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Contemporary Family Therapy · Terapia familiar

Psilocibina y MDMA en la terapia de pareja: investigar el tratamiento de los trastornos por uso de sustancias y la codependencia

¿Y si la adicción de un miembro de la pareja y la codependencia del otro se trataran a la vez? Esta revisión narrativa, firmada por dos personas investigadoras de la Texas Tech University, reúne los datos sobre la psilocibina en las adicciones y sobre la MDMA en el trastorno de estrés postraumático, y propone después un protocolo nunca probado que combina ambas sustancias con la terapia de pareja. Una hipótesis de investigación, que conviene leer con cautela.

Autoría Samuel Hosford y Heather Austin-Robillard (Texas Tech University, Lubbock, Texas, EE. UU.)Publicado originalmente en Contemporary Family Therapy, 11 de diciembre de 2025Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Psilocybin and MDMA in Couples Therapy: Investigating Treatment for Substance Use Disorders and Codependency, de Samuel Hosford y Heather Austin-Robillard, publicado en Contemporary Family Therapy (Springer) (2026), doi: 10.1007/s10591-025-09766-8, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Aunque abunda la investigación sobre la MDMA para el TEPT, actualmente no existen datos clínicos sobre el uso de la MDMA para otros trastornos o afecciones, como la codependencia.

Samuel Hosford y Heather Austin-Robillard

Resumen

Los trastornos por uso de sustancias (TUS) son cada vez más frecuentes en Estados Unidos y, si bien pueden suponer un dilema para quien consume, también generan problemas a las personas de su entorno. En las parejas en las que existe abuso de drogas, pueden surgir de forma independiente en el miembro que no consume características codependientes negativas, con un efecto dañino sobre la dinámica de la pareja. Se trata de una revisión narrativa cuyo objetivo es identificar cómo se ha utilizado la terapia asistida con psilocibina (PAT) para tratar los TUS y la 3,4-metilendioximetanfetamina (MDMA) para trastornos como el TEPT, examinando cómo la MDMA podría también tratar la codependencia en un cónyuge afectado de manera singular por la adicción de su pareja. Al utilizar la combinación de estas dos sustancias con la terapia de pareja, podría producirse una reducción de las características adictivas en el miembro con un TUS y, al mismo tiempo, un cambio de las conductas codependientes en su pareja sentimental. Se discuten las implicaciones clínicas y las limitaciones de la investigación actual, junto con nuevas propuestas para la terapia de pareja asistida con psicodélicos [149].

Palabras clave: psicodélicos, adicción, codependencia, terapia de pareja asistida con psicodélicos

Cuando el TUS y la codependencia coexisten en una pareja, las lógicas de la codependencia pueden, en consecuencia, empujar a la pareja a seguir consumiendo sustancias (Vederhus et al., 2019). Los síntomas del miembro que consume pueden reforzar los pensamientos y conductas desadaptativos de la persona con codependencia. Por ejemplo, las personas codependientes pueden asumir las consecuencias del consumo de drogas de su pareja para minimizar la gravedad de su trastorno (Bortolon et al., 2016). Se considera que, para controlar a quien consume, la persona con codependencia desarrolla una adicción a su pareja (Lampis et al., 2017). Aunque estos dos trastornos parecen agravarse mutuamente, también parecen complementarse de una manera menos evidente, lo que obliga a subrayar la importancia y la gravedad de esta relación malsana.

Estas dinámicas de pareja pueden explicarse en el marco de la teoría de los sistemas familiares, un modelo conceptual que concibe la familia como un sistema conductual sensible a fuerzas relacionadas con el mantenimiento de la estabilidad (morfostáticas) y con el cambio y la organización (morfogenéticas) (Steinglass, 1985). La teoría de sistemas subraya que un trastorno en un miembro de la pareja afecta a cada persona y, por tanto, a la dinámica morfostática de una relación sentimental o de una familia. Dos trastornos pueden desquiciar un sistema familiar, como ilustran los cónyuges codependientes de personas que luchan contra una adicción (Lampis et al., 2017).

En esta revisión, la autoría ha reunido conocimientos actualizados sobre cómo la psilocibina puede tratar los TUS y cómo la MDMA tiene potencial para tratar la codependencia en una intervención comúnmente conocida como terapia asistida con psicodélicos (PAT). En concreto, la psilocibina puede reducir los síntomas de la adicción (tanto química como perceptiva) y provocar cambios duraderos que favorezcan la recuperación, mientras que la MDMA puede abordar la raíz de las conductas codependientes negativas para que la persona tome conciencia de sus propias dificultades y de la adicción de su cónyuge. Se propone que cada modalidad de tratamiento puede acelerar la recuperación de problemas sistémicos en los que coexisten en la pareja la codependencia y el consumo de sustancias. A partir de la investigación sobre las propiedades farmacológicas de la psilocibina y la MDMA y de los conocimientos actuales sobre su eficacia clínica, el equipo investigador presenta una oportunidad terapéutica que utiliza estos psicodélicos como apoyo a la terapia de pareja.

