Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Solution Focused Practices · Ética
El equipo de BRIEF sostiene que el enfoque centrado en soluciones está «libre de valores» y que quien ejerce y responde a un riesgo sale del modelo para hacerlo. Brian Jennings rebate esta afirmación con tres argumentos: los códigos deontológicos de las organizaciones centradas en soluciones, que sitúan el bienestar de la persona consultante junto a sus objetivos; el modelo de «práctica» de Alasdair MacIntyre, que hace del enfoque una actividad con bienes internos y virtudes; y el trabajo de John Henden con personas que contemplan el suicidio, en el que el respeto por los objetivos y el cuidado de la seguridad se sostienen mutuamente sin abandonar el enfoque. Aceptación, autenticidad, empatía, esperanza – y justicia, honestidad, valentía: las virtudes que hacen posible el equilibrio «en el momento».
Traducción no oficial al español del artículo The Solution-Focused Approach as a ‘Virtue-Rich’ Practice, de Brian K. Jennings, publicado en Journal of Solution Focused Practices (2022), doi: 10.59874/001c.75021, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La presentación se ha adaptado a la lectura en línea; los recuadros con la etiqueta «Complexe Systémique» son nuestros, no de la autoría. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
En la medida en que el enfoque centrado en soluciones implica un bien humano y virtudes humanas, no puede decirse que sea una actividad «libre de valores».
Brian K. Jennings
En su análisis de la evaluación del riesgo y de la respuesta al riesgo de la persona consultante, el equipo de BRIEF, Harvey Ratner, Evan George y Chris Iveson (2012), formula la afirmación general de que el enfoque centrado en soluciones está «libre de valores»:
Ratner, George e Iveson, 2012, p. 84
El enfoque centrado en soluciones es un enfoque no normativo, en el sentido de que no contiene ninguna idea de lo correcto y lo incorrecto, ninguna idea de cómo debería vivir la clienta su vida. El resultado preferido del trabajo lo determina la clienta, y el enfoque no es más que la descripción de una manera de conversar con ella que se asocia al logro de esos resultados preferidos. El enfoque centrado en soluciones no dispone de ningún medio para evaluar o valorar la vida de la clienta; está en esencia «libre de valores», y la legitimidad de cualquier pregunta que formule la persona profesional depende de si puede relacionarse o no con el resultado preferido de la clienta; si no puede, entonces esa pregunta debe considerarse sin duda impertinente, intrusiva, pero, más aún, corre el riesgo de ser impositiva: quien interviene impondría a la clienta su propio sentido de lo «correcto».
Sin embargo, la afirmación de este párrafo según la cual el enfoque centrado en soluciones está «en esencia libre de valores» me plantea un dilema en mi práctica centrada en soluciones. Si el enfoque centrado en soluciones estuviera esencialmente libre de valores, como parece creer el equipo de BRIEF, entonces daría igual que la persona profesional abordara o no con la clienta las preocupaciones relativas a su seguridad. Precisamente porque el enfoque centrado en soluciones está cargado de valores (o es rico en valores) surge este «dilema». El valor clave de Ratner y sus colegas es la prioridad concedida a los objetivos de la persona consultante, a su autonomía, de modo que todo lo que se introduce en la conversación terapéutica al margen de ellos resulta «impositivo». Este valor procede de la postura de confianza radical y de aprecio por la persona consultante que una de las personas que firman el libro considera clave en la práctica de esta versión «minimalista» de la terapia breve centrada en soluciones (Iveson, 2019). Este valor parece reflejar una alta estima por las personas humanas y por sus recursos y su lucidez para su propio florecimiento (Ratner et al., 2012). Me pregunto, entonces, si la preocupación por la seguridad de las personas humanas no podría ser congruente con la prioridad dada a sus objetivos, puesto que ambas emanan de la misma alta estima por las personas humanas. ¿Acaso quien se preocupa por los objetivos de florecimiento de la persona consultante no se preocupará también por su bienestar? Esto es especialmente cierto si la persona profesional adoptó el enfoque centrado en soluciones precisamente porque concede un gran valor a las personas humanas (Lipchik, 2002). Entonces, ¿cómo es posible que el enfoque centrado en soluciones esté reñido con la preocupación por la seguridad de la persona consultante en tanto que ser humano?
La tensión entre valores que plantean Ratner y sus colegas crea también una tensión dentro de la propia persona profesional:
Ratner, George e Iveson, 2012, p. 84
Esto plantea la cuestión de cómo responde el enfoque centrado en soluciones al riesgo, y la respuesta breve es que el enfoque centrado en soluciones no lo hace. Esto no significa, sin embargo, que la misma profesional, que utiliza el enfoque centrado en soluciones en su trabajo, no encuentre una manera de responder al riesgo, pero para hacerlo saldrá del modelo y recurrirá a un conjunto externo de valores capaz de distinguir lo «correcto» de lo «incorrecto», lo seguro de lo peligroso.
Y una página más adelante, tras un ejemplo en el que la terapeuta pregunta a la clienta si su seguridad le importa:
Ratner, George e Iveson, 2012, p. 84
Si la clienta respondiera «no» a la pregunta de la terapeuta, esta se encontraría ante un verdadero dilema ético y moral. ¿Continúa con el trabajo o no? El enfoque centrado en soluciones no puede responder a esa pregunta, pero una profesional ética tiene que hacerlo.
