Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Journal of Solution Focused Practices · Artículo conceptual

«¿Qué diferencia supondrá eso?» – Establecer el contrato de forma más colaborativa en la terapia breve centrada en soluciones

David Blowers, responsable clínico de los servicios estudiantiles de la Oxford Brookes University y docente en el Metanoia Institute, examina de cerca los cinco primeros minutos de la terapia. Cuando una persona a la que se le preguntan sus mejores esperanzas responde con un proceso —«desahogarme», «entender por qué»—, la literatura centrada en soluciones aconseja reconducirla hacia el resultado preguntando: «¿qué diferencia supondrá eso?». Practicante convencido y lector admirativo de los autores a los que discute, Blowers muestra lo que cuesta esa maniobra: deja de lado una preferencia que la investigación invita a tener en cuenta y ejerce sobre quien consulta un poder al que aún no ha dado su consentimiento. Propone dos pequeños ajustes —explicar brevemente lo que va a ocurrir y pedir el consentimiento, o responder con honestidad a la petición— que vuelven colaborativo el contrato sin restar nada a la brevedad.

Autor David Blowers, MSc, Metanoia Institute y Oxford Brookes UniversityPublicado originalmente en Journal of Solution Focused Practices, vol. 9, n.º 2, 2025Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de ‘What Difference Will That Make?’ – Contracting More Collaboratively in Solution-Focused Brief Therapy, de David Blowers, publicado en Journal of Solution Focused Practices, vol. 9, n.º 2 (2025), pp. 3–18, doi: 10.59874/001c.142789, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Los títulos de sección son del autor, salvo «Resumen» y «De qué trata este artículo», añadidos donde el original no tenía ninguno; la nota sobre el autor se ha reunido en un recuadro al final y se han añadido enlaces internos a artículos relacionados de este sitio. Esta traducción no ha sido realizada ni por el autor ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Quienes practican el enfoque centrado en soluciones saben, quizá mejor que nadie, que un pequeño cambio puede marcar una gran diferencia.

David Blowers

Resumen

Quienes practican la terapia centrada en soluciones suelen aconsejar que, si la persona consultante solicita determinados procesos terapéuticos, se reoriente la conversación hacia los resultados. Si esa persona todavía no ha dado su consentimiento a los procesos terapéuticos centrados en soluciones —o ha pedido procesos diferentes—, controlar la conversación de ese modo podría describirse como un acto de dominación y podría resultar contraterapéutico. Responder a la petición, en cambio, demostraría respeto. La investigación sugiere que implicar a las personas consultantes en las decisiones sobre su terapia aporta beneficios clínicos.

Palabras clave: contrato terapéutico, terapia breve centrada en soluciones, pluralismo, poder, terapia individual.

De qué trata este artículo

Ratner, George e Iveson (2012, p. 3) describen la terapia breve centrada en soluciones (TBCS) como un «método para hablar con las personas consultantes» que «sostiene que la manera en que estas hablan de su vida […] puede ayudarlas a hacer cambios útiles». O’Connell (2001, p. 1) afirma que «pretende ayudar a las personas consultantes a alcanzar los resultados que prefieren evocando y coconstruyendo soluciones a sus problemas». Para Shennan (2024), las sesiones de TBCS «se centran principalmente en el futuro que la persona espera y en los progresos que va haciendo hacia él».

Así pues, quienes practican el enfoque centrado en soluciones utilizan este «método para hablar» para coconstruir un diálogo en torno al «resultado preferido» o al «futuro esperado» de la persona consultante, que procuran suscitar. En los casos en que las personas consultantes hablan de los procesos terapéuticos que desean en lugar del resultado que les gustaría obtener, la literatura centrada en soluciones aconseja reconducir la conversación hacia los resultados. En este artículo examinaré la posición de la persona terapeuta que sigue este consejo y la posible posición de una persona que acude por primera vez a consulta. Señalaré después los riesgos terapéuticos que implica seguir la práctica habitual centrada en soluciones y sugeriré cómo pueden modificar su enfoque quienes la practican para atenuar esos riesgos. Gran parte de esta discusión será aplicable a terapeutas de cualquier modalidad cuando las personas consultantes no hayan elegido deliberadamente trabajar con su enfoque.

Para situarme en esta discusión: soy un practicante entusiasta de la TBCS y admiro a muchos de los autores centrados en soluciones que cito aquí, de modo que se trata, sin lugar a dudas, de una crítica amistosa. También me he formado en otra modalidad de psicoterapia y he trabajado, enseñando y ejerciendo la terapia, con colegas y estudiantes de modalidades diversas, por lo que me veo como un terapeuta centrado en soluciones inserto en el entorno terapéutico más amplio. Cuando hablo de «terapia» en este artículo, me refiero a la terapia individual y empleo «terapia», «psicoterapia» y «counselling» como sinónimos, como podrían hacerlo las propias personas consultantes.

El comienzo de la terapia

Este artículo se centra en el diálogo inicial entre dos personas: una persona terapeuta de orientación centrada en soluciones que conoce los consejos de las principales referencias de la TBCS, y una persona que acude por primera vez y que puede tener sus propias expectativas sobre lo que va a ocurrir en la terapia. Examinaré a cada una por separado para ofrecer un contexto a la discusión posterior sobre los riesgos de este consejo dominante.

