Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Human Systems · Terapia familiar
«Mi anorexia forma parte de mí». Ante esta frase, la externalización de Michael White se queda corta. Kevin Ball y Lucia Giombini proponen anclarla en Sartre: reconocer la anorexia como un proyecto, identificar las objetivaciones nacidas de la mirada de los demás y abrir después, con la familia, otros proyectos orientados hacia el futuro.
Traducción no oficial al español de Beyond the project of anorexia nervosa: Integrating White’s externalizing conversations and Sartre’s existential approach to empower a new sense of agency, de Kevin Ball y Lucia Giombini, publicado en Human Systems (SAGE) (2026), doi: 10.1177/26344041251355927, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla, integrada en el texto de la versión en línea, se presenta en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
No soy las historias que se cuentan sobre mí, sino las historias que puedo cocrear, que todavía no son pero que se están desplegando.
Kevin Ball y Lucia Giombini
Resumen
La externalización es una técnica de la terapia narrativa de Michael White que se utiliza con frecuencia en el tratamiento de los trastornos alimentarios. En la anorexia, su uso plantea dificultades, sobre todo porque se trata de un diagnóstico con el que la persona se identifica con mucha fuerza. Separar a la persona del problema puede provocar a veces resistencia en quien recibe el tratamiento, que siente que la anorexia forma parte de sí. El enfoque existencial de Sartre es una forma de psicoterapia que puede ayudar a resolver este dilema: aceptar que la anorexia forma parte de lo que la persona es y, al mismo tiempo, cuestionar el modo en que la anorexia la objetiva. Además, como el existencialismo es siempre relacional (es decir, nunca somos un sujeto separado), estas objetivaciones solo tienen sentido en relación con un yo-otro (es decir, la familia o el sistema más amplio). Ayuda a la persona a entablar un diálogo con las narrativas socialmente construidas que subyacen a la presentación anoréxica. El objetivo central de la obra de Sartre es superar las objetivaciones del yo y del otro, y este enfoque ofrece un método innovador para cuestionar estas objetivaciones dentro de las familias. Exploramos ejercicios que pueden ser útiles en la clínica, con especial énfasis en el futuro como forma de abordar la anorexia, lo que tiene implicaciones para otras presentaciones clínicas, y no solo para la anorexia.
Palabras clave: anorexia nerviosa, existencialismo, construccionismo social, terapia narrativa, externalización, objetivación
Para nosotros, el hombre se caracteriza ante todo por la superación de una situación, por lo que logra hacer con lo que han hecho de él, aunque nunca se reconozca en su objetivación. JP Sartre – In Search of a Method
En el trabajo terapéutico con personas que padecen anorexia nerviosa (AN), es frecuente la sensación de «estancamiento» que perciben tanto las propias personas y sus familias como quien ejerce la terapia. Es esta sensación de «estancamiento» la que nos llevó a examinar la contribución que la obra de Michael White y de Jean-Paul Sartre aporta al trabajo clínico con personas que padecen AN y con sus familias, profundizando en la intuición de Selvini Palazzoli según la cual la anorexia es la enfermedad existencial por excelencia (Palazzoli, 1985).
En mi trabajo (primera firma del artículo) me encontré con este «estancamiento» al trabajar con personas jóvenes con un diagnóstico de anorexia y al utilizar la técnica de la externalización, habitual en el campo de la terapia familiar de la AN. En mi propia práctica he utilizado la externalización con éxito en la mayoría de las presentaciones, excepto en la AN. La externalización más lograda que hice fue con un niño de 8 años, cuando trabajaba en un servicio de medicina paliativa. Su padre estaba recibiendo tratamiento contra un cáncer y yo lo veía con su madre porque el niño sufría una ansiedad extrema cuando ella lo dejaba en el colegio por la mañana. Externalizamos la ansiedad de separación, a la que él llamó «el tiburón», y elaboramos la influencia del tiburón cuando su madre se iba. Este se hacía más grande, daba vueltas a su alrededor y lo hacía sentirse mal, llorar y estar inconsolable. Desarrollamos esto con una «doble externalización»: descubrimos que los delfines no tenían miedo de los tiburones y les daban golpes en el hocico cuando se acercaban. Con la ayuda de la madre y del colegio, se pegaron dibujos de delfines por toda la entrada del colegio, donde la madre tenía que despedirse. El niño pudo imaginar delfines poderosos que ahuyentaban a cualquier tiburón que pudiera estar acechando en la entrada. Después de esto, pudo despedirse, y los tiburones desaparecieron mientras su ansiedad disminuía de forma espectacular.
