Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Current Psychiatry Reports · Familia
La conducta sexual entre hermanos y hermanas no es un fenómeno nuevo, pero sigue estando mal definida, poco investigada y a menudo mal gestionada. Un equipo británico revisa lo que se sabe y defiende una respuesta que proteja a la niña o al niño que ha sufrido el daño teniendo en cuenta a la familia como sistema, más allá de servicios compartimentados.
Traducción no oficial al español de Reviewing the Evidence on Sibling Sexual Behaviour: Impact on Research, Policy and Practice, de Kieran F. McCartan, Sophie King-Hill y Stuart Allardyce, publicado en Current Psychiatry Reports (Springer) (2024), doi: 10.1007/s11920-024-01487-3, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta en forma de lista; como en el original, las marcas • y •• en las citas señalan trabajos recientes de importancia y de gran importancia. La sigla SSB (sibling sexual behaviour) designa la conducta sexual en la fratría. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
La investigación sugiere que las respuestas a la SSB son más eficaces cuando trabajan con la familia como sistema.
Kieran F. McCartan, Sophie King-Hill y Stuart Allardyce
Resumen
Objetivo de la revisión. Este artículo revisa la investigación reciente sobre la conducta sexual en la fratría (SSB, por sus siglas en inglés). Se trata de una cuestión profesional y comunitaria emergente que reúne una base de evidencia limitada procedente de la investigación, la práctica y las políticas en psicología, criminología, ciencia política, trabajo social y estudios de políticas públicas. La revisión mostrará que un enfoque multidisciplinar, del curso vital y del sistema familiar es la forma más eficaz de empezar a desarrollar intervenciones para prevenir este problema y darle respuesta.
Hallazgos recientes. La SSB se ha investigado anteriormente como una forma de abuso intrafamiliar o de incesto entre hermanos. Como consecuencia, la SSB está definida como concepto de manera deficiente e incoherente, lo que significa que la investigación, la práctica y las políticas a veces están en desacuerdo entre sí y necesitan aunar esfuerzos para construir un encuadre coherente del problema. Esto implica que gran parte de la investigación más antigua debe contextualizarse en los nuevos marcos de pensamiento y formas de trabajo emergentes. La investigación actual subraya la importancia de comprender el papel del sistema familiar en la creación de las condiciones en que puede producirse la SSB, así como su papel central para prevenirla e impedir que ocurra. La investigación destaca también la importancia de que las y los profesionales comprendan el contexto familiar de la SSB y tengan la seguridad necesaria para identificar a las familias y trabajar con ellas de forma proactiva, con un enfoque multiagencia e interdisciplinar.
Síntesis. La prevención de la SSB y la respuesta a ella requieren un enfoque multinivel y multidisciplinar. Prevenir la SSB y responder a ella con éxito depende tanto del sistema familiar como de las actitudes, las conductas y las experiencias de los hermanos y hermanas afectados por el abuso.
Palabras clave: abuso sexual en la fratría, prevención, tratamiento, políticas, familia, práctica profesional
Recientemente ha aumentado el interés académico y político por la conducta sexual en la fratría (SSB) [1••, 2••]. Es importante reconocer que esto no significa que la SSB sea una nueva forma de abuso y explotación sexual infantil [3], sino que se trata del reconocimiento de un problema antiguo más que de un fenómeno nuevo. Al hablar de la SSB, se ha hecho evidente que es un ámbito poco investigado, sobre todo en comparación con otras formas de violencia sexual [1••, 2••]. La mayor parte de la investigación sobre el abuso sexual intrafamiliar se centra en el incesto padre-hija [4], y la mayor parte de la investigación sobre el daño sexual entre iguales en la infancia se centra en relaciones no familiares [5, 6•, 7]. Históricamente, hasta comienzos del siglo XXI, los debates clínicos y académicos se centraron en el «incesto entre hermanos», un concepto que suele minimizar el daño causado por el abuso sexual en la fratría (SSA) [8]. Esto plantea un reto a la hora de desarrollar respuestas basadas en la evidencia, ya que la base de evidencia histórica sobre la SSB no es tan sólida como la de otros ámbitos del abuso sexual (p. ej., evaluación del riesgo, tratamiento, reinserción) [9, 10]. Esto significa que el desarrollo de las políticas y de la práctica avanza en paralelo con una base de evidencia en evolución. Este artículo reunirá la base de evidencia existente, y limitada, relativa a la SSB, destacando lo que la distingue de otras formas de abuso sexual infantil.
