Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Family Relations · Familia
En el Reino Unido, nueve madres que adoptaron hace entre tres y quince años cuentan lo que vino después: una ansiedad que no se disipa, hijas e hijos marcados por el trauma, familiares y amistades que se alejan y un apoyo pensado solo para la infancia adoptada. Lo que las ayuda: un amor que acaba llegando, el saber hacer de la «crianza terapéutica» y espacios donde poder «descargar».
Traducción no oficial al español de Parenting in the “extreme”: An exploration into the psychological well‐being of long‐term adoptive mothers, de Charmaine Kohn, Alison Pike y Richard O. de Visser, publicado en Family Relations (Wiley) (2024), doi: 10.1111/fare.12963, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta como una lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Las madres establecieron una distinción importante entre el impacto del comportamiento de sus hijos e hijas y las exigencias de responder a ese comportamiento.
Charmaine Kohn, Alison Pike y Richard O. de Visser
Resumen
Objetivo. El objetivo de este estudio era comprender mejor los factores que influyen en el bienestar psicológico y emocional de las madres adoptivas. Se trataba de comparar el estado emocional que las madres describían 12 meses después de la llegada del niño o la niña con el que describían en el momento de la entrevista, y de identificar los factores que ponen a prueba y los que sostienen la salud mental materna.
Contexto. Las madres que adoptan se enfrentan a retos singulares que las exponen a un riesgo mayor de salud mental negativa. Es necesario comprender mejor lo que influye en su bienestar psicológico y emocional.
Método. Este estudio cualitativo se basó en nueve entrevistas semiestructuradas en profundidad. Las transcripciones se analizaron mediante análisis temático reflexivo.
Resultados. Los temas ofrecieron una visión amplia, en particular la persistencia de una salud mental negativa a lo largo del tiempo, asociada a las exigencias de la «crianza extrema», las tensiones dentro de las relaciones y entre ellas y la relegación del autocuidado. Entre los factores asociados a una salud mental positiva figuraban el desarrollo del amor, el apego y el sentimiento de identidad familiar; el aprendizaje, la competencia y la «crianza terapéutica», y la capacidad de «descargar».
Conclusión. El bienestar emocional y psicológico de las madres que adoptan debería validarse y reconocerse como importante para la adaptación global de las familias adoptivas.
Implicaciones. Las agencias de adopción deberían adoptar un enfoque proactivo ante las necesidades de salud mental de las madres adoptivas, ofreciendo información completa, apoyo continuado y evaluaciones periódicas.
La maternidad adoptiva (es decir, la de las madres que han adoptado) es una transición vital importante, marcada por la culminación del proceso de asignación y de acogida en el hogar, que a menudo se percibe como un punto de inflexión (Adoption UK, 2019; Neil et al., 2019). Sin embargo, algunas madres adoptivas han descrito la experiencia como difícil, sin periodo de transición idílico, y la han comparado con un «bautismo de fuego» (Kohn-Willbridge et al., 2021).
La parentalidad, incluida la maternidad adoptiva, se asocia a diversos factores de estrés que pueden conducir a una salud mental negativa (NegMH). La NegMH se define como la ausencia de salud mental positiva, caracterizada por la presencia de síntomas psicológicos como la ansiedad, la depresión y el malestar, y por la falta de bienestar mental y de satisfacción vital (Keyes, 2020). La NegMH se ha relacionado con consecuencias negativas para la madre, su familia y el desarrollo infantil, haya o no vínculo genético (Natsuaki et al., 2014; Shrivastava et al., 2015).
Pese a la abundante literatura sobre la adaptación de las madres biológicas a la maternidad, la salud mental de las madres adoptivas está mucho menos estudiada (Frost & Goldberg, 2020; McKay & Ross, 2010; Payne et al., 2010). El impacto emocional y psicológico de la maternidad adoptiva suele pasarse por alto (Eanes & Fletcher, 2006), aunque un bienestar materno deteriorado se ha relacionado con resultados negativos para la infancia (Anthony et al., 2019; Goodman, 2011) y con la ruptura de la adopción (Palacios et al., 2019; Selwyn et al., 2014). Muchos estudios tienden a centrarse en aspectos específicos de la adopción, como el apego o el desarrollo infantil, más que en la experiencia global de quienes adoptan. Además, cuando la investigación implica a las familias adoptivas, suele centrarse en los resultados de la crianza más que en explorar las experiencias específicas de la maternidad adoptiva. Se necesita más investigación para comprender mejor la experiencia subjetiva de las madres adoptivas, así como los factores singulares que contribuyen a su bienestar.
La adopción es un proceso legal por el que una persona o una pareja, a quienes suele denominarse familia adoptiva, asume de forma permanente la responsabilidad parental de un niño o una niña cuyos progenitores biológicos han renunciado a sus derechos (Neil, 2012). La adopción pretende ofrecer al niño o la niña un entorno familiar seguro y estable, y brinda a la familia adoptiva la oportunidad de crear un vínculo afectuoso con una criatura con la que no tiene parentesco biológico.
Según un informe del Department for Education del Gobierno británico (DfE; 2022), en marzo de 2022 había en Inglaterra aproximadamente 3570 menores bajo tutela a la espera de adopción, y el tiempo medio de espera hasta la adopción era de 566 días. La mayoría de las adopciones las realizaron parejas heterosexuales (72%), y la edad media en el momento de la adopción era de 3 años y 3 meses (DfE; 2022). Sin embargo, el Department for Education no proporciona ninguna información sociodemográfica sobre las familias adoptivas.
Conviene señalar que existen diferencias importantes en los procesos de adopción entre el Reino Unido y Estados Unidos, país del que procede la mayor parte de la literatura sobre adopción. Una diferencia fundamental es la frecuencia de las agencias privadas de adopción en Estados Unidos, una opción que no existe en el Reino Unido. En el Reino Unido, todas las adopciones las gestiona una autoridad local (Local Authority) o una organización sin ánimo de lucro, como Barnardos o Parents and Children Together. La adopción privada permite a las futuras familias adoptivas trabajar en colaboración con agencias o con abogados para elegir a una madre biológica que acaba de dar a luz o que aún no lo ha hecho. En algunos casos, este método permite a la familia adoptiva saber más sobre la madre biológica y sobre los antecedentes de su futuro hijo o hija. Sin embargo, la adopción privada es costosa, con un coste medio de entre 20 000 y 45 000 dólares (CreatingaFamily, 2023), y no está al alcance de quienes recurren a las agencias públicas de adopción en ninguno de los dos países.
Otra diferencia importante es el momento en que la madre biológica renuncia a sus derechos parentales. En el Reino Unido, las madres biológicas no pueden renunciar a sus derechos parentales ni dar su consentimiento a la adopción hasta que el bebé tiene al menos 6 semanas. Si la adopción es la solución preferida, la autoridad local organiza un acogimiento familiar en el que se cuida del bebé hasta que comienza el proceso de adopción (Sensitive Matters, 2022). Este plazo pretende dar a las madres biológicas tiempo para reflexionar sobre sus opciones respecto de la adopción, ya que la autoridad local está obligada a garantizar que la infancia permanezca con su familia de origen siempre que sea posible. Las personas candidatas a la adopción pueden acoger a un niño o una niña antes de la adopción, lo que puede permitir la posible integración de un bebé en una familia adoptiva. Sin embargo, esta acogida no es segura, porque las evaluaciones de los progenitores biológicos no han concluido (Adoption Focus, n.d.). En cambio, en Estados Unidos las madres biológicas pueden renunciar voluntariamente a su hijo o hija durante el embarazo, lo que permite a la futura familia adoptiva cuidar del bebé directamente desde el hospital hasta que se completa el proceso de adopción (Adoption Focus, n.d.).
Una última diferencia importante es la edad en el momento de la adopción. En 2020, la mayor parte de la infancia adoptada a través de agencias públicas en Estados Unidos tenía 2 años (8194 menores), y 1 año era la segunda edad más frecuente (6834; Adoption Foster Care Analysis Reporting System (AFCARS), 2022). En las agencias privadas, el 62% de las adopciones se produjo en el mes siguiente al nacimiento (AFCARS, 2022). La edad en el momento de la adopción, sobre todo en las adopciones privadas, es por tanto inferior a la media del Reino Unido, lo que tiene consecuencias para el apego y el desarrollo infantiles. Esta diferencia es significativa porque una edad más avanzada en el momento de la llegada al hogar se asocia a mayores riesgos para la adaptación y la estabilidad de la familia adoptiva (Palacios et al., 2019; Selwyn et al., 2014). La investigación ha indicado que la infancia expuesta de forma prolongada a la adversidad antes de la adopción corre un mayor riesgo de sufrir cambios en su reactividad al estrés, en sus funciones cerebrales, en su desarrollo y en su comportamiento (Turecki et al., 2014). Además, se ha planteado que estas personas pueden desarrollar un esquema cognitivo en el que las demás personas se perciben como peligrosas e imprevisibles, pese a las intenciones benévolas de la familia adoptiva (Gibb, 2002).
