Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Mental Health and Digital Technologies · Terapia familiar

Intervenciones digitales familiares de salud mental: alinear el diseño con los principios de la práctica sistémica

Las aplicaciones de salud mental están diseñadas casi todas para una sola persona, según el modelo de la TCC. Un equipo del Bouverie Centre de Melbourne se pregunta qué cambiaría un diseño fiel a los principios sistémicos: la familia como cliente, los bucles de retroalimentación, las preguntas circulares y una cuestión que los modelos de diseño pasan por alto, a saber, quién participa y con quién.

Autoría Ellen T. Welsh, Zoe C. G. Cloud, Kate Cordukes, Nella Charles y Jennifer McIntosh (The Bouverie Centre, La Trobe University, Brunswick, Australia); James H. Boyd (School of Psychology and Public Health, La Trobe University, Melbourne, Australia)Primera publicación en Mental Health and Digital Technologies, 29 de julio de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Family digital mental health interventions: aligning design and systemic practice principles, de Ellen T. Welsh, James H. Boyd, Zoe C. G. Cloud, Kate Cordukes, Nella Charles y Jennifer McIntosh, publicado en Mental Health and Digital Technologies (Emerald) (2026), doi: 10.1108/mhdt-03-2026-0021, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para la lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Lo que el marco BIT no contempla, pero resulta especialmente pertinente en un contexto sistémico, es el «quién».

Ellen T. Welsh, James H. Boyd, Zoe C. G. Cloud, Kate Cordukes, Nella Charles y Jennifer McIntosh

Resumen

Objetivo. Las intervenciones digitales de salud mental diseñadas para personas individuales se están expandiendo rápidamente y muestran una evidencia creciente de eficacia. Pese al papel central que desempeñan las familias en el apoyo a las personas que atraviesan dificultades de salud mental, existe una notable carencia de intervenciones digitales diseñadas para ser utilizadas por grupos familiares, junto con un examen limitado de los fundamentos teóricos que orientan su diseño. Este artículo pretende colmar esa laguna explorando cómo los principios de la psicoterapia sistémica pueden orientar el desarrollo de intervenciones digitales de salud mental dirigidas a las familias.

Diseño/metodología/enfoque. El artículo lleva a cabo un análisis conceptual que compara las teorías del cambio en que se basan las psicoterapias individuales con las que son centrales en las psicoterapias sistémicas. Examina las implicaciones de estas diferencias teóricas para el diseño de intervenciones digitales de salud mental que favorezcan la participación familiar.

Resultados. El análisis muestra que las psicoterapias sistémicas, centradas en las relaciones y en los procesos interaccionales más que en la reducción de los síntomas individuales, no pueden trasladarse de manera significativa a formatos digitales simplemente adaptando intervenciones de orientación individual. Las intervenciones digitales centradas en la familia requieren, por el contrario, características de diseño específicas. El artículo identifica consideraciones conceptuales clave y formula recomendaciones basadas en el diseño para guiar el desarrollo de plataformas digitales de inspiración sistémica.

Originalidad/valor. Este artículo aporta nuevas perspectivas teóricas al vincular explícitamente los modelos de psicoterapia sistémica con el diseño de intervenciones digitales. Contribuye a comprender cómo las teorías relacionales del cambio pueden orientar la creación de recursos digitales de salud mental para las familias, un ámbito que sigue poco explorado tanto en la literatura sobre salud mental digital como en la de psicoterapia sistémica.

Palabras clave: Salud mental digital, Terapia familiar, Psicoterapia sistémica, Salud relacional, Diseño de intervenciones, Innovación en salud digital

Introducción

Existe una gran abundancia de intervenciones digitales de salud mental (DMHI, por sus siglas en inglés) para personas que atraviesan diversas dificultades de salud mental (De Witte et al., 2021; Philippe et al., 2022; Plessen et al., 2025). La gran mayoría se basa en tratamientos de psicoterapia individual que han demostrado su eficacia en los contextos tradicionales de atención en salud mental, y suele presentarse como una traslación directa de estrategias presenciales (Mohr et al., 2017). Aunque existe una base de evidencia sólida y consolidada para las intervenciones familiares y sistémicas en dificultades de salud mental tanto infantiles como adultas (Carr, 2025a, 2025b; Cloud et al., 2026b; Rodolico et al., 2022; Vossler et al., 2025), ningún estudio publicado ha documentado el desarrollo de una DMHI en este contexto (Welsh et al., 2024). Sin embargo, la evidencia emergente sobre DMHI diádicas y de pareja muestra que los enfoques de orientación relacional son prometedores (Kernová et al., 2025; Shaffer et al., 2020).

