Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Social Sciences · Protección a la infancia
En Noruega, siete madres jóvenes en contacto con los servicios de protección a la infancia cuentan su historia, desde una adolescencia turbulenta hasta la maternidad. El equipo de Anne Juberg muestra un deseo decidido de ser una madre «suficientemente buena» que choca con desventajas acumuladas y con unos servicios que evalúan a la madre sin ver su contexto de vida.
Traducción no oficial al español de Motherhood in Context—Life Course Interviews with Young Mothers in Contact with Child Welfare, de Anne Juberg, Turid Midjo y Halvor Fauske, publicado en Social Sciences (MDPI) (2020), doi: 10.3390/socsci9120236, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las declaraciones finales del artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Así, puede considerarse que las madres ejercen una maternidad responsable al ocuparse no solo de sus criaturas, sino de toda la familia.
Anne Juberg, Turid Midjo y Halvor Fauske
Resumen
Antecedentes: El propósito de este artículo es explorar cómo una muestra de madres jóvenes en contacto con los servicios de protección a la infancia en Noruega narra su transición a la maternidad y su relación con dichos servicios. Métodos: El artículo se basa en entrevistas de curso vital con las madres, sobre las que hemos realizado un análisis de contenido inspirado en la teoría narrativa. Resultados: Los resultados muestran que, mientras que antes de ser madres se apartaban de las expectativas habituales de previsibilidad y orden, a partir de entonces se esforzaron por ofrecer a sus criaturas una situación «suficientemente buena», en consonancia con las expectativas del conjunto de la sociedad. No obstante, las complejas desventajas que las madres decían tener en varios ámbitos de la vida —redes sociales y apoyo familiar, educación, vida laboral, vivienda—, y que al parecer ya estaban presentes en su transición a la adultez, tendían a aumentar incluso después de que las madres hubieran decidido asumir el papel materno de maneras socialmente aceptables. Conclusiones: El artículo concluye que los servicios de protección a la infancia pueden contribuir positivamente reconociendo la complejidad del contexto de vida de las madres jóvenes al evaluar las prácticas maternas.
Palabras clave: protección a la infancia, contexto histórico, contexto de vida, práctica materna, transición a la adultez, madres jóvenes
Este artículo trata de cómo madres jóvenes con una trayectoria psicosocialmente exigente y en contacto con los servicios de protección a la infancia narraban su transición a la adultez y a la maternidad, así como su interacción con dichos servicios.
Haber crecido en familias con dificultades relacionadas con la pobreza y con problemas sociales, que a veces desembocan además en un contacto posterior con el sistema de protección a la infancia y en una historia de acogimiento fuera del hogar, puede asociarse a nuevas dificultades tanto en la transición a la adultez como más adelante en la vida. El riesgo de marginación es elevado en muchos ámbitos importantes de la vida, como la salud mental, el empleo y la educación (DeVito 2010; Green 2006; Mollborn 2017; Osgood et al. 2010; Vinnerljung et al. 2007; Weed et al. 2015).
Además del riesgo particular de fracaso escolar, la tasa de partos en la adolescencia parece ser más alta entre las mujeres jóvenes que, en algún nivel, han estado vinculadas al sistema de protección a la infancia que entre sus iguales con una situación socioeconómica y demográfica similar (Brännström et al. 2015; Brännström et al. 2016; Vinnerljung et al. 2007).
La maternidad temprana en sí misma también se ha conceptualizado como un problema social (Duncan 2004). La investigación sobre la maternidad temprana muestra de forma relativamente inequívoca que esta condición supone un mayor riesgo de permanecer en un nivel educativo más bajo, de tener una vinculación más laxa o nula con el mercado laboral, más problemas de salud, menores ingresos y una mayor dependencia de las ayudas públicas (p. ej., Angelini y Mierau 2018; Oxford et al. 2010; Vinnerljung et al. 2007).
Los niños y niñas de madres jóvenes también están en riesgo. Tienden a presentar más problemas sociales y emocionales, así como más problemas de salud, de conducta y escolares que la descendencia de madres y padres de más edad (p. ej., Morinis et al. 2013; Rafferty et al. 2011).
Así pues, aunque tener descendencia en una etapa temprana de la vida puede representar en muchos sentidos una oportunidad nueva y positiva, incluso para jóvenes que no parten de las mejores condiciones (Duncan 2007), el riesgo de un deterioro del bienestar y de permanecer en una posición desfavorecida es elevado. Y si esas personas jóvenes que crían, y en especial las madres, se encuentran en posiciones marginadas y tienen criaturas que presentan problemas de un tipo u otro, su capacidad para comprender y atender las necesidades de estas puede ponerse en duda (Borkowski et al. 2007; Breheny y Stephens 2010; Weed et al. 2015).
Se necesita investigación sobre las complejidades y los matices de la experiencia vivida por las familias en contacto con los servicios de protección a la infancia. A menudo no se tienen en cuenta las cuestiones estructurales ni los propios recursos de madres y padres y sus perspectivas sobre su crianza (Macvarish 2010; Bunting et al. 2015; Fauske et al. 2018; Dunkerley 2017). Parece haber una necesidad particular de conocer mejor esos matices y complejidades que tienden a mantener y reproducir la desventaja, y que afectan a familias enteras, y no solo al padre o a la madre jóvenes
Asimismo, sacar a la luz y discutir la complejidad y los matices de la situación vital de las madres jóvenes exige una comprensión más profunda del tiempo histórico que enmarca el relato. En cualquier período histórico, las expectativas relacionadas con la parentalidad configuran una red finamente tejida de normas y prácticas sociales formales e informales (Fauske 1996). Las expectativas contemporáneas hacia la parentalidad parecen estar estrechamente relacionadas con el muy debatido constructo sobre la transición a la adultez denominado «adultez emergente» (Arnett 2004, 2007). Este constructo parte del supuesto de que la transición a la adultez se ha vuelto a la vez más tardía y más prolongada, y de que el acceso a la educación superior, al empleo, al matrimonio, a la maternidad o paternidad y a la vida independiente se produce en un orden secuencial y previsible a lo largo de un extenso período de tiempo. Para muchas personas jóvenes de hoy, según Arnett (2007), la transición a la adultez representa así una posibilidad de desarrollar la autoestima, disfrutar de la propia libertad y realizarse antes de asumir posiciones adultas y las obligaciones que implica convertirse en madre o padre.
Una expectativa predominante vinculada a la visión de la adultez como «emergente» es la del orden y el «momento adecuado» (Holgate 2012; Schwiter 2011). Esto puede ser la consecuencia duradera de la inestabilidad económica posterior a la Segunda Guerra Mundial, en la que la generación más joven se esforzó por asegurarse capital social, económico y cultural antes de asentarse (Fauske 1996). En consonancia con esta conclusión, el aplazamiento de los nacimientos ha seguido siendo la tendencia general desde las décadas de 1960 y 1970 en los países occidentales, incluida Noruega (Part et al. 2013; Sedgh et al. 2015). La tasa de natalidad adolescente en Noruega ha ido descendiendo hasta situarse por debajo del uno por ciento en 2019 (Statistics Norway 2019). Un embarazo accidental puede aumentar la carga de las personas jóvenes si además tienen dificultades en otros ámbitos relevantes de la vida.
El constructo de «adultez emergente» ha sido criticado por su pretensión de ser una descripción universalmente válida de la transición a la adultez (Blatterer 2007), una crítica que señala la imperfecta adecuación del constructo a ciertos cambios en las condiciones culturales y sociales que configuran la transición a la adultez en los últimos tiempos, al menos en los países occidentales (Settersten et al. 2005; Blatterer 2007; Furlong et al. 2011). Existen diferencias estructurales y sociales relacionadas con factores como la clase, el género y la discapacidad, que ponen límites a la manera en que las personas pueden planificar y producir sus propios procesos de transición y su yo adulto (Dawson 2012). El proceso de transición y las experiencias de transición pueden, por tanto, diferir considerablemente entre grupos de «adultos emergentes» (Berzin 2010; Berzin y De Marco 2009; SmithBattle y Leonard 2012; DeVito 2010; Mollborn 2017; Weed et al. 2015).
Por ello, parece crucial que los servicios de protección a la infancia y otros servicios presten atención a los relatos de las madres jóvenes sobre su transición a la adultez. La protección a la infancia noruega constituye un sistema de bienestar orientado a la familia, que da prioridad a la intervención temprana y a la prevención mediante métodos no intrusivos y la colaboración con madres, padres, niños y niñas (Ley de Protección de la Infancia, 1992). Estas ideas y principios de base, que también tienen en cuenta el contexto de las familias, remiten a un sistema de protección a la infancia que a menudo se describe como orientado a las necesidades, por oposición a uno orientado al riesgo, lo que implica una orientación prioritaria hacia la preservación familiar y el recurso a medidas de apoyo (Khoo 2004; Gilbert et al. 2011).
Con el fin de captar una imagen amplia de los contextos de vida actuales y de las dificultades de las participantes, y de sentar las bases de una mejor práctica de protección a la infancia, el artículo se centra tanto en la situación previa al embarazo de las participantes como en el período posterior a su decisión de quedarse con la criatura y a su entrada en el papel de madre por primera vez. El artículo también se centra en las limitaciones y posibilidades de agencia en las circunstancias estructurales y discursivas más amplias que parecen enmarcar su maternidad.
