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Contemporary Family Therapy · Terapia familiar

Factores de resiliencia en la sanación de la pareja tras una infidelidad: un estudio de análisis cualitativo deductivo

¿Cómo consiguen reconstruirse las parejas que siguen juntas después de una infidelidad? El equipo de Stephen Fife, en la Texas Tech University, volvió a analizar entrevistas realizadas a 31 parejas a la luz de los factores de resiliencia descritos en la literatura. El equipo encuentra cuatro de ellos, la comunicación abierta, la sanación individual, la construcción de sentido y la normalidad reinventada, e identifica otros tres: la sanación relacional, la terapia y el carácter continuo y no lineal del camino recorrido.

Autoría Stephen Fife, Ashley Bloomberg, Shi’Anne Swift, Emily Cook y Angelina Ramos (Texas Tech University, Lubbock, EE. UU.)Primera publicación Contemporary Family Therapy, 3 de junio de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Resilience Factors in Couple Healing from Infidelity: A Deductive Qualitative Analysis Study, de Stephen Fife, Ashley Bloomberg, Shi’Anne Swift, Emily Cook y Angelina Ramos, publicado en Contemporary Family Therapy (Springer) (2026), doi: 10.1007/s10591-026-09785-z, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

En definitiva, este estudio subraya que la resiliencia tras una infidelidad se construye entre dos y exige crecimiento y cambio por parte de ambos miembros de la pareja.

Stephen Fife, Ashley Bloomberg, Shi’Anne Swift, Emily Cook y Angelina Ramos

Resumen

La infidelidad es una de las crisis relacionales más importantes y, sin embargo, muchas parejas consiguen reconstruir su relación. La literatura existente se ha centrado sobre todo en la resiliencia individual, dejando poco explorados los procesos relacionales. Este artículo presenta los resultados de un estudio que utilizó el análisis cualitativo deductivo (DQA), una metodología cualitativa concebida para poner a prueba y refinar teorías (Author, 2024). Desde una epistemología constructivista, utilizamos los procedimientos del DQA para explorar de qué manera los factores de resiliencia contribuyen al proceso de sanación de las parejas que han seguido juntas tras una infidelidad. Se analizaron entrevistas en profundidad con 31 parejas, en las que se identificaron tanto indicios de constructos de resiliencia ya establecidos (análisis deductivo) como temas de resiliencia adicionales (identificados inductivamente), centrales en el proceso de recuperación tras una infidelidad. Los resultados del estudio señalan seis componentes nucleares de la resiliencia de pareja. Además de confirmar algunos constructos de resiliencia identificados previamente (comunicación abierta, sanación individual, construcción de sentido y normalidad reinventada), el análisis reveló los constructos adicionales de la terapia,la sanación relacional y la importancia de la sanación como proceso continuo, lo que ofrece una ilustración más precisa de cómo se pone en práctica la resiliencia después de una infidelidad. A medida que el personal clínico comprenda y cultive la resiliencia relacional con su clientela, podrá ayudar con mayor eficacia a las parejas a transitar el proceso de sanación tras una infidelidad.

Palabras clave: infidelidad, parejas, resiliencia, sanación relacional, terapia

Introducción

La infidelidad es una de las rupturas relacionales más importantes a las que puede enfrentarse una pareja, con consecuencias emocionales, relacionales y sistémicas duraderas (Rokach & Chan, 2023). Investigaciones recientes indican que la infidelidad afecta a entre el 20 y el 50% de las relaciones de compromiso, en contextos sexuales, emocionales, mixtos y en línea (Wdowiak et al., 2024), y sigue siendo uno de los principales motivos por los que las parejas ponen fin a su matrimonio (Rokach & Chan, 2023). Aunque muchas parejas terminan su relación tras una infidelidad, otras intentan seguir juntas e inician un proceso de sanación no lineal, moldeado por múltiples factores relacionales e individuales (Author, 2024; Mitchell et al., 2026). Mientras las parejas trabajan para recuperarse y sanar de la infidelidad, tanto la resiliencia individual como la relacional se vuelven esenciales. Pese a la prevalencia de la infidelidad y a su profundo impacto en las relaciones, la literatura existente sobre la resiliencia ha puesto el acento sobre todo en la adaptación individual (por ejemplo, estrategias de afrontamiento, autorregulación o crecimiento personal) más que en los procesos diádicos (Afifi, 2018; Olekalns et al., 2020). Se dispone de relativamente poca información empírica sobre cómo funciona la resiliencia en el plano de la pareja, en particular sobre cómo trabajan juntos sus integrantes para reconstruir la confianza, restablecer la seguridad y reorganizar su relación tras la ruptura. Se trata de una laguna crucial, tanto en los marcos teóricos de la resiliencia como en las intervenciones clínicas destinadas a apoyar la resiliencia de las parejas en el proceso de sanación tras una infidelidad.

La definición operativa de la resiliencia sigue siendo objeto de debate, y un número creciente de investigaciones la examina desde una perspectiva multidisciplinar e identifica los factores que contribuyen a ella en distintos entornos (Allen et al., 2010; Herrman et al., 2011). En general, la resiliencia se entiende como la capacidad de recuperarse y adaptarse ante las dificultades, que permite a las personas preservar o restablecer su bienestar pese a la adversidad (Herrman et al., 2011; U.S. Department of State, 2018). Sin embargo, los procesos que facilitan la resiliencia relacional pueden ser distintos de los que sostienen el bienestar individual. En el plano de la familia y de la pareja, la resiliencia se entiende como coconstruida e interaccional, moldeada por la comunicación, la construcción compartida de sentido y la capacidad de respuesta de cada miembro de la pareja (Afifi et al., 2025). Además, un conjunto creciente de investigaciones destaca que la resiliencia en la pareja implica participar en procesos intencionales, recíprocos y colaborativos (Afifi, 2018; Kumar et al., 2023; Olekalns et al., 2020), como comunicar abiertamente el estrés, ofrecer respuestas de apoyo y practicar el afrontamiento diádico y la resolución conjunta de problemas para afrontar juntos las dificultades. Comprender estos procesos es especialmente importante para el personal clínico, ya que las parejas acuden con frecuencia a terapia tras una infidelidad y desean marcos claros para la reparación (Author, 2007). Identificar los factores asociados a la resiliencia relacional puede proporcionar a quienes ejercen la clínica orientaciones con base empírica y ampliar los modelos teóricos de la resiliencia para incluir factores relacionales.

El objetivo de este estudio era examinar cómo opera la resiliencia en parejas que han vivido una infidelidad. Para ello, utilizamos el análisis cualitativo deductivo (DQA) con el fin de evaluar si los constructos sensibilizadores de la resiliencia identificados en la literatura previa están presentes en el proceso de sanación de la pareja, permitiendo al mismo tiempo la emergencia de nuevos constructos ligados al contexto de la infidelidad. Al anclar el análisis en los relatos de las personas participantes, este estudio pretende ampliar la comprensión empírica y teórica de la resiliencia y aportar a la vez elementos de interés clínico para apoyar la reparación relacional tras una infidelidad.

Revisión de la literatura

La resiliencia se ha estudiado ampliamente en entornos muy diversos, y la investigación sobre por qué algunas personas o familias son resilientes ha permitido comprender cómo se adapta la gente ante la adversidad. La investigación sobre la resiliencia subraya sistemáticamente que no es un rasgo estático, sino un proceso dinámico influido por el contexto, los recursos y los apoyos relacionales. Por ejemplo, trabajos recientes en la investigación sobre el autismo han ido más allá de los modelos centrados en el déficit al proponer un marco de resiliencia que ilustra mejor las trayectorias de desarrollo adaptativas y la heterogeneidad entre lactantes de alto riesgo (Stallworthy & Masten, 2023). La investigación en el ámbito laboral ilustra también esta naturaleza dinámica, al mostrar que la resiliencia relacional depende de factores temporales como el momento de la expresión emocional, la madurez relacional y el proceso de construcción conjunta de sentido, que influyen en cómo surgen y se reparan las fracturas relacionales (Olekalns et al., 2020). Del mismo modo, una investigación con estudiantes universitarios constató que la resiliencia emocional moderaba significativamente el impacto de los acontecimientos vitales negativos sobre el estado de ánimo, lo que respalda la idea de que la resiliencia puede fluctuar según las circunstancias y pone de relieve su papel fundamental en el mantenimiento del bienestar emocional (Li et al., 2020). La resiliencia también se ha examinado en contextos diversos, como el trauma, la enfermedad crónica, las grandes transiciones vitales, las personas veteranas del ejército y los factores de estrés familiares (Brown et al., 2022; Cole et al., 2024; Ferguson & Walker, 2014; Kumar et al., 2024). La literatura más reciente conceptualiza cada vez más la resiliencia como un proceso continuo y dinámico, moldeado por las capacidades individuales, los apoyos relacionales y los recursos del entorno en sentido amplio (Herrman et al., 2011; Olekalns et al., 2020).

La investigación sobre la exposición infantil al trauma, en particular a la guerra, las catástrofes naturales, las pandemias y el maltrato, subraya el papel central del apoyo relacional y de la construcción de sentido en una recuperación adaptativa (Bogar & Hulse-Killacky, 2006; Dixit & Sahu, 2022; McFarlane & Van Hooff, 2009; Masten & Narayan, 2012; Wickrama & Kaspar, 2007). Por ejemplo, la infancia expuesta a crisis de gran escala mostraba una mayor estabilidad psicológica cuando contaba con el apoyo de personas cuidadoras y de sus iguales, lo que pone de relieve hasta qué punto la resiliencia está inscrita en sistemas relacionales y contextuales (Masten, 2021). Del mismo modo, los estudios sobre personas supervivientes de abuso sexual en la infancia conceptualizan la resiliencia como un proceso que dura toda la vida, sostenido por estrategias de afrontamiento, la espiritualidad y entornos relacionales positivos (Francis-Laughlin & Rusca, 2020).

