Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Marital and Family Therapy · Terapia familiar
¿Qué dicen niñas y niños tratados por problemas de conducta cuando se les invita, dieciocho meses después, a volver la mirada sobre su terapia familiar? En Kuopio (Finlandia), el equipo de Mira Helimäki analizó entrevistas colaborativas en las que el equipo terapéutico reflexiona primero en voz alta delante de la familia. Tres chicos toman la palabra como auténticos interlocutores del diálogo, con frases breves que una escucha apresurada habría dejado escapar.
Traducción no oficial al español de “You helped me out of that darkness” Children as dialogical partners in the collaborative post-family therapy research interview, de Mira Helimäki, Aarno Laitila y Kirsti Kumpulainen, publicado en Journal of Marital and Family Therapy (Wiley) (2022), doi: 10.1111/jmft.12505, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tres tablas de extractos de entrevistas se presentan en forma de listas, una línea por turno de palabra. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Sin embargo, sus iniciativas y respuestas verbales aparecieron en momentos muy breves y podrían haber pasado fácilmente desapercibidas.
Mira Helimäki, Aarno Laitila y Kirsti Kumpulainen
Resumen
Aplicando los Dialogical Methods for Investigations of Happening of Change (DIHC), este estudio investigó cómo niños y niñas con un diagnóstico de trastorno negativista desafiante o de trastorno de conducta participaban en una entrevista colaborativa de investigación posterior a la terapia y hablaban de sus experiencias de terapia familiar. Los resultados mostraron que participaban como interlocutores dialógicos, hablando de manera auténtica, emocional y reflexiva. Recibidos como miembros de pleno derecho del diálogo, también coconstruyeron significados para sus experiencias delicadas. Sin embargo, sus iniciativas y respuestas verbales aparecieron en momentos muy breves y podrían haber pasado fácilmente desapercibidas. La entrevista colaborativa posterior a la terapia ofreció un espacio seguro para que las personas participantes reflexionaran conjuntamente sobre lo que les había resultado útil o difícil en el proceso de terapia familiar. En este dispositivo de entrevista, la familia escucha primero la reflexión del equipo terapéutico sobre el proceso de terapia y sus ideas acerca de algunas cuestiones delicadas de la familia relacionadas con él. Los resultados indican que, cuando quienes ejercen la terapia se presentan desde el no saber, receptivos y responsables, pueden facilitar la reflexión de todos los miembros de la familia, incluida la infancia.
Cuando una familia que busca ayuda inicia una terapia, a menudo sus miembros no son capaces de describir con precisión sus experiencias más delicadas ni sus principales preocupaciones. La terapia familiar puede verse como un proceso interactivo y coconstructivo en el que la familia y el equipo terapéutico encuentran juntos un lenguaje para experiencias de la vida familiar que aún no se han expresado con palabras (Seikkula et al., 2012). En este estudio nos interesaba explorar, mediante un análisis cualitativo, cómo la infancia diagnosticada de trastorno de conducta o de trastorno negativista desafiante participaba en las conversaciones conjuntas y hablaba de su experiencia de la terapia familiar en una entrevista de investigación posterior a la terapia realizada de forma colaborativa.
La autoría aplicó un método dialógico (Dialogical Methods for Investigations of Happening of Change, DIHC), en el que lo dialógico remite a conversaciones recíprocas en las que las personas participantes examinan, cuestionan, conjeturan y reflexionan conjuntamente sobre las cuestiones planteadas. A través de estos intercambios en ambos sentidos, buscan comprenderse mutuamente y captar la singularidad del lenguaje de cada cual desde la perspectiva del otro y no solo desde la propia (Anderson, 2012, p. 11). Ahora bien, si encontrar un lenguaje, significados y comprensiones y generar un nuevo relato del pasado (Anderson, 2001, 2012; Anderson & Goolishian, 1988, 1992) en el contexto terapéutico familiar resulta difícil para muchas personas adultas (Bowen, 1978; Stierlin, 1977), es claramente más arduo para la infancia, con un vocabulario más reducido, menos habilidades cognitivas (Henderson & Thompson, 2011) y lingüísticas (Lobatto, 2002) y un yo menos individualizado (Piaget, 1959).
La terapia familiar, como dispositivo institucional, suele estar dirigida de forma predominante por personas adultas, y la infancia tiene poca voz en las conversaciones sobre su propia salud (Stivers, 2002). En los contextos en que están presentes tanto la madre o el padre como el niño o la niña, el personal clínico puede tender a conceder más peso al punto de vista de la familia adulta que al de la criatura, con el riesgo de situarla como oyente pasiva de lo que sus progenitores dicen sobre ella (Hutchby & O’Reilly, 2010; Lobatto, 2002; Parker & O’Reilly, 2012). Para evitarlo, quienes trabajan en terapia con la infancia y sus familias necesitan encontrar maneras de abrir espacio a la voz infantil (Gehart, 2007).