La muestra procede de un grupo más amplio de 715 familias que participaron en una encuesta sobre familias con hijos e hijas en contacto con los servicios de protección a la infancia (Clifford et al. 2015). Se identificaron variables psicosociales y socioeconómicas, variables indicativas de niveles de marginación y factores demográficos como el género, la edad y el origen étnico (Clifford et al. 2015). El informe final del estudio (Clifford et al. 2015) concluyó que la situación de muchas de las familias participantes rozaba la pobreza. Para identificar con más precisión las variables psicosociales, el equipo de investigación empleó además el instrumento estandarizado CAF1, destinado a cartografiar la carga psicosocial global de las familias en varios ámbitos de la vida. De la muestra de la encuesta se extrajo una muestra más pequeña en la que solo se incluyeron las familias que cumplían los criterios del CAF de carga psicosocial moderada a grave. Otros criterios eran que las familias llevaran más de dos años en contacto con los servicios de protección a la infancia y que la criatura que había motivado el contacto con los servicios presentara limitaciones funcionales. La muestra más pequeña reflejaba en gran medida la misma distribución de características sociodemográficas que la muestra de la encuesta. En total se incluyeron en el estudio 70 entrevistas de curso vital (Clifford et al. 2015). Las personas entrevistadas fueron reclutadas por el servicio de protección a la infancia, según criterios fijados por el equipo de investigación. El equipo contactó con las madres y los padres que dieron su consentimiento informado para participar. Las entrevistas se realizaron como entrevistas de curso vital en el domicilio de las madres o en otros lugares de su preferencia. Se pidió a quienes realizaban las entrevistas que formularan preguntas abiertas y que dirigieran lo menos posible la narración de la historia de vida. El estudio fue aprobado por el Centro Noruego de Datos de Investigación (NSD).
De las 70 entrevistas de curso vital realizadas a madres y padres con puntuaciones moderadas o altas en la escala CAF, seleccionamos aquellas en las que la madre o el padre había tenido su primer hijo o hija antes de los 30 años. Siete entrevistas cumplían este criterio. Todas las informantes de nuestra muestra tuvieron su primer hijo o hija antes de los 24 años, y cuatro tenían 18 años en el momento del parto. Todas eran de origen étnico noruego. Todas salvo una narraron sus años de infancia como especialmente exigentes desde el punto de vista psicosocial: problemas de alcohol de sus progenitores, negligencia parental, parentificación, acoso por parte de sus iguales o falta de amistades de su edad. Esa carga fue la razón principal por la que tres de ellas fueron tuteladas y acogidas en familias de acogida. Cuatro de las madres siguieron viviendo con sus familias de origen hasta su transición a la adultez, a pesar de importantes problemas familiares
En el momento de la entrevista, todas las madres tenían más de un hijo o hija. Una vivía sola, una vivía con su criatura, dos vivían con su marido en una familia formada después de tener su primer hijo o hija, y tres madres vivían en familias ensambladas en las que las criaturas tenían padres distintos. Una madre tenía una criatura en acogimiento familiar. Para garantizar el anonimato, dimos a las participantes nombres ficticios y cambiamos la edad de las criaturas.
En nuestra exploración de las experiencias y prácticas de las madres jóvenes, aplicamos un marco narrativo, lo que implica prestar atención a cómo las madres dan cuenta de su vida en forma de relato (Gergen 2004; Riessman 2008). El término narrativa remite a una serie de enfoques que reflejan distintas orientaciones teóricas y metodológicas (Riessman 2008). En general, estos enfoques prestan atención a cómo las personas dan sentido a su vida pasada y presente, a menudo presentada en un orden temporal de acontecimientos y acciones (Riessman 2008). Relatar la propia vida o un aspecto de ella en el contexto de una entrevista también puede incluir una narración menos estructurada de episodios o pequeñas historias (Riessman 2008; Polkinghorne 1988). Dado que el propio yo y las historias que se cuentan sobre las experiencias vitales cambian en función del tiempo, el espacio, el lugar y el auditorio (Gergen 2004; Polkinghorne 1988; Riessman 2008), las narrativas pueden entenderse como historias situadas «en la intersección de varias historias aún no terminadas» (Polkinghorne 1988, p. 11). Al relatar sus experiencias vitales, las personas se ven envueltas en reflexiones sobre qué historias contar y cómo contarlas, lo que implica que las historias contadas deben entenderse como experiencias transformadas, negociadas y determinadas por el sentido (Polkinghorne 1988; Riessman 2008). Relatar la propia vida representa así un proceso activo de producción de presentaciones de la vida y del yo (Gergen 2004), influido por el contexto de los discursos dominantes y de los contextos sociales, incluidas las perspectivas, comprensiones y actitudes culturalmente pertinentes (Gergen 2004; Riessman 2008).
Nuestro análisis de las historias contadas por las madres se inspira principalmente en el análisis temático descrito por Riessman (2008), en el que tradicionalmente se presta atención al contenido de los relatos de las informantes. El enfoque temático puede resultar demasiado estrecho al limitarse al contenido de lo que se cuenta. Si se relaciona con la apertura a combinar enfoques y a encontrar nuestra propia «voz» investigadora (Riessman 2008), puede considerarse que nuestro análisis se inspira también en rasgos de los otros enfoques narrativos que ella describe.
El análisis pretendía captar cómo las experiencias individuales de las madres jóvenes en contacto con los servicios de protección a la infancia se conectaban con los niveles contextuales y los temas que surgían a lo largo de sus relatos, y cómo estas experiencias parecían influir en su vida cotidiana como madres. El proceso de análisis comenzó con la lectura de cada entrevista por parte del equipo autor, buscando lo que la entrevista podía revelar sobre la vida de cada madre como joven en transición a la adultez y como madre joven. En la discusión posterior de cada relato, el equipo autor buscó también temas comunes a los distintos relatos individuales. En el proceso de ir y venir reflexionando sobre los diferentes temas que aparecían en los relatos sobre el pasado y el presente de las madres, así como sobre su vida futura, el equipo autor consideró también importante prestar atención a cómo las madres presentaban los pequeños y grandes acontecimientos de su vida. A través de este proceso se identificaron tres temas vitales comunes, definidos provisionalmente como el «yo adolescente», el «yo materno» y el «contexto de crianza» de las madres. En la fase siguiente del análisis, el equipo autor buscó cómo se estructuraban estos temas vitales en torno a acontecimientos, acciones y relaciones (Riessman 2008). En esta parte del análisis prestamos también especial atención a cómo las madres parecen presentarse a sí mismas y a las demás personas como parte de los acontecimientos, acciones y relaciones descritos. Más concretamente, dos posiciones omnipresentes parecían hacer avanzar las narraciones de las madres sobre su vida adolescente y su vida como madres, a saber, «luchar» y «esforzarse». Al identificar estas dimensiones de autoposicionamiento en la vida relatada de las madres, sus narrativas adquirieron sentido y coherencia de un modo que otorgaba a la lucha y al esfuerzo la posición de tramas principales de sus relatos. En la última fase del análisis, se evaluó la conexión entre los tres temas vitales y la lucha y el esfuerzo como autoposicionamientos clave, y se constató que hacía visible el patrón dominante de las narrativas de las madres. La denominación final de los tres temas vitales es «La transición a la adultez», «La maternidad y la relación con los servicios de protección a la infancia» y «Esforzarse por la vida cotidiana: la responsabilidad materna ampliada».
En esta sección presentamos los tres temas principales que surgieron del análisis de las historias contadas en las entrevistas de curso vital por las madres, a las que llamamos Molly, Mary, Jane, Jill, Juliet, Mina y Megan.
El primer apartado trata del camino de las madres hacia la adultez, incluidos el embarazo y la maternidad temprana. El segundo trata de sus responsabilidades de crianza y de su interacción con los servicios de protección a la infancia, incluido el apoyo que recibieron de ellos como madres. En este apartado hacemos también más visibles sus historias individuales que en los demás, porque sus experiencias en este punto tendían a diferir mucho entre sí. En el tercer apartado transmitimos cómo narraban su vida y su situación familiar actuales, prestando menos atención a la historia concreta de cada madre.
Cuando las madres jóvenes de nuestra muestra hablaban de su juventud, en especial de sus años de educación secundaria superior, todas salvo dos caracterizaron ese período como turbulento. Para algunas de las madres, la turbulencia podía implicar una rebelión contra algo: «Fui una rebelde en la adolescencia (…) acabé en un mal ambiente y todo eso y me fui de casa a los 18». La mayoría de las participantes tuvo que dejar el hogar familiar o la familia de acogida a los 16 años para vivir cerca de su centro de secundaria. Esto supuso una nueva situación vital en la que asumían la responsabilidad principal de las rutinas diarias y del trabajo escolar, algo de lo que hablaban como positivo y a la vez difícil. No tenían a diario a su lado ninguna persona adulta de referencia que las orientara y apoyara, al contrario de lo que supone la prolongada relación filial que sustenta el constructo de «adultez emergente» (Arnett 2004, etc.). Las tres que estuvieron en acogimiento familiar durante la adolescencia presentaban, sin embargo, a su familia de acogida como alguien a quien recurrir en los momentos difíciles.
