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European Journal of Social Work · Migración

Sobre la reconstrucción de la vida familiar y las «formas institucionales de parentificación»: experiencias de menores no acompañados con la reagrupación familiar en Bélgica y Noruega

Tanto en Bélgica como en Noruega, los y las menores no acompañados obtienen protección y luego traen a sus progenitores. El equipo de Kari Bergset volvió a analizar 25 entrevistas: trámites, dinero para los billetes, citas médicas, traducción, deberes de los hermanos y hermanas… todo recae sobre estos jóvenes, a menudo con el consentimiento tácito de los servicios. Una parentificación producida por las instituciones mucho más que por las familias.

Autoría Kari Bergset (Western Norway University of Applied Sciences, Noruega), Pascal Debruyne y Kaat Van Acker (Odisee University of Applied Sciences, Bélgica) y Monika Alvestad Reime (Western Norway University of Applied Sciences, Noruega)Primera publicación European Journal of Social Work, 5 de mayo de 2025Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de On the reconstruction of family life and ‘institutional forms of parentification': unaccompanied minors’ experiences with family reunification in Belgium and Norway, de Kari Bergset, Pascal Debruyne, Kaat Van Acker y Monika Alvestad Reime, publicado en European Journal of Social Work (Taylor & Francis) (2025), doi: 10.1080/13691457.2025.2492852, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Estos jóvenes pueden convertirse en asistentes de los y las profesionales en su trabajo de integración con la familia, porque es fácil pedírselo.

Kari Bergset, Pascal Debruyne, Kaat Van Acker y Monika Alvestad Reime

Resumen

La reagrupación familiar en el contexto de menores refugiados no acompañados (MNA) ha sido un fenómeno emergente en Europa durante la última década. Se necesita conocer las experiencias de los MNA con la reagrupación familiar para mejorar la comprensión, por parte de los y las profesionales del trabajo social, de las dinámicas familiares en las familias refugiadas reagrupadas y de cómo estas se entrelazan con el contexto institucional. Este artículo se basa en un nuevo análisis de dos conjuntos de entrevistas en profundidad con antiguos MNA en Noruega (n = 10) y Bélgica (n = 15). A partir del concepto de «parentificación institucional», el artículo explora las tareas y responsabilidades que asumen los antiguos MNA para con su familia durante el proceso de reagrupación familiar. Los resultados del estudio muestran que la reconstrucción de la vida familiar se ve afectada por las regulaciones institucionales, las normas y las prácticas del trabajo social. A través de un complejo entramado de cuestiones jurídicas, administrativas y políticas, a los jóvenes se les asignan –y asumen– nuevos roles en el proceso de reintegración familiar y nuevas responsabilidades respecto de él. Al arrojar luz sobre las formas institucionales de parentificación, el artículo reclama una mayor conciencia del impacto de las políticas que regulan la reagrupación familiar y de sus consecuencias prácticas, y vuelve a dirigir la atención hacia el papel político del trabajo social con familias refugiadas.

Palabras clave: reagrupación familiar, menores no acompañados, familias refugiadas, parentificación, teoría institucional

Introducción

Este artículo se basa en una amplia investigación realizada en Bélgica y Noruega sobre la reagrupación familiar con menores no acompañados (MNA). Se centra en las dinámicas del mundo de la vida de familias refugiadas que han estado separadas durante años. En concreto, la investigación se refiere a situaciones en las que los progenitores y los hermanos y hermanas de MNA beneficiarios de protección internacional solicitan la reagrupación familiar desde su país de origen. En estos casos, a los MNA se les suele denominar «reagrupantes». Estas situaciones han sido un fenómeno emergente en los países europeos durante la última década. Investigaciones anteriores han mostrado la importancia de un contexto familiar de apoyo para la resiliencia y la adaptación de la infancia refugiada (Lustig et al., 2003). Los retos institucionales, logísticos y emocionales a los que se enfrentan los y las menores durante el proceso de reagrupación familiar y tras la llegada de la familia pueden poner en peligro su bienestar y sus relaciones familiares (Debruyne et al., 2023; De Hertog & Belloni, 2023). Mediante entrevistas cualitativas en profundidad con MNA y antiguos MNA en dos países europeos, esta investigación explora qué tareas y responsabilidades «nuevas» asumen los MNA para con su familia durante el proceso de reagrupación familiar; un proceso que comienza cuando se plantean traer a sus progenitores y a sus hermanos y hermanas y termina con una eventual reagrupación (o cuando se abandona el proyecto de reagrupación). Conocer los roles y responsabilidades de los MNA contribuye a una comprensión más profunda de las relaciones entre hijos y progenitores en las familias refugiadas, muy necesaria para identificar las condiciones y necesidades de apoyo social.

