Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

International Journal of Systemic Therapy · Pareja

Negociar futuros preferidos en la terapia de pareja centrada en soluciones

¿Qué se puede hacer cuando los miembros de una pareja llegan a terapia sin tener en mente el mismo futuro, o incluso con futuros que se excluyen mutuamente? El terapeuta e investigador checo Leoš Zatloukal expone la negociación del futuro preferido en tres configuraciones: dirección común, direcciones diferentes, desacuerdo sobre la dirección. Cinco ejemplos clínicos muestran la pregunta milagro convertida en una «cena mágica», la intersección de los futuros preferidos, el Tetralema y el plazo para decidir.

Autoría Leoš Zatloukal (Palacký University Olomouc, República Checa)Primera publicación International Journal of Systemic Therapy, 17 de abril de 2025Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Negotiating Preferred Futures in Solution-Focused Couple Therapy, de Leoš Zatloukal, publicado en International Journal of Systemic Therapy (Taylor & Francis) (2026), doi: 10.1080/2692398x.2025.2492816, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las dos tablas se presentan como listas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Los distintos ejemplos de la práctica muestran que no se trata simplemente de «preguntas ingeniosas» preparadas de antemano, sino más bien del arte de desarrollar conversaciones con las personas consultantes en la terapia de pareja.

Leoš Zatloukal

Resumen

La psicoterapia de pareja es un campo de la psicoterapia diferenciado y en desarrollo. El autor del texto se propone presentar las formas de negociar futuros preferidos (es decir, ideas del cambio deseado) con los miembros de la pareja en la terapia de pareja centrada en soluciones. Describe cómo desarrollar con ambos una visión compartida del cambio deseado, así como la manera de trabajar en situaciones en las que los miembros de la pareja tienen visiones diferentes, o incluso opuestas, de su futuro preferido. El texto se complementa con ejemplos de la práctica.

Palabras clave: terapia de pareja, terapia centrada en soluciones, futuros preferidos

El objeto de este trabajo es el enfoque centrado en soluciones, un enfoque consolidado del trabajo psicoterapéutico con parejas. El objetivo de este estudio es presentar las posibilidades que ofrece este enfoque, en particular para negociar futuros preferidos en el trabajo con parejas. La primera parte se centra, por tanto, en los principios básicos del enfoque centrado en soluciones y en las posibilidades de aplicarlo en la psicoterapia de pareja. A continuación, el autor presenta distintas maneras de negociar futuros preferidos con ambos miembros de la pareja. Describe formas de desarrollar con ellos una visión común del futuro preferido y cómo trabajar conjuntamente en situaciones en las que sus ideas sobre el cambio deseable son diferentes o incluso contradictorias. La atención al futuro preferido desempeña un papel central en el enfoque centrado en soluciones (Berg, 1994; de Shazer et al., 2007; Ratner et al., 2012; Reiter, 2017) y, al mismo tiempo, es precisamente en el contexto de la terapia de pareja donde surgen muchas de las dificultades de negociación (Hoyt & Berg, 1998). Aunque el artículo se centra en la aplicación de un enfoque centrado en soluciones, también puede servir de inspiración para el trabajo basado en otros enfoques psicoterapéuticos.

Enfoque centrado en soluciones y terapia de pareja

La terapia breve centrada en soluciones (TBCS) fue desarrollada en la década de 1980 por Steve de Shazer, Insoo Kim Berg y sus colegas del Brief Family Therapy Center de Milwaukee, Wisconsin (EE. UU.). Se nutre de la tradición de la terapia familiar (en especial de la terapia comunicacional y estratégica asociada al Mental Research Institute de Palo Alto, California) y del trabajo innovador de Milton H. Erickson (de Shazer, 1985; Lipchik et al., 2012). La teoría de la TBCS se inspira principalmente en ideas posmodernas (construccionismo social, posestructuralismo) y en las teorías de los sistemas complejos; por ello, la TBCS puede clasificarse como un enfoque posmoderno o sistémico en psicoterapia (Becvar & Becvar, 2012; Lipchik et al., 2012; Tarragona, 2008).

La TBCS se ha convertido progresivamente en un enfoque psicoterapéutico ampliamente reconocido (Becvar & Becvar, 2012; Sharf, 2020; Sommers-Flanagan & Sommers-Flanagan, 2018), que cuenta con asociaciones internacionales (p. ej., SFBTA, EBTA) y se ha aplicado a una amplia gama de problemas y contextos clínicos (Dolan, 1991; Froerer et al., 2018; Pichot et al., 2009; Simon & Nelson, 2007). También hay numerosas investigaciones en curso sobre la eficacia y el proceso de la TBCS (Franklin et al., 2011, 2017; Kim et al., 2019; Zhang et al., 2018). El enfoque centrado en soluciones también se ha aplicado al trabajo con parejas (Berg, 1994; Connie, 2012; Hoyt & Berg, 1998; Iveson, 2003; Reiter, 2017; Weiner-Davis, 1992, 2002; Ziegler & Hiller, 2001, 2007) y algunos estudios apuntan también a su eficacia en este contexto (Abusaidi et al., 2018; Davarniya et al., 2018; Franklin et al., 2011; Milner & Singleton, 2008).