La psicoterapia individual y las terapias familiares sistémicas se nutren de múltiples marcos teóricos, pero divergen en aspectos clave, como su concepción del cliente, la orientación de los objetivos, la técnica y el enfoque. Diseñar DMHI sistémicas para uso familiar requiere, por tanto, un enfoque propio. La evidencia emergente refuerza esta necesidad: una revisión sistemática reciente de DMHI parentofiliales subrayó la importancia de un diseño de orientación relacional (Chew et al., 2026), mientras que la investigación cualitativa señala las complejidades inherentes a apoyar el bienestar familiar mediante plataformas digitales (Tariq et al., 2025). Además, una evidencia más amplia sugiere que los medios digitales pueden menoscabar la interacción cara a cara, exacerbar el conflicto interpersonal y debilitar las relaciones familiares (Alwuqaysi, 2025). En conjunto, estos hallazgos subrayan la importancia de tener explícitamente en cuenta los procesos sistémicos en el diseño de las DMHI.

Existe una sólida base bibliográfica sobre las características de diseño de las DMHI para personas individuales (Stiles-Shields et al., 2016), algunas de las cuales son probablemente pertinentes para aplicaciones sistémicas. Posiblemente sea más útil una comparación sistemática de los modelos de práctica individual y sistémica para identificar dónde se necesita un mayor desarrollo. Eso es precisamente lo que se propuso este artículo, adoptando la perspectiva de quien diseña una DMHI para examinar las teorías del cambio, las técnicas específicas y otros elementos pertinentes para el diseño de una DMHI sistémica. Con ello, examinamos dónde puede transferirse o adaptarse el conocimiento existente e identificamos ámbitos para futuras investigaciones que orienten el diseño de una DMHI sistémica para uso familiar.

El paradigma de la psicoterapia individual

La psicoterapia es un tratamiento interpersonal destinado a aliviar el malestar que experimenta una persona en relación con un trastorno mental, un problema o una queja (Wampold, 2015). Basados en principios psicológicos, existen multitud de modelos distintos de psicoterapia. En general, pretenden favorecer modificaciones adecuadas de la perspectiva del cliente, transformando así el significado de sus experiencias y aliviando el malestar (Wampold, 2015). A continuación se presenta un breve resumen de la terapia cognitivo-conductual (TCC), como punto de referencia para la revisión posterior de los marcos sistémicos. Se elige la TCC por su prevalencia y por la evidencia, en rápido crecimiento, de su eficacia en formato digital (Howes et al., 2023; Lattie et al., 2022; Plessen et al., 2025).

Rasgos distintivos de la TCC

La TCC es una modalidad psicoterapéutica dominante y cuenta con una amplia base de evidencia para una gran diversidad de edades y diagnósticos (Fordham et al., 2021; Hofmann et al., 2012; Lattie et al., 2022). La TCC está centrada en los problemas y pone el acento en el presente, fijando objetivos para mejorar el estado mental actual del cliente. Busca aliviar el malestar explorando los vínculos entre pensamientos, emociones y conducta, con la hipótesis de que las emociones y las conductas están influidas por la manera en que se interpreta y se construye una situación, y no por la situación en sí (Beck, 1964; Fenn and Byrne, 2013). Así, se considera que el desarrollo de significados más flexibles y menos negativos, y la modificación de actitudes y conductas disfuncionales, explican el cambio terapéutico (Antichi and Giannini, 2023; Barkham, 2021; Salkovskis et al., 2023). El equipo terapéutico busca ayudar a cada cliente a ampliar su pensamiento para tomar conciencia de los supuestos subyacentes, y a descubrir por sí mismos perspectivas y soluciones alternativas. La psicoeducación es un componente esencial de la TCC: el equipo terapéutico proporciona a la persona información sobre su trastorno y le enseña técnicas para gestionar el estrés y afrontarlo (Khoury and Ammar, 2014). Además, se enseña a las personas a identificar los pensamientos poco útiles, a sustituirlos por pensamientos más beneficiosos y a modificar las conductas desadaptativas (Lattie et al., 2022). Se considera que este proceso permite a las personas adaptar su perspectiva sobre sí mismas y sobre sus problemas, aumentar su capacidad de responder con más flexibilidad y aliviar así el malestar (Salkovskis et al., 2023).

