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Families, Relationships and Societies · Familia

Intimidad, relacionalidad e interdependencias: las relaciones en familias que afrontan daños del juego durante la COVID-19

Cuando la pandemia cerró las máquinas de juego pero dejó los casinos en línea abiertos de par en par, ¿qué ocurrió con las familias de las personas que juegan? En Finlandia, el equipo de Virve Marionneau recogió las palabras de 44 personas allegadas, sobre todo parejas y madres: una vigilancia agotadora, deudas, el silencio mantenido ante la infancia, alivio para algunas familias y un encierro aún más estrecho para otras.

Autoría Virve Marionneau (University of Helsinki), Johanna Järvinen-Tassopoulos (Finnish Institute for Health and Welfare, Helsinki) y Henna Pirskanen (University of Lapland, Rovaniemi), FinlandiaPrimera publicación Families, Relationships and Societies, 2 de noviembre de 2023Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Intimacy, relationality and interdependencies: relationships in families dealing with gambling harms during COVID-19, de Virve Marionneau, Johanna Järvinen-Tassopoulos y Henna Pirskanen, publicado en Families, Relationships and Societies (Bristol University Press) (2025), doi: 10.1332/20467435y2023d000000003, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan como listas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Las personas de la familia están dispuestas a ayudar a quien juega, pero esto no debería hacerse a costa de su propio bienestar.

Virve Marionneau, Johanna Järvinen-Tassopoulos y Henna Pirskanen

Resumen

El juego es una conducta adictiva que causa daños considerables a las personas, a las familias y a las sociedades. El juego problemático puede tener repercusiones profundas en la vida familiar, entre ellas la ruina económica y la ruptura de las relaciones. En las relaciones adictivas, la conducta adictiva se impone sobre los demás compromisos sociales.

La pandemia de COVID-19 tuvo consecuencias importantes en la vida familiar y en las conductas de juego. Es probable que esto haya afectado a las relaciones en las familias que sufren daños relacionados con el juego. El presente estudio se basa en datos de una encuesta cualitativa (N=39) y de entrevistas (N=5) realizadas a familiares de personas que juegan para explorar cómo vivieron las relaciones adictivas durante la pandemia de COVID-19 en Finlandia.

Los resultados muestran que el juego afecta negativamente a las relaciones íntimas, a la relacionalidad y a las interdependencias en las familias. Para muchas de ellas, los daños relacionados con el juego se acentuaron con la intensificación de las relaciones adictivas durante la pandemia. Para otras, las restricciones de la oferta de juego trajeron alivio. Los resultados muestran también la necesidad de servicios de ayuda más orientados a la familia y subrayan la importancia de la prevención.

Introducción

Las conductas y los consumos adictivos afectan a quienes los practican, pero también a sus familias y comunidades. El juego es una conducta adictiva que afecta gravemente a las personas de la familia y a otras personas significativas afectadas (CSO, por las siglas en inglés de concerned significant others). Se estima que cada persona con problemas de juego afecta negativamente a la vida de entre cinco y 17 CSO (Valentine and Hughes, 2010; Goodwin et al, 2017; Sulkunen et al, 2019; Tulloch et al, 2021).

El juego problemático perturba la vida familiar y complica las relaciones íntimas (Valentine and Hughes, 2012; Järvinen-Tassopoulos, 2020). Los daños más importantes que sufren las familias de quienes juegan incluyen graves problemas económicos, así como daños emocionales y relacionales, como la ruptura familiar. También se ha observado que las personas de la familia sufren un deterioro de la salud física y mental, desempleo y abuso de sustancias (Grant Kalischuk et al, 2006; Svensson et al, 2013; Dowling et al, 2014a; 2014b; Salonen et al, 2016; Jeffrey et al, 2019; Riley et al, 2021; Tulloch et al, 2021). Estos daños son muy similares a los que sufren las propias personas que juegan. Algunos daños, en particular los relativos a la salud mental y a las relaciones, pueden incluso ser más graves en la familia que en quienes juegan (Jeffrey et al, 2019).

La gravedad de los daños que sufren las CSO depende de su relación con la persona que juega. La pareja y los hijos e hijas suelen ser quienes resultan más gravemente afectados y quienes se encuentran en la posición más vulnerable (Valentine and Hughes, 2010; Järvinen-Tassopoulos, 2020; Riley et al, 2021). En los matrimonios y las parejas, la ansiedad, la hipervigilancia, el divorcio y la violencia familiar se han relacionado con el juego problemático (Riley et al, 2021). El juego problemático puede reducir la intimidad entre los miembros de la familia. La madre o el padre que juega puede desentenderse de las tareas domésticas y del cuidado de la infancia, o dejar de contribuir económicamente (Valentine and Hughes, 2010; 2012). La pareja que sufre daños por el juego también puede retirarse de otras relaciones sociales por vergüenza y estigma (Ferland et al, 2008). El juego problemático puede reducir de forma duradera la confianza dentro de la pareja, en particular la de la parte que no juega, a la que puede resultarle difícil volver a confiar en quien juega (Dickerson-Swift et al, 2005). Al mismo tiempo, la pareja que juega puede subestimar, e incluso ignorar, las repercusiones de su juego en la familia (Landon et al, 2018; Jeffrey et al, 2019; Riley et al, 2021).

Las niñas y los niños menores de edad cuyos progenitores tienen un juego problemático se encuentran en una posición especialmente vulnerable (Valentine and Hughes, 2012). A menudo sufren en silencio los problemas de juego de sus progenitores y las conductas caóticas e imprevisibles que estos problemas pueden generar (Valentine and Hughes, 2010; Riley et al, 2021). Los problemas de juego parentales y las tensiones que provocan en la familia pueden tener efectos duraderos en el bienestar físico y mental de la infancia (Dowling, 2014; Saugeres et al, 2014; Lane et al, 2016; Järvinen-Tassopoulos and Marionneau, 2021). La infancia perjudicada por el juego problemático tiene dificultades escolares y niveles elevados de consumo de sustancias (Riley et al, 2021). Los menores de familias con juego problemático también presentan un riesgo elevado de desarrollar problemas de juego más adelante en la vida (Dowling et al, 2010; Riley et al, 2021).

Además de la familia nuclear, las amistades y la familia extensa pueden sufrir daños debidos al juego problemático de otra persona. Se trata, por ejemplo, de madres y padres, abuelas y abuelos, o hijos adultos de progenitores de edad avanzada (Patford, 2007a; Salonen et al, 2016; Goodwin et al, 2017; Järvinen-Tassopoulos and Marionneau, 2021). Sin embargo, la gravedad de los daños suele ser mayor en las personas más cercanas de la familia.

