Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Systemic Practice and Action Research · Práctica sistémica
Cybersyn, el proyecto de conducción cibernética de la economía chilena bajo Allende, es bien conocido. El resto del recorrido latinoamericano de Stafford Beer lo es mucho menos. José-Carlos Mariátegui lo reconstruye a partir de archivos y entrevistas: SIGMA en el Chile de los años sesenta, CENTRO en Perú, y después México, Uruguay, Venezuela y Colombia, entre éxitos, fiascos y apropiación neoliberal.
Traducción no oficial al español de Beyond Project Cybersyn: Tracing the Influence of Stafford Beer Projects and Ideas in Latin America, de José-Carlos Mariátegui, publicado en Systemic Practice and Action Research (Springer) (2025), doi: 10.1007/s11213-025-09717-2, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Aunque el MSV es abstracto en su diseño, nunca es políticamente neutral.
José-Carlos Mariátegui
Resumen
Este artículo explora los viajes y colaboraciones menos conocidos de Stafford Beer en América Latina, más allá del célebre proyecto chileno Cybersyn. Rastrea la implicación de Beer en la región hasta los años sesenta, a través de su empresa SIGMA y de sus proyectos en Chile, así como de sus intentos de expandirse a otros países latinoamericanos. El artículo arroja también luz sobre un proyecto relativamente desconocido de los años setenta en Perú, el Centro de Estudios de Participación Popular (CENTRO), influido por las ideas de Beer sobre los sistemas de información y control empresarial en tiempo real. Además, explora la participación de Beer en diversos proyectos en América Latina durante los años ochenta y noventa, a medida que la región volvía gradualmente a la democracia, con casos en México, Uruguay (URUCIB), Venezuela (Cybervenez) y Colombia. Mientras que algunas aplicaciones, en particular en Uruguay y Colombia, mostraron el potencial del modelo de sistema viable (MSV) para fomentar una auténtica democracia organizativa y la transformación social, otras, en México y Venezuela, fracasaron por la inestabilidad política o la corrupción sistémica. El artículo sostiene que, aunque el MSV de Beer suele caracterizarse como puramente tecnocrático, su aplicación en América Latina revela que, si bien a veces fue apropiado por reformas neoliberales, también se alineó con las aspiraciones regionales de transformación social y de liberación creativa mediante el uso de la tecnología, cuestionando los sesgos persistentes sobre el lugar del que puede surgir la innovación tecnológica.
Palabras clave: Stafford Beer, América Latina, cibernética, modelo de sistema viable (MSV), democracia
El propósito de este artículo es elaborar una revisión exhaustiva de la obra y las redes menos conocidas de Stafford Beer en América Latina, más allá del proyecto Cybersyn. Esta investigación se basa en documentos de la Stafford Beer Collection de la Liverpool John Moores University (SBCLJM), así como en entrevistas y publicaciones. El artículo sostiene que, aunque el MSV de Beer suele caracterizarse como puramente tecnocrático, su aplicación en América Latina revela que también se alineó con las aspiraciones regionales de transformación social y de liberación creativa mediante el uso de la tecnología, cuestionando las ideas preconcebidas sobre el lugar del que puede surgir la innovación tecnológica.
Stafford Beer (1926–2002) está considerado una de las figuras más influyentes de la cibernética de la gestión. Es quizá más conocido por su trabajo en el proyecto Cybersyn en Chile durante la presidencia de Salvador Allende (1971–1973) (Beer 1981; Pickering 2010; Medina 2011). Beer utilizó su modelo de sistema viable (MSV), que concibe cualquier sistema viable o en funcionamiento como cinco subsistemas interconectados que permiten la autorregulación, la autoorganización y la autorreferencia. El MSV fue una pieza crucial del proyecto Cybersyn, cuyo objetivo era gestionar las industrias nacionalizadas de Chile según principios cibernéticos, permitiendo a la vez la coordinación central y la participación obrera mediante diversos componentes, entre ellos una red de télex, un programa estadístico y una sala de operaciones.
Sin embargo, aparte del proyecto Cybersyn, hay poca investigación sobre el trabajo de Beer en América Latina, incluida la manera en que el MSV se debatió y se desplegó en los distintos países para los que prestó asesoría, en particular durante los años ochenta y noventa. Este recorrido se remonta a los proyectos de consultoría de SIGMA en Chile en los años sesenta, que también dieron a Beer la posibilidad de explorar otras oportunidades en Perú, Argentina y Brasil, aunque sin resultados concretos. En los años setenta, durante su etapa en el proyecto Cybersyn, Beer influyó en cierta medida en otro proyecto relativamente desconocido en Perú, el Centro de Estudios de Participación Popular (CENTRO), una iniciativa del gobierno militar peruano que aspiraba a llevar a cabo reformas sociales y económicas radicales y profundas. Durante los años ochenta y noventa, a medida que se restablecía la democracia en los países latinoamericanos, distintos gobiernos recurrieron a Beer para varios proyectos de consultoría en la región. Entre los proyectos más fructíferos figuran URUCIB (Uruguay Cibernético), así como la aplicación del MSV en varios proyectos estatales en Colombia. Sin embargo, hubo también empresas menos exitosas, como la implicación de Beer con los gobiernos de México y Venezuela. Dado el afecto de Stafford Beer por la región tras su profunda implicación en el proyecto Cybersyn, este estudio original pretende ofrecer un panorama de los viajes menos conocidos de Beer por América Latina, incluidas su red y sus colaboraciones. Las ideas de Beer sobre la democracia formaban parte integrante de su obra más amplia en cibernética y gestión de las organizaciones. Beer creía que la cibernética, y en particular el modelo MSV y su capacidad de aprender, adaptarse y evolucionar, podía servir de plano para unas relaciones sociales y unos flujos de información que garantizaran la mayor libertad posible a las personas, mejorando el funcionamiento de los sistemas democráticos y haciéndolos así más receptivos y adaptables a las necesidades y deseos de la ciudadanía (Beer 1971, 1983, 1989).
Como el artículo intentará mostrar, aunque los resultados fueron dispares, paradójicamente, esos sistemas, que podrían haber tenido un profundo impacto social en América Latina, fueron promovidos en los años ochenta y noventa por una élite tecnocrática y neoliberal que se convirtió en la diseñadora y ejecutora de las reformas económicas que han marcado la región durante las cuatro últimas décadas. Si bien el proyecto Cybersyn ha recibido una atención considerable en los últimos años, tanto en el mundo académico como en los medios de comunicación de masas (Pickering 2010; Medina 2006, 2011, 2015; Benezra 2018; Morozov, 2014; Alvarez and Gutierrez 2022; Vehlken 2022), la implicación más amplia de Beer en América Latina sigue en gran medida sin explorar. Nuestra investigación colma esta laguna crítica documentando el extenso trabajo y la influencia de Beer en toda la región, tanto antes como después del proyecto Cybersyn. Desde una perspectiva más amplia, este artículo contribuye a los debates en curso sobre la relación entre cibernética y transformación política, complementando trabajos recientes de Srnicek y Williams (2015) y de Muldoon (2022) sobre el potencial político de los sistemas tecnológicos. Al examinar cómo se interpretaron y aplicaron las ideas de Beer bajo distintos regímenes políticos, nuestra investigación aporta nuevas perspectivas sobre la compleja relación entre pensamiento cibernético, poder del Estado, transformación social y aplicación tecnológica.
Nuestro enfoque metodológico sigue la metodología histórica de Collingwood, que combina una investigación sistemática basada en pruebas con la interpretación crítica de múltiples fuentes (Collingwood 2020). Este artículo de investigación surgió de nuestro trabajo en la coedición del número especial de AI & Society (volumen 37, número 3, septiembre de 2022) dedicado a «Cybernetics in Latin America: Contexts, Developments, Perceptions and Impacts», que ofreció una amplia cartografía del campo a través de 20 contribuciones originales (Mariátegui et al. 2022a). Sin embargo, aquel número también puso de manifiesto importantes territorios inexplorados en la historia social de la cibernética en América Latina, en particular la implicación de Stafford Beer en otros proyectos más allá del proyecto Cybersyn.
Las pruebas principales proceden de una extensa investigación de archivo realizada en la SBCLJM, completada con materiales del Archivo Darcy y Berta Ribeiro de la Universidad de Brasilia, de los archivos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra y del archivo personal de Carlos de Senna Figueiredo en Río de Janeiro, además de artículos y publicaciones. Para enriquecer estas fuentes documentales y comprender mejor los razonamientos y motivaciones de las figuras históricas implicadas, realizamos entrevistas en profundidad con personas clave que participaron en diversos proyectos cibernéticos en América Latina, entre ellas Angela Espinosa, Víctor Ganón, Joan Garcés, Allenna Leonard, Francisco Sagasti y Carlos de Senna Figueiredo. Este enfoque basado en múltiples fuentes nos permitió reconstruir una comprensión más completa de la implicación de Beer en América Latina. Mediante el análisis crítico tanto de los materiales de archivo como de los testimonios directos, reconstruimos la compleja red de relaciones e iniciativas que dio forma a la aplicación de los principios cibernéticos en diversos contextos políticos y sociales de la región. Esta metodología de investigación nos permite entender no solo lo que ocurrió, sino también los razonamientos y motivaciones que subyacen a estos acontecimientos históricos.
