Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Current Psychology · Familia
¿Cómo pasa un parto traumático de una generación de mujeres a la siguiente? En Turquía, un equipo de Kütahya entrevistó a treinta mujeres de diez familias: abuela, madre y nieta. Sus relatos dibujan una transmisión a través del silencio, la vergüenza y los cuidados, pero también rupturas: hijas mejor informadas, parejas más presentes y nuevas heridas ligadas a la medicalización.
Traducción no oficial al español de From grandmother to granddaughter: a phenomenological study to assess the intergenerational transmission of birth-related traumatic experiences, de Sercan Mansuroğlu y Ayşegül Unutkan, publicado en Current Psychology (Springer) (2026), doi: 10.1007/s12144-026-09142-1, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas; un párrafo duplicado en la versión en línea del original («Instrumento de recogida de datos») se reproduce tal como se publicó; los agradecimientos y las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas; el material complementario (guías de entrevista) no se reproduce. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Este silencio no representa solo la transmisión del trauma, sino también la herencia de la ignorancia.
Sercan Mansuroğlu y Ayşegül Unutkan
Resumen
El parto no es solo un acontecimiento biológico, sino también una experiencia psicológica y sociocultural profundamente arraigada que puede moldear el bienestar de las mujeres a lo largo de la vida. Aunque las consecuencias psicológicas del parto traumático están cada vez más documentadas, se sabe mucho menos sobre cómo se transmiten estas experiencias de una generación a otra, en particular en sociedades patriarcales y centradas en la familia. Este estudio se propuso explorar cómo se transmiten las experiencias de parto traumático a lo largo de tres generaciones de mujeres e identificar los mecanismos relacionales y socioculturales que subyacen a esta transmisión. En esta investigación fenomenológica se realizaron entrevistas semiestructuradas con 30 participantes de 10 familias (abuela, madre, nieta). Los datos se examinaron mediante análisis temático, que dio lugar a tres temas generales: (1) Fuentes y manifestaciones del trauma, (2) Vías de transmisión intergeneracional y (3) Diferencias generacionales y transformación. Los hallazgos muestran que el trauma relacionado con el parto no es solo una experiencia psicológica individual, sino también un fenómeno mediado social y culturalmente, que se transmite a través del silencio, de las prácticas de cuidado y de la evolución de las dinámicas familiares. Al examinar tres generaciones de forma simultánea, este estudio contribuye a la literatura internacional poniendo de manifiesto cómo el trauma intergeneracional se reproduce y, en algunos casos, se transforma con el tiempo. Estos resultados subrayan la necesidad de una atención a la maternidad informada sobre el trauma y culturalmente sensible, así como de intervenciones intergeneracionales que vayan más allá de los enfoques clínicos centrados en el individuo.
Palabras clave: Embarazo, Parto, Trauma intergeneracional, Transmisión del trauma, Experiencias de las mujeres
El embarazo y el parto no son meros acontecimientos biológicos; son experiencias complejas entretejidas con significados psicológicos, sociales y culturales en la historia de vida de una mujer (Olza et al., 2018). Estos periodos de transición pueden constituir a veces momentos de transformación que empoderan, mientras que otras veces dejan huellas traumáticas que perturban profundamente la integridad psicológica. Factores como la falta de redes de apoyo, la pérdida de control, las vulneraciones de la autonomía corporal y la sensación de aislamiento pueden convertir el parto en una experiencia traumática para las mujeres (Unutkan et al., 2025; Avcı & Kaydırak, 2023).
Los efectos de este trauma no se limitan al momento en que se produce: pueden moldear la percepción que las generaciones siguientes tienen de la feminidad, la maternidad y el cuerpo femenino, mediante un proceso de transmisión intergeneracional (Roubinov et al., 2022). La creciente literatura sobre el trauma intergeneracional subraya que el trauma no solo afecta a la estructura psicológica de la persona, sino que también produce efectos duraderos en los contextos familiares, sociales y culturales. Esta transmisión no se produce únicamente a través de relatos explícitos, sino también de emociones reprimidas, pautas de crianza, silencios e incluso mecanismos epigenéticos (Aydın & Yıldız, 2018; Horsch & Stuijfzand, 2019).
Los efectos duraderos, y a menudo no reconocidos, del trauma del parto se hacen especialmente visibles en la transmisión entre mujeres (Ayers et al., 2024; Horsch & Garthus-Niegel, 2019). Las propias experiencias de parto de una mujer se transmiten con frecuencia —a menudo sin intención— a sus hijas a través de relatos, actitudes o respuestas emocionales. Este fenómeno no atañe solo a la memoria personal; refleja también la circulación intergeneracional de normas de género, valores patriarcales y traumas silenciados relacionados con el cuerpo femenino (Aydın & Yıldız, 2018).
Existen varios mecanismos a través de los cuales el trauma se transmite de una generación a otra. Abraham y Torok (2005) introdujeron el concepto de «identificación críptica» para describir cómo el trauma puede heredarse de manera inconsciente. Las personas expuestas a un trauma presentan a menudo síntomas como ansiedad, depresión, estrés postraumático, una percepción exacerbada de la amenaza y pesimismo hacia sí mismas y hacia el mundo. Estos patrones psicológicos pueden aparecer también en su descendencia. La descendencia de progenitores traumatizados puede adoptar estilos de crianza y problemas psicológicos similares, y manifestar síntomas como vulnerabilidad al estrés, culpa, ansiedad, depresión, fobias y pánico. El trauma no elaborado de una figura parental puede repercutir directamente en la criatura, que puede absorber miedos no expresados e interiorizarlos como si fueran propios. Lebovici (1993) describe este proceso con el concepto de «mandato familiar», que remite a los roles y responsabilidades asignados a la criatura desde su nacimiento. De forma similar, Stierlin y sus colegas (1979) y Boszormenyi-Nagy (2014) sostienen que las figuras parentales imponen a menudo, de manera inconsciente, determinados roles y expectativas a su descendencia: reparar errores del pasado, aliviar el dolor parental o calmar angustias. Estas transmisiones implícitas pueden alimentar un profundo sentimiento de lealtad y de obligación hacia las generaciones anteriores, que da forma a lo que podría llamarse una «deuda intergeneracional». Con el tiempo, estas cargas se acumulan, y quienes llegan a la familia nacen dentro de esos legados emocionales heredados.
La teoría del trauma epigenético propone que estas transmisiones podrían tener no solo bases psicosociales, sino también biológicas. Por ejemplo, algunos estudios indican que niveles elevados de estrés durante el embarazo pueden afectar al neurodesarrollo fetal e incluso transmitirse a la generación siguiente (Yehuda et al., 2016). Yamagata y su equipo exploraron la psicopatología intergeneracional entre madres e hijas examinando, mediante resonancia magnética, la similitud del volumen de sustancia gris en los sistemas corticolímbicos de díadas progenitor-hijo. Sus resultados revelaron una semejanza significativamente mayor entre madres e hijas que en las demás díadas (por ejemplo, madre-hijo, padre-hija), lo que sugiere una posible base neural de la transmisión intergeneracional (Yamagata et al., 2016).
Las teorías psicodinámicas postulan que el trauma que no se elabora en el plano consciente puede transmitirse sin saberlo a las generaciones futuras (Bowe et al., 2025). Esta transmisión inconsciente puede obstaculizar el desarrollo psicológico de la criatura y manifestarse más adelante en forma de angustias, malestares o síntomas psicológicos inexplicables (Abraham & Torok, 1994). Aunque la investigación sobre este tema suele remontarse a los estudios sobre los nietos y nietas de supervivientes del Holocausto (Rakoff et al., 1966), las primeras conceptualizaciones psicoanalíticas ya subrayaban que las emociones no dichas y la culpa derivadas del trauma parental pueden proyectarse sobre la descendencia (Ferenczi, 1988). Teorizaciones posteriores compararon estos traumas no resueltos con «fantasmas» invisibles o presencias inquietantes que siguen influyendo en las generaciones futuras (Fraiberg et al., 1975). Estas cargas pueden perturbar el desarrollo del sentido de sí de la criatura (Fraiberg et al., 1975; Abraham & Torok, 1994). El pensamiento psicoanalítico sugiere también que los traumas colectivos —vividos por sociedades enteras— pueden pasar a formar parte del inconsciente colectivo y transmitirse en silencio cuando se reprimen, se ignoran o no se reconocen (Jung, 1964; Feldman, 2022).