La investigación sobre grandes transiciones vitales como el embarazo, el divorcio y el envejecimiento ilustra además que la resiliencia se refuerza mediante la satisfacción relacional, la autocompasión, el apoyo social y una comunicación adaptativa (Greeff & Van Der Merwe, 2004; Kumar et al., 2023; Resnick, 2008). Por ejemplo, la resiliencia familiar tras un divorcio se asocia al apoyo intrafamiliar, a la comunicación abierta y a los recursos religiosos o comunitarios, lo que subraya la naturaleza sistémica de la adaptación (Frisby et al., 2012; Gurgan, 2020). Los estudios sobre familias de militares muestran igualmente que la resiliencia se sostiene mediante el afrontamiento comunitario, la construcción de sentido y una comunicación intencional frente a factores de estrés relacional crónicos (Afifi, 2018; Cole et al., 2024). En todos estos contextos, la resiliencia aparece sistemáticamente como un proceso continuo, inscrito en las relaciones y multifacético, moldeado por los vínculos sociales, el afrontamiento adaptativo, la construcción colaborativa de sentido y los recursos del entorno, y no únicamente por rasgos individuales (Herrman et al., 2011; Olekalns et al., 2020). La resiliencia también se ha conceptualizado en el marco de los sistemas familiares a través de la obra de Froma Walsh, que describe la resiliencia familiar como un proceso dinámico que permite a las familias adaptarse a la adversidad y recuperarse de ella (Walsh, 2003). Este marco pone el acento en procesos clave como la construcción de sentido, la flexibilidad, la conexión y una comunicación clara, y subraya que la resiliencia se forja en las interacciones relacionales en lugar de existir únicamente en el individuo (Walsh, 2016). Desde esta perspectiva, la resiliencia está inscrita en sistemas relacionales y contextuales más amplios.

La teoría de la resiliencia y la carga relacional (Theory of Resilience and Relational Load, TRRL) ofrece un marco sistémico para comprender la resiliencia en los contextos relacionales (Afifi et al., 2016). Un aspecto central de la TRRL es la premisa de que la resiliencia surge de una inversión relacional continua, del desarrollo de un «nosotros» compartido y de un mantenimiento constante de la comunicación, factores que reducen la tensión relacional. El concepto de carga relacional recoge el estrés acumulado que las dificultades crónicas imponen a los sistemas de pareja y de familia, y subraya la importancia de procesos relacionales proactivos para sostener el bienestar. La TRRL integra la comunicación, la comprensión relacional y los procesos fisiológicos de estrés para explicar por qué algunas relaciones prosperan pese a la adversidad. La TRRL resulta pertinente para las parejas que afrontan una infidelidad, ya que pone el acento en el afrontamiento comunitario, la inversión relacional y la construcción compartida de sentido como mecanismos que reducen la tensión y favorecen la recuperación.

Infidelidad y resiliencia

La infidelidad constituye una crisis relacional singular en la que la resiliencia debe gestionarse tanto en el plano individual como en el diádico. La persona agraviada experimenta a menudo síntomas traumáticos ligados a la traición, entre ellos emociones y estrés intensificados, depresión, ansiedad, inseguridad, pérdida de confianza y respuestas de estrés postraumático tras la infidelidad (Anderson, 2025; Author et al., 2022; Author et al., 2023; Lonergan et al., 2021). La recuperación requiere a menudo un equilibrio entre el afrontamiento personal y la construcción conjunta de sentido, en la que el apoyo social, la espiritualidad y la terapia son recursos importantes. Procesos de nivel individual como la autocompasión y el autoperdón desempeñan un papel decisivo en la resiliencia tras una infidelidad (Cornish et al., 2020). En el plano relacional y sistémico, Olson et al. (2002) y Vossler y Moller (2020) identificaron estrategias de afrontamiento centradas en el procesamiento emocional y la resiliencia psicológica tras la revelación de una infidelidad, en las que el apoyo social y la construcción de sentido aparecían como centrales para reducir el malestar y sostener la recuperación. Las parejas recurren con frecuencia al afrontamiento centrado en las emociones y encuentran sentido en su descendencia o en el crecimiento personal como parte del proceso de sanación. Un estudio cualitativo que examinó tanto a la persona herida como a la persona implicada en la infidelidad pone de relieve la naturaleza compleja y relacional de la recuperación tras una aventura, y subraya la importancia de la comunicación, la reconstrucción de la confianza y de la seguridad, el perdón y el apoyo terapéutico para facilitar la sanación (Mitchell et al., 2022).

En síntesis, la literatura revisada caracteriza sistemáticamente la resiliencia como un proceso dinámico y dependiente del contexto, moldeado por las fortalezas individuales, los apoyos relacionales y las prácticas de construcción de sentido. Ya sea en respuesta a un trauma, a una enfermedad, a un divorcio o a una traición relacional, la resiliencia es un proceso multifacético que se nutre de los vínculos sociales, las estrategias de afrontamiento y una comunicación adaptativa que ayudan a las personas y a las familias a sostener su bienestar. Aunque hay pocas investigaciones centradas directamente en el papel de la resiliencia en la sanación tras una infidelidad, la literatura existente sugiere que la resiliencia en el contexto de una traición relacional implica procesos tanto individuales como relacionales. Sin embargo, las formas en que la resiliencia se manifiesta dentro de la relación de pareja siguen poco exploradas. Esta laguna pone de relieve la necesidad de comprender mejor cómo se pone en práctica la resiliencia en las parejas que atraviesan una infidelidad. El objetivo del presente estudio era examinar los factores clave de la resiliencia en parejas que sanan de una infidelidad.

Método

Muestra

El presente estudio utilizó una muestra de 31 parejas que mantenían una relación heterosexual con una pareja sentimental (véase la tabla 1). Los criterios de inclusión eran deliberadamente amplios en cuanto al tipo de infidelidad: se permitió que las personas participantes indicaran por sí mismas si habían vivido una infidelidad, en lugar de restringir la admisión a categorías predefinidas. Este enfoque permitió un equilibrio entre homogeneidad y heterogeneidad de las personas participantes, lo que hizo posibles comparaciones significativas entre parejas y, a la vez, el examen de las diferencias entre sus experiencias. La diversidad resultante de la muestra permitió examinar tanto las similitudes como las variaciones en la resiliencia y la sanación de las distintas parejas. El miembro no infiel de la pareja (NSP, non-straying partner) designa a quien no cometió la infidelidad, mientras que el miembro infiel (SP, straying partner) designa a quien la cometió. Reconocemos que términos como «infiel» y «no infiel» pueden tener connotaciones no deseadas o patologizantes; sin embargo, estas etiquetas se utilizaron para diferenciar los papeles de cada miembro de la pareja en relación con el episodio de infidelidad y para mantener la coherencia con la manera en que las personas participantes describían sus experiencias. Esta distinción era especialmente importante dado que las personas participantes describían con frecuencia la infidelidad como una herida relacional, en la que atribuir la culpa a una sola parte se vivía a menudo como poco útil; en su lugar, ponían el acento en la asunción de responsabilidad y la transparencia.

En esta muestra, 25 parejas estaban casadas, 4 mantenían una relación de noviazgo comprometida, una pareja estaba prometida y otra se definía como en una relación ambigua. De las 31 parejas, en 25 el SP era el hombre, en 3 el SP era la mujer y en 3 ambos miembros de la pareja habían cometido una infidelidad. Los tipos de infidelidad incluían la infidelidad emocional (en persona y en línea), la sexual, la compra de servicios sexuales, el contacto digital con trabajadoras sexuales sin llegar a ningún acto, el sexting y el consumo de pornografía. En el momento de la recogida de datos, las parejas llevaban juntas entre 5 y 51 años, con una media de 28 años. Las personas participantes indicaron que la primera infidelidad identificada se produjo, de media, a los 7,0 años de relación (SD = 6.2), con una duración que iba de 2 días a 27 años (n = 28). La mayoría de las parejas participantes estaban casadas en el momento de la recogida de datos (80,6 %, n = 25). En la mayoría de los casos, el SP era el hombre (80,6 %, n = 25), mientras que la infidelidad únicamente femenina y la infidelidad mutua eran menos frecuentes (9,7 % cada una, n = 3). Entre las personas participantes que indicaron su raza u origen étnico (n = 53), la mayoría se identificaba como blanca (69,8 %, n = 37), seguidas de las personas hispanas/latinas (17,0 %, n = 9). La mayoría de las personas participantes que indicaron una pertenencia religiosa se identificaban como cristianas (68,5 %, n = 37).

La infidelidad sexual física era la forma de infidelidad más mencionada (74,2 %, n = 23), seguida de la infidelidad emocional (54,8 %, n = 17). Las personas participantes mencionaron también una infidelidad relacionada con la pornografía (25,8 %, n = 8) y una infidelidad en línea o por internet (22,6 %, n = 7). Casi dos tercios de las personas participantes indicaron haber vivido varias formas de infidelidad (64,5 %, n = 20). La mayoría de las personas participantes señalaron haber seguido algún tipo de terapia tras la infidelidad (80,6 %, n = 25). Entre quienes siguieron una terapia, la terapia de pareja era la forma de tratamiento más frecuente (96,0 %, n = 24), seguida de la terapia individual (76,0 %, n = 19) y la terapia de grupo (36,0 %, n = 9). Estas categorías no eran mutuamente excluyentes, y algunas personas participantes indicaron haber seguido varias formas de terapia, en particular terapia de pareja, individual y de grupo. Entre quienes siguieron una terapia de pareja, el 75,0 % (n = 18) participó también en una terapia individual. La tabla 1 presenta más detalles sobre la muestra.

