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Behavioral Sciences · Duelo

Más allá de la autoinculpación: un estudio cualitativo sobre la experiencia cambiante de la culpa parental tras la muerte de un hijo o una hija

Tras la muerte de un hijo o una hija, ¿adopta la culpa parental siempre la misma forma? En Valencia, el equipo de Lucia Pelacho-Rios entrevistó a 27 madres y padres en duelo. La causa de la muerte tiñe la culpa, que adopta cinco formas, desde la protección hasta la identidad parental; con los años, no desaparece, sino que se integra en el duelo.

Autoría Lucia Pelacho-Rios, Yolanda Ruiz-Ordoñez, Alejandro Sanchis-Sanchis y Gloria Bernabe-Valero (Faculty of Psychology, Catholic University of Valencia San Vicente Mártir, Valencia, España)Primera publicación Behavioral Sciences, 28 de septiembre de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Beyond Self-Blame: A Qualitative Study of the Changing Experience of Parental Guilt Following the Death of a Child, de Lucia Pelacho-Rios, Yolanda Ruiz-Ordoñez, Alejandro Sanchis-Sanchis y Gloria Bernabe-Valero, publicado en Behavioral Sciences (MDPI) (2026), doi: 10.3390/bs16101771, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

La adaptación no se caracterizaba por la ausencia de culpa, sino por una transformación de su significado y de su influencia.

Lucia Pelacho-Rios, Yolanda Ruiz-Ordoñez, Alejandro Sanchis-Sanchis y Gloria Bernabe-Valero

Resumen

La culpa parental es una de las respuestas emocionales más generalizadas tras la muerte de un hijo o una hija y se ha asociado de forma constante a una peor evolución del duelo. Sin embargo, se sabe poco sobre cómo las madres y los padres en duelo viven e integran la culpa a lo largo del tiempo. Este estudio cualitativo exploró la experiencia vivida de la culpa parental, su relación con la causa de la muerte y los procesos que facilitan su integración. Se realizaron entrevistas semiestructuradas en profundidad a 27 madres y padres en duelo, que se analizaron mediante análisis temático reflexivo. Se identificaron cuatro temas. En primer lugar, la intensidad y el significado de la culpa variaban según la causa de la muerte: las muertes súbitas o potencialmente evitables se asociaban a una autoinculpación abrumadora, mientras que las muertes esperadas tras una enfermedad suscitaban una culpa relacionada con los cuidados y con la sensación de no haber estado a la altura. En segundo lugar, la culpa se vivía como un proceso multidimensional, que incluía la culpa de protección, la de los cuidados, la contrafactual, la del superviviente y la de identidad parental. En tercer lugar, las personas participantes describieron retrospectivamente cambios en su relación con la culpa, desde una autoinculpación omnipresente hacia una mayor integración, más que hacia una resolución completa. Por último, la reconstrucción del significado, el apoyo entre iguales, el apoyo psicológico profesional y la autocompasión facilitaron este proceso. Estos resultados ponen de relieve la culpa parental como un proceso dinámico moldeado por las circunstancias de la pérdida, con implicaciones para una evaluación y una intervención en el duelo adaptadas a cada caso.

Palabras clave: duelo parental, culpa parental, pérdida de un hijo o una hija, investigación cualitativa, análisis temático, adaptación al duelo, reconstrucción del significado, duelo prolongado

1. Introducción

El duelo es una experiencia universal inherente a la condición humana, que surge tras la pérdida de una persona significativa. Se conceptualiza como un proceso dinámico, continuo y no lineal, caracterizado por la persistencia del vínculo con la persona fallecida (Arnold et al., 2005).

La muerte de un hijo o una hija puede poner en cuestión aspectos centrales de la identidad personal y del rol parental de cuidado, como han señalado investigaciones previas (Price & Jones, 2015). Aportaciones recientes sugieren que madres y padres en duelo pueden atravesar una crisis tanto de su identidad personal como de su identidad parental y necesitar reevaluar quiénes son tras la pérdida. Y. Kim y Lee (2021) identificaron tres patrones relacionados con la identidad: la reintegración, en la que se reconoce la muerte y el rol parental se orienta hacia nuevas metas; la desintegración, en la que la madre o el padre siente que ya no tiene derecho a vivir tras la muerte; y la coexistencia, caracterizada por una oscilación entre reintegración y desintegración.

Ante la pérdida, algunos estudios han descrito los esfuerzos de madres y padres por reconstruir su identidad. Por ejemplo, quienes habían atravesado una crisis de identidad referían un mayor aprecio por la vida, concedían menos importancia a los bienes materiales y valoraban más la espiritualidad (Markelin et al., 2025). Algunas familias refirieron también haber desarrollado nuevas formas de conexión con su hijo o hija fallecidos, como participar en actividades de voluntariado en organizaciones relacionadas con el duelo, y describieron experiencias de autocompasión, de empatía hacia los demás y de gratitud por la vida (Mohamed Hussin et al., 2025).

En relación con la identidad, la reconstrucción del significado es también un ámbito relevante para comprender el duelo (Guillem Porta et al., 2013), ya que madres y padres pueden sentir que sus supuestos sobre la vida y el mundo han quedado en entredicho tras la pérdida. Desde esta perspectiva, niveles más altos de reconstrucción del significado se han asociado a una mejor evolución del duelo durante los primeros años tras la pérdida (Neimeyer et al., 2006). Construir una narrativa personal puede ayudar a situar la pérdida en la propia historia de vida y en el propio marco personal de significado (Neimeyer et al., 2010), favoreciendo así la redefinición de la identidad, de las relaciones interpersonales y de la propia visión del mundo. La literatura ha indicado que la presencia de otros hijos e hijas puede favorecer la reconstrucción del significado (Price & Jones, 2015), al igual que el apoyo espiritual y los estilos de afrontamiento positivos (Vig et al., 2021). La reconstrucción del significado también se ha asociado a conductas de ayuda dirigidas a otras familias que han sufrido pérdidas similares (Stevenson et al., 2017). Quienes tienen más dificultades para encontrar sentido a la pérdida o para identificar beneficios relacionados con ella han referido niveles más altos tanto de duelo normativo como de duelo desadaptativo (Lichtenthal et al., 2010).

Se han descrito varias formas de reconstrucción del significado en el duelo parental. La construcción de sentido parece ser la más destacada y a menudo implica explicaciones biomédicas y, en algunos casos, pensamiento contrafactual. Otras formas incluyen la reconstrucción de la identidad, el mantenimiento de vínculos continuos con la persona fallecida, la búsqueda de beneficios y el crecimiento personal (Meert et al., 2015).

Las circunstancias concretas de una muerte se han asociado a los significados atribuidos a la pérdida, a la percepción de responsabilidad y a la percepción de que podía haberse evitado. El duelo por suicidio representa una forma de pérdida especialmente compleja. En este contexto, Baños-Chaparro (2022) señaló que el duelo por suicidio presenta características propias respecto de otras formas de duelo, tanto por sus consecuencias psicológicas y de salud mental como por la necesidad de los familiares en duelo de encontrar una explicación a la pérdida. El carácter súbito y violento del suicidio se ha asociado a una mayor necesidad de explicación, así como a sentimientos de culpa y a un malestar prolongado.

Sin embargo, la relación entre las circunstancias de la pérdida y la intensidad o la persistencia del duelo no es uniforme. Algunos estudios sugieren que el tiempo transcurrido desde el suicidio y el tipo de relación con la persona fallecida no se asocian al duelo ni a la depresión (Levi-Belz, 2023). Otros indican que el duelo puede persistir con independencia del tiempo transcurrido desde la pérdida, de la edad del hijo o la hija fallecidos o de la causa de la muerte (Arnold & Gemma, 2008). Además, las dificultades en la reconstrucción del significado y las muertes inesperadas o traumáticas se han asociado a mayores dificultades de adaptación al duelo (Goldstein et al., 2018; Keesee et al., 2008; Lichtenthal et al., 2010; Neimeyer et al., 2010).

La culpa es una experiencia emocional relevante en el duelo. Puede ser especialmente destacada cuando las personas perciben carencias en los cuidados prestados a la persona fallecida o viven conflictos no resueltos (Albuquerque et al., 2025). Algunos estudios han identificado el dolor, el anhelo y la culpa como dimensiones centrales del duelo. En este sentido, la culpa se ha asociado estrechamente al dolor relacionado con el duelo, al anhelo de la persona fallecida y a una percepción de falta de sentido vital. El anhelo también se ha asociado a sentimientos de culpa, aunque la dirección de estas asociaciones no es unívoca (Xiang & Li, 2026). Además, el duelo prolongado se ha asociado a niveles más altos de culpa (Hofmann et al., 2026).

Más allá de sus asociaciones con otros componentes del duelo, la literatura científica ha descrito formas de culpa que pueden ser relativamente más adaptativas o desadaptativas. Esta distinción debe entenderse como un marco conceptual útil y no como una clasificación clínica rígida y mutuamente excluyente. La culpa adaptativa se ha vinculado a conductas prosociales y reparadoras, mientras que la culpa desadaptativa se ha asociado a una peor salud mental y a un sentido de identidad debilitado (Joa & Newberg, 2021; Tilghman-Osborne et al., 2010). En su forma más adaptativa, la culpa se ha asociado a la empatía y a la sensibilidad hacia los demás; en su forma más desadaptativa, se ha asociado a problemas de salud mental, a pensamientos autocríticos y autodestructivos y a imágenes intrusivas que pueden dificultar la adaptación (Albuquerque et al., 2025; Anet et al., 2026). Esta distinción puede considerarse en relación con rasgos como la flexibilidad, la intensidad, el contenido y la interferencia de la culpa en la adaptación. En este sentido, algunos estudios distinguen la culpa por responsabilidad, que se ha asociado al trastorno de duelo prolongado, de la autoinculpación, que se ha asociado a niveles más altos de duelo (Joa & Newberg, 2021). La autoinculpación implica atribuirse a uno mismo la responsabilidad de la muerte y lamentar las propias decisiones o acciones. En algunos estudios longitudinales se ha observado que la autoinculpación es más marcada en el periodo inicial tras la pérdida y disminuye con el tiempo (Stroebe et al., 2014). La autoinculpación también se ha asociado a mayores dificultades en la reconstrucción del significado tras la pérdida (M. A. Kim et al., 2024).

El modelo cognitivo de la culpa propone que, en contextos traumáticos, las personas pueden interpretar el acontecimiento de manera desadaptativa, lo que puede asociarse a una mayor culpa (Pitcho, 2025). En este contexto, la culpa puede ser especialmente destacada tras pérdidas violentas o inesperadas (Wagner et al., 2021). También se han descrito creencias metacognitivas según las cuales renunciar a la culpa puede percibirse como equivalente a olvidar a la persona fallecida, o la culpa puede interpretarse como un castigo por seguir con vida (Murray et al., 2021). En consonancia con lo anterior, niveles más altos de culpa se han asociado a síntomas de duelo complicado y a dificultades de adaptación a largo plazo (Li et al., 2019).

En este sentido, algunos estudios han examinado el posible papel mediador de la culpa, aunque los resultados no han sido coherentes (Levi-Belz, 2023). Con respecto al duelo prolongado, la evidencia empírica es heterogénea. Algunos estudios sugieren una asociación entre la culpa y el duelo prolongado (Serjouie et al., 2025). Los estudios sobre el duelo por suicidio han referido asociaciones entre la culpa, el tiempo transcurrido desde la pérdida y los síntomas depresivos (Wagner et al., 2021). Del mismo modo, otras investigaciones han indicado que la culpa experimentada entre cuatro y siete meses después de una pérdida se asocia a niveles más altos de duelo y de depresión, a una recuperación más lenta del duelo y a cogniciones relacionadas con la culpa más persistentes (Stroebe & Schut, 2015). La culpa también se ha asociado positivamente a los asuntos pendientes, al duelo, a la rumiación y a los síntomas de estrés postraumático, y se ha propuesto la rumiación como posible mediadora de la asociación entre culpa y duelo prolongado (Albuquerque et al., 2025).