Tras esta breve introducción, se presenta un relato de los años en que Beer fundó la consultora SIGMA, y en particular de su trabajo en Chile, así como de sus posteriores intentos infructuosos de ampliar sus operaciones a otros países de América Latina. A continuación, ofreceremos un panorama de CENTRO, un proyecto desarrollado en Perú en los años setenta —más o menos en la misma época que el proyecto Cybersyn—, y de cómo se debatieron allí las ideas de Beer sobre un sistema de información y control empresarial en tiempo real. Después presentaremos algunos de los proyectos en los que Beer participó durante los años ochenta y noventa, a medida que América Latina volvía gradualmente a la democracia y los gobiernos buscaban su asesoramiento experto, a saber, los casos de México (1982–1983), Uruguay Cibernético - URUCIB (1986–1988), Cybervenez - Venezuela Cibernética (1989) y varios proyectos desarrollados en Colombia con el MSV (1993–2002). A través de estos casos, analizaremos cómo las ideas de Beer evolucionaron desde su enfoque inicial en la gestión industrial hasta abordar desafíos políticos, organizativos y socioeconómicos complejos en el sector público, a medida que el MSV se traducía y adaptaba a distintos contextos políticos, a veces con éxito, como en Uruguay y Colombia, y otras veces fracasando, como en Venezuela y México (Beer 1989). Este análisis mostrará que estas aplicaciones no fueron simples ejercicios tecnocráticos, sino intentos de alinear los principios cibernéticos con las aspiraciones latinoamericanas de transformación social y de liberación creativa. Por último, concluiremos con un breve repaso de las ideas principales del artículo y un pequeño homenaje a Stafford Beer y al fundador de CENTRO, Darcy Ribeiro.
Por último, este artículo recurre a algunos términos clave que conviene definir de antemano para orientar a quien lee, a saber: cibernética, neoliberalismo y autonomía. En este contexto, la cibernética representa algo más que la ciencia del control y la comunicación; encarna un enfoque sistemático de la gestión de las organizaciones que pone el acento en la autorregulación y en los mecanismos de retroalimentación, en particular cuando se aplica a sistemas sociales y económicos (Beer 1959, 1972, 1981). El neoliberalismo surge como una doctrina económica que promueve la desregulación de los mercados y la privatización, pero también —como veremos más adelante— se convirtió en América Latina en una fuerza transformadora que se apropió de los principios cibernéticos para impulsar el control tecnocrático y la eficiencia del mercado, a menudo en contradicción con la visión de Beer de maximizar la libertad de las personas (Harvey 2005). La autonomía, principio central de la obra de Beer, se refiere a la capacidad de toma de decisiones descentralizada y a la participación obrera, un principio que adquirió significados distintos al pasar de la visión emancipadora de Beer a sus diversas aplicaciones en los contextos latinoamericanos (Beer 1981, 1989). La tensión entre estos conceptos se hace especialmente evidente al examinar cómo se adaptó y aplicó el MSV de Beer en distintos entornos políticos de la región.
Anthony Stafford Beer nació en Croydon, cerca de Londres, el 25 de septiembre de 1926 (Pickering 2010). Hijo de William John Beer, jefe de estadística del Lloyd’s Register of Shipping, Beer se matriculó en Filosofía y Psicología en el University College London, pero dejó los estudios sin terminar para alistarse en 1944 como artillero en la Royal Artillery, y abandonó el ejército con el grado de capitán en 1949. En 1956 entró en la empresa Samuel Fox de Sheffield, filial de United Steel, donde convenció a la dirección de crear un grupo de investigación operativa (IO), que se convirtió en el Departamento de Investigación Operativa y Cibernética. La IO consistía en aplicar métodos analíticos avanzados para ayudar a tomar mejores decisiones y resolver problemas complejos. Concebida originalmente en tiempos de guerra, la IO adquirió relevancia para las empresas, la administración pública y otros contextos organizativos. Durante su etapa allí, United Steel compró uno de los primeros ordenadores centrales utilizados en el sector privado británico, que ejecutaba simulaciones de modelización, y fue pionera en lo que entonces se llamaba «cibernética de la gestión», una disciplina muy centrada en la aplicación de mecanismos de control dentro de las organizaciones (Gross 2020). El trabajo de Beer en cibernética de la gestión marcó el mundo de la empresa y la dirección, y le dio a Beer un éxito y una notoriedad relativos (Beer 1959).
En 1961 Beer dejó United Steel y fundó Science in General Management Limited (SIGMA), una consultora especializada en análisis para la optimización de las operaciones industriales. El eje principal de SIGMA era la IO, que en aquella época permitía a las empresas encontrar soluciones prácticas y «científicas» a diversos problemas que empezaban a surgir en las organizaciones a medida que estas se volvían más complejas. Como señalaba Beer, debido a que «el crecimiento de las nuevas tecnologías, la disponibilidad de nuevos dispositivos de control (en especial los ordenadores) y la evolución de la situación social plantean a la dirección innumerables problemas que deberían estudiarse de novo» (Beer 1965). En ese contexto, SIGMA ofrecía servicios no solo de IO, sino también de cibernética y de dinámica industrial; esta última designaba un método de modelización para comprender y gestionar el comportamiento complejo de los procesos industriales, sobre todo mediante simulación por ordenador (Forrester 1961).
SIGMA estaba dirigida por Stafford Beer en asociación con Roger Eddison y Metra International, una destacada organización europea y mundial de investigación en gestión (Beer 1965). Funcionaba como una especie de organismo vivo u organización fluida, no constreñida por una estructura organizativa demasiado rígida, lo que significaba que las personas podían ser asignadas de un proyecto a otro en cualquier momento (Sigma Brochure, 1965; Beer 1965). En la cúspide de la «estructura organizativa fluida» de SIGMA, similar a las ideas aportadas por el MSV, estaba Stafford Beer; en el segundo nivel, Roger Eddison como responsable de Operaciones y Lancelot Perowne como responsable de Desarrollo; y en el tercer nivel, las tres direcciones generales: Andrew Muir (IO), Basil Balder (cibernética) y Duncan Mountford (dinámica industrial).
En 1963, SIGMA contaba con un equipo de unas 31 personas, que en 1965 había aumentado a unas 70 (Beer 1965). SIGMA era un tipo de empresa particular, con algunas similitudes con el mundo académico; por ejemplo, el personal disponía de un sistema de «año sabático» por el cual, por cada año de servicio, cada persona científica acumulaba cuatro semanas de investigación con el sueldo íntegro; la empresa creó además una plaza docente sénior SIGMA en IO y dos plazas de investigación en colaboración con el departamento de Computación, Cibernética y Gestión del Brighton Technical College (Beer 1965). Por último, aunque no menos importante, para Beer era fundamental trabajar con un conjunto interdisciplinar de profesionales, que dividía en cuatro grupos: ciencias físicas e ingeniería (34%); ciencias biológicas y humanas (24%); matemáticas, estadística y lógica (26%); y filosofía, política y economía (16%) (Beer 1965).
Los pocos documentos de la etapa de SIGMA disponibles en la SBCLJM, así como otras referencias de investigación, muestran que SIGMA tenía un equipo de especialistas en IO trabajando para la Compañía de Acero del Pacífico (CAP) desde 1963. La CAP era uno de los mayores productores de acero de Sudamérica y desempeñó un papel clave en el desarrollo industrial y económico de Chile en los años sesenta. La CAP se fundó en 1946 con el objetivo de promover y desarrollar la industria chilena. Inicialmente era una empresa de capital mixto, con acciones en manos del Estado de Chile a través de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) —una agencia chilena de desarrollo económico que promueve la competitividad y la diversificación productiva—, de la Caja Autónoma de Amortización de la Deuda Pública y de accionistas privados. La inauguración de la planta siderúrgica de Huachipato en 1950, así como la integración de actividades mineras a través de los yacimientos de hierro de El Algarrobo en 1959 y de El Romeral en 1971, ampliaron aún más las operaciones de la CAP. Según Eden Medina, fue en 1962 cuando la dirección de la CAP se puso en contacto con SIGMA. Beer, que nunca había estado en América Latina, se negó a ir en persona por su apretada agenda, pero formó un equipo para viajar a Chile, encabezado por un español, Marino Dizy, y dos ingleses, Andrew Muir y Colin Faulkner (Beer 1981; Medina 2011). El trabajo de SIGMA consistía en demostrar el valor de diversos proyectos de inversión optimizando procesos y mejorando la eficiencia, resolviendo así una serie de problemas tanto tácticos como estratégicos de gestión y de formación. Como parte de su trabajo, debían determinar la producción máxima potencial de una acería, mejorar la producción y el rendimiento en las secciones de laminación, desarrollar enfoques estratégicos para la extracción de mineral, impartir una formación esencial en metodologías de IO y analizar el tráfico para agilizar las operaciones en la planta siderúrgica de Huachipato. Durante su trabajo para la CAP, se resolvieron muchos de los problemas detectados por el equipo consultor de SIGMA y, en casi todos los casos, se llevó a cabo la implantación. Como resultado, se lograron ahorros sustanciales y se desarrollaron nuevas técnicas (Muir 1963b). A raíz de su experiencia en la CAP en Huachipato, Muir, Dizy y Faulkner publicaron en Operational Research Quarterly un artículo que repasaba sus 20 meses de trabajo de IO en Chile (Muir et al. 1964). Además del trabajo en la CAP, SIGMA trabajó también con los ferrocarriles chilenos, para los que pudo realizar un análisis del camino crítico (CPA) del trayecto San Fernando-Talca y calcular asimismo la red de Roy en un IBM 1401, un ordenador decimal de longitud de palabra variable, con un programa PERT modificado (Dizy 1965a). Como el volumen de trabajo era grande, SIGMA contrató también a estudiantes locales como apoyo. Entre ellos estaba Fernando Flores, estudiante de Ingeniería Industrial en la Universidad Católica de Chile, con formación en IO, a quien SIGMA contrató para trabajar en el contrato con los ferrocarriles chilenos. Fue en ese periodo cuando Flores descubrió Cybernetics and Management de Beer (Beer 1959, 1981, p. 207; Medina 2011, p. 31; Rivera 2011). Tras licenciarse, Flores siguió bajo la influencia de los libros de Beer, en particular de Decision and Control (Beer 1966), y consideraba a Beer un profundo visionario en este campo, alejándose de las ideas más técnicas de la IO.