Las sesiones de TCC suelen celebrarse semanalmente durante algunos meses, con recomendaciones que varían según los trastornos. Por ejemplo, la evidencia ha mostrado que una dosis de tratamiento más alta (asistir a más sesiones) y una mayor implicación de la persona en tratamiento (cumplir con las tareas y mostrar compromiso con la TCC) producen una mayor reducción de los síntomas a largo plazo en los trastornos de ansiedad (Glenn et al., 2013), y varios estudios sitúan la dosis óptima para lograr un cambio clínicamente significativo entre ocho y 14 sesiones (Carr et al., 2017; Levy et al., 2020). Para el tratamiento de la esquizofrenia, en cambio, las guías recomiendan que la TCC se imparta en un mínimo de 16 sesiones planificadas (Jones et al., 2018; National Institute for Health and Care Excellence, 2014).

Características del cliente y alianza terapéutica

Se sabe que ciertas características del cliente influyen en los resultados de la psicoterapia, sea cual sea el modelo adoptado. Se plantea la hipótesis de que la persona debe creer en el tratamiento, estar motivada para creer en él o ser llevada a creer en él para obtener resultados (Barkham, 2021; Kazdin, 2009). Además, sus expectativas y la credibilidad percibida del tratamiento probablemente influyen en los resultados (Barkham, 2021). Otros factores de influencia conocidos son las características demográficas, la gravedad de los síntomas, la comorbilidad diagnóstica, el grado de insight y de autoconciencia previo, la expresión emocional o la resistencia y la conducta interpersonal (Barkham, 2021). Por último, la alianza terapéutica es probablemente el factor explicativo más destacado que se ha propuesto para la eficacia de la psicoterapia (Kazdin, 2009; McAleavey and Castonguay, 2015). El carácter colaborativo de la relación entre paciente y terapeuta, su acuerdo sobre los objetivos y el vínculo personal que se desarrolla durante el tratamiento son un predictor preciso de los resultados en psicoterapia (Barkham, 2021; Kazdin, 2009; McAleavey and Castonguay, 2015; Wampold, 2015).

Puntos de ruptura con la mirada individual: los marcos de la psicoterapia sistémica

Centrándonos en los marcos de la psicoterapia sistémica y de la terapia familiar, señalamos los puntos de ruptura con la mirada individual que deberían reflejarse en el diseño de una DMHI para varios miembros. Las psicoterapias sistémicas pretenden mejorar los resultados en salud mental y apoyar un desarrollo familiar sano abordando las relaciones entre las personas, las familias y las redes sociales (Carr, 2012). La terapia familiar sistémica cuenta con una sólida base de evidencia para toda una serie de problemas de consulta y, en algunos trastornos, ha demostrado ser más eficaz que la psicoterapia individual (Carr, 2025a, 2025b; Cloud et al., 2026b; Rodolico et al., 2022; Vossler et al., 2025). La práctica sistémica puede incluir el trabajo con personas individuales para lograr un cambio sistémico, pero suele tener más éxito cuando se trabaja con el sistema de cuidados más amplio (Heatherington et al., 2015). Como ocurre con la psicoterapia, existen numerosos modelos de terapia familiar sistémica. Aquí nos centramos en los principios generales surgidos de la integración de las principales escuelas de práctica, a saber, el pensamiento estructural, el de la escuela de Milán, el estratégico, el narrativo y el posmilanés (Goldenberg, 2017; Hayes, 1991), y destacamos explícitamente los mecanismos de cambio clave que con más probabilidad influirán en el diseño de las DMHI.