La reagrupación familiar con MNA

Hasta la fecha, la investigación sobre la reagrupación familiar con MNA es escasa (Lidén et al., 2020; Raghallaigh, 2018; Smith et al., 2025). La mayor parte de la investigación sobre la reagrupación familiar se ha centrado en los umbrales de acceso a ella, por ejemplo en el impacto de los «papeles» y documentos (De Hertog & Belloni, 2023; Kraler & Bonizzoni, 2010) o en cómo las familias se desenvuelven ante las normas y políticas existentes (Bonjour & Cleton, 2021). Otros estudios se han centrado en las relaciones familiares en general en caso de separación debida a la migración, por ejemplo en situaciones de circulación transnacional de los cuidados (Baldassar et al., 2007; Merla et al., 2020), en el «hacer familia a distancia» (Rousseau et al., 2004; Strasser et al., 2009) o en el papel de la tecnología en la comunicación intrafamiliar (Bacigalupe & Parker, 2015; Bryceson & Vuorela, 2020). Algunos estudios han examinado la resiliencia de los jóvenes durante la separación de su familia (Meloni, 2021; Raghallaigh, 2018) o cómo cambian los roles dentro de familias que migraron juntas, por ejemplo cuando los hijos e hijas asumen funciones de mediación cultural o lingüística (Delgado, 2020; Trickett & Jones, 2007).

Hasta donde sabemos, solo unos pocos estudios han explorado los procesos de reagrupación familiar en casos en los que los MNA llegaron primero. Tørrisplass (2022) estudia las responsabilidades atribuidas a una joven tras la reagrupación familiar, mientras que Johansen y Tørrisplass (2024) abordan la vida de los MNA tras la reagrupación familiar como uno de los varios temas relativos a sus relaciones familiares. Además, Smith et al. (2025) exploran la reagrupación familiar con antiguos MNA en Irlanda desde la perspectiva de los progenitores y de los y las profesionales. Señalan las pesadas cargas y responsabilidades que soportan estos jóvenes, en particular en relación con el apoyo a la instalación de sus familias. Sin embargo, falta conocimiento construido desde la perspectiva de los propios jóvenes. Este artículo pretende colmar esta laguna y plantea la siguiente pregunta de investigación: ¿cómo moldean las normas, las regulaciones y las prácticas del trabajo social la manera en que los MNA asumen nuevos roles y responsabilidades?

Relaciones familiares y cambios de rol

En los discursos de profesionales de lo social y de responsables políticos, estos cambios de rol se perciben a menudo a través de la lente de la «parentificación», entendida en el nivel micro de los jóvenes y su familia (Delgado, 2020; Oznobishin & Kurman, 2009; Walsh et al., 2006). Cabe destacar que la mayor parte de la investigación sobre la parentificación se ha centrado en el individuo o en el sistema familiar, situando las causas de la parentificación en circunstancias parentales como la enfermedad física (Dearden & Becker, 2004) o la migración (Oznobishin & Kurman, 2009), y apoyándose en concepciones occidentales de la parentalidad. Para evitar la connotación negativa que conlleva el concepto de parentificación, investigaciones recientes lo han sustituido por el término «responsabilidad filial», más descriptivo y centrado en los distintos roles que asumen los y las menores (Dabbagh et al., 2017). Desde una perspectiva antropológica, la investigación también ha calificado las tareas y responsabilidades de los y las menores refugiados dentro de la familia como «práctica del cuidado de parentesco» (Crafter & Iqbal, 2022). Estos términos alternativos plantean que asumir tareas (percibidas como) parentales no tiene por qué ser negativo, sino que también puede ser una fuente de solidaridad, resiliencia y adaptación (De Haene et al., 2014).

En un estudio reciente con menores acompañados en centros de asilo belgas (Van Acker et al., 2024), introdujimos el término «formas institucionalizadas de parentificación» para dirigir la atención hacia los factores institucionales y estructurales que llevan a niños y niñas a asumir responsabilidades propias de personas adultas. Llevando estos hallazgos un paso más allá, este artículo analiza los roles y responsabilidades que asumen los MNA durante el proceso de reagrupación familiar a través de una lente social y política.

Contexto del estudio: la reagrupación familiar con MNA en Bélgica y Noruega

La reagrupación familiar es, en palabras de la «Directiva sobre el derecho a la reagrupación familiar» de la Unión Europea, un «medio necesario para permitir la vida en familia» (Directiva 2003/86/CE del Consejo; véase Council of the European Union, 2003). El artículo 10 de la Convención sobre los Derechos del Niño (United Nations Children’s Fund [UNICEF], 1989) establece que las solicitudes relativas a la reunificación de niños y niñas con sus progenitores «serán atendidas por los Estados Partes de manera positiva, humanitaria y expeditiva». Sin embargo, las políticas nacionales varían y dan lugar a prácticas y condiciones diferentes para las dinámicas de la vida familiar (Debruyne, 2024b). En todos los casos, no obstante, los progenitores de los MNA deben solicitar la reagrupación familiar en una representación diplomática extranjera en su país de origen o en un país vecino (Debruyne, 2024a).

