Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Marital and Family Therapy · Terapia familiar
Virginia Satir tocaba mucho: manos, rostros, hombros. ¿Qué hacen hoy con ese legado quienes practican su modelo, en la era del #MeToo y de la atención informada sobre el trauma? Crystal G. Marroquin y Carson Outler entrevistaron a quince personas expertas: el contacto físico sigue siendo posible, pero consentido, deliberado, a veces indirecto y siempre pensado a la luz de la identidad y del poder.
Traducción no oficial al español de Therapeutic Touch in the Human Validation Process Model: A Reflexive Thematic Analysis, de Crystal G. Marroquin y Carson Outler, publicado en Journal of Marital and Family Therapy (Wiley) (2026), doi: 10.1111/jmft.70111, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
«Establecer contacto» puede manifestarse de múltiples maneras, tanto físicas como no físicas.
Crystal G. Marroquin y Carson Outler
Resumen
El uso del contacto físico en terapia es un tema matizado e importante, especialmente pertinente para terapeutas de orientación experiencial. El presente estudio se propuso explorar el papel y el uso del contacto físico en el Modelo del Proceso de Validación Humana (Human Validation Process Model, HVPM) de Virginia Satir mediante una indagación fenomenológica. Se entrevistó a quince participantes que utilizan este modelo y se les preguntó por su perspectiva sobre el contacto físico y su uso en el HVPM. A partir de datos cualitativos procedentes de entrevistas con personas expertas, el equipo investigador ofrece consideraciones de buena práctica y ejemplos de si el contacto físico puede incorporarse a la terapia experiencial y de cómo hacerlo. Se utilizó un análisis temático reflexivo para generar cinco temas: (1) establecer una conexión congruente, (2) orquestar el contacto físico, (3) manejar con cuidado, (4) el self de la persona terapeuta experiencial y (5) consideraciones contemporáneas en evolución. Cada tema se analiza con los códigos asociados, junto con citas textuales de participantes. Estos resultados pueden orientar la práctica terapéutica y las formas de utilizar un contacto físico seguro y consentido al servicio de la sanación en terapia.
La aparición de la terapia familiar sistémica trajo consigo diversos enfoques de tratamiento y pioneras y pioneros de distintos rincones del mundo, entre quienes una de las figuras más eclécticas fue Virginia Satir, creadora del Modelo del Proceso de Validación Humana. Satir empleaba diversos métodos en su trabajo clínico, sobre todo el uso de sí y el contacto físico terapéutico (Satir and Baldwin 1983). Más allá de la obra de Satir, la importancia del contacto físico para favorecer vínculos de apego seguros se reconoce desde hace tiempo (Jakubiak and Feeney 2016). Sin embargo, la aplicación del contacto físico en psicoterapia ha sido poco estudiada, aunque puede tener valor en un entorno en el que la persona terapeuta trabaja activamente para crear una alianza con su clientela e interviene de forma significativa.
Uno de los fundamentos de la formación en terapia sistémica es aprender a crear un vínculo terapéutico con la clientela mediante el proceso de acoplamiento (joining) (Rait 2000). A quienes inician su carrera clínica se les enseñan los riesgos de transgredir límites éticos, lo que puede incluir un contacto físico inapropiado. Aprender estos componentes esenciales de la práctica al mismo tiempo que se descubre un modelo que promueve el uso de sí y del contacto físico puede llevar a quienes sienten curiosidad por este enfoque a decantarse por un enfoque más popular o manualizado que incluya únicamente intervenciones verbales. El contacto físico es una intervención dinámica que puede adoptar más formas que el simple contacto entre terapeuta y cliente, como facilitar el contacto o modificar el espacio terapéutico para crear conexión. En lo que respecta a la intervención física, en la formación de terapeutas hay que enseñar el cuándo y el cómo, además de lo correcto y lo incorrecto.
A medida que la práctica de la terapia experiencial crece y más profesionales integran el HVPM en su enfoque, resulta esencial evaluar críticamente el papel del contacto físico en la práctica terapéutica. El propósito de este estudio era explorar cómo quienes practican la terapia experiencial utilizan y facilitan el contacto físico en terapia, presentando a la vez conceptualizaciones actualizadas del contacto físico dentro del Modelo del Proceso de Validación Humana.
El Proceso de Validación Humana pone el acento en el valor auténtico, el respeto y el aprecio por el milagro y la bondad de todas las personas (Haber 2002). Esta virtud profundamente arraigada influye tanto en los conceptos como en la práctica de este modelo. El modelo tiene varios principios fundamentales, entre ellos la convicción de que la congruencia entre los sentimientos internos y las conductas externas es esencial, de que la autoestima está en el centro de los procesos interpersonales funcionales y disfuncionales, y de que una comunicación abierta y auténtica es esencial para la salud de las relaciones (Erker 2017). La congruencia es en este modelo un constructo multifacético relacionado con la comunicación y la armonía (Satir and Baldwin 1983). En el HVPM, la comunicación congruente suele describirse como «decirlo directamente», es decir, decir lo que se piensa y hacer lo que se dice (Englander‐Golden and Satir 1990). Es un objetivo general para la clientela, y quienes practican este modelo también deben aspirar a la congruencia y encarnarla. Además, este modelo sostiene que la autoestima afecta al funcionamiento individual y sistémico, para bien o para mal. Cuando la autoestima es baja y se siente amenazada, las personas la protegen aplacando, culpando, mostrándose hiperrazonables o distrayendo del intercambio (Satir 1972). El HVPM pretende ayudar a la clientela a mejorar su autoestima, ser más congruente y comunicarse de forma directa. El HVPM se centra también en advertir, nombrar y modificar los patrones de comunicación dentro del sistema. Satir subrayaba que la comunicación es el intercambio y la construcción de sentido entre personas, y que implica los cinco sentidos (Satir 1976; Satir and Baldwin 1983). El HVPM anima a terapeutas a ayudar a la clientela a comprender mejor las respuestas somáticas asociadas a estímulos positivos y negativos para favorecer la conexión mente‐cuerpo (Satir et al. 1991). Para alcanzar estos objetivos, la persona terapeuta puede recurrir a diversas herramientas, como la metáfora, la escultura, el humor, el uso de sí y el contacto físico.
Ante todo, es necesario subrayar que cualquier implicación física con una persona en terapia debe ser consentida, informada e intencional (Pinson 2002). Antes de tocar a la persona, quien ejerce la terapia debe tener en cuenta su identidad, su historia clínica y el estado actual de la alianza terapéutica (Phelan 2009). En el contexto de este modelo, el contacto físico puede consistir en que la persona terapeuta ponga la mano en la espalda de la persona atendida para calmarla, o en ofrecerle un abrazo cuando se siente desbordada. Satir creía que el contacto físico era una forma de conectar con la clientela para ayudarla a sentirse segura y anclada durante la sesión, pero que debía hacerse con un propósito (Satir and Baldwin 1983). Las primeras enseñanzas y los primeros vídeos de este modelo muestran a Satir relacionándose intensamente con la clientela mediante el contacto físico: tomándole las manos, el rostro, los hombros. Sin embargo, por diversas razones, esto puede no resultar congruente para cualquier profesional, y el grado de contacto físico con la clientela que se siente auténtico en el espacio terapéutico puede variar.
En el conocido texto de Satir Step by Step, la autoría subrayaba «… que su contacto físico no es una “técnica” automática y mecánica que utilice indiscriminadamente. Era muy sensible a las señales que recibe sobre los límites de las personas y no los transgredirá» (Satir and Baldwin 1983). En el HVPM, el contacto físico es deliberado e intencional, como forma de calmar o de intensificar un momento o una experiencia. Por ejemplo, la persona terapeuta podría sentarse junto a una persona y ponerle la mano en la espalda para reconfortarla si se siente desbordada al elaborar un tema difícil. Además, podría inclinarse físicamente hacia la persona o ponerle una mano en el brazo o la rodilla durante una elaboración profunda, para mostrar apoyo físico y procurar a la vez anclarla en la conversación.
Como se ha mencionado, en el contexto de este modelo el contacto físico no siempre consiste en un contacto entre terapeuta y cliente. Además del contacto físico directo, existe la facilitación del contacto, en la que la persona terapeuta anima a los miembros de una pareja o una familia a tomarse de la mano o a acercarse. Quienes practican este modelo pueden no tocar nunca a su clientela y, en cambio, facilitar una experiencia de contacto físico entre los miembros de parejas o familias. Con una persona en terapia individual, quien ejerce la terapia podría animarla a ofrecerse consuelo a sí misma con un abrazo, o a aliviar una respuesta somática masajeando el punto de tensión de su cuerpo. Dado que este modelo subraya la importancia de ayudar a la clientela a reconocer y admitir sus respuestas internas además de las externas, facilitar el contacto físico como herramienta de exploración puede resultar beneficioso. En sistemas que incluyen a más de una persona, el contacto físico puede incorporarse como una manera de crear nuevas formas de cercanía e intimidad, o de recuperar las anteriores, según lo deseen las personas atendidas. Por ejemplo, la persona terapeuta podría indicar a un miembro de la pareja que tome la mano del otro o le pase un brazo por los hombros mientras hablan de un tema o una experiencia difícil. Además, el contacto físico puede producirse al aplicar otras intervenciones centrales de este modelo, como la escultura familiar, en la que la persona terapeuta puede colocar a las personas con las manos. Aunque es un componente del HVPM, otros modelos sistémicos no incorporan ni fomentan la implicación física con la clientela, lo que suscita interrogantes sobre la utilidad del contacto físico en el tratamiento.