La investigación sobre las familias adoptivas se ha centrado mayoritariamente en las madres y no en los padres varones, lo que ha llevado a una representación limitada de la experiencia de los padres adoptivos. Como consecuencia, los resultados de los estudios centrados en las madres adoptivas coinciden con los de la literatura más amplia sobre las familias adoptivas. Estos estudios han identificado una serie de retos singulares a los que se enfrentan las madres adoptivas, entre ellos un mayor riesgo de problemas de salud mental (Howard et al., 2013), sentimientos de aislamiento y estigmatización (Gibson, 2014) y dificultades para gestionar las relaciones con los progenitores biológicos (Rushton & Minnis, 2010). También se han identificado factores de protección asociados a una adaptación y un bienestar positivos de las madres adoptivas, como el apoyo social y el acceso a servicios específicos de adopción (Grotevant & McRoy, 1998; Neil, 2015). Debido a la sobrerrepresentación de las madres adoptivas en las muestras de los estudios, la presente revisión de la literatura incluye resultados de estudios que examinan la experiencia tanto de madres como de padres.
La investigación sobre la experiencia de las familias adoptivas sugiere que a menudo se enfrentan a retos singulares que pueden influir en su salud mental y en su capacidad de crianza (Barnett et al., 2019; Brodzinsky & Schechter, 1990; Gibbs, 2010). Abidin (1990) planteó que, cuando el sentimiento de bienestar de madres y padres se ve amenazado, su capacidad de crianza disminuye. La relación entre progenitores e hijos es recíproca: el comportamiento y el bienestar de cada parte influyen en la otra. La infancia adoptada corre un riesgo mayor de problemas psicológicos que la no adoptada, entre ellos conductas externalizantes, como pasar al acto o la agresividad, y conductas internalizantes, como la depresión o el retraimiento social (McKay & Ross, 2010). Esto sugiere que las familias adoptivas también podrían correr un riesgo comparablemente alto de factores de estrés parental que conduzcan a la NegMH (Eanes & Fletcher, 2006).
Varios factores pueden afectar a la salud mental de las familias adoptivas, sobre todo al principio de la convivencia, entre ellos la presión por ser una madre o un padre «perfecto» (Daniluk & Hurtig-Mitchell, 2003), la falta de modelos de crianza adecuados (Juffer et al., 2005), las expectativas poco realistas sobre sí mismas y sobre el niño o la niña, el escaso apoyo social y la falta de conexión emocional con la criatura (Foli, 2010; Rushton, 2003). Se estima que las tasas de depresión en las familias adoptivas llegan al 32%, pero esta cifra varía mucho según los estudios y los contextos (Foli et al., 2016; Gair, 1999; Senecky et al., 2009). A diferencia de Estados Unidos, donde un gran número de menores son objeto de una adopción formal por parte de personas cuidadoras que ya conocían, en el Reino Unido el 85% de las familias adoptivas adoptan a su hijo o hija como «personas extrañas» (Selwyn et al., 2014). Por ello, tienen que construir una relación emocional con una criatura que quizá no ha tenido una experiencia estable y positiva de la vida familiar y a la que puede costarle comprender su nueva situación familiar. Además, muchas se enfrentan a retos como la adopción de un niño o una niña con necesidades especiales, es decir, dificultades médicas, de desarrollo o de conducta que a menudo no se preveían en el momento de la adopción (Atkinson & Gonet, 2007; Barnett et al., 2019; Child Welfare Information Gateway, 2019; Tasker & Wood, 2016).
Los estudios sobre la salud mental de las familias adoptivas se han centrado principalmente en algunos ámbitos clave, como la transición a la parentalidad adoptiva (Boswell & Cudmore, 2014; Dance & Farmer, 2014; Kohn-Willbridge et al., 2021; Meakings et al., 2018), la depresión posadopción (Foli et al., 2016, 2017a, 2017b), el contacto con las familias biológicas (Grotevant et al., 2011), los programas de parentalidad (Harold et al., 2017; Sturgess & Selwyn, 2007), la evaluación de las iniciativas de apoyo posadopción (Chobhthaigh & Duffy, 2019; Harlow, 2019; Harris-Waller et al., 2016) y los factores asociados a la ruptura de la adopción (Palacios et al., 2019; Randall, 2013; Selwyn et al., 2014). Sin embargo, los estudios sobre la experiencia vivida y el bienestar emocional de las familias adoptivas ya asentadas, más allá de los 12 primeros meses de convivencia, son poco frecuentes (Palacios & Brodzinsky, 2010).
En el Reino Unido, Anthony et al. (2019) examinaron los síntomas de depresión y ansiedad de las personas adoptantes durante los 4 primeros años tras la llegada del niño o la niña. Los resultados sugieren que estos síntomas se mantuvieron relativamente estables a lo largo del tiempo, con puntuaciones de depresión que disminuían en los últimos años del periodo (Anthony et al., 2019). La persistencia de los síntomas durante los primeros años subraya la importancia de que los equipos profesionales presten atención a la salud mental de las familias adoptivas más allá del primer año, y señala la necesidad de seguir explorando la salud mental de las familias adoptivas asentadas.
Las encuestas a gran escala realizadas en el Reino Unido aportan información sobre el bienestar de las familias adoptivas a largo plazo. Aunque la mayoría de las personas adoptantes expresan satisfacción con su experiencia de adopción y hablan de la alegría y la felicidad que les aportan sus hijos e hijas, los testimonios de depresión, ansiedad y síntomas similares a los del trastorno de estrés postraumático (TEPT) muchos años después de la llegada plantean interrogantes sobre la satisfacción global (Adoption UK, 2019; Neil et al., 2018; Selwyn et al., 2014). Adoption UK (2019) encuestó a 3500 familias adoptivas, entre ellas más de 2600 ya asentadas, y halló que, aunque muchas estaban satisfechas, más de la mitad señalaban dificultades importantes o graves. Las dificultades más importantes eran acompañar la escolaridad de sus hijos e hijas (68%), adaptar la crianza y la vida familiar para salir adelante (41%) y hacer frente a la violencia o la agresividad de sus hijos e hijas (35%). Neil et al. (2018) examinaron el estrés parental en familias adoptivas asentadas y hallaron que 29 participantes presentaban un estrés global dentro del rango clínico, 23 en la subescala de malestar y 40 en el rango clínico de la subescala de niño difícil. Estos estudios sugieren que muchas familias adoptivas de largo recorrido sufren estrés parental, depresión, sentimientos de baja competencia parental y ansiedad ligados a la crianza adoptiva (Adoption UK, 2019; Neil et al., 2018; Selwyn et al., 2014).
Aunque los datos de las encuestas anteriores aportan información valiosa sobre el bienestar de las familias adoptivas a largo plazo, las diferencias metodológicas y el carácter transversal de los datos hacen que la prevalencia de los problemas de salud mental de las personas adoptantes y los factores que influyen en ellos sigan sin estar claros. Aunque muchas personas adoptantes viven dificultades importantes o graves, como un comportamiento violento o agresivo del niño o la niña, tensiones en la relación de pareja y un estrés parental ligado a la depresión, su estado emocional y psicológico no se explora sistemáticamente como resultado principal (Adoption UK, 2019; Neil et al., 2018; Selwyn et al., 2014). Estas dificultades pueden repercutir en el bienestar emocional y psicológico de madres y padres más allá de su capacidad de crianza, sobre todo en las familias con hijos e hijas mayores, que refieren un estrés parental ligado a la depresión más elevado (>12 años; Neil et al., 2018). Además, los métodos basados en encuestas utilizados en muchos de los estudios citados suscitan inquietudes sobre el sesgo de deseabilidad social, por el que las personas encuestadas pueden ofrecer una imagen más positiva de su experiencia (Opdenakker, 2006). A las personas adoptantes puede costarles dar cuenta de sus dificultades, incluso de forma anónima, por los sentimientos de culpa y vergüenza asociados a los síntomas depresivos y por las altas expectativas que tienen de sí mismas (Foli, 2010). Las entrevistas cara a cara pueden atenuar el estigma y animar a las personas entrevistadas a describir su experiencia con sus propias palabras, respondiendo de forma espontánea y con el apoyo de señales sociales positivas (Opdenakker, 2006).
Dado que la cuestión de la salud mental de las personas adoptantes sigue estando en gran medida poco reconocida, el presente estudio explora las experiencias emocionales y psicológicas de las madres adoptivas cuando reflexionan sobre su recorrido en la maternidad adoptiva. Los objetivos del estudio eran (a) identificar y comparar el estado emocional que las madres describían 12 meses después de la llegada del niño o la niña con el del momento de la entrevista y (b) identificar los factores que más ponen a prueba y más sostienen el estado mental de las personas adoptantes.