La llegada de la COVID-19 en marzo de 2020 tuvo amplias repercusiones tanto en las conductas de juego como en las relaciones familiares. Los locales de juego y otros espacios públicos se cerraron para limitar la propagación del virus. Como consecuencia, el nivel de juego y de los daños asociados disminuyó entre quienes jugaban en entornos presenciales (por ejemplo, Brodeur et al, 2021; Hodgins and Stevens, 2021). Para muchas de las personas que ya jugaban en línea antes de la pandemia, esta se tradujo, en cambio, en un aumento del juego y de los daños (Gainsbury et al, 2021; Hodgins and Stevens, 2021; Xuereb et al, 2021; Marionneau and Järvinen-Tassopoulos, 2022; Shaw et al, 2022). Al mismo tiempo, las medidas de distanciamiento social aumentaron el tiempo pasado en casa con la familia. La pandemia tensó las relaciones familiares y deterioró el bienestar de las familias (Gayatri and Irawaty, 2022).

Se han realizado pocas investigaciones sobre las experiencias de las familias y las CSO durante la pandemia. Dos estudios italianos (Donatti et al, 2022; Passarella et al, 2023) constataron que, pese al estrés y al empeoramiento de los estados emocionales provocados por los confinamientos, las CSO experimentaron alivio y ciertas mejoras en las relaciones familiares. Estas mejoras se atribuyeron sobre todo a la limitada oferta de juego durante la pandemia y a la consiguiente reducción de la participación en el juego. Sin embargo, las familias también temían la reapertura de las posibilidades de juego y una posible recaída (Donatti et al, 2022; Passarella et al, 2023). Donatti et al (2022) observaron además que, a pesar del cese del juego durante los confinamientos, algunas familias siguieron sufriendo daños relacionados con el juego, entre ellos síntomas físicos y psicológicos. Aún no se sabe si estos resultados son válidos en otros contextos. Los países difirieron en sus respuestas a la COVID-19, pero también en la oferta de juego y en el peso relativo de las modalidades de juego presenciales o en línea.

En el presente estudio exploramos cómo vivieron la pandemia de COVID-19 en Finlandia las CSO de personas con un juego problemático. A diferencia de las estrictas medidas de confinamiento aplicadas en Italia, las restricciones finlandesas frente a la COVID-19 consistieron en recomendaciones. Un estudio finlandés anterior (Marionneau and Järvinen-Tassopoulos, 2021) examinó las experiencias de personas que juegan y de CSO ante el cierre de los servicios de ayuda y apoyo en materia de juego durante la primera ola de la COVID-19. Ese estudio mostró que unas y otras necesitaban menos los servicios, porque el cierre de las ofertas de juego presencial se había traducido en una reducción del juego.

El presente artículo se centra en las experiencias de las CSO durante la primavera de 2021, un año después del inicio de la pandemia. Nos preguntamos cómo la COVID-19 y los cambios asociados en el entorno del juego obligaron a las familias y a las CSO de personas con juego problemático a redefinir sus papeles y sus relaciones dentro de la familia y con el juego.

El juego adictivo: repercusiones en las relaciones familiares

Las familias y las relaciones íntimas se basan en la relacionalidad (por ejemplo, Smart, 2007; 2011; véase también Finch and Mason, 1993) y en las interdependencias (Elias, 1978). Las personas se moldean a través de sus relaciones cercanas con los demás. Las interdependencias humanas y la relacionalidad existen en distintos ámbitos de la sociedad (por ejemplo, la economía y la política), pero sobre todo en los vínculos íntimos de la familia.

La idea de relacionalidad no siempre designa una relación positiva (Mason, 2004; Smart, 2007). Las configuraciones complejas que forman los vínculos humanos contienen tensiones inherentes junto a la cooperación y la armonía (Elias and Dunning, 1966; Elias, 1978). Los compromisos y las expectativas se negocian y se crean activamente en las relaciones (Finch and Mason, 1993). La relacionalidad constituye el contexto de la vida cotidiana, pero también exige acción: relacionarse (o no relacionarse) es siempre activo (Smart, 2007). La vida familiar es un proceso multidimensional de negociación de cuestiones, capas y significados (Smart, 2011). Estos procesos varían según los miembros de la familia y según las familias.

La adicción y los daños asociados pueden tener repercusiones importantes en la dinámica familiar. Una persona que lucha contra una adicción puede recurrir a la conducta adictiva para controlar sus sentimientos (por ejemplo, tristeza, culpa, miedo, resentimiento), pero también puede desarrollar tolerancia. Esto puede conducir a una escalada de la conducta adictiva. Siguiendo a Peter Adams (2010), la intensificación del consumo adictivo puede entonces provocar un deterioro de otros vínculos, e incluso una desconexión de otras relaciones, incluidas las relaciones familiares íntimas. Según Adams (2010: 42), «la principal amenaza para la integridad de un sistema de conexiones [sociales] es el proceso de fragmentación, [pues] este proceso implica la intensificación progresiva de una relación, que conduce a la correspondiente disminución de la importancia de las demás relaciones».

Una persona con una conducta adictiva puede seguir manteniendo la relación con su familia, pero su vínculo con el consumo adictivo se convierte en el «eje central en torno al cual funcionan las demás relaciones» (Adams, 2010: 49). El compromiso con las relaciones con otras personas encaja en este sistema si los demás no amenazan la relación adictiva y si las otras relaciones contribuyen a su supervivencia (Adams, 2010). En palabras de Simmel (1972), la adicción es «un extraño» en las relaciones íntimas que poco a poco se apodera de otros compromisos íntimos preexistentes. Por tanto, la adicción puede modificar las prioridades dentro de la familia. Esto repercute en la identidad de la persona: en lugar de identificarse a través de sus relaciones sociales, ahora se identifica a través de su relación adictiva. Como describe Adams (2010: 51), un «sistema adictivo» es un sistema en el que la relación con una sustancia o un consumo adictivo «acaba dominando todos los demás puntos de conexión».

Cuando se forma una relación adictiva dentro de una familia, esta se ve obligada a ajustarse y adaptarse, o bien a excluir y marginar la relación adictiva. Si la familia decide ajustarse, se enfrenta entonces a un largo proceso de reforma, regulación y adaptación de su identidad para incluir la relación adictiva (Adams, 2010). Esto modifica las relaciones y las interdependencias familiares.