El cliente es la familia

Quienes ejercen la psicoterapia sistémica contextualizan los síntomas de una persona como algo que surge, existe y cambia en el contexto de sus sistemas familiar y social (Hunger et al., 2016), y conceden un lugar privilegiado al papel que desempeñan las relaciones cercanas y de confianza en la salud y el bienestar de la persona (Dourdouma et al., 2020). El foco de la terapia familiar está en las relaciones, los patrones de comunicación y las conductas de toda la familia, más que solo en los problemas de una persona.

La familia es un sistema

En la terapia sistémica, la familia se concibe como un sistema, definido por los siguientes supuestos: ninguna persona orquesta por sí sola los patrones interaccionales; a ninguna persona se le puede atribuir por sí sola la culpa del malestar familiar o relacional; y toda conducta tiene sentido en el contexto del sistema (Gehart, 2023). Se trata de implicar a la familia para que comprenda cómo las interacciones familiares influyen en la configuración o la perpetuación de los problemas y cómo pueden contribuir a resolverlos (Nichols and Tafuri, 2013). El mantenimiento y la persistencia del problema son más pertinentes que su origen, y la manera en que las personas se hablan e interactúan es tan pertinente como los procesos internos individuales, como lo que piensan y sienten, o incluso más (Dourdouma et al., 2020; Rohrbaugh, 2014).

Las familias tienen bucles de retroalimentación

Los sistemas buscan mantener el equilibrio u homeostasis mediante la autocorrección. A veces, intentos persistentes y bienintencionados de resolver un problema contribuyen sin querer a mantenerlo o agravarlo. Los equipos de terapia sistémica tratan de observar e interrumpir este tipo de patrones interaccionales familiares, partiendo del supuesto de que, al hacerlo, los miembros de la familia pueden modificar la trayectoria de su problema (Rohrbaugh, 2014).

El equipo terapéutico forma parte del sistema

En la terapia sistémica, el equipo terapéutico (con frecuencia, en coterapia) forma parte del sistema. Quienes practican la terapia sistémica actúan con conciencia de las maneras en que su propio origen sociocultural, su género, su estatus y sus conductas durante la sesión repercuten en el sistema (Lini and Bertrando, 2022). Como en la psicoterapia individual, la alianza terapéutica es un predictor sólido de los resultados de la terapia (Friedlander et al., 2018). Esta alianza se extiende a cada miembro del sistema, al grupo en su conjunto y a la relación entre coterapeutas. Las alianzas entre subsistemas (por ejemplo, progenitor-terapeuta o menor-terapeuta) y el sentido compartido de propósito (o su ausencia) entre los miembros de la familia abren la posibilidad de alianzas divididas o desequilibradas (Hardy et al., 2020).

Promover el cambio dentro del sistema

Quienes ejercen la terapia familiar utilizan varias técnicas para hacer posible el cambio dentro del sistema. Recogen los puntos de vista de todos los miembros de la familia para introducir nueva información en el sistema y ayudar a redefinir la idea de que una persona es el problema (Hammond and Nichols, 2008), orientando en cambio a la familia hacia los patrones interaccionales en juego. Las preguntas circulares son una piedra angular de la psicoterapia sistémica: consisten en preguntar a las personas cómo responden relacionalmente los demás miembros del sistema a los problemas, lo que ayuda a las familias a pasar de un pensamiento lineal a uno circular, evitando deliberadamente las explicaciones de causa y efecto (Nichols and Tafuri, 2013; Rohrbaugh, 2014). Estas herramientas ayudan a interrumpir la culpabilización, profundizar la comprensión de la familia y reconceptualizar los problemas como desafíos compartidos y modificables (Carr, 2016; Hardy et al., 2020). Las escenificaciones (enactments) sistémicas son otra herramienta habitual: la persona terapeuta pide a la familia que represente durante la sesión un intercambio familiar típico (Minuchin, 1974). Al observar los patrones relacionales, puede ofrecer oportunidades para reestructurarlos y facilitar el cambio (Heatherington et al., 2015).