El uso del contacto físico en terapia, sea cual sea el modelo terapéutico, es un tema matizado y debatido. Aunque muchas personas terapeutas no utilicen deliberadamente el contacto físico en su trabajo, investigaciones anteriores han constatado que la mayoría toca a su clientela en determinadas situaciones (Hunter and Struve 1998; Pope et al. 2006). Un estudio cualitativo sobre el uso del contacto físico en terapia por parte de profesionales de la psicología clínica observó que la decisión de tocar a una persona atendida solía ser instintiva (Harrison et al. 2012). Se puede recurrir al contacto físico por diversos motivos, como saludar, consolar y animar a la clientela, o contener a una persona violenta (Rovers et al. 2017). Sin embargo, muchas personas terapeutas dudan en hablar de cualquier uso del contacto físico por miedo a acusaciones de mala praxis o a sospechas de conducta indebida (Stenzel and Rupert 2004).
Quienes defienden el contacto físico en terapia sostienen que el contacto en sí mismo es terapéutico (Berendsen 2017). El contacto físico es un lenguaje preprogramado de la experiencia humana, esencial para nuestro desarrollo (Gothard and Fuglevand 2021). Una revisión sistemática y metanálisis multinivel reciente de Packheiser et al. (2024) sintetizó los resultados de 137 estudios empíricos y 75 revisiones sistemáticas más amplias. El estudio informa de efectos globales de tamaño medio de las intervenciones basadas en el contacto físico sobre la salud física y mental de personas adultas. En concreto, se constató que estas intervenciones reducían significativamente los síntomas depresivos, ansiosos y de dolor; los análisis de moderadores mostraron que las muestras clínicas obtenían mayores beneficios en salud mental que las muestras normativas (Packheiser et al. 2024). En el ámbito específico de la terapia, quienes defienden el contacto físico subrayan cómo puede ayudar a proporcionar contención y seguridad (Courtney and Gray 2014; Pinson 2002) y facilitar la comunicación (Salzmann‐Erikson and Eriksson 2005). Además, el contacto físico puede ayudar a la clientela a utilizar su saber somático y a reconectar la mente con el cuerpo. La investigación en neurociencia respalda esta conexión mente‐cuerpo y ha mostrado que la psicoterapia corporal puede ayudar a tratar la depresión crónica y el trauma (Langmuir et al. 2012; Leitch et al. 2009; Röhricht et al. 2013). Investigaciones anteriores también sugieren que el contacto físico es más eficaz en terapia cuando se habla abiertamente de él (Westland 2011). Muchas voces sostienen que el contacto físico debería ser un tema fundamental en los programas de máster, con oportunidades de practicar un contacto sintonizado, seguro, intencional, contextualizado y consentido (Wright 2020).
Por otro lado, hay terapeutas que pueden sentir incomodidad o inseguridad a la hora de tocar a su clientela por diversas razones. La mayoría de los códigos deontológicos del counseling y de la terapia no abordan directamente el contacto físico, y pocos modelos de toma de decisiones éticas lo tienen en cuenta (Calmes et al. 2013). Para que quede claro: el contacto sexual o violento se considera contrario a la ética en todas las disciplinas. Sin embargo, muchos programas de formación ofrecen una preparación insuficiente sobre el contacto físico terapéutico (Wright 2020), lo que puede generar malentendidos sobre si el contacto físico es apropiado. Además, el debate sobre el contacto físico ha seguido siendo dicotómico, sin atender al cómo y al cuándo de su uso con la clientela (Stenzel and Rupert 2004). Para muchas personas terapeutas, la decisión de evitar el contacto físico puede deberse a la gestión de riesgos o a la incertidumbre sobre cómo integrarlo en una atención informada sobre el trauma. Es comprensible que muchas personas supervisoras desaconsejen a quienes supervisan el uso del contacto físico para evitar posibles problemas éticos o legales. El contacto físico puede verse como arriesgado, sobre todo si la clientela lo malinterpreta (Glickauf‐Hughes and Chance 1998). Por último, los movimientos sociales actuales han impulsado una mayor sensibilidad al poder, a la autonomía y al trauma. A las personas terapeutas puede preocuparles que su contacto se viva como dañino, transgresor o retraumatizante (Calmes et al. 2013). Sin una formación adecuada, muchas se sienten mal preparadas en el uso del contacto físico terapéutico y, en consecuencia, pecan de prudencia y lo evitan por completo.
Las intervenciones del HVPM, y en especial el contacto físico terapéutico, deben aplicarse con intención, curiosidad y una prudencia ética explícita. Aunque el contacto físico se menciona con frecuencia en las descripciones de los enfoques experienciales, la literatura carece de una explicación clara de cómo ha evolucionado esta intervención en el contexto del modelo de Satir. Estas conceptualizaciones más avanzadas requieren también tener en cuenta los matices que vive la clientela actual. En el presente estudio, el equipo investigador trató de comprender mejor cómo pueden utilizar o facilitar el contacto físico quienes practican el modelo, y cómo perciben su importancia en relación con el HVPM y con su trabajo clínico en general. Desde la creación del modelo a finales del siglo XX, las normas sociales en torno al contacto físico y la conexión pueden haber cambiado. Por ello, el equipo investigador se interesó por la manera en que las personas participantes aplican y conceptualizan el contacto físico en terapia en el clima actual, y por cómo no solo se han adaptado a las necesidades de la clientela de hoy, sino que también han hecho suyo el contacto físico. Este estudio pretendía responder a la siguiente pregunta de investigación: ¿cómo dan sentido al uso clínico del contacto físico, y cómo lo conceptualizan, quienes ejercen la terapia sistémica inspirándose en el Modelo del Proceso de Validación Humana?
En aras de la transparencia y de la autorreflexividad, las autoras desean explicitar su posición social. Ambas utilizan el HVPM en su práctica clínica. Se identifican como mujeres cisgénero sin discapacidad, al inicio de su carrera como terapeutas de pareja y familia. Ambas tienen un máster; una de ellas es doctora y la otra está realizando el doctorado. La primera autora es hispana y la segunda, blanca. Queremos reconocer que nuestras identidades interseccionales singulares influyen en nuestro uso del contacto físico en terapia y en esta investigación. Al hablar de identidad y de poder, es importante abordar explícitamente cómo nuestros cuerpos contienen nuestras experiencias vividas y nuestros traumas y están entrelazados con ellos. Al hablar del contacto físico en terapia, la materialidad literal de nuestras formas humanas, incluidos su forma, su tamaño, su color de piel, su edad y su expresión de género, también es central. Por ejemplo, nuestros cuerpos, tal como nos presentamos en las entrevistas con las personas participantes o tal como nos presentamos en terapia ante nuestra clientela, no son instrumentos neutros. El contacto físico en terapia está condicionado por las percepciones de la feminidad, la masculinidad, la raza, la edad, las capacidades y las apariencias normativas frente a las divergentes. Debido a la socialización y las normas de género en Estados Unidos, nuestro uso del contacto físico puede percibirse como protector, menos amenazante y más aceptable socialmente. A lo largo de todo el proceso de análisis de datos, se discutió deliberadamente cómo las identidades, los cuerpos y las perspectivas clínicas de las investigadoras influían en los resultados de este estudio.
Además, este trabajo se sitúa en un paradigma constructivista‐interpretativista, basado en una ontología relativista y una epistemología constructivista. Una postura ontológica relativista parte del supuesto de que la realidad es múltiple, subjetiva y moldeada por el contexto (Guba and Lincoln 1994). Desde esta óptica, no existe una única realidad objetiva del contacto físico. Nuestra epistemología constructivista afirma que el conocimiento se coconstruye a través del diálogo (Creswell and Poth 2018). En nuestro trabajo, el sentido coconstruido entre participantes e investigadoras no pretendía producir verdades universales, sino reflexiones contextualizadas. Este paradigma reconoce el carácter situado e interpretativo de la investigación cualitativa y concuerda con nuestro objetivo de captar los procesos mediante los cuales las personas terapeutas dan sentido al contacto físico (Guba and Lincoln 1994). Al diseñar este estudio, dimos prioridad a la integridad metodológica, garantizando a la vez la fidelidad a las experiencias vividas de las personas participantes y la utilidad para alcanzar nuestro objetivo de investigación: aportar contribuciones significativas a la teoría del HVPM (Levitt et al. 2017).
Guiada por nuestra pregunta de investigación y por el tema recurrente de los matices y el contexto en la investigación existente sobre el contacto físico, la fenomenología resultaba adecuada para obtener relatos ricos y descriptivos de las experiencias de las personas participantes. La fenomenología privilegia los relatos en primera persona con el objetivo de desvelar la esencia de un fenómeno (Van Maanen 1998). Fundamentar este estudio en un enfoque fenomenológico garantizaba una clara coherencia con nuestra ontología relativista y nuestra epistemología constructivista (Creswell and Poth 2018). Desde este punto de vista, el sentido y la experiencia colectiva del contacto físico en el HVPM se entienden como subjetivos y condicionados por la persona de quien ejerce la terapia y de quien la recibe. Para comprender cómo se vive, se percibe, se interpreta y se aplica el contacto físico, se da prioridad a los relatos de las personas participantes. Así, la fenomenología era la que mejor permitía generar conocimiento a partir de las experiencias vividas de las personas participantes, captando los matices necesarios para interpretar la complejidad del contacto físico en la práctica clínica.
