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Journal of Child and Family Studies · Familia

Experiencias del TEPT parental en niñas, niños y adolescentes de 9 a 17 años de familias militares y de personal de primera intervención en emergencias

Cuando una madre o un padre militar, policía o de los servicios de emergencia vuelve a casa con un trastorno de estrés postraumático, ¿qué viven sus hijos e hijas? Karen May y su equipo de Adelaida entrevistaron a menores de 9 a 17 años y a sus progenitores: gritos y cambios de humor, silencio sobre la causa del trastorno, niñas y niños que cuidan de su madre o de su padre y renuncian a pedir ayuda, y una cultura del servicio que entra en el hogar.

Autoría Karen May (School of Public Health, University of Adelaide, y Military and Emergency Services Health Australia, The Hospital Research Foundation Group), Miranda Van Hooff (Military and Emergency Services Health Australia y School of Medicine, University of Adelaide), Matthew Doherty y Drew Carter (School of Public Health, University of Adelaide), AustraliaPrimera publicación Journal of Child and Family Studies, 9 de noviembre de 2023Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Experiences of Parental PTSD for Children Aged 9–17 in Military and Emergency First Responder Families, de Karen May, Miranda Van Hooff, Matthew Doherty y Drew Carter, publicado en Journal of Child and Family Studies (Springer) (2023), doi: 10.1007/s10826-023-02669-y, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Los resultados también ponen de relieve que los niños y niñas necesitan que sus progenitores encuentren un equilibrio entre revelar demasiado poco y revelar demasiado sobre la exposición traumática pasada, es decir, que les ofrezcan contexto, pero con un mínimo de detalles del contenido traumático.

Karen May, Miranda Van Hooff, Matthew Doherty y Drew Carter

Resumen

Este estudio es el primero en examinar las experiencias de niñas, niños y adolescentes de 9 a 17 años cuya madre o padre, militar o perteneciente al personal de primera intervención en emergencias (EFR, por sus siglas en inglés), padece un trastorno de estrés postraumático (TEPT). Es importante comprender estas experiencias desde la perspectiva de la teoría del trauma intergeneracional, dadas las altas tasas de TEPT en estas poblaciones de servicio. Además, necesitamos saber si difieren de las experiencias de los hijos e hijas de progenitores civiles con TEPT. Para examinarlo, realizamos en Australia un total de 17 entrevistas en profundidad con 5 figuras parentales de servicio, 5 figuras coparentales y 7 menores de 9 a 17 años con una madre o un padre que había servido anteriormente en el ejército o en un servicio de emergencias. Las personas entrevistadas no siempre pertenecían a la misma familia. Las familias incluían familias monoparentales, biparentales, separadas y del mismo sexo. El género y el tipo de servicio (militar o EFR) estaban distribuidos de forma equilibrada entre las personas entrevistadas. Adoptamos un enfoque humanista crítico y realizamos un análisis temático reflexivo de los datos de las entrevistas. Los temas principales fueron (1) los extremos emocionales, la volatilidad y la imprevisibilidad parentales, (2) los cambios en el hogar y en las relaciones familiares, (3) los efectos en el bienestar infantil y (4) la conciencia del TEPT y la búsqueda de ayuda. Encontramos pruebas de efectos específicos en los niños y niñas, relacionados con la combinación de los síntomas parentales de TEPT y del condicionamiento y la cultura del servicio. Este estudio pone de relieve el papel de la capacidad parental reducida en la transmisión del trauma de progenitores a hijos. Aporta una base empírica para orientar las políticas y la investigación hacia intervenciones terapéuticas y servicios de apoyo específicos y culturalmente adaptados para la infancia y las figuras parentales de las familias de servicio que viven con el TEPT.

Palabras clave: Ejército, Personal de primera intervención en emergencias, TEPT, Infancia, Trauma intergeneracional

Aspectos destacados

  • Las políticas, la investigación y la práctica deben incorporar la cultura del servicio y el acceso de todos los miembros de la familia.
  • Las familias de servicio con TEPT necesitan programas de regulación emocional centrados en la ira.
  • La evaluación clínica debe mejorar para los tipos de trauma secundario, vicario y moral.
  • Las intervenciones deben abordar los estilos de apego inseguro relacionados con el TEPT parental.
  • La psicoeducación sobre el TEPT debe ser accesible para los miembros de la familia desde el diagnóstico hasta después del tratamiento.

Existe un conjunto de conocimientos consolidado y creciente sobre los efectos de la salud mental de una madre o un padre en el bienestar de sus hijos e hijas. En profesiones como la militar y la de primera intervención en emergencias (EFR), que tienen un riesgo mucho mayor que la población civil de padecer trastornos como el trastorno de estrés postraumático (TEPT) (Koenen et al., 2017; Lawrence et al., 2018; Van Hooff et al., 2018a), es importante comprender cualquier efecto en el bienestar de sus hijos e hijas.

El trastorno de estrés postraumático (TEPT) en las poblaciones militares y de primera intervención en emergencias

El trastorno de estrés postraumático (TEPT) es un trastorno mental que puede aparecer en respuesta a un acontecimiento traumático y consiste en un conjunto de síntomas persistentes, entre ellos la reexperimentación o los pensamientos intrusivos, la evitación de estímulos internos y externos relacionados con el trauma, alteraciones negativas de las cogniciones y del estado de ánimo, e hiperactivación tras la exposición a un acontecimiento traumático (APA, 2013; WHO, 2018). La definición de la CIE-11 incluye criterios adicionales relativos a los efectos psicosociales en el funcionamiento, como las dificultades en las relaciones interpersonales. Ambas definiciones subrayan los altos niveles de comorbilidad entre el TEPT y otros diagnósticos, como el abuso de alcohol y de sustancias, la depresión y la ansiedad (Pietrzak et al., 2011). Aunque el TEPT puede surgir de una única exposición a un acontecimiento traumático, la investigación reciente ha identificado el papel del trauma repetido y acumulativo en cohortes como las militares y de EFR, lo que indica tasas de TEPT mucho más altas en estas profesiones de servicio (Liu et al., 2017).

En Australia, las tasas de TEPT son significativamente más altas entre el personal EFR en activo (10%), el personal EFR retirado (25%), el personal militar en activo (8,3 %) y el personal militar retirado (17,7 %) que en la población general (7,3 %) (Koenen et al., 2018; Lawrence et al., 2018; Van Hooff et al., 2018a, b). Pese a la prevalencia del TEPT en las cohortes militares y de EFR, la investigación sobre cómo afecta exactamente el TEPT de la persona en servicio a sus hijos e hijas y al resto de la familia ha sido limitada, sobre todo en las familias de EFR (May et al., 2023; McGaw et al., 2019a, b; Sharp et al., 2022); sin embargo, los efectos en la salud mental de las familias de servicio se han señalado como motivo de preocupación en numerosos estudios, a menudo en relación con el TEPT (Daraganova et al., 2018; Kishon et al., 2020; McGaw et al., 2019a, b; McGaw & Reupert, 2021; McKeon et al., 2021; Muir, 2018; Sharp et al., 2022).

Transmisión intergeneracional del trauma

Cuando el TEPT de una madre o un padre afecta a sus hijos e hijas, se habla de transmisión intergeneracional del trauma, un fenómeno reconocido por primera vez en los hijos e hijas de supervivientes del Holocausto (Rakoff et al., 1966). Existe poco discurso sobre los mecanismos de transmisión intergeneracional del trauma de la figura parental de servicio con TEPT a su hijo o hija, y sobre en qué se diferencia del caso de una madre o un padre civil con TEPT. El discurso sobre el trauma intergeneracional en general abarca distintos focos, desde la transmisión biológica o hereditaria a través de la epigenética (Yehuda & Lehrner, 2018) hasta factores como la estabilidad familiar o la capacidad parental (Banneyer et al., 2017).

El trauma vicario y el trauma secundario son dos de las patologías más comúnmente reconocidas como consecuencia del trauma intergeneracional. La traumatización vicaria se refiere a cuando un niño o una niña puede experimentar una reacción de malestar o un recuerdo intrusivo como consecuencia de ver una imagen de la experiencia de su madre o de su padre ante un acontecimiento traumático, o de oír hablar de ella (McCann & Pearlman, 1990; McCormack & Devine, 2016).

La traumatización secundaria es un concepto más amplio que se refiere a la experiencia, el impacto y la transferencia de síntomas traumáticos de la figura parental al hijo o la hija, transferencia que puede implicar o no la exposición del menor a las experiencias traumáticas de su progenitor (Diehle et al., 2017; Figley, 1978). Este fenómeno y sus mecanismos de transmisión se vieron respaldados por los resultados, con transmisiones indirectas debidas a la desregulación emocional, a los extremos emocionales y la volatilidad, al funcionamiento familiar, a la imitación o la reproducción de comportamientos por parte del niño o la niña y a la identificación con la identidad y la mentalidad parentales (Ancharoff et al., 1998; Dekel & Goldblatt, 2008).

La transmisión intergeneracional también puede implicar un trauma moral o daño moral, que se refiere a una forma de trauma vivida por el personal militar o EFR cuando una persona en servicio comete, presencia, no logra impedir o llega a conocer actos que transgreden creencias y expectativas morales profundamente arraigadas (Litz et al., 2009). Los síntomas habituales y las perspectivas o visiones del mundo propias del trauma moral en los progenitores pueden afectar a las relaciones interpersonales y ser adoptados por los hijos e hijas como parte de la identificación, por ejemplo los sentimientos de culpa, vergüenza, traición y desesperanza (Ancharoff et al., 1998; Jamieson et al., 2020; Jones, 2018).

Sigue faltando claridad diagnóstica, pruebas psicométricas en la investigación o evaluación en la práctica clínica y, en consecuencia, se producen errores de diagnóstico del trauma infantil, como el trauma complejo, del desarrollo e intergeneracional (incluidos el trauma secundario, vicario y moral), también en las familias de servicio (D’Andrea et al., 2012; Jamieson et al., 2020; Jones, 2018; Van der Kolk, 2017). Un número creciente de investigaciones indica que los niños y niñas con una madre o un padre con una enfermedad mental, incluido el TEPT, presentan tasas más altas de problemas de salud mental (como TEPT y depresión) que quienes no tienen antecedentes de enfermedad mental parental (Hartzell et al., 2020; Leijdesdorff et al., 2017; Weissman et al., 2016). Sabemos que un entorno emocional desregulado puede afectar al desarrollo infantil y a la propia regulación emocional del niño o la niña, sobre todo desde el útero hasta los 3-5 años, cuando el cerebro y el sistema nervioso se están desarrollando por primera vez (Ford et al., 2013).