El boletín interno de SIGMA, el SIGMA SITREP, dedicó dos números a sus actividades y perspectivas en América Latina, en 1963 y 1965 respectivamente. En conjunto, constataban un interés entusiasta por desarrollar más actividad en la región, sobre todo porque ya tenían a cinco personas científicas trabajando en Chile. Bajo el título «Letter from South America», SIGMA SITREP describía el considerable aumento de sus actividades y de su prospección comercial (Dizy 1965b, c). Indica que Marino Dizy, en sus escasos ratos libres en Chile, intentaba despertar un mayor interés de la CORFO, centrada en la expansión de la economía, en particular en el ámbito industrial. La segunda vía consistía en visitar centros industriales de algunos otros países y hablar con la dirección de las industrias locales, explicando la finalidad de la IO y el servicio que ofrece SIGMA, ya que un uso más extendido de estas técnicas no podía sino contribuir a la mejora general de las condiciones económicas en toda América Latina.
El equipo de SIGMA viajó a Brasil y Argentina para explorar y ampliar sus oportunidades de negocio. En São Paulo, a SIGMA se le presentó una posibilidad a través de SPEED, filial de Brazilian Telephone Guides, que buscaba asesoramiento sobre cómo relanzar eficazmente sus servicios de centro de cálculo, lo que podía abrir a SIGMA las puertas de más de 20 empresas industriales y comerciales de Brasil. Mientras tanto, en Argentina, SIGMA dedicó tres días a evaluar el panorama local de la IO, con doce entrevistas en distintos sectores, entre ellos la siderurgia, el petróleo y la industria manufacturera, para valorar el potencial de los servicios de SIGMA en esos mercados (Muir 1963a).
Otros mercados posibles eran Venezuela y Perú, donde la experiencia de SIGMA en la CAP en Chile resultaba especialmente valiosa. A principios de junio de 1965, Caplin y Dizy viajaron a Perú, donde, pese a un vuelo con retraso, mantuvieron con eficacia 12 reuniones con potenciales clientes en menos de 32 horas. Durante esta visita relámpago, se reunieron con estudiantes y profesorado de la Facultad de Petróleo de la Universidad Nacional de Ingeniería de Lima y con altos cargos del sector petrolero nacionalizado, y debatieron los beneficios de las técnicas de IO. Estas reuniones, bien coordinadas, las organizó Fausto Valdeavellano, procedente de la ingeniería peruana, que había hecho prácticas en SIGMA. El potencial de negocio en Perú era evidente, con el interés de directivos del sector petrolero por un análisis CPA para una nueva refinería que proyectaban constructoras japonesas. Los documentos mencionan que una «figura destacada de la industria de la harina de pescado, antiguo vendedor de fueloil» (posiblemente el empresario peruano Luis Banchero Rossi), estaba muy versado en cibernética y manifestó interés por resolver un costoso problema de transporte. Además, la asociación peruana de dirección de empresas propuso un seminario de una semana en Lima para el otoño, lo que representaba una excelente oportunidad para que SIGMA prosiguiera su labor de promoción (Dizy 1965c).
Sin embargo, ninguna de las visitas a Argentina, Brasil, Perú o Venezuela dio fruto. SIGMA se había enfrentado a importantes dificultades para ampliar sus operaciones en Sudamérica. En primer lugar, los honorarios de consultoría que cobraba SIGMA eran elevados en comparación con los de las firmas locales, lo que la hacía menos competitiva en el mercado. En segundo lugar, la región sufría escasez de divisas fuertes, lo que complica las transacciones financieras y la posibilidad de conseguir contratos. Por último, las empresas norteamericanas estaban entrando agresivamente en el mercado, a menudo respaldadas por ayudas financieras de iniciativas como la Alianza para el Progreso y la Fundación Ford, lo que les daba una clara ventaja, en particular para obtener proyectos con organismos públicos, donde ese respaldo financiero resultaba muy persuasivo (Dizy 1965b).
No obstante, no deben pasarse por alto los proyectos de SIGMA en Chile ni su gira de promoción por América Latina, ya que suscitaron un interés y un entusiasmo considerables por las posibilidades de los enfoques cibernéticos aplicados al gobierno y la planificación. Las primeras interacciones de SIGMA en América Latina pudieron sembrar la semilla de las colaboraciones posteriores, más amplias, de Beer en la región, a saber, el proyecto Cybersyn en Chile y, en cierta medida, CENTRO en Perú. Fernando Flores, influido por la cibernética de la gestión de Beer y que había trabajado para SIGMA en Chile, se convertiría años más tarde, durante el gobierno de Allende, en gerente técnico general de la CORFO y asumiría la responsabilidad de la regulación diaria de las fábricas nacionalizadas; finalmente llevó a Beer a Chile para que aplicara su pericia en gestión cibernética a la dirección de las fábricas nacionalizadas, lo que dio lugar al proyecto Cybersyn (Medina 2011; Pickering 2010; Rivera 2011). En Perú, cuando David Caplin y otras personas consultoras de SIGMA llegaron a Lima en su gira de promoción, conocieron a Francisco Sagasti durante una cena organizada por Valdeavellano. Aquel encuentro llevó a Sagasti a pasar una temporada con SIGMA en el Reino Unido (de septiembre de 1966 a agosto de 1967). Durante su estancia, Sagasti recibió la influencia de las ideas de Beer, lo que le llevó a iniciar sus estudios de máster en la Pennsylvania State University y, en 1968, a proseguir sus estudios de doctorado en la Wharton School de la University of Pennsylvania bajo la dirección del teórico de las organizaciones Russel Ackoff, padre de la planificación estratégica basada en la teoría de sistemas (Sagasti 1971). Sagasti llegaría a ser presidente del Perú (2020–2021) y un experto internacional en TIC para el desarrollo.
A principios de los años setenta, América Latina vivió dos de las experiencias más originales e innovadoras de cibernética de la gestión en el seno de los gobiernos socialistas de Chile y Perú. Estos gobiernos aspiraban a generar profundas transformaciones sociales. Es en este contexto en el que surgió el proyecto Cybersyn en Chile. Como se ha dicho, el objetivo de este artículo no es explicar el proyecto Cybersyn, que ha sido objeto de una amplia investigación, sobre todo en los últimos quince años (Alvarez and Gutierrez 2022; Benezra 2018; de Senna Figueiredo 2022; Espejo 2022b; Medina 2011; Morozov 2014; Ossa and Rivera 2008; Palmarola et al. 2024; Pickering 2010; Vehlken 2022). No obstante, queremos destacar un proyecto relativamente desconocido de la misma época, que tuvo lugar en Perú en 1972, durante el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada (GRAF), encabezado por el general Juan Velasco Alvarado (1968 - 1975). La intención del GRAF era llevar a cabo profundas reformas sociales y económicas en el país. Entre sus reformas más importantes, el GRAF expropió y nacionalizó las compañías petroleras y decretó una amplia reforma agraria que disolvió las haciendas andinas y las antiguas plantaciones costeras, con la intención de convertir el modelo rural semifeudal en un conjunto moderno de cooperativas agrarias.
Velasco pretendía conducir al Perú hacia la modernización, no según los modos occidentales de producción y consumo, sino introduciendo de forma radical nuevas disposiciones que situaran en el centro la satisfacción de las necesidades humanas y el bienestar, y no solo la prosperidad económica. El GRAF aspiraba a una «democracia social de participación plena» mediante la creación de un modelo en el que el pueblo pudiera decidir su futuro y participar activamente en su desarrollo. Para alcanzar un objetivo tan ambicioso, parecía evidente que se necesitaban datos precisos y la capacidad de analizarlos.
En 1972, el GRAF decidió crear el Centro de Estudios de Participación Popular (CENTRO, como se lo conocía habitualmente). CENTRO fue fundado por el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro, antiguo ministro de Educación y jefe de gabinete durante el gobierno de João Goulart, que se había exiliado de Brasil tras el golpe militar de 1964. Junto con el matemático argentino Oscar Varsavsky, Ribeiro aspiraba a crear un «Modelo de Socialismo Cibernético» para el Perú (de Senna Figueiredo 2022; Mariátegui 2024). Varsavsky propuso un plan de desarrollo socialista basado en la simulación numérica y en modelos computacionales —al que llamó Proyecto Nacional— que pudiera dar cuenta de las numerosas variables que intervienen en la elaboración de las políticas nacionales (Varsavsky 1975). La visión de CENTRO era fomentar una «infraestructura de retroalimentación» inclusiva y participativa: un conjunto de herramientas analíticas para identificar los problemas sociales e implicar a una población a menudo excluida en la resolución de problemas y en la toma de decisiones. La convicción era que, mediante la participación activa, el pueblo podría dar forma a su futuro económico y social.
Varsavsky desarrolló un modelo computacional para explorar las posibilidades de transformación de la sociedad en función de la disponibilidad de recursos, la distribución de la riqueza y la viabilidad política. Más que predecir resultados, el objetivo de Varsavsky era utilizar la experimentación numérica y los modelos computacionales para concebir modelos posibles de desarrollo y de bienestar social. Para un científico social como Ribeiro, ese tipo de experimentos permitía visualizar futuros posibles y «utopías viables», en particular para satisfacer las necesidades básicas en el Perú (Viedma 2021).