En mi trabajo con personas que padecen AN, la historia no era tan sencilla. En nuestro artículo anterior sobre Sartre y la AN (Ball and Giombini, 2023), analizamos el problema de utilizar la externalización cuando la persona se identifica fuertemente con la AN y no la ve como un «problema», sino como una parte de sí. Estas personas cuentan que se sienten etiquetadas, y por tanto objetivadas, por el diagnóstico de AN, y no están de acuerdo con él. Dicen que la gente ve la AN en todo lo que hacen y que ya no se sienten vistas por lo que son. En este caso, nuestro intento de utilizar la técnica de la externalización podría reforzar la sensación de objetivación que ya han vivido y dejarlas con la sensación de no ser comprendidas. Un ejemplo es el de una joven con la que trabajé, que había acudido a un equipo comunitario de trastornos alimentarios (TCA); le pregunté si ya se había encontrado con la externalización en su tratamiento anterior. Me dijo que sí, pero que había acabado por no gustarle debido al nombre elegido para externalizar el problema (es decir, «la señorita Escalones», porque hacía un ejercicio excesivo subiendo y bajando las escaleras). El nombre se convirtió en objeto de burla cuando sus familiares empezaron a referirse a ella como «la chica de las escaleras». Dicho de otro modo, volvió a quedar objetivada, cuando el objetivo central de las conversaciones externalizadoras es, en primer lugar, poner de relieve las objetivaciones y, después, resistirse a ellas mediante conversaciones de reautoría.
Para que la externalización resulte útil e individualizada, es importante que la persona elija el nombre que le parezca más adecuado para describir lo que está viviendo, y que el trabajo terapéutico fomente la apertura, la colaboración y un examen continuo (Freedman and Combs, 1996).
Sin embargo, a menudo son las madres y los padres u otros familiares quienes eligen el nombre, sin implicar a la persona joven en la búsqueda de un nombre que le parezca más representativo. Suelen hacerlo porque es lo que han aprendido en los libros que han leído y en los talleres a los que han asistido, con la esperanza de que ayude a sus hijas e hijos a empezar a luchar contra el trastorno.
Esto nos llevó a examinar más de cerca la obra de White sobre la objetivación y la externalización, que son los conceptos principales en los que se apoya la terapia narrativa, y a considerar cómo se relaciona con la obra de Sartre, que presenta un análisis de las objetivaciones en Sartre (2018).
El uso que hace White de las conversaciones externalizadoras se basa en el supuesto de que nuestras identidades se construyen socialmente a través de una serie de objetivaciones que se producen en nuestras relaciones culturales y políticas, modeladas por dinámicas de poder y de saber (White, 2007). Para Sartre, esto se llama «mala fe». Si la persona siente que la externalización la representa en otra identidad fija, repetimos esta objetivación. Supondría no conseguir separar a la persona del problema, que es el objetivo principal de la externalización.
En este artículo analizaremos la utilidad de la aplicación clínica de algunos de los principales conceptos derivados de la obra de White sobre la externalización y del concepto de proyecto de Sartre, ampliando nuestro artículo anterior. Consideraremos la postura del enfoque del construccionismo social, del que deriva la obra de White. El construccionismo social sostiene básicamente que nuestra identidad no tiene que ver con poseer una personalidad interna o una naturaleza fija, sino que solo nos experimentamos «como si» nuestros rasgos tuvieran una existencia concreta en el mundo. La identidad que nos conferimos está vinculada a nuestros propósitos más que a una naturaleza fija a priori (Burr, 2015).
La tesis de este artículo es que, cuando la externalización como técnica se desvincula de un enfoque construccionista social, es entonces cuando fracasa, porque pierde su anclaje en un enfoque colaborativo.
A menudo, conferir un diagnóstico médico tiene el poder de objetivar la identidad de las personas en una etiqueta concreta. El objetivo central de la externalización es cuestionar esa objetivación (White, 2007). Cuando a una persona se le confiere una etiqueta, como «persona anoréxica», corre el riesgo de convertirse en esa etiqueta y de existir solo como tal, en lugar de ser una persona que, además, tiene algunas dificultades relacionadas con la alimentación y la imagen corporal y, por lo general, muchos otros malestares y desafíos asociados en su vida. Como me dijo una persona joven: «quizá quiero tener anorexia porque no sé quién soy». En esencia, su identidad queda robada o reducida a una etiqueta diagnóstica y a un conjunto de discursos culturales en los que está inmersa. Comprender esto vuelve a conectar la técnica de la externalización con la tradición construccionista social de hacer terapia.
Las conversaciones externalizadoras y de reautoría tienen como objetivo cuestionar la idea de que la propia identidad tiene una naturaleza fija. Varias técnicas conocidas de la terapia narrativa lo ilustran. Por ejemplo, las preguntas de influencia relativa, en las que quien ejerce la terapia indaga en la historia del problema y puntúa numéricamente los momentos en que el problema fue más fuerte o más débil, le permiten «abrir otras historias sobre el problema», de modo que el problema resulte «menos estático y fijo» (Morgan, 2000). Otra técnica es la de los «acontecimientos extraordinarios», que tiene como objetivo cuestionar la narrativa dominante del problema. Como escribe Morgan: «se parte del supuesto de que un problema nunca tendrá un éxito del 100% a la hora de apoderarse de la vida de una persona» (Morgan, 2000). White se apoya en el análisis del poder de Foucault para mostrar cómo nuestras identidades están modeladas por fuerzas culturales y políticas opresivas (White, 2007; White and Epston, 1990).
Quiero centrarme en el uso que hace White de la metáfora de los «mapas» o del «viaje» para guiar las conversaciones terapéuticas, porque se acerca a la noción o metáfora sartreana del «proyecto», que responde a la invitación de White cuando escribe: «Celebro los esfuerzos por traducir las prácticas descritas en este libro a términos asociados con metáforas alternativas» (White, 2007).