Apego

El estilo de apego es un factor importante que influye en cómo la infancia aprende, a lo largo de su desarrollo, a gestionar el malestar (Bowlby, 1979). Niñas y niños forman estilos de apego con sus progenitores, aprenden y reflejan de ellos las respuestas emocionales ante el malestar y desarrollan estilos de apego seguro, evitativo, ambivalente o desorganizado en el conjunto de sus relaciones (Bowlby, 1979). La investigación muestra también que un estilo de apego inseguro, ansioso o evitativo, aumenta la gravedad del TEPT (Ogle et al., 2015) y afecta a la calidad de la comunicación entre progenitores e hijos (Zhou et al., 2021). Este fenómeno fue formulado por primera vez en la teoría clínica fundacional de Danieli (1985) como «la conspiración del silencio», que se refiere al efecto del silencio o de la falta de comunicación a través del retraimiento emocional, el embotamiento emocional o la evitación, que se ha convertido en un comportamiento aceptado en las comunidades y familias militares, y que se ha discutido, en relación con la infancia, como revelación insuficiente y falta de explicación a los niños y niñas sobre los efectos del servicio de su madre o de su padre, lo que deja un vacío lleno de curiosidad y suposiciones (Ancharoff et al., 1998; Danieli, 1985).

TEPT, relaciones y funcionamiento familiar

De los estudios realizados sobre familiares del personal de servicio con TEPT, varios examinan los efectos en la pareja y la asociación entre el TEPT, las dificultades de relación y el funcionamiento familiar (Alrutz et al., 2020; Dekel & Goldblatt, 2008; Knobloch-Fedders et al., 2017; Lawn et al., 2022; McKeon et al., 2021; Samuelson et al., 2017; Sayers et al., 2009). Unos pocos estudios han explorado el papel de la crianza desde la perspectiva de las figuras coparentales. Un estudio australiano sobre las parejas del personal EFR y militar con TEPT puso de relieve efectos significativos en la salud mental de la pareja y la sensación de sobrecarga por su papel de cuidadora, con funciones domésticas y de crianza añadidas, en el que sentían la necesidad de «proteger a los hijos y a la unidad familiar» (Waddell et al., 2020). Otro estudio australiano dio cuenta de las experiencias de figuras coparentales cuya pareja, veterana, tenía TEPT, y describe igualmente experiencias difíciles de sobrecarga, pérdida de identidad e imprevisibilidad (McGaw et al., 2020).

El TEPT parental y los hijos e hijas de familias de servicio

Aparte de los pocos estudios sobre la crianza desde la perspectiva de las figuras coparentales, la investigación centrada específicamente en los resultados para la infancia ha sido mínima. Un estudio sobre las Fuerzas Armadas británicas desplegadas en Afganistán e Irak confirmó que el TEPT, y no el despliegue, aumentaba el riesgo de que los hijos e hijas padecieran trastornos de salud mental conductuales y emocionales (Fear et al., 2018). Esto concuerda con otros estudios que señalan los síntomas emocionales y conductuales como efectos principales del TEPT parental (Boričević Maršanić et al., 2014; Hisle-Gorman et al., 2019; Krešić Ćorić et al., 2016; May et al., 2023; Selimbasic et al., 2017; Wells et al., 2022a). Algunas investigaciones han entrevistado a hijos e hijas ya adultos, de forma retrospectiva, sobre su infancia (McCormack & Devine, 2016). Otro estudio cualitativo australiano reciente con hijos e hijas adultos sobre la experiencia de la transición a la vida civil describe efectos como el malestar emocional debido al TEPT de la madre o del padre, enfermedades mentales en los propios hijos e hijas y en sus hermanos, una cultura de «estigma» en torno a la búsqueda de ayuda por enfermedad mental en el ejército, el resentimiento por haberse convertido en cuidadores de su progenitor y también algunos resultados positivos sobre nuevas habilidades y la confianza para defender sus propias necesidades (Wells et al., 2022a).

Un estudio cualitativo con entrevistas realizado en Australia exploró las experiencias de jóvenes de 12 a 17 años con una madre o un padre veterano con TEPT y aportó resultados importantes: silencio, desconexión familiar, autosuficiencia y cuidado de los progenitores, así como un vínculo fuerte (McGaw & Reupert, 2021). No existe una investigación equivalente sobre los hijos e hijas de familias de EFR, y la mayor parte de la investigación sobre ellos ha sido cuantitativa y se ha centrado en experiencias posteriores a catástrofes en Estados Unidos, como el atentado terrorista contra el World Trade Centre o el atentado del maratón de Boston, y ha confirmado efectos en la salud mental, incluido el TEPT, en los hijos e hijas de EFR expuestos al trauma, no necesariamente con diagnóstico de TEPT (Comer et al., 2014; Duarte et al., 2006; May et al., 2023; Uchida et al., 2018). Una revisión sistemática que examinó los datos cualitativos disponibles sobre familiares de EFR con TEPT encontró solo 1 estudio con datos obtenidos directamente de niños y niñas en Estados Unidos tras el atentado contra el World Trade Centre y 4 sobre la infancia desde la perspectiva de los progenitores (Linkh, 2006; May et al., 2023).

Familias de servicio, cultura e identidad

Crecer en una familia de servicio tiene efectos en el estilo de vida, la cultura, la identidad y, a veces, la salud mental de la familia. Los estudios han mostrado que las profesiones militares y de los servicios de emergencia, con sus exigencias de horarios irregulares, despliegues, peligros y exposiciones al trauma, pueden tener efectos negativos significativos en los miembros de la familia y en su estilo de vida, pero también algunos factores de protección (Alrutz et al., 2020; Kishon et al., 2020; Regehr, 2005; Rogers-Baber, 2017; Wells et al., 2022a). La persona en servicio experimenta un condicionamiento cultural (English, 2004; Lane & Wallace, 2020). La literatura reconoce la importancia de comprender la cultura y la identidad militares al trabajar con personal militar y sus familias, para entender los riesgos y factores de protección propios de estas familias de servicio, algo que parecería aplicable también a las familias de EFR (Ohye et al., 2017; Rogers-Baber, 2017; Tam-Seto et al., 2019; Tanielian et al., 2014). Un estudio australiano centrado en la narrativa y los rituales de las familias militares constató que en la familia se produce un proceso de aculturación mediante historias, símbolos, objetos, acontecimientos como el ANZAC Day y otros rituales, que afirman la identidad y los valores culturales en los niños y niñas de estas familias (Baber, 2016).

Tanto el personal militar como el EFR se forman con altos niveles de disciplina y reglamentación para desempeñar sus funciones de forma automática bajo una presión intensa y para activar o suprimir las reacciones emocionales ante el malestar psíquico; estos comportamientos tienen por objeto proteger al equipo o permitir que la persona en servicio cumpla la tarea o misión en entornos peligrosos, de vida o muerte (Lane & Wallace, 2020). Por ejemplo, la «ira», respuesta aprendida durante la formación ante una amenaza de combate en profesiones como la militar y la policial, canaliza la respuesta automática de miedo hacia la acción (Lane et al., 2021). Este aspecto de la formación del servicio es significativo en relación con la investigación que muestra que «enfadarse con facilidad» es un síntoma mucho más prevalente en veteranos y veteranas con TEPT que en la población civil con TEPT, cuando lo desencadena un recuerdo intrusivo o una amenaza percibida (Lawrence-Wood et al., 2021; Van Hooff et al., 2018a).

Un estudio australiano reciente constató que los hijos e hijas de familias militares que habían hecho la transición a la vida civil atribuían gran parte de sus dificultades de salud mental y de sus problemas familiares a la cultura y la identidad militares (Wells et al., 2022a). Otro estudio constató que la vinculación con las comunidades de Defensa era un factor de protección para los miembros de la familia, lo que también pone de relieve la necesidad de intervenciones adaptadas, culturalmente sensibles y conectadas con esas comunidades (Rogers-Baber, 2017). Los valores y expectativas del servicio, como los niveles elevados de disciplina o la intensidad emocional, por ejemplo la «ira», o la supresión emocional, pueden afectar al funcionamiento familiar, agravar los síntomas del TEPT y generar efectos específicos en los hijos e hijas de familias de servicio, en comparación con los de familias civiles que viven el TEPT parental. La cultura y la identidad del servicio y su papel en el TEPT y la capacidad parentales, así como las experiencias y percepciones de los niños y niñas, se han examinado y se presentan en los resultados de este artículo.

La perspectiva y la voz de la infancia en la investigación: una laguna

Existe actualmente una laguna en la investigación sobre las experiencias de los hijos e hijas de una madre o un padre militar, y una laguna aún mayor en el caso de quienes tienen una madre o un padre EFR con TEPT, incluidos los niños, niñas y adolescentes de 9 a 18 años. No está claro si estas lagunas se deben a la dificultad de obtener la aprobación ética para realizar estudios de alto riesgo con menores de una población vulnerable, como la de progenitores de servicio con TEPT, o a que el enfoque medicalizado del tratamiento del TEPT no ha abarcado los efectos psicosociales en las relaciones familiares de la persona en servicio, de modo que la investigación y los servicios se han centrado en ella y no en los miembros de su familia. Estudios australianos recientes confirman también esta laguna en Australia, tanto en los servicios de apoyo a los hijos e hijas de progenitores de servicio con TEPT como en la necesidad de un apoyo adaptado, diseñado a partir de una comprensión de la dinámica específica de la cultura y la identidad militares o del servicio, incluidos los riesgos y los factores de protección de las familias de servicio (Rogers-Baber, 2017; Wells et al., 2022b). Una comisión de investigación nacional e independiente, encargada actualmente por el Gobierno australiano, sobre el suicidio en Defensa y entre veteranos y veteranas ha puesto de relieve las necesidades de la infancia y la carencia de servicios de apoyo (punto 12):

«Las familias están inexorablemente ligadas a la salud y el bienestar de los miembros en activo y retirados de la ADF, y viceversa. No hay suficiente conciencia ni reconocimiento del papel clave que desempeñan las familias. La información sobre el apoyo disponible es limitada, y la cantidad, la calidad y la accesibilidad de los apoyos son demasiado desiguales. Hemos escuchado numerosas historias de niños, niñas y familias que se han visto gravemente afectados por la muerte por suicidio de un ser querido, o por el deterioro de la salud mental y/o física de su ser querido».(Royal Commission, 2022).

Existe también una laguna de conocimiento sobre los mecanismos específicos de transmisión del trauma en las familias de servicio que viven con el TEPT, y sobre las preocupaciones y vulnerabilidades específicas de estos niños y niñas y de sus progenitores, que permitiría a profesionales informarse y apoyar su bienestar. Este artículo pretende presentar los resultados sobre las experiencias infantiles del TEPT parental en las familias de servicio, expresadas por los propios niños y niñas y por sus progenitores, para permitir una comprensión más profunda del fenómeno. Analiza cómo se transmite el trauma de la madre o del padre a los hijos e hijas, los efectos específicos en ellos y los ámbitos que más les preocupan. Examina también sus perspectivas sobre las formas en que podría establecerse o mejorarse la búsqueda de ayuda para apoyarlos.