Las ideas de Stafford Beer llegaron a CENTRO de la mano del brasileño Carlos Senna Figueiredo, a quien Beer había contratado inicialmente como especialista en modelos matemáticos aplicados para el proyecto Cybersyn. Más tarde, Senna Figueiredo se uniría a CENTRO tras salir en un vuelo de Santiago de Chile a Lima el 11 de septiembre, justo cuando estaba en marcha el golpe de Estado contra Salvador Allende. Los documentos de CENTRO revelan un anteproyecto de sistema de información y control empresarial en tiempo real, similar al proyecto Cybersyn, destinado a garantizar la autonomía en la toma de decisiones en todos los niveles del aparato industrial, manteniendo al mismo tiempo el equilibrio con las políticas reguladoras del Estado (de Figueiredo 1973).
Sin embargo, a diferencia del proyecto Cybersyn, la visión de CENTRO no se centraba en la automatización del trabajo ni en la eficiencia de la producción basada en el MSV, sino en la abolición de las estructuras de poder asimétricas y en el uso de nuevas herramientas para el gobierno de la sociedad en un mundo cada vez más complejo. En el caso peruano, la creación del sector de propiedad social hizo necesario crear mecanismos de participación en las empresas para garantizar la autonomía de decisión en todos los niveles del aparato industrial. CENTRO propuso un sistema de información y control como herramienta para lograr esa autonomía, entendiendo que estas empresas deben «integrarse en contextos más amplios, y debe establecerse un equilibrio entre su autonomía y la política reguladora del Estado en el sector respectivo» (de Figueiredo 1973, p. 44).
A lo largo de los documentos de CENTRO se insiste mucho en que el sistema busca garantizar la autonomía de decisión que generan los mecanismos de participación en los distintos niveles de la gestión, lo que significa que el equipo de CENTRO concebía el sistema de información y control como un mecanismo de gestión, basado en la teoría general de sistemas de Bertalanffy y en conceptos de la cibernética de Wiener (von Bertalanffy 1968; Wiener 1948). El sistema se inspiraba sobre todo en las ideas de la primera edición del libro de Beer Brain of the Firm (Beer 1972)1, al proponer «implantar un sistema nervioso en tiempo real en la economía. Un sistema de toma de decisiones continuamente adaptativo […] que utiliza el ordenador como motor lógico y no simplemente como depósito de datos» (de Figueiredo1973).
Además, de Senna Figueiredo organizó una presentación sobre el proyecto Cybersyn para altos mandos2 y fue el autor de lo que posiblemente sea el primer texto publicado en el mundo sobre el proyecto Cybersyn, editado por CENTRO en 1974 en el libro Planificación y Participación (de Figueiredo 1974). La publicación tuvo una tirada de 5 000 ejemplares, una de las más altas de las identificadas como publicaciones de CENTRO. En su ensayo, «El control de la información y la participación en la empresa», de Senna Figueiredo relata su experiencia del proyecto Cybersyn (con algunos pasajes similares al texto citado en el párrafo anterior, lo que confirma su autoría) y ofrece una explicación detallada del MSV de Beer, con ilustraciones, diagramas de flujo y modelos matemáticos (Varsavsky et al. 1974).
El final prematuro de CENTRO, después de que un nuevo golpe militar llegara al poder en 1975 y lo desmantelara, se debió en parte a la falta de comprensión y de apoyo del alto mando militar. Esto pone de relieve una pauta recurrente en América Latina: los proyectos visionarios sucumben a menudo a las prioridades de corto plazo y a la miopía política. Durante la década siguiente, el panorama político y económico de América Latina experimentó cambios importantes, mientras los países lidiaban con las secuelas de las dictaduras militares, las crisis económicas y la creciente influencia de las políticas neoliberales promovidas por los organismos multilaterales. Fue en este contexto en el que Stafford Beer regresó a América Latina en los años ochenta, cuando los gobiernos buscaban formas innovadoras de afrontar nuevos desafíos y de reformar su administración pública con sus conceptos cibernéticos.
En los años ochenta, a medida que América Latina volvía gradualmente a la democracia, muchos países de la región adoptaron políticas neoliberales (privatización de empresas públicas, desregulación, liberalización comercial y financiera) como respuesta a las crisis económicas y a la deuda. Estas políticas eran promovidas por organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Los gobiernos se sintieron atraídos por el potencial de la cibernética como medio para mejorar sus políticas públicas y sus esfuerzos de reforma. La cibernética, con su énfasis en la comprensión de los sistemas complejos y de sus bucles de retroalimentación, ofrecía un enfoque prometedor para introducir más racionalidad, objetividad y precisión en el proceso de elaboración de políticas. También se veía como una forma de modernizar el funcionamiento del gobierno y de demostrar un compromiso con la transparencia y la integridad. Organismos como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) respaldaron esas reformas e hicieron posible recurrir a una consultoría internacional competente. Curiosamente, Stafford Beer participó en varias colaboraciones en América Latina durante esos años, que nos permiten comprender los desafíos y los éxitos de la aplicación del MSV en contextos políticos, económicos y sociales diversos. En los apartados siguientes, exploraremos el recorrido de Beer por cuatro países: México (1982–1983), Uruguay (1986–1988), Venezuela (1989) y Colombia (1993–2002). Cada caso muestra cómo las ideas y metodologías de Beer, en particular el MSV y la cibernética de segundo orden, se aplicaron a diversos aspectos de la administración pública y de la organización del gobierno.
Beer pasó una parte importante de 1982 y todo 1983 en México, inicialmente por invitación de Javier Libas, figura de la abogacía, la cibernética y la política de derechas que había conocido la obra de Beer. Beer vivía en Ciudad de México, mientras crecía su desencanto con el gobierno mexicano. Uno de los proyectos en los que participó Beer pretendía abordar el problema del desperdicio de alimentos en el país, un problema derivado de unas infraestructuras de transporte y envío inadecuadas, que a menudo hacen que los productos se echen a perder antes de llegar al mercado. El proyecto buscaba optimizar las infraestructuras existentes, eventualmente orientar la elección de productos hacia aquellos más resistentes durante el transporte y, en última instancia, reducir el desperdicio de alimentos en un país que lo necesitaba con urgencia3. Sin embargo, la iniciativa se enfrentó a grandes dificultades debido a la corrupción generalizada en el país: los fondos asignados desaparecían a menudo en los bolsillos de personal del Estado al que se llamaba «aviadores», lo que obstaculizaba el avance del proyecto.
Lo más significativo es el memorando de Beer de 1983, publicado en el periódico «El Norte»4 y dirigido al presidente mexicano Miguel de la Madrid Hurtado, que representa una aplicación crítica del MSV para diagnosticar y afrontar los fallos sistémicos de gobernanza (Beer 1986). Su análisis revela cómo las estructuras institucionales pueden resistirse activamente a la transformación, incluso cuando existe una aparente voluntad política de cambio. El memorando ilustra dos problemas fundamentales en México: la disfunción estructural y la resistencia institucional al cambio. La disfunción estructural se manifiesta en la incapacidad del gobierno para adaptarse a circunstancias cambiantes. Beer observa que esto crea un círculo vicioso en el que las instituciones se vuelven cada vez más disfuncionales, produciendo lo que él llama un crecimiento burocrático «canceroso». Lo más significativo es que Beer identifica cómo los diseños institucionales generaban activamente resultados no deseados. Con ejemplos de PEMEX —la compañía petrolera estatal—, del partido PRI5 y de la burocracia federal, demuestra que estos sistemas estaban perfectamente diseñados para producir corrupción e ineficiencia, no como aberraciones sino como productos naturales de su configuración estructural. Esto concuerda con la célebre máxima de Beer según la cual «el propósito de un sistema es lo que hace» (POSIWID), y no lo que dice hacer (Beer 1995, 2002). El memorando al presidente de la Madrid es a la vez una advertencia sobre cómo las estructuras institucionales pueden subvertir las intenciones democráticas y un plano para una reforma sistémica y experimental hacia una gobernanza más participativa y eficaz. Tras esta experiencia decepcionante, Beer dejó México y decidió emigrar a Canadá (Beer 1990), aunque en marzo de 1990, de nuevo por invitación de Javier Libas, dio una conferencia en el congreso «The Intelligent Organisation» del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.6
En el caso de Uruguay, tras doce años de dictadura cívico-militar, el nuevo presidente democráticamente elegido, Julio María Sanguinetti, necesitaba información diaria, casi en tiempo real, sobre variables críticas para evaluar la situación del país, detectar a tiempo posibles problemas y tomar decisiones buenas y bien fundadas. Uruguay Cibernético (URUCIB) fue un sistema de información ejecutiva diseñado e implantado para la Presidencia de Uruguay (1986–1988). El sistema creó una red nacional de datos que incorporaba modelización cibernética y técnicas estadísticas para detectar lo que Beer llamaba «inestabilidades incipientes» en la situación del país, centrándose en la detección de cambios disruptivos en series temporales de datos microeconómicos para alertar al gobierno con antelación. El proyecto empleó también un método práctico para extrapolar variables macroeconómicas a partir de datos microeconómicos de fácil acceso, una técnica novedosa. URUCIB redujo la falta de información, los costes burocráticos y la complejidad de recuperar datos de distintas fuentes de información en las oficinas del gobierno. El sistema tenía una interfaz gráfica intuitiva que permitía a los «responsables de decisiones de alto nivel» basar sus decisiones en una información completa presentada a diario en un Centro de Gestión situado en el despacho del presidente, similar en su concepción a la sala de operaciones (u Opsroom) del proyecto Cybersyn, pero con tecnología digital (Ganón 2019). Beer concebía el Centro de Gestión como un «entorno de información» donde las personas pudieran reunirse para tomar decisiones basadas en datos en tiempo real mostrados en pantallas y paneles visuales, con el papel expresamente prohibido en ese espacio (Beer 1989). Desde la ingeniería uruguaya, Víctor Ganón, responsable del proyecto, basó URUCIB en el MSV y contrató a Stafford Beer como asesor. El MSV proporcionaba un modelo para derivar indicadores y detectar en tiempo real inestabilidades en la situación del país. El proyecto en sí se basaba en una amplia integración de sistemas, teniendo en cuenta que en aquellos años muchas tecnologías se desplegaban todavía en compartimentos estancos (por ejemplo, comunicaciones, computación, recursos de datos). El sistema incluía un programa estadístico llamado «Cyberfilter», que analiza los flujos de datos frente a las expectativas almacenadas para detectar inestabilidades incipientes con la antelación suficiente para que la dirección adopte medidas correctoras antes de que los problemas se materialicen (Beer 1989; Ganón 2022). La implantación del sistema de télex supuso un avance significativo respecto a las máquinas de télex del Cybersyn chileno. Uruguay había desarrollado capacidades nacionales sofisticadas en electrónica y programación que le permitieron diseñar y construir localmente centrales y equipos de télex completos (Ganón 2022).