White utiliza los conceptos de «panorama de la acción» y «panorama de la identidad» como elementos centrales de las conversaciones de reautoría. En terapia narrativa, el «panorama de la acción» es el material de la historia de la persona consultante: la secuencia de acontecimientos, la trama, los personajes, todo ello trazado en el tiempo (White, 2007). Se trata, en su mayor parte, del mundo de la contingencia. El «panorama de la identidad» abarca la comprensión que la persona tiene de todo lo anterior, sus razones, motivos, sentimientos y reflexiones. En resumen, es su relato de lo sucedido y, lo que es más importante, incluye sus planes, intenciones y propósitos dentro de este marco narrativo. El objetivo terapéutico es dar a quien ejerce la terapia el contexto para ayudar a las personas a extraer nuevas conclusiones y tomar nuevas decisiones sobre su vida, en lugar de repetir estas historias dominantes. White se refiere a este proceso como «actividades de construcción de sentido» y como una ayuda para ofrecer «una voz de autoría más fuerte». El supuesto es que, al hacerlo, un tema o una trama claros unifican la historia de la persona consultante, lo que, en términos de Sartre, saca a la luz un «proyecto».
Al intentar utilizar la externalización en la AN, muchos intentos terminaron con la interrupción del diálogo. La persona joven decía «ya he hecho esto antes (es decir, con el equipo comunitario) y no me ayudó», o bien que «mi anorexia forma parte de mí y no está separada». De hecho, el uso de la externalización deja de ser útil cuando no se respeta lo suficiente hasta qué punto la AN está unida a la identidad misma de la persona, hasta el punto de que los aspectos de su vida distintos de los relacionados con el problema de la comida quedan marginados (Dallos, 2006).
Empezamos a ver que las personas jóvenes se identificaban tan abiertamente con la AN que intentar arrancarlas de ella demasiado pronto no reconocía hasta qué punto formaba parte de su agencia. La AN actuaba para ellas como un intento de tener poder y control sobre su vida. De hecho, puede ser el único lugar en el que sienten que pueden ganar (Ugazio, 2013). Como me dijo una persona joven: «era más feliz cuando controlaba mi comida», o «es lo único que se me da bien».
El peligro de separar a la persona del problema es el riesgo de quedar desconectada de sí misma y de perder la propia agencia. Esto no quiere decir que la técnica de la externalización no sea útil. Un ejemplo típico es el caso de Julia. Ella eligió llamar a su anorexia «el diablo». Esto se hizo en presencia de su madre y su padre, y costó cierto esfuerzo permitir que eligiera el nombre ella misma. Explorar su influencia en la relación con su madre, y cómo la llevaba a pelearse con ella, alivió la culpa que sentía por ser tan «horrible». También ayudó a su madre a hacer lo mismo, es decir, a ver que «el diablo» crea este conflicto entre ellas. La externalización ayudó a aliviar el fuerte sentimiento de culpa que cada una sentía y a encontrar una manera de hablar del deterioro de su relación, algo que a las personas jóvenes a menudo les resulta demasiado difícil de abordar. El dilema para esta joven era que, aunque al principio le resultó útil hacer una externalización y llamar a su anorexia «El Diablo», lo que ayudó a quitarles la culpa a ella y a su madre y su padre, en una sesión posterior seguía diciendo: «sigo sintiendo que la anorexia forma parte de mí». Al aceptar esto, entablamos una conversación compleja sobre cómo ser anoréxica la había ayudado a hacer frente a su ansiedad y a sobrellevar algunos acontecimientos vitales difíciles en su familia, y finalmente a desentrañar cómo su identidad se había entrelazado con la anorexia. Parte de este trabajo consistió en crear una nueva narrativa sobre sus proyectos y planes de futuro. Dicho de otro modo, fue un proceso terapéutico de explorar e imaginar partes de su identidad que todavía no existían. Esto le permitió hacerse cargo de su identidad y asumir la responsabilidad de las decisiones que puede tomar (White, 2007). Por tanto, es fundamental lograrlo mediante una empresa colaborativa compleja a lo largo del tiempo, y no nombrando lo externalizado y deshaciéndose de ello, privando así a la persona de este sentido de agencia, por perjudicial que sea su forma actual.
La obra magna de Sartre, Being and Nothingness, difícilmente figura en la bibliografía de algún curso de terapia familiar. A pesar de su complejidad, su objetivo es crear una forma de psicoterapia que ayude a las personas a superar las objetivaciones socialmente construidas y a recuperar un sentido de agencia personal resistiéndose a ellas. Al subrayar que todas las objetivaciones se producen en interacciones con los demás, ancla firmemente el trabajo terapéutico en el contexto familiar.
Todo el libro describe cómo surgen estas objetivaciones. Sartre las llamó «el proyecto de mala fe», poniendo de relieve cómo, bajo la influencia de nuestras condiciones sociales, nos formamos la falsa creencia (es decir, la mala fe) de que tenemos una naturaleza fija, y organizamos todas nuestras acciones y comportamientos unificándolos en un «proyecto». La mala fe es una forma de autoengaño, pero no es una condición individual, sino un fenómeno contextual. El proyecto de mala fe nos obliga a vernos como si tuviéramos una naturaleza fija y nos impide tomar conciencia de la influencia del condicionamiento social. Esto presenta fuertes paralelismos con el planteamiento de White. La recuperación, del «proyecto de mala fe» hacia el «proyecto de autenticidad», se logra ayudando a la persona a ver sus propios proyectos personales ocultos y a reflexionar sobre ellos, sin sentirse determinada por ellos. Como en White, se trata de un proceso de reautoría y de revisión de los propios proyectos.
