Traducción asistida por IA

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Journal of Family Violence · Violencia

¿Cómo se relacionan los recuerdos de la crianza recibida con la experiencia parental de padres en tratamiento por violencia en la pareja? Un análisis fenomenológico

¿Qué hacen con su propia infancia los padres que ejercen violencia en su relación de pareja? Un equipo noruego entrevistó a once hombres en tratamiento en Alternative to Violence. Sus relatos oscilan sin cesar: reconocen el daño causado al hijo o la hija y luego lo minimizan; afirman que sus padres los dañaron y luego los disculpan. Quieren no repetir los golpes que recibieron, pero les cuesta ofrecer una seguridad que nunca conocieron.

Autoría Henning Mohaupt (Department of Psychology, University of Oslo; Alcohol and Drug Research Western Norway, KORFOR, Stavanger University Hospital; Alternative to Violence, Oslo), Fanny Duckert (Department of Psychology, University of Oslo; KORFOR, Stavanger) e Ingunn Rangul Askeland (Alternative to Violence, Oslo; Norwegian Centre for Violence and Traumatic Stress Studies, NKVTS, Oslo), NoruegaPrimera publicación Journal of Family Violence, 6 de octubre de 2020Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de How Do Memories of Having Been Parented Relate to the Parenting-Experience of Fathers in Treatment for Intimate Partner Violence? A Phenomenological Analysis, de Henning Mohaupt, Fanny Duckert e Ingunn Rangul Askeland, publicado en Journal of Family Violence (Springer) (2021), doi: 10.1007/s10896-020-00210-z, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla 1 se presenta en forma de lista; la tabla 2 (lista de temas, recogida en el texto) y las tablas complementarias en línea no se reproducen. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Su crianza se guiaba a menudo por lo que había que evitar más que por aquello a lo que aspirar.

Henning Mohaupt, Fanny Duckert e Ingunn Rangul Askeland

Resumen

Pocos estudios han examinado cómo viven la paternidad los hombres que ejercen violencia en la pareja (IPV, por sus siglas en inglés). Este estudio describe cómo hombres noruegos en tratamiento por IPV reflexionan sobre el impacto de sus experiencias infantiles en su manera de ejercer la paternidad. Entrevistamos a 11 hombres en tratamiento por IPV acerca de su experiencia como padres y de sus recuerdos de la crianza que recibieron. Realizamos un análisis fenomenológico descriptivo de los datos. Identificamos dos temas supraordinados que describían la experiencia paterna de los participantes: ser una fuerza benéfica frente a ser una fuerza perjudicial en la vida del hijo o la hija, y tener la intención de no repetir una crianza dañina frente a repetirla efectivamente. Los participantes se describieron como divididos ante la posibilidad de ser perjudiciales para el desarrollo de su hijo o hija. En general, describieron una falta de relaciones positivas estables, tanto en las primeras etapas de la vida como en el presente. La construcción de sentido que los hombres que ejercen violencia en la pareja hacen de su paternidad parece estar influida de varias maneras problemáticas por sus experiencias tempranas con sus padres. Los padres que ejercen IPV pueden a la vez aceptar y rechazar que la crianza que recibieron de niños les hizo daño. Del mismo modo, pueden a la vez reconocer y descartar que su uso de la violencia daña a sus hijos e hijas. Proponemos que la terapia explore estos temas y sus consecuencias para la relación entre padre e hijo o hija.

Palabras clave: relaciones padre-hijo, violencia en la pareja, representaciones parentales, fenomenología

Muchos hombres en tratamiento por violencia en la pareja (IPV) son padres y mantienen contacto con sus hijos e hijas (Askeland and Heir 2014). Su uso de la violencia en la pareja expone a la descendencia a un entorno inseguro y menoscaba la función protectora de la madre (Levendovsky et al. 2018). A menudo siguen amenazando y controlando a la madre de sus hijos tras la separación, también a través del contacto con estos (Humphreys et al. 2019). Su recurso al control coercitivo puede crear un clima de tensión y vigilancia crónicas en la familia y vulnerar la sensación de seguridad y el desarrollo social de la infancia. Además, los padres que ejercen violencia contra su pareja femenina muestran a menudo poca empatía hacia sus hijos e hijas (Fox and Benson 2004; Francis and Wolfe 2008) y constituyen malos modelos de regulación afectiva para ellos (Maliken and Katz 2013). Tienden a aceptar más que los padres no violentos las prácticas de crianza severas (Fox and Benson 2004). El solapamiento entre la violencia del hombre hacia la mujer en la pareja y el maltrato físico infantil es considerable (Finkelhor et al. 2009). Además, los padres violentos con su pareja suelen ignorar o minimizar el impacto negativo de la IPV en sus hijos e hijas (Salisbury et al. 2009).

Desde una perspectiva sociológica, las normas de género (Connell and Messerschmidt 2005) y la división del trabajo (Doucet 2013) pueden haber contribuido históricamente a la exclusión estructural de los hombres como cuidadores. La escasa implicación en los cuidados se ha asociado al desarrollo de normas de masculinidad que sostienen la superioridad masculina y desatienden las emociones y la vulnerabilidad propias y ajenas (Freeman 2008; Hollway 2006). En una muestra clínica, la adhesión a los ideales hegemónicos de masculinidad se ha asociado a una IPV del hombre hacia la mujer más grave y a prácticas paternas más severas (Heward-Belle 2016).

Desde una perspectiva psicológica, la agresividad humana se ha vinculado a una regulación afectiva deficiente y a un procesamiento inadecuado de la información social (Crick and Dodge 1996; George et al. 2000). En esta línea, el uso de la violencia en la pareja por parte de los hombres se ha asociado a sesgos agresivos en el procesamiento de la información social (Setchell et al. 2017). Un procesamiento de la información social que aumenta el riesgo de violencia interpersonal se ha asociado, entre otros factores, al trauma temprano y al estrés durante periodos críticos del neurodesarrollo (Golding and Fitzgerald 2019; Murphy 2013). Se ha observado que la susceptibilidad genética a verse afectado por el estrés ambiental en las primeras etapas de la vida está asociada negativamente con la regulación emocional de los hombres en la adolescencia (Belsky and Beaver 2011) y con su funcionamiento parental al inicio de la edad adulta (Beaver and Belsky 2011).

La hipótesis de la transmisión intergeneracional de la violencia (Kimber et al. 2018) sugiere que los patrones de ejercicio de IPV son producto de una traumatización temprana en el seno del sistema familiar (Lanius et al. 2013). Entre los factores propuestos como mediadores de la asociación entre la exposición temprana a la violencia y el ejercicio posterior de violencia figuran la susceptibilidad genética (Belsky and Beaver 2011), el procesamiento de la información social (Murphy 2013), el apego inseguro (Fonagy 1999) y el aprendizaje social (Sellers et al. 2005). La investigación sobre la transmisión intergeneracional de la violencia sugiere que resulta difícil establecer en la población general una relación sistemática entre la exposición a la violencia en la infancia y el ejercicio de violencia en la pareja en la edad adulta (Kimber et al. 2018). Sin embargo, la mayoría de los hombres en tratamiento por IPV refieren varias experiencias infantiles adversas (Askeland, Evang & Heir, 2011; Stover 2013) y problemas de salud mental asociados en la edad adulta (Askeland and Heir 2014). Los efectos perjudiciales sobre la salud mental de crecer con un abuso parental del alcohol, con violencia entre los progenitores o con maltrato físico, sexual o emocional y negligencia están bien documentados (Anda et al. 2005). Se han utilizado principios de la teoría del aprendizaje social, como la asociación diferencial, el refuerzo y la imitación de la conducta de las personas significativas, para explicar cómo la exposición a la violencia en la infancia contribuye al riesgo de ejercer violencia en la pareja en la edad adulta (Sellers et al. 2005). Crecer con un trauma relacional también puede afectar a los cuidados que se prestan más adelante, ya que las necesidades y emociones de la infancia pueden funcionar como recordatorios del trauma para quienes cuidan (Fraiberg et al. 1975). Existe cierto respaldo empírico a la hipótesis de que los hombres violentos con su pareja femenina tienen representaciones de apego inseguras en la edad adulta (Babcock et al. 2000). Un estilo de apego adulto inseguro se ha vinculado a una paternidad poco sensible y severa en muestras no clínicas (Madigan et al. 2011; McFarland-Piazza et al. 2011). Dos estudios han mostrado que los padres que ejercían IPV tenían modelos pobres de los estados mentales de su hijo o hija (blinded for review; Stover and Kiselica 2014), lo que se supone que se correlaciona con una crianza poco sensible (Slade 2005).