Las participantes fueron nueve madres adoptivas blancas y heterosexuales (véase la figura 1). Todas tenían estudios superiores y declaraban ingresos familiares medios o superiores a la media. Los criterios de inclusión eran un dominio suficiente del inglés, residir en el Reino Unido y haber completado el proceso de adopción en el Reino Unido por vía pública, privada o internacional. En el momento de la llegada al hogar, ocho de los 14 menores tenían menos de 24 meses (los seis restantes tenían entre 3 y 5 años). Así pues, la mayoría llegó a su familia con una edad inferior a la media actual de 3 años en el Reino Unido (DfE, 2022), y ocho de las nueve familias adoptaron a un niño o una niña de origen étnico similar. En el momento de la entrevista, la edad media de las madres era de 45 años (rango: 37–55 años) y llevaban siendo madres, de media, 8 años (rango: 3–15 años). Siete familias tenían más de un hijo o hija: cuatro con una fratría adoptada y tres en las que convivía además una criatura no adoptada, ya fuera mayor o, en un caso, nacida varios años después de que la madre adoptara a una fratría de dos.

El comité universitario competente concedió la aprobación ética antes del reclutamiento, que se hizo a través de una agencia de adopción de una autoridad local y de grupos de apoyo en línea. La autoridad local aceptó incluir un folleto del estudio en un boletín electrónico que se enviaba por correo electrónico cada mes a las familias adoptivas. Los grupos de apoyo en línea también recibieron el folleto del estudio, que se publicó para todos sus miembros. El folleto incluía una breve información sobre el estudio e invitaba a las personas interesadas en participar a escribir al equipo de investigación para obtener más detalles.
Las participantes se seleccionaron por orden de llegada, teniendo en cuenta la edad de los hijos e hijas, su número y la presencia de hijos e hijas biológicos, para mejorar la representación de distintas estructuras familiares. Cada participante recibió una hoja informativa (PIS) que detallaba la finalidad y la naturaleza del estudio, lo que se esperaba de las participantes, los riesgos o beneficios potenciales de participar, el modo en que se preservarían la confidencialidad y la privacidad, y los datos de contacto del equipo investigador por si las participantes tenían preguntas o dudas. Todas las madres participaron de forma voluntaria y no remunerada, ya que no se disponía de financiación para ofrecer una compensación.
La primera autora realizó entrevistas semiestructuradas entre abril y junio de 2019. La entrevista se centraba en las experiencias de adopción pasadas y actuales. Las entrevistas se realizaron en el domicilio de las participantes, duraron aproximadamente 90 minutos y fueron grabadas y transcritas literalmente por la entrevistadora. Se utilizan seudónimos para los nombres, los lugares y las organizaciones identificables. Se empleó un guion de entrevista como apoyo; no obstante, se invitó a las participantes a explorar sus estados y reacciones emocionales a lo largo de su relato. Algunos ejemplos de las preguntas planteadas son los siguientes:
Las entrevistas ofrecieron un relato rico de la evolución de la familia a lo largo de los años, desde antes de la llegada hasta la actualidad. Los datos centrados en la adaptación a la maternidad adoptiva se analizaron y presentaron en un artículo preliminar de la autoría titulado «Look After Me Too: A Qualitative Exploration of the Transition to Adoptive Motherhood» (Kohn-Willbridge et al., 2021). Aquel trabajo se centraba en la experiencia emocional subjetiva de las madres desde antes de la adopción hasta 12 meses después de la llegada del niño o la niña. Los resultados identificaron cinco temas clave con impacto en la salud mental materna: la realidad no está a la altura de las expectativas, la incertidumbre y la impotencia, la fatiga emocional y psicológica, la singularidad y el aislamiento, y el amor y la ambivalencia (Kohn-Willbridge et al., 2021). El presente trabajo se apoyó en esos datos para abordar el primer objetivo: comparar el estado emocional en el momento de la transición con el de la parentalidad adoptiva asentada.
Este análisis se basa en la valoración que las propias madres adoptivas hacen de sus estados emocionales y psicológicos y de los factores que han contribuido a esas experiencias.
Esta investigación cualitativa partió de una postura constructivista e interpretativista, con una generación inductiva de temas. El constructivismo subraya la naturaleza subjetiva del conocimiento y del aprendizaje: cada persona construye su propia comprensión del mundo a través de sus experiencias e interacciones (Annansingh & Howell, 2016). La postura interpretativista es una perspectiva filosófica que subraya la comprensión de los significados que las personas atribuyen a sus experiencias, y considera la realidad como construida socialmente y el significado como creado en las interacciones sociales (Finlay, 2002). La generación inductiva de temas es un método de análisis de datos cualitativos que identifica temas o patrones mediante un proceso de codificación iterativa (Braun & Clarke, 2006). Este método permite que los temas surjan de los datos, en lugar de recurrir a categorías predeterminadas.
Utilizamos estos conceptos para explorar un fenómeno complejo, la maternidad adoptiva, desde la perspectiva de las participantes, de un modo sensible a la naturaleza subjetiva del conocimiento y del aprendizaje. Este enfoque ayuda a comprender las experiencias de las participantes, los significados que les atribuyen y los patrones que las atraviesan. Según Finlay (2002), uno de los principales puntos fuertes de este enfoque es que permite explorar las percepciones que las propias personas tienen de su experiencia vivida. Esto se consigue con métodos como las entrevistas en profundidad, que ayudan a generar una comprensión detallada y rica de esas experiencias.
El análisis temático (AT) reflexivo es un enfoque de análisis de datos cualitativos que subraya la conciencia que quien investiga tiene de su propia subjetividad y de sus sesgos al interpretar y analizar los datos (Braun & Clarke, 2019). Se apoya en perspectivas constructivistas e interpretativas y sostiene, por tanto, que el significado de los datos no es fijo, sino que está moldeado por la interpretación de quien investiga y por su comprensión del contexto en que se produjeron.
Antes de iniciar el análisis, se redactaron biografías individuales de cada participante para disponer de un perfil completo de cada una antes de dividir las transcripciones en experiencias de «transición» y de parentalidad «asentada». Este enfoque permitió volver a examinar el relato de cada madre en el contexto de su sistema familiar, lo que ofreció una oportunidad de autorreflexión y de revisión de las interpretaciones dentro del análisis. Las biografías pueden solicitarse a la autora principal.
Se empleó el AT reflexivo de Braun y Clarke (2006) por su estructura flexible para el análisis de datos cualitativos. Este método permite identificar patrones y temas en los datos, al igual que otras técnicas de análisis temático. Sin embargo, el AT reflexivo reconoce además que quien investiga construye activamente el conocimiento (Braun & Clarke, 2019). Por ello, el análisis se considera un reflejo de las propias interpretaciones del equipo investigador, en las que influyen su percepción de los datos, sus presupuestos teóricos y sus competencias analíticas (Braun & Clarke, 2019). Así, se reconoce ampliamente que dos personas investigadoras nunca analizarán un mismo conjunto de datos de la misma manera ni obtendrán resultados idénticos, y no debe esperarse una reproducibilidad exacta.
El análisis siguió el proceso en seis fases de Braun y Clarke (2012):
Los temas se identificaron en función de su peso en cada relato individual y en las experiencias de las madres en su conjunto. Se utilizó el programa NVivo como herramienta de apoyo al análisis. A lo largo del análisis, las transcripciones, la codificación y la generación de temas se compartieron con el resto de la autoría.
Dado que la investigadora principal tiene experiencia personal como madre adoptiva, está vinculada al grupo de personas estudiado. Por ello, era necesario reconocer que esta experiencia podía influir en su percepción del mundo, en su concepción de la parentalidad adoptiva y en la interpretación de los datos. En consecuencia, el equipo de investigación hizo explícita esta experiencia, y su posible sesgo, desde el inicio del estudio. El enfoque de la investigación, su realización y el análisis de los datos se llevaron a cabo desde una posición reflexiva, con una evaluación crítica por parte del resto de la autoría. Aunque la experiencia personal de la investigadora facilitó la construcción de una buena relación y de empatía con las participantes, era fundamental reconocer que existen diferencias entre experiencias subjetivas, interpretaciones y visiones del mundo. Este reconocimiento es esencial para dar sentido a las experiencias de las participantes (Sayers, 2018), preservar el equilibrio en la recogida y el análisis de los datos y mantener la integridad de la investigación.
El análisis de la salud mental de las madres generó tres temas clave: la continuidad de la NegMH a lo largo de la crianza, los factores de riesgo para el bienestar emocional de las madres y los factores de protección del bienestar emocional de las madres. (La tabla 1 ofrece un resumen de los temas generados.) Se identificaron subtemas dentro de los temas de factores de riesgo y de protección. Las referencias al bienestar emocional de las madres adoptivas no tienen validación clínica: no se utilizaron medidas estandarizadas, sino que reflejan las descripciones que las propias madres hacen de su estado emocional.