El plan de acción de la persona terapeuta centrada en soluciones

Como mostraré, quienes practican el enfoque centrado en soluciones pretenden hablar de resultados con la persona consultante al principio de la sesión o muy cerca del principio. Presentaré después los consejos que da la TBCS para las situaciones en que la persona consultante quiere hablar de otra cosa.

«En la primera sesión, quien practica el enfoque centrado en soluciones procura establecer un contrato en torno a las mejores esperanzas de la persona consultante», afirma O’Connell (2016, p. 39); «en los cinco primeros minutos», según Ratner et al. (2012, p. 63). Steve de Shazer, uno de los fundadores de la TBCS, creía que la terapia breve debía organizarse en torno a los objetivos de la persona consultante (Korman et al., 2020). Describió por ejemplo la «pregunta milagro», una intervención centrada en soluciones, como «con mucho, la manera más sencilla que he desarrollado nunca para ayudar a las personas consultantes a formular objetivos en términos concretos y conductuales» (De Shazer, 1990, p. 96). Este tema del resultado —que a menudo debe formularse en términos conductuales concretos— se retoma en los intentos posteriores de describir y manualizar la práctica centrada en soluciones.

Por ejemplo, el libro de la European Brief Therapy Association sobre la teoría de la práctica centrada en soluciones afirma que «todo en la conversación [centrada en soluciones] tiene como fin apoyar la acción significativa de la persona consultante para hacer realidad sus valores en el futuro» (Sundman et al., 2020, p. 40). BRIEF, una influyente entidad de formación en el enfoque centrado en soluciones, señala en su manual que «las sesiones de seguimiento empiezan explorando lo que las personas consultantes han hecho desde el encuentro anterior que consideran “mejor”, y de forma más general lo que han hecho que les resulta útil» (George et al., 2020, p. 5). El manual de tratamiento de la Solution Focused Brief Therapy Association indica que fijar objetivos concretos es un componente importante de la TBCS y que los objetivos útiles se «formulan en términos conductuales» (Bavelas et al., 2013, p. 9). Todo este énfasis en la conducta no significa que quienes practican el enfoque centrado en soluciones nunca hablen de emociones y sentimientos a lo largo del proceso, reconociéndolos y quizá preguntando por ellos, sino que «la persona terapeuta no “tratará” las emociones, sino que pasará rápidamente a hablar de acciones» (Ratner et al., 2012, p. 234).

Sundman et al. (2020, p. 40) afirman que «quienes practican orientan cada turno de palabra hacia el cambio deseado», y parece que el inicio mismo de la terapia no es una excepción. Quienes practican el enfoque centrado en soluciones tienden a creer que les corresponde asegurarse de que la persona consultante hable de resultados, y diversas publicaciones dan prioridad a ello frente a discutir cualquier proceso terapéutico que la persona plantee.

O’Connell (2016, p. 40) expone la estrategia centrada en soluciones habitual en estos casos: «pueden surgir dificultades particulares para la persona terapeuta centrada en soluciones si el objetivo de la persona consultante es “entender por qué tengo estos problemas”, o si espera que la persona terapeuta le dé consejos y resuelva sus problemas. La persona terapeuta puede preguntar: “¿Qué esperaría que fuera diferente en su vida una vez que sintiera que entiende sus problemas?”». Podemos observar aquí que la petición de determinados procesos terapéuticos por parte de la persona consultante se presenta como una «dificultad» para la persona terapeuta, y que la solución propuesta es una pregunta que aleja suavemente la conversación del «objetivo» de la persona consultante y la lleva hacia el objetivo de la persona terapeuta: hablar del resultado.

Ratner et al. (2012, p. 63), es decir, BRIEF, dicen en su libro introductorio sobre la TBCS:

Imaginemos por un momento que, cuando se le hace la pregunta por las mejores esperanzas, la persona consultante responde: «Lo que más espero de nuestras conversaciones es simplemente desahogarme» o «Lo que más espero de todo esto es simplemente entender, entender por qué ha pasado todo esto». […] ambas respuestas se refieren al proceso terapéutico más que a la vida cotidiana de la experiencia diaria. […] La persona consultante imagina que «entender» o «desahogarse» supondrá una diferencia «en la vida», que la llevará a algún lugar al que quiere ir, y es esto lo que interesa a quien practica el enfoque centrado en soluciones: el destino deseado, más que una descripción del camino que se supone que lleva a él. La pregunta clave que permitirá desenredar camino y destino, proceso y resultado, es simplemente: «¿y qué diferencia supondrá eso?».

Ratner, George & Iveson (2012, p. 63)

La elección de las palabras ilumina algunos supuestos sobre la relación entre terapeuta y persona consultante. Se privilegia lo que interesa a quien practica frente a lo que evidentemente interesaba lo bastante a la persona consultante como para darlo como respuesta, algo que se justifica presumiblemente por la suposición de que esta imagina que el proceso elegido la llevará a un resultado deseado (y aún no especificado). La respuesta de la persona consultante a la pregunta por las mejores esperanzas se presenta aquí como un mero enredo, más que como una dificultad, que la persona terapeuta simplemente «desenreda» con una pregunta específica que aparta a la persona consultante de hablar del proceso y la lleva a hablar del resultado, el tema que interesa a quien practica.