Estudio y método

Contexto

El presente estudio examina cómo la adicción afectó a las interdependencias y a las relaciones familiares en un periodo de crisis, marcado por la prolongada pandemia de COVID-19 y por las restricciones asociadas a la movilidad social. En Finlandia, como en otros lugares, la COVID-19 tuvo repercusiones profundas en el panorama social y en las posibilidades de juego. Los locales de juego presencial se cerraron para evitar la propagación de la infección, mientras que las recomendaciones de distanciamiento social redujeron la circulación por los espacios públicos y aumentaron el tiempo pasado en casa.

Todo el juego legal en Finlandia, presencial y en línea, lo ofrece un operador en régimen de monopolio. Sin embargo, este monopolio también ha sido criticado por hacer el juego ampliamente disponible y accesible para la población. Antes de la pandemia, el juego y los daños asociados en Finlandia estaban fuertemente marcados por las máquinas de juego electrónicas (EGM), muy adictivas y ampliamente disponibles. Finlandia presenta un consumo per cápita de juego en EGM comparativamente elevado y un número per cápita elevado de EGM instaladas fuera de los casinos; el juego en EGM ocupa también un lugar destacado en las estadísticas de búsqueda de ayuda (por ejemplo, Bijker et al, 2022). En comparación con otros países europeos, Finlandia ha tenido una prevalencia elevada, aunque en descenso, de la participación en el juego y del juego problemático (Calado and Griffiths, 2016; Gabellini et al, 2023). Finlandia tenía también una prevalencia comparativamente elevada del juego en línea antes de la pandemia. Según un estudio poblacional de 2019, el 47 por ciento de las personas que juegan había jugado en línea durante el año anterior (Lind et al, 2021)

Datos

El estudio se basa en dos conjuntos de datos cualitativos recogidos durante la tercera ola de la COVID-19 en Finlandia (principios de 2021). En ese periodo, las EGM volvían a estar cerradas en la mayor parte del país. Los datos consisten en una encuesta en línea y en entrevistas grupales con CSO. Ambas se realizaron por separado, con muestreos ligeramente distintos. La recogida de datos estuvo marcada por las dificultades para reclutar participantes, probablemente porque, un año después del inicio de la pandemia, las personas a las que se podía encuestar estaban algo cansadas de la COVID-19. Además, no pudimos remunerar la participación por cuestiones de legislación fiscal.

Encuesta en línea

La encuesta la llevó a cabo la Universidad de Helsinki en colaboración con la Asociación Finlandesa para la Prevención del Abuso de Sustancias. Estuvo disponible del 16 de febrero al 21 de marzo de 2021. Las personas participantes se reclutaron mediante anuncios del cuestionario en las redes sociales y a través de asociaciones que ofrecen servicios de ayuda y apoyo a quienes sufren daños relacionados con el juego. Había dos encuestas distintas: una para las personas que juegan y otra para las CSO. En este análisis solo se incluyeron las respuestas de las CSO (N=39: 29 mujeres, 8 hombres y 2 personas que no quisieron indicar su género). La mayoría de quienes indicaron su relación con la persona que juega eran sus parejas. Las características de la muestra de la encuesta se presentan en la tabla 1.

Características de la muestra de la encuesta

Tabla

  • ID de participante: 509857; Género: mujer; Grupo de edad: 65–74; Lugar de residencia: Finlandia Occidental; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 510767; Género: mujer; Grupo de edad: 35–49; Lugar de residencia: Finlandia Occidental; Relación con la persona que juega: madre
  • ID de participante: 511135; Género: hombre; Grupo de edad: 65–74; Lugar de residencia: Finlandia Oriental; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 511279; Género: –; Grupo de edad: 65–74; Lugar de residencia: Finlandia Occidental; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 511306; Género: hombre; Grupo de edad: 65–74; Lugar de residencia: Finlandia Occidental; Relación con la persona que juega: pareja
  • ID de participante: 511613; Género: mujer; Grupo de edad: 65–74; Lugar de residencia: Finlandia Central; Relación con la persona que juega: pareja
  • ID de participante: 511619; Género: mujer; Grupo de edad: 35–49; Lugar de residencia: Finlandia Central; Relación con la persona que juega: pareja
  • ID de participante: 511783; Género: mujer; Grupo de edad: 50–64; Lugar de residencia: Finlandia Oriental; Relación con la persona que juega: pareja
  • ID de participante: 511957; Género: mujer; Grupo de edad: 18–24; Lugar de residencia: Finlandia Occidental; Relación con la persona que juega: pareja
  • ID de participante: 512053; Género: mujer; Grupo de edad: 50–64; Lugar de residencia: Finlandia Oriental; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 512458; Género: mujer; Grupo de edad: 35–49; Lugar de residencia: Finlandia Oriental; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 512599; Género: mujer; Grupo de edad: 35–49; Lugar de residencia: Finlandia Occidental; Relación con la persona que juega: pareja
  • ID de participante: 513073; Género: mujer; Grupo de edad: 18–24; Lugar de residencia: Finlandia Oriental; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 513232; Género: mujer; Grupo de edad: 35–49; Lugar de residencia: Finlandia Oriental; Relación con la persona que juega: pareja
  • ID de participante: 513247; Género: hombre; Grupo de edad: 18–24; Lugar de residencia: Finlandia Oriental; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 513476; Género: mujer; Grupo de edad: 50–64; Lugar de residencia: Finlandia Oriental; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 514198; Género: mujer; Grupo de edad: 50–64; Lugar de residencia: Finlandia Oriental; Relación con la persona que juega: otro miembro de la familia
  • ID de participante: 519947; Género: mujer; Grupo de edad: 50–64; Lugar de residencia: región de la capital; Relación con la persona que juega: progenitora
  • ID de participante: 520060; Género: hombre; Grupo de edad: 65–74; Lugar de residencia: Finlandia Central; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 521033; Género: mujer; Grupo de edad: 65–74; Lugar de residencia: Finlandia Meridional; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 521126; Género: mujer; Grupo de edad: 35–49; Lugar de residencia: Finlandia Occidental; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 521506; Género: mujer; Grupo de edad: 25–34; Lugar de residencia: Finlandia Meridional; Relación con la persona que juega: pareja
  • ID de participante: 522017; Género: hombre; Grupo de edad: 50–64; Lugar de residencia: Finlandia Central; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 523898; Género: mujer; Grupo de edad: 35–49; Lugar de residencia: región de la capital; Relación con la persona que juega: pareja
  • ID de participante: 524492; Género: mujer; Grupo de edad: 25–34; Lugar de residencia: Finlandia Central; Relación con la persona que juega: pareja
  • ID de participante: 527843; Género: mujer; Grupo de edad: 50–64; Lugar de residencia: Laponia; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 528848; Género: mujer; Grupo de edad: 65–74; Lugar de residencia: Finlandia Meridional; Relación con la persona que juega: pareja
  • ID de participante: 530828; Género: mujer; Grupo de edad: 65–74; Lugar de residencia: Finlandia Oriental; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 530933; Género: mujer; Grupo de edad: 35–49; Lugar de residencia: Finlandia Occidental; Relación con la persona que juega: pareja
  • ID de participante: 530951; Género: mujer; Grupo de edad: 50–64; Lugar de residencia: Finlandia Occidental; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 531044; Género: mujer; Grupo de edad: 35–49; Lugar de residencia: Finlandia Meridional; Relación con la persona que juega: pareja
  • ID de participante: 531484; Género: –; Grupo de edad: 65–74; Lugar de residencia: Finlandia Meridional; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 531797; Género: hombre; Grupo de edad: 35–49; Lugar de residencia: Finlandia Meridional; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 531994; Género: mujer; Grupo de edad: 65–74; Lugar de residencia: Laponia; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 532519; Género: mujer; Grupo de edad: 50–64; Lugar de residencia: Finlandia Meridional; Relación con la persona que juega: hija
  • ID de participante: 534604; Género: mujer; Grupo de edad: 25–34; Lugar de residencia: Finlandia Occidental; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 536390; Género: hombre; Grupo de edad: 25–34; Lugar de residencia: Finlandia Central; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 536693; Género: hombre; Grupo de edad: 50–64; Lugar de residencia: Finlandia Oriental; Relación con la persona que juega: CSO
  • ID de participante: 536948; Género: hombre; Grupo de edad: 50–64; Lugar de residencia: Finlandia Central; Relación con la persona que juega: progenitor