Características del cliente e implicación

Las características del cliente influyen de manera compleja en los resultados de la terapia familiar sistémica. Las características demográficas, la gravedad de los síntomas y las comorbilidades diagnósticas de los miembros de la familia multiplican su efecto sobre la probabilidad de éxito (Karam et al., 2015). Los miembros de la familia difieren en su nivel de motivación y de disposición (Friedlander et al., 2018). Además, no es raro que tengan sentimientos opuestos respecto a participar en la terapia y, si no se supera, esta disparidad puede traducirse en una mala colaboración familiar (Heatherington et al., 2015).

Fomentar la participación de los miembros de la familia que puedan estar implicados en el problema y en la solución, y facilitar su implicación activa en las sesiones, es un aspecto importante del papel del equipo terapéutico (Hardy et al., 2020; Heatherington et al., 2015). Además, lo que se dice en terapia familiar tiene como testigos a los demás miembros y puede tener repercusiones importantes fuera de la sala de terapia (Hardy et al., 2020). Por ello, se requiere una competencia terapéutica fundamental para decidir quién puede y debe participar en la terapia familiar, ya sea en una sesión concreta o a lo largo de un episodio de atención (Crago, 2005).

En la terapia familiar sistémica, la evidencia sugiere que la intensidad de la terapia debe ajustarse a las necesidades de cada cliente (Carr, 2025a, 2025b), pero que, en general, la terapia se extiende de tres a seis meses y comprende entre 6 y 20 sesiones. Estas pueden incluir sesiones con subsistemas familiares o con miembros del sistema más amplio, incluidas personas de otras profesiones (Carr, 2016). En la terapia familiar en general, sin embargo, cuando es seguro y posible, el poder se descentra y la persona terapeuta procura adoptar una postura colaborativa, dejando que la familia guíe el desarrollo de las sesiones.

Aplicación del marco BIT a una DMHI sistémica

Existen diferencias claras entre las teorías del cambio subyacentes a las psicoterapias individuales y sistémicas, con implicaciones importantes para el diseño de las DMHI. Para estructurar nuestra síntesis, aplicamos el marco de la tecnología de intervención conductual (BIT, por sus siglas en inglés), un modelo que integra la ciencia del comportamiento, el diseño y la ingeniería para guiar a quienes diseñan en la traslación de un objetivo clínico general a una aplicación tecnológica claramente definida (Mohr et al., 2014). Nos basamos principalmente en una revisión sistemática de DMHI inspiradas en la TCC (Stiles-Shields et al., 2016), elegida porque utiliza el marco BIT para sintetizar los resultados, así como en la literatura actual, para examinar cómo las características individuales pueden orientar el diseño sistémico y señalar oportunidades para la investigación futura.

El marco BIT consta de dos niveles: el nivel teórico, formado por los objetivos y las estrategias de cambio conductual, y el nivel de instanciación, formado por los elementos, las características y el flujo de trabajo (Mohr et al., 2014). En resumen, los objetivos y las estrategias cobran vida a través de diversos elementos, características y del flujo de trabajo. Más concretamente, los elementos son los componentes de la DMHI con los que interactúa la persona usuaria (por ejemplo, páginas web, actividades interactivas, cuestionarios de autoevaluación), que se le presentan de acuerdo con unas características definidas (por ejemplo, en formato de vídeo, con elementos visuales o audio) y con un flujo de trabajo (es decir, el orden en que se espera que se completen los elementos). La figura 1 ofrece una representación esquemática del marco BIT. Muestra los componentes teóricos, que se instancian mediante los elementos de la pantalla que ve la persona usuaria. Los elementos presentan distintas características (representadas por los diferentes colores y formas), y la manera en que están conectados y en que se accede a ellos se describe mediante el flujo de trabajo (representado por las flechas entre los elementos).