En el contexto específico del duelo parental, la culpa se ha descrito como una de las emociones negativas que pueden persistir en el tiempo (Arnold & Gemma, 2008). La culpa puede ser más intensa en el duelo complicado, y madres y padres en duelo pueden sentir que no hicieron lo suficiente por su hijo o hija fallecidos, considerarse responsables porque creen que podrían haber evitado la muerte o vivir una culpa del superviviente (Li et al., 2019). Asimismo, se ha observado una mayor interiorización de la culpa cuando madres y padres en duelo se perciben como responsables de no haber protegido a su hijo o hija o de no haber evitado la muerte y refieren dificultades para construir un significado a partir de la pérdida o para mantener un vínculo simbólico adaptativo con la persona fallecida. También se han referido niveles más altos de culpa tras las muertes accidentales (Peiró Ballestín et al., 2007). En los casos de suicidio, la culpa puede dirigirse hacia uno mismo, hacia el hijo o la hija fallecidos o hacia terceros (Back et al., 2026).

Sin embargo, estas manifestaciones no son uniformes ni se producen en todos los contextos de pérdida. Las circunstancias de la muerte y la responsabilidad percibida pueden moldear la manera en que se vive la culpa. La culpa puede adoptar distintas formas que no son necesariamente excluyentes, sino que pueden solaparse en una misma experiencia de duelo. Estudios cualitativos, en particular en el contexto del duelo por suicidio, han descrito tres formas de culpa personal: la culpa por omisión, en la que la persona en duelo cree que no fue capaz de evitar la muerte; la culpa por comisión, en la que atribuye a sus propias acciones cierta influencia en la muerte; y la culpa del superviviente, relacionada con seguir con vida tras la muerte (Anet et al., 2026). Algunos resultados han vinculado la culpa al daño intrapersonal (Zeelenberg & Breugelmans, 2008). Además, se ha referido una culpa religiosa en algunas madres y padres en duelo que interpretan la muerte de su hijo o hija como un castigo de un poder superior (Vig et al., 2021). Algunos estudios también han indicado que, tras una pérdida por suicidio, la culpa dirigida hacia terceros se asocia a un menor tiempo transcurrido desde la pérdida (Entilli et al., 2021).

En relación con estas valoraciones de la responsabilidad, la culpa en el duelo parental puede surgir sobre todo cuando madres y padres creen que no cuidaron ni protegieron a su hijo o hija como deberían haberlo hecho. Estas experiencias se han asociado a la renegociación de los roles sociales y a la búsqueda de significado dentro de una identidad parental revisada. En este sentido, algunas familias han descrito un fortalecimiento de la espiritualidad y el mantenimiento de su rol parental a través de la relación con sus otros hijos e hijas (Mohamed Hussin et al., 2025).

Entre estas manifestaciones, la culpa del superviviente también puede estar presente en el duelo parental. Desde una perspectiva cognitiva, esta forma de culpa se relaciona con la creencia de que uno no merece seguir con vida tras la muerte de una persona cercana. Se ha distinguido entre la culpa relacionada con el contenido, en la que la persona cree que hizo o dejó de hacer algo importante, y la culpa existencial, relacionada con estar vivo pese a no tener ninguna responsabilidad en la muerte (Murray et al., 2021).

Algunos estudios han descrito también una culpa retrospectiva relacionada con el periodo de cuidado del hijo o la hija. Se han referido niveles más altos de esta culpa en madres y padres que lamentan decisiones tomadas o viven asuntos no resueltos, como no haber hablado de la muerte, no haberse despedido, no haber compartido experiencias que su hijo o hija deseaba vivir o no haberle expresado su afecto. Estas experiencias se han asociado también a síntomas más graves de duelo prolongado (Lichtenthal et al., 2020). Esta forma de culpa, relacionada con la percepción de no haber protegido o cuidado adecuadamente al propio hijo o hija, se ha identificado como un elemento de la identidad relacional, una de las dimensiones más afectadas por la muerte de un hijo o una hija (Y. Kim & Lee, 2021). En conjunto, estos resultados ponen de relieve la importancia de la culpa en el duelo; sin embargo, la investigación sobre la culpa en el contexto específico del duelo parental sigue siendo limitada. Se necesita más investigación para comprender cómo madres y padres dan sentido a la culpa tras la muerte de un hijo o una hija y cómo se relaciona la culpa con el trastorno de duelo prolongado (Joa & Newberg, 2021).

Junto a la culpa, la vergüenza también puede desempeñar un papel relevante en la adaptación al duelo y se ha asociado a niveles más altos de estrés postraumático (Shi et al., 2021; Yu et al., 2026). La literatura también ha identificado la vergüenza en algunas madres y padres cuyos hijos e hijas murieron por suicidio (Duncan & Cacciatore, 2015). En general, en las culturas individualistas, la vergüenza tiende a considerarse desadaptativa y se ha asociado a una autoevaluación negativa, a conductas de evitación y a sentimientos de incompetencia (Shi et al., 2021; Singh & Bhushan, 2025). A diferencia de la culpa, que suele vincularse a evaluaciones negativas de acciones u omisiones concretas, la vergüenza implica una evaluación negativa más global del yo (Yu et al., 2026).

En este contexto, la rumiación es un proceso cognitivo relevante en relación con la culpa (Albuquerque et al., 2025). La muerte de un hijo o una hija se ha asociado a niveles más altos de rumiación sobre el duelo, y la rumiación se ha vinculado al duelo complicado, a la ansiedad y a la depresión (Eisma et al., 2014). La rumiación sobre el duelo puede incluir pensamientos repetitivos sobre las propias emociones, pensamientos contrafactuales sobre si la muerte podría haberse evitado, pensamientos repetitivos sobre la injusticia percibida de la muerte, rumiación sobre el comportamiento de los demás ante la pérdida y pensamientos recurrentes sobre el significado personal de la pérdida (Eisma et al., 2014). Además, la rumiación centrada en preguntas sin respuesta, el pensamiento contrafactual y los recuerdos intrusivos se han asociado a la vergüenza y a la culpa (Murray et al., 2021). En el duelo por suicidio se han referido niveles más altos de culpa junto con una mayor rumiación y un pensamiento contrafactual más frecuente centrado en lo que podría haberse hecho para evitar la muerte (Camacho et al., 2018).

Dentro del abanico de contenidos rumiativos, el pensamiento contrafactual merece una atención especial. Se refiere a la construcción de alternativas imaginadas a acontecimientos que ya han ocurrido y se expresa con frecuencia mediante pensamientos como «si al menos…». En el duelo, los pensamientos contrafactuales pueden centrarse en lo que la persona en duelo, la persona fallecida o terceros hicieron o dejaron de hacer, así como en las circunstancias de la muerte. Pueden distinguirse cuatro ámbitos relevantes de rumiación contrafactual: los pensamientos sobre lo que la persona fallecida hizo o no hizo; los pensamientos sobre terceros implicados directa o indirectamente en la pérdida; la percepción de injusticia respecto de las circunstancias contextuales en las que se produjo la muerte; y los pensamientos rumiativos centrados en uno mismo sobre lo que la persona en duelo podría haber hecho, o dejó de hacer, para evitar la muerte. Cuando estos pensamientos se vuelven persistentes y repetitivos, pueden asociarse al duelo complicado, a la cronificación del malestar y a una mayor dificultad en la reconstrucción del significado (Neimeyer et al., 2019).

En conjunto, la evidencia disponible indica que la culpa es una emoción central en el duelo parental. Sin embargo, siguen existiendo lagunas importantes sobre cómo madres y padres viven la culpa, cómo describen retrospectivamente los cambios en su relación con ella a lo largo del duelo y qué factores moldean su expresión y su integración. La mayoría de los estudios han examinado la culpa como predictor o correlato del duelo prolongado, mientras que la evidencia cualitativa que recoja su significado desde la perspectiva de las propias madres y los propios padres en duelo sigue siendo limitada. En consecuencia, el presente estudio tiene como objetivo explorar las experiencias de culpa de madres y padres tras la muerte de un hijo o una hija, examinando su relación con las circunstancias de la muerte, las distintas formas que puede adoptar, los cambios que describen retrospectivamente a lo largo del duelo y los recursos que identifican como útiles para su integración.

2. Materiales y métodos

2.1. Diseño cualitativo

Dada la complejidad, la subjetividad y el carácter profundamente personal de la culpa tras la muerte de un hijo o una hija, se consideró que un diseño de investigación cualitativo era el enfoque más adecuado para abordar los objetivos del estudio. En lugar de tratar de cuantificar la prevalencia o la intensidad de la culpa, el estudio pretendía comprender cómo madres y padres vivían, interpretaban y reconstruían estos sentimientos a lo largo del proceso de duelo. Un enfoque cualitativo resultaba, por tanto, especialmente adecuado para captar el carácter complejo, contextual y evolutivo de estas experiencias.

El estudio se sustentó en una orientación epistemológica pragmática y empleó el análisis temático reflexivo (Braun & Clarke, 2022), un enfoque compatible con la investigación cualitativa aplicada que ofrece a la vez la flexibilidad interpretativa necesaria para explorar en profundidad los relatos de las personas participantes. De acuerdo con las recomendaciones de Braun y Clarke (2022), el enfoque analítico se eligió para garantizar la coherencia entre la posición epistemológica del estudio, los objetivos de la investigación y los procedimientos analíticos.

Los datos se recogieron mediante entrevistas semiestructuradas en profundidad, que ofrecían un marco flexible para explorar las experiencias vividas por madres y padres en duelo, garantizando al mismo tiempo que los temas clave para los objetivos de la investigación se abordaran de forma coherente con todas las personas participantes. Este enfoque permitió a las personas participantes describir con sus propias palabras sus emociones, sus pensamientos y sus procesos de construcción de sentido, lo que permitió al equipo investigador explorar aspectos de la culpa que quizá no podían anticiparse de antemano ni captarse adecuadamente con métodos más estructurados. La entrevista cualitativa es especialmente adecuada para investigar temas sensibles como el duelo parental, porque facilita el desarrollo de la confianza, anima a las personas participantes a narrar a su propio ritmo experiencias emocionalmente significativas y permite a quien entrevista responder con flexibilidad a las cuestiones que surgen durante la conversación (O’Brien et al., 2014; Tong et al., 2007).

2.2. Participantes

Las personas participantes se reclutaron mediante un muestreo intencional para identificar a madres y padres que hubieran vivido la muerte de un hijo o una hija y aceptaran participar en una entrevista en profundidad sobre su experiencia de duelo. Las primeras personas participantes se reclutaron por tres vías principales en la provincia de Valencia (España): el Grupo Renacer, una asociación de apoyo en el duelo con vínculos consolidados con la universidad en la que se realizó el estudio; la Unidad de Duelo especializada de las clínicas universitarias; y contactos personales de miembros del equipo investigador que cumplían los criterios del estudio y a quienes se informó de la posibilidad de participar. Posteriormente se empleó un muestreo en bola de nieve, por el que las personas participantes compartían información sobre el estudio con otras madres y otros padres en duelo a quienes pudiera interesar participar. Esta estrategia de reclutamiento facilitó el acceso a personas con experiencia directa del fenómeno estudiado, respetando al mismo tiempo el carácter sensible del tema.

Los criterios de inclusión eran ser madre o padre y haber vivido la muerte de un hijo o una hija después del nacimiento, con independencia de su edad en el momento de la muerte o del tiempo transcurrido desde la pérdida. Se consideraron elegibles las muertes ocurridas durante el periodo neonatal, la infancia, la adolescencia o la edad adulta. Se adoptó este criterio de inclusión amplio porque el estudio pretendía explorar la evolución de la culpa y la construcción de su sentido a lo largo del proceso de duelo, y no las reacciones de duelo agudo. También se exigía que las personas participantes estuvieran dispuestas y en condiciones de participar en una entrevista en profundidad y de dar su consentimiento informado por escrito. Se excluyó a las personas cuya pérdida se había producido durante el embarazo, a quienes el equipo investigador consideraba en una fase aguda del duelo y a quienes presentaban trastornos mentales graves o dificultades de comunicación que pudieran comprometer su capacidad de participar. La elegibilidad la evaluaron, durante el contacto inicial, miembros del equipo investigador, todos ellos profesionales de la psicología con formación y experiencia en investigación sobre el duelo, para garantizar que la participación fuera éticamente adecuada y que las personas participantes estuvieran emocionalmente preparadas para la entrevista.