En este estudio, las entrevistas colaborativas de investigación posteriores a la terapia familiar las realizó un investigador que es también clínico. El modelo de entrevista colaborativa posterior a la terapia aplicado aquí fue desarrollado en Noruega por Andersen (1995, 1997). La idea es que la clientela y el equipo terapéutico se reúnan entre 6 y 24 meses después de la terapia y reflexionen con una persona consultora sobre cómo vivieron la terapia. El modelo pretende generar un diálogo auténtico en el que todas las personas participantes reflexionen sobre la comprensión que han adquirido. Aunque las entrevistas colaborativas de investigación posteriores a la terapia no tienen como objetivo principal ser terapéuticas, a veces se ha observado que tienen un impacto terapéutico mayor que la propia terapia (véase Gale, 1992).
El proceso comienza cuando una persona consultora o un «colega visitante» (Andersen, 1997) (en este estudio, un entrevistador) pide al equipo terapéutico que abra la sesión hablando entre sí de manera reflexiva mientras la familia escucha. Esto ofrece a la familia un modelo no solo del proceso de reflexión, sino también de la disposición a mostrarse vulnerable y a asumir la propia responsabilidad. Tras escuchar la reflexión del equipo terapéutico y antes de invitar a la familia a reflexionar, el entrevistador pide a sus miembros que comenten lo que han oído. La alternancia entre hablar y escuchar es fundamental en el proceso (Andersen, 1995), «para tener una experiencia distinta del otro y de lo que se dice y se oye» (Anderson, 2012, p. 17). Si alguien descubre que es escuchado, puede resultarle posible empezar a escuchar y a sentir curiosidad por la experiencia y las opiniones de los demás (Seikkula & Trimble, 2005).
El objetivo principal del diálogo posterior a la reflexión es aumentar la comprensión mutua del proceso terapéutico entre las personas participantes y profundizar la comprensión que la familia tiene de sus dificultades, permitiendo también, potencialmente, que cada participante reflexione en su interior.
Las terapias y los enfoques colaborativos ocupan desde hace tiempo un lugar destacado en la terapia de pareja y familiar (p. ej., Andersen, 1991, 1995, 1997; Anderson & Gehart, 2007; Anderson & Goolishian, 1992; Hoffman & Cecchin, 2003; Madsen, 2007; Rautiainen & Seikkula, 2009). Los enfoques colaborativos se guían por la idea del «nosotros» y del «estar con» (Anderson, 2012). El papel de quien hace terapia es facilitarla como una «acción conjunta» (Shotter, 1984) desde una posición no jerárquica y de no saber. Centrándose en un proceso no jerárquico de «estar ahí juntos», la persona terapeuta busca generar «novedad» en los significados, las comprensiones y los relatos (Anderson, 2012; Anderson & Goolishian, 1992; Madsen, 2007). Al invitar múltiples perspectivas a la conversación, promueve una indagación compartida sobre los dilemas de la clientela. El objetivo es crear espacio para un diálogo rico que permita que la voz de cada miembro de la familia entre en la conversación. En el mejor de los casos, este proceso aumenta la autorreflexión y la autocomprensión de las personas participantes (Rogers, 1942), un resultado que puede considerarse terapéutico per se.
La indagación mutua de las personas participantes dirige el proceso de indagación y da forma al contar, al volver a contar y al contar de nuevo las historias. Las preguntas de quien hace terapia deben nacer de una curiosidad auténtica y del deseo de comprender la visión del mundo y la perspectiva de cada miembro de la familia. La persona terapeuta debe procurar siempre apreciar y valorar por igual a toda la clientela, incluida la infancia, como experta en su propia historia (Anderson, 2012; Anderson & Goolishian, 1992). Adoptando una posición de curiosidad positiva (Cecchin, 1987), podemos conocer las perspectivas singulares de cada persona consultante, también de la infancia. Sin embargo, para acceder al mundo de un niño o una niña y saber cómo da sentido a sus experiencias vitales dentro de la familia, puede que quienes ejercen la terapia necesiten mostrar más curiosidad de lo habitual (Gehart, 2007). Según Anderson (2012), la curiosidad de quien hace terapia es contagiosa: lo que empieza como una curiosidad unidireccional puede convertirse en una curiosidad bidireccional y, por tanto, en un proceso de ida y vuelta de aprendizaje mutuo. La búsqueda conjunta de nuevas maneras de conceptualizar la historia de la persona consultante mediante el diálogo sobre sus «problemas», es decir, sobre acontecimientos, conductas, síntomas y sentimientos, es a la vez catártica, transformadora y terapéutica (Anderson, 2012; Anderson & Goolishian, 1992; Madsen, 2007; Rogers, 1942; Seikkula & Trimble, 2005; Tomm, 1987).