La encuesta incluía preguntas sobre: (1) cómo había afectado la prolongada pandemia de COVID-19 a la vida cotidiana de las personas encuestadas; (2) la conducta de juego del miembro de la familia que juega, así como los posibles cambios de esa conducta durante la COVID-19; (3) cómo el juego de esa persona, o los cambios en su juego, habían afectado a las relaciones entre las personas adultas de la familia y a los posibles hijos e hijas; y (4) cómo desearían las personas encuestadas que se trataran y previnieran en el futuro los daños relacionados con el juego. El cuestionario estaba disponible en finés y en sueco (las dos lenguas oficiales de Finlandia). Incluía preguntas de opción múltiple y preguntas abiertas. Dado que el número de respuestas era relativamente reducido, el análisis se centró en las preguntas abiertas. Los datos cuantitativos del material se ofrecen únicamente para ilustrar tendencias.

Entrevistas grupales

El segundo conjunto de datos consiste en dos entrevistas grupales realizadas con familiares de personas con problemas de juego. Las personas entrevistadas se reclutaron a través de servicios de ayuda y de asociaciones dedicadas a los daños del juego. Todas eran mujeres y la mayoría eran parejas de personas que juegan. Utilizamos una franja de edad amplia para proteger la identidad de las participantes. Las características de la muestra de las entrevistas se describen en la tabla 2.

Características de la muestra de las entrevistas

Tabla

  • Grupo: grupo 1; ID de participante: G1I1; Género: mujer; Grupo de edad: 30–65; Lugar de residencia: región de la capital; Relación con la persona que juega: pareja
  • ID de participante: G1I2; Género: mujer; Grupo de edad: 30–65; Lugar de residencia: Finlandia Central; Relación con la persona que juega: pareja
  • ID de participante: G1I3; Género: mujer; Grupo de edad: 30–65; Lugar de residencia: Finlandia Central; Relación con la persona que juega: pareja
  • Grupo: grupo 2; ID de participante: G2I1; Género: mujer; Grupo de edad: más de 65; Lugar de residencia: región de la capital; Relación con la persona que juega: madre
  • ID de participante: G2I2; Género: mujer; Grupo de edad: más de 65; Lugar de residencia: región de la capital; Relación con la persona que juega: pareja

Las entrevistas se organizaron en marzo de 2021 a través de la aplicación Teams. El entorno en línea facilitó la participación, pero puede haber generado cierta aprensión en las entrevistadas. Las entrevistas las condujo una persona profesional formada, que procuró que las participantes se sintieran lo más cómodas posible. También las animó a abordar los temas más allá de las preguntas de la entrevista semiestructurada.

Ambas entrevistas grupales duraron unos 45 minutos. Las entrevistadas se reclutaron inicialmente a través de servicios de ayuda para personas que juegan y para CSO. El criterio de reclutamiento era ser una CSO que hubiera sufrido daños por el juego de otra persona. Por tanto, estos datos difieren en su perspectiva de los de la encuesta. El reclutamiento a través de servicios de ayuda puede haber producido un sesgo de selección a favor de personas que ya conocían bien los problemas relacionados con el juego y la ayuda disponible.

Las entrevistas se centraron en: (1) cómo habían vivido las CSO la prolongada situación de COVID-19 y los cambios en la oferta de juego durante ese periodo; (2) los cierres y reaperturas de las EGM y las demás conductas de juego de su familiar; (3) los daños que el juego causaba en su familia; (4) cómo habían afectado a su vida los posibles cambios durante la COVID-19; y (5) qué tipos de servicios de ayuda y de tratamiento necesitarían las CSO para sí mismas o para su familiar que juega durante y después de la COVID-19.

Ética de la investigación

La recogida de datos formaba parte de un proyecto de investigación longitudinal más amplio sobre las experiencias de las personas que juegan y de las CSO durante la COVID-19 en Finlandia. Se solicitó la aprobación ética del estudio al Comité de Ética de la Universidad de Helsinki. El comité declaró que el estudio no requería aprobación ética, ya que no entraba en el ámbito de los diseños de investigación que exigen una evaluación ética según las directrices del Consejo Nacional Finlandés de Integridad en la Investigación.

No buscamos participantes menores de 18 años, ya que ello habría exigido pasos adicionales en materia de permiso de investigación, aprobación ética y consentimiento parental.

Todas las personas participantes en este estudio recibieron información sobre el diseño del estudio. También se les informó de que, al participar, daban su consentimiento para el uso de sus respuestas con fines de investigación. Asimismo, recibieron los datos de contacto del equipo de investigación por si tenían alguna pregunta o deseaban retirarse del estudio en cualquier momento.