Métodos

Partimos de una posición ontológica de humanismo crítico, que valora las epistemologías del constructivismo social y de la fenomenología en un contexto social holístico (McIntyre-Mills, 1995). Este marco teórico orienta la metodología cualitativa, que recurre a un enfoque hermenéutico para captar las experiencias de cada persona en su propio lenguaje y expresión, con especial atención al contexto de la historia de vida y a hacer posible la participación de niñas y niños (Clark & Statham, 2005; Willis et al., 2007). El enfoque valora escuchar en los datos la voz auténtica de los niños, niñas y progenitores, lo que constituye una novedad importante de este estudio. En coherencia con este enfoque, el método consistió en entrevistas en profundidad de estilo naturalista o narrativo, con transcripción literal de las grabaciones de audio. Las entrevistas se realizaron de forma individual y presencial cuando fue posible, o por videoconferencia durante la pandemia de COVID-19, lo que también permitió ampliar el alcance del reclutamiento a participantes de zonas regionales y de todo el territorio australiano.

La investigadora principal (KM) realizó todas las entrevistas. En términos de reflexividad, (KM) reflexionó sobre sus perspectivas internas y externas y comunicó algunos de sus aspectos a las personas participantes. La investigadora principal tiene experiencia interna, o vivida, y experiencia externa como investigadora y profesional. La experiencia interna reforzó su compasión y su comprensión empática, y la motivó y preparó mejor para captar el detalle y el significado de las experiencias individuales y colectivas de los miembros de las familias de servicio. La investigadora principal se cuidó de que su experiencia interna no sesgara la investigación de forma problemática, y discutió abiertamente esta cuestión con el resto del equipo como parte del análisis reflexivo (Braun & Clarke, 2019). El resto del equipo investigador revisó también el análisis temático y apoyó la discusión.

Participantes

Reclutamos a niños, niñas y adolescentes de 9 a 17 años. Elegimos el límite inferior de edad porque, a los 9 años, la etapa de desarrollo social y emocional suele permitir una mayor confianza en sí mismos, con un desarrollo moral continuado desde los 7 años que posibilita tomar decisiones de forma independiente de los progenitores a la hora de decidir si participar de manera significativa en las entrevistas (Malik & Marwaha, 2021). También se reclutó a progenitores, tanto figuras parentales de servicio con TEPT como figuras coparentales, para conocer sus perspectivas y su visión de la experiencia de sus hijos e hijas, ya que los progenitores son una fuente importante de conocimiento sobre la vida de sus hijos (Rogers & Boyd, 2020). Todas las entrevistas se realizaron de forma individual para permitir una revelación confidencial. Tratamos deliberadamente cada muestra —menores, figuras parentales de servicio y figuras coparentales— como grupos separados, por lo que no era necesario que pertenecieran a la misma familia. Los datos de las tres muestras se combinaron para el análisis.

El reclutamiento se retrasó por los periodos de confinamiento y las restricciones impuestas durante la pandemia de COVID-19. Logramos reclutar el mismo número de participantes hombres y mujeres y el mismo número de progenitores militares y EFR con TEPT, con participantes de la Armada, del Ejército de Tierra y de la policía. Participaron siete menores, de zonas regionales y urbanas, con una distribución equilibrada entre menores de más y de menos edad dentro del rango de 9 a 17 años. En el caso de cuatro menores, la figura parental de servicio estaba separada y vivía sola, mientras que el resto tenía a sus dos progenitores biológicos viviendo juntos.

Procedimientos

El Comité de Ética de la Investigación en Seres Humanos de la Universidad de Adelaida (H-2020-052) aprobó el estudio. Los progenitores dieron su consentimiento informado para sí mismos y para el hijo o la hija participante menor de 16 años mediante un formulario de consentimiento, tras un proceso de discusión de una hoja informativa detallada, y de nuevo al inicio del proceso de entrevista, de forma verbal y grabada. Los niños, niñas y adolescentes de 9 a 17 años también dieron su propio consentimiento, que se grabó después de que se les explicara el proceso al inicio de las entrevistas. A partir de los 16 años podían consentir su participación de forma independiente de sus progenitores, conforme al principio Gillick sobre la edad de consentimiento informado (Dyer, 1985).

Medidas

El tamaño mínimo de muestra para este tipo de estudio con entrevistas en profundidad, de 4 a 6 participantes por cohorte (Guest et al., 2006), se utilizó únicamente como indicador, y pudimos determinar que se había alcanzado la saturación de datos y el agotamiento de los temas cuando no surgió ningún tema nuevo tras analizar la quinta entrevista infantil, de un total de 7 entrevistas a menores y 10 a progenitores (Braun & Clarke, 2019).

Utilizamos un análisis temático reflexivo para examinar los datos en términos de patrones de significado, lo que es coherente con nuestro enfoque humanista crítico (Braun & Clarke, 2019). Con el programa NVivo generamos códigos para señalar patrones de significado en las transcripciones de las entrevistas y agrupamos estos 44-77 códigos en temas. Las entrevistas a menores se codificaron primero para garantizar que el análisis de datos estuviera centrado en la infancia, con sus voces y experiencias como datos primarios, y después las entrevistas a progenitores.

Resultados

Los cuatro temas principales que encontramos en los datos fueron: 1) los extremos emocionales, la volatilidad y la imprevisibilidad parentales, 2) los cambios en el hogar y en las relaciones familiares, 3) los efectos en el bienestar infantil y 4) la conciencia del TEPT y la búsqueda de ayuda para la infancia.

Extremos emocionales, volatilidad e imprevisibilidad parentales

Emociones intensas y volátiles

La falta de estabilidad emocional para los niños y niñas fue una cuestión clave planteada en todas las entrevistas, a veces formulada por las personas participantes en términos de «seguridad emocional». Las personas participantes hablaron de emociones fuertes o intensas, por lo general la ira, y de comportamientos asociados como los gritos. Estas emociones intensas se presentaban además de forma volátil, lo que demuestra un afecto lábil; es decir, la madre o el padre con TEPT mostraba un cambio repentino de estado emocional, descrito habitualmente como un cambio de humor o un estallido de ira. Esta volatilidad generaba también una sensación de imprevisibilidad de un momento a otro, ya que menores y progenitores describían no saber qué estado de ánimo esperar ni cuándo esperarlo.

Las personas participantes explicaron que, cuando la madre o el padre con TEPT expresaba emociones en un estado de hiperactivación (con emociones y comportamientos intensos), a menudo pasaba después a un estado de hipoactivación, con evitación, «retraimiento» y «embotamiento emocional». Aunque ambos estados emocionales angustiaban a los niños y niñas, el estado de hiperactivación, y en concreto la «ira», aparecía con más frecuencia en los datos como una preocupación o un miedo importante para ellos, que les generaba preocupación, miedo y frustración. Cuando, durante una entrevista, se le preguntó: «¿Qué crees que podría haberte ayudado a ti o a tu familia?», una criatura de nueve años respondió:

«Que pare. Sí, que no haya más gritos, que no haya más gritos».

Un padre con TEPT describió su conciencia de cómo su comportamiento afecta a sus hijos:

«Les preocupa que te vayas a enfadar o a gritarles y cosas así. Mientras que antes… es normal que los críos te saquen de quicio, pero es que no lo podía tolerar. Me ponía como loco, perdía la cabeza. Y luego eso te hace sentir mal porque piensas: soy un mal padre, ni siquiera puedo cuidar de mis hijos y entretenerlos. Llego a un punto en que no quiero estar ahí, gruñón y emotivo».

Esta cita ilustra la conciencia que tiene un padre de sus comportamientos ligados al TEPT, de cómo sus hijos lo evitan, de su capacidad parental reducida y de los sentimientos de culpa y vergüenza asociados, con una respuesta posterior de evitación y retraimiento.

Los gritos asociados a la ira intensa eran también una preocupación importante para las figuras coparentales, que temían cómo afectarían los síntomas del TEPT a la estabilidad emocional y al bienestar de sus hijos e hijas:

«Creo que el impacto de estar con alguien que siempre tenía tanta ira y gritaba, y los estados de ánimo extremos, vivir y caminar sobre cáscaras de huevo con alguien, es que no sabes lo que te vas a encontrar cada minuto de cada día. Es más, supongo que es el efecto emocional sobre ellos». (Figura coparental).

Cambios de humor: de la intensidad al embotamiento

También se señaló que afectaban a los niños y niñas los cambios repentinos de humor o de activación de la madre o el padre con TEPT, que pasaba de la intensidad al embotamiento emocional, al retraimiento y a la desconexión. Menores y progenitores describieron comportamientos emocionales intensos de la madre o el padre con TEPT, con estallidos como llanto o sollozos y manifestaciones de ideación suicida delante de sus hijos e hijas. A veces, por ejemplo, el llanto del hijo o la hija alteraba emocionalmente a la madre o al padre con TEPT o le «desencadenaba» síntomas. Después, esa figura parental se mostraba evitativa e incapaz de responder a las necesidades de su hijo o hija. Este embotamiento emocional afectaba a algunos niños y niñas, que sentían que no podían obtener la respuesta emocional que deseaban o necesitaban, como atención, cercanía, afecto o calma para su propio malestar emocional. Una figura coparental habló de un niño o niña de 9 años que buscaba afecto sin que la madre o el padre con TEPT pudiera responder:

«(La figura parental con TEPT) no puede concentrarse en nada que no sea su propia persona y tiene muy poca paciencia, así que (menor) no tiene que hacer mucho para desencadenarle algo y que le grite o, ya sabes, a (la figura parental) no le gusta que le limiten físicamente cuando tiene síntomas, así que, si (menor) intenta recibir cariño y eso, es bastante difícil».

Una madre de servicio con TEPT describió su comportamiento de retraimiento cuando se sentía deprimida:

«Y básicamente, cuando estaba en ese… el tramo negro, ya sabes, quiero decir que mis comportamientos con todo el mundo, incluidos (mis hijos), eran de retraimiento, de odio hacia mí misma, de incapacidad para comunicarme, simplemente… constantemente a la defensiva, pensando que todo el mundo me odiaba a muerte, que iba a por mí».

Los testimonios de las personas participantes en este tema muestran cómo los síntomas del TEPT —la desregulación emocional y los estados de activación fluctuantes, desde la intensidad y la hiperactivación hasta el embotamiento emocional y la hipoactivación— reducían la capacidad parental, lo que se vivía como extremos emocionales como la ira, con cambios repentinos o volátiles de la ira al retraimiento en la comunicación y en la implicación, y con una aparición imprevisible.

Tema 2: cambios en el hogar y en las relaciones familiares

El segundo tema se refiere a los cambios percibidos en el hogar y en la dinámica familiar provocados por el TEPT de la figura parental de servicio. Estos cambios van más allá de la conmoción habitual que suponen las mudanzas de casa, de colegio y a veces de estado, o de país en el caso del personal militar, que suelen acompañar a los ciclos de destino militares o de algunos EFR. Varias familias contaron que se habían mudado a otro estado para que la familia extensa pudiera ayudarles a cuidar de los hijos e hijas y de la persona en servicio con TEPT.