Tabla 1 — Tema y subtemas del análisis temático reflexivo
En los nueve relatos, las madres hablaron de «altibajos» que imaginaban comunes a cualquier familia. De las seis madres que refirieron síntomas de depresión, ansiedad o trauma en los 12 primeros meses tras la llegada, todas expresaron que su bienestar emocional había seguido sometido a tensión por la crianza a lo largo de los años. Quizá no sorprenda que no se mencionaran factores directamente ligados a la transición a la maternidad ni al propio proceso de adopción. En cambio, factores como el amor, el cansancio y el aislamiento se identificaron como influencias importantes en el bienestar de las madres.
Estos resultados sugieren que, con el tiempo, las madres pudieron ir reajustando sus expectativas a medida que se familiarizaban con su tarea de crianza y ganaban destreza en ella. En definitiva, la singularidad y la complejidad de la relación entre madre e hijo o hija parecían afectar a la salud mental de las madres. Pese a las dificultades, cada madre expresó un fuerte compromiso con su hijo o hija, y en tres de ellas el malestar disminuyó con el tiempo.
Dos madres seguían viéndose desbordadas emocionalmente por las exigencias «implacables» de la crianza. Estas madres «querían muchísimo» a sus hijos e hijas, pero la crianza era «agotadora, difícil y muy frustrante». La tarea de amar, comprometerse y criar día a día en una familia ya asentada seguía pasando factura a su bienestar:
Christine: Ahora tengo una ansiedad severa por culpa de ellos. No es culpa suya, sino de lo que están pasando, trauma secundario, todo ese rollo del trauma. … Es una montaña rusa emocional con todo lo que nos lanzan, y luego necesito terapia para poder descargar. … A veces ya no me queda nada y me doy contra el muro.
Mary: Sufría ansiedad. Vivías constantemente pisando huevos. … Tenía muchísimos ataques de pánico. … Era muy desgraciada y me pusieron antidepresivos … y aquello duró muchísimo, muchísimo tiempo. … Al final acabé con TEPT … El EMDR [desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares] me ha ayudado de verdad, [pero] sigue sin estar dentro de lo que es una crianza normal. Es una crianza extrema.
No todas las madres refirieron un bienestar emocional negativo a los 12 meses de la llegada. Tres describieron transiciones positivas y sin sobresaltos. Estas experiencias positivas se mantuvieron con el tiempo en el caso de dos madres, pero la tercera vivió algo muy distinto. La transición de Sarah a la maternidad adoptiva de una fratría, Brandon y Sian, fue mejor de lo que esperaba, pero su relación con Brandon cambió considerablemente cuando él tenía 8 años, unos 7 años después de la adopción, y siguió deteriorándose, con un comportamiento cada vez más agresivo y violento hacia Sarah, hasta que él se fue de casa a los 15 años. El bienestar emocional de Sarah estaba dominado por la ansiedad, el aislamiento y el miedo por sí misma, y por la preocupación por el futuro de su hijo: «[Se volvió como] ir pisando huevos … Intentaba sobrellevar la vida … sobrevivir. … Seguimos siendo una familia … [pero cuando se fue de casa] recuperé mi vida».
En conjunto, las madres que vivieron cierto grado de depresión o ansiedad durante el periodo de transición refirieron que esas vivencias continuaron a lo largo de su recorrido como madres. La expresión «ir pisando huevos» parecía representar la ansiedad cotidiana y la imprevisibilidad que compartían las madres, junto con la sensación de intentar «sobrevivir» al embate de las conductas difíciles. Aunque estas conductas seguían poniendo a prueba la salud mental materna, en la mayoría de las madres el amor, el compromiso y la resiliencia que habían desarrollado hacia sus hijos e hijas parecían moderar en cierta medida su estado emocional, dejando espacio para una comprensión terapéutica de esas conductas y del papel que desempeñan en la recuperación de la infancia adoptada tras sus primeras experiencias vitales.
Como siete de las madres refirieron un bienestar emocional negativo, ya fuera por ansiedad o por bajo estado de ánimo, el análisis identificó los factores que protegían la salud mental materna y los que, según ellas, la ponían a prueba.
Se identificaron tres factores clave que contribuían a las vivencias de bienestar emocional negativo de las madres: «Las exigencias de la “crianza extrema”», «Tensiones dentro de las relaciones y entre ellas» y «La relegación del autocuidado». Cada subtema se analiza en esta sección y se ilustra con citas de las entrevistas.
Ocho madres hablaron abiertamente de las dificultades ligadas al comportamiento difícil y persistente de sus hijos e hijas. Sus comentarios giraban en torno a las dificultades emocionales, el retraso del desarrollo, la violencia y la agresividad filioparental, la necesidad de control y una extrema inconstancia en el comportamiento. Como señaló Kate: «Sus necesidades emocionales son distintas … esto es para toda la vida … era una niña de 4 años que se comportaba como una de 18 meses, y ahora tiene 12 y se comporta como si tuviera 8».
Del mismo modo, otra participante describió lo siguiente:
Helen: Hace poco, sin ir más lejos, tuve que salir. … Estuve media hora sin contacto con Howard y, cuando volví a casa, estaba muy enfadado y alterado … me dijo que había pensado que lo había dejado en casa para que se muriera. Era dramático, pero no estaba fingiendo … pensaba que lo había abandonado.
En todos los casos salvo uno, estas características y comportamientos estaban presentes desde la llegada al hogar: la excepción era Sarah, cuyo hijo Brandon empezó a mostrar un comportamiento difícil 7 años después de su llegada.
Dada la gravedad y la complejidad de los comportamientos, las madres hablaban con frecuencia del agotamiento que les producía ejercer la «crianza extrema» necesaria: la energía emocional que exigía regular constantemente su propio estado emocional (neutralizar sentimientos de ansiedad, rabia, frustración, irritación, vergüenza, etc.), sintonizar emocionalmente con su hijo o hija, comprender el mundo desde su mirada (la de una infancia que ha vivido un trauma temprano) y enseñarle nuevas estrategias para afrontar las dificultades de la vida. Estas respuestas exigían a menudo que las madres comprendieran las emociones que impulsaban los comportamientos difíciles (por ejemplo, violencia, agresividad, control, rechazo), dejando de lado el impacto de esos comportamientos en ellas mismas.
Molly: Sally puede ser agotadora y a veces la trabajadora de apoyo se va de aquí en plan «uf», porque él acaba de soltarle bombas a ella y, claro, ella se desregula muchísimo, retrocede y se convierte en una niña de 3 años … es agotador estar regulándola todo el tiempo.
Mary: O sea, lo que pasa con la «crianza extrema» es que todo el mundo va al límite todo el tiempo… Creo que se puede decir que probablemente más que en las familias biológicas, y no lo digo porque sean adoptados, sino por mis obligaciones: ojalá pudiera simplemente salir corriendo. … Me gustaría soltar la carga y no tener que cargar con la carga mental de las citas, de pelear por conseguir terapia, de lograr el apoyo adecuado para ellos y de tener la estructura adecuada en casa.
Christine: Hay momentos en que ya no tengo nada más que dar. No me queda energía emocional para darles. … Funciono con tres cerebros [el de Christine, el de Dylan y el de Jane] porque a veces los suyos se desconectan … «el muro» se me acerca mucho al menos una vez al mes, y probablemente me estrello de lleno contra él tres o cuatro veces al año.
Las madres hablaron también de la pérdida de su identidad profesional a causa de la crianza adoptiva, que les exigía estar disponibles para defender los intereses de su hijo o hija o estar a mano para regular o moderar su comportamiento. Las madres vivían su imposibilidad de volver a trabajar como una pérdida de «independencia» y de «identidad más allá de ser madre», lo que reflejaba hasta qué punto habían subestimado la «atención incesante» que su hijo o hija iba a necesitar.
Quizá no sorprenda que las madres hablaran a menudo de tensiones en relaciones fundamentales dentro de su familia nuclear, de su familia extensa y de su círculo más amplio de amistades. Ocho madres mantenían una relación de pareja duradera; una de esas relaciones se rompió tras la llegada del niño o la niña. Cuatro madres señalaron que la calidad de su relación de pareja se había resentido por las tensiones de la crianza. Por ejemplo, Alexia explicó que, debido al comportamiento de sus hijos e hijas, ni la familia ni las amistades podían ya quedarse a cuidarlos, lo que se traducía en «no tener tiempo el uno para el otro», de modo que tendían a salir por separado.
Más destacada aún era la tensión persistente en la relación entre madre e hijo o hija y el impacto de las relaciones tensas dentro de la fratría. Pese a querer a sus hijos e hijas, tres madres seguían sintiendo una tensión en su apego o su vínculo en el momento de la entrevista.
Alexia: Estaría muy bien que Rebecca tuviera, ya sabes, una persona de referencia a cuyos ojos no pudiera hacer nada mal … como una amiga mía con la que tenía una conexión de verdad y … sí, nunca pensé que diría eso de uno de mis propios hijos.