La TBCS también tiene limitaciones en el trabajo con parejas. A veces se practica de un modo muy «guiado por las técnicas» que ignora las emociones, la relación terapéutica o la cocreación de las conversaciones terapéuticas con las personas consultantes (Lipchik, 2002, 2018; Reiter & Chenail, 2016). Asimismo, la prisa por llegar a soluciones, a veces llamada irónicamente «terapia forzada a las soluciones» («solution-forced therapy»), es una forma contraproducente de trabajar con las personas consultantes, que daña la alianza de trabajo (Berg, 2016; De Jong & Berg, 2012; Nylund & Corsiglia, 1994). También surgen a menudo dilemas en torno al «no saber» (véase más adelante) y a la psicoeducación en la TBCS, que a veces pueden conducir a posiciones conversacionales extremas de la persona terapeuta (Lipchik, 2018; Zatloukal, 2023). Hay asimismo observaciones críticas sobre el hecho de que la TBCS no interpreta las causas de los problemas ni analiza los aspectos de poder de las relaciones (Kogan, 1998). Aunque esas perspectivas pueden ser valiosas en algunos casos, existen para la TBCS muchas razones pragmáticas y teóricas por las que quienes practican la terapia centrada en soluciones no suelen recurrir a ellas y trabajan de otro modo, con resultados terapéuticos similares (de Shazer et al., 2007; McKergow & Korman, 2009).

La TBCS no puede definirse a partir de teorías generales ni de técnicas concretas. Sus creadores proponen definirla a partir de principios que puedan relacionarse directamente con la práctica (de Shazer et al., 2007). La autoría resume así los principios de la TBCS (de Shazer et al., 2007):

  1. Si no está roto, no lo arregles. Este principio recuerda a las personas terapeutas que deben procurar poner fin a la colaboración con sus consultantes en el momento oportuno, sin retenerlas ni obstaculizarlas más de lo necesario.
  2. Si funciona, haz más de lo mismo. Este principio exige que la persona terapeuta se centre de manera intencionada y disciplinada en los recursos y las fortalezas de quienes consultan.
  3. Si no funciona, haz algo diferente. Este principio desafía especialmente a las personas terapeutas a ser capaces de soltar la seguridad de sus técnicas y métodos y a buscar formas nuevas, creativas y personalizadas de apoyar a quienes consultan.
  4. Los pequeños pasos pueden conducir a grandes cambios. Este principio nos lleva a buscar pequeños cambios en la terapia; cambios que, aunque pequeños, pueden conducir a cambios mayores en la vida de las personas consultantes. Unido a la convicción de De Shazer de que «el cambio es una parte inevitable y dinámica de la vida cotidiana» (de Shazer et al., 2007, p. xi), este principio aporta una gran dosis de esperanza al trabajo terapéutico.
  5. La solución no está necesariamente relacionada de forma directa con el problema. Este principio señala una distinción crucial en la TBCS. La «resolución de problemas» (es decir, la eliminación del problema) difiere notablemente de la «construcción de soluciones» (De Jong & Berg, 2012). La «construcción de soluciones» significa crear algo nuevo y valioso y, por tanto, está ligada al crecimiento más que centrada en la reducción de aquello que suele denominarse «problemas» o «síntomas». Como comenta De Shazer: «Esto conduce a un modelo de terapia que dedica muy poco tiempo, o incluso ninguno, al origen o la naturaleza del problema, a la patología del consultante o al análisis de las interacciones disfuncionales». (de Shazer et al., 2007, p. 2)
  6. El lenguaje de la construcción de soluciones es diferente del que se necesita para describir el problema. Este principio se apoya en el anterior y subraya la atención al lenguaje y a su uso.
  7. Ningún problema ocurre todo el tiempo. Teniendo presente que los cambios son inevitables, las personas terapeutas parten del supuesto de que siempre hay excepciones al problema y de que pueden aprovecharse.
  8. El futuro se crea y es negociable. El último principio nos recuerda el supuesto construccionista de la construcción social de la realidad, que vuelve a aportar esperanza a la empresa terapéutica: «No se considera a las personas encerradas en un conjunto de conductas determinado por una historia, un estrato social o un diagnóstico psicológico. Con un sólido respaldo construccionista social, este principio sugiere que el futuro es un lugar esperanzador, donde las personas son arquitectas de su propio destino». (de Shazer et al., 2007, p. 3)

En cuanto a las intervenciones terapéuticas, la terapia de pareja centrada en soluciones utiliza métodos y técnicas similares a los de la terapia individual. Técnicas de la TBCS ampliamente conocidas, como la pregunta milagro, las escalas, las excepciones, el reconocimiento o la devolución al final de la sesión, abren un espacio dialógico para conversaciones constructivas con las parejas cuando participan ambos miembros (De Jong & Berg, 2012; Hoyt & Berg, 1998). Sin embargo, la terapia de pareja centrada en soluciones difiere en algunos aspectos del trabajo individual. El hecho de que haya más de una persona consultante en la sala de terapia exige que la persona terapeuta preste especial atención a:

  • La neutralidad: es importante que la persona terapeuta evite tomar partido o, dicho en positivo, que construya alianzas de trabajo con ambos miembros de la pareja simultáneamente (Anderson, 1997; Friedlander et al., 2018; Ziegler & Hiller, 2001). Es importante validar los puntos de vista de ambos y adoptar una posición de «tanto lo uno como lo otro» (Bertolino & O’Hanlon, 2001; Lipchik, 2002). Anderson (1997) utiliza a este respecto el término «multiparcialidad».
  • La estructura: cuantas más personas consultantes están presentes en una sesión, más clara debe ser la estructura de la sesión y mejores han de ser las habilidades de facilitación de la persona terapeuta. Una estructura clara ayuda a construir una alianza de trabajo con ambos miembros de la pareja porque 1) aumenta la probabilidad de que todas las personas participantes estén de acuerdo con los métodos utilizados para conducir la sesión, 2) ayuda a evitar que las personas participantes se centren en los problemas y empiecen a acusarse o culparse mutuamente, y 3) favorece la creación de un clima emocional de seguridad (Bedi et al., 2005; Friedlander et al., 2018; Lipchik, 2002).