En 2023, el 3,1 % de la población (8,9 millones de personas) había hecho un uso indebido de opioides en el último año, una cifra similar a la de 2022 y 2021. Entre las personas de 12 años o más, 134,7 millones consumieron alcohol en 2023, y 61,4 millones (o el 45,6 %) habían tenido episodios de consumo intensivo de alcohol en el último mes (SAMHSA, 2023). Cabe destacar que la población indígena americana, nativa de Alaska y otras personas multirraciales tenían más probabilidades que otros grupos raciales o étnicos de haber consumido sustancias o de haber presentado un trastorno por uso de sustancias (TUS) en el último año (SAMHSA, 2023). Un TUS se entiende como la continuación del consumo a pesar de las consecuencias biológicas, sociales o psicológicas, que conduce a una pérdida de control sobre un uso indebido de riesgo y a una dependencia química o perceptiva (American Psychiatric Association (APA), 2023). Los TUS son uno de los problemas de salud mental más frecuentes en Estados Unidos, y muchas personas se muestran reacias a recibir tratamiento (SAMHSA, 2023). En consecuencia, los TUS afectan negativamente a la vida de muchas personas sin que estas reconozcan siquiera la gravedad de su situación. Los TUS no solo alteran la salud física y mental, sino que contribuyen también a importantes dificultades sociales y relacionales, lo que agrava aún más el bienestar general de la persona. La imprevisibilidad y la inestabilidad características de los TUS suelen provocar conflictos, aislamiento y una comunicación tensa, lo que dificulta mantener vínculos sanos y de apoyo (West & Brown, 2013). Así pues, el abuso de sustancias tiene una dimensión adicional que va más allá de la lucha individual.

La codependencia suele tener su origen en experiencias de la primera infancia, en particular en familias con patrones disfuncionales como la negligencia o el maltrato emocional, donde la persona aprende a anteponer las necesidades ajenas a las propias para obtener un sentimiento de valía y de seguridad emocional. Este patrón conductual puede desarrollarse para afrontar o sobrevivir en un entorno en el que el amor y la aprobación son condicionales (Orbon et al., 2021). En el contexto de las relaciones monógamas, especialmente cuando hay TUS, las personas con codependencia influyen directamente en el bienestar de su pareja. La terapia sistémica es un enfoque sólido para la dinámica problemática entre TUS y codependencia, y la psicoterapia asistida con psicodélicos podría resultar prometedora como catalizadora del proceso terapéutico.

Los psicodélicos son un grupo de drogas que alteran la percepción, la cognición y la conciencia, que a menudo provocan experiencias personales místicas o sobrecogedoras y que podrían ser un tratamiento eficaz para los TUS y otros trastornos psiquiátricos (Aixala et al., 2018; DiVito & Leger, 2020; Dos Santos et al., 2016). La psilocibina, el compuesto psicoactivo presente en lo que comúnmente se conoce como «hongos mágicos», mostró un éxito inicial en el tratamiento de problemas psiquiátricos como la ansiedad y la depresión en la década de 1960, cuando se comercializó con el nombre de Indocybin® en Estados Unidos y en muchos otros países (Johnson et al., 2014). Una legislación posterior clasificó la psilocibina como droga ilícita de la Lista I (Schedule I), lo que impidió a la comunidad investigadora examinar las utilidades clínicas de esta sustancia de origen natural (DiVito & Leger, 2020). Al cabo de muchos años, la psilocibina ha empezado a perfilarse como posible tratamiento no solo para la depresión y la ansiedad, sino también para los TUS (Johnson et al., 2017).

La 3,4-metilendioximetanfetamina (MDMA) está mostrando igualmente resultados positivos en el tratamiento de los síntomas del trastorno de estrés postraumático (TEPT) y abre la posibilidad de abordar el conjunto de los trastornos y la sintomatología relacionados con el trauma (Edut et al., 2011; Sessa et al., 2019). Con ello, la psiquiatría subraya cada vez más el papel que desempeñan las adversidades psicológicas y ambientales tempranas en una serie de trastornos mentales que van más allá del TEPT (Sessa et al., 2019). Aunque abunda la investigación sobre la MDMA para el TEPT, actualmente no existen datos clínicos sobre el uso de la MDMA para otros trastornos o afecciones, como la codependencia. Julie Holland, médica, relata en uno de sus libros de mayor éxito, Good Chemistry: The Science of Connection, From Soul to Psychedelics (2020), una situación anecdótica en la que una esposa se sometió a un tratamiento asistido con MDMA para comprender mejor los problemas psicológicos de su marido, y la transformación posterior de la relación. La esposa, que antes presentaba síntomas de codependencia, parecía emocionalmente inhibida antes de la experiencia; sin embargo, esas restricciones parecieron atenuarse tras la administración de MDMA, lo que produjo un cambio duradero en la pareja (Holland, 2020). A medida que se amplían los relatos anecdóticos y la investigación clínica, sigue desarrollándose el potencial para tratar los TUS y otras afecciones psiquiátricas, lo que pone de relieve la necesidad de seguir explorándolo científica y teóricamente.

Dinámicas familiares de las conductas adictivas y de la codependencia

El abuso de sustancias es un importante problema de salud pública que contribuye a la carga mundial de morbilidad al afectar negativamente al bienestar, la salud y la seguridad de quienes consumen. Sharma et al. (2019) estiman que más de 100 millones de personas se ven afectadas por el consumo de sustancias de un familiar y sufren un estrés considerable y traumas derivados de perjuicios psicosociales y físicos. Ólafsdóttir et al. (2020) descubrieron que el TUS de un familiar hace que cónyuges, hermanos y hermanas sientan desesperanza o rabia, además de los perjuicios psicosociales, físicos y conductuales generales. Resulta interesante que las parejas que experimentan sentimientos de aislamiento y soledad presentan una mayor vulnerabilidad a implicarse con su pareja para satisfacer sus necesidades de conexión (Naylor & Lee, 2011). Estos estudios, en particular, indican que las parejas de las personas que consumen atraviesan múltiples dificultades que afectan a su bienestar general, y muchas voces sostienen que pueden constituir experiencias traumáticas.

