Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Healthcare · Familia
¿Qué puede ofrecer la terapia narrativa a niñas y niños con diagnóstico de TDAH, y a sus familias? Un equipo israelí reunió 24 documentos, desde tesis doctorales hasta ensayos clínicos, publicados en seis idiomas. De ellos extrae los fundamentos filosóficos del enfoque, su visión del diagnóstico, cuatro intervenciones clave y una base empírica todavía escasa, antes de defender una lectura positiva de los rasgos asociados al TDAH.
Traducción no oficial al español de Health Side Story: Scoping Review of Literature on Narrative Therapy for ADHD, de Yaakov Ophir, Hananel Rosenberg, Refael Tikochinski y Yaniv Efrati, publicado en Healthcare (MDPI) (2025), doi: 10.3390/healthcare13111247, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla 1 se presenta en forma de lista; las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
La terapia narrativa suele evitar el lenguaje médico y las etiquetas diagnósticas, y privilegia en su lugar un diálogo colaborativo centrado en los valores y las fortalezas.
Yaakov Ophir, Hananel Rosenberg, Refael Tikochinski y Yaniv Efrati
Resumen
La terapia narrativa suele evitar el lenguaje médico y las etiquetas diagnósticas, y privilegia en su lugar un diálogo colaborativo centrado en los valores y las fortalezas. ¿Cómo se aplica este enfoque a niñas y niños con diagnóstico de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), la condición del neurodesarrollo más frecuente? Este estudio presenta la primera revisión de alcance sobre el tema. Una búsqueda sistemática en cinco bases de datos (APA PsycNET, PubMed, Web of Science, ProQuest y Google Scholar) identificó 24 documentos que cumplían los criterios de inclusión. Surgieron cuatro aportaciones clave relativas a estas terapias: (1) fundamentos filosóficos; (2) perspectiva singular sobre el TDAH; (3) intervenciones prácticas (por ejemplo, externalizar el problema y separarlo del niño o la niña, identificar «momentos brillantes»); (4) eficacia observada. Se recomienda seguir investigando para evaluar el impacto empírico de la terapia y explorar su potencial para empoderar a la infancia mediante la co-creación de una «health-side story» (una historia del lado de la salud) que desplace la atención de los problemas hacia las fortalezas, las relaciones y los valores.
Palabras clave: TDAH, déficit de atención, terapia narrativa, psicoterapia infantil, revisión de la literatura
El uso de etiquetas diagnósticas en psicoterapia infantil puede resultar un arma de doble filo. Por un lado, las etiquetas pueden aportar a niñas, niños y familias una sensación de sentido y de control. También pueden reducir la culpa de madres y padres y facilitar el acceso a tratamientos y servicios valiosos. Por otro lado, pueden exponer a la infancia al estigma y a expectativas negativas que se cumplen a sí mismas. Con el tiempo, estas etiquetas pueden dañar la autoestima de un niño o una niña y mermar su confianza en su capacidad de cambiar o de beneficiarse de la psicoterapia [1,2,3,4]. Esta inquietud es especialmente pertinente para la etiqueta diagnóstica infantil más frecuente: el TDAH, trastorno por déficit de atención e hiperactividad [5,6].
Según el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5-TR), el TDAH es una condición del neurodesarrollo que afecta a la atención y a las funciones ejecutivas, y que puede conducir a una serie de consecuencias y complicaciones graves [6]. Los consorcios de especialistas suelen conceptualizar el TDAH como una condición innata y de por vida, con sólidos fundamentos neurobiológicos [7,8]. En consonancia, el DSM-5-TR sitúa el TDAH en su apartado de trastornos del neurodesarrollo, y hay especialistas que lo han llamado «la diabetes del cerebro» [9]. Es posible, por tanto, que parte de la infancia que recibe este diagnóstico interiorice estos mensajes médicos y desarrolle una percepción arraigada de sus consecuencias inevitables.
Aunque el modelo biomédico del TDAH sigue siendo dominante, se acompaña de una creciente literatura neurobiológica y está ampliamente adoptado en los contextos clínicos, la terapia narrativa propone un enfoque radicalmente distinto. En lugar de centrarse en supuestos déficits biológicos, invita a las personas consultantes a re-autorar sus experiencias mediante el relato y la construcción de sentido. En este sentido, la terapia narrativa supone una ruptura radical con la práctica convencional y se alinea con los movimientos culturales contemporáneos que ponen el acento en el pluralismo, la exploración de la identidad y la resistencia al determinismo diagnóstico [10].
En la terapia narrativa, se anima a las personas consultantes a cuestionar la percepción habitual de la etiqueta diagnóstica. También se las guía para externalizar la etiqueta y distinguirla de su identidad, más amplia y más matizada [11]. Como sugieren el nombre de la terapia y la filosofía posmoderna que la sustenta (véase el apartado de Resultados para más detalles), quienes practican la terapia narrativa suelen referirse a la etiqueta diagnóstica como «solo una historia posible, y bastante pobre», sobre el niño o la niña [12]. Desde el punto de vista terapéutico, esta historia no ofrece necesariamente la representación más exacta ni la más útil de la persona menor. Por ello, durante la terapia, se invita a niñas, niños y familias a «re-autorar» la historia dominante sobre el «problema» que les llevó a pedir ayuda [13]. En esta narrativa emergente, se anima a las personas consultantes a poner de relieve sus fortalezas y recursos psicológicos, lo que favorece un renovado sentimiento de optimismo y de confianza en sí mismas (por ejemplo, [14,15]).
Sin duda, este enfoque puede parecer prometedor, pero ¿puede realmente apoyar, en contextos reales, a niñas y niños con diagnóstico de condiciones del neurodesarrollo como el TDAH? ¿Qué pruebas existen actualmente sobre su eficacia frente al TDAH y cómo funciona en la práctica? Al fin y al cabo, la terapia narrativa no pretende reducir directamente los síntomas, sino promover un cambio en el modo en que las personas consultantes comprenden sus dificultades vitales y se relacionan con ellas, incluida la dificultad concreta que suele denominarse TDAH.
Hasta la fecha, no hay respuestas sencillas a estas preguntas. Hasta donde sabemos, solo un número limitado de estudios ha investigado la eficacia de la terapia narrativa para el TDAH, y todavía no se ha publicado ninguna revisión exhaustiva sobre el tema. El objetivo de este artículo es, por tanto, presentar la primera revisión de alcance de la literatura científica acumulada en las últimas décadas sobre la terapia narrativa para el TDAH. Con esta revisión, pretendemos empezar a responder a las preguntas planteadas, presentar los principios e intervenciones clave de la terapia y señalar sus principales fortalezas y limitaciones, que merecen explorarse en futuras investigaciones.
La presente revisión siguió las directrices ampliadas de los Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses for Scoping Reviews (PRISMA-ScR) [16]. El protocolo registrado está disponible en el Open Science Framework (OSF): https://doi.org/10.17605/OSF.IO/7ZEPX (consultado el 21 de mayo de 2025). La búsqueda bibliográfica se realizó en enero de 2024. A continuación se describen en detalle la estrategia de búsqueda, los criterios de inclusión y exclusión, y los métodos de registro y síntesis de los datos.