Sarah: Ya sabes, lo hemos intentado de verdad, y ha sido dificilísimo intentar construir una relación con él. Eh, no es el chico que yo reconozco, ha intentado transformarse en… ha cambiado.
Para otras, no era su propia relación, sino la tensión dentro de la fratría, lo que las dejaba «decepcionadas» y «cuestionándose» si adoptar a un segundo hijo o hija, o a una fratría, había sido la decisión correcta. De las siete madres que adoptaron a su segundo hijo o hija, cinco expresaron culpa. Las que adoptaron a dos criaturas, a la vez o por separado, se veían llevadas, por la dificultad de responder a dos conjuntos de necesidades distintas, a reflexionar sobre las ventajas de una adopción única. Por ejemplo, Christine dijo: «Con uno habría sido igual de gratificante».
Dos madres que se habían decidido a adoptar, al menos en parte, por el deseo de dar un hermano o una hermana a un hijo o hija no adoptado también reflexionaron sobre esa elección y expresaron culpa por la posibilidad de que la decisión de adoptar no hubiera sido tan ventajosa para su primogénito como esperaban. Como dijo Angie: «Desde que adoptamos a Chris, sí nos preguntamos si las dificultades que tenemos con Lachlan se deben a que adoptamos a Chris».
Fuera de la familia nuclear, se describieron tensiones entre las madres y miembros de la familia extensa, a menudo en torno a diferencias en las técnicas de crianza de abuelas y abuelos. Aunque se mencionaba a la generación de los abuelos como fuente de apoyo, las madres hablaron también de lo difícil que era ajustar los valores y las creencias sobre la crianza de sus propios padres a las necesidades de sus hijos e hijas.
Molly: Sally montó un número la semana pasada y a mi madre le cuesta, con sus valores e ideales, manejar el comportamiento de Sally cuando se pone así. Y sigo sin conseguir que mi madre entienda que, ya sabes, es una niña traumatizada; ella piensa: «no, simplemente se está portando mal».
Otras hablaron de lo difícil que era explicar a sus padres y a la familia extensa el comportamiento de sus hijos e hijas y por qué su manera de criar es diferente. Las entrevistadas contaron que a la generación de los abuelos le costaba a menudo la terminología de la adopción y comprender que existe más de «un estilo de crianza». Había una tensión manifiesta entre el deseo de implicación y apoyo de la familia y la sensación de que era «más fácil dejarlo estar», lo que desembocaba en un distanciamiento en las relaciones familiares.
Estas vivencias dentro de la familia, unidas a la reducción del apoyo de las amistades presenciales, llevaron a algunas madres a describir sentimientos de «aislamiento» y de distancia emocional respecto de otras personas. Las madres describieron situaciones en las que el contacto con amistades cercanas «se cortó por completo», las redes de apoyo «se fueron desintegrando» e incluso amistades de toda la vida dejaron de ofrecerse a cuidar a la criatura porque era «demasiado». Angie dijo que esto «nos ha llevado a mucho aislamiento, porque decidimos no abrirnos a gente que sentíamos que no lo entendía, porque luego era demasiado difícil lidiar con su falta de tacto al respecto». Otra madre describió lo siguiente:
Mary: Pensaban: «claro que haremos de canguros siempre, nos encantan los niños», e incluso nuestras referencias dijeron «Es demasiado», y nunca han hecho de canguros. … Eh, muy aislante. Mis padres tampoco lo han entendido de verdad a pesar de su experiencia, así que sí, ha sido aislante.
El último subtema analizado es, sin duda, el mensaje más reiterado por las madres: relegar el autocuidado materno, tanto por parte de las propias madres adoptivas como del personal de los servicios de adopción, es perjudicial no solo para las madres y los padres, sino también para la infancia y para la familia en su conjunto. Angie lo describió así: «Esta crianza del autosacrificio, en la que tú no importas y todo gira en torno a la criatura: llega un momento en que te das cuenta de que, si yo no importo, solo van a sufrir ellos».
Aunque la mayoría de las madres contaron que a lo largo de los años habían recurrido a algún tipo de ayuda profesional, a menudo era a raíz de una derivación del niño o la niña, y la madre o el padre se beneficiaba del apoyo «de rebote». Sin excepción, todas las madres hablaron de la necesidad de autocuidado, en diversas formas, para preservar su propio bienestar y «tener recursos emocionales suficientes para criar».
A veces, el autocuidado se describía como «sacar tiempo para mí», disfrutar de momentos con amistades o familiares al margen de las tareas de crianza. Sin embargo, para todas salvo una, el autocuidado incluía una ayuda profesional informada sobre la adopción y accesible. Conviene, por tanto, señalar que la mayoría de las madres relataron dificultades para acceder a ese apoyo, como largas esperas, problemas de financiación o que los equipos profesionales no reconocieran los problemas de bienestar de las madres y los padres.
Christine: No podemos permitirnos pagar sesiones de terapia, así que tengo que esperar a que salgan sesiones de alguna organización benéfica. El presupuesto del [Adoption Support Fund] se va demasiado rápido en los niños … y la terapia no es algo que te cubra el Adoption Support Fund.
Algunas madres contaron que habían conseguido apoyo para sí mismas a través del Adoption Support Fund (ASF), pero «bajo cuerda», para que no las «pillaran». El ASF es una iniciativa financiada por el Gobierno en el Reino Unido que tiene por objeto proporcionar apoyo económico a las familias adoptivas para que accedan a servicios terapéuticos dirigidos al desarrollo y las necesidades emocionales de sus hijos e hijas (DfE, 2019). La terapia EMDR de Mary para el TEPT fue un ejemplo de ello:
Mary: No es para eso para lo que está el fondo, lo cual me parece un gran fallo … lo que yo viví es relativamente común y creo que el ASF tiene que reconocer que a veces es la madre o el padre quien necesita la ayuda para poder criar a los niños.
En el caso de Sarah, sus peticiones de apoyo personal quedaron sin respuesta durante la ruptura de la convivencia con Brandon. Explicó que se le retiró todo el apoyo en cuanto Brandon decidió desvincularse, pese a que ella había pedido algo de apoyo personal, y añadió que «no hay nada para los padres a menos que los chicos participen».
Se identificaron tres factores clave que sostenían el bienestar emocional de las madres: el desarrollo del amor, del apego y del sentimiento de identidad familiar; el aprendizaje, la competencia y la «crianza terapéutica»; y la capacidad de «descargar»: fuentes de apoyo formal e informal. Cada uno de estos subtemas se analiza en esta sección con citas ilustrativas de las entrevistas.
Las nueve madres hablaron del amor que sentían por sus hijos e hijas. Si no durante todo el recorrido, al menos en algunos momentos, las madres reflexionaron sobre su apego o su vínculo con su hijo o hija, sobre la importancia de sentirse necesitadas y sobre la sensación de ser artífices de «nuestra familia». No es de extrañar que las madres que describieron experiencias de adopción «mejores de lo esperado» ofrecieran también muchas reflexiones sobre el amor y el apego entre ellas y su hijo o hija. La facilidad con la que algunas madres crearon un vínculo y se identificaron como «madre» se relacionaba con menos menciones de malestar emocional y de tensiones en su bienestar a lo largo del tiempo. Como señaló Helen: «Es un encanto, es mi niño, y eso siempre lo tendremos. … Todo lo demás parece secundario».
Para algunas, el apego y el vínculo llevaron tiempo. Poder construir una relación recíproca parecía ser de gran ayuda, ya que permitía a las madres «sentir amor verdadero» por su hijo o hija e identificar aspectos positivos en su carácter allí donde antes las dificultades les parecían abrumadoras.
Angie: Siempre estaba pegado a mí … gritando. Me sentía atrapada, me ahogaba. Al día siguiente de su tercer cumpleaños estaba malito y se quedó dormido encima de mí, y fue la primera vez que no quise que se fuera a otro sitio. No quería que no estuviera conmigo, porque en realidad me necesitas. Y eso fue fundamental para crear ese vínculo.
Kate: Ha llevado años, y es un proceso que sigue en marcha, y no sé si alguna vez, alguna vez, llegaremos de verdad, pero, o sea … [llorando] … ahora la adoro, la adoro, pero me costó muchísimo hasta que me cayera bien. No me caía nada bien. Era una pesadilla, y era muy difícil ver nada positivo. … Tardé unos 2 años en quererla con locura.
En el caso de dos madres que seguían viviendo una NegMH, comentarios como «solo quiero ayudarlos» y «ha sido más difícil de lo que pensaba», junto con el hecho de que sus hijos e hijas son «muy queridos», pueden ayudar a mostrar cómo una relación de amor puede contribuir a superar los retos de la «crianza extrema».
El vínculo inicial que Sarah sintió con Brandon se puso duramente a prueba con los años. Pese al deterioro progresivo de la relación, Sarah reflexionó sobre los muchos «recuerdos en la hucha» que había acumulado en los primeros años, que la ayudaron no solo a sobrellevar emocionalmente la ruptura con su hijo, sino también a seguir «teniendo una relación … siendo todavía una familia».