Shennan (2019, p. 45), que también analiza las posibles respuestas de las personas consultantes a las preguntas sobre el resultado que formula quien practica, explica que estas piensan a menudo en un proceso que podría darse en el trabajo, como recibir una explicación o un consejo de quien interviene, o simplemente hablar. «Por eso es importante preguntarse siempre si lo que se acaba de oír es una respuesta de resultado o de proceso», escribe, y ofrece a continuación una secuencia de instrucciones del tipo «si…, entonces…» que encajaría bien en un manual: «Si es de proceso, el paso siguiente es ir más allá, hacia el resultado: si ese proceso tuviera lugar, ¿cómo sabría la persona que ha sido útil?». Una vez más, se trata de otra variante de lo que llamaré «la pregunta por la diferencia».

De Shazer citaba el comentario de Erickson según el cual «la terapia consiste en dos personas que intentan averiguar qué demonios quiere una de ellas» (De Shazer, 1994, p. 15). Quizá esta tarea se vuelva más difícil si la persona terapeuta descarta con frecuencia lo que las personas consultantes dicen querer. Por citar de nuevo a de Shazer: «no dejes que la teoría se interponga. Las teorías te cegarán» (Hoyt, 2001, p. 29).

Cómo percibe la terapia una persona que acude por primera vez

Mientras que para de Shazer (1990, p. 98) «la terapia es una conversación entre al menos dos personas […] sobre cómo alcanzar el objetivo de la persona consultante», el ámbito de la terapia en general es mucho más amplio que una conversación orientada a resultados. Una persona que inicia una terapia sin haber buscado específicamente la TBCS puede, en el contexto británico, haber consultado las preguntas frecuentes del UK Council for Psychotherapy y haber leído que «la psicoterapia ofrece un […] espacio para reflexionar sobre cualquier dificultad emocional con una persona terapeuta formada», «para ayudarle a expresar sus pensamientos y sentimientos y explorar lo que surge cuando lo hace» (UKCP, s. f.). O bien puede haber visitado la página «What is counselling?» del sitio web de la British Association for Counselling and Psychotherapy (BACP, s. f.) y haber leído que:

Aquello de lo que hable variará según aquello en lo que quiera ayuda y según el enfoque de la persona terapeuta. Podría incluir:

  • sus relaciones
  • su infancia
  • sus sentimientos, emociones o pensamientos
  • su conducta
  • acontecimientos vitales pasados y presentes
  • situaciones que le resultan difíciles

BACP, s. f.

La persona consultante hipotética de Ratner et al. (2012, p. 67) evocada más arriba, ante la pregunta por la diferencia, dio las respuestas «enredadas» de «desahogarme» y «entender» en lugar de la respuesta de resultado que se buscaba. «Desahogarme» podría ser pertinente en una forma de terapia que dé prioridad al aspecto relacional. «Entender» podría expresar el deseo de usar la terapia para clarificar los propios sentimientos, un proceso habitual en muchos tipos de terapia. Las personas consultantes pueden sentir que esos enfoques les convienen y les atraen más que otros, y pueden conocer también el efecto Dodo, ampliamente difundido, es decir, la idea de que muchas terapias son igual de eficaces (Rosenzweig, 1936).

Dada la variedad de procedimientos terapéuticos, el discurso dominante sobre la terapia y las necesidades y preferencias que experimentan las personas consultantes, estas pueden tener legítimamente expectativas sobre la terapia distintas de las de la persona terapeuta en contextos en los que se han encontrado con una terapia centrada en soluciones sin haberla pedido específicamente. La TBCS, sin embargo, limita su ámbito a un tipo concreto de procedimiento —hacer preguntas centradas en los resultados—, y es posible que las personas consultantes no conozcan esa limitación cuando llegan. ¿Cuáles son, entonces, los riesgos de que la persona terapeuta vaya «más allá del proceso, hacia el resultado»? (Shennan, 2019, p. 45)

Riesgos del enfoque centrado en soluciones ante la discusión sobre el proceso

Examinaré primero los riesgos de que la persona terapeuta actúe para eludir una conversación sobre los procesos terapéuticos y, después, los riesgos derivados de las dinámicas de poder en las que participa al elegir actuar de ese modo.

Las consecuencias clínicas de eludir la discusión sobre el proceso

Eludir una conversación sobre los procesos terapéuticos podría hacer perder beneficios clínicos y conllevar el riesgo de un abandono prematuro de la terapia.

Empezando por lo evidente (aunque pueda pasarse por alto), un problema de eludir las preferencias de la persona consultante es que, sencillamente, no obtiene aquello por lo que acudió a terapia. El estudio de De Smet et al. (2021, p. 167) sobre personas consultantes con buenas puntuaciones de resultado pero baja satisfacción con la terapia analiza el caso de una clienta de terapia cognitivo-conductual que refirió varios cambios conductuales positivos tras una terapia por sus «quejas depresivas», aunque «no supo señalar qué la había ayudado» y declaró que «le habría gustado encontrar una “causa real” de su depresión, como un trauma grave, pero aún no la había encontrado y la terapia o su terapeuta tampoco la ayudaron en ello». Es posible que una persona así buscara una terapia para clarificar sus sentimientos y recibiera en su lugar una terapia que modificó pensamientos y conductas, sin que el éxito de esta última anulara la insatisfacción de no haber recibido la primera. Es una especulación, pero el caso ilustra un posible escollo de no reconocer ni tener en cuenta las preferencias de la persona consultante.

