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Family Relations · Familia

Dinámicas familiares, trauma infantil y normas de género en hombres condenados por violencia de pareja en Turquía

¿Cómo relatan su infancia y sus actos los hombres condenados por violencia contra su pareja? En una prisión del sudeste de Turquía, Fatma Ayhan entrevistó a 44 reclusos: violencia sufrida muy pronto, trabajo infantil, abandono y normas de género tradicionales casi en todas partes. Sin embargo, solo una cuarta parte de ellos justifica abiertamente la violencia.

Autora Fatma Ayhan (Faculty of Health Science, Batman University), TurquíaPrimera publicación Family Relations, 11 de junio de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Family dynamics, childhood trauma, and gender norms among men convicted of partner violence in Türkiye, de Fatma Ayhan, publicado en Family Relations (Wiley) (2026), doi: 10.1111/fare.70214, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autora ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

El trauma por sí solo no conduce de manera uniforme a la justificación moral de la VPI.

Fatma Ayhan

Resumen

Objetivo. Este estudio exploró las características sociodemográficas de hombres condenados por violencia en la pareja íntima (VPI), su exposición a la violencia en la infancia, sus normas de género y los significados que atribuyen a su uso de la violencia.

Antecedentes. Desde el marco ecológico para comprender la VPI, la violencia se conceptualiza como el resultado de interacciones entre factores individuales, relacionales, comunitarios y sociales. El estudio examinó cómo las dinámicas familiares de los participantes, las interacciones con la pareja y las influencias comunitarias interactúan con factores individuales y sociales para configurar los comportamientos violentos. Realizado en una provincia del sudeste de Turquía, donde las normas patriarcales y basadas en el honor siguen teniendo peso, el estudio ofrece un análisis contextualizado de cómo los hombres construyen y justifican la VPI. Los datos nacionales indican que aproximadamente el 38% de las mujeres de Turquía que han estado casadas alguna vez han sufrido VPI física o sexual.

Método. Se seleccionó mediante muestreo intencional a cuarenta y cuatro hombres encarcelados y condenados por violencia de pareja. Los datos se recogieron mediante entrevistas semiestructuradas y se analizaron con un análisis de contenido cualitativo inductivo.

Resultados. El análisis identificó siete temas principales: traumas infantiles, antecedentes delictivos personales y familiares, conductas en la infancia, motivos declarados de la VPI, motivos declarados del feminicidio, actitudes hacia la violencia y normas de género. Se indica la frecuencia de participantes que contribuyen a cada tema para mejorar la transparencia. Las normas de género tradicionales estaban generalizadas (37/44, 84,1 %), y la racionalización de la violencia se observó en un subgrupo (11/44, 25%). Los hallazgos ponen de relieve patrones de normalización, justificación y encuadre sociocultural en los relatos de los participantes.

Conclusión. Los resultados subrayan la importancia de estrategias de prevención e intervención multidimensionales que aborden la exposición temprana a la violencia, las normas de género rígidas y las justificaciones socioculturales de la VPI.

INTRODUCCIÓN

La violencia contra las mujeres, y en especial la violencia en la pareja íntima (VPI) y la violencia sexual, constituye un importante problema de salud pública y una vulneración de los derechos humanos de las víctimas. Las estimaciones elaboradas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que aproximadamente el 30% de las mujeres de todo el mundo sufren a lo largo de su vida VPI física y/o sexual o violencia sexual por parte de alguien que no es su pareja. Estas cifras ponen de relieve la prevalencia mundial y la importancia de la VPI como problema de salud pública. La mayor parte de esta violencia es prevenible. El sector sanitario tiene una importante responsabilidad que cumplir en la prestación de una atención sanitaria integral a las mujeres sometidas a violencia y/o en su derivación a otros servicios de apoyo que puedan necesitar (WHO, 2024).

El presente estudio adoptó el marco ecológico de Heise (1998) como principal fundamento teórico. Este marco permite una comprensión multinivel de la VPI al vincular las historias individuales con influencias sociales y culturales más amplias. En el contexto turco —en particular en la región del sudeste—, las fuertes tradiciones patriarcales, la jerarquía de género y las normas basadas en el honor configuran de manera significativa las actitudes y los comportamientos de los hombres hacia las mujeres (Dikmen & Münevver, 2020; Hacettepe University Institute of Population Studies, 2019; Sakalh-Uğurlu & Glick, 2003). En Turquía, las normas de género patriarcales y los valores culturales basados en el honor siguen configurando las actitudes de los hombres hacia las relaciones y la masculinidad (Dikmen & Münevver, 2020; Hacettepe University Institute of Population Studies, 2019). El control de los hombres sobre las mujeres suele justificarse socialmente como protección del honor familiar, y apartarse de los roles femeninos tradicionales puede desencadenar violencia (Kocacık & Dogan, 2006; Sakalh-Uğurlu & Glick, 2003). Además, los hombres encarcelados en Turquía constituyen un grupo de riesgo especialmente alto de ejercer VPI, ya que el encarcelamiento suele asociarse a rasgos antisociales, exposición a traumas y adhesión a ideologías masculinas rígidas (Sehlikoğlu et al., 2025). Los estudios realizados con hombres encarcelados en distintos países han mostrado que su VPI tiende a ser más grave y a estar más vinculada a la dominación, los celos y el consumo de sustancias que la de los hombres no encarcelados (Henning & Feder, 2004). Analizar la VPI en el contexto penitenciario turco ofrece, por tanto, una valiosa perspectiva sobre cómo la desigualdad estructural, las normas culturales y el encarcelamiento interactúan para configurar los comportamientos violentos de los hombres. Comprender estas dinámicas es esencial para interpretar los hallazgos de este estudio. Según el marco ecológico de Heise (1998), la VPI surge de la interacción entre factores que operan en cuatro niveles: individual (p. ej., trauma infantil, regulación emocional, temperamento), relacional (p. ej., conflicto familiar, dinámicas de pareja), comunitario (p. ej., aislamiento social, estrés económico) y social (p. ej., normas de género, valores patriarcales). En el contexto de Turquía —en particular en la región del sudeste—, estos niveles interactúan dentro de un sistema sociocultural que enfatiza el honor, la obediencia y la masculinidad tradicional. Por ello, este marco orientó tanto las preguntas de investigación como la interpretación de los hallazgos, vinculando las historias personales de trauma de los hombres con estructuras culturales más amplias que sostienen la violencia de género.

Más de una cuarta parte (27%) de las mujeres de todo el mundo de entre 15 y 49 años que han tenido una relación de pareja declaran haber sufrido alguna forma de violencia física y/o sexual por parte de su pareja íntima (WHO, 2024). La violencia psicológica es la forma más extendida de violencia de pareja contra las mujeres, seguida de la violencia física (Santos et al., 2020). La investigación nacional más reciente de Turquía informó de que el 26%, el 8%, el 15% y el 5% de las mujeres habían sufrido, respectivamente, violencia emocional o psicológica, física, económica y sexual por parte de su cónyuge o pareja íntima en los 12 meses anteriores (Research on Domestic Violence against Women in Turkey, 2015).

Muchos actos de VPI desembocan en feminicidio (Silva & Schermann, 2021). La VPI representa el 7% de la carga total de enfermedad de las mujeres de 18 a 44 años y afecta negativamente al bienestar emocional y social de familias enteras (Mikton, 2010). La OMS subraya que la exposición de las mujeres a la violencia puede perjudicar su salud física, mental, sexual y reproductiva y, en algunos contextos, aumentar el riesgo de contraer el VIH (WHO, 2024). Los efectos más perjudiciales descritos en la literatura científica entre las mujeres que sufren VPI son los trastornos psicológicos; los problemas cognitivos, emocionales y conductuales; y las lesiones físicas (Souza & Silva, 2019). La autoestima de las mujeres sometidas a VPI se ve afectada, y su recuperación se ve socavada por las consiguientes pérdidas en materia de ingresos, empleo, vivienda y mejora de la participación social (Hing et al., 2021; Moulding et al., 2021). La diabetes (Stubbs & Szoeke, 2022), la depresión, la ansiedad, el trastorno de estrés postraumático y la ideación suicida (Pico-Alfonso et al., 2006) son más frecuentes en estas mujeres.