Vemos que la literatura aporta respaldo empírico a modelos teóricos que asocian la adversidad temprana con el riesgo de ejercer violencia en la edad adulta. Sin embargo, hay poca investigación sobre cómo los hombres que ejercen IPV reflexionan sobre el impacto de sus experiencias infantiles en su paternidad. Un mayor conocimiento de la experiencia subjetiva que tienen de estas dinámicas los padres violentos en la pareja puede orientar las intervenciones clínicas con este grupo.

Ya hemos informado anteriormente de que los hombres en tratamiento por IPV obtenían puntuaciones bajas en una medida de función reflexiva parental (RF), se evaluaban como padres medios o mejores que la media, referían puntuaciones elevadas pero subclínicas de consumo de alcohol y sustancias, y referían altos niveles de trauma puntual y relacional a lo largo de la vida (blinded for review). En un análisis cualitativo previo describimos cómo los hombres en tratamiento por IPV experimentaban problemas para comprender sus propias emociones y las de sus hijos e hijas, cómo creían que debían ocultar sus inseguridades como padres y se presentaban como estrictos y dominantes, y cómo a menudo vivían las perspectivas de otras personas sobre su paternidad como algo que socavaba su relación con el hijo o la hija (blinded for review). El presente artículo describe cómo una muestra de once hombres noruegos en tratamiento por IPV vivía el impacto de sus experiencias infantiles en su condición de padres. Nuestra pregunta de investigación era: ¿cómo viven los hombres en tratamiento por IPV el impacto de sus experiencias infantiles en su paternidad?

Método

El objetivo de la investigación psicológica fenomenológica es describir, más que explicar, los fenómenos tal como los viven subjetivamente informantes que comparten un contexto o unas características (Giorgi 2009; Wertz 2010). Estas descripciones se basan en la construcción de sentido que quien investiga hace de las experiencias que revela la muestra a la que tiene acceso. La generalización presentada en los resultados no es empírica, sino eidética. Aunque estas generalizaciones se extraen de una muestra limitada, aspiran a producir una descripción típica de la experiencia paterna de los hombres en tratamiento por IPV (Wertz 2010). Para minimizar la interpretación, quien investiga suspende toda pretensión de validez respecto de su propia percepción de un fenómeno y lo describe como un aspecto real de la experiencia subjetiva de las personas informantes (Giorgi 2009). Puede alegarse que tal enfoque es éticamente cuestionable cuando se analizan las descripciones de la vida familiar hechas por hombres violentos. Sin embargo, poner entre paréntesis el conocimiento de quien investiga significa analizar los datos en busca de un contenido que va más allá de lo que se da a primera vista, sin añadir nada a modo de explicación. Al describir los aspectos invariantes de las experiencias que las personas informantes tienen de un fenómeno a través de los distintos casos, la investigación puede generar descripciones matizadas y nuevas perspectivas sobre el fenómeno (Giorgi 2009).

Analizamos las descripciones que los informantes hacían de la paternidad como una experiencia vivida dentro de su contexto social y cultural (Giorgi 2009), incluidas las normas culturales sobre los roles de género en la familia. En Escandinavia, el padre emocionalmente implicado se ha convertido en el ideal cultural durante las tres últimas décadas (Doucet 2013). Esto se ha visto respaldado también por políticas oficiales, como diez semanas de permiso parental reservadas al padre (Lamb 2013). Además, Noruega fue en 1983 uno de los primeros países en prohibir por ley el castigo corporal de niños y niñas.

Procedimiento

El presente artículo forma parte de la vertiente cualitativa de un estudio de métodos mixtos sobre cómo viven la paternidad los hombres noruegos en tratamiento por IPV. Utilizamos un diseño emergente incrustado quan - QUAL (Onwugbuzie and Collins 2007). Esto significa que recogimos datos cualitativos y cuantitativos en paralelo, que los análisis cualitativos se realizaron después de los resultados cuantitativos y guiados por ellos, y que en el estudio se otorgó más peso a los análisis cualitativos (Creswell and Plano 2011). Empleamos la fenomenología descriptiva como enfoque analítico de los datos cualitativos.

Los análisis cuantitativos proporcionaron estadísticas descriptivas para una muestra de hombres noruegos en tratamiento por IPV. Evaluamos la función reflexiva parental y realizamos un cribado, a partir de las entrevistas de admisión y de las derivaciones, de los tipos y el alcance de la violencia hacia la pareja y los hijos e hijas, así como del consumo de alcohol (AUDIT; Babor et al. 2001), del consumo de sustancias (DUDIT; Berman et al. 2007) y de la historia de trauma, incluidas las experiencias de maltrato y negligencia por parte de los padres (TEC; Nijenhuis et al. 2002). Estos resultados se han publicado por separado (blinded for review).

Para el estudio principal se reclutó una muestra de conveniencia de 36 participantes en Alternative to Violence (ATV), una organización no gubernamental de ámbito nacional que ofrece psicoterapia a personas adultas que ejercen IPV. Los criterios de inclusión eran estar en tratamiento por IPV, mantener contacto regular, no menos de dos veces al mes, con un hijo o una hija biológicos, y tener origen noruego, definido como haber sido criado en Noruega por al menos un progenitor de origen noruego. Esta elección se hizo debido a aspectos potencialmente confusores relativos a la crianza en otras esferas culturales. Los criterios de exclusión eran los casos que requerían atención psiquiátrica urgente y la dependencia del alcohol o de sustancias según la CIE-10 (WHO 1992).

Durante la fase de reclutamiento había 153 hombres en tratamiento. De ellos, 48 no tenían hijos o tenían hijos adultos, 21 no tenían contacto con sus hijos, 27 no hablaban noruego y nueve ya participaban en otro proyecto de investigación que les exigía mucho tiempo. De los 48 hombres que cumplían los criterios de inclusión, cinco no quisieron participar, ocho fueron excluidos por problemas agudos de seguridad o por tratarse de casos con recién nacidos, y tres clientes cancelaron la entrevista. Para garantizar la participación de zonas urbanas, se reclutó aleatoriamente a cinco hombres de la sede de ATV en Oslo, uno de los cuales canceló la entrevista. Todos los hombres recibían una psicoterapia centrada en la violencia con un enfoque cognitivo-conductual informado por el trauma (Askeland and Råkil 2017). La psicoterapia la impartían psicólogas y psicólogos clínicos y terapeutas familiares que trabajaban a tiempo completo con personas adultas que ejercen IPV.

Estudiamos a un grupo vulnerable de hombres en una situación vital difícil, abordando un tema delicado. Todos los informantes recibieron información escrita y oral de que participar o no participar no afectaría a su terapia, a la colaboración con otros servicios ni a posibles cuestiones de custodia. Los nombres y la edad de los informantes y de sus familiares, así como las referencias geográficas, se anonimizaron en las transcripciones. Los archivos de audio se borraron una vez comprobada la exactitud de las transcripciones. En algunas citas ilustrativas modificamos aleatoriamente detalles identificables, como el sexo del niño o la niña. El estudio fue aprobado por los Comités Regionales de Ética de la Investigación Médica y Sanitaria.