En Noruega, a su llegada, cada MNA cuenta con el apoyo de una persona tutora designada por el Estado hasta que alcanza la mayoría de edad. Una vez que los MNA obtienen el estatuto de refugiado, se les asigna a un municipio y se les proporciona un o una profesional de referencia de los servicios locales de protección de la infancia. En función de su edad y de su presunta vulnerabilidad, los MNA son acogidos en familias de acogida, en instituciones de protección de la infancia o en otros dispositivos de alojamiento con menos personal (Eide, 2020). En Noruega, la reagrupación familiar con MNA se limita a los casos en que se concede asilo al MNA (Ministry of Justice and Public Security, 2008, §43), y la solicitud debe presentarse antes de que cumpla 18 años. A partir de 2015, el número de progenitores y de hermanos y hermanas menores a los que se concedió la reagrupación familiar con MNA aumentó considerablemente, como muestra la figura 1 (Bergset et al., 2024).

Progenitores y hermanos y hermanas a los que se concedió la reagrupación familiar con MNA en Noruega (Bergset et al., 2024).
Figura 1. Progenitores y hermanos y hermanas a los que se concedió la reagrupación familiar con MNA en Noruega (Bergset et al., 2024).

Los gobiernos locales reciben financiación estatal por cada persona refugiada, tanto por los MNA como por los familiares reagrupados (Bergset et al., 2024). Los MNA deben vivir con sus progenitores durante los cinco años siguientes. La vivienda de las familias se considera una responsabilidad pública. Aun así, el apoyo varía de un gobierno local a otro, y algunos municipios prestan menos apoyo a los familiares reagrupados que a las familias refugiadas que llegan juntas (Johansen & Tørrisplass, 2024). Las organizaciones de la sociedad civil complementan a veces los servicios públicos (figuras 2 y 3).

La muestra belga.
Figura 2. La muestra belga.
La muestra noruega.
Figura 3. La muestra noruega.

En Bélgica, el número de progenitores reagrupados con antiguos MNA pasó de 40 en 2016 a 183 en 2021 (Dienst Vreemdelingenzaken, 2017, pp. 6, 11; Myria, 2022, p. 8). Al igual que en Noruega, a su llegada a Bélgica se asigna a los MNA una persona tutora legal. En función de su edad y vulnerabilidad, se alojan en centros de acogida colectivos, en instituciones de protección de la infancia o en familias de acogida. En cada uno de estos dispositivos reciben también el apoyo de profesionales del trabajo social (Behrendt et al., 2024).

A diferencia de Noruega, la reagrupación familiar de los MNA está legalmente restringida a los progenitores; los hermanos y hermanas menores pueden solicitar reunirse con ellos mediante visados humanitarios. Otra diferencia es la norma según la cual pueden solicitar la reagrupación familiar tanto los MNA que han obtenido el estatuto de refugiado como quienes gozan de protección subsidiaria. Cuando los MNA cumplen 18 años, el plazo para presentar la solicitud es de solo tres meses, lo que añade una considerable presión temporal (Myria, 2020, p. 5). Aunque las personas tutoras ofrecen apoyo jurídico, el apoyo (socio)jurídico formal es escaso en la práctica (Myria, 2022, p. 18).

La Oficina de Extranjería belga comprueba las condiciones administrativas y debe responder a la solicitud en un plazo de nueve meses. Si se aprueba la reagrupación familiar y la familia llega, los MNA deben abandonar su alojamiento privado o colectivo, normalmente en un par de meses. Los MNA deben vivir con sus progenitores durante los cinco años siguientes, salvo quienes cumplen 18 años durante este periodo. Actualmente, apenas existe, o no existe en absoluto, un apoyo familiar formal para las familias en proceso de reagrupación o ya reagrupadas en materia de apoyo psicosocial y de vivienda (Debruyne, 2024b). Salvo algunas «buenas prácticas» locales, las cuestiones de la parentalidad transnacional y de las relaciones familiares transnacionales están en gran medida ausentes de la práctica del trabajo social.

Método

La presente investigación se basa en un nuevo análisis de dos proyectos de investigación, uno de Noruega y otro de Bélgica, que comprenden 25 entrevistas semiestructuradas con jóvenes. La idea de un proyecto de investigación conjunto surgió en un seminario en el que los dos grupos de investigación presentaron sus trabajos originales y constataron que ambos proyectos tenían varias similitudes en cuanto a preguntas de investigación, muestra y resultados. En particular, el equipo investigador consideró que el concepto de «parentificación institucional» era un concepto analítico útil para volver a analizar los datos.

Muestra

La muestra belga está formada por 15 MNA en proceso de reagrupación. Los jóvenes de la muestra belga procedían de Afganistán, Somalia, Eritrea y Siria (11 chicos y cuatro chicas). Se les contactó a través de entidades colaboradoras de la sociedad civil. Las entrevistas incluían preguntas sobre su experiencia con la comunicación y las dinámicas familiares, así como sobre sus experiencias con las normas y políticas (in)formales y con el apoyo de profesionales del trabajo social, personas tutoras y otros profesionales de lo social a lo largo del proceso.