Según Ganón, Beer no creía que el software necesario para el funcionamiento de URUCIB pudiera desarrollarse en Uruguay; para la «mentalidad del norte» de Beer, la gente del Sur no podía desarrollar un software «de vanguardia» (Ganón 2022). Este sesgo occidentalocéntrico de Beer puede considerarse comprensible si se tiene en cuenta que el desarrollo del programa «Cyberstride» del proyecto Cybersyn lo realizó principalmente la consultora Arthur Andersen en Inglaterra; además, Beer se apoyó mucho en el asesoramiento de otras personas expertas extranjeras (Medina 2011). Curiosamente, el éxito de URUCIB abrió el camino para que más tarde se «exportara» a Argentina y Nicaragua7, donde se utilizó durante muchos años tanto en el gobierno local como en el nacional (Ganón 2022). Fue el primer software exportado desde Uruguay, que más tarde se convertiría en uno de los países latinoamericanos más avanzados en desarrollo de software y tecnología. URUCIB representó un hito significativo en la historia de la computación en América Latina e incluso podría considerarse un precursor de las prácticas modernas de la ciencia de datos.
El paso de la presidencia de Sanguinetti a la de Lacalle en marzo de 1990 marcó un punto de inflexión para URUCIB. Aunque el sistema había prosperado bajo la administración de Sanguinetti, llegando incluso a obtener reconocimiento internacional, se enfrentó a importantes dificultades con el nuevo gobierno. El cambio de administración trajo nuevas prioridades y perspectivas distintas sobre cómo gestionar la información gubernamental. Este cambio de apoyo político llegó en un momento especialmente delicado, ya que URUCIB se enfrentaba a imperativos técnicos para evolucionar de su implantación original en MS-DOS a un sistema más robusto basado en Windows, junto con la necesidad de ampliar su red a personas usuarias externas y de migrar su base de datos. La combinación de la pérdida del respaldo político de la nueva administración y la retirada del apoyo financiero del PNUD acabó poniendo fin a la trayectoria pionera de URUCIB en los sistemas de información gubernamental, pese a su éxito demostrado y a su reconocimiento internacional.
En el caso de Venezuela, el segundo mandato del presidente Carlos Andrés Pérez (1989–1993) afrontó importantes desafíos económicos y sociales en este país rico en petróleo. Gracias al contacto con el venezolano Manuel Mariña Muller —discípulo de Beer que escribió su tesis doctoral sobre cibernética (Mariña Muller 1982) y fue profesor de la Universidad Central de Venezuela - UVC)8—, el PNUD y la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) invitaron a Beer en tres ocasiones9 a visitar Venezuela para hablar de cibernética de la gestión con el presidente Pérez y de la posible implantación de lo que se llamó Proyecto Cybervenez, destinado a instalar una sala de decisiones estratégicas para el gabinete presidencial. De manera similar al caso de URUCIB, esta sala debía alimentarse con información en tiempo real mediante el «Cyberfilter». El objetivo era analizar elementos vitales, como el abastecimiento de alimentos y los flujos económicos nacionales, con el fin de detectar inestabilidades incipientes.10 Para ello se formó un «comité cibernético» en el despacho del presidente, y un equipo de implantación elaboró diagramas de flujo que ofrecían información sobre la cadena alimentaria, por ejemplo, sobre la industria láctea.
Durante su estancia en Caracas, Beer habló también con el presidente Pérez sobre cómo las democracias latinoamericanas podrían formar una alianza eficaz con vistas a la autonomía regional y a una posición colectiva en el orden mundial. Con ese fin, la alianza regional podría beneficiarse de un aspecto crucial del MSV: la interacción entre entornos (Beer 1990). Beer subraya que esta interacción se manifiesta en múltiples dimensiones compartidas: fronteras físicas, relaciones económicas, recursos naturales y una identidad regional colectiva en los negocios y el turismo mundiales. Beer sugiere que gestionar estas interacciones entre entornos mediante principios cibernéticos podría ser sumamente valioso para estructurar la cooperación regional, ya que representa una forma de manejar la complejidad (variedad) en el sistema y podría conducir a mejores intercambios económicos regionales (Beer 1990, p. 319). Sin embargo, como señala Pickering, la ley de la variedad requerida de Ashby, según la cual solo la variedad puede absorber la variedad, explica por qué los intentos de imponer estructuras políticas o económicas rígidas a sistemas complejos de relaciones —como era el caso de la alianza regional latinoamericana proyectada— están abocados al fracaso (Pickering 2010, p. 275).
La situación de Venezuela dio un giro dramático cuando los precios del petróleo se desplomaron, su economía se contrajo y la inflación se disparó. Esto llevó al presidente Pérez a aplicar un severo paquete de austeridad respaldado por el FMI, medida que provocó el «Caracazo» en febrero de 1989, una serie de protestas y disturbios generalizados en Caracas y otras ciudades, reprimidos con brutalidad por el ejército. Este cambio repentino del panorama económico causó una amplia discordia entre distintas facciones y acabó provocando la dimisión de la mitad de los miembros del gabinete presidencial11. Como consecuencia directa de estos acontecimientos imprevistos, los ambiciosos planes cibernéticos del presidente quedaron de hecho descarrilados. El capital político y la influencia en los que Beer había esperado apoyarse para impulsar su agenda se vieron gravemente mermados por la agitación. A su vez, aunque durante ese periodo Beer y Espejo organizaron en Caracas un par de seminarios de una semana12, el Proyecto Cybervenez en su conjunto nunca llegó a materializarse y se fue disolviendo poco a poco, lo que supuso para Beer una simple pérdida de tiempo; más tarde lo calificaría de «fiasco»13.
Colombia fue la última etapa del recorrido de Stafford Beer por América Latina. En 1989, Angela Espinosa, ingeniera colombiana de sistemas e informática y figura clave del desarrollo de la cibernética organizacional en Colombia, cursaba su doctorado en cibernética organizacional en la Aston University bajo la dirección de Raul Espejo. Conoció a Stafford Beer en un congreso en Cambridge, lo que dio pie a una larga colaboración14. En 1990, tras terminar el doctorado, Espinosa regresó a Colombia y fue nombrada secretaria de Informática de la Presidencia de la República. Entre 1993 y 2002 se desarrollaron cinco proyectos que se exponen en el capítulo 8 («Facilitating Systemic Change with the VSM») del libro de Espinosa Sustainable self-governance in businesses and society: the viable system model in action (Espinosa 2023). Los proyectos mencionados en el libro se llevaron a cabo durante las presidencias de César Gaviria (1990–1994) y Ernesto Samper (1994–1998). Ambos presidentes pertenecían al Partido Liberal y se centraron en la liberalización económica, el bienestar social y las negociaciones de paz con los grupos guerrilleros. El MSV ha contribuido a diseñar y ejecutar estos proyectos y, aunque algunos no se completaron como se esperaba, han provocado cambios de gran envergadura, desde la reorganización de instituciones hasta la mejora de la gobernanza nacional, la reforma de un sistema escolar nacional o el desarrollo de un sector ambiental nacional (Espinosa 2023). En los párrafos siguientes describimos tres casos que muestran cómo Espinosa y su equipo utilizaron herramientas como el MSV y la cibernética de segundo orden para afrontar desafíos en la gestión estratégica de la información, las prácticas de auditoría y la reforma educativa en la Colombia de los años noventa.
Gestión estratégica de la información en la Presidencia de Colombia (1990–1992). La tesis doctoral de Espinosa (Espinosa 1995) se basó en un estudio de caso que analizaba el Plan de Sistemas de Información Estratégica (SISP) de la Presidencia de la República de Colombia (CPO) entre 1990 y 1992, cuando ella era secretaria de Informática de la CPO. Durante ese periodo se compró en Estados Unidos el programa «The Coordinator», que representaba los últimos avances de la cibernética de segundo orden (Winograd 1987). Espinosa dirigió un proyecto con la CPO, el Departamento Nacional de Planeación y el Centro de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional para desarrollar un sistema sistémico de gestión del desempeño que permitiera seguir la ejecución de los programas de desarrollo en las organizaciones públicas. Espinosa aplicó el MSV, lo que implicó cartografiar la presidencia y las organizaciones del Estado, tarea que se completó con su propia versión de la metodología Viplan, un enfoque en 6 etapas desarrollado por Raul Espejo para aplicar el MSV (Espejo et al. 1999). Añadió el estudio de la gestión estratégica de la información a las etapas tradicionales de Viplan (Espinosa 1995). El resultado final fue el diseño y la puesta en marcha del proyecto «Synergia» para seguir indicadores clave de rendimiento (KPI) sobre el efecto de los programas de desarrollo financiados con fondos públicos, que funcionó eficazmente durante varios años y contribuyó a desarrollar una cultura de medición del desempeño en el sector público (Espinosa 2023).