Características de la muestra

Para los análisis cualitativos seleccionamos casos que representaban toda la gama de puntuaciones de los participantes en función reflexiva parental, patrones de consumo de alcohol y sustancias e historia de trauma, así como su situación de pareja y su régimen de visitas. Ello nos dejó 11 casos para los análisis cualitativos. Las estadísticas descriptivas de los participantes se presentan en la tabla 1. Las puntuaciones detalladas de cada participante en todas las variables se presentan en las tablas complementarias 1 y 2.

Tabla 1 Estadísticas descriptivas de la muestra del estudio (N = 11)

  • Edad (en años); Media: 32.7; Rango: 22–46; Rango posible: –; En %: –
  • Total de años de escolarización (en años); Media: 12.4; Rango: 9–19; Rango posible: –; En %: –
  • Edad del hijo o la hija (en años); Media: 4.3; Rango: 2–8; Rango posible: –; En %: –
  • Sesiones de terapia en el momento de la entrevista (N); Media: 23.1; Rango: 4–67; Rango posible: –; En %: –
  • RF parental; Media: 3.6; Rango: 2–6; Rango posible: -1 - 9; En %: –
  • AUDIT (en riesgo de consumo problemático de alcohol, en %); Media: 9.7; Rango: 3–14; Rango posible: 0–40; En %: 63%
  • DUDIT (en riesgo de consumo problemático, en %); Media: 4.3; Rango: 0–19; Rango posible: 0–44; En %: 27%
  • TEC maltrato físico en la infancia (alguno, en %); Media: 4.4; Rango: 0–12; Rango posible: 0–12; En %: 73%
  • TEC abuso sexual en la infancia (alguno, en %); Media: 0.6; Rango: 0–6; Rango posible: 0–12; En %: 18%
  • TEC negligencia emocional en la infancia (alguna, en %); Media: 7.4; Rango: 0–12; Rango posible: 0–12; En %: 73%
  • TEC maltrato emocional en la infancia (alguno, en %); Media: 6.5; Rango: 0–11; Rango posible: 0–12; En %: 90%
  • Creció con violencia entre los progenitores (en %); Media: –; Rango: –; Rango posible: –; En %: 27%
  • Creció con abuso parental del alcohol (en %); Media: –; Rango: –; Rango posible: –; En %: 54%
  • Convive con el hijo o la hija (en %); Media: –; Rango: –; Rango posible: –; En %: 45%

Los participantes procedían de comunidades urbanas y rurales. Incluimos a un hombre que había referido el ejercicio de IPV física, psicológica y sexual, a seis hombres que referían IPV física y psicológica y a 11 hombres que referían IPV psicológica. Tres hombres referían haber ejercido violencia física también contra un hijo o una hija, seis hombres referían violencia psicológica contra un hijo o una hija, y cinco hombres referían no haber ejercido violencia física ni psicológica contra ningún hijo o hija. Se pidió a los informantes que hablaran de su relación con uno de sus hijos o hijas, al que denominamos «hijo o hija focal». Seis eran niños y cinco niñas. Todos eran hijos biológicos de los informantes. Tres hombres tenían un hijo o una hija, cinco tenían dos y tres tenían tres.

Entrevista

La Parent Development Interview- Revised (PDI-R2; Slade et al. 2003) es una entrevista semiestructurada con un progenitor sobre la experiencia de su relación con un hijo o una hija. Incluye una sección sobre los recuerdos de la crianza recibida y sobre cómo esas experiencias pueden afectar a la propia crianza. Consideramos que la PDI-R2 es adecuada para un enfoque fenomenológico, ya que sus preguntas y repreguntas son abiertas (p. ej., ¿Qué es lo que más alegría le da de ser madre o padre? ¿Qué es lo que más dolor y dificultad le causa?) y suscitan la experiencia cotidiana de la crianza de la persona entrevistada (p. ej., ¿Puede describir un momento de las dos últimas semanas en que usted y su hijo o hija conectaron de verdad? ¿Cómo cree que se sintió entonces?).

Las entrevistas duraron entre 60 y 90 minutos y se realizaron en una sola sesión a cargo del primer autor y de otras cinco personas terapeutas formadas para ello. A diferencia de otros métodos cualitativos, el método psicológico fenomenológico no incorpora al análisis las reflexiones de quien investiga durante la recogida de datos. No exige que quien investiga recoja los datos, sino que atienda a la totalidad de los datos brutos (Giorgi 2009). Las personas entrevistadoras eran clínicas con experiencia en terapia con hombres que ejercen IPV y no conocían a los participantes a los que entrevistaban. Este estudio se llevó a cabo en un contexto clínico. Así, la recogida de datos tuvo lugar en un contexto que se asemejaba a la experiencia cotidiana de acudir a terapia por IPV. Dos asistentes de investigación transcribieron literalmente los archivos de audio. El primer autor comprobó la exactitud de las transcripciones comparándolas con los archivos de audio y constató una buena correspondencia.

Análisis

El primer autor leyó las transcripciones varias veces. Tomó notas y elaboró sinopsis de estas lecturas para captar sus impresiones inmediatas. A efectos de triangulación, la tercera autora leyó las entrevistas de forma independiente y resaltó los fragmentos de datos que consideraba pertinentes. El primer autor y la tercera autora discutieron estos fragmentos hasta alcanzar un consenso sobre su comprensión y formularon temas preliminares. Los tres autores discutieron estos temas preliminares.

El primer autor analizó las transcripciones de las entrevistas mediante el método fenomenológico descriptivo de Giorgi (2009) para la investigación psicológica, aplicando los pasos sistemáticos prescritos. Cada entrevista se dividió en unidades de significado, y cada unidad de significado se transcribió de enunciados en primera persona a enunciados en tercera persona. A continuación analizó estas unidades de significado mediante la variación imaginativa libre, es decir, la modificación imaginaria de un enunciado con el fin de explorarlo desde distintas perspectivas para captar su contenido esencial (Giorgi 2009).

Para cada participante se redactó un resumen de su experiencia idiográfica y se formularon y codificaron las estructuras de las experiencias psicológicas individuales. Todo el equipo autor estuvo de acuerdo con la organización temática del material y con la formulación de los temas transversales a los casos. Los temas que componían las estructuras psicológicas individuales se compararon y resumieron después a través de los casos. Solo se utilizaron para describir la experiencia paterna de los participantes los temas identificados en todos los casos. Todos los pasos se pusieron por escrito para garantizar un proceso rastreable desde los datos brutos hasta los resultados.

Reflexividad

En la investigación cualitativa, la interpretación de los datos está influida por los supuestos, conscientes o inconscientes, de quien investiga acerca del fenómeno estudiado. Estos supuestos pueden ser cuestionados, ampliados o aclarados durante el proceso analítico. Quien investiga también necesita reflexionar críticamente sobre las semejanzas y diferencias entre sí y las personas informantes (Berger 2015). La posición del primer autor como investigador estaba influida por su condición de terapeuta y de hombre heterosexual, marido y padre. Como terapeuta, tuvo que cuidarse de no interpretar los datos como si procedieran de una sesión de terapia. Corría el riesgo de abordar los datos con un sesgo positivo, normalizando las descripciones de transgresiones de los informantes y rellenando las lagunas de sus descripciones de los cuidados, de forma comparable a los procesos paralelos en la terapia con hombres violentos (Josephs 2007). También tuvo que ser consciente de hasta qué punto consideraba normativas sus propias experiencias de infancia y de crianza.