Conmoción y cambio con el diagnóstico

Los periodos de cambios domésticos estaban marcados para los niños y niñas por la incertidumbre y la tensión familiar, mientras sus progenitores hacían frente a las citas médicas, la logística de la mudanza, nuevas presiones económicas y, a veces, dificultades con la gestión de la lesión o con los sistemas de indemnización. Los niños y niñas contaban que, en esos periodos, sus progenitores parecían estresados y preocupados, y describían haberlos oído hablar de sus preocupaciones económicas. Los propios niños y niñas compartían también esas preocupaciones económicas. Un padre con TEPT explicó sobre su hijo:

«No quería que le diera la paga por las tareas de casa porque yo no estaba trabajando y no sabía cómo íbamos a pagar las cosas».

Un padre, antiguo agente de policía, describió las dificultades que vivió al dejar el servicio a causa del TEPT y la sensación de falta de apoyo por parte de sus compañeros y de la organización. Esto hizo que él y su familia tuvieran que abandonar la vivienda policial en una zona regional, lo que agravó su TEPT y afectó a sus hijos:

«Así que acabamos con un desahucio… Si quieres pelearlo estás solo, y obviamente yo no estaba en condiciones de enfrentarme legalmente a la policía. La policía me desechó cuando dije que quería tomarme un tiempo para recuperarme. A mi mujer le dije: si nos mudamos, vas a tener que trabajar. Así que hubo mucha tensión por eso, y obviamente yo cada vez tenía menos paciencia con los críos, me frustraba más».

Algunas familias contaron que les había faltado el apoyo de la familia extensa cuando lo necesitaban. Los niños y niñas describieron haber oído a sus progenitores hablar de las actitudes negativas de otros familiares ante el TEPT de su madre o de su padre, lo que reducía la disposición de esos familiares a apoyar a la familia ante los cambios y la conmoción domésticos.

Cambios en los roles y en el funcionamiento familiares

Los niños y niñas vivieron cambios en los roles familiares cuando la madre o el padre con TEPT estaba mal y no podía ocuparse de las tareas domésticas. Esto solía llevar a que la figura coparental asumiera un papel de cuidado y más tareas domésticas o de crianza, además de trabajar. Algunos niños y niñas describieron que su madre o su padre dedicaba tanto tiempo a cuidar de la otra figura parental con TEPT que sentían que no podían molestarle con ninguna de sus necesidades o preocupaciones, y en consecuencia asumían ellos mismos algunos de los roles propios de los progenitores, lo que se conoce como parentalización (Van Loon et al., 2017). Una figura coparental explicó cómo su hijo de 9 años se volvió ferozmente independiente para no pedirle nada mientras ella cuidaba de la figura parental con TEPT:

«Y luego había pequeñas cosas en las que a lo mejor necesitaba, a lo mejor necesitaba ayuda con algo, pero yo le decía “cariño, ahora mismo tengo que ayudar a papá, lo siento. Déjame ayudar a papá y luego vengo a ayudarte”. Así que luego vimos que empezó a dejarnos fuera. Entonces yo le digo “oye, cariño, ¿necesitas ayuda con eso?”, “Sí, no, está bien, ya lo resuelvo yo”, y eso fue muy duro y ha continuado, y nos está costando revertirlo».

En este estudio, algunos niños y niñas sentían más responsabilidad o más necesidad que otros de asumir un papel adulto o de cuidado en su familia. Cada menor participante que lo sentía describió la necesidad de reducir el efecto de los síntomas del TEPT en la figura parental afectada o en otros miembros de la familia, incluidos los hermanos y hermanas menores. Esto ocurría tanto en familias monoparentales como biparentales, aunque algunos menores de familias monoparentales lo vivían con más intensidad. Las formas de parentalización abarcaban cocinar, encargarse de las tareas domésticas, intentar arreglar cosas en casa, sentirse responsables de evitar posibles desencadenantes, ocuparse de los hermanos y hermanas menores y atender necesidades médicas, como vigilar a la madre o al padre con TEPT o recordarle el tratamiento. Una persona participante de 14 años respondió así a la pregunta «¿Hay algo que te preocupe?»:

«Que no se ponga la mascarilla cuando se va a dormir. O que tenga un, no un episodio, como una crisis, cuando yo estoy en el colegio».

Los niños y niñas sentían una preocupación significativa por el bienestar de uno o de ambos progenitores, y a menudo también por el de sus hermanos y hermanas. Algunos expresaron preocupación por la figura coparental y deseo de protegerla, conscientes de su sobrecarga y de una sensación de pérdida de la relación entre sus progenitores. La ruptura de la familia y de la relación de pareja de los progenitores era una experiencia frecuente para los niños y niñas y constituía otra fuente de malestar que las familias debían gestionar. Los niños y niñas hablaron también del malestar que les causaban los conflictos entre sus progenitores, con independencia de una separación.

Tema 3: efectos en el bienestar infantil

Las entrevistas revelaron numerosos ejemplos de trauma vicario y secundario. Los ejemplos abarcaban mucha ansiedad generalizada, ansiedad por separación y pérdida, un reflejo de las emociones y los comportamientos parentales, la adopción de la visión del mundo y las actitudes de la madre o el padre, la parentalización y los sentimientos asociados de necesidad de proteger a los miembros de la familia, y sentimientos de vergüenza y de diferencia. Las expectativas culturales militares y EFR también se transmitían a los niños y niñas e interactuaban de formas específicas con el TEPT de su madre o de su padre.

Efectos en la salud mental

La ansiedad o la «preocupación» fue, con diferencia, el sentimiento que los niños y niñas mencionaron con más frecuencia. Le seguían los sentimientos de abandono, ira o frustración, desesperanza, falta de control, disgusto, retraimiento, embotamiento, resentimiento, miedo, tristeza, la sensación de haber perdido a su madre o a su padre, confusión, culpa, agitación y tensión. También se mencionaron dolor de tripa o dolor de piernas.

Las personas participantes describían a menudo los problemas de salud mental de los niños y niñas como «problemas emocionales y conductuales». Según lo relatado, en varios casos los niños y niñas interiorizaban sus emociones, reprimían y negaban sus pensamientos y sentimientos y mostraban a menudo comportamientos de retraimiento. Por el contrario, en otros casos exteriorizaban sus emociones: mostraban ira, rompían o destrozaban cosas, se autolesionaban y adoptaban conductas de riesgo como el consumo de sustancias. Estos problemas emocionales y conductuales causaban a menudo dificultades sociales, sobre todo en el colegio.

Todos los niños y niñas de este estudio tenían problemas de salud mental, descritos en términos de «desregulación emocional», «estallidos de ira», «baja autoestima», «ansiedad», «depresión», «TEPT», «TDAH», «trastorno límite de la personalidad (TLP)», «autolesiones» o «suicidalidad». Tanto menores como progenitores describieron cómo, en su percepción, los colegios u otros profesionales etiquetaban erróneamente los problemas emocionales y los comportamientos de sus hijos como TDAH en los niños y como TLP en las niñas. Una figura coparental de una zona regional, cuya pareja es EFR, describe sus dudas ante la sugerencia de que su hijo tiene TDAH y las dificultades para obtener una opinión experta que lo confirme:

«No hay nadie con quien hablar, así que me pongo con el ordenador. Y pienso, hay creo que 5 o 7 síntomas principales, él solo tenía 2, y yo pensaba, y podrían ser de cualquiera de su edad. Pienso, a lo mejor lo tiene, pero a lo mejor no. A lo mejor es porque le han pasado muchas cosas en los últimos 2 años y antes no habíamos tenido este comportamiento, pero todo el mundo se apresura a decir: dale esto, haz esto, y yo no. Y lo otro… el psicólogo son 120 dólares la hora y 300 la primera consulta, y tengo que conducir hasta Adelaida para ir, así que, bueno».

Imitación e identificación

Muchos niños y niñas normalizaban los comportamientos de su madre o de su padre ligados al TEPT y los imitaban o reflejaban. En los datos se encontraron numerosos ejemplos de modelado parental, imitación e identificación. Una figura coparental describió cómo su hijo o hija de 9 años imitaba a la figura parental con TEPT, que era quien se ocupaba principalmente de su cuidado:

«(Menor) lo capta de forma natural y, ya sabes, si (la figura parental con TEPT) estaba mal o disgustada o enfadada o algo así, (menor) a menudo reflejaba ese mismo tipo de emociones».

Algunos niños y niñas se identificaban estrechamente con la hipervigilancia de su madre o de su padre y la adoptaban; por ejemplo, necesitaban saber siempre dónde están las salidas en un edificio o en un acto concurrido. Una joven de 17 años explicó cómo había hecho suya la misma mentalidad que su progenitor:

«Me doy cuenta de que siempre intento tener casi como un plan de huida en las situaciones».

Una figura coparental describió cómo su hijo o hija de 15 años aprendió a vivir con ansiedad e inseguridad a partir de las pesadillas persistentes, la hipervigilancia y la sobreprotección de la figura parental con TEPT, que siente la necesidad de dormir con su hijo o hija para protegerle, aunque la persona joven diga que no lo necesita.

Los progenitores describieron cómo sus hijos e hijas reflejaban también los comportamientos de negación y evitación. Esto incluía la falta de disponibilidad emocional, la hipoactivación y el retraimiento emocional de la madre o el padre con TEPT. Una joven de 17 años describió cómo aprendió a negar sus sentimientos y a no reaccionar a sus emociones:

«Antes me daba miedo. Y me disgustaba. Pero con el tiempo como que dejé de reaccionar. Incluso ahora, cuando me gritan, muchas veces no reacciono».

En varios casos, menores de quienes se dijo que interiorizaban y reprimían sus sentimientos acababan teniendo estallidos emocionales, a menudo en el colegio: rompían a llorar con facilidad, se peleaban con otros niños o se frustraban y enfadaban en clase. Un padre con TEPT describió así su preocupación por su hijo de 9 años:

«Sí, no sé si él, sí, probablemente se ha adaptado mal, guardándose sus sentimientos o sus problemas para sí, supongo, porque yo no estoy bien y mamá lo estaba pasando mal, así que no quiero agobiar a mamá con más cosas, así que no le voy a contar lo que pasa en el colegio ni le voy a contar lo que me pasa a mí, así que básicamente se lo guardó todo».

Los menores participantes describieron también experiencias de exteriorización de las emociones, como expresarse a través de la música, el dibujo o la escritura creativa. Otros tenían estrategias de afrontamiento basadas en la distracción, como los videojuegos, los juguetes antiestrés, ver la televisión o esforzarse mucho en el colegio. Algunos encontraban formas de calmar sus emociones abrazando a una mascota o un peluche cuando estaban mal. En otros casos, la expresión de las emociones era más destructiva, con estallidos agresivos, autolesiones, consumo de drogas e ideación suicida. Una criatura de 9 años dijo:

«Salgo fuera y rompo cosas», y «Me porto mal para ver si alguien se da cuenta».