Todas las madres salvo una contaron cómo sus estudios quedaron eclipsados por las fiestas y cómo la escuela tendía a perder su atención:
«Hacia las ocho de la tarde se nos ocurría tomar algo (…) salíamos de fiesta muy a menudo, sobre todo en su casa (del novio), o aquí y allá en casa de amigos. Nunca estaba en casa».
Aunque el consumo excesivo de alcohol formaba parte de la vida festiva, solo unas pocas hablaron de consumo de drogas:
«No había muchas drogas. Bueno… conocíamos a gente que tomaba y eso, y yo lo probé dos veces, pero es algo que no volveré a hacer nunca, de todos modos. No era para mí (…). Aunque estuve con un chico que se drogaba, yo no consumía».
Sin embargo, las fiestas tuvieron consecuencias en sus notas. Algunas abandonaron los estudios, como una participante que se puso a trabajar: «Cuando dejé el instituto… en lugar de no hacer nada, conseguí unas prácticas en una tienda… y allí trabajé (….) (Pero) no seguí estudiando».
Una madre veía su desinterés por los estudios en favor de las fiestas como consecuencia directa de lo que le devolvía la escuela: «Casi siempre sacaba malas notas y eso, y entonces ya pasas de todo».
Un tema central en la narración de las madres sobre su adolescencia es cómo legitimaban las fiestas excesivas y el embarazo adolescente subrayando que buscaban una posición social reconocida que les permitiera dejar atrás los problemas familiares y el acoso sufrido en la infancia:
«Como nadie me soportaba, acabé en un ambiente equivocado». Según las madres, este contacto con lo que ellas definían como «malos ambientes» se establecía a menudo a través de novios con problemas considerables de alcohol, drogas y delincuencia. Algunos ejemplos de lo que podían vivir las chicas jóvenes en un «mal ambiente» eran violaciones o abusos por parte de sus novios.
Pese a los inconvenientes de un entorno poco sano, su nuevo grupo de iguales, a diferencia de quienes las habían acosado en el pasado, les proporcionaba una identidad social nueva y positiva:
«A los 16 me colaba en bares para mayores de 18; a los 18 iba a bares donde pedían 20 años. (…) Cuando pasas mucho tiempo en un bar, un restaurante o una sala de baile, acabas teniendo una tarjeta VIP. O sea, tienes ventajas. No tienes que hacer cola, no tienes que pagar, te saltas todos los controles y puedes moverte libremente, en realidad por donde quieras. (…) No sabían quién era yo; yo solo era otra rubita noruega (…).»
En retrospectiva, sin embargo, esta madre resta valor al efecto de la nueva identidad y de la relativa libertad que había intentado conseguir en su adolescencia: «Intentaba ser yo misma… pero aquella no era “yo”».
Esta vida cotidiana se vino abajo de repente al darse cuenta de que estaban embarazadas. La mayoría de los relatos sobre el embarazo parecen implicar un punto de inflexión en el sentido procesual descrito por Rutter (1996). Las madres fueron asumiendo una responsabilidad creciente por la criatura que iba a nacer, lo que supuso que dejaran de beber y de salir de fiesta. Megan explicó el cambio subrayando que «se acabó la bebida y todo eso». Jill, que vivía con su novio cuando se quedó embarazada a los 17 años, explicó cómo dejó de beber y de fumar e «intentó llevar una vida más normal». Esto parece coincidir con otros estudios que muestran que la parentalidad temprana puede fomentar un nuevo sentido de la responsabilidad (Barn y Mantovani 2007; Connolly et al. 2012). Sin embargo, las madres no hablaban del embarazo como una «elección», sino más bien como un resultado inesperado de sus hábitos festivos y de su búsqueda de reconocimiento. El aborto no era una opción real para ellas, aunque una madre dice que lo consideró durante un tiempo.
Tanto la situación escolar, si seguían estudiando, como la situación vital general de las jóvenes empeoró para la mayoría de ellas al quedarse embarazadas. Con la excepción de una, que no supo que estaba embarazada hasta que el parto ya estaba en curso, todas las demás dijeron que apenas estaban preparadas para el parto y que no comprendían lo que significaba cuidar de un recién nacido. Interesa destacar en esta sección, no obstante, que las tres madres que estaban tuteladas por los servicios de protección a la infancia cuando tuvieron a su primer hijo o hija hablaron muy bien de la ayuda con la criatura que habían recibido de su familia de acogida. En todos los casos, la familia de acogida había seguido ocupándose de las madres que ya habían salido del sistema de protección por edad. Describen a su familia de acogida como un valioso modelo que las descargaba en parte y les permitía comportarse, al menos de vez en cuando, como cualquier otra persona joven, incluso después del parto.
En conjunto, considerar la propia adolescencia como una especie de realidad aparte es una tendencia común en nuestro material, subrayada por comentarios como «Es algo que yo llamo el pasado», y «Es algo que dejé atrás». Esta distinción entre entonces y ahora parece funcionar como marco contextual de sus relatos sobre el embarazo y la maternidad.
A partir de las siete entrevistas, esta sección muestra cómo las madres narraban sus prácticas maternas, es decir, las elecciones, actividades y acciones que intentaban gestionar como parte de la responsabilidad interminable de cuidar y criar a sus criaturas. La sección muestra también cómo resultó la colaboración con los servicios de protección a la infancia para aquellas madres que pidieron apoyo tras llevar un tiempo criando. En consonancia con los estudios que muestran que la realidad puede ser dura y a veces abrumadoramente exigente cuando se tiene descendencia a una edad temprana (Maxwell et al. 2011), las madres incluidas en este estudio consideraban difícil su nueva situación. En su mayoría tuvieron que hacerse cargo de la crianza por sí solas, vivieran o no con el padre de la criatura. Según sus relatos, ninguna de las madres tenía en la práctica una red familiar en la que apoyarse, y solo tres de ellas contaban con una familia de acogida atenta en el momento del parto. No mencionan explícitamente la responsabilidad del padre en la crianza y parecen, por tanto, dar por sentado que la responsabilidad recaía sobre ellas.
Aunque necesitaban distintos tipos de apoyo, todas las madres salvo dos dejaron la impresión de no haber dudado en asumir la maternidad. Sus relatos sobre cómo se convirtieron en madres primerizas jóvenes muestran que asumieron la responsabilidad de la situación, aunque de maneras distintas.
Como madres primerizas, algunas participantes recurrieron a los servicios de protección a la infancia en busca de ayuda inmediatamente después del nacimiento, mientras que otras entraron en contacto con ellos por otros motivos y en momentos posteriores. Todas las madres vivieron como útil el apoyo inicial que recibieron de estos servicios, salvo una, a la que, tras el parto, los servicios de protección a la infancia le habían denegado la solicitud de estancia en un hogar materno-infantil.
Sin embargo, una experiencia compartida por la mayoría de las madres fue un cambio marcado en su contacto con los servicios de protección a la infancia: de la colaboración y el apoyo a un serio cuestionamiento de sus capacidades maternas. Los relatos de las madres sobre este contacto muestran caminos diferentes y formas diferentes de afrontar la situación. Algunas mostraban adaptación narrando prácticas maternas acordes con las exigencias de los servicios, mientras que otras se oponían a esas exigencias expresando su propia visión de una maternidad «suficientemente buena».
Molly es una madre que se quedó casi atónita cuando los servicios de protección a la infancia cuestionaron sus capacidades maternas, después de haber mantenido con ellos una relación larga y sin problemas y de haber recibido un buen apoyo: «Yo misma tomaba mucho la iniciativa, los llamaba si tenía dudas y pedía reuniones.» Subraya la gran confianza que tenía en la relación con los servicios al principio y su posterior sentimiento de traición. Esto se manifestó en una reunión inesperada, a solas con una profesional del trabajo social que le presentó una medida de retirada de la custodia ya prevista. Desbordada por la situación, al principio aceptó la propuesta. Sin embargo, una vez repuesta del impacto, cambió de opinión: «Me recuperé un poco (…) y me di cuenta de que aquello iba a estar completamente mal (…) y entonces me busqué un abogado». La medida prevista se abandonó, pero a ojos de Molly la preocupación de los servicios por la criatura y por sus capacidades de cuidado ha continuado mediante diversas formas de vigilancia, como preguntar a otras personas por su situación en lugar de preguntarle a ella. Piensa que «no creen en mí… me siento un poco bajo sospecha». Le preocupa especialmente la exigencia de llevar a su criatura a la guardería a una hora concreta, dadas sus dificultades para organizar las actividades de la mañana. En consecuencia, la preocupación de los servicios por la situación de crianza se convirtió poco a poco en una amenaza para su posición de madre: «Es como si solo estuvieran esperando a que ya no pueda más». La historia de Molly muestra una comunicación con las autoridades caracterizada por fuertes exigencias de cumplimiento de normas (Wells 2011), que la lleva a vivir los mensajes críticos como injustos (Lieggohio y Caragata 2015). Esta situación parece producir un cambio en su sentido de sí misma. En lugar de seguir esforzándose por una posición materna valorada, Molly ha adoptado un yo más pasivo e indeciso, dominado por el miedo a perder la custodia.