Los estudios que investigan las características generales de los hombres que ejercen violencia contra las mujeres muestran que las características individuales (impulsividad, baja autoestima e inseguridad), conductuales (consumo de alcohol y otras drogas) y contextuales (sociedad patriarcal) asociadas al perfil del agresor pueden explicar el ejercicio de la violencia doméstica (Scott & Oliveira, 2018). La investigación internacional sobre los hombres que ejercen VPI ha subrayado igualmente la existencia de múltiples ámbitos que interactúan: la impulsividad individual y la baja autoestima, patrones conductuales como el consumo de sustancias e influencias contextuales como las normas patriarcales y la desventaja socioeconómica (Fulu et al., 2017; Scott & Oliveira, 2018). Estos patrones concuerdan con el modelo ecológico de Heise y justifican el examen multinivel que este estudio hace de las historias de trauma, los temperamentos y las actitudes de género de los hombres en el contexto turco. Un estudio que investigó las características de hombres detenidos en relación con delitos violentos mostró que se trataba de adultos jóvenes, casados, con bajo nivel educativo y con empleo remunerado, y que la mayoría ejerció la violencia bajo los efectos del alcohol y tenía otros antecedentes de violencia intrafamiliar (Madureira et al., 2014). Se ha constatado que la mayoría de los hombres que ejercen violencia física contra las mujeres en Turquía presentan actitudes de género desiguales, tienen un bajo nivel educativo, sufrieron violencia física en su propia infancia, viven en matrimonios concertados, tienen tres o más hijos e hijas, consumen alcohol y sustancias y juegan (Akkuş, & Yıldırım, 2018). Un determinante importante de las actitudes hacia la VPI en Turquía es la presencia de actitudes de género desiguales (Özpınar & Acar, 2022). Un estudio cualitativo con hombres que ejercen violencia informó de que estos se referían a los roles tradicionales de las mujeres y a la hegemonía masculina (Sikweyiya et al., 2020). Comprender estos factores es esencial para desarrollar estrategias de prevención eficaces.

La presente investigación

Aunque en Turquía y en otros países se han realizado investigaciones sobre los hombres que ejercen violencia contra su pareja, no encontré ningún estudio que examinara en profundidad las experiencias individuales de estas personas, como los traumas infantiles, las características del temperamento y los motivos del ejercicio de la violencia. Para reducir la exposición de las mujeres a la violencia y desarrollar intervenciones culturalmente adecuadas, es esencial comprender las características y las historias de violencia de los hombres que la ejercen, así como los motivos de esa violencia. Al situar esta investigación en el marco ecológico de Heise (1998) y en las realidades socioculturales del sudeste de Turquía, este estudio pretendía ofrecer una comprensión culturalmente informada de cómo las experiencias tempranas de los hombres, las normas de género y los valores culturales locales se entrecruzan para configurar su uso de la violencia contra la pareja. Desde esta perspectiva, el presente estudio se llevó a cabo para determinar las características sociodemográficas de los hombres que ejercen VPI, sus experiencias de violencia en la infancia, sus normas de género y sus experiencias en relación con el ejercicio de la violencia contra su pareja. Este estudio hace una contribución singular a la literatura al ofrecer una comprensión profunda y culturalmente contextualizada de cómo el trauma temprano, las normas de género y la identidad masculina se entrecruzan para configurar la violencia de los hombres contra su pareja en Turquía, una población rara vez explorada con profundidad cualitativa.

A la luz de este objetivo, el estudio trató de responder a las siguientes preguntas:

  • ¿Cuáles son las características sociodemográficas de los hombres que ejercen violencia contra su pareja femenina?
  • ¿Cuáles son las experiencias de violencia en la infancia de los hombres que ejercen violencia contra su pareja femenina?
  • ¿Cuáles son las normas de género relativas a la violencia de los hombres que ejercen violencia contra su pareja femenina?
  • ¿Cómo explican estos hombres su uso de la violencia contra su pareja?

MÉTODO

Método de investigación

Este estudio empleó un diseño de investigación cualitativo basado en el análisis de contenido inductivo (Elo & Kyngäs, 2008). Para informar sobre la investigación se adoptaron los criterios consolidados para la comunicación de investigación cualitativa (COREQ).

Grupo de estudio

La investigación se llevó a cabo en un centro penitenciario cerrado situado en una provincia del sudeste de Turquía. Esta región es conocida por su estructura social conservadora y patriarcal, en la que los roles de género tradicionales y las normas basadas en el honor están profundamente arraigados en la vida cotidiana. Este contexto cultural es importante para comprender cómo perciben y racionalizan la VPI los participantes. El grupo de estudio estuvo formado por reclusos varones mayores de 18 años de una prisión cerrada, condenados por violencia contra su pareja, sin dificultad para hablar o comprender el turco y que dieron su consentimiento voluntario para participar, seleccionados mediante muestreo intencional. Es posible que algunos participantes tuvieran otros antecedentes penales, ya que en Turquía las personas condenadas a menos de 3 años no suelen ingresar en prisión, y los delitos contra las mujeres suelen conllevar penas más cortas (salvo en los casos de feminicidio). Sin embargo, no se dispuso de información detallada sobre otros delitos, ya que el Ministerio de Justicia no autorizó el acceso a esos registros. En la prisión seleccionada se encontraban, en las fechas en que se realizó la investigación, cincuenta reclusos que cumplían los criterios de selección del grupo de estudio. Sin embargo, cuatro se negaron a responder a cualquier pregunta que no fuera sobre sus características sociodemográficas, y dos rehusaron participar. Por tanto, el estudio se completó con 44 reclusos. Los datos sobre las características sociodemográficas de los participantes figuran en la Tabla 1.

Tabla 1 — Características sociodemográficas de los participantes.