Métodos

Realizamos un análisis de contenido cualitativo de los datos de las entrevistas y de los datos textuales (respuestas a las preguntas abiertas) de la encuesta en línea. Un análisis de contenido cualitativo tiene por objeto describir y conceptualizar un fenómeno de manera inductiva o deductiva (Elo and Kyngäs, 2008). En nuestro enfoque inductivo, primero leímos los datos y definimos la pregunta de investigación. Después codificamos los datos con el programa de análisis cualitativo Atlas.ti. Estos códigos se clasificaron luego en categorías, que se presentan en los resultados. Las categorías son: (1) el juego en las relaciones íntimas; (2) los daños económicos y las interdependencias; (3) las repercusiones de la COVID-19 en la conducta de juego y en los daños; (4) las repercusiones de la COVID-19 en la vida familiar; y (5) la búsqueda y la obtención de ayuda.

Además del análisis cualitativo, se ofrecen estadísticas descriptivas sobre la prevalencia de las tendencias y de las respuestas en los datos de la encuesta. También presentamos extractos de las entrevistas o de las respuestas a la encuesta para ilustrar las categorías analíticas. Los extractos se identifican por el género y el grupo de edad de quienes participaron. Las traducciones del finés o del sueco al inglés son de la autoría.

Resultados

El juego en las relaciones íntimas

«Ha habido muchas peleas. [Mi pareja] dejó de jugar hace un año y medio. Hemos intentado lidiar con todas las mentiras y la traición acumuladas, pero es muy difícil recuperar la confianza. […] Para mí ha sido realmente agotador tener que vigilar constantemente lo que hace». (Mujer, 30–65 años, pareja)

«Tengo que estar atenta a las señales para ver cuándo vuelve a empezar a jugar. Eso tiene un impacto enorme en la dinámica de nuestra relación. No me gusto nada, me siento como una espía. Tengo que estar atenta a las señales e intentar ver si vuelve a jugar. Intento controlarlo. Pero, claro, no sirve de nada». (Mujer, más de 65 años, pareja).

La vigilancia constante puede resultar agotadora, sobre todo para las parejas. En consecuencia, las relaciones íntimas se resienten. Las únicas posibilidades que percibe la pareja son seguir ayudando a quien juega a costa de su propio bienestar o tomar distancia de esa persona y de la relación (véase Adams, 2010). Como lo describió una de las personas encuestadas: «Los problemas de juego son como los problemas con el alcohol. No puedes dejar que los problemas de otra persona te agoten o te arrastren a dificultades económicas» (mujer, 50–64 años, pareja). El desequilibrio que el juego provoca en la relación puede generar una desconexión por ambas partes: la de quien juega, que elige el juego por encima de la relación íntima, pero también la de la pareja, que elige su propio bienestar en lugar de seguir ayudando y apoyando a quien juega.

«Mi pareja tiene una hija que aún no ha llegado a la adolescencia. Creo que ha conseguido protegerla bastante bien de todo esto. Pero ya se sabe cómo son los niños. Se dan cuenta de las cosas. Hemos vivido experiencias realmente malas y penosas, y si el ambiente en casa está tenso, ella lo nota. Ve que a papá le pasa algo. Él se esfuerza por hacerlo lo mejor posible y hacen muchas cosas juntos». (Mujer, 30–65 años, pareja)

Daños económicos e interdependencias

«Para mi hijo ha sido una pérdida económica. Y como madre tengo que pagar sus deudas, porque la deuda le genera mucha angustia. Intento ayudar; quizá a veces incluso sea un poco sobreprotectora. Pero ahora se ha acostumbrado a que lo ayuden. Y cuando pago sus deudas, al poco tiempo hay más deudas. […] A mí también me genera angustia, porque vivo con miedo de la próxima racha de juego». (Mujer, más de 65 años, madre)

«Ya no tengo fuerzas para ocuparme yo sola de nuestras finanzas ni para seguir vigilándolo. Él me da la mayor parte de su dinero y yo me encargo de nuestras finanzas […] Claro que prefiero hacerlo, porque así al menos sé adónde va el dinero […] Luego, si necesita algo, le doy dinero. Pero por ahora es mejor así: yo me ocupo de todas las finanzas». (Mujer, 30–65 años, pareja)

La situación económica somete la relación a una doble tensión. Por una parte, las dificultades económicas causadas por las pérdidas en el juego pueden generar incertidumbre en la familia y obligar a toda la familia a reconsiderar sus demás compromisos económicos. «No sé cuánto tiempo podré aguantarlo. En mi opinión, estamos en una relación de violencia económica» (mujer, 25–34 años, pareja), describió una persona encuestada. Otra (mujer, 35–49 años, pareja) explicó que «[s]omos una pareja con ingresos bajos: el dinero que se gasta en el juego siempre se le quita a otra cosa». En algunos casos, el juego había provocado deudas importantes: «Llevó nuestras cosas a una casa de empeños, agotó el límite de dos tarjetas de crédito y pidió préstamos. Esto no es por la pandemia, sino por el problema de juego. Ocurrió después de cuatro años de abstinencia» (mujer, 35–49 años, pareja).

«El dinero, como concepto, genera mucha angustia. Cuando hablamos de él y de cómo deberíamos usarlo, se crea tensión. Aunque él entiende que pienso en lo que es mejor para él. Supongo que es comprensible que lo tenga todo el tiempo en mente, de una u otra manera». (Mujer, 30–65 años, pareja)

G2I1: Con los minicréditos rápidos, es realmente problemático que nadie compruebe de verdad si quien lo pide puede devolver su deuda. Nadie comprueba para qué piden el dinero. Si se supiera que es para jugar, debería estar absolutamente prohibido conceder un minicrédito. (Mujer, más de 65 años, madre) G2I2: Mi familiar pidió muchos minicréditos para jugar. Ahora están todos en proceso de recobro. Cuando los pidió, se concedían sin más, entonces nadie preguntaba nada. Y luego se lo gastó todo en el juego. Al no pagar, pasaron a recobro. Ahora me ha dicho que ya no le conceden más préstamos, que lo ha intentado. No sé si alguien ha empezado a comprobar algo. (Mujer, más de 65 años, pareja) G2I1: ¿Puedo preguntar, si los préstamos están en proceso de recobro, cuándo los devolverá? G2I2: Creo que nunca. Son cantidades enormes. Es difícil devolverlas con una pequeña pensión de jubilación.