La Contraloría de Colombia tenía varios problemas, entre ellos la falta de información oportuna y de calidad, la falta de acciones de control eficaces derivadas de las auditorías, y una excesiva centralización y fragmentación. La reingeniería de la Contraloría utilizó marcos conceptuales y herramientas de la cibernética organizacional y de la cibernética de segundo orden, e introdujo la «auditoría sistémica» para mejorar las comunicaciones y construir una confianza responsable entre las entidades del gobierno (Espejo 2022a). Aunque el proyecto trajo algunas mejoras en las prácticas de auditoría y en las competencias del personal auditor, el cambio organizativo global fue limitado. Cabe destacar que la mayoría de los cambios se produjeron en el nivel de las tareas de auditoría, mientras que hubo menos cambios en la estructura organizativa y en las prácticas de gestión (Espinosa 1998). El proyecto fue financiado por el PNUD y dirigido por un equipo de consultoría académica de la Universidad de los Andes en Bogotá, así como por Raul Espejo, que acudía cada año para estancias breves. Más tarde, en 1996, Beer, Espejo y Heinz Von Foerster recibieron una invitación como personalidades internacionales al congreso «La nueva Contraloría General de la República para Colombia en el siglo XXI», celebrado en Cartagena, donde el proyecto se presentó a altos cargos públicos del país. Espinosa recoge las palabras de apertura de Beer en el congreso (Espinosa 2023):
El control intrínseco o autocontrol puede diseñarse para lograr un control más eficaz, y el problema de la corrupción quedaría resuelto automáticamente en ese proceso….
La corrupción es un producto del sistema; la corrupción no es una entidad en sí misma….
Si el sistema es corrupto, es porque está diseñado para ser corrupto. Así que rediseñémoslo [p. 245].
El diseño de un «Nuevo Sistema Escolar» siguió inicialmente el enfoque tradicional del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que promovía reformas educativas en América Latina basadas en una teoría y una metodología mecanicistas centradas en aumentar la eficacia y la eficiencia de las instituciones que gestionan los recursos educativos, y que no logró el impacto deseado en la cobertura, la calidad y la equidad de los sistemas educativos locales. En un intento de romper con los paradigmas teóricos y los enfoques metodológicos del BID, entre 1998 y 2000 el diseño se reorientó hacia un enfoque holístico alternativo basado en conceptos de la cibernética organizacional y de la cibernética de segundo orden, con el fin de abordar las actitudes, los valores y el contexto de interacción en el nivel de los sistemas educativos locales y de estos con otros sistemas institucionales (Espinosa and Jackson 2002). El proyecto subrayaba la importancia de aumentar la participación y la colaboración entre las distintas partes implicadas en el sistema educativo, entre ellos la infancia, las familias, las escuelas, las comunidades locales y las autoridades municipales y nacionales, así como de desarrollar mejores relaciones, una asignación de recursos basada en las necesidades locales, programas de incentivos y la movilización social para transformar colectivamente la educación en el ámbito local, mejorando en última instancia la calidad, la cobertura y la equidad del sistema educativo, a la vez que se fomentaba la autonomía local, se promovía la ciudadanía y el desempeño hacia una reforma educativa sostenible (Espinosa and Jackson 2002).
Hubo otros proyectos relevantes, como el Desarrollo del Sistema Nacional Ambiental (Espinosa and Walker 2006) y el Seguimiento del impacto de los programas nacionales de reducción de la pobreza, que también tuvieron en cuenta las ideas del MSV sobre la autorregulación. Este último programa diseñó y puso en marcha con éxito un sistema de seguimiento para evaluar el impacto de los programas de desarrollo de lucha contra la pobreza, que reforzó el control ciudadano sobre los recursos para el desarrollo y la participación activa en el seguimiento de su ejecución y de su impacto local (Espinosa 1997, 2006). Además, de 1993 a 2002, Espinosa diseñó y dirigió en la Universidad de los Andes un programa de especialización centrado en los sistemas de gestión del desempeño, inspirado en el MSV. El programa siguió activo varios años después de su marcha en 2002.
Como se ha señalado, aunque el trabajo de SIGMA en América Latina en los años sesenta no ofrece una perspectiva evidente sobre el potencial de la cibernética de la gestión en el gobierno, resulta sintomático que fuera en esos años cuando Beer desarrolló un conjunto de ideas bautizado como «The Liberty Machine», en el que sostenía que la cibernética tenía la responsabilidad «no solo de alertar a la sociedad de las amenazas ambientales y sociales, sino también de proporcionar las herramientas con las que resolverlas» (Beer 1971, p. 338). Para Beer, el fracaso de la sociedad tenía su raíz en el desajuste producido por las estructuras organizativas tradicionales, jerárquicas, divididas por funciones y verticales, tan crudamente ejemplificadas en el caso de los gobiernos. En su lugar, «The Liberty Machine» abogaba por un nuevo tipo de metasistema, caracterizado por una estructura en red en lugar de jerárquica, y por una acción guiada por la información y no por la autoridad.
Cabría sostener que el proyecto Cybersyn en Chile y CENTRO en Perú fueron, en definitiva, dos importantes proyectos gubernamentales que aspiraban a trascender las fronteras convencionales y a postular diseños radicales y alternativos apoyándose en una combinación de principios cibernéticos basados en sistemas de control en tiempo real, la autonomía, la toma de decisiones y la gestión participativa. Sin embargo, no debe subestimarse que la influencia de las ideas de Beer en la América Latina de los años setenta se produjo en un momento en que la región vivía un importante desarrollo intelectual, tanto de una rica tradición sociológica (Beigel 2019) como de un enfoque pionero de los modelos computacionales para abordar los problemas sociales imperantes (Carnota and Borches 2014; de Senna Figueiredo 2022; Mariátegui et al. 2022b; Valente and Grohmann 2024). Paradójicamente, algunas figuras destacadas de esta tradición sociológica en América Latina, como Fernando Henrique Cardoso —que más tarde sería presidente de Brasil (1995–2003)—, veían el proyecto Cybersyn como una iniciativa extravagante que nada tenía que ver con la realidad política y económica a la que se enfrentaba América Latina (Cardoso 2006). Esto pone de relieve una tensión crucial en la aplicación del MSV: el reto de traducir sus principios cibernéticos emancipadores en aplicaciones dentro de las estructuras estatales existentes y de la sociedad en su conjunto.
Una década más tarde, en los años ochenta y noventa, cuando Beer regresó a América Latina, se encontró con un escenario muy diferente y más difícil que el de los años setenta. Los casos de México (1982–1983), Uruguay (1986–1988), Venezuela (1989) y más tarde Colombia (1993–2002) aportan pruebas interesantes de cómo se entendieron sus ideas, en particular el MSV, o a veces se malinterpretaron, en aquel momento.
En el caso de México, la corrupción tenía un carácter sistémico. Curiosamente, Beer no veía la corrupción como una falta moral individual, sino como un producto informativo del sistema. Señala cómo los sistemas burocráticos desarrollan de forma intrínseca «termitas de la corrupción» que «perforan insidiosamente hasta las últimas terminaciones nerviosas del flujo de información», volviendo corruptos los propios mensajes (Beer 1983, p. 797). Este enfoque basado en la información sugiere que la corrupción en México no era solo cuestión de personas deshonestas, sino de un sistema diseñado para hacer inevitable la corrupción. El desencanto final de Beer con el gobierno mexicano y su decisión de abandonar el país subrayan también las dificultades de aplicar principios cibernéticos frente a una burocracia institucional tan arraigada. Transformar sistemas complejos y adaptativos, como los gobiernos, exige una comprensión profunda de su dinámica informativa, así como el compromiso sostenido y la colaboración de las partes interesadas clave, como veremos más adelante en casos como los de Uruguay y Colombia. Sin embargo, poco puede hacerse para crear la nueva dinámica propuesta por Beer si hay personas que restringen o bloquean deliberadamente el flujo de información.
Venezuela proyectó inicialmente el Proyecto Cybervenez y la alianza de países democráticos latinoamericanos como formas de hacer frente a su dependencia del Consenso de Washington y de sus políticas aplicadas a través de los organismos multilaterales. Las conversaciones de Beer con el presidente Pérez sobre la formación de una alianza de democracias latinoamericanas reflejan su visión del «metamanagement», la creación de estructuras organizativas de nivel superior que integran las organizaciones existentes (en este caso, los Estados nación) en estructuras más amplias y eficaces (Beer 1990). Sin embargo, el caso de Venezuela pone también de relieve las dificultades para aplicar tales proyectos de gobernanza cibernética frente a las turbulencias políticas y económicas de finales de los años ochenta, en particular durante el «Caracazo» y la inestabilidad social que lo siguió, en un país que hasta los años setenta había sido una de las naciones más ricas y estables del mundo, sobre todo gracias al auge de la industria petrolera. Este desenlace subraya la idea de Beer de que, si bien los principios cibernéticos ofrecen herramientas poderosas para una organización y una gobernanza más eficaces, su aplicación con éxito depende de un cierto grado de estabilidad política y económica (Beer 1981). Ante crisis graves y dinámicas de poder complejas —como se vio en los casos de México y Venezuela—, incluso los sistemas mejor diseñados pueden resultar insostenibles.