Representación esquemática del marco BIT (Mohr et al., 2014) que muestra los componentes de los niveles teórico y de instanciación. Fuente: elaboración propia de la autoría
Figura 1. Representación esquemática del marco BIT (Mohr et al., 2014) que muestra los componentes de los niveles teórico y de instanciación. Fuente: elaboración propia de la autoría

El marco BIT: el nivel teórico

Quien diseñe una DMHI sistémica definiría en primer lugar los objetivos y las estrategias teóricas para alcanzarlos (Mohr et al, 2014). Por ejemplo, todas las DMHI identificadas por Stiles-Shields et al. (2016) tenían como objetivo reducir los síntomas de la persona; sin embargo, las estrategias variaban: la psicoeducación era el principal mecanismo de cambio más utilizado, junto con autoevaluaciones, viñetas de casos y tareas para reforzar el aprendizaje. Más recientemente, una revisión de DMHI dirigidas a jóvenes destacó el establecimiento de objetivos como otra estrategia de cambio frecuente para facilitar la reducción de los síntomas (Opie et al., 2024).

Proponemos que las teorías sistémicas del cambio pueden traducirse fácilmente en un objetivo y en estrategias asociadas. Una DMHI sistémica podría tener como objetivo mejorar la salud relacional y familiar. Las estrategias para alcanzar este objetivo podrían incluir la reformulación sistémica de las dificultades, la puesta de relieve de los puntos de vista de los demás miembros de la familia y la toma de decisiones dirigida por la familia. Además, la psicoeducación, las viñetas de casos y las tareas podrían probablemente adaptarse a un contexto sistémico.

El marco BIT: el nivel de instanciación

Instanciar un objetivo relacional y las estrategias asociadas plantea probablemente cierta complejidad. En una DMHI individual, los elementos, las características y el flujo de trabajo suelen parecerse a los de la intervención presencial. Entre los elementos de DMHI más comunes identificados por Stiles-Shields et al. (2016) figuraban contenidos de lecciones en formato de texto, y algunas incorporaban portales de mensajería, notificaciones, bibliotecas multimedia o elementos de juego de tipo fantástico. Los recordatorios para modificar conductas, identificar y cuestionar pensamientos poco útiles o programar y registrar conductas positivas son otros elementos frecuentes de las DMHI (Lattie et al., 2022). Las características de los elementos de intervención se describen con menos frecuencia o de manera vaga, por ejemplo, hablando de «gráficos y sonidos llamativos», mientras que el flujo de trabajo suele parecerse al de los tratamientos manualizados lineales, con una implicación periódica definida o una liberación estructurada de los contenidos (Barkham, 2021; Stiles-Shields et al., 2016).

El diseño de una DMHI sistémica para uso familiar se basaría en una integración creativa de las técnicas sistémicas en los elementos. De forma presencial, quienes practican la terapia sistémica observan las dinámicas relacionales, participan en las conversaciones y reflexionan sobre ellas, y utilizan técnicas para suscitar distintos puntos de vista (Nichols and Tafuri, 2013; Rohrbaugh, 2014). En formato digital, los contenidos estáticos en forma de texto pueden cumplir una función, pero por sí solos son probablemente insuficientes para reflejar el papel activo de la persona terapeuta y facilitar la conexión relacional entre los miembros de la familia. Entre las posibles soluciones digitales figura la integración de herramientas sistémicas como actividades de tipo escenificación (Minuchin, 1974), en las que consignas y preguntas podrían ayudar a las personas y a las familias a reflexionar sobre intercambios familiares típicos e identificar sus propios patrones relacionales. Del mismo modo, podrían utilizarse preguntas circulares (Nichols and Tafuri, 2013; Rohrbaugh, 2014) a lo largo de todo el recorrido para complementar los contenidos estáticos y ayudar a las familias a ampliar su foco de la persona al sistema. Elementos de DMHI como el registro de conductas positivas quizá no sean útiles en un contexto sistémico; sin embargo, podrían inspirar el desarrollo de herramientas que ayuden a las familias a seguir la evolución de su salud relacional a lo largo del tiempo.