Además, Sartre subraya que las objetivaciones se producen en relación con los demás, ya que tendemos a objetivarnos mutuamente pensando que las demás personas también tienen una naturaleza fija. En mi trabajo con personas jóvenes, a las madres y los padres les resulta enormemente útil ver cómo participan en estas objetivaciones de sí y de los demás. Un ejemplo es el de un abuelo que describía a su nieta como «fuerte». Al cuestionar esta identidad u objetivación de «fuerte», la familia vio que la joven tenía que ser la fuerte y que nadie veía su vulnerabilidad ni, por tanto, sus necesidades.
Por tanto, el análisis de Sartre es profundamente relacional. Para Sartre, la formación y el fundamento del yo no son una génesis interna, sino que se desarrollan a través de «la mirada» del otro. Del mismo modo, la cadena de objetivaciones está inscrita en nuestras relaciones interpersonales.
El yo no es una entidad separada que se encuentra con el otro, sino que se cocrea en un encuentro con el otro. Sartre describe este proceso mediante el concepto de «la mirada». Este concepto es anterior al panóptico de Foucault. La «mirada» subraya el papel de los demás en la formación de nuestro sentido de nosotros mismos; el panóptico se centra en la vigilancia y la disciplina como medio de control. La mirada, en cambio, se centra en las relaciones interpersonales y en cómo estas conducen a ser objetivado. Cuando me ven, siento esta vulnerabilidad y veo lo frágil que es mi yo. Siento que me juzgan. Experimento vergüenza y me percibo en el extremo de su mirada: «La vergüenza es vergüenza de uno mismo, es el reconocimiento de que soy realmente ese objeto que el Otro mira y juzga» (Sartre, 2018). Siento que pierdo el control y me doy cuenta de que ya no tengo el dominio de mí. Me convierto en objeto y estoy en peligro. En el caso de Julia, no es la ira lo que la hace sentirse culpable, sino que le preocupa que su madre y su padre la vean como una persona enfadada y mala, es decir, que eso sea lo que ella es.
Podemos ver cómo este mecanismo llega a arraigarse tanto en la visión que una persona joven tiene de sí misma cuando sufre acoso o es objeto de habladurías, sobre todo si ya es sensible a los demás. Sartre propone dos maneras en que las personas responden a esta situación. La primera consiste en negar al otro como si no existiera, lo que él llama el «polo sádico». La segunda consiste en renunciar por completo a la propia subjetividad y aceptar cómo me define el otro, lo que denomina el «polo masoquista». En un ejemplo sencillo, si en clase piensan que soy mala persona, me retiro pensando que no lo soy y viendo al otro como nada; me desvinculo del otro y me aíslo (es decir, el polo sádico). Esto se escenifica a menudo con la madre y el padre, cuando la persona joven reduce el contacto con ellos. O bien creo que soy mala persona, de modo que me llenaré de odio hacia mí, sintiéndome siempre a merced de sus necesidades y opiniones (es decir, el polo masoquista). En la AN vemos con frecuencia a personas jóvenes que adoptan una de estas dos actitudes: desvincularse por completo o perderse en las necesidades de los demás. También observamos que el rechazo a comer suele ir acompañado de un rechazo a relacionarse con los demás, ya se trate de la terapia, de la familia o de las amistades. Esto puede interpretarse como un intento de lograr la independencia respecto de los demás y del cambio.
Por ejemplo, Greta llegó al hospital con un peso gravemente bajo y tuvo que ir en silla de ruedas durante varias semanas. Esto le generó un sentimiento de vergüenza y se desconectó por completo de su familia. Rechazaba la comida y el agua, así como cualquier forma de terapia individual o familiar.
Parecía consumida por la AN, como si esa fuera su naturaleza fija, y estaba desconectada de su mundo. El análisis de Sartre explica cómo las objetivaciones dejan a la persona con la sensación de no tener ningún control sobre cómo se la ve, y con el peligro de quedar definida por ellas. Esto también era muy evidente cuando Greta hablaba de que su cuerpo tenía que cumplir unos criterios externos severos, dictados por los demás.
La noción de proyecto es la fuerza motriz de la filosofía de Sartre y de todos sus demás conceptos, como la libertad y la responsabilidad. Sartre considera que nuestras acciones son libres porque manifiestan proyectos que no nos atan. Nuestros proyectos llegan a definirnos y a objetivarnos, y vivimos como si fueran verdades sobre nosotros mismos. Por ejemplo, en la AN encontramos con frecuencia a una persona joven que dice —«soy una mala persona»— y lo vive como una verdad fundamental sobre su identidad. Confunde «mala» con «persona».
