Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
NIHR Open Research · Trabajo social
Nacida en Nueva Zelanda en el ámbito de la protección de la infancia, la conferencia de grupo familiar reúne a una persona y a su red para que elaboren su propio plan, en parte sin profesionales en la sala. Un equipo británico, que incluye a pares con experiencia vivida de estas conferencias, describe en qué se convierte el modelo con personas adultas en los servicios sociales y de salud mental: sus etapas, sus valores a menudo implícitos y las situaciones en las que encaja o no.
Traducción no oficial al español de What is Family and Group Conferencing for adults? Part 1: Characterising the model and methods of enquiry, de Sharanya Mahesh, Jerry Tew, Mary Mitchell, Kar-Man Au, Vicky Nicholls, Abyd Quinn Aziz, Miranda Johnson y TK Vincent, publicado en NIHR Open Research (NIHR) (2025), doi: 10.3310/nihropenres.13811.2, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta edición reproduce la versión 2 del artículo. Las tablas y los recuadros se presentan en forma de listas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Nuestra conclusión es que la FGC es un proceso fuertemente guiado por valores, pero sus valores y principios subyacentes suelen ser implícitos.
Sharanya Mahesh, Jerry Tew, Mary Mitchell, Kar-Man Au, Vicky Nicholls, Abyd Quinn Aziz, Miranda Johnson y TK Vincent
Resumen
Antecedentes. La Conferencia Familiar y de Grupo (FGC, por sus siglas en inglés) es un enfoque basado en las fortalezas relativamente nuevo que se aplica en el Reino Unido a personas adultas que necesitan apoyo de los servicios sociales y de salud mental. Aunque el enfoque está bien asentado en los servicios de infancia del Reino Unido, pocos servicios ofrecen actualmente FGC a personas adultas; por ello, la evidencia sobre las FGC en el contexto de los servicios para personas adultas en el Reino Unido es limitada. Este estudio pretende colmar esta laguna examinando cómo funcionan las FGC y qué diferencias pueden suponer en la vida de las personas.
Métodos. Este artículo (Parte 1) aborda la primera de dos preguntas de investigación relacionadas, con el objetivo de caracterizar el modelo o los modelos de práctica propios del contexto de las FGC para personas adultas tal como se ofrecen actualmente. Empleamos un diseño de investigación de métodos mixtos basado en datos procedentes tanto de la literatura previa como de la práctica actual, mediante una revisión exhaustiva de la literatura, una encuesta nacional y entrevistas con partes interesadas de los servicios existentes, así como un foro deliberativo en el que participó una variedad de partes interesadas vinculadas a las FGC para personas adultas.
Resultados. Aunque existe cierta variación en el modelo o los modelos de práctica que ofrecen los servicios, el enfoque en su conjunto se sustenta en un conjunto relativamente coherente de valores y principios, si bien estos suelen ser implícitos. La FGC ofrece un enfoque por etapas que permite a las personas y a sus redes asumir un mayor control sobre sus dispositivos de apoyo. Se considera una oferta de servicio adecuada para todos los servicios de personas adultas y de salud mental, con potencial para producir una serie de resultados positivos (como se expondrá en la Parte 2).
Conclusión. Para lograrlo resultan centrales la flexibilidad de la oferta del servicio, para adaptarse a las necesidades sociales y culturales de la persona y de su red, la independencia de la persona coordinadora de la FGC, la necesidad de una preparación suficiente de todas las personas participantes y la construcción de una relación de confianza antes de la conferencia.
Palabras clave: conferencia de grupo familiar, práctica basada en las fortalezas, atención centrada en la persona, servicios sociales para personas adultas, trabajo social, salud mental
Durante la última década, los cambios de política en las cuatro naciones del Reino Unido han supuesto un giro hacia un trabajo centrado en la persona o basado en las fortalezas para cumplir las obligaciones de los servicios sociales para personas adultas. En Inglaterra, la Care Act 2014, principal marco normativo de los servicios sociales para personas adultas, ha situado la práctica basada en las fortalezas en primera línea de las exigencias profesionales ( Mahesh et al., 2024), algo similar a la Social Services and Wellbeing (Wales) Act de 2014. Entre otros desarrollos prácticos, la Conferencia Familiar y de Grupo (FGC) es uno de estos enfoques emergentes basados en las fortalezas ( Price et al., 2020) dentro de los servicios sociales y de salud mental para personas adultas. Este enfoque guarda paralelismos con otros enfoques inclusivos y emancipadores de planificación y toma de decisiones, como el Diálogo Abierto en salud mental ( Seikkula et al., 2003), la planificación centrada en la persona ( Sanderson & Duffy, 2007), los círculos de apoyo ( Community Circles, 2022) y los procesos de toma de decisiones compartida (TDC) en el ámbito sanitario. Por ejemplo, las etapas de la TDC se reflejan en las FGC ( Ramon, 2021); sin embargo, persiste una diferencia clave: la persona central y su red pueden llegar a su propia comprensión de lo que puede funcionar en ausencia de profesionales. Esto sitúa a la FGC en una posición única para permitir que las personas tomen el control de su proceso y para favorecer los resultados que tienen más sentido para ellas.
Originada en Nueva Zelanda, la FGC se introdujo por primera vez en la década de 1980 para responder al número desproporcionado de menores y jóvenes maoríes que necesitaban apoyo y cuidados ( Brown, 2003). Desde la formalización de la FGC en la legislación neozelandesa de protección de la infancia en 1989, varios países han introducido la FGC en los servicios sociales de infancia y de personas adultas. La primera experiencia documentada de FGC en el Reino Unido se remonta a principios de la década de 1990, cuando Family Rights Group, una organización benéfica, intentó implantar el modelo en los servicios de infancia ( Brown, 2003). Desde su primera iniciativa piloto en Inglaterra y Gales en 1993, una encuesta reciente realizada en todo el Reino Unido sugiere que casi el 79% (167) de las autoridades locales del Reino Unido ofrecen la FGC como parte de sus servicios sociales para la infancia ( Wood et al., 2022).
Aunque una revisión sistemática encontró evidencia no concluyente sobre los resultados de la FGC para la infancia ( Nurmatov et al., 2020), un ensayo controlado aleatorizado más reciente ha mostrado resultados positivos en varias medidas de resultado, con un número significativamente menor de menores bajo la tutela de la autoridad local y, en los casos en que sí se produjo, por un periodo más corto ( Taylor et al., 2023). También se señalaron ahorros de costes, con un beneficio neto para las autoridades locales de 960 £ por menor en el primer año tras entrar en la fase previa al procedimiento judicial con una FGC.
Sin embargo, la FGC sigue siendo un enfoque relativamente nuevo en los servicios sociales y de salud mental para personas adultas del Reino Unido, pese a cierta evidencia internacional que sugiere resultados positivos. También siguen faltando evaluaciones sistemáticas de la implantación y la eficacia de la FGC en el contexto británico ( Górska et al., 2016; Manthorpe & Rapaport, 2020; Parkinson et al., 2018). Mediante un enfoque de síntesis realista, este estudio pretende colmar una laguna notable en la evidencia científica para comprender mejor cómo se aplica la FGC en la práctica y qué resultados pueden alcanzarse.
La FGC se describe a menudo como un enfoque innovador e inclusivo que empodera a las personas para tomar el control de su vida ( Górska et al., 2016). A diferencia de otras reuniones de los servicios sociales, se trata de un enfoque de toma de decisiones voluntario, participativo y dirigido por la ciudadanía, basado en el supuesto de que la familia y las redes sociales pueden ser una herramienta poderosa para ayudar a las personas a elaborar y poner en práctica planes relativos a sus cuidados y apoyos ( Ramon, 2021). Parte de la premisa de que las personas y los miembros de su red relacional son quienes mejor conocen su propia situación ( Parkinson et al., 2018) y, por tanto, quienes están en mejor posición para tomar decisiones.
Actualmente no existe una definición consensuada de la FGC con personas adultas, pero en el contexto de la infancia y las familias se ha descrito como:
Las FGC se utilizan a menudo en la fase «previa al procedimiento judicial» para ver si es posible evitar que la autoridad local asuma la tutela de menores cuando existen preocupaciones serias sobre su bienestar.
Aunque hay fuertes paralelismos con el modelo de práctica que ha surgido para la infancia y las familias, esta definición no puede trasladarse sin más al uso emergente de la FGC como enfoque de práctica con personas adultas que pueden atravesar problemas o dificultades. En el Reino Unido, el contexto jurídico de los servicios sociales para personas adultas es muy diferente del de la infancia; por ello, apenas hay equivalente al uso de la FGC para evitar procedimientos judiciales que podrían emprenderse para retirar la responsabilidad parental. La protección frente al abuso puede plantearse o no, pero los contextos jurídicos y normativos de las FGC para personas adultas tienden a ser mucho más voluntarios: las personas se reúnen para elaborar un plan que permita a la persona contar a la vez con más protección y más apoyo para llevar el tipo de vida que desea.