Las definiciones de la SSB se centran en la conducta sexual dañina entre menores que se identifican como hermanos o hermanas, conocida bajo el término genérico de abuso sexual en la fratría [2••, 14]. Aunque esta definición tiene su mérito, el término «conducta sexual dañina» incluye conductas inapropiadas o problemáticas, que pueden ser perjudiciales para el desarrollo de todas las personas implicadas pero no llegan a tener una intención o un resultado victimizante [17•]. Esto puede llevar a calificar de abusivas conductas que se describirían mejor como problemáticas: p. ej., menores de corta edad que quizá reproducen con un hermano o una hermana su propia experiencia de victimización o la exposición a experiencias sexuales para las que no están preparados en su desarrollo. Algunas definiciones agravan esta situación al incluir una serie de actos que pueden ser abusivos, pero que en algunos contextos se describirían mejor como inapropiados o problemáticos (p. ej., referencias sexuales no deseadas en la conversación, exhibicionismo u obligar a un menor a ver pornografía) [18]. Algunas definiciones ponen el acento en la diferencia de edad y/o en el uso de la fuerza o la coacción, pero la investigación realizada hasta la fecha sugiere que la diferencia de poder puede ser una base mejor para determinar si la conducta sexual entre hermanos o hermanas es abusiva [19].
Los estudios sobre jóvenes que han mostrado o vivido SSB utilizan definiciones distintas y, con el término «abuso sexual entre hermanos», describen a menudo tipos diferentes de escenarios y contextos, algunos de los cuales pueden no alcanzar las definiciones habituales de abuso sexual infantil y se caracterizarían mejor como conducta sexual inapropiada o problemática en la fratría [2••]. Esto compromete la utilidad de la investigación para fundamentar decisiones en casos reales en curso. Por ello, en este artículo se utilizará el término «conducta» sexual en la fratría, y no «abuso», para abarcar el abanico de conductas a las que se hace referencia.
La SSB se ve agravada por una serie de retos que tienen consecuencias para la detección y la intervención. Uno de los aspectos clave de estos retos tiene que ver con la complejidad de las definiciones de la SSB, con múltiples niveles, en distintos ámbitos. Aunque la magnitud y la gravedad de esta cuestión son cada vez más reconocidas entre quienes investigan y quienes ejercen en la práctica, no existe una definición de la SSB aceptada universalmente [1••, 2••]. Esto se deriva de dos fuentes de complejidad: la falta de una definición consensuada de lo que constituye una relación fraterna y la falta de consenso profesional sobre lo que constituye una conducta sexual abusiva entre hermanos o hermanas. Hay que señalar, no obstante, que este matiz definicional no se limita a la SSB, sino que afecta al abuso sexual en general y a la violencia contra las mujeres y las niñas en particular; pero, a diferencia de la SSB, estos otros ejemplos se han debatido y acordado en el Reino Unido, con un consenso mayoritario establecido. Es decir, existe una definición operativa, que es precisamente lo que falta en el caso de las conductas sexuales en la fratría, entendidas como un abanico de conductas y de daños [1••, 2••, 12].
Otra complejidad en torno a la SSB proviene de la dificultad de definir qué es un hermano o una hermana. Existen muchas formas de relación fraterna, como los hermanos y hermanas biológicos, los hermanastros, los medio hermanos, los hermanos adoptivos, los hermanos de acogida y los hermanos sociales: menores sin vínculo biológico ni legal que se han criado juntos o muy cerca y comparten un vínculo duradero. En algunos contextos culturales y sociales existen relaciones de familia extensa que comparten muchas de las características de lo que puede conceptualizarse como una relación fraterna [13]. Reconocer estas complejidades implica que hoy se otorga con frecuencia un lugar central a la autodefinición para establecer qué es una relación fraterna en una familia y un contexto determinados [14].