Un trastorno por uso de sustancias en una familia se asocia con cambios en las dinámicas de poder, las reglas, los roles y la estructura familiar —entre otras adaptaciones— que repercuten negativamente en la salud y el bienestar de sus miembros (Bradshaw et al. 2016). La teoría de los sistemas familiares plantea que la familia es un sistema de influencias complejas, interrelacionadas e interconectadas. Por tanto, la conducta problemática de consumo de sustancias de un miembro de la familia puede sumir a esta en un estado de desequilibrio y perturbar su funcionamiento. Los miembros de la familia intentan restablecer el equilibrio, lo que puede provocar menoscabos de la salud física y emocional. Además, se producen cambios en las relaciones personales que afectan negativamente a su calidad de vida (Bortolon et al, 2016) y que manifiestan un fenómeno conocido como codependencia.

La codependencia y las conductas codependientes se mueven en una delgada línea entre lo positivo y lo negativo. Las conductas codependientes positivas pueden concebirse como tendencias empáticas o altruistas naturales que no afectan al bienestar general de los demás, mientras que las conductas codependientes negativas pueden considerarse acciones que no solo reducen la sostenibilidad del bienestar, sino que también ponen en riesgo las propias necesidades. Las personas con codependencia negativa (denominada en adelante «codependencia») suelen tener dificultades para poner límites o expresar sus propias necesidades debido a una baja autoestima, a la desregulación emocional y a la autoinculpación (Bortolon et al., 2016). Cabe señalar que, de forma consciente o inconsciente, muchas personas con codependencia intentan obtener un sentido de propósito a través de sus relaciones (Lampis et al., 2017). La codependencia puede entonces llevar a quienes consumen drogas y a sus familiares a adoptar hábitos mutuamente destructivos y estrategias de afrontamiento desadaptativas para mantener una sensación de equilibrio u homeostasis.

Dennis y Champlin (2021) examinaron el efecto del consumo de sustancias en la familia y constataron que este perturba a cada miembro de la familia de una manera singular; se ha observado que las dificultades para establecer límites y una menor satisfacción vital son efectos que sufre el miembro de la pareja que no consume. Evgin y Sümen (2021) estudiaron (n=292) la relación entre las conductas de negligencia y maltrato vividas en la infancia y la codependencia, y las características que se manifiestan son atributos codependientes. Los resultados del estudio revelaron una relación positiva entre las conductas de negligencia y maltrato que causaron traumas en la infancia y una codependencia que se traduce en baja autoestima y depresión. Otro estudio concluyó que la codependencia negativa o desadaptativa menoscaba la integridad de la dinámica de pareja, sobre todo cuando el otro miembro lucha contra el abuso de sustancias (Bortolon et al., 2016). En conjunto, según Happ et al. (2023), puede afirmarse que cuanto más codependiente es una persona, más problemáticas resultan sus relaciones íntimas. Los resultados del equipo investigador respaldan también la idea de que la codependencia es una actitud específica, en gran medida estable, que determina la percepción y la conducta de una persona en relación con los demás dentro de un sistema familiar. A su vez, este fenómeno refuerza formas de afrontamiento negativas y se traduce en una menor satisfacción vital.

Muy pocas personas con codependencia reciben tratamiento, porque rara vez se conceptualiza como un trastorno y, por tanto, rara vez se diagnostica (Bacon & Conway, 2023). Los principales tratamientos de la adicción se centran en la persona afectada y recurren a los familiares como sistema de apoyo social (Kourgiantakis & Ashcroft, 2018); sin embargo, hay una pregunta que requiere respuesta: si los familiares pueden sufrir tanta angustia como quienes consumen, o incluso más, ¿cuál será la calidad de la atención o del apoyo ofrecidos a toda la familia? Además, ¿puede esto mejorar los resultados del tratamiento? Combinando la PAT para la persona con un TUS y para la persona que presenta síntomas codependientes, los equipos profesionales pueden tratar el sistema en su conjunto, lo que da al sistema mayores posibilidades de cambio, pues el todo es más que la suma de sus partes (Von Bertalanffy, 1972). Dicho esto, el tratamiento eficaz de los TUS que incluye a la familia y a la pareja está infrautilizado, pese a su utilidad para favorecer la transparencia, mantener la adherencia al tratamiento y sostener la recuperación (SAMHSA, 2021). Ello exige ofrecer un tratamiento integral que atienda a ambos miembros de una pareja sentimental.

La psilocibina y el tratamiento de los trastornos adictivos

La historia del uso ceremonial de psicodélicos es extensa, y la psilocibina ha seguido despertando un interés particular entre las medicinas alucinógenas clásicas. La psilocibina (4-fosforiloxi-N,N-dimetiltriptamina) es el éster fosforilado y el compuesto psicoactivo esencial contenido en los «hongos mágicos» (Dos Santos et al., 2016; Moliner et al., 2023; Tagliazucchi et al., 2014). La psilocibina podría constituir un remedio estimulante por su capacidad de recablear y reconectar regiones del cerebro que antes estaban inhibidas por una disfunción neurológica (Johnson et al., 2017). Los alucinógenos serotoninérgicos generan modificaciones de la percepción, la cognición y la conducta, y tienen propiedades antidepresivas, ansiolíticas y antiadictivas (Carhart-Harris, 2007; Carhart-Harris and Nutt, 2014; Dos Santos et al., 2016; Roseman et al., 2014). Aunque no está del todo claro qué fundamentos neuronales se relacionan con estos fenómenos inducidos por la droga, se sabe que los factores extrafarmacológicos conocidos como set y setting (disposición y entorno) configuran en gran medida las experiencias (Borkel et al., 2024). Las pruebas convergentes sugieren que el valor de una experiencia psicodélica está condicionado por las circunstancias, entre ellas la mentalidad, las expectativas y las influencias ambientales (Griffiths et al., 2011; Madsen et al., 2019; Preller et al., 2018; Smigielski et al., 2019).