Otra diferencia clave es que la red de «personas que importan» para una persona adulta puede incluir o no a familiares, y puede incluir igualmente a amistades, vecindario y cualquier otra persona que se considere relevante para ella ( Parkinson et al., 2018). Por este motivo, en consulta con colegas de la práctica, hemos propuesto insertar la palabra «and» entre Family y Group, a fin de ofrecer una denominación más inclusiva de esta práctica: Family and Group Conferencing para personas adultas (Conferencia Familiar y de Grupo).
En nuestras entrevistas con partes interesadas surgió una preocupación generalizada: las FGC a menudo no eran bien comprendidas por el resto de servicios —por ejemplo, se las confundía con algún tipo de mediación o de servicio de terapia familiar—, y a veces esta confusión se atribuía al término «familia» de su denominación. Existe, por tanto, una fuerte demanda en el ámbito práctico de los servicios para personas adultas y de salud mental de aclarar mejor qué son y qué no son las FGC. Sin embargo, como se expondrá con más detalle más adelante, hay indicios sólidos de que las FGC pueden lograr algo más que la tarea práctica de tomar decisiones clave sobre seguridad, cuidados o apoyo. Por ejemplo, Johansen (2014) sostiene que, en el contexto de la salud mental, la FGC debería considerarse un «modelo de recuperación» y no solo un modelo de toma de decisiones. Los estudios han destacado a menudo otros tipos de resultados positivos de la FGC, con cambios significativos en el modo en que pueden llegar a funcionar los sistemas relacionales cercanos y más amplios en torno a la persona. Entre los resultados habituales figuran en general el empoderamiento de las personas y de los miembros de su red ( Parkinson et al., 2018), una mayor resiliencia de los miembros de la red ( Ramon, 2021) y un mayor sentido de comunidad y de autoestima ( Malmberg-Heimonen, 2011). Aunque la evidencia es limitada, estudios de pequeña escala en el Reino Unido han señalado el potencial de la FGC para generar ahorros de costes ( Marsh & Crow, 1998).
Este artículo presenta los resultados de la primera parte de un estudio de investigación más amplio, Family Group Conferencing in adult social care and mental health: exploring how it works and what difference it can make in people’s lives, financiado por el National Institute for Health and Care Research (NIHR). Este artículo (Parte 1) aborda la primera de dos preguntas de investigación relacionadas, con el objetivo de caracterizar el modelo (o los modelos) de práctica propios del contexto de las FGC para personas adultas tal como se ofrecen actualmente. El artículo vinculado de la Parte 2 examinará la comprensión actual de cómo puede funcionar el proceso, qué tipo de resultados pueden alcanzarse y qué factores contextuales pueden influir en que se alcancen, lo que puede denominarse una teoría del programa inicial para personas adultas.
En aras de la claridad y la sencillez, en la exposición que sigue utilizamos la siguiente terminología:
Un aspecto importante de este estudio es la participación de personas con experiencia vivida en diversas funciones. Para garantizar que recogíamos todas las perspectivas sobre nuestros datos, el estudio incorporó al equipo de investigación a dos personas investigadoras pares con experiencia vivida, que apoyaron la revisión de la literatura, las entrevistas y el análisis posterior. Además, el estudio contó con la orientación de un panel de cuatro personas con experiencia vivida de una FGC, ya sea como persona central o como miembro de la red, que aportaron asesoramiento, orientación y cuestionamiento. En particular, nuestro panel asesor de experiencia vivida (LEAP, por sus siglas en inglés) fue decisivo para dar forma a las preguntas de la encuesta y de las entrevistas y para aportar comentarios sobre nuestros resultados. Gracias al foro deliberativo, pudimos recoger comentarios más amplios de otras personas con experiencia vivida de una FGC, lo que nos permitió captar un abanico más amplio de perspectivas y validar nuestros resultados. En las secciones siguientes se ofrecen más detalles sobre la contribución de las personas con experiencia vivida.
Métodos de investigación
El objetivo de este estudio era examinar cómo se está aplicando en el Reino Unido la FGC para personas adultas y en salud mental y, en particular, cómo pueden caracterizarse el modelo o los modelos de práctica (el objeto de este artículo) mediante un enfoque realista ( Pawson & Tilley, 2004), así como cuál puede ser la teoría del programa que lo sustenta (el objeto del artículo de la Parte 2, que se publicará a continuación). Buscamos alcanzar una comprensión exhaustiva mediante un enfoque integrador que reuniera los resultados de un análisis de la literatura internacional, una encuesta nacional en línea, entrevistas con partes interesadas seleccionadas y un foro deliberativo formado por una muestra representativa de informantes del sector.
De este proceso surgieron ciertas preguntas clave en las que persistía una falta de claridad o lagunas de comprensión, y estas preguntas se sometieron después a debate en un foro deliberativo. Todo ello proporcionó la base para una formulación inicial de (a) cómo pueden caracterizarse el modelo o los modelos de práctica de la FGC para personas adultas y (b) qué configuraciones clave de contexto-mecanismo-resultado (CMOC, por sus siglas en inglés) pueden constituir la teoría del programa que los sustenta. Esta formulación inicial sirvió de base para la investigación evaluativa posterior realizada en los emplazamientos seleccionados para los estudios de caso. La figura 1 ofrece un diagrama esquemático de los métodos empleados.

Revisión de la literatura
A partir de la literatura internacional, esta revisión pretende ofrecer una síntesis narrativa de los temas clave relativos a las FGC para personas adultas, prestando especial atención a cómo puede describirse y definirse el modelo de práctica, a sus valores y principios subyacentes y a las personas para las que se consideraba un enfoque adecuado. En la fase inicial del proceso de revisión se planteó si incluir la literatura sobre la FGC en los servicios de infancia, donde la práctica puede ser significativamente diferente, pero que podría no obstante aportar ideas útiles sobre cómo podría estar funcionando la FGC para personas adultas. Sin embargo, dado el volumen de literatura disponible sobre las FGC con la infancia, se decidió centrar la revisión en la literatura sobre la práctica de la FGC en general o la que se refiere específicamente a los servicios para personas adultas y de salud mental, recurriendo también a algunas perspectivas teóricas propuestas en relación con la práctica de la FGC con la infancia y las familias.
Para identificar la literatura pertinente, se realizaron búsquedas en las bases de datos APA PsycINFO- OVID, Applied Social Science Index and Abstracts (ASSIS), Social Services Abstracts y ProQuest Social Science Journals (Social Science Database). En cada base de datos se buscaron combinaciones de palabras de family group conferencing/family group decision-making AND
*Adult, *social work, *mental health, *outcomes, *FGC theory, *empowerment, *evaluation, *community mental health, *public mental health, *quality of life, *resilience, *social support, *restorative justice, *recognition, *social capital
Además, se utilizaron múltiples combinaciones de los términos de búsqueda anteriores para garantizar la inclusión de todos o casi todos los artículos pertinentes para nuestro tema. Por ejemplo, combinamos términos como «family group conferencing» AND «adult» AND «mental health» NOT «child». También realizamos una búsqueda de literatura gris en organismos profesionales y de políticas públicas del Reino Unido. Inicialmente, tras identificar los documentos pertinentes, utilizamos la técnica de bola de nieve para identificar otras organizaciones y recursos relacionados con las FGC para personas adultas. Nuestros criterios de inclusión fueron los siguientes: (a) todos los artículos, capítulos de libro y literatura gris producidos entre 2000 y 2023; (b) literatura nacional e internacional procedente del Reino Unido, Europa, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y Canadá; y (c) literatura centrada en alguno o en todos los contextos, mecanismos y resultados relativos a las FGC para personas adultas. La selección de la literatura adecuada se basó en las directrices PRISMA (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses) (véase la figura 2 más abajo).

La selección final de la literatura se presenta en la tabla 1 (más abajo). Se utilizó el programa de gestión de referencias Zotero ( https://www.zotero.org/) para gestionar esta información en una base de datos accesible a todos los miembros del equipo de investigación.
Tabla 1 — Síntesis de la literatura incluida.
En el proceso de análisis y síntesis de la evidencia procedente de la literatura, consideramos importante, para maximizar la validez de nuestros resultados, incorporar la pericia «de posición» («standpoint») de personas con experiencia vivida ( Tew et al., 2006), de profesionales de la práctica y de personas de distintos orígenes culturales y étnicos, de modo que el contenido pudiera examinarse desde diferentes perspectivas y no se pasara por alto evidencia potencialmente significativa. Con este fin se formó un equipo de investigación que incluía a dos personas investigadoras pares con experiencia vivida, dos personas investigadoras con experiencia profesional actual y cuatro de perfil académico. La mitad del equipo de investigación procedía de una minoría étnica. Todas las personas del equipo tenían responsabilidades similares: revisar y resumir los artículos preseleccionados, redactar los puntos clave que surgían de los artículos que se les asignaban y participar en debates de grupo en los que empezamos a reunir nuestra comprensión de los modelos y procesos de FGC tal como se aplican en los contextos de personas adultas y de salud mental.