La muestra se guio por el principio de poder informativo, según el cual se esperaba que la experiencia directa del duelo parental de las personas participantes aportara una información rica y pertinente para abordar los objetivos del estudio (Malterud et al., 2016). De acuerdo con este principio, el tamaño de la muestra se determinó en función de la especificidad de la pregunta de investigación, de la pertinencia de la experiencia vivida de las personas participantes y de la riqueza de los datos de las entrevistas, y no en función de alcanzar la saturación de los datos. Participaron en el estudio 27 madres y padres en duelo, 22 mujeres y 5 hombres, con una edad media de 58,6 años (rango = 37–83). Los hijos e hijas tenían entre 10 meses y 44 años en el momento de la muerte (M = 21.0 años). El tiempo transcurrido desde la muerte oscilaba entre 6 meses y 60 años (M = 5.7 años), lo que refleja la intención del estudio de recoger experiencias en distintas etapas del proceso de duelo. Las causas de la muerte reflejaban una amplia gama de circunstancias, entre ellas enfermedades, accidentes de tráfico, suicidios, ahogamientos y otras causas accidentales. Las características sociodemográficas y relacionadas con el duelo de las personas participantes se presentan en los materiales complementarios. La estrategia de muestreo intencional pretendía incluir a madres y padres con experiencias de duelo variadas para explorar la amplitud y la complejidad contextual de la culpa parental. Sin embargo, la muestra no se diseñó para permitir comparaciones formales entre causas de muerte, grupos de edad de los hijos e hijas, pérdidas súbitas frente a pérdidas esperadas o tiempo transcurrido desde la pérdida.

2.3. Recogida de datos

Se realizaron entrevistas semiestructuradas en profundidad a madres y padres en duelo. El guion de entrevista lo elaboraron las dos personas que dirigen la investigación, ambas especialistas en psicología de la salud con experiencia en duelo, psicología existencial e investigación cualitativa. El equipo investigador en su conjunto estaba formado por profesionales de la psicología y personal docente universitario con conocimientos complementarios en psicología de la salud, duelo, regulación emocional, psicología positiva, psicología social y metodología cualitativa. Esta combinación de experiencia clínica, investigadora y metodológica orientó el diseño del guion de entrevista y favoreció una exploración sensible de las experiencias de las personas participantes.

Antes de la recogida de datos, las personas encargadas de las entrevistas recibieron una formación específica para el estudio sobre el uso del guion de entrevista semiestructurada y sobre los procedimientos establecidos para realizar entrevistas sobre este tema sensible, incluidos el establecimiento de la relación de confianza, la contención emocional final y las consideraciones éticas. El guion de entrevista se sometió a una prueba piloto con dos madres en duelo para evaluar la claridad, la comprensibilidad, la pertinencia, la secuencia y la fluidez de las preguntas. A partir de los comentarios de las participantes y de las observaciones del equipo investigador, se introdujeron pequeños ajustes para mejorar la formulación y el orden de varias preguntas, preservando la estructura general y los objetivos de la entrevista.

Las entrevistas las realizaron miembros del equipo investigador con formación específica y experiencia previa en entrevistas cualitativas. Se trataba de tres psicólogas y un psicólogo. Tras el reclutamiento, las entrevistas solían programarse en un plazo aproximado de dos semanas desde el contacto inicial, lo que dejaba tiempo suficiente para coordinar la disponibilidad de las personas participantes y de quienes entrevistaban, evitando a la vez demoras innecesarias entre la inscripción y la participación.

Se ofreció a las personas participantes la posibilidad de ser entrevistadas presencialmente o en línea. Todas optaron por entrevistas presenciales, que se realizaron en una sala privada de la universidad o en el domicilio de las personas participantes, según su preferencia. Dada la sensibilidad emocional del duelo parental, se consideró que realizar las entrevistas en persona era el enfoque más adecuado para fomentar la confianza, facilitar una comunicación abierta y crear un entorno de apoyo en el que las personas participantes se sintieran cómodas para hablar de sus experiencias.

Cada entrevista comenzaba con una conversación informal para establecer una relación de confianza antes de abordar la experiencia de duelo. A lo largo de la entrevista se animaba a las personas participantes a narrar sus experiencias con sus propias palabras, mientras que quienes entrevistaban utilizaban preguntas abiertas, de seguimiento y de profundización para aclarar significados, explorar las cuestiones emergentes y facilitar una reflexión más profunda cuando procedía. Al final de la entrevista se invitaba a las personas participantes a compartir cualquier pensamiento o preocupación pendiente y se les ofrecía un momento de contención emocional, para asegurar que terminaban la entrevista sintiéndose acompañadas.

El guion de entrevista semiestructurada ofrecía la flexibilidad suficiente para explorar las cuestiones que surgían de forma natural en la conversación, garantizando al mismo tiempo que todos los temas pertinentes para los objetivos del estudio se abordaran de manera coherente en todas las entrevistas. Este enfoque se consideró especialmente adecuado para explorar experiencias muy sensibles como el duelo parental, y en particular la experiencia de la culpa, que suele ser profundamente personal, emocionalmente compleja y difícil de revelar. La flexibilidad de la entrevista semiestructurada permitió a quienes entrevistaban responder con empatía a los relatos de las personas participantes manteniendo la coherencia metodológica (Hollway & Jefferson, 1997; O’Brien et al., 2014; Oplatka, 2018).

Las entrevistas duraron entre 25 y 43 min (M = 33.1 min). Todas las entrevistas se grabaron en audio con el consentimiento informado por escrito de las personas participantes.

Aunque el guion de entrevista incluía preguntas sobre la culpa, quienes entrevistaban no introducían este tema al principio. En primer lugar, invitaban a las personas participantes a describir cómo habían cambiado sus pensamientos y emociones con el tiempo tras la muerte de su hijo o hija («¿Cómo han cambiado sus pensamientos y sus emociones con el tiempo desde la muerte de su hijo o hija?»). Las personas encargadas de las entrevistas estaban formadas para explorar progresivamente los relatos mediante preguntas abiertas y de profundización, atendiendo a las reacciones emocionales, las creencias y los pensamientos autoevaluativos que pudieran reflejar experiencias de culpa, sin imponer esta interpretación. Cuando las personas participantes identificaban espontáneamente la culpa, se exploraban con mayor profundidad su significado, sus manifestaciones y su evolución en el tiempo. Cuando describían experiencias que parecían compatibles con la culpa pero sin utilizar explícitamente ese término, se introducía el concepto con cautela, como hipótesis (por ejemplo, preguntando si esas experiencias podían entenderse como sentimientos de culpa), lo que permitía a las personas participantes confirmar, rechazar o matizar esta interpretación. Solo si la culpa no había surgido en estas etapas anteriores se abordaba el tema directamente, mediante una formulación normalizadora y no enjuiciadora (por ejemplo: «Algunas madres y algunos padres que han vivido la muerte de un hijo o una hija han descrito sentimientos de culpa. ¿Fue también su experiencia?»). Esta estrategia de entrevista progresiva pretendía reducir al mínimo las actitudes defensivas, facilitar la revelación de una emoción muy personal y potencialmente difícil, y distinguir entre las experiencias de culpa surgidas espontáneamente y las reconocidas tras una exploración más explícita.

2.4. Procedimiento

Un miembro del equipo investigador se puso en contacto con las posibles personas participantes identificadas en el proceso de reclutamiento y las invitó a participar en el estudio. Algunas personas participantes conocían a miembros del equipo investigador por contactos profesionales o comunitarios previos, mientras que otras se reclutaron a través de grupos de apoyo y no tenían ninguna relación previa con quienes las entrevistaron.

Durante el contacto inicial se informó a las personas participantes de los objetivos del estudio, de los procedimientos que implicaba y de las garantías éticas previstas. También se les informó de que quienes realizaban las entrevistas eran profesionales de la psicología que investigaban sobre el duelo parental. La elegibilidad se evaluó según los criterios de inclusión y exclusión predefinidos. Quienes aceptaron participar recibieron una hoja informativa, tuvieron la oportunidad de hacer preguntas y dieron su consentimiento informado por escrito antes de la recogida de datos.

Las entrevistas se programaron en un momento y un lugar convenientes para ambas partes, según las preferencias de las personas participantes. Antes de comenzar la entrevista formal, se repasaba la información del estudio, se confirmaba la voluntad de continuar y se recordaba que la participación era voluntaria y que podían negarse a responder cualquier pregunta o retirarse del estudio en cualquier momento sin consecuencias.

Tras cada entrevista, las grabaciones de audio se almacenaron de forma segura y las transcribió literalmente el alumnado formado del grupo de investigación que prestaba apoyo técnico al estudio. Posteriormente, miembros del equipo investigador revisaron la exactitud de todas las transcripciones cotejándolas con las grabaciones originales, las anonimizaron eliminando la información identificativa y les asignaron un código de estudio único para garantizar la confidencialidad. Las transcripciones anonimizadas constituyeron el conjunto de datos utilizado para el análisis temático.

El estudio fue aprobado por el Comité de Ética de la Universidad Católica de Valencia (número de aprobación: UCV/2022–2023/024) y se realizó de acuerdo con los principios éticos de la Declaración de Helsinki.

2.5. Análisis de datos

Los datos se analizaron mediante análisis temático reflexivo (ATR), siguiendo el enfoque en seis fases propuesto por Braun y Clarke (2022). En consonancia con los objetivos exploratorios del estudio, el análisis fue principalmente inductivo: la codificación y el desarrollo de los temas se guiaron por una implicación estrecha con los relatos de las personas participantes y no por un marco teórico previo. De acuerdo con los principios del ATR, los temas no se entendieron como entidades inherentes a los datos a la espera de ser descubiertas, sino como construcciones interpretativas desarrolladas activamente por el equipo investigador mediante una implicación sostenida con los relatos de las personas participantes.

El análisis se situó en una orientación epistemológica pragmática. Desde esta perspectiva, los relatos de las personas participantes se trataron como representaciones significativas de sus experiencias, reconociendo al mismo tiempo que el acceso a esas experiencias está necesariamente mediado por el lenguaje, el contexto y la implicación interpretativa del equipo investigador. En consecuencia, el análisis pretendía desarrollar una comprensión aplicada de cómo se vive la culpa parental, cómo cambia con el tiempo y cómo puede llegar a integrarse en el proceso de duelo, y no identificar una única representación objetiva de la culpa. Las interpretaciones resultantes reflejan, por tanto, una interacción entre los relatos de las personas participantes, los objetivos del estudio y la implicación teórica y clínicamente informada del equipo investigador con los datos.

El proceso analítico comenzó con la lectura repetida de las transcripciones de las entrevistas para favorecer la familiarización con el conjunto de datos y una implicación sostenida con los patrones de significado pertinentes para la pregunta de investigación. Se generaron códigos iniciales en todo el conjunto de datos, que se organizaron con Microsoft Excel. La codificación siguió siendo iterativa y flexible a lo largo de todo el análisis: los códigos se revisaban, modificaban, combinaban o diferenciaban a medida que avanzaba la comprensión de los datos. Más que funcionar como un marco de codificación fijo, el archivo de Excel sirvió como herramienta organizativa al servicio de este proceso interpretativo en evolución. A continuación, los códigos y los extractos asociados se examinaron en busca de patrones más amplios de significado compartido, a partir de los cuales se desarrollaron activamente los temas candidatos. Los temas se revisaron y depuraron de forma iterativa en relación con los extractos codificados, el conjunto de datos en su totalidad y los objetivos del estudio, prestando especial atención al concepto organizador central de cada tema y a las relaciones entre los temas. Durante el análisis se prestó atención a la variación contextual de los relatos de las personas participantes; sin embargo, el objetivo no era realizar comparaciones formales entre subgrupos ni atribuir manifestaciones concretas de la culpa a contextos de duelo específicos.