Esto parecería indicar que tendría que crear una separación en mi identidad profesional: por un lado, la práctica centrada en soluciones y, por otro, la práctica ética. Sin embargo, esto no tiene sentido en ninguna de las dos direcciones. Desde mi práctica centrada en soluciones, tengo una estima muy alta por las personas humanas y, debido a los valores que parecen inherentes al enfoque centrado en soluciones, procuraré preservar la vida de las personas siempre que sea posible. Por otro lado, desde una «práctica ética» con una alta estima por la vida de las personas humanas, me atrae el enfoque centrado en soluciones precisamente porque tiene en tan alta estima a las personas humanas y su florecimiento. Así pues, al ejercer de forma centrada en soluciones, procuro también ejercer de forma ética. Esto suscita en mí nuevas dudas sobre la coherencia de la tensión que Ratner y sus colegas plantean entre objetivos y seguridad.
Además, desde mi práctica centrada en soluciones, me incomodaría tanto trabajar con una persona profesional «no ética» como derivarle personas consultantes. También es poco probable que una persona así fuera bien recibida en una asociación o en un equipo de práctica centrada en soluciones.
En los apartados siguientes sostengo que la afirmación de Ratner y sus colegas según la cual el enfoque centrado en soluciones está «esencialmente libre de valores» es errónea por tres motivos. En primer lugar, está en contradicción con los códigos deontológicos elaborados por algunas organizaciones centradas en soluciones, entre ellas aquella de la que son miembros Ratner y sus colegas, que buscan un equilibrio entre un gran respeto por los objetivos y la pericia de la persona consultante y su bienestar. En segundo lugar, el enfoque centrado en soluciones puede interpretarse como una práctica rica en valores, en la que el respeto y el cuidado de las personas consultantes pueden alinearse adecuadamente gracias a una persona profesional competente (y virtuosa). En tercer lugar, muestro esa alineación a través del trabajo de John Henden, que mantiene un enfoque rigurosamente centrado en soluciones respetando plenamente los objetivos de las personas que contemplan el suicidio y, al mismo tiempo, demostrando cuidado por su seguridad y su bienestar.
Mediante una búsqueda en internet encontré tres códigos deontológicos de organizaciones centradas en soluciones. Mi interés por estos códigos no es investigar sus orígenes, sino comparar el equilibrio que establecen entre los objetivos y el bienestar de la persona consultante. Los examino por orden cronológico.
En el más antiguo de los tres códigos, el de la United Kingdom Association for Solution-Focused Practice (UKASFP) (https://ukasfp.org/), publicado en 2012 (UKASFP, 2012) (y actualmente en revisión), el enfoque centrado en soluciones no se define en el propio documento, sino que se remite a otro documento, los «Standards of Proficiency» (pp. 2, 3, 7).
En el propio código ético de la UKASFP no se formula ninguna afirmación directa sobre la prioridad de los objetivos de la persona consultante, aparte de una referencia a su autonomía en materia de confidencialidad en la página 2. En cambio, hay cuatro menciones de un «deber de cuidado» en las páginas 3 y 4 del documento y una de «bienestar» en la página 3. No hay ninguna referencia a los objetivos. ¿Significa esto que este código no refleja el enfoque centrado en soluciones, o que el «deber de cuidado» y el «bienestar» son valores clave del enfoque centrado en soluciones?
Por el contrario, los «Standards of Proficiency» (UKASFP, 2008, amablemente facilitados por Tom Newton en un intercambio de correos electrónicos) sí definen el enfoque centrado en soluciones como el hecho de permitir que la persona consultante elabore una descripción de su «futuro preferido» mediante métodos y preguntas centrados en soluciones (sección 3a, «Knowledge, understanding and skills», pp. 3-4). Aunque la autonomía de la persona consultante no se enuncia explícitamente, la atención se centra de forma constante en el contexto y los deseos de las personas consultantes (sección 2a, «Identification and assessment of needs», pp. 2-3), y la sección 3a insiste en el uso del lenguaje de las personas consultantes y en el respeto de sus objetivos dentro de sus «marcos de referencia» (pp. 3-4). El bienestar y la protección de las personas consultantes se señalan como cruciales en el preámbulo de los Standards, ya que cumplir las normas «incluye buscar consejo y apoyo de los centros de formación, de las entidades empleadoras, de colegas y de otras personas para garantizar que el bienestar de las personas usuarias esté protegido en todo momento» (p. 1). La sección 2, «Critical evaluation of the impact of, or response to, the practitioner’s actions», se apoya en este compromiso general subrayando la importancia de la protección y el bienestar de las personas consultantes como parte de la evaluación crítica continua de la propia práctica centrada en soluciones. En este documento, tanto los objetivos como el bienestar de las personas consultantes forman parte integrante del enfoque centrado en soluciones.