Trabajar con la infancia y ver el mundo con los ojos de un niño o una niña es difícil (O’Reilly, 2006, 2008), pero importante. El diálogo con la infancia difiere (a menudo) del diálogo con personas adultas. Suele caracterizarse por temas que se solapan, cambian y, a primera vista, no guardan relación entre sí (McDonough & Koch, 2007). Además, a diferencia de las personas adultas, la infancia también comunica sus significados a través del juego, el movimiento, el arte y otras actividades (Gehart, 2007; Gil, 2009), y se apoya menos en las palabras y en el lenguaje verbal (Shotter, 1993). Así pues, la infancia genera significados, aunque a menudo los construya de forma distinta a la de las personas adultas. En consecuencia, quienes trabajan con ella deben atender a los aspectos no verbales de la comunicación, como el tono, la emoción y las expresiones faciales, en lugar de centrarse exclusivamente en el contenido literal de los mensajes hablados (Gehart, 2007; Gil, 2009). Pese a estas diferencias, el diálogo con la infancia implica, no obstante, una cocreación de significado que es clave en el proceso terapéutico (Anderson & Levin, 1997; McDonough & Koch, 2007).
La infancia está además desarrollando el «sentido común» y familiarizándose con los discursos culturales dominantes (Gehart, 2007). Entre las personas adultas, sin embargo, las diferencias entre adultos e infancia en los procesos de construcción de significado pueden generar estrés y frustración tanto en la familia como en las sesiones de terapia. Se ha observado que en terapia familiar se interrumpe con frecuencia a niños y niñas (O’Reilly, 2008) y se les trata de forma negativa (O’Reilly, 2006; Parker & O’Reilly, 2012). En el peor de los casos, sus iniciativas se ridiculizan o simplemente se ignoran. La infancia, sin embargo, parece querer implicarse de manera significativa en la terapia familiar (Stith et al., 1996).
Escuchar con atención lo que la infancia tiene que decir supone ir más despacio y, por tanto, requiere más tiempo. Gehart (2007) señala que, a diferencia de las personas adultas, que a menudo se precipitan y ponen palabras en boca de sus hijos e hijas, la infancia necesita más tiempo para expresarse. Las familias también tienden a menudo a hablar de temas importantes para la vida de sus hijos e hijas alrededor de ellos más que con ellos (Galinsky, 2000). Al hacerlo, podemos fácilmente no comprender los significados de la infancia o pasar por alto su importancia.
Escuchar con atención y abrir espacio a la voz de la infancia revela cómo las criaturas encajan fragmentos aparentemente inconexos para formar un todo. Expresar una curiosidad positiva por cómo definen los problemas y sus posibles soluciones puede favorecer que se sientan apreciados y valorados (Anderson & Levin, 1997; McDonough & Koch, 2007). Sin embargo, mostrar curiosidad nunca es inocente (Tomm, 1987). La curiosidad que se ejerce a través de preguntas no es objetiva ni neutral (Anderson, 1997, 2001, 2012). Las preguntas, al contrario, siempre se nutren desde dentro y se relacionan con lo que se ha dicho antes (p. ej., Bakhtin, 1984). Por eso, adoptar la postura colaborativa del no saber (Anderson, 2001, 2012; Anderson & Goolishian, 1992; Madsen, 2007) es especialmente importante al trabajar con la infancia. Esta postura implica que la persona que entrevista o hace terapia, como dice Gehart (2007), «evita las certezas» sobre la experiencia del niño o la niña y no intenta comprender demasiado deprisa, sino que deja que las ideas emerjan a lo largo del diálogo. El no saber exige tolerar la incertidumbre ante un misterio. Ofrecer demasiado pronto una interpretación o una explicación racional puede llevar a la criatura a defenderse, lo que no hace sino inhibir el proceso de comprensión (Seikkula & Trimble, 2005). No es raro que las personas adultas crean saber más sobre la infancia y sus perspectivas de lo que realmente saben (Gehart, 2007).
Adoptar un enfoque de no saber requiere creer y confiar en el impulso del ser humano a realizar su potencial innato. Como afirma Rogers: «todos los individuos tienen en sí mismos la capacidad (…) de encontrar su sabiduría interior (…) y de tomar decisiones cada vez más sanas y constructivas» (Kirschenbaum & Henderson, 1989, xiv). Según Rogers, el cambio de la persona consultante es un efecto secundario natural de un clima cálido y colaborativo, y como tal sostiene su competencia y el crecimiento de su autocomprensión (Anderson, 2001, 2012; Rogers, 1942). El desarrollo de una mayor reflexión de la persona consultante en psicoterapia ha recibido una atención creciente en los últimos tiempos (Santos et al., 2009).
La investigación en terapia familiar no había analizado hasta ahora entrevistas colaborativas posteriores a la terapia en las que participara la infancia. Buvik y Wächter (2006) realizaron en Suecia tres entrevistas colaborativas con presencia infantil, pero ninguna era una entrevista posterior a una terapia familiar. En este estudio se utilizaron entrevistas colaborativas de investigación posteriores a la terapia con familias en las que había un hijo o una hija con diagnóstico de trastorno de conducta. Este diagnóstico remite a patrones persistentes de comportamiento en los que se vulneran los derechos de los demás y las normas sociales propias de la edad (American Psychiatric Association, 2013). La infancia con problemas de conducta presenta a menudo distorsiones y déficits en los procesos cognitivos y en las capacidades de mentalización que generan problemas interpersonales.