La investigación en el ámbito sanitario muestra que la toma de decisiones compartida aumenta la satisfacción de las personas pacientes y su implicación activa en la atención, y reduce el abandono (Ahmad et al., 2014; Makoul & Clayman, 2006). En el caso concreto de la terapia, Cooper y Norcross, basándose en dos metaanálisis, afirman que «la investigación sugiere que suscitar —y tener en cuenta— las preferencias de las personas consultantes respecto a la psicoterapia contribuye de forma valiosa a los resultados. Se asocia a grandes reducciones de las tasas de abandono y a mejoras moderadas del cambio clínico» (www.c-nip.net, 2019, p. 1). Las recomendaciones centradas en soluciones, sin embargo, hacen lo contrario: no solo no suscitan ni tienen en cuenta esas preferencias, sino que ignoran deliberadamente el proceso que solicita la persona consultante y reconducen la conversación hacia el resultado.

Es posible, pues, que seguir con las preguntas centradas en soluciones sin haber respondido a lo que la persona consultante dice sobre el proceso terapéutico frene la mejoría clínica y contribuya quizá a los abandonos. Beyebach et al. (1996, pp. 303–304) observan que para la mayoría de terapeutas de orientación centrada en soluciones «el abandono no se considera un problema» y que «la investigación muestra que muy a menudo el “abandono” no equivale al “fracaso terapéutico”», ya que puede deberse a que la persona consultante siente que ha mejorado lo suficiente como para no volver. Aunque esto puede ser cierto, consideran que puede tener aun así consecuencias negativas: los efectos económicos y administrativos para quienes ejercen, la falta de ajuste que revela el hecho de que la persona terapeuta crea que la persona consultante querrá otra sesión cuando no es así, y la consiguiente imposibilidad, para terapeutas y equipos de investigación, de conocer el resultado obtenido.

Sin embargo, también es muy plausible que la inasistencia de una persona consultante se deba a un fracaso terapéutico, un riesgo que parece mayor si se siente decepcionada porque sus preferencias en cuanto a los procesos terapéuticos no se tomaron en serio. La investigación de Sommerfield (2023) sobre los momentos de decepción de las personas consultantes con su terapeuta halló que dejar la terapia o pensar en dejarla era la reacción predominante y que el 34% de las personas participantes estudiadas declararon haber terminado la terapia tras un «episodio de decepción». La investigación de Knox et al. sobre el fracaso en psicoterapia halló que una de sus causas se daba cuando «las personas participantes sentían que quien ejercía la psicoterapia se aferraba demasiado a una técnica o enfoque, o era inflexible» (2023, p. 307), y otra cuando la terapia «no abordaba las preocupaciones de las personas participantes»; una de ellas afirmó: «No recibí ayuda para aquello por lo que estaba en terapia» (p. 305). Una consecuencia preocupante del fracaso terapéutico era que «por lo general, las personas participantes perdían el interés por otros servicios de salud mental o tenían dificultades para recurrir a ellos» (p. 306). Es una lectura incómoda y puede resultar tentador apartar estas cuestiones como si no nos concernieran, de modo que conviene recordar que «el personal clínico subestima a menudo el grado de insatisfacción de las personas consultantes con la psicoterapia o con quien la ejerce» (Hunsley et al., 1999; Knox et al., 2023, p. 229; Westmacott & Hunsley, 2010) «y sobrestiman su propia eficacia clínica» (Knox et al., 2023, p. 229; Walfish et al., 2012).

En cuanto a la satisfacción, la investigación cualitativa sugiere que las personas consultantes valoran que sus comentarios sobre la terapia se escuchen y se reconozcan en el diálogo con su terapeuta (Cooper et al., 2015; Li et al., 2024). Cooper (2020), terapeuta de orientación pluralista, lo desarrolla así:

Es algo que hemos visto en nuestra investigación cualitativa, al hablar con las personas consultantes sobre su experiencia en una terapia pluralista. No siempre dicen que tener en cuenta sus preferencias haya sido la clave de su cambio psicológico, pero lo que sí parecen decir es que agradecen que la persona terapeuta lo intente: que les pregunte qué quieren y luego intente responder a sus preferencias. Lo viven como una señal de buena voluntad, de respeto, de esfuerzo, aunque no siempre se acierte.

Cooper (2020)

Las personas consultantes viven como una señal de respeto que se les pregunte cuáles son sus preferencias terapéuticas; sin embargo, como hemos visto, cuando la persona consultante plantea sus preferencias, la literatura centrada en soluciones aconseja cambiar de tema recurriendo a la pregunta por la diferencia. Apartarse deliberadamente de lo que dice la persona consultante es quizá una ocasión perdida de mostrar respeto o, peor aún, podría percibirse como una señal de falta de respeto. Yo iría incluso más lejos: sostener que la persona terapeuta tiene derecho a controlar así la conversación en este momento es una expresión de poder sobre la persona consultante que puede tener por sí misma consecuencias negativas, además de ser intrínsecamente problemática por una cuestión de principio.

