Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Australian Journal of Psychology · Familia
Tratar a una niña o a un niño traumatizado casi siempre implica trabajar también con su familia, y muchas madres y muchos padres cargan con su propio trauma. Quince terapeutas de Perth, en Australia, describen lo que bloquea la alianza: escasa comprensión del trauma, una criatura convertida en «el problema», historias traumáticas de las figuras parentales, emociones y contratransferencia. Y lo que la repara: la relación ante todo, una lectura informada por el trauma y la supervisión.
Traducción no oficial al español de Therapists’ perceptions of alliance barriers in the parent–therapist relationship when treating children who have experienced trauma, de Simene Joffe y Veronica M. Dwarika, publicado en Australian Journal of Psychology (Taylor & Francis) (2025), doi: 10.1080/00049530.2025.2528346, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tres tablas se presentan en forma de listas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Si no se tiene una relación con la madre o el padre, el trabajo terapéutico con la criatura será limitado.
Simene Joffe y Veronica M. Dwarika
Resumen
Objetivo. Las experiencias infantiles de acontecimientos traumáticos son frecuentes en todos los países, y la infancia puede necesitar psicoterapia tras una experiencia traumática. Para las niñas y los niños que han vivido un trauma y siguen una terapia, la relación entre las figuras parentales y el o la terapeuta es importante para favorecer la recuperación del trauma infantil. Sin embargo, los obstáculos a la alianza pueden interrumpir la relación de trabajo y comprometer la eficacia del tratamiento. Pocos estudios han explorado las percepciones de terapeutas acerca de las complejidades de esta relación cuando tratan a menores por un trauma.
Método. Este estudio exploratorio se apoya en la teoría del trauma para comprender los obstáculos que interfieren en la alianza entre figuras parentales y terapeuta. Se emplearon métodos de investigación cualitativa para explorar los datos obtenidos de 15 terapeutas. Un diseño de investigación fenomenológico interpretativo sustentó el estudio para responder a la pregunta de investigación.
Resultados. Las personas terapeutas tenían motivación para trabajar con las familias, pues reconocen el papel importante de las figuras parentales en el tratamiento. Identificaron como obstáculos a la alianza la menor implicación parental, el trauma de las figuras parentales y las emociones de quienes ejercen la terapia. También aplicaban un marco informado por el trauma para moderar los obstáculos a la alianza e impedir que afectaran al éxito del tratamiento infantil.
Conclusión. Los resultados ponen de relieve que quienes ejercen la terapia necesitan conocer la teoría del trauma y dominar la práctica informada por el trauma para trabajar eficazmente con las familias cuando tratan a menores por un trauma. Este nuevo conocimiento ayudará a gestionar y sostener la relación con las figuras parentales en el tratamiento de la infancia que ha vivido un trauma, mejorando los resultados a largo plazo de la psicoterapia infantil.
Palabras clave: trauma infantil, alianza entre figuras parentales y terapeuta, trabajo con las figuras parentales, alianza terapéutica, trauma
Un número significativo de niñas y niños vive acontecimientos traumáticos a lo largo de su vida. El trauma es un concepto bipartito que incluye la posible exposición traumática a uno o varios acontecimientos que causan malestar psicológico y la respuesta subjetiva de la persona a dichos acontecimientos (reacciones efectivas). En este artículo, la posible exposición traumática se define como el encuentro con un acontecimiento que pone en peligro la vida, y la experiencia traumática designa el daño psicológico resultante de vivir o presenciar dicho acontecimiento. Además, las experiencias traumáticas proceden de circunstancias muy diversas (intrafamiliares, efectos de la pobreza, experiencias de guerra, etc.). Ya se trate de experiencias traumáticas únicas o múltiples, los efectos del trauma emocional van de mínimos a considerables, se manifiestan de forma distinta en cada persona y entre personas, y varían con el tiempo. Aunque las reacciones traumáticas no siempre son clínicas por su naturaleza o gravedad, una proporción considerable de la población ha vivido incidentes traumáticos que la dejan vulnerable a las consecuencias del trauma a lo largo de toda la vida.
La psicoterapia puede ser eficaz para reducir el impacto del trauma y ayudar a la infancia a vivir una vida con más sentido (Downey & Crummy, 2022; Landolt & Kenardy, 2022); sin embargo, las tasas de asistencia infantil siguen siendo bajas y las de abandono, elevadas. Dado que una relación sólida entre figuras parentales y terapeuta favorece la implicación, la cooperación y el apoyo parental al tratamiento, lo que mejora la asistencia y los resultados infantiles (Marks, 2020), la manera en que la o el terapeuta gestiona esta relación es clave para el éxito de la psicoterapia infantil. Aunque las intervenciones terapéuticas varían considerablemente en sus fundamentos teóricos, su enfoque, su duración y la naturaleza del papel parental (Substance Abuse and Mental Health Services Administration, 2016), cuando la relación entre figuras parentales y terapeuta se caracteriza por el respeto mutuo, la colaboración y el igualitarismo, puede ser un mecanismo de cambio que haga progresar el funcionamiento y la capacidad parentales para impulsar la recuperación del trauma infantil. Hasta la fecha, se dispone de poca información sobre las percepciones de terapeutas acerca de los obstáculos a la alianza en el trabajo con las figuras parentales durante el tratamiento de menores que han vivido un trauma. Este artículo ofrece una perspectiva nueva sobre la experiencia vivida de terapeutas respecto de las dificultades que encuentran para contener y gestionar a las figuras parentales y cooperar con ellas cuando tratan el trauma infantil en psicoterapia, dentro de un paradigma informado por el trauma.