El aumento de la competencia, los conocimientos y las habilidades parentales se asociaba a una salud mental positiva o mejorada. Ocho de las nueve madres se refirieron a que comprendían y conocían mejor el comportamiento de su hijo o hija y se sentían más capaces de responder a él. Con el tiempo, las madres aceptaron el comportamiento de sus hijos e hijas, reconociendo que «necesitan que se les trate de otra manera» y convirtiéndose en «expertas en [su] propia familia».
Angie: [Antes] no habría sabido qué estaba bien y qué no. Ahora conozco a mi hijo, sé, no siempre, pero casi siempre, lo que pasa por debajo … somos más capaces de lidiar con las cosas … [y] tenemos más herramientas en nuestra caja.
Del mismo modo, Helen dijo: «Ay, ahora la leo como un libro abierto, pero en aquel momento no podía seguirle el ritmo».
Muchas expresaron la convicción de que la crianza adoptiva era «más que criar sin más», y a menudo aludían a ser una «madre terapéutica» y a la constatación de que tenían que apartarse de los métodos de crianza más conocidos o tradicionales. En concreto, este tipo de crianza no avergüenza a la criatura, no utiliza tablas de recompensas ni espera que se autorregule o sienta empatía y remordimiento por su comportamiento (Naish, 2018). Por el contrario, las madres y los padres reconocen que todo comportamiento es comunicación, a menudo basada en el miedo, y que, por tanto, la crianza debe responder a la edad emocional y de desarrollo del niño o la niña, y no a su edad cronológica, utilizando la empatía y la conexión para orientar el comportamiento (Hughes, 2012).
Christine: Soy una madre terapéutica, no solo una madre … [Yo le] decía «es hora de lavarse los dientes» y él se lavaba los dientes, en lugar de quedarme ahí diciendo «venga, ya sabes lo que tienes que hacer … llevas años haciéndolo dos veces al día». Pero claro, él de verdad no sabía lo que tenía que hacer y, cuanto más insistía yo, más se bloqueaba él y más increíblemente frustrada me ponía yo. Ahora lo entiendo … crianza PACE, piensa en un niño pequeño. [El término crianza PACE designa un modelo de crianza informado por el trauma basado en los principios de Playfulness, Acceptance, Curiosity y Empathy, es decir, juego, aceptación, curiosidad y empatía (Golding & Hughes, 2012).]
En cambio, el relato de Sarah mostraba una disminución de su confianza y de su sentimiento de competencia como madre a medida que el comportamiento de Brandon seguía poniéndola a prueba: «No tenía ni idea de que pasara nada más … no nos dimos cuenta hasta después de que esto [las dificultades de Brandon] estaba claramente relacionado con el apego». Quizá, si Sarah hubiera recibido apoyo para comprender mejor el comportamiento de Brandon, habría podido ganar confianza en su crianza y evitar, o reducir, el malestar emocional que vivió durante muchos años.
Las ocho madres que recurrían a un apoyo profesional relacionado con la adopción lo consideraban «un salvavidas» capaz de «salvar» a las familias. Las madres recurrían a una variedad de apoyos profesionales, desde programas de parentalidad adoptiva hasta intervenciones clínicas. Cuatro madres hablaron muy bien de la terapia individual, destacando la posibilidad de recibir en esas sesiones una atención clínica directa para ellas mismas, sin la presencia de su hijo o hija ni de su pareja. Como señaló Kate: «Si vamos por separado, al menos podemos hablar un poco de la otra persona; suena fatal, pero podemos expresarnos con libertad y abiertamente … y eso está muy bien». Fuera cual fuera el grado de malestar emocional de una madre, la experiencia de «ser escuchada» le permitía «descargar» su equipaje emocional. Christine afirmó: «Básicamente, había ido más allá del muro. … Llevaba cuatro años tomando medicación para la ansiedad, pero aquello me empujó a ir a terapia y a buscar más ayuda para mí … la terapia me ayuda a encontrarme».
Aunque la mayoría de las madres habían asistido a cursos destinados a ofrecer información sobre el desarrollo infantil y las técnicas de crianza, en general se consideraban poco útiles en comparación con un apoyo individual más personalizado.
Angie: Ha sido muy teórico y con muchísima información, y luego tienes que intentar averiguar cómo se aplica a tu hijo … la terapeuta familiar ha sido mejor porque ha estado físicamente con nosotros … sin ese apoyo creo que lo habría pasado realmente mal.
Al reflexionar sobre su experiencia, Sarah recordó la puesta en marcha de varias intervenciones terapéuticas centradas en las necesidades de Brandon, pero se quejó de que la ayuda se retiraba si el niño o la niña no quería implicarse. Como otras madres, reclamó que hubiera más apoyo disponible para las madres y los padres de forma independiente, sin necesidad de que se implique el niño o la niña.
Más allá del apoyo formal, todas las madres destacaron el valor de que otras familias adoptivas «normalicen el comportamiento extremo», lo que las llevaba a sentirse «comprendidas por alguien que sabe de qué va». Para algunas, conocer a otras personas en su misma situación fue lo más beneficioso de las intervenciones posadopción que se les ofrecieron. Como recordó Christine: «Ahora, mirando atrás, el 50% del curso no servía para nada, pero lo más importante fue conocer a otras personas que habían adoptado, y de repente me di cuenta de que nuestro mundo era igual que el de otras familias adoptivas».
Otras señalaron el valor de implicarse deliberadamente en actividades de apoyo, como grupos presenciales de apoyo a familias adoptivas y encuentros familiares, grupos en redes sociales o una iniciativa de acompañamiento entre iguales a través de los servicios sociales.
Angie: Creo que ese apoyo informal me ha dado más confianza para levantar la mano, quizá antes de lo que lo habría hecho, y pedir ayuda. Esto me ha beneficiado muchísimo … con los padres del grupo hay cosas que no hace falta decir y que simplemente se aceptan.
Conectar con otras familias adoptivas parecía no solo aumentar la confianza parental, sino también reducir la sensación de aislamiento. Estos efectos parecían evolucionar con el tiempo, ya que las madres expresaban más confianza para recurrir a ese apoyo informal y valorarlo a medida que aumentaba su experiencia como madres. Además, las madres parecían ganar confianza en su crianza no solo al recibir apoyo, sino también al ofrecérselo a otras personas y normalizar su experiencia.
Molly: Antes no compartía con ellos como lo haría ahora, y ahora sí lo hago. Ya sabes, el otro día publiqué lo sola y aislada que me sentía … porque ahora sé que si publico algo, voy a recibir apoyo… Hace poco había una señora que estaba pasando una depresión posadopción grave, y fue muy bonito poder decirle que no pasa nada, que todos hemos pasado por eso.
En el caso de Tracey, cuya experiencia de adopción ha sido en general positiva, el apoyo entre iguales había sido valioso, pero advirtió de que «te pueden dar una visión distorsionada» si todo el mundo en el grupo lo está pasando mal y se pierden los aspectos positivos de la adopción.
La mayoría hablaron también de recurrir a sus amistades en busca de apoyo emocional, más que de un apoyo práctico centrado en la criatura. Esto aportaba cierto consuelo y atendía las necesidades emocionales de la madre. Por ejemplo, Angie dijo: «No, no lo pillan. No lo entienden, pero al menos son conscientes del impacto que tiene en nosotros».
En conjunto, había la sensación de que las madres tenían que luchar para recibir un apoyo personalizado y para que se validaran sus vivencias emocionales. Todas las madres que pudieron recibir una intervención terapéutica expresaron gratitud por la ayuda e indicaron una mejora de su bienestar emocional. Para quienes se veían puestas a prueba día a día por la «crianza extrema», la terapia, u otras formas de tratamiento, ofrecía un espacio esencial para «descargar» el equipaje emocional acumulado en el ejercicio cotidiano de la crianza. El apoyo terapéutico centrado en las madres y los padres parecía restablecer las reservas vitales necesarias para responder eficazmente a las exigencias de la «crianza terapéutica».
El primer objetivo de este estudio era explorar el estado emocional que las madres describían más allá del primer año tras la llegada del niño o la niña, hasta el momento de la entrevista. En conjunto, la NegMH descrita por las madres se mantuvo estable en el tiempo. Las que contaron que a los 12 meses de la llegada lidiaban con bajo estado de ánimo, ansiedad o «trauma» describieron algún grado de NegMH años después. Nuestros resultados amplían el trabajo de Anthony et al. (2019) y sugieren que estas vivencias pueden prolongarse durante muchos años después de la llegada. Curiosamente, otros estudios sugieren que factores como la edad en el momento de la llegada o la adopción de un único niño o niña o de una fratría se asocian a un mayor riesgo de NegMH parental (p. ej., Canzi et al., 2019; Goldberg, 2010; Selwyn et al., 2014); sin embargo, esas predicciones no se observaron en esta muestra. En cualquier caso, a medida que la infancia adoptada entraba en la segunda infancia y la adolescencia, las madres adoptivas se enfrentaban a nuevos retos, con cuestiones como la identidad y las relaciones sociales en primer plano. Nuestros resultados, como los de otros trabajos, subrayan la necesidad de apoyar la salud mental de madres y padres durante los primeros años de crianza y de que ese apoyo continúe a lo largo de todo el ciclo vital de la familia adoptiva, más allá de esos primeros años (Palacios & Sanchez-Sandoval, 2006; Sanchez-Sandoval & Palacios, 2013).