Recordatorios, desencadenantes y curiosidad

Algunos niños y niñas mencionaron que no querían estudiar en el colegio ningún tema ni ver nada en televisión relacionado con la guerra, y explicaron que se volvían muy sensibles a la forma en que otros niños o el profesorado hablaban de las guerras, de los EFR o del servicio militar. Una joven de 17 años reflexiona sobre lo que sintió al ver las fotos del despliegue militar de su progenitor con TEPT y sobre cómo afrontaba los debates sobre la guerra en el colegio:

«O sea, he visto algunas fotos. Las encontré por casualidad. Solo verlo fue muy impactante. Pero incluso en el instituto, me disgustaba mucho cuando hablábamos de esas cosas, y no porque la gente le faltara al respeto. La gente simplemente decía cositas sobre eso. Y yo pensaba: ni siquiera lo sabéis. No lo entendéis. Y me acaloraba mucho con eso. Y todavía me disgusta muchísimo (solloza)… perdón. Es que pensar en ello todavía me pone siempre como ansiosa. Y ni siquiera sé por qué».

Algunos niños y niñas sentían curiosidad por las experiencias que habían causado el TEPT de su madre o de su padre; al disponer de información limitada o fragmentaria, o de pocas revelaciones parentales sobre lo que su progenitor podía haber vivido, imaginaban o recurrían a noticias, vídeos en línea o películas para hacerse una idea del trauma al que su madre o su padre podía haber estado expuesto y que le había causado el TEPT.

Afecto y proximidad

A los niños y niñas les afectaba también la variabilidad del afecto, la cercanía o la proximidad con su madre o su padre con TEPT, que unas veces mostraba una gran intensidad emocional o «tensión» y resultaba inabordable, y otras veces se replegaba en el retraimiento y el embotamiento emocional. Una figura coparental reflexionó sobre su hijo o hija de 9 años, que buscaba afecto mientras la figura parental con TEPT no estaba emocionalmente disponible ni era capaz de responder, y sobre las consecuencias para el menor:

«Porque (la figura parental con TEPT) no quiere a (menor) en su espacio, pero, ya sabes, (menor) obviamente quiere ese afecto y está claramente inhibido, lo que a menudo hace que (menor) se cierre más porque, por así decirlo, le han apartado. No a propósito, obviamente, pero está claramente ahí. Así que la salud mental de (menor) obviamente empeora. (Menor) tiene más ansiedad porque no tiene a (la figura parental) cerca, y (la figura parental) está peor porque conoce los efectos, se siente culpable por ello e intenta pararlo».

Ansiedad por separación y miedo a la pérdida

Los niños y niñas expresaron miedo a perder a su madre o a su padre por una separación de la pareja, un distanciamiento, una hospitalización o una muerte por suicidio. El miedo a la pérdida y la ansiedad por separación se agudizaban por el servicio de su progenitor, con los peligros que conlleva. Los miedos actuales a la separación prolongaban el miedo y la ansiedad de periodos anteriores, durante el despliegue de su madre o de su padre en una zona de guerra o cuando acudía en plena noche, como agente de policía, a un incidente o un accidente local. En el caso de los niños y niñas cuya madre o cuyo padre se había alejado por periodos de hospitalización, a veces precipitados por fases de retraimiento emocional y de ideación suicida, aparecían sentimientos intensos de ansiedad, desapego y miedo a la pérdida. Una figura coparental describe el miedo de su hijo o hija de 9 años:

«(Menor) tenía tanta preocupación por (la figura parental con TEPT). Recuerdo que (menor) tenía muchísimo miedo de que (la figura parental) se fuera a morir, todo el tiempo».

Un niño de 9 años con ansiedad por separación, debida a la hospitalización de urgencia de su madre o su padre por riesgo suicida, explicó:

«Algunos niños están muy tristes porque sus padres tienen TEPT, pero quieren quedarse con sus padres y no quieren dejarlos. Y solo quieren quedarse con ellos e intentar hacerlos lo más felices que puedan».

Los niños y niñas de familias monoparentales cuya madre o cuyo padre fue hospitalizado contaron que se quedaron con otros familiares. Este periodo de hospitalización generó sentimientos encontrados en los menores participantes. Algunos describieron cierto alivio, porque ahora podían «tomarse un respiro», y el consuelo de saber que su madre o su padre estaba a salvo y bien atendido. Una criatura de 9 años muestra esta tensión interna:

«He, he estado en esta situación antes, y sé lo que se siente. Y… no quiero volver a estar en ella. Pero me encanta vivir con mis (abuelos), pero… echo de menos a mi (madre o padre) todo el tiempo».

Cultura e identidad del servicio

Otro resultado fue que algunos aspectos culturales militares y EFR sustentaban las interpretaciones y reacciones de los niños y niñas o agravaban los síntomas del TEPT. En el primer tema, la ira intensa se citaba como la mayor preocupación, con un impacto emocional que despertaba miedo en los menores participantes de estas familias de servicio. Saber de los peligros del trabajo, sumado a los periodos de ausencia, generaba en los niños y niñas una ansiedad que luego se reforzaba y agravaba cuando su madre o su padre enfermaba más tarde y acababa en el hospital por riesgo suicida, lo que confirmaba su miedo a perder a esa figura parental, pérdida que atribuían a su «trabajo». Los niños y niñas hablaron de que su madre o su padre esperaba que hicieran tareas y de su rigor o disciplina en cosas así. Valores como la disciplina, la puntualidad y el uso de la ira para movilizar a la acción son aspectos culturales del condicionamiento y la identidad del servicio que afectaron de forma específica a los menores participantes en este estudio.

Se mencionaron la «ansiedad por el tiempo» y una actitud «estricta»: los niños y niñas describían que el enfoque de su progenitor de servicio respecto a esas disciplinas era más fuerte que en otras familias, con la exigencia de estar siempre a punto con poca antelación y de llegar siempre pronto a las citas y a los actos sociales, por triviales que fueran. Un niño de 9 años describió cómo la ansiedad de su progenitor por el tiempo le ponía nervioso cada mañana antes de ir al colegio:

«Sí, por la mañana a veces él… se enfada, o sea… o sea, si es hora de ir al colegio, intenta que salgamos corriendo por la puerta. Es bastante temprano y él intenta que salgamos corriendo por la puerta».

Algunos niños y niñas reflexionaron también sobre cómo la cultura y la identidad de servicio de su familia les infundían un sentimiento de orgullo, que a veces se expresaba como un afán de proteger a su madre o a su padre y sus valores de servicio. También generaban la sensación de que su familia de servicio era diferente de otras familias civiles.

Vergüenza y diferencia: dificultades sociales

Las personas participantes describieron cómo la salud mental de los niños y niñas se veía afectada por sentimientos de «vergüenza y diferencia». Los niños y niñas contaron que sentían timidez o diferencia respecto a otros chavales, por ser una familia de servicio o por el TEPT de su madre o de su padre, con una actitud protectora o defensiva hacia su progenitor. Sus problemas sociales surgían sobre todo en el colegio, pero también en actividades deportivas o reuniones sociales con amistades de la familia. Expresaron sentirse diferentes de sus pares y tener dificultades para confiar en los demás y establecer vínculos o amistades. Los problemas sociales incluían sufrir acoso escolar, tener pocas amistades, tener baja autoestima, la incomodidad, una sensibilidad excesiva, portarse mal, escaparse, proteger en exceso a sus amistades y pelearse. Un padre, figura coparental, habló de los problemas sociales de su hijo en un colegio nuevo y de la falta de apoyo que recibió:

«Era bastante frecuente [los problemas sociales del hijo], le comentamos al colegio que (la figura parental) tenía un TEPT grave y cosas así. Y la marginaron un poco, cuando nuestro hijo tenía problemas, o sea, (nuestro hijo) sufrió mucho acoso en el colegio los últimos dos años, fue muy grave».

Tema 4: conciencia del TEPT y búsqueda de ayuda

Necesidades de psicoeducación

Los progenitores contaron que les costaba entender el TEPT en primera persona, por lo que expresaron no sentirse preparados ni equipados para explicárselo a sus hijos e hijas. Para no angustiar a los menores, algunos progenitores inventaron explicaciones alternativas:

«Cuando me diagnosticaron por primera vez, en realidad no les dijimos a los críos que tenía TEPT. Cada vez que me iba al hospital, simplemente les decíamos que me iba a la escuela de policía».

Los niños y niñas contaron que sus progenitores restaban importancia a lo que ocurría, algo que percibían como incoherente con lo que observaban y vivían.

Los niños y niñas expresaron una falta de comprensión de lo que les estaba pasando a su madre o a su padre y a su familia, sobre todo a edades más tempranas. Un niño de 9 años dijo: «No sabía lo que estaba pasando ni por qué», y eso le hizo sentirse confuso y preocupado. Algunos progenitores intentaron explicar a sus hijos e hijas lo que estaba pasando, pero les resultó muy difícil y emotivo. Un padre con TEPT lo describe:

«Ni siquiera sabían que yo estaba enfermo, y fue solo la última vez, en (año), cuando les explicamos que tenía TEPT e intentamos explicarles lo que es.

P: ¿Cómo le fue con eso?

R: Encontré un libro escrito por alguien del Reino Unido que se llama «Cranky Pants». Así que les di un ejemplar y básicamente lo usé para explicarles a los críos lo que estaba pasando, y podían ver las similitudes entre el personaje del libro y yo. (El padre solloza).

P: ¿Debió de ser bastante emotivo?

R: Sí, fue bastante duro».

Algunos niños y niñas se culpaban cuando no entendían lo que estaba pasando. Un padre de servicio con TEPT explicó:

«Ella (la figura coparental) también intentaba entenderlo, supongo, entender lo que estaba pasando. También se fijó en la reacción de nuestro hijo. (Nuestro hijo) empezó a creer que, o empezó a decir que pensaba que él era la razón por la que yo no trabajaba».

Algunos niños y niñas contaron que se habían enterado del TEPT de su madre o de su padre de forma indirecta o accidental, es decir, por el cambio de comportamiento, por la necesidad de tratamiento de su progenitor (como una hospitalización) o al oír a sus progenitores o a otras personas adultas (como sus abuelos) hablar del TEPT y del bienestar de su madre o de su padre. La falta de comprensión del TEPT y de la salud mental generaba sentimientos de vergüenza en los niños y niñas, sobre todo cuando los progenitores evitaban el tema y los menores suponían que se trataba de algo vergonzoso. Quienes tenían más edad describieron también que su conciencia y su comprensión cambiaban y aumentaban a medida que crecían y vivían los efectos con el tiempo, con acceso a más información. Una joven de 17 años dijo:

«Creo que tener más conciencia sí ayudó, porque me hizo entender que esto no es algo que yo pueda controlar. Es algo con lo que papá tiene que ayudarse a sí mismo. Y quizá entender que no todo era culpa mía. Que las cosas pasan, que la gente hace cosas por motivos distintos. Que la gente dice cosas que no necesariamente quiere decir. Y sé cuándo papá está de mal humor. Sé cómo, digamos, filtrarme, ¿tiene sentido?».