El objetivo de cualquier terapia sería encontrar el proyecto fundamental que impulsa nuestra vida y adquirir un sentido de agencia respecto de él. El objetivo de Sartre es comprender el poder que tienen los proyectos para ejercer su influencia sobre nuestro comportamiento o, por decirlo de forma más explícita, rastrear las razones mismas por las que hacemos lo que hacemos.
Es importante tener en cuenta que nuestros proyectos tienen como fin preservar algo que tiene un valor positivo para nosotros (Webber, 2018). La AN también puede verse como un proyecto profundamente arraigado o socialmente construido (Hepworth, 2003). En el caso de Julia, al reconocer que la anorexia forma parte de ella, la ayudamos a ver que forma parte de su proyecto y, al explorarlo junto con otros proyectos que pueda tener en el futuro, puede llegar a continuar los que valora y, con suerte, abandonar el proyecto de la anorexia. Hacerlo en presencia de la madre y el padre los ayuda a empatizar con su hija y creó una descripción más rica de los proyectos que faltan.
Sartre desarrolló un método terapéutico «regresivo-progresivo», que hacía hincapié en mirar hacia el pasado para rastrear el propio proyecto en la infancia y en el condicionamiento social, pero también en mirar hacia delante para determinar las razones y los significados de cualquier proyecto que elijamos. Al analizar de forma regresiva la historia, los relatos y los acontecimientos de la propia vida, el objetivo es encontrar una pista del proyecto de la persona que es futuro, es decir, sus intenciones, sus significados. Sartre escribe: «así, el regreso a la biografía nos muestra los hiatos, las fisuras y los accidentes, al tiempo que confirma la hipótesis (la hipótesis del proyecto original) al revelar la dirección y la continuidad de la vida» (Sartre, 1960). La tesis de Sartre aquí es que el individuo se define por los «fines que persigue», de modo que este método aspira a desvelar ese secreto del proyecto unificado. Para Sartre, todo significado procede del futuro, es decir, de nuestras metas y aspiraciones. Dicho de otro modo, es el futuro en el presente y no el pasado en el presente, como suele afirmar el psicoanálisis.
El concepto de proyecto no implica que sea el proyecto de la persona y, por tanto, que se la culpe de las decisiones que ha tomado. Tiene más que ver con la idea de que estamos inmersos en proyectos de los que, en su mayor parte, no somos conscientes, pero en los que participamos como actores.
Con su lema «somos lo que no somos y no somos lo que somos» (Sartre, 2018), subraya que nuestro carácter consiste en proyectos libremente elegidos. La tesis de Sartre es que, aunque tengamos rasgos de carácter, estos no son fijos ni constituyen nuestra naturaleza. En cierto sentido, esto significa que no soy lo que he sido. Afirmar que soy lo que he sido es, como dice Sartre, «detenerse deliberadamente en un período de la propia vida». En la AN, esto se hace evidente en la experiencia, referida con frecuencia, de no querer crecer, que puede relacionarse con ver el yo como algo de naturaleza fija. Escribe: «¿quién decidirá si aquella crisis mística a los quince años fue un puro accidente de la pubertad o, por el contrario, el primer signo de una futura conversión?» (Sartre, 2018).
En el planteamiento de Sartre, es el futuro anticipado lo que organiza el presente, y no el pasado. Por tanto, necesitamos fijarnos en el «proyecto» de la persona. Si pensamos en ello en términos del panorama de la acción de White y examinamos los acontecimientos de la vida de las personas, me interesaría encontrar o desvelar indicios de temas concretos o pistas del proyecto de una persona. Lo que Sartre subraya es que el proyecto de la persona está ahí, quizá oculto, y a esto se refiere con un «misterio a plena luz del día». Pensarlo en este sentido crea un encuentro terapéutico muy respetuoso con la historia que la persona consultante va desplegando. Cuando se trabaja con personas jóvenes con un diagnóstico de anorexia, ayuda a darles un mayor sentido de control sobre su narrativa. Favorece un sentido de identidad más sólido. White elige el término identidad para poner de relieve el objetivo terapéutico de que «toda renegociación de las historias de la vida de las personas es también una renegociación de la identidad» (White, 2004).
Un ejemplo es el de Emilia, que exploraba los fines de su AN, como complacer a los demás, depender de la AN, y que decía que era «aburrida». Rastreamos la influencia de ser aburrida en su vida. Podríamos decir que ser aburrida es su proyecto. Tranquilizarla diciéndole que no es aburrida no sirve de nada. En cambio, podemos concebir el ser aburrida como un proyecto, un fin o un propósito. Este enfoque crea un nuevo conjunto de preguntas, como: «¿en qué te ayuda ser aburrida en tu vida?, ¿cuál es su valor, cuáles son sus planes, su propósito?, ¿quién está de acuerdo?, etc.». Su proyecto de ser alimentada mediante sonda nasogástrica es un proyecto más pequeño, igual que restringir o hacer ejercicio, todo ello englobado en el proyecto de la AN. Sin embargo, lo que emerge es el proyecto de ser aburrida.
Así pues, si el proyecto de Emilia es ser aburrida, debemos averiguar la razón, comprendiendo cómo el futuro influye en el presente. Sartre escribe: «incluso constataciones como “soy feo”, “soy estúpido” (etc.) son en esencia anticipaciones. No se trata de observar sin más mi fealdad, sino “de captar el coeficiente de adversidad que las mujeres, o la sociedad, oponen a mis empresas”» (Webber, 2018). Una vez más, hablar de ello en presencia de la familia ayuda a implicarla en proyectos y propósitos ajenos a la narrativa de la AN.