La muestra noruega está formada por 10 jóvenes (ocho chicos y dos chicas) que llegaron primero como MNA, pero que en el momento de las entrevistas ya se habían reagrupado con sus progenitores y, en la mayoría de los casos, también con sus hermanos y hermanas. Estos antiguos MNA procedían de Siria, Afganistán, Somalia y Eritrea. Las entrevistas incluían preguntas sobre su vida cotidiana tras la reagrupación familiar, las dinámicas familiares, sus experiencias con el procedimiento de reagrupación y con el apoyo ofrecido.

Todas las entrevistas se realizaron en la lengua local (neerlandés o noruego) debido a las competencias lingüísticas de los jóvenes. Se grabaron en audio y se transcribieron literalmente.

Análisis

Los dos conjuntos de datos se analizaron por separado siguiendo un enfoque temático reflexivo (Braun & Clarke, 2022), a partir de la pregunta de investigación ¿Qué tareas y responsabilidades asumen los jóvenes para con la familia durante el proceso de reagrupación? Las transcripciones se leyeron repetidamente y se identificaron, por separado para cada conjunto de datos, varios temas relacionados con la pregunta de investigación. Después, todo el equipo investigador se reunió y presentó sus análisis preliminares. Los temas de los dos conjuntos de datos fueron discutidos a fondo por la autoría al completo, que acordó un tema general que reunía las tendencias comunes de ambos conjuntos de datos y describía las responsabilidades (modificadas) de los jóvenes ante la reagrupación familiar («Nuevas responsabilidades y nuevos roles»). A partir de esta selección, la autoría identificó conjuntamente tres códigos subordinados que se presentan en la sección de resultados (véase la figura 4).

Tema y códigos.
Figura 4. Tema y códigos.

Consideraciones éticas

El protocolo de investigación belga fue aprobado por el Comité de Ética Social y Societal de la KULeuven. La investigación noruega fue aprobada por la Agencia Noruega de Servicios Compartidos en Educación e Investigación (SIKT), así como por la propia institución del equipo investigador. Todas las personas participantes de ambos países dieron su consentimiento oral o escrito tras una explicación exhaustiva del estudio y de sus derechos como participantes en el proyecto. Los formularios de consentimiento y los guiones de entrevista fueron aprobados por los comités nacionales. Se procuró realizar las entrevistas en condiciones protectoras, teniendo en cuenta la posibilidad de retraumatización (De Haene et al., 2010). Así, se ofreció a los jóvenes la posibilidad de hablar después sobre la experiencia de la entrevista, tanto con la persona entrevistadora como con los y las profesionales de referencia que habían hecho de intermediarios. Las entrevistas fueron realizadas por investigadores e investigadoras con experiencia y formación en trabajo social. Se garantizó el anonimato total de todas las personas participantes. Todos los nombres de este artículo son ficticios y se ha eliminado cualquier otra información que pudiera permitir su identificación.

Resultados

Pese a la diversidad de contextos y de sistemas sociales y políticos, todos los jóvenes mencionaron repetidamente que la reagrupación familiar había afectado a sus roles y responsabilidades. En particular, el análisis puso de manifiesto tres ámbitos de responsabilidad, que se describen en detalle en los apartados siguientes (véase la figura 4).

Desenvolverse en el procedimiento de reagrupación familiar

Tras completar su trayectoria migratoria en busca de protección internacional, muchos de los jóvenes de nuestro estudio sentían una fuerte responsabilidad de organizar su vida en torno al objetivo de la reagrupación familiar, que quedaba formalmente en suspenso hasta que se les concediera la protección internacional. Mientras afrontaban largos tiempos de espera, tenían que hacer frente a las expectativas de su familia, además de a todos los retos de la integración y la migración. Rezwan, un afgano que llegó a Bélgica con 16 años, habló del peso de la espera, que afectó a sus estudios:

Cuando hice la primera entrevista tuve que esperar casi ocho meses para la segunda. [Después] tuve que esperar casi cuatro meses y veinte días para la respuesta. Estaba muy cansado, dejé el instituto. Fue solo por la espera. ¿Te van a dar «tu positivo»? ¿Me puedo quedar o no? Y tenía el estrés de mi familia al otro lado, eso era duro. Después de cuatro meses y veinte días me llamó mi tutora: tengo buenas noticias, te han dado el positivo. Estaba muy contento. Pero luego volvió el estrés. Enseguida le dije a mi tutora: «Estoy a punto de cumplir dieciocho y tengo que darme prisa». Me dijo: «Vale», y pidió la reagrupación familiar y todo eso. Ha hecho mucho, pidió una cita en la embajada en Pakistán y mi familia fue, y el día que mi familia fue era el día después de que yo cumpliera dieciocho. Esa espera… Estaba muy, ¿cómo se dice en neerlandés?… No sabía qué hacer. Dejé el instituto, eso fue muy duro, y no tenía ganas de ir a clase ni de trabajar, ni de comer ni de nada.