  • Código: K-1; Edad: 45; Ocupación: Cocinero de kebab; Estado civil: Divorciado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Secundaria; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Alto; Tamaño de la fratría: 9; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Lo dejó; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-2; Edad: 40; Ocupación: Recolector y comerciante de material reciclable; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Sin alfabetizar; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 8; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-3; Edad: 46; Ocupación: Vendedor de muebles; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Secundaria; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 18; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-4; Edad: 43; Ocupación: Cobrador de autobús; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Primaria; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 8; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-5; Edad: 46; Ocupación: Docente; Estado civil: Soltero; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Grado universitario; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Alto; Tamaño de la fratría: 5; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-6; Edad: 55; Ocupación: Panadero; Estado civil: Divorciado; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Primaria; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 11; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-7; Edad: 35; Ocupación: Soldador; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Bachillerato; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 9; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Lo dejó
  • Código: K-8; Edad: 33; Ocupación: Chatarrero; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Sin alfabetizar; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 10; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-9; Edad: 31; Ocupación: Agricultor; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Sin alfabetizar; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 9; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-10; Edad: 51; Ocupación: Camionero; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Secundaria; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 7; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-11; Edad: 38; Ocupación: Obrero de la construcción; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Sin alfabetizar; Nivel educativo de la esposa: Bachillerato; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 8; Consumo de alcohol: Lo dejó; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-12; Edad: 31; Ocupación: Chatarrero; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Secundaria; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 8; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: No; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-13; Edad: 43; Ocupación: Propietario de una librería de segunda mano; Estado civil: Divorciado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Bachillerato; Nivel educativo de la esposa: Bachillerato; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 6; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-14; Edad: 51; Ocupación: Agente de alquiler de coches; Estado civil: Segundo matrimonio; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Primaria; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 10; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-15; Edad: 42; Ocupación: Vendedor de muebles; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Primaria; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 8; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-16; Edad: 45; Ocupación: Obrero de la construcción; Estado civil: Divorciado; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Secundaria; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 10; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Lo dejó; Consumo de drogas: No
  • Código: K-17; Edad: 45; Ocupación: Mecánico de automóviles; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Primaria; Nivel educativo de la esposa: Secundaria; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 8; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-18; Edad: 30; Ocupación: Agricultor; Estado civil: Soltero; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Sin alfabetizar; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Alto; Tamaño de la fratría: 10; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-19; Edad: 31; Ocupación: Heladero; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Secundaria; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 9; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-20; Edad: 26; Ocupación: Obrero de la construcción; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Secundaria; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 5; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-21; Edad: 41; Ocupación: Obrero de la construcción; Estado civil: Divorciado; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Primaria; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 7; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Lo dejó
  • Código: K-22; Edad: 43; Ocupación: Profesión liberal; Estado civil: Divorciado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Primaria; Nivel educativo de la esposa: Secundaria; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 5; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-23; Edad: 46; Ocupación: Obrero de la construcción; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Secundaria; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Alto; Tamaño de la fratría: 8; Consumo de alcohol: Lo dejó; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-24; Edad: 35; Ocupación: Panadero; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Sin alfabetizar; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 5; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-25; Edad: 29; Ocupación: Vendedor de muebles; Estado civil: Divorciado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Secundaria; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 20; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-26; Edad: 36; Ocupación: Obrero textil; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Secundaria; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 14; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-27; Edad: 43; Ocupación: Obrero de la construcción; Estado civil: Soltero; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Primaria; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 6; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-28; Edad: 37; Ocupación: Chatarrero; Estado civil: Soltero; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Sin alfabetizar; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 5; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-29; Edad: 48; Ocupación: Cantante de bodas; Estado civil: Divorciado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Secundaria; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 12; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-30; Edad: 22; Ocupación: Tendero; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Primaria; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 3; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-31; Edad: 27; Ocupación: Agricultor; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Secundaria; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 8; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-32; Edad: 29; Ocupación: Conductor; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Grado universitario; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 9; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-33; Edad: 46; Ocupación: Encargado de un café; Estado civil: Segundo matrimonio; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Primaria; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 8; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-34; Edad: 43; Ocupación: Obrero textil; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Primaria; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 12; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-35; Edad: 42; Ocupación: Comerciante; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Bachillerato; Nivel educativo de la esposa: Bachillerato; Nivel de ingresos: Alto; Tamaño de la fratría: 9; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-36; Edad: 36; Ocupación: Pescadero; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Primaria; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 8; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: No; Consumo de drogas: Lo dejó
  • Código: K-37; Edad: 47; Ocupación: Conductor; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Sin alfabetizar; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 3; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No
  • Código: K-38; Edad: 29; Ocupación: Pastor; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Sin alfabetizar; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 4; Consumo de alcohol: Lo dejó; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-39; Edad: 33; Ocupación: Chatarrero; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Primaria; Nivel educativo de la esposa: Primaria; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 4; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-40; Edad: 50; Ocupación: Vigilante; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Primaria; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 9; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-41; Edad: 39; Ocupación: Contratista; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio por amor; Nivel educativo: Primaria; Nivel educativo de la esposa: Secundaria; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 10; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Lo dejó
  • Código: K-42; Edad: 53; Ocupación: Militar; Estado civil: Soltero; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Bachillerato; Nivel educativo de la esposa: Bachillerato; Nivel de ingresos: Medio; Tamaño de la fratría: 4; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: No; Consumo de drogas: No
  • Código: K-43; Edad: 41; Ocupación: Fabricante de paneles solares; Estado civil: Soltero; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Sin alfabetizar; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Bajo; Tamaño de la fratría: 17; Consumo de alcohol: Sí; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: Sí
  • Código: K-44; Edad: 37; Ocupación: Ferrallista; Estado civil: Casado; Tipo de matrimonio: Matrimonio concertado; Nivel educativo: Sin alfabetizar; Nivel educativo de la esposa: Sin alfabetizar; Nivel de ingresos: Alto; Tamaño de la fratría: 4; Consumo de alcohol: No; Consumo de tabaco: Sí; Consumo de drogas: No

Reclutamiento y selección

El reclutamiento se llevó a cabo en colaboración con la unidad de servicios psicosociales de la prisión. El personal de psicología y de trabajo social de la prisión comunicó la información sobre el estudio a todos los reclusos que cumplían los requisitos durante reuniones de grupo habituales. La participación fue totalmente voluntaria y no se ofreció ningún incentivo ni privilegio. Para reducir al mínimo la coacción, la investigadora no intervino en el proceso de reclutamiento hasta que los posibles participantes hubieron manifestado su interés al personal de la prisión. Los reclusos recibieron una hoja informativa por escrito que explicaba, en un lenguaje claro y accesible, el propósito, los procedimientos, los riesgos y los beneficios del estudio. Los interesados se reunieron individualmente con la investigadora y con una persona del equipo de psicología de la prisión para revisar el formulario de consentimiento. Antes de la participación se obtuvo el consentimiento informado por escrito. Se informó a los participantes de que negarse o retirarse no afectaría en modo alguno a su tratamiento, a sus privilegios ni a su situación jurídica. La comprobación de los criterios de inclusión la realizó el equipo psicosocial de la prisión a partir de los registros oficiales y de las evaluaciones psicológicas. Se incluyó a los hombres que (a) tenían 18 años o más, (b) habían sido condenados por delitos violentos contra una pareja íntima (p. ej., cónyuge, prometida o pareja de hecho) y (c) podían comunicarse en turco y dar su consentimiento de forma voluntaria. Se excluyó a las personas condenadas por otros delitos violentos que no implicaban a una pareja (p. ej., robo, agresión a desconocidos).

Definición de la VPI

A efectos de este estudio, la VPI se definió, según la OMS (WHO, 2021), como «todo comportamiento dentro de una relación íntima que causa daño físico, psicológico o sexual a quienes forman parte de la relación» (p. 2). Esta definición incluía tanto actos físicos (p. ej., golpear, abofetear, estrangular) como actos no físicos (p. ej., amenazas, coacción, humillación y comportamientos de control). Sin embargo, la muestra final estuvo formada por hombres condenados por violencia física, según lo verificado en la documentación judicial.

Formulario de recogida de datos

Los datos del estudio se recogieron mediante un formulario de entrevista semiestructurada elaborado a partir del examen de la literatura previa sobre el tema (Madureira et al., 2014; Özpınar & Acar, 2022; Scott & Oliveira, 2018; Sikweyiya et al., 2020). Para explorar los significados subjetivos y las interpretaciones personales de los participantes, la investigadora empleó técnicas de profundización durante las entrevistas. Además de las preguntas principales, se utilizaron preguntas de seguimiento como «¿Qué sentimientos tuvo en ese momento?», «¿Cómo cree que eso le afecta ahora?» y «¿Podría describir esa situación con más detalle?» para ahondar en la exploración de las percepciones y construcciones de sentido de los participantes (Morgan & Guevara, 2008; Prior, 2017). La versión final del formulario se elaboró recabando la opinión de tres especialistas (con doctorado en enfermería psiquiátrica y publicaciones sobre la violencia intrafamiliar). La primera parte del formulario contenía preguntas sobre las características sociodemográficas de los participantes (como la edad, los años de matrimonio, la ocupación, la educación, la situación económica y el estado civil). Este formulario de entrevista semiestructurada planteaba las siguientes preguntas:

  • ¿Podría hablar de sus relaciones con su familia durante la infancia?
  • ¿Podría hablar de su experiencia con la violencia, si la hubo, durante su infancia?
  • ¿Cómo cree que deberían comportarse las mujeres con su pareja?
  • En su opinión, ¿cuáles son los roles de las mujeres en la familia?
  • ¿Podría hablar de los temas en los que no consigue ponerse de acuerdo con su pareja?
  • ¿Podría hablar de los motivos por los que ejerció violencia contra su pareja?