Tener acceso a información o conocimientos sobre el TEPT llevaba a buscar ayuda. Los niños y niñas expresaron el deseo de acceder a más información sobre el TEPT y de recibir antes una explicación de lo que les estaba pasando a su madre o a su padre y a su familia. Los progenitores dijeron que no habían recibido ninguna psicoeducación sobre el TEPT ni sobre lo que cabía esperar, sobre todo en cuanto a los efectos en su vida familiar. Una figura coparental explicó que al principio el psiquiatra que llevaba el tratamiento les dio muy poca información sobre el TEPT, lo que les dificultó entenderlo o explicárselo a sus hijos e hijas:

«(La figura parental con TEPT) rompía algo y luego se frustraba, y no entendíamos lo que estaba pasando. Y nadie, ni siquiera el psiquiatra, nadie nos dijo: oye, esto va a afectar al funcionamiento cognitivo de (la figura parental). No lo sabíamos».

La falta de apoyo a las familias

Los progenitores con TEPT describieron las dificultades que encontraron para obtener ayuda, tanto durante el servicio como tras dejarlo. Algunas personas participantes contaron que les había costado que se reconociera su TEPT y que habían librado batallas con su empleador o con los sistemas de indemnización. Describieron dificultades para encontrar información y profesionales de la salud eficaces en su propio caso, y mucho más para sus hijos e hijas o sus parejas. Progenitores y menores subrayaron la escasez e insuficiencia de servicios de apoyo a los miembros de la familia, sobre todo para las familias de EFR. Las familias de EFR de zonas regionales parecían vivir una experiencia aún más dura, con colegios y comunidades mal preparados para comprenderlas o apoyarlas, y sentían falta de privacidad y vergüenza por el estigma percibido de la salud mental en una comunidad más pequeña. Un padre con TEPT procedente del ámbito EFR explicó cómo intentó conseguir ayuda para su familia sin éxito:

«O sea, intenté a través de la aseguradora conseguir orientación psicológica para los críos, pero la aseguradora dijo “no, nuestra obligación es con usted como trabajador lesionado, no con los niños”. O sea, intentamos argumentar que su lesión es consecuencia de la mía, así que deberían tener derecho, pero supongo que lo más importante era conseguir ayuda para los críos por el camino, y todavía no la tenemos, y es claramente algo que creo que necesitamos, poder hablar con alguien a su nivel, que les diga: vale, esto es el TEPT… porque, o sea, yo he hecho lo que he podido para explicarlo, pero al fin y al cabo yo soy la persona lesionada, no tengo la experiencia para explicarlo».

Una madre, figura coparental cuya pareja es militar, explica cómo el TEPT de su pareja ha afectado a su salud mental y a toda la familia, y que todos necesitan ayuda pero no parecen poder acceder a ella:

«Todo está dirigido al veterano y nada está dirigido a la familia. Así que, con (la figura parental con TEPT), me he dado cuenta de que él ha desencadenado mi TEPT, y por eso necesito buscar ayuda para volver a centrarme. Y entonces, si estoy pasando una temporada de baja… Y luego, claro, (menor de 10 años) imita lo que (la figura parental con TEPT) y yo hacemos, cómo estamos, y es, una vez más, daño colateral. Como la tasa de suicidio entre los veteranos, sé que es muchísimo más alta si están solos que si tienen familia, pero si tienes familia, ¿qué hay para apoyar a la familia? O sea, se espera que simplemente cuidemos de ellos, pero ¿quién cuida de nosotros?».

Un padre veterano con TEPT explica su inmenso malestar, debido a los problemas de relación en su familia y a la sensación de no poder conseguir ayuda para sí mismo y para su familia:

«Simplemente me siento solo y sentía que no recibía apoyo, que mi familia no recibía apoyo, todo se estaba viendo afectado, mi relación con mi mujer, la relación con mis hijos, y es como si estuvieras perdiendo el control de todo».

Cómo la capacidad y la estructura familiares pueden influir en la búsqueda de ayuda de los niños y niñas

Algunos niños y niñas sentían que no podían molestar a sus progenitores con sus propios sentimientos o problemas porque ya les costaba mucho gestionar los efectos del TEPT, y otros vivían que sus progenitores no estaban preparados para responder cuando planteaban problemas o pedían ayuda. Las familias monoparentales se enfrentaban a dificultades por disponer de menos recursos en términos de capacidad parental y economía. Sin embargo, la necesidad de respiro apareció tanto en familias monoparentales como biparentales: los miembros de la familia sentían la necesidad de pasar algo de tiempo lejos del entorno desregulado del hogar. La hospitalización de la madre o el padre con TEPT ofrecía a veces cierto respiro a la familia, pero también causaba una gran preocupación, sobre todo si se debía a un riesgo suicida o a un abuso de sustancias.

La capacidad de los colegios para apoyar a los hijos e hijas de familias de servicio con TEPT

El entorno escolar ponía de relieve los problemas de salud mental y de bienestar de los niños y niñas. El colegio era el primer lugar donde los menores participantes intentaban buscar ayuda o la recibían, a instancias de un docente o de su madre o padre. Los comportamientos problemáticos, los problemas emocionales, los problemas sociales o un rendimiento escolar irregular solían ser señalados por el profesorado a los progenitores o, a veces, solo a los propios niños y niñas, tras derivarlos al servicio de orientación del colegio. El profesorado o el personal de orientación escolar detectaba problemas como llegar tarde con frecuencia, no concentrarse, alterar la clase, tener estallidos de ira, mostrar una emotividad excesiva y tener problemas sociales. Tanto menores como progenitores contaron que los colegios podrían haber sido de más ayuda si hubieran comprendido mejor las necesidades de los niños y niñas que viven el TEPT parental y hubieran estado más capacitados para ofrecer apoyo o derivaciones. Muchas personas participantes señalaron que la búsqueda de ayuda a través del colegio habría sido la mejor forma de poner en marcha el apoyo al menor o a la familia. En un caso en que el colegio llevó a cabo una intervención positiva, esta fue bien recibida. Una niña de 9 años explicó por qué el enfoque de su nuevo colegio era mejor:

«La señorita (docente), mi profe de apoyo, me ayuda a quitarme los sentimientos».

Algunos progenitores dijeron que dependían del profesorado para tener alguna pista de cómo le iba a su hijo o hija, porque estaban muy ocupados haciendo frente al TEPT en casa. Cuando el colegio desconocía la vida de servicio y los efectos del TEPT, o cuando los conocía pero no tenía la preparación para gestionarlos, niños, niñas y progenitores vivían un malestar significativo y aislamiento. La falta de comprensión y de compasión que percibían en el colegio ante los problemas del menor añadía más estrés al niño o la niña y a sus progenitores. Una madre, figura coparental, comentó su frustración por la falta de apoyo a su hijo en el colegio, a pesar de haberles informado del reciente diagnóstico de TEPT de la figura parental de servicio y también de la pérdida de un ser querido, un abuelo o una abuela, durante ese periodo:

«Da la sensación de que sigue sin haber ningún apoyo. O sea, llegas allí y oh, hemos tenido un día malísimo con (su hijo), no ha hecho caso, ha distraído a la clase, ya sabe, lo hemos castigado».

Los niños y niñas expresaron que les resultaba difícil obtener ayuda a través del colegio y que sentían una falta de comprensión de su experiencia de tener una madre o un padre de servicio y de algunos aspectos culturales del servicio como el «rigor» o la disciplina, además de las dificultades emocionales y de salud mental, y desearon que se les hubiera ofrecido ayuda de forma más proactiva. Una joven de 17 años dijo:

«Ojalá en el instituto hubieran sabido: vale, tengo (una madre o un padre) militar, las cosas pueden ser un poco más difíciles. Ojalá me hubieran hecho más preguntas y como que me hubieran hecho hablar de ello, porque en realidad no estoy hablando de esto hasta ahora. Nunca he hablado de ello de verdad. Incluso ahora con los orientadores, digo por encima: sí, mi (madre o padre) estaba en el ejército. Sí, había mucha disciplina, pero no hablo de ello. Ojalá alguien como que me hubiera empujado a hacerlo. Para que ahora estuviera más bien. Ojalá hubiera habido casi como una clase a la que pudiera haber ido. Tuve que aprender sola, inventármelo. Así que ojalá no hubiera tenido que hacerlo».

La parentalización y el afán de protección como obstáculo para buscar ayuda

Algunos niños y niñas se resistían a buscar ayuda y ocultaban sus problemas para proteger a sus progenitores, y otros sentían culpa por causarles más estrés. Una joven de 17 años negaba sus propias necesidades en el instituto para proteger a su madre o a su padre con TEPT:

«Pero, otra vez, por respeto a (la figura parental con TEPT), tampoco quería ir y soltar todas mis cosas sobre lo que (la figura parental) hacía y cómo se comportaba, porque eso podía traer más problemas a casa. No quería cargar a (la figura parental) con eso, porque le haría sentirse mal por hacerme sentir mal a mí. Así que como que lo dejé estar».

Este afán de protección y la parentalización eran frecuentes en los datos y funcionaban como un obstáculo importante para que los niños y niñas buscaran ayuda. Temían que el comportamiento de su madre o de su padre pudiera malinterpretarse o juzgarse, o que su progenitor pudiera enfadarse o angustiarse y empeorar su TEPT, algo especialmente preocupante para quienes tenían una madre o un padre que había tenido tendencias suicidas en el pasado.

Discusión

Este estudio examinó las experiencias de niños, niñas y adolescentes (de 9 a 17 años) que viven con una madre o un padre de servicio con TEPT, desde la perspectiva del menor, de la figura parental con TEPT y de la figura coparental. En conjunto, las perspectivas de menores y progenitores participantes fueron complementarias y contribuyeron a un conjunto coherente de resultados. Los progenitores se mostraron conscientes de cómo vivir con el TEPT parental afecta a la salud mental y al bienestar de sus hijos e hijas y explicaron abiertamente que querían más apoyo para ellos. Los niños y niñas hablaron de sus experiencias del TEPT parental y mostraron respeto, afecto y deseo de proteger a sus progenitores.

Como han señalado varios estudios hasta la fecha, los efectos psicosociales generalizados del TEPT incluyen un «deterioro significativo en el funcionamiento personal, familiar, social, educativo, laboral o en otras áreas importantes» (WHO, 2018), incluidas las relaciones entre progenitores e hijos (Banneyer et al., 2017). La capacidad parental reducida ha sido el aspecto de la transmisión intergeneracional del trauma más discutido en la literatura sobre familias militares (Banneyer et al., 2017). En este estudio hubo pruebas claras de una capacidad parental reducida, en la que las emociones y los estados de activación desregulados de la madre o el padre con TEPT generaban una falta de estabilidad emocional para los niños y niñas. Los menores de este estudio vivían emociones parentales extremas, volátiles e imprevisibles, y expresaban preocupación por la ira que manifestaban sus progenitores y por comportamientos parentales como los gritos. La ansiedad de los niños y niñas ante estos comportamientos y la forma en que se observó que los imitaban concordaban con la literatura sobre el trauma secundario y la transmisión intergeneracional de síntomas mediante la imitación y la identificación (Diehle et al., 2017).