Repercusiones de la COVID-19 en la conducta de juego y en los daños

Aunque muchos daños relacionados con el juego ya existían antes, la pandemia de COVID-19 trajo consigo numerosos cambios. Las repercusiones más importantes estaban relacionadas con la modificación del consumo de juego. La encuesta en línea pedía a las CSO que indicaran si el juego o el consumo de sustancias (alcohol, tabaco) habían aumentado o disminuido en la familia durante la pandemia en comparación con el periodo anterior. La figura 1 presenta un resumen de las respuestas. Los resultados fueron dispares: la mayoría no señaló cambios ni en el juego ni en el consumo de sustancias en la familia, pero algunas personas indicaron aumentos y otras, disminuciones.

Figura 1.

También pedimos a las personas encuestadas que describieran estos cambios. Las principales razones de la disminución del juego y del consumo de sustancias estaban relacionadas con la menor disponibilidad y accesibilidad, incluido el cierre de bares y locales de juego. El cierre de las EGM presenciales también ha permitido a algunas personas limitar su consumo. Muchas personas de la familia expresaron alivio ante la reducción del juego. Por ejemplo, una participante en la encuesta explicó que su madre «ha ahorrado su pensión ahora que las EGM están cerradas» (mujer, 50–64 años, hija). Otro encuestado señaló que su hijo «ha tenido más dinero para otras cosas; incluso ha podido pagar su parte del alquiler los dos últimos meses» (hombre, 50–64 años, padre).

«El juego ha aumentado y en parte lo han sustituido las cajas de botín. Las cajas de botín producen la misma emoción que un rasca y gana en línea. Nunca sabes si vas a sacar de la caja un objeto bueno y valioso o un objeto sin valor. Hemos instalado programas de bloqueo en todos los teléfonos y portátiles, pero mi pareja sigue jugando con el portátil del trabajo, en casa y en el trabajo. Siempre encuentra un dispositivo con el que jugar». (Mujer, 25–34 años, pareja)

La publicidad constante se percibía como un factor que empeoraba aún más la situación de quienes luchan contra el juego. Tanto el monopolio del juego como los sitios de juego extraterritoriales se describieron como anunciantes agresivos durante la pandemia. Una persona encuestada describió cómo los casinos en línea están presentes por todas partes en internet, anunciando «grandes apuestas y grandes ganancias si te registras aquí o allá. Te llegan absolutamente de todas partes» (mujer, más de 65 años, pareja).

G2I1: Ha aumentado. Ahora que pasamos más tiempo en casa y no tenemos mucho que hacer por la pandemia, noto que se va hacia el juego con muchísima facilidad. (Mujer, más de 65 años, madre) G2I2: Sí, hay más estrés, y el juego es una especie de entretenimiento que él cree que le va a dar alegría. (Mujer, más de 65 años, pareja)

Repercusiones de la COVID-19 en la vida familiar

La COVID-19 y las medidas de confinamiento asociadas tuvieron amplias repercusiones en la vida familiar. Preguntamos a las personas encuestadas cuáles eran los principales efectos de la pandemia en su vida cotidiana. Los resultados se resumen en la figura 2. Muchas de las personas participantes mencionaron un aumento de la soledad y del tiempo libre debido a la cancelación de sus aficiones y al paso al teletrabajo.

Figura 2.

«Sí, en este momento todos tenemos problemas con nuestro estado anímico. Acabo de jubilarme y siento que todo está cerrado. Tenía tantos planes de nuevas aficiones y de todo. Y, claro, eso crea tensiones en las relaciones. Creo que esta pandemia es un reto añadido enorme para quienes juegan y para sus familias». (Mujer, más de 65 años, pareja)

«Discutimos por el dinero y por la falta de dinero. También hablamos del sueño porque, por la noche, él quiere jugar a juegos multijugador en línea. Estudiar a distancia y jugar no son una buena combinación». (Mujer, 35–49 años, madre)

La pérdida de otros contactos sociales, el teletrabajo, el desempleo o los expedientes de regulación temporal de empleo tensaron aún más las relaciones dentro de las familias. Muchas personas contaron que se sentían aburridas y solas en casa y que echaban de menos a «amistades con quienes compartir mis pensamientos» (mujer, 30–65 años, pareja). Algunas CSO se sentían «más preocupadas y estresadas […] porque no sabemos cómo ayudar» (mujer, 18–24 años, pareja). Al mismo tiempo, la falta de contactos sociales también condujo en muchos casos a un aumento del juego. Esto generaba un círculo vicioso de malestar en la familia. «Hay menos contactos sociales y mi cónyuge ha caído en una depresión. Esto ha provocado probablemente que empeore su adicción al juego» (hombre, 50–64 años, CSO).

La falta de otros contactos sociales puso de relieve la relación íntima con el familiar que juega. Esto generó más angustia en las personas de la familia, que buscaban nuevas formas de relacionarse entre sí. Apenas tenían más opción que enfrentarse unas a otras y al extraño que el juego problemático representaba en la familia: «Normalmente, cada uno tiene sus propias idas y venidas, y el problema del juego no está presente constantemente en nuestra vida cotidiana. Desde la pandemia, el problema está con nosotros a diario» (mujer, más de 65 años, madre).

«Hemos tenido más angustia, más peleas y demás, y mi pareja siempre encuentra canales posibles para su juego. Ahora tiene más ganas de jugar que antes, pero también hablamos de ello más que antes. Al principio de nuestra relación no hablábamos nada». (Mujer, más de 65 años, pareja)

Buscar y recibir ayuda

«El apoyo entre iguales ha sido la mejor ayuda disponible. He participado en grupos y he encontrado a personas en la misma situación. He hecho amistad con ellas y he podido compartir mis experiencias. Hay que insistir más en que las CSO no deberían estar solas con esto, en que hay que hablar con quien sea […] Porque acabas en una especie de burbuja con la persona que juega. De algún modo, la realidad se distorsiona. Es importante encontrar ayuda». (Mujer, 30–65 años, pareja)

La cancelación de muchas sesiones de grupos de apoyo entre iguales durante la pandemia se consideró muy problemática, ya que muchas personas habían llegado a depender de esta fuente de ayuda para sí mismas o para su familiar que juega. «Es una pena que algunos grupos de apoyo entre iguales estén en suspenso, y no a todas las personas que juegan les interesa participar en un grupo en línea», subrayó una participante en las entrevistas (mujer, más de 65 años, madre).