La psilocibina figura en la Lista I (Schedule I) de drogas, lo que indica una elevada propensión a la adicción, aunque no se ha descrito ningún riesgo real de dependencia (Rucker et al., 2016). Si bien las pruebas existentes indican que los tratamientos farmacológicos actuales de los TUS tienen una eficacia limitada (Oliva et al., 2011), numerosos remedios (disulfiram, naltrexona, nalmefeno y acamprosato) han sido aprobados por la FDA para el tratamiento del trastorno por consumo de alcohol (TCA) y están disponibles en la mayoría de los países del mundo (Heikkinen et al., 2021). Uno de los objetivos generales de esta revisión es subrayar la necesidad de una intervención novedosa que pueda demostrar una mayor eficacia con el mismo principio: utilizar una sustancia para ayudar a tratar un TUS.

Las pruebas existentes muestran que la psilocibina es eficaz en el tratamiento de varias afecciones, como la depresión y la ansiedad (Carhart-Harris et al., 2016; Carhart-Harris et al., 2018; Griffiths et al., 2016). Cabe señalar que el abuso y la dependencia de sustancias presentan tendencias neurocognitivas similares a las observadas en afecciones como el trastorno depresivo mayor, que exacerban las inclinaciones perceptivas y neurológicas al consumo de sustancias, de ahí la elevada tasa de comorbilidad (Calarco & Lobo, 2021; De Veen et al., 2017). Estudios recientes (Carhart-Harris et al., 2018; Griffiths et al., 2016; Noorani et al., 2018) han confirmado la seguridad y la eficacia de la psilocibina como complemento de la terapia en el tratamiento tanto de la depresión mayor como de los trastornos adictivos. Más allá de los datos experienciales sobre la eficacia de la psilocibina frente a los síntomas adictivos y depresivos (Carhart-Harris et al., 2018; De Veen et al., 2017), existe un paralelismo en la manera en que la psilocibina actúa farmacológicamente sobre la depresión y sobre la disfunción cognitiva derivada del consumo de sustancias, lo que refuerza la capacidad de la psilocibina para abordar trastornos concurrentes que también pueden surgir de relaciones problemáticas (De Veen et al., 2017; Yücel et al., 2007). Esto podría abrir un debate futuro sobre el papel de la psilocibina tras un diagnóstico diferencial y ante sintomatologías que no alcanzan un diagnóstico.

Se han concluido varios ensayos publicados que investigan el tratamiento de los TUS mediante PAT con psilocibina, centrados en una serie de sustancias de abuso (por ejemplo, alcohol, nicotina, opioides, cocaína y otras anfetaminas), que muestran cambios significativos en el consumo (van der Meer, et al., 2023). Por ejemplo, Johnson et al. (2017) informaron de que el 67% de las personas participantes confirmaban su abstinencia tabáquica a los 12 y a los 30 meses de la administración de psilocibina combinada con psicoterapia, lo que indica la eficacia de la psilocibina para dejar de fumar. Un estudio piloto sobre la psilocibina como complemento del tratamiento para dejar de fumar obtuvo tasas de abstinencia notables (80% en el seguimiento a 6 meses) (Johnson et al., 2014). Del mismo modo, un estudio de prueba de concepto halló un aumento significativo de la abstinencia en pacientes con dependencia del alcohol 36 semanas después de recibir psilocibina (Bogenschutz et al. 2015). Ello confirmó la utilidad clínica de la psilocibina en el tratamiento de afecciones psiquiátricas (James et al., 2020; Sessa, 2019) y dio lugar a la recomendación de que los Estados consideren reclasificar los psicodélicos fuera de la Lista I para permitir su uso en entornos clínicos y naturalistas. La autoría considera en este caso que la psilocibina podría ser el mejor tratamiento para los trastornos adictivos, teniendo en cuenta las variables de la farmacología actual. Diversos equipos de investigación han señalado que dicho tratamiento no tuvo efectos secundarios graves que justificaran atención médica (Carhart-Harris et al., 2018; Carhart-Harris et al., 2016), y los análisis no han mostrado ningún peligro real para la seguridad bajo supervisión clínica (Meshkat et al., 2025). Antes bien, cualquier efecto adverso sería consecuencia de una alteración de las bases del set y el setting mencionadas anteriormente.

La MDMA en terapia

La 3,4-metilendioximetanfetamina (MDMA) actúa como agonista serotoninérgico indirecto (Roseman et al., 2014): induce la liberación de serotonina desde las terminaciones neuronales e inhibe su recaptación. Además, la MDMA es un potente liberador de oxitocina, dopamina y noradrenalina (McGregor & Bowen, 2012). No altera la conciencia del mismo modo que los psicodélicos clásicos (psilocibina, mescalina, dietilamida del ácido lisérgico, N,N-dimetiltriptamina) e induce una euforia aguda (Roseman et al., 2014). La MDMA no se considera un psicodélico clásico. No obstante, al igual que en el caso de la psilocibina, se sabe que sus efectos subjetivos están mediados en gran medida por mecanismos serotoninérgicos.

