Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Family Violence · Violencia
En Australia, veinte hombres de un servicio residencial para la violencia en la pareja se convirtieron en coinvestigadores de una indagación colaborativa sobre lo que hace experto a un servicio. Rebecca Jury expone sus respuestas: combinar el conocimiento de los libros y la experiencia vivida, una relación de ayuda auténtica, el apoyo entre pares, el humor y un espacio para hablar de la violencia sufrida en la infancia.
Traducción no oficial al español de Collaborative Inquiry with Men Who Use Intimate Partner Violence: Service User Perspectives on Expertise in Domestic Violence Services for Men, de Rebecca Jury, publicado en Journal of Family Violence (Springer) (2023), doi: 10.1007/s10896-022-00369-7, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Los intercambios entre coinvestigadores se presentan en forma de diálogo. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Incluir las perspectivas de estos hombres puede aportar nuevas ideas para la evaluación y la reconfiguración de los servicios de violencia doméstica.
Rebecca Jury
Resumen
Se ha expresado preocupación por la eficacia de los servicios dirigidos a hombres heterosexuales que ejercen violencia en la pareja íntima. Además, la investigación sobre las perspectivas de estos hombres acerca de su uso de los servicios ha sido escasa. El estudio australiano presentado en este artículo se propuso examinar las experiencias de hombres heterosexuales que ejercen violencia en la pareja íntima (VPI) cuando acceden a servicios de violencia doméstica. Se llevó a cabo una indagación colaborativa con hombres que acudían a un servicio residencial de violencia doméstica para explorar la pregunta de investigación: ¿cómo es la pericia en los servicios de violencia doméstica para hombres? Al hablar de la pericia, veinte hombres identificaron cuatro temas: experiencia vivida y conocimiento de los libros, servicios y apoyos, habilidades profesionales de ayuda y pericia, y ayuda no profesional y pericia. Estos investigadores colaboradores describieron la pericia como el producto del conocimiento de los libros y del conocimiento de la experiencia vivida, e indicaron que estos saberes podían encontrarse en una misma persona o compartirse entre profesionales y personas usuarias del servicio. Los informantes sugirieron que la mentoría cultural, el apoyo entre pares y la coproducción son elementos importantes que deben incluirse en los servicios de violencia doméstica para hombres. También destacaron que las afirmaciones positivas de los pares sostenían su cambio de conducta y sugirieron que los marcos sociológicos son fundamentales para el éxito de las intervenciones con hombres. Los hombres que ejercen VPI pueden aportar perspectivas importantes sobre la pericia en los servicios de violencia doméstica para hombres, capaces de orientar la práctica futura.
Palabras clave: violencia doméstica, hombres que ejercen violencia, agresores, comunidades terapéuticas, indagación colaborativa
Los hombres que ejercen violencia en la pareja íntima (VPI) en relaciones heterosexuales pueden participar en los servicios a su pesar y presentar múltiples problemas, como la adicción a las drogas y al alcohol y problemas de salud mental, junto con su uso de la violencia y sus conductas de control. Los hombres que ejercen VPI pueden tender a recaer en la violencia tras haber recibido atención (Centre for Innovative Justice, 2016). Pese al aumento de la financiación y a un renovado impulso de las políticas en el sector australiano de los servicios de violencia doméstica, no parece haberse producido una disminución sustancial de la violencia en la pareja en los últimos cinco a diez años (Australian Bureau of Statistics, 2018). Esto refleja los resultados de las políticas y las prácticas en materia de violencia doméstica a escala internacional (World Health Organization, 2013).
Este artículo se centra en hombres que ejercen violencia y que mantienen relaciones heterosexuales. En Australia, los enfoques para abordar la violencia de los hombres en las relaciones heterosexuales han incluido programas de cambio de conducta para hombres, respuestas judiciales a la violencia en la pareja, respuestas integradas de los servicios y medidas de seguridad específicas para mujeres, niñas y niños (Diemer et al., 2015). La evolución de estos enfoques ha seguido el desarrollo histórico de las respuestas de los servicios a la violencia de los hombres en la pareja en Estados Unidos (Barner & Carney, 2011; Day et al., 2009). La aparente falta de impacto de las intervenciones específicas sobre el uso de la VPI por parte de los hombres ha llevado a cuestionar el contenido de los programas de cambio de conducta para hombres (Day et al., 2009; Gondolf, 2011). Enfoques como la terapia cognitivo-conductual y los programas psicoeducativos han mostrado algún efecto positivo en la conducta de los hombres que ejercen VPI (Hasisi et al., 2016). Sin embargo, se ha señalado que no cuestionar las normas de género en estos programas mediante enfoques sociológicos socava el cambio de conducta a largo plazo (por ejemplo, Flood, 2015). Gondolf (2011) critica los enfoques únicos para todos ante la violencia masculina y sugiere que un mayor énfasis de los programas en los factores culturales y en los enfoques cognitivo-conductuales podría resultar eficaz para reducir la violencia de los hombres. Sugiere además que los enfoques de rendición de cuentas en las respuestas judiciales a la violencia de los hombres heterosexuales son inadecuados y ponen en peligro la seguridad de las mujeres. La evaluación de las intervenciones dirigidas a la violencia masculina se ha basado en enfoques cuantitativos pero, dada la escasa homogeneidad entre los programas de violencia doméstica, la validez de estas evaluaciones es cuestionable (Akoensi et al., 2013; Gondolf, 2011; Portnoy & Murphy, 2017; State of Victoria, 2016).
Se ha señalado que los hombres que ejercen VPI en relaciones heterosexuales guardan silencio sobre las causas de la VPI, sobre su responsabilidad en el abandono de la violencia y sobre su uso de los servicios sociales para abordar su violencia (Roguski & Gregory, 2014; Westmarland & Kelly, 2012). Los hombres que ejercen VPI también parecen ausentes de los procesos de evaluación y retroalimentación de los servicios y de la participación en la investigación, pese a la evidencia de que las personas usuarias que pueden mostrarse resistentes o evitativas, de difícil acceso o que participan de forma involuntaria son capaces de identificar las habilidades profesionales y los componentes de los programas que les ayudan (Buckley et al., 2011; Keenan, 2012, p.283; Portnoy & Murphy, 2017). Los hombres que ejercen VPI podrían hacer aportaciones valiosas a la planificación, la prestación y la evaluación de los servicios de violencia doméstica para hombres. Nueva información sobre cómo acceden los hombres a los servicios y sobre los obstáculos y los facilitadores que encuentran podría enriquecer la literatura existente y ofrecer nuevas consideraciones para los enfoques de los servicios y para la formación de profesionales y estudiantes de los servicios sociales.