Tabla 1 — Datos sociodemográficos de la muestra

Media (SD) o n (%).

  • Parejas (N = 31). Edad: 40.3 (SD = 15.4; rango = 19–70); duración de la relación, años: 28 (SD = 11.5; rango = 5–51 años); duración de la relación en el momento de la primera infidelidad mencionada, años: 7.0 (SD = 6.2; rango = 2 días-27 años); n = 28.
  • Situación de la relación (n = 31). Casadas: 25 (80,6 %); noviazgo o relación: 4 (12,9 %); prometidas: 1 (3,2 %); relación ambigua: 1 (3,2 %).
  • Género del miembro infiel de la pareja (n = 31). El hombre: 25 (80,6 %); la mujer: 3 (9,7 %); ambos miembros: 3 (9,7 %).
  • Raza u origen étnico (n = 53). Blanca: 37 (69,8 %); hispana/latina: 9 (17,0 %); afroamericana: 3 (5,7 %); africana: 3 (5,7 %); india: 1 (1,9 %); otra raza u origen étnico especificado: 1 (1,9 %).
  • Pertenencia religiosa (n = 54). Cristiana: 37 (68,5 %); espiritual, no religiosa: 5 (9,3 %); sin religión o sin afiliación: 13 (24,1 %); judía: 1 (1,9 %); hindú: 1 (1,9 %); no incluida en la lista: 2 (3,7 %); prefiere no responder: 2 (3,7 %).
  • Tipo de infidelidad, respuestas múltiples posibles (n = 31). Sexual física: 23 (74,2 %); emocional: 17 (54,8 %); pornografía: 8 (25,8 %); en línea o por internet: 7 (22,6 %); física no sexual: 2 (6,5 %); otra: 6 (19,4 %); varios tipos mencionados: 20 (64,5 %).
  • Participación en terapia en el conjunto de la muestra (n = 31). Siguió alguna terapia (uno o ambos miembros de la pareja): 25 (80,6 %); no siguió ninguna terapia: 6 (19,4 %).
  • Tipos de terapia seguidos (n = 25). Terapia individual: 19 (76,0 %); terapia de pareja: 24 (96,0 %); terapia de grupo: 9 (36,0 %).
  • Estructura de la participación en terapia individual (n = 19). Ambos miembros de la pareja siguieron una terapia individual: 17 (89,5 %); solo uno de ellos siguió una terapia individual: 2 (10,5 %).
  • Terapia individual entre quienes siguieron una terapia de pareja (n = 24). Siguió también una terapia individual: 18 (75,0 %); no siguió terapia individual: 6 (25,0 %).

Nota: no todas las personas participantes respondieron a todas las preguntas sociodemográficas. La raza, el origen étnico, el género y la pertenencia religiosa se codificaron a nivel individual. Las variables de raza u origen étnico, pertenencia religiosa, tipo de infidelidad y participación en terapia admitían respuestas múltiples; por ello, los porcentajes pueden superar el 100%

Datos

Este estudio consistió en un análisis secundario de datos cualitativos (Creswell & Poth, 2016) procedentes de un proyecto de investigación en curso sobre las experiencias de sanación de parejas tras una infidelidad. Los datos fueron recogidos originalmente por una de las personas firmantes del estudio, tras obtener la aprobación del comité de ética institucional (IRB2019-290). Las personas participantes se reclutaron mediante folletos colocados en una clínica universitaria de terapia familiar, derivaciones de profesionales de la clínica en ejercicio, las redes sociales y el tablón de anuncios en línea de la universidad. Los criterios de inclusión eran tener al menos 18 años, mantener una relación sentimental comprometida desde hacía al menos 3 meses, haber vivido una infidelidad en algún momento de la relación y haber experimentado cierta sanación tras la infidelidad. No especificamos el tipo de infidelidad que debía incluirse en el estudio. Las entrevistas fueron realizadas por el equipo investigador en persona y por Zoom (versión: 7.0.0.2956) y duraron aproximadamente entre 45 y 60 min. Los dos miembros de la pareja se entrevistaron juntos y respondieron a una serie de preguntas semiestructuradas sobre sus experiencias de sanación tras la infidelidad. Las entrevistas incluían preguntas como: ¿Cómo fue para ustedes el proceso de sanación? ¿Qué momentos significativos ayudaron a sanar? ¿Cómo se vio afectada la confianza, si es que lo fue, y qué ayudó a reconstruirla? ¿Fue el perdón una parte importante del proceso de sanación y, en caso afirmativo, de qué manera? ¿Hubo retrocesos o experiencias negativas durante el proceso de sanación? Las respuestas describían experiencias individuales y relacionales relacionadas con la sanación tras la infidelidad y con el papel del NSP y del SP. Las entrevistas se grabaron, se transcribieron literalmente y se anonimizaron para el análisis.

Análisis cualitativo deductivo

Utilizamos los procedimientos del análisis cualitativo deductivo (DQA), tal como los describe Author (2024), para guiar nuestro estudio de la resiliencia en el proceso de sanación tras una infidelidad. El DQA era una estrategia analítica adecuada porque permite aplicar constructos teóricos existentes a datos cualitativos para poner a prueba, refinar o ampliar los modelos conceptuales actuales (Author, 2024; Gilgun, 2019). El DQA se sirve de constructos sensibilizadores procedentes de la teoría existente, al tiempo que permite identificar, mediante un análisis inductivo, nuevos procesos que amplían la comprensión de un fenómeno humano (por ejemplo, cómo las parejas atraviesan las dificultades particulares de una infidelidad y se recuperan de ellas). En el presente estudio, el equipo investigador aplicó un marco de resiliencia para analizar la experiencia de sanación de las parejas tras una infidelidad. Aunque las entrevistas originales no se realizaron específicamente con la resiliencia como eje, contenían descripciones ricas de los procesos de recuperación de las parejas tras la infidelidad. La pregunta de investigación, ¿Cuáles son los factores clave de la resiliencia en las parejas que sanan de una infidelidad?, guio el análisis.

A partir de una amplia revisión de la literatura, identificamos en primer lugar los constructos clave de la resiliencia: el apoyo social (por ejemplo, la religión, la familia, la espiritualidad, las amistades, la comunidad; Afifi, 2018; Kumar et al., 2023), la construcción de sentido (por ejemplo, una perspectiva de cambio, flexibilidad y crecimiento; Afifi et al., 2016; Joseph & Linley, 2006), la sanación individual (por ejemplo, el autodescubrimiento, la autocompasión, el autoperdón, el autocuidado, la autoestima, la autosuficiencia, la defensa de los propios intereses; Herrman et al., 2011; Schetter & Dolbier), la comunicación abierta (por ejemplo, comunicar de manera honesta, intencional, vulnerable y constante; Afifi et al., 2016; Buzzanell & Houston, 2018) y la normalidad reinventada (por ejemplo, nuevas rutinas, replantear las situaciones, encontrar el equilibrio; Herrman et al., 2011; Olekalns et al., 2019). Estos constructos sirvieron como marco inicial del análisis. Aplicamos estos constructos sensibilizadores de forma deductiva durante el análisis inicial de los datos, codificando los indicios de su presencia. Al mismo tiempo, codificamos de forma inductiva los temas no recogidos por el marco inicial de la resiliencia, lo que permitió la emergencia de nuevos conceptos directamente a partir de los datos (Author, 2024). El análisis inductivo facilitó un posible refinamiento o ampliación de los constructos de resiliencia relativos al proceso de sanación tras una infidelidad.

El DQA implica también un análisis de casos negativos, en el que el equipo investigador busca y analiza los datos que contradicen los constructos sensibilizadores iniciales o que aportan información nueva sobre el fenómeno estudiado. El análisis de casos negativos mejora la calidad y la profundidad del análisis al ayudar a prevenir el sesgo de confirmación y las conclusiones prematuras, y permite a la vez captar matices o refinamientos importantes del marco conceptual inicial (Author, 2024). La codificación focalizada y la teorización consistieron en examinar los temas destacados dentro de los datos de cada participante y entre participantes (Charmaz, 2025; Author, 2024). Gracias a este enfoque iterativo, pudimos refinar los constructos sensibilizadores e identificar temas propios de las parejas que se recuperan de una infidelidad o que amplían la teoría existente sobre la resiliencia. Tanto si los temas destacados procedían de un análisis deductivo como inductivo, debían estar sólidamente respaldados por los datos para figurar en los resultados.

Reflexividad y fiabilidad

Abordamos el estudio desde una perspectiva constructivista, que parte de los supuestos de que el conocimiento se construye en la interacción entre el equipo investigador y las personas participantes o los datos, y de que quienes investigan influyen en el proceso de investigación (Charmaz, 2025). Un aspecto esencial de la investigación cualitativa constructivista es la reflexividad, es decir, el reconocimiento continuo de cómo las posiciones, los valores y las experiencias de quienes investigan moldean el proceso de investigación (Creswell & Poth, 2016). El equipo investigador estaba formado por un miembro del profesorado y cuatro estudiantes (dos de doctorado, una persona de máster y otra de grado), con distintos niveles de experiencia y competencia en investigación, en práctica clínica y en el trabajo con parejas. Aunque el grado de experiencia clínica con la infidelidad variaba de un miembro a otro, todo el equipo tenía una formación de base en los procesos relacionales gracias a sus estudios. Para practicar la reflexividad, todo el equipo recibió formación en la redacción de memos analíticos y reflexivos antes de comenzar el análisis de los datos. El uso de memos analíticos y reflexivos aumentó nuestra autoconciencia y ayudó a hacer transparente nuestro razonamiento, a detectar patrones o sesgos y a desarrollar una comprensión más profunda de los datos (Lempert et al., 2007). El equipo se reunía cada dos semanas para revisar la codificación y los memos, discutir las interpretaciones y mantener debates reflexivos con el fin de identificar y vigilar posibles supuestos sobre las causas y el significado de la infidelidad, de modo que las interpretaciones siguieran ancladas en las experiencias de las personas participantes (Author, 2024). Estas prácticas nos permitieron mantener la atención sobre cómo nuestras diversas perspectivas influían en la codificación y la interpretación, favoreciendo un proceso analítico más matizado y transparente (Charmaz, 2025).

