Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Child and Family Studies · Familia
¿Cómo se mantiene unida una familia cuando la economía de un país se hunde? En Portugal, diez años después de la Gran Recesión, el equipo de Gabriela Fonseca sentó a la mesa a 14 familias, con madres, padres y jóvenes en la adultez emergente juntos. Sus relatos describen recortes asumidos, progenitores que hacen de escudo, un ahorro de larga data que protege y una inquietud que no desaparece: el futuro de hijas e hijos.
Traducción no oficial al español de Families Navigating Macroeconomic Hard Times: The Experiences of Portuguese Emerging Adults and Their Parents in the Aftermath of the Great Recession, de Gabriela Fonseca, Daniela Lourenço, Rita Francisco, Carla Crespo y Ana Paula Relvas, publicado en Journal of Child and Family Studies (Springer) (2024), doi: 10.1007/s10826-023-02650-9, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para la lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. No se reproduce el material complementario en línea. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Esto mostraría que la transición a la edad adulta es un proceso de toda la familia, en el que tanto madres y padres como hijos e hijas participan activamente.
Gabriela Fonseca, Daniela Lourenço, Rita Francisco, Carla Crespo y Ana Paula Relvas
Resumen
En el complejo mundo financiero actual, resulta primordial comprender cómo puede favorecerse la adaptación familiar en contextos de adversidad macroeconómica. El presente estudio cualitativo buscó investigar cómo las familias portuguesas con hijos e hijas en la adultez emergente han ido gestionando las exigencias vinculadas a la macroeconomía desde la Gran Recesión. En concreto, nos propusimos poner de manifiesto los procesos que pudieron facilitar su adaptación al estrés macroeconómico a lo largo de la última década. Catorce familias biparentales con al menos un hijo o una hija en la adultez emergente (N = 48 participantes) participaron en entrevistas semiestructuradas a finales de la década de 2010. El análisis temático dio lugar a tres temas clave: (i) Valoración, que recoge las creencias familiares sobre sus contextos macroeconómicos desde principios hasta finales de la década de 2010; (ii) Exigencias e impacto, que refleja los retos macroeconómicos a los que se enfrentaron las familias; (iii) Capacidades, que incluyen conductas de afrontamiento – como los recortes financieros aplicados durante la recesión – y recursos – como la cohesión familiar y el apoyo emocional e instrumental de madres y padres a sus jóvenes – que facilitaron la gestión de las exigencias por parte de las familias y que podrían constituir procesos familiares clave de la resiliencia en tiempos macroeconómicos difíciles. Pese a su adaptación positiva a las exigencias macroeconómicas durante los años más complicados de la recesión, las familias seguían percibiendo una gran inestabilidad en sus contextos macroeconómicos a finales de la década de 2010 y manifestaban inquietudes relacionadas con el futuro de la generación joven. Estos resultados pusieron de relieve que las crisis macroeconómicas conllevan efectos duraderos para las personas y las familias, y alertan al mundo de la investigación, a los equipos clínicos y a la clase política sobre los crecientes retos a los que se enfrentan hoy la juventud y sus familias. Además, los hallazgos de este estudio pueden orientar la práctica clínica y el desarrollo de intervenciones multisistémicas destinadas a ayudar a las familias sometidas a estrés financiero.
Palabras clave: ajuste y adaptación familiar, resiliencia familiar, familias con hijos e hijas en la adultez emergente, entrevistas familiares conjuntas, crisis macroeconómica, exigencias macroeconómicas
Puntos destacados
Tras haber recibido un pronóstico económico pesimista al comienzo de la crisis, Portugal fue uno de los países europeos más gravemente afectados por la Gran Recesión (2007–2009). De acuerdo con las estrategias propuestas por la UE, entre 2011 y 2014 se aplicó un programa de ajuste económico basado en medidas de austeridad, que acentuó los efectos económicos y sociales negativos de la crisis (Pedroso, 2014). Las familias portuguesas vivieron un aumento del desempleo (con las personas trabajadoras más jóvenes y precarias entre las más afectadas), así como recortes en los salarios y en las pensiones de vejez, y un aumento de los niveles de pobreza (De Vogli, 2014; Frade & Coelho, 2015; Pedroso, 2014). Hicieron falta diez años desde el inicio de la crisis financiera para que el país recuperase un período de crecimiento económico (International Labour Organization [ILO], 2018). Sin embargo, pese a los signos de recuperación económica, las familias portuguesas siguieron enfrentándose a retos macroeconómicos hasta finales de la década de 2010. Aunque el empleo volvió a los niveles anteriores a la crisis, la calidad del empleo y los salarios siguieron siendo bajos, y los puestos estables y seguros escaseaban para los grupos más jóvenes, a los que a menudo se ofrecían contratos temporales involuntarios con escasa protección laboral (Choudhry et al., 2012; ILO, 2018). En consecuencia, se considera que los efectos de una crisis macroeconómica son especialmente duros y duraderos para las personas en la adultez emergente y para sus familias, que pueden esforzarse por sostener económicamente la transición de sus hijos e hijas a la edad adulta (Fonseca et al., 2016; 2020a).
A raíz de una nueva recesión provocada por la pandemia de coronavirus, que se prevé más larga y profunda que la crisis de 2008, investigar cómo atraviesan las familias los tiempos macroeconómicos difíciles ha cobrado un impulso considerable. El presente estudio pretende investigar cómo las familias con hijos e hijas en la adultez emergente han ido gestionando las exigencias vinculadas a la macroeconomía tras la Gran Recesión, poniendo de manifiesto los procesos que pudieron facilitar su adaptación en un contexto de adversidad macroeconómica.
Las investigaciones previas sobre las respuestas de las familias a las exigencias económicas se han basado principalmente en el Modelo de Estrés Familiar (Family Stress Model, FSM; Conger & Conger, 2002), y han demostrado los efectos adversos de las dificultades económicas (es decir, las circunstancias económicas objetivas de la familia, como la pérdida de ingresos o los cambios negativos en el trabajo) y/o de la presión económica (es decir, las frustraciones cotidianas derivadas de vivir esas dificultades, como tener que recortar gastos) sobre el funcionamiento psicológico de los miembros de la familia y sobre las dinámicas familiares (Conger et al., 1993; Leinonen et al., 2002). Una línea de investigación secundaria se centró en los factores de protección capaces de atenuar estos efectos perjudiciales (Fonseca et al., 2016). La calidad de la interacción conyugal (Liker & Elder, 1983), incluido el apoyo conyugal (Conger & Conger, 2002; Leinonen et al., 2002) y una comunicación eficaz para resolver problemas (Novak et al., 2017), así como el apoyo social (Conger & Conger, 2002; Murphy et al., 2014; Vandsburger & Biggerstaff, 2004) o una parentalidad positiva (Neppl et al., 2015), figuran entre los factores a los que con más frecuencia se atribuye un papel protector en tiempos de adversidad económica.