En el trabajo clínico con las figuras parentales, estas y quienes ejercen la psicoterapia sitúan a la criatura en el centro del tratamiento, para empoderarla y crear un espacio en el que procesar y comprender los sentimientos (Holmes, 2018; Marks, 2020). Colaboran para ayudarla a alcanzar resultados terapéuticos óptimos. Sin embargo, durante las interacciones entre figuras parentales y terapeuta pueden surgir tensiones, barreras y obstáculos en la alianza que perturban la formación de una relación positiva. Ejemplos de ello son las cuestiones de resistencia parental, el incumplimiento o los problemas de interferencia en el tratamiento que obstaculizan los resultados infantiles y que se traducen en citas canceladas, inasistencias y finalizaciones prematuras del tratamiento (Pitillas, 2020). La literatura corrobora que, en psicoterapia infantil, se encuentran diversas formas de comportamientos de resistencia parental, como la negativa a participar, la negación del problema de la criatura y la hostilidad o la actitud defensiva (Pitillas, 2020). Además, el trauma parental puede manifestarse en comportamientos difíciles (desregulación, comportamientos extremos o inadecuados) y afectar significativamente a la calidad de la relación entre figuras parentales y terapeuta. La teoría del trauma sostiene que los comportamientos desafiantes son consecuencia directa de una experiencia traumática, que aumenta la vulnerabilidad a cambios neurobiológicos, a trastornos de salud mental y a alteraciones del nivel de confianza epistémica. Para construir relaciones positivas con personas supervivientes de trauma, quienes ejercen la terapia necesitan adoptar un enfoque de atención informada por el trauma. Ello les permite percibir los comportamientos de resistencia parental en el contexto del trauma, comprender que las respuestas traumáticas impulsan comportamientos desadaptativos y de oposición al tratamiento, y responder adecuadamente a las necesidades parentales vinculadas al trauma.
Las principales conclusiones de estudios empíricos anteriores sobre la relación entre figuras parentales y terapeuta destacan que las tensiones y los obstáculos en la alianza preocupan a quienes ejercen la terapia (Brown, 2020; Marks, 2020), puesto que disminuyen la implicación parental en el tratamiento infantil, obstaculizan los objetivos terapéuticos e impiden la formación de una relación sólida entre figuras parentales y terapeuta, comprometiendo así el éxito del tratamiento infantil
El estudio se apoyó en un marco teórico del trauma, ya que la investigación exploraba la relación entre figuras parentales y terapeuta para identificar obstáculos y tensiones en el tratamiento de menores que han vivido un trauma. Este marco es fundamental en el tratamiento y la gestión de problemas terapéuticos complejos. En primer lugar, ofrece un marco a quienes ejercen la terapia para tratar a las personas consultantes (menores y figuras parentales) que presentan un trauma complejo [trauma prolongado y repetido] (Siverns & Morgan, 2019) y, en segundo lugar, les proporciona estrategias para reconocer su propia historia de exposición a experiencias traumáticas y prevenir el trauma secundario. El conocimiento y la comprensión de la teoría del trauma y de la atención informada por el trauma garantizan que el equipo terapéutico disponga de la pericia necesaria para gestionar y apoyar eficazmente a las figuras parentales.
La relación entre figuras parentales y terapeuta puede acelerar y sostener la recuperación del trauma infantil. Sin embargo, los obstáculos a la alianza pueden interferir en el desarrollo de una alianza de trabajo sólida. Este estudio se centró en explorar las percepciones de terapeutas sobre el trabajo en colaboración, en terapia, con las familias de menores que han vivido un trauma. El objetivo era comprender las complejidades y tensiones presentes en la relación entre figuras parentales y terapeuta. Este nuevo conocimiento ayudará a gestionar y sostener mejor la alianza de trabajo, mejorando la permanencia en el tratamiento y los resultados infantiles.
Se seleccionó de forma intencional a quince terapeutas. Se trataba de profesionales de la psicología educativa y de la psicología clínica, así como de counsellors registrados, reclutados en la práctica privada, en United Relationships (seudónimo), Australia Occidental (WA), y entre profesionales de la psicología comunitaria de Australia Occidental, como se muestra en las tablas 1 y 2. Se utilizaron seudónimos para todas las personas terapeutas y organizaciones a fin de proteger la confidencialidad. Los criterios de inclusión exigían una experiencia profesional mínima de un año, la inscripción en un organismo profesional regulador y el ejercicio en el sector público o privado en Perth, Australia Occidental. La aprobación ética del estudio se obtuvo de la University of Johannesburg.
Tabla 1 — Datos biográficos de las personas terapeutas y del organismo.
Tabla 2 — Síntesis de las personas terapeutas.
Tras obtener la autorización ética de la University of Johannesburg (número de aprobación: Sem 1–2023–004), se llevó a cabo un estudio cualitativo mediante un muestreo de conveniencia. Este tipo de muestreo permitió una exploración profunda y exhaustiva del fenómeno estudiado para responder a la pregunta de investigación. Las personas terapeutas cumplimentaron un cuestionario abierto, que el equipo de investigación les envió por correo electrónico o que les distribuyó la persona responsable o psicóloga de referencia, en caso de vinculación con la organización o a la comunidad. Todas las personas terapeutas dieron su consentimiento voluntario antes de participar y aceptaron las condiciones de privacidad y el uso de los datos recogidos. En cuanto a los riesgos, todas contaban con supervisión obligatoria y apoyo institucional. Si la investigación suscitaba alguna preocupación personal, podían contactar con una psicóloga o un psicólogo clínico para una única cita de descarga emocional y contención, o escribir al equipo de investigación, que les derivaría a otro servicio de apoyo o de descarga. Ninguna de las personas terapeutas «solicitó» una sesión de descarga.