Los términos de búsqueda para la terapia narrativa fueron «Narrative Therapy» y «Narrative Approach» (para localizar documentos que se refirieran a esta terapia con otra terminología). Los términos de búsqueda para el TDAH fueron el acrónimo habitual «ADHD» y las dos primeras palabras del término diagnóstico formal, «Attention Deficit» (para localizar documentos que no utilizaran el acrónimo común o que emplearan diagnósticos de ediciones anteriores del DSM).
La figura 1 describe el proceso de búsqueda. Las cuatro combinaciones posibles de estos términos (es decir, «ADHD» y «Narrative Therapy»; «ADHD» y «Narrative Approach»; «Attention Deficit» y «Narrative Therapy»; y «Attention Deficit» y «Narrative Approach») se buscaron en todos los campos de búsqueda disponibles de tres bases de datos destacadas en psicología, medicina y ciencia general: APA PsycNET, PubMed y Web of Science. Se realizó una búsqueda complementaria de trabajos no publicados con el motor de búsqueda ProQuest. En esta búsqueda, los términos se limitaron al campo del resumen para evitar tesis doctorales que no abordaran directamente estos términos. Por último, se realizó una búsqueda final en Google Scholar para localizar artículos académicos potencialmente muy pertinentes que no estuvieran indexados en ninguna de las bases de datos convencionales anteriores. Esta búsqueda se limitó únicamente al campo del título.

Dada la escasez de literatura sobre la terapia narrativa para el TDAH, esta revisión aplicó criterios de inclusión amplios, que abarcaban todo tipo de publicaciones e idiomas. Este enfoque inclusivo dio lugar a un conjunto inicial de 36 documentos tras la eliminación de duplicados (figura 1). El conjunto inicial incluía 18 artículos de revista, 9 tesis doctorales y trabajos de fin de máster, 2 libros, 2 capítulos de libro y 5 reseñas de libros.
Después, en la segunda etapa de la búsqueda sistemática, se excluyeron del conjunto final los documentos que no abordaban el tema de esta revisión (es decir, la terapia narrativa para el TDAH). Para mitigar posibles sesgos, en particular respecto de las fuentes sin revisión por pares, como los capítulos de libro, este proceso de exclusión lo realizaron de forma independiente dos integrantes del equipo. Leyeron con atención los títulos y los resúmenes de todos los documentos y juzgaron su pertinencia para el tema. Cuando el título y el resumen no ofrecían información suficiente (por ejemplo, en el caso de capítulos de libro), examinaron el manuscrito completo. También buscaron la palabra clave «narrative» en cada manuscrito para evaluar su significado preciso en su contexto. Cabe señalar que la mayoría de los documentos excluidos en esta etapa lo fueron porque el término «narrative» no se refería a la terapia narrativa, sino a análisis de contenido metodológicos (narrativos) o a presentaciones (narrativas) de resultados. En total, en este proceso, el equipo acordó de forma independiente y unánime eliminar 12 documentos (7 artículos de revista y 5 tesis) que no abordaban el tema en cuestión.
El conjunto final de documentos que cumplían los criterios de inclusión se presenta en el apartado de resultados. Los métodos de registro y síntesis de los datos siguieron las orientaciones para realizar una síntesis narrativa de los resultados de revisiones de la literatura [17]. Esta elección metodológica se hizo en función de las características del conjunto de datos, que no se prestaban a un metaanálisis cuantitativo. Entre ellas figuraban las siguientes: (1) una mezcla de documentos teóricos y empíricos; (2) la presencia de estudios cualitativos; (3) un número insuficiente de estudios cuantitativos que informaran de estadísticos de resultados interpretables; (4) diseños de investigación mayoritariamente de baja calidad, con muestras pequeñas.
En la práctica, elaboramos un formulario de registro en Microsoft Excel para documentar los datos esenciales de cada documento: el tipo de documento, su metodología y sus principales hallazgos o aportaciones (tabla 1). Dividimos el registro de los datos en tres etapas. En la primera, realizamos una lectura atenta de la literatura teórica para captar la esencia de la terapia narrativa para el TDAH, organizar sus principios y aportaciones clave e identificar los temas comunes a los documentos reunidos. Después, en la segunda etapa, realizamos una lectura atenta de los estudios empíricos para organizar sus resultados y evaluar su calidad y solidez [18]. Por último, en la tercera etapa, situamos los resultados empíricos y las aportaciones teóricas en los grandes temas que surgieron de los documentos reunidos (véanse los resultados).
La revisión de alcance de la literatura, conforme a las directrices PRISMA-ScR y a los criterios de selección descritos, dio como resultado un conjunto final de 24 documentos sobre la terapia narrativa para el TDAH (figura 1). Estos documentos comprendían once artículos de revista, cuatro tesis doctorales, dos libros (uno de los cuales solo incluía un capítulo pertinente), dos capítulos de libro y cinco reseñas de libros (tabla 1).
La tabla 1 resume las principales características del conjunto final de 24 documentos pertinentes, incluidos sus métodos y sus principales hallazgos o aportaciones. En total, se publicaron 11 documentos teóricos y 13 documentos empíricos entre 1996 y 2023. La mayoría de los documentos reunidos se publicaron en Norteamérica, pero un número considerable de los estudios empíricos se realizó en Irán (n = 7). Entre los documentos teóricos, dos títulos merecen especial mención porque ofrecen una descripción directa y global del tema: el capítulo de libro «From deficits to special abilities: Working narratively with children labeled ADHD» [19] y el libro «Treating Huckleberry Finn: A new narrative Approach to working with kids diagnosed ADD/ADHD» [12]. En consonancia, cuatro de las cinco reseñas de libros que surgieron en la búsqueda sistemática trataban este último libro de Nylund.
Al parecer, la quinta reseña se ocupaba de un libro muy conocido sobre la terapia narrativa, escrito por una de las personas que la fundaron [14]. Este libro, de David White, ofrece «mapas de la práctica narrativa» que desbordan el ámbito del tema tratado, y no apareció en la presente búsqueda sistemática. Sin embargo, dado que parte de su contenido se refiere específicamente a aplicaciones de la terapia con niñas y niños diagnosticados de TDAH, también nos referimos a este libro en la presentación detallada de los resultados que sigue.
El registro y la síntesis de los datos del conjunto de documentos dieron lugar a cuatro grandes temas relativos a estas terapias: (1) fundamentos filosóficos; (2) visiones singulares del TDAH; (3) principales intervenciones y estrategias; (4) eficacia observada. Los subapartados siguientes presentan en detalle los principales hallazgos y aportaciones de esta revisión para cada uno de estos temas. A lo largo de estos subapartados se insertan referencias representativas a los documentos reunidos en esta revisión, para orientar a quienes lean hacia más información sobre los aspectos concretos de la terapia narrativa que se presentan en cada tema. La tabla 1 ofrece información complementaria sobre los hallazgos y aportaciones de esta revisión.
Muchos de los documentos reunidos en esta revisión tratan los fundamentos filosóficos de la terapia narrativa. En este apartado repasamos brevemente las principales bases teóricas que han dado forma a este enfoque.