Aunque algunos estudios incorporaron datos observacionales (p. ej., Conger et al., 1993; Neppl et al., 2016) o métodos mixtos (p. ej., Mistry et al., 2008) para ampliar el conocimiento sobre el proceso de estrés económico familiar, este cuerpo de investigación se ha apoyado en gran medida en estudios cuantitativos (Fonseca et al., 2016). Así, se ha puesto el énfasis en establecer asociaciones entre los informes de malas condiciones económicas y los resultados de ajuste negativos de los miembros de la familia, y en identificar mecanismos mediadores (p. ej., la presión económica) y moderadores (p. ej., el apoyo social) del proceso de estrés económico familiar. Por consiguiente, falta en la literatura una comprensión más profunda de cómo las familias y sus miembros viven las exigencias macroeconómicas, el estrés y sus implicaciones. Esto podría evaluarse mejor con métodos cualitativos que pongan el acento en los procesos mediante los cuales las familias crean y discuten sus propias realidades familiares (Daly, 2007). Sin embargo, los estudios cualitativos siguen siendo sorprendentemente escasos en la literatura sobre el estrés económico familiar. Además, escasean las investigaciones sobre los significados que las familias atribuyen a sus contextos y exigencias macroeconómicos, y sobre los procesos mediante los cuales las familias, en tanto que sistemas, logran adaptarse en este contexto de riesgo (Fonseca et al., 2016). Adoptar una mirada sistémica y las teorías del estrés y de la resiliencia familiares puede resultar, por tanto, especialmente adecuado para el desarrollo teórico en la investigación sobre el estrés económico familiar.
Desde una perspectiva sistémica, las familias se conciben como totalidades complejas e integradas, cuyos miembros son interdependientes y ejercen influencias recíprocas entre sí (Relvas, 2000; Cox & Paley, 1997). Los acontecimientos críticos y los estreses persistentes afectan, por tanto, a toda la familia y a todos sus miembros, y pueden desestabilizar el funcionamiento familiar (Walsh, 2016). Dentro de las teorías del estrés familiar, el modelo de respuesta de ajuste y adaptación familiar (family adjustment and adaptation response, FAAR) (McCubbin & Patterson, 1983; Patterson, 1988) postula que las familias logran mantener un funcionamiento equilibrado utilizando sus capacidades (recursos tangibles y psicosociales, y conductas de afrontamiento) para hacer frente a sus exigencias (estresores normativos y no normativos, tensiones familiares y contrariedades cotidianas). Estos esfuerzos interactúan con los significados familiares, es decir, con la manera en que los miembros de la familia definen sus exigencias y capacidades, su identidad como familia y su visión del mundo, para alcanzar un determinado nivel de ajuste o de adaptación familiar. Cuando se exponen a exigencias que, por su naturaleza y/o su número, superan sus capacidades, las familias atraviesan un estado de crisis. Pueden alcanzar una adaptación poscrisis adquiriendo nuevas capacidades, reduciendo las exigencias y/o cambiando su manera de ver la situación. De forma similar a la adaptación poscrisis (Patterson, 2002), la resiliencia familiar describe los procesos mediante los cuales las familias son capaces de adaptarse y funcionar de manera competente tras haber estado expuestas a una adversidad significativa (Luthar et al., 2000; Patterson, 2002). Walsh (2003; 2016) subraya que la resiliencia familiar implica un potencial de transformación y de crecimiento personal y relacional forjado a partir de la adversidad. Esta autora desarrolló uno de los marcos más consolidados de la resiliencia familiar, que la define como la capacidad de la familia, en su conjunto, para resistir la adversidad, recuperarse de ella y salir fortalecida y con más recursos (2003; 2016), y propuso un mapa conceptual de los procesos clave que facilitan la resiliencia familiar. Estos se organizan en tres dominios del funcionamiento familiar: (i) los sistemas de creencias de la familia, que incluyen ver las crisis como retos manejables, mantener una mirada positiva, la esperanza y la perseverancia, y las creencias trascendentes o espirituales; (ii) los patrones organizativos, que incluyen la flexibilidad, la conexión, así como los recursos sociales y económicos; y (iii) una comunicación clara y abierta y unos procesos eficaces de resolución de problemas.
Las investigaciones previas (p. ej., Benzies & Mychasiuk, 2009; Black & Lobo, 2008; Lietz, 2007; Walsh, 2016) han intentado poner de manifiesto los procesos que favorecen la resiliencia familiar en múltiples contextos de adversidad (p. ej., enfermedad crónica en la familia, grandes catástrofes, pobreza). Este cuerpo de investigación tiene una relevancia clave para el desarrollo de intervenciones clínicas, programas y políticas destinadas a reforzar la resiliencia familiar. Sin embargo, los estudios que abordan la adaptación y la resiliencia familiares en el contexto de la adversidad macroeconómica son escasos. Colmar esta laguna cobra mayor relevancia dada la complejidad del mundo financiero actual. En tiempos macroeconómicos difíciles, las personas y las familias pueden temer, anticipar y/o vivir acontecimientos negativos asociados a las tendencias macroeconómicas (Fonseca et al., 2016) – p. ej., el desempleo, la inseguridad laboral, no llegar a fin de mes, la incertidumbre sobre el propio futuro económico –, que pueden amenazar la capacidad, percibida o real, de las familias en relación con una de sus funciones principales: proporcionar los medios básicos de subsistencia a sus miembros (Voydanoff, 1990). Algunos estudios (p. ej., Fonseca et al., 2023; Leininger & Kalil, 2014) han sugerido que el impacto psicológico del estrés económico se asocia más probablemente a las evaluaciones subjetivas de la propia situación financiera que a indicadores concretos de las condiciones económicas (p. ej., los ingresos). Por tanto, no solo es pertinente investigar el impacto de los acontecimientos económicos negativos en las familias, sino también cómo viven la insuficiencia financiera percibida y las preocupaciones en el contexto macroeconómico contemporáneo.
Esta investigación pretendía ofrecer una comprensión global de cómo puede favorecerse la resiliencia familiar en contextos de adversidad macroeconómica. Llevamos a cabo un estudio cualitativo que exploraba cómo las familias con hijos e hijas en la adultez emergente han ido haciendo frente a las exigencias vinculadas a la macroeconomía tras la Gran Recesión, con el fin de poner de manifiesto los procesos que pudieron facilitar su adaptación en este contexto. Es probable que las personas en la adultez emergente vivan un conjunto complejo de exigencias en tiempos macroeconómicos difíciles, ya que las tendencias macroeconómicas (p. ej., el desempleo juvenil) pueden obstaculizar el cumplimiento de sus tareas evolutivas, en particular la salida del hogar y la independencia económica (Arnett, 2015; McGoldrick et al., 2016). Esto puede generar estrés no solo en hijas e hijos, sino también en las madres y los padres que se esfuerzan por apoyarles económicamente, y en todo el sistema familiar, que puede ver defraudadas sus expectativas tanto individuales como familiares.
Desde un enfoque sistémico (Relvas, 2000; Cox & Paley, 1997), este estudio se enmarcó en las teorías del estrés y de la resiliencia familiares. En concreto, se adoptó el modelo FAAR para favorecer la identificación de las exigencias, los significados y las capacidades familiares en el contexto de la adversidad macroeconómica, y para permitir una visión más global de la interacción entre ellos. El mapa de procesos clave de la resiliencia familiar de Walsh (2003; 2016) resultó especialmente valioso para identificar los procesos que facilitaron resultados positivos en este contexto.
En este estudio se adoptó una metodología de investigación cualitativa para ofrecer una comprensión más profunda de las experiencias de estrés económico familiar y de las respuestas a las exigencias macroeconómicas, a través de las voces de los miembros de la familia. Realizamos entrevistas semiestructuradas centradas en distintos momentos, con el fin de comprender las experiencias de las familias en el contexto de la adversidad macroeconómica (i) durante el momento álgido de la última recesión en Portugal (principios de la década de 2010; de forma retrospectiva) y (ii) en los años siguientes, en particular en el escenario macroeconómico del momento del estudio (2018–2019). Además, exploramos cómo percibían las familias su vida en los escenarios macroeconómicos futuros que podían prever en aquel momento. Se realizaron catorce entrevistas familiares conjuntas, con las personas en la adultez emergente y sus madres y padres a la vez. Se optó por esta modalidad para permitir la creación de un relato grupal conjunto, en el que se construía en la situación de entrevista una realidad familiar colaborativa, coconstruida y negociada (Reczek, 2014), lo que refleja la orientación epistemológica construccionista social de este estudio.