La investigación descrita en este artículo pretendía ampliar la comprensión actual de las oportunidades y las dificultades que pueden encontrar los hombres en relaciones heterosexuales cuando acceden a servicios de violencia doméstica. Esta investigación puede contribuir a comprender mejor las experiencias de estos hombres, detectar carencias en los servicios e identificar aspectos de los servicios que influyen en el cambio de conducta de los hombres. Este estudio forma parte de un proyecto más amplio de investigación-acción participativa que examina la experiencia vivida de hombres heterosexuales que ejercen VPI y la incorporación de sus experiencias vividas a recursos de aprendizaje para la formación en trabajo social (Jury & Boxall, 2018, 2021).
La investigación descrita en este artículo obtuvo la aprobación ética institucional completa (proyecto número 13139) y se llevó a cabo en Australia, en un servicio residencial de violencia doméstica para hombres heterosexuales que ejercen VPI. En el momento de la investigación, el servicio aplicaba un enfoque multinivel a la violencia de los hombres. Este enfoque incluía un enfoque de servicio integrado basado en el modelo de Duluth, orientado a reforzar la seguridad de mujeres, niñas y niños y la rendición de cuentas de los hombres (Diemer et al., 2015), y un modelo de comunidad terapéutica como el popularizado en el tratamiento residencial de drogas y alcohol (De Leon & Unterrainer, 2020). El servicio mantenía también una perspectiva sociológica centrada en la necesidad de cuestionar y cambiar las normas sociales relativas al género para reducir la violencia en la pareja (Jewkes et al., 2015). Estos marcos más amplios se apoyaban en terapia grupal e individual basada en enfoques narrativos invitacionales (Jenkins, 1990) y en enfoques psicoeducativos.
Un total de 20 hombres, de entre 25 y 55 años, participaron en la investigación a lo largo de un periodo de 16 semanas. Los coinvestigadores procedían de diversos orígenes culturales y se identificaban como miembros de los pueblos originarios de Australia (aborígenes) y de Nueva Zelanda (maoríes), blancos caucásicos, pakistaníes, indios, árabes e isleños de los Mares del Sur. Pese a las diferencias de origen cultural, todos los hombres procedían de la clase trabajadora o de un entorno socioeconómico bajo y se identificaban como heterosexuales. Los hombres accedieron al servicio de violencia doméstica por distintas vías: de forma voluntaria o por mandato judicial. No obstante, se reconoce que los hombres que ejercen VPI tienen más probabilidades de acudir a los servicios por mandato judicial o por presión social de amistades y familiares, debido a las repercusiones de los tipos de conductas violentas que han ejercido contra miembros de su familia (Jury & Boxall, 2018). Por ello, la persona investigadora no presupuso que los residentes acudieran voluntariamente al servicio, aunque no tuvieran un mandato judicial para asistir a servicios para hombres.
Todos los participantes tenían experiencia de trabajo con profesionales de los servicios sociales en diversos contextos y muchos se enfrentaban a dificultades vitales como sanciones legales y cargos penales, causas judiciales pendientes, intervenciones del tribunal de familia o de los servicios de protección de la infancia, y problemas de salud mental, de vivienda y de consumo de drogas o alcohol. Ninguno de los hombres tenía un diagnóstico psiquiátrico y ninguno tenía empleo en ese momento, ya que el servicio exige una dedicación a tiempo completo al programa terapéutico. El noventa por ciento (18 hombres) había vivido experiencias adversas en la infancia o ACE (Felitti et al., 1998), entre ellas presenciar violencia doméstica y sufrir violencia física o sexual. El ochenta por ciento del grupo (16 hombres) había terminado la educación secundaria o había obtenido un certificado de formación profesional. Todos los participantes eran padres y la mayoría no tenía contacto actual con sus hijas e hijos o solo tenía un contacto supervisado. La situación sentimental de los hombres era difícil de determinar porque, según ellos mismos, estas situaciones cambiaban a lo largo del periodo de investigación.
La indagación colaborativa (IC) es una metodología cualitativa que ponen en marcha una o varias personas investigadoras iniciadoras que comparten una cuestión que les preocupa (Bray et al., 2000). La persona investigadora iniciadora invita a coinvestigadores (participantes en la investigación) de la comunidad de interés a explorar una pregunta de investigación. En la IC se recurre a la colaboración entre pares, con el objetivo de deshacer las relaciones de poder compartiendo la pericia de forma equitativa entre la persona o personas investigadoras iniciadoras y los coinvestigadores, lo que abre la posibilidad de autenticidad y reciprocidad en el proceso (Bridges & McGee, 2011). En la práctica, esta metodología facilita la formación de relaciones entre coinvestigadores en torno a una cuestión que les preocupa (Sugiman, 2006) y ofrece la oportunidad de «pasar de una participación pasiva [en la investigación] a una implicación activa» (Gibbs, 2001, p 698).
El compromiso y la construcción de la relación eran fundamentales en una investigación con participantes que tenían poca o ninguna experiencia previa en investigación o en evaluación de servicios. El método de IC ofrecía oportunidades para fomentar el diálogo colaborativo y el compromiso, en consonancia con el enfoque terapéutico del servicio residencial de violencia doméstica para hombres. La indagación colaborativa y los enfoques narrativos invitacionales de la violencia masculina comparten un marco epistemológico común, el construccionismo social, que sitúa la colaboración y la narrativa en el centro de la investigación basada en la acción (Gergen & Gergen, 2008). La persona investigadora iniciadora adoptaba una mirada claramente feminista, según la cual la liberación y la igualdad de las mujeres exigen que los hombres asuman ampliamente su responsabilidad en la cocreación de una nueva realidad que incluya la participación plena e igualitaria de todos los géneros en la vida social y política (New, 2003). Esta igualdad presupone relaciones de poder limitadas entre todas las partes (New, 2003; Sayer, 2000). La persona investigadora iniciadora era consciente de los lugares donde se situaba el poder. Esto incluía las relaciones entre los participantes y sus parejas, entre los participantes y la persona investigadora, y entre los participantes y las organizaciones de servicios sociales (Letherby, 2011).
Bray et al. (2000) describen la metodología de IC como un proceso que comienza con una pregunta de investigación amplia que los coinvestigadores pueden explorar desde múltiples perspectivas, construyendo su propio sentido a partir del diálogo que surge. La pregunta de investigación inicial de este proyecto fue: ¿cómo es la pericia en los servicios de violencia doméstica para hombres? A medida que avanzaba la colaboración, los coinvestigadores y la persona investigadora iniciadora trabajaron juntos para formular nuevas preguntas de investigación conforme surgían nuevas ideas.