Recogida de datos

Los datos de la investigación los recogió la investigadora, con la guía del formulario de entrevista semiestructurada, entre el 1 de febrero de 2024 y el 4 de octubre de 2024, en una sala adecuada de la prisión, mediante entrevistas presenciales individuales con cada participante. El personal de la unidad psicosocial de la prisión (tres profesionales de la psicología y una persona especialista en servicios sociales) evaluaba, conforme a los criterios de inclusión, a cada persona que se encontraba en la prisión o que ingresaba durante el calendario de la investigación. Se avisaba a la investigadora cuando se identificaban participantes adecuados para el grupo de estudio, y ella los entrevistaba siguiendo un calendario de entrevistas. Durante las entrevistas, la investigadora estuvo acompañada por una psicóloga, tanto por motivos de seguridad como para reducir el efecto de la investigadora. Esa psicóloga estaba cursando un posgrado en sociología y, para no influir en el proceso de entrevista, nunca había entrevistado antes a ninguno de los participantes. La investigadora que realizó estas entrevistas era una académica doctora en enfermería psiquiátrica, formada en investigación cualitativa, con artículos publicados sobre investigación cualitativa, y profesora titular en una universidad. Desde un punto de vista reflexivo, la investigadora no tenía antecedentes personales de violencia, pero sí experiencia profesional en enfermería psiquiátrica y en investigación cualitativa. Para garantizar la transparencia y reducir al mínimo los sesgos, se llevaron notas reflexivas a lo largo de la recogida y el análisis de los datos, en las que se documentaban expectativas, reacciones emocionales y reflexiones sobre los relatos de violencia de los hombres (Nowell et al., 2017).

La prisión no autorizó la grabación de las entrevistas. Por ello, la investigadora tomó notas escritas durante las entrevistas, a partir de las cuales se elaboraron después las transcripciones. Se pidió a los participantes que concedieran a la investigadora el tiempo suficiente para anotar sus respuestas. Las entrevistas continuaron hasta alcanzar la saturación de los datos, es decir, hasta que no surgieron categorías ni patrones sustancialmente nuevos en las entrevistas siguientes. Si un participante decidía dejar de compartir antes de ese momento, la entrevista se concluía respetuosamente y sus aportaciones se incluían igualmente en el análisis. Una vez concluida cada entrevista, las transcripciones se enviaron a los participantes para que hicieran comentarios y/o correcciones. Después de cada entrevista, la investigadora y la psicóloga acompañante mantenían una breve sesión de puesta en común para documentar impresiones contextuales (p. ej., el tono emocional de los participantes, las señales no verbales y el ambiente general de la sesión). Estas notas reflexivas sirvieron de apoyo a la interpretación durante el análisis. Las entrevistas duraron entre 50 y 60 minutos. Tras cada entrevista, las notas escritas se pasaron palabra por palabra a un ordenador. A los participantes se les asignaron códigos de identificación, de K-1 a K-44.

Análisis de datos y fiabilidad

Dado que la administración de la prisión no permitió la grabación de audio, durante cada entrevista se tomaron notas escritas detalladas y simultáneas, que se ampliaron inmediatamente después en transcripciones completas. Aunque las entrevistas no se grabaron, se procuró recoger las expresiones de los participantes con la mayor exactitud posible. Los datos se analizaron mediante un análisis de contenido cualitativo inductivo, siguiendo las fases de preparación, organización e informe descritas por Elo y Kyngäs (2008). Todas las transcripciones se leyeron repetidamente para garantizar la inmersión en los datos y fueron codificadas por la investigadora. Los códigos se agruparon en subtemas según sus similitudes y, posteriormente, se elaboraron los temas principales mediante abstracción. Para reforzar la credibilidad, una persona con experiencia en psicología clínica revisó una selección de transcripciones, los códigos preliminares y el marco temático emergente como parte de un proceso de revisión por pares (peer debriefing). La función de esta persona se limitó a aportar comentarios metodológicos y no incluyó codificación independiente, elaboración de temas ni toma de decisiones interpretativas. Todas las decisiones analíticas finales siguieron siendo responsabilidad de la investigadora.

La verificación por los participantes (member checking) se llevó a cabo devolviéndoles breves resúmenes escritos de cada entrevista para su verificación y aclaración. Se invitó a los participantes a comentar la exactitud del contenido resumido, y no de las transcripciones completas. No se solicitó ninguna corrección sustancial. La fiabilidad se garantizó conforme a los criterios propuestos por Guba y Lincoln (1982). La credibilidad se apoyó en un compromiso prolongado, un diario reflexivo, la revisión por pares y la verificación por los participantes. La dependencia y la confirmabilidad se reforzaron mediante una pista de auditoría que documentaba las decisiones de codificación y las reflexiones analíticas. La transferibilidad se abordó ofreciendo descripciones detalladas del contexto de investigación y de las características de los participantes.

Cuestiones éticas

La aprobación ética del estudio se obtuvo del Comité de Ética de la Batman University (aprobación 2023/03–05). Se obtuvo un permiso por escrito de la Dirección General de Prisiones y Centros de Detención, de la que dependía la prisión donde se realizó la investigación (B.M. 2024/419). También se obtuvo el consentimiento por escrito de los reclusos participantes.

RESULTADOS

El análisis de contenido cualitativo inductivo de las entrevistas reveló siete temas principales y subtemas relacionados: traumas infantiles, antecedentes delictivos personales y familiares, conductas en la infancia, motivos declarados de la VPI, motivos declarados del feminicidio, actitudes hacia la violencia y normas de género. Para aumentar la transparencia, a continuación se resume la frecuencia de participantes que contribuyen a cada tema y subtema. Estos recuentos se basan en los identificadores de los participantes (K-1 … K-44) que aparecen en las transcripciones. Cada tema fue respaldado por varios participantes, como se muestra en la Tabla 2. A continuación se ofrece una presentación sintética pero matizada de cada tema, que integra declaraciones representativas de los participantes para preservar la riqueza de los datos.

Tabla 2 — Temas, subtemas, número y porcentaje de participantes representados en los resultados.

  • Tema: 1. Traumas infantiles; Subtema: Exposición a violencia física intrafamiliar; Participantes: K-1, K-2, K-4, K-7, K-8, K-9, K-11, K-12, K-14, K-15, K-22, K-23, K-24, K-30, K-31, K-34, K-39, K-42, K-44; n: 19; %: 43.2
  • Subtema: Exposición a violencia económica intrafamiliar; Participantes: K-1, K-2, K-3, K-6, K-8, K-10, K-12, K-14, K-16, K-18, K-19, K-20, K-21, K-22, K-23, K-24, K-26, K-27, K-28, K-34, K-35, K-37, K-38, K-43, K-44; n: 25; %: 56.8
  • Subtema: Presenciar violencia física intrafamiliar; Participantes: K-2, K-14, K-15, K-21, K-26, K-41, K-43, K-44; n: 8; %: 18.2
  • Subtema: Abandono; Participantes: K-6, K-12, K-14, K-15, K-17, K-21, K-22, K-26, K-28, K-33, K-37, K-38, K-44; n: 13; %: 29.5
  • Subtema: Subtema: Conductas autodirigidas; Participantes: K-1, K-4; n: 2; %: 4.5
  • Tema: 2. Antecedentes delictivos personales y familiares; Subtema: Antecedentes delictivos personales; Participantes: K-7, K-10, K-12, K-19, K-21, K-22, K-25, K-39; n: 8; %: 18.2
  • Subtema: Antecedentes delictivos familiares; Participantes: K-21, K-38, K-41; n: 3; %: 6.8
  • Tema: 3. Conductas en la infancia; Subtema: Tendencias agresivas/delictivas; Participantes: K-8, K-12, K-25, K-26, K-31, K-43; n: 6; %: 13.6
  • Tema: 4. Motivos declarados de la VPI; Subtema: Subtemas combinados (roles, celos, ira, consumo de sustancias, conflicto familiar, segunda esposa, estrés económico); Participantes: K-1 … K-43 (véanse los detalles en el texto); n: 43; %: 97.7
  • Tema: 5. Motivos declarados del feminicidio; Subtema: Honor/fidelidad/insultos; Participantes: K-5, K-6, K-28, K-42, K-43; n: 5; %: 11.4
  • Tema: 6. Actitudes hacia la violencia; Subtema: Racionalización/normalización; Participantes: K-1, K-2, K-7, K-8, K-11, K-12, K-21, K-23, K-31, K-40, K-44; n: 11; %: 25.0
  • Tema: 7. Normas de género; Subtema: Roles tradicionales/valores sociales; Participantes: K-1 – K-44 (excepto K-4, K-18, K-24, K-33, K-34, K-39, K-44); n: 37; %: 79.5