Para analizar nuestros datos, empleamos un análisis temático reflexivo, que nos permitió ampliar la teoría existente del HVPM atendiendo a la vez a las perspectivas vividas y a las intuiciones de las personas participantes (Braun and Clarke 2025; Creswell and Poth 2018). El análisis temático reflexivo es un método cualitativo que sirve para identificar, analizar e interpretar los patrones presentes en los datos (Braun et al. 2022), con especial atención al papel de quien investiga. Este método reconoce la subjetividad y fomenta una reflexión continua a lo largo del análisis de datos para reconocer cómo la perspectiva de quien investiga puede moldear los temas que emergen. Se adoptó un enfoque deductivo, ya que la codificación y la elaboración de los temas se guiaron por ideas existentes relacionadas con el HVPM (Braun and Clarke 2022b). Se evaluó el «ajuste» entre nuestro diseño, nuestro método y nuestra pregunta de investigación para comprobar su coherencia (Braun and Clarke 2022a; Willig 2013). Nuestro análisis temático reflexivo tenía una orientación experiencial y se adecuaba bien a nuestra pregunta de investigación, ya que se centraba en las prácticas y las conductas de las personas. Este enfoque permite captar patrones a través de temas organizadores, integrarse en diversos marcos teóricos y abordar preguntas relativas a las experiencias de las personas (Braun and Clarke 2022a, 2022b). La flexibilidad del análisis temático reflexivo permite una comprensión matizada de las diversas formas en que las personas terapeutas incorporan el contacto físico, mientras que su atención a la perspectiva de quien investiga garantiza que el análisis siga siendo sensible a las experiencias complejas y subjetivas inherentes a las prácticas terapéuticas.
Los datos del presente estudio se recogieron en dos fases. La primera fase de recogida de datos se llevó a cabo en el marco de un estudio más amplio cuyo objetivo era crear un marco conceptual para el HVPM (Outler and Marroquin 2025). Se consideraba expertas a las personas candidatas que tenían una dedicación clínica, profesional o académica sólida al Modelo del Proceso de Validación Humana y un dominio de este. Se contactó con las posibles personas expertas por correo electrónico.
Se facilitó a las posibles personas participantes una descripción del estudio, el enlace a la encuesta y el consentimiento informado. La encuesta incluía diversas medidas y preguntas abiertas que evaluaban el uso y la comprensión del HVPM por parte de las personas participantes. Las personas interesadas completaron la encuesta y tuvieron la oportunidad de aceptar una entrevista con la investigadora principal. Las personas que aceptaron la parte de entrevista fueron citadas con la investigadora principal por Zoom. Se les preguntó por sus experiencias de aprendizaje y uso del HVPM, además de por su comprensión de los conceptos y las intervenciones fundamentales. Las entrevistas de la primera fase de recogida de datos incluían una pregunta sobre el uso del contacto físico en terapia y una pregunta de seguimiento. Se preguntaba a las personas participantes: ¿cómo utiliza o facilita el contacto físico con su clientela? Si utilizaban el contacto físico en su trabajo, se les preguntaba a continuación: ¿hay consideraciones que tenga presentes al utilizar el contacto físico? El presente estudio pretendía recoger una amplia variedad de experiencias y, una vez completadas las 10 primeras entrevistas, el poder informativo (Malterud et al. 2016) no era suficiente, por lo que se realizaron cinco entrevistas adicionales. El poder informativo se refiere a la cantidad de información que contiene una muestra y que es necesaria para abordar los objetivos del estudio (Braun and Clarke 2021).
En una segunda fase de recogida de datos, se amplió la muestra con un enfoque específico en el uso del contacto físico. Estas personas participantes se reclutaron mediante un muestreo en bola de nieve. La participación en el estudio no fue remunerada. Los procedimientos del estudio fueron supervisados por el comité de ética institucional (Institutional Review Board) de la universidad.
Se pidió a las personas interesadas que completaran una breve encuesta, que incluía el consentimiento y el cuestionario sociodemográfico, antes de concertar una entrevista con la investigadora principal. Una vez concertada, cada participante realizó una entrevista grabada de 1 h por Zoom con la investigadora principal. Mediante una guía de entrevista semiestructurada centrada en la intervención del contacto físico, el equipo investigador preguntó a las personas participantes por su percepción y su uso del contacto físico con este modelo. Entre las preguntas figuraban: «Como sabemos, el modelo de Satir pone de relieve el uso del contacto físico. ¿Cómo utiliza o facilita usted, personalmente, el contacto físico con su clientela?» y «¿Cree que el hecho de que el contacto físico sea una intervención de este modelo atrae a terapeutas hacia el HVPM o les aleja de él?». Se animó a las personas participantes a compartir tanto o tan poco como les resultara cómodo sobre su uso del contacto físico al aplicar el HVPM. Otras preguntas indagaban en cómo habían influido sus identidades en la decisión de incorporar el contacto físico a su práctica. Todos los datos de las personas participantes se anonimizaron y se guardaron en un archivo seguro de OneDrive. Las entrevistas se transcribieron literalmente con el servicio de software Otter.ai y se revisó su exactitud.
La muestra final del estudio incluye a 15 participantes en las entrevistas. Los años de experiencia en el uso del HVPM iban de 7 a 60 (M = 26.3, SD = 16.9). La muestra incluía a nueve mujeres y seis hombres. La edad de las personas participantes iba de 33 a 79 años (M = 56.4, SD = 17.9). La distribución racial/étnica autodeclarada era de 10 personas blancas no hispanas, 2 personas hispanas, 1 persona negra y 2 personas que eligieron «otro, no hispano». Cinco participantes ejercían a la vez funciones docentes universitarias y trabajo clínico, cinco tenían únicamente funciones clínicas, tres ejercían otras funciones profesionales, una persona tenía exclusivamente funciones docentes y otra no indicó su función profesional actual. Todas las personas participantes vivían en ese momento en Estados Unidos o en Canadá. De las 10 personas participantes con actividad clínica, la mayoría trabajaba en consulta privada con personas, parejas y familias, y algunas tenían también experiencia en entornos médicos.
El análisis temático reflexivo es un método para organizar sistemáticamente datos cualitativos con el fin de hacer aflorar conceptualizaciones e ideas en forma de códigos y temas significativos (Braun and Clarke 2022a). Este proceso iterativo permite a quien investiga familiarizarse a fondo con lo que dicen los datos, a través de seis etapas de revisión en las que cada contacto con los datos hace más claro su sentido (Mihas 2023). A lo largo de este proceso analítico orgánico, las investigadoras redactaron notas a nivel de constructo para registrar impresiones, afinar códigos y desarrollar temas.
En la primera etapa, ambas trabajamos para familiarizarnos con los datos leyendo individualmente, una tras otra, cada una de las transcripciones de las personas participantes, para familiarizarnos con la perspectiva singular de cada participante. Un ejemplo de nota de la primera etapa decía: «Se nota que es una persona terapeuta de más edad y parece muy segura de sí en el uso del contacto físico en terapia. ¿Qué significa esto para terapeutas más noveles que quizá no “emulen” una energía parecida a la de la fundadora del modelo, que era una mujer mayor?». Este era el tipo de reflexiones que se discutían entre las investigadoras para explorar cómo cada perspectiva podía influir en los procesos de codificación individuales. La segunda etapa consistió en la generación inicial de códigos, que ambas investigadoras realizaron por separado antes de reunirse para discutirlos. Entre los códigos de ejemplo figuraban «el contacto físico como uso de sí» y «descripciones del uso del contacto físico en la práctica». A lo largo de sucesivas rondas de codificación, nuestros códigos se fueron afinando de forma reflexiva. Por ejemplo, el código inicial «tipos de contacto físico» se afinó en códigos como «contacto que ancla» y «contacto evocador», y evolucionó hasta los códigos finales «calmar y reconfortar» y «amplificar el momento». A continuación vino nuestra tercera etapa, la generación preliminar de temas, que incluyó la organización de los códigos y la exploración de posibles patrones en los datos. Como profesionales que hemos utilizado el HVPM y supervisado a profesionales que lo utilizan, exploramos cómo nuestras propias realidades subjetivas podían haber influido en la interpretación de los datos. El tema inicial «uso indirecto del contacto físico» representaba un conjunto amplio y genérico y evolucionó hacia «orquestar el contacto físico». Este tema afinado refleja nuestro desplazamiento hacia un patrón interpretativo, basado en el sentido (Braun and Clarke 2022a). La cuarta etapa consistió en desarrollar y evaluar los temas. Trabajamos para explorar cómo nuestras perspectivas individuales y nuestras orientaciones clínicas podían haber influido en nuestras decisiones sobre lo que constituye un tema. Esto nos llevó a la quinta etapa, en la que definimos los temas con nombres representativos. La sexta etapa consistió en finalizar los temas y presentar las interpretaciones de nuestros extractos de datos (Braun and Clarke 2022a).