Los principales métodos de recogida de datos fueron un cuestionario abierto y un diario reflexivo. La primera herramienta de investigación fue un cuestionario abierto que cumplimentaron todas las personas terapeutas. El equipo de investigación redujo al mínimo el sesgo cultural mediante la toma de conciencia, la verificación y la identificación de posibles sesgos tanto en el diseño del cuestionario como en las preguntas, para garantizar la equidad (Choi & Pak, 2004). El cuestionario incluía preguntas cerradas y abiertas. La primera pregunta se refería a los datos demográficos y garantizaba que las personas terapeutas cumplieran los criterios de la investigación. La segunda se centraba en explorar sus «experiencias vividas» dentro de la alianza con las figuras parentales. Se eligió un cuestionario abierto por dos motivos. En primer lugar, el proceso de recogida de datos requería una herramienta que no implicara ningún contacto presencial entre el equipo de investigación y las personas terapeutas, para proteger la privacidad de las personas consultantes; en segundo lugar, las preguntas abiertas animaban a expresar libremente puntos de vista y experiencias personales con sus propias palabras, lo que favorecía la equidad. La ventaja global del cuestionario de investigación fue que permitía responder de forma privada y anónima.
El equipo de investigación llevó asimismo un diario autorreflexivo. Se redactaron entradas semanales para registrar y examinar opiniones, valores y sentimientos a lo largo de todo el proceso de investigación. Ello contribuyó a contrarrestar cualquier posible sesgo en el estudio cualitativo (Ortlipp, 2008).
El estudio adoptó un enfoque cualitativo interpretativo y recurrió a métodos cualitativos para analizar los datos. Se aplicó el modelo de análisis de datos cualitativos de Creswell (2007), junto con elementos del método de análisis temático reflexivo de Braun y Clarke (2006). Dado que se aplicó a la investigación la estrategia de codificación inductiva de Braun y Clarke (2006), los códigos se derivaron directamente de los datos y los temas surgieron de manera orgánica de la información. La exploración de la relación entre figuras parentales y terapeuta durante el tratamiento del trauma infantil se desarrolló mediante un proceso de investigación iterativo para producir un conocimiento nuevo (Creswell & Poth, 2023) sobre cómo sostener y gestionar mejor la relación de trabajo.
Se aplicó la declaración COREQ, una lista de verificación de calidad para estudios cualitativos, con el fin de garantizar que se hubieran comunicado todos los aspectos pertinentes de la investigación (Tong et al., 2007). No obstante, no todas las preguntas eran aplicables, ya que fue concebida para entrevistas o grupos focales.
El análisis de los datos relativos a la pregunta de investigación —examinar las percepciones de terapeutas sobre el trabajo con figuras parentales cuyas hijas e hijos habían vivido un trauma— reveló cuatro temas clave, presentados en la tabla 3: la implicación parental en el tratamiento psicoterapéutico infantil informado por el trauma; las perspectivas de terapeutas sobre el trauma pasado de las figuras parentales; las reacciones emocionales de terapeutas; y el abordaje de los obstáculos en la relación entre figuras parentales y terapeuta. Se examinan en detalle en la sección siguiente (se utilizaron seudónimos para todas las personas terapeutas citadas en esta sección).
Tabla 3 — Temas.
El primer tema que surgió de los datos como obstáculo a la alianza fue la menor implicación parental en el tratamiento psicoterapéutico infantil. Las personas terapeutas consideraban que las figuras parentales son importantes en el tratamiento psicoterapéutico del trauma infantil, ya que hacen posible la asistencia a las sesiones y propician el cambio dentro del sistema. Sin embargo, identificaron varios factores que afectan a la implicación parental en el tratamiento.
Las 15 personas terapeutas consideraban que las figuras parentales tienen un conocimiento y una comprensión insuficientes del trauma, lo que obstaculiza su implicación y su apoyo al tratamiento infantil. Explicaron que las familias no son capaces de reconocer los signos del trauma y no saben que su hija o su hijo ha vivido un trauma. Por ejemplo, la terapeuta Charlotte señaló que las figuras parentales «medican a la criatura en lugar de reconocer que su joven tiene un trauma». Otras terapeutas añadieron que las figuras parentales «minimizan el impacto del trauma» (terapeuta Tahlia) o «niegan que haya un problema» (terapeuta Gianna). Estos factores afectan a la motivación de las familias para acceder a servicios de psicoterapia informados por el trauma para sus hijas e hijos e implicarse en ellos.
Doce personas terapeutas indicaron que la menor capacidad de mentalización parental es otro obstáculo a la alianza que frena la implicación en el tratamiento infantil. La capacidad de mentalización es una actividad mental que las figuras parentales utilizan para identificar, interpretar y comprender los pensamientos y las acciones de la criatura. La mentalización parental es importante en la terapia centrada en el trauma, ya que fomenta la empatía parental, facilita la regulación emocional de las figuras parentales y aumenta su capacidad de prever las necesidades psicológicas de la criatura y de responder a ellas (Fonagy et al., 2018). En este estudio, la mayoría de las personas terapeutas constataron que las figuras parentales son «incapaces de mentalizar a su hija o a su hijo … . incapaces de sostener sus propios pensamientos y detenerse para dejar que la criatura cuente su historia» (terapeuta Gianna). Observaron otros signos que revelan la dificultad de las figuras parentales para mentalizar a la criatura (no pueden comprender las emociones de la criatura, hay que ver lo que hay detrás del comportamiento de su hija o su hijo). Señalaron que las figuras parentales con antecedentes traumáticos tienen una capacidad parental disminuida y reaccionan ante la criatura con hostilidad o adoptan conductas parentales indeseables (conductas parentales de negligencia y maltrato, daña o hiere a su hija o a su hijo). En esencia, la menor capacidad de mentalización parental entorpece la recuperación emocional de la criatura y genera tensión en la alianza de trabajo.