La terapia narrativa surgió de las teorías críticas posmodernas, en particular de las centradas en el discurso, el saber y las dinámicas de poder (por ejemplo, [15,20]). Según estas teorías, el lenguaje no es una mera herramienta neutra de comunicación: es una construcción social que refleja y refuerza normas y valores culturales, y que moldea la manera en que las personas dan sentido a sus experiencias. Esta visión se aplica incluso a términos en apariencia objetivos, como «naturaleza humana», «verdad científica» o «diagnóstico médico». Figuras destacadas del pensamiento posmoderno, como Michel Foucault, sostuvieron que nuestros sistemas sociales, incluidos los que pretenden promover la justicia, la ciencia o la salud mental, están estructurados por relaciones de poder asimétricas que pueden marginar a quienes se apartan de las normas sociales.
La crítica de Foucault a la medicina y a la psiquiatría planteaba que el lenguaje científico puede utilizarse, incluso sin intención, para clasificar y controlar a las personas, al etiquetar como trastornadas o deficitarias a quienes se apartan de la norma. Esta perspectiva no implica que el personal clínico o científico actúe movido por un deseo de dominar a los demás, sino que subraya la necesidad de ser conscientes de cómo el lenguaje y las estructuras institucionales pueden reforzar dinámicas jerárquicas. Por ejemplo, expresiones como «paciente que no cumple el tratamiento» pueden reflejar y perpetuar un desequilibrio de poder implícito entre profesional y consultante (por ejemplo, [15,21]).
A partir de estas ideas posmodernas, Michael White y David Epston, que fundaron la terapia narrativa, pusieron el acento en una relación colaborativa y respetuosa entre terapeuta y consultante. Aunque muchos enfoques terapéuticos valoran la empatía y la confianza, la terapia narrativa va más allá al rechazar la idea de que la persona terapeuta «posee el saber». Por el contrario, se considera a las personas consultantes expertas en su propia vida. White describía el papel terapéutico como semejante al de «periodista de investigación», que se acerca a la historia de la persona consultante con curiosidad y apertura genuinas [14].
Quienes practican la terapia narrativa prestan especial atención a la influencia del lenguaje en la identidad de las personas consultantes. A menudo interpretan las historias que estas cuentan sobre sí mismas como moldeadas por los relatos culturales dominantes, que dictan lo que se considera normal o valioso. En lugar de encajar las experiencias en plantillas diagnósticas preexistentes, prefieren descripciones «cercanas a la experiencia», que se mantienen próximas a las propias palabras y significados de la persona consultante. También ponen el acento en el contexto social más amplio en el que surgen los problemas, y entienden las dificultades vitales como fruto de tensiones entre la persona y su entorno, y no solo de una patología individual. En consecuencia, consideran que un cambio significativo implica no solo al niño o la niña, sino también a sus personas cuidadoras, a sus pares y a su comunidad (por ejemplo, [15,19]).
Incluso cuando las personas consultantes no pueden cambiar sus circunstancias externas, la terapia narrativa sugiere que reconocer las fuerzas sociales que actúan sobre ellas puede tener un valor terapéutico. Al comprender que no son necesariamente la causa última de sus problemas, pueden experimentar una disminución de la vergüenza y la culpa. Esto, a su vez, puede capacitarlas para cuestionar las interpretaciones biomédicas dominantes y re-autorar sus relatos personales con un sentimiento de competencia, de autocompasión y de esperanza, como se expone en el apartado 3.2.3.
Algunos de los documentos reunidos en esta revisión obtienen su motivación investigadora del campo, más específico, de la psiquiatría crítica. Para evitar los posibles perjuicios de la etiqueta diagnóstica (véase el comienzo de este artículo), se invita a las personas consultantes de la terapia narrativa a repensar sus creencias sobre el TDAH. Este proceso se denomina a veces «deconstrucción del TDAH», y su objetivo es suavizar los mensajes potencialmente deterministas y desalentadores que conlleva el diagnóstico (por ejemplo, [20,22]).
Partiendo de la relación terapéutica igualitaria y respetuosa antes mencionada, quienes practican la terapia narrativa no se apresuran a desmontar las ideas preconcebidas de las personas consultantes. Escuchan lo que denominan «la historia saturada de déficits» con gran atención y compasión, y reconocen el estigma y la angustia que rodean al diagnóstico (por ejemplo, [23,24]). A menudo empiezan a indagar en esta historia con preguntas sobre sus posibles beneficios para las personas consultantes. Por ejemplo, pueden preguntar por la sensación de sentido y de control que «llega con el diagnóstico» o por la creencia común de que «si la medicación funciona, eso demuestra que el diagnóstico es real» [24]. De este modo, las personas consultantes pueden sentirse comprendidas mientras empiezan a darse cuenta de que, en materia de salud mental, incluso los términos médicos pueden ser «historias», como sugiere la filosofía posmoderna en la que se basa el tratamiento (véase el apartado 3.2.1).
Después, en la fase siguiente de la conversación sobre el diagnóstico, la persona terapeuta puede empezar a deconstruir su significado habitual y preguntarse si ha contribuido a «silenciar la voz auténtica» de las personas consultantes (por ejemplo, [21]) y a su baja autoestima, a través de la profecía autocumplida descrita al comienzo de este artículo. También puede preguntar a madres y padres (y al profesorado) si han empezado a ver muchas de las conductas del niño o la niña a través del prisma de esta etiqueta diagnóstica de TDAH [12]. Su hipótesis de trabajo es que la «historia del TDAH», que lo organiza todo, puede llevar a las personas a «codificar» muchas de las conductas infantiles como prueba de la existencia del diagnóstico, mientras pasan por alto otras conductas que no encajan en esa historia organizadora (por ejemplo, los momentos en que lee tranquilamente o se comporta con amabilidad).
Además, se puede preguntar a las familias por el coste emocional de la etiqueta diagnóstica y de su tratamiento de elección, la medicación. Por ejemplo, cabe preguntar: ¿pueden unas expectativas elevadas respecto de la medicación conducir a una decepción a largo plazo? ¿Puede el uso diario de un «medicamento» dar a la infancia la impresión de padecer una enfermedad? ¿Puede la dependencia habitual de la medicación llevar a niñas y niños a creer que son incapaces de funcionar sin ella, hasta el punto de desarrollar una dependencia psicológica?
Es importante señalar que estas preguntas no desatienden el deseo de las familias de obtener claridad, orientación o incluso apoyo médico. Se anima a quienes practican la terapia narrativa a responder a estas necesidades con apertura y curiosidad, y no con oposición. Aunque la etiqueta diagnóstica se examina de forma crítica, también se reconoce su valor psicológico y práctico para las familias. Así, la terapia narrativa no pretende desacreditar las opciones médicas, sino acompañar a las familias en la exploración de cómo esas opciones encajan en sus relatos, valores y objetivos más amplios.