Las dinámicas de poder detrás de la pregunta por la diferencia

Las dinámicas de poder que subyacen al hecho de controlar la conversación de este modo antes de que la persona consultante haya dado su consentimiento a la forma de trabajar de la persona terapeuta podrían considerarse un acto de dominación. Podría ser contraterapéutico, pero, aunque no lo fuera, quizá convendría evitarlo por principio. Para examinarlo a fondo, analizaré algunos modelos del poder y su intersección con esta maniobra interaccional.

Cuando, ante la pregunta de una persona terapeuta centrada en soluciones sobre el resultado que espera de la terapia, la persona consultante enuncia en cambio el proceso terapéutico que desea, la pregunta «¿qué diferencia supondría eso?» (y sus variantes) permite a la persona terapeuta desviarla hacia su tema preferido, el resultado terapéutico, de un modo tan fluido que puede costar darse cuenta de que se está produciendo un cambio de tema. Es una maniobra hábil y un regalo para quien se inicia en el enfoque centrado en soluciones. Cuando me formé en TBCS, practiqué esta técnica y, en diversos grupos, vi a terapeutas con experiencia demostrarla (la confidencialidad me impide aportar transcripciones). Pese a mi formación de base en otra modalidad terapéutica, llegué incluso a dejarme arrastrar por una sensación colectiva de frustración ante las personas consultantes que no cedían fácilmente, mientras terapeutas repetían variantes de la pregunta hasta que, por fin, daban lo que la persona terapeuta centrada en soluciones consideraba una respuesta aceptable: un resultado «en la vida» (Ratner et al., 2012, p. 67). Tras años de práctica, la capacidad de una persona terapeuta centrada en soluciones para efectuar esta transición queda muy afinada, y quien llega por primera vez a terapia en un estado de malestar psicológico está en clara desventaja si, al principio, prefiere hablar del proceso terapéutico antes que del resultado. Me sentía cada vez más incómodo con la facilidad con la que podía hacer avanzar así la conversación.

En el estudio de Knox et al. (2023, pp. 309–310) sobre el fracaso en psicoterapia, las personas consultantes entrevistadas «aconsejaron, de diversas maneras, al personal de salud mental que prestara atención al diferencial de poder en la relación psicoterapéutica». Para mí, ese diferencial de poder se hacía especialmente evidente en la pregunta por la diferencia. El amplio análisis del poder en psicoterapia de Proctor (2002) puede ayudarnos a prestar atención a ese diferencial al ayudarnos a conceptualizarlo, así que resumiré dos teorías que describe.

En primer lugar, siguiendo a De Varis (1994), Proctor analiza tres aspectos del poder.

Poder de rol: «el poder inherente a los roles de terapeuta y de persona consultante, que resulta de la autoridad otorgada a la persona terapeuta para definir el problema de la persona consultante y del poder que la persona terapeuta tiene dentro de la organización y las instituciones en las que trabaja. […]. Sea cual sea el contexto de trabajo de una persona terapeuta, la sociedad sigue otorgando poder a quienes se identifican como terapeutas». (Proctor, 2002, p. 12)

Poder social: «el poder que surge de las posiciones estructurales respectivas de la persona terapeuta y de la persona consultante en la sociedad, en relación con el género, la edad, la etnia, etc.» (p. 12). Proctor señala que «es más probable que quienes ejercen la terapia sean personas blancas y de clase media, mientras que las personas consultantes suelen ser más pobres, tener más discapacidades mentales y físicas, ser de más edad o más jóvenes, más dependientes y contar con menos apoyo social». (p. 19)

Poder histórico: «el poder que resulta de las historias personales de la persona terapeuta y de la persona consultante y de sus experiencias de poder y de impotencia. […] Las historias y experiencias personales influirán, y en cierta medida determinarán, en cómo son las personas en las relaciones y en cómo piensan, sienten y a veces se comportan respecto al poder en la relación». (p. 12) Las personas consultantes, por ejemplo, pueden haberse acostumbrado a complacer a los demás, pueden creer que sus deseos valen poco o puede que nunca se las haya escuchado, tampoco por parte de profesionales. La experiencia que las personas terapeutas tienen del poder de rol contribuirá a su propia historia personal.

Por supuesto, el poder no siempre puede describirse adecuadamente en términos estructurales unidireccionales, y las personas consultantes no son necesariamente pasivas; pero a menudo ejercen su poder abandonando la terapia, lo que puede producir los efectos perjudiciales comentados antes.

Proctor (2002) adapta también al contexto de la terapia los dominios del poder familiar de Cromwell y Olson (1975). Son los siguientes:

1

Bases: los recursos económicos y personales de poder que implican los tres aspectos del poder mencionados.

2

Procesos: «técnicas interaccionales, como la persuasión, la resolución de problemas o la exigencia, que las personas utilizan en sus intentos de obtener el control sobre aspectos de la relación» (Proctor, 2002, p. 94).

3

Resultados: aquello mediante lo cual la persona terapeuta controla lo que es aceptable.

(Los procesos y resultados de los que se habla en este contexto de los dominios del poder no deben confundirse con los procesos y resultados comentados antes en el contexto de la terapia, por ejemplo el proceso terapéutico de clarificar sentimientos o el resultado que la persona consultante desea obtener de la terapia).