Además, las carencias en las estrategias para hacer y conservar amistades, el desconocimiento de las posibles consecuencias de los propios actos y la falta de percepción de lo que sienten los demás figuran entre las dificultades que generan estrés y tensiones en las situaciones sociales e impiden alcanzar objetivos socialmente satisfactorios (Hill & Maughan, 2001; Kazdin, 2005; Shirk, 1988; Spivack & Shure, 1982). Un estudio reciente de Wells et al., (2020) mostró que la capacidad de identificar las emociones y las intenciones de los demás está alterada en la infancia con problemas de conducta. Se constató que estos procesos sociocognitivos estaban relacionados con la gravedad de los problemas de conducta y asociados inversamente a ella.
Desde una perspectiva sistémica, las familias cuyos hijos o hijas presentan problemas de conducta suelen vivir relaciones familiares disfuncionales, relaciones de pareja insatisfactorias, conflictos interpersonales y agresividad, menos participación en actividades familiares compartidas y patrones de comunicación defensivos, con menos calidez, afecto y apoyo emocional entre sus miembros (Hill & Maughan, 2001; Kazdin, 1997, 2005).
Este estudio aplicó un método cualitativo para investigar cómo la infancia diagnosticada de trastorno de conducta o de trastorno negativista desafiante participaba y hablaba de su experiencia de la terapia familiar en la entrevista colaborativa de investigación posterior a la terapia. Nos interesaba especialmente explorar su comunicación verbal, ya que estas criaturas están acostumbradas a expresarse más actuando que hablando.
Los datos de la investigación consistieron en nueve entrevistas de investigación posteriores a la terapia familiar, grabadas en vídeo en la Clínica de Psiquiatría Infantil del Hospital Universitario de Kuopio. Las entrevistas se realizaron en el marco del modelo colaborativo descrito anteriormente. El material forma parte de un proyecto de investigación de seguimiento en terapia familiar que abarcaba en total 14 familias con un hijo o una hija de 10 a 15 años diagnosticado de trastorno negativista desafiante o de trastorno de conducta. El enfoque terapéutico del proyecto era sistémico y colaborativo, con elementos de juegos estructurados y tareas interactivas.
Todas las personas participantes dieron su consentimiento informado para participar en el estudio y para la publicación de los resultados. El plan de investigación fue aprobado por el comité ético del distrito sanitario de Savonia del Norte.
En este artículo, todos los nombres de las personas participantes son seudónimos.
Las entrevistas (9/14; 5 abandonos) se realizaron aproximadamente 18 meses después de la terapia y se analizaron posteriormente con el método multiactor Dialogical Methods for Investigations of Happening of Change (DIHC) (Seikkula et al., 2012). Antes del análisis, la primera persona firmante visionó las nueve entrevistas grabadas, eligió tres para un análisis más detallado y transcribió íntegramente las partes de la entrevista con la familia. Los criterios de selección de los casos siguieron los principios del estudio de caso «revelador» propuestos por Yin (2014). Los casos seleccionados representan los extremos en cuanto a variedad y riqueza, de contenido o de cantidad, de las iniciativas verbales de la infancia.
Tres extractos, uno de cada entrevista, ilustran las principales categorías en las que se posicionaron niñas y niños (véase más abajo) en los episodios temáticos dialógicos. Los tres eran chicos (de 10 a 15 años). Uno de ellos representa al grupo más joven y los otros dos al de más edad entre la infancia participante. Las entrevistas duraron entre 71 y 87 minutos. La parte de la entrevista con el equipo de terapia familiar (en 2 casos también participaba una persona especialista en psiquiatría infantil) duró entre 27 y 38 minutos, y la parte con la familia, entre 40 y 50 minutos. Los criterios de transcripción se concibieron para responder a las necesidades del DIHC, es decir, el contenido verbal más que el prosódico. Para captar todos los matices del habla, los datos se analizaron en finés, la lengua materna de las personas participantes. La traducción al inglés la revisó una persona de lengua materna inglesa familiarizada con el finés. El sentido de las traducciones se negoció, no obstante, con la primera persona firmante. Los extractos de la sección Análisis y resultados se presentan en inglés en el artículo original. El análisis lo realizó la primera persona firmante, con la segunda y la tercera en funciones de supervisión y auditoría.
Tras una lectura atenta, se exploraron todos los episodios considerados temáticos. Un cambio de tema se consideraba un nuevo episodio. Se anotaron las respuestas a cada enunciado para obtener una imagen de cómo participaba cada interlocutor en la construcción de la conversación conjunta. A continuación, se seleccionaron primero los episodios que contenían iniciativas o respuestas verbales de la infancia, que después se analizaron y organizaron en categorías. Se encontraron cuatro categorías de posicionamiento en las que la infancia participaba como interlocutora dialógica: «Yo-Tú», «reflexiva», «yo vulnerable» y «coconstrucción de significado».