Nota. VPI = violencia en la pareja íntima. Los porcentajes se basan en el número total de participantes (N = 44). Los identificadores de los participantes corresponden a las transcripciones de las entrevistas (K-1 … K-44). Las cifras y los porcentajes indican cuántos participantes distintos aportaron declaraciones relacionadas con cada tema o subtema.

Tema 1: Traumas infantiles

Los participantes relataron con frecuencia haber estado expuestos en la infancia a múltiples formas de trauma, entre ellas maltrato físico, explotación económica, presenciar violencia doméstica y abandono. Describieron estas experiencias como formativas y, a la vez, normalizadas en su entorno familiar.

Subtema 1: Exposición a violencia física intrafamiliar (n = 19; 43,2 %)

Muchos participantes relataron una disciplina severa, por lo general por parte del padre o de los hermanos mayores.

«Mi padre me pegaba mucho. Me maltrataron mucho: patadas, bofetadas e incluso me ponían esposas». (K-22)

«Mis hermanos mayores me pegaban hasta que me salían heridas en el cuerpo. Aunque hiciera algo mal, solo era un niño». (K-2)

Subtema 2: Exposición a violencia económica intrafamiliar (n = 25; 56,8 %)

Muchos empezaron a trabajar a edades muy tempranas y se vieron privados de lo que ganaban.

«De niño cuidaba animales. Trabajé de limpiabotas. Mis hermanos mayores me quitaban el dinero que ganaba». (K-2)

«A los 12 años me fui a Adana a trabajar. Me quedé allí 4 o 5 años». (K-22)

Subtema 3: Presenciar violencia física intrafamiliar (n = 8; 18,2 %)

Varios participantes vieron a su padre pegar a su madre, a veces con desenlaces trágicos: «Mi padre quería casarse con una segunda mujer. Mi madre se opuso. Mi padre pegaba a mi madre. Ella se suicidó cuando yo tenía 10 años. Puede que la matara mi padre» (K-41).

Subtema 4: Abandono (n = 13; 29,5 %)

Los relatos de abandono emocional y de falta de cuidados eran frecuentes.

«Mi padre era un alcohólico perdido. No se interesaba por nosotros. No trabajaba». (K-15)

«Crecí en la calle… Nunca conocí a mi padre. Nos dejó cuando se casó por segunda vez. Juro que nunca vi ningún cariño». (K-28)

Subtema 5: Conductas autodirigidas (autolesiones/suicidio; n = 2; 4,5 %)

Algunos participantes relataron autolesiones o intentos de suicidio, lo que ilustra la tensión psicológica asociada a las experiencias tempranas y a los conflictos relacionales. Estos casos se integran en el contexto más amplio de los traumas infantiles y de las experiencias formativas que configuran las conductas posteriores.

«Tenía 19 años la primera vez que intenté quitarme la vida. Estaba enamorado de una chica, pero mi familia no veía bien que me casara con ella». (K-1)

«Daba puñetazos a las paredes. Me daba puñetazos en la cabeza». (K-4)

Estas experiencias formativas a menudo normalizaron la agresión y configuraron la forma en que los participantes gestionaban los conflictos en sus relaciones íntimas.

Tema 2: Antecedentes delictivos personales y familiares

Subtema 1: Antecedentes delictivos personales (n = 8; 18,2 %)

Muchos participantes tenían detenciones previas por robo, agresión o delitos relacionados con drogas: «Desde los 13 años he entrado y salido de la cárcel por robos y atracos» (K-39).

Subtema 2: Antecedentes delictivos familiares (n = 3; 6,8 %)

Algunos relataron que su padre o sus hermanos también habían estado en prisión: «Mi padre siempre estaba en la cárcel. Nunca lo vi. Cometió un asesinato» (K-38). La presencia de antecedentes delictivos personales o familiares sugiere el papel del modelado y de la exposición temprana a conductas desviadas en la idea que los participantes tienen de lo que es una conducta aceptable.

Tema 3: Conductas en la infancia (n = 6; 13,6 %)

Los participantes se describieron con frecuencia como niños agresivos, desafiantes o delincuentes.

«Íbamos a robar y nunca volvíamos a casa. Andaba desmadrado y era un niño ignorante». (K-12)

«Me escapé de casa a los 14 más o menos. Siempre me estaba peleando. Le pegaba a todo el mundo». (K-25)

Estos patrones de agresividad y desafío tempranos pueden haber contribuido al uso posterior de la violencia, reflejando conductas aprendidas y mecanismos de afrontamiento configurados por su crianza.

Tema 4: Motivos declarados de la VPI (n = 43; 97,7 %)

Todos los participantes habían ejercido VPI física, y la mayoría justificaba su conducta mediante explicaciones situacionales o relacionales. Los subtemas incluían los roles de las mujeres, los celos, la ira, el consumo de sustancias, la influencia de la familia, el segundo matrimonio y el estrés económico.

Subtema 1: Roles esperados de las mujeres (n = 2; 4,5 %)

«Ojalá no le hubiera pegado. Íbamos a una boda. Mi mujer me había planchado mal los pantalones. Entonces hubo una pelea y mucho alboroto». (K-23).

Subtema 2: Celos (n = 9; 20,4 %)

«Tienes que quedarte en casa por mi honor, le dije, y le rompí el brazo». (K-1).

«Mi mujer llevaba ropa provocativa… Le dije que se cubriera el pelo, pero no lo hizo». (K-22).

Subtema 3: Ira y humillación (n = 7; 15,9 %)

«Siempre me estaba comparando con otros… diciendo que otros les compraban coches a sus mujeres y yo nunca. Así que la apuñalé». (K-16).

Subtema 4: Alcohol y drogas (n = 7; 15,9 %)

«Nuestras peleas eran por las drogas. Insultaba a mi mujer y le pegaba cuando estaba colocado». (K-19).

Subtema 5: Injerencia de la familia (n = 11; 25%)

«Mi mujer echaba a mi madre de casa… Yo adoro a mi madre. No podía darle la espalda». (K-11).

Subtema 6: Estrés económico (n = 3; 6,8 %)

«No podíamos pagar el alquiler. Mi mujer me gritó y me dijo que trajera dinero. Sal a robar, me dijo». (K-34).

Subtema 7: Segundo matrimonio (n = 1; 2,3 %)

Un participante mencionó conflictos relacionados con su matrimonio con una segunda mujer y las tensiones resultantes con su primera esposa: «Me casé con una segunda mujer… luego ir a verla provocaba conflictos con mi primera mujer» (K-14). Esto ilustra cómo las expectativas estructurales y familiares pueden contribuir a desencadenantes situacionales de la VPI.

Tema 5: Motivos declarados del feminicidio (n = 5; 11,4 %)

Cinco participantes relataron haber matado a su pareja, y en general señalaron como desencadenante inmediato una infidelidad o un insulto percibidos.