Resultados

En esta sección presentamos una generalización eidética de la experiencia de la muestra sobre cómo las experiencias infantiles de la crianza recibida afectaron a su paternidad. Organizamos las descripciones de la experiencia paterna de los informantes en dos temas supraordinados con dos subtemas cada uno, que describen la experiencia de

1. ser una fuerza benéfica frente a ser una fuerza perjudicial en la vida del hijo o la hija, con los subtemas: (a) ser normal y ser diferente, y (b) ser violento por naturaleza y haberse vuelto violento.

El segundo tema supraordinado describía la experiencia de

2. tener la intención de no repetir una crianza dañina y repetirla efectivamente, con los subtemas: (a) presencia parental y ausencia parental, y (b) paternidad y maternidad (tabla 2).

Ser una fuerza benéfica frente a ser una fuerza perjudicial en la vida del hijo o la hija

Los hombres de nuestra muestra reconocían ser violentos, pero también se distanciaban de la violencia como algo que no querían ser: «No quiero ser alguien que asusta a quienes quiere. No quiero ser esta clase de basura.» (Thomas). El reconocimiento de tener un problema de violencia solía formularse en términos generales, sin descripciones concretas de actos violentos. Eran episodios aislados de violencia física, más que el impacto de los informantes en el clima general de la familia, los que se vivían como definitorios del problema de violencia, y se describían como excepciones: «Ojalá nunca me hubiera enfadado tanto como para pegar a [Niño]. Lo que no habría cambiado [de mi forma de criar] es todo lo demás, al menos el 90 % de ello.» (Preben). Había una tensión en los relatos de los informantes entre reconocer y negar el impacto negativo de su violencia sobre sus hijos e hijas.

Es doloroso ver a los niños pasarlo mal […] Pero por suerte no tenemos mucho de eso. No, porque… en realidad no lo pasan mal. Tienen… cuando sueltan lágrimas de cocodrilo o a lo mejor incluso lágrimas de verdad, normalmente hay pocos motivos para ello. […] Sí, todo va bien. De verdad, no estoy preocupado por [Niño]. Por nada, ahora. (Thomas)

Los informantes contraponían las descripciones de las reacciones negativas del niño o la niña hacia ellos a descripciones de interacciones positivas con él o con ella. Del mismo modo, reconocían en general que su violencia suponía una carga para el niño o la niña. Sin embargo, solían describir su violencia como algo causado por factores externos, como sus experiencias infantiles adversas o la conducta del niño o la niña: «Cuando [Niño] se porta mal y deja de responder. No entiendo por qué. Eso es lo que trabajo aquí, entender esos sentimientos». (Preben).

En esta cita se omitía la violencia, y los problemas del padre se describían como una falta de comprensión. Las causas de sus problemas se situaban en parte en el niño o la niña.

Al reconocimiento de tener un problema de violencia le seguía por lo general un movimiento para subrayar que los informantes no eran violentos en sí mismos, o para señalar una responsabilidad compartida por la violencia.

Ella no sabe que, en cierto modo, ella lo provocó; no es culpa suya, es culpa mía. Es estúpido decir que es culpa suya. O sea, lo contó en la guardería, pero… Ha quedado dañada por los episodios en los que me enfadé tanto que, como que no tenía pleno control sobre mí mismo y mis sentimientos. (Preben)

Los participantes parecían oscilar entre reconocer los efectos negativos de su violencia sobre el niño o la niña y dudar de su gravedad y su alcance. Según su experiencia, eran buenos padres y su violencia era la excepción.

A continuación describimos cómo los informantes daban sentido a los aspectos violentos y cuidadores, aparentemente incompatibles, de su experiencia de ser padres.

Normalidad y diferencia

Los padres de nuestra muestra vivían en general la experiencia de hacer algo perjudicial sin entender por qué ni cómo detenerlo: «Siento que transmito mis problemas al niño y el niño se asusta. Y me pongo triste porque repito y repito cosas que he intentado trabajar.» (Johan).

Ser padres que también eran destructivos en relación con sus hijos e hijas planteaba un dilema existencial. Algunos padres se cuestionaban si eran normales y si los demás los aceptaban como tales.

Tengo que ceñirme al plan y no hacer cambios. Si las cosas no salen según lo previsto, es una desviación y es difícil, me da vueltas en la cabeza. A veces puedo tolerarlo y decirme que no significa tanto, pero si me quedo enganchado en la desviación, puede ir a más. Suena muy raro decir esto. (Kenneth)

Al hablar de sí mismos en el rol de padre ante otras personas, los informantes solían tomar conciencia de la posibilidad de que lo que hasta entonces habían vivido como normal pudiera percibirse como una conducta diferente con un impacto negativo. Tenían la sensación de ser distintos de otras madres y otros padres, sobre todo en lo relativo a la agresividad.

Estábamos en una fiesta de Navidad del colegio y, claro, había mucha gente [...] Perdí los papeles por completo […] delante de todo el mundo [...] No supe manejar mi enfado […] el ambiente se puso muy mal […] En ese momento no me di cuenta, pero tanto mi mujer como mis suegros y todo el mundo reaccionaron con fuerza. Habían visto la mirada que tenía, y me pareció una situación muy incómoda. (Geir)

Esta sensación de ser diferente solía describirse como presente ya desde muy temprano en la vida:

[De niño] era bastante hiperactivo y bastante difícil, y tenía una rabia de otro mundo. Sentía que mi madre y mi padre eran muy distintos de la persona que yo era, y la comprensión hacia mí era demasiado poca, no existía. (Espen).

En resumen, los padres de la muestra vivían por lo general su agresividad como algo que los distinguía de los demás y que los demás no podían entender. Esta sensación de ser diferentes se acentuaba cuando otras personas —el hijo o la hija, la pareja, la familia o el equipo investigador— reaccionaban explícitamente a su conducta agresiva. En general, los informantes describían haber tenido problemas de agresividad desde la infancia.

Ser violento por naturaleza y haberse vuelto violento

La tensión entre vivirse como normales y como diferentes estaba temáticamente ligada a la cuestión de si los informantes eran violentos por naturaleza o se habían vuelto violentos. Distinguían entre ser violento como característica personal y como patrón de conducta adquirido, cuyas causas vivían como múltiples, contextuales y no solo responsabilidad suya.

Coges el trauma de tus padres e infliges el mismo trauma a tus hijos, y así va de generación en generación. ¿Por qué lo hago? Quiero acabar con eso. No quiero infligir a mis hijos el trauma al que yo estuve expuesto. (Arne)

Los participantes intentaban establecer qué era una crianza normal. A menudo utilizaban como referencia sus propias experiencias infantiles, cuestionando su normalidad.

Mi padre era cariñoso, tenía un genio de mil demonios, y era guay, la verdad. Un tío guay, tío, tenía mal genio […] Cosas que hacíamos juntos, cosas guays, llenas de cariño: construimos una casa en un árbol, fuimos a pescar y cogimos cangrejos. Las cosas normales que hacen todas las familias; yo he tenido una familia normal. Como tú, seguramente, con la diferencia de que cuando tú hacías algo mal te echaban la bronca, mientras que a mí me daban un cachete. (Ola)

Estas descripciones reflejaban la experiencia de los padres de ser diferentes a partir del rechazo de personas significativas. Solían describir la infancia como una etapa difícil. Expresaban haber sentido que no importaban a los demás y a menudo compartían recuerdos de soledad, rechazo o maltrato físico.

Para sentirte rechazado tienes que haberte sentido incluido en algún momento. O sea, que tienes que haber tenido algo con lo que relacionarte. Y el rechazo… creo que nunca tuve realmente un problema con eso, porque no sé si alguna vez tuve, para empezar, la sensación de tener un vínculo con algo. (Geir)

Los hombres de esta muestra consideraban que sus problemas podían ser consecuencia de unos cuidados parentales inadecuados. Por lo general, cuestionaban y afirmaban a la vez los cuidados que sus padres les habían dado en la infancia. Igual que se sentían divididos ante la posibilidad de haber dañado a su hijo o hija, se sentían divididos ante la posibilidad de haber sido dañados por sus padres.