Los conceptos utilizados para analizar las categorías de respuesta fueron la dominancia semántica, que remite a quién introduce temas o palabras nuevas en un momento dado de la conversación, y la dominancia interaccional, que remite a la influencia dominante de una persona participante sobre la interacción comunicativa. Los enunciados se codificaron siguiendo el sistema de codificación de procesos narrativos (Angus et al., 1999; Laitila, 2016; Laitila et al., 2001), con los conceptos de modo de proceso externo, que remite a descripciones de cosas sucedidas (en una realidad física o imaginada), modo de proceso interno, que remite a las descripciones que hacen las personas participantes de su propia vivencia de los acontecimientos que describen, y modo de proceso reflexivo, que remite a los esfuerzos de las personas participantes por comprender la conexión entre esos acontecimientos y sus experiencias personales. En esta etapa, la atención se desplazó a las voces, las personas destinatarias y el posicionamiento de quienes intervienen. Las voces remiten a la conciencia hablante (Bakhtin, 1984) que se hace visible en los intercambios entre interlocutores en el contexto del relato en curso. El posicionamiento, por su parte, remite a la pregunta «¿desde qué posición habla la persona?» (p. ej., Seikkula et al., 2012, p. 670). El posicionamiento da a la persona una perspectiva, con sus posibilidades y sus límites, sobre lo que ve, oye y vive. Aunque posicionarse puede ser un acto activo y voluntario, a menudo sucede de manera irreflexiva, en el proceso de respuestas continuas a lo que se enuncia. Las personas destinatarias son aquellas a quienes se dirige un enunciado. Al analizar diálogos con múltiples participantes, no siempre es fácil identificarlas. El habla también puede dirigirse a alguien en el diálogo interior (Seikkula et al., 2012). La autoría discutió y reflexionó conjuntamente sobre el análisis y los resultados, y se consultó la bibliografía pertinente, incluida la investigación en terapia familiar.
Los resultados de cada caso se presentan en forma narrativa, con una descripción contextualizadora del proceso de tratamiento que incluye breves extractos de las entrevistas.
«Me ayudaste a salir de esa oscuridad» («Yo-Tú» y «coconstrucción de significado»)
Jack, 15 años.
Antes de la terapia familiar a domicilio (5 sesiones más reuniones de red), Jack había presentado graves problemas de conducta y del estado de ánimo, y sus relaciones con la familia se habían deteriorado. En el colegio, Jack había mentido diciendo que sufría violencia doméstica en casa. Esto había dado lugar a la intervención de los servicios de protección de la infancia y a que Jack fuera acogido de urgencia durante unos días. En la entrevista posterior a la terapia, Jack y su madre contaron que la terapia familiar había ayudado a los miembros de la familia a recuperar el vínculo perdido entre ellos. Las relaciones de Jack tanto con su padre, que vivía en el extranjero, como con su padrastro se habían vuelto más estrechas y abiertas.
El siguiente extracto presenta una breve conversación dialógica en la que Jack construye el significado de las dificultades que percibe junto con su madre y el entrevistador (tabla 1).
Tabla 1 — (Extracto 1) Episodio temático 25/26 de la conversación familiar: relación «Yo-Tú»; «posición de coconstrucción de significado»
Entrevistador (I), Jack (J), Laura, la madre de Jack (L), terapeuta (T1) como oyente.
En este diálogo dialógico, Jack y su madre hablan de las dificultades que perciben de manera reflexiva, abierta, emocional y personal. La madre había contado antes lo «sorprendida» que se había quedado al notar que la «ayuda hablada» había ayudado a Jack tan deprisa. La mejoría de Jack había sido un alivio para ella. Sin embargo, en su diálogo interior, había despertado al mismo tiempo pensamientos autocríticos sobre sí misma como madre suficientemente buena. Esto había llevado al entrevistador a pedirle que lo desarrollara, ayudándola así a encontrar más palabras para describir su experiencia. Tras escuchar atentamente la reflexión de su madre, Jack adoptó una posición empática y expresó simbólicamente su experiencia y la contribución de su madre con estas palabras: «Me ayudaste a salir de esa oscuridad». Las palabras que Jack dirige a su madre pueden oírse e interpretarse como un habla Yo-Tú.
Jack pone nombre a sus dificultades y se presenta como un chico que «ya nunca se hundirá tanto», lo que lleva a preguntarse si sus palabras también van dirigidas a su madre como promesa, consuelo y señal de lealtad. Al oír la respuesta de Jack, el entrevistador le ofrece una palabra más concreta, una reformulación de su enunciado simbólico, que Jack acepta: las dificultades que percibía y las conversaciones pasadas y presentes de «estar aquí juntos» durante la terapia y la entrevista de investigación le sirven de «protección» para el futuro.