El proyecto URUCIB de Uruguay ilustra a la vez el potencial y los riesgos de aplicar los principios cibernéticos de Stafford Beer a la toma de decisiones gubernamentales. Por un lado, las capacidades de seguimiento en tiempo real y de integración de datos del sistema concuerdan con la visión de Beer de un enfoque de la gobernanza más adaptativo y guiado por la información. Al proporcionar al presidente Sanguinetti datos agregados, oportunos y completos sobre la situación del país, URUCIB pretendía reforzar la capacidad del gobierno para detectar los desafíos emergentes y responder a ellos. Sin embargo, la centralización de este sistema de apoyo a la decisión en el despacho del presidente plantea también interrogantes sobre su posible uso indebido tecnocrático y autoritario (Pickering 2010, p. 264). Aunque Beer concebía el MSV como un medio para preservar la libertad distribuyendo el control y permitiendo una toma de decisiones participativa, un sistema como URUCIB podría utilizarse, cabe argumentar, para concentrar el poder en manos de un pequeño grupo de responsables de decisiones de alto nivel. El riesgo es que, en lugar de democratizar la información y el control, un sistema así refuerce un modelo tecnocrático de gobernanza en el que una élite reducida ostenta un poder desproporcionado gracias a su acceso a los datos y a las herramientas analíticas.
El caso de URUCIB presenta una paradoja interesante en la historia de los sistemas de información gubernamentales. Aunque resultó un éxito técnico y obtuvo reconocimiento internacional, anunció también el auge de la gobernanza tecnocrática que llegaría a dominar la política latinoamericana en los años noventa. Este tipo de gobernanza guiada por los datos, aunque prometía más eficiencia y racionalidad en la toma de decisiones, corría también el riesgo de reducir realidades sociales y políticas complejas para encajarlas en métricas cuantificables, rasgo distintivo del enfoque neoliberal que contribuiría más tarde a la erosión de las frágiles democracias latinoamericanas. El destino del propio URUCIB es especialmente revelador. Pese a su eficacia demostrada, el proyecto no pudo sobrevivir a la combinación de la pérdida de respaldo político y del cambio de prioridades administrativas. Esta vulnerabilidad revela un problema más profundo que cobraría cada vez más relevancia: el desafío de la soberanía tecnológica. Como demostró el final de URUCIB, incluso los sistemas desarrollados localmente con éxito podían abandonarse, lo que dejaba a los gobiernos cada vez más dependientes de soluciones de software estandarizadas elaboradas por corporaciones globales, en lugar de herramientas concebidas específicamente para responder a las exigencias complejas y a las características propias de la gobernanza nacional.
En los casos colombianos, la aplicación del MSV pretendía crear sistemas más adaptativos, transparentes y responsables. Al remodelar las estructuras y los incentivos subyacentes que favorecen la corrupción, estos proyectos buscaban fomentar una cultura de integridad y de desempeño en el sector público colombiano. La relativa continuidad de dos presidentes consecutivos del Partido Liberal profundizó las políticas neoliberales, pero ofreció un contexto más favorable para estas intervenciones sistémicas a largo plazo, en comparación con las situaciones más volátiles de otros países de América Latina.
Para resumir los diversos proyectos cibernéticos en América Latina en los que participó Stafford Beer15, la tabla 1 compara las fechas, el enfoque y los resultados de los proyectos, y ofrece un repaso de las razones de sus éxitos o fracasos.
Tabla 1. Panorama de los proyectos cibernéticos de Stafford Beer en América Latina (1970–2000)
Como atestiguan vivamente los casos mencionados en los apartados anteriores —y como también menciona Medina en su relato del proyecto Cybersyn—, podemos inferir que las herramientas tecnológicas pueden influir en la política y el cambio social y redefinirlos, lo que a su vez puede contribuir a crear y sostener nuevas configuraciones del poder del Estado (Medina 2006, p. 605) o a cuestionar las existentes y ofrecer estructuras de poder alternativas (Espinosa 2025). Además, no puede minimizarse que la principal razón del éxito de los proyectos de Uruguay y Colombia fue la participación de un conjunto de profesionales locales, como Víctor Ganón en Uruguay y la Dra. Angela Espinosa en Colombia. Tampoco puede pasarse por alto que el prestigio internacional de Beer y su amplia red de contactos le daban acceso directo a las más altas esferas del poder político. Además de su innegable reputación en el campo de la cibernética de la gestión, Beer se había convertido en una especie de leyenda viva, cuyas ideas siguen influyendo en el campo a través de quienes colaboraron con él.16
Aunque Beer diseñó el MSV sobre la base de principios cibernéticos que consideraba universales (similares al sistema nervioso humano), cabe reconocer que su aplicación estuvo siempre mediada por contextos políticos, sociales y culturales particulares. El concepto de «traducción» de Science in Action de Latour resulta especialmente pertinente para comprender cómo el MSV fue interpretado y modificado al pasar de la concepción original de Beer a los diversos contextos y aplicaciones latinoamericanos (Latour 1987). Del mismo modo que Latour muestra cómo los hechos científicos se transforman a través de redes de actores, el MSV no se transfirió sin más, sino que se tradujo activamente según las necesidades políticas y las estructuras de poder locales, lo que lo hizo atractivo tanto para agendas progresistas como tecnocráticas.
Ahora bien, a la luz de los casos presentados, sería excesivamente simplista caracterizar el MSV como puramente tecnocrático, ya que esa perspectiva pasa por alto varios aspectos cruciales de su diseño y aplicación. Pickering sostiene que el MSV era «una invención de especialistas técnicos que otorgaba a esos especialistas posiciones clave» (Pickering 2010, p. 265), lo que concuerda con el relato tecnocrático que se alimentó durante los años ochenta y noventa, como la importancia de la eficiencia del mercado o la privatización de servicios públicos esenciales; en esencia, tomar el control del Estado y reorientarlo en beneficio de las empresas privadas (Srnicek and Williams 2015). Pese al diseño intrínseco del MSV orientado a la participación democrática y la autonomía local, esas estrategias neoliberales de «modernización» se tradujeron en recortes de empleo, reducción del Estado de bienestar y más desigualdad social. Esta apropiación de los principios del MSV en un enfoque vertical omnipresente va en contra de la intención original del modelo, que subraya la importancia de los procesos ascendentes para favorecer la viabilidad y la adaptabilidad organizativas. Desde esta perspectiva neoliberal, las empresas privadas utilizaron ideas de la cibernética para desarrollar soluciones orientadas al beneficio y basadas en el mercado que pretendían limitar el papel del Estado (o tomar su control) mediante el establecimiento de esquemas «universales». Estos esquemas impusieron la estandarización de los conocimientos, de las prácticas jurídicas y de las normas tecnológicas, que se convirtieron en la lingua franca de las corporaciones multinacionales y de los regímenes neoliberales (Sassen 2006; Srnicek and Williams 2015). Al erosionar la soberanía del Estado y la participación colectiva, y delegar esa responsabilidad en las empresas privadas, se perdió la capacidad de plantear preguntas estructurales importantes sobre cómo reformar la sociedad.
Sin embargo, esta crítica pasa por alto los principios fundamentales de autonomía y participación democrática que eran centrales en la visión de Beer, y que resonaban especialmente con las aspiraciones latinoamericanas más amplias de liberación creativa y transformación social. El compromiso de la región con las ideas de Beer no se limitaba a la eficiencia técnica: representaba un intento de utilizar los principios cibernéticos como herramientas para imaginar y crear nuevas posibilidades sociales.
Esta perspectiva nos ayuda a entender por qué reducir estos proyectos a pura tecnocracia o a un utopismo ingenuo pasa por alto su carácter distintivo. Esto resulta especialmente evidente en proyectos como CENTRO, que fue más allá de la mera aplicación técnica para abrazar lo que podría llamarse un «utopismo viable»: la convicción de que los datos, las herramientas computacionales y los principios cibernéticos podían ayudar a identificar y hacer realidad posibilidades sociales transformadoras, en lugar de limitarse a optimizar las estructuras existentes. Este enfoque no veía la tecnología como un instrumento de control, sino como un medio de ampliar el potencial humano y la creatividad colectiva. El objetivo no es abandonar la realidad por sueños inalcanzables, sino utilizar los principios cibernéticos para ampliar lo que entendemos como posible y alcanzable.
La distinción es crucial: mientras que la tecnocracia implica el gobierno de especialistas técnicos que imponen soluciones predeterminadas y uniformes, la visión latinoamericana de la cibernética buscó a menudo crear espacios de exploración colectiva, tanto en el plano técnico como en el de la toma de decisiones. El objetivo no era prescribir los fines desde arriba (ya fuera mediante mecanismos de mercado o mediante la planificación central), sino desarrollar sistemas que pudieran ayudar a los gobiernos a descubrir y perseguir sus propios fines en evolución. No es de extrañar que la participación de Beer se centrara en el sector público y en el objetivo de modernizar el Estado, lo que, como sostenía Víctor Ganón, también podía entenderse como una respuesta al Estado neoliberal y a la economía neoliberal de la época (Ganón 2022).