Apliquemos la terminología de Proctor, De Varis, Cromwell y Olson sobre el poder a la pregunta por la diferencia: la aplicación de una fórmula bien ensayada para desviar a la persona consultante de su deseo de un proceso terapéutico y llevarla, en su lugar, a identificar un resultado terapéutico. Se trata de una persona terapeuta que, desde sus bases de poder (que comprenden su poder de rol, social e histórico), utiliza un proceso de poder (la técnica interaccional de la pregunta por la diferencia) con vistas al resultado de poder de controlar la conversación para que la persona consultante dé una respuesta aceptable para la persona terapeuta.

Algunas personas terapeutas quizá deseen reconsiderar este hábito para ejercer menos poder sobre la persona consultante, porque consideran que es un enfoque intrínsecamente más ético. También pueden tener en cuenta la posible consecuencia de que la persona consultante salga de la interacción aún más desempoderada, lo que contribuiría negativamente a su experiencia del poder. Dado que las personas pueden recurrir a la terapia a causa de una impotencia previa, y pueden esperar que la terapia las deje con una mayor sensación de poder, en esos casos es necesario tener en cuenta la «coherencia interna entre los medios y el fin», como dice Proctor (2002, p. 93).

El contrato, reconsiderado

Creo que los problemas que he intentado poner de relieve pueden atenuarse si quienes practican el enfoque centrado en soluciones adoptan una perspectiva pluralista y consciente del poder sobre la terapia e introducen pequeños cambios en la manera de comenzar el trabajo con las personas consultantes. Los abordaré sucesivamente.

Actitudes de la persona terapeuta

Hay dos actitudes concretas que pueden ayudar a sortear estos escollos: el compromiso de no desempoderar a las personas consultantes y una perspectiva pluralista sobre la terapia.

En cuanto al poder, dado que muchas personas pueden llegar a terapia a causa de sus experiencias de impotencia, quienes ejercen la terapia deberían comprometerse a no afianzar aún más esa impotencia en la medida de lo posible. Para ello necesitan ser conscientes de su propio poder, y los modelos de los aspectos y dominios del poder antes descritos son formas útiles de conceptualizarlo y, con ello, de hacer consciente ese poder. Una persona terapeuta que rechace esa concepción del poder puede preferir formularlo en términos más positivos, por ejemplo como el compromiso de fomentar la autoeficacia de la persona consultante en todas las etapas del proceso terapéutico.

Además, dado que existe una diversidad de procedimientos terapéuticos que no se centran todos en el resultado, que el efecto Dodo nos dice que hay poca diferencia significativa entre modalidades y que la investigación sugiere que tener en cuenta las preferencias de las personas consultantes respecto a la psicoterapia es beneficioso, terapeutas de cualquier orientación deberían ser capaces de reconocer las preferencias que expresa la persona consultante y de hablar de ello con seguridad y sin ponerse a la defensiva. La persona terapeuta no necesita poder (ni querer) ofrecer lo que se le pide para hablar de ello; tras una conversación honesta, la persona consultante puede tomar una decisión informada sobre si continuar con una terapia centrada en soluciones o acudir a otro lugar. Esto requiere lo que Cooper y McLeod (2011, p. 219) describen como una perspectiva pluralista: «creer que hay muchas maneras diferentes de ayudar a las personas consultantes, aunque se elija especializarse en una sola».

Estas actitudes concuerdan con todos los principios éticos de la BACP (2018) salvo uno: ser digno de confianza, autonomía, beneficencia, no maleficencia y respeto propio. (Muchas personas terapeutas centradas en soluciones no serán miembros de la BACP; lo menciono simplemente porque son buenos principios).

Recomendaciones para la práctica

A partir de estas actitudes, propongo pequeños cambios en la manera en que quienes practican el enfoque centrado en soluciones comienzan su trabajo con las personas consultantes, a fin de atenuar los riesgos que he expuesto. Estas sugerencias se basan en las conclusiones de la investigación antes mencionada, aunque, por supuesto, podrían emprenderse nuevas investigaciones para validarlas con personas consultantes de contextos diversos (por ejemplo, cultura, género, motivo de consulta, marco clínico, etc.).

Quienes ejercen en consulta privada pueden optar fácilmente por describir su enfoque en sus materiales promocionales para facilitar que las posibles personas consultantes tomen una decisión informada. Si mantienen una conversación sobre el trabajo conjunto antes de que comience la terapia, pueden preguntar por las expectativas que la persona tiene respecto a la terapia. Si hay una falta de ajuste importante, existe entonces la oportunidad de derivarla a otro lugar o de ofrecerle una sesión única para ver si, a pesar de todo, la TBCS le resulta útil.

Esto no es inusual, pero las cosas se complican en las situaciones en que las personas consultantes no han elegido deliberadamente la TBCS en particular. George escribe que «el foco terapéutico es responsabilidad de la persona terapeuta. Por supuesto, la respuesta a las “mejores esperanzas” vendrá de la persona consultante; sin embargo, a partir de ahí, dar forma a la conversación es tarea de la persona terapeuta» (BRIEF, 2021). Propongo, en cambio, que la persona terapeuta asuma esa responsabilidad uno o dos turnos más tarde en la conversación.