Los temas resultantes no se conceptualizaron como categorías independientes o equivalentes, sino como dimensiones distintas e interconectadas de los relatos de culpa de las personas participantes. Durante la fase interpretativa se examinaron las relaciones entre estas dimensiones para desarrollar un modelo conceptual de orden superior que vinculara las circunstancias de la muerte, las manifestaciones de la culpa, los cambios percibidos en la relación de las personas participantes con la culpa a lo largo del tiempo y los recursos y procesos asociados a su integración. Por tanto, el modelo conceptual no se trató como una entidad que emergiera directamente de los datos ni como el producto de un procedimiento analítico adicional; representa más bien una síntesis interpretativa construida a partir de la implicación del equipo investigador con los relatos de las personas participantes y de las relaciones establecidas entre los temas.

A lo largo del análisis se celebraron reuniones analíticas periódicas. Estas reuniones ofrecieron a los miembros del equipo investigador la ocasión de discutir las interpretaciones en curso, considerar lecturas alternativas de los datos, cuestionar supuestos y seguir depurando la estructura temática y el modelo conceptual. En consonancia con un enfoque reflexivo, las diferencias de interpretación no se trataron como discrepancias de codificación que hubiera que resolver o consensuar, sino que se utilizaron como recursos para el diálogo reflexivo y para una implicación más profunda con los datos.

La reflexividad se mantuvo a lo largo de todo el proceso analítico. El equipo investigador estaba formado por profesionales de la psicología y personal docente universitario con conocimientos complementarios en duelo, psicología de la salud, regulación emocional, psicología positiva, psicología social y metodología cualitativa. Estas perspectivas disciplinares y profesionales orientaron la implicación del equipo con los datos y se entendieron como recursos para la interpretación, no como fuentes de sesgo externas al proceso analítico. Al mismo tiempo, el equipo se mantuvo reflexivamente atento a cómo la experiencia clínica e investigadora previa podía moldear las preguntas planteadas a los datos y las interpretaciones desarrolladas.

Para favorecer la transparencia y permitir a quienes leen evaluar la relación entre los relatos de las personas participantes y las interpretaciones desarrolladas, los resultados se ilustran con citas literales seleccionadas para representar la amplitud y la diversidad de las experiencias de las personas participantes. La comunicación de este estudio siguió los Consolidated Criteria for Reporting Qualitative Research (COREQ; Tong et al., 2007), y la lista de verificación cumplimentada figura en el archivo de material complementario S1.

3. Resultados

El análisis temático generó cuatro dimensiones interconectadas de la culpa parental. Más que temas independientes situados en un mismo nivel analítico, estos resultados recogen aspectos complementarios de los relatos de madres y padres: las condiciones contextuales que moldean la culpa, sus distintas manifestaciones, los relatos retrospectivos de las personas participantes sobre los cambios en su relación con la culpa y los recursos y procesos que asociaban a su integración.

3.1. Tema 1. El peso de la culpa: la importancia de la causa de la muerte

La culpa surgió como una de las respuestas emocionales más generalizadas tras la muerte de un hijo o una hija. Sin embargo, los relatos de las personas participantes revelaron que su intensidad y su significado variaban según las circunstancias de la muerte. Aunque la mayoría de las madres y los padres se cuestionaban en alguna medida, quienes habían perdido a su hijo o hija de forma súbita y en circunstancias percibidas como potencialmente evitables describían la culpa como inmediata y abrumadora. En cambio, quienes habían perdido a su hijo o hija tras una enfermedad prolongada también sentían culpa, pero esta emoción se asociaba con más frecuencia a las decisiones relativas a los cuidados, a la impotencia y al reconocimiento de que la enfermedad había avanzado más allá de su control. Estas observaciones se presentan como variaciones contextuales dentro de los relatos individuales y no como comparaciones formales entre grupos de duelo.

En las madres y los padres que vivieron pérdidas súbitas e inesperadas, la culpa se caracterizaba por un pensamiento contrafactual persistente. Las personas participantes volvían una y otra vez sobre los acontecimientos que precedieron a la muerte, reconstruyendo mentalmente acciones alternativas que podrían haber cambiado el desenlace. Una madre cuya hija murió por una cardiopatía reflejaba esta búsqueda constante de explicaciones alternativas:

«Siempre está esa sensación de “¿Y si…?”. ¿Y si hubiera hecho algo más? ¿Y si hubiéramos llamado antes al médico?».

(P12)

Del mismo modo, una madre cuya hija murió en un accidente de tráfico describía una tendencia casi obsesiva a reconstruir mentalmente lo sucedido, volviendo una y otra vez a decisiones que, según creía, podrían haber evitado la tragedia:

«Si no la hubiera dejado ir… si me la hubiera traído conmigo… mil pensamientos distintos. Sé que nada de eso cambia ya nada, pero el sentimiento de culpa sigue ahí».

(P26)

En cambio, las madres y los padres cuyos hijos e hijas murieron tras una enfermedad prolongada también sentían culpa, pero esta emoción se expresaba en general de otra manera. En lugar de atribuirse una responsabilidad directa en la muerte, se preguntaban si habían hecho lo suficiente para proteger, consolar o cuidar adecuadamente a su hijo o hija a lo largo de la enfermedad. Sus relatos reflejaban una búsqueda constante de posibles omisiones u oportunidades perdidas, pese a reconocer que la enfermedad era inevitable. Como decía una madre:

«Claro que me sentí culpable. Como padres, queremos proteger a nuestros hijos de todo. Hasta llegué a preguntarme si algo de nuestra casa había causado su enfermedad… Lo cuestionaba todo».

(P19)

No obstante, la culpa no era universal. Un pequeño número de madres y padres distinguía claramente entre el dolor asociado a la pérdida de un hijo o una hija y la responsabilidad personal en la muerte misma. Estas personas reconocían haber reflexionado sobre sus actos, pero acababan rechazando la autoinculpación y subrayaban que las circunstancias habían escapado a su control. Como explicaba una madre:

«Sinceramente, no me siento culpable. No podría haber evitado el accidente. Le di todo lo que pude a lo largo de su vida y, en ese sentido, estoy en paz».

(P13)

En conjunto, los resultados sugieren que, aunque la culpa era un rasgo común del duelo parental, su expresión dependía no solo de su intensidad, sino también de cómo interpretaban madres y padres las circunstancias de la muerte. Más que una respuesta emocional uniforme, la culpa adoptaba formas cualitativamente distintas según la causa de la muerte. Estas manifestaciones diferenciadas se exploran en el tema siguiente.

3.2. Tema 2. Distintas manifestaciones de la culpa: una experiencia multidimensional

Aunque las personas participantes se referían a menudo a la culpa como una única respuesta emocional, un examen más detenido de sus relatos reveló múltiples focos de autoinculpación interconectados. No se trataba de categorías mutuamente excluyentes; al contrario, distintas manifestaciones podían coexistir en un mismo relato y reflejar diferentes aspectos de cómo madres y padres interpretaban la responsabilidad tras la muerte de su hijo o hija. Se identificaron cinco manifestaciones recurrentes: la culpa de protección, la culpa de los cuidados, la culpa contrafactual, la culpa del superviviente y la culpa de identidad parental.

Estas manifestaciones no eran mutuamente excluyentes, sino que reflejaban distintos focos de la culpa en los relatos de madres y padres. La culpa de protección se centraba en la percepción de no haber sabido mantener a salvo al hijo o la hija; la culpa de los cuidados, en la percepción de no haberle cuidado adecuadamente o de no haber aliviado su sufrimiento; la culpa contrafactual implicaba pensamientos repetitivos sobre acciones o desenlaces alternativos; la culpa del superviviente se refería a seguir con vida o a experimentar emociones positivas tras la muerte; y la culpa de identidad parental implicaba evaluaciones más amplias de la propia idoneidad como madre o padre. Así, un mismo relato podía contener más de una manifestación: una misma experiencia podía implicar, por ejemplo, la percepción de no haber protegido, expresada mediante pensamientos contrafactuales repetidos e interpretada después como prueba de no haber sido una buena madre o un buen padre.

3.2.1. Culpa de protección

La culpa de protección se centraba en la percepción de no haber sabido mantener a salvo al hijo o la hija. Era especialmente evidente tras muertes súbitas e inesperadas, cuando madres y padres se centraban en acciones u omisiones concretas que, en retrospectiva, creían que podrían haber evitado la pérdida. No cuestionaban su amor por su hijo o hija, sino si habían cumplido su responsabilidad fundamental de protegerle. Un padre cuya hija murió ahogada describía esta experiencia:

«Sentí una culpa abrumadora. No la vi, no la oí, aunque estaba justo a su lado… Al principio era insoportable… Todavía me siento culpable. No he conseguido librarme de ello del todo».

(P17)

En el conjunto de las personas participantes, esta percepción de no haber protegido reflejaba la ruptura de uno de los aspectos más fundamentales de la identidad parental. Madres y padres describían a menudo la convicción duradera de que, de algún modo, deberían haber sido capaces de mantener a salvo a su hijo o hija, y se centraban en acciones u omisiones concretas que, en retrospectiva, quedaban asociadas a una responsabilidad personal. Como explicaba una madre:

«Me sentí culpable por no haberle prestado suficiente atención ni haberla vigilado con más cuidado. De hecho, la intoxicación que sufrió la causó algo que le había comprado yo».

(P14)

3.2.2. Culpa de los cuidados

En cambio, la culpa de los cuidados no se centraba en la muerte en sí, sino en los cuidados prestados antes de la muerte, sobre todo en madres y padres cuyos hijos e hijas murieron tras una enfermedad prolongada. Más que preguntarse si podrían haber evitado la muerte, se preguntaban si habían tomado las decisiones médicas correctas, si habían reconocido los síntomas a tiempo, si habían aliviado el sufrimiento de su hijo o hija o si habían hecho todo lo posible por cuidarle y acompañarle a lo largo de la enfermedad. Esta forma de culpa se caracterizaba por sentimientos de impotencia ante el sufrimiento, incluso cuando reconocían que el curso de la enfermedad había escapado a su control. Como explicaba una madre:

«En ese sentido me siento en paz, porque sé que no había nada más que pudiéramos hacer para salvarla. Pero a veces sí me sentía culpable, porque cuando le costaba respirar y la veía sufrir, no podía hacer nada. Me sentía impotente, como si no estuviera protegiendo a mi hija».

(P12)

Para algunas madres y algunos padres, la culpa se extendía también a la comunicación con su hijo o hija en las últimas fases de la enfermedad, en particular a la preocupación por si habían dicho o hecho lo suficiente para tranquilizarle y darle apoyo emocional. Una madre describía cómo hablaba sin cesar a su hijo en sus últimos momentos, queriendo asegurarse de que supiera que su familia estaba presente:

«No paraba de hablarle porque quería que supiera que estábamos todos allí con él, que no le habíamos abandonado ni un solo minuto. No dejaba de pensar en el terrible remordimiento que habría sentido si me hubiera ido y mi hijo hubiera muerto sin mí».

(P10)

3.2.3. Culpa contrafactual

Varias madres y varios padres describieron una preocupación duradera por lo que deberían haber hecho de otra manera. En este estudio, la culpa contrafactual designaba la culpa expresada mediante un pensamiento contrafactual repetitivo, en particular pensamientos sobre acciones o desenlaces alternativos que podrían haber cambiado el curso de los acontecimientos. A diferencia de la culpa de protección, centrada en la percepción de no haber protegido al hijo o la hija, esta manifestación giraba en torno a interminables alternativas hipotéticas que solo surgían en retrospectiva. Las personas participantes describían una y otra vez cómo quedaban atrapadas en el pensamiento del «¿y si…?», repasando mentalmente decisiones pasadas y momentos cotidianos, aun reconociendo que estas reflexiones ya no podían cambiar el desenlace. Como reflexionaba una persona participante:

«No dejaba de pensar: “¿Y si no me hubiera ido? ¿Y si me hubiera quedado? Debería haber hecho esto… debería haber dicho aquello…”. Con la terapia me di cuenta de que no podría haber hecho más, pero al principio esos pensamientos eran constantes».