Ahora nuestros padres se conocen. Eso está muy bien, porque ahora se ayudan. Allí [en Kenia] solo está su madre. Es una madre sola con muchos hijos y su madre tiene un bebé (…). Le pido a mi padre que por favor la ayude. Ya se conocieron en Kenia. Y mi tutor también ayuda a su tutor. Ahora es mucho más fácil ir a la embajada por los papeles porque ya había un buen ejemplo para su expediente. La familia podía preguntarle: «¿Cómo fue, dónde conseguiste eso, dónde está eso?».

Los procesos de reagrupación familiar condicionaron muchas de las decisiones que tomaban los jóvenes. Por ejemplo, a menudo se sentían empujados a asumir lo que en las sociedades occidentales suele considerarse «roles adultos», como buscar empleo u ocuparse de sus procedimientos y de sus abogados. El propio proceso de reagrupación suponía para los jóvenes gastos administrativos, de viaje y de vivienda que rápidamente sumaban grandes cantidades. Abdul, un menor afgano al que se concedió el estatuto de refugiado en Noruega durante la pandemia, contó que se sentía responsable del coste del procedimiento y que eso le generaba un estrés considerable:

Tuve que mandarles dinero, tuve que pagar al pedir la reagrupación familiar, (…) tuve que pagar sus billetes. He ahorrado cada corona [moneda] para tener suficiente dinero, para que pudieran tener bastante para viajar hasta el aeropuerto… Y esto fue durante la pandemia, y varios de los billetes de avión que compré (…) los vuelos se cancelaron. Entregué los billetes, pero la compañía no devolvió el dinero.

Cuidar de la familia

Los relatos de la vida cotidiana de los jóvenes tras la llegada de sus progenitores y de sus hermanos y hermanas muestran cómo cuidaban de su familia de muchas maneras. Nora y Salman, dos menores que viven en Noruega, dijeron ambos que se habían convertido en madres de sus madres.

Las entrevistas sugieren también que los jóvenes empezaron a desempeñar funciones parentales ya durante la separación, y quizá incluso antes, en tiempos de guerra. Además de gestionar todas las tareas que conlleva el procedimiento, intentaban velar por el bienestar de sus progenitores y de sus hermanos y hermanas y se preocupaban por su seguridad. Rezwan (véase más arriba) se preocupaba profundamente, a distancia, por el bienestar de su familia, pero mantenía la esperanza para ellos:

Y sobre mi familia: somos tres hermanos y una hermana (…). Soy el mayor de la familia. No tengo madre. Murió cuando nació mi hermano. Estuvo en el hospital, con una operación y esas cosas. Eso fue un poco difícil. Era una mujer un poco débil, mi madre. También tengo un padre, tres hermanos y un abuelo. Los tres viven en Afganistán. Mi padre no vive con mi familia. Vive en un sitio que nadie conoce. Tampoco puedo decirlo, porque es peligroso para mi padre. (…) Pero me cuesta muchísimo decirle a papá: ¿te puedo ayudar? Siempre digo cosas positivas. Todo va a salir bien. Aquí estoy ocupado con la familia, con la embajada, pero en realidad aquí no hago mucho. Aquí todavía soy pequeño, hace una semana cumplí 18. También voy al instituto aquí.

En la mayoría de las familias instaladas en Noruega, solo uno de los progenitores llegó por reagrupación. Esto contribuyó a los roles adultos del hijo o de la hija. Jamal se reagrupó con su madre viuda, que padecía un deterioro cognitivo tras un accidente. En la entrevista repetía una y otra vez la palabra «responsabilidad»: «Tengo la responsabilidad de mi familia; mi madre está un poco enferma». Jamal contó que acompañaba a sus hermanos y hermanas a las tutorías con el profesorado y cómo explicaba su papel al docente: «Le dije: no tenemos padre, y yo soy el responsable de mi familia. (…) Si una persona está sola, no hay tanto trabajo. Cuando somos cuatro, eres responsable de todos». Además de sus afirmaciones sobre la responsabilidad, su lenguaje no verbal durante la entrevista sugería que se sentía orgulloso de su función crucial en la familia y de su capacidad para hacer frente a esa responsabilidad.

El padre de Selma también había muerto, y ella obtuvo en Noruega la reagrupación familiar con su madre y sus cinco hermanos y hermanas menores. La siguiente cita ilustra cómo Selma compara su nuevo papel, tras la llegada de su madre y de sus hermanos y hermanas, con el de un padre de familia, y lo describe como un papel que lo abarca todo:

Papá era el que lo hacía todo por nosotros. Luego, cuando murió, y cuando llegué a Noruega, me convertí en la responsable, como papá, haciéndolo todo. Pensaba: (…) si hoy no mandas dinero a tu familia, no tienen nada que comer, no pueden tener un sitio donde vivir. Así que tienes que hacer tu trabajo (…). Sí, me hice adulta pronto. Lo digo a menudo. (…). Para mí es bueno haberme hecho responsable pronto, a los 16 años. Para mí es normal, cómo lo hice. Está totalmente bien.