La capacidad parental reducida tuvo un impacto significativo en el estilo de apego de los progenitores de este estudio. Algunos niños y niñas tenían una madre o un padre con un estilo de apego evitativo, emocionalmente embotado e inaccesible cuando buscaban afecto o apoyo para otras necesidades. Otros tenían una madre o un padre con un estilo de apego ansioso, sobreprotector o incluso paranoide, pero que también podía pasar a retraerse y rechazar el afecto, lo que generaba un estilo de apego ansioso-ambivalente. El estilo de apego es un factor importante que influye en cómo la infancia aprende, a lo largo de su desarrollo, a gestionar el malestar (Bowlby, 1979) y afecta a la calidad de la comunicación entre progenitores e hijos (Zhou et al., 2021).

Según la teoría del apego, a los niños y niñas a quienes les resulta difícil interpretar las emociones y los comportamientos de sus progenitores, acceder a ellos o confiar en ellos también pueden tener dificultades en sus demás relaciones sociales como consecuencia de estilos de apego inseguros (Pearce, 2016). Los resultados de este estudio lo reflejan: varios menores tenían problemas sociales que se expresaban como desregulación emocional (llorar con facilidad o tener estallidos de ira) o como sentimientos de desconexión social y retraimiento emocional. Los resultados sobre el apego inseguro entre las personas participantes de este estudio refuerzan la literatura sobre la relación entre el TEPT parental y el apego inseguro, e instan además a desarrollar intervenciones terapéuticas que trabajen el apego seguro en los hijos e hijas de progenitores de servicio con TEPT (Rhona, 2018).

En relación con la teoría del apego y la calidad de la comunicación, los resultados de este estudio complementan también la literatura sobre cómo la transmisión del trauma de progenitores a hijos puede producirse directamente a través de la comunicación y los comportamientos, o de la falta de comunicación (Ancharoff et al., 1998). La revelación insuficiente, por parte de los progenitores, de su exposición traumática pasada y/o de un diagnóstico de TEPT aporta pruebas de este mecanismo de transmisión del trauma: esa revelación insuficiente llevaba a los niños y niñas a sentir curiosidad por lo que su madre o su padre había vivido para tener TEPT. Según lo relatado, buscaban activamente pruebas en internet, en las noticias, en películas o en otros medios, o imaginaban las exposiciones traumáticas de su progenitor, lo que puede no dar lugar a representaciones exactas, y rumiaban esas representaciones e incluso las vivían como sus propias pesadillas. Nuestros resultados incluyeron también ejemplos de trauma vicario, en los que el trauma se transmitía a través de una revelación excesiva de recuerdos traumáticos o de revelaciones parentales de ideación suicida, y también a través del acceso de los niños y niñas a materiales traumáticos de su madre o de su padre, como fotos, lo que les causaba malestar y miedo.

Los niños y niñas mencionaron darse cuenta de cuándo su madre o su padre restaba importancia a su salud mental o daba explicaciones «inventadas» para los estallidos emocionales o las ausencias, y esta incoherencia o «encubrimiento» percibido les generaba ansiedad. Expresaron que les gustaría una mayor revelación, es decir, más explicaciones e información sobre el TEPT, sus causas y cómo afecta a sus progenitores y a su familia. Esto pone de relieve la importancia de ofrecer explicaciones o psicoeducación adecuadas al desarrollo, de forma continuada a lo largo de la vida, ya que los efectos pueden cambiar con el tiempo, lo que respaldan estudios recientes que constatan la falta de recursos adecuados a la edad y a la cultura para los hijos e hijas de familias militares, que les den capacidad de agencia mediante relatos reconocibles (Rogers & Bird, 2020; Rogers et al., 2019). Recientemente se ha creado un conjunto de recursos para niños y niñas de 2 a 8 años sobre la vida militar que incluye un recurso sobre el TEPT parental (Rogers et al., 2022; Rogers, 2022).

Los resultados también ponen de relieve que los niños y niñas necesitan que sus progenitores encuentren un equilibrio entre revelar demasiado poco y revelar demasiado sobre la exposición traumática pasada, es decir, que les ofrezcan contexto, pero con un mínimo de detalles del contenido traumático. Es importante que el contexto de la exposición traumática que se ofrezca incluya la finalidad y el sentido de la tarea y del entorno vinculados al servicio (Bruning, 2018). Ello apoyaría la curiosidad y la comprensión del niño o la niña y le ayudaría a dar sentido al TEPT de su madre o de su padre. También ayudaría a evitar que asocien imágenes falsas (imaginadas o sacadas de los medios) al dolor de su progenitor y, con ello, a protegerles de la traumatización vicaria. De este modo, la exposición es más controlada, contenida y significativa, y podría contar con el apoyo de terapeutas (Bruning, 2018).

En este estudio se hizo evidente la transmisión indirecta del trauma como resultado de un entorno doméstico cambiado, que incluía la dinámica familiar, el conflicto entre los progenitores, los cambios de rol y el modelado. Esto respalda la literatura sobre la transmisión indirecta a partir del contexto familiar (Dekel & Goldblatt, 2008; Sayers et al., 2009). En este estudio era evidente el fenómeno de los niños y niñas que asumen tareas de cuidado o responsabilidades parentales o adultas, conocido como parentalización o adultificación, del que se ha demostrado que es frecuente en hijos e hijas de una madre o un padre con una enfermedad mental (Van Loon et al., 2017). La parentalización era evidente, en mayor o menor grado, en todos los menores, pero era más intensa en las familias monoparentales, e iba desde asumir un papel de cuidado (apoyar el cumplimiento del tratamiento médico o proteger a hermanos y hermanas menores) hasta aprender a no sorprender de repente a la madre o al padre con un contacto o un ruido fuerte, lo que los niños y niñas solían llamar «gestionar los desencadenantes». La parentalización parecía ser un comportamiento adaptativo o de afrontamiento de los niños y niñas; sin embargo, se constató también que la responsabilidad añadida aumentaba su propio estrés o ansiedad. El afán de los niños y niñas por proteger a su madre o a su padre (otra forma de parentalización) interfería en la búsqueda de ayuda. Explicaron que les daba miedo pedir ayuda, porque no querían causar más estrés a sus progenitores llamando la atención, sin querer, sobre sus problemas. Esto hacía que tuvieran menos disposición a buscar ayuda, un resultado que debería orientar las políticas y los servicios para esta infancia.

Otro resultado clave de este estudio fueron las pruebas de efectos en el bienestar infantil. Los sentimientos que los niños y niñas asociaban a sus experiencias del TEPT parental, sobre todo la ansiedad, daban lugar a problemas emocionales y conductuales, lo que respalda la literatura previa (Daraganova et al., 2018; Fear et al., 2018; Linkh, 2006; May et al., 2023). Un resultado novedoso fue que menores y progenitores de este estudio dudaban de la exactitud del diagnóstico de salud mental, formal o sugerido, del niño o la niña, que solía ser TDAH en los niños de primaria y TLP en las adolescentes. Se trata de errores de diagnóstico habituales en los cuadros traumáticos (D’Andrea et al., 2012; Van der Kolk, 2017). Probablemente se debe a que a los niños se les diagnostican con más frecuencia trastornos «exteriorizados» y a las niñas trastornos «interiorizados» (Mayes et al., 2020), lo que acentúa la importancia de que los estudios futuros incluyan la prevalencia para establecer el riesgo, los tipos y las tasas de trastorno en esta infancia.

No se han realizado estudios exhaustivos de prevalencia sobre los hijos e hijas de progenitores de servicio con TEPT (militares o EFR), y los instrumentos psicométricos y la evaluación del trauma secundario o vicario no están fácilmente disponibles ni asentados en la práctica clínica. Sabemos que los problemas de salud mental parentales aumentan el riesgo de problemas de salud mental infantiles en la población general (Weissman et al., 2016). También sabemos que hay más problemas de salud mental en los hijos e hijas adultos de progenitores militares con TEPT (O’Toole et al., 2017). Y sabemos que los problemas emocionales y conductuales son más fácilmente identificables en los hijos e hijas de progenitores EFR o militares con TEPT (Daraganova et al., 2018; Fear et al., 2018; Linkh, 2006; May et al., 2023). Pero esta base de conocimientos es insuficiente para orientar políticas, servicios de apoyo e intervenciones de amplio alcance.

Los niños y niñas de este estudio vivieron ansiedad y miedo a la separación después del servicio, igual que en un estudio sobre familias de EFR afectadas por los atentados del 11-S contra el World Trade Centre (Linkh, 2006). Estos menores tienen experiencias previas de miedo ante los peligros inherentes al servicio de su madre o de su padre y experiencias previas de ansiedad por separación cuando su progenitor estaba ausente por despliegues (locales o en el extranjero) (Rogers, 2020; Siebler, 2009; Wells et al., 2022a). La ausencia de los progenitores, emocional o física, después del servicio a causa del TEPT refuerza los recuerdos de los niños y niñas e intensifica los sentimientos asociados de ansiedad y miedo (Brooks, 1981). Es necesario reconocerlo al apoyar a esta infancia.

El miedo de los niños y niñas a la pérdida y sus experiencias de la suicidalidad parental les resultan traumáticos, incluso sin la tragedia de un suicidio consumado. Es especialmente importante subrayarlo a la vista de la Royal Commission australiana sobre el suicidio en Defensa y entre veteranos y veteranas, una investigación nacional. Este estudio respalda la literatura sobre los riesgos de suicidio derivados del trauma moral y de los efectos interpersonales (Jamieson et al., 2020). Muestra cómo las dificultades interpersonales de los progenitores de servicio con TEPT, la culpa por los efectos en sus hijos e hijas y en su pareja y la frustración ante la dificultad de conseguir ayuda para ellos aumentan el malestar y el riesgo de suicidio y, en consecuencia, angustian a los niños y niñas. A las familias de EFR les resultaba aún más difícil conseguir ayuda para sus hijos e hijas o sus parejas, porque no existe financiación pública establecida para las familias de los miembros EFR lesionados, ni durante el servicio ni después. Los apoyos han mejorado para los familiares de veteranos y veteranas, que pueden acceder a cierta orientación psicológica a través del organismo del Departamento de Asuntos de los Veteranos, Open Arms, en Australia, con limitaciones de elegibilidad; pero los familiares de EFR disponen de muy pocos servicios, en una estructura EFR administrada por los estados, con sistemas de apoyo para el personal en activo a través del servicio de salud mental de la organización para su plantilla, normalmente llamado Programa de Asistencia al Empleado (EAP), o para el personal lesionado a través de los sistemas de seguros, algo similar a lo que ocurre en Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos (Alrutz et al., 2020; May et al., 2023).