«Quería a mi mujer, pero me engañó. La pillé con otro… Les disparé a ella y a su amante». (K-28)

«Fue en un momento de ira. Mi mujer me insultó. Saqué mi pistola con licencia y le disparé». (K-6)

Estos relatos reflejan la percepción que tienen los propios participantes de las amenazas a su honor y a su control dentro de sus relaciones. En consonancia con la literatura nacional e internacional sobre el feminicidio, los homicidios en la pareja íntima se vinculan a menudo con una infidelidad o unos insultos percibidos, lo que demuestra el encuadre cultural y relacional de la violencia (p. ej., Özpınar & Acar, 2022; WHO, 2021).

Tema 6: Actitudes hacia la violencia (n = 11; 25,0 %)

Este tema recoge cómo los participantes racionalizaban, normalizaban o justificaban moralmente el uso de la violencia. Más que describir incidentes concretos, estas declaraciones reflejaban creencias generales según las cuales la violencia era una parte necesaria de la vida familiar, una herramienta disciplinaria o una expresión de masculinidad.

«Un hombre tiene que controlar su casa. Si una mujer se pasa de la raya, tiene que ponerla en su sitio». (K-12)

«Nos criamos viendo a nuestros padres pegar a nuestras madres. Para nosotros era normal. No nos parecía mal». (K-8)

«A veces las palabras no sirven. Tienes que usar las manos para que entiendan». (K-23)

De los 44 participantes, 11 (25%) racionalizaron o normalizaron explícitamente la violencia como parte de la vida familiar o de la masculinidad, lo que indica que, aunque las normas de género tradicionales estaban muy extendidas (37/44, 84%), la racionalización de la violencia solo estaba presente en un subgrupo de hombres. Estas declaraciones indican cómo las normas culturales y familiares legitiman el uso de la violencia y revelan creencias interiorizadas sobre la masculinidad y la autoridad, sin implicar que todos los hombres que suscriben normas tradicionales justifiquen la violencia.

Tema 7: Normas de género (n = 37; 84,1 %)

Las expectativas de género tradicionales estaban presentes en casi todas las entrevistas. Los participantes describían la obediencia de las mujeres y su responsabilidad doméstica como hechos sociales incuestionables.

«Mi mujer tiene que cuidar de los niños, cocinar y hacer las tareas de la casa. Si no lo hace, ¿para qué sirve?». (K-8)

«Una mujer tiene que respetar a su marido. Si no, no es una esposa como Dios manda». (K-10)

Aunque algunas declaraciones reflejaban opiniones más igualitarias, como «El hombre y la mujer deben ser iguales en casa… Hasta nuestro Profeta ayudaba a su esposa» (K-36), se trataba de excepciones que no alteran el predominio de las normas tradicionales en la muestra.

DISCUSIÓN

La violencia contra las mujeres es uno de los resultados más destructivos de la desigualdad de género en la sociedad y afecta física, psicológica y económicamente a millones de mujeres en todo el mundo. La presente investigación sobre hombres que ejercen violencia contra su pareja femenina examinó las raíces sociodemográficas de la conducta violenta, las actitudes hacia la violencia y las experiencias de violencia extrema, como el asesinato de la cónyuge, a través de diversos temas que van desde los traumas infantiles hasta las normas de género. Estas características de partida —en particular el bajo nivel educativo, las dificultades económicas y la exposición a normas patriarcales tradicionales— probablemente configuraron la manera en que los participantes percibían, justificaban y narraban sus experiencias de violencia. Los hallazgos también pueden interpretarse a través del marco ecológico, en el que el trauma y el temperamento individuales interactúan con fuerzas relacionales, comunitarias y sociales. El trauma temprano puede deteriorar la regulación emocional y aumentar la impulsividad, mecanismos que elevan el riesgo de recurrir a la violencia en las relaciones íntimas. Sin embargo, en sociedades patriarcales como Turquía, estas vulnerabilidades personales se ven reforzadas por expectativas culturales que normalizan la autoridad y el control masculinos, lo que amplifica el riesgo de VPI y de feminicidio. Por tanto, las intervenciones deben abordar simultáneamente la recuperación del trauma, la regulación emocional y las normas de género socioculturales. Además, futuras investigaciones comparativas entre países podrían explorar cómo determinantes culturales y sociales más amplios, como los índices de desigualdad de género y las normas nacionales, interactúan con factores de riesgo individuales para influir en la prevalencia de la VPI. También es importante señalar que las explicaciones de los hombres sobre la violencia se basan en percepciones autodeclaradas, que pueden implicar justificación o racionalización más que una causalidad objetiva. No obstante, estos relatos siguen siendo valiosos para comprender cómo quienes ejercen la violencia construyen un sentido en torno a su conducta.

Estudios anteriores han identificado vínculos sólidos entre el ejercicio de la VPI y los antecedentes sociodemográficos y psicosociales de los hombres. El bajo nivel educativo y las dificultades económicas se han asociado sistemáticamente con tasas más altas de VPI, en parte debido al estrés, a la falta de habilidades de comunicación y a la adhesión a normas de género patriarcales (Capaldi et al., 2012; Fulu et al., 2017). Las ideologías de género que equiparan la masculinidad con el control y la dominación normalizan aún más la conducta violenta (Jewkes et al., 2015). Además, un amplio conjunto de datos indica que la exposición a la violencia en la infancia —ya sea como testigo o como víctima— figura entre los predictores más sólidos del ejercicio futuro de la VPI (Widom & Wilson, 2015). Estos hallazgos concuerdan con los temas de este estudio relativos a la transmisión intergeneracional de la violencia, y muestran que el trauma temprano, las normas de género rígidas y la desigualdad social convergen para sostener la conducta violenta de los hombres en la edad adulta. A diferencia de la mayoría de los estudios anteriores, centrados principalmente en la perspectiva de las víctimas o basados en diseños cuantitativos, esta investigación ofrece una mirada cualitativa poco habitual sobre las experiencias vividas y los procesos de construcción de sentido de hombres encarcelados que ejercieron VPI en Turquía. Al situar los relatos de los hombres en sus contextos socioculturales y de desarrollo, el estudio amplía el conocimiento existente sobre la transmisión intergeneracional y cultural de la violencia.

La gran mayoría de los entrevistados en este estudio eran hombres con un bajo nivel educativo y económico. Las mujeres expuestas a la violencia tenían un bajo nivel educativo y no tenían empleo. Investigaciones anteriores similares que estudiaron las características de hombres encarcelados por violencia contra las mujeres también constataron un bajo nivel educativo entre ellos y que trabajaban en empleos de bajos ingresos. Un bajo nivel educativo y las dificultades económicas de los hombres pueden ser factores que contribuyan al ejercicio de la violencia. El hecho de que las mujeres con más estudios toleren menos la agresión concuerda también con la constatación de que las mujeres con bajo nivel educativo están más expuestas a la violencia (Magrin & Oliveira, 2023). Una de las explicaciones propuestas para las tasas más altas de violencia contra la cónyuge entre los hombres con bajo nivel educativo podría ser que estos hombres no han aprendido modelos de conducta no violentos. De hecho, los estudios han recomendado enseñar y mostrar a los hombres modelos de relación no violentos que los beneficien tanto a ellos como a las mujeres (Magrin & Oliveira, 2023).

La mayoría de nuestros entrevistados habían estado expuestos a la violencia y/o la habían presenciado en su familia y en su entorno social. De forma similar, estudios anteriores han subrayado que el hecho de que los hombres hayan estado o no expuestos a la violencia en su infancia es uno de los predictores más potentes de que peguen a su cónyuge. Los estudios también han informado de que los hombres que ejercen violencia de forma reiterada contra mujeres y menores tienen asimismo antecedentes de violencia intrafamiliar y estuvieron expuestos a la violencia en la familia y/o la presenciaron (Fulu et al., 2017; Goodman et al., 2020; Jeremiah et al., 2017; Zietz et al., 2020). Los niños que presencian la violencia de su padre tienen tres veces más probabilidades de pegar a su propia esposa cuando se casan (Campbell, 1993). El hecho de que presenciar violencia intrafamiliar aumente los niveles de ira (Ayhan, 2024) y la aceptación y comisión de la violencia (Ayhan & Özkan, 2016) revela la importancia del aprendizaje social y del trauma en el contexto de la violencia. Por ello, puede ser útil poner en marcha programas de prevención de la violencia y de desarrollo de habilidades de comunicación saludables dirigidos a la infancia y a las familias para romper este ciclo. Algunos participantes de esta investigación tenían antecedentes de autolesiones. Estos hallazgos indican la presencia de factores de riesgo comunes subyacentes a las tendencias violentas y a las conductas autolesivas.

