la estrategia (p. ej., un conflicto no reconocido o un actor que no se está teniendo en cuenta) y mejorar así la toma de decisiones. En varios de los casos observamos indicios de esta «iluminación de los puntos ciegos»: por ejemplo, la constelación comunitaria puso de relieve el papel, invisible al principio, de la acción colectiva, y las personas participantes se marcharon efectivamente comentando cómo movilizar mejor los esfuerzos comunitarios, porque se habían dado cuenta de su importancia en el «sistema» de la resolución de los problemas climáticos. Esto sugiere que las constelaciones climáticas, como forma de ejercicio aplicado de pensamiento sistémico, pueden generar comprensiones aplicables o, al menos, reflexiones estratégicas. Tienden un puente entre el conocimiento teórico de los sistemas y la experiencia vivida de los sistemas, lo que puede hacer ese conocimiento más aplicable. Aportan nuevas comprensiones que pueden abrir nuevas líneas de investigación y estimular la creatividad. No pretende ser «la verdad», sino una manera de mirar de otro modo las dinámicas del sistema y de poder hablar con otro lenguaje, basado en una representación visual.
Otro punto importante de la discusión es el potencial transformador de las constelaciones climáticas para modelar las mentalidades. Los estudios sobre el aprendizaje transformador sostienen que se necesitan enfoques experienciales y participativos para transformar visiones del mundo profundamente arraigadas (O’Sullivan 2002; Taylor 2007). Todavía no hemos hecho un seguimiento formal de las personas participantes meses después de los talleres para ver si sus acciones o sus decisiones habían cambiado. Contar con una persona facilitadora que conozca bien la sostenibilidad y sus raíces sistémicas también ayuda a profundizar en el debate sobre lo que se ha visto.
Desde el punto de vista de las aplicaciones prácticas, nuestros casos muestran que las constelaciones climáticas son muy versátiles. Resultaron eficaces en un aula universitaria, en un congreso profesional, con un equipo de investigación, con un grupo mixto abierto al público y en una comunidad informal. Cada contexto exigió pequeños ajustes: por ejemplo, con profesionales dedicamos menos tiempo a la teoría básica y más a la aplicación, mientras que con estudiantes lo vinculamos al trabajo del curso y lo utilizamos como herramienta pedagógica. Pero, en lo esencial, el carácter participativo e inmersivo del método implicó a las personas con independencia de su trayectoria. Quienes se planteen utilizar esta herramienta pueden adaptar el planteamiento a sus necesidades: podría utilizarse en talleres de empresa para explorar los desafíos de sostenibilidad de una organización, en reuniones comunitarias para favorecer el diálogo entre los distintos actores o en programas educativos para enriquecer la formación en pensamiento sistémico. Una ventaja del trabajo con constelaciones es que no requiere tecnología especial ni grandes recursos: solo una persona facilitadora competente y la disposición de las personas participantes a adentrarse en una experiencia nueva. También experimentamos haciendo las constelaciones al aire libre o en una sala, y ambas opciones funcionan. En cuanto al número de personas, los casos fueron de 9 a 30. Es importante dar también a las personas observadoras una tarea importante: observar lo que confirma sus ideas y lo que, en un primer momento, resulta contraintuitivo.
En cuanto a las enseñanzas metodológicas extraídas de estos estudios de caso, varias merecen destacarse para la práctica y la investigación futuras:
A la luz de lo anterior, vemos las constelaciones climáticas como una incorporación prometedora a la caja de herramientas de los esfuerzos de transformación hacia la sostenibilidad. Crean un microcosmos temporal en el que las personas pueden experimentar procesos de cambio sistémico y, potencialmente, transformar así su mentalidad. Esto encarna lo que algunos estudios llaman «espacios transformadores»: ámbitos seguros para experimentar con nuevas identidades e interacciones (Pereira et al. 2020). Nuestros hallazgos concuerdan con la idea de que el aprendizaje transformador se cataliza cuando las personas implican la totalidad de su ser en el proceso de aprendizaje (cabeza, corazón y manos).