El análisis se realizó con ATLAS.ti (23.2.1). Las transcripciones se asignaron aleatoriamente a cuatro miembros del equipo durante un periodo de tres meses, y el equipo recurrió a procesos de codificación individual, por parejas y en grupo para garantizar la coherencia en la aplicación de los constructos sensibilizadores. El equipo de codificación contaba con una persona designada como responsable, que seguía los avances, facilitaba las reuniones de trabajo conjunto y apoyaba la cohesión del equipo interesándose por cada miembro y prestando ayuda cuando era necesario (Beresford et al., 2022). Las discrepancias de codificación se resolvieron mediante discusiones iterativas y colaborativas, en las que los miembros del equipo comparaban sus interpretaciones y volvían a la pregunta de investigación, a los datos y a los constructos sensibilizadores hasta alcanzar un consenso. Durante el análisis, el equipo codificó los datos e introdujo memos analíticos y reflexivos en ATLAS.ti para reforzar la transparencia y el rigor de nuestro proceso analítico (Friese, 2012). Además de las reuniones de equipo, una persona encargada del peer debriefing, que había recogido originalmente los datos, se reunía cada mes con el equipo de codificación para revisar los resultados emergentes y aportar una mirada externa, sin participar en la codificación (Dahal, 2025).

Resultados

Comunicación abierta

La comunicación abierta era la base de las respuestas resilientes de las parejas ante la infidelidad, y exigía una revelación honesta de la infidelidad como fundamento para reconstruir la confianza y reforzar la comunicación. En algunas parejas, el NSP prefería una revelación progresiva, que dejara tiempo para adaptarse y buscar apoyo profesional, aunque obteniendo respuesta a sus preguntas cuando lo necesitara, mientras que en otras se prefería una revelación completa e inmediata. NSP 13 dijo:

Primero establecimos: «Esto es lo que pasó», y conocer todos los detalles. Luego hablar de: «Sinceramente, así es como viví la manera en que se desarrollaron las cosas». Después de establecer cómo nos sentíamos, nos dijimos: «De aquí en adelante, ¿qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a hacer para que esto no vuelva a ocurrir? ¿Qué medidas de responsabilidad podemos poner en marcha?». Fue un proceso en tres etapas.

Nuestro análisis reveló una diferencia entre la revelación y el descubrimiento de la infidelidad: la revelación favorecía un mayor respeto y una base más sólida para elaborar la infidelidad. Los NSP describían también la necesidad de comprender plenamente el alcance de la infidelidad y lo que había ocurrido exactamente. Para sus parejas, era frecuente la idea errónea de que revelar los detalles de la infidelidad empeoraría su relación. También relataban un profundo sentimiento de culpa, de vergüenza y el miedo a que su pareja se marchara.

En relación con la comunicación abierta, las parejas hablaban específicamente de la importancia de la transparencia. Aunque revelar los detalles de la infidelidad y responder a las preguntas de la pareja se percibía como un riesgo, los NSP describían esta transparencia total como un paso necesario para continuar la relación y mejorar la comunicación. Gracias a la transparencia, las parejas podían establecer límites sobre los que reconstruir la confianza. NSP 12 dijo: «Pusimos salvaguardas que me permitían saber dónde estaba y qué hacía. Él se las arregló para no sentirse nunca vigilado como un niño. Simplemente decía: “Sí. Quiero asegurarme de que sepas que estás a salvo conmigo”».

Las parejas hablaban sistemáticamente de la necesidad de acciones concretas para restablecer la confianza, como compartir la ubicación, enviar fotos como prueba de dónde se estaba, dar acceso a la información bancaria o al Face ID, hacer llamadas de control por teléfono y recurrir a pruebas de polígrafo. Entre los NSP, había quien contaba que le costaba expresar su necesidad de transparencia. Describían cómo tenían que conciliar la necesidad de atravesar el dolor por su cuenta con la de obtener pruebas de las actividades cotidianas de su pareja, y les resultaba difícil pero necesario hablar y pedir ese tipo de garantías. NSP 20 dijo: «La transparencia total de [SP], que me dio acceso a su teléfono y a su ordenador, que comparte su ubicación, y saber que si necesito un polígrafo puedo pedirlo, han sido algunas de las cosas más importantes para reconstruir la confianza». Su pareja, SP 20, dijo: «Tenía la certeza de que todo se acabaría si le contaba todo a NSP. Mi sponsor me dijo que yo no tenía ningún control sobre la supervivencia de mi matrimonio, que soltara y dejara de intentar controlarlo». Aunque existían temores por ambas partes en torno a la comunicación abierta y la transparencia, las parejas señalaban que ambas eran factores importantes en el desarrollo de la resiliencia, ya que ofrecían a los dos miembros de la pareja una vía para expresar la inseguridad, la vergüenza y la duda.

Aunque las parejas subrayaban que la comunicación formaba parte de un proceso continuo, la asunción de responsabilidad surgió también como un subtema importante dentro de la comunicación abierta. Ante todo, los SP señalaban la necesidad de responder con aceptación y responsabilidad, y no con frustración, autoprotección o actitud defensiva, a las peticiones de pruebas o de información del NSP, o a la expresión de su inseguridad y de su sentimiento de traición. Muchos miembros de las parejas describían como un catalizador de la resiliencia esta posibilidad de expresar sus emociones y de que su pareja las recibiera con empatía. Por ejemplo, NSP 29 dijo: «Fue muy paciente con todas esas emociones, sin decirme que estaba exagerando. Asumió su responsabilidad, sin atacarme, haciéndose realmente cargo de lo suyo». Del mismo modo, NSP 27 describió: «Lo asumió por completo. No se puso a la defensiva. Estuvo plenamente presente. Han sido acciones coherentes a lo largo del tiempo». Su pareja, SP 27, describió cómo esta asunción de responsabilidad se desarrolló a través de la revelación y del reconocimiento de su propia tendencia a minimizar:

Quería que me conociera. Quería dejar de esconderme. Gran parte consistió en reconocer que me mentía a mí mismo sobre mis problemas y mis dificultades. Cuando escribí mi carta de revelación completa, me abrió los ojos sobre todo lo que había hecho. No tenerlo por escrito me permitía minimizarlo.

La revelación completa (en algunas parejas) y la reconstrucción de la confianza mediante la asunción de responsabilidad y una comunicación transparente y honesta eran esenciales en el proceso continuo de sanación individual y relacional. A medida que avanzaba la sanación, las parejas describían un cambio hacia una expresión más abierta de las emociones y las necesidades, en particular sobre lo que no funcionaba en la relación antes de la infidelidad. Una mejor comprensión de sí y una comunicación más clara de las necesidades permitían a cada miembro de la pareja responder al otro con mayor conciencia, lo que favorecía el autoperdón, el perdón a la pareja y la esperanza de mejora.

Sanación individual y relacional

El análisis de los datos identificó la sanación individual y relacional como aspectos significativos adicionales de la resiliencia en la sanación tras una infidelidad. Las personas participantes de este estudio describían la resiliencia como algo que exigía un trabajo intencional sobre sí mismas sin dejar de implicarse en el proceso relacional de reparación. Las parejas subrayaban que la relación no podía progresar sin atender a las propias emociones, necesidades y crecimiento. Para los SP, la sanación individual implicaba sostener la paradoja de ser a la vez quien había causado la herida y quien consolaba. Como explicó SP 23:

Hay una paradoja en el momento en que [mi pareja] tiene pensamientos que la desencadenan y que también remueven algo en mí, pero lo dejo de lado y le doy el consuelo que [mi pareja] busca. Es muy difícil dejar eso de lado y ponerse en el lugar de alguien que puede consolarla en esa situación. Era realmente difícil no enfadarme, no sentirme ofendido o simplemente no cerrarme por completo.

Este testimonio ilustra hasta qué punto la sanación individual exigía al SP trabajar su propio malestar y su actitud defensiva para estar emocionalmente disponible para su pareja, sobre todo en los momentos de malestar relacional. Al mismo tiempo, los NSP subrayaban a menudo la importancia de volverse hacia sí mismos invirtiendo en aficiones, proyectos enriquecedores y el cuidado de sí. NSP 2 reflexionaba: «Poder volver a confiar en mí y sentir seguridad en mí… No lo llamaría un clic ni un momento de revelación; necesitaba hacer un examen de conciencia y repararme». NSP 23 explicó además este proceso:

Después de enterarme de toda esta información, dimos una serie de pasos para avanzar hacia la sanación, entre ellos una terapia individual para cada uno de nosotros. Asistí a algunas de las sesiones de [mi marido]. No se suponía que fuera una terapia de pareja, pero creo que fue útil que yo estuviera allí. El objetivo no era centrarse en nuestro matrimonio, sino en él.

En el caso de esta pareja, su terapeuta les animó a abordar la recuperación por dos vías: primero, la sanación de sí, y después, la sanación del matrimonio. Las personas participantes señalaban que la resiliencia no se forjaba únicamente con el trabajo relacional, sino también con su propia reflexión personal, la terapia y el crecimiento personal.