Una preocupación general de las personas terapeutas era la «actitud hacia la criatura, por ejemplo, culpar a la criatura y su comportamiento, ver a la criatura como el problema» (terapeuta Reese), ya que en estas circunstancias las figuras parentales se implican menos en el tratamiento infantil. Dos tercios de las personas terapeutas indicaron que las figuras parentales culpan a la criatura de los comportamientos traumáticos (irrespetuosa, comportamientos disruptivos, comportamientos que causan demasiado daño) y, en consecuencia, la identifican como «el problema» (ver a la criatura como el problema, la criatura es el problema). Estas conductas parentales interfieren en la alianza de trabajo, puesto que las figuras parentales no consiguen ver más allá del comportamiento de la criatura para centrarse en los objetivos del tratamiento o esperan que sea ella quien asuma la responsabilidad y «arregle» el problema. En estas circunstancias, las figuras parentales apoyan menos el tratamiento infantil, lo que entorpece la alianza con quien ejerce la terapia.
Los resultados mostraron que las figuras parentales se muestran reacias a asumir la responsabilidad de sus propias respuestas ante las manifestaciones traumáticas de sus hijas e hijos. La mayoría de las personas terapeutas describieron a figuras parentales poco dispuestas a explorar sus propios comportamientos, que «no asumen su parte de contribución» (terapeuta Katherine) en la respuesta traumática de la criatura. Señalaron también que las figuras parentales reaccionan con «dureza, ansiedad, ira, vergüenza y miedo». Estas conductas parentales afectan a la curación del trauma infantil e interfieren en los objetivos del tratamiento, lo que entorpece la alianza entre figuras parentales y terapeuta.
Sin embargo, las personas terapeutas señalaron que la mayoría de las figuras parentales de este estudio «han pasado ellas mismas por un trauma» (terapeuta Amelia, terapeuta Reese, terapeuta Gavin) y que, en algunos casos, la experiencia traumática de la criatura «activa […] la historia traumática de las figuras parentales» (terapeuta Reese). Este resultado indica que el trauma compromete la capacidad de las figuras parentales para reconocer el problema y aceptar asumir su responsabilidad (con apertura, disposición, implicación y cooperación). Esta falta de apropiación parental del problema (el trauma de la criatura) genera un obstáculo adicional a la alianza, ya que las figuras parentales están menos dispuestas a asumir su responsabilidad y a entrar en una alianza terapéutica.
Las personas terapeutas percibían la disminución de la implicación parental como un obstáculo a la alianza, pero consideraban que incluir a las figuras parentales en la psicoterapia infantil, cuando se trabaja con menores que han vivido un trauma, refuerza dicha implicación. Ello se debe a que crear relaciones de trabajo sólidas aumenta el compromiso y la motivación parentales respecto del tratamiento infantil. Las personas terapeutas mostraron asimismo que utilizan la alianza de trabajo como mecanismo de cambio para atenuar los obstáculos a la alianza y hacer progresar la capacidad parental en los ámbitos siguientes. En primer lugar, disponen del conocimiento y la pericia necesarios para desarrollar la capacidad de mentalización parental, lo que da lugar a «más capacidad [parental] para responder a las necesidades de la persona joven» (terapeuta Bailey). En segundo lugar, trabajaron con las figuras parentales para ayudarlas a reconocer que los comportamientos indeseables de la criatura son respuestas inducidas por el trauma; por ejemplo, «el padre llegó a comprender más a fondo por qué Jason tenía comportamientos tan desagradables y repelentes» (terapeuta Bailey). En tercer lugar, demostraron que la relación entre figuras parentales y terapeuta hace progresar la disposición parental a examinar su propio papel en las respuestas traumáticas de la criatura. En estas circunstancias, «las figuras parentales se abren a la retroalimentación, se implican activamente y comprenden el impacto» (terapeuta Reese, terapeuta Nicole, terapeuta Maya). El siguiente extracto del diario autorreflexivo reitera este resultado. Entrada del diario − 4 de octubre de 2023:
Vi en las anécdotas de las personas terapeutas que guiaban con delicadeza a las figuras parentales para que vieran cómo sus acciones influían en la curación del trauma de la criatura. En esos casos, las figuras parentales escuchaban y asumían la responsabilidad de sus comportamientos.
Si bien todos los factores mencionados contribuyen a disminuir la implicación parental en la psicoterapia infantil, las personas terapeutas identificaron las historias traumáticas de las figuras parentales como otro obstáculo que afecta negativamente al apoyo parental a la psicoterapia infantil centrada en el trauma.
El segundo tema destacado que reveló la investigación como obstáculo a la relación fue el trauma pasado de las figuras parentales. Afectaba a la alianza de trabajo porque pone en riesgo la salud emocional de la criatura, entra en conflicto con los objetivos del tratamiento y las reacciones traumáticas parentales se manifiestan como comportamientos de resistencia y de incumplimiento en la relación de trabajo.