Las familias participantes debían estar formadas por parejas biparentales con al menos un hijo o una hija en la adultez emergente (18–30 años) que cursara el último año de estudios universitarios o los hubiera terminado en los dos años anteriores. Estos criterios de inclusión pretendían crear un grupo de participantes más homogéneo en cuanto a: la estructura familiar, que se considera influyente en las experiencias económicas de la familia, en particular la gestión del dinero y los intercambios de apoyo intergeneracionales; y el momento de los retos del ciclo vital, de modo que la transición de la descendencia de la educación superior al mercado laboral fuera un acontecimiento que las familias participantes estuvieran anticipando o hubieran vivido recientemente en el momento del estudio. Se reclutaron combinando dos estrategias. En primer lugar, se contactó con miembros de familias que habían participado en una fase cuantitativa previa de un estudio más amplio y que habían indicado su disponibilidad para colaborar de nuevo. Tras excluir los casos que no cumplían los criterios de inclusión, se reclutaron 5 familias mediante este método. Las familias restantes se reclutaron a través de contactos personales del estudiantado de la universidad del equipo investigador. En ambas estrategias, contactamos por teléfono con los miembros de la familia, les explicamos los principales objetivos y procedimientos del estudio y les invitamos a participar con sus familiares en las entrevistas semiestructuradas.
En total, participaron en el estudio 14 familias biparentales residentes en la Región Centro de Portugal (N = 48). La edad de los padres (M = 53.5; SD = 3.9) y de las madres (M = 51.1; SD = 3.6) oscilaba entre los 46 y los 60 años. Todas eran parejas casadas con al menos un hijo o una hija en la etapa de la adultez emergente. La mayoría tenía dos hijos (n = 8); 3 parejas tenían un solo hijo o hija, 2 tenían tres y otra tenía cinco. Salvo en dos casos, todas estas familias estaban formadas por parejas con doble ingreso. En el momento del estudio, así como durante el momento álgido de la recesión en Portugal (con la única excepción de un padre que perdió su empleo en 2013), todas estas personas participantes tenían empleo. Siguiendo un sistema de clasificación aceptado y ampliamente conocido para el contexto portugués (Simões, 2000), basado en la profesión y el nivel educativo de madres y padres, comprobamos que la mayoría de las familias (n = 8) pertenecía a un nivel socioeconómico (SES) medio, 4 a un SES bajo y 2 a un SES alto.
En cuanto a la descendencia, participaron en el estudio 20 jóvenes en la adultez emergente (12 mujeres) de entre 18 y 28 años (M = 23.1; SD = 2.4), ya que en cinco familias estuvo presente en las entrevistas más de un hijo o hija en esa etapa. En la mayoría de las familias, el hijo o la hija mayor entraba en la adultez emergente en el momento álgido de la recesión. En el momento del estudio, la mayoría estaba terminando su formación universitaria (n = 12), 3 acababan de obtener su título y buscaban empleo, y 5 ya trabajaban. En Portugal, como es habitual en los países del sur de Europa, un gran número de jóvenes en la adultez emergente vive con su familia de origen, y la salida tardía del hogar es un fenómeno marcado (Mendonça & Fontaine, 2013). En consonancia con ello, en el presente estudio, once jóvenes vivían con sus madres y padres, mientras que 9 vivían fuera, pero pasaban la mayoría de los fines de semana en la casa familiar.
La guía de entrevista, probada previamente con dos familias para garantizar su adecuación, incluía bloques temáticos centrados en los significados familiares (p. ej., ¿cuáles son las percepciones de los miembros de la familia sobre sus contextos macroeconómicos?), las exigencias familiares (p. ej., ¿qué retos derivados de sus contextos macroeconómicos afrontan?) y las capacidades (p. ej., ¿qué habían hecho o con qué contaban que les ayudara a afrontar esos retos?). Las preguntas de estos bloques se formularon en referencia a los tres momentos considerados en el estudio (durante el momento álgido de la recesión, en el momento del estudio y en el futuro).
La recogida de datos se desarrolló a lo largo de 4 meses, de octubre de 2018 a enero de 2019. Las entrevistas fueron realizadas por la primera autora en los domicilios de las familias (salvo dos familias entrevistadas el mismo día en un lugar público acordado previamente). Antes de las entrevistas, se explicaron los objetivos y procedimientos del estudio y se garantizó la confidencialidad, y todos los miembros de la familia dieron su consentimiento informado. Las entrevistas duraron aproximadamente 1.5 h y se grabaron en audio, con autorización previa. Una segunda persona del equipo de investigación estuvo presente en las entrevistas y tomó notas de campo, en especial sobre las señales no verbales.
Tras la transcripción de las entrevistas, las respuestas se examinaron mediante análisis temático (Braun & Clarke, 2006). Se adoptó un proceso inductivo-deductivo de análisis de datos, ya que la identificación de temas y patrones estuvo guiada a la vez por los datos y por quien analizaba – más concretamente, por los mapas teóricos del equipo investigador, el modelo FAAR y el marco de resiliencia familiar de Walsh. El proceso de análisis de datos se llevó a cabo con el software QSR NVivo 12. Los temas y subtemas fueron desarrollados por la primera autora y revisados por el resto del equipo de investigación. Además, una segunda autora verificó la codificación de aproximadamente el 35% de las entrevistas para hacer frente a las limitaciones vinculadas a la subjetividad de quien investiga y contribuir a la integridad metodológica (Daly, 2007; Levitt et al., 2017). Las discrepancias de codificación se discutieron hasta alcanzar un consenso.
El análisis temático permitió identificar tres grandes temas clave – Valoración, Exigencias e impacto, y Capacidades – presentes en los dos momentos explorados en este estudio: durante el momento álgido de la recesión (principios de la década de 2010) y después (finales de la década de 2010). Los resultados se presentarán según estos momentos. Se identificaron, además, dos temas adicionales – la espiritualidad y las historias de éxito anteriores – independientes del momento. Todos los temas y subtemas se presentan como material complementario de este trabajo.
Este primer tema describe las percepciones de los miembros de la familia sobre la crisis económica vivida a principios de la década de 2010. Las personas participantes subrayaron su impacto generalizado y afirmaron que todas las familias portuguesas se vieron afectadas de algún modo por la recesión. La comparación social era frecuente: los miembros de las familias se distinguían de las familias más duramente golpeadas por la recesión, como ilustra la siguiente cita: «En algunas familias, el padre y la madre perdieron el empleo; por suerte, eso no nos pasó a nosotros» (padre, familia 2). Algunas personas participantes señalaron también que quizá hubo una tendencia a exagerar la crisis económica, «Antes hubo crisis peores» (padre, familia 3), y a utilizarla como chivo expiatorio de otras prácticas: «Quizá la crisis nunca existió de verdad, solo existió como excusa para aplicar recortes» (madre, familia 13). Al mismo tiempo, también había visiones normalizadas de la recesión, descrita como «un fenómeno natural» (padre, familia 5) y capaz de entrañar aspectos positivos. Por ejemplo, la familia 7 mencionó que el padre dejó de fumar durante esos años, y la familia 4 subrayó que el lado positivo fue que la gente empezó a compartir más.