Dentro de la sanación individual, las personas participantes describían tres elementos recurrentes: reconocer que el proceso lleva tiempo, asumir la responsabilidad y avanzar hacia el perdón. En primer lugar, las parejas subrayaban la importancia de ser pacientes consigo mismas. NSP 25 dijo: «Llevó mucho tiempo; no es un trabajo de poco tiempo. No es algo que ocurra rápido». Varias personas señalaron que, incluso después de la revelación, los recordatorios y los detonantes podían reavivar sentimientos de dolor o de inseguridad, lo que exigía un trabajo personal continuo para gestionarlos.

La asunción de responsabilidad desempeñaba también un papel decisivo en la sanación individual, sobre todo para el SP. Se describía como el paso de las excusas a la plena asunción de los propios actos. NSP 19 reflexionaba: «Yo decía a menudo que no era culpa mía que la naturaleza hubiera hecho a los hombres tan sexuales o que nos necesitara para reproducirnos. Siempre intentas encontrar alguna otra explicación que no sean tus propias decisiones». Las personas participantes describían esta asunción de responsabilidad como difícil pero necesaria para su propia sanación y su crecimiento, lo que a su vez favorecía la reparación relacional.

Por último, el perdón se describía como una parte esencial y exigente de la sanación individual. Las parejas no concebían el perdón como una forma de excusar el comportamiento, sino como una manera de liberar emociones ligadas a la ira, la vergüenza o el resentimiento. SP 14 explicó: «No quería ser esa persona enfadada, cínica con el amor. No quería ser del tipo “quien es infiel una vez lo será siempre, no te fíes de los hombres”. No quería ir por ese camino. Quería tener un final feliz; eso es lo que inspiró el perdón». Del mismo modo, SP 6 dijo: «Necesitaba sentirme fuerte. Necesitaba sentir que se me podía querer, todas esas cosas. Si puedes perdonar, demuestras que no te aferras a los celos ni a la inseguridad». Para muchas personas, el perdón incluía también perdonarse a sí mismas, ya fuera por haber traicionado a su pareja o por haber dudado de por qué habían decidido quedarse. Las personas participantes lo describían como un proceso gradual que permitía que la gracia y la empatía sustituyeran a la vergüenza y al autorreproche.

Un proceso continuo

Los relatos de las parejas indicaban sistemáticamente que la resiliencia implicaba reconocer que la sanación tras una infidelidad se despliega como un proceso continuo y por capas, y no como un acontecimiento único. SP 2 explicó: «Cuando empiezas, crees que lo vas a resolver todo de una vez. Es más bien como ir quitando capa tras capa: tienes que resolver algo y soltarlo, resolver algo y soltarlo…. No fue cosa de una sola vez». Esta perspectiva ilustra cómo las parejas replanteaban la sanación como un camino en evolución que exige paciencia, perseverancia y flexibilidad por parte de ambos miembros de la pareja. Esto incluía distintos aspectos de la sanación individual y relacional, como la comunicación, la confianza y el perdón.

Las personas participantes subrayaban que la comunicación exigía una tolerancia mutua y continua ante ritmos diferentes. SP 7 describió este proceso: «Yo sentía que hablar ayudaría, pero ella no estaba preparada, y eso me hacía sentir peor. Pero poco a poco, lentamente, darle ese tiempo acabó llevándonos a hablar más de ello, y así empezaron a mejorar las cosas». Construir la confianza era también un proceso continuo, como explicó NSP 7: «Sigue siendo un proceso en curso, pero diría que otra etapa importante es volver a construir la confianza. La confianza es la base de una relación». El perdón surgía también como una práctica continua. Las parejas distinguían el perdón de la confianza: describían el perdón como una elección, mientras que la confianza exigía una reconstrucción gradual. NSP 14 explicó: «Para mí, el perdón fue una elección; la confianza es un proceso». En este proceso, las parejas subrayaban la importancia de replantear los retrocesos y cultivar la esperanza. El progreso no se definía por la ausencia de conflicto, sino por la capacidad de hacer una pausa, recuperarse y volver a implicarse. NSP 10 describió esta actitud: «Si tenemos un mal día o una mala semana, hacemos una pausa, y luego seguimos otra semana». La resiliencia se desarrollaba a medida que las parejas normalizaban las fluctuaciones en lugar de interpretarlas como un fracaso.

Las parejas describían también cómo el trabajo relacional continuo contribuía a momentos de reencuentro. NSP 10 reflexionaba: «Puedo empezar a tener mejores conversaciones, hacer más bromas y conocer mejor a [mi pareja]. Aunque lleves 20 años de matrimonio, siempre hay algo nuevo que aprender de tu pareja». Estos cambios no reflejaban solo una reparación, sino una renovación relacional. La sanación individual estaba igualmente inscrita en el trabajo relacional continuo. Las personas participantes subrayaban la regulación emocional, la reflexión personal y la conciencia de los detonantes físicos y emocionales como componentes necesarios de la recuperación personal. NSP 25 compartió: «No es un trabajo de poco tiempo… aprender a gestionar tus emociones de otra manera, aceptar las cosas de una forma nueva, escuchar a tu cuerpo. Han cambiado tantas cosas».

Cabe señalar que los miembros no infieles de la pareja (NSP) eran las principales voces que describían la sanación como un proceso continuo. Este patrón puede reflejar el hecho de que los miembros infieles (SP) describían con más frecuencia la recuperación en términos de cambios de comportamiento concretos (por ejemplo, más paciencia, transparencia, coherencia y asunción de responsabilidad), mientras que los NSP se centraban en el significado interno y relacional de esas acciones. Los cambios observables de los SP parecían servir de prueba de la reparación, mientras que los NSP asumían el trabajo emocional sostenido de evaluar esos esfuerzos y responder a ellos a lo largo del tiempo.

Las personas participantes de este estudio subrayaban que aceptar la sanación como algo continuo constituía en sí mismo un cambio decisivo. Para las parejas que buscaban la resiliencia tras una infidelidad, normalizar una trayectoria por capas y no lineal era esencial. Aunque la resiliencia suele presentarse de forma positiva (por ejemplo, fuerza, perseverancia), las personas participantes describían haberse topado con el estigma y con las dudas de su entorno sobre su decisión de reparar la relación. Anticipar un proceso largo ayudaba a las parejas a perseverar en la sanación individual, la asunción de responsabilidad, el perdón y el reencuentro a lo largo del tiempo.

Construcción de sentido

La construcción de sentido era otro componente significativo de la resiliencia: las parejas se implicaban en una reinterpretación conjunta de la traición a través de la metáfora, la espiritualidad, el perdón y la esperanza, lo que les permitía sostener a la vez el reconocimiento del daño y la continuidad del compromiso relacional. Al crear nuevas maneras de entender su relación, a sí mismas y a su pareja, las parejas podían situar la traición en un marco que favorecía el avance hacia la sanación. La construcción de sentido aparecía de formas múltiples e inscritas en la relación, que reflejaban esfuerzos tanto individuales como compartidos por construir sentido en común.

Para muchas parejas, las metáforas ofrecían una manera de captar la profundidad del dolor y el impacto de la traición. SP 27 comparó sus actos con la violencia: «Simplemente cogí una ametralladora y llené a [mi pareja] de balas. Yo me siento mejor porque me he quitado todo ese peso de encima, y [mi pareja] está ahí sentada en el rincón, acribillada y sangrando». Esta metáfora reflejaba la seriedad con la que el SP comprendía el daño emocional y el reconocimiento de sus consecuencias duraderas. En el conjunto de las parejas, la sanación exigía a menudo reconocer el daño y vincular ámbitos de sentido al camino de afrontar la infidelidad con resiliencia. Por ejemplo, NSP 23 habló de sus hijos e hijas:

En la imagen de las etapas, la 1 es cuando tu vida es perfecta; la 2, cuando tienes en las manos un jarrón y se ha hecho añicos por todo el suelo; y la 3 es un mosaico: has recogido los pedazos y lo has vuelto a montar. Si me hubiera quedado en la 2, habría vivido con ira y amargura el resto de mi vida. Las consecuencias de un divorcio y su impacto en la vida de nuestras criaturas habrían sido terribles. Tenemos criaturas pequeñas; no quería eso para ellas.

Algunas parejas construían también sentido a través de la espiritualidad y la religión. Las parejas señalaban que la espiritualidad favorecía el perdón: el NSP perdonaba a su pareja y el SP se perdonaba a sí mismo. SP 3 dijo: «Si Dios y [mi pareja] pueden perdonarme, yo debería ser capaz de perdonarme». Las parejas recurrían también a la oración. NSP 13 dijo: «Rezaba por [mi pareja] y por mí, y pedía: “Dios, dime qué tengo que hacer. ¿Puedo tener algo de orientación, de fuerza o la capacidad de soltar?”». Para algunos NSP, la espiritualidad era un catalizador de una visión positiva del SP, que reducía el miedo a una nueva traición y alimentaba la esperanza y el perdón. NSP 23 dijo: «Confío en Dios. Espero que [mi pareja] no vuelva a traicionarme. Nunca lo sabré con certeza, pero tengo esperanza». Y continuó: «También vi la disposición de [mi pareja] a cambiar y su arrepentimiento…. Todos hemos pecado y estamos privados de la gloria de Dios. Así que, ¿quién soy yo para reprochárselo eternamente a [mi pareja] o negarle el perdón cuando Dios me ha perdonado a mí?».