Mi padre me ha fallado, y mi madre también. Aun así los quieres; creo que todo el mundo lo hace […] Siempre son tu padre y tu madre. Si tu madre bebe todos los días y se toma pastillas y se cae de bruces, a lo mejor no te pega, pero te destroza emocionalmente; siempre la vas a querer[...] La gente tiene sus fallos. (Ola)

Este patrón de rechazo en la experiencia vivida de las relaciones de los participantes con personas significativas se extendía a las descripciones de su relación actual con su pareja y con sus hijos e hijas. Solían expresar inseguridad sobre lo que las personas significativas sentían por ellos.

[Niña] no quiere que la abrace. Me resulta difícil y complicado, y yo me ofrezco a estar ahí para ella, y ella no quiere. (Preben)

En casa hay frialdad, entre mi mujer y yo. En realidad, me parece una persona muy cálida. Pero siento que se ha convertido en algo muy, muy frío. (Hans)

Los participantes consideraban que los aspectos dañinos de su conducta podían tener consecuencias negativas para su relación con la pareja y con el hijo o la hija. Esto parecía permitirles examinar la discrepancia entre los padres que querían ser y la manera en que su pareja y sus hijos e hijas los percibían. Cuando contemplaban que sus hijos e hijas los percibían como dañinos, la tensión entre sus intenciones parentales y su conducta se volvía tangible.

La intención de no repetir y la repetición de prácticas de crianza dañinas

El segundo tema supraordinado describía cómo vivían los informantes su desarrollo como padres y el impacto de sus experiencias infantiles en ese desarrollo. Los padres de esta muestra solían describir la transición a la paternidad como un cambio importante en su vida y en la percepción de sí mismos. Esta transición traía consigo la necesidad de posicionarse ante problemas personales, como el consumo excesivo de alcohol y sustancias, los problemas relacionales o un estilo de vida caracterizado por no tener responsabilidad sobre nadie: «Si no hubiera tenido al niño, habría sido más delincuente y habría sido más violento. Fue un toque de atención para madurar.» (Thomas).

Describían cómo esta transición ponía de relieve sus dificultades relacionales y los motivaba a buscar conocimientos sobre crianza. En general, existía el deseo de ofrecer a su hijo o hija una infancia mejor que la que ellos habían tenido. Los hombres sentían que contaban con una base limitada para saber cómo criar a un niño pequeño. La falta de experiencia vivida de una relación segura entre progenitor e hijo parecía motivarlos a buscar conocimientos sobre la crianza en un sentido cognitivo, en libros, en la terapia o en amistades con titulaciones pertinentes.

Quiero estar ahí para él porque mi padre no estuvo ahí para mí. Me leí dos libros gordos sobre crianza cuando supe que iba a ser padre, y nunca en mi vida había conseguido leer dos páginas de un libro. (Mats)

Para algunos, la madre del niño o la niña era una fuente de conocimientos sobre el cuidado infantil. Sin embargo, su competencia también se vivía como algo que ponía de relieve las carencias del padre.

¿Hace falta que (la niña) se bañe, o debería ducharse? ¿Le ponemos crema o no? Todas estas preguntas y esta inseguridad sobre lo que es correcto hacer en una situación, pero aún más sobre lo que la mujer piensa que es correcto hacer. La mujer puede decidir si le parece que tendría que haberse hecho de otra manera, todo el rato estos controles para ver si las cosas se hacen bien, y eso crea inseguridad. (Johan)

Para los participantes resultaba difícil aprender a cuidar cuando tenían una experiencia vivida limitada de haber sido cuidados. Describían cómo les costaba transformar una comprensión teórica de los cuidados en conductas de cuidado. Esto era una fuente de frustración:

No consigo pasar de la teoría a la práctica […] Se me meten en la cabeza ideas de que justo ahora ayuda ser todavía más duro con (el niño), y sé que no es así, pero en ese momento me lo creo. Y todo se intensifica y empeora. (Kenneth)

Así, los informantes describían a menudo que habían tenido una experiencia vivida inestable y limitada de cuidados infantiles sensibles. Trataban de basar su crianza en reglas que pudieran aprender de forma libresca, más que en una práctica relacional que necesitaban desarrollar.

Solían tener dificultades para utilizar sus propios sentimientos y experiencias de forma transparente para comprender al niño o la niña y ayudarle a comprenderlos. Esto se hacía evidente en la repetición de prácticas de crianza no relacionales y dominantes que los padres describían haber vivido en la infancia. Había una estructura repetitiva en el modo en que los temas de la infancia afloraban en las descripciones de la relación actual entre padre e hijo o hija.

Me sentía rechazado por mis padres. No me escuchaban. […] Recuerdo momentos en que sentía que no era hijo de mis padres (llora) […] Intento ser estricto, pero podría serlo más […]y hay que ser estricto con los niños pequeños. Si no lo fuera, entonces… […] hay que poner al niño en su sitio. He heredado la manera de reñir de mi padre […] Podía ponerse muy duro con la voz. Y yo también lo hago […] porque tienes que levantar la voz para reñir a alguien. (Arne)

Los informantes eran a menudo conscientes de que utilizaban una forma de poner límites parecida a la que recordaban de sus padres. Sin embargo, no parecían servirse de sus recuerdos infantiles negativos para imaginar cómo se sentían sus hijos e hijas cuando ellos se volvían duros con ellos. Les costaba establecer una conexión entre sus recuerdos de haber sido heridos y la idea de que su forma de criar pudiera tener efectos similares en sus hijos e hijas.

Presencia parental y ausencia parental

Para los informantes, la presencia de la agresividad y la ausencia de cuidados eran aspectos recurrentes de su relato sobre la relación con sus padres en la infancia. La ausencia de relaciones estables, nutricias y recíprocas con una persona cuidadora parecía más difícil de comprender que las experiencias de maltrato físico. Vivían la ausencia de cuidados como un vacío con poco sentido. Implicaba la sensación de que algo faltaba en su vida, sin saber qué era.

Tres adjetivos para mi relación con mamá… superficial, ausente y materialista. No puedo dar un episodio concreto. Era así en general… o quizá era exactamente lo contrario: lo que falta es precisamente la ausencia de una experiencia. Nunca había conversaciones […] Me atrevo a afirmar que nunca me preguntaron cómo estaba. (Geir)

Los participantes expresaban haber anhelado ser importantes para sus padres, pero también haber carecido de una experiencia estable de lo que eso significaba.

En cambio, el maltrato físico se describía como una presencia en la vida de los informantes y como una forma de ser reconocidos. La exposición a la violencia física en la infancia se describía como una expresión tangible del rechazo parental que implicaba la presencia de un cuidador y una respuesta a los informantes como niños: «La vez en que era pequeño y no quería irme a la cama y mi padre me levantó por el pelo y me zarandeó.» (Espen).

Los padres en tratamiento por IPV vivían a menudo la experiencia de haber contribuido al maltrato de sus padres por haber sido provocadores de niños. Así, los episodios de violencia parental se describían como una interacción relacional en la que los informantes, de niños, desempeñaban un papel: «Mi padre siempre estaba enfadado cuando volvía del trabajo, estaba como estresado. Hoy lo reconozco, que el estrés dispara el enfado […] y yo nunca conseguía mantener la boca cerrada.» (Ola).

Los sujetos solían describir su victimización como positiva para el desarrollo de su personalidad. Subrayaban que la experiencia del maltrato los había preparado mejor para la paternidad en comparación con los hombres que no habían sufrido maltrato físico. Para ellos, la experiencia de la dureza contribuía a forjar un carácter fuerte en los niños pequeños.