Antes de emprender el análisis, el equipo de investigación mantuvo una serie de debates para determinar los ámbitos de interés y el alcance de la revisión. Para mantener el foco y la coherencia, se elaboró un marco de revisión que registraba: (a) la referencia; (b) la teoría relativa a la FGC; (c) los factores contextuales, incluido a quién podía ofrecerse un servicio, la aceptabilidad cultural/comunitaria y el contexto más amplio del servicio; (d) los procesos y mecanismos; (e) los resultados para la persona, la red y/o el servicio; y (f) otro material pertinente, incluidos valores, percepciones y supuestos relativos a la FGC. Todos los artículos fueron revisados de forma independiente por una persona investigadora del ámbito académico y por un miembro del equipo con experiencia vivida o con trayectoria profesional en la práctica. Una vez concluido este doble proceso de revisión, nos dimos cuenta de que era necesaria una ronda adicional de revisión para captar de manera exhaustiva las sutilezas de la FGC. En esta ronda, se pidió a cada miembro del equipo de investigación que redactara notas adicionales sobre los temas transversales que surgían de su selección de la literatura asignada. Este material fue recopilado y analizado en mayor profundidad por Mitchell, Mahesh y Tew para ofrecer un análisis temático exhaustivo de la literatura, y posteriormente se convirtió en una caracterización inicial del modelo de FGC para personas adultas y en enunciados de la teoría del programa.
Encuesta nacional
Paralelamente a la revisión de la literatura se realizó una encuesta nacional en línea. La encuesta tenía un doble objetivo: (a) identificar los servicios de FGC para personas adultas del Reino Unido que están en funcionamiento o en fase de puesta en marcha y (b) obtener una comprensión en profundidad del modelo o los modelos de práctica adoptados en estos servicios. Las preguntas de la encuesta se elaboraron mediante un proceso iterativo para maximizar las posibilidades de aportación y de examen crítico por parte de las personas investigadoras pares y de quienes tenían trayectoria profesional en la práctica. Mahesh y Tew elaboraron una lista preliminar de preguntas basada en nuestras preguntas de investigación y en los temas iniciales identificados en la literatura, y la hicieron circular entre el resto del equipo de investigación para recabar aportaciones. Tras recibir los comentarios, se introdujeron los cambios necesarios para reflejar sus observaciones y preocupaciones. Los comentarios consistieron en afinar el lenguaje, cambiar el orden de las preguntas e identificar lagunas (por ejemplo, incluir preguntas explícitas sobre el proceso de revisión y la adecuación cultural de la FGC). La segunda versión del cuestionario se hizo circular de nuevo entre el equipo de investigación para una revisión adicional. Esto dio lugar a otros cambios menores en el lenguaje y la extensión del cuestionario. Las preguntas de nuestra encuesta buscaban obtener una comprensión coherente de las tres fases del proceso de FGC (preparación, conferencia y revisión), del contexto y de los posibles resultados. El programa Online Surveys, versión 2 ( https://www.onlinesurveys.ac.uk/), sirvió de plataforma para la encuesta y se utilizó para ayudar en el análisis y la presentación de los resultados.
La encuesta se realizó entre enero y junio de 2023. Para darla a conocer suficientemente, empleamos diversas plataformas: la difusión en redes sociales (el sitio web del proyecto y nuestras cuentas de X y LinkedIn), nuestras entidades colaboradoras de la práctica para compartirla con las partes interesadas pertinentes, el Chief Social Worker (adults) y la Principal Social Workers’ Network de Inglaterra, nuestra red de investigación y práctica sobre FGC con personas adultas, y el contacto directo con organizaciones que habían manifestado interés en poner en marcha un servicio de FGC para personas adultas o que ya lo habían hecho. Pese a adoptar una estrategia de difusión activa, obtuvimos una tasa de respuesta baja (n=7), lo que sugiere un nivel bajo de actividad actual de FGC con personas adultas en el Reino Unido. Tras consultar con el grupo asesor estratégico del estudio, la encuesta se reabrió durante dos meses (mayo y junio) para confirmar que la baja tasa de respuesta se debía a la escasez de servicios que ofrecen FGC. Además de reabrir la encuesta, se creó un sondeo sencillo con Online Surveys para que las organizaciones pudieran dar a conocer sus planes a más largo plazo en relación con la FGC. El objetivo principal era recoger respuestas de un conjunto más amplio de organizaciones potencialmente interesadas en la FGC, para valorar mejor si nuestra baja tasa de respuesta reflejaba el nivel real de actividad de FGC en el Reino Unido. El sondeo se difundió a través del Chief Social Worker (adults), la Principal Social Workers’ Network de Inglaterra y redes equivalentes en Escocia y Gales. Se nos informó de que, aunque el Health and Social Care Board integrado de Irlanda del Norte había emprendido una iniciativa para probar las FGC con personas adultas, no llegó a ofrecerse ninguna conferencia y la iniciativa ya no estaba activa. El sondeo obtuvo 16 respuestas, todas salvo una indicando que no había planes de poner en marcha un servicio de FGC en un futuro próximo, lo que confirmó que habíamos captado el alcance limitado de la actividad actual de FGC en el Reino Unido.
Los datos se analizaron de forma descriptiva mediante las funciones analíticas de Online Surveys. Para las preguntas cerradas se utilizaron tablas de frecuencias y gráficos que permitían determinar el número de respuestas a cada opción. Las preguntas abiertas y/o las respuestas en los campos de texto libre se sometieron a un análisis temático, contrastándolas con los temas generados a partir de la revisión de la literatura e identificando a la vez los casos atípicos. Nuestro análisis contribuyó a afinar la caracterización inicial del modelo o los modelos de FGC surgida de la revisión de la literatura.
Entrevistas con partes interesadas
Para obtener una comprensión más contextualizada y holística del funcionamiento de los servicios de FGC existentes, entrevistamos a una muestra intencional de partes interesadas vinculadas a los servicios de los que habíamos recibido respuestas a la encuesta. Se invitó a participar en nuestras entrevistas a las personas que habían respondido a la encuesta y habían aceptado ser contactadas para una entrevista, y se buscaron participantes adicionales mediante un enfoque de bola de nieve dentro de las redes de servicios locales. Entre julio y agosto de 2023 se realizaron en total 11 entrevistas con una muestra representativa de responsables de equipo, personas coordinadoras de FGC, profesionales del trabajo social que derivan casos y personas con experiencia vivida (n=3). Tras enviar una primera invitación por correo electrónico a las posibles personas participantes, se les remitieron hojas informativas y formularios de consentimiento que ofrecían una visión general del estudio y detallaban sus derechos como participantes. Una vez recibida una respuesta positiva, se fijó una fecha para una entrevista virtual.
Los temas de nuestra encuesta sirvieron de base para nuestras guías de entrevista, redactadas en colaboración con las personas investigadoras pares. Después se afinaron con las aportaciones de nuestro Panel Asesor de Experiencia Vivida (LEAP), un grupo de personas con experiencia vivida, ya sea como persona en el centro de la conferencia o como miembro de la red. Esto fue decisivo para garantizar que se incluyeran preguntas pertinentes que reflejaran la perspectiva de las personas usuarias y que el lenguaje utilizado fuera sencillo y adecuado. La elaboración de la guía de entrevista para personas usuarias estuvo dirigida por las personas investigadoras pares, con aportaciones del resto del equipo de investigación. Las entrevistas con personas usuarias las realizaron las personas investigadoras pares, pues se consideró que eran más eficaces para establecer una relación de confianza y facilitar una conversación abierta y sincera. Las personas investigadoras pares también contribuyeron activamente a la guía de entrevista elaborada para profesionales, aportando comentarios sobre la inclusión y/o supresión de preguntas concretas. Además, una de ellas participó en la codificación y el análisis de los datos de las entrevistas.
Las entrevistas se analizaron mediante un enfoque híbrido de análisis temático, utilizando el marco general identificado en la literatura y en la encuesta nacional. Para llegar a códigos relacionados con nuestros temas, utilizamos un análisis temático inductivo, que nos proporcionó explicaciones ricas, corroboraciones y/o variaciones entre nuestros conjuntos de datos. De este modo, los datos de las entrevistas favorecieron una integración satisfactoria de los resultados en el plano teórico ( Proudfoot, 2022). Una vez concluido el análisis, los resultados se contrastaron con el LEAP, que corroboró que encajaban bien con su propia experiencia de una FGC.
Foro deliberativo
Los métodos deliberativos se entienden mejor como un enfoque de investigación que como un método en sí mismo; buscan implicar a las personas en la toma de decisiones de forma significativa ( Rawls, 1997), ofreciendo a la vez a las personas participantes la oportunidad de saber más sobre un tema y debatirlo con otras antes de exponer sus opiniones. Este enfoque resultó especialmente útil, ya que nos ayudó a llegar a un acuerdo (o desacuerdo) amplio entre todas las personas participantes ( Burchardt, 2012), sobre todo en las cuestiones controvertidas identificadas en la encuesta y/o en las entrevistas. En particular, pudimos obtener «opiniones informadas» ( Carson, 2006) proporcionando previamente, de manera sencilla y fácil de asimilar ( Barnes, 2008), la evidencia de nuestra revisión de la literatura, la encuesta y las entrevistas, con lo que obtuvimos el máximo beneficio del proceso deliberativo.