Mary fue una de las madres que contactaron con los servicios de protección a la infancia justo después del nacimiento, ya que tenía que hacerse cargo sola del cuidado de su criatura, no planificada y nacida prematuramente. Al principio recibió un apoyo bueno y pertinente para ayudarla a gestionar la nueva situación vital. Sin embargo, la calidad de la relación ha cambiado, en parte porque los servicios empezaron poco a poco a cuestionar su competencia materna. Mary describía su relación actual con los servicios como marcada por una gran atención a la «interacción problemática» entre ella y su primera criatura. Sabe que su enfermedad de dolor crónico y sus problemas psicosociales le provocan agotamiento, con poca tolerancia al ruido algunos días. Sin embargo, al hablar de la interacción entre ella y la criatura, se refiere sobre todo a cómo el personal de trabajo social ha definido una relación problemática que oscila entre lo bueno y lo malo en función de los cambios en su estado de salud. Al subrayar que esta valoración responde a la visión de ese personal, la madre parece distanciarse de la experiencia de ser percibida como responsable de las dificultades relacionales con su criatura. Sabe que los servicios siguen preocupados por la relación entre madre y criatura y vive esta situación como frustrante: «Haga lo que haga, para ellos nada está bien». Tal como ella lo ve, los servicios han desaprobado su implicación en el bienestar de su criatura y, en cambio, se la responsabiliza de los problemas. La historia de Mary muestra cómo los servicios de protección a la infancia tienden a mirar a madres y criaturas desde una perspectiva que culpa a la madre (p. ej., Gillingham y Bromfield 2008; Jackson y Mannix 2004).
Jane es una madre que narró sus experiencias relacionadas con la pérdida de la custodia de su hijo. Su historia pone de relieve lo conmocionada que quedó cuando sus prácticas maternas fueron cuestionadas poco después del nacimiento, y cómo se llevó a cabo un acogimiento no consentido de la criatura en una familia de acogida: «Estaba en plena depresión posparto, así que fue psicológicamente muy duro, y también lo fue pelear dos veces en los tribunales sin llegar a nada». No tuvo ningún apoyo del padre de la criatura y critica la falta de medidas por parte de los servicios antes del acogimiento. Señaló su propia frustración con los servicios en aquel momento: «Pedí un hogar materno-infantil y no me lo dieron… fue un no rotundo, así que no sentí que lo intentaran». En el momento de la entrevista, dijo que había aceptado la situación y su posición como madre que solo visita. No obstante, subrayó que pasar tiempo con su hijo es muy importante para su relación actual y para mantener una buena relación entre madre e hijo en el futuro: «…cuando entro por la puerta y me da un abrazo, sabe quién soy, y es porque he estado ahí». Por una parte, la lucha de Jane por su hijo a lo largo de dos juicios representa una historia de intento de restablecer la «posición dada por sentada» de la relación madre-criatura culturalmente dominante (Snowdon y Kotzé 2012, p. 145). Por otra parte, expresa también cómo la aceptación de la situación de «maternidad a distancia» representa la puesta en práctica de una elección moral, al hacer realidad el interés superior de su hijo de acuerdo con los discursos de la buena maternidad (Smart y Neale 1999).
Jill también contó que los servicios de protección a la infancia empezaron a cuestionar sus prácticas de crianza y la situación de la criatura unos meses después del nacimiento. En aquel momento vivía con el padre de la criatura, conocido por ser violento. Pese a vivir en esa difícil situación vital, tener que encargarse de toda la crianza y sentirse «bastante triste», creía que sus prácticas de cuidado eran suficientemente buenas. Sin embargo, tras ser notificada a los servicios y participar en reuniones posteriores, la situación de la criatura se consideró gravemente preocupante. Los servicios concluyeron que la criatura debía ser acogida en una familia de acogida si Jill no dejaba a su novio. Jill dijo que le dolió profundamente verse ante ese ultimátum. Dejar a su novio no era una opción para ella en aquel momento, así que cedió a su hijo para un acogimiento temporal con el objetivo de recuperarlo si la situación mejoraba. Para intentar olvidar lo que describió como una pérdida dolorosa, volvió a beber y a salir de fiesta, aunque con malestar. Aunque seguía sintiéndose dependiente de su novio, su tristeza y el miedo a perder definitivamente la custodia la llevaron a decidir cambiar: «Tenía que recomponerme». En línea con su ambición declarada de volver a asumir el papel de madre, dejó de beber y empezó a buscar trabajo. Después de encontrar trabajo y un lugar donde vivir, Jill recuperó la custodia de su hijo. Esto implicó que los servicios la reconocieran por haberse adaptado a su ideología sobre lo que significa ser una buena madre (Herland y Helgeland 2014). Sin embargo, tiende a oscilar entre la posición de que la maternidad es algo pesada y la de que es algo que ha elegido deliberadamente, como muestran comentarios como «Quizá suene un poco más fácil de lo que es… ha ido bastante bien», y «Ser madre sola exige bastante». Estos comentarios pueden mostrar también, no obstante, la puesta en escena de un yo materno joven, fuerte y poderoso (Baker 2009).
La historia de Juliet sobre su práctica materna mostraba una entrada gradual en la plena responsabilidad. Se quedó embarazada cuando vivía en una familia de acogida y siguió viviendo allí con su criatura durante aproximadamente un año. Contó cómo, en muchos sentidos, se retiró del papel de madre, ya que su familia de acogida asumió la responsabilidad: «Eran más madre y padre que yo». Juliet da sentido a esta situación reflexionando sobre el peso de su edad en aquel momento: «Quizá era un poco demasiado joven». Más adelante se la animó a ocuparse ella misma de la criatura de forma más activa. En consonancia con los estudios que muestran que el acogimiento familiar puede reconocerse como importante cuando se es madre joven (p. ej., Aparicio et al. 2015), Juliet dio sentido a su proceso de identidad materna señalando cómo esta semidependencia provisional de su familia de acogida la ayudó a aprender una maternidad responsable: «Aprendí a comportarme de verdad con los demás… no solo a ir a lo mío». Había dejado la familia de acogida varios años antes, estaba casada y tenía cinco hijos e hijas en el momento del estudio. Expresó que la maternidad responsable puede ser agotadora, aunque necesaria. En su contacto actual con los servicios de protección a la infancia, motivado por la preocupación por su criatura mayor, Juliet seguía pensando que el personal de trabajo social no la reconocía como una madre responsable. Sentía que sus prácticas maternas se ponían en duda y que este cuestionamiento se veía reforzado por las visitas rutinarias de la profesional del trabajo social para comprobar cómo estaba la criatura. Juliet dijo que veía la preocupación de los servicios como parte de una incompetencia institucional y como desconfianza hacia ella por haber sido una niña acogida.
A diferencia de estas cinco madres que, según sus relatos, tenían con los servicios de protección a la infancia una relación que se fue tensando a medida que se cuestionaban sus prácticas maternas, las otras dos madres vivieron un contacto más positivo con dichos servicios. Aunque sentían que los servicios apoyaban tanto a las familias como a sus criaturas, al principio habían dudado en ponerse en contacto con ellos.
Mina es una de estas madres. En el momento del estudio, vivía su situación de cuidado como estresante. En primer lugar, tenía que gestionar el día a día con dos criaturas que necesitaban mucho seguimiento tanto por parte de su madre y su padre como de la escuela infantil. En segundo lugar, tenía que hacer equilibrios entre su propio trabajo a tiempo parcial y las dificultades económicas, mientras su marido trabajaba a menudo fuera. Mina pensaba que la escuela infantil hacía demasiado poco por sus criaturas en materia de adaptación y seguimiento, «así que contacté con protección a la infancia». Les pidió que la acompañaran a las reuniones con la escuela infantil y comprobó que esta colaboración con los servicios mejoraba la situación de sus criaturas. Para ella, los servicios de protección a la infancia eran un lugar al que acudir cuando necesitaba apoyo y orientación. Mina subrayó que ella y su marido tenían muchas ganas de buscar ayuda, incluida la terapia familiar.
Megan, madre de cinco criaturas, también vivía una situación de crianza estresante. Desde muy pronto sintió una preocupación especial por su criatura mayor y había estado en contacto con diferentes profesionales del sistema sanitario sin recibir ninguna ayuda. Siempre le decían que esperara: «Reaccionaron demasiado tarde; si hubieran hecho las cosas un poco antes, quizá algunos de los problemas habrían sido más fáciles, para nosotros y para la criatura». Para afrontar esta exigente situación de cuidado, se aconsejó a la madre y al padre que contactaran con los servicios de protección a la infancia. La madre dudaba, por el contacto que había tenido con estos servicios en su juventud, pero más recientemente había tenido ocasión de recurrir a otros servicios de protección a la infancia: «Lo hemos acordado todo con protección a la infancia». Y añadió: «Si tengo alguna duda, puedo llamarlos». La familia ha recibido distintos apoyos en forma de cursos de parentalidad, orientación, medidas de respiro y ayudas económicas. Dejó claro que los servicios vieron que estaban pasándolo mal y que las medidas que recibieron crearon una vida mejor para toda la familia.