De acuerdo con el enfoque de IC, se celebraron siete conversaciones de dos horas a lo largo de un periodo de cuatro meses. Las reuniones tuvieron lugar en una sala del servicio residencial, con una persona investigadora iniciadora y entre seis y siete coinvestigadores que recurrieron a «un proceso que consiste en episodios repetidos de reflexión y acción» (Bray et al., 2000, p 6) para explorar la pregunta de investigación y generar una nueva comprensión de la cuestión o cuestiones que les preocupaban (Stewart, 2005). Las comunidades vinculadas a un servicio suelen ser temporales y se articulan en torno a una experiencia común de compartir vivencias y apoyos del servicio, más que en torno a cualidades intrínsecas que unan a sus miembros a una comunidad de interés duradera (Haigh & Campling, 1999). El servicio residencial de violencia doméstica ofrecía una oportunidad única para explorar las experiencias de usuarios inmersos en un entorno de servicio durante un periodo de tres a seis meses.
Se invitó a los hombres que residían en ese momento en el servicio residencial de violencia doméstica a participar en reuniones de investigación, que se grabaron en audio. Cada reunión seguía una misma pauta: los coinvestigadores y la persona investigadora iniciadora comentaban y analizaban los resultados de la reunión de grupo anterior, elaboraban un plan para la sesión en curso y cerraban la reunión identificando las ideas centrales surgidas en el diálogo. La persona investigadora iniciadora reunía estas ideas clave, y eran estas ideas y la transcripción del audio de la sesión las que se llevaban de nuevo a cada reunión de grupo para que los coinvestigadores las confirmaran, las discutieran y las analizaran. Los hombres generaban diálogo oral en las reuniones, pero también aportaban dibujos y notas para incluirlos en los materiales de investigación (artefactos de investigación).
La persona investigadora iniciadora había previsto que un mismo grupo de coinvestigadores siguiera reuniéndose hasta que el grupo considerara que la exploración de la pregunta de investigación había llegado a su fin natural. Sin embargo, los coinvestigadores tenían muchas exigencias en su vida y a menudo estaban de paso, por lo que la regularidad de la asistencia era difícil. A diferencia de la IC tradicional, este grupo se convirtió en una colaboración en evolución, con hombres que asistían una o dos veces, varias veces seguidas o de forma esporádica. Aunque la composición cambiante del grupo no se ajustaba al proceso tradicional de la IC, los coinvestigadores razonaron que esta comunidad colaborativa temporal o cambiante reflejaba su vida cotidiana. Los nuevos participantes no fueron reclutados por la persona investigadora iniciadora, sino por los coinvestigadores ya presentes, lo que quizá indica la cohesión del grupo y la apropiación de la investigación. Los coinvestigadores se acercaban a cada nuevo residente del servicio y lo invitaban a las reuniones del grupo de investigación; la persona investigadora iniciadora entregaba los documentos de consentimiento a cualquier recién llegado al comienzo de cada reunión de grupo.
Un resultado de este grupo colaborativo cambiante y transitorio fue que los hombres asumieron la tarea de conservar y transmitir los resultados de las reuniones de grupo a otros coinvestigadores, manteniendo así al día de los debates a quienes llegaban o volvían. No parecía haber diferencias claras entre los coinvestigadores que asistían de forma esporádica y los que lo hacían de forma más continua, ya que las razones de la asistencia esporádica parecían ser las exigencias de la vida cotidiana de estos hombres, como comparecencias judiciales, ingresos en prisión o la asistencia a servicios externos. En las tres semanas siguientes a la conclusión de la investigación, todos los coinvestigadores habían abandonado el servicio: algunos dejaron el programa antes de tiempo y otros lo completaron. Aunque ninguno de los coinvestigadores participó directamente en la redacción de este artículo, el capítulo de resultados y discusión recoge los temas, las ideas y las interpretaciones que los hombres elaboraron y aprobaron a lo largo del proceso de análisis.
La persona investigadora iniciadora transcribió las grabaciones de audio de cada reunión de grupo y las almacenó en el programa NVivo. También se almacenaron las notas y los dibujos (artefactos de investigación) aportados por los coinvestigadores. La persona investigadora iniciadora llevaba estas transcripciones y estos artefactos de investigación a cada reunión de grupo. Los coinvestigadores y la persona investigadora iniciadora aplicaron el enfoque de descripción, análisis e interpretación de Wolcott (1994) para interrogar las fuentes de información y elaborar los temas surgidos de las reuniones del grupo de IC.
Los artefactos de investigación y las transcripciones se codificaron y categorizaron de forma sistemática (con rotuladores fluorescentes) y se identificaron temas mediante un proceso exhaustivo en el que la codificación continuaba hasta que no surgían temas nuevos. Los coinvestigadores también desplazaron algunas ideas de un tema a otro, buscando lo que consideraban el mejor encaje. Este enfoque permitió un análisis cíclico de los datos, ya que se volvía a los temas en cada reunión, lo que daba a los nuevos coinvestigadores la oportunidad de añadir ideas e interrogar los temas existentes. Al analizar en cada reunión de grupo, todos los coinvestigadores tuvieron ocasión de participar en el análisis, aunque su asistencia fuera esporádica.
Las preguntas que guiaron el análisis fueron
La pregunta 1 estaba vinculada a la pregunta de investigación que la persona investigadora iniciadora llevó originalmente al grupo de IC. Las preguntas 2 y 3 las formularon la persona investigadora iniciadora y los coinvestigadores en la primera reunión de grupo de la IC. La persona investigadora iniciadora y los coinvestigadores plantearon estas preguntas a cada transcripción de grupo y a los artefactos de investigación. Los temas identificados mediante este proceso circular de análisis se exponen en el apartado siguiente.
La persona investigadora iniciadora y los coinvestigadores identificaron cuatro temas durante la IC. Los coinvestigadores confirmaron estos temas clave en su última reunión de grupo y pidieron que constituyeran la base del artículo científico que se escribiría sobre su investigación. La persona investigadora iniciadora ha combinado resultados y discusión en este artículo para mejorar la legibilidad y el hilo narrativo del texto (O'Sullivan & Jefferson, 2020). Esta decisión buscaba que el texto fuera legible para personas no especialistas, como los coinvestigadores.
Los coinvestigadores definieron dos tipos de pericia: el conocimiento de los libros y el conocimiento de la experiencia vivida. El conocimiento de los libros se describió como el producto de la lectura de libros académicos y de los estudios universitarios. El conocimiento de la experiencia vivida se describió como el conocimiento adquirido por haber vivido, o estar viviendo, directamente un problema. Los miembros del grupo utilizaron estos descriptores para una serie de cuestiones de su vida, como la crianza, el ejercicio de la violencia contra otras personas, la experiencia de violencia o abuso, el consumo de drogas o alcohol, los problemas de salud mental, el encarcelamiento y los problemas de pareja. Algunos miembros del grupo dijeron que habían tenido un éxito limitado a la hora de afrontar sus propios problemas y que necesitaban a una persona con un buen conocimiento de los libros que pudiera aportarles ideas que todavía no conocían. Los coinvestigadores coincidieron en que la mejor combinación de conocimiento de la experiencia vivida y conocimiento de los libros se daba cuando ambos estaban presentes en una misma persona, porque esto podía generar un conocimiento capaz de compartirse de manera significativa con otros hombres que ejercen VPI.