La invitación al foro deliberativo se extendió a todas las personas participantes en la encuesta y en las entrevistas, y a través de ellas se transmitió en cascada a otras personas implicadas en las FGC en su territorio. También invitamos a los miembros de nuestro LEAP, a otras organizaciones públicas y no públicas interesadas y/o implicadas en las FGC para personas adultas, y a personal académico que investiga la FGC o enfoques afines. A partir de nuestra síntesis de la evidencia procedente de la literatura, la encuesta nacional y las entrevistas con partes interesadas, proporcionamos de antemano a las personas participantes un documento que resumía en qué aspectos creíamos tener ya claridad sobre el modelo, el proceso y los resultados, y cuáles nos parecían las principales preguntas sin respuesta, en las que la evidencia parecía insuficiente, poco clara o potencialmente contradictoria.
Las personas participantes (n=36) se dividieron en cuatro subgrupos, cada uno centrado en un conjunto específico de preguntas. Cada grupo estaba formado por personas con experiencia práctica, académica y vivida. Para recoger eficazmente los debates, cada grupo contaba con una persona facilitadora y otra encargada de tomar notas, que después trasladaban al grupo general un resumen de sus deliberaciones para seguir reflexionando y debatiendo. Los resúmenes y los debates posteriores se grabaron digitalmente para ayudar en nuestro análisis. Además, de los debates en pequeños grupos y de las respuestas del grupo general surgieron algunos puntos adicionales pertinentes para el proceso y los resultados de la FGC sobre los que existía un amplio acuerdo, y que también se recogieron. Los resultados del foro ayudaron a colmar lagunas notables, a validar nuestros resultados previos y a poner de relieve variaciones en los modelos de práctica.
Aunque el modelo o los modelos de práctica emergentes de la Conferencia Familiar y de Grupo para personas adultas pueden diferir significativamente de lo que se ha convertido en una práctica consolidada con la infancia y las familias, siguen teniendo un terreno común considerable. Tanto en el contexto de las personas adultas como en el de la infancia, la FGC es un proceso inclusivo en el que una persona y sus redes sociales y familiares se reúnen para elaborar planes relativos al cuidado y al apoyo de una persona potencialmente vulnerable. Facilitadas por una persona coordinadora independiente, las FGC siguen un enfoque por etapas para la planificación y la toma de decisiones. Aunque con cierto grado de flexibilidad, el esquema básico de la FGC en el contexto de las personas adultas puede caracterizarse del siguiente modo:
Como se expondrá con más detalle más adelante, hay menos claridad o coherencia en cuanto a la etapa final del proceso, en la que el plan se aplica, se revisa y, en su caso, se modifica para tener en cuenta el cambio de circunstancias y la experiencia de las personas sobre cómo está funcionando. Aunque Metze y su equipo (2015) proponían que la quinta fase (ejecutar, evaluar y ajustar el plan) depende «enteramente de la persona central y de su red» (ibid.), se nos indicó que en los servicios de FGC del Reino Unido es práctica habitual que la persona coordinadora supervise algún tipo de proceso de revisión junto con la persona central, los miembros de la red y los equipos profesionales pertinentes.
El contexto y la finalidad habituales de una FGC para personas adultas pueden diferir sutilmente de los de las FGC para la infancia. Mientras que la finalidad de estas últimas suele ser que una familia elabore un plan que responda satisfactoriamente a las preocupaciones profesionales sobre la seguridad o el bienestar de una persona joven, la finalidad de las primeras puede considerarse más explícitamente emancipadora: se trata de permitir que una persona adulta tenga el control de su vida junto con las personas que le importan. Puede considerarse «no como una fuente de asistencia, ni como una intervención o una ayuda, sino como un proceso de toma de decisiones que hace activa a la ciudadanía» (Van Pagée, 2007, citado en Jenkins, 2010 p.2).
Valores y principios que sustentan la FGC para personas adultas
Un tema recurrente en las entrevistas con partes interesadas fue que, aunque había que fomentar la flexibilidad y la creatividad en la práctica (lo que ya es en sí una declaración de valores), era crucial para la integridad del proceso que este se mantuviera fiel a los valores y principios fundamentales de la Conferencia Familiar y de Grupo, algo de lo que se hace eco la literatura ( Merkel-Holguin, 2004). Sin embargo, actualmente no existe una formulación clara y consensuada de cuáles son estos valores, que pueden ser más implícitos que explícitos. Por ello, al caracterizar la práctica de la FGC para personas adultas, será importante desentrañar los valores y principios que la sustentan.
En primer lugar, puede entenderse como una primacía de la perspectiva relacional sobre la individualista:
Se considera más probable lograr mejoras sostenibles para una persona si la familia y las amistades participan directamente en la identificación de las dificultades actuales y en la búsqueda de soluciones ( De Jong et al., 2018; Ramon, 2021). En el contexto de la salud mental, las interrelaciones y los vínculos pueden ser cruciales para el proceso de recuperación ( De Jong et al., 2014; Tew et al., 2012; Topor et al., 2006).
Quizá como reflejo de escenarios potencialmente más coercitivos, en los que el sistema profesional puede estar dispuesto a hacer uso de sus facultades legales para intervenir, la literatura sobre las FGC con la infancia insiste a menudo en una perspectiva basada en los derechos: el derecho humano a una vida familiar en la que el Estado no interfiera siempre que sea posible ( Pennell et al., 2011). En cambio, en el contexto de los servicios sociales para personas adultas del Reino Unido no existen facultades legales similares, lo que da lugar a un ethos potencialmente menos coercitivo (aunque pueda seguir habiendo preocupaciones profesionales), y una perspectiva tan explícitamente basada en los derechos está mucho menos presente en la literatura sobre personas adultas. Del mismo modo, entre las personas entrevistadas había una visión menos explícita de que la opción de una FGC debiera ser un derecho humano, aunque se consideraba que las prácticas de FGC se sustentaban en un derecho implícito a la autodeterminación siempre que fuera posible. En cambio, entendían la FGC sobre todo como una manera de organizar los cuidados y el apoyo movilizando los recursos de la persona, de la red y de la comunidad, y de la forma más pertinente para la persona central.
La FGC se considera un «enfoque inclusivo y democrático» en el que se valoran todos los puntos de vista ( Merkel-Holguin, 2004; Tew et al., 2017), y existe un claro consenso, tanto en la literatura como en las entrevistas, en que un valor definitorio de la FGC es que el proceso debe estar dirigido por la familia y la red, centrándose en lo que importa a la persona que está en el centro y a los miembros de su familia o de su red ( Górska et al., 2016). El hecho de estar «dirigido por la familia» sugiere que la FGC puede empoderar a las familias y a las redes más amplias para que se apoyen mutuamente en la búsqueda de soluciones a los problemas que afrontan. En resumen, da a las familias la titularidad de las decisiones tomadas ( Hobbs & Alzoni, 2013). Jenkins pone el acento en «las fortalezas, las capacidades y el liderazgo de la ciudadanía y de las redes familiares en la toma de decisiones» ( 2010, p.1).
La experiencia práctica compartida en las entrevistas con partes interesadas sugería que llevar este valor a la práctica no siempre era sencillo; por ejemplo, cuando un miembro concreto de la familia o de la red tenía su «propia agenda», que podía no coincidir con las necesidades y los deseos de la persona en el centro del proceso:
También podía haber problemas cuando miembros del sistema profesional se sentían incómodos ante el hecho de que la persona coordinadora se retirara y cediera el poder a la persona y a su red para que elaboraran su plan sin supervisión profesional. Del mismo modo, podía haber inquietud por parte de las personas y/o de los miembros de su red ante la idea de quedarse a solas para elaborar planes o tomar decisiones sin ayuda profesional. Algunas personas entrevistadas sugirieron que esto podía deberse al legado de experiencias previas con servicios que habían actuado «sobre» las personas o «en su lugar», privándolas de la confianza en su propia capacidad de hacer las cosas por sí mismas. Sin embargo, en otros casos, podía deberse a una preocupación real de que miembros dominantes o potencialmente abusivos de la red ejercieran una influencia indebida sobre el proceso y su resultado. Se consideró que las personas coordinadoras debían tener flexibilidad para usar su criterio y adaptar la estructura y el formato a fin de maximizar la capacidad de las personas para trabajar juntas, resolver conflictos y alcanzar resultados que pudieran hacer suyos.
En el centro del modelo está la valoración del conocimiento y la pericia específicos que los miembros de la familia y de la red tienen sobre su situación:
A diferencia de lo que puede ser habitual en muchos procesos de toma de decisiones dirigidos por profesionales, es este conocimiento y esta pericia lo que se considera primordial para dar forma a las decisiones que se toman, aunque las opiniones y valoraciones profesionales también se comparten, se debaten y se valoran como parte del proceso global.
Igualmente central en el modelo es el principio de que la persona coordinadora debe ser independiente ( Górska et al., 2016) y no actuar ni como representante del sistema sanitario o de servicios sociales en general ni como proveedora de otros servicios (o como filtro de acceso a ellos). En la muestra de entrevistas había consenso en que (a) la persona coordinadora debía estar separada de los demás equipos profesionales (como el personal de trabajo social) y (b) su papel en el proceso de FGC debía limitarse a la coordinación, sin intervenir en la toma de decisiones. Su papel no debía consistir en ofrecer pericia, influir en los resultados ni hacer sugerencias sobre lo que debería figurar en el plan. Su papel consiste, simplemente, en facilitar un proceso mediante el cual la persona y su red puedan elaborar su propio plan.