Tenemos que pagar el alquiler, tenemos que pagar la luz, y los niños necesitan zapatos, ropa y de todo. (…). Así que les pregunto a diario a mis hermanos qué han hecho, qué ha pasado en el colegio, si alguien les ha molestado, cosas así. Siempre pregunto, porque mi madre no sabe mucho de esto. Así que les pregunto mucho.

Gestionar el proceso de integración de la familia

Algunos jóvenes vivieron cómo se les encomendaban tareas que, a su juicio, correspondían a los y las profesionales de referencia, para compensar las deficiencias del sistema. Por ejemplo, Naim, en Noruega, dio muchos ejemplos de obligaciones que, según él, le imponían los y las profesionales y que consideraba responsabilidad de estos. Una tarea estaba relacionada con los problemas de salud de su padre, y Naim aportó un ejemplo muy concreto de cómo la profesional de referencia le traspasaba tareas:

Entonces él (papá) habla con la trabajadora social (…), y ella le dice que si necesita medicamentos, «… puede irse a casa y su hijo puede llamar al médico para que le hagan una receta». Y entonces papá viene a mí. ¿Cómo puede pasar esto?

He perdido algo. He perdido la capacidad de disfrutar de la vida, de mi vida cotidiana. (…). Sí, por la presión y el estrés y la responsabilidad durante muchísimo tiempo. Estoy hundido, muy hundido. No puedo ir a clase. (…). Así que ahora me siento como una persona enferma que lo está pasando mal psicológicamente. (…). No me siento tan normal como toda esa gente que camina por la calle o por el instituto (…). Y antes no me había sentido así. Así que cargar con esta pesada responsabilidad por mi familia me ha cambiado. Me he convertido en otra persona, que en realidad es débil. (…) Así que el rumbo de mi vida ha cambiado por este estrés y por la responsabilidad que tuve que asumir.

Entonces, de repente, llegó mamá (…) y resultó que… No sé cómo describirlo, pero me tiraron a un océano inmenso y no sabía nadar. En realidad es así. Tuve que asumir muchísima responsabilidad por mi madre. De repente me convertí en su madre, mientras seguía yendo al instituto.

Las normas formales e informales y las prácticas institucionales de la sociedad de llegada afectaban claramente al papel de los jóvenes en la familia. Salman, que vive en Noruega, describió cómo anhelaba ser un hijo en la familia después de tantos años solo, pero para él la felicidad que sentía por la reagrupación quedó ensombrecida por las obligaciones:

Cuando llegaron aquí y en realidad yo tendría que haber tenido tiempo con ellos, llegaron todas las obligaciones. ¿Tenía que ser intérprete o el adulto que…? (…) Mi madre se acostumbró a preguntarme más a mí que al trabajador social. No se sentía segura preguntándole a él. (…) Todo tenía que pasar por mí. Me gustaría estar en el papel de un niño o de un joven que por fin tenía algo de tiempo con su familia, pero me encontré en el papel de un adulto que tenía que cuidar de ellos. Ojalá el sistema fuera mejor en este sentido. (…) Así que, en cierto modo, me convertí en la madre de mi madre.

La mayoría de los jóvenes sintieron un enorme alivio cuando llegaron sus progenitores y sus hermanos y hermanas, pero este alivio iba acompañado de estrés, ya que recaía sobre sus hombros mucha responsabilidad. Shireen, una chica siria que tenía 17 años cuando llegó a Bélgica, emigró con su hermano adulto, mientras que siete hermanas mayores se quedaron atrás. Sus padres eran bastante mayores cuando llegaron. Contó:

La reagrupación familiar también fue difícil por su edad. Porque no dominan bien el idioma. Y no saben escribir bien. Desde aquí pude ayudarle un poco con el dinero y esas cosas. Y cuando llegaron hice la traducción… para la visita al médico y eso… y el papeleo.

Discusión

Este estudio contiene varios ejemplos de cómo los MNA y antiguos MNA se enfrentaron a nuevos roles y responsabilidades a lo largo del proceso de reagrupación familiar. El contexto social y político de la vida de estos jóvenes y los dispositivos institucionales, como los sistemas burocráticos y las prácticas locales, contribuyeron en conjunto a producir expectativas y obligaciones con las que tenían que relacionarse de un modo u otro. La escasa investigación sobre la parentificación en menores refugiados se ha centrado sobre todo en el nivel micro de las relaciones y responsabilidades familiares, lo que ha llevado –aunque a menudo sin intención– a estigmatizar a los progenitores refugiados y a victimizar a la infancia refugiada. Nuestros resultados ilustran que las normas, las regulaciones y las prácticas del trabajo social vinculadas a los procesos de reagrupación familiar producen toda una serie de umbrales institucionales. Estos constituyen las premisas a partir de las cuales se reconstruye la vida familiar y se negocian y ejercen los nuevos roles y posiciones dentro de la familia.