Si, cuando la persona terapeuta pregunta por el resultado que la persona consultante espera del trabajo, esta ofrece un resultado de ese tipo, recomiendo, antes de lanzarse a las preguntas centradas en soluciones, explicar muy brevemente lo que ocurre en la TBCS y comprobar que hay consentimiento informado. Por ejemplo, en mi trabajo en un servicio universitario de counselling, suelo decir algo así:

Sesión

Consultante – «Quiero poder ponerme con mi trabajo en lugar de estar procrastinando todo el tiempo».

Terapeuta – «El método de terapia que solemos utilizar tiende a ayudar a las personas que quieren ver cambios así en su vida. Básicamente consiste en que yo hago preguntas sobre cómo les gustaría que fueran las cosas y sobre lo que ya les está ayudando en ese sentido. Cuando las personas responden a este tipo de preguntas, suelen notar que se producen cambios positivos en su vida. ¿Quiere probarlo?».

Consultante – «Vale, de acuerdo».

En este punto, la persona consultante ha dado su consentimiento informado no solo a preguntas de tipo centrado en soluciones, sino también a que la persona terapeuta tome la iniciativa haciendo preguntas repetidamente (no todas las terapias lo hacen: piénsese en la asociación libre del psicoanálisis o en «seguir a la persona consultante» en la terapia centrada en la persona). Aunque seguiría comprobando de vez en cuando cómo está viviendo la sesión la persona consultante, creo que ahora es legítimo que la persona terapeuta asuma la «tarea» de dar forma a la conversación. De manera anecdótica, también he observado que las personas consultantes pueden extenderse más al responder a las preguntas centradas en soluciones (sobre todo las relativas a la interacción) cuando ofrezco este tipo de justificación. Como alternativa, en algunos contextos se puede organizar este tipo de diálogo y de consentimiento antes de la primera sesión y reforzarlo con contenidos como páginas web, folletos y vídeos.

Si, por el contrario, la persona consultante expresa un proceso que desea, propongo reconocerlo en lugar de ignorarlo. Shennan (2019) observa que una de las razones por las que las personas consultantes mencionan un proceso es que piensan que podría ser necesario, así que, en caso de duda, sugiero comprobar si se trata realmente de una preferencia y no de lo que creen que debería ocurrir en terapia. Si es una preferencia, hay dos grandes opciones que pueden emplearse en lugar de cambiar de tema.

La primera, que dependerá de la forma de trabajar que desee la persona terapeuta, consiste en intentar responder a lo que pide la persona consultante. A veces puede hacerse dentro de un marco ampliamente centrado en soluciones. Por ejemplo, si una persona desea «hablar a fondo» de sus problemas, esto no es incompatible con la TBCS y la persona terapeuta puede simplemente tener cuidado de no precipitarla hacia la «conversación de soluciones» (Berg & De Shazer, 1993). Otro ejemplo, si la persona quiere consejos, podría ser hacerle preguntas que la ayuden a darse consejos a sí misma o, si eso no funciona, indicarle lo que a otras personas les ha resultado útil, animándola a descubrir lo que le conviene (como sugiere George, 2019). Algunas personas terapeutas quizá deseen ir más allá de los límites de la TBCS e integrar enfoques de otros ámbitos, tal vez antes de volver a la TBCS, por ejemplo enseñando habilidades, dando información o sugiriendo estrategias de afrontamiento procedentes de la terapia cognitivo-conductual (este tipo de enfoques fueron adoptados por el equipo de counselling de la Leeds Metropolitan University —White, 2003— y se utilizan enfoques similares allí donde trabajo, en la Oxford Brookes University). Yendo más allá de la TBCS, algunas personas terapeutas quizá deseen aprender otra modalidad terapéutica o practicar una que ya conocen. Por ejemplo, si una persona expresara un fuerte deseo de clarificar un sentimiento que la desconcierta, una persona terapeuta familiarizada con la terapia psicodinámica o centrada en la persona podría querer ofrecerle eso en lugar de la TBCS, ofreciendo el proceso que la persona desea en lugar de intentar convertir su respuesta en un resultado compatible con el enfoque centrado en soluciones para ajustarse a la persona terapeuta. La posibilidad de trabajar a veces en otra modalidad también puede resultar atractiva para algunas personas terapeutas centradas en soluciones, aunque no para todas.

La otra gran opción es actuar con honestidad respecto al hecho de que no se podrá responder a esa preferencia (lo cual es totalmente legítimo). Si, por ejemplo, la persona consultante desea que se le ofrezcan interpretaciones sobre lo que le ocurre psicológicamente en sus relaciones, quien practica el enfoque centrado en soluciones podría decir, sin juzgar: «Sé que en terapia se trabaja mucho así, pero ese no es el tipo de enfoque que utilizo. En lugar de ofrecer explicaciones psicológicas, tiendo a hacer preguntas orientadas a ayudar a las personas a hacer cambios en su vida. ¿Es algo que le gustaría probar, o preferiría que le ayudara a encontrar a alguien que trabaje de la manera que ha mencionado?».