En investigación cualitativa, la confiabilidad se refiere a las técnicas utilizadas para mantener el rigor, la transparencia y la credibilidad a lo largo del proceso analítico (Ahmed 2024; Creswell and Poth 2018). De acuerdo con las recomendaciones recientes, seguimos las Reflexive Thematic Analysis Reporting Guidelines de Braun y Clarke (2024), que destacan la transparencia, la congruencia y la reflexividad como indicadores clave de confiabilidad en el análisis temático reflexivo. Estas directrices (Braun and Clarke 2024) insisten en que la confiabilidad en el análisis temático reflexivo se alcanza mediante un compromiso reflexivo sostenido, y no mediante el cumplimiento de una lista de verificación. A lo largo de esta investigación, aplicamos múltiples prácticas reflexivas. Como terapeutas formadas en el HVPM, mantuvimos un diálogo continuo sobre cómo nuestras experiencias clínicas y personales y nuestros supuestos sobre el contacto físico podían moldear nuestro trabajo. Por ejemplo, en las primeras entrevistas dimos por supuesto que todas las personas participantes que utilizaban este modelo y se interesaban por el estudio recurrirían al contacto físico. Cuando este supuesto no se confirmó, examinamos críticamente cómo esta expectativa podía haber influido en nuestra percepción de los relatos de las personas participantes y pusimos activamente entre paréntesis su influencia en la elaboración de los códigos y los temas (Tufford and Newman 2012).
La credibilidad, uno de los pilares de la confiabilidad, se refiere al grado en que los resultados son fieles a los relatos de las personas participantes (Korstjens and Moser 2018). En el análisis temático reflexivo, la credibilidad se alcanza prestando una atención cuidadosa al papel interpretativo de quien investiga (Braun and Clarke 2022b, 2024). En este estudio, la credibilidad se apoyó en la redacción detallada de notas reflexivas, en sesiones de debriefing entre pares, en el mantenimiento de una pista de auditoría de las decisiones de codificación y en el recurso a múltiples fuentes de datos para enriquecer la interpretación (Nowell et al. 2017). En conjunto, esta práctica reflexiva continua contribuyó a la confirmabilidad y la fiabilidad de los resultados.
El análisis temático reflexivo deductivo de las entrevistas condujo al afinamiento y la selección de cinco temas y 14 códigos que recogían tanto constructos teóricos como la experiencia vivida de las personas participantes. Los temas generales generados fueron: (1) establecer una conexión congruente, (2) orquestar el contacto físico, (3) manejar con cuidado, (4) el self de la persona terapeuta experiencial y (5) consideraciones contemporáneas en evolución. Cada tema se analizará con los códigos asociados, junto con citas textuales de participantes que lo sustentan.
En el Modelo del Proceso de Validación Humana, «establecer contacto» es el proceso de crear una conexión auténtica con la clientela y entre sus miembros, en la que la información puede compartirse con seguridad y se genera un sentimiento de esperanza en el futuro (Satir 1976). Las personas participantes conceptualizaron de forma abrumadora el contacto físico como la conexión física entre ellas y su clientela. Mencionaron varios propósitos del uso del contacto físico en el marco terapéutico, que se desarrollan en los códigos (1) calmar y reconfortar, (2) interpretar los rituales cotidianos y (3) amplificar el momento. Sea cual sea la intención de dicho contacto físico, las personas participantes señalaron la importancia de explicar su propósito. Desde el principio, puede ser útil explicar a la clientela que el contacto físico forma parte de este modelo y cómo puede utilizarse, con consentimiento, para favorecer la sanación a lo largo de las sesiones.
El contacto físico se veía a menudo como una herramienta para ayudar a las personas en un estado emocional exacerbado a reorientarse hacia el presente. Una persona terapeuta explicaba:
En mi trabajo con trauma, me he encontrado con situaciones en las que he visto a gente disociarse, o salirse un poco de su ventana de tolerancia, en un estado de lucha o huida, y con su permiso, porque no quiero retraumatizarles, a veces el contacto físico les ancla. Ayudar a que la gente vuelva a la realidad, tipo: ‘Oye, ¿te parece bien si te pongo la mano aquí en la rodilla un segundo mientras, mientras haces esta respiración? Para traerte un poco de vuelta’.
Otra persona participante contaba: «Si es en el momento adecuado y en el lugar adecuado, ¿sabes?, sentir la mano cuando alguien está teniendo un recuerdo aterrador, aterrador. [Decirle] ‘Estoy aquí. No estás allí. Ahora estamos juntos’». Además, algunas personas participantes destacaron las diferencias entre el contacto físico que les resultaba normal fuera de la terapia y el contacto más propio del marco terapéutico y de las primeras representaciones del HVPM. Una persona participante contaba:
…. el contacto físico, para mí, o sea, hacerlo e incorporarlo al uso del modelo no es algo natural para mí. Pero ha habido momentos en que quise hacerlo en sesión…, por ejemplo, tuve una clienta cuyo novio murió de una sobredosis cuando yo trabajaba en hospitalización, y me pareció algo muy normal darle unas palmaditas en la espalda.
Varias personas participantes comentaron también que la clientela busca a menudo el contacto físico como una forma habitual de saludo. Esta señal social y cultural es muy común en otros espacios de la vida comunitaria (por ejemplo, el trabajo, la iglesia, los entornos médicos) y de la vida familiar, donde un abrazo puede ser una forma de conectar con un ser querido. Una persona participante afirmaba:
Tengo muchísima gente en consulta que simplemente quiere darme un gran abrazo al final de la sesión, o sea, es algo muy habitual. Unos lo hacen y otros no. Me guío por sus señales, ¿sabes?, no lo impongo. Pero como es una forma de conexión tan profunda, el contacto físico puede sentirse como algo que la reafirma mucho…
Algunas personas participantes señalaron también que es imprescindible sintonizar con las señales de la persona atendida, además de con la propia comodidad a la hora de tocar. Una persona terapeuta contaba: «Cuando te vas de la terapia y [la clientela te dice] tipo ‘¿ahora puedo darte un abrazo?’ o cosas así, algo muy sincero y nada turbio… Yo siempre digo: ‘Me conformo con un apretón de manos’, o, según la persona, ‘Sí, claro’».
Por último, surgió un código sobre el contacto físico utilizado para realzar o intensificar una experiencia emocional en terapia. Las personas participantes hablaron a menudo de cómo utilizaban el contacto físico con parejas o familias para ilustrar un proceso o para conectar a seres queridos en un intercambio tenso. Una persona terapeuta explicaba:
Cuando mis clientes [tienen] la guardia un poco más baja o están un poco más cerca, bromeo con ellos y les digo algo como: ‘A ver, ¿y esto qué es?’, y hago que se fijen en lo que puede estar pasando, y a veces es que se están tocando… luego les pregunto cómo pueden apoyarse en eso para atravesar las tensiones o los malentendidos.
Muchas personas participantes describieron el contacto físico como una herramienta para aumentar la profundidad o la fuerza de un momento en la sala de terapia. Una de ellas contaba: «[el contacto físico es] subir esa intensidad emocional, o esa ansiedad emocional, ¿no? O sea, llevar esa intensidad al momento». Otra persona participante señalaba igualmente que, con el contacto físico, quería «poder amplificar un momento emocional».
Las personas participantes en este estudio no siempre presentaban el contacto físico como una intervención intrínsecamente directa, sino a veces como algo que se transmitía mediante la presencia o la cercanía con la persona atendida, además de la facilitación del contacto o la puesta de relieve de un contacto entre las personas atendidas que se producía sin que se lo pidieran. Este tema reúne tres códigos: (1) modificar el espacio, (2) facilitar la conexión y (3) poner el foco en el contacto espontáneo de la clientela.
Las personas participantes señalaron que a veces les resultaba más auténtico acercarse a la persona atendida al hablar de un tema difícil, o cuando querían animarse a sí mismas y a la otra persona a estar más presentes. Una persona participante describía así su conceptualización de este proceso:
Creo que es a lo que realmente apela el modelo de Satir cuando habla del contacto físico: se trata más de esa cercanía, de mostrar algo como ‘Estoy aquí, puedes confiar en mí’. A mis ojos tiene menos que ver con el contacto en sí y más con cómo puedo ofrecer físicamente que estoy cerca, que estoy aquí y que le doy mi apoyo.
Esta persona pasaba a dar un ejemplo concreto de cómo podría relacionarse con la persona atendida y con el espacio terapéutico sin llegar a tocarla físicamente. Subrayaba:
Es una especie de cercanía por delegación, que consiste en modificar y utilizar la sala para poder facilitar la cercanía, la cercanía con los clientes, entre los clientes, etc. Ya sea una mano en el brazo del sillón, ya sea acercarse un poquito, ya sea acercar un poco la silla, o poner la silla de lado, para que sea menos de confrontación y más del tipo ‘Oye, estamos juntos en esto’. Eso es, como decía, yo lo llamo un cuasicontacto, en el que seguimos usando ese espíritu de cercanía y de conexión, sin tener que cruzar esa barrera del contacto físico con la que quizá ni tú ni tu cliente estéis cómodos.
Las personas participantes señalaron también que el método de Satir para introducir la propia presencia en el espacio era útil al empezar a trabajar con clientela nueva. Por ejemplo, otra persona participante destacaba: «lo que [Satir] hacía con gente nueva con la que todavía no había establecido eso [el contacto físico como intervención/el consentimiento] era, por ejemplo, poner la mano ahí [cerca de la persona], no tocaba, ponía la mano en el campo».