Aunque la psilocibina tiene efectos más profundos sobre la función cerebral global, la MDMA tiene aun así efectos marcados sobre la conectividad funcional del cerebro, que podrían asociarse a la receptividad de una pareja a la intervención propuesta (Dos Santos et al., 2016; Holland, 2020; Sessa et al., 2019), o al menos a la de la persona con codependencia. Se ha descrito que la MDMA, combinada con psicoterapia, tiene un potencial terapéutico significativo para reducir los síntomas del trastorno de estrés postraumático (TEPT) (Amoroso & Workman, 2016; Riaz et al., 2023). La autoría postula que la MDMA podría ser eficaz para tratar a personas con codependencia, especialmente cuando existe un trauma previo, y utilizarse para promover la resiliencia sistémica en el contexto de los sistemas familiares (Sessa et al., 2019; Holland, pp. 39−46, 2020). Exploramos cómo esta sustancia, junto con la terapia, podría reducir los rasgos codependientes en el cónyuge de una persona que lucha contra un TUS. La hipótesis de que la MDMA podría tratar la codependencia se basa en la idea de que las conductas codependientes se solapan con los problemas psicosociales asociados al TEPT y a las personas adultas criadas por progenitores alcohólicos (ACoA, Adult Children of Alcoholics) (Bacon et al., 2018; Haverfield & Theiss, 2014). Según Sessa et al. (2019), veinte pacientes con TEPT resistente al tratamiento recibieron dos o tres sesiones de MDMA o un placebo. En los seguimientos a los 2 y a los 12 meses, «el 83% del grupo experimental ya no cumplía los criterios del TEPT, frente a solo el 25% de pacientes del grupo placebo». No se observaron efectos neurocognitivos tras el seguimiento. Los síntomas del TEPT desaparecieron durante un periodo de hasta 6 años sin ninguna dosis adicional de MDMA.

La MDMA, una solución a la codependencia

No existen definiciones universales ni criterios diagnósticos de la codependencia en el DSM-5-TR (APA, 2022), aunque algunas investigaciones la identifican como similar a los trastornos relacionados con el trauma o como síntomas de trauma (Almond and Allan, 2019; Bacon et al., 2018; Haverfield & Theiss, 2014). En estas personas son frecuentes la falta de comprensión de sí y de sentido del yo, un patrón persistente de desajuste extremo en los planos relacional, emocional y laboral, y la atribución de los problemas actuales al abandono y al control parentales vividos en la infancia (Bacon et al., 2018). Esta sensación de abandono y de control acaba por hacer que la persona se sienta dividida o escindida, lo que provoca una sobreadaptación a los entornos y a las relaciones para alcanzar un sentimiento de seguridad y de pertenencia (Bacon et al., 2018). Las experiencias vitales, incluidas las más sutiles, moldean la manera en que cada persona define el mundo y a sí misma. Síntomas similares aparecen en personas criadas por progenitores con problemas de consumo de sustancias, también denominadas personas adultas criadas por progenitores alcohólicos (ACoA), y esta crianza puede provocar experiencias traumáticas prolongadas que perturban el desarrollo y la percepción del mundo y conducen a tendencias codependientes (Haverfield & Theiss, 2014). Tiene sentido ampliar la eficacia de la MDMA en terapia al tratamiento de otros trastornos relacionados con el trauma, ya que los síntomas de la codependencia tienden a coincidir con los problemas psicosociales del TEPT (Almond and Allan, 2019). Sin embargo, la codependencia tiene varias etiologías, que no se limitan exclusivamente a experiencias traumáticas.

Las conductas codependientes y la desregulación emocional que surgen dificultan la vinculación de las parejas, lo que supone un reto para las personas supervivientes de un trauma, ya que las relaciones sólidas son esenciales para la resiliencia (Almond & Allan, 2019). En un artículo, Johnson (2012) sostiene que la seguridad del vínculo de una relación crea una especie de refugio que facilita la regulación emocional en las personas supervivientes de un trauma, sobre todo cuando emociones como la ira y el miedo encuentran una respuesta que fortalece el yo y la relación. Por tanto, «si la conexión de una persona con sus otros significativos no forma parte del proceso de afrontamiento y curación, inevitablemente pasa a formar parte del problema», y ello puede ser la base de una retraumatización (Almond & Allan, 2019; Johnson,2012).

Muchos de los problemas de la codependencia antes mencionados podrían atenuarse con la psicoterapia asistida con MDMA en las condiciones adecuadas. Si nos remitimos a algunas propiedades farmacológicas de la MDMA y a sus reflejos psíquicos, la ocupación de los receptores 5-HT1A y 5-HT1B reduce los sentimientos de depresión y de ansiedad y atenúa la respuesta de miedo de la amígdala (Green et al., 2003; Roseman et al., 2014). Así, un mayor nivel de confianza en sí puede hacer tolerable volver sobre recuerdos que provocan reacciones emocionales. Dicho de otro modo, volver sobre recuerdos y situaciones que suelen desencadenar reactividad emocional es posible no solo en presencia de la persona terapeuta, sino también, en consecuencia, con la propia pareja. El estado de ánimo positivo puede atribuirse a un aumento de la sensación de cercanía, a una mayor empatía y a una mayor compasión hacia sí y hacia los demás (Hysek et al., 2013). Además, el aumento de los niveles de noradrenalina y dopamina induce un estado de activación y de alerta (Rothman et al., 2001), que motiva el compromiso con la terapia y favorece la extinción del miedo (Sessa et al., 2019). Los receptores alfa-2 (muy densos en el sistema nervioso simpático) contribuyen a los efectos de la MDMA sobre la termorregulación y desempeñan un papel en el efecto paradójico de relajación o sedación (Giovannitti et al., 2015), lo que podría ser útil frente a la hipervigilancia inducida por el trauma. La corta duración de la experiencia hace que su uso sea clínicamente manejable y, por tanto, atractivo. Favorece la vinculación y los estados de empatía, lo que permite abordar y elaborar deliberadamente recuerdos emocionalmente traumáticos (Almond & Allan, 2019; Sessa et al., 2019).