Negociar futuros preferidos en la terapia de pareja centrada en soluciones

En este texto se presta atención a la negociación de futuros preferidos en la terapia de pareja. En la TBCS, el término «futuro preferido» designa lo que la persona consultante desearía que ocurriera con la ayuda de la terapia (Ratner et al., 2012). Dicho de otro modo, «todas las preguntas orientadas a describir lo que la persona consultante quiere (o lo que sustituirá a lo que no quiere) son preguntas de futuro preferido» (Iveson et al., 2012, p. 43). Estas conversaciones sobre los deseos de quien consulta, o sobre el «futuro preferido», constituyen una parte esencial de la TBCS.

Del mismo modo, diversas formas de conversación sobre el futuro preferido son importantes en muchos otros enfoques psicoterapéuticos. Alfred Adler, por ejemplo, ya incorporaba en su trabajo una pregunta de «futuro preferido» (llamada simplemente «La Pregunta», que dice: «¿Qué haría usted si estuviera completamente bien?») (Wood, 2003). La literatura psicoterapéutica actual aborda de manera similar la atención a los objetivos o el establecimiento colaborativo de objetivos (Cooper & Law, 2018). Centrarse en el futuro preferido es también relevante para los resultados de la psicoterapia. Un futuro preferido negociado y acordado entre la persona consultante y la persona terapeuta (a menudo denominado «acuerdo sobre los objetivos») constituye una parte importante de la alianza de trabajo (junto con el acuerdo sobre los métodos o tareas y el vínculo emocional), que desempeña un papel significativo en la eficacia de la psicoterapia (Dimmick et al., 2022; Duncan et al., 2010; Flückiger et al., 2020).

Los métodos más conocidos de la TBCS para ayudar a desarrollar una conversación sobre futuros preferidos son: a) el proyecto común, b) la visión del futuro preferido, c) el objetivo o los objetivos, d) la habilidad o las habilidades, e) el valor o los valores, y f) las pequeñas señales de progreso (De Jong & Berg, 2012; Ratner et al., 2012). En la tabla 1 se resumen las características básicas de cada método.

Tabla 1 — Algunos métodos para desarrollar un futuro preferido en la TBCS.

  • Proyecto común: cómo reconocen las personas consultantes un resultado positivo de la colaboración con la persona terapeuta.; Visión del futuro preferido: cómo será la vida de las personas consultantes cuando el problema desaparezca; una descripción detallada y secuencial.; Objetivo: qué quieren conseguir concretamente las personas consultantes en su vida.; Habilidad: qué necesitan aprender las personas consultantes para que el problema desaparezca o para manejarlo.; Valores: ¿qué es importante en la vida de las personas consultantes en una situación determinada? ¿Qué clase de persona quiere ser cada miembro de la pareja?; Pequeñas señales de progreso: ¿cuál es la señal más pequeña por la que las personas consultantes pueden saber que el problema es menor o que la situación está un poquito mejor?

En la TBCS, el futuro preferido no designa algo que la persona terapeuta desee para quienes consultan, ni lo que considere adecuado para ellas e intente convencerlas de ello. La atención se centra en los deseos de las personas consultantes. Las preguntas sobre el futuro preferido no son simples preguntas de encuesta que permitan a la persona terapeuta obtener información sobre esos deseos. Deben entenderse más bien como un proceso colaborativo y creativo, una creación conjunta de una dirección significativa para la terapia de pareja (Strong, 2009; Weatherall & Gibson, 2015).

Cuando se trabaja con parejas, además de la conducción misma de la conversación sobre el futuro preferido, entra en juego el grado de acuerdo o desacuerdo de los miembros de la pareja sobre ese futuro preferido. En principio, pueden distinguirse las siguientes variantes:

  • Dirección común: visión compartida del futuro preferido por ambos miembros de la pareja (acuerdo sobre una dirección común)
  • Direcciones diferentes: ideas diferentes de cada miembro de la pareja sobre su futuro preferido, que son complementarias (o al menos no se excluyen mutuamente)
  • Desacuerdo sobre la dirección: ideas contrapuestas de los miembros de la pareja sobre el futuro preferido (que se excluyen mutuamente), desacuerdo entre ambos sobre una dirección común

Dirección común en la terapia de pareja

El siguiente ejemplo muestra una adaptación de una técnica clásica de la TBCS, la llamada «pregunta milagro», al trabajo con parejas. En este ejemplo, la dirección común fue surgiendo a lo largo de la conversación.

Ejemplo práctico 1: la cena mágica

Trabajé con una pareja de mediana edad que regentaba un restaurante en una gran ciudad. Aunque al principio me centré en sus expectativas respecto a la terapia de pareja, ambos estaban muy absortos en los problemas que atravesaba su relación. Así que les dejé un espacio en el que describieron que el marido había vuelto de la cárcel unos meses antes, donde había pasado unos dos años por delitos fiscales. Durante ese tiempo, según contó la esposa, ella se había vuelto más independiente y se había dedicado al desarrollo personal, al yoga, a la meditación y a cosas parecidas que el marido tendía a menospreciar y a calificar de «tonterías». Surgieron muchos conflictos y discusiones en la pareja, que incluso llegó a plantearse seriamente el divorcio.