Aun reconociéndolo como un principio fundamental, informantes del ámbito de la práctica explicaron que no siempre era fácil mantenerlo en la práctica; por ejemplo, cuando se estaban recortando servicios y podía parecer pragmático que la persona coordinadora asumiera otros roles o tareas para cubrir lagunas en la prestación.
Aunque, en última instancia, todas las decisiones las toman la persona central y su red, informantes del ámbito de la práctica subrayaron que la independencia de las personas coordinadoras les permite también asumir un papel de cuestionamiento, o incluso de «abogado del diablo», animando a las personas a reflexionar sobre algunas de sus elecciones o decisiones. Un ejemplo citado con frecuencia era cuestionar con delicadeza la situación en la que una persona se resiste a invitar a alguien que podría ser importante para su apoyo, quizá por sentimientos de vergüenza o por no querer ser una carga para nadie.
Puede haber una fuerte afinidad de valores entre la FGC y el campo más amplio de la práctica restaurativa; sin embargo, los temas de la reconciliación y de la reparación de daños pasados pueden no ser pertinentes en todas las FGC. El hecho de centrarse en la elaboración de un plan confiere a la FGC una orientación intrínsecamente dirigida hacia el futuro, y existe el compromiso de evitar los procesos destructivos de culpabilización ( Fisher et al., 2018). Un enfoque restaurativo ofrece un espacio de apertura en el que pueden compartirse los sentimientos de vergüenza ( De Jong & Schout, 2013) y en el que las personas participantes pueden acordar reconocer experiencias pasadas de dolor o de daño, y compartir y escuchar los sentimientos de cada cual al respecto, para poder reunirse y resolver sus problemas actuales.
Aunque en la literatura y en el ámbito de la práctica existe un acuerdo general en que los servicios de FGC deben ser culturalmente adecuados y accesibles para todas las comunidades, en la literatura se tiende a dar por sentada la adecuación cultural de la FGC y a no cuestionar en qué medida logra desafiar paradigmas y descolonizar el trabajo social ( Nygard & Saus, 2019). Dado que la FGC se desarrolló originalmente para familias maoríes, no es necesariamente adecuada desde el punto de vista cultural para otros contextos. Esta autoría sostiene que implantar la FGC en nuevas comunidades requiere un sólido anclaje en el contexto cultural local. A partir de sus entrevistas con profesionales, Barn y Das (2016) propusieron que, siempre que sea posible, se ofrezca a las personas la opción de contar con una persona coordinadora con la que compartan origen étnico, cultural y/o religioso. En conjunto, se sugiere que la informalidad inherente y el carácter no institucional de las prácticas de FGC pueden facilitar que las personas centrales y sus redes afronten los problemas de un modo coherente con su propia cultura y su estilo de vida ( Meijer et al., 2019).
Un valor fundamental del modelo de FGC es que busca determinar las fortalezas de las personas, de sus familias y de sus redes sociales ( Hardy, 2017). Al igual que otros enfoques basados en las fortalezas y (potencialmente) preventivos de los servicios sociales ( Tew et al., 2023a), la FGC se apoya en una relación transformada entre el Estado y la ciudadanía, en la que las prácticas de bienestar ya no se aplican «sobre» las personas desfavorecidas o vulnerables, sino que se las invita a desempeñar un papel activo a la hora de determinar qué sería para ellas una buena vida y cómo conseguirla ( Blundell et al., 2021; De Jong et al., 2018; Metze et al., 2015). Ramon (2021) subrayó que el enfoque de la recuperación en salud mental es también un marco de práctica pertinente en el que pueden funcionar las FGC, ya que da prioridad a recuperar una vida satisfactoria y con sentido, lo que a su vez puede hacer que determinadas dificultades de salud mental remitan o se gestionen mejor.
Sin embargo, bajo esta idea subyace una tensión política sobre si la FGC se considera una práctica emancipadora que permite a la ciudadanía tomar el control de su vida tomando las decisiones que le conciernen ( Blundell et al., 2021; Frost et al., 2014), o si se considera acorde con la agenda neoliberal de reducción del apoyo estatal ( Bredewold & Tokens, 2021; véase también Jackson & Morris, 1999). En contextos internacionales como los Países Bajos, el desarrollo de la FGC para personas adultas se ha visto vinculado a un movimiento político en el que cada vez se espera más de la ciudadanía que sea «autosuficiente» y asuma la responsabilidad de sus propias necesidades de cuidado, así como de las de otras personas cercanas de su comunidad ( Bredewold et al., 2020). En el contexto británico, algunas personas profesionales relataron que tenían que encontrar un equilibrio en sus conversaciones con las familias: reconocían un panorama más amplio en el que se estaban recortando los servicios sociales o sanitarios, pero no presentaban la FGC como un mecanismo para llevar a cabo esos recortes.
De manera más general, las partes interesadas situaban la FGC en un contexto más amplio de aplicación de enfoques basados en las fortalezas, centrados en la persona u orientados a la recuperación, con el foco puesto en las capacidades (potenciales) de la persona, la red y la comunidad para permitir que la persona central viva lo que sería, para ella, su «mejor vida».
En los contextos de salud mental, la FGC se percibe como un servicio único que ofrece una alternativa basada en valores al modelo médico, que a menudo puede ser dominante, en particular en los contextos sanitarios.
Papel, formación y profesionalización de las personas coordinadoras de FGC
El papel de la persona coordinadora de FGC se considera crucial en todas las FGC, en particular en la fase de preparación, y es determinante para garantizar que las experiencias relacionales en la FGC sean de apoyo. En la literatura y entre informantes de la práctica hay consenso en que el papel requiere una habilidad y una sensibilidad considerables, sobre todo en situaciones más complejas en las que hay conflicto en la red o en las que la persona central puede necesitar mucho apoyo para ganar confianza y capacidad de expresar sus necesidades y preferencias. Cuando puede haber preocupaciones de abuso o de protección, puede considerarse importante que la persona coordinadora tenga «un conocimiento profundo de las dinámicas familiares y del impacto de las dinámicas de intimidación en los procesos de participación» ( Connolly, 2006, p. 350).
Sin embargo, en la literatura hay bastante divergencia de opiniones sobre si es mejor que el papel lo desempeñe una persona de la ciudadanía con relativamente poca formación reglada —«una persona de la ciudadanía con dotes naturales para movilizar grupos» ( Schout & De Jong, 2017 p. 1198)— o si debería ser un papel mucho más profesionalizado, desempeñado quizá por alguien con trayectoria en el trabajo social o en los servicios sociales. Quienes defienden el primer enfoque, el modelo desarrollado en los Países Bajos, sostienen que es la mejor manera de garantizar que la persona coordinadora sea percibida como «una persona conciudadana neutral», completamente independiente de los servicios del Estado (ibid). Blundell y su equipo presentan una visión opuesta y sugieren que el papel de la persona coordinadora de FGC (en este caso, trabajando con personas adultas que sufren maltrato en la vejez) implica la «capacidad de evaluar el riesgo y las señales de seguridad, negociar de forma directa e inequívoca, cuestionar eficazmente a la vez que se comprenden y respetan las culturas y los procesos de las redes, [todo lo cual] requiere habilidades y procesos de práctica sofisticados y éticos» ( Blundell et al., 2021 p.313).
Actualmente no existe en el Reino Unido ninguna especificación ni regulación de la formación de las personas coordinadoras de FGC con personas adultas, y la norma en este ámbito es o bien que la coordinación la asuman profesionales con formación en el trabajo de FGC con la infancia que pasan después a trabajar con personas adultas, o bien que se ofrezca una formación específica centrada en personas adultas, ya sea por parte de una entidad formadora independiente o de servicios de FGC más consolidados. Las entrevistas con partes interesadas indicaron que la formación inicial puede reducirse a tres o cuatro días, que se complementan después con oportunidades de acompañamiento en la práctica, cotrabajo y desarrollo profesional continuo en el propio servicio. La supervisión profesional suele combinar la supervisión grupal entre pares y la supervisión por parte de una persona responsable del servicio de FGC. Hobbs y Alonzi (2013) expresan cierta preocupación por la gran diversidad de formación y experiencia de las personas coordinadoras de FGC cuando trabajan con personas adultas «en riesgo». Sostienen que es necesario seguir trabajando para ofrecer formación y acreditación a las personas coordinadoras de FGC en el contexto de las personas adultas, a fin de garantizar estándares y coherencia en la práctica.