Jack afirmó después que «la gran cantidad de ayuda y de comentarios positivos» que había recibido había sido el primus motor del cambio en sus relaciones con su familia y con sus iguales. Al hablar de este cambio, Jack dijo que había sido el primero de su familia en cambiar. Sus palabras indicaban que la ayuda recibida había funcionado como una herramienta de navegación que había orientado sus objetivos personales, dando lugar a cambios en su conducta, sus relaciones y su relato de sí mismo.
«No lo hago a propósito» («coconstrucción de significado», «yo vulnerable»).
Sean, 10 años.
La familia de Sean había sido derivada a la clínica de psiquiatría infantil por el comportamiento oposicionista persistente de Sean. Sean cursaba primero de primaria al comienzo de la terapia familiar. La entrevista colaborativa de investigación posterior a la terapia tuvo lugar 18 meses después de la última sesión (15 sesiones). Las citas de terapia familiar en la clínica habían resultado frustrantes y estresantes tanto para Sean como para su madre y su padre. Sean había protestado contra las sesiones y se había comportado de forma defensiva. El cambio positivo en los patrones de interacción negativos de la familia y en la conducta externalizante de Sean había tardado mucho en hacerse visible. Sean seguía en psicoterapia individual, y también había sido necesario un tratamiento a domicilio tras el final de la terapia familiar. La entrevista colaborativa posterior a la terapia ofreció a las personas participantes la posibilidad de hablar, en un clima seguro, de las dificultades que habían percibido en el proceso terapéutico y de cocrear una comprensión común de lo que había sido útil y de lo que había sido perjudicial.
Antes del extracto siguiente, se había hablado de los sentimientos y pensamientos de la madre, cargados de emoción, relacionados con el proceso terapéutico anterior. Tras escuchar a la madre, el entrevistador se había interesado por la experiencia de Sean de sentirse escuchado en lo relativo a sus propios asuntos. La madre de Sean había descrito lo difícil que le resultaba a Sean salir de la sala de espera y entrar en la sala de terapia. Sean había comentado la descripción de su madre, pero su respuesta no se había oído. El entrevistador se había dado cuenta, se había disculpado por no haber oído lo que Sean había dicho y le había pedido que repitiera sus palabras. Al principio Sean no se había mostrado colaborador, pero después se había tomado en serio lo que le pedía su madre, es decir, que las personas adultas querían de verdad oír lo que tenía que decir.
En el extracto siguiente, Sean pone en palabras algo que hasta entonces no había podido decir sobre su comportamiento (tabla 2).
Tabla 2 — (Extracto 2) Episodio temático 16/21 de la conversación familiar: «posición de coconstrucción de significado», «posición del yo vulnerable»
Entrevistador (I), Sean (S), Paula, la madre de Sean (P), T1 y T2 como oyentes.
En la entrevista se había hecho evidente que a Sean le costaba hablar de cuestiones delicadas. Aquí, Sean revela su vulnerabilidad y se posiciona como observador de su propia conducta difícil, y dice en primera persona que no es su intención consciente actuar de manera negativa, aunque pueda parecerlo. Sus palabras, personales y cargadas de emoción, ofrecen a su madre la posibilidad de mostrar a su hijo comprensión y empatía, haciendo visible un cambio positivo en su interacción.
El entrevistador ayuda a Sean a reforzar y crear una nueva comprensión y un nuevo relato de sí mismo en torno a su problema de conducta, haciendo así visible el cambio.
«No sé dónde estaría ahora si…» («reflexiva»; «yo vulnerable»).
William, 14 años.
William tenía 11 años cuando, debido a graves problemas de conducta y del estado de ánimo, fue derivado a la unidad de hospitalización de psiquiatría infantil para una semana de tratamiento. Su madre y su padre se habían divorciado tras varios años de problemas de pareja. El padre de William tenía un problema de consumo de sustancias, y William había visto y vivido actos violentos de su padre. Se había ofrecido a la familia una terapia a domicilio, y el equipo terapéutico había considerado útil para William su hospitalización, que al principio había asustado a su madre. En la entrevista, tanto William como su madre consideraron útil y segura la terapia a domicilio. En el extracto siguiente, William describe el significado de la terapia para los problemas de su vida. Antes del extracto, se había hablado de cómo se manifestaba la agresividad de William en la vida cotidiana de la familia, y el entrevistador se había preguntado si en aquel momento habría sido posible hablar juntos (tabla 3).
Tabla 3 — (Extracto 3) Episodio temático 3/29 de la conversación familiar: «Posicionamiento reflexivo»; «posición del yo vulnerable»
Entrevistador (I), William (W), Ann, la madre de William (A), terapeuta (T) como oyente.