La terapia de pareja era una «última oportunidad», y sobre todo el marido se mostraba bastante escéptico sobre si la terapia podría ayudarles. Intenté mantener una postura de neutralidad/multiparcialidad y escuchar con atención, en particular cualquier deseo o excepción (véanse los principios 2 y 7 de la TBCS). El único momento de la primera parte de la sesión que parecía al menos un poco «vivo» fue cuando describieron su restaurante y lo que disfrutaban de su trabajo. Tras reconocer lo difícil de su situación, dije: «Me ha llamado la atención que describan su restaurante como un “lugar mágico” en el que la gente suele sentirse a gusto y que a ustedes dos también les gusta. Supongamos que quizá hoy, o más adelante, están sentados juntos en su restaurante cenando algunos de sus platos favoritos. Como el lugar es mágico, allí pueden ocurrir cosas un tanto mágicas. Supongamos que la comida también es mágica y que, de algún modo, tiene un efecto positivo en ustedes dos y en su relación, de modo que empiezan a notar que algo entre ustedes ha empezado a cambiar a mejor. ¿Qué será lo primero que les indique que algo ha cambiado entre ustedes y dentro de ustedes?». Tras un momento de silencio, la esposa dijo: «Podría ver sonreír a mi marido». Partimos de esa frase y exploramos juntos qué cambios se producirían en su relación. Al principio, el marido se mostraba escéptico y participaba en la conversación solo mínimamente, pero poco a poco ambos se fueron implicando y describieron juntos situaciones en las que se reirían más, se comunicarían mejor, respetarían las opiniones diferentes del otro, harían el amor con más frecuencia, etc. A lo largo de la consulta cambió el ambiente general de la sesión e incluso nos reímos juntos varias veces. Al final de la sesión, la esposa comentó que quizá era la primera vez que veía reír a su marido desde que había salido de la cárcel (véase el principio 8 de la TBCS). Comenté que el mero hecho de hablar de su cena mágica parecía haber hecho aflorar pequeños destellos de esa magia. En la siguiente reunión, la pareja relató algunos progresos tras haber salido a cenar juntos (aunque finalmente decidieron cenar en otro restaurante que no era el suyo). Ambos expresaron la esperanza de poder afrontar la situación y también la determinación de trabajar en su relación. Posteriormente tuvimos seis reuniones más, durante las cuales pudimos lograr avances bastante significativos (véanse los principios 4 y 5 de la TBCS).

El ejemplo anterior representa una situación en la que ambos miembros de la pareja empezaron a coincidir en una dirección común. Ambos querían una mejor comunicación, risas compartidas, una vida sexual mejor y respeto mutuo. Los dos compartían, a grandes rasgos, una visión similar de su futuro preferido, es decir, una idea de cómo querían vivir y funcionar juntos. Los procedimientos de la TBCS conocidos de la terapia individual pueden aplicarse fácilmente cuando se ha establecido una dirección común. Por ejemplo, se puede seguir el progreso hacia el futuro preferido mediante escalas, centrarse en los momentos en que ya se da el futuro preferido, formular pequeñas señales de progreso, etc. (Berg, 1994; de Shazer et al., 2007).

A veces, dentro de una misma visión del futuro preferido, se acuerdan objetivos o habilidades diferentes para cada miembro de la pareja. Por ejemplo, retomando con alguna modificación el ejemplo práctico anterior, el marido podría centrarse en desarrollar el respeto por lo que ahora es importante para su esposa, mientras que la esposa podría centrarse sobre todo en algunos cambios en la intimidad de la pareja. En este caso, la dirección general es compartida, pero cada miembro de la pareja elige su propia manera de contribuir a esa dirección compartida aprendiendo algo nuevo (habilidad) o consiguiendo algo (objetivo). En la terapia de pareja suele ser útil que cada miembro conozca los «proyectos» del otro y que puedan apoyarse mutuamente en ellos. (Es útil acordar de antemano, durante la sesión, una forma concreta de apoyo mutuo). También es beneficioso que cada cual pueda observar los cambios que la otra persona va realizando en su «proyecto». Aunque se trata de dos proyectos relativamente separados, están orientados hacia una visión compartida del futuro preferido de la pareja y están interconectados. Además, el apoyo mutuo para alcanzar un objetivo o aprender una habilidad es en sí mismo un factor que fortalece la relación entre ambos.

Para trabajar hacia un futuro preferido en la TBCS, el acuerdo entre los miembros de la pareja es bienvenido, pero no necesario. A continuación se describirán algunas opciones para trabajar con parejas en las que no se ha producido ese acuerdo sobre el futuro preferido.

Direcciones diferentes en la terapia de pareja

En ocasiones, al negociar un futuro preferido, se da una situación en la que cada miembro de la pareja tiene su propia visión del futuro preferido (o de una parte de él) que, aunque no sea directamente compartida, resulta aceptable para la otra persona y es compatible con su idea de un futuro preferido. La opción de dos visiones relativamente separadas con apoyo mutuo, aunque relativamente poco frecuente, también puede trabajarse de manera significativa. En tal caso, puede decirse que el desarrollo de la relación se trabaja de forma indirecta, vinculando a cada miembro de la pareja con la dirección propuesta por el otro y mediante el apoyo a cada uno de ellos.