Evocar recuerdos emocionales dolorosos es difícil y puede producir un afecto negativo abrumador, acompañado de evitación para eludir el peso de esos sentimientos. Si no se elaboran, estos problemas pueden intensificar las dificultades personales y agravar los problemas existentes en un sistema familiar (Bacon et al., 2018). Los indicios de trauma, como la desregulación emocional, la hipervigilancia y los arrebatos de ira o la irritabilidad, afectan, como es de esperar, a la relación con los demás y a la comprensión de síntomas como el consumo problemático de sustancias de la pareja (Lampis et al., 2017). Si algún día se demuestra que la MDMA es una intervención viable para tratar la codependencia y la psilocibina para los TUS, un sistema familiar podría tener la oportunidad de restaurarse de manera singular mediante prácticas clínicas individuales que puedan integrarse como pareja en la terapia.

Implicaciones clínicas

En el proceso terapéutico, la MDMA podría utilizarse como ayuda para facilitar la elaboración y la puesta en común de recuerdos, acontecimientos, percepciones y emociones con la persona terapeuta y, finalmente, con la pareja (Wagner et al., 2017). Este proceso de derribar barreras emocionales puede reflejarse en la caída de barreras relacionales, lo que favorece una conexión más significativa dentro del sistema familiar o de la pareja. La investigación actual ha demostrado que «la MDMA puede catalizar la elaboración terapéutica al permitir que las personas participantes permanezcan emocionalmente implicadas mientras revisitan experiencias traumáticas, sin verse desbordadas por la ansiedad u otras emociones dolorosas» (Wagner et al., 2017), lo que hace posible la experiencia compartida y la expresión abierta del miedo, el duelo y la ira como parte del proceso terapéutico (Almond and Allan, 2019). Diversas voces de la clínica y de la investigación han subrayado que la MDMA ha aumentado la empatía hacia sí y hacia los demás, con menos actitud defensiva y un fortalecimiento de la alianza terapéutica (Almond and Allan, 2019). En conjunto, los factores anteriores podrían brindar la oportunidad de una experiencia emocional curativa que parece complementar una metodología centrada en las emociones. El modelo de la terapia focalizada en las emociones (EFT), al igual que la teoría de los sistemas familiares, tiene objetivos terapéuticos específicos: regular el afecto, crear momentos en los que compartir vulnerabilidades para que pueda alcanzarse un nuevo significado mediante una experiencia correctiva de conexión segura, e integrar la visión revisada de sí y del otro (Johnson, 2012). Parece que la MDMA podría catalizar el proceso para alcanzar estos objetivos de un modo novedoso y, a la vez, directo.

Carbonaro et al (2016) observaron que, según la dosis, las personas que se inyectan psilocibina pueden experimentar efectos negativos, como agresividad o conductas violentas, que pueden requerir atención médica. Ahora bien, conviene dejar claro que tales efectos negativos no se registraron en los estudios realizados en laboratorio, lo que respalda la importancia del «setting». Ello sugiere además que la administración de psilocibina bajo supervisión médica sería segura (Carhart-Harris et al., 2018; Carhart-Harris et al., 2018). Asimismo, lo expuesto subraya que la psilocibina no solo es más segura que los medicamentos farmacológicos actuales, sino que la ausencia de dependencia y la reducción significativa de las intervenciones necesarias para alcanzar el mismo objetivo (la abstinencia o el control del consumo) la hacen atractiva desde el punto de vista médico. Del mismo modo que la MDMA ayuda a alcanzar los objetivos del modelo EFT y de los sistemas familiares, los efectos empatógenos de la psilocibina también podrían catalizar la curación en este sentido (Pokorny et al., 2017). La autoría de este artículo sugiere que esta oportunidad terapéutica implicaría que cada miembro de la pareja siguiera sesiones psicoterapéuticas individuales —uno tomando psilocibina para su adicción, el otro MDMA para la codependencia— y que después ambos se reunieran en terapia de pareja para la integración. Por último, cabe señalar que los servicios individuales, los servicios de pareja y la PAT en general pueden resultar costosos fuera de la investigación clínica si no están cubiertos por un seguro, lo que plantea varios dilemas éticos, como los de la disponibilidad y la accesibilidad.

Incoherencias en la literatura

Aunque no abunda la investigación sobre la terapia de pareja y el tratamiento asistidos con psicodélicos, persisten algunas lagunas en la información disponible que deberían abordarse. En concreto, la falta de diseños abiertos y el reducido tamaño de las muestras impiden que la eficacia de la psilocibina sea concluyente. Además, desde el punto de vista de la persona usuaria, el nivel de motivación es un factor de confusión (Johnson et al., 2017). Los efectos subjetivos también están mediados por la personalidad, las expectativas y las dinámicas socioambientales de quien consume, y no exclusivamente por la farmacología de la psilocibina (Studerus et al., 2012). Asimismo, prevenir la adversidad puede resultar algo difícil, ya que los efectos secundarios o el malestar provocados por la psilocibina dependen de las expectativas y del entorno (De Veen et al., 2017). La MDMA sigue mostrando eficacia para trastornos como el TEPT, con pocas lagunas en cuanto a la causalidad, y los problemas éticos surgidos recientemente en relación con los datos de los ensayos clínicos de la terapia asistida con MDMA obligan a reestructurar la metodología de los ensayos. Otro problema es que no existen ensayos clínicos ni apenas literatura sobre el uso de la MDMA para la codependencia, aunque el equipo investigador plantea la hipótesis de que la MDMA es eficaz para tratar la mayoría, aunque no la totalidad, de los trastornos inducidos por el trauma o relacionados con él. La autoría refuerza esta idea recomendando que se investigue la eficacia de la MDMA en el tratamiento de la codependencia. La Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies (MAPS) concluyó recientemente sus ensayos de psicoterapia asistida con MDMA para el TEPT (Edut et al., 2011; Sessa et al., 2019). Sin embargo, surgieron algunas preocupaciones éticas relacionadas con la metodología y el análisis, que suscitaron dudas sobre su eficacia real y obligaron a los equipos de investigación a empezar de cero y a reevaluar si la MDMA será una intervención fiable para el TEPT.