La mayoría de las familias identificó dos exigencias específicas: un aumento de sus gastos y la pérdida de ingresos y prestaciones. Algunos miembros de las familias mencionaron también acontecimientos potencialmente negativos que afectaban al empleo, como el miedo al despido o el aumento del número de horas de trabajo no remuneradas. Junto a estas exigencias asociadas a la recesión, la mayoría de las familias tuvo que hacer frente a un aumento de los gastos vinculados a la educación de sus hijos e hijas, lo que refleja una acumulación de exigencias: «El período de la crisis coincidió exactamente con el período en que aumentaron los gastos de educación» (padre, familia 11), «Cuando ella entró en la universidad, la situación empeoró» (padre, familia 10).
Como consecuencia, algunas personas participantes describieron los años álgidos de la recesión como una época especialmente difícil, «No fue fácil para nosotros» (padre, familia 2), «Pasamos muchas dificultades» (padre, familia 10); una época de preocupación y de contención, «Naturalmente, todo el mundo se preocupa» (madre, familia 14), «Las cosas tenían que estar más contenidas» (padre, familia 12); y una época de estancamiento, «No hemos podido evolucionar, no hemos podido comprar cosas nuevas ni bienes nuevos, era como si la vida de la gente se hubiera detenido» (madre, familia 2). Al mismo tiempo, las personas participantes calificaron sus exigencias de manejables y afirmaron que el impacto no fue tan drástico, como ilustran las siguientes citas: «Si nos preguntaran si cambiamos radicalmente nuestra forma de vida, no lo hicimos. Claro que algunas cosas tuvieron que ser distintas, pero yo no diría que fuera algo sustancial» (padre, familia 9), «No es que no lo notáramos, pero no hubo un gran impacto» (madre, familia 6). Los miembros de las familias subrayaron también que, independientemente del grado de dificultad individual, pudieron cubrir sus necesidades cotidianas.
Por último, se observaron diferencias intergeneracionales. Las personas participantes mencionaron con frecuencia que hijos e hijas no sintieron el impacto de la recesión, ya que correspondía a la madre y al padre gestionar las finanzas familiares: «Si los padres gestionan bien las cosas, los hijos no notan nada» (hija, 26 años, familia 2), «En aquella época [principios de la década de 2010], yo no trabajaba, y mis padres me daban una paga, que siempre era la misma, así que la gestionaba como antes. Sabía lo que estaba pasando, pero personalmente no sentí el impacto» (hijo, 25 años, familia 12). Algunas madres y algunos padres parecían funcionar como escudos e intentaban mantener las preocupaciones financieras lejos de sus hijos e hijas: «Siempre hemos intentado, de algún modo, disimular la situación» (madre, familia 4), «Mis padres me dijeron que no me preocupara, porque eso era responsabilidad suya» (hijo, 26 años, familia 13); el bienestar general de la descendencia es una prioridad: «Ella [la hija] es mi Mercedes de gama alta» (padre, familia 7).
Este tema incluye las conductas de afrontamiento, es decir, lo que las familias hicieron para gestionar sus exigencias, y los recursos, es decir, aquello con lo que contaban y que facilitó ese proceso. Entre las conductas de afrontamiento, las familias introdujeron ajustes en la gestión del dinero, «Lo reorganizamos todo para que el gasto fuera lo más bajo posible» (padre, familia 1), lo que incluía definir qué era realmente prioritario (p. ej., pagar las facturas, los gastos de educación de hijas e hijos), crear nuevas estrategias de gestión del dinero (p. ej., ir siempre al supermercado con una lista de la compra, organizar los gastos semanalmente), ahorrar más o recurrir a los ahorros para afrontar las exigencias del momento, así como hacer recortes financieros. Los más frecuentes se referían a las actividades sociales y al ocio, «Cenar fuera era impensable» (padre, familia 4), «Dejamos de ir al cine» (madre, familia 2), seguidos de los recortes en el gasto diario, la compra de ropa y los gastos relacionados con las vacaciones y el coche.
Los recursos reflejaban y abarcaban la mirada positiva de las familias, así como sus procesos organizativos, de comunicación y de resolución de problemas. La mirada positiva se nutría de un punto de vista claramente optimista, «siempre vimos el lado positivo» (hija, 23 años, familia 14), y de la perseverancia, «Nuestro lema era no rendirnos» (madre, familia 2), así como de un sentido de dominio de lo posible y de aceptación, «Trabajamos con lo que tenemos» (hijo, 22 años, familia 4).
En cuanto a los procesos organizativos, las familias destacaron la importancia de la familia extensa y del apoyo social, afirmando que recibieron una ayuda significativa de amistades y, sobre todo, de sus familias de origen, y de los recursos materiales, entre ellos cultivar sus propios alimentos en casa. Se hizo mucho hincapié en las estrategias y hábitos previos de gestión del dinero: las familias subrayaron la importancia de vivir con lo que tenían, «Siempre intentamos inculcar ciertos hábitos de gastar solo lo necesario» (padre, familia 5), «Nunca pudimos permitirnos grandes lujos» (madre, familia 9); de ahorrar, «Estoy acostumbrado a ahorrar siempre algo de dinero, eso fue lo que nos ayudó a sobrevivir al período de crisis. Si no hubiéramos tenido nuestros ahorros, nos habríamos enfrentado a otros problemas» (padre, familia 1); y de la socialización financiera de hijas e hijos en el seno de la familia. A este respecto, las personas participantes mencionaban a menudo los valores y comportamientos de gestión del dinero que la descendencia había aprendido de sus madres y padres: «Hay valores que me inculcaron que también facilitaron su labor durante el período de crisis, que me habían inculcado hacía mucho tiempo, y creo que eso es educación, que resultó esencial. Si me decían que ese mes no podía tener algo, no me iba a enfadar ni a insistir» (hijo, 25 años, familia 11); «Siempre recuerdo que me enseñaban a ahorrar y me decían que no gastara dinero en cosas innecesarias» (hija, 26 años, familia 10). La cohesión figuraba también entre los procesos organizativos más mencionados por las familias, y reflejaba conexión, apoyo mutuo y trabajo en equipo. Algunas personas participantes subrayaron también la importancia de la flexibilidad y explicaron que buscaban nuevas estrategias cada vez que las anteriores dejaban de funcionar.
Por último, la comunicación figuraba entre los recursos que más identificaron las familias: «Lo más importante fue la comunicación, poder hablar abiertamente de nuestras dificultades» (hija, 25 años, familia 3). Los procesos de resolución de problemas implicaban la capacidad de abordar los problemas de forma colaborativa, «Aquí teníamos una especie de “consejo de Estado” en el que lo discutíamos todo entre los cuatro» (padre, familia 8), atenerse a los planes definidos previamente y ser tolerantes: «El respeto era importante; sin respeto, nadie seguía el plan» (hija, 26 años, familia 2).