En consecuencia, la persona terapeuta puede entonces derivar o continuar con la TBCS. Si la persona consultante está dispuesta a probar la TBCS, el paso siguiente para la persona terapeuta puede ser ahora hacer la pregunta por la diferencia, ya que se le ha concedido permiso para «dar forma a la conversación» de ese modo. Podría preguntar, por ejemplo: «si esta terapia le resultara útil, tal como lo habrían sido las explicaciones psicológicas, ¿qué diferencias notaría en su vida?».

Es posible que terapeutas con experiencia en el enfoque centrado en soluciones trabajen ya de manera similar, pese al enfoque directivo de la discusión sobre el proceso que expone la literatura. Quienes no lo hacen pueden seguir prefiriendo, a pesar de todo lo que he dicho, usar la pregunta por la diferencia para desviar a las personas consultantes del proceso hacia el resultado. Puede que les haya dado mucho éxito, que aprecien su eficacia en su búsqueda de la brevedad y que consideren que los riesgos y los posibles beneficios perdidos que he expuesto son poco probables o de escaso impacto. Sin embargo, las medidas de atenuación que propongo también son pequeñas. En la mayoría de los casos, la TBCS podría desarrollarse como de costumbre, pero con el beneficio potencial de aumentar las expectativas positivas de las personas consultantes sobre la terapia y de mejorar la probabilidad de obtener mejores resultados (Lindhiem et al., 2014), al precio de unos pocos minutos y del riesgo de que la persona terapeuta pierda a una persona consultante en favor de otra persona terapeuta más adecuada para ella (algo que deberíamos celebrar en virtud de los principios de autonomía y beneficencia).

Según la postura ética de cada terapeuta sobre estas cuestiones, esta forma de trabajar podría ofrecer también una oportunidad bienvenida de dejar de quitar poder a la persona consultante de esta manera concreta, renunciando a una técnica interaccional bien ensayada y abandonando el empeño de controlar la conversación antes de que la persona consultante haya dado su consentimiento informado al enfoque centrado en soluciones. Aunque he señalado las posibles consecuencias del enfoque habitual, también hay consideraciones deontológicas: quienes ejercen la terapia pueden sentir (o no) que esta es una mejor manera de actuar por principio, aunque no tuviera ningún efecto perceptible en una sesión concreta. Muchos de estos principios pueden aplicarse, por supuesto, igualmente a terapeutas de otras modalidades en situaciones en que las personas consultantes no han elegido su forma de trabajar.

Conclusión

En este artículo he analizado el consejo habitual del enfoque centrado en soluciones sobre el inicio de la terapia: desviar a las personas consultantes de su mención de procesos terapéuticos mediante una astuta pregunta sobre qué diferencia supondrían esos procesos, para que la conversación se centre en cambio en los resultados de la terapia; todo ello antes de que se haya concedido un consentimiento explícito a un enfoque terapéutico centrado en soluciones. He expuesto cómo este comportamiento contradice la evidencia emergente que respalda un enfoque más colaborativo y he intentado problematizarlo a partir de las dinámicas de poder. He propuesto una actitud y un pequeño ajuste del proceso conversacional que atenuarán estas preocupaciones. Responder directamente a la petición de una persona consultante es una pequeña manera de mostrar respeto y de evitar desempoderarla. Quienes practican el enfoque centrado en soluciones saben, quizá mejor que nadie, que un pequeño cambio puede marcar una gran diferencia.

Agradecimientos

Muchas gracias a Guy Shennan, que me convenció para empezar a poner por escrito mis reflexiones sobre la terapia y que, con enorme generosidad, comentó el artículo resultante.

Quién es David Blowers

David Blowers ha trabajado como terapeuta en diversas organizaciones y es responsable clínico y terapeuta sénior centrado en soluciones en la Oxford Brookes University, además de docente en el Metanoia Institute. Tiene un diploma y un máster (MSc) en psicoterapia por el Metanoia, en colaboración con la Middlesex University, y un certificado en práctica centrada en soluciones.

Correo electrónico: david.blowers@metanoia.ac.uk

Afiliaciones indicadas por la revista: Faculty of Psychotherapy and Counselling, Metanoia Institute; Student Services, Oxford Brookes University.

Historial de publicación

Recibido: 12 de junio de 2025 (BST). Aceptado: 21 de julio de 2025 (BST). Publicado: 1 de septiembre de 2025 (BST).

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Artículo original ‘What Difference Will That Make?’ – Contracting More Collaboratively in Solution-Focused Brief Therapy, de David Blowers, publicado en Journal of Solution Focused Practices, vol. 9, n.º 2 (2025), pp. 3–18, doi: 10.59874/001c.142789, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia; se han añadido dos títulos de sección donde el original no tenía ninguno. Esta traducción no ha sido realizada ni por el autor ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Traducción no oficial al español del artículo original «'What Difference Will That Make?’ – Contracting More Collaboratively in Solution-Focused Brief Therapy», publicado en Journal of Solution Focused Practices (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Blowers, D. (2025). 'What Difference Will That Make?’ – Contracting More Collaboratively in Solution-Focused Brief Therapy. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/what-difference-will-that-make-contracting-more-collaboratively (Obra original publicada en 2025 en Journal of Solution Focused Practices, vol. 9, n.º 2; republicada en 2025 por Journal of Solution Focused Practices, https://journalsfp.org/article/142789)

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