Los coinvestigadores señalaron su relación con sus hijas e hijos como una de las principales razones para iniciar un cambio en su vida, un resultado que respaldan otras investigaciones con hombres que ejercen VPI (Perel & Peled, 2008; Roguski & Gregory, 2014).
«Para mí y mi pareja, siempre se trataba de ganar [la discusión]…. Al final todo se redujo a que nos retiraron a los niños… y eso me hizo pensar si [la relación] era buena para los niños o no» (Coinvestigador 1).
La cuestión de la crianza surgió muchas veces durante las reuniones de grupo. Los coinvestigadores indicaron que quienes facilitan los grupos de crianza deberían tener experiencia vivida en un rol parental para ofrecer un apoyo eficaz, ya que habían asistido a grupos dirigidos por personas sin hijos, lo cual no les había servido de ayuda.
«mucha gente [del personal] viene de la universidad… entra a trabajar en algún sitio y probablemente nunca ha estado en un entorno con un hogar con muchos críos o, no sé, una familia reconstituida con padres distintos…. Así que no entienden que es una situación difícil… un malabarismo constante para intentar que todo el mundo en casa esté contento» (Coinvestigador 2)
Los hombres señalaron que el rol parental era fundamental para su recuperación, ya que el 90% de los coinvestigadores refirió experiencias adversas en la infancia (ACE), modelos parentales deficientes y escaso conocimiento de las conductas de crianza positivas.
Los coinvestigadores señalaron las limitaciones de tener conocimiento de la experiencia vivida sin conocimiento de los libros, ya que quienes desempeñan funciones profesionales y solo cuentan con el conocimiento de la experiencia vivida pueden intentar aplicar su experiencia a todo el mundo sin reconocer la importancia de las diferencias
Quiero decir, cada uno es distinto. A lo mejor al terapeuta le funcionó… pero puede que a mí no me funcione, o puede que le funcione a otro de los tíos, pero no a todo el mundo (Coinvestigador 5)
En las reuniones de grupo 1 y 2, los coinvestigadores debatieron la posibilidad de establecer relaciones de trabajo colaborativas en los servicios de violencia doméstica, de modo que la pericia pudiera ser el producto de una relación de trabajo entre una persona con experiencia vivida y una persona con conocimiento de los libros, siempre que la relación fuera equitativa y respetuosa. Los coinvestigadores sugirieron que el intercambio de pericia a través de este tipo de relación de trabajo podría permitir que la persona experta en libros se nutriera de la persona experta en experiencia vivida y viceversa, dando lugar a un aprendizaje mutuamente beneficioso y recíproco. Esta idea se siguió explorando en las reuniones de grupo posteriores como posible solución para compartir el conocimiento entre profesionales (expertos en libros) y residentes o clientes (expertos en experiencia vivida) en los servicios de violencia doméstica. Los coinvestigadores dijeron que lo habían vivido en cierta medida en los servicios de violencia doméstica, pero que sentían que sus ideas y opiniones a veces se desvalorizaban porque se les consideraba poco fiables o carentes de comprensión de sus propios problemas:
Me siento como el agresor, y ellos [los profesionales] son los expertos. Como si ellos lo hicieran todo bien y yo no fuera nada (Coinvestigador 1)
En una investigación sobre la planificación de la atención en salud mental, Bee et al. (2015) sugieren que las personas usuarias que conviven con múltiples problemas valoran mucho los aspectos relacionales de la planificación de la atención, como la toma de decisiones participativa y los enfoques basados en las fortalezas. En el estudio de Bee et al. (2015), se consideraba que el personal profesional valoraba la toma de decisiones lineal y el cumplimiento de los requisitos organizativos. Los coinvestigadores del presente estudio parecían describir los aspectos relacionales de la relación entre profesionales y personas usuarias, en la que ambas partes se benefician del producto compartido de la relación, un proceso que autores como Mayer y McKenzie (2017) denominan coproducción. La coproducción significa que una relación es igualitaria, respetuosa y centrada en una práctica dirigida por la persona usuaria. Fledderus et al. (2015) sugieren que la coproducción puede aumentar la confianza y la participación de las personas usuarias, pero puede generar menos certidumbre para las organizaciones, lo que reduce la disposición del personal profesional a implicarse en la coproducción. Con el aumento de las prácticas de aversión al riesgo en los servicios sociales (Ferguson, 2007), es posible que la coproducción se perciba como demasiado arriesgada, en particular con un grupo de usuarios que ha ejercido una violencia extrema, como los hombres que ejercen VPI. Ha habido intentos fallidos de implicar a hombres heterosexuales que ejercen VPI en conversaciones sobre coproducción (McCarry et al., 2018). En relación con los hombres que ejercen violencia en relaciones del mismo sexo, la investigación ha indicado que la coproducción en la elaboración de recursos para el abandono de la violencia puede tener resultados positivos para los participantes, entre ellos la autorreflexión sobre su desarrollo psicosocial y sus conductas en las relaciones (Morris et al., 2019).
En cuanto al acceso a los servicios sociales para abordar su violencia en la pareja, los coinvestigadores indicaron que habían acudido a orientación grupal semanal no residencial y al servicio residencial en el que residían en el momento de la investigación.
Todos los coinvestigadores valoraron los servicios residenciales más positivamente que los no residenciales, por la disponibilidad de atención las 24 horas por parte del personal in situ, las oportunidades de aprender habilidades de la vida diaria, como cocinar y limpiar, y la posibilidad de practicar habilidades de comunicación y de resolución de conflictos en un entorno seguro.
No creo que puedas recibir ayuda mientras sigues en casa, no sé si me explico. No creo que funcione, porque tienes un proceso tan largo por delante… y esa presión por sí sola basta para hacerte retroceder. Estar aquí en el programa residencial me ha ayudado a relajarme del todo y… a mantener la cabeza en su sitio (Coinvestigador 3)
Los coinvestigadores indicaron que era esencial que los servicios de violencia doméstica residenciales y no residenciales contaran con cofacilitadores hombres y mujeres, ya que esto ofrece ejemplos de cómo hombres y mujeres pueden relacionarse de forma respetuosa.