Este tema refleja las creencias familiares sobre el contexto macroeconómico tanto en el momento del estudio como en el momento futuro que anticipaban. Aunque algunas personas participantes reconocían que en aquel momento podía encontrarse cierta positividad y buenas perspectivas, «Estamos en una buena fase de la economía» (hijo, 23 años, familia 14), la inmensa mayoría subrayó que los días de adversidad macroeconómica no habían terminado. Aunque «oficialmente las cosas están mejor» (hijo, 25 años, familia 11), los problemas persistían desde el punto de vista de las personas participantes: «¿Ha evolucionado la coyuntura nacional? Sí, el paro es más bajo, se han ocupado del déficit, pero hasta que eso nos llegue a nosotros, a las familias, todavía queda mucho por hacer, porque estamos asfixiados a impuestos» (padre, familia 1). Al mismo tiempo, algunas personas participantes percibían estas mejoras como ilusorias, «Estamos viviendo una falsa ilusión de prosperidad» (madre, familia 12), como «optimismos exagerados» (padre, familia 4), con un gobierno que intentaba transmitir un mensaje positivo sobre la recuperación económica mientras disimulaba las dificultades. Así pues, el contexto macroeconómico seguía percibiéndose con gran inestabilidad, y los miembros de las familias afirmaban que Portugal aún no había salido de la crisis económica: «La crisis no ha pasado, la crisis golpeará con más fuerza» (madre, familia 3). En consonancia, las personas participantes subrayaron que las crisis se producen de forma cíclica y anticipaban nuevos períodos de recesión económica: «La historia se repetirá. No digo mañana, pero dentro de un tiempo volveremos a estar en la misma situación» (padre, familia 11), «No tengo ninguna duda de que volveremos atrás y de que las cosas empeorarán» (madre, familia 4).
Los miembros de las familias compartieron también algunas opiniones sobre la manera en que el contexto macroeconómico influye negativamente en: el empleo, «Hoy los trabajos son un poco más complicados» (padre, familia 5); la capacidad de las familias para ganarse la vida, «Vamos a la compra y gastamos mucho más y compramos mucho menos» (madre, familia 8); y las tareas evolutivas de las personas en la adultez emergente, «Los jóvenes que salen hoy de la universidad lo tienen muy difícil, esa es la verdad» (hija, 26 años, familia 2), «Ahora pensamos en el futuro de estos jóvenes, los que acaban de graduarse y no tienen trabajo» (madre, familia 3), «Creo que a la mayoría de los jóvenes les gustaría tener hijos y creo que nuestra generación no está preparada para eso» (hijo, 26 años, familia 11).
Entre las exigencias actuales y previstas que más identificaron las personas participantes figuraban las relacionadas con el empleo. La mayor preocupación, compartida tanto por madres y padres como por hijas e hijos, era si las personas en la adultez emergente conseguirían encontrar trabajo: «No tener un trabajo en mi campo creo que es algo que me va a preocupar mucho» (hija, 26 años, familia 10), «Es una preocupación: ¿tendrán trabajo? ¿Cómo va a ser?» (padre, familia 8). Le seguían las preocupaciones generales sobre el empleo y las condiciones de trabajo, ya que hoy los trabajos son más exigentes, «No hay límite en el número de horas» (madre, familia 2), y menos seguros: «Ahora lo que más me preocupa es saber si mi trabajo es seguro, si no está amenazado» (padre, familia 5). Los miembros de las familias vivían también retos y preocupaciones relacionados con ganarse la vida: «Necesito que mis padres me ayuden durante el mes para poder venir a casa más a menudo; si no, no me llegaría para la gasolina» (hijo, 26 años, familia 11). Madres y padres compartían además preocupaciones relacionadas con su capacidad para seguir apoyando económicamente a sus hijos e hijas, con no poder hacer más por ellos, con convertirse en una carga en el futuro y con sus pensiones de jubilación: «Me temo que más adelante no habrá pensión para mí» (padre, familia 12).
En conjunto, madres, padres, hijas e hijos describieron esta fase como un período de preocupaciones, aprensión y frustración: «Siempre estaba preocupada porque veía lo frustrada que estaba ella mientras buscaba trabajo» (madre, familia 1), «Es completamente incierto, por eso no lo sé, por eso estoy tan preocupada» (hija, 20 años, familia 12). Además, para las personas en la adultez emergente parecía ser un período de posibilidades y de indefinición: «Tengo 22 años, estoy terminando el máster, pero sinceramente todavía no lo sé, aún no tengo claro qué quiero hacer a partir de ahora» (hijo, 22 años, familia 8), «Desde que salimos del instituto, sabemos que vamos a ir a la universidad; luego piensas: voy a hacer un máster, dos años más ocupada. Ahora, al final del máster: ¿qué voy a hacer? Estoy un poco así» (hija, 22 años, familia 4), «Sería genial ir a trabajar con mi supervisor, pero también me gustaría ir antes a trabajar a otro país europeo» (hijo, 23 años, familia 14). De nuevo se observaron diferencias intergeneracionales, ya que las personas participantes coincidían en que el futuro es mucho más incierto para hijas e hijos que para madres y padres: «Creo que [las tendencias macroeconómicas] me afectan más a mí que a ellos. Ellos tienen la vida resuelta, yo no» (hija, 22 años, familia 7).
Al reflexionar sobre lo que podría ayudar a las familias a afrontar las exigencias identificadas anteriormente y sus implicaciones, identificaron algunas conductas de afrontamiento específicas (p. ej., mantener las estrategias de gestión financiera aplicadas anteriormente, conservar los ahorros), pero subrayaron sobre todo la importancia de sus recursos como facilitadores de este proceso. Las personas participantes volvieron a destacar los beneficios de una mirada positiva, sostenida principalmente por la perseverancia, «No hay nada que no se pueda conseguir. Si caemos, nos levantamos» (madre, familia 4), unida a la esperanza y al pensamiento positivo, la aceptación y vivir el día a día, así como a la confianza en superar los retos.
En cuanto a los procesos organizativos, las familias subrayaron el papel principal de madres y padres como sistema de apoyo para sus jóvenes, no solo en lo económico sino también en lo emocional. Madres y padres ofrecían consejo y orientación a sus jóvenes, «Ella siempre le pide su opinión a su padre, qué piensa él. Otras veces viene a mí, en las cosas en las que yo soy mejor» (madre, familia 1), y funcionaban como un refugio seguro: «Todavía dependo mucho de mis padres; si están ahí, me siento segura» (hija, 20 años, familia 6). La convivencia en el hogar familiar era otra forma de apoyo, una que, según madres y padres, sus hijos e hijas tendrán siempre a su disposición: «Se irán, pero pueden ir y volver, y no pasa nada» (madre, familia 4).
Una vez más, las familias mencionaron la familia extensa y el apoyo social como recursos positivos en su vida, «Tenemos una estructura de apoyo muy grande, así que nuestras preocupaciones acaban estando más diluidas» (hijo, 28 años, familia 12), así como la socialización financiera de hijas e hijos. Como antes, la cohesión, que implica conexión, apoyo mutuo y trabajo en equipo, figuraba entre los procesos organizativos más mencionados por las personas participantes: «Incluso hoy, cuando estamos juntos los cuatro, vamos a la compra juntos» (hija, 23 años, familia 14), «Somos tres marineros remando del mismo lado» (hija, 26 años, familia 10). La flexibilidad se identificó también como un recurso en esta fase.
Los miembros de las familias valoraban mucho la comunicación, «El diálogo entre padres e hijos está entre las cosas más importantes, se están abriendo a nosotros» (padre, familia 9), y compartían entre sí sus sentimientos negativos, «Es una forma de que ella saque lo que se guarda dentro. Está sometida a mucha presión, así que llega a casa y se siente cómoda hablando con nosotros» (padre, familia 4), así como interacciones positivas, especialmente con humor: «A veces es nuestra manera, las bromas y todo eso, de hacer las cosas más fáciles» (madre, familia 14). Además, los procesos de resolución de problemas que surgieron en esta fase se caracterizaban principalmente por una actitud de planificación y preparación, en la que las personas participantes subrayaban la importancia de pensar bien las cosas antes de tomar cualquier decisión, por un dominio activo, «Hay un problema, pues lo resolvemos aquí y ahora, lo antes posible» (hija, 26 años, familia 2), y, una vez más, por la toma de decisiones compartida.