Aunque nuestras sesiones tuvieron lugar en entornos relativamente favorables (universidades, talleres profesionales, grupos comunitarios), las propias constelaciones hicieron aflorar a menudo dinámicas sistémicas complejas e incluso conflictivas. Las personas participantes representaron a actores como los «Combustibles Fósiles» y las «Especies Extintas», y vivieron las tensiones y asimetrías inherentes a esos papeles. En otra constelación (no incluida entre los estudios de caso presentados aquí), se representó a un «Activista» junto a «Madres y padres», y se reveló cómo su presencia, aunque bienintencionada, generaba incomodidad: «Madres y padres» expresaron el deseo de mantener a esa figura a distancia de sus hijas e hijos. Esto puso de manifiesto las sutiles fronteras sociales y las resistencias a las que pueden enfrentarse quienes actúan por el clima. Estos momentos no ofrecen respuestas sencillas, sino que invitan a reflexionar sobre dónde residen la influencia o el bloqueo dentro de un sistema. De este modo, las constelaciones climáticas contribuyen al aprendizaje transformador al modificar las visiones del mundo y la comprensión emocional, al tiempo que resuenan con la idea del aprendizaje de triple bucle (Flood & Romm 2018), que nos invita a cuestionar no solo las estrategias o los valores, sino también las estructuras de poder y los marcos subyacentes que configuran la construcción colectiva de sentido. Las constelaciones ofrecen un espacio en el que esas dinámicas pueden encarnarse, explorarse y, potencialmente, reimaginarse. La persona facilitadora desempeña un papel clave: estar en sintonía con las dinámicas de poder sistémicas y asegurarse de que estén representadas en la constelación. Cuando quienes facilitan son sensibles a estas capas, pueden ayudar a hacer emerger actores o tensiones que de otro modo pasarían desapercibidos, como las limitaciones institucionales, las normas culturales o las voces de los márgenes.
Al mismo tiempo, advertimos de que las constelaciones climáticas no son una panacea. Son un enfoque entre muchos para abordar la educación y la movilización frente al cambio climático. Para tener un impacto duradero, probablemente deberían formar parte de un programa o una intervención más amplios. Por ejemplo, un taller de constelación podría ir seguido de sesiones de planificación de acciones, o integrarse en un currículo educativo con trabajos de reflexión y proyectos posteriores. La profundidad de las comprensiones obtenidas en una constelación puede ser considerable, pero su alcance sigue siendo limitado (grupos pequeños, sesiones intensivas). Extender este método a públicos más amplios sigue siendo un desafío: cabe imaginar formatos adaptados a grupos más grandes (con varias constelaciones en paralelo), pero aún están por probar.
Para concluir esta discusión, afirmamos que el carácter experiencial, sistémico y centrado en el ser humano de las constelaciones climáticas colma una laguna fundamental de los enfoques actuales de la transformación hacia la sostenibilidad. Al permitir una especie de «simulación suave» de problemas complejos que implica a las personas participantes con su cuerpo, sus sentidos y sus emociones, abre la puerta a un cambio más profundo que las intervenciones puramente cognitivas podrían pasar por alto. Nuestros estudios de caso aportan una primera evidencia de que las personas participantes pueden, en efecto, experimentar cambios de perspectiva significativos gracias a este método. Los trabajos futuros, como se expone más adelante, tendrán que consolidar la comprensión empírica de cómo y en qué medida esos cambios contribuyen a resultados tangibles en materia de sostenibilidad.
A medida que crece la urgencia de afrontar el cambio climático y los desafíos de la sostenibilidad, los enfoques sistémicos innovadores para implicar a las personas resultan cada vez más cruciales. Este estudio ha presentado las constelaciones climáticas como una vía prometedora y novedosa para el aprendizaje transformador y el diálogo sobre las cuestiones climáticas, que abarca las dimensiones cognitiva, emocional y física. A diferencia de los métodos didácticos convencionales, este enfoque encarnado pretende suscitar no solo una comprensión intelectual, sino también una implicación activa y un sentido personal de compromiso con las prácticas sostenibles. Al invitar a las personas participantes a encarnar literalmente los distintos componentes de un sistema, las constelaciones climáticas facilitan una comprensión holística de los problemas de sostenibilidad y subrayan que toda solución viable debe abordar las estructuras de raíz del sistema, y no solo sus síntomas superficiales.
Nuestros hallazgos muestran que los talleres de constelaciones climáticas pueden iluminar dinámicas ocultas, cuestionar modelos mentales arraigados y fomentar un compromiso colectivo con la acción. En consonancia con el marco del pensamiento sistémico de Meadows y centradas en los puntos de apalancamiento profundos del cambio, estas sesiones de constelación ofrecieron a las personas participantes una plataforma dinámica para descubrir puntos de apalancamiento y relaciones que, de otro modo, podrían pasar desapercibidos. Al hacerlo, pusieron de relieve la naturaleza interconectada de la crisis climática y de las cuestiones de sostenibilidad conexas, y orientaron a las personas participantes hacia el reconocimiento de puntos de intervención eficaces.