Me curtieron, pero al final salió bien. Creo que soy mejor padre que alguien al que han mimado toda la vida […] y le dije a mi novia desde el principio que a nuestra hija nunca la íbamos a mimar, lo odio. No quería a [la niña] en nuestro dormitorio; siempre ha dormido sola desde que tenía dos meses. (Ola)

Los hombres que referían haber estado expuestos a maltrato físico en la infancia también expresaban su rechazo a la violencia física contra los niños y niñas. Describían que esas experiencias les habían enseñado cómo no actuar: «Al menos he aprendido que las palizas no sirven […] esto me ha afectado de forma positiva […] He vivido lo peor, algo que no transmito.» (Mats).

Los informantes describían en general la experiencia del maltrato físico como un activo que les había dado un conocimiento de primera mano de la adversidad y los había hecho más comprensivos con las necesidades de la infancia. Así, parecían organizar su idea de los cuidados infantiles en torno a la evitación de la crianza perjudicial que recordaban como dolorosa, más que en torno a prácticas de crianza nutricias. Su crianza se guiaba a menudo por lo que había que evitar más que por aquello a lo que aspirar.

El tema de la ausencia y la presencia también era central en la experiencia parental de los padres. Los informantes solían expresar que querían implicarse en la vida de sus hijos e hijas. Estar presente era el sello distintivo de un buen padre.

Yo siempre estoy presente. Mi mujer dirá: «este idiota no está nada presente». Pero yo siempre estoy cuando hay una cita. Creo que nadie puede decir que en nuestra familia yo no haya estado donde tenía que estar. (Hans)

La experiencia de tener que ser una presencia importante en la vida del niño o la niña era especialmente marcada cuando los padres tenían un régimen de visitas limitado.

Cuando [Niño] se disgusta, puede tirar un vaso contra la pared, o se va corriendo a su cuarto y da un portazo y tira juguetes y rompe juguetes. No hace mucho de eso cuando estoy yo [...] Estoy bastante seguro de que [Niño] no habría sido así si yo hubiera estado. (Lars)

Del mismo modo, los padres pensaban a menudo que el principal problema para el niño o la niña era que pasaba demasiado poco tiempo con su padre.

[Niño] se ha sentido rechazado. Rechazado cuando pregunta si se puede salir a jugar. Es trágico decirlo, pero quizá los críos se han acostumbrado a que papá no tenga tiempo. A que papá diga que no, que eso lo hacemos luego. Siempre luego. (Geir)

Así, su presencia en la vida del niño o la niña parecía importarles más que la calidad de esa presencia y su efecto sobre él o ella.

Si eliges tener hijos, tienes que darles prioridad. Paso mucho tiempo en su terreno, estando con ellos. Creo que la cantidad cuenta mucho en la relación con los niños. […] Persona entrevistadora: ¿Cuándo necesita su hija atención de usted? Tengo la sensación de que [la niña] está dando la lata todo el rato. […] sobre todo es que habla, habla y habla. (Kenneth)

En resumen, los participantes habían vivido a menudo el maltrato físico en la infancia como una presencia, y la negligencia emocional como una ausencia. Describían cómo no querían repetir lo que habían vivido en forma de presencia maltratadora. Sin embargo, compensar la ausencia de conexión emocional parecía más difícil. A menudo, los informantes vivían el mero hecho de estar presentes en la vida del niño o la niña como suficientemente bueno.

Paternidad y maternidad

Los informantes solían vivir una tensión en torno a cuestiones de masculinidad y feminidad ligadas a la crianza, relativa a su percepción de la paternidad y la maternidad en el pasado y en el presente. Los padres de los informantes habían sido por lo general maltratadores o emocionalmente inaccesibles en sus vidas. Los hombres en tratamiento por IPV veían al padre de su infancia bajo una nueva luz ahora que ellos mismos eran «padres con problemas»: «Creo que mi padre, igual que yo, lo hizo lo mejor que pudo, dada la persona que era.» (Thomas).

Aunque los informantes solían expresar resentimiento hacia sus padres, a menudo también los disculpaban y destacaban sus buenas intenciones: «Papá simplemente no podía hacerlo mejor […] Y tenía sus problemas con el alcohol. Así que, de alguna manera mágica, queda disculpado de todo.» (Geir).

Los participantes solían vivir la ausencia y la violencia de sus padres como algo difícil, pero también con sentido, ya que estaban ligadas a algo concreto, como los problemas con el alcohol. En cambio, los informantes presentaban como importante cualquier aspecto positivo de sus padres:

Pobre, tenía un problema con el alcohol desde que era adolescente. Estaba mucho ausente, físicamente hablando. Y esto es injusto con mi madre, porque era ella la que estaba en la cocina, ella hacía que nuestro mundo siguiera girando […] Pero aun así tengo la sensación de que él estaba más presente. A menudo me decía que me quería. Y que estaba orgulloso de mí. (Hans)

Cuando formaba parte de sus recuerdos, ser reconocidos como individuos valorados por sus padres parecía importante para los informantes: «Conocí a la gente con la que trabajaba. Y me dijeron… hablaba de una sola cosa: el hijo, siempre el hijo, fuera malo o no. Y el hijo era yo.» (Thomas).

Los cuidados paternos se describían también en general como sujetos a menos expectativas, y más bajas, que los cuidados maternos: «Los padres parecen más relajados e infantiles, y su trabajo resulta más fácil, comparado con el proyecto de locos de las madres.» (Thomas).

En cambio, los informantes solían señalar las carencias de sus madres, así como las de las madres de sus hijos e hijas. Presentaban en general recuerdos infantiles de la crianza marcados por el género, en los que las madres atendían las necesidades básicas, mientras que con los padres no se contaba tanto como cuidadores. Hablaban de los cuidados paternos a partir de lo que percibían como las intenciones de sus padres. Los cuidados maternos se describían en función de cómo recordaban la calidad de la conducta de cuidado de sus madres. Aunque los recuerdos infantiles de los cuidados maternos se describían como más sensibles, a menudo evaluaban la crianza de sus madres en función de lo que percibían como sus carencias.

Me sentía rechazado y herido por mi padre todo el tiempo porque nunca se acercaba a mí. Era así y punto, y por eso no había decepción. Con mi madre era distinto, porque había cercanía y rechazo. El rechazo de mi madre era que no le quedaba tiempo suficiente para mí por todas las tareas y los críos, y eso me dolía. (Johan)

Los temas del padre que hace lo que puede y de la madre que proporciona unos cuidados insuficientes también estaban presentes en las descripciones de cómo vivían los informantes su paternidad y la maternidad de sus (ex)parejas. Solían describir a las madres de sus hijos e hijas en términos negativos. Señalaban cómo la madre del niño o la niña le complicaba la vida. Eran descripciones de cómo ella no le proporcionaba buenos cuidados o de las reacciones negativas del niño o la niña hacia la madre.

[Cuando [Niño] se pone agresivo conmigo…] No me siento bien entonces. Pero también entiendo a [Niño]… y lo llevo bastante bien, pero mi mujer no lo lleva nada bien. La mujer se disgusta mucho cuando [Niño] le hace eso a ella. (Arne)

Los participantes sugerían a menudo que la madre del niño o la niña trabajaba activamente para perturbar la relación entre padre e hijo o hija.

La madre no para de decir que tendría que haberse asegurado de tener la patria potestad exclusiva de él. De muchas maneras ha creado distancia entre él y yo. Creo que lo hace con intención, quiere volver a su lugar de origen y llevárselo con ella. (Hans)

Para resumir este punto, parecía que los padres en tratamiento por IPV vivían la violencia y la ausencia emocional de sus padres como algo con más sentido y menos dañino a largo plazo que las experiencias de ruptura en la relación con sus madres. Del mismo modo, no consideraban perjudicial su paternidad actual, pero a menudo eran muy conscientes de lo que vivían como carencias de la madre del niño o la niña.