El segundo código ético es el de la Association for Solution-Focus in Organisations (ASFIO) (https://www.sfio.org/) (en la que participo con contribuciones evaluadas). Este documento minimalista de una página data de 2016 (ASFIO, 2016). Identifica históricamente el enfoque centrado en soluciones a partir del «trabajo pionero de Steve de Shazer, Insoo Kim Berg y sus colegas del Brief Family Therapy Center». Este código también concede una alta prioridad al bienestar de la persona consultante, ya que afirma en su segundo párrafo que los miembros de la asociación «…tendrán debidamente en cuenta su propia salud y seguridad, así como las de sus colegas y de las personas a las que atienden». Sin embargo, se reconocen de forma más explícita los objetivos de las personas consultantes, puesto que se espera de los miembros que «respeten la pericia de las personas a las que atienden: son ellas quienes saben lo que quieren». El código de la ASFIO sitúa la responsabilidad por el bienestar al principio del documento y expresa el valor concedido a los objetivos de las personas consultantes de una manera propiamente centrada en soluciones, al referirse a su «pericia».
El tercer código, y el más completo, es el de la European Brief Therapy Association (EBTA), que data de 2021. El código ético de la EBTA (EBTA, 2021) es un documento más filosófico, ya que comienza con un interesante preámbulo sobre la naturaleza y la aplicabilidad de la ética, en el que se señala que es a la vez universal y contextual. El código define la terapia breve centrada en soluciones como «una forma de interacción en la que quien la ejerce asume la responsabilidad del proceso de ayuda a la persona consultante» (EBTA, 2021, p. 2; cursiva añadida) y remite a la publicación de la EBTA Theory of Solution-Focused Practice (Sunderman et al., 2020). El código de la EBTA concede una prioridad muy clara y decisiva al bienestar de la persona consultante: «Quien ejerce la SFBT considera el bienestar de la persona consultante como el valor supremo» (EBTA, 2021, p. 2). Esto se explica con más detalle:
EBTA, 2021, p. 2
El bienestar de la persona consultante se concibe como:
Esto indicaría que la EBTA sitúa el bienestar de la persona consultante por encima de cualquier objetivo concreto, especialmente en los casos que implican un riesgo de suicidio. Sin embargo, los objetivos siguen ocupando el centro de la práctica. Al igual que el código de la ASFIO, el código de la EBTA reconoce que la persona consultante es experta en su propia vida y aborda después directamente la cuestión de sus objetivos:
EBTA, 2021, p. 3
Quien ejerce la SFBT busca reforzar al máximo a la persona consultante y su sentido de agencia sobre su vida. Por ello, procura reducir al mínimo su participación directa en la búsqueda activa de soluciones, para que la persona consultante pueda atribuirse a sí misma el mérito de haber alcanzado sus objetivos.
Esta afirmación tiende a reflejar el modelo minimalista que defienden Ratner y sus colegas de BRIEF, en el que los objetivos de la persona consultante son primordiales y la persona profesional acompaña el proceso por el que esta formula y alcanza sus objetivos con la menor intervención posible. Sin embargo, en el código de la EBTA los objetivos de la persona consultante parecen subordinados a su bienestar. Ratner y sus colegas ponen estos valores en tensión. ¿Cómo aborda el código de la EBTA esta tensión? Parece que quienes redactaron el código esperan que la persona profesional centrada en soluciones sea capaz de formarse un juicio equilibrado entre el bienestar y los objetivos de la persona consultante. Ninguno de los dos valores debe abandonarse, pero se da prioridad al bienestar. Sobre todo, como ya he señalado, en lo que respecta al suicidio.
EBTA, 2021, pp. 2-3
Quien ejerce la SFBT es capaz de distinguir entre el bienestar de la persona consultante y su salud, y tiene en cuenta los posibles conflictos entre ambos.
Quien ejerce la SFBT basa su relación con la persona consultante en el respeto de sus creencias, su autonomía, su seguridad y sus necesidades.
Quien ejerce la SFBT se asegura de que su relación con la persona consultante se establezca conforme a reglas y prácticas que le resulten útiles tanto durante el proceso terapéutico como una vez finalizado. Reconoce la obligación de prever las consecuencias de sus actos para la persona consultante y su entorno. En consecuencia, examina cuidadosamente las necesidades de la persona consultante e intenta evaluar si podrían tener efectos negativos a largo plazo, aunque proporcionen un alivio inmediato y pasajero.
En el código de la EBTA me parece que tanto el bienestar de la persona consultante como la realización de sus objetivos son valores centrados en soluciones y que, en lugar de estar en tensión, deben equilibrarse mediante una consideración y una evaluación respetuosas. Pero ¿cómo hacerlo?
Antes de intentar responder a esta última pregunta, quisiera señalar el valor y los límites de los códigos de conducta. En primer lugar, parece que los códigos de conducta son importantes para identificar los valores decisivos para la práctica, y este puede ser un aspecto importante de su elaboración (Babri et al., 2021; Earl & Moulin-Stozek, 2019; Frezza & Greenly, 2021; Mazzierie & Furlotti, 2017; Schwarz, 2002). (La elaboración del primer código deontológico de la American Psychological Association entre 1948 y 1952 por John C. Flannigan, a partir de los «incidentes críticos» relatados por profesionales, puede considerarse un ejemplo de ello [Flannigan, 1954; Joyce & Rankin, 2010].) En lo que respecta al bienestar y a los objetivos de la persona consultante, los códigos que he examinado indican que ambos son valores importantes del enfoque centrado en soluciones y que el bienestar de la persona consultante y los riesgos relacionados con su seguridad no pueden dejarse de lado sin más como si formaran parte de otra cosa. ¡El enfoque centrado en soluciones no está «libre de valores»! Parece que las personas profesionales centradas en soluciones consideran el bienestar de la persona consultante una parte tan decisiva e integral de su trabajo, al igual que otras «profesiones de ayuda», que no puede dejarse de lado y que, en ocasiones, debe anteponerse a la pericia y a los objetivos de la persona consultante.