Esto requiere un análisis más detallado y matizado de su historia y de cómo encaja con los proyectos orientados al futuro de cada persona. White adopta un tono similar cuando afirma que debemos evaluar e indagar cómo encaja una externalización en los valores y planes de vida de la persona. Es la tercera categoría de indagación, llamada «cartografiar los efectos del problema» (White, 2007). Lo que ambos comparten es un firme rechazo del determinismo. La noción sartreana de libertad puede desarrollar la externalización de White para reforzar su vínculo con la agencia, la responsabilidad y la libertad de actuar. No se trata de una separación completa del yo, sino de una metamorfosis del yo hacia otros proyectos más constructivos. Para Sartre, la libertad no es un abandono libertario e indiferente de los valores morales, sino la libertad de modificar mis proyectos: «Nuestras acciones son libres porque, en última instancia, están arraigadas en nuestros proyectos, que son a su vez libremente elegidos y mantenidos» (Webber, 2018). Lo que Sartre subraya ayuda a la persona a explorar la parte de su identidad que todavía no ha llegado a ser y a encontrar sentido en sus intenciones de futuro, es decir, «soy lo que (todavía) no soy».
Emilia revisó su proyecto de ser aburrida, se preocupó menos por las demás personas de la unidad y se interesó más por su proyecto de resistirse a ello y de mostrar su fuerza y el valor de ser independiente. Esto se logró explorando sus metas de querer ser médica como su tío y cómo valoraba la determinación y la independencia de este. Empezó a trabajar para salir del hospital, a cumplir con sus tareas en las comidas y a encontrar amistades nuevas y más valiosas.
Las conversaciones externalizadoras de White y la terapia existencial de Sartre comparten el objetivo de romper las objetivaciones cuestionando la identidad fija de una persona, es decir, el modo en que los demás la definen u objetivan.
Para White, la ecuación es «no soy mi problema». Su célebre fórmula al respecto es que «la persona no es el problema, el problema es el problema» (White, 2007). Dicho de otro modo, el problema son las objetivaciones culturales sedimentadas, y no el sujeto de esas objetivaciones.
Del mismo modo, la fórmula de Sartre es «no soy lo que soy y soy lo que no soy». Dicho de otro modo, no soy las historias que se cuentan sobre mí, sino las historias que puedo cocrear, que todavía no son pero que se están desplegando.
White desarrolla una nueva narrativa del yo, un nuevo sentido de agencia que abre una «nueva gama de posibilidades para revisar esta relación» (White, 2007).
El concepto sartreano de «la mirada» puede verse como una descripción rica de la externalización en el yo relacional. También podemos ver la noción sartreana de proyecto como una explicación de las conversaciones de reautoría o, dicho de otro modo, de cómo conducir un proceso terapéutico para ayudar a la persona joven a superar las objetivaciones que se externalizan. Como describe White con el «panorama de la identidad», nuestro carácter consiste en proyectos que podemos perseguir y revisar, pero, según Sartre, en general preferimos considerarlos naturalezas fijas sobre las que no tenemos ningún control (Webber, 2018). ¿Por qué? Porque es más fácil no asumir la responsabilidad de nuestra manera de ser. Particularmente en la adolescencia, este proceso resulta aterrador y abrumador.
Nuestro yo está vinculado a nuestros proyectos, que pueden sacarse a la luz rastreándolos a lo largo del tiempo, como en el panorama de la acción y de la identidad. Lo que Sartre subraya es que nuestra tendencia es «una búsqueda continua de una meta; en resumen, un proyecto» (Webber, 2018). En efecto, los proyectos estructuran nuestra experiencia, seamos o no conceptualmente conscientes de ello, en torno a una única meta. Como en White, el objetivo de la terapia es desentrañar este proyecto.
Al comienzo de la terapia, la actitud de la persona hacia su problema/proyecto es que es ella el problema, y el objetivo es sacar a la luz esta actitud. Como sostiene White: «Muchas de las personas que buscan terapia creen que los problemas de su vida reflejan su propia identidad o la identidad de otras personas».
El objetivo de Sartre es mostrar que se trata de una creencia, de una actitud basada en «pruebas no persuasivas». La buena fe, en cambio, que es el objetivo de las conversaciones de reautoría, se basa en las pruebas que surgen en la indagación. Para Emilia, la creencia de que es aburrida es la creencia de que tiene una naturaleza fija y de que se trata de un hecho objetivo, y no de la manera en que ve su mundo, lo que niega nuestra libertad de elegir revisarla. Pero ¿cómo revertimos esto?
Sartre escribe que la mala fe «no se atreve a decir su nombre» y que es un «proyecto enterrado» (Webber, 2018).