Además de modificar el espacio terapéutico, las personas participantes señalaron el valor de crear momentos de conexión mediante el contacto físico en el trabajo con parejas y familias, algo que se utilizaba para «amplificar un momento emocional». Por ejemplo, una persona clínica contaba que a menudo lo hacía de forma física y verbal, «juntando sus manos [las de la clientela]» o preguntando: «“¿Podéis tomaros de la mano, podéis sentaros juntos?”». Las personas participantes sugerían que estos momentos permitían a la clientela empezar a construir hábitos de cercanía a partir de la terapia, además de facilitar un apoyo físico mutuo durante las conversaciones difíciles. También se habló del valor de avanzar hacia la conexión física empezando por otras formas de conexión; por ejemplo, una persona participante afirmaba:
No siempre empiezo con un ‘tomaos de la mano’, ¿sabes?, empiezo con el contacto visual. Lo veo como un momento de conexión y, por tanto, tenemos que hacer algo concreto con eso. Puede ser, no sé, mirarse, o para algunas personas es tomarse de la mano o acercarse en el sofá.
Otra persona participante subrayaba que crear la oportunidad de momentos de conexión antes o después de la sesión abría la puerta a que surgieran rituales significativos en el espacio terapéutico. Insistía:
…que los clientes se abracen al llegar, o al irse, ¿sabes?, facilitar los contactos es una parte importante de cómo se relacionan las familias, y todo esto vuelve a los elementos humanos de las cosas, y no se basa en, no sé, lo que la sociedad ha considerado apropiado o no apropiado.
Además de fomentar la continuidad de los momentos de conexión, se expresó también la importancia de señalar cuándo las personas atendidas empezaban a buscar espontáneamente el contacto físico de su ser querido. Una persona clínica lo hacía recurriendo al humor y señalando cuándo:
…están bajando la guardia o se sientan un poco más cerca. Bromeo con ellos y les digo algo como: ‘bueno, ¿y esto qué es?’, ¿sabes?, y hago que se fijen un poco en ese contacto y esa calidez, y se lo señalo.
Esto también servía para poner de relieve los recursos de la clientela en relación con sus objetivos terapéuticos. Esta persona clínica describía a continuación la importancia de señalar que el contacto físico es un «recurso con el que llegan a terapia. Tengo algunas parejas para las que ese contacto entre ellos es algo natural. Entonces les pregunto cómo pueden apoyarse en eso para atravesar las tensiones o los malentendidos». Además, las personas participantes compartieron que resultaba valioso elaborar la experiencia de un contacto espontáneo y el efecto que tenía en el momento presente, para reforzar esa conducta cuando su efecto es positivo. Una persona participante lo hacía observando:
Cuando se produce un contacto espontáneo, si están hablando y uno estira el brazo y toma la mano del otro, vamos a pararnos y vamos a señalarlo. Vamos a hablar de ello y vamos a elaborarlo, tipo: ‘acabas de agarrarle la mano, cuéntame qué sentías y por qué lo has hecho. ¿Cómo lo has vivido cuando ella ha hecho eso, y qué sientes ahora mismo mientras te sostiene la mano?’
Ser terapeuta experiencial es prestar atención a todos los aspectos de la experiencia de la persona atendida, incluidas sus sensaciones físicas y sus procesos en la sala de terapia. Las personas participantes destacaron el valor de incorporar una forma de contacto físico más indirecta, pero reiteraron que todas las formas de conexión conllevan consideraciones necesarias para la seguridad de la clientela.
Otro tema destacado para las personas participantes fue conceptualizar y garantizar un uso ético e informado sobre el trauma del contacto físico con la clientela. En concreto, las personas terapeutas reflexionaron sobre cómo la historia traumática de la clientela podía influir en su comodidad para dar o recibir contacto físico. Para recoger estas reflexiones, surgieron de los datos los códigos (1) la ética en la práctica y (2) el consentimiento como proceso.
Las personas participantes reconocieron el panorama actual del contacto físico en el marco terapéutico, aunque diferían en sus reacciones sobre cómo abordarlo. Compartieron el temor a que su contacto se malinterpretara y una preocupación latente por las consecuencias legales. Una persona participante contaba:
El consentimiento y el permiso son importantes porque, sobre todo si el trauma fue de naturaleza física, tender la mano y simplemente tocar a la persona podría tener el efecto contrario. Supongo que con la infancia también soy un poco más reticente. Creo que los niños y las niñas lo necesitan. Pero yo, como profesional, éticamente me preocupa, o sea… no quiero que nadie, que nadie lo perciba de una manera que no era la intención, cosa que puede pasar. Así que tengo cuidado al tocar a menores, quizá incluso más que con personas adultas que consienten. Pero sigo pensando que tiene su lugar.
Otra persona participante describía:
Creo que el contexto actual de la terapia… la idea del contacto físico en el ámbito profesional pone a la gente un poco en guardia, primero por la responsabilidad legal, y segundo porque tenemos tantos ejemplos públicos de personas que hacen daño a otras en las instituciones… Creo que a la gente incluso le echa para atrás la idea de abrazar a su clientela, incluso después de muchas sesiones, ¿sabes? Creo que es simplemente el clima cultural profesional de hoy en día. A la mayoría de la gente le aleja [del modelo] ver que [el contacto físico] es uno de sus elementos.
Las personas participantes expresaron también su deseo de alejarse de un pensamiento en blanco y negro sobre el contacto físico en terapia. Reconocían, en cambio, la necesidad de que la toma de decisiones éticas se guíe por interacciones propias de cada contexto. Por ejemplo, una persona clínica señalaba:
Hoy en día, el contacto físico está más o menos descartado en la mayoría de los otros modelos… hay que tener muchísimo cuidado al tocar a la clientela… hay gente que abusa del contacto físico. Muchas personas terapeutas pueden abusar del contacto físico. Y eso es un problema, pero decir sin más: vale, nada de tocar. No creo que esa sea la solución.
Una persona participante destacó no solo las consideraciones que influyen en el uso del contacto físico, sino también el papel de la persona terapeuta en esa decisión. Sugería:
Teniendo en cuenta la ética, teniendo en cuenta la historia personal de la persona atendida, y luego teniendo en cuenta la comodidad de quien ejerce, hay terapeutas, por mi experiencia e incluso por la formación, que no se sienten necesariamente a gusto abrazando a su clientela. Otras personas sienten que, bueno, en ciertos momentos es apropiado, sobre todo si la persona atendida está muy angustiada o llorando.
Y añadía: «Pensando en que, según lo que hayan vivido, el contacto físico no necesariamente va a ser bienvenido ni se va a vivir como reconfortante».
Las personas participantes insistieron en la necesidad de que la clientela dé un consentimiento explícito y continuo para el contacto físico, más allá del consentimiento informado de la sesión de admisión. Las personas clínicas conceptualizaban el consentimiento como un proceso continuo que ofrece a la persona atendida la posibilidad de retirar su sí inicial en cualquier momento. Una persona participante decía:
Sea el contacto físico, sea una intervención, que la persona haya dado su consentimiento por escrito no significa que sea un pase libre para que quien hace la terapia haga lo que quiera… Si vamos a hacer algo que incluya el contacto físico en lo que no estamos de acuerdo, y con lo que no te sientes a gusto ni das tu consentimiento, entonces no lo vamos a hacer.
Y pasaba a explicar:
El consentimiento es fluido, ¿sabes?, o sea, no es algo tipo: dices que sí una vez y eso significa que tienes que decir que sí siempre… ¿Y si creamos un entorno en el que [la clientela] pueda adueñarse de su propio consentimiento y de su capacidad de decisión sobre ese momento en el que interviene el contacto físico? Es más liberador, porque está conectado con la otra parte del modelo, ¿no?, con su concepto de sí. Quieren hacerlo. Lo están invitando a entrar. Da miedo, pero lo están invitando a entrar.
Las personas participantes compartieron también cómo piden el consentimiento cuando utilizan el contacto físico en el HVPM. Una persona participante contaba:
Preguntando, ya sabes, ‘¿esto te parece bien?’. Ya sabes, ‘¿eso te parece bien?’. ¿Te parecería bien que te tocara la mano así? O ¿te parecería bien que te diera un abrazo?, o, ya sabes, algo así. Y echarse atrás si dicen ‘no’, no, ahora mismo no puedo.
Del mismo modo, otra persona participante destacaba que obtener un consentimiento afirmativo para el contacto físico no solo es ético, sino que también puede servir de modelo para la clientela. Decía:
Aunque sea poner una mano en una muñeca… ‘Oye, ¿puedo poner la mano justo aquí?’. Eso me parece muy importante. Y lo veo también como una manera de modelar, creo, una conexión y unas relaciones sanas. Que un miembro de la pareja quiera tocar al otro no significa que siempre esté bien. Que estéis casados no significa que haya un consentimiento unilateral y permanente. Creo que preguntar, interesarse y luego ir viendo sobre la marcha cada vez es muy, muy importante.
El Modelo del Proceso de Validación Humana se distingue de otros modelos de terapia sistémica en que pretende apoyar y utilizar la personalidad y la manera de ser de la persona terapeuta al intervenir (Satir and Baldwin 1983). Por ello, es imprescindible que la persona terapeuta desarrolle una conciencia crítica de cómo su identidad, su presencia y su personalidad afectan al uso y al posible efecto de una intervención en terapia, sobre todo cuando se plantea el uso del contacto físico. Dentro de este tema se exploraron dos códigos: (1) la persona y (2) la congruencia clínica.
Una persona participante subrayó hasta qué punto su identidad de género y su edad ocupan un primer plano en su proceso de toma de decisiones cuando se plantea el contacto físico. Contaba:
En lo que respecta a las dimensiones de mi identidad, creo que el género tiene mucho peso, es decir, siempre soy consciente de mí mismo como hombre, y de cómo cualquier otra persona puede percibir el contacto físico. También entiendo, ya sabes, que mucha gente que se sienta en los sofás de nuestras consultas ha tenido en su vida, sobre todo, hombres que no han practicado un buen contacto físico, ya sea abuso, manipulación, cosas de ese tipo. Siempre soy consciente de eso y del papel que juega.