En segundo lugar, vemos que los códigos deontológicos son útiles como orientación y para la rendición de cuentas. El enfoque centrado en soluciones implica un gran respeto por las personas humanas y su florecimiento. Esto significa que se espera de la persona profesional centrada en soluciones que facilite un proceso en el que la persona consultante pueda reconocer y desarrollar su pericia para formular sus propios objetivos de solución en su vida. Al mismo tiempo, ese mismo gran respeto por las personas humanas impone a la persona profesional la responsabilidad de dar una prioridad alta (o máxima) al bienestar de las personas consultantes. A la luz de los códigos deontológicos, lograr un equilibrio creativo entre objetivos y riesgos sería prueba de una buena competencia profesional.
Pero ¿cómo se adquiere esa competencia? Sobre todo «en el momento», cuando una persona consultante formula objetivos que podrían entrañar un riesgo para su propio bienestar o el de otras personas. Las orientaciones que ofrecen los códigos pueden ser indicativas, pero son abstractas, están «ahí fuera», son externas y quizá inaccesibles para la persona profesional en el momento terapéutico (Radden & Sadler, 2010).
Esto me lleva a mi tercera y última pregunta. ¿Cómo lograr el equilibrio ético entre los valores de los objetivos y los riesgos en el momento? Parecería necesaria una base de juicio ético más arraigada (Dean, 1992; Grodzinsky, 1999; Macfarlane, 2002), capaz de orientar intuitivamente la conversación centrada en soluciones «en el momento». Esa base tendría que formar parte integrante de la persona profesional, de modo que fluyera en la conversación y no fuera algo externo que hubiera que ir a consultar. Para un compromiso así en el momento, creo que necesitamos las virtudes para comprender plenamente el enfoque centrado en soluciones.
En un artículo anterior (Jennings, 2022) sostuve que podía elaborarse un «mapa» moral del enfoque centrado en soluciones como práctica ética a partir del modelo de «práctica» desarrollado por el filósofo moral Alasdair MacIntyre (Donozo, 2014; Knight, 2008; MacIntyre, 1985). (Aunque reconozco que podrían movilizarse otras posturas éticas para trazar esos mapas, en este artículo me centro en la ética de las virtudes de MacIntyre. Espero que otras personas investigadoras completen mi contribución con análisis centrados en otros enfoques, como la ética del cuidado de Gilligan [Gilligan, 1993] y la ética de la justicia de Rawls [Rawls, 1971]. Ello favorecerá una reflexión y un diálogo éticos fecundos.) MacIntyre concibe una «práctica» como una actividad cooperativa compleja, como un deporte o una profesión, emprendida para alcanzar un bien o un fin relacionado con el florecimiento humano. La práctica tiene su propia historia, sus propias normas y sus figuras ejemplares. En el curso de esta práctica, quienes la ejercen desarrollan las habilidades necesarias para alcanzar su finalidad y, en ese proceso, obtienen bienes internos a la interacción social de la práctica. Estos bienes son de dos tipos: el bien de la práctica, que refleja la finalidad o la excelencia de la práctica, y el bien profesional, que refleja el desarrollo o la excelencia de quien la ejerce.
Los «axiomas» de Korman, De Jong y Jordan (Korman et al., 2020) ofrecen un medio valioso para identificar el bien de la práctica y el bien profesional del enfoque centrado en soluciones. El bien de la práctica que de Shazer y sus colegas formularon en la etapa de madurez de su práctica era
Korman, De Jong y Jordan, 2020, p. 21
Axioma 5: la terapia breve consiste en desarrollar soluciones con las personas consultantes.
El bien de la práctica del enfoque centrado en soluciones consiste en permitir que las personas consultantes construyan sus propias soluciones para que puedan llevar una vida más satisfactoria. Me gusta especialmente cómo formula Gale Miller este bien: «construir relatos progresivos» (Miller, 2004, p. 74).
Los bienes profesionales se recogen en los axiomas siguientes:
Korman, De Jong y Jordan, 2020, p. 21
Axioma 4: el cambio de la persona consultante mediante la terapia se produce a través de interacciones observables en las que quien hace terapia encuentra maneras de cooperar con ella.
Axioma 6: la terapia es un proceso interaccional y dialógico visible en el que se negocian los significados del lenguaje de la persona consultante.
Estos axiomas reflejan las excelencias de la interacción, la cooperación y el diálogo con la persona consultante que la persona profesional desarrollará si se aplica con diligencia a adquirir pericia en las habilidades del enfoque centrado en soluciones.