Los coinvestigadores identificaron los obstáculos que habían encontrado al acceder a servicios de violencia doméstica para hombres. Se consideró que estos obstáculos afectaban a su capacidad de implicarse en los servicios. Entre ellos figuraban las dificultades para obtener acceso a los servicios, los retos de consolidar un cambio de conducta a largo plazo y las barreras culturales. Los coinvestigadores consideraban especialmente difícil pedir ayuda por primera vez, y todos ellos habían tenido experiencias negativas al intentar localizar servicios adecuados u obtener derivaciones. Los coinvestigadores señalaron que había poca información disponible sobre servicios y apoyos, sobre todo porque muchos de ellos tenían un bajo nivel de alfabetización y la mayor parte de la información disponible estaba por escrito. También dijeron que en otros servicios sociales se conocían poco las opciones para los hombres que ejercen VPI, y que la disponibilidad de la mayoría de los servicios era limitada y las listas de espera, largas:
Ya cuesta bastante pedir ayuda, pero cuando después tienes que esperar tres meses puede costar todavía más. Luego te pasan más cosas en la vida y puedes acabar metido en más líos (Coinvestigador 10)
Se ha señalado que un primer intento positivo de acceso a los servicios está vinculado a mejores resultados a más largo plazo en los hombres que ejercen VPI (Campbell, Neil, Jaffe, & Kelly, 2010). En relación con el cambio de conducta a largo plazo, los coinvestigadores indicaron que deben encontrar nuevas maneras de ser no violentos, pero también enfrentarse a las realidades del mundo exterior y de sus comunidades, que siguen sin cambiar. Un coinvestigador puso el ejemplo del consumo de alcohol en las comunidades australianas: contó que, cuando había logrado la abstinencia tras un programa residencial de drogas y alcohol, sus familiares y amigos seguían ofreciéndole alcohol y lo insultaban (por ejemplo, «nenaza») cuando lo rechazaba. Los coinvestigadores dijeron que esto era complejo y difícil de gestionar, y que a veces les causaba confusión y desesperación cuando sus comunidades de fuera no se correspondían con lo que acababan de aprender:
Puedes hacer todos los cursos y aprobar todos los programas y tal, pero no sabrás de verdad si funciona hasta que vuelvas a estar ahí fuera, en la sociedad (Coinvestigador 8)
Pero nos mezclamos con la sociedad todos los días. Bajo a las tiendas, voy a firmar, me mezclo con la comunidad todos los días (Coinvestigador 9)
Pero cuando sales ahí fuera un par de días, ¿qué pasa? ¿Crees que te va bien y que todo está bajo control? (Coinvestigador 8)
A veces… (Coinvestigador 9)
Está muy bien saber que al final me darán un certificado, pero eso no significa que vaya a ser mejor persona cuando vuelva a la calle. Puedes hacer todo lo posible por escuchar y aprender, pero cuando vuelves ahí fuera vas a tener que esforzarte mucho para no volver a ser la misma persona de antes (Coinvestigador 17).
Pearce y Pickard (2013) describen dos componentes esenciales para el éxito de una comunidad terapéutica: el sentimiento de pertenencia y la agencia responsable. Los coinvestigadores indicaron que sentían que pertenecían al servicio residencial y que se hacían más cargo de sus conductas violentas pasadas, pero la desconexión entre su experiencia terapéutica y su experiencia del mundo exterior podía socavar el cambio a más largo plazo. Al volver a sus comunidades, los coinvestigadores indicaron que se veían expuestos a normas de género persistentes, a factores de estrés del pasado y a la expectativa de familiares o amistades de que volvieran a sus conductas anteriores; lo que sugiere que el entorno residencial servía de amortiguador frente a estos puntos de vista y conductas sociales que no habían cambiado.
Los hombres aborígenes señalaron la falta de apoyo y de conocimiento cultural en los servicios generales de violencia doméstica para hombres: los servicios carecían de vínculos con ancianas y ancianos aborígenes y empleaban a poco o ningún personal aborigen. Los hombres dijeron que esto mermaba su capacidad de recuperarse del ejercicio de la violencia, ya que no se les ofrecían sus formas culturales de abordar los problemas.
Aunque seamos tíos aborígenes, somos de grupos distintos, de tribus distintas, de grupos familiares distintos, y eso influye muchísimo en quiénes somos… pero el personal no lo entiende (Coinvestigador 14).
Para los hombres aborígenes, la conexión con la cultura, la tierra y la comunidad, así como los enfoques dirigidos por personas aborígenes, son fundamentales para una recuperación positiva tras el ejercicio de la VPI (Department of Health and Human Services, 2019).
Los coinvestigadores identificaron habilidades interpersonales que consideraban necesarias para quienes trabajan en servicios de violencia doméstica para hombres. Estas habilidades eran la compasión, la creación de sintonía, el respeto de la confidencialidad, unas relaciones de trabajo positivas, la empatía y la confianza. Los coinvestigadores indicaron que estas habilidades interpersonales eran lo básico que exige la práctica. Para garantizar la excelencia del personal profesional de la violencia doméstica, había algunos requisitos adicionales en la relación entre profesional y cliente: constancia, compromiso y capacidad para traducir la jerga profesional. La constancia se definió como la continuidad, la autenticidad y la estabilidad de la relación entre profesional y persona usuaria (por ejemplo, la posibilidad de mantener la relación con un terapeuta durante el encarcelamiento del coinvestigador), así como un diálogo continuo sobre la productividad de la relación, el intercambio de información y la confidencialidad. Los coinvestigadores refirieron dificultades para poner fin a relaciones improductivas en los servicios, porque el servicio o el profesional percibía que los coinvestigadores tenían motivos ocultos para querer terminar la relación, más allá de desear un resultado positivo del servicio y querer el derecho a elegir a su terapeuta o a su referente. Buckley et al. (2011) sugieren que las personas usuarias con múltiples problemas tienen una buena comprensión de sus necesidades generales de atención y pueden aportar una retroalimentación coherente sobre el personal profesional y sobre los problemas de los servicios.
Según los coinvestigadores, el personal profesional necesitaba compromiso, credibilidad y autenticidad. Los coinvestigadores recordaron interacciones con profesionales de los servicios de violencia doméstica que demostraban una conducta ética y de quienes se decía que tenían «vocación» por su profesión;
aquí era diferente, no sé si me explico, la gente con la que tratas se preocupa de verdad, no están aquí solo por el sueldo (Coinvestigador 4)
Los coinvestigadores describieron el apoyo en los servicios de violencia doméstica como algo más que un trabajo, que exige un compromiso profundo por parte de la persona profesional. Aunque la vocación profesional es un concepto discutido en la literatura (Duffy & Dik, 2013), los coinvestigadores tenían claro qué significaba para ellos. Sugirieron que el personal profesional estaba en su lugar de trabajo porque quería estar allí y no por otros incentivos, como el dinero. Según los coinvestigadores, este ejemplo de preocupación que va más allá de las exigencias concretas del rol profesional era un factor clave en su cambio de conducta, ya que ofrecía un enfoque colaborativo para llegar a ser no violentos.
Los coinvestigadores hablaron de la traducción como una función del personal profesional. Esta habilidad procedía del conocimiento de los libros de la persona profesional, que le permitía dar sentido a la jerga de los servicios sociales, a menudo incomprensible para los coinvestigadores. Los coinvestigadores hablaron de la importancia de sentir que podían hacer cualquier pregunta al personal sin ser juzgados ni tratados con condescendencia.