Discusión

El objetivo de este análisis fenomenológico ha sido describir cómo una muestra de hombres noruegos en tratamiento por IPV vivía el impacto de sus experiencias infantiles en su paternidad. Uno de los temas principales era el conflicto de los padres entre vivirse como buenos padres y como alguien que daña al niño o la niña. Estas perspectivas divergentes contribuían a que oscilaran entre aceptar y rechazar la posibilidad de ser perjudiciales para el niño o la niña.

Desde una perspectiva fenomenológica, la presencia de otra persona obliga al individuo a percibirse en cierta medida desde la perspectiva de esa otra persona (Sartre 1943). La presencia del investigador parecía facilitar que los participantes consideraran la posibilidad de ser una fuerza perjudicial en la vida de sus hijos e hijas. Detenerse en esta posibilidad solía ir seguido de un movimiento para descartarla. Esto resuena con la teoría de la disonancia cognitiva, según la cual la presencia de dos cogniciones mutuamente excluyentes genera malestar psicológico. Se busca reducir ese malestar atendiendo a la información que reduce la divergencia entre las cogniciones y desatendiendo la que la aumenta (Harmon-Jones and Mills 2019).

Los informantes describían cómo habían planeado criar de forma distinta a lo que recordaban como una crianza adversa en su infancia, pero aun así acababan teniendo que reflexionar sobre haber dañado a sus hijos e hijas. Evitar prácticas de crianza adversas concretas que uno recuerda como dolorosas se ha denominado reelaboración (reworking) y es frecuente también en muestras no clínicas de padres (Bretherton et al. 2006). Sin embargo, en esta muestra, la reelaboración de prácticas adversas, como pegar, no se generalizaba a otras formas de crianza perjudicial, como no tener en cuenta los sentimientos de los niños y niñas.

La reelaboración limitada a evitar prácticas de crianza maltratadoras se reflejaba en el tema de la presencia del maltrato y la ausencia de cuidados. Sartre (1943) describió cómo la experiencia de un fenómeno puede definirse por su ausencia: para los hombres de este estudio, la ausencia de relaciones sensibles e intersubjetivas en las primeras etapas de la vida se vivía como un vacío que hacía infructuosos sus intentos de establecer tales relaciones con el niño o la niña en el presente. Los informantes describían que no querían repetir conductas parentales negativas concretas que habían vivido (por lo general, maltrato físico). Sin embargo, también vivían la experiencia de haber carecido de una cualidad relacional importante en sus relaciones infantiles con sus padres.

Esta cualidad puede definirse como una experiencia básica de seguridad, estabilidad y aceptación. Vivían un conflicto entre reconocer y rechazar que ellos también fallaban a la hora de ofrecer esta cualidad relacional a sus hijos e hijas. Describían cómo les costaba ofrecer algo cuya cualidad o contenido no conocían. Sin embargo, esta cualidad relacional se les hacía reconocible cuando la percibían en la relación del niño o la niña con otras personas, por ejemplo con su madre, donde podía ser criticada. Esto refleja también las teorías de la información social sobre la violencia interpersonal (Murphy 2013) y la investigación que demuestra que los hombres que ejercen IPV presentan limitaciones en el procesamiento de la información social (Setchell et al. 2017).

Hollway (2006) ha propuesto que la capacidad de cuidar se desarrolla en las relaciones familiares diádicas y triádicas tempranas. Los hombres de la presente muestra describían recuerdos infantiles de una triangulación insegura debida a la violencia o a la ausencia paterna, lo que, según la teoría del neurodesarrollo, aumenta el riesgo de desarrollar problemas de regulación afectiva, de ejercer violencia y de dificultades en la crianza (Beaver and Belsky 2011; Belsky and Beaver 2011; Golding and Fitzgerald 2019). Referían experiencias escasas e inestables de cuidados masculinos sensibles, lo que, según la psicología orientada al género (Levant 2005), puede dejar una capacidad limitada para cuidar de otras personas más adelante en la vida. Los resultados resuenan además con estudios que demuestran que los niños y niñas que crecen con un padre maltratador suelen rebajar sus expectativas hacia él (Cater and Forsell 2014), y que la mayoría de los hombres en tratamiento por IPV han sufrido maltrato físico o emocional en la infancia, sobre todo por parte de sus padres (Askeland et al. 2011). Según la teoría de género, la función principal del padre tradicional es fomentar el respeto basado en las normas sociales e iniciar al niño o la niña en la esfera social, valorando lo racional y lo productivo por encima de lo emocional (Freeman 2008), enseñando a los chicos a desatender las emociones y a equiparar las necesidades emocionales con la debilidad (Levant 2005).

Incluir los recuerdos infantiles de la crianza recibida como un aspecto de la experiencia parental en curso concuerda con una comprensión contextual de la violencia familiar que destaca cómo la interacción entre factores distales (p. ej., la experiencia temprana de maltrato) y proximales (p. ej., las emociones del niño o la niña en el presente) afecta a la inhibición o la manifestación de la conducta agresiva (Allen et al. 2018). Los informantes también describían cómo reproducían conscientemente las prácticas de crianza severas de sus padres que recordaban como eficaces. Estos resultados resuenan con la afirmación de la teoría del aprendizaje social de que los niños y niñas que crecen presenciando agresiones aprenden que la violencia es un medio viable de resolver conflictos (Sellers et al. 2005). Respaldan los hallazgos empíricos sobre cómo las actitudes que aprueban la agresión parental median la correlación entre la agresión en la familia de origen y la agresión de los padres hacia sus hijos e hijas (Smith Slep and O'Leary 2007).

Implicaciones clínicas

Desde una perspectiva fenomenológica, se ha descrito la violencia familiar como algo que afecta a todos los miembros de la familia y que estos refuerzan en su intento de gestionar las consecuencias de la violencia (Denzin 1984). Del mismo modo, una perspectiva sistémica familiar sobre el trabajo terapéutico con familias afectadas por la IPV sugiere que todos los miembros de la familia se influyen y se ajustan mutuamente. (Sammut Scerri et al. 2017). Esto exige que el equipo terapéutico procure comprender cómo la experiencia cotidiana del hombre violento como padre puede alimentar los patrones de violencia y de crianza insegura. Este estudio es una contribución en ese sentido.

Una terapia que aspire a mejorar la paternidad de los hombres en tratamiento por IPV debería contar con encontrarse con los conflictos psicológicos descritos en este artículo. Por cada paso que el padre dé hacia el pleno reconocimiento de que su violencia ha dañado al niño o la niña, quien ejerce la terapia puede esperar un movimiento hacia el deseo de ser aceptado como una persona no violenta y esencialmente buena. El reto terapéutico consiste en sostener y validar estas posiciones divergentes. No conviene reducir el reconocimiento por parte del cliente de su violencia a una señal de que es un progenitor más seguro, ni su rechazo a ser violento a un intento de manipulación o de minimización. El padre en tratamiento por IPV necesita integrar ambas perspectivas y trabajar en la regulación de la tensión que se deriva de ellas.

La terapia debería centrarse en dos vías principales de cambio. Por un lado, apoyar la capacidad del hombre para reconocer que ha sido violento y que puede serlo, y cómo eso afecta al desarrollo de su hijo o hija directamente e indirectamente a través de la relación entre los progenitores. Por otro, apoyar su deseo de mantener una relación segura, nutricia y recíproca con su hijo o hija y con la madre de este. En cuanto a lo primero, los hombres en tratamiento por IPV parecen tener dificultades para calibrar qué es normal y qué es diferente en su crianza. En cuanto a lo segundo, nuestros resultados sugieren que muchos hombres en terapia por IPV carecen de una experiencia vivida de lo que es estar en una relación recíproca y sensible entre progenitor e hijo. Por tanto, las experiencias infantiles del padre con la crianza recibida deberían ser un tema de la terapia.