Ejemplo práctico 2: dos habilidades

En terapia de pareja trabajé con una pareja de mediana edad con la que, en dos sesiones, no se logró negociar un futuro preferido. A pesar de mis esfuerzos por centrar la conversación en los deseos de ambos, la conversación derivaba más bien hacia las dificultades que habían vivido juntos (la infidelidad del marido varios años antes, la pérdida de confianza, desacuerdos sobre los hijos, etc.). Intenté validar de forma continua las emociones intensas y guiar la conversación para que se escucharan mutuamente y no se interrumpieran. De vez en cuando, proponía centrarnos en el futuro preferido. Al ver que todavía no era una dirección que pudiera tomarse, volví a dedicar un tiempo a escuchar a ambos y a resaltar los más mínimos indicios de excepciones y recursos (cómo habían salido adelante tras descubrirse la infidelidad, los ámbitos de la crianza en los que sí lograban ponerse de acuerdo, etc.). Estas estrategias terapéuticas pueden relacionarse especialmente con los principios 3 y 7 de la TBCS. En la tercera reunión se logró por fin formular dos ámbitos de futuro preferido. Como el marido viajaba a menudo por trabajo y pasaba varios días fuera de casa, uno de los ámbitos era su regreso a casa, momento en el que ambos coincidían en que sería bueno vivir una sintonía mutua y expresiones de alegría por el reencuentro, en lugar de los comentarios punzantes o suspicaces y el resentimiento de la esposa. Otro ámbito era la comunicación entre ambos durante los periodos de ausencia del marido. Para la esposa era muy importante, y al mismo tiempo para el marido resultaba difícil, hacer llamadas telefónicas, porque, como actor, solía estar en ensayos o en funciones. En consecuencia, ambos decidieron aprender sus respectivas habilidades: la esposa, aprender a recibir a su marido con más calidez a su regreso, y el marido, aprender a buscar ocasiones para mantener conversaciones telefónicas, aunque fueran breves, pero significativas, cuando estaba fuera de casa. Se apoyaron mutuamente en el aprendizaje de estas habilidades y las practicaron juntos, y diseñamos el «entrenamiento» de manera que resultara divertido para ambos y aportara un elemento de humor y de juego a sus interacciones.

Desacuerdo sobre la dirección

El mayor desafío en la terapia de pareja suele ser la variante en la que la dirección de los dos miembros de la pareja es diferente y, además, inaceptable para el otro. Así, la dirección de uno va en contra de la dirección del otro, de modo que parece imposible trabajar con ambos al mismo tiempo. Tal situación puede describirse como un desacuerdo sobre la dirección. Estas situaciones no son infrecuentes en la terapia de pareja (Hoyt & Berg, 1998; Iveson, 2003). Ejemplos típicos son las situaciones en las que uno de los miembros de la pareja quiere tener un hijo y el otro no, o en las que uno quiere separarse mientras el otro quiere continuar (o salvar) la relación. Discrepancias de dirección similares surgen, por ejemplo, cuando uno quiere mudarse por una oferta de trabajo lucrativa y el otro no, o cuando existe un desacuerdo de fondo sobre la crianza, la vida religiosa, la vida sexual, etc.

Estas situaciones son probablemente las que más ponen a prueba la neutralidad/multiparcialidad de la persona terapeuta. A veces no es fácil mantener la apertura, la curiosidad y la actitud de «tanto lo uno como lo otro» cuando las personas consultantes plantean cuestiones en las que surge el desacuerdo y, al mismo tiempo, esa cuestión resuena con la persona terapeuta y con sus valores vitales. Durante la sesión es importante advertir y reflexionar sobre los momentos en que se tiende a tomar partido y trabajar intencionadamente en la validación de la otra posición (Ziegler & Hiller, 2001). En ocasiones se dan situaciones (p. ej., coerción o violencia doméstica) en las que la persona terapeuta tiene que abandonar la neutralidad y abordar alguna cuestión de manera más «intervencionista» o directiva, de conformidad con las normas éticas y profesionales (Milner & Singleton, 2008; Stith et al., 2011). En ese caso, la supervisión desempeña un papel importante para ayudar a la persona terapeuta a reflexionar sobre la situación y a tomar buenas decisiones.

Una forma de negociar futuros preferidos cuando hay desacuerdo sobre la dirección consiste en centrarse en la intersección de los futuros preferidos. En teoría de conjuntos, la intersección de los conjuntos A y B incluye todos los elementos comunes a ambos conjuntos. En la terapia de pareja, la idea es encontrar el mayor terreno común (intersección) posible dentro de los futuros preferidos de los dos miembros de la pareja, aunque sus ideas sean radicalmente diferentes. Aunque la intersección de los futuros preferidos forme prácticamente un área muy pequeña, puede ser una base para un trabajo significativo con la pareja.

Ejemplo práctico 3: mejorar la comunicación

Trabajé con un matrimonio en el que el marido deseaba mantener y reparar la relación, mientras que la esposa quería divorciarse. A medida que dedicamos tiempo a explorar sus deseos e ideas, quedó claro que compartían un hilo común: mejorar la comunicación. El marido percibía que, si querían continuar la relación y hacer que de algún modo funcionara, su comunicación tendría que mejorar. La esposa entendía la necesidad de mejorar la comunicación para poder ponerse de acuerdo en cuestiones importantes durante y después del divorcio, en relación con el cuidado de los hijos y otros asuntos. Aunque tenían razones diferentes, ambos coincidieron en que mejorar la comunicación podía ser un objetivo inicial útil para trabajar juntos. Manteniendo una posición neutral, pregunté: «Tanto si deciden seguir juntos y desarrollar la relación como si deciden separarse con dignidad, ¿cómo debería ser su comunicación?». A lo largo de la colaboración me centré sistemáticamente en mejorar la comunicación con ambos, dejando de lado la dirección que finalmente tomaría su relación. Acordaron que sería buena idea mejorar primero la comunicación entre ellos y después pasar a decidir cómo continuar con su relación (véanse también los principios 4 y 6 de la TBCS). Al cabo de unas cuantas sesiones, la pareja describió la mejora de su comunicación ilustrándola con situaciones concretas. En la última reunión, la esposa llegó a mencionar que estaba considerando la posibilidad de seguir siendo amigos o quizá de volver a estar juntos en algún momento en el futuro. Ambos coincidieron en que ahora eran capaces de entenderse mucho mejor y con más calma y de compartir lo necesario, y en que creían poder tomar juntos buenas decisiones y saber a quién acudir si fuera necesario.