A partir de la encuesta a servicios y de las entrevistas con partes interesadas, constatamos que actualmente existen en el Reino Unido diversas formas de contratación de las personas coordinadoras, normalmente al margen de las respuestas de los servicios públicos obligatorios o en combinación con ellas. El modelo que quizá ofrece mayor independencia a las personas coordinadoras es aquel en el que trabajan por cuenta propia o están contratadas por una entidad del tercer sector especializada, y sus servicios son contratados caso por caso por los servicios generales. Cuando las personas coordinadoras son independientes, se espera que se encarguen de su propia formación y de su desarrollo profesional continuo. Algunos servicios de FGC para personas adultas están integrados en la propia administración local o en organizaciones del servicio de salud, gestionados con cierta distancia respecto de los equipos comunitarios u hospitalarios, lo que les permite mantener un ethos en el que se los percibe claramente como separados e independientes. Cuando el nivel de actividad de FGC con personas adultas es limitado, las personas coordinadoras pueden estar adscritas a equipos situados principalmente junto a los servicios de FGC para la infancia o formar parte de un equipo de servicios sociales para personas adultas. Esta última configuración ofrece la ventaja de una mayor visibilidad y conexión con el resto de la actividad de los servicios sociales, pero puede dificultar que las personas coordinadoras se sientan plenamente independientes y sean percibidas como tales.
¿Para quién puede ser adecuado un enfoque de FGC?
Tanto la literatura como la encuesta a servicios indicaron la amplia aplicabilidad del enfoque de FGC en los sectores de los servicios sociales para personas adultas y de la salud mental, con pertinencia general para personas con discapacidad intelectual o física, personas mayores y personas con dificultades de salud mental (véase la figura 3).

Fisher et al. (2018) resumen la variedad de contextos en los que pueden utilizarse las FGC para personas adultas en el Reino Unido:
Aunque puede ser útil para poner en marcha una FGC que ya existan relaciones respetuosas y de confianza entre las personas y los servicios de apoyo ( Ramon, 2021), también puede tener un valor particular en situaciones en las que esto es en sí mismo un problema. Por ejemplo, en los Países Bajos se han ofrecido FGC a personas con múltiples problemas que idealmente necesitarían atención, pero que no acceden a ella ni piden ayuda ( De Jong & Schout, 2011). En concreto, en el ámbito de la salud mental, se han ofrecido conferencias en contextos de ayuda voluntaria, de tratamiento asertivo comunitario y de posibles ingresos involuntarios (ibid.). Sin embargo, cabe argumentar que ofrecer FGC en contextos más coercitivos no necesariamente proporciona las condiciones para un proceso dirigido por la ciudadanía y empoderador.
En la literatura se recogían opiniones divididas sobre si la FGC podía ser adecuada en situaciones de crisis:
Uno de los modelos sugeridos consistía en convocar una primera reunión de crisis dirigida por profesionales para acordar un plan a corto plazo que permitiera contener la situación y organizar la seguridad y el apoyo inmediatos. Esto crearía después un espacio suficientemente seguro en el que llevar a cabo un trabajo preparatorio más a fondo para una conferencia, lo que incluye, cuando proceda, tratar de ampliar la red para lograr un sistema de apoyo más sostenible.
Puede haber circunstancias en las que la persona central carezca de capacidad para tomar una decisión informada sobre su participación en la FGC o para participar en el proceso de forma significativa, por ejemplo debido a una demencia más avanzada ( Górska et al., 2016). Se encontraron preocupaciones similares en situaciones en las que participar en una conferencia podía agravar problemas psicóticos ( De Jong et al., 2014). En principio, se consideraba posible llevar adelante un proceso de FGC en el que solo los miembros de la red participaran en la conferencia propiamente dicha, pero en el que los intereses y los deseos de la persona central siguieran representados en los debates de la conferencia, quizá mediante la intervención de una persona defensora («advocate»). Puede haber otros escenarios en los que la persona central decida no estar presente en la conferencia, pero acepte que el proceso siga adelante con sus deseos representados por otros medios, quizá mediante una declaración grabada o encargando a otra persona que hable en su nombre.
Metze (2007) advertía de que las FGC no siempre son adecuadas en situaciones de violencia doméstica, y relataba tanto un caso en que la FGC dio lugar a un plan eficaz con buenos resultados como otro en que el apoyo prestado fue mínimo y no hubo indicios de cambio a mejor. Sin embargo, Tapper (2010) informa de resultados más positivos, con una reducción de casi el 50% del número de delitos de violencia doméstica denunciados desde la realización de una FGC y un descenso del 73% de los recursos a la policía seis meses después de la FGC. Puede haber posibilidades de cambio restaurativo, pero también peligros y dificultades, si se permite a la persona autora de la violencia entrar en la sala como parte del proceso ( Sen et al., 2018). Para mitigarlos, las entrevistas destacaron la opción de celebrar dos conferencias separadas o conferencias híbridas para garantizar la seguridad de las personas.
Aunque Blundell y su equipo sugieren que la FGC puede situar a una persona mayor que sufre abuso «en el centro de la intervención y centrarse en su contexto y en su relación» ( 2021 p. 311), puede no ser adecuada en todos los casos debido a la intersección de factores de riesgo concurrentes, «entre ellos las dinámicas intrafamiliares, la salud mental, la transmisión intergeneracional de la violencia, el impacto del deterioro cognitivo y la dependencia» ( Blundell et al., 2021 p. 314). No obstante, sostienen que la FGC puede funcionar en el trabajo frente al maltrato en la vejez si se dedican recursos suficientes a la preparación y a la aplicación del plan acordado.
A partir de su experiencia ofreciendo FGC en situaciones en las que había preocupaciones de protección, Daybreak (una organización del tercer sector que ha ofrecido FGC para personas adultas) propuso que la decisión de incluir o no en la FGC a la persona autora del abuso dependiera de:
Puede ser necesario establecer normas básicas: la persona central tiene derecho a retirarse de la reunión si siente que no está segura o se siente intimidada, o bien puede pedirse a miembros de la red que se retiren si actúan de forma inadecuada. Cuando la persona central pueda carecer de capacidad, una reunión solo con los miembros de la red puede ser una vía viable para planificar su seguridad.
En situaciones en las que las personas no sentían que contaban con la base de una red viable, la literatura recogía ejemplos de los Países Bajos de personas que se sentían presionadas para invitar al vecindario o a otras personas a formar parte de su red de apoyo ( Bredewold & Tokens, 2021). Esto podía resultar humillante y debilitar, en lugar de apoyar, las frágiles redes sociales de las personas. «Obligar a las personas a pedir ayuda a personas casi desconocidas (puede) no hacer más que añadir vergüenza a su soledad» (ibid. p.2185). Una persona entrevistada describió escenarios similares, en los que no se pudo seguir adelante tras una derivación porque no se logró identificar a nadie que pudiera formar parte de una red de apoyo:
Aunque obtuvimos pocos datos sobre las cuestiones de adecuación cultural, algunas personas participantes subrayaron que, para algunas personas, la FGC puede no encajar bien con su manera habitual de hacer las cosas, quizá por cuestiones de estigma y de vergüenza familiar asociadas a la búsqueda de «ayuda» externa. En algunos casos, « personas de ciertas religiones pueden decir… podemos arreglarlo en familia, no queremos que venga nadie» (persona entrevistada 2, profesional de los servicios sociales). En algunos casos, la FGC puede parecer inadecuada debido a jerarquías de edad o de género muy arraigadas, en las que las mujeres pueden no sentirse capaces de hablar abiertamente delante de los hombres, o los miembros de una generación más joven pueden no sentirse capaces de cuestionar el juicio de las personas mayores.
Descripciones del formato y del proceso
De forma coherente entre nuestras personas entrevistadas y las respuestas a la encuesta, se considera que el formato de la FGC consta de una fase de preparación, una fase de conferencia y una fase de revisión o seguimiento. Dentro de este marco, las partes interesadas subrayaron que una implicación eficaz dependía de que las personas coordinadoras pudieran ser flexibles con el formato del proceso global para adaptarlo a las circunstancias y preferencias particulares de las personas.
Fase de preparación
Tanto por las personas entrevistadas como por la literatura, quedó claro que la fase de preparación es crucial para el éxito (o no) del proceso de conferencia. En términos generales, el papel central de la persona coordinadora de FGC es crear las condiciones y el apoyo para un proceso en el que la persona central y las demás personas participantes estén dispuestas a encontrarse «de igual a igual» y puedan ser sinceras y abiertas sobre sus preocupaciones, aspiraciones y preferencias. Si no existe una preparación adecuada ni apoyo para encontrarse y comunicarse con respeto, la experiencia de la FGC puede volverse humillante en lugar de útil ( Blundell et al., 2021).