Las expectativas de futuro se incluyeron también en este tema. Las personas participantes compartieron varias esperanzas y sueños para su futuro, la mayoría relacionados con la autonomía y la estabilidad de hijas e hijos, así como con el trabajo y la carrera profesional. Les seguían las esperanzas relacionadas con el ocio y los viajes, la familia y el matrimonio, los recursos económicos, la educación y la vivienda en propiedad.
Las aproximaciones a la religión y a la espiritualidad variaban dentro de las familias y entre ellas. Sin embargo, en la mayoría de las familias había al menos un miembro que manifestaba abiertamente tener creencias y prácticas espirituales. Para estas personas participantes, la fe se describía como un impulso y como algo a lo que aferrarse para buscar fuerza y superar los retos: «Creer en algo ayuda; aunque el resultado final no sea el que esperábamos, me anima a ir en una dirección» (padre, familia 9), «Veo a Dios como una entidad que siempre está ahí y que me da fuerza» (hija, familia 1). Independientemente de sus creencias personales, la mayoría de los miembros de las familias coincidía en que la espiritualidad (asociada o no a la religión) aporta beneficios a las personas y les ayuda a afrontar las dificultades, incluidas las exigencias macroeconómicas. Además, reforzando la idea de la espiritualidad como recurso a nivel familiar, el hijo de la familia 8 declaró: «Digamos que, en cierto modo, es contagioso. Acaba siendo algo positivo que tienen mis padres, porque creen en ello y acaban transmitiéndonoslo, así que es algo bueno».
Al igual que la espiritualidad, la mayoría de las familias consideraba sus historias anteriores de gestión exitosa de la adversidad como un recurso para atravesar los tiempos macroeconómicos difíciles. Los miembros de las familias coincidían en afirmar que haber afrontado la adversidad en el pasado (relacionada o no con exigencias macroeconómicas) les ayuda a evitar nuevos períodos de crisis o a estar preparados para ellos. Esas experiencias han enseñado mucho a la familia y la han hecho más fuerte, tanto a cada persona como a la unidad familiar. Así lo ilustran las siguientes citas: «Hay experiencias que no le deseamos a nadie, pero nos fortalecen, nos abren horizontes de conocimiento» (padre, familia 1), «Yo, como madre, salí fortalecida» (madre, familia 13), «Fue un aprendizaje para todos» (hija, familia 7). A partir de los hallazgos de este estudio, la Fig. 1 propone los procesos familiares clave que pueden promover la adaptación y la resiliencia familiares en tiempos macroeconómicos difíciles.

Este estudio cualitativo inédito exploró cómo las familias con hijos e hijas en la adultez emergente han ido afrontando las exigencias vinculadas a la macroeconomía desde la Gran Recesión. Buscamos ampliar el conocimiento sobre la resiliencia familiar en el contexto de la adversidad macroeconómica abordando las experiencias de las personas participantes con sus propias palabras. En primer lugar, nos centramos en las experiencias de las familias durante los años más difíciles de la recesión en Portugal. En segundo lugar, abordamos las experiencias de las familias en los años siguientes, incluido el período en que se realizó el estudio y el futuro que se anticipaba en aquel momento.
A principios de la década de 2010, las familias parecen haber soportado mayores dificultades y presión económicas, ya que refirieron pérdida de ingresos, acontecimientos negativos que afectaban al empleo y la necesidad de recortar gastos (Conger et al., 1993). En apoyo de la idea de que las exigencias familiares se acumulan e interactúan entre sí (Patterson, 1988), la mayoría de las familias sufrió cambios negativos en sus condiciones económicas en un período de su vida en el que los recursos financieros se volvieron especialmente necesarios debido al aumento de los gastos de educación de hijas e hijos. Desde la óptica del modelo FAAR (Patterson, 1988; 2002), al verse amplificadas sus exigencias, estas familias pueden haber atravesado en algún momento de esos años un período de crisis y de desequilibrio. Así lo respalda la descripción que hacen las personas participantes de este período como una época difícil, de estancamiento y de preocupación. No obstante, nuestros hallazgos sugieren que madres y padres, por un lado, e hijas e hijos, por otro, vivieron este período de manera diferente. Esto concuerda con un estudio portugués anterior (Relvas et al., 2020) que mostró cierta variabilidad en los informes de presión económica entre estos miembros de la familia. En comparación con sus hijos e hijas en la adultez emergente, madres y padres percibían como más difícil llegar a fin de mes y referían un mayor número de recortes financieros en respuesta a las dificultades económicas. Como son madres y padres quienes asumen la responsabilidad del sustento de la familia, es legítimo esperar que, durante el momento álgido de la recesión, el estrés económico fuera más acusado en este subsistema familiar (Relvas et al., 2020). Las madres y los padres entrevistados en este estudio afirmaron que, de hecho, les correspondía gestionar las finanzas familiares y atender las necesidades de sus hijos e hijas. Esto puede relacionarse con las tendencias mundiales de apoyo económico parental continuado durante la prolongada transición de la descendencia a la edad adulta (Swartz et al., 2011), una realidad ampliamente aceptada y respaldada en la sociedad portuguesa. Al igual que ocurre en otros países del sur de Europa con políticas de bienestar débiles, en Portugal es la familia la que asume la principal responsabilidad económica de sus hijos e hijas adultos (Mendonça & Fontaine, 2013).
Pese al mayor número de exigencias a las que las familias dijeron enfrentarse durante el momento álgido de la crisis, las personas participantes percibían que habían sido capaces de superarlas, incluso en las familias que describían experiencias de desequilibrio más significativas en aquel momento. Es probable que los significados que las familias atribuyeron a la recesión contribuyeran a este proceso de adaptación poscrisis. De hecho, la manera en que los miembros de las familias veían la crisis económica les permitió extraer un sentido de la adversidad, lo que corresponde a un proceso familiar clave de la resiliencia (Walsh, 2003; 2016). Compartían creencias sobre la normatividad de la recesión mundial y su impacto generalizado, contextualizaban sus dificultades e incluso identificaban aspectos positivos surgidos de la crisis. Además de extraer un sentido de la adversidad, las personas participantes hablaron de la importancia de tener una mirada positiva, y de la trascendencia y la espiritualidad. Otros recursos familiares para gestionar las exigencias macroeconómicas identificados por las familias y que corresponden a los procesos de resiliencia de Walsh fueron la flexibilidad, la cohesión, la comunicación y los procesos de resolución de problemas.