En contra de los resultados de los estudios mencionados, Meinhardt et al. (2020), utilizando modelos animales para probar el efecto de la psilocibina en las recaídas en el alcohol, observaron que la psilocibina no tenía un efecto duradero sobre el efecto de privación de alcohol. Esto indica que el tratamiento asistido con psilocibina podría no influir tanto en las neurocogniciones relacionadas con el trastorno por consumo de alcohol (TCA) y otros TUS. No obstante, las incoherencias de los datos clínicos pueden atribuirse a diferencias metodológicas. Por ejemplo, mientras que todos los estudios citados anteriormente utilizaron muestras humanas, Meinhardt et al. (2020) utilizaron modelos animales y no emplearon ninguna intervención psicosocial además de la psilocibina para contrarrestar las normas sociales con los sujetos participantes. Cabe, por tanto, sostener que la reducción persistente de los síntomas del trastorno por uso de sustancias se ve facilitada por las intervenciones psicosociales utilizadas en combinación con el tratamiento psicodélico, y no solo por los meros efectos de los psicodélicos. Habría que investigar más a fondo la frecuencia de las sesiones de psicoterapia asistida con psilocibina, así como la profundidad de las sesiones preliminares y de integración. Pese a las restricciones al uso de psicodélicos, las pruebas procedentes de estudios antiguos y recientes apuntan a su utilidad clínica en el tratamiento de varias afecciones psiquiátricas. Las pruebas disponibles que sugieren su eficacia exigen que la comunidad investigadora siga examinando sus funciones específicas para comprender mejor los efectos empatógenos y antiadictivos de la psilocibina.

La codependencia implica una sensación percibida de cercanía que, en muchos aspectos, puede ser más bien un vínculo desadaptativo y fusional. Además, la codependencia puede asociarse a un exceso de confianza en la pareja, que lleva a confiar cuando esa confianza no está justificada. Por tanto, debería profundizarse en la naturaleza de la relación codependiente y en las raíces singulares e influyentes de cada dinámica. Aunque una mayor empatía y compasión son probablemente algo positivo, la codependencia también se ha asociado a lo que podría considerarse un «altruismo patológico» (Oakley, 2011). Este debería definirse claramente antes de evaluar la codependencia y de etiquetar a las personas participantes en la investigación clínica.

Investigaciones clínicas: riesgos y consideraciones

Los futuros equipos de investigación que pretendan aplicar la intervención propuesta podrían tener en cuenta lo siguiente: la alianza terapéutica en el contexto de una terapia de pareja con sesiones individuales correspondientes y el papel de los psicodélicos en la relación entre paciente y terapeuta; el impacto de las experiencias psicodélicas adversas en las sesiones individuales y su efecto sobre la narrativa y la trayectoria de las sesiones de terapia de pareja; y la dosis adecuada de psilocibina y de MDMA, la frecuencia de administración (si procede), así como las sesiones de preparación y de integración que rodean las sesiones de PAT, además de los protocolos generales que regulan el «set» y el «setting».

Puede resultar emocionalmente difícil o agotador que no sea la misma persona terapeuta quien dirija cada sesión, si no participa en cada etapa, sobre todo cuando los elementos relacionales (es decir, necesidades, dificultades y objetivos) no se mantienen a lo largo del tratamiento. Construir esta alianza es esencial para una atención eficaz, y los protocolos adecuados insisten en mantener los elementos relacionales a lo largo de la sesión, en contar con la misma persona terapeuta en todas las sesiones y en integrar en cada proceso a la persona terapeuta habitual de quien recibe el tratamiento (Villiger, 2024). También debería haber espacio para reconocer cualquier impacto negativo de los servicios individuales asistidos con psicodélicos y su influencia en la continuidad de la atención, así como para plantear el impacto de las intervenciones conjuntas asistidas con psicodélicos. Además, aunque los conceptos presentados son sin duda sugerentes, ¿existe el riesgo de que la MDMA aumente involuntariamente una confianza injustificada, los vínculos fusionales y aspectos similares al altruismo patológico? ¿Qué decir de la paradoja de utilizar un psicodélico (una sustancia, al fin y al cabo, aunque con escasa propensión adictiva) para tratar un TUS, y de los riesgos derivados de la falta de información sobre el uso «adecuado» de la psilocibina? Cabe señalar, además, que las dosis habituales de psilocibina en la investigación clínica suelen ir de la microdosis (1–5 mg) a 20–40 mg/70 kg, mientras que las dosis de MDMA suelen rondar los 75–125 mg en los ensayos clínicos de fase 3 más recientes (Meshkat et al., 2025; Wolfgang et al., 2025). Según las revisiones de ensayos clínicos, el esquema de los servicios debería consistir en varias sesiones de preparación centradas en los objetivos y en la alianza terapéutica, seguidas de una sesión con medicación y de varias sesiones de integración dedicadas a la puesta en práctica y a prolongar los efectos y beneficios de una sesión de PAT (Chisamore et al., 2024). Dicho esto, no existe una asociación estadísticamente significativa entre las horas de terapia y los resultados del tratamiento, por lo que es necesario investigar más el componente terapéutico del tratamiento (Hultgren et al., 2025). La aplicación de esta intervención en la investigación clínica estaría sujeta a las directrices de la FDA para la investigación con drogas psicodélicas recogidas en el documento de orientación «Psychedelic Drugs: Considerations for Clinical Investigations» (Center for Drug Evaluation and Research, 2023), que contiene multitud de protocolos esenciales para llevar a cabo este tipo de investigación.