Aunque la persona coordinadora dispondrá de cierta información a través del proceso de derivación, su primera tarea es establecer contacto con la persona central y obtener una primera comprensión de su situación, de sus preocupaciones y aspiraciones, y de las personas de su entorno que forman parte actualmente (o potencialmente) de su red de apoyo. A veces, la persona central puede mostrarse reacia a invitar a ciertas personas (quizá por sentimientos de vergüenza o de apuro), y la persona coordinadora puede tener el papel de cuestionar esto con delicadeza y animarla a invitar a todas las personas que le importan. En la mayoría de los servicios, la persona central parece estar en el centro de todas las decisiones sobre qué miembros de la red y qué profesionales deben participar. Sin embargo, estas decisiones podían estar influidas en parte por el criterio profesional de la persona coordinadora sobre las personas «importantes y pertinentes» cercanas a la persona central y/o por cualquier cuestión de protección que hubiera surgido, aunque esto se haría de manera que el poder de decisión final siguiera estando en sus manos:
Además, la persona coordinadora establece contacto con los equipos profesionales y los servicios pertinentes para recabar sus aportaciones y, si es posible, su disposición y disponibilidad para participar en la primera parte de la conferencia, algo que no siempre resulta sencillo, sobre todo cuando otros servicios no están familiarizados con el proceso de FGC:
Puede ser necesario que la persona central cuente con una persona defensora, un papel que puede desempeñar alguien de un servicio de defensa («advocacy») o, con bastante frecuencia, otra persona coordinadora de FGC, lo que aporta la ventaja añadida de un mayor conocimiento del proceso de FGC. Había cierta variación entre servicios en cuanto al grado en que se ofrecía una defensa independiente, lo que reflejaba en parte diferencias en la población habitualmente atendida (y en sus niveles de capacidad), pero también si se consideraba que el propio proceso de preparación (como la formulación de un plan personal de recuperación) bastaba por lo general para garantizar que la persona central tuviera voz en el proceso de toma de decisiones. Sin embargo, cualquier difuminación entre el papel de coordinación y el de defensa puede percibirse como un menoscabo de la independencia percibida de la persona coordinadora, y la posibilidad de gestionarlo podría depender de la formación y la experiencia propias de la persona coordinadora en este ámbito.
Aunque las entrevistas pusieron de relieve algunas diferencias en la manera concreta de elaborarlo, había un acuerdo general en que se haría circular un documento de trabajo entre todas las personas antes de la conferencia. Este documento incluiría toda la información y las preocupaciones pertinentes para garantizar que no hubiera agendas reveladas por sorpresa el día de la conferencia, y estaría redactado de forma que pusiera en primer plano las aspiraciones y preferencias de la persona central.
Conferencia
Nuestras entrevistas y encuestas ponen de relieve un conjunto común de marcos y prácticas en la fase de conferencia. Sin embargo, los servicios parecían haber adoptado enfoques significativamente distintos en cuanto a su puesta en práctica. La elección del lugar se consideraba importante, y había consenso en que los centros sanitarios o asistenciales eran en general inadecuados. A menudo se utilizaban lugares neutrales, como bibliotecas o centros cívicos, para celebrar la conferencia; sin embargo, en algunos otros servicios también se contemplaba como opción el domicilio de las personas. El domicilio se utilizaba cuando las personas lo preferían o si tenían problemas de movilidad.
Además, se observó flexibilidad o variación en el formato de la conferencia. Aunque, en general, la planificación y la toma de decisiones tenían lugar en una única conferencia inclusiva, podía haber alternativas en forma de dos o más miniconferencias, y opciones en línea o híbridas, para incluir mejor a los distintos miembros de la red (incluidos quienes pueden estar geográficamente dispersos), o en situaciones en las que pudiera haber cuestiones de abuso o de protección.
La conferencia propiamente dicha puede considerarse compuesta por cuatro etapas, tal como se expone a continuación:
Los comentarios de las personas entrevistadas indicaron que el proceso podía ser muy diferente del de una reunión dirigida por profesionales o de una visita médica en planta ( Tew et al., 2017), y tanto participantes de la red como profesionales relataron (y valoraron) conversaciones que resultaban genuinamente dialógicas. Esto sugiere fuertes paralelismos con el proceso de las reuniones de red que se llevan a cabo en el marco del Diálogo Abierto en salud mental ( Seikkula, 2011). Un principio fundamental común a la FGC y al Diálogo Abierto es la importancia de que los equipos profesionales estén dispuestos a convivir con la incertidumbre, y sean capaces de hacerlo, mientras se exploran las cuestiones, de modo que haya espacio para que las soluciones surjan de la persona central y de su red, en lugar de ser propuestas (o impuestas) por profesionales ( Seikkula et al., 2003; Tew et al., 2025b).
Revisión/seguimiento
Nuestras personas participantes compartían la idea de que algún tipo de revisión y/o seguimiento es importante para determinar los avances logrados con el plan. Aunque las revisiones de la FGC pueden considerarse una parte necesaria del proceso para sostener la resiliencia y mantener el impulso ( Fisher et al., 2018), observamos variaciones en la finalidad de ofrecer una revisión, en el formato del proceso de revisión, en el número de revisiones ofrecidas y en el momento en que se realizan. Esta variación podía darse entre servicios distintos y también dentro de un mismo servicio, en función de las preferencias de la persona, pero también del contenido del plan. Del mismo modo, observamos variaciones en cuanto a quién se invitaba a la revisión, el marco de la revisión (elección del lugar o formato en línea) y el momento en que se ofrecía.
En la mayoría de los servicios se ofrece una revisión para determinar los avances inmediatos de los planes, normalmente entre cuatro y seis semanas después de la conferencia. En algunos servicios, las revisiones también se utilizaban para abordar otras cuestiones que hubieran podido surgir, y podían ofrecerse quizá dos o tres revisiones más para apoyar y ajustar la aplicación del plan durante un periodo más largo. Algunos servicios estipulan un número máximo de revisiones. En algunos casos, las revisiones pueden servir para celebrar los logros con todas las personas implicadas. Había cierta falta de claridad sobre en qué medida (y durante cuánto tiempo) una persona coordinadora podía (o debía) seguir implicada para garantizar que lo acordado se estuviera cumpliendo efectivamente, ya fuera por parte de los servicios y/o de los miembros de la red. En algunos casos, este seguimiento lo asumía la persona profesional que había hecho la derivación, pero, sobre todo cuando los servicios estaban saturados, existía el riesgo de que no hubiera nadie que pudiera prestar este tipo de apoyo continuado, con posibles implicaciones para la sostenibilidad de los resultados positivos.
Confirmaciones y aclaraciones del foro deliberativo
Antes del foro, hicimos circular un resumen de lo que creíamos haber comprendido a partir de los resultados expuestos más arriba, y de lo que seguían siendo preguntas clave sin respuesta o ámbitos de controversia. Hubo un amplio acuerdo con buena parte de nuestra caracterización preliminar del modelo, incluida su estructura general, sus valores y principios, el papel y la independencia de la persona coordinadora y la aplicabilidad potencial del modelo a todos los grupos de personas usuarias adultas.
Llevamos al foro tres preguntas clave relacionadas con nuestra caracterización preliminar del modelo. Como se ha expuesto en las secciones anteriores, la comprensión de la viabilidad de ofrecer FGC en situaciones específicas, como las de crisis, o de las condiciones necesarias cuando se ofrecen a personas con capacidad disminuida, es limitada. Del mismo modo, consideramos que los supuestos sobre la adecuación cultural de las FGC debían explorarse con más rigor para comprender si el modelo o los modelos actuales son capaces de adaptar el proceso a las exigencias sociales y culturales de la persona central y de sus redes. Aunque la literatura y las entrevistas coincidían en cuanto a la flexibilidad de las FGC, no estaba claro en qué aspectos ni hasta qué punto la flexibilidad era aceptable. Estas preguntas se plantearon en el foro, y las respuestas que surgieron de las deliberaciones se resumen en la tabla 2.
Tabla 2 — Síntesis de las deliberaciones del foro deliberativo.
Aunque las FGC pueden ofrecerse en cualquier situación, incluso a personas que atraviesan una crisis, no siempre son adecuadas como primera respuesta en una crisis aguda, en particular cuando puede haber preocupaciones de protección que tengan prioridad, pero pueden ser una opción viable una vez abordados los problemas inmediatos. Sin embargo, en cualquier tipo de crisis, las FGC pueden ofrecer a los servicios y a las redes la oportunidad de reunirse para gestionar una situación de manera más colaborativa. Hubo acuerdo en que se necesitaba flexibilidad y creatividad cuando la persona central pueda carecer en cierto grado de capacidad respecto de aspectos concretos de la toma de decisiones. Puede ser útil recurrir a una persona defensora que trabaje con la persona central para establecer sus deseos y preferencias antes de la conferencia y encontrar la mejor manera de comunicarlos, ya sea apoyando la participación de la persona central en la conferencia o representando sus opiniones ante la red y los equipos profesionales si la persona prefiere no estar presente. La confianza y las habilidades de las personas coordinadoras eran centrales para gestionar las redes y las situaciones, en particular para permitir que la persona central hiciera oír su voz dentro de un proceso colaborativo más amplio.
En conjunto, prevaleció un enfoque equilibrado y pragmático en el que se reconocía que los factores situacionales y culturales podían afectar a la disposición de las personas a implicarse en el enfoque, pero que la disposición de las personas coordinadoras a ofrecer tiempo y flexibilidad para tener en cuenta esos factores podía conducir a menudo (aunque no siempre) a aceptar participar en algo que, en un principio, podía parecer algo extraño o contrario a la propia cultura. Del mismo modo, las cuestiones de vergüenza al hablar de asuntos familiares con profesionales podían superarse si las personas coordinadoras mostraban sensibilidad y aceptación, y demostrar competencia cultural podía ser importante. Aunque podía ser útil ofrecer a las personas la posibilidad de trabajar con una persona coordinadora «afín» del mismo origen étnico o cultural, se reconoció que esto no siempre resulta cómodo ni adecuado. Se señaló que, en algunas familias tradicionales, puede haber una preocupación particular por la vergüenza si se considera que la persona coordinadora tiene vínculos con otras personas de su comunidad, y de ahí el temor de que otros miembros de su comunidad puedan llegar a conocer la situación familiar.