Entre los recursos sociales y económicos, y en consonancia con la literatura previa (Conger & Conger, 2002; Frade & Coelho, 2015; Vandsburger & Biggerstaff, 2004), la familia extensa y el apoyo social aparecieron como recursos familiares para afrontar las exigencias económicas. Sin embargo, en este contexto específico de adversidad, las familias destacaron la importancia de una gestión sólida del dinero familiar antes de la recesión económica. En opinión de las personas participantes, sus estrategias previas en el manejo de las finanzas familiares, como vivir con lo que tienen, limitar las «extravagancias» y ahorrar dinero, fueron una de las razones más importantes que ayudaron a las familias a evitar una adversidad más significativa y prolongada durante la recesión. Estos resultados parecen contradecir algunos de los relatos públicos que surgieron en aquellos años, que presentaban a las familias portuguesas como si vivieran por encima de sus posibilidades y legitimaban las medidas de austeridad (Reis et al., 2013). Además, la socialización financiera – conceptualizada como la adquisición y el desarrollo de valores, actitudes, normas, conocimientos y comportamientos que contribuyen a la viabilidad y al bienestar financieros de una persona (Danes, 1994) – promovida por madres y padres en sus hijos e hijas a lo largo del tiempo surgió también en este estudio como un recurso que facilita la gestión de las exigencias macroeconómicas por parte de las familias. Las personas en la adultez emergente, por ejemplo, explicaron cómo sus madres y padres les habían enseñado algunas de las estrategias de gestión del dinero mencionadas anteriormente, muy valoradas por estos miembros de la familia. Este proceso se vio probablemente favorecido por la comunicación familiar, que las personas participantes describieron como abierta, positiva y como un importante activo familiar. En consonancia con ello, hallazgos recientes (Lanz et al., 2019) han mostrado que la calidad de la comunicación entre madres o padres e hijos o hijas influye positivamente en el grado en que las personas en la adultez emergente imitan a sus progenitores y los adoptan como modelo financiero.
Entre las conductas de afrontamiento introducidas por las familias durante los años más complicados de la crisis figuraban los ajustes y recortes financieros. Por un lado, estos comportamientos pueden considerarse parte integrante de la experiencia de presión económica (Conger et al., 1993). Hallazgos previos (Relvas et al., 2020; Stein et al., 2011) han indicado que tener que hacer ajustes financieros, incluidos los recortes de gastos, se asociaba a niveles más altos de estrés, ansiedad y depresión referidos por las personas en la adultez emergente. Cabe plantear la hipótesis de que estos miembros de la familia sintieran el impacto de la recesión a principios de la década de 2010 de forma indirecta en esta dimensión específica (es decir, los cambios concretos en la vida familiar), ya que nuestros hallazgos sugieren que la mayoría de madres y padres intentaron funcionar como escudos, sin compartir abiertamente sus preocupaciones financieras con sus hijos e hijas y ofreciéndoles el mismo apoyo económico que antes. Por otro lado, como estos cambios se introdujeron para hacer frente a las exigencias macroeconómicas, pueden considerarse conductas de afrontamiento que contribuyen al ajuste y la adaptación familiares. En consonancia con la literatura previa (Relvas et al., 2020; Frade & Coelho, 2015; Zvonkovic et al., 2014), nuestros hallazgos revelaron que los ajustes en los gastos asociados a las actividades sociales y al ocio (p. ej., cenar fuera) figuraban entre los que las familias aplicaron con más frecuencia.
Los hallazgos sobre las experiencias de las familias en el contexto macroeconómico del momento del estudio atestiguaron que la crisis macroeconómica tuvo un impacto duradero. En consonancia, las personas participantes refirieron que la adversidad económica persistió tras el momento álgido de la crisis económica de principios de la década de 2010. Cuestionaban la recuperación económica del país y se preguntaban cuándo tendrían sus efectos un impacto en la vida de las familias. Así pues, las personas participantes seguían percibiendo su contexto macroeconómico como inestable y exigente, lo que creaba dificultades a la mayoría de las familias para ganarse la vida, y en particular a la juventud. Con más formación que las generaciones anteriores, se percibía que las personas en la adultez emergente de hoy tenían dificultades para entrar en el mercado laboral y, en consecuencia, para establecer una vida independiente. Estas creencias de las familias concuerdan con los datos que establecen que la juventud es la más golpeada por las recesiones económicas, y que su impacto (p. ej., el desempleo juvenil) persiste mucho tiempo después de que la economía haya vuelto a crecer (Choudhry et al., 2012; Verick, 2009).
En cuanto a las exigencias vividas a finales de la década de 2010 y las que se esperaba vivir en el futuro, la capacidad de las personas en la adultez emergente para encontrar trabajo surgió como una preocupación principal tanto para hijas e hijos como para madres y padres. Esto corrobora hallazgos anteriores sobre el predominio de las preocupaciones laborales y profesionales en el pensamiento sobre el futuro de las personas en la adultez emergente (Fonseca et al., 2019; Ranta et al., 2014) y es probablemente un reflejo del contexto macroeconómico de las personas participantes, en el que la tasa de desempleo juvenil seguía siendo elevada (ILO, 2018). Reflejando probablemente un contexto persistente de inestabilidad financiera y de baja calidad del empleo y de los salarios (ILO, 2018), las personas participantes expresaron también otras preocupaciones relacionadas con el empleo, y reflexionaron sobre cómo los trabajos de hoy pueden ser más exigentes e inestables. Es importante señalar que estos hallazgos respaldaron la idea de que las exigencias y el estrés económicos no son solo el resultado de cambios económicos objetivos (p. ej., la pérdida del empleo o de ingresos), sino que también pueden surgir de las evaluaciones subjetivas que cada persona hace de sus contextos macroeconómicos, que incluyen las preocupaciones e inquietudes financieras (Fonseca et al., 2016; Falconier & Epstein, 2011).
En esta línea, a finales de la década de 2010, las familias dijeron haber vivido preocupaciones, aprensión y frustración. No obstante, las personas participantes describieron también este período de su vida como una etapa de exploración y de grandes posibilidades para las personas en la adultez emergente. Según Schwartz (2016), la adultez emergente puede representar una etapa evolutiva de dos caras, ya que es, en efecto, la edad de las posibilidades (Arnett, 2015), pero a menudo está cargada de preocupación por el propio futuro. Nuestros hallazgos parecen indicar que estos sentimientos distintos coexisten no solo en las personas en la adultez emergente, sino también en sus madres y padres. En nuestra opinión, esta paradoja puede ser aún más marcada en contextos de inestabilidad financiera, y refleja en última instancia la complejidad de la transición actual a la edad adulta.
Otras preocupaciones de madres y padres se referían a su capacidad para seguir apoyando económicamente a sus hijos e hijas en el futuro, lo que muestra que el apoyo económico prolongado a la descendencia es una realidad esperada en estas familias, de acuerdo con la cultura portuguesa de solidaridad intergeneracional (Frade & Coelho, 2015; Mendonça & Fontaine, 2013). Los hallazgos relativos a la convivencia en el hogar familiar, con madres y padres que mostraban flexibilidad respecto a dónde y cómo vivían sus hijos e hijas y una total apertura a un eventual regreso de la descendencia adulta a la casa familiar cuando fuera necesario, pueden leerse también a la luz de esta lógica.
En cuanto a los recursos familiares, más allá de los ya identificados como utilizados durante el momento álgido de la última crisis (p. ej., la mirada positiva, la cohesión, la comunicación), las familias subrayaron la importancia del apoyo parental para gestionar las exigencias macroeconómicas a finales de la década de 2010. Corroborando la literatura previa (Aquilino, 2006; Fingerman et al., 2016), los resultados de este estudio mostraron que el apoyo parental puede adoptar diferentes formas, como la orientación emocional y el consejo, el pago de gastos, la entrega de dinero y la convivencia en el hogar familiar.