Desde la perspectiva de la teoría del apego, una experiencia de parto traumática puede alterar la inversión emocional de la madre en su hijo o hija y moldear así los patrones relacionales futuros (Frankham et al., 2023). La teoría de sistemas subraya además que el trauma no es solo un fenómeno individual, sino que afecta a todo el sistema familiar (Fitzgerald et al., 2020; Reshef et al., 2023).
Las perspectivas feministas aportan una contribución importante a este campo al poner de relieve cómo las experiencias de parto de las mujeres quedan a menudo invisibilizadas, confinadas al ámbito privado y envueltas en un silencio sistémico. Cuando el parto se somete a la autoridad y al control médicos, las mujeres pueden perder la capacidad de decidir sobre su cuerpo, lo que da lugar a traumas no reconocidos. Este silencio se reproduce de generación en generación, no solo de manera individual, sino como parte de una memoria colectiva (Tsakmakis et al., 2023).
Este estudio se realizó en el contexto de Turquía, una sociedad en la que los valores patriarcales y los roles de género tienen un peso considerable y en la que la estructura familiar se mantiene tanto en forma nuclear como extensa. La autonomía de las mujeres en la toma de decisiones durante el parto se ve a menudo influida por las personas mayores de la familia y por el marido. Además, se ha señalado que las mujeres experimentan ansiedad y depresión durante el proceso del parto debido a las expectativas sociales, los roles maternos y la falta de apoyo, y que presentan síntomas de estrés traumático (Ozansoy Tunçdemir, 2024; Unutkan et al., 2024; Yildiz et al., 2017). Asimismo, el acceso insuficiente a los servicios de salud hace más probables las experiencias de parto traumáticas, lo que aumenta la carga psicológica tanto en el plano individual como en el intergeneracional (Özcan et al., 2017). Aunque se han logrado avances importantes en el acceso a la atención sanitaria en general, los resultados de la Encuesta Demográfica y de Salud de Turquía (TNSA, 2018) indican que los servicios de atención prenatal son más limitados en las zonas rurales y entre las mujeres con bajo nivel educativo. En un contexto social así, la fuerte influencia de las estructuras patriarcales y de las normas de género sienta las bases para que el trauma del parto se reproduzca a través de los roles familiares y los valores culturales, más allá de su condición de experiencia individual. Por ello, Turquía ofrece un contexto singular y decisivo para examinar la transmisión intergeneracional del trauma específicamente en relación con los procesos de parto.
En países como Turquía, donde los valores tradicionales están profundamente arraigados, la transmisión intergeneracional de las experiencias de parto se ha estudiado de forma insuficiente, y la mayor parte de la investigación existente recurre a métodos cuantitativos (Demir, 2024; Aktaş Reyhan & Dağlı, 2022). La literatura pertinente ha examinado la transmisión del trauma relacionado con el parto en una o dos generaciones, lo que solo revela parcialmente la complejidad de los mecanismos de transmisión y sus efectos en múltiples niveles sobre las dinámicas intrafamiliares. Un enfoque cualitativo que abarque tres generaciones de forma simultánea permite comprender con mayor profundidad las vías de transmisión del trauma, las similitudes y las transformaciones entre generaciones. Además, puede decirse que realizar este estudio en la cultura turca colma una laguna importante de la literatura, al mostrar cómo las normas culturales, el acceso a la atención sanitaria y los roles de género desempeñan un papel formativo en la transmisión del trauma.
Este estudio pretende colmar esa laguna y explorar cómo las experiencias de parto traumáticas de las mujeres dejan huellas duraderas a lo largo de las generaciones.
La investigación se guía por las siguientes preguntas centrales:
Este estudio se diseñó con un enfoque fenomenológico, uno de los métodos de investigación cualitativa, y se llevó a cabo entre noviembre de 2024 y febrero de 2025. La fenomenología busca explorar los significados subjetivos que las personas atribuyen a sus experiencias vividas (Creswell, 2013). Entre los diseños de investigación fenomenológica, esta investigación adopta el de la fenomenología hermenéutica, que no solo pretende describir las experiencias, sino también comprender cómo las personas les dan sentido dentro de sus contextos sociales, culturales y relacionales (Errasti-Ibarrondo et al., 2019). Por tanto, el enfoque se basa en una postura epistemológica construida a partir de las experiencias subjetivas de las personas, frente al supuesto de una realidad única e inmutable. Según este enfoque, la interpretación de los datos por parte de quien investiga es tan importante como los relatos de las personas. Por ello se adoptó el principio de reflexividad, para garantizar que las investigadoras fueran conscientes de sus propios sesgos. En este estudio se eligió la fenomenología para mostrar cómo las mujeres dan sentido a sus experiencias de parto traumáticas, cómo estas experiencias se estructuran a través del cuerpo, las emociones y las relaciones, y cómo adquieren continuidad mediante la transmisión intergeneracional. A través de los relatos de las mujeres, el estudio parte del supuesto de que las experiencias de parto traumáticas no son solo una vivencia individual, sino también un fenómeno que puede configurarse en contextos culturales, familiares y sociales. En este sentido, la investigación pretende hacer visibles las dimensiones individual, relacional e intergeneracional del trauma analizando las representaciones cambiantes o persistentes de las experiencias de parto.
El grupo de estudio estuvo formado por 30 mujeres de 10 familias, cada una de ellas con participantes de tres generaciones (abuela–madre–nieta). El contexto del estudio parte del supuesto de que las experiencias de parto no son meras vivencias individuales, sino también experiencias transmitidas a través de los relatos familiares y de las interacciones entre generaciones. Por ello, la investigación se diseñó en un contexto familiar, considerando de manera conjunta a mujeres de tres generaciones: abuela, madre y nieta. Las participantes se seleccionaron mediante un muestreo intencional por criterios, siempre que cumplieran las siguientes condiciones: ser mayores de 18 años, haber dado a luz y poder participar en entrevistas en las tres generaciones de una misma familia. Este método de muestreo da prioridad a la selección de personas con una experiencia rica en relación con el tema, capaces de contribuir de forma significativa al objetivo del estudio (Patton, 2002).
Las participantes se reclutaron mediante un anuncio publicado en una universidad pública en la que trabajan las investigadoras. Esta universidad es una institución educativa que acoge a un gran número de estudiantes procedentes de distintas regiones del país. Por ello, las tríadas familiares (abuela-madre-nieta) incluidas en el estudio no se limitaron a la geografía del campus; los orígenes de las participantes se repartían por todo el país (véase la Tabla 1 para la diferencia entre medio rural y urbano entre las participantes). La selección de la muestra se basó en un objetivo intencional y en una estrategia de variación máxima: los criterios de inclusión fueron la presencia conjunta de tres generaciones, la existencia de relatos relacionados con la experiencia del parto y la representación de distintos entornos socioculturales. Además, durante el trabajo de campo se recurrió tanto a anuncios en el campus como a recomendaciones de las propias participantes para que también participaran en las entrevistas abuelas o madres residentes en otras provincias. Cuando no era posible una entrevista presencial, se ofrecía la opción de una entrevista en línea; esta modalidad facilitó la inclusión en la recogida de datos de familiares que vivían en lugares geográficos distintos. Gracias a estas estrategias, y pese a proceder de una sola institución, la muestra alcanzó una diversidad geográfica, rural-urbana y sociocultural que permitió examinar en profundidad los mecanismos de transmisión intergeneracional que el estudio pretendía analizar. En total, 19 estudiantes respondieron al anuncio. Sin embargo, 9 candidaturas se descartaron por no poder acceder a familiares de las otras generaciones. Finalmente, gracias a la mediación de 10 estudiantes, se reclutó para las entrevistas a mujeres de tres generaciones de 10 familias.