Varios entrevistados también habían sufrido abandono en su propia infancia. Los estudios sobre el tema han mostrado de forma sistemática que las experiencias adversas en la infancia, incluido el abandono, pueden influir en la tendencia a recurrir a la violencia en la edad adulta (Fulu et al., 2017; Goodman et al., 2020; Jeremiah et al., 2017; Zietz et al., 2020). La investigación sobre los motivos de la violencia contra las mujeres en la edad adulta entre hombres que sufrieron abandono en la infancia ha mostrado que en ella subyacen diversos factores psicológicos y sociales. Entre ellos figuran los traumas vividos a edades tempranas, los trastornos de personalidad antisocial y las estrategias de afrontamiento inadecuadas (Gauthier et al., 2024; White & Widom, 2003). En resumen, los efectos del abandono infantil son complejos y multidimensionales. Por tanto, las medidas destinadas a reducir esos efectos son importantes para disminuir el riesgo de VPI.

Algunos participantes de este estudio y sus familiares tenían antecedentes delictivos, y algunos miembros de la familia los incitaron a delinquir. Los estudios sobre el tema han constatado que los hombres que ejercen violencia contra sus progenitores también tienen antecedentes de otras formas de violencia intrafamiliar (Madureira et al., 2014) y trayectorias delictivas (Walby & Myhill, 2001). Por otra parte, los hallazgos que señalan traumas infantiles y disonancia cognitiva en las relaciones familiares de personas implicadas en delitos revelan el importante papel de la infancia y de la familia en el ciclo delictivo (Ayhan et al., 2024). La familia puede influir en la perspectiva y la disposición de las personas hacia la conducta delictiva, y la estructura familiar puede desempeñar un papel decisivo en el desarrollo de actitudes relacionadas con el delito. Por ello es importante instaurar políticas preventivas.

Las declaraciones de algunos entrevistados de esta investigación también sugieren que presentaron conductas antisociales y de inadaptación social en la infancia. Un estudio previo con menores infractores mostró que el temperamento y la psicopatía tenían una capacidad predictiva similar, pero que ninguno de los dos era más significativo que unos antecedentes previos de delincuencia y violencia para predecir la delincuencia futura (DeLisi et al., 2018). Se necesita ahora más investigación para comprender mejor el efecto de las conductas infantiles en las tendencias violentas de los hombres que ejercen violencia contra las mujeres.

Los entrevistados dieron explicaciones para la violencia ejercida contra su pareja, entre ellas los roles que esperaban de ella, los celos, el consumo de alcohol y sustancias, su madre, su suegra, su segunda esposa y las dificultades económicas. De forma similar, estudios anteriores con hombres violentos con su cónyuge han descrito como factores importantes el consumo de alcohol y drogas (Madureira et al., 2014), la ira vivida a causa de una infidelidad y de los intentos de las mujeres de poner fin al matrimonio, y la posesividad sexual de los hombres (Fleming et al., 2015; Wilson & Daly, 1996). Estos hallazgos muestran que no solo las características individuales, sino también las normas culturales, incluidos los roles de género y el sentimiento de posesión de los hombres, son factores efectivos que subyacen a la VPI.

Los participantes de este estudio señalaron la infidelidad y la incapacidad de soportar lo que percibían como una falta de respeto como explicaciones del feminicidio. Estudios anteriores han citado diversos factores como motivos de los asesinatos de cónyuges, entre ellos los celos sexuales y la sospecha de infidelidad, la desigualdad social y de género, los procesos de separación y divorcio, el consumo de alcohol y sustancias, la violencia intrafamiliar preexistente y los problemas psicológicos (Adinkrah, 2008; Chimbos, 1998). Comprender estos factores es de gran importancia para prevenir los asesinatos de cónyuges y desarrollar estrategias adecuadas.

El examen de las actitudes de los participantes hacia la violencia mostró que algunos la racionalizaban y que otros habían presenciado violencia racionalizada. Es importante comprender cómo racionalizan la violencia los hombres que recurren a ella para reducir la exposición a la violencia y desarrollar intervenciones culturalmente adecuadas. Los datos sobre la racionalización de la violencia han revelado que una serie de factores sociales, culturales y religiosos patriarcales se combinan para construir la masculinidad tradicional. También muestran que el uso de la violencia por parte de los hombres es una táctica destinada a controlar a las mujeres y a afirmar su autoridad y su poder sobre ellas (Sikweyiya et al., 2020). Esto muestra cómo las actitudes hacia la violencia se configuran a partir de las experiencias pasadas y los contextos sociales de las personas, y subraya que las intervenciones de prevención de la violencia deben centrarse en modificar estas actitudes.

Los participantes en esta investigación también describieron roles de género desiguales, como los roles de las mujeres en el hogar y respecto a su marido, así como sus roles sociales de género. Investigaciones similares han constatado, entre los hombres que recurren a la violencia, actitudes que denotan patriarcado y desigualdad de género, así como una tendencia a la desigualdad en el matrimonio (Özpınar & Acar, 2022; Sikweyiya et al., 2020; Walby & Myhill, 2001). También se ha informado de que los hombres que ejercen violencia contra su pareja la consideran un medio para imponer disciplina a su cónyuge (Sikweyiya et al., 2020). Las sociedades patriarcales pueden normalizar indirectamente la violencia contra las mujeres al enfatizar valores como el poder, el control y la obediencia en la crianza de los niños. Valorar el uso de la violencia por encima de la expresión emocional en la educación de los niños aumenta el riesgo de que interioricen la violencia (Andrus, 2020). Estos hallazgos también deben interpretarse en el contexto sociocultural e histórico-cultural de Turquía. En las regiones del sudeste donde se realizó este estudio, los sistemas familiares patriarcales, los códigos de honor masculinos y las expectativas morales de base religiosa configuran las relaciones de género cotidianas y normalizan estructuras de poder desiguales entre hombres y mujeres (Dikmen & Münevver, 2020; Sakalh-Uğurlu & Glick, 2003). Aportar este anclaje cultural ayuda al público lector internacional a comprender el significado de las normas de género identificadas en este estudio. Podría ser útil ofrecer a los hombres formación de sensibilización que los ayude a replantearse los roles de género desiguales y a modificar sus actitudes y conductas al respecto. Los hombres violentos con las mujeres suelen tener un bajo nivel educativo y son difíciles de contactar en la comunidad, y el tiempo que pasan en prisión puede constituir una oportunidad útil para impartir esta formación de sensibilización.