(P09)

Del mismo modo, otra madre describía cómo reconstruía una y otra vez decisiones aparentemente insignificantes, preguntándose si alguna de ellas podría haber contribuido de algún modo a la muerte de su hijo:

«Durante más de dos años no dejé de preguntarme si llevarle al dermatólogo había contribuido de alguna manera a lo que pasó. No podía dejar de pensar que, si no hubiera insistido en ese tratamiento, quizá nada de esto habría ocurrido».

(P05)

Otras personas participantes resumían este patrón de pensamiento de forma más general y describían cómo su mente se llenaba de interminables escenarios alternativos, aun sabiendo que nada podía cambiar el pasado:

«“¿Y si hubiéramos ido a otro sitio? ¿Y si hubiéramos cambiado de planes?”. Pensar en el pasado solo te destruye, porque nada va a cambiar lo que ya ha pasado».

(P02)

3.2.4. Culpa del superviviente

Para varias madres y varios padres, la culpa no tenía relación con la responsabilidad en la muerte misma, sino que nacía de seguir con vida mientras su hijo o hija había muerto. Las personas participantes describían sentirse culpables por vivir momentos de felicidad, por celebrar cumpleaños, por disfrutar de una comida o simplemente por seguir adelante con la vida cotidiana. El mero hecho de vivir se volvía emocionalmente conflictivo. Una madre explicaba:

«La primera culpa es estar vivo cuando tu hijo no lo está. Ni siquiera quería celebrar mi cumpleaños, porque mi hija ya no podía celebrar el suyo. Me sentía culpable por vivir».

(P25)

Del mismo modo, otra madre describía cómo se sentía culpable tras realizar actividades cotidianas de las que su hija ya no podía disfrutar:

«¿Cómo iba a salir a cenar? ¿Cómo iba a cortarme el pelo? ¿Cómo iba a comer algo que a mi hija le encantaba? Nadie ve la culpa que sientes después».

(P26)

3.2.5. Culpa de identidad parental

La culpa de identidad parental se diferenciaba de las demás manifestaciones en que el foco de la evaluación iba más allá de las circunstancias de la muerte y abarcaba el sentimiento más amplio de haber estado a la altura como madre o como padre. En lugar de centrarse exclusivamente en si habían causado la muerte o no habían sabido evitarla, algunas madres y algunos padres se preguntaban si habían sido lo bastante buenos con su hijo o hija a lo largo de toda su vida. No obstante, esta forma de culpa podía solaparse con la culpa de protección o con la de los cuidados cuando determinados fallos percibidos se interpretaban como prueba de no haber sido una buena madre o un buen padre. Como decía una madre:

«Mi verdadera culpa es preguntarme si fui una madre lo bastante buena… ¿Lo hice bien? Esa es la pregunta que me queda».

(P01)

Por el contrario, algunas personas participantes rechazaban explícitamente la culpa porque creían haber cumplido su rol parental lo mejor que habían podido:

«Sinceramente, no siento ninguna culpa. No había nada que yo pudiera hacer para evitar el accidente. Ya era una mujer de 26 años con su propia vida. Trabajaba, viajaba y tomaba sus propias decisiones. Evidentemente, no podía atarla a una silla para que estuviera a salvo».

(P13)

«No me siento culpable porque le di a mi hijo todo lo que pude desde el principio».

(P10)

En conjunto, estos resultados indican que la culpa parental no puede entenderse como una experiencia emocional única. La culpa surgió más bien como un proceso multidimensional, cuyas distintas manifestaciones reflejaban los intentos de madres y padres por dar sentido a la muerte de su hijo o hija y por conciliar las responsabilidades, las expectativas y las identidades duraderas asociadas a la parentalidad.

3.3. Tema 3. Cambios en la experiencia de la culpa: los relatos retrospectivos de las personas participantes

Las personas participantes describieron retrospectivamente su relación con la culpa como algo que cambiaba a lo largo del duelo, y no como algo estático. Aunque los relatos variaban en su cronología y su intensidad, muchas madres y muchos padres recordaban un primer periodo en el que la culpa se vivía como especialmente omnipresente y emocionalmente abrumadora, seguido de un desplazamiento gradual hacia un mayor cuestionamiento, una mayor contextualización y una mayor integración. Es importante señalar que estos relatos representan percepciones retrospectivas del cambio por parte de las personas participantes y no una trayectoria evolutiva observada longitudinalmente. En las primeras etapas del duelo, la culpa se describía como omnipresente y abrumadora: dominaba los pensamientos y dejaba poco espacio para otras emociones. Las personas participantes recordaban haber quedado atrapadas en pensamientos repetitivos de autoinculpación, reconstruyendo mentalmente las circunstancias de la muerte y preguntándose una y otra vez qué podrían haber hecho de otra manera. Como explicaba un padre:

«Al principio era insoportable… la culpa era abrumadora. No podía dejar de pensar en lo que debería haber hecho de otra manera».

(P17)

En sus relatos retrospectivos, muchas madres y muchos padres describían una reducción gradual de la intensidad de estos pensamientos intrusivos. Es importante señalar que estos relatos no sugerían que la culpa desapareciera necesariamente. Las personas participantes recordaban más bien que se volvía menos constante y menos absorbente emocionalmente. Algunas explicaban que seguían teniendo momentos de autoinculpación, pero que estos episodios se volvían cada vez más situacionales, desencadenados a menudo por aniversarios, acontecimientos familiares o situaciones cotidianas que les recordaban a su hijo o hija. El mismo participante reflexionaba más adelante sobre esta transformación gradual:

«Todavía me siento culpable. No creo que desaparezca nunca del todo. Pero ahora ya no controla todo mi día como antes».

(P17)

Varias madres y varios padres describieron también una discrepancia creciente entre lo que entendían racionalmente y lo que seguían viviendo emocionalmente. Aunque reconocían que no eran objetivamente responsables de la muerte, la culpa emocional persistía a menudo con independencia de esa comprensión cognitiva. Una madre ilustraba esta tensión:

«Sé que no podría haber evitado el accidente… racionalmente lo sé. Pero emocionalmente, la culpa vuelve».

(P26)

Para algunas personas participantes, este proceso culminaba en una integración gradual de la culpa en su vínculo continuo con su hijo o hija. En lugar de intentar eliminar la culpa, describían aceptar su presencia sin dejar que definiera su identidad ni su funcionamiento cotidiano. En este sentido, la adaptación no se caracterizaba por la ausencia de culpa, sino por una transformación de su significado y de su influencia. Como expresaba una persona participante:

«Te sigues culpando hasta que al final te das cuenta de que no fue culpa tuya. No puedes avanzar hasta que sueltas esa culpa. Todos nos sentimos culpables, pero la culpa no sirve para nada. Solo te hace daño. Es una manera de distraerte del dolor, de poner la atención en otra cosa».

(P14)

En conjunto, los relatos de las personas participantes sugieren que la culpa parental sigue un proceso de transformación más que de simple resolución. En lugar de desaparecer con el tiempo, la culpa fue cambiando gradualmente de papel en la vida de madres y padres. Vivida inicialmente como una emoción abrumadora y omnipresente, pasó progresivamente a ser cuestionada mediante la reevaluación cognitiva, sin dejar de estar emocionalmente presente, hasta evolucionar finalmente hacia una experiencia más integrada que ya no dominaba el funcionamiento cotidiano. En conjunto, estos relatos retrospectivos sugieren una transformación percibida del papel y de la vivencia de la culpa, aunque el momento y la forma de este cambio variaban según las personas participantes. Esta interpretación se resume en la figura 1.

Modelo conceptual emergente que ilustra los relatos retrospectivos de las personas participantes sobre los cambios en la culpa parental tras la muerte de un hijo o una hija.
Figura 1. Modelo conceptual emergente que ilustra los relatos retrospectivos de las personas participantes sobre los cambios en la culpa parental tras la muerte de un hijo o una hija.

3.4. Tema 4. Recursos y procesos asociados a la integración de la culpa

Las personas participantes no describieron un único acontecimiento o una única intervención que hubiera resuelto sus sentimientos de culpa. Describieron más bien, retrospectivamente, una adaptación que implicaba múltiples recursos interpersonales, cognitivos y emocionales que habían vivido como útiles para convivir con la culpa y reinterpretarla. Más que de la eliminación de la culpa, las personas participantes hablaban de desarrollar maneras de reinterpretar la autoinculpación, de reconocer los límites de su responsabilidad y de relacionarse consigo mismas con mayor compasión. De las entrevistas surgieron cuatro recursos y procesos interconectados: compartir la carga con otras personas, reconstruir el significado, recibir apoyo profesional y cultivar la autocompasión y la aceptación.

3.4.1. Compartir la carga con otras personas

Para algunas personas participantes, compartir sus experiencias con otras personas se describió retrospectivamente como una fuente importante de alivio y de comprensión. Los grupos de apoyo, en particular Renacer, una red de apoyo mutuo para madres y padres en duelo, ofrecían un espacio único en el que encontraban comprensión sin necesidad de justificar ni explicar sus emociones. Compartir experiencias con otras personas que habían sufrido una pérdida similar se describía como algo que ayudaba a normalizar los sentimientos de culpa y a reducir la sensación de aislamiento que muchas habían vivido. Una persona participante explicaba:

«Cuando descubrí Renacer, me di cuenta de que ahí era donde tenía que estar. No tenía un marido con quien pudiera hablar de la misma manera, y no quería cargar a mis hijos con ese peso. Allí todo el mundo entendía sin que yo tuviera que explicar nada».

(P25)

Más que eliminar la culpa, estas experiencias compartidas ayudaron a madres y padres a situar sus emociones en un contexto más amplio, lo que les permitió reconocer que la autoinculpación era una respuesta común tras la muerte de un hijo o una hija y no la prueba de un fracaso personal.

3.4.2. Reconstruir el significado

Un segundo proceso que las personas participantes asociaban retrospectivamente a la convivencia con la culpa consistía en reconstruir el significado de la pérdida. Con el paso del tiempo, muchas madres y muchos padres describían cómo dejaban de preguntarse una y otra vez «¿Por qué ha pasado esto?» para preguntarse «¿Cómo puedo seguir viviendo honrando la memoria de mi hijo?». Este cambio no borraba la culpa, pero alteraba profundamente su significado, permitiendo integrar la pérdida en la propia historia de vida en lugar de quedar atrapados en un pensamiento contrafactual interminable.

Para algunas madres y algunos padres, esta reconstrucción implicaba desarrollar una nueva comprensión personal o espiritual de la pérdida, que les permitía interpretar la experiencia dentro de un marco de significado más amplio. Como explicaba una madre:

«Le he dado un sentido espiritual. Creo que tenía que pasar así… Me ha hecho ver de otra manera cosas que nunca antes había visto».

(P21)

Para otras personas, la reconstrucción del significado surgió a través de la aceptación gradual de que el pasado no podía cambiarse. En lugar de seguir buscando explicaciones imposibles o desenlaces alternativos, reorientaron su energía emocional hacia la preservación de la memoria de su hijo o hija, el mantenimiento de un vínculo duradero y la reconstrucción de su propia vida. Como reflexionaba una madre:

«No tiene sentido quedarse en bucle con algo que no puedes cambiar. Ese momento ya pasó, y nada de lo que digas o pienses lo va a cambiar. No tenemos una máquina del tiempo. Tenemos que aprender a vivir con eso. En cambio, intentamos mantener vivos su recuerdo y su vida, porque creemos que sigue con nosotros».

(P02)

De este modo, la culpa pasó gradualmente a ser un aspecto del duelo y no su rasgo definitorio.