Tabla 1 Características demográficas de las participantes
Las 10 estudiantes incluidas en el estudio estaban matriculadas en la facultad en la que trabajaban las investigadoras. Esta situación se examinó con detenimiento desde el punto de vista de la relación entre investigadoras y participantes, una cuestión que se discute con frecuencia en la investigación cualitativa. Dado que la relación académica de las investigadoras con las estudiantes podía influir en las respuestas de las participantes, el impacto de esta relación en el proceso de investigación se evaluó desde una perspectiva tanto ética como metodológica. En este contexto, se hizo especial hincapié en los principios de voluntariedad, confidencialidad y autonomía de las participantes durante la recogida de datos. Además, por la naturaleza del enfoque fenomenológico, quien investiga no ocupa una posición de observación distante, sino una posición reflexiva e interpretativa en la construcción de sentido de los relatos. Por ello, las investigadoras, conscientes de sus propios roles académicos y de sus posibles sesgos, adoptaron el principio de reflexividad y cuestionaron esta relación de forma continua a lo largo del análisis de los datos. Al mismo tiempo, el hecho de que algunas de las participantes fueran estudiantes de las investigadoras se consideró una de las limitaciones del estudio. Esta situación pudo producir un efecto de deseabilidad social, en particular en los relatos de la generación de las nietas. Sin embargo, dado que las generaciones de las abuelas y de las madres, foco principal de la investigación, no tenían una relación académica directa con las investigadoras, se considera que este efecto fue limitado en la transmisión de los relatos intergeneracionales. En este sentido, el estudio adopta un enfoque de investigación cualitativa que identifica los posibles desequilibrios de poder, informa de ellos con transparencia e incluye su interpretación.
Según los datos demográficos (véase la Tabla 1), las abuelas (1.ª generación) tenían una edad media de 71.10 ± 9.14 años. Ocho de ellas se habían casado antes de los 18 años, cuatro tenían entre 2 y 4 hijos e hijas, ocho habían sufrido un aborto espontáneo o una muerte fetal, seis vivían en zonas rurales, siete vivían en una familia nuclear y nueve no referían antecedentes psiquiátricos ni enfermedad mental. Las madres (2.ª generación) tenían una edad media de 46.90 ± 5.72 años. Siete se habían casado antes de los 18 años, todas tenían también entre 2 y 4, seis no habían sufrido aborto espontáneo ni muerte fetal, seis vivían en zonas rurales y nueve vivían en una familia nuclear y no referían trastornos psiquiátricos. Las nietas (3.ª generación) tenían una edad media de 23.01 ± 4.48 años. Seis se habían casado antes de los 18 años, todas tenían igualmente entre 2 y 4, seis no habían sufrido aborto espontáneo ni muerte fetal, seis vivían en zonas rurales y nueve vivían en una familia nuclear, sin antecedentes psiquiátricos.
Los datos se recogieron mediante un formulario de información demográfica y guías de entrevista semiestructurada elaboradas por las investigadoras. Las guías de entrevista se diseñaron para ayudar a las participantes a expresar, con sus propias palabras y en profundidad, sus experiencias durante el embarazo, el parto y el posparto, de acuerdo con los principios fundamentales del enfoque fenomenológico. Para elaborar las preguntas se tuvieron en cuenta estudios cualitativos previos sobre las experiencias de parto traumáticas, la transmisión intergeneracional y la salud mental de las mujeres, así como la experiencia clínica y académica. Dada la naturaleza singular de la investigación, se prepararon formularios de entrevista distintos para cada generación. Las guías de entrevista de los grupos de abuelas (1.ª generación), madres (2.ª generación) y nietas (3.ª generación) se diferenciaron teniendo en cuenta el contexto social, cultural y familiar de la época de las participantes, manteniendo al mismo tiempo la continuidad temática. Esto permitió observar de forma comparada la transmisión y la transformación de las experiencias entre generaciones. Todas las guías de entrevista se ofrecen como archivos complementarios.
Los datos se recogieron mediante un formulario de información demográfica y guías de entrevista semiestructurada elaboradas por las investigadoras. Las guías de entrevista se diseñaron para ayudar a las participantes a expresar, con sus propias palabras y en profundidad, sus experiencias durante el embarazo, el parto y el posparto, de acuerdo con los principios fundamentales del enfoque fenomenológico. Para elaborar las preguntas se tuvieron en cuenta estudios cualitativos previos sobre las experiencias de parto traumáticas, la transmisión intergeneracional y la salud mental de las mujeres, así como la experiencia clínica y académica (Horsch & Stuijfzand, 2019; Feldman, 2022; Aktaş Reyhan & Dağlı, 2022; Bekes & Starrs, 2024; Aydın & Yıldız, 2018). Dada la naturaleza singular de la investigación, se prepararon formularios de entrevista distintos para cada generación. Las guías de entrevista de los grupos de abuelas (1.ª generación), madres (2.ª generación) y nietas (3.ª generación) se diferenciaron teniendo en cuenta el contexto social, cultural y familiar de la época de las participantes, manteniendo al mismo tiempo la continuidad temática. Esto permitió observar de forma comparada la transmisión y la transformación de las experiencias entre generaciones. Todas las guías de entrevista se ofrecen como archivos complementarios.
Las entrevistas fueron realizadas de forma individual, presencial o en línea, por la primera investigadora, en un entorno en el que cada participante pudiera sentirse segura y cómoda. Cada generación fue entrevistada por separado. Las entrevistas duraron entre 40 y 70 min y se grabaron en audio con el consentimiento de las participantes. Antes de terminar las sesiones, se preguntaba a las participantes si querían añadir o preguntar algo, y las entrevistas concluían con palabras de agradecimiento. La recogida de datos continuó hasta alcanzar la saturación temática. Aunque el número de entrevistas aumentó durante el proceso de codificación hasta la 10.ª familia del estudio, en las tres entrevistas consecutivas posteriores a la 8.ª familia no surgió ningún código ni tema principal nuevo; por ello, la recogida de datos se cerró con 10 familias. El criterio de saturación se definió como tres entrevistas consecutivas que no aportaran información nueva. No se realizaron entrevistas repetidas. Las grabaciones fueron transcritas posteriormente por la investigadora y preparadas para el análisis.
Se emplearon diversas estrategias de entrevista facilitadoras para reforzar la comunicación y superar posibles bloqueos durante las entrevistas. Además de preguntas abiertas, cuando era necesario las investigadoras formulaban preguntas de profundización y reflexión como «¿Podría desarrollar esto un poco más?» y «¿Podría describir cómo se sintió en ese momento?». No hubo interrupciones durante las entrevistas presenciales ni cuando las participantes se encontraban emocionalmente afectadas. Aunque hubo algunas interrupciones durante las entrevistas en línea, la conexión se restableció y la entrevista continuó. Además, no se cortaron los silencios, lo que dio a las participantes tiempo para ordenar sus pensamientos. Esta flexibilidad se adoptó como un elemento fundamental de la técnica de entrevista semiestructurada. Todas las entrevistas se grabaron en audio con el consentimiento explícito de las participantes y se transcribieron literalmente tras la entrevista. A lo largo de la recogida de datos, la guía de entrevista no se utilizó como una lista fija de preguntas, sino como una guía flexible que apoyaba los relatos de las participantes sin dirigirlos. Este enfoque pretendía preservar el principio de «comprender la experiencia desde la propia perspectiva de la participante», que es el objetivo fundamental de la investigación fenomenológica. Las grabaciones de audio se almacenaron en una cuenta en la nube accesible únicamente a las investigadoras, con los nombres de las participantes codificados.