En la terapia de grupo tenemos eso de que no hay preguntas tontas. Fuera del grupo siento que no puedo hacer esas preguntas, porque siento que se supone que esas cosas ya tendría que saberlas (Coinvestigador 11)
Los coinvestigadores valoraban las relaciones profesionales y las describían como un medio para explorar preguntas confusas o sin respuesta sobre los servicios, sobre las maneras de ser no violento y sobre los problemas de pareja o familiares. Portnoy y Murphy (2017) señalaron la importancia de que quienes facilitan los grupos de violencia doméstica creen un espacio emocionalmente seguro para que los hombres que ejercen VPI exploren sus problemas sociales, culturales y emocionales. Los coinvestigadores consideraban que las relaciones profesionales aportaban algo más que contenidos informativos o educativos sobre la violencia doméstica, y las veían como apoyos personales a los que recurrían para abordar toda una serie de problemas vitales más allá del ejercicio de la violencia. Junto a estas experiencias positivas, los participantes describieron también episodios en los que se sintieron juzgados y aislados al acceder a los servicios.
Cuando pides ayuda es como si tu nombre quedara escrito en un libro y te fueran a juzgar por ese libro, no sé si me explico. No te dicen: «Bien hecho. De verdad estás cambiando tu vida y la vida de tu familia y de la gente que te rodea». En cambio, te ven como menos que cualquier otro (Coinvestigador 1)
Violencia doméstica no es una palabra con la que quieras que te asocien, y eso es porque te avergüenzas de esa palabra, y es todavía peor si te catalogan como alguien de violencia doméstica (Coinvestigador 9)
Estas dos citas describen una experiencia binaria para los coinvestigadores: intentan buscar ayuda, pero viven la experiencia de buscarla como degradante y estigmatizante porque se les avergüenza. Campbell et al. (2010) examinaron las experiencias de búsqueda de ayuda de 12 hombres que ejercen VPI e identificaron como cuestión clave la vergüenza y el bochorno, que influían después en la disposición del hombre a buscar apoyos. Esta reticencia podría deberse a los roles de género tradicionales en torno a la búsqueda de ayuda, como sugieren Campbell et al. (2010), o al estigma social asociado a ser autor de violencia familiar. Jenkins (2005) sugiere que, cuando los hombres trabajan para llegar a la no violencia, conviene distinguir entre afrontar la vergüenza y ser avergonzado, ya que lo primero ofrece a los hombres que ejercen VPI vías para avanzar hacia acciones reparadoras.
La mayoría de los coinvestigadores (18 de 20, es decir, el 90%) refirieron antecedentes de haber sufrido violencia, por lo general en la infancia, seguidos de un uso creciente de la violencia contra mujeres y otros hombres a medida que llegaban a la edad adulta. Los hombres que ejercen VPI suelen ser violentos tanto con otros hombres como con sus parejas mujeres, y esta conducta podría estar ligada a ideas de género muy arraigadas sobre la obtención de autoridad por medios violentos (Jewkes et al., 2015).
Los coinvestigadores hablaron de su uso creciente de la violencia pese a haber afirmado en sus primeros años que no seguirían el mismo patrón que la persona o las personas que habían ejercido violencia contra ellos en la infancia. Identificarse a la vez con las etiquetas de víctima y de agresor complicaba la capacidad de los coinvestigadores para buscar apoyo en los servicios: se preguntaban cómo podían abordar sus experiencias de victimización cuando solo se les identificaba como autores de violencia. Los coinvestigadores dijeron que, una vez etiquetados como agresores, el personal profesional a menudo ignoraba o dejaba de lado sus experiencias como víctimas. Los coinvestigadores indicaron que esto nunca se trataba en la relación entre cliente y profesional, y un coinvestigador indicó;
creen que lo usamos como excusa, pero no es eso para nada. Solo quiero poder hablar de ello (Coinvestigador 12)
En la literatura se reconoce ampliamente que las experiencias adversas en la infancia (ACE), como presenciar o sufrir directamente violencia física, emocional y sexual, pueden estar vinculadas al ejercicio de la violencia contra otras personas en la edad adulta (Felitti et al., 1998; Moulding, 2018; Richards et al., 2017). Esto se ha explicado de diversas maneras, como la normalización de la violencia en la infancia, que rebaja los umbrales para recurrir a ella (Fulu et al., 2017), la falta de desarrollo de habilidades de afrontamiento, que conduce a una mala gestión del estrés en las relaciones adultas (Roberts et al., 2011), el aumento de los problemas de salud mental y de adicción (Machisa et al., 2016) y los discursos de género que pueden formar parte de las ACE y enmarcar las respuestas de los hombres a ellas (Moulding, 2018) . Aunque la literatura está dividida respecto a estas explicaciones, hay acuerdo en que los servicios de violencia doméstica para hombres necesitan centrarse en una práctica informada sobre el trauma para mejorar sus resultados con los hombres; un enfoque así tendría que ofrecer claramente oportunidades para hablar de la violencia sufrida en la infancia (Voith et al., 2020).
El apoyo entre pares, la conciencia de sí mismo, el mantenimiento del humor y el desarrollo de un sentido de propósito se identificaron como mecanismos de cambio positivo para los hombres, y los servicios de violencia doméstica ofrecían oportunidades para ponerlos en práctica.
Uno de los ámbitos de pericia identificados fue el apoyo entre pares, al ayudar a otros hombres a integrarse en el programa residencial cuando acababan de llegar;
Tenemos la experiencia y tratamos de ayudar a todos los demás a abrirse camino aquí. Intentas ponérselo lo más fácil posible. Yo incluso me he encargado de presentar a la gente cuando llega. Eso ayuda a la gente, ¿sabes?, a entrar en el programa mucho más fácilmente (Coinvestigador 6)
Los coinvestigadores indicaron que en el servicio esto se conocía como «apadrinamiento» (Grandfathering): un residente veterano ayudaba a un nuevo residente a integrarse en el servicio residencial. Esta función se consideraba esencial y no podía desempeñarla un miembro del personal profesional. Se reconoce que los servicios residenciales que aplican un modelo de comunidad terapéutica tienen un impacto positivo en el sentimiento de pertenencia del residente y en su apropiación de sus conductas, lo que a su vez puede influir en el cambio de conducta a más largo plazo (Pearce & Pickard, 2013).
Las relaciones entre pares también pueden ser un factor de cambio de conducta: Doogan y Warren (2017) observan que los residentes de comunidades terapéuticas responden más favorablemente a las afirmaciones de sus pares que a las del personal profesional, y que utilizan esta retroalimentación de los pares para construir nuevas identidades no violentas. Los coinvestigadores refirieron que el sentimiento de pertenencia y de propósito que obtenían de las interacciones positivas entre pares, como el apadrinamiento, era un componente clave de su proceso de recuperación.