Por último, se puede preguntar a madres y padres por las fuerzas sociales y las dinámicas de poder que intervienen en el discurso sobre el TDAH. Por ejemplo, cabe preguntarles por el papel del sistema educativo en la creación y el mantenimiento del TDAH. También se puede indagar en las experiencias de las personas consultantes con figuras de autoridad y en si se sintieron empujadas a la obediencia [24]. En la misma línea, puede preguntarse a las familias si recibieron información completa sobre los beneficios y los riesgos de los medicamentos y si sienten que pudieron dar un «consentimiento informado» pleno y auténtico. Se supone que estas preguntas empoderan y «dan voz» a personas que a veces se sienten oprimidas o silenciadas (por ejemplo, [20,21]). A través de esta conversación deconstructiva, las personas consultantes pueden tomar conciencia de los complejos factores sociales que intervienen en el proceso diagnóstico del TDAH, encontrar inspiración para resistir a la presión que se ejerce sobre ellas y convertirse en «protagonistas heroicas» de sus historias de vida.
Pero ¿cómo funciona la terapia narrativa en la práctica? Los documentos reunidos en esta revisión describen un rico conjunto de intervenciones y estrategias destinadas a ayudar a las personas consultantes a «reescribir su historia» (apartado 3.2.2). En esta revisión hemos documentado cuatro intervenciones y estrategias principales, que se describen en los subapartados siguientes del apartado 3.2.3.
Probablemente la intervención más conocida de la terapia narrativa sean las conversaciones externalizadoras (por ejemplo, [12,14,23]). Para hacer frente a la «historia saturada de déficits» que llevó a las familias a pedir terapia (por ejemplo, «nuestros hijos son TDAH; vuelven loco a todo el mundo»), la terapia narrativa busca externalizar el problema y separarlo de la persona consultante. Así, «el problema pasa a ser el problema, no la persona» [14] (p. 9). En la terapia narrativa, un niño o una niña no puede «ser» TDAH. Como mucho, puede afrontar una dificultad a la que llamamos TDAH. Aunque parezca menor, este giro semántico puede ser poderoso en un marco narrativo posmoderno que subraya la influencia del lenguaje. Durante las conversaciones externalizadoras, el niño o la niña y la persona terapeuta pueden dar al problema un nombre cómico. Nylund, por ejemplo, menciona «Giggles» y «Trouble» como nombres utilizados en la terapia para designar el TDAH [12]. Finalmente, esta conversación externalizadora permite a las personas consultantes y a la persona terapeuta examinar juntas el problema como si estuviera ante ellas sobre una mesa de operaciones.
Cabe destacar que los documentos revisados solían abstenerse de ver el problema como una entidad binaria. En lugar de intentar determinar si el niño o la niña tiene TDAH o no, la terapia narrativa transmite a menudo el mensaje de que pueden contarse múltiples historias para describir el problema, según las distintas perspectivas de quienes las cuentan (es decir, madres y padres, profesorado y la propia infancia). Este mensaje sirve también al proceso de externalización, porque implica que el problema quizá no se localice únicamente en la persona menor. El problema se conceptualiza habitualmente como dependiente del contexto y transitorio. Puede aparecer y desaparecer en distintos momentos y entornos y, por tanto, requiere una serie de ajustes, incluidos cambios macro en el entorno, y no solo cambios micro en las conductas infantiles (por ejemplo, [15,21]).
Con este fin, la terapia narrativa invita a los miembros de la familia y al profesorado a compartir su perspectiva singular sobre el problema y sobre el niño o la niña. Se anima a las personas cuidadoras a utilizar un lenguaje «cercano a la experiencia», sustituyendo la terminología clínica (por ejemplo, hiperactivo, distraído o desinhibido) por un lenguaje más neutro o incluso positivo (por ejemplo, enérgico, vivaz, entusiasta o despierto). De este modo, se busca normalizar las conductas bulliciosas propias de la edad y suavizar los relatos polarizados que dan a entender que la criatura es «mala» o está «enferma» (por ejemplo, [22]). Aun así, si las personas consultantes se sienten cómodas con el término concreto de TDAH, no se insistirá en eliminarlo del discurso. Más bien, el trabajo se centrará en utilizar un lenguaje externalizador y en señalar expresiones potencialmente deterministas, como: «Jonny es TDAH; tiene un déficit crónico en el cerebro».
Un lenguaje adecuado suele ser la vía principal hacia la externalización. Sin embargo, la infancia más pequeña puede sentirse ajena a un discurso que descansa en gran medida en el lenguaje. Por ello, la terapia narrativa con la infancia incorpora a menudo diversas estrategias de comunicación lúdica, como juegos de rol, manualidades y juegos divertidos. Con muñecas, ositos de peluche o superhéroes, la terapia narrativa procura «ir al encuentro de niñas y niños allí donde están» y «hablar su idioma» (por ejemplo, [19,25]). Se puede invitar a las criaturas más pequeñas a dibujar el problema, modelarlo en pasta de azúcar o pegar recortes de periódico que lo representen. A quienes son algo mayores se les puede invitar a escribir una carta al problema (por ejemplo, [23]). Este discurso lúdico y artístico no solo resulta más adecuado para la infancia, sino que es especialmente apropiado para niñas y niños con diagnóstico de TDAH, que a menudo poseen rasgos afines, como una gran energía, una imaginación fecunda y creatividad (para más detalles, véase el apartado 4.3).
Además, como cabe esperar de una terapia que pone el acento en el relato, la terapia narrativa recurre de buen grado a las metáforas. Se considera que las metáforas tienden puentes sobre las brechas de lenguaje que existen entre la infancia y las personas adultas, pero también que sirven al proceso de externalización (por ejemplo, [23]). El uso del lenguaje metafórico anima a las personas consultantes a separarse del problema y a mantener con él una especie de «relación» (por ejemplo, [15]). Una metáfora puede ser, por ejemplo, un sable de luz que representa la fuerza de voluntad del niño o la niña y que puede ayudarle a «derrotar al problema» como si fuera «un enemigo extranjero».
Otra posibilidad es usar el sable de luz para «despejar el camino» hacia soluciones que permitan convivir en paz con el problema e incluso, tal vez, llegar a apreciar sus ventajas (véase el apartado 4.3). En la terapia narrativa, un niño o una niña puede pasar a «domar monstruos» o a ser «ninja de la mente», capaz de elegir cuándo mantener una concentración afilada como un cuchillo y cuándo lanzarse a toda velocidad, con la furia de un Ferrari. Esto puede resultar especialmente eficaz con la infancia diagnosticada que ya se ve a sí misma como poseedora de «un factor extra en el cerebro que hace que vaya más rápido» [24]. En general, estas metáforas procedentes de las artes marciales son especialmente adecuadas para el TDAH, porque fomentan la concentración y la autodisciplina, así como la aceptación y la disposición a convivir con el problema [19].
Otro rasgo distintivo de la terapia narrativa, según los documentos revisados, es la búsqueda activa de conductas y rasgos que no encajan en la historia saturada de déficits de las personas consultantes (por ejemplo, [14,15]). Estas conductas y rasgos se denominan resultados únicos o, de forma más figurada, momentos brillantes, y su función es enriquecer la perspectiva inicial de las personas consultantes sobre sus dificultades y facilitar la creación de una historia más esperanzadora y empoderadora. Estos momentos brillantes pueden ser los momentos en que un niño o una niña lee un libro con calma o ayuda en las tareas de la casa.