Otra forma de desarrollar un futuro preferido en situaciones de desacuerdo sobre la dirección es adoptar una «actitud de tanto lo uno como lo otro» (de Shazer, 1985), es decir, no descartar de antemano ninguna opción, sino explorarlas todas con detenimiento y situarlas imaginativamente una junto a otra en la conversación. Las descripciones detalladas de cada opción («¿Cómo será concretamente?», «¿Qué diferencia supondrá?», «¿Qué bien hará?», etc.), combinadas con el uso de perspectivas entrelazadas («¿Cómo sabrá A que…?», «¿Cómo reaccionará él ante esto?»), pueden atenuar la dicotomía del «o esto o aquello». Las variantes pueden presentarse una junto a otra y describirse con el mismo cuidado, lo que a menudo revela otras opciones creativas. Con este fin también puede utilizarse el método de Von Kibéd conocido como «Tetralema» (Sparrer, 2007). No solo no reduce el número de opciones (de dos a una), sino que, por el contrario, amplía aún más las posibilidades de elección al incluir la «opción A», luego la «opción B», luego «ni A ni B», «tanto A como B» y, a veces, ninguna de ellas. Una consigna así lleva a los miembros de la pareja a crear una variante que combina las dos opciones opuestas (A y B) o, al contrario, una variante que no incluye ninguna de las dos y es completamente nueva, con lo que se crea espacio para ideas verdaderamente originales.

Estas variantes también pueden trabajarse escribiéndolas y colocando las notas por la sala de terapia, de acuerdo con las personas consultantes. Después podemos recorrer juntos las estaciones y explorar cada variante, incluidos los sentimientos, los pensamientos, los comportamientos y las interacciones. El objetivo de la técnica no es acelerar la toma de decisiones, sino ampliar las opciones del dilema para incluir otras posibilidades, creando así espacio para decisiones más creativas y útiles.

Ejemplo práctico 4: el Tetralema

Trabajé con una pareja de dos hombres en la que había una discrepancia significativa en su vida sexual. Mientras uno de ellos se sentía muy insatisfecho con la frecuencia de las relaciones sexuales, el otro se sentía presionado y tendía a retraerse y a rechazar el sexo. Utilizamos el Tetralema. Preparamos hojas de papel y en la primera propuse plasmar la primera opción, que tras una breve conversación los consultantes llamaron «noches ardientes». En la segunda hoja plasmamos la segunda variante, que llamaron «minimalismo». Les pregunté qué variante querían explorar primero, y eligieron «noches ardientes». Les sugerí que colocaran la hoja con la variante «noches ardientes» en algún lugar de la sala de consulta, y juntos la pusieron en un sitio. Después nos colocamos alrededor de la hoja y exploramos qué sentimientos se asociaban a esta variante y qué pensamientos, imágenes y fantasías surgían. Les pregunté cómo sería esta variante concreta en su vida y qué otros ámbitos de su vida se verían afectados si la siguieran. Una vez explorada esta variante en detalle, colocaron en el espacio una hoja con «minimalismo» y de nuevo nos situamos a su alrededor y la exploramos con el mismo cuidado. A continuación tomé otra hoja, indiqué que era la opción «ni lo uno ni lo otro» y les pedí que la crearan. Tras pensarlo un poco, llamaron a esta opción «relación abierta». Luego trabajamos con ella del mismo modo que con las variantes anteriores. Por último, les ofrecí la última hoja con la consigna «A y B a la vez». Llamaron a esta opción «conducción de fin de semana» y trabajamos con ella de manera similar a las anteriores. En la sesión siguiente contaron que, aunque no habían puesto plenamente en práctica ninguna de las variantes creadas en la sesión anterior, coincidían en que se sentían más cerca el uno del otro y se mostraban más ternura (véase el principio 8 de la TBCS).

En algunas sesiones de terapia de pareja en las que existe una discrepancia entre las direcciones de los miembros de la pareja, la atención puede centrarse en examinar su situación. Sin embargo, este examen se realiza conforme a los principios de la TBCS. No se trata, por tanto, de explorar las causas hipotéticas del desacuerdo ni de analizar el desacuerdo sobre la dirección en sí mismo (véanse los principios 5 y 6 de la TBCS), sino más bien de captar y desarrollar incluso los recursos más pequeños sobre los que construir el trabajo futuro con la pareja (véanse los principios 2, 4 y 7 de la TBCS). Puede prestarse atención a cómo funcionan dentro del desacuerdo (por ejemplo, mediante una escala del funcionamiento de su relación), a si hay cosas en las que pueden ponerse de acuerdo (excepciones al problema) o a qué beneficios les ha aportado hasta ahora el desacuerdo, así como a sus consecuencias negativas para todas las personas implicadas (variante de la «pregunta pesadilla» (Berg & Reuss, 1998)). Estas conversaciones ofrecen a la pareja un espacio para expresar la dificultad de la situación y pueden aportar también pistas para negociar más adelante un futuro preferido (la colaboración puede centrarse después, por ejemplo, en reforzar las excepciones al problema, en nuevas mejoras dentro de la escala del funcionamiento de la relación o en tener en cuenta tanto los beneficios como las consecuencias negativas cuando las personas consultantes tomen nuevas decisiones sobre su dirección en la terapia de pareja).