3.4.3. Recibir apoyo profesional

Varias personas participantes describieron retrospectivamente el apoyo psicológico profesional como útil para reconsiderar sus sentimientos de culpa y desarrollar una interpretación más compasiva de sus experiencias. No presentaban la terapia como una manera de hacer desaparecer la culpa, sino como un entorno seguro en el que las emociones difíciles podían expresarse abiertamente y vivirse sin juicio. Como reflexionaba una persona participante:

«Me gustó poder hablar abiertamente. Llorar cuando lo necesitaba, sentirme comprendida por esa persona y recibir ayuda».

(P21)

Sin embargo, las experiencias de terapia no fueron positivas en todos los casos. Algunas madres y algunos padres explicaron que el apoyo profesional solo les resultó útil cuando el personal clínico reconocía la singularidad del duelo parental y evitaba ofrecer consuelos prematuros o explicaciones simplistas. Estos relatos sugieren que las intervenciones no deberían centrarse en eliminar la culpa, sino en ayudar a madres y padres a comprenderla, contextualizarla e integrarla de forma gradual.

3.4.4. Cultivar la autocompasión y la aceptación

Algunas personas participantes describieron el desarrollo de una mayor autocompasión y aceptación como una parte importante del aprendizaje de la convivencia con la culpa. En lugar de seguir juzgándose según expectativas irreales de responsabilidad parental, describían cómo iban reconociendo poco a poco que habían actuado con los conocimientos, los recursos y las circunstancias de que disponían en aquel momento. Las personas participantes percibían este paso de la autocrítica a una mayor comprensión de sí mismas como un aspecto importante de la adaptación a la pérdida. Una persona participante explicaba:

«La aceptación es la clave. Te das cuenta de que culparte no ayuda a tu hijo y solo prolonga tu propio sufrimiento».

(P20)

En el conjunto de las entrevistas, la aceptación no se describía como olvidar al hijo o la hija ni como liberarse de la culpa. Madres y padres la presentaban más bien como aprender a coexistir con la culpa sin dejar que definiera su identidad ni dominara la vida cotidiana. En este sentido, la adaptación no se caracterizaba por la desaparición de la culpa, sino por una transformación de la relación que mantenían con ella.

En conjunto, los relatos de las personas participantes sugieren que adaptarse a la culpa parental consiste menos en eliminar la autoinculpación que en transformar la manera de vivirla. Los resultados indican que la causa de la muerte influye no solo en el peso emocional de la culpa, sino también en las formas que adopta, en su evolución en el tiempo y en los procesos que facilitan su integración. Juntos, estos resultados interconectados dan lugar a un modelo conceptual emergente de la culpa parental tras la muerte de un hijo o una hija, resumido en la figura 2. El modelo ofrece una síntesis interpretativa de las relaciones identificadas en los relatos de las personas participantes. Las circunstancias de la muerte moldeaban la manera en que se vivía e interpretaba la culpa, mientras que la culpa abarcaba varias manifestaciones interconectadas y potencialmente solapadas. Las personas participantes describieron también, retrospectivamente, cambios en su relación con la culpa e identificaron varios procesos interpersonales, cognitivos y terapéuticos que asociaban a una mayor integración.

Modelo conceptual interpretativo de la culpa parental tras la muerte de un hijo o una hija. Nota. Este modelo representa una síntesis interpretativa de los relatos de las personas participantes.
Figura 2. Modelo conceptual interpretativo de la culpa parental tras la muerte de un hijo o una hija. Nota. Este modelo representa una síntesis interpretativa de los relatos de las personas participantes. Las manifestaciones de la culpa identificadas pueden solaparse y coexistir. Los cambios en la relación con la culpa reflejan los relatos retrospectivos de las personas participantes y no una trayectoria establecida longitudinalmente. Los recursos y procesos que las personas participantes consideraron útiles no deben interpretarse como vías causales.

4. Discusión

El presente estudio tenía como objetivo explorar de forma cualitativa las experiencias de culpa de madres y padres tras la muerte de un hijo o una hija. Los resultados indican que la culpa no constituye una respuesta emocional uniforme, sino un fenómeno multidimensional moldeado por el contexto de la pérdida, que las personas participantes percibieron retrospectivamente como cambiante a lo largo del duelo. El valor del presente análisis no reside en proponer cuatro categorías discretas y equivalentes, sino en mostrar cómo se interconectan las distintas dimensiones de la culpa parental en los relatos de madres y padres. El modelo conceptual emergente debe entenderse, por tanto, como una síntesis interpretativa de los resultados temáticos y no como un modelo evolutivo, causal o generalizable a distintos grupos de duelo.

La mayoría de las personas participantes refirieron haber sentido culpa, aunque su intensidad y su expresión variaban según la causa de la muerte. En cambio, algunas madres y algunos padres describieron un duelo profundo sin sentimientos de culpa. Estos resultados concuerdan con investigaciones previas que muestran que la culpa es un componente destacado del duelo parental, aunque su intensidad difiere considerablemente según las circunstancias de la muerte (Albuquerque et al., 2025; Camacho et al., 2020).

Las madres y los padres cuyos hijos e hijas murieron de forma súbita e inesperada, en circunstancias percibidas como potencialmente evitables, describieron un sentimiento de culpa inmediato y abrumador. Este resultado concuerda con la evidencia que identifica la culpa como una de las respuestas emocionales más prevalentes y duraderas tras una pérdida súbita o violenta (Bell et al., 2012; Tal et al., 2017). Sus relatos se caracterizaban por un pensamiento contrafactual persistente, un patrón coherente con las investigaciones que identifican el carácter súbito de la muerte como un factor de riesgo específico para el desarrollo de una culpa intensa (Camacho et al., 2018). También concuerda con estudios que sugieren que la culpa se asocia a la rumiación, expresada mediante el pensamiento contrafactual, como estrategia de regulación emocional (Boelen et al., 2006; Van der Houwen et al., 2010). La muerte súbita de un hijo o una hija por causas accidentales, violentas o inesperadas por otros motivos se ha asociado a niveles de culpa más altos que otros tipos de pérdida (Duncan & Cacciatore, 2015), así como a tasas más elevadas de duelo complicado, y parte de este riesgo aumentado parece atribuible a la culpa, la autoinculpación o la vergüenza (Champion & Kilcullen, 2025).

Otra aportación importante del presente estudio es la identificación de cinco manifestaciones interconectadas de la culpa (culpa de protección, culpa de los cuidados, culpa contrafactual, culpa del superviviente y culpa de identidad parental). Estas manifestaciones no son mutuamente excluyentes y pueden solaparse y coexistir en el relato de una misma madre o un mismo padre, en particular la culpa de protección, la contrafactual y la de identidad parental; por ello, se entienden mejor como focos de culpa interconectados que como categorías diagnósticas discretas. Este resultado respalda investigaciones previas que han señalado la ambigüedad conceptual de tratar la culpa como un constructo emocional unitario en la literatura sobre el duelo (Li et al., 2014). Más allá de confirmar el carácter multidimensional de la culpa, los presentes resultados muestran que estas dimensiones también son evidentes en el contexto específico del duelo parental. Esta conceptualización multidimensional se ve respaldada además por la taxonomía de subtipos de culpa identificada recientemente en un análisis temático de entrevistas con personas adultas en duelo por suicidio, que distinguía la culpa por omisión, la culpa por comisión y la culpa relacionada con la supervivencia (Anet et al., 2026). La convergencia de categorías estructuralmente similares pese a las diferencias de muestras, países y causas de muerte sugiere que estas dimensiones no son específicas de una cultura, sino que podrían reflejar procesos psicológicos relativamente generalizables que subyacen al duelo traumático. No obstante, se necesita más investigación con muestras culturalmente diversas y diseños comparativos para establecer con mayor solidez en qué medida estos procesos pueden generalizarse a distintos contextos socioculturales y tipos de pérdida.

La culpa de protección surgió como la forma de culpa referida con mayor frecuencia y era especialmente evidente en madres y padres cuyos hijos e hijas habían muerto de forma súbita e inesperada, en consonancia con estudios previos (Duncan & Cacciatore, 2015; Lee et al., 2024; Shalev et al., 2023). En el duelo parental, esta forma de culpa parece relacionarse principalmente con la responsabilidad percibida, con creencias retrospectivas sobre el control y con normas morales que moldean la identidad parental, más que con una responsabilidad causal objetiva (Duncan & Cacciatore, 2015; Lee et al., 2024).

En cambio, las madres y los padres cuyos hijos e hijas murieron tras una enfermedad prolongada describieron una forma de culpa menos centrada en la evitabilidad del desenlace y más estrechamente relacionada con el cuestionamiento de la idoneidad de los cuidados y la protección que habían proporcionado. Este patrón concuerda con investigaciones previas (Lichtenthal et al., 2020; Yi et al., 2023) y se ha asociado a un mayor malestar psicológico; a la rumiación; al arrepentimiento; y, en algunas madres y algunos padres, a un duelo prolongado o complicado (Lichtenthal et al., 2020; Serjouie et al., 2025; Zetumer et al., 2015).

La culpa de los cuidados se caracterizaba principalmente por dudas persistentes sobre no haber hecho lo suficiente o no haber estado a la altura en el ejercicio del propio rol parental (Gallego-Alberto et al., 2020; Lichtenthal et al., 2020; Mohamed Hussin & Mohd Sabri, 2023; Zetumer et al., 2015). Esta forma de culpa parece derivar de normas parentales de cuidado muy exigentes, de conflictos entre roles que compiten entre sí y de evaluaciones negativas del propio desempeño como cuidador o cuidadora (Gonyea et al., 2008; Mohamed Hussin & Mohd Sabri, 2023).

En cambio, las madres y los padres cuyos hijos e hijas murieron de forma súbita describieron una forma de culpa cualitativamente distinta. Sus relatos revelaban un marcado patrón de pensamiento contrafactual, coherente con la conceptualización propuesta por Eisma et al. (2014), que identificaron el pensamiento contrafactual como una de las cinco dimensiones centrales de la rumiación relacionada con el duelo, junto con la rumiación sobre el significado, las relaciones, la injusticia y las reacciones emocionales. Este patrón cognitivo repetitivo puede contribuir al mantenimiento del malestar psicológico al funcionar como una estrategia de evitación a corto plazo. En lugar de aceptar la realidad de la pérdida, madres y padres en duelo se centran una y otra vez en sus causas, sus consecuencias y escenarios alternativos hipotéticos, evitando así la dolorosa realidad de la muerte y el sufrimiento emocional más profundo asociado a ella. Aunque este patrón puede aliviar temporalmente el malestar emocional, los relatos de las personas participantes sugieren que también puede asociarse a la persistencia del malestar en el tiempo (Camacho et al., 2018). Este patrón puede ayudar a contextualizar por qué las personas participantes describían la culpa contrafactual como especialmente intrusiva y difícil de regular en las primeras etapas del duelo.

Los presentes resultados aportan también una comprensión más matizada del pensamiento contrafactual en el duelo parental. Neimeyer et al. (2019) conceptualizaron el pensamiento del tipo «si al menos» como una forma de cognición contrafactual que puede volverse repetitiva e interferir en la reconstrucción del significado tras el duelo, e identificaron como posibles focos a uno mismo, a la persona fallecida, a otras personas relevantes y a las circunstancias de la muerte. En el presente estudio, el pensamiento contrafactual estaba especialmente ligado a la responsabilidad parental percibida. Madres y padres imaginaban una y otra vez acciones alternativas con las que podrían haber evitado la muerte, reducido el sufrimiento de su hijo o hija o actuado de otra manera. Es importante señalar que estos resultados sugieren que el pensamiento contrafactual no debe entenderse necesariamente como una forma discreta de culpa independiente de las demás manifestaciones. Puede funcionar más bien como un proceso cognitivo a través del cual se expresan y se mantienen la culpa de protección, la de los cuidados o la de identidad parental.