Ambas madres ven su relación con los servicios de protección a la infancia como un contrato voluntario al que pueden poner fin cuando quieran. Megan lo formuló refiriéndose a cómo habían iniciado ellos mismos el contacto: «Pedimos ayuda nosotros mismos y todo eso… y podemos dejarlo nosotros mismos si queremos… así que, en cierto modo, decidimos nosotros todo el plan». Por ello, tanto Mina como Megan sitúan sus prácticas maternas como «suficientemente buenas», desde el punto de vista de los servicios de protección a la infancia.
Las dos madres que vivieron una relación de colaboración con los servicios prestan mucha atención a cómo pusieron en marcha distintas formas de ayuda para gestionar una situación familiar difícil y, en este sentido, pueden actuar de acuerdo con una maternidad responsable (Hays 1996).
En general, la posición de madres y padres es más ambigua cuando colaboran con los servicios de protección a la infancia, ya que pueden ser definidos como parte de las dificultades de la criatura. Se les reconoce entonces como interlocutores importantes en la colaboración, pero corren también el riesgo de ser desvalorizados como tales cuando los servicios evalúan su parentalidad (Midjo 2017).
Las narrativas de las madres prestaban mucha atención a la situación vital real de las familias, mostrando cómo su responsabilidad como madres jóvenes implicaba numerosas actividades y tareas que iban mucho más allá del mero cuidado de las criaturas. Esta sección recoge los relatos de las madres sobre sus preocupaciones ante la situación, sobre los obstáculos que encontraban para cambiarla y sobre su empeño en reducir los efectos perjudiciales del bajo nivel educativo, los problemas de salud, la débil vinculación con el mercado laboral y los problemas económicos, con sus consecuencias para la situación de vivienda.
Cinco de las siete madres no terminaron la educación secundaria superior, y las siete hablaron de su vida laboral como marcada por una escasa estabilidad. El bajo nivel educativo y la reducida capacidad de trabajo debida al cuidado de las criaturas o a problemas de salud se vivían como obstáculos para contribuir a mejorar la situación económica de sus familias. La mayoría de las madres manifestó la intención de terminar sus estudios o de seguir formándose para mejorar sus posibilidades de empleo. Sin embargo, vivían sus responsabilidades parentales como un impedimento para cumplir sus ambiciones. Julia, por ejemplo, consideraba su propio trabajo a tiempo parcial y sobre todo el trabajo de su pareja como una razón importante para aplazar sus propios planes de estudio. «… trabaja fuera de casa para ganar más dinero… para intentar no endeudarnos todavía más».
Los relatos de las madres sobre los obstáculos para cumplir sus propios planes de vida en materia de educación y de vida laboral incluían experiencias de dolor físico y de carga psicosocial, en consonancia con la medida CAF antes mencionada. Un ejemplo es Mary, que tiene una enfermedad grave y «un poco de depresión» que hacen que algunos días sean difíciles de llevar. Megan también tiene dificultades en su vida laboral debido a sus problemas de ansiedad y depresión. Esta situación se presenta como la razón de su esperanza de recuperar la pensión de invalidez, ya que «entonces sé que tendré dinero cada mes…. y no tendré que pensar en eso.»2
La mayoría de las familias que participan en este estudio atraviesan lo que las madres describen como dificultades económicas, que generan preocupación en su vida cotidiana. Tres madres cobran una pensión de invalidez debido a graves problemas de salud. Las otras cuatro madres trabajan a tiempo parcial, pero también han estado sin trabajo en algunos períodos por sus responsabilidades parentales, por sus propios problemas de salud o por dificultades para encontrar empleo. Mina, que tuvo que dejar de trabajar por los problemas de sus criaturas, dijo: «Simplemente tuve que quedarme en casa, perdimos mucho dinero, y era como un círculo vicioso… sí, fue una época difícil.» Cuatro madres viven en pareja, y en tres de esos casos la pareja tiene un empleo estable. Sin embargo, solo una de las madres describió la economía familiar como buena, mientras que las otras tres hablaron de graves problemas económicos debidos a las elevadas deudas contraídas al comprar una casa. Megan es una de ellas:
«Compramos una casa allí… pero tuvimos problemas con el dinero y todo… así que tuvimos que vender…. lo gestionamos todo nosotros… una venta voluntaria…. ahora alquilamos una casa, pero pronto tendremos que mudarnos a otro sitio».
Otra madre, con un amplio abanico de preocupaciones económicas, dijo: «Creo… que estamos en bancarrota… ahora tenemos que intentar conseguir ayuda de una empresa de préstamos privados.»
Los relatos de las madres revelaban también un estrés económico relacionado con los gastos de la escuela infantil y otros gastos vinculados a las criaturas.
Un tema central relacionado con las dificultades económicas de las que hablaban las madres es su situación de vivienda. La historia de Megan muestra cómo la familia tuvo que vender por motivos económicos la casa que había comprado, y todas las madres salvo una habían vivido las dificultades asociadas al alquiler de una vivienda, que a menudo implica contratos de corta duración, cambios frecuentes de domicilio y tener que mudarse de casa en casa con las criaturas.
Pocas madres pueden contar con el apoyo de sus familias de origen, pero la mayoría de sus parejas tienen una familia a la que las madres se refieren como una ayuda importante tanto en relación con las deudas como con los problemas de vivienda. La mayoría de las madres recibía prestaciones de los servicios de protección a la infancia para cubrir el coste de la escuela infantil y de las actividades de ocio. Algunas recibían también ayudas económicas de los servicios sociales cuando no podían pagar todos los gastos corrientes. Sin embargo, no todas recibieron la ayuda que habían solicitado, lo que las llevó a considerar injusta la valoración de su situación económica. Es el caso de Mina, a quien se le denegó la ayuda económica que su familia necesitaba: «Me dijeron que no podía recibir más porque ganaba demasiado».
Sin embargo, todas las ayudas económicas son de carácter temporal, lo que implica que las familias que sufren problemas económicos duraderos verán reducidas sus oportunidades de tomar decisiones vitales (Dawson 2012, p. 313). Una vida con las dificultades económicas y las necesidades de ayuda financiera a las que se refieren las madres parece vivirse, en la línea de Andelic et al. (2019), como estigmatizante, incluidas cuestiones relacionadas con la responsabilidad moral.
Las narrativas de las siete madres sobre la compleja situación vital de la familia muestran una vida cotidiana de esfuerzo y estrés, con problemas en distintos niveles. La pobreza forma parte de la lucha diaria de las familias, pero también se mencionan cuestiones estructurales que superan la capacidad de resolución de los servicios (véase Kojan y Fauske 2011). Ambas cuestiones son típicas de la situación de cuidado de la que ellas asumen la responsabilidad principal. Así, puede considerarse que las madres ejercen una maternidad responsable al ocuparse no solo de sus criaturas, sino de toda la familia.
Sin embargo, cuando no se presta atención a los factores contextuales y situacionales ni a cómo influyen en las prácticas maternas, no estar a la altura de normas idealizadas de crianza puede entenderse y tratarse como una mera incapacidad individual y alimentar creencias estereotipadas sobre una parentalidad deficitaria y la alterización (Fauske et al. 2018).
El objetivo de este artículo era sacar a la luz y discutir cómo las madres jóvenes en contacto con los servicios de protección a la infancia en Noruega narraban sus dificultades en las distintas etapas de la transición a la adultez y a la maternidad. El artículo pretendía también sacar a la luz y discutir cómo narraban las madres su interacción con dichos servicios.
Aunque las historias de las madres difieren, representan un contraste con las valoraciones sociales dominantes de una parentalidad aplazada y planificada (Schwiter 2011; Webb 2006), y su entrada en los roles adultos puede entenderse, por tanto, como a la vez anómala y acelerada (Lee 2014).
Su infancia y su adolescencia, por ejemplo, estuvieron marcadas por grandes dificultades y problemas, incluidos sus complicados años de educación secundaria superior. Esos años se caracterizaron por las fiestas y los excesos con el alcohol, pero también por una búsqueda de reconocimiento social.
Con la excepción de tres de nuestras informantes, que en sus relatos valoraron muy positivamente el apoyo que habían recibido de sus familias de acogida durante el embarazo y también después, incluso cuando ya habían salido formalmente del sistema de protección, como madres habían vivido en general la experiencia de estar solas, sin el apoyo intergeneracional implícito en el concepto de interdependencia, lo que contrasta fuertemente con las nociones predominantes de independencia y autorrealización (Boddy et al. 2020). Aquí encontramos cierta discrepancia entre nuestros resultados y el ideal implícito en el modelo nórdico de protección a la infancia, que pretende evitar que la infancia que crece con riesgos psicosociales desarrolle más adelante problemas de bienestar. En torno a las madres que participaron en nuestro estudio no había ningún sistema regular, a pesar de sus difíciles condiciones de crecimiento y de sus años de transición.
El objetivo del artículo solo era en parte explorar la interacción de las madres con los servicios de protección a la infancia. Sin embargo, las historias de las madres sobre sus años como madres en contacto con estos servicios hacen visible la complejidad de una práctica materna marcada por largos esfuerzos por obtener una ayuda pertinente, significativa y eficaz para sus criaturas, en especial las primogénitas. En su lucha por obtener una ayuda y un apoyo adecuados y por ser reconocidas como madres «suficientemente buenas», algunas participantes parecían ver los servicios de protección a la infancia como una institución potencialmente peligrosa y estigmatizante, lo que implicaba reticencia a ponerse en contacto con ellos.