Conclusión

Uno de los propósitos de esta revisión de la literatura era poner de relieve las propiedades medicinales y los beneficios de la psilocibina y de la MDMA, sustancias que en su día estuvieron tan estigmatizadas que la mera investigación sobre psicodélicos estaba mal vista. Hoy, la MDMA ha superado su ensayo de fase 3 para el tratamiento del TEPT y sigue invitando a mirar hacia otros trastornos, como la codependencia (Edut et al., 2011; Sessa et al., 2019). Aunque la psilocibina aún no ha llegado a ensayos clínicos a gran escala, los resultados prometedores de ensayos con muestras pequeñas (Johnson et al., 2014; Johnson et al., 2017) deberían animar a la comunidad investigadora a seguir estudiando este compuesto para diversos problemas psiquiátricos. El propósito más amplio de esta revisión era subrayar el potencial de una intervención terapéutica asistida con psicodélicos en el contexto de la terapia de pareja, que debería seguir investigándose y probándose. Los psicodélicos en terapia son en sí mismos complejos y poco ortodoxos, y podría estar justificado plantear formas de terapia de sistemas familiares igualmente novedosas, poco ortodoxas y basadas en la evidencia que den cabida a la ciencia psicodélica. La autoría sugiere que el proceso, desde un punto de vista clínico, implicaría que cada miembro de la pareja siguiera sesiones psicoterapéuticas individuales —uno tomando psilocibina para su adicción, el otro MDMA para la codependencia— y que después ambos se reunieran en terapia de pareja para la integración a lo largo del proceso terapéutico. A partir de la información aportada sobre la teoría de los sistemas familiares, la idea podría ser una opción viable para abordar los problemas de los sistemas familiares en un periodo reducido pero transformador.

A medida que avance la investigación, la integración de los psicodélicos en la terapia de sistemas familiares podría catalizar las prácticas terapéuticas y ofrecer una vía para romper patrones de disfunción profundamente arraigados y promover, a través de la práctica, una curación relacional duradera. Aprovechando las propiedades singulares de la psilocibina y de la MDMA en psicoterapia y en terapia familiar, los equipos clínicos podrían facilitar conexiones íntimas y una comprensión mutua entre los miembros de la pareja, en consonancia con los objetivos morfogenéticos de la teoría de los sistemas familiares para promover un cambio adaptativo. Los estudios futuros deberían dar prioridad a ensayos clínicos rigurosos que establezcan protocolos estandarizados, para garantizar que estas intervenciones contemporáneas sean a la vez seguras y eficaces para poblaciones diversas que se enfrentan a los desafíos entrelazados de los TUS y la codependencia.

Complexe Systémique: lo esencial

Esta revisión narrativa plantea una hipótesis, no un protocolo validado: ningún estudio ha probado la combinación que propone (psilocibina para el miembro de la pareja que consume, MDMA para el otro y, después, integración en terapia de pareja). La psilocibina y la MDMA siguen siendo sustancias controladas, prohibidas en Francia y en Brasil e incluidas en la Lista I (Schedule I) en Estados Unidos; fuera de los ensayos clínicos autorizados, su uso es ilegal y la automedicación conlleva riesgos reales. En 2024, la FDA se negó a aprobar la terapia asistida con MDMA para el TEPT y pidió un nuevo ensayo de fase 3, en un contexto marcado por las dudas metodológicas que el propio artículo menciona. Varias afirmaciones del texto (ausencia de riesgo de dependencia, superioridad sobre los tratamientos existentes) van más allá de lo que los datos permiten establecer, y la «codependencia» no es un diagnóstico reconocido. El interés sistémico está en otra parte: pensar la adicción como un problema de la pareja y no de una sola persona, y recordar, con el set y el setting, que los efectos dependen tanto del marco relacional como de la molécula. Para leer junto con el artículo sobre el tratamiento relacional de la drogadicción y el artículo sobre lo que la jerga terapéutica les hace a las relaciones.

Notas del original

Conflicto de intereses. La autoría declara no tener intereses en conflicto.

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Traducción no oficial al español de Psilocybin and MDMA in Couples Therapy: Investigating Treatment for Substance Use Disorders and Codependency, de Samuel Hosford y Heather Austin-Robillard, Contemporary Family Therapy, vol. 48, n.º 3 (2026), doi: 10.1007/s10591-025-09766-8, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Este es el artículo original «Psilocybin and MDMA in Couples Therapy: Investigating Treatment for Substance Use Disorders and Codependency», publicado en Contemporary Family Therapy (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido al español por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: una traducción no oficial, adaptada para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Hosford, S., y Austin-Robillard, H. (2026). Psilocybin and MDMA in Couples Therapy: Investigating Treatment for Substance Use Disorders and Codependency. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/psilocybin-and-mdma-in-couples-therapy-investigating-treatment-for-substance-use-disorders (Obra original publicada en 2025 en Contemporary Family Therapy, 48(3), 249-258 (2026); republicada en 2026 por Contemporary Family Therapy, https://link.springer.com/article/10.1007/s10591-025-09766-8)

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