Las virtudes son las cualidades interaccionales que necesitan quienes ejercen para alcanzar y manifestar estos bienes profesionales (Higgens, 2010; Ward, 2017). Las virtudes se entienden mejor como rasgos de carácter, fortalezas o cualidades desarrolladas a través de la interacción social que como rasgos de personalidad «innatos» (Besser-Jones, 2015; Darr, 2020). Como las virtudes son cualidades que se desarrollan a través de las relaciones y la interacción sociales, dependen de prácticas éticas tanto para su desarrollo como para su adquisición por las personas (MacIntyre, 1985). Las prácticas son escuelas esenciales de las virtudes (Sellman, 2011; Ward, 2017; Waring, 2016).
MacIntyre sostiene que toda práctica implica al menos tres virtudes. En primer lugar, la justicia, para dar al profesorado, a colegas y a las personas consultantes lo que les corresponde. En segundo lugar, la valentía, para comprometerse e innovar en la práctica, especialmente cuando ello afecta al bienestar de las personas consultantes. En tercer lugar, la honestidad, para reconocer los propios límites y relacionarse de manera veraz y auténtica con las personas consultantes y con colegas (MacIntyre, 1985).
Las excelencias de la interacción, la cooperación y el diálogo con la persona consultante deberían servir de medio para alcanzar un equilibrio entre bienestar y autonomía en el incidente que estamos examinando, pero sostengo que son virtudes concretas las que aportarán la intuición «en el momento» que permitirá a la persona profesional alcanzar un equilibrio entre ambos. ¿Qué virtudes, si las hay, surgen y actúan en el enfoque centrado en soluciones que puedan contribuir a ese equilibrio?
Ratner y los demás miembros del equipo de BRIEF insistían en que el enfoque centrado en soluciones era un enfoque «libre de valores» (Ratner et al., 2012, p. 84) y en que cualquier forma de evaluación del riesgo exigiría un marco ético distinto. Mi argumento hasta aquí es que, como práctica humana, el enfoque centrado en soluciones tiene un bien de la práctica («construir relatos progresivos» [Miller, 2004, p. 74]) por el que se le valora, y virtudes o cualidades humanas que facilitan el ejercicio de las disciplinas o habilidades que sirven para realizar ese bien. En la medida en que el enfoque centrado en soluciones implica un bien humano y virtudes humanas, no puede decirse que sea una actividad «libre de valores».
Sin embargo, esto no basta. Para afirmar que el enfoque centrado en soluciones es «rico en valores», creo necesario indicar las virtudes que serían necesarias para evaluar los riesgos a los que una acción determinada podría exponer a una persona consultante y responder a ellos, sin dejar de estar centrado en soluciones y respetando sus objetivos. Me parece que la mejor manera de hacerlo sería examinar cómo una persona profesional centrada en soluciones podría trabajar con personas consultantes que se exponen a un riesgo extremo al contemplar el suicidio. Esto nos lleva al trabajo de John Henden sobre la prevención del suicidio mediante conversaciones centradas en soluciones (Henden, 2017). (Curiosamente, Henden se inició en el enfoque centrado en soluciones en BRIEF [entonces Brief Therapy Centre], en uno de los talleres de de Shazer en los años noventa.)
Henden considera que los enfoques establecidos para evaluar el riesgo de que una persona consultante se suicide, y para responder a él, presentan serias limitaciones, en particular los que se basan en el «modelo médico» (Henden, 2017, pp. 44-48). Esos enfoques pueden ser demasiado lentos, engorrosos, subjetivos e irrespetuosos con la persona consultante. Todos estos factores pueden contribuir de hecho a que la persona lleve a cabo el suicidio que tenía previsto. Henden sostiene, por el contrario, que hay que tratar a la persona consultante con respeto y que debe poder conversar con una persona profesional (centrada en soluciones) lo antes posible, de modo que el trabajo comience ya en el momento de concertar la cita, cuando se le propone la «tarea de fórmula de primera sesión» para que la considere antes del encuentro (Henden, 2017, pp. 72, 79, 99, 113).
A partir de su experiencia terapéutica, Henden sostiene que es preciso establecer una buena relación con la persona consultante en los diez primeros minutos de la entrevista para que coopere con la persona profesional en el examen de alternativas al suicidio (Henden, 2017, pp. 112-122). Basándose en Carl Rogers, sostiene que son necesarias tres cualidades o virtudes para establecer esa alianza terapéutica: la aceptación de la persona consultante y de sus decisiones, la autenticidad, que consiste en relacionarse con ella de manera abierta y transparente, y la empatía, para entender y comprender su situación. Estas cualidades se expresan en las primeras fases de la entrevista reconociendo las circunstancias y emociones extremas de la persona consultante, validando la legitimidad de sus sentimientos y de los actos que contempla a la luz de su situación y normalizándolos como algo que cualquiera haría ante una situación semejante. Así se prepara el terreno para la relación terapéutica.