Inspirándonos en una perspectiva institucional, adoptamos por tanto el término «formas institucionalizadas de parentificación» (véase Van Acker et al., 2024). Con este término pretendemos llamar la atención sobre el impacto de las políticas migratorias, de las infraestructuras de llegada y de las prácticas del trabajo social en las dinámicas familiares y en las complejas relaciones entre los jóvenes, las familias y el trabajo social. La perspectiva institucional dirige la atención hacia el modo en que las normas, las reglas y las creencias cognitivas orientan y enmarcan la conducta humana y las prácticas organizativas a través de estructuras sociales duraderas en distintos contextos (Scott, 2013). Las instituciones operan en distintos niveles de jurisdicción, desde el sistema global hasta las relaciones interpersonales localizadas. En un sentido socioconstructivista, las instituciones producen el contexto en el que se negocian las relaciones entre los jóvenes y los miembros de su familia, a distancia, a lo largo del proceso de reagrupación familiar, y «de cerca» (en sentido físico) una vez que la familia ha llegado. Por ejemplo, en Noruega, la financiación estatal a los gobiernos locales es la misma tanto si una familia refugiada llega por reagrupación familiar como si llega junta (Bergset et al., 2024). Aun así, existen prácticas locales que discriminan a los familiares reagrupados frente a otras familias refugiadas (Johansen & Tørrisplass, 2024). Cuando la persona reagrupante es un hijo o una hija, esta práctica parece aún más problemática y puede considerarse un ejemplo de prácticas locales institucionalizadas que producen parentificación. Los relatos de algunos de los jóvenes citados más arriba muestran una falta de apoyo profesional que tuvo graves consecuencias para algunos de ellos.

Las normas, las regulaciones y las prácticas del trabajo social, junto con las normas y creencias sobre la vida familiar en la sociedad y en las distintas culturas, moldean el modo en que se practican las relaciones familiares y cómo cambian durante el proceso de reagrupación y reintegración. Para la práctica del trabajo social con familias refugiadas reagrupadas, este conocimiento será importante para ajustar y orientar la ayuda y el apoyo. Algunos jóvenes del presente estudio no pedían más apoyo, sino que percibían sus responsabilidades como una parte natural del proceso de reagrupación. Algunos contaban con progenitores que podían apoyarles. Las cargas familiares que soportaban los jóvenes eran diferentes, y también lo eran las prácticas organizativas locales de bienestar. Además, es probable que las normas y las creencias cognitivas influyeran en la percepción que tenían los jóvenes de sus mayores responsabilidades, y los sistemas de apoyo pueden aprovecharse de ellas con demasiada facilidad. Estos jóvenes pueden convertirse en asistentes de los y las profesionales en su trabajo de integración con la familia, porque es fácil pedírselo o porque los propios jóvenes toman la iniciativa de realizar tareas que los y las profesionales no hacen. Esto resume parte de la complejidad que rodea a la reagrupación familiar en los casos en que el o la joven llegó primero, lo que constituye el contexto de la práctica del trabajo social.

Fortalezas y limitaciones

El estudio se basa en los relatos de 25 jóvenes que tienen experiencias vividas únicas de un proceso de reagrupación familiar. Aporta conocimiento de primera mano a un campo de investigación poco estudiado, con potencial para orientar las políticas, la práctica y la investigación futura. Los 25 jóvenes vivían en dos países, Bélgica y Noruega, con sistemas políticos e institucionales diferentes. Ambos países se rigen por el marco jurídico de la Directiva sobre el derecho a la reagrupación familiar (Directiva 2003/86/CE del Consejo, 2003, considerando 8; véase Council of the European Union, 2003) y de la Convención sobre los Derechos del Niño (UNICEF, 1989). La inclusión de jóvenes que vivían en dos países permitió aumentar el número de participantes en la investigación y ampliar así el alcance del estudio. Además, la inclusión de dos países en el diseño del estudio aumenta la posibilidad de transferir sus resultados a otros contextos similares. No obstante, debido al diseño cualitativo, existen límites a la generalización que deben señalarse.

Otra limitación es el rango de edad de los jóvenes. En el proyecto noruego, todos los jóvenes tenían más de 18 años en el momento de la entrevista, mientras que en la muestra belga tenían entre 13 y 22 años. Las diferencias de edad hicieron que los jóvenes tuvieran experiencias distintas. Mientras que la mayoría de los jóvenes belgas estaban en pleno proceso de reagrupación familiar, los jóvenes noruegos podían hablar tanto de sus experiencias durante el proceso como de su vida con la familia reagrupada. En este sentido, la amplitud de experiencias puede considerarse una fortaleza lograda al reunir los dos conjuntos de datos. Sin embargo, ninguno de los dos estudios incluía preguntas sobre la vida familiar de los jóvenes antes de la migración. Estas perspectivas podrían enriquecer nuestra comprensión de cómo las creencias y normas culturales influyen en la vida familiar, los roles y las responsabilidades, y deberían incluirse en investigaciones futuras.