El segundo objetivo era identificar los factores que ponen a prueba y los que sostienen el bienestar psicológico de madres y padres. Uno de los resultados clave fue la tenacidad de las madres y su amor por sus hijos e hijas, pese al coste para ellas mismas. No es de extrañar que existiera una relación positiva entre el bienestar emocional de las madres y el aumento de su sentimiento de competencia parental y de su identidad como «madre» (Eanes & Fletcher, 2006; Foli, 2010). Esto podría entenderse como un reajuste continuo, por parte de las madres, de las expectativas sobre sí mismas y sobre su hijo o hija en respuesta a la experiencia real de la crianza. La teoría de alcance medio de la depresión posadopción de Foli et al. (2017a, 2017b) ayuda a explicar estos cambios, al sugerir que los niveles de depresión de las madres disminuyen a medida que aumenta la concordancia entre expectativas y realidad. Sin embargo, nuestros resultados indicaron que las madres siguen viviendo una NegMH incluso cuando las expectativas sobre sí mismas y sobre su hijo o hija se han ajustado, lo que sugiere que hay factores ligados al funcionamiento cotidiano de la crianza adoptiva, como la experiencia de la «crianza extrema», que exponen a las madres a un riesgo de NegMH.
El reconocimiento de la crianza extrema y de su impacto en la salud mental materna fue una aportación novedosa, aunque comprensible, de los resultados. A diferencia de estudios recientes sobre la perspectiva de las familias, las madres describieron el grado de agotamiento y aislamiento que sentían al responder a las exigencias de su tarea de crianza. La crianza extrema designa los retos y las exigencias singulares a los que se enfrentan las madres y los padres que han adoptado a niñas y niños con necesidades complejas y difíciles, como quienes han vivido un trauma o presentan problemas de desarrollo o de conducta (Turney & Pocklington, 2011).
Estos retos pueden incluir el manejo de comportamientos difíciles, la navegación por sistemas de atención complejos y el afrontamiento del impacto emocional y psicológico del proceso de adopción en su conjunto (Turney & Pocklington, 2011). Como muestran los relatos recogidos en este análisis, la crianza extrema puede caracterizarse por un alto nivel de estrés y de carga emocional, que puede conducir a problemas de salud mental como la depresión, la ansiedad y el TEPT (Morvwen, 2020). Es posible que, a través de la experiencia de la crianza extrema, un requisito para criar de forma positiva a gran parte de la infancia adoptada, las madres adoptivas corran un mayor riesgo de sentirse aisladas y sin apoyo, lo que puede agravar aún más su estrés y sus problemas de salud mental.
Otro resultado interesante fue el valor que las madres atribuían al apoyo formal e informal para su bienestar. La investigación anterior ha señalado que los vínculos entre familias adoptivas, en forma de apoyo entre iguales, son una fuente valiosa de apoyo práctico y emocional (Adoption UK, 2019; Neil et al., 2018 Tasker & Wood, 2016; sin embargo, fue la experiencia de un apoyo profesional individual, específico para personas adultas y centrado en el bienestar psicológico de las madres, la que resultó más valorada. El mensaje general era la necesidad de «descargar» el propio equipaje emocional generado por su papel de crianza. En este sentido, no era el comportamiento del niño o la niña en sí lo que se veía como el mayor reto (cf. Adoption UK, 2019; Neil et al., 2018), sino la tarea de la «crianza terapéutica» y la «energía emocional» que exigía procesar interiormente ese comportamiento sin el apoyo de la familia extensa para ejercer ese tipo de crianza. Las madres establecieron una distinción importante entre el impacto del comportamiento de sus hijos e hijas y las exigencias de responder a ese comportamiento. Esta distinción, sutil pero significativa, puede perderse en los informes basados en encuestas, ya que las opciones de respuesta relativas al estrés parental o al comportamiento infantil pueden no permitir ni favorecer una reflexión tan detallada.
Un término adecuado en este contexto parece ser el de burnout parental, definido como un estado de agotamiento intenso relacionado con el propio papel parental, en el que la persona puede distanciarse emocionalmente de sus hijos e hijas y dudar de su capacidad para ser una buena madre o un buen padre (Roskam et al., 2017). Este concepto se distingue de la depresión o del estrés y subraya la necesidad de tener en cuenta las respuestas fisiológicas y psicológicas a las tareas de crianza. Roskam et al. (2017) plantearon que, en el clima actual, madres y padres corren un mayor riesgo de burnout por la creciente presión para criar hijos e hijas sanos, seguros y exitosos, mientras el tiempo dedicado a la crianza disminuye por la necesidad o el deseo de volver al trabajo. Las madres adoptivas podrían correr un riesgo aún mayor por los retos asociados a un desarrollo infantil marcado por el trauma, unidos al estigma social que a menudo acompaña a la adopción (Brodzinsky, 1987; Daniluk & Hurtig-Mitchell, 2003; Van Gulden & Bartels-Rabb, 2001).
El énfasis de las madres en priorizar su propia salud mental contrastaba con buena parte de la literatura sobre la perspectiva de las familias, que describe a menudo a las personas adoptantes relegando sus propias necesidades emocionales y concediendo más valor al bienestar de sus hijos e hijas (Adoption UK, 2019; Neil et al., 2018). Sin embargo, en esos estudios las madres y los padres también hablaban de lidiar con comportamientos difíciles y con tensiones en sus relaciones personales (Adoption UK, 2019; Neil et al., 2018).
Un obstáculo importante para acceder a un apoyo terapéutico centrado en las madres y los padres es su exclusión de los criterios del Adoption Support Fund (DfE, 2019). Las revisiones sistemáticas recientes de las intervenciones posadopción indican que se centran sobre todo en los resultados infantiles y en los aspectos prácticos de la tarea de crianza (Chobhthaigh & Duffy; 2019; Drozd et al., 2017). El apoyo formal, en forma de grupos de parentalidad, terapia entre progenitores e hijos o formación, se ofrece con frecuencia a las nuevas familias adoptivas (Chobhthaigh & Duffy; 2019; Drozd et al., 2017); sin embargo, está claro que ese apoyo a menudo no está disponible en una fase más avanzada de la adopción y, lo que quizá es más importante, el acceso a un apoyo terapéutico directo, independiente del niño o la niña, parece seguir siendo una lotería. Como consecuencia, muchas familias adoptivas cuentan que, en materia de apoyo, sienten que «se han caído por un precipicio» tras el primer año de convivencia (Adoption UK, 2019). Existe una clara necesidad parental de counselling o de terapia psicológica pasado el periodo inicial tras la llegada del niño o la niña (Atkinson & Gonet, 2007).
Por último, un aspecto interesante que merece consideración es el impacto de las relaciones dentro de la fratría en el bienestar de las madres adoptivas. Nuestros resultados indican que, cuando esas relaciones seguían siendo tensas, las madres expresaban culpa e incertidumbre sobre su decisión de adoptar. Llama la atención la escasez de investigación sobre cómo las características de un segundo hijo o hija adoptado pueden afectar a la familia adoptiva (Berge et al., 2006; Selwyn, 2019) o sobre cómo unas relaciones tensas en la fratría pueden afectar al bienestar materno (Frost & Goldberg, 2020). Se necesita más investigación para comprender mejor el impacto de estas relaciones y experiencias.
Antes de considerar las implicaciones más amplias de estos resultados, es importante tener en cuenta las limitaciones asociadas a los datos. En primer lugar, todas las participantes eran miembros de un grupo de apoyo en línea, al que a menudo recurren familias que atraviesan dificultades en su vida adoptiva. Por ello, sus experiencias pueden haber sido menos positivas que las de otras familias adoptivas. Cabe señalar también que las participantes declararon niveles de estudios e ingresos superiores a la media: son dos factores que a menudo protegen frente a una mala salud mental, pero, como ya se ha indicado, el Department for Education no proporciona información sociodemográfica sobre las familias adoptivas, por lo que no es posible determinar en qué medida la muestra refleja al conjunto de la población adoptante.