Caracterizar el modelo de práctica de la FGC con personas adultas: síntesis de los resultados
A partir de la síntesis anterior de los resultados procedentes de la literatura científica y profesional, de una encuesta nacional sobre la práctica y de entrevistas específicas con diversas partes interesadas, presentamos de forma resumida nuestra comprensión preliminar de cómo puede caracterizarse mejor el modelo de práctica de las FGC para personas adultas.
Valores
Nuestra conclusión es que la FGC es un proceso fuertemente guiado por valores, pero sus valores y principios subyacentes suelen ser implícitos. Estos valores delimitan un espacio de práctica con su propia cultura, que puede diferir significativamente de las culturas más generales de los servicios sociales y sanitarios, y el personal profesional parece decidido a defender este ethos frente a cualquier intrusión de formas de trabajo jerárquicas o dirigidas por profesionales. A partir de la evidencia obtenida o revisada, presentamos en el recuadro 1 una síntesis de los valores y principios clave.
¿Para quién, cuándo y en qué circunstancias?
A partir de nuestra investigación, concluimos que la FGC puede ser una oferta universal que no debería limitarse a grupos específicos de personas usuarias ni ofrecerse solo en respuesta a determinados conjuntos de circunstancias. En el recuadro 2 se exponen consideraciones más específicas.
La FGC puede ser adecuada para todos los grupos de personas usuarias adultas para:
Puede ser más eficaz si se ofrece pronto (por ejemplo, en el momento de la primera solicitud de apoyo o antes del alta hospitalaria), pero también puede ser útil en los momentos de transición debidos a cambios de circunstancias o de capacidades.
Aunque el modelo puede aplicarse con flexibilidad para encajar mejor con distintas normas y expectativas sociales y culturales, no puede darse por supuesto que todos los grupos lo considerarán necesariamente lo bastante «acorde» con sus formas preferidas de llegar a decisiones.
Consideraciones más específicas:
Puede ofrecerse una FGC:
No es una buena opción si:
El modelo de práctica
Aunque puede haber flexibilidad en la manera de llevar a cabo cada etapa del proceso, el modelo de práctica puede caracterizarse no obstante como una secuencia de tres etapas —preparación, conferencia y seguimiento/revisión—, cada una de las cuales comprende actividades e interacciones específicas. Se resumen en el recuadro 3.
Tabla — Recuadro 3: Caracterizar el modelo de práctica de la Conferencia Familiar y de Grupo con personas adultas
En las síntesis anteriores presentamos una comprensión global del modelo de práctica de la FGC en los contextos de servicios sociales para personas adultas y de salud mental del Reino Unido, junto con sus valores y principios subyacentes y las personas para las que puede considerarse adecuada. Aunque esta caracterización del modelo es específica del Reino Unido, puede tener relevancia internacional allí donde la FGC se utiliza en estos contextos.
Se trata de un enfoque prometedor, como práctica inclusiva dirigida por la red, que se alinea con desarrollos más amplios de las políticas y de la práctica, como la práctica basada en las fortalezas, la práctica restaurativa y la coordinación de área local (y enfoques similares de desarrollo y movilización de los recursos comunitarios). Aunque es única en el lugar privilegiado que concede al tiempo privado como espacio en el que deben elaborarse los planes de cuidado y apoyo, puede considerarse que la FGC comparte rasgos importantes con otros enfoques democráticos e inclusivos, como el Diálogo Abierto y la toma de decisiones compartida.
Aunque se trata de un enfoque relativamente nuevo, nuestro estudio sugiere una amplia aplicabilidad de la FGC en una gran variedad de contextos de servicio, y un enfoque que debería estar disponible de forma más amplia, en particular en el momento en que las personas empiezan a tener dificultades o cuando buscan restablecer su vida en la comunidad, por ejemplo tras una hospitalización. El enfoque promueve una manera colaborativa e inclusiva de movilizar el apoyo en torno a una persona central, que respeta la autonomía de las personas y la diversidad social y cultural. Sin embargo, siguen siendo cruciales para el proceso la disposición y la motivación de la persona central para implicarse, así como la confianza y las habilidades de las personas coordinadoras de FGC para reunir a los miembros de la red y a los equipos profesionales a fin de idear y poner en práctica lo que mejor pueda funcionar para la persona que está en el centro.
A este artículo le sigue un artículo complementario, la Parte 2 ( Tew et al., 2025b), que se basa en el mismo conjunto de fuentes y utiliza un enfoque de síntesis realista para dilucidar cómo puede entenderse el funcionamiento de la FGC en términos de contextos, mecanismos y resultados: la base de una teoría del programa inicial para la FGC en los contextos de personas adultas y de salud mental.
Complexe Systémique: puntos clave
Para la práctica sistémica, la conferencia familiar y de grupo lleva hasta el final una idea conocida: la red de la persona es el recurso principal, y los equipos profesionales solo participan por invitación. El tiempo privado, en el que la persona y su entorno cercano deciden sin nadie de la institución en la sala, es la verdadera singularidad del modelo, y el equipo lo vincula con acierto a las reuniones de red del Diálogo Abierto: tolerar la incertidumbre para que las soluciones surjan del propio sistema. El texto tiene el mérito de no idealizar. Nombra la vergüenza que impide invitar a otras personas, el riesgo de imponer una red a quien no la tiene, el lugar del abuso y la ambigüedad política de una herramienta que también puede servir para replegar al Estado. Sus límites se derivan de su objeto: una caracterización del modelo, sin medidas de resultados (que se dejan para la Parte 2), basada en un terreno británico todavía muy escaso (siete respuestas a la encuesta nacional). Puede leerse junto con el artículo sobre las reuniones de decisión dirigidas por la familia en la protección de la infancia y el artículo sobre las prácticas de las personas coordinadoras de conferencias de grupo familiar.
Notas del original
[versión 2; revisión por pares: 2 aprobaciones, 2 aprobaciones con reservas]
Ética y consentimiento. Mediante la herramienta de cribado de la HRA ( https://www.hra-decisiontools.org.uk/research/), se determinó que este estudio no constituía una investigación que requiriera la aprobación de la HRA. La aprobación ética fue concedida por el comité de ética de la Universidad de Birmingham (ERN-22-0818) el 09.12.2022. Todas las personas participantes dieron su consentimiento informado verbal y por escrito para participar en el estudio.
Declaración de financiación. Este proyecto está financiado por el National institute for Heath and Care Research (NIHR), referencia de la subvención NIHR135127. Las opiniones expresadas son las de la autoría y no necesariamente las del NIHR ni las del Department of Health and Social Care. Las entidades financiadoras no intervinieron en el diseño del estudio, la recogida y el análisis de los datos, la decisión de publicar ni la preparación del manuscrito.
Datos subyacentes. Dado el reducido número de servicios que ofrecen FGC a personas adultas, los datos de nuestra encuesta y de nuestras entrevistas contienen información que no puede anonimizarse a nivel individual con un estándar aceptable. Para solicitar el acceso a los datos restringidos, póngase en contacto con Sharanya Mahesh. El acceso se concederá de forma discrecional, teniendo en cuenta principalmente la finalidad para la que se utilizarán los conjuntos de datos.
Datos ampliados. Zenodo: Family and Group Conferencing (FGC) in adult social care and mental health, DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.14676833, ( Mahesh, 2025) Este proyecto contiene los siguientes datos ampliados: 1 guía temática de la encuesta en línea 2 guía temática de las entrevistas con partes interesadas 3 preguntas del foro deliberativo. Los datos están disponibles en las condiciones de la licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0).
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Traducción no oficial al español de What is Family and Group Conferencing for adults? Part 1: Characterising the model and methods of enquiry, de Sharanya Mahesh, Jerry Tew, Mary Mitchell, Kar-Man Au, Vicky Nicholls, Abyd Quinn Aziz, Miranda Johnson y TK Vincent, NIHR Open Research, vol. 5 (2025), doi: 10.3310/nihropenres.13811.2, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas y recuadros presentados en forma de listas). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «What is Family and Group Conferencing for adults? Part 1: Characterising the model and methods of enquiry», publicado en NIHR Open Research (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Mahesh, S., Tew, J., Mitchell, M., Au, K.-M., Nicholls, V., Quinn Aziz, A., Johnson, M., y Vincent, T. (2025). What is Family and Group Conferencing for adults? Part 1: Characterising the model and methods of enquiry. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/what-is-family-and-group-conferencing-for-adults-part-1-characterising-the-model (Obra original publicada en 2025 en NIHR Open Research, vol. 5, artículo 20, versión 2 (2025); republicada en 2025 por NIHR Open Research, https://openresearch.nihr.ac.uk/articles/5-20/v2)
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