La mayoría de la gente está de acuerdo en que la AN no tiene que ver solo con la comida. El construccionismo social respalda esta afirmación, y la idea sartreana de que nuestras acciones están unificadas por un proyecto ayuda a ver que cualquier aspecto de la experiencia de la persona está vinculado a la anorexia en lugar de ser independiente. Dicho de otro modo, nuestras relaciones con los demás, nuestra imagen corporal y nuestra actitud hacia nosotros mismos están todas vinculadas, y trabajar en un ámbito siempre está conectado con otro. No tenemos que abordar la AN directamente, y a la mayoría de las personas en tratamiento esto les resulta demasiado difícil. Por eso funcionan las conversaciones externalizadoras y ofrecen un enfoque más seguro y más suave. Un ejemplo es cuando pregunté a Rebecca si le parecía bien hablar de sus autolesiones. Dijo que no. Pero cuando le pregunté si le parecía bien hablar de la «ansiedad» que podía subyacer a ellas, dijo «sí», y pasamos una sesión productiva con su madre y su padre hablando de todos los aspectos de la ansiedad y del papel que desempeña en su vida. Lo único que necesitaba tener presente era que la ansiedad no formaba parte de su naturaleza fija, y el resto se desplegó de forma natural. En una semana, Rebecca dejó de autolesionarse y pudo separarse de la ansiedad y tener cierto control sobre ella.
Si consideramos las objetivaciones como un elemento central tanto de la obra de White como de la de Sartre, otra manera de hacer externalización y conversaciones de reautoría podría ser realizar el siguiente ejercicio.
En cuanto a las conversaciones externalizadoras, lo concibo como una línea de tiempo a partir de la cual invito a la persona en tratamiento, junto con su madre y su padre, a identificar diversas objetivaciones en su vida. Pienso en las «social graces», es decir, las objetivaciones vinculadas a su género, clase, raza, capacidades, intereses y su identidad en general (Burnham, 2012). Intento hacerlo menos serio y más lúdico llamándolas «O grandes» y «o pequeñas». Esto es importante porque permite a la persona evaluar su propia experiencia de ellas, en lugar de que yo dé por supuesto su impacto. Lo que sigue es un ejemplo de preguntas que he utilizado o que podría utilizar (tabla 1). Las preguntas pueden ser infinitas, y centrarse en los roles dentro de la familia suele facilitar este proceso. También puede utilizarse en grupos de supervisión como ejercicio de reflexividad, para explorar cómo te perciben las demás personas del grupo, manteniendo el foco en cómo puedes sentirte objetivado u objetivada de maneras en las que no te reconoces. Un breve ejemplo fue el de una persona en formación, joven y con experiencia, que describía una sesión en la que se había producido un gran avance. Otra persona supervisada dijo: «es que te gusta el drama en las sesiones». Quien supervisaba, que se dio cuenta de que se trataba de una objetivación de la persona supervisada, intervino y dijo: «si lo hiciste bien fue porque mantuviste la calma en esta sesión con la familia». Es un ejemplo de cómo la supervisión cuestionó la objetivación, lo que ayudó a la persona supervisada a renegociar su identidad como terapeuta.
Tabla 1 — Ejemplos de preguntas de objetivación y de resistencia.
Un ejemplo es Rebecca, que contó que en el colegio la llamaban «gigante verde»; yo no le di mucha importancia y supuse que era una «o pequeña», pero ella dijo que era una «O grande». Esto despertó una mayor curiosidad por saber por qué era así.
Abro nuevas preguntas sobre la persona que se lo dijo e invito a reflexionar sobre ello. Después pienso también en una línea de tiempo de la reautoría, con «R grandes» y «r pequeñas», que pone de relieve las resistencias a las objetivaciones. Lo he hecho con preguntas como «¿cómo te gustaría que te definieran?». Rebecca respondió: «como alguien consciente de los problemas medioambientales». Con su madre y su padre presentes, exploramos maneras de ayudar a Rebecca a desarrollar formas de resistencia, como unirse a grupos ecologistas con la ayuda de su padre. De este modo sencillo, procedo de una manera similar al movimiento de White entre las preguntas externalizadoras, es decir, las «O grandes» y las «o pequeñas», y las preguntas de reautoría, es decir, las «R grandes» y las «r pequeñas». Siguiendo el énfasis de Sartre en el proyecto, que mira hacia el futuro o hacia el propósito de cada persona, esta línea de tiempo de «r pequeñas» y «R grandes» puede extenderse hacia el futuro con preguntas como «¿qué tipo de resistencias te gustaría expresar o poner en práctica en el futuro?». Esto puede dar lugar a descripciones ricas de cómo les gustaría que los demás las vieran en el futuro. En la AN, todas las personas jóvenes son muy conscientes de lo que deben decir o hacer cuando reciben el alta. Desde esta perspectiva del proyecto, puedo añadir Proyectos grandes y pequeños e imaginar qué proyecto les gustaría perseguir como alternativa a la AN. Con esta perspectiva en mente, puedo obtener una descripción más completa por parte de su madre y su padre, que pueden apoyarlo. También puede resultar especialmente emancipador para la persona joven, que no tiene que quedarse atrapada en el pasado buscando causas o el porqué de su anorexia, sino que puede mirar hacia un futuro nuevo.