Otra manera en que la construcción de sentido sostenía la resiliencia era, de forma más general, alimentando la esperanza de mejora. Las parejas describían con frecuencia cómo reconocer los progresos les daba confianza para seguir invirtiendo en la relación. NSP 7 reflexionaba: «Hay progresos. Tenemos grandes esperanzas para nuestra relación y quizá pueda… volver a la confianza, el respeto y el amor que tuvimos en su día. Ver los progresos de [mi pareja] ayuda mucho, y tengo esperanza, en comparación con hace unas semanas, cuando no tenía ninguna». Esta esperanza se basaba a menudo en el amor y en una visión positiva de la pareja, lo que a su vez motivaba un compromiso continuo con el proceso de sanación.

Muchas parejas construían también sentido a través del perdón, que a menudo se describía a la vez como una liberación emocional y, de nuevo, como una decisión deliberada de seguir adelante. El perdón no se equiparaba al olvido ni a la ausencia de dolor, sino a la decisión de continuar la relación a pesar de él. NSP 1 explicó: «Perdonar es caminar intencionadamente junto a esa persona sabiendo que podría golpearte con un bate de béisbol, pero actuar como si nunca lo hubiera hecho». El perdón se convertía en una estrategia relacional que permitía a las parejas replantear la traición y empezar a reconstruir la confianza, incluso en medio de una herida todavía presente.

Terapia

Nuestro análisis de los datos identificó también la terapia como un constructo importante de la resiliencia individual y de pareja tras una infidelidad; las personas participantes subrayaban la necesidad de buscar ayuda profesional de inmediato. La terapia se describía como un proceso exigente y a la vez fortalecedor. Ofrecía a las parejas un lugar donde afrontar verdades dolorosas, aprender estrategias prácticas, comprender por qué se había producido la infidelidad y desarrollar compasión hacia sí mismas y hacia su pareja. Muchas parejas recurrieron a la terapia durante largos periodos y volvían a ella cuando surgían retrocesos o detonantes.

Algunas parejas explicaban que hablar de la infidelidad con amistades o familiares se les había vuelto en contra. Cuando esas personas no ofrecían un apoyo pleno, sus respuestas se vivían como juiciosas o invalidantes, lo que intensificaba el sentimiento de aislamiento. La terapia, en cambio, se convertía en el espacio donde las parejas sentían que podían hablar abiertamente, ser comprendidas y relacionarse con otras personas que habían vivido traiciones similares. SP 23 describió: «Hemos tenido que tener mucho cuidado con a quién se lo contamos, porque la gente tiene una visión muy dura de esto… así que nos apoyamos sobre todo en nuestro grupo de terapia».

La terapia ofrecía un proceso estructurado y un entorno seguro para recorrer el proceso de sanación. Para algunas parejas, la persona terapeuta se convertía en una guía cuando no sabían qué hacer a continuación. NSP 2 explicó: «No tenía ninguna orientación…. En ese momento, quien nos llevaba la terapia era mi red de seguridad, o mi manta de seguridad». Muchas personas valoraban tener tareas o estrategias concretas que les orientaban sobre cómo avanzar juntas. Por ejemplo, varias parejas mencionaron prácticas como la redacción de una revelación completa. SP 21 habló de la importancia de trabajar con una persona terapeuta en una revelación terapéutica. Del mismo modo, NSP 1 dijo: «Si no hay revelación completa, [la sanación] no funciona». Otra pareja habló de la elaboración de una «lista de compromisos» (willing list). NSP 20 dijo:

Hubo un ejercicio que me gustó mucho, algo que [mi pareja] tenía que hacer. ¿Qué está dispuesta a hacer [mi pareja] para salvar nuestro matrimonio y ayudar a sanar la traición? Había 20 cosas que [mi pareja] tenía que proponer por su cuenta. Algunas eran someterse regularmente al polígrafo, hacerse pruebas de ETS y dejar su trabajo. Prácticamente todo se ha hecho. Estaba dispuesta a anticipar lo que yo necesitaba y a cumplirlo de verdad. Significó mucho para mí.

La terapia permitía una sanación tanto individual como relacional. Cada miembro de la pareja seguía a menudo su propia terapia individual para abordar las dificultades propias de quien había sido infiel (vergüenza, culpa, conductas compulsivas, permanecer en el malestar emocional en lugar de evitarlo) y del miembro no infiel (ira, duelo, miedo a la recaída). SP 20 dijo:

[Terapeuta] me enseñó la empatía hacia el dolor que he causado a [mi pareja] y me empujó a desarrollarla. Es muy incómodo oír cuánto daño he hecho a [mi pareja]. Me llena de tristeza, de pesar, de remordimiento, de culpa y de rabia contra mí, y me hace sentir fatal. No quiero quedarme en eso ni sentirlo. Eso genera actitud defensiva, minimización, cualquier cosa con tal de que desaparezca. No soporto el malestar emocional. Aprendí a quedarme en el malestar y a dejar que [mi pareja] expresara y sintiera ira, tristeza y decepción.

Las personas participantes subrayaban una y otra vez que la especialización y la competencia de la persona terapeuta eran cruciales. Las parejas tenían la firme convicción de que no bastaba con consultar a cualquier profesional: necesitaban a alguien con experiencia y seguridad en el trabajo con la infidelidad. SP 3 dijo:

Fue útil trabajar con una persona terapeuta formada específicamente en infidelidad, segura de sí misma y que había recorrido ese mismo camino. Hablaba públicamente de su propia trayectoria, y habíamos oído a [terapeuta] dar charlas en nuestra zona. Había una sensación de confianza, porque sabíamos que [terapeuta] entendía lo que estábamos viviendo. Nos ofrecía un espacio seguro.

Las parejas destacaban hasta qué punto las metáforas y las analogías, cuando las utilizaban terapeutas competentes, resultaban especialmente útiles para captar emociones y experiencias complejas.

Con el tiempo, algunas personas participantes se sintieron tan fortalecidas por la terapia que obtuvieron a su vez una titulación en counseling, empezaron a dirigir grupos, de forma individual y en pareja, para ayudar a otras personas, y publicaron sus propios libros. SP 1 dijo: «Hace poco dirigimos una sesión. Como responsables de grupo, dimos testimonio de nuestra historia ante un grupo más grande, lo que nos generó bastantes nervios, pero sigue existiendo ese acuerdo de confidencialidad».

Algunas personas y parejas participaron también en una terapia de grupo, que les pareció especialmente impactante porque contrarrestaba el sentimiento de aislamiento y normalizaba las emociones de un modo que la terapia individual no podía lograr. Las parejas señalaban que escuchar las historias de otras personas creaba solidaridad y reducía la vergüenza. NSP 29 explicó: «Era uno de los pocos lugares a los que podíamos ir sin sentirnos en soledad… si intentas hablar con alguien que no ha pasado por esto, puede juzgarte». Según estos testimonios, los entornos de grupo ofrecían un espacio donde el dolor se comprendía colectivamente, sin ser criticado.

Normalidad reinventada

En el contexto de la infidelidad, la resiliencia exigía a menudo que las parejas reinventaran la normalidad, creando nuevos patrones de conexión, confianza y sentido en su relación. En lugar de volver a las rutinas conocidas de antes de la infidelidad, los miembros de la pareja describían cómo desarrollaban nuevas maneras de pasar tiempo en pareja, de cultivar la cercanía y de construir una comprensión compartida. Estos esfuerzos fortalecían su relación al favorecer la capacidad de adaptación y un compromiso renovado de avanzar en común. NSP 6 dijo:

Simplemente, [mi pareja] me gusta. Es divertida y es la persona con la que quiero pasar el tiempo. Nos hemos propuesto pasar tiempo en pareja. Hemos hablado de lo importante que es el tiempo de calidad para los dos. Lo llamamos «tener abundancia». Es ese momento del día en el que no vamos a hablar de agendas, ni de tareas domésticas, ni de todas esas cosas de adultos que pueden quitarnos ese tiempo. Nos proponemos sentarnos en el sofá a ver nuestra serie favorita o a mirar cómo juegan fuera nuestras criaturas.

Para muchas parejas, reinventar la normalidad significaba un proceso continuo de desaprender, aprender y volver a aprender. Subrayaban la importancia de esforzarse de forma constante por cultivar la apertura y la vulnerabilidad, a menudo cambiando sus prioridades. SP 27 explicó:

Intento convertirlo en algo más central que antes. Siempre quise intentar hacer cosas por ella, pero era algo más bien secundario, y ahora intento convertirlo en una prioridad para que sienta lo valiosa que es para mí.

La normalidad reinventada se solapaba con otros procesos, en particular la comunicación abierta y el cultivo de la esperanza en el futuro. Las parejas describían cómo su sanación se veía reforzada por conversaciones más profundas e intencionales. Por ejemplo, SP 6 compartió:

Conseguimos llegar antes a la conversación de fondo; reparamos de forma más eficaz y más rápida. Antes, si teníamos un retroceso, pasaban semanas hasta que conseguíamos hablar con sinceridad. Creo que si de verdad lo quieres y ambas personas están dispuestas, saldrá bien.

Estos cambios intencionales en el diálogo ayudaban a las parejas a recurrir con regularidad a una comunicación honesta y significativa, que las acercaba. Reinventar la normalidad exigía que las parejas reconocieran las rutinas antiguas que no funcionaban y las sustituyeran por patrones de interacción más sanos. Este proceso deliberado de remodelar la vida cotidiana, dar prioridad al tiempo de calidad y comprometerse en una comunicación más vulnerable se volvió central en la manera en que las parejas cultivaban la resiliencia. Las parejas se volcaron en el reencuentro saliendo a citas, haciendo viajes juntos y renovando sus votos.