Esta distinción sugiere también que la rumiación asociada a la culpa de los cuidados difiere cualitativamente de la que subyace a la culpa contrafactual. En la culpa de los cuidados, los pensamientos repetitivos no se centraban en construir escenarios alternativos en los que la muerte podría haberse evitado, sino en evaluar el propio desempeño en los cuidados, un patrón que se asemeja más a la dimensión «relaciones» de la rumiación relacionada con el duelo descrita por Eisma et al. (2014). Aunque ambas formas de rumiación se han asociado al duelo complicado, el pensamiento contrafactual parece mostrar una relación considerablemente más fuerte con una evolución desfavorable del duelo.

Otra manifestación de la culpa identificada en el presente estudio fue la culpa del superviviente. Esta forma de culpa se caracteriza por sentimientos de malestar relacionados con seguir con vida tras la muerte del hijo o la hija, o por percibir la propia supervivencia como injusta o inmerecida (Bistas & Grewal, 2023; Murray et al., 2021), un patrón que se reflejaba en los relatos de varias personas participantes.

A diferencia de la culpa contrafactual, que suele vincularse a una acción u omisión concreta, la culpa del superviviente implica a menudo una evaluación más amplia y difusa del propio derecho a seguir viviendo o a disfrutar. Desde el punto de vista fenomenológico, este patrón parece estar más relacionado con la vergüenza que con la culpa, según la distinción clásica entre ambas emociones. Mientras que la culpa implica la evaluación de una conducta concreta, la vergüenza refleja una desvalorización global del yo (Singh & Bhushan, 2025). Estos resultados sugieren que la investigación futura sobre la culpa del superviviente en el duelo parental debería distinguir entre sus componentes de culpa y de vergüenza, ya que estas dimensiones pueden diferir en sus mecanismos subyacentes y en su respuesta a las intervenciones terapéuticas.

Por último, algunas madres y algunos padres describieron lo que se clasificó como culpa de identidad parental. Esta forma de culpa puede representar un componente central del duelo parental y se ha asociado a reacciones de duelo más persistentes (Mohamed Hussin et al., 2025; Plews-Ogan et al., 2022; Zetumer et al., 2015). La culpa de identidad parental implica preguntarse si se fue una madre o un padre lo bastante bueno durante la vida del hijo o la hija, y está estrechamente relacionada con la investigación sobre la reconstrucción de la identidad tras la muerte traumática de un hijo o una hija. Un estudio con madres y padres en duelo identificó la reconciliación de la identidad social, la reconciliación de las autopercepciones personales y la búsqueda de significado dentro de una nueva identidad parental como procesos psicológicos clave tras la pérdida traumática de un hijo o una hija (Mohamed Hussin et al., 2025). Estos resultados refuerzan la idea de que la culpa de identidad parental no debe considerarse una consecuencia de la culpa contrafactual, sino una dimensión distinta vinculada a la reconstrucción narrativa del yo. Esta interpretación concuerda con los modelos de reconstrucción del significado, que identifican la reconstrucción de la identidad, la construcción de sentido, la búsqueda de beneficios y el mantenimiento de vínculos continuos con la persona fallecida como procesos centrales de la adaptación al duelo (Meert et al., 2015).

En este contexto, es importante señalar que no todas las madres ni todos los padres sintieron culpa. En algunas personas participantes, la identidad parental no parecía haberse visto alterada en lo fundamental, ya que creían haber hecho todo lo posible por cumplir su rol parental. La ausencia de culpa puede ser más probable cuando madres y padres consiguen reintegrar su identidad, redefinirse más allá de ser «la madre o el padre del hijo fallecido» o mantener su identidad parental a través del recuerdo de su hijo o hija y de vínculos continuos con la persona fallecida (Y. Kim & Lee, 2021; Payne et al., 2025).

El carácter dinámico de la culpa, tal como lo percibieron retrospectivamente las personas participantes, constituye otra aportación clave del presente estudio. En lugar de describir una desaparición lineal de la culpa, las personas participantes describieron retrospectivamente una transformación gradual desde una experiencia intensa y omnipresente de autoinculpación hacia una experiencia emocional menos frecuente, más contextualizada y progresivamente integrada. Dado el diseño transversal y retrospectivo del presente estudio, estos relatos deben entenderse como percepciones retrospectivas de las propias personas participantes sobre cómo había cambiado su relación con la culpa desde la muerte de su hijo o hija, y no como prueba de una trayectoria evolutiva establecida empíricamente. Esta transformación percibida concuerda con los modelos contemporáneos del duelo, que conceptualizan el duelo como un proceso dinámico y oscilante más que como una secuencia universal de etapas. El modelo de proceso dual propone que las personas en duelo alternan entre un afrontamiento orientado a la pérdida y un afrontamiento orientado al restablecimiento, de modo que la adaptación requiere ir y venir entre la confrontación con el dolor de la pérdida y la atención a las exigencias de la vida cotidiana (Stroebe & Schut, 1999). Los resultados del presente estudio sugieren que las personas participantes percibían que la culpa seguía un patrón oscilante similar: aunque puede ir perdiendo centralidad, puede resurgir con los aniversarios, los recuerdos o acontecimientos vitales importantes. Esta reactivación dependiente del contexto no debe interpretarse necesariamente como prueba de un fracaso terapéutico o de un duelo crónico. Estos resultados sugieren más bien que la culpa debe evaluarse en función de su rigidez, su intensidad y su interferencia funcional, y no de su mera presencia.

Desde una perspectiva clínica, la persistencia de una culpa intensa puede ser especialmente relevante. Los estudios cuantitativos han referido de forma constante asociaciones entre la culpa relacionada con el duelo, la depresión y el duelo complicado o prolongado, tanto en investigaciones transversales como longitudinales (Li et al., 2019). Aunque estos resultados no permiten concluir que la culpa por sí sola cause una evolución desfavorable del duelo, sí sugieren que la culpa puede funcionar como un proceso de mantenimiento y como un indicador que justifica una evaluación clínica más exhaustiva. En particular, la coexistencia de una autoinculpación rígida, rumiación contrafactual, evitación, deterioro funcional y desesperanza puede señalar una respuesta de duelo más compleja. La evaluación clínica debería, por tanto, distinguir entre una culpa dolorosa pero flexible, que puede coexistir con momentos de conexión emocional y con un funcionamiento adaptativo, y una forma de culpa global, absolutista y punitiva que se vuelve central en la identidad de la madre o el padre. Esta distinción se propone como un marco interpretativo potencialmente útil para orientar la atención clínica y no como un umbral diagnóstico validado; el diseño transversal y cualitativo del presente estudio no permite establecer empíricamente umbrales entre culpa adaptativa y patológica.

Esta transición percibida desde una culpa abrumadora hacia una experiencia más integrada puede entenderse, desde un punto de vista interpretativo, como el reflejo de un proceso de reevaluación cognitiva. Según el modelo procesual de la regulación emocional de Gross (Gross, 1998), la reevaluación cognitiva consiste en reinterpretar el significado de una situación emocionalmente activadora para modificar su impacto emocional sin suprimir la emoción ni evitar su procesamiento. Varias personas participantes describieron la culpa como algo que, al principio, les daba una sensación de control sobre acontecimientos que de otro modo no podían controlarse, y como una manera de mantener a distancia todo el impacto emocional de la pérdida. Desde una perspectiva interpretativa, estos relatos pueden entenderse como el reflejo de lo que puede conceptualizarse como una sensación ilusoria de control y una forma de evitación experiencial, una interpretación que va más allá de las descripciones explícitas de las propias personas participantes y que debe leerse, por tanto, como la lectura teórica de la autoría sobre estos relatos y no como un mecanismo demostrado directamente. Sin embargo, mediante lo que puede interpretarse como una reevaluación cognitiva, muchas madres y muchos padres consiguieron, según sus propios relatos, no eliminar la culpa, sino transformar su función reguladora. En lugar de perpetuar procesos rumiativos que mantenían el malestar psicológico, la culpa fue integrándose gradualmente como un componente reconocido —aunque no necesariamente bienvenido— de la experiencia de duelo. Esta interpretación concuerda con los resultados de Camacho et al. (2018), que propusieron que niveles crecientes de culpa se asocian a mayores dificultades de regulación emocional, lo que subraya la importancia de intervenir de forma temprana en los procesos rumiativos antes de que se cronifiquen.

Las madres y los padres del presente estudio describieron la resolución de la culpa como un proceso gradual sostenido por múltiples recursos de afrontamiento interconectados. Uno de los más importantes era compartir su carga emocional con otras madres y otros padres en duelo. Estos intercambios parecen especialmente beneficiosos cuando implican una escucha empática y sin juicios (Schoonover et al., 2022; Tognela et al., 2025). Los grupos de apoyo pueden ofrecer un entorno seguro en el que madres y padres pueden expresar abiertamente sus emociones y hablar de su hijo o hija y de las circunstancias de la muerte sin miedo a que se les juzgue (Henning et al., 2021; Stevenson et al., 2017). También les permiten encontrar comprensión en otras personas que han vivido una pérdida similar, lo que reduce los sentimientos de aislamiento y de ser radicalmente diferentes de quienes les rodean (Berrozpe et al., 2024; Pelacho-Ríos et al., 2025).

Otro recurso asociado a la integración de la culpa, identificado en el presente estudio, fue la reconstrucción del significado, en consonancia con el modelo de Neimeyer (Neimeyer, 2000a, 2000b), que propone que la adaptación al duelo no consiste en «superar» la pérdida, sino en integrarla en una narrativa vital coherente. El cambio descrito por las personas participantes refleja este proceso de reconstrucción del significado, que se ha asociado de forma constante a niveles más bajos de duelo complicado en la literatura sobre el duelo (Neimeyer, 2019). Las personas participantes reconstruyeron el significado de distintas maneras, entre ellas mediante nuevas comprensiones personales o espirituales de la pérdida. Para muchas madres y muchos padres, la espiritualidad ofrecía un marco para dar sentido a la muerte, mantener un vínculo continuo con el hijo o la hija fallecidos, reevaluar los valores personales y reconstruir una vida con sentido. Sin embargo, la espiritualidad no funcionaba de manera uniforme en todas las personas participantes y, en algunos casos, intensificaba las luchas existenciales cuando las creencias previas dejaban de concordar con la realidad de la pérdida (Mohamed Hussin & Aho, 2025; Neimeyer et al., 2021; Superdock et al., 2024).

Las personas participantes describieron también el apoyo profesional como un recurso importante en el proceso de reconstrucción del significado, aunque esta experiencia no era universal y algunas refirieron encuentros menos satisfactorios. El apoyo profesional parecía más beneficioso cuando no pretendía «resolver» ni cerrar prematuramente el proceso de duelo, sino que ofrecía una relación terapéutica segura basada en una presencia empática y una escucha profunda. En este contexto, la psicoeducación, la exploración existencial y espiritual y las estrategias de regulación emocional se percibían como especialmente útiles para facilitar la reconstrucción del significado, mantener vínculos continuos con el hijo o la hija fallecidos y reorganizar la vida tras la pérdida (Neimeyer et al., 2021; Vig et al., 2021).

Por último, la autocompasión y la aceptación surgieron como dos de los recursos psicológicos más importantes para la adaptación, tal como reflejan los relatos de las personas participantes y respalda la literatura existente. La aceptación no parece funcionar como una superación de la muerte del hijo o la hija, sino como la integración de la pérdida en la propia identidad, la propia historia de vida y la propia visión del mundo. Cuando este proceso se produce, suele ir acompañado de una transición desde la desorganización inicial del duelo hacia una vida reconfigurada, caracterizada por nuevos valores, un propósito renovado y nuevas formas de mantener el vínculo con el hijo o la hija fallecidos (Bogensperger & Lueger-Schuster, 2014; Neimeyer et al., 2010). Del mismo modo, la autocompasión parece facilitar el ajuste psicológico al reducir la autocrítica y la culpa y favorecer una regulación emocional más adaptativa mediante la disminución de la rumiación, lo que sostiene la reconstrucción del significado (Bogensperger & Lueger-Schuster, 2014; Zhang et al., 2022).