Y añadía:
Otra parte de mi identidad de la que siempre soy consciente es mi edad. Sobre todo en lo que respecta a trabajar con, con jóvenes… No practico el contacto físico en la sala más allá de, digamos, hacer una escultura con una familia y, y ayudar, ya sabes, a alguien adolescente, por así decirlo, a moverse a ciertos lugares, o servir de modelo en ese sentido.
Otra persona participante señalaba con humor que la fundadora del modelo, Virginia Satir, tenía una presencia física que influía mucho en cómo se aplicaba y se recibía una intervención basada en el contacto físico, y expresaba su punto de vista así:
Aquí está el matiz. Ya sabes, Satir tenía esa BGE, la ‘Big Grandma Energy’, la energía de abuelaza, ¿no? Y ella podía, podía hacerlo [utilizar el contacto físico] de una manera que no resultaba amenazante. Yo soy un tío blanco hetero al que pueden percibir como de clase alta… así que no puedo lanzarme a tocar de la misma manera que Satir.
Además de comprender el papel de la identidad y de la presencia, es importante que la persona terapeuta entienda que puede utilizar el contacto físico si concuerda con su persona y con su nivel de comodidad, pero que no debe sentirse presionada para aplicar esta intervención. Pueden surgir incomodidades o miedos al plantearse esta intervención, y todos deben explorarse antes de aplicarla. Por ejemplo, una persona participante contaba que el contacto físico directo no concordaba con su bagaje cultural y decía: «Soy de origen hispano, y en mi cultura no somos mucho de tocar a la gente, y a lo mejor es solo mi familia hispana… y no es algo que me salga de forma natural. Simplemente me gusta mantener esos límites». Además, las personas participantes describieron distintos temores sobre cómo podría recibirse el contacto físico. Una persona participante contaba:
Es algo, es algo que te expone, eso de tender la mano a alguien, porque ¿y si te aparta el brazo de un manotazo? ¿Cómo reparas eso, no? Una cosa es decir algo como ‘Qué orgullo me das’ y que te respondan ‘bah, lo que sea’ y no le den importancia. Eso no deja tanto margen para una ruptura, ¿no? Pero si extiendo la mano e intento, no sé, abrazarte o algo así, para mí eso me expone más. Estoy asumiendo mis propios riesgos al hacerlo. Tuve que aprender a asumir esos riesgos con tranquilidad y a saber cuándo es apropiado asumir ese riesgo.
En el proceso de desarrollar el propio enfoque clínico, intervienen componentes reflexivos esenciales para explorar la manera en que una persona clínica quiere estar en la sala de terapia. Un enfoque clínico experiencial puede evolucionar con el tiempo hasta incorporar el contacto físico, siempre que se tengan en cuenta las consideraciones adecuadas.
A medida que los enfoques clínicos siguen evolucionando para responder a las necesidades de la clientela actual, los conceptos y las intervenciones del modelo deben entenderse desde una óptica contemporánea. Las personas participantes en este estudio subrayaron la importancia de tener en cuenta los aspectos más sutiles e invisibles del uso ético y sistémico del contacto físico en terapia. El último tema generado a partir de los datos consta de cuatro códigos: (1) consideraciones culturales, (2) dinámicas de poder, (3) marco terapéutico y (4) evolución del modelo.
Las personas participantes en el presente estudio señalaron la importancia de tomarse tiempo para comprender el contexto cultural de la persona atendida y cómo puede influir en la aplicación de una intervención en terapia, en especial del contacto físico. Una persona participante hablaba del valor de:
…pensar esa sintonía sociocultural. Estoy en el sur de Florida y tenemos muchas familias diversas, del Caribe, muchas también hispanas. Mucha gente me ha explicado que tiene una cultura muy expresiva y que acoge bien el contacto físico y la conexión, cuando se trata de celebrar. Puede verse como socialmente inapropiado u ofensivo que no recibas a alguien en sesión con un abrazo o que no le ofrezcas un contacto que simplemente indique que estás ahí con esa persona y que este es un espacio seguro. Les muestra que no solo te importa lo que cuentan, sino también lo que es importante para su herencia cultural y sus normas sociales. Creo que eso influye mucho en cómo practico, y también en poder no dar nada por supuesto y aprender con la persona, aunque sea de origen caribeño, haitiano, bohemio, jamaicano.
Además, algunas personas participantes hablaron de las diferencias en torno al contacto físico desde la perspectiva de las culturas colectivistas frente a las individualistas. Una de ellas señalaba: «el espíritu colectivo y el compromiso colectivo de reunirse por el hecho de estar físicamente en compañía y pasar tiempo en común. Creo que es algo que forma parte fundamental de muchas culturas colectivistas». Comprender los valores de la persona atendida en torno a la cercanía y el apoyo puede ayudar a orientar el juicio clínico de la persona terapeuta cuando se plantea la utilidad del contacto físico con su clientela.
Otro componente que las personas participantes subrayaron como esencial en su toma de decisiones a la hora de incorporar el contacto físico en terapia fue la consideración de las dinámicas de poder. Mencionaron cómo la actualidad y los movimientos sociales relacionados con la autonomía corporal influían en su visión y su conceptualización del contacto físico al utilizar esta intervención. Una persona participante señalaba:
Lo que me viene a la cabeza es el movimiento #MeToo, y también George Floyd y Black Lives Matter. Tenemos que tener en cuenta estos movimientos sociales en lo que respecta al contacto físico. Ya sabes, Satir, como persona y como modelo… aunque está, centrado en el cliente, centrado en la persona, la persona terapeuta es muy activa, implicada en el sistema, entiende su poder y usa su poder con conciencia.
Otra persona participante destacaba cómo la persona terapeuta debe esforzarse por asegurarse de manera explícita de que la persona atendida es consciente de su autonomía como cliente, y señalaba: «es importante en relación con las vidas negras y con asegurarse de que, o sea, la persona atendida entiende, siente, sabe y es respetada en su pleno control en la sala de terapia». Las personas terapeutas destacaron también cómo puede existir una presión invisible para adherirse al enfoque de la persona terapeuta y al posible uso del contacto físico, dada la posición y el privilegio que le confiere su función. Una persona participante elaboraba así su percepción de este proceso:
Entiendo mi identidad como profesional, y cómo me recibe la persona atendida como terapeuta, y las dinámicas de poder que están en juego ahí. Aunque alguien en terapia diga, hasta cierto punto, algo como “ah, sí, supongo que me siento a gusto con el contacto físico”, siempre tengo en cuenta que puede haber presión para decir que sí, por las dinámicas de poder en la sala de terapia.
Una persona participante habló de su conciencia de los privilegios que conlleva su identidad física. Lo describía así:
…ellos [la clientela] conocen a la persona terapeuta porque es lo que ven, y yo represento a muchos grupos que no son cálidos ni reconfortantes y, ya sabes. Pienso en esos grupos que represento con solo entrar en la sala. ¿No? Así que siempre tengo que prestar un poco más de atención a eso… y tengo que ser consciente de cuánto poder tengo cuando hablamos de contacto físico.
Estos ejemplos ponen de relieve que el contacto físico terapéutico no puede comprenderse plenamente sin tener en cuenta cómo nuestros atributos físicos se constituyen en el mundo social a través del color de piel, la forma, el tamaño, el movimiento, la feminidad, la masculinidad y las capacidades.
Además de hablar de la consideración constante de las dinámicas de poder, se conversó sobre la visión cambiante del marco terapéutico y su influencia en el uso o la consideración del contacto físico en terapia. Una persona participante habló de su percepción del contacto físico cuando trabajaba en un centro penitenciario y contaba:
…eso no era, no sé, algo natural para mí. Simplemente tenía que mantener esos límites… en un tratamiento residencial es muy importante, porque estás en su espacio de vida y cosas así… y si alguien me hubiera dicho ‘tienes que seguir el modelo y tienes que tocar’, habría sido de lo más incongruente.
Las personas participantes elaboraron también cómo, en algunos entornos en los que trabajan las personas clínicas, el contacto físico puede ser más habitual o esperado, lo que crea normas distintas para el uso del contacto físico y del modelo de Satir. Una persona participante contaba que le resultaba más normalizado o congruente en el entorno médico en el que trabajaba, y señalaba:
He estado ejerciendo en atención primaria como terapeuta familiar en el ámbito médico. La gente va a una consulta de atención primaria esperando que la toquen, ¿sabes?, o que la exploren o lo que sea, y además la sala en la que yo estaba era un cuarto de escobas. Así que ya estábamos prácticamente encima unos de otros. Así que una cercanía o un contacto ligero y suave no se saldría de lo normal.
Las personas participantes destacaron también el grupo de edad de su clientela, además del entorno. Otra persona clínica describía su trabajo con personas mayores en una residencia, donde ayudarles a desplazarse por los espacios era algo normal, lo que facilitaba la incorporación del contacto físico. Lo describía así:
Así que tengo que prestar un poco de atención a eso [el marco terapéutico], ya sabes, trabajo mucho con personas mayores, las toco todo el día, ¿no? Simplemente, ya sabes, aunque sea una caricia en el brazo, o, ya sabes, un abrazo o algo al final… las dinámicas son distintas, ya sabes, con esas poblaciones.