En coherencia con la sanación como proceso continuo, la normalidad reinventada se desarrollaba gradualmente mediante un esfuerzo consciente y una práctica constante. SP 9 reflexionaba sobre este proceso:

Seguimos adelante con nuestras vidas; nos abrazábamos, nos besábamos, compartimos todas nuestras contraseñas. Fuimos a varios eventos, salíamos, dábamos paseos, intentábamos simplemente estar el uno con el otro y mostrarnos afecto. Hacíamos literalmente cosas juntos solo para reconstruir conscientemente esa relación.

La normalidad reinventada se expresaba en las decisiones cotidianas, en las rutinas y en el hecho de situar intencionadamente la relación en el centro, lo que una pareja describió como «matrimonio 2.0». Para esa pareja, una nueva normalidad significaba una comunicación intencional continua, vulnerabilidad emocional, tiempo de calidad y objetivos comunes orientados al futuro, lo que les hacía más fuertes que antes.

Discusión

El objetivo de este estudio era explorar cómo cultivan las parejas la resiliencia después de una infidelidad y examinar cómo se comparan estos procesos con los constructos sensibilizadores extraídos de la literatura existente sobre la resiliencia. Los resultados confirmaron y refinaron constructos clave de la resiliencia, e ilustran que la resiliencia en el contexto de la infidelidad es relacional, multidimensional y está contextualizada por dinámicas propias de la traición. En consonancia con la literatura previa sobre la resiliencia, la comunicación abierta, la sanación individual, la construcción de sentido y la normalidad reinventada se reflejaban en los relatos de las personas participantes. Sin embargo, las parejas ampliaron estos constructos de maneras moldeadas singularmente por el impacto relacional de la infidelidad, por ejemplo a través del papel central de la transparencia y de las exigencias emocionales paradójicas que recaen sobre los SP, a la vez origen de la traición y fuente de consuelo. Los constructos desarrollados de forma inductiva incluían la sanación relacional, la importancia de la terapia como forma de apoyo social que reducía el aislamiento y el estigma, y el carácter continuo de la resiliencia en el contexto de la sanación.

Los resultados aportaron una comprensión matizada de cómo se pone en práctica la resiliencia en el contexto específico de la recuperación tras una infidelidad. Mientras que, en una concepción más amplia, la resiliencia puede describirse como una adaptación pese a la adversidad vivida (Herrman et al., 2011; Joseph & Linley, 2006), las personas participantes de este estudio confirmaron que la resiliencia tras una infidelidad es un proceso en evolución, en el que los constructos sensibilizadores y emergentes se entienden mejor como procesos superpuestos e interdependientes que se refuerzan continuamente entre sí a lo largo del proceso de sanación. El apartado siguiente compara cada tema desarrollado en nuestro análisis con los constructos sensibilizadores iniciales y con la literatura sobre la resiliencia, e ilustra cómo los resultados concuerdan con los marcos existentes de la resiliencia en el contexto de la infidelidad, los refinan o los amplían.

Temas concordantes, refinados y ampliados en relación con los constructos sensibilizadores

En consonancia con el constructo sensibilizador de la comunicación abierta (Afifi et al., 2016; Buzzanell & Houston, 2018), las personas participantes subrayaban que una comunicación honesta, intencional, vulnerable y constante era crucial para la resiliencia. Las parejas de este estudio lo confirmaron, al destacar la comunicación como un proceso fundamental sobre el que se producía la sanación. Los resultados ampliaron además este constructo al poner de relieve la importancia de la revelación completa, de una transparencia continua para reconstruir la confianza y de respuestas emocionalmente sintonizadas por parte del SP. En el contexto específico de la traición, la comunicación funcionaba como un mecanismo para reconstruir la confianza y cultivar la esperanza de mejora.

El constructo sensibilizador de la sanación individual se conceptualizó inicialmente como un conjunto de procesos centrados en uno mismo, entre ellos el autodescubrimiento, la autocompasión, el autoperdón, el autocuidado, la autoestima, la autosuficiencia y la defensa de los propios intereses (Herrman et al., 2011; Joseph & Linley, 2006; Schetter & Dolbier, 2011). En la literatura sobre la resiliencia, la sanación individual se asocia a menudo a rasgos de personalidad y a valoraciones cognitivas que favorecen la adaptación a la adversidad (por ejemplo, apertura, autoeficacia, locus de control, optimismo; Herrman et al., 2011). En nuestro estudio, este constructo quedó sólidamente respaldado por los resultados, ya que las parejas destacaban procesos similares relativos a sí mismas, a la vez que aportaban matices sobre cómo la sanación se desplegaba de manera diferente según el papel de cada miembro de la pareja. Los SP atravesaban con frecuencia la paradoja de ser a la vez quien traicionó y quien consuela, mientras que los NSP ponían el acento en liberar las emociones de ira, vergüenza y resentimiento y en elegir el perdón. Las personas participantes describían también una sanación relacional, lo que sugiere que los procesos individuales y relacionales estaban entrelazados a lo largo de toda la recuperación. Estos resultados amplían el constructo de la sanación individual al mostrar cómo los procesos centrados en uno mismo se desplegaban dentro de las interacciones relacionales entre ambos miembros de la pareja, lo que respalda la sanación relacional como una dimensión importante de la resiliencia durante la recuperación tras una infidelidad. Las personas participantes describían cómo practicaban la reflexión personal, la asunción de responsabilidad y el perdón mientras aprendían a responder a su pareja con mayor empatía y disponibilidad emocional, aunque estos procesos se manifestaban de forma diferente según el papel de cada cual como SP o NSP. De este modo, la sanación individual y relacional sostenía la capacidad de resiliencia de cada miembro y de la pareja, y contribuía al proceso continuo de reparación relacional.

Aunque la resiliencia se describe a menudo como un rasgo (por ejemplo, la fortaleza psicológica o hardiness) que permite a las personas recuperarse de la adversidad (Campbell-Sills & Stein, 2007), la investigación en comunicación y en campos afines conceptualiza la resiliencia como un proceso en evolución que se despliega en respuesta a acontecimientos perturbadores únicos o repetidos e implica procesos continuos marcados por la adaptación, la transformación y la interacción (por ejemplo, Afifi et al., 2016; Beck, 2016; Southwick et al., 2014; Walsh, 2016; Wilson et al., 2021). De manera similar, las parejas de nuestro estudio subrayaban que la sanación tras una infidelidad era intrínsecamente continua, por capas y no lineal. Esto refina las conceptualizaciones existentes al poner de relieve que la construcción de la confianza y el desarrollo de nuevas rutinas llevan tiempo para las parejas, a la vez que atenúa la percepción de los retrocesos como insuperables y normaliza los detonantes emocionales.

La construcción de sentido se había definido previamente como una orientación cognitiva individual que consiste en concebir los acontecimientos desde una perspectiva de cambio, flexibilidad y crecimiento (Afifi, 2018; Joseph & Linley, 2006). En el contexto específico de la sanación tras una infidelidad, las personas participantes ampliaron esta comprensión incorporando metáforas compartidas que captaban el daño de la traición y fomentaban la asunción de responsabilidad, una responsabilidad compartida y el trabajo en equipo para «recoger los pedazos», así como fuentes de sentido como la descendencia, la religión, la espiritualidad y una visión positiva de la pareja, todo lo cual favorecía el perdón y la normalidad reinventada.

Otro refinamiento surgido más allá de los constructos sensibilizadores fue el papel central de la terapia para facilitar la resiliencia. Aunque la literatura más amplia sobre la resiliencia reconoce el apoyo social (Kumar et al., 2023; Olekalns et al., 2019), las personas participantes destacaban la terapia como un catalizador de la reparación relacional y del crecimiento personal. Lo que hace de la terapia un constructo emergente singular es la manera en que amplía el constructo sensibilizador del apoyo social. En lugar de apoyarse principalmente en la familia o en las amistades, las parejas encontraban resiliencia en espacios terapéuticos profesionales y entre iguales, libres de juicio, seguros y dotados de una competencia especializada. Las parejas insistían en la importancia de los ejercicios, de las tareas y de la ayuda terapéutica para la revelación completa. La terapia ayudaba a los SP a elaborar la culpa, la vergüenza y las conductas compulsivas, y a los NSP a procesar la inseguridad, el duelo y la ira. La terapia ayudaba tanto al NSP como al SP a comprender por qué se había producido la infidelidad, y algunas personas participantes contaron que más tarde se sintieron con la fuerza necesaria para dirigir grupos o compartir su historia como parte de su camino de sanación.

Por último, los resultados respaldaron el constructo sensibilizador de la normalidad reinventada, conceptualizado como rutinas más sanas, reestructuración cognitiva, homeostasis y mantenimiento del equilibrio (Herrman et al., 2011; Walsh, 2016); las parejas describían también el desarrollo de nuevas rutinas, nuevos límites y nuevas expectativas tras la infidelidad. En lugar de volver a un estado anterior a la infidelidad, las personas participantes subrayaban la creación de una «nueva» base relacional caracterizada por más comunicación, tiempo de calidad, un compromiso renovado y prioridades reorganizadas. Estos relatos refinan el constructo al ilustrar que la resiliencia en el contexto de la infidelidad implica una reorganización relacional que da lugar a patrones de interacción más sanos entre ambos miembros de la pareja.

Implicaciones para la práctica clínica

Estos resultados tienen varias implicaciones importantes para quienes acompañan clínicamente a parejas que sanan de una infidelidad. En primer lugar, conviene normalizar ante la clientela que la recuperación rara vez es lineal, ya que la investigación previa sobre la recuperación tras una infidelidad pone el acento en un procesamiento emocional que se extiende en el tiempo (Author, 2023; Heintzelman et al., 2014; Walravens & Rober, 2024). Lejos de ser un rasgo fijo, la resiliencia puede desarrollarse y aprenderse a través de pensamientos y comportamientos. El progreso se despliega a menudo por ciclos, y los retrocesos y los detonantes forman parte natural del proceso, en lugar de ser signos de fracaso (Mitchell et al., 2022). Ayudar a las parejas a replantear estos retrocesos como oportunidades para volver a implicarse puede mantener el impulso y reducir el desánimo. Los resultados sugieren también que algunos ejes de trabajo pueden ser fundamentales. Por ejemplo, favorecer la comunicación abierta y la transparencia para reconstruir la confianza puede tener que preceder a los esfuerzos por reencontrarse plenamente y restablecer la intimidad.