Para algunos hombres, el efecto perjudicial de su crianza severa sobre sus hijos e hijas puede hacerse más claro cuando se contextualiza con sus propias experiencias infantiles adversas. Los participantes vivían la experiencia de haber contribuido al maltrato que sufrieron de niños por ser «difíciles», y pueden percibir de manera similar que sus hijos e hijas provocan su agresividad paterna. Por ello, podría ser útil ayudar a los hombres que ejercen IPV a comprender de otro modo sus propias experiencias infantiles y examinar cómo estas pueden haber llegado a influir en su vivencia de sus hijos e hijas. Este enfoque se describió en relación con las madres hace cuatro décadas (Fraiberg et al. 1975), se ha desarrollado con el tiempo (p. ej., Slade 2005) y se ha aplicado recientemente en la terapia con padres en situación de riesgo (Stover 2013).

Las intervenciones terapéuticas para mejorar la paternidad de los hombres violentos suelen ser grupales y centrarse en la psicoeducación (Labarre et al. 2016). Nuestros resultados sugieren que la psicoeducación por sí sola puede ser insuficiente. Proponemos que las intervenciones terapéuticas para padres que han reconocido su responsabilidad en el uso de la violencia y tienen un control adecuado de su agresividad incluyan, cuando sea factible, la participación activa de la (ex)pareja y del hijo o la hija en la terapia del hombre. Esto puede incluir también la observación in vivo de la interacción entre padre e hijo o hija (Stover 2013). Se requieren sesiones individuales con la (ex)pareja del hombre para entender si sus perspectivas coinciden con las de él y cómo, en qué difieren y cómo se influyen mutuamente (Sammut Scerri et al. 2017). La terapia debería abordar las experiencias tempranas, específicas de género, con las personas cuidadoras y cómo estas experiencias pueden haber influido en las actitudes de los padres hacia los cuidados. Muchos hombres pueden no prestar atención al impacto de la adversidad temprana en su crianza o no cuestionarlo (Levant 2005). Además, debería examinarse la percepción que los hombres tienen de su pareja femenina como cuidadora y cómo puede estar influida por sus experiencias tempranas.

Implicaciones para la investigación

La investigación sobre la paternidad de los hombres que ejercen IPV todavía necesita describir mejor los procesos que caracterizan una interacción perjudicial entre padre e hijo o hija más allá de la exposición directa de los niños y niñas a incidentes violentos. Se necesitan estudios más profundos de la interacción entre progenitores e hijos con hombres que ejercen violencia en la pareja pero mantienen contacto con sus hijos e hijas. Los estudios futuros deberían investigar cómo las combinaciones del tipo de adversidad temprana, de la relación con la persona que la infligió y del género de esta influyen en el procesamiento de la información social y en la conducta parental de los hombres en tratamiento por IPV. Esto implica más estudios observacionales de díadas padre-hijo, como los realizados por Madigan et al. (2011). Asimismo, es necesario examinar en qué pueden diferir en su crianza, respecto de la presente muestra, los hombres con estrategias de afrontamiento menos adaptativas, como los hombres que ejercen IPV y presentan a la vez problemas de consumo de alcohol o sustancias. Por último, se necesitan más ensayos clínicos de intervenciones manualizadas con padres violentos en la pareja que incluyan un marco de trauma intergeneracional, como Fathers for Change (Stover 2013) o Caring Dads (Scott and Lishack 2012). Sería interesante examinar si una mejor comprensión del trauma temprano se asocia a una paternidad más sensible y a una reducción de la hostilidad hacia la madre del niño o la niña.

Fortalezas y limitaciones

Este es uno de los pocos estudios que describen la crianza de los hombres en tratamiento por IPV desde una perspectiva en primera persona. Aunque se basa en una muestra noruega, creemos que los resultados son pertinentes para los hombres que siguen voluntariamente un tratamiento por IPV también fuera del contexto escandinavo. Sin embargo, como los participantes no estaban derivados por orden oficial, esto puede implicar que tenían cierta conciencia de cómo su violencia afectaba a la familia. Existía un sesgo de selección, que puede haber influido en la capacidad de los participantes para reflexionar sobre la relación entre progenitor e hijo. Por ello, es importante tener en cuenta que los resultados aquí presentados pueden no ser representativos de otras muestras de hombres que ejercen IPV y son padres. Los hombres que acuden a tratamiento por orden judicial o / y presentan problemas concomitantes con el alcohol muestran una conducta violenta más marcada (Foran and O'Leary 2008) y déficits en el procesamiento de la información social (Clemens and Schumacher 2010). Estos factores también pueden contribuir a diferencias en la experiencia parental.

Conclusiones

Una muestra de hombres noruegos en terapia por IPV describió sus experiencias como padres. Vivían un conflicto entre reconocer y rechazar que su violencia había sido dañina para su hijo o hija. Este conflicto estaba ligado a un proceso de construcción de sentido sobre quiénes eran como padres y cómo habían llegado a ser los padres que eran. Se distanciaban de la crianza que habían recibido en la infancia y trataban de aprender a cuidar en un sentido cognitivo en el presente. Sin embargo, una experiencia vivida limitada de cuidados sensibles contribuía a una comprensión limitada de los cuidados; sus conocimientos adquiridos seguían siendo fragmentarios y tendían a repetir prácticas de crianza severas. Por ello, es imprescindible establecer competencias parentales básicas y contextualizar el trauma en el trabajo terapéutico con este grupo.

Complexe Systémique: puntos clave

El estudio da acceso a la experiencia de padres que ejercen violencia sin tomarla al pie de la letra: el método fenomenológico describe, pero el equipo muestra también lo que estos relatos hacen desaparecer: la violencia psicológica, el clima de miedo, la responsabilidad desplazada hacia el niño o la niña o hacia la madre. El hallazgo más útil reside en la diferencia entre la presencia del maltrato y la ausencia de cuidados: estos hombres saben lo que no quieren reproducir, los golpes, pero no lo que hay que construir, una seguridad relacional que nunca vivieron. De ahí una crianza aprendida en los libros, que confunde presencia con disponibilidad. Para la práctica sistémica, el reto es sostener a la vez el reconocimiento y la responsabilidad, trabajar la historia transgeneracional sin convertirla en una excusa e implicar a la pareja y al niño o la niña solo una vez garantizada la seguridad, como subraya el equipo autor. Los límites son claros: once hombres que acudían voluntariamente, sin violencia grave reciente ni dependencia, y ninguna voz de las madres ni de los niños y niñas. Puede leerse junto con el artículo sobre las dinámicas familiares y las normas de género en hombres condenados por violencia en la pareja y el artículo sobre el lugar del niño o la niña en los servicios noruegos tras la violencia familiar.

Notas del original

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Traducción no oficial de How Do Memories of Having Been Parented Relate to the Parenting-Experience of Fathers in Treatment for Intimate Partner Violence? A Phenomenological Analysis, de Henning Mohaupt, Fanny Duckert e Ingunn Rangul Askeland, Journal of Family Violence, vol. 36, n.o 4 (2021), doi: 10.1007/s10896-020-00210-z, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tabla presentada en forma de lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «How Do Memories of Having Been Parented Relate to the Parenting-Experience of Fathers in Treatment for Intimate Partner Violence? A Phenomenological Analysis», publicado en Journal of Family Violence (2021) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Mohaupt, H., Duckert, F., et Askeland, I. R. (2021). How Do Memories of Having Been Parented Relate to the Parenting-Experience of Fathers in Treatment for Intimate Partner Violence? A Phenomenological Analysis. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/how-do-memories-of-having-been-parented-relate-to-the-parenting-experience-of-fathers (Obra original publicada en 2020 en Journal of Family Violence, 36(4), 467-480 (2021); republicada en 2021 por Journal of Family Violence, https://link.springer.com/article/10.1007/s10896-020-00210-z)

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