Los momentos brillantes suelen valorarse y celebrarse durante la terapia y sirven como puertas de entrada por las que puede enriquecerse la historia saturada de déficits (por ejemplo, [21]). Según el enfoque narrativo, cuanto más «se enriquece» la historia, más se espera que madres y padres descubran la «pobreza» de la etiqueta diagnóstica, es decir, su incapacidad para describir el carácter pleno y maravilloso de su hija o hijo. Además, cuanto más incorpora la historia una mirada comprensiva y admirativa hacia el niño o la niña, mayores son las posibilidades de restaurar su imagen de sí.
Este proceso de identificar y amplificar los resultados únicos es central para el objetivo general de la terapia narrativa: empoderar al niño o la niña y a su familia. En este contexto, el empoderamiento consiste en ayudar a las personas consultantes a recuperar un sentimiento de agencia, de dignidad y de optimismo, poniendo de relieve sus valores, sus fortalezas personales y momentos de competencia hasta entonces ignorados. En lugar de centrarse únicamente en la reducción de síntomas, el empoderamiento en la terapia narrativa refleja un cambio en la comprensión de sí: dejar de quedar definido por un problema para asumir la autoría activa de la propia historia de vida.
En cierto modo, el papel terapéutico consiste en ayudar a las personas consultantes a «unir los puntos [positivos]» y a implicarse activamente en la reescritura de su historia de vida (por ejemplo, [21]). Con este fin, se pide a madres y padres que formulen las fortalezas de sus hijas e hijos, una intervención sencilla que fomenta además sentimientos parentales más cálidos hacia la criatura (por ejemplo, [22]). Del mismo modo, pueden darse a niñas y niños tareas concretas para reunir recuerdos favoritos, valores, identidades y cualidades positivas (por ejemplo, [20]), quizá mediante fotos o diarios personales. También se les puede guiar para que se visualicen en su mejor versión mediante técnicas de relajación y juegos de rol (por ejemplo, [23]). En conjunto, en la nueva historia que se escribe en la terapia, quien la protagoniza (es decir, el niño o la niña) ya no es «solo una criatura que lleva bien un problema». Se convierte en un personaje pleno e inspirador, con un futuro prometedor y múltiples fortalezas (para más detalles, véase el apartado 4.3).
Para asegurarse de que las personas consultantes «crean» e interioricen la historia esperanzadora y empoderadora, los documentos revisados proponen utilizar diversas «ayudas al relato» complementarias, como cartas, ceremonias y públicos reales (por ejemplo, [25]). Por ejemplo, la persona terapeuta puede escribir o grabar mensajes breves a sus consultantes para recordarles que pongan en práctica las metáforas y estrategias de las que hablaron en las sesiones. En estos mensajes, puede decir algo así como: «Jonny, lo tienes. No olvides usar hoy tus poderes de ninja en la clase de matemáticas para que Giggles no vuelva a empezar con sus trucos y sus payasadas».
En la misma línea, la persona terapeuta puede reclutar testigos y fans: familiares, amistades y profesorado capaces de «dar vida a la historia» al ser sus testigos. Como los problemas (de los que se piensa que obtienen su viveza del entorno social), las buenas soluciones necesitan el respaldo de mensajes auténticos del entorno del niño o la niña. Para que Jonny sienta «de verdad» que «no es solo un niño con TDAH, sino mucho más que eso», tiene que verlo en los ojos de sus amistades y de sus personas cuidadoras. De este modo, la familia, la escuela y la comunidad del niño o la niña se convierten en recursos terapéuticos y empoderadores esenciales, y la carga del cambio no recae únicamente sobre la persona menor (por ejemplo, [21]). De hecho, se espera que madres, padres y profesorado participen en la reescritura de la historia del niño o la niña, y la persona terapeuta puede invitarles a presenciar y celebrar sus éxitos (preferiblemente con premios o medallas). Se supone que estos actos rituales dan a la infancia la sensación empoderadora de contar con una multitud de fans que creen en ella y admiran sus logros.
Además, como parte del esfuerzo por llevar el discurso de la terapia más allá de las cuatro paredes de la consulta, la persona terapeuta puede promover también reuniones estratégicas con múltiples participantes (es decir, madres y padres, profesorado, personal de orientación y otras personas cuidadoras). En estas reuniones, se invita a las personas asistentes a compartir sus impresiones sobre el niño o la niña (absteniéndose de usar el lenguaje clínico, como se ha explicado antes) y a aportar sugerencias constructivas que contribuyan a su bienestar. Es importante señalar que, en este discurso, madres y padres no quedan excluidos ni relegados. Al contrario, su voz se valora especialmente, ya que se les considera las personas «expertas» en lo que respecta a sus propios hijos e hijas (véase el apartado 3.2.1).
El final de la terapia narrativa es motivo de celebración. La persona terapeuta puede entregar a las personas consultantes un diploma de excelencia e incluso pedirles permiso para compartir su historia de triunfo con otras personas en terapia, que podrían inspirarse en su experiencia [19,25]. Esta intervención puede resultar muy empoderadora para muchas niñas y muchos niños. No solo han logrado superar dificultades y sentirse más competentes, sino que incluso pueden enseñar a otras criaturas a ser ninjas de la mente. Alcanzan la maestría ninja.
Aunque los apartados anteriores sobre la filosofía y las intervenciones de la terapia narrativa puedan parecer prometedores, las pruebas empíricas de su eficacia en el TDAH siguen siendo limitadas. Nuestra búsqueda sistemática solo arrojó 13 estudios empíricos, dos de ellos cualitativos. Los nueve estudios cuantitativos restantes sí informaron de resultados que indican que la terapia narrativa podría reducir los síntomas del TDAH y mejorar la salud psicológica general (por ejemplo, [26,27,28]). Sin embargo, un número considerable de estos estudios se realizó en un único contexto geográfico (es decir, Irán), lo que puede limitar la generalización de los resultados. Además, la mayoría de los estudios cuantitativos eran cuasiexperimentos con muestras muy pequeñas (tabla 1). Sobre la base de estos parámetros, la calidad global de la investigación se consideró baja [18], en consonancia con las dimensiones clave que suelen tenerse en cuenta en los marcos de evaluación de la evidencia.
La única excepción es el estudio, relativamente reciente, de Karibwende y su equipo [23], que consistió en un ensayo controlado aleatorizado (ECA) más formal. Este ECA estudió una muestra de 72 niñas y niños y comunicó un tamaño del efecto grande (d de Cohen = 1.6) en cuanto a la posible influencia de la terapia narrativa sobre los síntomas del TDAH. Cabe señalar también que este artículo de Karibwende y su equipo ofrece una tabla informativa que detalla el contenido de cada una de las 10 sesiones de terapia narrativa aplicadas durante el ECA. Esta tabla de sesiones, junto con los textos fundamentales de Nylund ya mencionados, complementa las intervenciones y estrategias clave presentadas en la presente revisión (apartado 3.2.3). Más adelante se ofrece una discusión más amplia sobre la eficacia (limitada y compleja) de la terapia narrativa en el TDAH (apartado 4.1).