Las madres jóvenes con trayectorias desfavorecidas, embarazos tempranos y una implicación con los servicios de protección a la infancia corren el riesgo de ser consideradas no aptas para evaluar las necesidades de sus criaturas. Más bien, tienden a ser vistas como necesitadas de orientación parental por parte de regímenes de saber profesional (Hays 1996; Lee 2014). Evaluadas según la distinción binaria entre maternidad «buena» y «mala», pueden incluso correr el riesgo de ser calificadas de malas madres (Hays 1996; May 2008), convirtiéndose así en parte del problema (Gillies 2005; Fletcher et al. 2008; Gaudie et al. 2010; Brännström et al. 2015). De hecho, dos de las madres de nuestra muestra afirmaron que la orientación recibida les fue útil, ya que les dio algunas herramientas para manejar situaciones difíciles de cuidado y crianza. Las cinco restantes, en cambio, parecían atrapadas en derrotas continuas. Sus intentos de desarrollar una práctica de cuidado acorde con las expectativas normativas que transmite el personal de trabajo social eran a menudo desaprobados por los servicios de protección a la infancia. Por tanto, es posible que estos servicios no sean sensibles a los distintos contextos ni a los aspectos procesuales y prácticos de la parentalidad (Juhl 2017). En los relatos parece faltar una mirada de reojo de las autoridades de protección a la infancia al contexto social, material y político de la madre, lo que entraña el riesgo de que las complejidades duraderas de la vida diaria y la red de problemas en parte irresolubles en la que están entretejidas las madres se conceptualicen como incapacidades personales, en particular incapacidades relacionadas con la maternidad. Otras investigaciones sobre familias en contacto con los servicios de protección a la infancia sugieren que los discursos dominantes que orientan las prácticas y los esfuerzos están descontextualizados y se entienden desde una perspectiva de clase media sobre la buena maternidad (Hays 1996). En otras palabras, tiende a ignorarse la distinción entre individualización «desanclada» y «anclada» introducida por Dawson (2012, p. 313). Según Dawson, la individualización «desanclada» es el resultado de elecciones individuales, mientras que la individualización «anclada» está vinculada a rasgos estructurales como la clase y el capital social, que influyen en las oportunidades de cada persona para tomar decisiones vitales (Dawson 2012, p. 313)
La orientación y el apoyo parentales descontextualizados que reciben las madres pueden, en este sentido, alejarlas de su situación vital y de su propia comprensión del cuidado (Fauske et al. 2018; Andrews 2002). Curiosamente, al hablar de cómo luchan tanto con sus criaturas como con su crianza, las madres apenas prestaban atención, o ninguna, a las condiciones socioeconómicas y materiales de la familia como parte de la explicación de sus dificultades. Así, la tendencia a acomodarse al régimen discursivo dominante que entiende la maternidad como una responsabilidad basada en una actora individual, despojada de su contexto social (Gillies 2008), puede afectar tanto a las madres como al personal de protección a la infancia.
Todas las madres participantes en el estudio se posicionaron de acuerdo con los discursos de la «buena madre» al hablar de sus estrategias para no rendirse y buscar ayuda ante los problemas de sus criaturas, pese a varios obstáculos (Gillies 2005). Las narrativas de las madres sobre su interacción con los servicios, buena o difícil, correspondían a cómo el personal de trabajo social, según esas mismas narrativas, transmitía respeto o falta de respeto. La manera en que se atribuye sentido a las dificultades y problemas que viven las familias no es solo una cuestión de sentirse respetadas o no, sino que puede, según los relatos, ser decisiva para obtener un apoyo pertinente y eficaz. Romper con su vida anterior y transformarse en una identidad de madre no fue una elección sencilla para todas. Algunas madres tendieron al principio a vivir una situación de estar atrapadas entre dos mundos diferentes (DeVito 2010), en la que aceptaron distintas modalidades de cuidado como soluciones para sus criaturas. Al recuperar la custodia de la criatura y realizar una maternidad normativa conforme a las expectativas dominantes de lo que es ser una madre responsable, mostraron también una «carrera moral» (Goffman 1963).
Sin embargo, al poner de relieve las dificultades vividas durante la adolescencia y en su vida como madres jóvenes, se narraban a sí mismas como luchadoras y supervivientes frente a una vida cotidiana complicada y exigente. Vista desde esta perspectiva, existe una posible contradicción entre las expectativas de conductas de búsqueda de ayuda que definen a «la buena madre» y la manera en que han vivido los encuentros con los servicios cuando han pedido ayuda y apoyo de forma asertiva.
Las experiencias que vivieron las madres en la primerísima parte de la transición motivaron cambios drásticos en el estilo de vida de las jóvenes, que redujeron su consumo de alcohol y se distanciaron de una red de riesgo, un cambio que puede calificarse de «punto de inflexión» (Rutter 1996). Aunque no fue planificado, hablaban del embarazo como un período de responsabilidad creciente por la criatura que iba a nacer, lo que parece coincidir con otros estudios que muestran que la parentalidad temprana puede fomentar un nuevo sentido de la responsabilidad (Duncan 2007; Connolly et al. 2012). Los relatos sobre el cuidado de su recién nacido, aunque con poco o ningún apoyo de la familia o de los servicios de protección a la infancia, pueden entenderse como una adaptación evidente y rápida a las expectativas morales, reguladas normativamente, de una maternidad responsable (May 2008). Sin embargo, aunque la mayoría de las madres prestaba más atención a cómo sus problemas iban acompañados de sentimientos de rabia, tristeza y resignación, también experimentaban satisfacción cuando su lucha les permitía recibir una buena ayuda. Las prácticas de crianza aparecían entonces conectadas con otras prácticas e influidas por ellas (Finch 2007; Juhl 2017), en especial las prácticas de los servicios de protección a la infancia, pero también las de la educación, la vida laboral y otros dispositivos de bienestar.
Al fin y al cabo, las madres ponen así de manifiesto también una tendencia a sostenerse por sí mismas. En las entrevistas de curso vital, las madres se centraban en el papel y las prácticas maternas y describían un proceso de transformación que parte de un yo inseguro y dependiente y continúa, mediante una acumulación gradual de experiencias, hacia un yo que toma las riendas de la vida de toda su familia (Miller 2007). Aquí parece manifestarse una posición de agencia creciente.
Hay que reconocer que esta investigación incluye solo a siete madres. Aunque las madres vivían en municipios distintos y tenían, por tanto, contacto con distintos servicios de protección a la infancia, los hallazgos no permiten generalizar a la población, pero pueden servir para complementar investigaciones anteriores. Otras limitaciones pueden estar relacionadas con el hecho de que las historias se cuentan en retrospectiva. Se indicó a quienes realizaban las entrevistas que evitaran dirigir las narraciones para dejar que emergiera la voz de las madres. Sin embargo, esto puede resultar ilusorio en torno a un tema de carácter marcadamente discursivo. Los hallazgos son, no obstante, interesantes, ya que iluminan la complejidad de la transición a la adultez de las mujeres jóvenes mejor que la entrevista convencional. Todas estas mujeres salvo una tenían trayectorias problemáticas y se quedaron embarazadas de forma accidental. Una fortaleza del artículo es también que su alcance narrativo abarca el inicio mismo de su transición a la adultez. De forma bastante inesperada, se dibujó un contraste entre la turbulencia y la falta de rumbo, por un lado, y una relativa autodeterminación, por otro, que puede servir de «trama» en la terminología de la teoría narrativa.
En cierta medida en función de cómo las madres de nuestro estudio vivieron el contacto con los servicios de protección a la infancia y la obtención de una ayuda y un apoyo adecuados por su parte, sus historias hablan de un largo esfuerzo por llevar una vida digna y de una lucha por obtener ayuda. Esto incluye experiencias con distintas instituciones de ayuda y con sus propios problemas de salud. En este sentido, las narrativas sugieren que las desventajas acumuladas en factores como la crianza, la educación, la vida laboral, la vivienda y las redes sociales tendían a aumentar, incluso después de que las madres hubieran decidido asumir el papel materno de maneras socialmente aceptables. Entre las medidas que podrían prevenir o moderar esta tendencia figuraría, entre otras, prolongar el período de tutela para la juventud en transición (Putnam-Holstein et al. 2016). Los servicios de protección a la infancia también pueden contribuir en gran medida reconociendo tanto la complejidad de las experiencias pasadas y actuales de estas mujeres como su riesgo de desventaja acumulada y sus fortalezas, teniendo en cuenta el contexto de vida más amplio de las madres al evaluar las prácticas maternas «suficientemente buenas». Además, podrían ser valiosas las iniciativas que facilitaran la finalización de los estudios y aliviaran las dificultades que encuentran en el mercado laboral las madres y sus parejas.