La mayoría de las personas terapeutas indicaron que el trauma parental no procesado se manifiesta en la alianza de trabajo. Como ejemplo, la terapeuta Maya dijo: «El mayor desafío es el propio trauma de la madre o del padre (ya esté indirectamente relacionado con el trauma de mi paciente [la criatura] o sea su propio trauma)». Las personas terapeutas explicaron que trabajar con un trauma parental no resuelto es extremadamente difícil por varias razones. Para empezar, «repercute en su visión del mundo [la de las figuras parentales]» (terapeuta Reece), en su funcionamiento (psicopatología, salud mental, TEPT, dificultades de apego, inmadurez en el desarrollo psicológico) y en su capacidad parental. El trauma parental no procesado interfiere también en la formación de una alianza sólida entre figuras parentales y terapeuta, dado que las figuras parentales supervivientes de trauma tienen dificultades de apego (problemas de apego, dificultades de apego, repercusión en la confianza y en la implicación con la persona terapeuta). Por último, el trauma parental no resuelto se manifiesta en comportamientos indeseables, por ejemplo, agresividad, resistencia e indisponibilidad emocional en la alianza de trabajo. El trauma parental no resuelto pone a prueba de múltiples maneras las interacciones entre figuras parentales y terapeuta.
Aunque muchas personas terapeutas coincidieron en que las figuras parentales presentan un trauma no procesado, seis de ellas mostraron que las figuras parentales siguen transmitiendo a la criatura ciclos intergeneracionales de trauma (historia de maltrato físico y verbal intergeneracional, ciclo de trauma intergeneracional). Explicaron que uno de los objetivos del tratamiento cuando se trabaja con figuras parentales que perpetúan ciclos de trauma es «detener los ciclos de trauma» (terapeuta Amelia). Sin embargo, mencionaron que romper los patrones traumáticos es difícil, porque las figuras parentales son «difíciles de mover» (terapeuta Rowan). En el fondo, las personas terapeutas percibían que la perpetuación parental de los ciclos intergeneracionales de trauma afecta negativamente a la relación entre figuras parentales y terapeuta, ya que en estas situaciones las figuras parentales constituyen un riesgo para el bienestar psicológico de la criatura.
La mayoría de las personas terapeutas expresaron que el maltrato infantil por parte de figuras parentales que han vivido ellas mismas un trauma (las figuras parentales causan el trauma, pueden ser las autoras del trauma, son perjudiciales para la criatura) es algo frecuente en su trabajo con menores que han vivido un trauma. Observaron también una asociación entre el trauma parental subyacente (historia traumática, trauma propio, antecedentes traumáticos parentales) y conductas parentales adversas, como dañar a la criatura o causar el trauma. Sobre todo, este tipo de conductas parentales genera o agrava el malestar emocional de la criatura, entra en conflicto con el objetivo terapéutico de la recuperación del trauma infantil y suscita fuertes respuestas emocionales en quien ejerce la terapia, lo que perturba la alianza de trabajo.
El tercer gran tema derivado de los datos fueron las emociones de las personas terapeutas al trabajar con las figuras parentales. Describieron el trabajo con las figuras parentales como complejo, difícil y emocionalmente exigente por las razones siguientes. En primer lugar, quien ejerce la terapia tiene un papel múltiple: tratar a la criatura, trabajar con las figuras parentales (y con las dificultades asociadas) y gestionar la relación entre figuras parentales y terapeuta. En segundo lugar, hay que gestionar las propias reacciones emocionales y los comportamientos asociados que desencadenan las acciones o actitudes parentales. En tercer lugar, en este estudio, las «figuras parentales que habían pasado ellas mismas por un trauma» (terapeuta Amelia) presentaban un sinfín de dificultades, lo que añadía un nivel de complejidad a la alianza de trabajo. Los dos subtemas que resultan de este tema son los siguientes.
Las 15 personas terapeutas explicaron que las actitudes y los comportamientos parentales provocan emociones y reacciones intensas. Indicaron que las emociones negativas surgen en situaciones en que las figuras parentales suponen una amenaza para la seguridad emocional de la criatura (autoras del trauma, causan daño, violencia), muestran emociones no contenidas (calificadas por las personas terapeutas de críticas, exigencia, agresividad, ataque-defensa) o adoptan comportamientos que comprometen o amenazan el tratamiento infantil (sacan prematuramente a sus hijas e hijos de la terapia, amenazan con sacarlos de la terapia). Aunque los datos indican que las actitudes y los comportamientos parentales desencadenan reacciones emocionales en quienes ejercen la terapia, es responsabilidad de cada terapeuta advertir, examinar y gestionar sus propias reacciones emocionales y los comportamientos asociados para evitar que afecten a la alianza de trabajo.
Seis personas terapeutas reconocieron el origen (el trauma no procesado) de los comportamientos desadaptativos y de oposición al tratamiento de las figuras parentales. Comprendían las complejas cuestiones que llevan a las figuras parentales a comportarse de forma indeseable y reconocían que «el trauma se manifiesta en el comportamiento, más que en actos deliberados de desafío, desatención e inquietud» (terapeuta Reese). Además, las personas terapeutas que comprendían las respuestas traumáticas parentales mostraban menos ira y menos reproche hacia las figuras parentales, pues «el reproche rara vez es útil y a menudo es injusto» (terapeuta Blake), lo que permitía la continuidad de la alianza de trabajo. El siguiente extracto del diario autorreflexivo se hace eco de este resultado. Entrada del diario − 27 de noviembre de 2023:
… cuando las personas terapeutas mostraban empatía hacia las vulnerabilidades traumáticas de las figuras parentales, estas se sentían más aceptadas, las personas terapeutas les reprochaban menos sus comportamientos traumáticos adversos y las figuras parentales estaban más motivadas para participar en el tratamiento infantil.