En el extracto anterior, William, con la ayuda del entrevistador, encuentra palabras para su experiencia y cocrea el significado de la ayuda que ha recibido y del cambio que se ha producido en su vida. A continuación, en un tono prudente, se anima a William a mirar atrás y a reflexionar sobre lo que podría haberle pasado si no hubiera recibido ayuda. La cuestión era especialmente delicada por los problemas persistentes del padre de William.
Este estudio se centró en explorar cómo la infancia diagnosticada de trastorno negativista desafiante o de trastorno de conducta participaba y hablaba de su experiencia de la terapia familiar en la entrevista colaborativa de investigación posterior a la terapia familiar. Además de síntomas externalizantes, estas criaturas habían sufrido también graves problemas del estado de ánimo. Estos podrían haber alterado sus procesos cognitivos y sus capacidades emocionales y de mentalización, y dificultado su capacidad de situarse como observadoras tanto de sus propios actos como de los ajenos (Shirk, 1988; Spivack & Shure, 1982; Wells et al., 2020). Sin embargo, constatamos que participaron en estas entrevistas de investigación posteriores a la terapia como interlocutoras dialógicas, hablando de manera reflexiva, abierta y emocional. Hablaron de sus experiencias dolorosas, coconstruyeron verbalmente significados para sus dificultades y para la ayuda que habían percibido, y revelaron así, con prudencia, su vulnerabilidad ante las personas adultas presentes.
Las iniciativas dialógicas de la infancia aparecieron, no obstante, en momentos muy breves de las entrevistas. Cabe señalar que también se formularon de manera algo simbólica y lacónica, como exclamaciones fugaces, y podrían haber pasado fácilmente desapercibidas. Se recibió a estas criaturas como interlocutoras de pleno derecho. Tanto sus iniciativas como sus respuestas se tomaron en serio pese a su laconismo o su carácter fugaz. Cabe sostener también que el enfoque colaborativo del entrevistador, es decir, su postura de no saber, su curiosidad positiva y su orientación respetuosa, pudo funcionar como requisito previo de una conversación dialógica.
Los hallazgos respaldan los resultados previos de, por ejemplo, Gehart (2007); Gil (2009); McDonough y Koch (2007); Rober (1998) y Shotter (1993), que indican que los diálogos y los procesos de construcción de significado de la infancia difieren a menudo de los de las personas adultas tanto, por ejemplo, en la forma como en el contenido, y por eso corren el riesgo de pasar desapercibidos. En este estudio, reconocer estas diferencias pareció ayudar a la infancia participante a tomar iniciativas verbales significativas y recíprocas, como expresarse desde una posición Yo-Tú auténtica y vulnerable (Buber, 2002, 2004) dando voz a algo hasta entonces no dicho.
Sin embargo, sigue siendo especulativo afirmar que la entrevista de investigación posterior a la terapia realizada de forma colaborativa, que comenzaba con una reflexión abierta del equipo de terapia familiar, que parecía mostrarse desde el no saber, receptivo y responsable, favoreciera la sensación de seguridad de la infancia y le facilitara revelar su yo vulnerable. La autoría coincide con Anderson (2012) en que, cuando quien habla tiene espacio para expresarse plenamente sin interrupciones y las demás personas tienen el mismo espacio para escuchar, pueden brotar las semillas de lo nuevo.
Puesto que el objetivo de la terapia familiar es comprender y tratar a familias enteras (Goldenberg & Goldenberg, 2017) y mejorar la capacidad de sus miembros para relacionarse y encontrarse de un modo más profundo, abierto y personal (p. ej., Kazdin, 1997, 2005; Sprenkle et al., 2009; Tseliou et al., 2020), es importante que la voz y la experiencia de cada miembro de la familia se escuchen por igual. Sin embargo, hasta ahora solo se han reunido datos limitados sobre cómo vive la infancia la terapia (p. ej., Moore & Seu, 2011; Strickland-Clark et al., 2000). Este estudio a pequeña escala contribuye a colmar esta laguna de la literatura.
Todo dispositivo y todo enfoque tienen también sus límites. En este contexto de entrevista de investigación, niñas y niños reaccionaron de distintas maneras a la presencia y la posición del entrevistador como nuevo adulto profesional en la entrevista familiar, que tuvo lugar en la misma clínica donde se había desarrollado la terapia. Para algunas criaturas, la presencia de un adulto nuevo pudo hacer más auténtica su participación y su forma de hablar de sus experiencias delicadas, y por tanto más emocionante y exigente. Para otras, la presencia del entrevistador pudo acentuar su tendencia previa a la complacencia. Sin embargo, ninguna de las criaturas estudiadas aquí mostró una fuerte reticencia a participar en las conversaciones conjuntas.