En segundo lugar, terapeutas deben prestar atención a las distintas posiciones del NSP y del SP. En las entrevistas, los NSP tendían a hablar más extensamente, lo que probablemente refleja la profundidad de su dolor y su relativa libertad para expresarlo. Los SP, en cambio, intervenían a menudo menos (con independencia del género), lo que puede deberse a la vergüenza, la culpa o el miedo a retraumatizar a su pareja. La investigación previa sugiere igualmente diferencias de papel claras entre la persona herida y la persona implicada en la infidelidad durante la recuperación (Author et al., 2024; Mitchell et al., 2022; Walravens & Rober, 2024). Por ello, el personal clínico debería crear intencionadamente ocasiones estructuradas para que los SP compartan sus experiencias y sus puntos de vista, reconociendo que su proceso de sanación puede desplegarse de otra manera y que la resiliencia debe coconstruirse, en lugar de quedar únicamente en manos del NSP.

En tercer lugar, quienes practican la terapia de pareja deberían plantearse evaluar el grado de resiliencia previa de la clientela en las fases iniciales de la terapia de pareja, ya que las parejas de este estudio describían dificultades adicionales o una sanación más tardía debido a traumas vitales y heridas de apego preexistentes. Comprender los traumas pasados de la clientela, así como sus experiencias de resiliencia, puede permitir aprovechar mejor sus fortalezas en el tratamiento y derivar a una terapia individual cuando proceda.

Por último, el papel de la terapia en la facilitación de la resiliencia subraya el valor de los conocimientos especializados y de una práctica clínica intencional. Las parejas describían la terapia como una forma crucial de confidencia selectiva, en la que podían revelar sus experiencias en un espacio libre de juicio y de apoyo, en consonancia con resultados previos que destacan que las parejas sufren a menudo estigma y un apoyo condicionado tras una infidelidad (Weiser et al., 2023). Se percibía como especialmente eficaces a terapeutas que mostraban seguridad, competencia en el tratamiento de la infidelidad y de la conducta sexual compulsiva (cuando procedía) y utilizaban herramientas concretas. Por último, puede que el uso de analogías o metáforas genere experiencias terapéuticas potentes y memorables. Los resultados destacaron también los beneficios de varios formatos: terapia individual, terapia de pareja y grupos de apoyo.

Limitaciones e investigación futura

Hay que tener en cuenta varias limitaciones al interpretar estos resultados. En primer lugar, las personas participantes procedían de parejas que eligieron compartir sus experiencias de infidelidad y de resiliencia, lo que puede reflejar un sesgo de autoselección a favor de quienes habían alcanzado cierto grado de recuperación o a quienes les resultaba cómodo hablar de estos temas. Las parejas que no habían llegado a esta etapa, o cuya relación terminó tras la infidelidad, podrían haber aportado perspectivas diferentes. En segundo lugar, pese a la riqueza de los relatos, los NSP tendían a hablar más extensamente que los SP, lo que limita la profundidad de la comprensión de los procesos de resiliencia propios del miembro infiel de la pareja. En tercer lugar, aunque las personas participantes describían una variedad de experiencias de infidelidad (por ejemplo, emocional, física, en línea), rara vez señalaban el tipo, la intensidad o la frecuencia de la infidelidad como algo central en su proceso de resiliencia. Esto contrasta con parte de la investigación previa y sugiere que, para muchas parejas, la resiliencia se centraba en la recuperación relacional más que en la categorización de la traición. En cuarto lugar, la investigación cualitativa privilegia la profundidad y, aunque nuestra muestra ofrecía una descripción densa, los resultados pueden no ser generalizables a todas las parejas ni a todos los contextos culturales. Por último, la interpretación del equipo investigador es una parte inherente del análisis cualitativo. Aunque se recurrió a la reflexividad y a la codificación en equipo para reforzar el rigor, los resultados siguen reflejando la mirada interpretativa del equipo investigador.

La investigación futura debería seguir explorando la naturaleza dinámica de la resiliencia en las parejas que se recuperan de una infidelidad. Se necesitan especialmente estudios longitudinales para seguir la evolución de los procesos de resiliencia a lo largo del tiempo y examinar qué prácticas predicen una satisfacción y un crecimiento duraderos en la relación. Además, los trabajos futuros deberían reclutar intencionadamente tanto a NSP como a SP, procurando equilibrar sus voces para recoger toda la gama de experiencias (por ejemplo, con preguntas concebidas específicamente para que respondan el NSP o el SP). Comprender cómo dan sentido los SP a la resiliencia, en particular cuando la vergüenza o la culpa pueden frenar la revelación, sigue siendo una laguna importante. Asimismo, estudios comparativos en contextos culturales, religiosos y relacionales diversos podrían profundizar en la comprensión de cómo la resiliencia se manifiesta de manera diferente según los valores y las normas más amplios sobre el matrimonio, la fidelidad y el perdón. Por último, dado el constructo emergente de la terapia, la investigación futura podría examinar los modelos e intervenciones terapéuticos específicos que mejor facilitan la resiliencia individual y relacional, prestando atención a la manera en que las parejas pueden adquirir la fuerza necesaria para sanar y para apoyar la sanación de otras personas, como contaron haber hecho varias personas participantes de este estudio.

Conclusión

Este estudio contribuye al creciente conjunto de investigaciones sobre la resiliencia al mostrar cómo cultivan las parejas la resiliencia después de una infidelidad. Los resultados sugieren que la resiliencia no es un rasgo o un resultado aislado, sino un proceso dinámico caracterizado por la comunicación abierta, la sanación individual, el proceso continuo, la terapia, la construcción de sentido y la normalidad reinventada. Lejos de desplegarse como etapas aisladas, estos procesos se entrecruzaban y se reforzaban mutuamente, formando una red de prácticas relacionales que influía en la resiliencia. Es importante señalar que las parejas describían a menudo su relación como más sólida e intencional que antes, lo que pone de relieve la posibilidad de crecimiento tras la traición. Para la práctica clínica, el estudio sugiere la importancia de favorecer espacios seguros, atender a las posiciones de ambos miembros de la pareja e integrar en la terapia prácticas concretas y con sentido. Para la investigación, los resultados señalan la necesidad de seguir explorando cómo se despliega la resiliencia en parejas, contextos y orígenes culturales diversos. En definitiva, este estudio subraya que la resiliencia tras una infidelidad se construye entre dos y exige crecimiento y cambio por parte de ambos miembros de la pareja, atendiendo a la vez a las dificultades particulares a las que se enfrentan el NSP y el SP.

Complexe Systémique: puntos clave

El interés de este estudio está en trasladar la resiliencia del individuo a la pareja. Tras una infidelidad, lo que ayuda a la pareja a mantenerse no es una cualidad personal, sino un tejido de prácticas compartidas: la revelación completa en lugar del descubrimiento, una transparencia concreta y duradera, la responsabilidad asumida sin actitud defensiva, el perdón distinguido de la confianza («el perdón fue una elección; la confianza es un proceso») y, después, una normalidad reinventada en lugar de una vuelta a lo de antes. Dos resultados interpelan directamente a la práctica sistémica. En primer lugar, los papeles son asimétricos: el miembro de la pareja que fue infiel debe a la vez cargar con la falta y ofrecer consuelo, y habla menos en sesión; corresponde a terapeutas abrir espacio a esa voz. En segundo lugar, la terapia aparece como una forma de apoyo social por derecho propio, allí donde la familia y las amistades juzgan o se retiran. Conviene tener presentes los límites: una muestra de parejas que siguieron juntas, mayoritariamente casadas, cristianas y blancas, y una mirada de la resiliencia aplicada a posteriori a entrevistas concebidas con otro fin. Para leer junto con el artículo sobre los cinco comportamientos que reconstruyen la confianza tras una infidelidad y el artículo sobre la terapia sistémica de la resiliencia.

Notas del original

Agradecimientos. Damos las gracias a las personas participantes por su disposición a compartir sus experiencias de sanación.

Conflicto de intereses. La autoría declara no tener ningún conflicto de intereses.

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Traducción no oficial al español de Resilience Factors in Couple Healing from Infidelity: A Deductive Qualitative Analysis Study, de Stephen Fife, Ashley Bloomberg, Shi’Anne Swift, Emily Cook y Angelina Ramos, Contemporary Family Therapy, vol. 48, n.o 3 (2026), doi: 10.1007/s10591-026-09785-z, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (texto traducido, tabla presentada en forma de lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Este es el artículo original «Resilience Factors in Couple Healing from Infidelity: A Deductive Qualitative Analysis Study», publicado en Contemporary Family Therapy (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español de Complexe Systémique, realizada con la ayuda de la inteligencia artificial y adaptada para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Fife, S., Bloomberg, A., Swift, S., Cook, E., y Ramos, A. (2026). Resilience Factors in Couple Healing from Infidelity: A Deductive Qualitative Analysis Study. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/resilience-factors-in-couple-healing-from-infidelity (Obra original publicada en 2026 en Contemporary Family Therapy, 48(3), 478-493 (2026); republicada en 2026 por Contemporary Family Therapy, https://link.springer.com/article/10.1007/s10591-026-09785-z)

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