La exploración conjunta de los aspectos temporales, es decir, de cuánto tiempo más quieren o pueden continuar en el desacuerdo, también puede ofrecer perspectivas interesantes. Para algunas parejas puede ser importante acordar un plazo claro dentro del cual su dirección pueda permanecer sin definir y aún no aclarada, sobre todo en situaciones en las que uno de los miembros de la pareja no es capaz por el momento de decidir cómo continuar la relación y el otro necesita llegar a una decisión lo antes posible (p. ej., cuando se descubre la infidelidad de uno de ellos). La negociación de un plazo para decidir debe combinarse con pasos concretos que ambos den dentro de ese periodo para llegar a una decisión. Por lo general, uno de los miembros de la pareja da pasos concretos para aclarar qué es importante para él o para ella, y el otro trabaja para respetar temporalmente ese proceso, sin presionar para que se tome una decisión rápida, sino reforzando su capacidad de llevar una buena vida independientemente de lo que finalmente decida la otra persona. El plazo negociado ayuda a evitar el patrón en el que uno ejerce cada vez más presión para que se tome una decisión y refuerza el «estancamiento» de quien no logra decidirse (véase el principio 3 de la TBCS), al tiempo que crea espacio para que ambos lleguen a una decisión mejor y más responsable sobre la dirección futura (véase el principio 8 de la TBCS).

Hay conversaciones terapéuticas en las que resulta muy útil centrarse en lo que ayuda a los miembros de la pareja a sobrellevar esta situación de desacuerdo sobre la dirección. Esto puede ser especialmente importante en situaciones en las que uno o ambos acuden a la terapia de pareja de forma involuntaria. A veces uno de ellos (o incluso ambos) no quiere terapia, pero alguien con influencia (una institución, una autoridad religiosa, un progenitor, etc.) percibe la necesidad de un cambio y les envía a terapia de pareja. Aquí, además de centrarse en el afrontamiento, funciona bien explorar los deseos de la persona o institución derivante («¿Cómo sabrá la persona o institución X que la situación ha mejorado lo suficiente como para que ya no necesiten acudir a terapia de pareja?»). En otros casos, los propios miembros de la pareja agradecerían el cambio, pero confían poco en que la terapia pueda ayudar, lo que les impide formular un futuro preferido. Centrarse aquí en el afrontamiento puede crear cierto «colchón» antes de que ganen un poco más de confianza en que pueda producirse un cambio a mejor (véase el principio 4 de la TBCS).

A veces uno o ambos miembros de la pareja necesitan poner a prueba si tiene sentido invertir energía y esfuerzo en su relación e intentar mejorarla, o si está tan «dañada» que ya no tiene sentido tratar de mantenerla y desarrollarla. Personalmente, me parece mucho mejor realizar esa prueba explorando excepciones o mediante experimentos entre sesiones, en los que la dinámica del sistema se manifiesta en la práctica (véanse los principios 2 y 3 de la TBCS), en lugar de intentar resolver esta cuestión de manera teórica o desde la posición de una persona terapeuta que emite una opinión experta.

Ejemplo práctico 5: investigar la relación

Trabajé con un matrimonio de mediana edad. La esposa fue quien inició la terapia y habló de su deseo de mejorar la comunicación. También habló de la confianza rota. Había descubierto una relación extramatrimonial diez años antes, aunque la situación había logrado estabilizarse. El marido, músico profesional, pasaba mucho tiempo fuera de casa. Esto, unido a una mala comunicación, hacía que la esposa se preguntara si «estaba pasando algo otra vez» y le generaba cierto «cansancio de la relación». También mencionó los problemas de su marido con el alcohol. El marido dijo que había dudado mucho en acudir a terapia de pareja y que se mostraba escéptico sobre si todavía podría ayudarles. Se sentía constantemente vigilado y tenía la sensación de que él y su esposa se habían distanciado, sobre todo desde que los hijos se habían ido de casa, y de que tenían poco en común. Ambos se preguntaban si tenía algún sentido intentar salvar su relación o si sería mejor que cada cual siguiera su camino. Les expliqué que necesitaba información adicional para responder a su pregunta con un mínimo de seriedad; de lo contrario, sería pura especulación. Esto les intrigó y me preguntaron qué información necesitaría para darles una opinión. Tras pensarlo un poco, les dije que necesitaría saber algunas cosas:

  1. Si había algunos momentos, en la manera en que estaban las cosas entre ellos en ese momento, que pudieran ser un poco mejores (excepciones). La presencia de excepciones y recursos puede dar una buena idea de si es posible o no un cambio a mejor (véanse los principios 2 y 7 de la TBCS).
  2. Si eran capaces de expresar cómo serían pequeños cambios a mejor y si serían capaces de reconocer mejoras en su relación (véanse los principios 5, 6 y 8 de la TBCS).
  3. Si se producirían cambios a mejor pequeños pero perceptibles durante las primeras sesiones de terapia de pareja (lo justifiqué diciendo que la investigación (Duncan et al., 2010) muestra que los cambios en las primeras sesiones son un predictor bastante fiable del éxito de la terapia, a diferencia de los diagnósticos, los rasgos de personalidad o las características de las personas consultantes, etc.). Este punto presupone al menos tres cosas: a) que realizaríamos unas cinco sesiones de pareja, b) que ambos intentarían realmente trabajar en la mejora de su relación entre sesiones, y c) que ambos observarían si se producían cambios a mejor y los anotarían.

Los puntos expuestos tenían sentido para ambos, y abordamos los puntos 1 y 2 en la primera sesión y los pusimos por escrito. En cuanto al punto 3, acordamos programar cinco sesiones de terapia de pareja, con unas tres semanas de intervalo, durante las cuales ambos se implicarían plenamente en el trabajo sobre su relación, y en la quinta sesión evaluaríamos la evolución. En la quinta sesión valoramos conjuntamente que se habían producido algunos pequeños cambios, y la pareja decidió seguir mejorando su relación por su cuenta, con la posibilidad de concertar una «sesión de apoyo» si fuera necesario.