En segundo lugar, la muestra estaba formada por nueve madres blancas y heterosexuales. El estudio pretendía reclutar tanto a madres como a padres adoptivos; sin embargo, en el momento del reclutamiento solo mostraron interés en participar madres adoptivas. Aunque el 86% de las adopciones las realizan personas heterosexuales (CoramBAAF, 2019), no se incluyeron las experiencias de padres varones, de coprogenitores, de miembros de la comunidad LGBTQ+ ni de personas de etnias no blancas. Aunque un tamaño muestral de nueve era adecuado para un estudio fenomenológico (Creswell, 1998; Morse, 1994), no permite generalizar a todas las familias adoptivas.
En tercer lugar, las prácticas de adopción pueden variar según la zona geográfica y la época. Durante el periodo en que las participantes adoptaron a sus hijos e hijas (entre 2004 y 2016) se produjeron numerosos cambios en las políticas y las prácticas de trabajo social. Estos cambios podrían haber influido en el acceso a intervenciones posadopción centradas en las madres y los padres. Ofrecer un comentario completo de esos cambios excede el alcance de este trabajo (véase DfE, 2016).
En cuarto lugar, es importante tener en cuenta los sesgos de recuerdo. El tiempo transcurrido desde la transición a la parentalidad oscilaba entre 3 y 15 años. En algunos casos, la exactitud y la cantidad de los recuerdos relativos a esa época pueden verse influidas por acontecimientos y experiencias posteriores, y por el malestar emocional sentido entonces (Hassan, 2005).
Por último, la condición de madre adoptiva de la entrevistadora se dio a conocer a las entrevistadas tanto en la hoja informativa como en las entrevistas (cuando se le preguntó). Esta revelación pudo crear un clima más abierto, favoreciendo que se compartieran de forma más completa las experiencias emocionales negativas que en otros estudios, pero también pudo hacer que no se compartiera cierta información que se «daba por sentada». Se utilizó el AT reflexivo porque reconoce y aprovecha la experiencia propia de la entrevistadora para aumentar el valor y la profundidad del análisis. La entrevistadora analizó los resultados con la estrecha implicación del resto de la autoría para reafirmar las conclusiones extraídas. Estos factores son importantes porque reconocen la posibilidad de sesgo en la muestra y en las experiencias compartidas.
Para un análisis más profundo, es útil considerar otras características familiares que pueden influir en las vivencias de salud mental, como la calidad de la relación de pareja y la satisfacción con ella, las experiencias de los padres varones o de coprogenitores, las características de la infancia adoptada, las características de la fratría, la diversidad étnica y socioeconómica de los miembros de la familia, y la respuesta, el conocimiento y la comprensión que las madres tienen de las características de sus hijos e hijas.
Explorar las características de las familias adoptivas asentadas, con una atención explícita al bienestar parental y utilizando medidas clínicas de bienestar (incluido el Parental Burnout Inventory; Roskam et al., 2017), aportaría pruebas más sólidas sobre la experiencia de la NegMH.
Sería conveniente explorar los beneficios de ampliar el Adoption Support Fund para que financie intervenciones terapéuticas específicas para madres y padres, en cuanto a su efecto en el bienestar de las familias adoptivas, el bienestar infantil y los resultados de la adopción.
Se necesita más investigación sobre las características y el impacto de hermanos y hermanas adoptados y no adoptados en las familias adoptivas, prestando atención al impacto de un apego tenso dentro de la fratría en el bienestar de las madres y los padres adoptivos. Rosenberg y Robinson (2014) hallaron que los hijos e hijas no adoptados de las familias adoptivas pueden experimentar diversas emociones en relación con la fratría adoptada, como celos, culpa y resentimiento. La investigación ha explorado el fenómeno por el que, en las familias adoptivas, la infancia adoptada se percibe como un accesorio o una compañía de juego para la infancia no adoptada ya presente (Senecky & Chaimovitz, 2020). Senecky y Chaimovitz (2020) hallaron que las familias adoptivas esperaban a menudo que sus hijos e hijas no adoptados desempeñaran un papel importante en la socialización de la criatura adoptada y ayudaran en su proceso de integración. Esta dinámica podría hacer que las madres y los padres adoptivos se sintieran menos responsables del cuidado y la socialización de la criatura adoptada, lo que podría contribuir a un sentimiento de desapego (Senecky & Chaimovitz, 2020). El desarrollo de intervenciones específicas para las familias adoptivas centradas en reforzar las relaciones dentro de la fratría y su impacto en la dinámica familiar más amplia podría constituir un factor de protección para el bienestar global de la familia.
Una investigación longitudinal prospectiva más amplia sobre las trayectorias de la salud mental de las familias adoptivas permitiría comprender mejor los factores de protección y los que ponen en peligro la estabilidad del bienestar parental y los resultados familiares. Además, es necesario investigar las vivencias emocionales de las madres y los padres adoptivos durante la ruptura de una adopción, así como identificar sus necesidades de apoyo durante esa ruptura y después de ella.
Para todas las madres, la experiencia de criar a hijos e hijas adoptivos aportó alegría a su vida. El tiempo permitió a muchas desarrollar relaciones sólidas y positivas con sus hijos e hijas, a menudo frente a dificultades de conducta persistentes y a tensiones en la salud mental materna. Las madres hablaron de su compromiso con sus hijos e hijas, del crecimiento y la adaptación dentro de la familia y del valor de recurrir a otras personas adoptantes en busca de apoyo emocional. Sin embargo, las madres señalaron también la necesidad de que su propio bienestar emocional y psicológico se considere tan importante como el de sus hijos e hijas. Las exigencias de la «crianza extrema» y de la crianza terapéutica hacían que las madres se sintieran agotadas y aisladas de su entorno.
Si las madres adoptivas del Reino Unido viven problemas de salud mental años después de adoptar, ello tiene implicaciones importantes para las políticas y las prácticas de adopción. En primer lugar, las agencias de adopción deberían ofrecer a las familias adoptivas información completa sobre los retos a los que podrían enfrentarse tras adoptar. Esta información debería incluir el posible impacto en la salud mental de madres y padres, los servicios de apoyo disponibles y las implicaciones a largo plazo para la familia (Selwyn et al., 2014). En segundo lugar, las agencias de adopción deberían ofrecer a las familias adoptivas un apoyo continuado, que incluya el acceso a servicios de salud mental específicos para personas adultas. Este apoyo debería adaptarse a las necesidades individuales de cada familia y estar disponible durante el tiempo que sea necesario (Biehal et al., 2015). En tercer lugar, las agencias de adopción deberían realizar evaluaciones periódicas de seguimiento de las familias adoptivas para vigilar su bienestar y detectar cualquier problema de salud mental emergente. Esta evaluación debería ser continua, y los servicios de apoyo deberían prestarse según las necesidades (Selwyn et al., 2014).
En conjunto, las políticas y las prácticas de adopción deberían basarse en la experiencia de las madres adoptivas y en su salud mental años después de adoptar. Las agencias de adopción deberían adoptar un enfoque proactivo ante las necesidades de salud mental de las familias adoptivas, ofreciendo información completa, apoyo continuado y evaluaciones periódicas (Biehal et al., 2015; Selwyn et al., 2014).
Complexe Systémique: puntos clave
Leído desde una perspectiva sistémica, este artículo desplaza la pregunta: la dificultad no es solo la criatura «difícil», sino el trabajo invisible de regulación que una madre realiza por dos, o incluso por tres, sin nadie que le dé el relevo. Aparecen bucles conocidos: la criatura que se desregula, la madre agotada de contener, la familia extensa que no comprende y se aparta, la pareja que ya no tiene tiempo para sí, la fratría en la que el hijo o la hija mayor paga el precio, y un dispositivo de apoyo que solo financia la atención a la criatura. Para la clínica, la idea clave es sencilla: sostener a la madre o al padre es cuidar del sistema, y un espacio para «descargar» no le quita nada a la criatura. Los límites son claros: nueve madres blancas con estudios superiores, reclutadas en parte a través de grupos de apoyo, recuerdos que se remontan hasta quince años atrás, ningún padre, ninguna medida clínica y una investigadora que es ella misma madre adoptiva, algo que el equipo reconoce. El contexto es británico. Puede leerse junto con el artículo sobre la violencia filioparental y el estudio sobre la relación triádica entre progenitores, hijos y fratría.
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Traducción no oficial al español de Parenting in the “extreme”: An exploration into the psychological well‐being of long‐term adoptive mothers, de Charmaine Kohn, Alison Pike y Richard O. de Visser, Family Relations, vol. 73, n.o 3 (2024), doi: 10.1111/fare.12963, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial son responsables de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción del artículo original «Parenting in the “extreme”: An exploration into the psychological well‐being of long‐term adoptive mothers», publicado en Family Relations (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Kohn, C., Pike, A., et de Visser, R. O. (2024). Parenting in the “extreme”: An exploration into the psychological well‐being of long‐term adoptive mothers. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/parenting-in-the-extreme-psychological-well-being-of-long-term-adoptive-mothers (Obra original publicada en 2023 en Family Relations, 73(3), 1989-2013 (2024); republicada en 2024 por Family Relations, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/fare.12963)
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