A menudo observo que a las personas jóvenes les gusta esta línea de preguntas porque sitúa la carga fuera de ellas. Rastrear las objetivaciones a lo largo de la vida logra un resultado similar al de la externalización, es decir, separar a la persona del problema y despegar estas construcciones imaginarias de lo que la persona es. Favorece la agencia en su vida y la implica en el proyecto auténtico del devenir. Es una búsqueda sin fin que la deja con una nueva actitud. El análisis termina con la propia iluminación o intuición de la persona, que se respeta como definitiva, y no con la interpretación de quien ejerce la terapia. Esto, sostiene White, es una postura ética (White, 2007).
Este artículo trata del valor de añadir a Sartre y el existencialismo como teoría de apoyo a la terapia familiar, porque pone de relieve que los problemas surgen a través de relaciones concretas con los demás, mediante el mecanismo que Sartre llama la «mirada». El construccionismo social, en el que la filosofía de Foucault es ampliamente conocida como un estructuralismo posfenomenológico que se sitúa como un «repudio de la filosofía del sujeto», se centra en la fuerza coercitiva del poder en el desarrollo de la persona, y de forma «unidireccional». Esto no quiere decir que sea inexacto, sino que no tiene suficientemente en cuenta el «reconocimiento mutuo de los sujetos» en la socialización ni la capacidad del sujeto de ser un agente fuerte en este proceso, por distorsionado que esté (Dews, 2007). Del mismo modo, en su análisis de la agencia en el construccionismo social, Burr (2015), aunque no menciona explícitamente a Sartre, afirma que el construccionismo social comparte con la fenomenología el rechazo del esencialismo y que toma en serio la experiencia encarnada, y que la fenomenología puede ser un recurso en este punto. La tesis de Sartre de que el cuerpo es relacional e intersubjetivo ofrece un recurso poderoso para que quienes ejercen la terapia familiar teoricen la AN. La obra de Sartre profundiza la noción relacional del yo y el valor emancipador de resistirse a las objetivaciones, que es el objetivo central de las conversaciones externalizadoras. Añade otra manera de abordar las objetivaciones rígidas y sedimentadas, capaz de implicar a las familias y a las personas jóvenes de forma dinámica, en la que se puede generar una conversación sistémica generativa, se puede empezar por cualquier punto y no es necesario abordar directamente la AN.
Complexe Systémique: puntos clave
El artículo señala un callejón sin salida bien conocido por los equipos que tratan la anorexia: externalizar el trastorno cuando la persona joven dice que forma parte de ella corre el riesgo de objetivarla una vez más, sobre todo si el nombre lo ha elegido la familia. La propuesta es tomarse en serio esta identificación. Con Sartre, la anorexia se convierte en un proyecto que preserva algo valioso, el control, el éxito, la protección, y que puede revisarse en lugar de arrancarse. La mirada de los demás desempeña el papel principal, lo que ancla el trabajo en la familia: un abuelo que dice «fuerte», un grupo de clase que dice «gigante verde». El ejercicio de las «O grandes» y las «o pequeñas», seguido de las «R grandes» de la resistencia, es sencillo, lúdico y trasladable a otras presentaciones clínicas, e incluso a la supervisión. También merece la pena retener la orientación hacia el futuro, que libera a la terapia de la búsqueda de las causas de la anorexia. El texto sigue siendo un ensayo clínico, basado en viñetas breves, sin evaluación, y su lectura de Sartre, transmitida en gran parte a través de comentaristas, ganaría con un contraste con los textos. Para leer junto con el artículo sobre la externalización del problema en terapia y el artículo sobre los tratamientos de la anorexia y la bulimia.
Notas del original
Agradecimientos. La autoría desea dar las gracias a todas las personas jóvenes, a sus personas cuidadoras y al personal del Rhodes Wood Hospital.
Declaración de conflictos de intereses. La autoría declaró no tener ningún posible conflicto de intereses en relación con la investigación, la autoría o la publicación de este artículo.
Descargo de responsabilidad. Las opiniones expresadas son las de la autoría y no las de Elysium Healthcare ni de Royal Holloway University of London.
Financiación. La autoría no recibió ningún apoyo financiero para la investigación, la autoría o la publicación de este artículo.
Referencias
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Burnham J (2012) Developments in Social Grrrraaacceeeesss: visible-invisible and voiced-unvoiced. In: Krause I-B (ed). Culture and Reflexivity in Systemic Psychotherapy: Mutual Perspectives. London: Karnac, 139–160, Submitted for publication.
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Traducción no oficial al español de Beyond the project of anorexia nervosa: Integrating White’s externalizing conversations and Sartre’s existential approach to empower a new sense of agency, de Kevin Ball y Lucia Giombini, Human Systems, vol. 6, no 1 (2026), doi: 10.1177/26344041251355927, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia (tabla presentada en forma de lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
El artículo original, «Beyond the project of anorexia nervosa: Integrating White’s externalizing conversations and Sartre’s existential approach to empower a new sense of agency», se publicó en Human Systems (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Esta versión es una traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, con una presentación adaptada para la lectura en línea, tal como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Ball, K., y Giombini, L. (2026). Beyond the project of anorexia nervosa: Integrating White’s externalizing conversations and Sartre’s existential approach to empower a new sense of agency. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/beyond-the-project-of-anorexia-nervosa-integrating-white-and-sartre (Obra original publicada en 2025 en Human Systems, 6(1), 28-40 (2026); republicada en 2026 por Human Systems, https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/26344041251355927)
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