La terapia narrativa se ha propuesto como un enfoque revolucionario para el tratamiento del TDAH, un trastorno frecuente en la infancia que suele percibirse como un déficit crónico del neurodesarrollo [6,7]. El presente artículo ofrece una primera revisión de alcance de la literatura escrita directamente sobre la terapia narrativa para el TDAH. Siguiendo las directrices PRISMA-ScR, esta revisión dio como resultado un conjunto de 24 documentos pertinentes. Los hallazgos y aportaciones de estos 24 documentos se resumen en la tabla 1 y se agrupan en cuatro temas, como se indica en el apartado de resultados. Los dos primeros temas fueron los siguientes: (1) los fundamentos filosóficos de la terapia; (2) su visión poco convencional del TDAH. Los dos últimos temas fueron los siguientes: (3) las intervenciones y estrategias clave de la terapia; (4) su eficacia observada.
Desde un punto de vista práctico, el apartado 3.2.3 de los resultados describe cuatro intervenciones y estrategias principales, y relativamente distintivas, de la terapia narrativa: (a) externalizar el problema y separarlo del niño o la niña; (b) integrar la comunicación lúdica y las metáforas; (c) identificar y celebrar los resultados únicos; (d) interiorizar la nueva historia que se escribe en la terapia. Desde un punto de vista empírico, sin embargo, la solidez y la calidad de las pruebas que respaldan la eficacia de la terapia no son satisfactorias, como se ha señalado antes (apartado 3.2.4). A continuación analizamos esta laguna empírica.
Aunque todos los estudios cuantitativos documentados sobre la eficacia de la terapia narrativa para el TDAH comunicaron resultados favorables, su número (n = 9) y su calidad científica fueron considerablemente bajos. La mayoría de los estudios fueron definidos por su propia autoría como cuasiexperimentos, y solo uno cumplía los criterios de un ensayo controlado aleatorizado [23]. Este estado de las pruebas disponibles constituye una limitación central de la literatura sobre la terapia narrativa para el TDAH y, por tanto, se necesita con urgencia más investigación empírica.
También se necesita más investigación empírica a la luz de la controversia sobre la legitimidad de la terapia narrativa para el TDAH. Uno de los principales puntos de controversia gira en torno a la idea de Huckleberry Finn como personaje literario capaz de ayudarnos a comprender a la infancia de tipo TDAH. Como se ha mencionado, el principal libro sobre terapia narrativa para el TDAH, de David Nylund, llevaba por título «Treating Huckleberry Finn» [12]. Por su parte, la International Consensus Statement sobre el TDAH, publicada dos años después, afirma lo siguiente: «publicar historias según las cuales el TDAH es un trastorno ficticio o un mero conflicto entre los Huckleberry Finn de hoy y sus personas cuidadoras equivale a declarar que la Tierra es plana» [8] (p. 90). En otras palabras, mientras que el libro de Nylund compara a la infancia de tipo TDAH con este célebre personaje literario de Huckelberry para recordarnos sus rasgos de personalidad ventajosos (por ejemplo, independencia, inconformismo, escrupulosidad, ingenio, lealtad e inocencia juvenil) y para hacerse eco de la crítica social original presente en el libro de Mark Twain, otras voces insisten en que esta comparación es engañosa. De hecho, 3 de las 4 reseñas que tratan el libro de Nylund (tabla 1) acusan a la corriente teórica narrativa de difundir información poco fiable sobre el TDAH y sus tratamientos farmacológicos [29,30,31].
La comparación con Huckleberry Finn es una de esas lentes metafóricas, cuyo propósito no es negar las dificultades asociadas al TDAH, sino poner de relieve la posibilidad de ver estas conductas bajo una luz menos patologizante. Reconocemos, no obstante, que esta metáfora es discutida y puede correr el riesgo de idealizar realidades complejas. Su valor, por tanto, quizá resida menos en la comparación literal que en el hecho de suscitar una reflexión crítica sobre el modo en que las etiquetas diagnósticas moldean los relatos terapéuticos.
El debate en torno a la metáfora de Huckleberry Finn refleja una controversia más amplia sobre la terapia narrativa en el contexto del TDAH. El presente artículo no pretende zanjar este debate, ni subestima la importante limitación empírica mencionada respecto de su eficacia observada. Sin embargo, conviene recordar aquí que la propia filosofía de la terapia narrativa cuestiona la pertinencia de los ensayos convencionales para este tratamiento. Como se ha expuesto, la terapia narrativa no acepta la terminología biomédica relativa al TDAH. Esto significa que «reducir los síntomas del TDAH» no es necesariamente un objetivo directo de esta terapia.
Al mismo tiempo, la terapia narrativa no entra en conflicto con otras intervenciones no farmacológicas destinadas a reducir directamente los síntomas, como la terapia conductual, el entrenamiento parental, el neurofeedback o el entrenamiento cognitivo [32]. Estos enfoques basados en la evidencia ofrecen herramientas valiosas y estrategias estructuradas a la infancia y a sus familias. La terapia narrativa puede complementar estas intervenciones al ofrecer una lente conceptual más amplia, centrada en la identidad, los valores y el contexto social del niño o la niña. Así, puede ayudar a las familias a aprovechar tratamientos diversos sin adoptar automáticamente un lenguaje centrado en el déficit ni supuestos biomédicos. En lugar de considerar la terapia narrativa y los demás enfoques como mutuamente excluyentes, pueden entenderse como elementos potencialmente sinérgicos dentro de un proceso holístico y empoderador.
Un rasgo distintivo que puede diferenciar a la terapia narrativa de otras intervenciones no farmacológicas es su postura ambivalente ante la medición basada en los síntomas. Mientras que muchos enfoques consolidados ponen el acento en una reducción cuantificable de los síntomas, la terapia narrativa se asienta en un marco posmoderno que cuestiona los supuestos en que se basan esas métricas y procura ampliar la conversación más allá de los resultados conductuales (apartado 3.2.1). Así, pedir a niñas y niños que participen en un estudio destinado a demostrar cómo la terapia mejora sus conductas puede parecer inadecuado a algunas personas que practican la terapia narrativa. Al fin y al cabo, el objetivo de la terapia es, en esencia, ayudar al niño o la niña y a la familia a «liberarse» de la historia biomédica tradicional y a construir sus propias maneras de prosperar frente a sus dificultades vitales. Estos objetivos (posiblemente vagos y complejos) pueden ser difíciles de cuantificar y evaluar en el marco de los ensayos controlados tradicionales.
Dadas las limitaciones de las pruebas empíricas existentes y la singularidad filosófica de la terapia narrativa, la investigación futura debería explorar enfoques metodológicos alternativos que vayan más allá de las métricas estandarizadas basadas en los síntomas. Estas medidas tradicionales pueden no captar plenamente los cambios terapéuticos que la terapia narrativa pretende facilitar, en particular los relacionados con la identidad, la construcción de sentido y el contexto social.