Pese a las diferencias en las políticas locales y los sistemas burocráticos de Bélgica y Noruega, al equipo investigador le sorprendieron las similitudes entre las experiencias de los jóvenes. No obstante, deben tenerse en cuenta las características particulares de los dos Estados nacionales incluidos en el estudio, y los resultados deben interpretarse con cautela a este respecto. La introducción de este artículo contiene una explicación detallada del contexto de la investigación para dotar a quien lee de los conocimientos necesarios para comprender los resultados del estudio en su contexto adecuado.

Orientaciones para la investigación futura, el trabajo social y las políticas

Recomendamos nuevas investigaciones comparativas que examinen sistemáticamente cómo los distintos contextos de Estado del bienestar, las políticas y las prácticas del trabajo social influyen en las experiencias de los MNA al reagruparse con sus familias. Además, los resultados del presente estudio ponen de relieve la compleja interacción entre las normas institucionales, las regulaciones y las prácticas del trabajo social, que son elementos importantes del proceso de reagrupación familiar e influyen en las relaciones y prácticas familiares. Este conocimiento es un complemento importante de la mayor parte de la investigación previa sobre la parentificación en el contexto de la migración familiar, realizada desde una perspectiva individual y familiar (véase, p. ej., Oznobishin & Kurman, 2009; Walsh et al., 2006).

A partir de la constatación de que los aspectos institucionales de la parentificación definen y determinan los límites estructurales de la reagrupación familiar, reclamamos una conciencia crítica de las políticas estructurales que regulan la reagrupación familiar y sus aspectos prácticos. Esto exige prestar atención al papel político del trabajo social con familias refugiadas. En primer lugar, los y las profesionales de lo social necesitan intervenir en el complejo entramado transnacional de cuestiones jurídicas, administrativas y políticas de la reagrupación familiar, al tiempo que se implican en la gestión cotidiana de estas cuestiones dentro de la familia. Al hacerlo, se enfrentan al reto de moverse entre el contexto institucional y la familia reconstituida para comprender la responsabilidad de los jóvenes. Esto implica asumir un papel político. Los y las profesionales de lo social deberían implicarse en la «práctica política» (policy practice) (Feldman, 2020) para influir en las políticas vigentes –y en funcionamiento– sobre la reagrupación familiar y transformarlas. En segundo lugar, instamos a los y las profesionales del trabajo social a movilizar los relatos de vida de los MNA para cuestionar –y, por tanto, politizar– las definiciones, los límites y las instituciones dominantes que producen injusticia y vulnerabilidad para los MNA durante y después de la reagrupación familiar (Naert et al., 2023).

Complexe Systémique: puntos clave

El artículo desplaza la pregunta de manera útil: la parentificación no es solo un asunto familiar; puede fabricarse con tiempos de espera, normas de financiación, ventanillas y hábitos de los servicios. Cuando la profesional de referencia encarga al hijo que llame al médico, la inversión de roles no nace en la familia: se deposita en ella. Para la práctica sistémica, lo que está en juego es doble: incluir a las instituciones en la hipótesis y evitar convertir a estos jóvenes en cómodos asistentes del trabajo de integración. Cabe señalar el valioso contraste entre el orgullo de Jamal o de Selma y el hundimiento de otros jóvenes: la misma carga puede sostener o quebrar según sea reconocida, compartida o impuesta. El estudio es cualitativo, se limita a dos países y no dice nada de la vida familiar antes del exilio ni de la voz de los progenitores. Para leer junto con el artículo sobre la experiencia emocional de la parentificación en la infancia y el artículo sobre movilidad y migración en el enfoque sistémico.

Notas del original

Agradecimientos. Estamos muy agradecidos a los 25 jóvenes que compartieron con nosotros sus experiencias.

Declaración de conflicto de intereses. La autoría no declaró ningún posible conflicto de intereses.

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Traducción no oficial de On the reconstruction of family life and ‘institutional forms of parentification': unaccompanied minors’ experiences with family reunification in Belgium and Norway, de Kari Bergset, Pascal Debruyne, Kaat Van Acker y Monika Alvestad Reime, European Journal of Social Work, vol. 28, n.o 5 (2025), doi: 10.1080/13691457.2025.2492852, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción al español y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

El artículo original, «On the reconstruction of family life and ‘institutional forms of parentification': unaccompanied minors’ experiences with family reunification in Belgium and Norway», se publicó en European Journal of Social Work (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial de Complexe Systémique, realizada con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Bergset, K., Debruyne, P., Van Acker, K., y Reime, M. A. (2025). On the reconstruction of family life and ‘institutional forms of parentification': unaccompanied minors’ experiences with family reunification in Belgium and Norway. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/on-the-reconstruction-of-family-life-and-institutional-forms-of-parentification (Obra original publicada en 2025 en European Journal of Social Work, 28(5), 1013-1026 (2025); republicada en 2025 por European Journal of Social Work, https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/13691457.2025.2492852)

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