Henden relata que comienza las entrevistas con personas que contemplan el suicidio escuchando sus preocupaciones y, si procede, preguntando si, a pesar de todo, hay algo que va mejor (tarea de fórmula de primera sesión), lo que podría abrir otras alternativas a las autolesiones (Henden, 2017, pp. 113-115). A menudo, para comprobar hasta qué punto la persona consultante va en serio con su intención suicida, le pregunta cómo piensa quitarse la vida (Henden, 2017, p. 131). Si constata que la intención suicida es seria, puede hacer preguntas sobre el momento o pasar a la «pregunta del funeral / junto a la tumba»: «¿Quién estaría en su funeral y qué otra cosa pensarían que podría haber hecho en lugar de quitarse la vida?».
Henden, 2017, pp. 145-146
«Supongamos que decidiera recurrir a esta opción de último recurso antes de haber considerado todas las demás posibilidades. Está en la tumba, pero su espíritu flota tres metros por encima y mira a la multitud reunida abajo.»
Con estas preguntas, Henden busca explorar alternativas «quitándole las anteojeras a la persona consultante» (Henden, 2017, pp. 51, 61, 147, 205). Sostiene que las personas que contemplan el suicidio están tan atrapadas en su problema y en su peso emocional que no pueden ver alternativas. El problema les estrecha la visión. Para que vean mejores soluciones, «hay que abrir las anteojeras», y eso se consigue haciendo las preguntas adecuadas, aun dejando el suicidio sobre la mesa como opción (Henden, 2017, p. 148).
El proceso de protección de Henden no consiste aquí en recomendar el internamiento o un tratamiento farmacológico, sino en preguntas que amplían las opciones de la persona consultante. Siguiendo este camino, Henden refuerza la autonomía de sus consultantes al ampliar su capacidad de elección (Henden, 2017, p. 169). Al hacerlo, les transmite también esperanza en su situación y les da los medios para actuar de otra manera en ella. Mediante un uso delicado y hábil de las preguntas, Henden puede crear una situación en la que, como profesional, es capaz de coconstruir soluciones con la persona consultante (Henden, 2017, p. 109).
Me parece que la práctica de Henden, tal como la describe, es verdaderamente centrada en soluciones, ya que refleja los axiomas de Korman et al. (2020) que he examinado más arriba. Considera que terapeuta y persona consultante forman parte del mismo sistema, de modo que construir una relación de confianza y de aprecio es esencial para que el sistema funcione bien. Esto refleja los axiomas 2 y 4 de Korman et al. (2020):
Korman, De Jong y Jordan, 2020, p. 21
Axioma 2: la unidad mínima de análisis es quien hace terapia en interacción con la persona consultante en el marco terapéutico. Esta unidad no puede subdividirse más.
Axioma 4: el cambio de la persona consultante mediante la terapia se produce a través de interacciones observables en las que quien hace terapia encuentra maneras de cooperar con ella.
Con sus preguntas, Henden busca desarrollar la pericia de la persona consultante para que tome conciencia de sus recursos y de sus opciones y pueda así construir soluciones más positivas por sí misma. Como el objetivo de Henden es formular, con la persona consultante, soluciones que le pertenezcan, no se plantea la cuestión de la resistencia: ¡es lo único que muere! Por eso Henden mantiene la opción del suicidio sobre la mesa, pero invita a sus consultantes a probar primero otras cosas (Henden, 2017, p. 169), que pueden resultar mejores. Esto refleja también el quinto axioma presentado por Korman et al. (2020): «La terapia breve consiste en desarrollar soluciones con las personas consultantes» (Korman et al., 2020, p. 21). Este axioma incorpora, por supuesto, el bien de la práctica.
Henden subraya la necesidad de las tres cualidades o virtudes «rogerianas»: la aceptación (Henden, 2017, pp. 09, 51, 116-118, 202), la autenticidad (Henden, 2017, pp. 9, 21, 33, 50, 116, 117, 119, 125, 197, 203) y la empatía (Henden, 2017, pp. 12, 40, 116, 117, 119, 124-125, 150, 153, 202). Más adelante añade la cualidad de la esperanza (56-57, 120-122, 140-142). ¿Cómo vemos actuar estas cualidades en la relación terapéutica o de ayuda? La aceptación, a mi juicio, se dirige a la persona consultante, mientras que la autenticidad concierne a la persona y la postura de quien ejerce; la empatía, diría yo, concierne al proceso terapéutico o de ayuda, puesto que se centra en comprender las perspectivas y las respuestas de la persona consultante en su situación. Por último, la esperanza concierne a la realización, por parte de la persona consultante, de los resultados de la relación de ayuda. Al leer los estudios de caso en los que Henden relata su trabajo con sus consultantes (Henden, 2017, pp. 152-184), observo que, de hecho, va más allá de las cuatro virtudes que identifica formalmente, o las amplía. Va más allá de la mera «aceptación» de sus consultantes: les tiene estima, les reconoce los recursos y la imaginación necesarios para concebir y alcanzar una gama de resultados mucho más amplia de la que han mostrado, y muestra respeto por su autonomía para hacerlo. La postura personal de Henden como profesional va más allá de la mera autenticidad: consiste en apoyar de forma proactiva a la persona consultante para ser la mejor ayuda o el mejor aliado posible. Esto va más allá de no manipular en sentido formal: se trata de interactuar realmente desde una posición de cuidado y de compasión, de manera reflexiva. El propio Henden señala la necesidad de ir más allá de la empatía para comprometerse en el proceso de ayuda. Subraya la necesidad de una empatía profunda para captar adecuadamente la vivencia que la persona consultante tiene de su situación, a fin de participar en el proceso de coconstrucción (Henden, 2017, pp. 116-117, 124-125, 202-203). Sin embargo, creo que hay algo más. Se necesita una empatía imaginativa (y quizá una empatía imaginativa curiosa) para hacerse una idea de lo que pueden ser la vivencia y la situación de la persona consultante, y así formular las preguntas que podrían abrir las «anteojeras» (Henden, 2017, p. 121) y permitirle ver toda la gama de recursos y oportunidades de que dispone como persona capaz y autónoma. Por último, la esperanza concierne a la formulación y la realización satisfactorias de los resultados por parte de la persona consultante. Es el optimismo (Henden, 2008, pp. 74, 89, 120-121, 140-141) de que, como persona capaz y llena de recursos, la persona consultante puede tener éxito en sus propios términos en pos de una vida plena, y de que el proceso y la relación de ayuda darán fruto. Son estas virtudes las que permiten a Henden establecer intuitivamente el equilibrio entre bienestar y autonomía «en el momento», en la conversación terapéutica.