Complexe Systémique: puntos clave
Siete relatos bastan para mostrar lo que los servicios de protección a la infancia corren el riesgo de pasar por alto: la maternidad de estas jóvenes no se juega solo en la relación con la criatura, sino en todo un contexto de deudas, vivienda precaria, estudios interrumpidos y salud frágil. Las madres describen un punto de inflexión claro, el embarazo que pone fin a las fiestas, seguido de una larga lucha por ser reconocidas como «suficientemente buenas». El punto más útil para la práctica clínica se refiere a la relación con los servicios: allí donde el apoyo se convirtió en evaluación, la confianza se transformó en miedo a perder la custodia; allí donde las madres pudieron conservar la iniciativa del contacto, la colaboración se sostuvo. Desde una perspectiva sistémica, el artículo invita a los equipos profesionales a reintroducir el contexto en la evaluación de la capacidad parental y a advertir cómo una orientación descontextualizada devuelve a las madres una incapacidad individual. Limitaciones: siete entrevistas retrospectivas, sin el punto de vista de los padres ni del personal, en un contexto noruego. Puede leerse junto con el artículo sobre la paradoja del apoyo familiar a las madres jóvenes y el artículo sobre la resistencia parental en las relaciones no voluntarias con los servicios de protección a la infancia.
Notas del original
1 CAF—www.everychildmatters.gov.uk Department for Education and Skills, 2006.
2 El énfasis es de la propia participante.
Contribuciones de la autoría. La primera autora, A.J., tuvo la responsabilidad principal de redactar los borradores y enviar los manuscritos. Junto con la segunda autora, la primera autora llevó a cabo el análisis de los datos. La segunda autora, T.M., contribuyó al análisis y a todos los borradores del artículo y al manuscrito enviado. El tercer autor, H.F., es el director del proyecto de investigación más amplio del que procede este estudio, revisó sustancialmente los borradores del artículo y mantuvo una visión crítica de conjunto sobre el manuscrito enviado. Toda la autoría ha leído y aprobado la versión publicada del manuscrito.
Financiación. Esta investigación, es decir, la redacción de este artículo, no recibió financiación externa.
Agradecimientos. Queremos dar las gracias a las participantes en el estudio y a las personas revisoras por sus fructíferos consejos.
Conflictos de intereses. La autoría declara no tener ningún conflicto de intereses.
Referencias
Andelic, Nicole, Clifford Stevenson, and Aidan Feeney. 2019. Managing a moral identity in debt advice conversations. British Journal of Social Psychology 58: 630–48. https://doi.org/10.1111/bjso.12303
Andrews, Molly. 2002. Feminist Research with Non-Feminist and Anti-Feminist Women: Meeting the Challenge. Feminism & Psychology 12: 55–77.
Angelini, Viola, and Jochen Mierau. 2018. Late-life health effect of teenage motherhood. Demographic Research 39: 1081–104. https://doi.org/10.4054/DemRes.2018.39.41
Aparicio, Elizabeth, Edward. V. Pecukonis, and Shalita O’Neale. 2015. “The love that I was missing”: Exploring the lived experience of motherhood among teen mothers in foster care. Children and Youth Services Review 51: 44–54. https://doi.org/10.1016/j.childyouth.2015.02.002
Arnett, Jeffrey Jensen. 2004. Emerging Adulthood: The Winding Road from the Late Teens through the Twenties. New York: Oxford University Press.
Arnett, Jeffrey Jensen. 2007. The Long and Leisurely Route: Coming of Age in Europe Today. Current History 106: 130–36. https://doi.org/10.1525/curh.2007.106.698.130
Baker, Joanne. 2009. Young mothers in late modernity: Sacrifice, respectability and the transformative neo-liberal subject. Journal of Youth Studies 12: 275–88. https://doi.org/10.1080/13676260902773809
Barn, Ravinder, and Nadia Mantovani. 2007. Young mothers and the care system: Contextualizing risk and vulnerability. British Journal of Social Work 37: 225–43. https://doi.org/10.1093/bjsw/bcl002
Berzin, Stephanie Cosner, and Allison C. De Marco. 2009. Understanding the Impact of Poverty on Critical Events in Emerging Adulthood. Youth & Society 42: 278–300.
Berzin, Stephanie Cosner. 2010. Vulnerability in the transition to adulthood: Defining risk based on youth profiles. Children and Youth Services Review 32: 487–95. https://doi.org/10.1016/j.childyouth.2009.11.001
Blatterer, H. 2007. Contemporary Adulthood: Reconceptualizing an Uncontested Category. Current Sociology 55: 771–92. https://doi.org/10.1177/0011392107081985
Boddy, Janet, Elisiv Bakketeig, and Jeanette Østergaard. 2020. Navigating precarious times? The experience of young adult who have been in care I Norway, Denmark, and England. Journal of Youth Studies 23: 291–306. https://doi.org/10.1080/13676261.2019.1599102
Borkowski, John G., Jaelyn R. Farris, Thomas L. Whitman, Shannon S. Carothers, Keri Weed, and Deborah A. Keogh. 2007. Risk and Resilience: Adolescent Mothers and Their Children Grow up. Devon and Bonn: Lawrence Erlbaum Associates Publishers.
Brännström, Lars, Bo Vinnerljung, and Anders Hjern. 2015. Risk factors for teenage childbirth among child welfare clients: Findings from Sweden. Children and Youth Services Review 53: 44–51. https://doi.org/10.1016/j.childyouth.2015.03.018
Brännström, Lars, Bo Vinnerljung, and Anders Hjern. 2016. Child welfare clients have higher risks for teenage childbirths: Which are the major confounders? European Journal of Public Health 26: 592–97. https://doi.org/10.1093/eurpub/ckw057
Breheny, Mary, and Christine Stephens. 2010. Youth or disadvantage? The construction of teenage mothers in medical journals. Culture, Health & Sexuality 12: 307–22.
Bunting, Lisa, Mary Anne Webb, and Rachel Shannon. 2015. Looking again at troubled families: Parents’ perspectives on multiple adversities. Child & Family Social Work 22: 31–40.
Clifford, Graham, Halvor Fauske, Willy Lichtwarck, and Edgar Marthinsen. 2015. Minst hjelp til dem som trenger det mest? NF-Rapport 6/2015. Bodø: Nordlandsforskning. ISBN 9788273216625. (In Norwegian)
Connolly, Jennifer, Marina Heifetz, and Yvonne Bohr. 2012. Pregnancy and Motherhood among Adolescent Girls in Child Protective Services: A Meta-Synthesis of Qualitative Research. Journal of Public Child Welfare 6: 614–35. https://doi.org/10.1080/15548732.2012.723970
Dawson, Matt. 2012. Reviewing the critique of individualization: The disembedded and embedded theses. Acta Sociologica 55: 305–19. https://doi.org/10.1177/0001699312447634
DeVito, Josephine. 2010. How Adolescent Mothers Feel About Becoming a Parent. Journal of Perinatal Education 19: 25–34. https://doi.org/10.1624/105812410X495523
Duncan, Lindsey. 2004. The welfare of children. New York: Oxford University Press.
Duncan, Simon. 2007. What’s the problem with teenage parents? And what’s the problem with policy? Critical Social Policy 27: 307–34. https://doi.org/10.1177/0261018307078845
Dunkerley, Stacy. 2017. Mothers matter: A feminist perspective on child welfare-involved women. Journal of Family Social Work 20: 251–65. https://doi.org/10.1080/10522158.2017.1322163
Fauske, Halvor. 1996. Livsløp og etablering. In Ung på 90-tallet. En antologi. Edited by Tormod Øia. Oslo: Cappelen Akademisk forlag.
Fauske, Halvor, Bente Kojan, and Anita Storhaug. 2018. Social Class and Child Welfare: Intertwining Issues of Redistribution and Recognition. Social Sciences 7: 143. https://doi.org/10.3390/socsci7090143
Finch, Janet. 2007. Displaying families. Sociology 41: 65–81. https://doi.org/10.1177/0038038507072284
Fletcher, Adam, Angela Harden, Ginny Brunton, Ann Oakley, and Chris Bonell. 2008. Interventions addressing the social determinants of teenage pregnancy. Health Education 108: 29–39. https://doi.org/10.1108/09654280810842111
Furlong, Andy, Dan Woodman, and Johanna Wyn. 2011. Changing times, changing perspectives: Reconciling “transition” and “cultural” perspectives on youth and young adulthood. Journal of Sociology 47: 355–70. https://doi.org/10.1177/1440783311420787
Gaudie, Jennifer, Francis Mitrou, David Lawrence, Fiona J Stanley, Sven R. Silburn, and Stephen R. Zubrick. 2010. Antecedents of teenage pregnancy from a 14-year follow-up study using data linkage. BMC Public Health 10: 63. https://doi.org/10.1186/1471-2458-10-63
Gergen, Kenneth. 2004. Self-Narration in Social Life. In Discourse Theory and Practice. A Reader. Edited by Margaret Wetherell, Stephanie Taylor and Simeon J. Yates. London: Sage Publication, pp. 247–60.
Gilbert, Neil, Nigel Parton, and Marit Skivenes. 2011. Child Protection Systems: International Trends and Emerging Orientations. New York: Oxford University Press.
Gillies, Val. 2005. Meeting Parents ‘needs? Discourses of ‘support’ and ‘inclusion’ in family policy. Critical Social Policy 25: 70–90. https://doi.org/10.1177/0261018305048968
Gillies, Val. 2008. Childrearing, Class, and the New politics of Parenting. Sociology Compass 2: 1079–95. https://doi.org/10.1111/j.1751-9020.2008.00114.x
Gillingham, Philip, and Leah Bromfield. 2008. Child protection, risk assessment and blame ideology. Journal of Children Australia 33: 18–24. https://doi.org/10.1017/S1035077200000079
Goffman, Erving. 1963. Stigma: Notes on the Management of Spoiled Identity. London: Penguin.