Antes de la recogida de datos, se obtuvo la aprobación del comité de ética de la Kütahya Health Sciences University (fecha: 30.09.2024 - decisión n.º 2024/11–46). Se informó a las participantes del objetivo del estudio, de los principios de participación voluntaria y confidencialidad de los datos y de su derecho a retirarse en cualquier momento. Se obtuvo el consentimiento informado escrito u oral de cada participante. En todas las etapas del estudio se respetaron estrictamente las consideraciones éticas de la versión vigente de la Declaración de Helsinki.
Los datos recogidos se examinaron mediante análisis temático (Braun & Clarke, 2006). Este método se centra en identificar patrones significativos en los relatos, codificarlos y organizar después los códigos en agrupaciones temáticas. Al inicio del análisis no se impuso ningún marco conceptual a priori. El estudio siguió un enfoque fenomenológico inductivo en el que los significados, los temas y las estructuras interpretativas surgieron directamente de los relatos de las participantes. Aunque la fenomenología pretende ante todo comprender cómo las personas dan sentido a sus experiencias vividas, el análisis temático se utilizó como estrategia analítica para identificar de forma sistemática los patrones de significado compartidos por las participantes. En este estudio, el análisis temático funcionó como un método fundamentado en la fenomenología, que permitió a las investigadoras mantenerse ancladas en las experiencias subjetivas de las participantes e identificar a la vez estructuras experienciales comunes relacionadas con el parto traumático a lo largo de las generaciones. Los vínculos conceptuales con el trauma intergeneracional y los procesos socioculturales se elaboraron analíticamente durante y después de la codificación, en lugar de servir como supuestos rectores predeterminados. El análisis siguió estas etapas:
En este estudio, la saturación teórica se operacionalizó con el criterio de que «no surja ningún tema principal ni subcódigo significativo nuevo en al menos tres entrevistas consecutivas» (Guest et al., 2006; Saunders et al., 2018). Se analizaron en total 30 entrevistas de 10 familias; los análisis mostraron que los temas centrales y las categorías clave se observaban de forma repetida en el conjunto de datos disponible y no aportaban información nueva, por lo que se consideró alcanzada analíticamente la saturación temática.
Todas las entrevistas realizadas durante el proceso de investigación se grabaron y transcribieron literalmente. Para reforzar la credibilidad de los hallazgos, las opiniones transcritas se compartieron con las participantes para su confirmación. Ambas investigadoras revisaron de forma independiente y en varias ocasiones las transcripciones resultantes. Este estudio se llevó a cabo en consonancia con la formación académica y la experiencia de campo de las investigadoras. La primera investigadora, por su trabajo en el ámbito del trauma y la salud mental, aporta una perspectiva teórica y aplicada al análisis de las dimensiones psicológicas y relacionales de las experiencias traumáticas. Además, su experiencia en métodos de investigación cualitativa aportó una profundidad interdisciplinar a la interpretación de los relatos. La segunda investigadora es doctora en enfermería de salud de la mujer y está especializada en las experiencias de parto, las percepciones del parto traumático y las vivencias subjetivas del parto de las mujeres. Sus estudios internacionales publicados sobre métodos de investigación cualitativa contribuyeron a la aplicación eficaz del enfoque fenomenológico en este estudio. Las áreas de especialización diferentes pero complementarias de las investigadoras permitieron considerar las experiencias de parto traumáticas no solo como un proceso obstétrico, sino también como una experiencia con efectos psicológicos e intergeneracionales. No obstante, ambas investigadoras adoptaron un enfoque reflexivo a lo largo de todo el estudio, conscientes de que sus posiciones profesionales y su especialización en el ámbito del trauma podían influir en el proceso de análisis; consideraron un requisito metodológico ser conscientes de los posibles sesgos y cuestionarlos críticamente. Conscientes de sus roles académicos, de sus valores en materia de salud de las mujeres y de sus supuestos sobre las experiencias de parto traumáticas, las investigadoras dejaron constancia escrita de estos presupuestos antes de comenzar el análisis de los datos. En este contexto, se recurrió a la puesta entre paréntesis reflexiva, recomendada en la investigación fenomenológica, para separar en la medida de lo posible las interpretaciones de las investigadoras de las experiencias de las participantes (Errasti-Ibarrondo et al., 2019).
Durante el proceso de codificación y elaboración de los temas, las investigadoras se reunieron periódicamente para alcanzar un consenso analítico común sobre los temas definitivos. A lo largo de este proceso se prestó especial atención a que los temas derivaran directamente de los datos y a que los presupuestos de las investigadoras no guiaran el análisis. Los temas acordados por las dos investigadoras fueron revisados después por una persona investigadora ajena al tema pero con experiencia en investigación cualitativa, lo que completó un análisis en tres partes. A partir de sus observaciones, el subtema 1.2, titulado inicialmente «Soledad y falta de apoyo», se reformuló como «Violencia, soledad y falta de apoyo» para ganar claridad. La concordancia entre codificadoras se determinó según el modelo de Miles y Huberman, según el cual se espera una concordancia de al menos el 80% (Miles & Huberman, 1994). En este estudio, la concordancia entre codificadoras fue del 88%.
Además, la investigación se llevó a cabo en el marco de los principios de rigor metodológico, credibilidad, transferibilidad, consistencia y verificabilidad. El contexto del estudio y las características de las participantes se describieron con detalle, y la transferibilidad se reforzó apoyando los temas en citas directas de los relatos de las participantes. La verificabilidad se garantizó informando con claridad de todas las decisiones relativas al proceso de análisis. Las investigadoras procuraron mantener la coherencia interna comparando continuamente datos, códigos y temas a lo largo del análisis. Las posiciones de las investigadoras en el estudio se definieron con claridad, junto con sus fortalezas y limitaciones, y el posible impacto de dicha posición en la producción y la interpretación de los datos se evaluó críticamente en cada etapa del proceso de investigación. Se considera que este enfoque reforzó la transparencia metodológica y la credibilidad científica del estudio.
Como resultado del análisis temático se identificaron tres temas principales: las fuentes y manifestaciones del trauma, las vías de transmisión intergeneracional, y las diferencias intergeneracionales y la transformación. En el primer tema principal, los subtemas fueron la tensión física y la carga de trabajo excesiva; la violencia, la soledad y la falta de apoyo; y la falta de conocimientos y de apoyo médico. El segundo tema principal abarcó la cultura del silencio y la vergüenza, la transmisión de conocimientos y el saber materno, y la repetición o la ruptura conscientes de las experiencias negativas. El tercer tema principal reveló subtemas como el cambio de roles y de dinámicas conyugales, los cambios en los lugares del parto y en el acceso a la atención sanitaria, y los cambios intergeneracionales en el apoyo de la pareja y de la familia (Tabla 2). Los hallazgos de este estudio revelan que las experiencias de parto traumáticas no son acontecimientos aislados, sino que se inscriben en una estructura dinámica e interrelacionada que se despliega a lo largo de las generaciones. Como ilustra la Fig. 1, el análisis identificó tres temas principales que, en conjunto, explican cómo surge el trauma, cómo se transmite y cómo se transforma con el tiempo. Estos temas deben entenderse como analíticamente interconectados más que como categorías separadas, y reflejan la compleja interacción entre las experiencias individuales, las dinámicas familiares y los contextos socioculturales.