Los ejemplos de casos presentados en este artículo, aunque exploratorios, muestran el potencial de las constelaciones climáticas para transformar las percepciones. En distintos contextos, las personas participantes tomaron mayor conciencia del «panorama general» y de su propio papel en él, un paso clave hacia el empoderamiento y el cambio de comportamiento.
Estudios futuros podrían hacer un seguimiento de las personas participantes a lo largo del tiempo para ver si sus actitudes o sus acciones evolucionan, y de qué manera. También sería valioso cuantificar los resultados (p. ej., competencias en pensamiento sistémico, escalas de empatía) para completar las comprensiones cualitativas.
Como herramienta, las constelaciones climáticas siguen evolucionando. El saber práctico acumulado durante décadas por quienes practican las constelaciones sistémicas constituye una rica base de la que partir, pero trasladarlo a los contextos académicos y de participación pública es un proceso en curso. No obstante, la evidencia inicial presentada aquí sugiere que las constelaciones climáticas pueden ser una valiosa incorporación al repertorio de métodos que apoyan las transiciones hacia la sostenibilidad. Crean un espacio en el que los sistemas complejos se vuelven tangibles y personales. En ese espacio, las personas pueden experimentar nuevas maneras de ver el mundo y de relacionarse con él, y a menudo descubren puntos en común e inspiración para actuar. Al favorecer esa comprensión profunda y esa empatía, las constelaciones climáticas ayudan a construir la visión compartida y la voluntad necesarias para conducir nuestro mundo hacia un futuro más sostenible.
Complexe Systémique: puntos clave
El artículo interpela a la clínica sistémica de dos maneras. Por un lado, muestra que el dispositivo de constelación, nacido en la terapia familiar, puede hacer tangible un sistema demasiado vasto para pensarlo de una sola vez, aquí el clima, y abrir un diálogo de grupo a partir de una experiencia compartida. Las precauciones descritas (calentamiento corporal, derecho a salir del papel, puesta en común en varias rondas, atención a las relaciones de poder, conciencia de que la persona facilitadora forma parte del sistema) son trasladables a cualquier trabajo de escultura o de puesta en el espacio. Por otro lado, se impone una distancia crítica: ningún protocolo de evaluación, comentarios autodeclarados recogidos por la propia persona facilitadora, consentimiento implícito y una «percepción representativa» planteada como hipótesis de trabajo sin discutir sus fundamentos ni las controversias en torno a las constelaciones de Hellinger. Estas sesiones se leen mejor como herramientas de puesta en relato y de reflexión colectiva que como acceso a la verdad del sistema, algo que el propio texto reconoce. Para leer junto con la entrevista a Bert Hellinger sobre las constelaciones y los órdenes del amor y el artículo sobre la terapia familiar y el cambio climático.
Notas del original
Agradecimientos. Quiero dar las gracias a Igor Vervoort, Frank Van Oss y Ganiyat Temidayo Saliu por haber tomado notas y fotografías de las constelaciones.
Financiación. No se recibió financiación para la realización de este estudio.
Aprobación ética. No se solicitó una aprobación ética formal porque el estudio, dada la participación voluntaria en el ejercicio de constelación, garantizaba un anonimato total y excluía la recogida de datos sensibles. Las personas participantes tuvieron la posibilidad de retirarse en cualquier momento. La investigación se llevó a cabo de conformidad con las normas éticas establecidas en la Declaración de Helsinki.
Ética en la investigación con seres humanos y consentimiento para participar. Inicialmente no se obtuvo un consentimiento explícito, dado el carácter informal y observacional de esta investigación sobre la práctica sistémica. Todos los datos de las personas participantes se han anonimizado por completo para garantizar la confidencialidad y reducir al mínimo cualquier riesgo potencial.
Número de ensayo clínico. No procede.
Conflicto de intereses. La autoría declara no tener ningún conflicto de intereses.
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Traducción no oficial de Climate Constellations: A Systemic Tool for Exploring Sustainability Transitions, de Cathy Macharis, Systemic Practice and Action Research, vol. 38, n.o 2 (2025), doi: 10.1007/s11213-025-09722-5, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción del artículo original «Climate Constellations: A Systemic Tool for Exploring Sustainability Transitions», publicado en Systemic Practice and Action Research (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Macharis, C. (2025). Climate Constellations: A Systemic Tool for Exploring Sustainability Transitions. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/climate-constellations-a-systemic-tool-for-exploring-sustainability-transitions (Obra original publicada en 2025 en Systemic Practice and Action Research, 38(2), 13 (2025); republicada en 2025 por Systemic Practice and Action Research, https://link.springer.com/article/10.1007/s11213-025-09722-5)
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