Los resultados del presente estudio tienen varias implicaciones directas para la práctica clínica con madres y padres en duelo. En primer lugar, la evaluación de la culpa parental debe ser sensible a la causa de la muerte. Las muertes súbitas o percibidas como evitables tienden a suscitar formas de autoinculpación más inmediatas y contrafactuales, mientras que las muertes tras una enfermedad prolongada se asocian con más frecuencia a una culpa centrada en los cuidados y en la impotencia. Las evaluaciones clínicas que no distinguen entre estas trayectorias pueden desembocar en intervenciones genéricas que no responden adecuadamente a las experiencias vividas por madres y padres.

En segundo lugar, la identificación de cinco manifestaciones interconectadas de la culpa (culpa de protección, culpa de los cuidados, culpa contrafactual, culpa del superviviente y culpa de identidad parental) ofrece al personal clínico un marco útil para la formulación de casos, ya que permite orientar las intervenciones hacia el contenido específico de la culpa en lugar de tratarla como un constructo unitario. En particular, la distinción entre la culpa del superviviente y la vergüenza sugiere que estas experiencias deberían evaluarse y abordarse por separado, ya que pueden implicar mecanismos subyacentes distintos y requerir enfoques terapéuticos diferentes.

En tercer lugar, el carácter dinámico y oscilante de la culpa observado en el presente estudio sugiere que su reaparición en aniversarios, recuerdos o acontecimientos vitales significativos no debe interpretarse automáticamente como prueba de un fracaso terapéutico o de la cronificación del duelo. Esta reactivación puede representar, por el contrario, un rasgo esperable del proceso de duelo. En consecuencia, la atención clínica debería centrarse en la rigidez, la intensidad y la interferencia funcional asociadas a la culpa más que en su mera presencia, prestando especial atención a las madres y los padres cuya autoinculpación se vuelve global, absolutista y punitiva, dada su asociación con el duelo complicado o prolongado.

Por último, las personas participantes refirieron de forma constante que el apoyo profesional resultaba más útil cuando no intentaba eliminar la culpa ni ofrecer consuelos prematuros, sino que facilitaba la reevaluación cognitiva, la reconstrucción del significado y el desarrollo de la autocompasión. Estos resultados sugieren que las intervenciones psicológicas en el duelo parental deberían priorizar estos procesos terapéuticos frente a enfoques centrados exclusivamente en la reducción de síntomas. Además, los grupos de apoyo entre iguales pueden representar un complemento valioso de la psicoterapia individual al normalizar los sentimientos de culpa y reducir el aislamiento social percibido.

Un punto fuerte particular de este estudio es la inclusión de madres y padres en etapas del duelo muy diferentes, incluidas personas cuya pérdida se había producido décadas atrás. Esta amplitud temporal permitió captar no solo la experiencia inmediata de la culpa, sino también las maneras en que su significado y su intensidad pueden reconstruirse a lo largo de la vida. En particular, la inclusión de personas participantes de más edad ofreció una oportunidad única de explorar cómo se entiende la culpa parental desde la perspectiva de la edad adulta avanzada, aportando conocimientos que rara vez están representados en la literatura sobre el duelo.

En segundo lugar, el uso del análisis temático reflexivo (Braun & Clarke, 2022), sostenido por reuniones analíticas periódicas, un marco de codificación en evolución y una reflexividad sostenida dentro de un equipo investigador multidisciplinar, refuerza el rigor interpretativo de los resultados. La adhesión a los criterios de comunicación COREQ refuerza además la transparencia metodológica y facilita la evaluación externa del estudio.

No obstante, deben reconocerse varias limitaciones. En primer lugar, la muestra estaba compuesta mayoritariamente por madres, lo que limita la medida en que los resultados pueden generalizarse a los padres en duelo. En segundo lugar, debe tenerse en cuenta el contexto cultural de la muestra al interpretar los resultados. Es probable que las experiencias de culpa parental estén influidas por factores culturales, religiosos y sociales que moldean las expectativas sobre la maternidad y la paternidad. En consecuencia, conviene replicar el presente modelo conceptual en contextos socioculturales diversos.

A partir del análisis en profundidad del duelo parental presentado en este estudio, la investigación futura debería adoptar diseños longitudinales que sigan a las mismas madres y a los mismos padres a lo largo del tiempo, para poder examinar la trayectoria evolutiva de la culpa de forma prospectiva en lugar de inferirla retrospectivamente. Futuros estudios cualitativos con un muestreo comparativo intencional también podrían examinar con mayor precisión cómo varía y evoluciona la culpa parental en distintos contextos de pérdida. También sería valioso desarrollar y validar cuantitativamente el modelo conceptual y la taxonomía propuesta de cinco manifestaciones de la culpa mediante instrumentos psicométricamente sólidos, capaces de distinguir empíricamente estas dimensiones y de examinar sus asociaciones diferenciales con el duelo complicado y el duelo prolongado. Por último, replicar este estudio en muestras con mayor representación de padres en duelo y en distintos contextos culturales y religiosos ayudaría a determinar la generalizabilidad de estos resultados y a seguir avanzando en la comprensión del duelo parental.

5. Conclusiones

El presente estudio muestra que la culpa constituye uno de los procesos psicológicos centrales del duelo parental y, al mismo tiempo, una de sus dimensiones más complejas. Más que una respuesta emocional unitaria, la culpa surgió como una experiencia multidimensional cuya expresión e intensidad estaban relacionadas con las circunstancias de la muerte y con las maneras en que madres y padres interpretaban su responsabilidad y reconstruían su identidad tras la pérdida. Las personas participantes describieron también, retrospectivamente, cambios en su relación con la culpa, entre ellos un desplazamiento desde una autoinculpación intensa hacia una mayor integración, aunque el momento y la naturaleza de estos cambios variaban de una persona a otra.

La principal aportación de este estudio reside en el desarrollo de dos modelos conceptuales complementarios que conceptualizan la culpa parental desde una perspectiva procesual. El primero resume los relatos retrospectivos de las personas participantes sobre los cambios en su relación con la culpa, desde una autoinculpación inicial intensa hacia una mayor integración, mientras que el segundo ilustra las relaciones entre la causa de la muerte, las distintas manifestaciones de la culpa y los recursos y procesos que las personas participantes asociaban a su integración. En conjunto, estos modelos amplían el conocimiento actual sobre el duelo parental al poner de relieve que la adaptación puede implicar no la eliminación de la culpa, sino cambios en la manera en que madres y padres la comprenden y conviven con ella, en particular mediante la reconstrucción del significado, el apoyo interpersonal, el apoyo psicológico profesional y la autocompasión.

Estos resultados contribuyen a desplazar la comprensión de la culpa desde una perspectiva predominantemente psicopatológica hacia una conceptualización más dinámica e integradora, y ofrecen un marco teórico y clínico que puede orientar la investigación futura y el desarrollo de intervenciones psicológicas más individualizadas. Reconocer las múltiples manifestaciones de la culpa y los cambios que madres y padres describen retrospectivamente en su relación con ella puede ayudar a orientar una atención clínica más adaptada a las familias en duelo, favoreciendo enfoques que no busquen erradicar la culpa, sino integrarla en una narrativa vital coherente que preserve el vínculo continuo con el hijo o la hija fallecidos y sostenga a la vez la reconstrucción de una vida con sentido.

Complexe Systémique: puntos clave

El estudio desmonta una idea persistente: que la culpa de madres y padres en duelo no es más que un síntoma que hay que acallar. Sus cinco formas —no haber protegido, no haber cuidado bien, reescribir sin fin la historia, sobrevivir a un hijo o una hija, dudar de haber sido lo bastante buena madre o buen padre— ofrecen un marco preciso para la formulación clínica, y el modelo recuerda que la culpa también puede mantener a distancia un dolor insoportable o mantener vivo un vínculo con la persona fallecida. El criterio útil no es su presencia, sino su rigidez y su peso en la vida cotidiana. Desde un punto de vista sistémico, cabe lamentar que la pareja, la fratría y la familia extensa queden casi fuera del campo: la culpa, sin embargo, circula entre madres y padres; se reprocha, se comparte o se calla. El grupo de iguales, por su parte, aparece como un contexto que convierte una falta solitaria en una experiencia compartida. Los límites son claros: 22 madres por 5 padres, un único contexto regional español, relatos retrospectivos recogidos en una media hora. Puede leerse junto con el artículo sobre una terapia de pareja en la que la culpa se vuelve pensable y la revisión sobre las dinámicas familiares en el duelo.

Notas del original

Contribuciones de la autoría. Conceptualización, L.P.-R. y G.B.-V.; metodología, L.P.-R. y G.B.-V.; validación, L.P.-R. y G.B.-V.; análisis formal, L.P.-R., G.B.-V., Y.R.-O. y A.S.-S.; investigación, L.P.-R., G.B.-V., Y.R.-O. y A.S.-S.; recursos, L.P.-R. y G.B.-V.; curación de datos, L.P.-R. y G.B.-V.; redacción del borrador original, L.P.-R., G.B.-V., Y.R.-O. y A.S.-S.; redacción, revisión y edición, L.P.-R., G.B.-V., Y.R.-O. y A.S.-S.; supervisión, L.P.-R. y G.B.-V.; obtención de financiación, Y.R.-O. Toda la autoría ha leído y aceptado la versión publicada del manuscrito.

Financiación. La autoría agradece el apoyo de la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir (UCV), que ha sufragado los gastos de publicación (Article Processing Charge, APC) de este manuscrito.

Declaración del comité de revisión institucional. Este estudio se realizó de acuerdo con la Declaración de Helsinki, y el protocolo fue aprobado por el Comité de Ética de la Universidad Católica de Valencia (UCV/2022–2023/024, 9 de enero de 2023).

Declaración de consentimiento informado. Se obtuvo el consentimiento informado de todas las personas participantes en este estudio.

Agradecimientos. La autoría expresa su sincera gratitud a todas las madres y todos los padres que compartieron generosamente sus experiencias de duelo parental. Su apertura, su confianza y su disposición a relatar experiencias tan profundamente personales hicieron posible esta investigación. Les agradecemos profundamente su inestimable contribución. Agradecemos también el apoyo técnico prestado por el alumnado del grupo de investigación en la transcripción de las entrevistas. Su compromiso y su trabajo cuidadoso fueron muy apreciados. Durante la preparación de este manuscrito, la autoría utilizó ChatGPT (OpenAI, GPT-5.5) como ayuda para la corrección lingüística del inglés y para mejoras estilísticas. Todo el contenido científico, las interpretaciones y las conclusiones fueron desarrollados exclusivamente por la autoría, que revisó y editó críticamente el texto generado por la IA y asume plena responsabilidad por el manuscrito final. La autoría agradece a la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir sus aportaciones y su ayuda en el pago de la tasa de publicación en acceso abierto.

Conflictos de intereses. La autoría declara no tener conflictos de intereses.

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Traducción no oficial de Beyond Self-Blame: A Qualitative Study of the Changing Experience of Parental Guilt Following the Death of a Child, de Lucia Pelacho-Rios, Yolanda Ruiz-Ordoñez, Alejandro Sanchis-Sanchis y Gloria Bernabe-Valero, Behavioral Sciences, vol. 16, n.º 10, 1771 (2026), doi: 10.3390/bs16101771, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción al español y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Este texto es la traducción no oficial del artículo original «Beyond Self-Blame: A Qualitative Study of the Changing Experience of Parental Guilt Following the Death of a Child», publicado en Behavioral Sciences (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción de Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al comienzo de esta página. Prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Pelacho-Rios, L., Ruiz-Ordoñez, Y., Sanchis-Sanchis, A., y Bernabe-Valero, G. (2026). Beyond Self-Blame: A Qualitative Study of the Changing Experience of Parental Guilt Following the Death of a Child. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/beyond-self-blame-a-qualitative-study-of-the-changing-experience-of-parental-guilt (Obra original publicada en 2026 en Behavioral Sciences, 16(10), 1771 (2026); republicada en 2026 por Behavioral Sciences, https://www.mdpi.com/2076-328X/16/10/1771)

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