Tabla 2 Citas de las entrevistas que reflejan los temas y subtemas principales de las experiencias de parto de las mujeres
Este tema se centra en las experiencias traumáticas físicas y psicosociales que vivieron las participantes durante el embarazo, el parto y el posparto, y recoge las condiciones en las que surgen inicialmente las experiencias de parto traumáticas. En las participantes de la primera generación, el trauma se originaba a menudo en los roles de género, la pobreza, la jerarquía familiar y la falta de apoyo. En la segunda y la tercera generación, la presión emocional, la soledad, las intervenciones médicas y la violencia sistémica aparecieron como fuentes más destacadas. Este tema muestra cómo la tensión física y la carga de trabajo excesiva, las experiencias de violencia, la soledad y la falta de apoyo, así como la insuficiencia de conocimientos y de apoyo médico, convergen para moldear los primeros encuentros de las mujeres con el embarazo y el parto. Estas experiencias constituyen la capa fundacional del trauma y forman el telón de fondo emocional y vivencial sobre el que se construyen los significados posteriores.
Muchas mujeres de la primera generación relataron que se vieron obligadas a realizar trabajos pesados durante todo el embarazo, lo que a veces provocó abortos espontáneos o partos prematuros. Se ignoraban sus límites físicos, lo que refleja una percepción del cuerpo femenino como un cuerpo obligado a trabajar.
«Los gayınnam (palabra dialectal local para designar a la familia política) nunca me trataron como a una embarazada. Me lo hacían hacer todo. Me mandaban al campo y yo iba. Hacía toda la comida y toda la colada». (Entrevista 3 – Abuela).
«Mi suegra me daba el burro más difícil para que lo llevara. Tenía que segar forraje en el campo. Con aquella barriga enorme no podía. Me tumbaba y me ponía a llorar». (Entrevista 10 – Abuela).
«Di a luz, me até a la criatura a la espalda y me fui al campo. El trabajo y la criatura, todo a la vez. Nadie me ayudaba». (Entrevista 9 – Abuela).
Este subtema no solo pone de relieve el trauma físico, sino que muestra también cómo se negaba a las mujeres la posibilidad de reconocer o respetar sus propios procesos fisiológicos.
Muchas participantes se sintieron desatendidas emocionalmente durante el embarazo y el parto, a menudo sometidas a la presión de su suegra o sin recibir apoyo alguno de su marido. Las formas de violencia iban desde las manifiestas (bofetadas, insultos) hasta las encubiertas (ignorarlas, cargarlas de responsabilidades).
«Mi suegro me maltrataba de palabra. Mi marido nunca me protegió. Me sentía completamente sola». (Entrevista 3 – Madre).
«Después del parto, una noche mi bebé lloró mucho. No conseguía calmarlo. Mi suegro me dio una bofetada porque no podía dormir. Nunca lo olvidaré». (Entrevista 10 – Abuela).
«Mi suegra puso mala cara porque di a luz a una niña. Me echó la culpa del sexo del bebé. Me tragué las lágrimas». (Entrevista 10 – Nieta).
La soledad emocional y la invisibilidad eran especialmente frecuentes en la segunda generación. Algunas llegaron a dudar de su capacidad para criar a causa de este aislamiento.
Muchas mujeres empezaron el trabajo de parto sin entender lo que implicaba el parto, qué podían esperar ni qué síntomas indicaban peligro. Esta falta de conocimientos fue una fuente importante de trauma, sobre todo para la primera generación.
«Creí que me había hecho mis necesidades encima. Resulta que había empezado el parto. Si mi cuñada no me lo hubiera dicho, no me habría enterado». (Entrevista 10 – Abuela).
«Me pusieron contracciones sintéticas. No sabía lo que era. Sufrí durante 50 horas. Nadie me explicó cómo iba a ser el parto». (Entrevista 10 – Nieta).
«Vino la comadrona, dijo que el bebé todavía no había bajado y se marchó. Sufrí durante 10 días. Al final el bebé nació muerto». (Entrevista 6 – Abuela).
En algunos casos, la indiferencia, la mala comunicación o los errores de profesionales de la salud provocaron desenlaces traumáticos a lo largo de las generaciones.
Este tema examina cómo las mujeres transmitieron —o no lograron transmitir— sus experiencias de embarazo y parto a la generación siguiente. Surgieron tres modalidades principales: el silencio y la vergüenza, el intercambio protector de información, y la repetición o la ruptura del trauma. Este tema explica cómo el trauma relacionado con el parto va más allá de la persona y se inscribe en las relaciones familiares. Aclara los mecanismos mediante los cuales los significados ligados al parto se preservan, se modifican o se cuestionan en los relatos familiares y en las prácticas de cuidado.
Las mujeres de la primera y la segunda generación consideraban tabú temas como el embarazo, el parto y la sexualidad. Esto impidió la transmisión de conocimientos esenciales y dejó a las generaciones más jóvenes sin preparación.
«De esas cosas no se hablaba. Era vergonzoso. Nos daba apuro». (Entrevista 10 – Madre).
«Mis hijas nunca oyeron nada de eso. A mis nueras les conté un poco, pero ellas también eran vergonzosas». (Entrevista 7 – Abuela).
«Mi madre nunca me contó nada. Ni siquiera le dije que me había venido la regla: me daba demasiada vergüenza». (Entrevista 10 – Madre).
Este silencio no representa solo la transmisión del trauma, sino también la herencia de la ignorancia.
Algunas madres y abuelas intentaron proteger a sus hijas dándoles consejos prácticos y transmitiéndoles los conocimientos que tanto les había costado adquirir.
«No quería que fuera tan ignorante como yo. Le dije que no se fiara de cualquier comadrona». (Entrevista 6 – Abuela).
«Hice lo que me decía mi madre. Siempre me decía: “No levantes nada pesado, no te agobies”». (Entrevista 10 – Nieta).
«Siempre les decía a mis hijas que se mantuvieran los pies calientes y que no levantaran cosas pesadas». (Entrevista 7 – Abuela).
Estos intercambios reflejan relaciones basadas en el cuidado, pero los conocimientos compartidos solían ser limitados y de alcance práctico.
Algunas mujeres tomaron conciencia de patrones perjudiciales e intentaron no transmitirlos a sus hijos e hijas. Otras vieron cómo sus hijas repetían experiencias similares pese a sus advertencias.
«Si hubiera sido yo, le habría hablado a mi hija de los signos del parto. Le habría enseñado higiene. Pero a nosotras nunca nos enseñaron». (Entrevista 10 – Nieta).
«Le dije a mi hija que no lo hiciera, pero no me hizo caso. Acabó como yo: trabajando duro incluso embarazada». (Entrevista 10 – Madre).
«Ojalá mi madre me hubiera hablado del parto. Habría estado más preparada y habría tenido menos miedo». (Entrevista 10 – Nieta).
Este subtema muestra que el trauma puede transmitirse en silencio o interrumpirse de forma consciente, sobre todo por parte de las mujeres de la tercera generación, que se muestran más dispuestas a buscar información.
Este tema explora las diferencias significativas entre las tres generaciones. Con el tiempo, los cambios en las condiciones sociales, económicas y culturales han modificado las percepciones, los roles y las experiencias de las mujeres en relación con el embarazo y el parto. Refleja también cómo estas experiencias transmitidas de una generación a otra se reconfiguran con el tiempo. Los cambios en los roles de género y en las dinámicas conyugales, la transformación de los lugares del parto y del acceso a la atención sanitaria, y la evolución de las formas de apoyo de la pareja y de la familia muestran que la transmisión intergeneracional no implica una repetición estática. Al contrario, las mujeres reinterpretan y renegocian activamente las experiencias heredadas en condiciones sociales y estructurales cambiantes, lo que da lugar tanto a la continuidad como a la transformación entre generaciones.
En la primera generación eran habituales los matrimonios precoces y los roles basados en la obediencia y el silencio. En cambio, las mujeres de la tercera generación establecían límites más claros y disfrutaban de relaciones de pareja más igualitarias.
«Me casé a los 15. Estaba embarazada de muchos meses y seguía trabajando en el campo. Nadie me preguntaba siquiera cómo me encontraba». (Entrevista 10 – Abuela).