Por último, aunque no por ello menos importante, pueden ofrecerse sesiones individuales en caso de desacuerdo sobre la dirección. Como no considero adecuado combinar sesiones individuales y de pareja con las mismas personas consultantes, en casos similares suelo derivar a colegas para las sesiones individuales. Así queda abierta la posibilidad de continuar juntos en la terapia de pareja. A veces ocurre que acepto trabajar individualmente con uno de los miembros de la pareja, pero esto cierra la posibilidad de trabajar individualmente con el otro y la de volver a trabajar con la pareja en el futuro. No obstante, si es necesario, puedo recomendar a otras personas terapeutas de pareja.

La tabla 2 resume las distintas opciones de trabajo con el futuro preferido mencionadas anteriormente. En general, me resulta útil seguir el orden descendente de la tabla, es decir, centrarse ante todo en formular una visión común del futuro preferido de ambas partes y, solo cuando esta vía resulta imposible, centrarse en otras opciones de trabajo con el futuro preferido.

Tabla 2 — Resumen de las variantes de trabajo con futuros preferidos en la terapia de pareja.

  • Una visión común del futuro preferido. Cómo seguir trabajando: la pregunta milagro u otra pregunta centrada en la visión del futuro preferido. Escala de progreso. Momentos en que ya se da el futuro preferido. Experimentos: observar el progreso, hacer como si hubiera mejorado, predecir, etc.
  • Visión común del futuro preferido, objetivos o habilidades diferentes. Cómo seguir trabajando: apoyo mutuo. Dos escalas de progreso. Atención a los momentos de avance en ambos «proyectos». Observación mutua de los progresos de cada cual y reconocimiento mutuo. Reencuadrar los objetivos o habilidades diferentes como caminos distintos hacia un objetivo o sueño común. Explorar el impacto del desarrollo de los dos proyectos en la relación.
  • Visiones, objetivos o habilidades diferentes que son aceptables para el otro. Cómo seguir trabajando: apoyo mutuo. Dos escalas de progreso. Atención a los momentos de avance en ambos «proyectos». Explorar el impacto del desarrollo de los dos proyectos en la relación.
  • Desacuerdo sobre la dirección (visiones, objetivos o habilidades diferentes que son inaceptables para el otro miembro de la pareja). Cómo seguir trabajando: la intersección de los futuros preferidos. Tanto lo uno como lo otro, Tetralema. Examinar la situación (excepciones, consecuencias y beneficios, consideraciones temporales, afrontamiento). Poner a prueba la viabilidad de la relación. Sesiones individuales.

Conclusión

La negociación de futuros preferidos desempeña un papel importante para orientar la terapia de pareja, fortalecer la alianza y aumentar la esperanza de que la terapia de pareja sea de ayuda. Se han presentado opciones para formular una idea compartida del futuro preferido de una pareja, así como opciones sobre cómo proceder cuando las ideas sobre el futuro preferido difieren o cuando surgen desacuerdos entre los miembros de la pareja sobre la dirección. Los distintos ejemplos de la práctica muestran que no se trata simplemente de «preguntas ingeniosas» preparadas de antemano, sino más bien del arte de desarrollar conversaciones con las personas consultantes en la terapia de pareja, de tal manera que puedan ir aclarando gradualmente qué es importante para ellas y qué dirección futura de la relación tiene sentido para ellas.

Complexe Systémique: lo esencial

El interés del texto reside en que se toma en serio lo que es específico de la terapia de pareja: no hay una sola demanda, sino al menos dos, y no siempre convergen. En lugar de buscar un objetivo común desde el principio, Zatloukal propone una gradación: aspirar primero a una visión compartida, aceptar después proyectos distintos que se apoyan mutuamente y, en caso de desacuerdo abierto (tener o no un hijo, quedarse o irse), trabajar sobre la intersección, por pequeña que sea, de los futuros preferidos, desplegar las opciones con el Tetralema, negociar un plazo para decidir o poner a prueba la viabilidad de la relación mediante experimentos entre sesiones. Para la práctica sistémica, es una manera concreta de sostener la multiparcialidad sin exigir a la pareja que se ponga de acuerdo demasiado pronto. El texto sigue siendo un ensayo clínico: las viñetas proceden de la práctica del propio autor, sin evaluación sistemática, y las situaciones de coerción o violencia, en las que la neutralidad debe ceder, solo se mencionan de pasada. Puede leerse junto con el artículo del mismo autor sobre las variedades del trabajo con futuros preferidos y el artículo sobre las conversaciones centradas en soluciones en el desacuerdo.

Notas del original

Declaración de intereses. La autoría no declaró ningún posible conflicto de intereses.

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Traducción no oficial al español de Negotiating Preferred Futures in Solution-Focused Couple Therapy, de Leoš Zatloukal, International Journal of Systemic Therapy, vol. 37, n.o 1 (2026), doi: 10.1080/2692398x.2025.2492816, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción al español, tablas presentadas como listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Traducción no oficial del artículo original «Negotiating Preferred Futures in Solution-Focused Couple Therapy», publicado en International Journal of Systemic Therapy (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida y maquetada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Zatloukal, L. (2026). Negotiating Preferred Futures in Solution-Focused Couple Therapy. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/negotiating-preferred-futures-in-solution-focused-couple-therapy (Obra original publicada en 2025 en International Journal of Systemic Therapy, 37(1), 1-18 (2026); republicada en 2026 por International Journal of Systemic Therapy, https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/2692398X.2025.2492816)

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