Limitaciones

Este estudio presenta varias limitaciones. En primer lugar, dado que se realizó en una prisión cerrada, es posible que los participantes hubieran sido condenados por otros delitos además de la VPI (salvo los que habían matado a su cónyuge). Sin embargo, la investigadora no dispuso de datos detallados sobre esos delitos, ya que el Ministerio de Justicia restringió el acceso a los antecedentes penales. Por tanto, los hallazgos no pueden interpretarse únicamente como características de los hombres que ejercen VPI. Aunque la investigación contó con un grupo de estudio amplio, su carácter cualitativo impide generalizarla a todos los hombres que ejercen VPI. En segundo lugar, no pude entrevistar a las cónyuges de los hombres que habían ejercido la violencia, por lo que las explicaciones de la violencia no pudieron compararse entre la perspectiva de las víctimas y la de los agresores. Futuros estudios con entrevistas separadas a ambos cónyuges podrían permitir un análisis más detallado de la diferencia entre los sexos en cuanto a los motivos de la violencia según el mismo patrón. Más investigación centrada específicamente en hombres que ejercen violencia contra su pareja sin implicación en otras formas de conducta delictiva podría aportar una comprensión más clara de los factores que subyacen a la VPI. Además, los estudios comparativos interculturales ayudarían a dilucidar cómo la desigualdad de género y las normas sociales contribuyen a las variaciones del riesgo de VPI entre distintos contextos nacionales y culturales. Estos hallazgos deben interpretarse en el contexto cultural más amplio de Turquía, patriarcal y basado en el honor, donde las normas de género rígidas siguen configurando la percepción que los hombres tienen del poder, el control y el honor familiar. Los hallazgos concuerdan con el marco ecológico de Heise (1998) e ilustran cómo la violencia surge de la interacción de factores en los niveles individual, relacional, comunitario y social. Esta perspectiva teórica ayuda a explicar cómo el trauma temprano de los hombres, los valores patriarcales y los entornos sociales configuran conjuntamente sus conductas violentas.

Implicaciones

Esta investigación revela que los hombres que ejercen violencia contra su pareja tienen también una historia de violencia profundamente arraigada en su propia vida. El trauma, la violencia y el abandono que los participantes vivieron en su propia infancia ocupan un lugar importante para dilucidar la transmisión de la violencia de una generación a otra. Entre los motivos por los que los hombres ejercen violencia contra su pareja figuran una percepción desigual de los roles sociales de género, el hecho de que la cónyuge no asuma los roles que se esperan de ella, los celos, la ira, el abuso de alcohol y sustancias, la influencia de miembros de la familia, los problemas económicos, la infidelidad y la falta de respeto. La infidelidad y la incapacidad de soportar los insultos aparecieron como causas fundamentales de los asesinatos de cónyuges. Estos hallazgos muestran cómo las tendencias violentas de los hombres se ven alentadas por las desigualdades sociales de género, la violencia intrafamiliar y los traumas intergeneracionales. Esto, a su vez, pone de relieve la importancia de elevar el nivel educativo, desarrollar políticas que apoyen la igualdad de género y abordar los traumas que las personas viven durante su infancia si se quiere prevenir la violencia.

Este estudio aporta ideas importantes que pueden orientar tanto la práctica clínica como la política social. Los equipos clínicos, en particular quienes trabajan en salud mental y en trabajo social, pueden beneficiarse de comprender la interacción entre las experiencias adversas tempranas de los hombres, las normas de género patriarcales y las conductas violentas. Explorar en los pacientes varones los antecedentes de trauma infantil y las estrategias de afrontamiento desadaptativas puede ayudar a identificar de forma temprana a las personas con riesgo de ejercer VPI. Integrar enfoques informados por el trauma y transformadores de género en los programas de rehabilitación de personas condenadas puede mejorar los resultados del tratamiento y reducir la reincidencia. En el plano social, los hallazgos subrayan la necesidad urgente de intervenciones comunitarias que aborden los roles de género rígidos y normalicen dinámicas relacionales basadas en la igualdad. Se ha demostrado que las campañas de educación pública, los programas escolares de igualdad de género y los programas de diálogo comunitario que implican a los hombres en la redefinición de la masculinidad reducen las actitudes favorables a la violencia. Aplicar estas estrategias en regiones patriarcales como el sudeste de Turquía podría ayudar a prevenir la transmisión intergeneracional de la violencia. Desde una perspectiva reflexiva, observé que algunos participantes se mostraban al principio reservados, pero se volvían más expresivos a medida que se desarrollaba la relación de confianza. Aunque yo no había vivido experiencias similares, mantener la empatía y una escucha sin juicios animó a los participantes a describir no solo sus actos, sino también sus emociones y racionalizaciones. Los hallazgos indican que, aunque el trauma intergeneracional era frecuente entre los participantes —como la exposición al maltrato físico en la infancia, el abandono y la violencia familiar—, solo un subgrupo racionalizaba o justificaba explícitamente su propia conducta violenta (11/44; 25%). Esto sugiere que el trauma por sí solo no conduce de manera uniforme a la justificación moral de la VPI; más bien interactúa con normas patriarcales interiorizadas para configurar la forma en que algunos hombres interpretan y racionalizan sus actos. La coexistencia de remordimiento y justificación observada en las entrevistas puede reflejar, por tanto, esta interacción matizada entre las experiencias adversas tempranas y las expectativas de género reforzadas culturalmente (Jewkes et al., 2015; Shakoor et al., 2022). A menudo me llamó la atención la coexistencia de remordimiento y justificación en los relatos de los participantes, que revelaba hasta qué punto el trauma intergeneracional y las normas patriarcales se entrelazan en la configuración de la autopercepción de los hombres. Desde el punto de vista de la investigación, los estudios futuros deberían emplear diseños longitudinales y de métodos mixtos para explorar los mecanismos causales que vinculan el trauma infantil, la socialización y el ejercicio de la VPI en la edad adulta. Los estudios comparativos con agresores y víctimas, así como la investigación intercultural, profundizarían aún más en la comprensión de las complejas trayectorias que sostienen la VPI. Además, evaluar la eficacia de las intervenciones psicosociales en prisión dirigidas a cambiar las normas de género y a desarrollar habilidades de regulación emocional proporcionaría orientaciones basadas en la evidencia a responsables políticos y profesionales.

En consonancia con la literatura reciente, las intervenciones futuras podrían centrarse en los factores estructurales y relacionales destacados en el marco ecológico de Heise (1998), como el apoyo familiar, los programas de parentalidad y la estabilidad económica, que han demostrado reducir los factores de riesgo asociados a la VPI (Grych et al., 2015; Jewkes et al., 2020). Estos programas abordan influencias relacionales y comunitarias, complementan las estrategias centradas en el individuo y ayudan a crear entornos que previenen la transmisión intergeneracional de la violencia.

Complexe Systémique: lo esencial

Dar la palabra a hombres condenados por violencia de pareja es poco habitual, y eso es lo que da valor a este estudio, realizado en una prisión del sudeste de Turquía. El modelo ecológico de Heise, que vincula historia individual, relaciones, comunidad y normas sociales, habla directamente a una lectura sistémica: la violencia aparece como algo que se transmite y se sostiene, no como un rasgo aislado. El hallazgo más útil es también el más matizado: los traumas infantiles son muy frecuentes y, sin embargo, solo una cuarta parte de los hombres justifica explícitamente su violencia. El trauma, por tanto, ilumina sin excusar. Aun así, estas «razones» deben leerse con cautela: son relatos de los autores de la violencia, anotados a mano sin grabación, codificados por una sola investigadora, sin la perspectiva de las víctimas, y algunas cifras difieren entre el texto y la Tabla 2. En el trabajo clínico, el riesgo es confundir comprender una historia con atenuar la responsabilidad. Para leer junto con la entrevista con Allan Wade sobre la dignidad y la violencia y el artículo sobre la terapia de pareja centrada en la violencia.

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Traducción no oficial de Family dynamics, childhood trauma, and gender norms among men convicted of partner violence in Türkiye, de Fatma Ayhan, Family Relations, vol. 75, n.o 4 (2026), doi: 10.1111/fare.70214, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Ni la autora ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «Family dynamics, childhood trauma, and gender norms among men convicted of partner violence in Türkiye», publicado en Family Relations (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autora se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Ayhan, F. (2026). Family dynamics, childhood trauma, and gender norms among men convicted of partner violence in Türkiye. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/family-dynamics-childhood-trauma-and-gender-norms-among-men-convicted-of-partner-violence (Obra original publicada en 2026 en Family Relations, 75(4), 2608-2629 (2026); republicada en 2026 por Family Relations, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/fare.70214)

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