Mencionaba antes las virtudes «esenciales» de MacIntyre: la justicia, la honestidad y la valentía (MacIntyre, 1985, p. 191). Quisiera examinar ahora cómo se realizan en la práctica de Henden. En primer lugar, Henden procura hacer justicia a sus consultantes dándoles lo que les corresponde como personas autónomas y capaces. Lo hace mostrándoles respeto y estima, y desafiándoles, mediante preguntas, a realizar sus capacidades como personas humanas. En segundo lugar, Henden da muestras de honestidad en su postura profesional siendo auténtico y transparente con sus consultantes. En tercer lugar, da muestras de valentía en su interacción con sus consultantes: aceptar el reto de trabajar con ellas y ellos y de descubrir sus posibilidades, lo que no es tarea fácil, y tener la esperanza necesaria para buscar resultados «progresivos».
Creo que este estudio del trabajo de Henden ha mostrado que Henden aborda tanto los objetivos de la persona consultante como los riesgos asociados a esos objetivos de una manera centrada en soluciones. No sale del enfoque para abordar los riesgos, sino que formula preguntas centradas en soluciones para ampliar la perspectiva de la persona consultante, de modo que pueda ver las alternativas a la opción arriesgada del suicidio que ya posee. (No se trata de que la persona profesional proponga esas alternativas, lo que podría constituir una «imposición» [Ratner et al., 2012, p. 84].) He mostrado también, en consonancia con la tesis de que el enfoque centrado en soluciones es una práctica que implica bienes internos y virtudes que la hacen posible, que la práctica de Henden, en la aplicación de las distintas disciplinas y habilidades centradas en soluciones, se sostiene en las virtudes «rogerianas» de aceptación, autenticidad y empatía que el propio Henden identifica, pero también en la estima, el respeto, el cuidado, la compasión, la empatía, la imaginación, la justicia, la honestidad y la valentía que se ponen de manifiesto en sus ejemplos y estudios de caso.
Todo ello concuerda con el modelo de MacIntyre y aporta cierta confirmación de la validez de este modelo para comprender la ética de la práctica centrada en soluciones. Sin embargo, solo lo he establecido en relación con la práctica de Henden, y no con la de otras personas.
Una forma de contrastar la posible validez de las conclusiones de mi examen de Henden es volver al ejemplo con el que comencé este artículo. El equipo de BRIEF presentaba un incidente en el que una clienta buscaba ser más asertiva en su matrimonio violento (Ratner et al., 2012, pp. 84 y ss.). Desde una postura de cuidado, la terapeuta teme que una mayor asertividad pueda provocar una respuesta más violenta de su pareja y formula, por tanto, la pregunta siguiente:
Ratner, George e Iveson, 2012, p. 85
Terapeuta: De acuerdo, ¿puedo hacerle una pregunta? Me imagino que su seguridad también es importante para usted, ¿no?
Clienta: Claro que sí.
Terapeuta: Pues bien, imaginemos que su asertividad crece de una manera que es buena para usted, buena para su relación y buena para su seguridad: ¿cómo lo sabrá?
A la luz de mi examen de la práctica de Henden, consideraría esta pregunta una pregunta centrada en soluciones legítima, puesto que busca aclarar el objetivo o el resultado deseado por la clienta. Si la clienta hubiera respondido negativamente, la terapeuta podría haber seguido el ejemplo de Henden explorando alternativas a la autolesión o a la vulnerabilidad, manteniendo al mismo tiempo la posibilidad de la vulnerabilidad sobre la mesa por respeto a la autonomía de la clienta. La terapeuta coconstruye la solución con la clienta, con respeto y estima. Sostendría que, en este caso, la terapeuta no ha salido del enfoque centrado en soluciones.