Comprender la propia posición clínica, además de sintonizar críticamente con el marco terapéutico, es esencial cuando se plantea el uso del contacto físico. Además de prestar atención al entorno, la persona terapeuta debe explorar su conceptualización del modelo a medida que afina su enfoque individual y su perspectiva del modelo en su contexto actual.
En los primeros vídeos de Virginia Satir haciendo terapia, su uso del contacto físico era muy diferente de lo que las personas clínicas actuales podrían plantearse utilizar en su práctica. Era audaz, delicada y firme a la vez, con una presencia cautivadora que parecía desarmar a la clientela y mantenerla implicada. Por profundo que fuera, la aceptabilidad de su estilo de contacto físico puede atribuirse a distintos factores contextuales relacionados con su presencia y con las percepciones sociales de la autonomía personal en aquella época. Las personas participantes en este estudio señalaron cómo las conceptualizaciones del contacto físico en este modelo han evolucionado con el tiempo por diversas razones. Una de ellas contaba:
El contacto físico es algo muy delicado hoy en día; en la época de Virginia no era tan delicado como ahora. Todavía se puede hacer hoy. Pero, ya sabes, es muy importante pedir permiso y preguntar si a la persona le parece bien, porque nunca se sabe cuándo puede no parecerle bien. Hay que respetarlo, porque el primer paso siempre es intentar construir seguridad entre tú y la otra persona.
Otra persona participante subrayaba en el mismo sentido:
Sí, bueno, hoy en día, ya sabes, el contacto físico está más o menos descartado en la mayoría de los otros modelos… o sea, sigue estando presente con Satir, pero hay que tener muchísimo cuidado al tocar a la clientela. Hay leyes y, ya sabes… pero creo que el contacto físico es una parte muy importante del proceso.
Las personas clínicas de este estudio subrayaron las diferencias entre las aplicaciones históricas y actuales de este modelo, además de recordar que este modelo puede personalizarse en función de la comodidad y de la persona terapeuta. Una persona participante exponía:
Creo que… la gente se sentía muy segura con ella, y usaba el contacto físico de una manera muy sana. No creo que tengamos que usarlo de la misma manera. Me guío por sus señales [las de la persona atendida], ¿sabes?, no lo impongo. Pero es una forma de conexión tan profunda, y el contacto físico puede resultar muy reafirmante, pero no lo uso durante toda la sesión, como hacía ella.
Utilizaran o no el contacto físico las personas terapeutas de este estudio, el mensaje abrumadoramente compartido era la esperanza de que este aspecto del modelo no disuadiera a las personas clínicas actuales de utilizar este enfoque.
Nunca conocí a Satir en persona, pero creo que si alguien dijera algo como “ah, bueno, no puedo practicar el modelo porque no me siento a gusto con el contacto físico”, creo que a Satir eso la dejaría horrorizada. Porque ella era muy de decir, tipo: ‘oye, estos son los límites de este modelo’. Lo que es excepcionalmente importante como terapeuta es que tú seas tú, y si el contacto físico entre tú y una persona en terapia no es lo tuyo, pues ¡vale, hazlo a tu manera! ¿No? Eso no significa que no cuente. Creo que quizá pensaría otra cosa si dijeras algo como ‘bueno, es que no quiero facilitar el contacto físico en los sistemas familiares’; entonces creo que diría algo como ‘vale, ahora sí que tenemos que hablar’. He visto a profesionales, sobre todo profesionales jóvenes que, que no tienen un conocimiento muy sólido de Satir, sentirse un poco expulsados por esa definición tan estrecha de lo que es Satir.
El Modelo del Proceso de Validación Humana ofrece métodos singulares para conectar con la clientela y apoyarla a lo largo de su recorrido terapéutico. Es esencial que las personas clínicas comprendan las dimensiones múltiples de este enfoque para aplicarlo con una conciencia crítica. Esto implica reconocer cómo existen los distintos aspectos del modelo en los contextos sistémicos actuales.
El presente estudio exploró si, cuándo y cómo las personas terapeutas que emplean el Modelo del Proceso de Validación Humana utilizan o conceptualizan el contacto físico en su trabajo clínico. Lograr una comprensión más clara de esta intervención en el contexto del modelo puede ayudar a quienes lo practican a entender su posible utilidad. Históricamente, ha habido opiniones encontradas sobre el uso del contacto físico en terapia, en parte por el riesgo de daño si se utiliza sin ética o sin límites claros. Satir subrayaba el valor del contacto físico como método para calmar o intensificar un momento en terapia, pero no expuso con claridad alternativas ni otros factores importantes que las personas terapeutas debían tener en cuenta.
Este estudio se propuso explorar estas lagunas entrevistando a 15 profesionales que utilizan el HVPM. El análisis dio lugar a cinco temas generales: (1) establecer una conexión congruente, (2) orquestar el contacto físico, (3) manejar con cuidado, (4) el self de la persona terapeuta experiencial y (5) consideraciones contemporáneas en evolución. Los resultados de este estudio aportan un comentario actualizado y matices sobre las formas en que quienes utilizan el HVPM pueden «establecer contacto» con su clientela. En el contexto del modelo, «establecer contacto» es la experiencia de crear una conexión auténtica con la persona atendida en la que la persona terapeuta comprende sus señales verbales y no verbales (Satir 1976). Las personas participantes en el estudio subrayaron la importancia de conectar con la clientela y, a veces, de utilizar el contacto físico para ello. Describieron el valor de utilizar el contacto físico para calmar a la persona atendida, después de pedir su consentimiento. Esto concuerda con investigaciones similares que constataron que las personas clínicas a menudo se sienten inclinadas de forma natural a ofrecer un abrazo o una forma de cercanía al presenciar la angustia de una persona en terapia (Harrison et al. 2012). Además, las personas participantes subrayaron que el contacto físico se produce a través de saludos habituales, como apretones de manos o abrazos. Para algunas, esto entraba dentro de sus límites; otras aclaraban explícitamente a la clientela que no practicaban saludos que implicaran contacto físico. Las personas clínicas deben crear en terapia una cultura en la que la clientela sienta que puede defender su postura si desea rechazar un gesto de contacto físico.
Además, las personas participantes señalaron que se sentían capacitadas para orquestar el contacto físico entre las personas atendidas y para utilizar esta intervención de forma indirecta. Algunas destacaron el efecto de sentarse cerca de la clientela o de inclinarse hacia ella cuando abordaba un tema más pesado, para ayudar a anclarse y a anclarla en el momento presente. Curiosamente, las personas terapeutas que no se sentían a gusto tocando directamente a la clientela contaban que esta intervención también les resultaba útil. Por ejemplo, quienes rehúyen el contacto físico podían indicar a las personas atendidas que se tomaran de la mano al comunicarse, o señalar cuándo se tocaban de forma espontánea en la sesión. Esto permitía a las personas clínicas ayudar a la clientela a vivir una experiencia nueva en terapia a través del contacto físico, en coherencia con los principios fundamentales del HVPM, sin dejar de ser congruentes con sus propios límites profesionales.
Aunque los códigos deontológicos de la psicoterapia ofrecen pocas orientaciones sobre el uso del contacto físico (Calmes et al. 2013), las personas participantes expresaron que reflexionan activamente sobre la complejidad del contacto físico desde una óptica ética e informada sobre el trauma. Las personas terapeutas de este estudio señalaron que la falta de regulación formal aumenta la responsabilidad de las personas clínicas de tomar decisiones deliberadas y adaptadas a cada contexto cuando utilizan el contacto físico en este modelo. En concreto, las personas participantes subrayaron que el contacto físico puede sanar, pero también dañar, especialmente a quienes tienen antecedentes de trauma. Estos resultados se hacen eco de debates éticos más amplios sobre la necesidad de abandonar el binarismo según el cual el contacto físico es «siempre malo» o «siempre bueno» y avanzar hacia un razonamiento matizado (Zur 2007). Los resultados que presentan el consentimiento al contacto físico como un proceso dinámico concuerdan con los principios de la atención informada sobre el trauma relativos a la capacidad de decisión, la seguridad y el empoderamiento de la clientela (Substance Abuse and Mental Health Services Administration SAMHSA 2014). En consonancia con investigaciones anteriores, las personas terapeutas del presente estudio indicaron que las decisiones de utilizar el contacto físico se tomaban a menudo de forma instintiva (Harrison et al. 2012). En lugar de adoptar un enfoque basado únicamente en la abstención, debemos sintonizar con las experiencias vividas de nuestra clientela para elaborar planes de tratamiento clínicamente congruentes, informados sobre el trauma y culturalmente pertinentes. Entre todas las personas implicadas, podemos utilizar sus voces para dar forma a prácticas fundamentadas en la investigación y a enfoques de supervisión sistémica que respalden el uso ético del contacto físico en terapia.
