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Postura profesional

Cuando la intuición precede a la estrategia

El primer destello de sentido. ¿Un sexto sentido reservado a las mentes creativas o una competencia que puede cultivarse con la misma seriedad que el pensamiento analítico?

Por Yara Doumit Terapeuta familiar y profesional de la intervención sistémica · Formadora y responsable pedagógica de Complexe Systémique

Nuestras reflexiones anteriores sobre la complejidad y la causalidad circular han mostrado hasta qué punto la realidad escapa a las lógicas lineales. A partir de ahí, explorar la noción de intuición se vuelve necesario.

Lejos de ser un capricho irracional, bien podría constituir una vertiente inmediata y sintética del rigor: un destello de conocimiento directo que precede al análisis.

Parte 1

Miradas cruzadas sobre la intuición: de Bergson a la sistémica

En filosofía, Henri Bergson hizo de la intuición el núcleo de su método de conocimiento. Para él, la intuición es la facultad que nos hace captar la duración y el flujo de la vida desde dentro, mediante una especie de simpatía con lo real, allí donde la inteligencia analítica recorta y fija las cosas.

El mapa y el paseo

Una célebre metáfora bergsoniana compara el análisis con el mapa de una ciudad: útil, pero abstracto. La intuición, en cambio, corresponde al paseo sin rumbo por la ciudad — una experiencia directa, inmediata, insustituible.

Su heredero intelectual Gilbert Simondon, al interesarse por los procesos de individuación, prolonga esta valoración de un conocimiento vivido desde dentro. Comprender un fenómeno — técnico, vivo o psíquico — implica para él cierta intuición de su devenir, una captación global de su equilibrio siempre en movimiento, que expresa mediante la idea de una metaestabilidad de los seres en devenir.

La intuición filosófica no es, por tanto, una ocurrencia esotérica: es un modo de conocimiento directo, complementario del análisis racional, para aproximarse a la complejidad de lo real.

Las grandes figuras del pensamiento sistémico y de la cibernética de segundo orden también rehabilitaron la intuición en el seno de un pensamiento riguroso de la complejidad.

Gregory Bateson

«El progreso en la ciencia procede siempre de una combinación de pensamiento desordenado y pensamiento riguroso; y, a mi juicio, esa combinación es nuestra herramienta más valiosa».

Heinz von Foerster, pionero de la cibernética de segundo orden, subrayó que quien observa forma parte integrante de la observación: «la objetividad es la ilusión de que las observaciones podrían hacerse sin observador». Esta inclusión del sujeto implica reconocer el papel de nuestra propia percepción interior en todo proceso de conocimiento. Nuestra comprensión de un sistema complejo moviliza inevitablemente nuestros recursos intuitivos, nuestras experiencias pasadas y nuestros sesgos — de los que conviene ser conscientes para no dejarse engañar por ellos.

Edgar Morin, por último, aboga por una inteligencia que no se reduzca a la fría abstracción lógica. Pensar la complejidad del mundo requiere, según él, movilizar todo nuestro ser cognitivo, razón e intuición incluidas. Reclama «una manera de pensar que no sea desencarnada y abstracta, sino rica en sentir, en intuición y en conexión con el contexto».

Múltiples voces coinciden: la intuición no es lo contrario de la razón. Es un componente de pleno derecho de la inteligencia humana, especialmente valioso cuando navegamos por situaciones inciertas o complejas.

Parte 2

La intuición no es enemiga del rigor

A pesar de estas perspectivas convergentes, la intuición sigue teniendo una reputación ambigua en el mundo profesional. Se la relega con facilidad al registro del instinto irracional, opuesto al método y al análisis serio.

Sin embargo, todas las personas tenemos experiencia de intuiciones fiables: el diagnóstico fulgurante que se formula en la consulta médica antes incluso de las pruebas, el presentimiento de quien dirige un equipo de que una decisión será mal recibida, la sensación de quien investiga sobre qué hipótesis merece ser explorada a fondo.

La intuición

Capta un sentido global inmediato. Orienta hacia dónde dirigir nuestra atención. Una inteligencia que toma atajos.

El rigor

Detalla y confirma. Somete las cosas al examen de la reflexión crítica, de la verificación de los hechos, del diálogo con los demás.

Lejos de oponerse al rigor, estas intuiciones son a menudo el punto de partida de un proceso riguroso. Negar ese primer esbozo de comprensión intuitiva sería privarse de una palanca cognitiva poderosa, sobre todo ante la complejidad, donde los datos abundan y un análisis exhaustivo es imposible en el momento.

En la ciencia como en el arte, el avance nace de un diálogo entre el destello de genio y el trabajo metódico. Es hora de superar el falso dilema entre intuición y racionalidad. La intuición es un rigor inmediato, que gana al ser reconocido y afinado en lugar de reprimido.

Parte 3

En la práctica clínica y relacional

En una entrevista, quien ejerce la profesión se enfrenta a una multitud de señales, verbales y no verbales, conscientes e implícitas. Dispone de marcos de análisis, de teorías, de herramientas metodológicas. Pero sería ilusorio creer que solo se apoya en estos elementos conscientes.

La actitud profesional moviliza también un saber más tácito: un olfato para lo que ocurre en el aquí y ahora de la relación. En terapia familiar, sentir una tensión intangible entre dos miembros de la familia antes incluso de que estalle un conflicto abierto. En coaching, percibir tras las palabras de la persona acompañada una emoción oculta. En medicina, adivinar que alguien en consulta no lo está contando todo.

A menudo, estas microintuiciones se manifiestan a través de sensaciones corporales — un nudo en el estómago al escuchar un relato, señal de que algo no encaja —, de imágenes espontáneas que acuden a la mente o de un impulso de formular la pregunta que sacude.

Bien utilizada, esta escucha intuitiva permite crear un vínculo profundo y coconstruir con la persona consultante hipótesis o vías de cambio. La intuición en la relación es una brújula interior: no impone nada por sí misma, pero orienta nuestra atención hacia lo que realmente importa para la otra persona.

La vigilancia crítica sigue siendo necesaria

Una intuición puede ser errónea o estar sesgada por nuestras propias proyecciones. La práctica experimentada adopta una postura reflexiva: toma nota de sus intuiciones, pero las pone a prueba, las contrasta con la realidad o con la opinión de la persona consultante. En supervisión, quienes ejercen la terapia exploran lo que han sentido en sesión para distinguir lo que corresponde a una intuición pertinente de lo que procede de sus filtros personales.

Lo que hay que retener

La intuición nunca es infalible. Afinada e iluminada por la reflexión, se convierte en una formidable herramienta de ajuste.

Para ir más lejos
Cómo citar este artículo

Doumit, Y. (2025). Quand l’intuition précède la stratégie. Le premier éclair de sens. Complexe Systémique. https://www.complexe-systemique.com

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