Parte de la dificultad de este caso es que el equipo de BRIEF parece partir de una concepción deontológica muy estrecha de la ética, en la que existen normas abstractas (y absolutas) de lo correcto y lo incorrecto situadas fuera de la interacción centrada en soluciones (Ratner et al., 2012, p. 84). Henden, en cambio, tiene una visión más relacional, que pone el acento en el carácter de quienes ejercen cuando se comprometen en la relación de ayuda (Henden, 2017, pp. 117-122). Desde la perspectiva de la ética de las virtudes, que parece implícita en el enfoque de Henden, la terapeuta del ejemplo anterior manifiesta la virtud del cuidado de la persona consultante, que es una de las cualidades que parecen importantes en la postura profesional dentro del enfoque centrado en soluciones. Además, esta virtud se ejerce de una manera congruente con el respeto y la estima por la clienta a medida que prosigue el proceso de construcción. Esto es plenamente coherente con el enfoque centrado en soluciones, de modo que no hay dilema. Esta conclusión, diría yo, ofrece un indicio más de la validez del modelo de práctica virtuosa de MacIntyre como mejor manera de comprender la ética del enfoque centrado en soluciones.
Creo haber mostrado en este artículo, de tres maneras, que el enfoque centrado en soluciones ofrece un modelo rico en valores y no neutro en cuanto a los valores. En primer lugar, examinando el equilibrio entre el respeto y el cuidado de la persona consultante en los códigos deontológicos de las organizaciones centradas en soluciones. En segundo lugar, estableciendo que el enfoque centrado en soluciones puede entenderse como una práctica virtuosa con un bien interno de la práctica, «construir relatos progresivos» (Miller, 2004, p. 74), que se alcanza mediante el ejercicio de bienes profesionales o excelencias de la interacción, la cooperación y el diálogo, sostenidas por virtudes como la aceptación, la autenticidad, la empatía, la estima, el respeto, el cuidado, la compasión, la empatía, la imaginación, la justicia, la honestidad y la valentía. En tercer lugar, creo haber establecido la credibilidad de esta segunda tesis mediante un examen del trabajo de John Henden, que aplica el enfoque centrado en soluciones a la prevención del suicidio, identificando las virtudes que se manifiestan en su práctica. Paradójicamente, estas virtudes también las manifiesta la terapeuta en el ejemplo dado por el equipo de BRIEF (Ratner et al., 2012).
Considero además que he añadido algunos detalles concretos al «mapa moral» del compromiso centrado en soluciones (Jennings, 2022; Walsh, 2010), al identificar virtudes específicas que John Henden manifiesta en su práctica con personas que contemplan el suicidio. Es probable que muchas de las personas que se han formado con él hayan cultivado cualidades o virtudes similares con sus consultantes, siguiendo su inspiración y su ejemplo. El presente artículo muestra además la validez y la fecundidad de un enfoque basado en la ética de las virtudes para cartografiar la práctica moral en el enfoque centrado en soluciones. Un mayor nivel de detalle exigiría un estudio más amplio con más profesionales.
De la discusión de este artículo surge también otra manera de cartografiar las virtudes comunes al enfoque centrado en soluciones. Las virtudes centrales de una práctica suelen estar indicadas en su código ético (Brien, 1996; Hamilton, 2017; Sellman, 2011), sobre todo cuando este se ha elaborado «de abajo arriba» (Joyce & Rankin, 2010; van Vuuren & Crous, 2005). Puede que el código ético de una práctica ofrezca una ventana a sus virtudes. Un estudio del código de la EBTA (2021) a la luz de su Theory of solution-focused practice (Sunderman et al., 2020) podría ofrecer esa ventana para comprender la construcción y la formación de las virtudes decisivas del enfoque centrado en soluciones.
Complexe Systémique: lo esencial
El debate gira en torno a una frase de BRIEF: «el enfoque está libre de valores; quien responde a un riesgo sale del modelo». Jennings responde que dar prioridad a los objetivos de la persona consultante ya es un valor, que los códigos de la UKASFP, la ASFIO y la EBTA mantienen juntos objetivos y bienestar, y que el equilibrio se logra en el momento, gracias a virtudes integradas en la persona profesional y no a un código consultado a posteriori. Su prueba clínica es el trabajo de John Henden sobre la prevención del suicidio: dejar el suicidio sobre la mesa, ampliar las opciones de la persona mediante preguntas, no salir nunca del enfoque. El resto del argumento, con el mapa de MacIntyre, se encuentra en su artículo de 2022 sobre el compromiso moral.
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Artículo original de Brian K. Jennings, The Solution-Focused Approach as a ‘Virtue-Rich’ Practice, publicado en Journal of Solution Focused Practices, vol. 6, n.º 2 (2022), doi: 10.59874/001c.75021, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado a la lectura en línea, tal como se indica al principio de esta página, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Traducción no oficial al español del artículo original «The Solution-Focused Approach as a ‘Virtue-Rich’ Practice», publicado en Journal of Solution Focused Practices (2022) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial; la presentación se ha adaptado a la lectura en línea, tal como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Jennings, B. K. (2022). The Solution-Focused Approach as a ‘Virtue-Rich’ Practice. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/the-solution-focused-approach-as-a-virtue-rich-practice (Obra original publicada en 2022 en Journal of Solution Focused Practices, vol. 6, n.º 2 (2022); republicada en 2022 por Journal of Solution Focused Practices, https://journalsfp.org/article/75021)
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