Green, Saara. 2006. Becoming Responsible. Young Mothers’ Decision Making Regarding Mothering and Abortion. Journal of Progressive Human Services 17: 24–43. https://doi.org/10.1300/J059v17n01_03
Hays, Sharon. 1996. The Cultural Contradictions of Motherhood. New Haven: Yale University Press.
Herland, Mary Dalen, and Ingeborg Marie Helgeland. 2014. Negotiating motherhood: Women with troubled upbringings and their self-conceptions as mothers. Child & Family Social Work 22: 47–56.
Holgate, Helen. 2012. Young Mothers Speak. International Journal of Adolescence and Youth 17: 1–10. https://doi.org/10.1080/02673843.2011.649400
Jackson, Debra, and Judy Mannix. 2004. Giving voice to the burden of blame: A feminist study of mothers’ experiences of mother blaming. International Journal of Nursing Practice 10: 150–58. https://doi.org/10.1111/j.1440-172X.2004.00474.x
Juhl, Pernille. 2017. Parenting on the Edge: Doing Good Parenthood in Child Protection Services Interventions. In Doing Good Parenthood. Ideals and Practices of Parental Involvement. Edited by Anna Sparrman, Allan Westerling, Judith Lind and Karen Ida Dannesboe. Manchester: Palgrave Macmillan, pp. 41–52.
Khoo, Eg. 2004. Protecting our Children: A Comparative Study of the Dynamics in Structure, Intervention and Their Interplay in Swedish Child Welfare and Canadian Child Protection. Umeå: Umeå University.
Kojan, Bente Heggem, and Halvor Fauske. 2011. Et klasseperspektiv på barnevernets familier. Tidsskrift for Velferdsforskning 14: 95–109. (In Norwegian)
Lee, JoAnn S. 2014. An institutional Framework for the Study of the Transition to Adulthood. Youth & Society 46: 706–30.
Lieggohio, Maria, and Lea Caragata. 2015. “Why Are You Talking to Me Like I’m Stupid?”: The Micro-Aggressions Committed Within the Social Welfare System Against Lone Mothers. Affilia 31: 7–23. https://doi.org/10.1177/0886109915592667
Macvarish, Jan. 2010. The effect of ‘risk-thinking’ on the contemporary construction of teenage motherhood. Health, Risk & Society 12: 313–22.
Maxwell, Amanda, Julie Proctor, and Linda Hammond. 2011. ‘Me and My Child’: Parenting Experiences of Young Mothers Leaving Care. Adoption & Fostering 35: 29–40.
May, Vanessa. 2008. On being a ’good’ mother: The moral presentation of self in written life stories. Sociology 42: 470–86. https://doi.org/10.1177/0038038508088836
Midjo, Turid. 2017. Parents’ participation in child welfare investigation processes. In Participation in Health and Welfare Services. Professional Concepts and Lived Experiences. Edited by Arne H. Eide, Staffan Josephsson and Kjersti Vik. London: Routledge, pp. 115–27.
Miller, Tina. 2007. Is This What Motherhood Is All About? Weaving Experiences and Discourses through Transition to First-Time Motherhood. Gender and Society 21: 337–58. https://doi.org/10.1177/0891243207300561
Mollborn, Stefanie. 2017. Teenage Mothers Today: What We Know and How It Matters. Child Developmental Perspectives 11: 63–69. https://doi.org/10.1111/cdep.12205
Morinis, Julia, Claire Carson, and Maria A. Quigley. 2013. Effect of teenage motherhood on cognitive outcomes in children: A population-based cohort study. Archives of Disease in Childhood 98: 959–64. https://doi.org/10.1136/archdischild-2012-302525
Osgood, D. Wayne, E. Michael Foster, and Mark E. Courtney. 2010. Vulnerable Populations and the Transition to Adulthood. The future of Children 20: 209–29. https://doi.org/10.1353/foc.0.0047
Oxford, Monica L., Jungeun O. Lee, and Mary Jane Lohr. 2010. Predicting Markers of Adulthood among Adolescent Mothers. Social Work Research 34: 33–44. https://doi.org/10.1093/swr/34.1.33
Part, Kai, Caroline Moreau, Serena Donati, Mika Gissler, Ines Fronteira, and Helle Karro. 2013. Teenage pregnancies in the European Union in the context of legislation and youth sexual and reproductive health services. Acta Obstetrica et Gynecologica Scandinavica 92: 1395–406. https://doi.org/10.1111/aogs.12253
Polkinghorne, Donald E. 1988. Narrative Knowing and the Human Sciences. Albany: State University of New York Press.
Putnam-Hornstein, Emily, Ivy Hammon, Andrea Lane Eastman, Jacquelyn McCroskey, and Daniel Webster. 2016. Extended Foster Care for Transition-Age Youth: An Opportunity for Pregnancy Prevention and Parenting Support. Journal of Adolescent Health 58: 485–87. https://doi.org/10.1016/j.jadohealth.2015.11.015
Rafferty, Yvonne, Kenneth W. Griffing, and Michelle Lodise. 2011. Adolescent Motherhood and Developmental Outcomes of Children in Early Head Start: The Influence of Maternal Parenting Behaviors, Well-being, and Risk Factors within the Family Setting. American Journal of Orthopsychiatry 81: 228–45. https://doi.org/10.1111/j.1939-0025.2011.01092.x
Riessman, Cathrine Kohler. 2008. Narrative Methods for the Human Sciences. Thousand Oaks: Sage.
Rutter, Michael. 1996. Transitions and Turning Points in Developmental Psychopathology: As applied to the Age Span between Childhood and Mid-adulthood. International Journal of Behavioral Development 19: 603–26. https://doi.org/10.1177/016502549601900309
Schwiter, Karin. 2011. Anticipating the transition to parenthood: The contribution of Foucaultian discourse analysis to understanding life-course patterns. Area 43: 397–404. https://doi.org/10.1111/j.1475-4762.2010.00975.x
Sedgh, Gilda, Lawrence B. Finer, Akinrinola Bankole, Michelle A. Eilers, and Susheela Singh. 2015. Adolescent Pregnancy, Birth and Abortion Rates across Countries: Levels and Recent Trends. Journal of Adolescent Health 56: 223–30. https://doi.org/10.1016/j.jadohealth.2014.09.007
Settersten, Richard A, Frank F. Furstenberg, and Rubén G. Rumbaut. 2005. On the Frontier of Adulthood: Theory, Research and Public Policy. Chicago: University of Chicago Press.
Smart, Carol, and Bren Neale. 1999. Family Fragments? Cambridge: Polity Press.
SmithBattle, Lee, and Victoria Leonard. 2012. Inequities Compounded: Explaining Variations in the Transition to Adulthood for Teen Mothers’ Offspring. Journal of Family Nursing 18: 409–31. https://doi.org/10.1177/1074840712443871
Snowdon, Jenny, and Elmarie Kotzé. 2012. I’m Not a Bad Mother—Stories of Mothering-on-the-Edge. Australian and New Zealand Journal of Family Therapy 33: 142–56. https://doi.org/10.1017/aft.2012.16
Statistics Norway. 2019. From Generation to Generation. In This Is Norway 2019; pp. 6–9. 400328 (ssb.no). Available online: https://www.ssb.no/en/befolkning/artikler-og-publikasjoner/_attachment/400328?_ts=16dbaa09488 (accessed on 19 December 2020).
Vinnerljung, Bo, Eva Franzén, and Maria Danielsson. 2007. Teenage parenthood among child welfare clients: A Swedish national cohort study of prevalence and odds. Journal of Adolescence 30: 97–116. https://doi.org/10.1016/j.adolescence.2005.12.002
Webb, Stephen A. 2006. Social Work in a Risk Society: Social and Political Perspectives. Basingstoke: Palgrave Macmillan.
Weed, Keri, Jody S. Nicholson, and Jaely R. Farris. 2015. Teen Pregnancy and Parenting: Rethinking the Myth and Misperceptions. London: Routledge.
Wells, Kathleen. 2011. A narrative analysis of one mother’s story of child custody loss and regain. Children and Youth Services Review 33: 439–47. https://doi.org/10.1016/j.childyouth.2010.06.019
Traducción no oficial de Motherhood in Context—Life Course Interviews with Young Mothers in Contact with Child Welfare, de Anne Juberg, Turid Midjo y Halvor Fauske, Social Sciences, vol. 9, n.o 12, 236 (2020), doi: 10.3390/socsci9120236, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción del artículo original «Motherhood in Context—Life Course Interviews with Young Mothers in Contact with Child Welfare», publicado en Social Sciences (2020) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Juberg, A., Midjo, T., et Fauske, H. (2020). Motherhood in Context—Life Course Interviews with Young Mothers in Contact with Child Welfare. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/motherhood-in-context-life-course-interviews-with-young-mothers-in-contact-with-child (Obra original publicada en 2020 en Social Sciences, 9(12), 236 (2020); republicada en 2020 por Social Sciences, https://www.mdpi.com/2076-0760/9/12/236)
Para saber más