Además, los casos analizados en este artículo ponen de manifiesto que el conocimiento, la innovación y los proyectos pioneros pueden desarrollarse con éxito en naciones a menudo calificadas de «subdesarrolladas» y con frecuencia ignoradas en cuanto a su potencial para contribuir a nuevos «modelos globales». La observación de Bart van Steenbergen sobre el declive del interés por la solidaridad, tanto dentro de las naciones —en forma de un apoyo menguante al Estado de bienestar— como hacia fuera —en forma de abandono de las naciones más pobres—, ofrece una lente crítica para comprender este fenómeno (van Steenbergen 1994). La falta de solidaridad y de apoyo a las naciones subdesarrolladas no solo obstaculiza su capacidad de contribuir al progreso mundial, perpetuando un sistema de desigualdad que beneficia a las naciones desarrolladas y a las grandes corporaciones globales, sino que también desatiende —con una ignorancia absoluta— las brillantes y diversas contribuciones a la historia de las ideas, en este caso a la cibernética de la gestión, que se produjeron en regiones no representadas, como América Latina.
Este artículo ha intentado ofrecer una perspectiva más amplia del trabajo de Stafford Beer y de quienes colaboraron con él en relación con proyectos en América Latina, más allá del proyecto chileno Cybersyn, por el que es más conocido. Sus ideas sobre la cibernética y la gestión de las organizaciones encontraron terreno fértil y lograron un éxito significativo en algunos países, dando lugar a proyectos innovadores como URUCIB en Uruguay y a la aplicación del MSV en diversos proyectos estatales en Colombia. Estas experiencias muestran también cómo regiones a menudo calificadas de «subdesarrolladas» pueden realizar contribuciones pioneras a la innovación tecnológica, cuestionando los sesgos persistentes sobre el lugar del que puede surgir el avance tecnológico. Sin embargo, otros proyectos, como Cybervenez en Venezuela o la experiencia mexicana, se enfrentaron a obstáculos importantes y acabaron fracasando, lo que pone de relieve las dificultades de aplicar los principios emancipadores del MSV en entornos políticos complejos.
El análisis de los proyectos de Stafford Beer en América Latina revela no solo la adaptabilidad del MSV, sino también los riesgos y las oportunidades que surgen al aplicar modelos tecnológicos en contextos sociales complejos. Esta reflexión es especialmente pertinente en los tiempos actuales, en los que las herramientas tecnológicas pueden democratizar o concentrar el poder según las decisiones políticas que guíen su uso. Aunque el MSV es abstracto en su diseño, nunca es políticamente neutral. Su aplicación refleja y amplifica los valores y prioridades del contexto político en el que se emplea. Particularmente significativa es la manera en que estos proyectos se cruzaron con la tradición latinoamericana distintiva del «utopismo viable», que veía los principios cibernéticos no simplemente como herramientas de optimización, sino como medios para imaginar y crear nuevas posibilidades sociales. Esta perspectiva cuestiona la caracterización simplista de la obra de Beer como puramente tecnocrática y revela, en cambio, cómo el MSV podía alinearse con las aspiraciones latinoamericanas más amplias de liberación creativa y transformación social.
La investigación sobre los proyectos de Stafford Beer en América Latina presenta varias limitaciones clave, entre ellas su fuerte dependencia de fuentes de archivo específicas (principalmente la SBCLJM) y el posible sesgo de las entrevistas retrospectivas. Futuras investigaciones podrían explorar la influencia de Beer en otros países latinoamericanos y examinar fuentes primarias adicionales de los archivos de los gobiernos locales y de los organismos multilaterales.
Quiero terminar este artículo ofreciendo algunas claves sobre la vida y el legado de Stafford Beer y Darcy Ribeiro. Al adentrarme en los archivos de Beer y de Ribeiro, descubrí una gran riqueza de concepciones compartidas entre ambos hombres. No solo fueron estudiosos multidisciplinares e independientes, sino también gestores excepcionales que aplicaron su capacidad intelectual más allá de los límites del mundo académico. Su eminencia intelectual les permitió mantener correspondencia con presidentes y jefes de Estado e influir en ellos, como atestiguan las cartas conservadas en sus archivos. Las anotaciones y garabatos que se encuentran en sus colecciones no solo revelan la profundidad de su creatividad y la originalidad de sus ideas, sino que también dejan entrever el rico entramado de experiencias y relaciones que dio forma a sus vidas. Sus trayectorias intelectuales estuvieron inextricablemente ligadas a las personas que conocieron, a los lugares que visitaron y a las ideas que intercambiaron, creando una base vibrante y dinámica para desarrollar modelos de gobernanza participativa que se valían de la tecnología para fomentar la justicia social, una ambición a la vez realizable y utópica. Sus ideas de democracia aspiraban a crear una sociedad inclusiva y equitativa.
Complexe Systémique: puntos clave
Para la práctica clínica, esta historia es más que una anécdota: muestra en qué se convierte un modelo sistémico una vez que sale del papel. El modelo de sistema viable prometía autonomía y participación; según el contexto, sirvió a la emancipación (Uruguay, Colombia) o a la concentración tecnocrática del poder, y fracasó allí donde la información estaba bloqueada o corrompida. La máxima de Beer, «el propósito de un sistema es lo que hace», sigue siendo una herramienta valiosa para leer una institución, un equipo o una familia a través de sus efectos y no de sus intenciones declaradas. La idea de «traducción» recuerda también que ningún modelo puede importarse tal cual: se reinventa con los equipos locales, como sabe cualquiera que traslade a su contexto un enfoque aprendido en otro lugar. Conviene cierta distancia crítica: se trata de un relato histórico de una sola persona, basado principalmente en un archivo y en entrevistas retrospectivas, sin vínculo directo con el trabajo clínico, y la valoración de cada proyecto sigue siendo breve. Puede leerse junto con el artículo sobre la cibernética de primer y segundo orden y el artículo sobre lo que las matemáticas aportaron a la psicoterapia.
Notas del original
1 La segunda edición de Brain of the Firm (1981) se modificaría ampliamente para explicar la experiencia chilena del proyecto Cybersyn.
2 Carlos de Senna Figueiredo, entrevista personal. Río de Janeiro, 22 de abril de 2022.
3 Allenna Leonard, entrevista por Zoom, 28 de marzo de 2024.
4 Periódico «El Norte», 6-XII-83.
5 El Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue durante décadas el único partido hegemónico de México, y gobernó sin interrupción de 1929 a 2000.
6 Vídeo disponible en https://www.youtube.com/watch?v=7COX-b3HK50.
7 En Argentina, se instaló en el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires (gobernador Antonio Cafiero) y en la Presidencia de la Nación (presidente Carlos Menem). En Nicaragua, se instaló en la Presidencia de la República (presidenta Violeta Chamorro) (Ganón 2022).
9 En los documentos disponibles se menciona que Beer visitó Venezuela dos veces; sin embargo, en Beer (1990), escribe que hizo tres visitas.
10 Carta de Stafford Beer a Carlos Andrés Pérez, 16 de febrero de 1989. Stafford Beer Collection, Liverpool John Moores University.
11 Allenna Leonard, entrevista personal, 28 de marzo de 2024.
13 Texto manuscrito en español en la cubierta de una carpeta de 1988. En la parte superior figura una cita que dice «Yo le prometo que usted no va a perder su tiempo», firmada por «Presidente Carlos Andrés Pérez» y fechada en diciembre de 1988. En la parte inferior hay dos anotaciones: «UNDP» y «FIASCO». Stafford Beer Collection, Liverpool John Moores University.
14 Angela Espinosa, entrevista por Zoom, 26 de octubre de 2023.
15 SIGMA no se incluye, ya que la tabla se centra en los proyectos estatales.
16 Un ejemplo constante que atestigua el legado de Stafford Beer es Metaphorum, una comunidad activa que promueve y difunde desde 2003 investigación original y formación en cibernética organizacional (https://metaphorum.org/).
Número de ensayo clínico. No procede.
Agradecimientos. Agradezco especialmente a Carlos de Senna Figueiredo y a Angela Espinosa, que han aportado una información inestimable desde que comencé esta investigación. Agradezco también a la Stafford Beer Collection de la Liverpool John Moores University (Emily Parsons) y al equipo del Archivo Darcy y Berta Ribeiro de la Universidad de Brasilia (José Ronaldo Cunha, Katiane Brito y Janaina Dos Santos Melo), así como a los archivos de la OIT en Ginebra (Jacques Rodriguez). Para esta investigación entrevisté a varias personas a las que doy las gracias: Víctor Ganón, Joan Garcés, Allenna Leonard y Francisco Sagasti. Quisiera asimismo dar las gracias a David Maulen de los Reyes, Evgeny Morozov y John Palmesino por sus ricas conversaciones y debates.
Financiación. Financiación de acceso abierto proporcionada por la Universidad Luiss en el marco del acuerdo CRUI-CARE.
Aprobación ética. No procede.
Conflicto de intereses. La autoría declara no tener ningún conflicto de intereses.
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Traducción no oficial al español de Beyond Project Cybersyn: Tracing the Influence of Stafford Beer Projects and Ideas in Latin America, de José-Carlos Mariátegui, Systemic Practice and Action Research, vol. 38, n.º 2 (2025), doi: 10.1007/s11213-025-09717-2, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tabla presentada en forma de lista). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «Beyond Project Cybersyn: Tracing the Influence of Stafford Beer Projects and Ideas in Latin America», publicado en Systemic Practice and Action Research (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Mariátegui, J.-C. (2025). Beyond Project Cybersyn: Tracing the Influence of Stafford Beer Projects and Ideas in Latin America. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/beyond-project-cybersyn-stafford-beer-projects-and-ideas-in-latin-america (Obra original publicada en 2025 en Systemic Practice and Action Research, 38(2), 9 (2025); republicada en 2025 por Systemic Practice and Action Research, https://link.springer.com/article/10.1007/s11213-025-09717-2)
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