«Mi suegra quería que la ayudara. Mi marido le dijo que no y me puso a mí primero. Me sentí valorada». (Entrevista 10 – Nieta).
«En nuestra época, la mujer daba a luz, trabajaba y criaba a la criatura. El hombre ni siquiera miraba al bebé. ¿Y ahora? Los hombres juegan con sus hijos, cocinan». (Entrevista 4 – Abuela).
Estos cambios sugieren que los roles de las mujeres en la familia están evolucionando y que los sistemas patriarcales empiezan a aflojarse con el paso de las generaciones.
Las mujeres de la primera generación dieron a luz sobre todo en casa, en condiciones precarias y con ayuda de parteras tradicionales. En la tercera generación, los partos tenían lugar en el hospital con apoyo médico, aunque a veces estas intervenciones generaban traumas nuevos.
«Me hicieron ponerme de rodillas. Me frotaban la espalda. El bebé no salía. Me empujaron la barriga». (Entrevista 10 – Madre).
«Tuve 50 horas de contracciones sintéticas. Fue un parto difícil porque tenía la pelvis estrecha. El personal decía: “Ni siquiera es capaz de dar a luz”». (Entrevista 10 – Nieta).
«La comadrona no venía. Eran las mujeres del pueblo o las vecinas las que ayudaban. Me apretaban la barriga con el codo; creía que no podía respirar». (Entrevista 6 – Abuela).
Aunque la medicalización redujo ciertos riesgos, también introdujo nuevas fuentes de estrés, como la violencia obstétrica, la desatención del personal y la mala comunicación.
En la primera generación, el apoyo del marido era casi inexistente. En la tercera generación, el apoyo emocional y físico era más frecuente y tenía un efecto positivo en el bienestar posparto.
«Mi marido nunca estuvo presente en ninguno de mis partos. Entonces, el pudor hacía que ni siquiera pudiéramos levantar la voz». (Entrevista 10 – Abuela).
«Mi marido me cocinaba, me hacía zumo de naranja, me daba masajes. No me dejó sola ni un momento durante el posparto». (Entrevista 10 – Nieta).
«Apoyé a mi hija en todo. No quería que pasara por lo que pasé yo». (Entrevista 10 – Madre).
Algunas mujeres intentaron activamente ofrecer a sus hijas el apoyo que ellas mismas nunca recibieron.
En conjunto, estos tres temas principales ofrecen un marco analítico coherente que ilustra cómo se viven, se recuerdan y se interpretan con sentido las experiencias de parto traumáticas a lo largo de las generaciones. Los hallazgos muestran que el trauma relacionado con el parto no puede reducirse a acontecimientos aislados; surge más bien como una experiencia vivida continua, moldeada por las vivencias corporales, las respuestas emocionales y los contextos relacionales de las mujeres. Estas experiencias aparecen en condiciones específicas, se transmiten de una generación a otra a través de las interacciones familiares y de relatos implícitos, y son reinterpretadas por las mujeres en contextos sociales y estructurales cambiantes. Este proceso revela que la transmisión intergeneracional no constituye una repetición mecánica, sino que refleja una estructura dinámica en la que continuidad y transformación coexisten a través de los procesos de construcción de sentido de las mujeres.
Este estudio se propuso comprender cómo las experiencias de parto traumáticas de las mujeres dejan huellas duraderas a lo largo de las generaciones. Los hallazgos revelan que las experiencias de parto y de embarazo no son únicamente personales, sino que están moldeadas por condiciones culturales, históricas y estructurales. Mientras que la pobreza, el patriarcado y la falta de información eran factores dominantes en la primera generación, las necesidades emocionales cobraron mayor protagonismo en la generación más reciente. El acceso a la información y las expectativas de apoyo social aparecieron también como preocupaciones centrales. Un hallazgo llamativo es cómo el trauma, cuando se transmite a través del silencio, se manifiesta en las generaciones posteriores como ignorancia e impotencia. Sin embargo, algunas mujeres han reconocido este ciclo y han intentado romperlo. Estos temas responden directamente a la pregunta central de la investigación e ilustran que la transmisión intergeneracional del trauma opera mediante mecanismos tanto internos (cognitivo-emocionales) como externos (socioestructurales). La discusión se basa en una lógica inductiva, con interpretaciones que surgen directamente de los hallazgos del estudio. La literatura pertinente se integra después para contextualizar y profundizar la comprensión de estos temas derivados empíricamente, y no para imponer supuestos teóricos predefinidos.
En el primer tema, aunque las fuentes y las formas del trauma variaban de una generación a otra, algunos elementos persistían. Las mujeres de la primera generación, en particular, sufrieron traumas físicos debido a cargas de trabajo excesivas y a un acceso insuficiente a la atención sanitaria. La percepción social del cuerpo femenino como un cuerpo que debe seguir trabajando incluso durante el embarazo refleja normas de género arraigadas (Shibeshi et al., 2023). Esta mirada está ligada a una visión del cuerpo femenino centrada ante todo en su productividad y a la negación del derecho de las mujeres al descanso. Nhampoca y Maritz (2024) observaron que a las mujeres casadas a edad temprana se les asignaba a menudo el papel de «ama de casa» en la familia y se las dejaba soportar pesadas cargas domésticas. En la muestra de este estudio, desventajas estructurales como la proporción de matrimonios precoces y la residencia en zonas rurales aumentaron el estrés físico en la primera generación; así, factores socioeconómicos de nivel macro moldearon tanto la formación del trauma como su transmisión.
En la segunda y la tercera generación, el trauma estuvo más determinado por la desatención emocional, la soledad, la violencia sistémica y las intervenciones médicas. Especialmente durante el parto, los procedimientos médicos realizados sin consentimiento o mal explicados dejaron cicatrices psicológicas duraderas. Los relatos de las participantes coinciden con la literatura sobre violencia obstétrica, que pone de relieve cómo una atención desinformada y desdeñosa puede convertirse en sí misma en un trauma (Unutkan et al., 2025). Varias mujeres de nuestro estudio describieron cómo el parto, antaño un proceso natural centrado en la mujer, se había convertido en un procedimiento mecanizado controlado por profesionales de la salud, que las reducía a objetos pasivos. Estos relatos reflejan una tendencia más amplia señalada en la literatura: la pérdida de la capacidad de acción de las mujeres durante el parto (Karabulut & Unutkan, 2025; Sidesinger, 2024). Los hallazgos indican la necesidad de aplicar en el sistema de salud los principios del parto respetado y de la atención humanizada, de programas de educación prenatal centrados en la familia, de formación en comunicación empática para la atención materna, de prácticas que fomenten la participación de la familia y de mecanismos fácilmente accesibles para denunciar la violencia obstétrica.
El segundo tema muestra que el trauma no termina con una sola generación. Continúa a través de la transmisión, a menudo mediante el silencio, la vergüenza y el tabú que rodea las experiencias reproductivas de las mujeres. Esto concuerda con el concepto de «política del silencio» de Foucault (1978), según el cual el control social se mantiene suprimiendo y volviendo indecible todo saber relacionado con el cuerpo femenino (Caneda-Cabrera & Carregal-Romero, 2023). Llegar al parto sin conocimientos ni preparación previos agrava no solo el trauma físico, sino también el psicológico (Callister, 2004). Este trauma psicológico afecta a la capacidad emocional de la madre y a sus habilidades de regulación emocional, amenaza el apego sano entre madre e hijo o hija y puede sentar las bases de problemas relacionales, de ansiedad y de adaptación en la criatura a medida que crece (Bowlby, 1982). Desde la perspectiva de los sistemas familiares, el trauma se perpetúa no solo en las personas, sino también a través de los roles, las responsabilidades y las expectativas implícitas de la familia (Fitzgerald et al., 2020). Las actitudes de «autorrepetición» observadas en algunos relatos apuntan a la transmisión de las responsabilidades familiares de generación en generación con sentimientos de «deber» u «obligación»; esto puede vincularse también a procesos de vínculo traumático (Dutton & Painter, 1993). Por tanto, el personal sanitario no solo debe prestar atención médica, sino también apoyar psicológica y emocionalmente a las mujeres antes del parto. El respeto del consentimiento informado y de la autonomía corporal desempeña un papel decisivo para prevenir los partos traumáticos y romper el ciclo de transmisión del trauma.