Por ello, se anima a quienes investigan a incorporar indicadores de resultado que reflejen mejor el marco narrativo, como la satisfacción de las personas consultantes, la profundidad y la riqueza de la transformación narrativa, el grado de externalización, el nivel de implicación familiar y la reducción del estigma o de las creencias autoestigmatizantes. Los diseños de métodos mixtos y el análisis de resultados narrativos pueden ser especialmente adecuados, ya que permiten tanto una medición estructurada como una exploración en profundidad de la evolución de los relatos que las personas consultantes hacen de sí mismas.
Además, los esfuerzos de investigación deberían procurar colmar la falta de ensayos clínicos de alta calidad y con la potencia estadística adecuada. Aunque los ECA puedan generar tensiones filosóficas con la epistemología de la terapia narrativa, estudios cuidadosamente diseñados que respeten la agencia de las personas consultantes y la variación contextual podrían, aun así, aportar conocimientos significativos. Por ejemplo, los ensayos futuros podrían combinar intervenciones flexibles, guiadas por las personas participantes, con entrevistas cualitativas y métricas de resultado adaptadas.
Por último, se aconseja a quienes investigan que presten atención a los supuestos conceptuales presentes en sus instrumentos de medida. El uso rutinario de medidas de resultado basadas en los síntomas, como la Conners’ Parent Rating Scale [33], puede considerarse incoherente con la postura terapéutica del trabajo narrativo. Como se ha descrito, los «síntomas» de hiperactividad, distracción e impulsividad no se consideran necesariamente en la terapia narrativa como déficits que corregir, sino como conductas que pueden reinterpretarse bajo una luz más contextual y empoderadora. En muchos casos, estas conductas se reformulan como rasgos neutros o incluso positivos, como la creatividad, la espontaneidad o el inconformismo, tal como sugiere la comparación metafórica con Huckleberry Finn. Esta perspectiva no pretende idealizar ni negar las dificultades asociadas al TDAH, sino ampliar el espacio interpretativo tanto para las personas consultantes como para quienes ejercen la terapia. El apartado siguiente está dedicado a una exploración teórica y empírica de esta idea central.
Quienes critican la terapia narrativa podrían argumentar que la visión positiva del TDAH que sostiene esta terapia está desconectada de la realidad del niño o la niña. Al fin y al cabo, múltiples estudios han demostrado los perjuicios del TDAH a lo largo de la vida de la persona [7,34]. No obstante, cabe señalar aquí que la literatura sobre el TDAH contiene también una corriente de artículos y libros interesados en el posible «lado luminoso del TDAH» (por ejemplo, [35,36]). Esta corriente va mucho más allá de la literatura sobre terapia narrativa, ya que los aspectos positivos del trastorno los estudian incluso equipos de investigación que respaldan el diagnóstico (por ejemplo, [37]).
Hay especialistas que han sostenido, por ejemplo, que las tendencias a la distractibilidad y a la impulsividad que caracterizan el TDAH pueden adoptar la forma positiva de valentía, flexibilidad cognitiva, fortaleza y resiliencia [38]. Otras voces han afirmado que las personas con TDAH son capaces de considerar múltiples aspectos de un problema en una especie de «pensamiento lateral que abre las cosas a grandes ideas, aunque en una sucesión desordenada» [39] (pp. 128–129). Al parecer, incluso la impulsividad y la propensión al riesgo habitualmente asociadas al TDAH se consideran valiosas, para parte de la comunidad investigadora, en determinados contextos muy exigentes, como la extinción de incendios, la construcción o el ejército [40,41,42,43].
Una explicación teórica plausible de esta visión positiva del TDAH procede de la psicología evolucionista. Hartmann, por ejemplo, plantea que las personas con rasgos de tipo TDAH pueden concebirse como «cazadores en un mundo de agricultores» [44]. En su opinión, la asunción de riesgos y la impulsividad probablemente se consideraban, en las sociedades históricas de cazadores-recolectores, fortalezas virtuosas de la personalidad. Se plantea la hipótesis de que los «cazadores» de tipo TDAH eran quienes vigilaban el entorno en busca de alimento y amenazas (distractibilidad) y quienes emprendían acciones bruscas y arriesgadas sin vacilar (impulsividad/asunción de riesgos). En esencia, este punto de vista de inspiración evolucionista postula que los rasgos de tipo TDAH se preservaron durante el proceso de selección natural porque contribuyen a la supervivencia de la persona o de la especie en determinados entornos, como las batallas o las catástrofes naturales [45,46].
Un posible respaldo empírico de esta hipótesis se encuentra en el estudio de Grossman y su equipo [47], que aplicaron la conocida «tarea del gorila» con estudiantes de universidad con y sin diagnóstico de TDAH. La tarea del gorila es una metodología de investigación conocida en la que se pide a las personas participantes que observen un vídeo en el que un grupo de personas dispuestas en círculo se pasa una pelota. Habitualmente, muchas personas participantes quedan tan absorbidas por la tarea que no perciben (es decir, muestran una ceguera por falta de atención ante) estímulos llamativos, como un gorila que pasa caminando [48]. Al parecer, las personas participantes con diagnóstico de TDAH eran significativamente más conscientes de los «estímulos no atendidos» que las participantes sin TDAH. Las personas participantes con TDAH detectaban mejor una figura de gorila que entraba en el círculo golpeándose el pecho, y advertían mejor otro estímulo habitualmente no atendido, en el que una de las personas que se pasaban la pelota abandonaba la escena [47]. Según la autoría de este estudio, sus resultados respaldan la hipótesis de Hartmann de que las personas con TDAH tienen las ventajas atencionales de los cazadores, capaces de percibir información de forma simultánea tanto por los canales atendidos como por los no atendidos.
Ciertamente, la sociedad moderna parece menos tolerante con las características de tipo TDAH, pese a su supuesto valor evolutivo. Sin embargo, algunos entornos laborales, como se ha mencionado, pueden beneficiarse considerablemente de estos rasgos de «cazador». Una línea de investigación dirigida por Johan Wiklund, por ejemplo, relaciona los componentes de impulsividad e hiperactividad del TDAH con el emprendimiento y con la probabilidad de crear una empresa [49,50]. Un amplio estudio con más de 10 000 estudiantes indicó que esta relación entre las conductas de tipo TDAH y las intenciones emprendedoras está mediada parcialmente por la ya mencionada propensión al riesgo [51]. Un examen más detenido de estos datos determinó que el vínculo entre los síntomas del TDAH y el emprendimiento se mantenía incluso cuando el nivel de síntomas alcanzaba el umbral requerido para un diagnóstico clínico de TDAH [52]. Este encaje entre las características del TDAH y el mundo de la empresa y el emprendimiento podría explicarse por un entorno emprendedor que, en algunos casos, valora la rapidez por encima de la exactitud. Los entornos escolares ordinarios, en cambio, no parecen adaptarse a la búsqueda de sensaciones propia de la infancia de tipo TDAH [32]. Desde esta perspectiva, el TDAH puede conceptualizarse esencialmente como un «desajuste evolutivo» [45].