Además de estas experiencias positivas con el apoyo entre iguales, las personas encuestadas se mostraron muy críticas con las posibilidades de ayuda y apoyo disponibles para las CSO o para quienes juegan. Algunas subrayaron que «hay necesidad de ayuda, pero recibirla y buscarla es más difícil» (mujer, 50–64 años, pareja), mientras que otras explicaron que no sabían cómo ayudar a su familiar que juega ni cómo ayudarse a sí mismas.

«Soy de Finlandia Central y necesitamos más grupos de apoyo y otros tipos de ayuda. He intentado contactar con Jugadores Anónimos de la zona, pero nunca he conseguido hablar con una persona de orientación. A veces hemos necesitado ayuda desesperadamente y, como pareja, siento que no siempre me han escuchado». (Mujer, 30–65 años, pareja)

«Al menos en la sanidad pública, parece que no saben realmente cómo atender a las CSO. El personal no tiene ni suficiente información ni suficiente competencia para abordar los problemas de juego. Te ven como una persona de apoyo que está ahí para ayudar a quien juega. No saben cómo encontrar o proporcionar ayuda a una CSO». (Mujer, 30–65 años, pareja)

«Como familiar, a menudo he sentido que la sanidad pública y las demás personas de mi entorno no entienden lo que vivo a diario o cada semana. No entienden el proceso que una persona atraviesa a causa de una adicción que es perfectamente legal e incluso socialmente aceptada». (Mujer, 30–65 años, pareja)

«Es muy difícil encontrar ayuda como pareja. Me refiero a que podríamos hacer juntos el proceso de recuperación. En principio, podemos recibir ayuda individual de los servicios de salud mental y de los grupos de apoyo entre iguales, pero ni el Estado, ni las organizaciones de ayuda, ni los grupos de apoyo entre iguales ofrecen ayuda a las parejas. No podemos recuperarnos juntos». (Mujer, más de 65 años, pareja)

Discusión

Este artículo se ha centrado en las relaciones íntimas, la relacionalidad y las interdependencias en familias que han afrontado problemas relacionados con el juego durante la COVID-19. Los resultados han mostrado que muchas personas allegadas a quienes juegan tienen una experiencia prolongada de daños relacionados con el juego, anterior a la pandemia. El extraño en la relación, el juego, ha causado a las familias toda una serie de daños económicos, emocionales y relacionales. Estos resultados coinciden con muchos estudios anteriores realizados con familias de personas que juegan (por ejemplo, Jeffrey et al, 2019; Riley et al, 2021; Tulloch et al, 2021). En particular, las personas más cercanas de la familia, como la pareja, sufren desequilibrios de prioridades (Adams, 2010), en los que quien juega antepone su intimidad con el juego a las relaciones. Al mismo tiempo, las CSO deben anteponer a la persona que juega a sus propias necesidades, lo que provoca nuevos desequilibrios en la relación íntima.

El periodo de la COVID-19 tuvo repercusiones divergentes en las familias que luchan contra el juego problemático. Nuestros resultados son similares a los obtenidos anteriormente en Italia (Donatti et al, 2022; Passarella et al, 2023). Aunque en Finlandia no hubo confinamiento obligatorio durante la pandemia de COVID-19, la pandemia obligó a la gente a quedarse en casa. La necesidad de reorganizar la vida familiar y el hogar modificó las dinámicas y los sentimientos de intimidad (véase Valentine and Hughes, 2012). Para algunas familias, la restricción de la oferta de juego presencial se tradujo en menos daños y en una mejor calidad de vida. Sin embargo, para la mayoría, los daños relacionados con el juego se acentuaron aún más con la pandemia. Así ocurrió sobre todo en las familias en las que se jugaba en línea. Estas familias vivieron un aumento del estrés cuando al extraño en la familia, la adicción, se sumó otro extraño, la pandemia. La intensificación de las relaciones íntimas y de las dificultades personales de salud mental durante los confinamientos y el distanciamiento social puso de relieve la adicción en la familia. Es posible que las familias difirieran en sus estrategias de afrontamiento, pero nuestros datos no permitían analizarlas.

Las redes y configuraciones sociales son consustanciales a la existencia humana (Elias, 1978; Smart, 2011). Las limitaciones drásticas de estos contactos sociales intensificaron la vida en torno a las interdependencias con el familiar que juega. La reducción de los demás contactos sociales durante la pandemia creó un círculo vicioso de malestar: la falta de actividades, aficiones y contactos sociales llevó a la depresión y a un aumento del juego, lo que a su vez provocó mayores pérdidas económicas y daños relacionales en las familias.

La intensificación de la relación adictiva afecta a todas las relaciones de la familia. Aunque la pareja parece soportar la mayor parte de la carga, nuestra investigación puso de relieve que los hijos e hijas también se ven afectados, a menudo más de lo que creen las personas adultas. Según Adams (2010), la repercusión en la infancia depende sobre todo de la edad, del papel del progenitor y de otros apoyos. En nuestros datos, muchas madres y padres creían que sus hijos no se daban cuenta del problema de juego en la familia y querían protegerlos guardando silencio. Sin embargo, es poco probable que el silencio sea una buena estrategia. La investigación sobre el abuso de sustancias ha mostrado que la infancia de familias con adicción a sustancias es consciente de los problemas y desea que se rompa el silencio en la familia (Tedgård et al, 2019; Wangensteen et al, 2019). Nuestros resultados sugieren que lo mismo ocurre con el juego problemático en las familias.

La pandemia ha obligado a las familias a reconsiderar sus relaciones entre sí, pero también con el juego. Los sistemas sociales adictivos suelen ser rígidos y difíciles de cambiar. Desde la perspectiva de la persona con una conducta adictiva, su relación adictiva debe protegerse (Adams, 2010). El sistema adictivo es, por tanto, autosostenido y resistente al cambio. Durante la COVID-19, algunas familias experimentaron alivio gracias al cierre de las nocivas EGM y a la reducción del juego (véase también Marionneau and Järvinen-Tassopoulos, 2021; Donatti et al, 2022; Passarella et al, 2023). En otras familias, los problemas con el juego en línea aumentaron, pero la convivencia constante permitió a las personas de la familia ser más conscientes de ello y ofrecer apoyo. Este resultado sugiere que, aunque el cambio puede ser difícil, es posible, en particular si las condiciones estructurales del entorno lo favorecen.