En cambio, los esfuerzos de algunas participantes por no transmitir su propio sufrimiento —o por transformarlo— representan signos de cambio esperanzadores. Las mujeres de la tercera generación se mostraban especialmente abiertas a adquirir conocimientos, prepararse para el parto y buscar el apoyo de su pareja. Esta creciente toma de conciencia refleja el argumento de van der Kolk (1994) según el cual «el cuerpo lleva la cuenta», es decir, que incluso los traumas no dichos encuentran expresión en el comportamiento. En nuestro estudio, algunas madres que crecieron en el silencio declararon explícitamente que intentaban romper ese silencio por el bien de sus hijas. Cabe sostener que los procesos de resiliencia que Masten (2001) denomina «magia ordinaria» pueden explicar esta situación. Este enfoque sostiene que la infancia que crece en condiciones desfavorables (como la pobreza, el trauma o entornos socioeconómicos adversos) no experimenta necesariamente problemas similares ni presenta un desarrollo problemático, sino que la resiliencia es un estado normal y que el desarrollo sano es posible gracias a sistemas de protección. Del mismo modo, el modelo de resiliencia familiar de Walsh (2003) puede señalar el papel de las redes de apoyo social y de la reorganización intrafamiliar en la ruptura del ciclo de transmisión intergeneracional. Por otro lado, según el modelo histórico de transmisión intergeneracional del trauma, las madres y los padres que han vivido un trauma pueden percibir el mundo como peligroso, injusto o incontrolable. Cuando esta visión del mundo se transmite a su descendencia, puede generar más ansiedad, desconfianza o cautela emocional. La falta de un diálogo abierto sobre el trauma pasado también puede crear lagunas en la manera en que los hijos y las hijas comprenden el mundo; pero, al mismo tiempo, esto puede llevarles a cuestionar, investigar y construir nuevos significados (Békés & Starrs, 2024). Por otra parte, la percepción del trauma relacionado con el parto también puede haber variado entre generaciones debido a los cambios culturales. En consonancia con el enfoque de Jordan (1993), que subraya que el parto es una construcción cultural, nuestro estudio observó que las generaciones mayores tienden a interpretar las experiencias de parto más en el registro de la intimidad, mientras que las generaciones más jóvenes las valoran en términos de derechos individuales, elecciones conscientes y parto planificado. Esta diferenciación sugiere que la transmisión intergeneracional no se limita a las experiencias traumáticas; también los valores culturales pueden transformarse y ejercer su influencia con el tiempo.
El tercer tema ilustra cómo las experiencias de parto evolucionan con el tiempo, tanto social como individualmente. Los cambios en la edad al casarse, en los roles familiares y en la implicación de la pareja han influido directamente en la manera en que las mujeres perciben y viven el parto. Los matrimonios precoces y los roles centrados en la obediencia de la primera generación reflejan el carácter profundamente arraigado de la desigualdad de género (Yoosefi Lebni et al., 2023). En cambio, las mujeres de la tercera generación buscaban activamente información, fijaban límites personales y defendían sus derechos, lo que indica una convergencia entre toma de conciencia personal y transformación social. En este sentido, los estudios sugieren que el progreso educativo de una generación a otra conduce a mayores niveles de conciencia y de bienestar mental (Raghupathi & Raghupathi, 2020). Estos cambios observados en la tercera generación pueden considerarse factores de protección capaces de romper el ciclo de transmisión. Estos hallazgos respaldan el potencial de la psicoeducación prenatal, del asesoramiento centrado en la familia y de las intervenciones que implican a la pareja para reducir la transmisión intergeneracional.
Las diferencias de acceso a la atención sanitaria entre generaciones también fueron significativas. Mientras que las generaciones anteriores tenían dificultades de acceso, las posteriores se beneficiaron de partos medicalizados, aunque no exentos de nuevos riesgos. Los estudios confirman disparidades de acceso al sistema entre generaciones (Hussein et al., 2020). Aunque los partos en casa con parteras tradicionales dieron paso a los partos hospitalarios, el aumento de las intervenciones médicas no ha eliminado el trauma. De hecho, la falta de atención personalizada y la mecanización del parto han generado a veces nuevas formas de malestar. Estos hallazgos coinciden con investigaciones previas que sugieren que las prácticas médicas deshumanizadas durante el parto pueden tener consecuencias psicológicas a largo plazo (Leinweber & Stramrood, 2024; Olza et al., 2018). Mientras que las generaciones mayores afrontaron dificultades por la falta de acceso, las nuevas generaciones corren el riesgo de sufrir traumas por la sobremedicalización del parto. Por ello, reducir las intervenciones innecesarias y preservar la dimensión humana del parto es esencial no solo para las generaciones actuales, sino también para las futuras.
Por último, se observaron cambios intergeneracionales drásticos en el apoyo de la pareja y de la familia. En la primera generación, los maridos permanecían completamente al margen del proceso del parto. En la tercera generación, muchas parejas proporcionaban apoyo emocional y físico. Esto refleja una redefinición de la paternidad y un reparto más equitativo de las responsabilidades de cuidado (Doğan & Dudu Karaman, 2023). Además, los hallazgos muestran que las mujeres que contaron con apoyo experimentaron un mejor bienestar psicológico en el posparto. La falta de apoyo que sufrieron las generaciones anteriores parece haber motivado a las siguientes a ofrecer a sus hijas un cuidado deliberado. Diversos estudios indican que las mujeres de todas las generaciones necesitan información y apoyo social, y que las madres y la pareja son las fuentes de apoyo más accesibles (Demir, 2024; Taghizdeh et al., 2017). Por tanto, es fundamental que el personal sanitario reconozca estas necesidades generacionales cambiantes y capacite a las familias para prestar un cuidado adecuado.