Los coinvestigadores indicaron también que valoraban escuchar las historias de recuperación de otros hombres que ejercen violencia. Roguski y Gregory (2014) destacan que los hombres que ejercen VPI quieren escuchar historias de cambio de otros hombres y piden mentores, pero faltan orientaciones sobre lo que hace de alguien un buen mentor o un buen modelo.
Estaría genial tener a gente que haya pasado por ello: los grupos, la terapia, todo eso. Así podrían allanarnos el camino cuando entremos [en los servicios]. Pero ¿cómo sabes que predican con el ejemplo? (Coinvestigador 18)
Sprang et al. (2020) sugieren que los programas de mentoría y de formación de testigos activos podrían abrir algunas vías para construir una red de mentores y modelos para los hombres que ejercen VPI.
Los coinvestigadores describieron la conciencia de sí mismos como un despertar que podía ayudarles a iniciar un proceso de cambio. Los hombres definieron la conciencia de sí mismos como la toma de conciencia progresiva del impacto de sus conductas en los demás y en sí mismos. Reconocieron que esto podía ocurrir antes de acceder a los servicios;
a lo mejor creces, a lo mejor maduras, a lo mejor te hartas de tu vida, no sé si me explico. Lo que me hizo darme cuenta fue preguntarme un día por qué bebía todo el tiempo, y la respuesta era que no era feliz porque no sabía cómo lidiar con lo que pasaba a mi alrededor, así que lo bloqueaba emborrachándome todo el rato (Coinvestigador 2)
Pero también podían tener su primera toma de conciencia después de empezar a acudir a servicios de violencia doméstica. Se ha subrayado la importancia de aumentar la conciencia de sí mismos de los hombres que ejercen VPI, ya que puede reducir el riesgo de violencia contra sus parejas o exparejas mujeres (Roguski & Gregory, 2014; Westmarland & Kelly, 2012). Los coinvestigadores refirieron que los servicios de violencia doméstica residenciales y no residenciales les habían brindado a veces la primera oportunidad de reflexionar sobre sí mismos y de tomar conciencia de las conexiones entre sus pensamientos, sus emociones y sus conductas.
Los coinvestigadores hablaron también de la pericia que ellos mismos tenían en los servicios de violencia doméstica. Los coinvestigadores comentaron cómo podían;
separar a los que se lo curran de los que no [en los servicios] (Coinvestigador 7)
Se trataba de residentes o participantes de los grupos a quienes se percibía como poco sinceros en su búsqueda de ayuda.
todo se reduce a la experiencia, ¿sabes? A nosotros nos resulta más fácil que al personal darnos cuenta de que alguien está tomando drogas. Porque se lo esconden al personal, pero a nosotros no suelen escondérnoslo tanto (Coinvestigador 6)
Mantener el sentido del humor pese a los momentos difíciles fue otro ámbito de pericia identificado por los coinvestigadores.
Volvía aquí en autobús. Habían desviado el autobús de su ruta habitual, así que [otro residente] y yo pedimos que nos dejara en otra parada que estaba cerca de [el servicio]. El conductor se enfadó porque conocía el servicio y sabía para qué era. Dijo que no deberíamos pedirle que hiciera nada por nosotros. Cuando nos bajábamos, el conductor dijo: «Qué bien vives tú, gorrón de las ayudas1». Pensé que podía enfadarme, pero no tenía sentido, así que le contesté: «No cobro el paro…. ¡Cobro una prestación por enfermedad!2». Nos reímos y nos reímos, pero también estaba orgulloso de haber manejado bien la situación y de no haberme enfadado (Coinvestigador 3).
Los hombres hablaron de la necesidad de mantener un humor negro durante toda la búsqueda de ayuda, por la enormidad de su vida pasada y presente y los numerosos obstáculos a los que se enfrentaban, como aprender a ser no violentos, vivir con problemas de salud mental o de adicción, experiencias pasadas de violencia (ejercida o sufrida por parte de otras personas), problemas de pareja y la pérdida de la relación con sus parejas y sus hijas e hijos.
Muchos de los coinvestigadores procedían de orígenes culturales que sufren racismo directo e indirecto en Australia. El conjunto de problemas emocionales, culturales y sociales con los que viven los coinvestigadores podría dar lugar a la experiencia de múltiples identidades estigmatizadas y al rechazo social de sus perspectivas y de su condición de personas (Remedios & Snyder, 2018). Es posible que los comentarios de los coinvestigadores sean un intento de crear una cultura de «dignidad indigna» (Jensen, 2018, p. 20) para desviar el estigma. Los coinvestigadores dijeron que este humor negro se compartía entre residentes y profesionales de la violencia doméstica en los servicios a los que habían acudido y que, aunque apenas se reconocía, constituía una parte importante de su experiencia.
En cuanto al apoyo informal de familiares o amistades, los coinvestigadores dijeron que era mínimo. Los coinvestigadores sugirieron que sus familiares y amistades vivían a menudo con los mismos problemas, no podían ofrecer consejo ni apoyo y conocían poco los servicios para hombres que ejercen VPI. Algunos coinvestigadores indicaron que sus familiares los habían disuadido activamente de buscar ayuda. La investigación indica que los hombres que ejercen VPI a menudo han vivido pobreza y maltrato en la infancia, y que puede que sus familias no tengan los recursos emocionales para apoyarlos en su búsqueda de ayuda (Voith et al., 2020). Los coinvestigadores indicaron que hablar con los amigos no era una opción para averiguar cómo recuperarse del ejercicio de la violencia.
Hay cosas de las que no puedes hablar con tus colegas (Coinvestigador 1)
Ya, porque a lo mejor piensan que eres débil o algo así (Coinvestigador 2)
Towns y Terry (2014) analizan la idea de la «mateship», la camaradería masculina australiana, y cómo influye en la búsqueda de ayuda de los hombres. Sugieren que la importancia de mantener las relaciones con los amigos varones puede pesar más que el deseo de buscar ayuda si esta se percibe como poco masculina. Los coinvestigadores del presente estudio identificaron una diferencia entre el apoyo de los pares (otros hombres en los servicios de violencia doméstica) y el de familiares o amistades. Campbell et al. (2010), Flood (2015) y Roguski y Gregory (2014) subrayan lo difícil que es cuestionar las normas de género con hombres que ejercen VPI cuando sus familiares y sus comunidades están impregnados de esas mismas normas. Anderson et al. (2017) sugieren que los servicios de violencia doméstica tienen la doble responsabilidad de ofrecer enfoques de salud pública dirigidos a toda la comunidad y programas grupales e individuales intensivos para abordar la VPI.