Seis personas terapeutas identificaron fenómenos de transferencia y contratransferencia en el contexto psicoterapéutico al trabajar con figuras parentales de menores que habían vivido un trauma. Explicaron que las figuras parentales con antecedentes traumáticos proyectaban o transferían sentimientos (ansiedad, agresividad, crítica) a través de la alianza terapéutica. Las experiencias y respuestas traumáticas parentales desencadenaban también emociones contratransferenciales en quienes ejercen la terapia; por ejemplo, la terapeuta Bailey dijo: «Hay que estar atenta a la transferencia y la contratransferencia, sobre todo a la ira no reconocida». Además, las experiencias traumáticas parentales pueden despertar el propio trauma pasado o las cuestiones no resueltas de quien ejerce la terapia, generando transferencia y contratransferencia que afectan involuntariamente a la relación de trabajo.
Aunque algunas modalidades terapéuticas, como la terapia psicodinámica, animan a trabajar con las emociones transferenciales y contratransferenciales, no es posible abordar estas dinámicas con figuras parentales supervivientes de trauma debido a su fragilidad emocional (sin recursos para afrontarlo, desarrollo inmaduro, problemas de salud mental). Dada la importancia de la transferencia y la contratransferencia en el trabajo con este grupo de figuras parentales, es esencial que quien ejerce la terapia comprenda y gestione sus propios sentimientos y reacciones. Por ello, las personas terapeutas recurren a buenas prácticas como la supervisión clínica, la supervisión entre pares y el desarrollo profesional (… asegúrate de tener una buena supervisión, formación de terapeutas) para aumentar la conciencia de sí, procesar las experiencias emocionales y los sentimientos transferenciales y prevenir el estrés traumático secundario y el agotamiento profesional.
El cuarto tema reveló que las personas terapeutas son conscientes de los posibles obstáculos a la alianza cuando trabajan con figuras parentales de menores que consultan tras haber vivido un acontecimiento traumático, y se esfuerzan por abordarlos en sus planes de tratamiento. Además, utilizan la relación entre figuras parentales y terapeuta como un mecanismo para identificar y abordar activamente los obstáculos a la alianza. La sección siguiente desarrolla los subtemas derivados de este tema principal.
Las 15 personas terapeutas consideraban que una relación sólida entre figuras parentales y terapeuta hace más eficaz la terapia infantil cuando se trata a menores que han vivido un trauma. Por ejemplo, la terapeuta Thalia expresó: «Si no se tiene una relación con la madre o el padre, el trabajo terapéutico con la criatura será limitado». Además, en determinadas modalidades terapéuticas, como la terapia psicodinámica y la terapia sistémica familiar, en las que las figuras parentales participan en pie de igualdad en el tratamiento, una relación reforzada entre figuras parentales y terapeuta puede aumentar la participación y el compromiso parentales y lograr mejores resultados. Por ejemplo, la terapeuta Kate habló de «una conexión más profunda y más afectuosa entre la figura parental y la criatura y/o el sistema familiar» y la terapeuta Gianna añadió que «proporciona a la persona consultante (criatura/figura parental/familia) alivio de los síntomas». En esencia, todas las personas terapeutas, con independencia de su modalidad terapéutica preferida, consideraban que una alianza sólida entre figuras parentales y terapeuta favorece «el apoyo parental [a] la implicación de la criatura en la terapia y [a] la confianza en la persona terapeuta, lo que puede tener un efecto positivo en el resultado terapéutico» (terapeuta Nicole).
En este estudio, todas las personas terapeutas que trabajaban de forma inclusiva con las figuras parentales en la psicoterapia del trauma infantil eran conscientes de los posibles obstáculos a la alianza (trauma propio de las figuras parentales, figuras parentales que no comprenden el trauma, figuras parentales que causan el trauma, grado de conciencia de sus responsabilidades). Por ello, añadían a su plan de tratamiento objetivos de fortalecimiento de la relación para hacer frente a estas dificultades. En primer lugar, se esforzaban por construir una colaboración sólida con las figuras parentales. Por ejemplo, el terapeuta Gavin dijo: «Antepongo la relación a la técnica de intervención». El terapeuta Blake coincidía y añadía: «Ponerse en sintonía y al lado de las figuras parentales». En segundo lugar, procuraban evitar retraumatizar a las figuras parentales (evitar la retraumatización, tener cuidado de no desencadenar ni retraumatizar). En tercer lugar, intentaban desarrollar los conocimientos parentales sobre el trauma y una comprensión global de las necesidades traumáticas de la criatura (informar sobre el trauma, proporcionar documentación, patrones intergeneracionales). En cuarto lugar, gestionaban y sostenían las necesidades traumáticas parentales «ofreciendo a las figuras parentales apoyo [para sus] propias necesidades traumáticas; animándolas a hacer su propia terapia individual, terapia de pareja o terapia familiar» (terapeuta Tahlia).