Las características describen las maneras en que se optimizarían los elementos para mejorar la comprensión de la persona usuaria y su capacidad de completarlos e implicarse en ellos (Mohr et al., 2014). En un contexto sistémico existe una exigencia esencial: implicar a varios miembros de la familia de distintas edades y generaciones, tanto juntos como por separado. La ciencia de la implicación es compleja y los factores que contribuyen a ella siguen sin estar claros en el caso de las personas individuales (Perski et al., 2017; Torous et al., 2018). Un hallazgo constante es que las DMHI adaptadas a la edad tienen más probabilidades de favorecer la implicación (Lattie et al., 2022), probablemente en parte por las brechas digitales entre generaciones, que influyen en la motivación y en las actitudes hacia el uso de los medios digitales (Tariq et al., 2025). Las familias están formadas por personas que se encuentran en distintas etapas vitales; por ello, las DMHI sistémicas podrían ofrecer los contenidos en varias versiones para responder a necesidades y preferencias diversas a lo largo de la vida. Por ejemplo, los contenidos desarrollados para las personas usuarias más jóvenes pueden utilizar animaciones y poco texto (Opie et al., 2024). Además, la inteligencia artificial constituye una oportunidad prometedora para personalizar los elementos de las DMHI según las necesidades de cada miembro de la familia (Mikaeili et al., 2025). Por último, las características de los elementos compartidos (por ejemplo, una herramienta que ayude a las familias a cartografiar juntas sus propios patrones relacionales) requerirían un diseño cuidadoso para optimizar la implicación de toda la familia.

Como se ha señalado antes, los flujos de trabajo de las DMHI suelen implicar un uso lineal y periódico, con la expectativa de que las personas vuelvan con el tiempo (Barkham, 2021; Stiles-Shields et al., 2016). Los enfoques habituales para personas individuales, como el envío de recordatorios para volver, han dado resultados dispares en cuanto a su eficacia (Gan et al., 2022). En cualquier contexto, y en particular en uno sistémico, donde las dificultades de implicación conocidas (Torous et al., 2018) probablemente se agraven, diseñar el flujo de trabajo de una DMHI ofrece la oportunidad de reconsiderar las expectativas de implicación sostenida. Existe una base de evidencia creciente que respalda los enfoques de sesión única en las psicoterapias familiares y sistémicas (Cloud et al., 2026a; Hartley et al., 2023; Moore et al., 2025), en los que cada sesión se considera completa en sí misma y la decisión de volver para nuevas sesiones se deja en manos de la familia. En este contexto novedoso, optimizar cada encuentro con la DMHI podría resultar una vía adecuada para seguir investigando (Grajdan et al., 2025).

Lo que el marco BIT no contempla, pero resulta especialmente pertinente en un contexto sistémico, es el «quién». Es decir, ¿quién debe participar en cada elemento y quién debe participar junto con quién? Las descripciones actuales de las maneras de hacerlo son limitadas (Grajdan, et al., 2025; Welsh et al., 2024); sin embargo, una revisión reciente destacó sus probables beneficios, indicando que el uso compartido puede fomentar la práctica regular, la comunicación y la motivación mutua, favoreciendo la implicación y aumentando las probabilidades de que lo aprendido en la DMHI se integre en las rutinas diarias (Chew et al., 2026). Como en la intervención presencial, cabe suponer que, para facilitar cambios sistémicos en la salud relacional, sería ventajoso permitir una implicación compartida (Heatherington et al., 2015). Quedan, no obstante, preguntas de diseño, entre ellas cómo garantizar la seguridad en ausencia de terapeuta y de qué maneras pueden caracterizarse los elementos para permitir una colaboración significativa.

Discusión

El diseño de las DMHI está estrechamente ligado a la implicación de las personas usuarias y a la eficacia (Stiles-Shields et al., 2016; Zainal et al., 2026), pero las orientaciones existentes se centran en gran medida en personas usuarias individuales y ofrecen pocas indicaciones para aplicaciones familiares o sistémicas (Welsh et al., 2024). Esta síntesis hace avanzar este campo de investigación al identificar los rasgos clave de las psicoterapias sistémicas que distinguen las DMHI de uso individual de las de uso familiar. Utilizando el marco BIT, ofrecemos una exposición transparente y basada en la evidencia de las consideraciones esenciales necesarias para traducir los objetivos clínicos sistémicos en elementos de diseño concretos. Ante las crecientes demandas de un mayor acceso a una atención en salud mental que incluya a la familia, y la evidencia que la respalda (Jensen and Mendenhall, 2018; Harvey and O’Hanlon, 2013; Poon et al., 2019; Saroca and Sargent, 2022), este artículo ofrece una síntesis oportuna para guiar el desarrollo de DMHI sistémicas.