Quienes critican la terapia narrativa podrían seguir argumentando que estas ventajas son mucho menos frecuentes que los aspectos problemáticos del TDAH. Sin embargo, probablemente no negarían la tendencia observada de las personas de tipo TDAH a la creatividad. Aunque la literatura existente sobre TDAH y creatividad ha arrojado resultados dispares, el vínculo entre los síntomas (subclínicos) del TDAH y la creatividad parece reconocido por especialistas de todas las corrientes. Hoogman y su equipo [37], por ejemplo, propusieron que el TDAH y la creatividad comparten algunos mecanismos cerebrales idénticos. Es posible, entonces, que en determinados contextos el menor control cognitivo y la menor inhibición que caracterizan al TDAH se traduzcan en pensamiento divergente, un patrón cognitivo que permite a la persona explorar múltiples posibilidades, establecer conexiones originales entre conceptos alejados y generar un flujo de ideas creativas, aunque no siempre prácticas [35,53,54].
Silberstein y su equipo [55] han propuesto recientemente una posible explicación teórica de este vínculo entre TDAH y creatividad. En su opinión, la mayor creatividad que caracteriza a las personas de tipo TDAH se origina en la menor inhibición de la red neuronal por defecto, el «modo de reposo» del cerebro, durante el cual la persona no está ocupada en una tarea concreta y cognitivamente exigente. Este modo de reposo (por ejemplo, durante largos trayectos en coche, en la ducha o haciendo deporte) permite que la mente humana divague libremente, explore conexiones remotas entre conceptos y produzca a veces ideas y soluciones inesperadas. En consonancia, una característica primordial de las experiencias «eureka» (a veces llamadas momentos «¡ajá!») es su carácter repentino [56]. Cuando las personas se desconectan de un problema y se permiten «simplemente divagar», aprovechando la actividad cerebral en estado de reposo, puede surgir de repente una solución o una intuición que les permita proponer ideas «fuera de lo común» [57].
Tabla 1 — Características detalladas de los 24 documentos que cumplían los criterios de inclusión de la presente revisión
Para cada documento: autoría (año), título, tipo de documento, editorial e idioma, métodos, principales hallazgos/aportaciones.
Sin subestimar las dificultades y el malestar que vive la infancia con diagnóstico de TDAH, las cualidades potencialmente positivas asociadas a la personalidad de tipo TDAH (apartado 4.3) pueden servir a quienes practican la terapia narrativa para construir una «health-side story» (una historia del lado de la salud) más empoderadora y esperanzadora. Esta historia alternativa no se centra en los déficits, sino en las fortalezas, los valores y el desarrollo saludable (Introducción). En esta reformulación, que reconoce también las presiones sociales que pesan sobre la infancia y sus familias, la terapia narrativa evita el lenguaje médico formal y los mensajes potencialmente desalentadores sobre el carácter crónico y biogenético del TDAH. En su lugar, pone el acento en la existencia de múltiples líneas argumentales en cada persona, lo que alivia la culpa parental, reduce el riesgo de profecías autocumplidas negativas y abre caminos de crecimiento y de cambio (apartado 3).
Aunque la terapia narrativa sigue necesitando más investigación empírica para establecer su eficacia en el contexto del TDAH, las pruebas preliminares presentadas en esta revisión de alcance, junto con las intervenciones clave y las aportaciones conceptuales, ponen de relieve su considerable potencial como psicoterapia compasiva y culturalmente sensible, que se aparta de los paradigmas convencionales e invita a repensar cómo comprendemos y apoyamos a niñas y niños con diagnóstico de TDAH.
Es importante señalar que la perspectiva singular sobre el TDAH que ofrece la terapia narrativa puede estar justificada, no solo por su postura empoderadora y no patologizante, sino también a la luz de la ausencia de marcadores neurobiológicos claros para el diagnóstico [67] y del debate en curso y los conflictos de intereses que rodean su validez científica [32,68,69,70].
Complexe Systémique: puntos clave
Para la práctica sistémica, el interés de esta revisión reside ante todo en la pregunta que plantea: ¿qué le hace una etiqueta diagnóstica al niño o la niña, a sus madres y padres y a sus intercambios? Al separar el problema del niño o la niña, buscar «momentos brillantes» y reclutar a su entorno como testigo de la nueva historia, la terapia narrativa desplaza la conversación familiar del déficit hacia la competencia, sin negar las dificultades ni descartar el apoyo médico. Sigue siendo necesaria una lectura crítica. Los 24 documentos son muy heterogéneos, y las pruebas de eficacia descansan sobre todo en muestras pequeñas y estudios poco controlados, con un único ensayo aleatorizado. La parte final, que defiende una lectura positiva del TDAH a partir de la psicología evolucionista y de la neurociencia, se lee más como un alegato que como una síntesis. Para la práctica, queda un conjunto de herramientas claramente descrito, compatible con otras intervenciones, y una invitación a medir algo distinto de los síntomas: la calidad de la relación, el sentido y la agencia del niño o la niña y de su familia. Puede leerse junto con el artículo sobre la externalización del problema en terapia y la terapia familiar narrativa breve con niñas y niños autistas.
Notas del original
Descargo de responsabilidad/Nota de la editorial: Las afirmaciones, opiniones y datos contenidos en todas las publicaciones son exclusivamente los de las personas autoras y colaboradoras, y no los de MDPI ni de la dirección editorial. MDPI y la dirección editorial declinan toda responsabilidad por cualquier daño a personas o bienes derivado de las ideas, métodos, instrucciones o productos mencionados en el contenido.
Contribuciones. Todas las personas firmantes contribuyeron a la conceptualización y redacción de este artículo. En concreto, Y.O. concibió la idea del artículo, dirigió el proyecto, realizó los principales análisis de los documentos revisados y redactó y revisó el manuscrito. H.R., R.T. e Y.E. analizaron los documentos reunidos, aportaron ideas en los debates del equipo y realizaron revisiones críticas del manuscrito. Todas las personas firmantes han leído y aprobado la versión publicada del manuscrito.
Declaración del comité de ética institucional. No procede. Este estudio es una revisión de la literatura y no implica a participantes humanos ni requiere aprobación ética.
Declaración de consentimiento informado. No procede.
Conflictos de intereses. La autoría declara no tener conflictos de intereses.
Financiación. Esta investigación no recibió financiación externa.
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Traducción no oficial al español de Health Side Story: Scoping Review of Literature on Narrative Therapy for ADHD, de Yaakov Ophir, Hananel Rosenberg, Refael Tikochinski y Yaniv Efrati, Healthcare, vol. 13, n.o 11 (2025), doi: 10.3390/healthcare13111247, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tabla presentada en forma de lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Traducción no oficial del artículo original «Health Side Story: Scoping Review of Literature on Narrative Therapy for ADHD», publicado en Healthcare (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida y maquetada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Ophir, Y., Rosenberg, H., Tikochinski, R., y Efrati, Y. (2025). Health Side Story: Scoping Review of Literature on Narrative Therapy for ADHD. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/health-side-story-scoping-review-of-literature-on-narrative-therapy-for-adhd (Obra original publicada en 2025 en Healthcare, 13(11), 1247 (2025); republicada en 2025 por Healthcare, https://www.mdpi.com/2227-9032/13/11/1247)
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