Los resultados mostraron que numerosas figuras parentales de este estudio han vivido experiencias adversas en la infancia y que sus respuestas emocionales, por ejemplo, «TEPT, vergüenza parental, miedo, hipervigilancia, angustia», se manifestaban en la alianza de trabajo. Sin embargo, 12 personas terapeutas confirmaron que trabajan con una perspectiva informada por el trauma y que saben cómo apoyar a las figuras parentales en sus necesidades emocionales. Además, describieron que trabajar con una perspectiva informada por el trauma comprende tres componentes centrales. En primer lugar, «conocer la investigación [sobre el trauma]» (terapeuta Tahlia). En segundo lugar, «comprender el impacto que los acontecimientos y las experiencias dañinos o abrumadores tienen en una persona … afecta a todos los aspectos del funcionamiento… desarrollo cerebral, alteración del sistema nervioso, capacidad de regular las emociones y capacidad de sentirse a salvo en su cuerpo y en el mundo» (terapeuta Bailey). En tercer lugar, ejercer de un modo que desarrolle una «relación terapéutica segura, fiable y constante» (terapeuta Blake), que «evite la retraumatización» (terapeuta Thalia) y que comprenda que la «resistencia terapéutica [de una figura parental] suele estar generada por fenómenos traumáticos y no por una resistencia voluntaria, una mala adherencia o un comportamiento frente al tratamiento» (terapeuta Gavin). Los resultados mostraron que quienes trabajan dentro de un marco informado por el trauma pueden acompañar las reacciones traumáticas parentales para reducir su efecto en la relación de trabajo.
Los resultados sugieren que 12 de las 15 personas terapeutas tienen pericia en intervenciones centradas en el trauma y están, por tanto, bien preparadas para apoyar a las figuras parentales en el tratamiento de menores que han vivido un trauma. Además, revelaron que utilizan la alianza terapéutica con las figuras parentales como un mecanismo para aplicar una amplia gama de intervenciones centradas en el trauma (terapia psicodinámica, TCC, terapia breve centrada en soluciones, terapia sistémica y EMDR), «evaluar el funcionamiento y la capacidad parentales», identificar los ámbitos en que las figuras parentales necesitan más «apoyo e información» (terapeuta Nicole) y proporcionarles habilidades que les permitan «responder con más eficacia a la persona joven» (terapeuta Bailey). La terapeuta Tahlia explicó que recurre a la psicoeducación para proporcionar a las figuras parentales «una comprensión de “lo que ha pasado”, NO de lo que le pasa a su hija o a su hijo, para acompañarla o acompañarlo en su recorrido terapéutico». La terapeuta Nicole coincidía y añadía que la psicoeducación es una técnica valiosa para «desarrollar aspectos del funcionamiento parental» y ayudar a las figuras parentales a «afrontar, gestionar, sanar». Otras personas terapeutas describieron su uso de la terapia diádica o de la terapia sistémica familiar para mejorar las relaciones, «mover y reparar los sistemas familiares, [construir] conexiones más profundas entre figura parental y criatura y/o la familia, y romper los ciclos de trauma intergeneracional». Explicaron además que la capacidad funcional parental puede mejorarse «animando … a las figuras parentales a hacer su propia terapia individual, terapia de pareja o terapia familiar» (terapeuta Thalia). En gran medida, los resultados revelaron que las personas terapeutas utilizan la alianza entre figuras parentales y terapeuta como un medio para contextualizar el trauma de la criatura, identificar las necesidades parentales y abordar las dificultades de crianza.
El estudio tenía como objetivo explorar las percepciones de terapeutas sobre las complejidades de la relación entre figuras parentales y terapeuta en el tratamiento de menores que han vivido un trauma. Un mayor conocimiento y una mejor comprensión de cómo gestionar y apoyar a las figuras parentales en la alianza terapéutica reforzarán la relación de trabajo y optimizarán el éxito del tratamiento infantil. Los resultados de la investigación revelaron que las personas terapeutas tienen motivación para establecer relaciones de colaboración con las figuras parentales, pues reconocen que estas protegen y sostienen el éxito del tratamiento infantil; por ejemplo, las figuras parentales «dan un impulso turbo a la recuperación de la criatura en el tratamiento» (terapeuta Gavin). Sin embargo, consideran que el trabajo con las figuras parentales es complejo y difícil, e identificaron los siguientes obstáculos a la alianza: la implicación parental en la psicoterapia infantil informada por el trauma; el trauma pasado de las figuras parentales; y las emociones difíciles de quien ejerce la terapia. Sobre todo, las personas terapeutas que trabajan con una perspectiva informada por el trauma destacaron que los obstáculos a la alianza pueden abordarse previendo en los planes de tratamiento las dificultades relacionales, contando con el conocimiento y la pericia necesarios para identificar y abordar los obstáculos, y desarrollando colaboraciones positivas con las figuras parentales para maximizar los resultados del tratamiento infantil. Todos los resultados del estudio se apoyan en un marco teórico del trauma y confirman que muchas figuras parentales de menores en psicoterapia tras un trauma han vivido ellas mismas un trauma.
Los resultados concuerdan en su mayoría con la literatura, que sugiere que las alianzas sólidas entre figuras parentales y terapeuta refuerzan los resultados terapéuticos infantiles, mientras que los obstáculos percibidos en la alianza interfieren en el éxito del tratamiento. Sin embargo, a diferencia del trabajo con otros tipos de figuras parentales, las figuras parentales con un trauma no procesado constituyen un obstáculo importante a la alianza. Pues las respuestas traumáticas parentales, como la desregulación emocional, el miedo a la retraumatización y los problemas de confianza, interfieren en la consecución de los objetivos para la criatura y dan lugar a interacciones difíciles entre figuras parentales y terapeuta. La teoría del trauma corrobora que las respuestas traumáticas parentales se expresan, en la colaboración entre figuras parentales y terapeuta, como comportamientos de resistencia, de incumplimiento y de interferencia en el tratamiento. Los resultados concuerdan también con los principios de la TIC (atención informada por el trauma), que subrayan que es posible construir relaciones sólidas con figuras parentales supervivientes de trauma si se establece un contexto de confianza y seguridad y se fomentan la colaboración, la reciprocidad y el empoderamiento.