Este estudio presenta algunas limitaciones. Al tratarse de un estudio fenomenológico, el análisis es intrínsecamente interpretativo y está moldeado por la posición de las investigadoras y por su implicación reflexiva con los datos, lo que puede haber influido en los significados atribuidos a las experiencias de las participantes. El estudio no partió de un marco teórico predeterminado. Aunque este enfoque inductivo permitió que los hallazgos surgieran directamente de los relatos de las participantes, puede haber limitado la exploración de interpretaciones teóricas alternativas del trauma intergeneracional. La muestra procedía de un grupo culturalmente homogéneo, lo que puede limitar la diversidad y la generalización de los hallazgos. Las participantes se reclutaron mediante un anuncio publicado en una universidad pública y por mediación de las estudiantes correspondientes. Este enfoque facilitó el acceso a tríadas familiares de tres generaciones adecuadas al objetivo de la investigación; aunque se buscó la máxima diversidad, este método puede limitar la diversidad socioeconómica debido a su muestreo inicial basado en la universidad. Dado que este estudio se centra exclusivamente en los relatos de las mujeres, no pudo examinarse directamente el papel de las figuras masculinas de la familia (marido, suegro). Sin embargo, la literatura indica que el apoyo de la pareja, o el trauma vinculado a ella, tiene un impacto decisivo en la experiencia de parto de la madre y en los procesos de apego posteriores. Esta limitación impide una comprensión completa de las dinámicas familiares; los estudios futuros que incluyan las experiencias de los maridos y de otros miembros masculinos de la familia permitirán explicar de forma más completa los mecanismos de transmisión. Además, los relatos de las generaciones mayores se basan en recuerdos retrospectivos y pueden reflejar una memoria selectiva o una reconstrucción narrativa a lo largo del tiempo, más que representaciones objetivas de los acontecimientos pasados. Otra limitación es que las entrevistas se realizaron una sola vez, lo que restringe la posibilidad de analizar cómo evolucionan las experiencias y los relatos con el tiempo. Unas entrevistas longitudinales permitirían una comprensión más dinámica y matizada del proceso de transmisión. Por último, este estudio examinó los mecanismos de transmisión del trauma en el seno de las familias centrándose en las experiencias de parto de mujeres de tres generaciones. Sin embargo, cabe señalar que las experiencias de parto traumáticas pueden tener repercusiones no solo en las familias, sino también en las relaciones comunitarias y en las políticas de salud. Este estudio no aborda ese aspecto; por ello, las investigaciones futuras que examinen las consecuencias sociales del trauma del parto y su interacción con las políticas de salud supondrían contribuciones importantes a la literatura. Pese a estas limitaciones, este estudio ofrece una contribución original y profunda a la comprensión de las dimensiones intergeneracionales del trauma del parto. Los hallazgos tienen implicaciones importantes para la práctica clínica, en particular para profesionales de la atención a la maternidad que trabajan con mujeres en distintas etapas de la vida. Aunque el estudio se sitúa en un contexto regional y cultural específico, los procesos identificados de transmisión emocional, silencio y construcción de sentido pueden ser transferibles a otros entornos socioculturales en los que el parto esté igualmente inscrito en los relatos familiares. Estas aportaciones también pueden orientar programas de formación e investigaciones cualitativas futuras centradas en una atención a la maternidad informada sobre el trauma.
Los hallazgos de este estudio muestran que el trauma del parto va mucho más allá de una experiencia individual y que a menudo se transmite de manera inconsciente de una generación a la siguiente a través de las interacciones familiares cotidianas, de los relatos compartidos y, en muchos casos, del silencio. Factores mediadores como el silencio, la vergüenza y la falta de información desempeñan un papel decisivo en la perpetuación del trauma, al moldear no solo lo que se cuenta, sino también lo que permanece sin decir en las familias. No obstante, los esfuerzos de algunas mujeres por reconocer y romper este ciclo de silencio muestran que la transformación es posible y ponen de relieve la capacidad de acción de las mujeres para reinterpretar las experiencias heredadas en sus contextos familiares.
Este estudio arroja luz sobre cómo las normas de género, las desigualdades sistémicas en la atención sanitaria y las estructuras patriarcales moldean la experiencia del parto, y revela las consecuencias psicológicas y corporales a largo plazo de estas intervenciones sobre las mujeres en el contexto sociocultural y sanitario específico de Turquía, donde el parto sigue fuertemente inscrito en las expectativas familiares y de género. En este contexto, existe una necesidad apremiante de políticas de salud integrales que prioricen no solo el bienestar individual, sino también el bienestar social colectivo, abordando el parto como un fenómeno relacional e intergeneracional y no únicamente como un acontecimiento clínico.
La transmisión intergeneracional de las experiencias de parto traumáticas puede provocar rupturas emocionales en la familia y contribuir a la erosión del bienestar intergeneracional, al alterar las pautas de comunicación, confianza y apoyo emocional entre madres, hijas y otros miembros de la familia. Los efectos de la transmisión intergeneracional del trauma en las familias repercuten también en la carga de salud mental y en la demanda de servicios sanitarios a escala social, sobre todo en entornos en los que las dimensiones psicosociales de la atención a la maternidad están poco reconocidas o insuficientemente integradas en la práctica habitual. Por ello, es esencial que el personal sanitario acompañe a las mujeres en la preparación al parto no solo en el plano físico, sino también en el psicológico y el emocional, teniendo presentes tanto las experiencias de parto personales como las heredadas.
Además, los hallazgos subrayan la importancia de promover prácticas respetuosas e inclusivas en la atención al parto y de integrar en las políticas de salud programas de apoyo psicosocial centrados en la familia, culturalmente sensibles y adaptados a las estructuras familiares existentes. Estos programas deberían favorecer un entorno seguro y de confianza entre madres e hijas, sustituyendo la cultura del silencio por la apertura y el diálogo compartido, y creando así oportunidades para interrumpir la transmisión intergeneracional del trauma. Las investigaciones futuras también deberían diseñarse para incorporar múltiples perspectivas, incluida la de los hombres, con el fin de promover una comprensión más holística de la transmisión del trauma en el sistema familiar, prestando atención a las especificidades regionales y culturales y evitando generalizaciones injustificadas. De este modo podrán desarrollarse intervenciones que apoyen el bienestar no solo de las mujeres, sino de todos los miembros de la unidad familiar en contextos socioculturales comparables.
Complexe Systémique: puntos clave
El interés de este estudio reside en su diseño: tres generaciones de mujeres de una misma familia, entrevistadas por separado sobre sus partos. Se observa que el trauma circula menos a través de los relatos que a través de lo no dicho: la vergüenza, la ignorancia transmitida, los consejos prácticos que protegen sin explicar. Para una lectura sistémica, dos puntos merecen atención. En primer lugar, el parto nunca es un asunto exclusivo de la madre: suegra, suegro, marido y comadrona forman el contexto que hace que un parto resulte traumático o soportable, y ese contexto cambia de una generación a otra. En segundo lugar, la transmisión no es una fatalidad: algunas madres rompen deliberadamente el silencio por sus hijas, y la medicalización, que ha reducido ciertos riesgos, crea nuevas heridas. Para la clínica, explorar la historia familiar de los partos, por ejemplo en un genograma, puede abrir un diálogo entre generaciones. Los límites son claros: una muestra pequeña reclutada a través de estudiantes del equipo, recuerdos reconstruidos décadas después, la ausencia de los hombres y citas procedentes en su mayoría de una sola familia. Puede leerse junto con el artículo sobre el papel de los miembros de la familia en las intervenciones perinatales y el artículo sobre la transmisión intergeneracional del trauma y la resiliencia entre hermanos y hermanas.
Notas del original
Agradecimientos. Gracias a las mujeres de todas las generaciones que participaron voluntariamente en el estudio.
Financiación. Financiación del acceso abierto proporcionada por el Consejo de Investigación Científica y Tecnológica de Turquía (TÜBİTAK).
Aprobación del comité de ética. Se obtuvieron autorizaciones escritas del comité de ética de la Kütahya Health Sciences University (número 2024/11-46 del 30.09.2024).
Consentimiento informado. Tras explicar el objetivo del estudio a las mujeres participantes, se obtuvo su consentimiento informado. A lo largo del estudio se respetaron los principios éticos de la versión vigente de la Declaración de Helsinki.
Conflicto de intereses. Como autoras, declaramos que no existe ningún conflicto de intereses.
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Traducción no oficial al español de From grandmother to granddaughter: a phenomenological study to assess the intergenerational transmission of birth-related traumatic experiences, de Sercan Mansuroğlu y Ayşegül Unutkan, Current Psychology, vol. 45, n.º 6, artículo 554 (2026), doi: 10.1007/s12144-026-09142-1, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial son responsables de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción del artículo original «From grandmother to granddaughter: a phenomenological study to assess the intergenerational transmission of birth-related traumatic experiences», publicado en Current Psychology (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Mansuroğlu, S., y Unutkan, A. (2026). From grandmother to granddaughter: a phenomenological study to assess the intergenerational transmission of birth-related traumatic experiences. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/from-grandmother-to-granddaughter-a-phenomenological-study-to-assess-the-intergenerational (Obra original publicada en 2026 en Current Psychology, 45(6), 554 (2026); republicada en 2026 por Current Psychology, https://link.springer.com/article/10.1007/s12144-026-09142-1)
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