Durante la pandemia había ayuda y tratamiento disponibles tanto para las personas que juegan como para las CSO, aunque la accesibilidad y la disponibilidad habían disminuido (Marionneau and Järvinen-Tassopoulos, 2021). En nuestros datos, muchas personas encuestadas ya habían tenido experiencias negativas con la ayuda disponible antes de la pandemia. La ayuda era difícil de encontrar, los servicios eran insuficientes y la ayuda no respondía a las necesidades de las familias. Este tipo de problemas puede haber aumentado aún más la presión sobre las personas de la familia para que actuaran como ayudantes y cuidadoras no oficiales de quienes juegan (véase Patford, 2007b, 2009; Jiménez-Murcia et al, 2017). Las personas participantes también hicieron muchas sugerencias para mejorar los servicios. En particular, subrayaron la necesidad de formar mejor al personal de la sanidad pública para responder a los problemas relacionados con el juego en las familias. Algunas pidieron también más ayuda para las familias. La investigación anterior ha mostrado que las CSO suelen estar dispuestas a ayudar a las personas con problemas de juego incluso a costa de su propio bienestar mental y económico (Kalischuk, 2010; Holdsworth et al, 2013). Una mejor ayuda para las CSO se consideraba un factor importante en la recuperación de toda la familia.

El presente estudio se ha limitado a explorar las experiencias de 39 personas encuestadas y cinco entrevistadas en el contexto de Finlandia. El enfoque finlandés de la COVID-19 se basó en medidas voluntarias, sin confinamientos obligatorios. Nuestros datos contaban con un número de respuestas relativamente bajo. Además, las participantes en las entrevistas se reclutaron a través de asociaciones de ayuda. Estos factores pueden haber introducido sesgos y limitaciones en la interpretación de los resultados. Un mayor número de participantes nos habría permitido realizar análisis estadísticos. Las familias de personas con problemas de juego parecen ser un grupo difícil de alcanzar para la investigación, lo que puede haber dado un peso excesivo a las experiencias de un grupo más selecto de personas con opiniones marcadas.

Los estudios futuros deberían centrarse en particular en los factores de protección que ayudan a las familias a hacer frente a los problemas de adicción. Como también señalan Valentine y Hughes (2010: 288), el juego problemático «está inscrito en el “hacer” de las familias». Las personas de la familia construyen el problema del juego a través de sus relaciones, y también son capaces de redefinirlo y reelaborarlo individualmente y como familia (Valentine and Hughes, 2010). También se necesita más investigación sobre cómo afectan los problemas relacionados con el juego a la infancia y sobre cómo intentan las madres y los padres protegerla de estas cuestiones. Por último, queda margen para explorar las posibilidades de la terapia familiar y del apoyo a las familias en las redes de servicios de ayuda frente a los daños del juego.

Implicaciones para la práctica / conclusión

El juego problemático causa en las familias una amplia gama de daños económicos, relacionales y de salud mental. Para muchas, estos daños se acentuaron durante la pandemia. Desenredar los múltiples daños causados por el juego exige una colaboración entre servicios, familias y políticas públicas. Las familias deberían poder acceder a servicios de baja exigencia, a ayuda familiar y a tratamiento profesional en la sanidad pública. Las personas de la familia están dispuestas a ayudar a quien juega, pero esto no debería hacerse a costa de su propio bienestar. Los servicios de ayuda y apoyo frente a los daños del juego deberían incorporar mejor a las familias. Además de mejorar el tratamiento, se necesita más trabajo preventivo para limitar los daños que el juego causa en las familias. Los resultados de este estudio han mostrado que las restricciones de la oferta de juego se tradujeron en menos daños en muchas familias, mientras que el marketing agresivo durante la pandemia acentuó los problemas. La disponibilidad y la visibilidad del juego deben ser objeto de políticas orientadas a la salud pública para proteger no solo a quienes juegan, sino también a sus familias.

Complexe Systémique: puntos clave

El artículo da forma sociológica a una intuición familiar para la práctica sistémica: la adicción se comporta como un tercero en la relación, «un extraño» en torno al cual la familia se reorganiza. Las personas allegadas se convierten en gestoras del presupuesto, centinelas, a veces espías a su pesar, y estas posiciones complementarias sostienen el sistema tanto como lo contienen. La pandemia funciona aquí como un experimento natural: donde se cerró el juego presencial, las familias pudieron respirar; donde el juego pasó a la red y el confinamiento suprimió otros vínculos, todo se estrechó en torno a la relación adictiva. Para la práctica destacan tres puntos: el contexto de acceso al juego forma parte del problema; los hijos e hijas a menudo saben más de lo que creen las personas adultas, y el silencio les aísla; y las personas allegadas piden ayuda para sí mismas y para la pareja, algo que los servicios a menudo les niegan. Los límites son claros: 44 personas allegadas autoseleccionadas, casi todas mujeres, respuestas escritas a menudo breves y ninguna voz de las personas que juegan. Puede leerse junto con el artículo sobre el estigma que viven las madres de personas que consumen sustancias y el artículo sobre el trastorno adictivo como construcción de la realidad.

Notas del original

Financiación. El trabajo de VM y JJT contó con financiación procedente del Ministerio de Asuntos Sociales y Sanidad de Finlandia en virtud del artículo 52 de la Ley finlandesa de loterías. VM declara también financiación de la Academia de Finlandia con el número de subvención 349589.

Agradecimientos. Queremos dar las gracias a Katariina Mankinen por su ayuda en la organización y realización de las entrevistas. También queremos dar las gracias a Riitta Matilainen y Eija Pietilä, de la Asociación Finlandesa para la Prevención del Abuso de Sustancias, por su colaboración en la recogida de datos de la encuesta en línea.

Conflicto de intereses. La autoría declara que no existe ningún conflicto de intereses.

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Traducción no oficial al español de Intimacy, relationality and interdependencies: relationships in families dealing with gambling harms during COVID-19, de Virve Marionneau, Johanna Järvinen-Tassopoulos y Henna Pirskanen, Families, Relationships and Societies, vol. 14, n.o 2 (2025), doi: 10.1332/20467435y2023d000000003, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas como listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Traducción no oficial del artículo original «Intimacy, relationality and interdependencies: relationships in families dealing with gambling harms during COVID-19», publicado en Families, Relationships and Societies (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido y maquetado por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Marionneau, V., Järvinen-Tassopoulos, J., y Pirskanen, H. (2025). Intimacy, relationality and interdependencies: relationships in families dealing with gambling harms during COVID-19. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/intimacy-relationality-and-interdependencies-families-dealing-with-gambling-harms (Obra original publicada en 2023 en Families, Relationships and Societies, 14(2), 194-214 (2025); republicada en 2025 por Families, Relationships and Societies, https://bristoluniversitypressdigital.com/view/journals/frs/14/2/article-p194.xml)

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