Los hallazgos de este estudio concuerdan con la idea de que madres y padres funcionan como sistemas de apoyo para sus jóvenes en la adultez emergente, alentando sus procesos de exploración durante esta etapa evolutiva y contribuyendo a que la transición de sus hijos e hijas a la edad adulta sea exitosa (Aquilino, 2006; Oliveira et al., 2020; Swartz et al., 2011). Estar presentes para sus hijos e hijas en esos años de su vida parecía aportar a estas familias una sensación de seguridad y de unión. Esto mostraría que la transición a la edad adulta es un proceso de toda la familia, en el que tanto madres y padres como hijos e hijas participan activamente. Las familias participantes parecían implicadas en esta «empresa evolutiva conjunta» (Scabini et al., 2006) a finales de la década de 2010, en la que las exigencias y preocupaciones macroeconómicas, incluidas las relacionadas con el futuro de la descendencia, eran afrontadas por toda la familia. Del mismo modo, se identificaron recursos a nivel familiar como activos importantes para afrontar las exigencias macroeconómicas actuales y previstas. Esto concuerda con nuestro enfoque sistémico de la resiliencia familiar, que considera que las crisis y los retos de la vida afectan a toda la familia, y que los procesos familiares clave median, a su vez, la adaptación de cada uno de sus miembros, de sus relaciones y de la unidad familiar (Walsh, 2016).
Este estudio presenta limitaciones que deben tenerse en cuenta al interpretar sus hallazgos. Los datos solo se refieren a familias biparentales con jóvenes en la adultez emergente que eran estudiantes universitarios. La mayoría de las familias pertenecía a un SES medio/alto y no vivió una pérdida de empleo significativa o persistente en los últimos años. Esta homogeneidad nos impidió captar situaciones que pueden ser pertinentes para otras familias portuguesas con hijos e hijas en la adultez emergente. Se necesitan estudios futuros con muestras más amplias y diversas, que podrían poner de manifiesto diferencias importantes en la respuesta familiar a las exigencias macroeconómicas según la estructura familiar, el SES y la trayectoria educativa y profesional de hijas e hijos. En esta línea, el proceso de selección de la muestra en investigaciones futuras debería planificarse con cuidado (p. ej., considerar dirigirse inicialmente a otros miembros de la familia en lugar de a las personas en la adultez emergente) para facilitar la composición de muestras más heterogéneas. Estos esfuerzos contribuirían probablemente a la validez externa de los estudios sobre el estrés económico familiar en la adultez emergente.
Pese a sus limitaciones, este estudio realiza una contribución significativa a la investigación sobre el estrés económico familiar, al proponer procesos familiares clave asociados a una adaptación positiva en contextos de adversidad macroeconómica. Uno de sus puntos fuertes reside en la identificación de estos procesos desde el punto de vista de la familia en su conjunto, favorecida por nuestro enfoque metodológico de realizar entrevistas con varios miembros de la familia. Este conocimiento puede orientar la práctica clínica y el desarrollo de intervenciones multisistémicas destinadas a ayudar a las familias en tiempos macroeconómicos difíciles. Con una comprensión más amplia de la adaptación familiar a las exigencias macroeconómicas, los equipos clínicos pueden evaluar y comprender mejor la gestión que hacen las familias de las exigencias económicas y maximizar su potencial de resiliencia en este contexto, en particular reforzando los procesos familiares clave.
Además, este estudio contribuyó al conocimiento de la adultez emergente y de las dinámicas familiares durante esta etapa evolutiva clave en Portugal. Al subrayar la naturaleza relacional de la transición a la edad adulta (Oliveira et al., 2020), nuestros hallazgos arrojan luz sobre las preocupaciones de los miembros de la familia respecto a la entrada de sus jóvenes en el mercado laboral y a su desarrollo profesional en un contexto de inestabilidad macroeconómica. Según las teorías del ciclo vital familiar (p. ej., Relvas, 2000; McGoldrick et al., 2016), la afirmación de sí en relación con el trabajo y la independencia económica son tareas clave tanto para las trayectorias de desarrollo individuales como familiares. Los resultados de este estudio respaldan la idea de que el cumplimiento de estas tareas de segundo orden por parte de las personas jóvenes adultas se vuelve aún más difícil en un contexto de inestabilidad macroeconómica. Comprender cómo las personas en la adultez emergente y sus familias logran afrontar esta complejidad renovada tiene una relevancia sustancial para los equipos clínicos que trabajan con esta población en el presente y en el futuro. En consecuencia, los hallazgos de una crisis anterior cobran aún más relevancia si se tiene en cuenta que el siglo XXI seguirá muy probablemente marcado por una inestabilidad macroeconómica mundial y cíclica. Por último, este estudio llama especialmente la atención sobre los posibles efectos duraderos de una crisis macroeconómica. Las familias portuguesas con jóvenes en la adultez emergente podrían estar aún recuperándose de los efectos de la crisis económica de 2008, con hijas e hijos que siguen teniendo dificultades para encontrar un empleo seguro y estable una década después. En última instancia, este estudio hace un llamamiento a intensificar el debate sobre los enfoques políticos destinados a apoyar a estas personas y familias que atraviesan tiempos macroeconómicos difíciles.
Complexe Systémique: puntos clave
El interés del estudio reside en su diseño: entrevistas familiares conjuntas, en las que madres, padres y jóvenes en la adultez emergente construyen juntos el relato de la crisis. Lo que surge es una familia que se piensa como un equipo, con su «consejo de Estado», pero también una frontera generacional: madres y padres que absorben el golpe y mantienen a sus hijos e hijas al margen de las preocupaciones económicas. Una protección real, que sin duda tiene su coste, ya que los recortes son visibles y la transición a la edad adulta pasa a depender de la ayuda parental. Para la práctica sistémica, el texto recuerda que el estrés económico entra en la familia tanto por los significados como por las cifras: normalizar la crisis, compararse con otras familias, recordar las dificultades ya superadas son recursos que explorar en sesión, al igual que la comunicación sobre el dinero. Invita también a prestar atención al ciclo vital: una crisis que golpea mientras la descendencia estudia pesa más. Los límites son claros: 14 familias biparentales, bastante acomodadas, sin desempleo duradero, reclutadas en parte a través de contactos universitarios. Puede leerse junto con el artículo sobre la crisis argentina de 2001-2003 y el artículo sobre la terapia sistémica de la resiliencia.
Notas del original
Agradecimientos. Esta investigación contó con el apoyo de una beca de doctorado (SFRH/BD/114861/2016) concedida a la primera autora por la Fundação para a Ciência e a Tecnologia de Portugal.
Financiación. Financiación de acceso abierto proporcionada por FCT|FCCN (b-on).
Conflicto de intereses. La autoría declara no tener intereses en conflicto.
Referencias
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Traducción no oficial al español de Families Navigating Macroeconomic Hard Times: The Experiences of Portuguese Emerging Adults and Their Parents in the Aftermath of the Great Recession, de Gabriela Fonseca, Daniela Lourenço, Rita Francisco, Carla Crespo y Ana Paula Relvas, Journal of Child and Family Studies, vol. 33, no 1 (2024), doi: 10.1007/s10826-023-02650-9, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
El artículo original «Families Navigating Macroeconomic Hard Times: The Experiences of Portuguese Emerging Adults and Their Parents in the Aftermath of the Great Recession» se publicó en Journal of Child and Family Studies (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Esta versión es una traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, con una presentación adaptada para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Fonseca, G., Lourenço, D., Francisco, R., Crespo, C., y Relvas, A. P. (2024). Families Navigating Macroeconomic Hard Times: The Experiences of Portuguese Emerging Adults and Their Parents in the Aftermath of the Great Recession. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/families-navigating-macroeconomic-hard-times-the-experiences-of-portuguese-emerging-adults (Obra original publicada en 2023 en Journal of Child and Family Studies, 33(1), 314-326 (2024); republicada en 2024 por Journal of Child and Family Studies, https://link.springer.com/article/10.1007/s10826-023-02650-9)
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