Aun reconociendo que implicar de manera significativa a la infancia en el trabajo terapéutico familiar es difícil, todos los esfuerzos por promover su participación son importantes y necesarios. Si para las personas adultas un ambiente seguro es un punto de partida importante, para la infancia un espacio seguro y adaptado a ella es crucial. Desde esa perspectiva, los principios de un enfoque colaborativo que subraya el carácter no jerárquico de la conversación terapéutica y el saber experto de todas las personas participantes pueden ser valiosos. Ver a niñas y niños como interlocutores dialógicos de pleno derecho y como correflexivos que merecen ser escuchados con atención ofrece posibilidades de enriquecer la polifonía de las conversaciones. Estas pueden aportar sorpresas, información valiosa y perspectivas creativas inconcebibles para la mente adulta.
La autoría recomienda encarecidamente el uso de la entrevista colaborativa a quienes trabajan, en especial, con familias de alto riesgo, por ejemplo en el contexto de la supervisión o la consultoría, sobre todo cuando el tratamiento se ha estancado. Un dispositivo en el que la infancia puede escuchar primero al equipo terapéutico mientras reflexiona anima a niñas y niños, y también a su madre y su padre, a hacer lo mismo. Ver y oír al equipo terapéutico hablar con apertura, con autenticidad e incluso mostrándose vulnerable puede construir para las personas participantes un espacio seguro y compartido en el que también puedan compartirse experiencias emocionales dolorosas.
En el mejor de los casos, la entrevista colaborativa puede servir a la vez como proceso de aprendizaje y como proceso terapéutico para todas las personas participantes. Reflexionar juntos sobre la terapia en curso o terminada para averiguar qué funcionó o fue útil, qué necesita decirse o qué podría haberse hecho de otro modo es importante para facilitar o reforzar el cambio positivo en la persona consultante. Estas experiencias compartidas de «estar ahí juntos» en la terapia, en las que todas las personas participantes cocrean palabras nuevas para algo hasta entonces no dicho, también pueden aumentar su capacidad de agencia. Quien entrevista puede funcionar como un igual capaz de mostrar su curiosidad de no saber para facilitar o mantener un proceso generativo. Más importante que cualquier regla metodológica es, sin embargo, estar plenamente presente en el momento.
Recordar activamente que acceder al mundo de un niño o una niña pone a prueba la tolerancia a la incertidumbre de quien hace terapia puede ser de ayuda. Trabajar con la infancia requiere a veces más tiempo, espacio dialógico y curiosidad positiva. Tolerar una situación, sin comprender demasiado deprisa ni ofrecer respuestas prefabricadas, puede permitir a la infancia aprovechar mejor sus propios recursos y encontrar sus propias palabras. En este proceso, adoptar una posición de no saber puede resultar gratificante.
Como afirma Rober (1998), «nadie puede guardar tanto silencio como un niño»; sin embargo, en un clima seguro, colaborativo y no jerárquico, en el que haya reconocimiento empático y respeto por las historias que cuenta la infancia, también pueden escucharse historias aún no contadas.
Complexe Systémique: lo esencial
El estudio recuerda algo sencillo y a menudo olvidado: en terapia familiar, la infancia sí habla, pero deprisa, en voz baja, con imágenes. «Me ayudaste a salir de esa oscuridad», «No lo hago a propósito»: estas frases duran unos segundos y, sin embargo, cambian la conversación. El dispositivo importa tanto como la escucha. A partir de la entrevista de seguimiento ideada por Tom Andersen, el equipo terapéutico reflexiona primero en voz alta delante de la familia, mostrándose vacilante y responsable; esta palabra expuesta parece autorizar la de los chicos y, después, la de las familias. Para la práctica sistémica, la lección es ir más despacio, recoger la frase soltada de pasada y ofrecer una palabra más concreta sin forzarla, como hace el entrevistador con Jack. Los límites son claros: tres chicos elegidos como casos extremos, un entrevistador que es también el investigador, ninguna comparación. Para leer junto con la entrevista con Tom Andersen sobre una forma democrática de psicoterapia y el artículo sobre las conversaciones reflexivas en las reuniones de red.
Notas del original
Ética. Todas las personas participantes dieron su consentimiento informado para participar en el estudio, y el plan de investigación fue aprobado por el comité ético del Hospital Universitario de Kuopio.
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Traducción no oficial al español de “You helped me out of that darkness” Children as dialogical partners in the collaborative post-family therapy research interview, de Mira Helimäki, Aarno Laitila y Kirsti Kumpulainen, Journal of Marital and Family Therapy, vol. 48, n.o 2 (2022), doi: 10.1111/jmft.12505, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (texto traducido al español, tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Traducción no oficial al español del artículo original «“You helped me out of that darkness” Children as dialogical partners in the collaborative post-family therapy research interview», publicado en Journal of Marital and Family Therapy (2022) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Helimäki, M., Laitila, A., y Kumpulainen, K. (2022). “You helped me out of that darkness” Children as dialogical partners in the collaborative post-family therapy research interview. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/you-helped-me-out-of-that-darkness-children-as-dialogical-partners (Obra original publicada en 2021 en Journal of Marital and Family Therapy, 48(2), 588-603 (2022); republicada en 2022 por Journal of Marital and Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/jmft.12505)
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