El estudio se limitó a participantes de un único servicio residencial de violencia doméstica que aplicaba un modelo de comunidad terapéutica, lo que puede haber influido en las opiniones de los hombres sobre la importancia del apoyo entre pares y de la implicación comunitaria. Para contrarrestarlo, la persona investigadora animó a los hombres a incluir reflexiones basadas en sus experiencias en todos los servicios de violencia doméstica a los que habían acudido: todos los coinvestigadores habían acudido a varios servicios por su ejercicio de la violencia. El método elegido fue la indagación colaborativa, que exige un compromiso a más largo plazo tanto de las personas investigadoras iniciadoras como de los coinvestigadores, por lo que puede resultar difícil de reproducir para los servicios de violencia doméstica o para equipos de investigación externos. Pese a estas limitaciones, la investigación presentada en este artículo ha identificado temas que podrían ser pertinentes para los servicios de violencia doméstica para hombres y tener repercusiones para la investigación futura.
En primer lugar, los hombres que ejercen VPI refirieron que los servicios de violencia doméstica a los que habían acudido parecían tener un conocimiento o una pericia limitados en materia de mentoría y de movilización de apoyos informales o culturales para los hombres. Con la creciente atención a que los hombres aborígenes asuman la responsabilidad de la violencia en las comunidades aborígenes, los servicios generales de violencia doméstica quizá deban considerar las limitaciones de las medidas de competencia cultural blancas (Herring et al., 2013) e implicar a las comunidades y organizaciones aborígenes locales en la planificación conjunta de los apoyos para los hombres aborígenes. La formación de testigos activos y las mentorías, como las mentorías culturales, podrían ofrecerse a los hombres que ejercen VPI una vez completado con éxito un programa de violencia doméstica. Como mentores, los hombres podrían establecer relaciones entre pares capaces de aportar nuevos enfoques para abordar la violencia masculina.
En segundo lugar, los coinvestigadores indicaron que había poca coproducción colaborativa entre los hombres que ejercen VPI y el personal profesional, y que adoptar un enfoque de coproducción podría mejorar los resultados de los servicios. Estos enfoques podrían consistir en aprovechar las habilidades de apoyo entre pares que los hombres ya tienen, reforzar la conciencia de sí mismos y crear un sentido de propósito en los servicios para hombres. Los marcos de recuperación para los hombres que ejercen VPI podrían incluir estrategias de afrontamiento como el uso del humor para combatir el estigma, y cómo identificar y construir relaciones positivas de mentoría entre pares.
Por último, los coinvestigadores señalaron sus redes de apoyo informal, como las amistades y la familia, como un posible riesgo de volver a las conductas violentas. Es en efecto posible que los hombres que ejercen VPI no reciban ninguna afirmación positiva de su familia, de sus amistades ni de la sociedad en general por buscar ayuda, lo que puede mermar su disposición a implicarse. En el caso de las comunidades residenciales, puede ser importante que los servicios logren una mayor integración con el entorno doméstico de los hombres durante la estancia residencial, para ofrecer a los hombres que ejercen VPI más oportunidades de integrar lo aprendido.
La investigación futura podría explorar los posibles resultados de introducir o reforzar la coproducción, el apoyo entre pares culturalmente adecuado y las intervenciones sociológicas en los servicios de violencia doméstica para hombres. Entre las personas participantes de esa investigación podrían figurar hombres que ejercen VPI y sus familias, en indagaciones colaborativas separadas. Futuras investigaciones podrían explorar también la IC como método longitudinal con hombres que ejercen VPI, para determinar si tiene efectos a largo plazo.
Los resultados de la investigación sugieren que los hombres que reciben intervenciones por VPI pueden implicarse en conversaciones sobre sus experiencias de uso de los servicios. Incluir las perspectivas de estos hombres puede aportar nuevas ideas para la evaluación y la reconfiguración de los servicios de violencia doméstica.
Complexe Systémique: puntos clave
Rara vez se les pregunta qué les ayuda: aquí, hombres que ejercen violencia en la pareja se convierten en coinvestigadores. El diseño encaja con el objetivo: la indagación colaborativa reproduce, dentro de la investigación, la lógica de responsabilización y de coproducción que se espera de la atención. Tres aportaciones interesan directamente a la práctica sistémica. En primer lugar, el cambio no se juega solo dentro del programa: choca con el regreso a las redes (familia, amistades, barrio) que sostienen las normas de género y el consumo de alcohol; trabajar con esas redes se convierte en condición de un cambio duradero. En segundo lugar, muchos de estos hombres fueron primero niños expuestos a la violencia: poder hablar solo de su condición de agresores cierra una puerta terapéutica, sin restar nada a su responsabilidad. En tercer lugar, los pares (acogida de los recién llegados, humor compartido, mentoría) son un recurso por derecho propio. Limitaciones: un único servicio, un grupo cambiante y relatos no contrastados con el punto de vista de las parejas o de las hijas e hijos; la seguridad de las víctimas sigue siendo el primer criterio. Puede leerse junto con el estudio sobre dinámicas familiares, trauma infantil y normas de género en hombres condenados por violencia en la pareja y el estudio sobre cómo viven la paternidad los hombres en tratamiento por violencia en la pareja.
Notas del original
1 Eufemismo para designar a una persona desempleada que recibe prestaciones del Gobierno.
2 Persona desempleada y enferma que, por ello, no puede buscar empleo y recibe una prestación del Gobierno
Agradecimientos. Reconozco que vivo y trabajo en Noongar Boodja y presento mis respetos a las personas mayores del pasado, del presente y del futuro. Reconozco a los pueblos aborígenes y de las islas del estrecho de Torres, del pasado y del presente, que participaron en la investigación descrita en esta tesis. Les agradezco profundamente sus conocimientos y su contribución a mis ideas. Me comprometo con el reconocimiento de los Pueblos Originarios como custodios permanentes de la tierra que piso, Australia.
Financiación. Financiación en acceso abierto facilitada y organizada por CAUL y sus instituciones miembro.
Conflicto de intereses. La autoría declara no tener ningún conflicto de intereses.
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Traducción no oficial al español de Collaborative Inquiry with Men Who Use Intimate Partner Violence: Service User Perspectives on Expertise in Domestic Violence Services for Men, de Rebecca Jury, Journal of Family Violence, vol. 38, n.o 2 (2023), doi: 10.1007/s10896-022-00369-7, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia (intercambios presentados en forma de diálogo). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial del artículo original «Collaborative Inquiry with Men Who Use Intimate Partner Violence: Service User Perspectives on Expertise in Domestic Violence Services for Men», publicado en Journal of Family Violence (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción de Complexe Systémique realizada con la ayuda de la inteligencia artificial; la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Jury, R. (2023). Collaborative Inquiry with Men Who Use Intimate Partner Violence: Service User Perspectives on Expertise in Domestic Violence Services for Men. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/collaborative-inquiry-with-men-who-use-intimate-partner-violence-service-user-perspectives (Obra original publicada en 2022 en Journal of Family Violence, 38(2), 347-358 (2023); republicada en 2023 por Journal of Family Violence, https://link.springer.com/article/10.1007/s10896-022-00369-7)
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