Las personas participantes en este estudio reconocieron la importancia de comprender su propia persona y cómo podía influir en su conceptualización del contacto físico en el HVPM. Indicaron que procuraban abordar esta cuestión desde una óptica crítica que tuviera en cuenta su propia identidad y la de la persona atendida. Además de las identidades de la clientela, es crucial considerar cómo los cuerpos moldean el contacto físico terapéutico en función de cómo son leídos socialmente, regulados fisiológicamente y vividos. Por ejemplo, las personas de género diverso pueden experimentar una ansiedad mayor ante el uso del contacto físico debido a que su identidad no se reconozca o al estigma social. Del mismo modo, las personas neurodivergentes pueden tener una experiencia sensorial del contacto físico distinta, que los enfoques universales o basados en la investigación sobre el contacto físico en terapia no recogen. Además, la apariencia de los cuerpos se entrecruza con el poder y con el significado del contacto físico. Por ejemplo, históricamente los cuerpos blancos han ejercido violencia física contra los cuerpos negros (Menakem 2017). Debemos reflexionar más sobre cómo nuestras experiencias encarnadas influyen en la manera en que damos y recibimos contacto físico en el mundo. Los juicios sobre cómo se percibe a personas atendidas y terapeutas en función de la edad, la raza y el género influyen en la seguridad, la accesibilidad y el efecto del contacto físico.
La literatura existente ha subrayado que el autoconocimiento y la sanación de la persona terapeuta son fundamentales para una formación y un desarrollo eficaces como profesional (Aponte 2022). Es esencial que las personas clínicas comprendan lo que puede significar el contacto físico viniendo de alguien con su identidad, además de cómo puede recibirlo otra persona en función de su identidad y de sus experiencias previas. Comprender el contacto físico en el contexto actual es esencial, además de garantizar una comprensión del significado histórico del contacto físico en el contexto de la cultura y la identidad de la persona atendida. Por ejemplo, al trabajar con personas que se identifican como mujeres, es importante conocer los movimientos sociales relacionados con la autonomía corporal, como el movimiento #MeToo. Existen abundantes pruebas que documentan la prevalencia de los daños basados en el género y las profundas repercusiones de estas experiencias en los límites y la seguridad de las personas atendidas, en particular en el caso de cuerpos femeninos tocados por cuerpos masculinos (Wexler and Sweet 2021). Movimientos sociales como #MeToo y Times Up han puesto aún más de relieve la intersección crucial entre sexo y poder (Gill and Orgad 2018). Teniendo en cuenta lo que estas experiencias pueden significar en el contexto de la historia traumática de una persona, las intersecciones entre las identidades de terapeuta y de la persona atendida deben sostenerse con intencionalidad y cuidado. Diversos aspectos de la identidad pueden resultar más destacados para algunas personas cuando se plantea el uso del contacto físico, lo que hace aún más importante el desarrollo y la evolución continuos de la conciencia crítica.
El uso del contacto físico en terapia es una intervención matizada e históricamente controvertida que exige una atención cuidadosa a la identidad, al poder y al contexto cultural. Este modelo requiere un contacto físico cuidadosamente pensado por la persona terapeuta y aplicado únicamente por profesionales conscientes de sus responsabilidades éticas y que comprendan con claridad su utilidad en el contexto del HVPM. La investigación ha abordado la importancia de comprender la posición social de la persona terapeuta (Watts‐Jones 2010) y de sintonizar con la identidad interseccional de la persona atendida (PettyJohn et al. 2020), pero nunca de forma clara en relación con el contacto físico en el contexto de este modelo.
El presente estudio ofrece una contribución oportuna al escaso cuerpo de investigación que examina el uso del contacto físico en el HVPM de Satir. Este estudio utilizó un marco fenomenológico para explorar las experiencias de terapeutas experienciales que se esfuerzan por conceptualizar y aplicar el contacto físico en terapia. A través de un análisis temático reflexivo de los relatos de terapeutas experienciales, los resultados ilustran la complejidad, la intencionalidad y los matices que rodean el uso del contacto físico en el trabajo psicoterapéutico. Si bien Satir subrayaba el valor del contacto físico, este estudio aclara cómo las personas clínicas actuales interpretan, adaptan y gestionan el uso de esta intervención desde una óptica informada sobre el trauma y atenta a la identidad. En concreto, las personas clínicas describen un uso del contacto físico tanto directo como indirecto, con una atención deliberada al consentimiento, al contexto y a la seguridad. Además, las personas participantes subrayaron la necesidad de pasar de una visión binaria del contacto físico a otra centrada en la sintonía relacional y la autorreflexión.
Es importante señalar que estos resultados insuflan nueva vida al modelo al mostrar cómo sus valores centrales de contacto, empatía y conexión humana pueden seguir honrándose aunque determinadas técnicas no resulten congruentes para todas las personas terapeutas. A medida que las normas y expectativas sociales siguen evolucionando, es imprescindible que revisemos y adaptemos nuestras intervenciones para responder a las necesidades de la clientela actual. Se invita a las personas clínicas a reimaginar las posibilidades de uso de las intervenciones de este modelo en lugar de abandonarlo.
El presente estudio presenta diversos puntos fuertes y aportaciones a la literatura actual sobre los modelos de terapia sistémica. Sus resultados ofrecen nuevas perspectivas sobre el uso y la utilidad del contacto físico en el Modelo del Proceso de Validación Humana. Es uno de los primeros en centrarse exclusivamente en el uso del contacto físico en el contexto de este modelo, además de ofrecer pistas sobre cómo una persona terapeuta podría utilizar o incorporar el contacto físico en su práctica si el contacto físico directo le resultara clínicamente incongruente. Además, se presentan alternativas para incorporar el contacto físico indirecto en terapia, como modificar el espacio, facilitar la conexión entre las personas atendidas y poner de relieve el contacto espontáneo de la clientela. Por último, este estudio ofrece la mirada de terapeutas sobre cómo tienen en cuenta su propia identidad y su propia persona antes de incorporar el contacto físico a su práctica.
Pese a los puntos fuertes de este estudio, también presenta limitaciones que deben tenerse en cuenta para que la investigación futura pueda profundizar en estos resultados. Dado que este estudio se centró en una intervención concreta del HVPM con una muestra pequeña, la generalización de los resultados es limitada. Además, todas las personas participantes de este estudio se encontraban en Estados Unidos. El HVPM ganó popularidad en varios países extranjeros, donde la visión del contacto físico puede ser diferente. La investigación futura debería incluir perspectivas internacionales sobre este modelo y esta intervención para ampliar nuestra visión de cómo el contacto físico puede ser un apoyo para personas de culturas no occidentalizadas. Además, las personas participantes en este estudio ejercían en entornos variados en los que el contacto físico puede percibirse de manera diferente (por ejemplo, en atención primaria). Las conceptualizaciones de esta intervención pueden evolucionar para responder a las necesidades de la clientela en entornos donde el contacto físico es a menudo esperado. Por último, este estudio no exploró explícitamente cómo podría utilizarse e interpretarse de forma diferente el contacto físico en el trabajo con la infancia. Las personas participantes en este estudio trabajaban principalmente con sistemas de personas adultas, lo que deja margen para explorar en mayor profundidad cómo el trabajo con la infancia podría requerir consideraciones adicionales para la práctica.
En suma, los resultados de este estudio confirman que «establecer contacto» puede manifestarse de múltiples maneras, tanto físicas como no físicas, ya que el núcleo del HVPM es un objetivo ético e intencional de conexión humana. Se ha constatado que las intervenciones basadas en el contacto físico tienen beneficios para la salud física y mental, sobre todo en poblaciones clínicas (Packheiser et al. 2024). Nuestro estudio pone de relieve la necesidad constante de diálogo, investigación y formación que acompañen la evolución de los modelos terapéuticos y de la atención informada sobre el trauma. Estos análisis garantizan que nuestros modelos fundacionales sigan siendo pertinentes para la práctica clínica contemporánea y estén anclados en los principios transformadores que los definen. Además, nos permiten evaluar y defender de forma continua la seguridad y la beneficencia en la práctica clínica.
Complexe Systémique: puntos clave
El mérito del estudio es sacar el contacto físico del todo o nada. Entre la prohibición defensiva y el ejemplo carismático de Satir, las personas entrevistadas describen toda una gama de gestos: acercarse, tender la mano sin tocar, invitar a una pareja a tomarse de la mano, señalar un gesto espontáneo. Para una lectura sistémica, lo importante es este desplazamiento: el contacto físico deja de ser tanto una técnica de la persona terapeuta y pasa a ser un acontecimiento relacional del sistema, que puede facilitarse, comentarse, amplificarse. Destacan dos aportaciones clínicas: el consentimiento entendido como un proceso, revocable en cada sesión, y la idea de que un mismo gesto no significa lo mismo según el cuerpo, el género, la edad y el color de piel de quien lo hace y de quien lo recibe. Los límites son claros: quince entrevistas, personas expertas en el modelo probablemente favorables al contacto físico, poco trabajo con la infancia y ninguna perspectiva de la propia clientela. Para leer junto con el artículo de Bernard Filleul sobre el papel del cuerpo en terapia y el artículo sobre la escultura, una terapia sin palabras.
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Traducción no oficial de Therapeutic Touch in the Human Validation Process Model: A Reflexive Thematic Analysis, de Crystal G. Marroquin y Carson Outler, Journal of Marital and Family Therapy, vol. 52, n.o 1 (2026), doi: 10.1111/jmft.70111, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial son responsables de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción del artículo original «Therapeutic Touch in the Human Validation Process Model: A Reflexive Thematic Analysis», publicado en Journal of Marital and Family Therapy (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Marroquin, C. G., et Outler, C. (2026). Therapeutic Touch in the Human Validation Process Model: A Reflexive Thematic Analysis. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/therapeutic-touch-in-the-human-validation-process-model-a-reflexive-thematic-analysis (Obra original publicada en 2026 en Journal of Marital and Family Therapy, 52(1), e70111 (2026); republicada en 2026 por Journal of Marital and Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/jmft.70111)
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