Los resultados de este estudio se encuentran entre los primeros que identifican explícitamente los mecanismos de transmisión intergeneracional del trauma en las familias de servicio, detallando los mecanismos directos e indirectos y los resultados en la infancia en forma de trauma vicario, secundario y moral. En este estudio se identificó también la transmisión del trauma moral de progenitores a hijos (Jones, 2018): algunos menores reflejaban la visión del mundo de su madre o de su padre, hecha de vergüenza, traición, abandono, incomprensión, falta de reconocimiento y desconexión de su comunidad, y se sentían sin esperanza o sin poder para cambiarlo (Jamieson et al., 2020). La construcción de sentido, para mejorar su comprensión, su sentido de propósito y el relato que subyace a sus experiencias del TEPT parental, debe formar parte de las intervenciones dirigidas a los hijos e hijas de familias de servicio para abordar el trauma moral y apoyar su bienestar (Bruning, 2018).

En nuestros resultados sobre la búsqueda de ayuda, un ámbito central fue el entorno escolar, en consonancia con la literatura (Esqueda et al., 2012; Garner & Nunnery, 2018; Macdonald, 2017; Macdonald & Boon, 2014; Rogers et al., 2021; Wells et al., 2022b). Los progenitores contaron que a menudo no se daban plenamente cuenta de que sus hijos e hijas tenían problemas emocionales o conductuales hasta que el profesorado y el personal escolar lo señalaban. Describieron muchos ejemplos de colegios que no comprendían las dificultades del menor y de la familia ni ofrecían apoyo, incluso cuando se las habían comunicado, lo que plantea la cuestión de la falta de capacidad de los colegios y de su personal de orientación. Mejorar la capacidad de los colegios para apoyar a los hijos e hijas de familias de servicio fue también un resultado respaldado por la literatura, e incluye la necesidad de conocimientos y prácticas sobre la cultura del servicio en los centros escolares (Macdonald, 2017). Algunos menores dijeron que participar en esta investigación era la primera vez que alguien les preguntaba cómo les afectaba el TEPT de su madre o de su padre de servicio, y explicaron que más información y más ayuda para ellos y para sus progenitores les habrían facilitado hablar del tema. Esto respalda la necesidad, señalada por los progenitores, de políticas y prácticas que doten a los colegios y a los servicios de más guías informativas y programas sobre el TEPT parental en las familias de servicio.

Los recursos desarrollados recientemente para profesionales de la educación y familias de niños y niñas de 2 a 8 años sobre la vida militar y el TEPT parental ayudarán a apoyar parte de este conocimiento en Australia y, ojalá, a las familias de EFR en el futuro (Rogers et al., 2022; Rogers, 2022). La Australian Defence Force ha financiado también un programa llamado anteriormente Defence School Transition Aides y, más recientemente, Defence School Mentors, que se centra en los hijos e hijas del personal de Defensa en activo, y sobre todo en los periodos de despliegue; sin embargo, la investigación indica que este programa podría ampliarse para apoyar a otros niños y niñas cuyos progenitores pasan largos periodos fuera, como los de familias de EFR (Macdonald, 2017), y también necesita ampliarse para apoyar, por ejemplo, a los hijos e hijas de veteranos y veteranas o de EFR lesionados con TEPT.

Este estudio revela el efecto adicional de la cultura y la identidad del servicio en la forma en que el TEPT parental afecta a un niño o una niña en las familias de servicio. Dado que las emociones intensas como la «ira» son una respuesta de combate entrenada ante la amenaza en profesiones como la militar y la policial, se convierten en una respuesta automática a los recuerdos traumáticos (Lane et al., 2021). En este estudio, los niños y niñas señalaron que la ira y los gritos son una de sus mayores preocupaciones. Los estados emocionales y de activación fluctuantes, como los altos niveles de ira en progenitores de servicio con TEPT, fatigan de hecho el sistema nervioso y se convierten en reacciones automáticas, difíciles de cambiar en la edad adulta (Lawrence-Wood et al., 2021; Van der Kolk, 2015), que acaban modelándose o transmitiéndose a los niños y niñas en el entorno de crianza (Diehle et al., 2017; Parsons et al., 2018). Este resultado importante debe aplicarse, con conciencia de la cultura del servicio, al diseño de intervenciones para los hijos e hijas de familias de servicio y para sus progenitores, a fin de ayudarles a aprender nuevas habilidades para gestionar y regular sus emociones y comportamientos.

Los miembros de las familias que buscaban ayuda en este estudio contaron que habían vivido una gran carencia de servicios culturalmente sintonizados y adecuados para su hijo o hija y su familia. La literatura confirma también la escasez de investigación sobre intervenciones terapéuticas diseñadas y evaluadas para apoyar el bienestar de los hijos e hijas de progenitores de servicio con TEPT (Ohye et al., 2017; Rogers et al., 2021). La literatura recomienda que la comprensión de la «competencia cultural militar o del servicio» sea un aspecto clave del diseño y el desarrollo de tratamientos eficaces para el personal de servicio y sus familias (Cramm et al., 2021; Lane et al., 2021; Ohye et al., 2017; Tam-Seto et al., 2019).

Este estudio presenta varias fortalezas y limitaciones. La pandemia de COVID-19 dificultó el reclutamiento y, aunque el tamaño de la muestra de 17 participantes era suficiente para el diseño del estudio, un estudio más amplio podría aportar mayor confianza y transferibilidad a los resultados. Recomendamos también un estudio más amplio con métodos mixtos sobre las experiencias y también sobre la prevalencia de la transmisión intergeneracional en los hijos e hijas de familias de servicio, para comprender mejor el riesgo, los tipos y las tasas de trastorno. Aunque el rango de edad de los menores de este estudio se limitó a 9-17 años por razones metodológicas y éticas, no se considera una limitación importante, ya que la voz de la infancia en general rara vez se incorpora a la investigación de este tipo, y la mayoría de los estudios sobre familias militares o de EFR se centran en hijos e hijas adultos.

Se han publicado muy pocos estudios en el mundo que hayan examinado las experiencias de la infancia desde la perspectiva del propio menor, de la figura parental de servicio con TEPT y de la figura coparental. En este estudio, el TEPT parental se determinó a partir del autoinforme y no se exigió una prueba del diagnóstico para participar. Se adoptó este enfoque para aumentar la participación y reducir el riesgo de malestar para la familia. Dado que el estudio se centra en el TEPT parental, sus resultados no pueden generalizarse a las comorbilidades del TEPT ni a otros trastornos de salud mental vinculados al servicio. Una fortaleza importante de este estudio son las personas participantes, que relataron con franqueza y emoción sus propias experiencias personales como hijos e hijas y como progenitores. Las personas participantes, incluidos niños y niñas de tan solo 9 años, expresaron que querían participar en la investigación con la esperanza y el objetivo de que compartir sus historias pudiera contribuir a mejorar los servicios de apoyo para otras familias, y para sus hijos e hijas, que viven con un TEPT relacionado con el servicio.

Conclusión

Este estudio aporta resultados empíricos novedosos sobre las experiencias de la infancia ante el TEPT parental en las familias de servicio, integrando las perspectivas de niños y niñas, de figuras parentales de servicio con TEPT y de figuras coparentales. Pone de relieve también el papel de la capacidad parental reducida en la transmisión del trauma de progenitores a hijos y enriquece nuestra comprensión de los mecanismos de transmisión del trauma en las familias de servicio, incluidos mecanismos propios relacionados con la cultura del servicio. Especialmente importante para la investigación futura y para el diseño de intervenciones es el efecto del condicionamiento y la cultura del servicio militar y EFR en el agravamiento de la sintomatología del TEPT, sobre todo la desregulación emocional y el consiguiente deterioro del funcionamiento familiar. Los resultados sobre la falta de apoyos disponibles específicos y culturalmente orientados a los hijos e hijas de familias de servicio implican la necesidad de más investigación y de cambios en las políticas para apoyar el desarrollo de intervenciones y programas terapéuticos para las familias de servicio con TEPT y sus hijos e hijas.

Complexe Systémique: puntos clave

El estudio tiene el mérito de dar la palabra a los propios niños y niñas, y lo que dicen se lee muy bien en clave sistémica. El trauma no pasa solo de un psiquismo a otro: circula a través de los patrones relacionales, la alternancia imprevisible de ira y retraimiento, el silencio sobre lo ocurrido, los roles que se invierten cuando el niño o la niña «gestiona los desencadenantes» y protege a su madre o a su padre hasta el punto de ocultar su propio malestar. La cultura de la institución, la disciplina, la puntualidad, la ira aprendida como respuesta a la amenaza, entra también en la familia. Para la práctica clínica destacan tres referencias: pensar en toda la familia y no solo en el miembro lesionado, ayudar a los progenitores a dar a sus hijos e hijas un relato que ofrezca contexto y sentido sin los detalles, y buscar, detrás de las etiquetas de TDAH o de trastorno límite, lo que puede ser una adaptación a un clima traumático; el colegio es a menudo la primera puerta de entrada. Conviene, no obstante, actuar con prudencia: 17 entrevistas, un TEPT autodeclarado y no verificado, personas entrevistadas de familias distintas, una lectura centrada sobre todo en el apego y el contexto australiano. Para leer junto con el artículo sobre la AEAI para romper el ciclo del trauma intergeneracional y el artículo sobre la experiencia emocional de la parentalización.

Notas del original

Agradecimientos. Damos las gracias y dedicamos este artículo a los niños, niñas y progenitores participantes que compartieron generosamente con el equipo investigador sus historias y experiencias con la esperanza de ayudar a otras personas. Agradecemos la financiación de la beca de doctorado AVM Brent Espeland por parte de Military and Emergency Services Australia, una organización benéfica de The Hospital Research Foundation Group.

Financiación. Financiación en acceso abierto facilitada y organizada por CAUL y sus instituciones miembros.

Conflicto de intereses. La autoría declara no tener intereses en conflicto.

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Traducción no oficial al español de Experiences of Parental PTSD for Children Aged 9–17 in Military and Emergency First Responder Families, de Karen May, Miranda Van Hooff, Matthew Doherty y Drew Carter, Journal of Child and Family Studies, vol. 32, n.o 12 (2023), doi: 10.1007/s10826-023-02669-y, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Este es el artículo original «Experiences of Parental PTSD for Children Aged 9–17 in Military and Emergency First Responder Families», publicado en Journal of Child and Family Studies (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido al español por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: traducción no oficial, adaptada para su lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

May, K., Van Hooff, M., Doherty, M., y Carter, D. (2023). Experiences of Parental PTSD for Children Aged 9–17 in Military and Emergency First Responder Families. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/experiences-of-parental-ptsd-for-children-in-military-and-first-responder-families (Obra original publicada en 2023 en Journal of Child and Family Studies, 32(12), 3816-3834 (2023); republicada en 2023 por Journal of Child and Family Studies, https://link.springer.com/article/10.1007/s10826-023-02669-y)

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