Los resultados son instructivos y permiten comprender las perspectivas de terapeutas sobre la alianza con las figuras parentales, para entender mejor los obstáculos a la alianza en las situaciones de tratamiento. Ponen de relieve que quienes ejercen la terapia necesitan una perspectiva informada por el trauma y aplicar modelos de tratamiento informados por el trauma cuando trabajan con figuras parentales de menores que han vivido un trauma, ya que muchas de estas figuras parentales han vivido ellas mismas un trauma. Además, necesitan un conocimiento amplio de la teoría del trauma, comprender los principios de la TIC y reconocer las actitudes y los comportamientos parentales en el contexto del trauma. Ello les ayudará a comprender que los comportamientos de incumplimiento y de resistencia de las figuras parentales no son actos deliberados de desafío o de mala voluntad, sino respuestas traumáticas. También necesitan desarrollar la conciencia de sí y recurrir a la supervisión clínica para gestionar sus propias emociones difíciles ante las actitudes y los comportamientos parentales y evitar que generen obstáculos a la alianza. En conjunto, esta nueva información permitirá gestionar y apoyar con más eficacia a las figuras parentales cuando llevan a su hija o a su hijo a tratamiento después de un trauma.
Este estudio cualitativo produjo descripciones ricas y profundas de la experiencia vivida por las personas terapeutas en la relación con las figuras parentales durante el tratamiento de menores que han vivido un trauma, con el fin de mejorar la comprensión de cómo gestionar mejor a las figuras parentales en la alianza de trabajo. Una limitación es que los resultados no pueden generalizarse a todas las relaciones entre figuras parentales y terapeuta en el trabajo psicoterapéutico con menores. No obstante, el objetivo de la investigación no era la generalización, sino profundizar la comprensión de quienes ejercen la terapia para contribuir a desarrollar mecanismos de apoyo.
A partir de esta nueva información surgieron dos recomendaciones preliminares. Quienes ejercen la psicoterapia infantil necesitan conocimientos sobre el trauma y pericia en prácticas específicas del trauma para trabajar con las figuras parentales en el tratamiento de menores que han vivido un trauma. Asimismo, podrían emprenderse futuros estudios para elaborar un conjunto de pautas destinadas a terapeutas sobre cómo trabajar eficazmente con figuras parentales supervivientes de trauma. Ambas recomendaciones reforzarían la implicación parental en la psicoterapia infantil y contribuirían así a abordar el amplio problema social del trauma infantil. Además, al tratarse de un estudio exploratorio, serían valiosas nuevas investigaciones con muestras más amplias y una mayor variedad de estados o países para respaldar y validar los resultados y las recomendaciones preliminares.
Este estudio exploratorio empieza a colmar una laguna de la literatura existente al describir las tensiones y los obstáculos que perciben las personas terapeutas en la alianza con las figuras parentales cuando trabajan con familias de menores que han vivido un trauma. Proporciona también información para gestionar las situaciones de tratamiento en las que se encuentra incumplimiento parental, una adherencia parental variable o una resistencia al tratamiento impulsada por las figuras parentales. Este nuevo conocimiento y esta comprensión de cómo gestionar y sostener mejor la relación entre figuras parentales y terapeuta sitúan a quienes ejercen la terapia infantil en una posición sólida para mejorar la asistencia y los resultados de la psicoterapia infantil, haciendo avanzar la recuperación del trauma infantil.
Complexe Systémique: puntos clave
Lo que interesa a una lectura sistémica de estos testimonios es menos el marco del trauma que el bucle que describen sin nombrarlo: figuras parentales traumatizadas convierten a la criatura en «el problema», las personas terapeutas se irritan con esas figuras parentales «resistentes» y la alianza se deshace justo allí donde debía contener. Releer la resistencia como una respuesta traumática y no como mala voluntad es una forma de reencuadre que reabre la cooperación. Merecen atención también el cuidado prestado a la contratransferencia y a la supervisión, y el lugar del ciclo intergeneracional, que varias personas terapeutas abordan proponiendo a las figuras parentales su propia terapia individual, de pareja o familiar. Los límites son importantes: un cuestionario escrito en lugar de entrevistas, quince terapeutas que ejercen sobre todo en la práctica privada, ninguna voz de figuras parentales ni de menores, y un análisis que a veces mezcla observación y prescripción. Para leer junto con el artículo sobre las discrepancias de alianza en el tratamiento familiar a domicilio y la revisión sobre las psicoterapias de persona cuidadora y menor para el trauma del desarrollo.
Notas del original
Agradecimientos. Queremos dar las gracias a todas las personas terapeutas que dedicaron su tiempo y su experiencia a hacer posible esta investigación.
Declaración de conflicto de intereses. La autoría no declaró ningún posible conflicto de intereses.
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Traducción no oficial al español de Therapists’ perceptions of alliance barriers in the parent–therapist relationship when treating children who have experienced trauma, de Simene Joffe y Veronica M. Dwarika, Australian Journal of Psychology, vol. 77, n.º 1, artículo 2528346 (2025), doi: 10.1080/00049530.2025.2528346, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Traducción no oficial al español del artículo original «Therapists’ perceptions of alliance barriers in the parent–therapist relationship when treating children who have experienced trauma», publicado en Australian Journal of Psychology (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Joffe, S., y Dwarika, V. M. (2025). Therapists’ perceptions of alliance barriers in the parent–therapist relationship when treating children who have experienced trauma. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/therapists-perceptions-of-alliance-barriers-in-the-parent-therapist-relationship (Obra original publicada en 2025 en Australian Journal of Psychology, 77(1), 2528346 (2025); republicada en 2025 por Australian Journal of Psychology, https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/00049530.2025.2528346)
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