Esta síntesis ha puesto de relieve las características (es decir, la manera en que los elementos de la intervención se presentan a las personas usuarias) como el ámbito más destacado para la investigación y el desarrollo, condicionado por las prioridades de implicación compartida y por las estrategias empleadas para alcanzar los objetivos. En este campo novedoso del diseño de DMHI, el codiseño con las familias es fundamental para avanzar hacia la implementación y garantizar la pertinencia, la usabilidad y la accesibilidad (Chew et al., 2026; Welsh et al., 2024). Este artículo ofrece a quienes diseñan e investigan algunas orientaciones para dar esos próximos pasos.

Conclusión

El diseño de una DMHI sistémica para uso familiar plantea desafíos únicos y complejos. Al identificar los rasgos distintivos de las psicoterapias sistémicas presenciales, los resultados de este artículo pueden orientar de forma útil a quienes diseñan DMHI y desean adoptar una perspectiva sistémica en la construcción de plataformas. Los factores propios del contexto aquí destacados deberían ayudar a quienes diseñan a orientar sus líneas de indagación, abriendo la posibilidad de un diseño de DMHI significativo.

Complexe Systémique: lo esencial

Este artículo conceptual acierta al rechazar la idea de que bastaría con «meter la terapia familiar en una aplicación». Las herramientas digitales existentes reproducen la lógica de la TCC: una persona, unos síntomas, un recorrido lineal de lecciones y recordatorios. La práctica sistémica, sin embargo, trabaja sobre las interacciones, sobre los bucles que mantienen el problema y sobre los puntos de vista cruzados. El equipo traduce estos principios en pistas concretas: preguntas circulares integradas en los contenidos, actividades inspiradas en las escenificaciones, herramientas para cartografiar juntos los patrones relacionales, versiones adaptadas a la edad, una lógica de sesión única más que de implicación a largo plazo. Sobre todo, señala lo que los modelos de diseño ignoran: quién participa en qué, juntos o por separado. Es la cuestión del encuadre y de la alianza, trasladada a la pantalla, con sus riesgos: lo que se dice delante de otros miembros de la familia, la seguridad en ausencia de terapeuta, las alianzas desequilibradas. El artículo sigue siendo una síntesis, sin datos ni prototipo probado con familias; su valor reside en plantear las preguntas adecuadas antes del codiseño. Para leer junto con el artículo sobre la tecnología digital en las relaciones parentofiliales y el estudio Delphi sobre el pensamiento de sesión única.

Referencias

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Traducción no oficial al español de Family digital mental health interventions: aligning design and systemic practice principles, de Ellen T. Welsh, James H. Boyd, Zoe C. G. Cloud, Kate Cordukes, Nella Charles y Jennifer McIntosh, Mental Health and Digital Technologies, publicación anticipada en línea (2026), doi: 10.1108/mhdt-03-2026-0021, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en los términos de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «Family digital mental health interventions: aligning design and systemic practice principles», publicado en Mental Health and Digital Technologies (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial y presentación adaptada para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Welsh, E. T., Boyd, J. H., Cloud, Z. C. G., Cordukes, K., Charles, N., y McIntosh, J. (2026). Family digital mental health interventions: aligning design and systemic practice principles. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/family-digital-mental-health-interventions-aligning-design-and-systemic-practice (Obra original publicada en 2026 en Mental Health and Digital Technologies, publicación anticipada en línea, 1-13 (2026); republicada en 2026 por Mental Health and Digital Technologies, https://www.emerald.com/mhdt/article/doi/10.1108/MHDT-03-2026-0021/1389346/Family-digital-mental-health-interventions)

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