Esta versión ha sido traducida del francés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Ficha de lectura · Red Sistémica
Jaume Soler y Mercè Conangla, creadores de la ecología emocional, firman un libro que ellos mismos presentan como un «despertador». Su tesis: disponemos de unas 650 000 horas de vida y atravesamos la mayor parte de ellas dormidos, por no haber elegido qué queríamos hacer con ellas. La obra propone examinar adónde va nuestra energía emocional, qué territorios interiores dejamos sin cultivar y qué calidad de vínculos construimos, con una convicción que da título al libro: solo se ve con acierto si el corazón siente primero.
«Sólo si nuestro corazón siente, nuestros ojos podrán ver sabiamente.»
Jaume Soler y Mercè Conangla
Jaume Soler y Mercè Conangla deben su renombre en el mundo hispanohablante a la formalización de lo que sus libros llaman ecología emocional: la idea de que nuestras emociones se gestionan como un medio, con energías renovables y energías contaminantes, fugas que taponar, recursos que invertir y un clima que cada persona contribuye a caldear o a sanear a su alrededor. Corazón que siente, ojos que ven aplica este marco a la pregunta más amplia que pueda plantearse: ¿qué hacemos con el tiempo que se nos ha dado?
Nota de la edición
La reseña publicada por Red Sistémica reproduce íntegramente el prólogo de la obra, su aviso a los lectores y las primeras páginas del capítulo inicial. No retomamos ese texto: a continuación se encontrará la presentación del libro, su argumento, su estructura y algunas frases citadas, de modo que se sitúe la obra sin sustituir su lectura.
El punto de partida es aritmético y deliberadamente brutal. Veinticuatro horas multiplicadas por trescientos sesenta y cinco días, con una esperanza de vida de setenta y cinco años, dan unas 650 000 horas. Un tercio se va en el sueño, otro tercio en lo que el libro llama el mantenimiento: trabajar para vivir, desplazarse, esperar, comer, cuidarse. Queda un tercio del que disponemos realmente: el tiempo de aprender, de amar, de crear, de soñar. Ese tercio es el objeto del libro, y la pregunta que plantea a modo de estribillo es: «¿Hay vida antes de morir?»
El segundo momento del argumento es el de la responsabilidad, y ahí su pensamiento coincide con una intuición familiar para el pensamiento sistémico: nadie habita un sistema como elemento neutro. Se participa en él contribuyendo a su equilibrio o desestabilizándolo; no se puede alegar ignorancia y la pequeñez no exime de nada. De ahí se desprende la fórmula que recorre todo el libro: si queremos cambiar algo del mundo, el único asidero del que disponemos es el cambio de nosotros mismos.
El tercer momento es el del esfuerzo, palabra que el libro reivindica frente al aire de los tiempos del «todo fluye si elegimos bien». Vivir es un arte, se lee, que requiere tiempo, trabajo y amor; una buena relación no es gratis, y una buena vejez todavía menos. El miedo aparece descrito como el dragón apostado en la frontera de nuestros territorios interiores: solo se aparta si lo miramos a los ojos.
El último momento, por fin, aborda lo que solemos mantener a distancia: la fugacidad, la provisionalidad, la pérdida, la vejez, el sufrimiento, la soledad y la muerte. La postura de la obra es preventiva más que reparadora (no se enseña a nadar a alguien en el momento en que el barco naufraga) y propone, a modo de ejercicio diario, la pregunta que se hacían los antiguos: «¿Será hoy el último día de mi vida?». Cada capítulo se abre con una cita (Nabokov, La Bruyère, Sagan, Nietzsche, Gould, Leibniz) y se cierra con una serie de preguntas dirigidas al lectorado, presentadas como «llaves que sólo tú puedes utilizar».
Índice de la obra
Lo que aporta el libro
Una gramática sencilla para hablar de energía emocional con personas que no tienen vocabulario para ello: dónde se pierde, a qué se conecta, qué produce en el entorno. Y un conjunto de preguntas (las que cierran cada capítulo) fácilmente trasladables a la sesión con personas que atraviesan una crisis de sentido, una jubilación, un envejecimiento, un duelo o un cuestionamiento de sus compromisos.
A quién se dirige
No es una obra clínica: es un libro de crecimiento personal, escrito para un público amplio, que quienes ejercen la terapia leerán más como un recurso que recomendar o del que tomar prestado que como un manual de trabajo. Se notará también una observación que interesará a quien atiende a parejas: hace un siglo, un error en la elección de pareja comprometía como mucho una veintena de años de vida en común; hoy, el mismo error puede comprometer cincuenta, lo que, según la obra, hace indispensable revisar la calidad de nuestras relaciones en lugar de aprender a «aguantar».
Quién escribió este libro
Jaume Soler y Mercè Conangla fundaron la Fundació ÀMBIT, Institut per al Creixement Personal, en Barcelona. Son autores, en común, de varios libros sobre bienestar emocional y crecimiento personal: Donar temps a la vida, Crisis emocionales, Ecología emocional, Aplícate el cuento, así como de la trilogía «De la familia obligada a la familia escogida» (Juntos pero no atados, Ámame para que me pueda ir, Juntos pero no revueltos).
Esta ficha de lectura retoma «CORAZON QUE SIENTE, OJOS QUE VEN», texto original publicado por Red Sistémica (primera publicación: Red Sistémica). Publicada con el acuerdo de la revista.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Soler, J., & Conangla, M. M. (2023). Cœur qui sent, yeux qui voient (Complexe Systémique, trad.). Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/fr_FR/articles/coeur-qui-sent-yeux-qui-voient (Obra original publicada en 2023 en Red Sistémica; republicada en 2023 por Red Sistémica, https://redsistemica.ar/2023/02/08/corazon-que-siente-ojos-que-ven/)
Para profundizar
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