También había que reflexionar sobre cómo se define la propia conducta. Algunas definiciones de la SSB se centran en el contacto sexual entre hermanos o hermanas que una persona superviviente vive como traumático [15]. Aunque esto describe muchos escenarios de SSB, para algunos menores la experiencia del trauma puede no ser evidente en el momento y hacerse visible solo en la adolescencia tardía o en la edad adulta [16]. Por ello, las definiciones centradas en el trauma pueden comprometer las investigaciones de protección cuando se identifica una SSB, ya que la persona menor que ha sufrido el daño puede no conceptualizar lo que le ha ocurrido como dañino y/o puede no presentar síntomas [1••, 2••]. Algunos estudios basados en entrevistas con personas adultas supervivientes han identificado conductas sexuales en la fratría claramente fuera de los parámetros de una conducta sexual normativa y adecuada al desarrollo, pero que no parecen conducir a un trauma ni entonces ni más adelante en la vida [20•]. Estos «tipos de relación rutinaria» implican que quienes forman el subsistema fraterno crean un mundo compartido intenso (a veces en un contexto de negligencia parental) [21], en el que los hermanos y hermanas mayores inician actos sexuales como parte de la vida cotidiana, mientras que los menores tienden a aceptarlos y a plegarse a ellos como en cualquier otra situación. Ya se vivan como placenteros, incómodos o dolorosos, las y los menores implicados consideran estos actos sexuales normales y aceptables. Situaciones así cuestionan las definiciones de la conducta sexual en la fratría, y algunos equipos de investigación siguen utilizando términos como incesto entre hermanos y «conducta sexual entre hermanos», dado el carácter aún no asentado de las definiciones en este ámbito del maltrato infantil [22]. La falta de definiciones consensuadas hace que los estudios sobre prevalencia varíen ampliamente, ya que se basan en definiciones distintas de lo que constituye el abuso sexual en la fratría. Las cifras de prevalencia en población general varían entre un 1,3 % de menores que viven SSB [23] y un 11% [24].
Otra consecuencia de la falta de una definición clara de la SSB es que profesionales del trabajo social y de otros ámbitos pueden subestimar el carácter abusivo de ciertas interacciones sexuales en la fratría, considerándolas normativas o inapropiadas, o, a la inversa, calificar de abuso una exploración sexual entre hermanos o hermanas adecuada a la edad y conductas mutuas pero no dañinas [25•]. A menudo, las personas adultas no han denunciado la SSB o la han descartado como «experimentación sexual inofensiva» [11]. Así ocurre especialmente cuando se identifica una conducta sexual en la fratría que no corresponde a las expectativas profesionales tradicionales sobre lo que constituye un abuso sexual infantil, aunque cumpla criterios clave de la definición de abuso sexual infantil (p. ej., contacto sexual entre menores con diferencias de poder significativas entre quienes participan).
La complejidad y los matices de la definición de la SSB han contribuido a crear una base de evidencia complicada y mal delimitada. Las búsquedas bibliográficas sobre la SSB ponen de relieve artículos y políticas relativamente recientes [1••]; sin embargo, la base de evidencia de la investigación es más antigua de lo que parece en un principio. Al examinar la evidencia, es necesario explorar una serie de términos en distintas disciplinas [1••, 2••] (véase un ejemplo en la tabla 1). Conviene señalar, no obstante, que la terminología varía de una disciplina a otra, con términos como incesto entre hermanos en lugar de abuso sexual en la fratría (p. ej., antropología [26], trabajo social [27] y sociología [28]). Esto indica que, para comprender plenamente la naturaleza y la experiencia vivida de la SSB, se necesita una comprensión multidisciplinar [1••, 2••, 29] que tenga en cuenta la presencia y los efectos de las vulnerabilidades desde una perspectiva interseccional [30, 31].
Tabla 1 — Definiciones alternativas de la conducta sexual en la fratría [1••]
Este panorama complicado refuerza la idea de que la SSB es una constelación de conductas y de que la conducta abusiva es solo una de las muchas interacciones sexuales en la fratría que pueden darse en el contexto del hogar familiar [1••, 2••, 12]. Esto significa que la base de evidencia, tanto nacional en el Reino Unido como internacional, es cambiante y se presta actualmente a orientar guías y políticas y prácticas limitadas más que a ofrecer un marco definitivo [32–35]. Por ello, es importante garantizar definiciones compartidas de la SSB que fundamenten la base de evidencia de la investigación y mejoren la práctica y las políticas [12, 34]. Si hay demasiadas variantes de definiciones, ya sea por sector (p. ej., en el Reino Unido: policía, trabajo social, servicios de juventud, tercer sector) o por función (p. ej., en el Reino Unido: prevención, tratamiento, evaluación del riesgo, gestión del riesgo), esto puede dar lugar a un sistema fragmentado, incapaz de ayudar eficazmente a jóvenes y familias. Además, las teorías y los enfoques tradicionales del abuso sexual (p. ej., el desistimiento, el modelo riesgo/necesidades/responsividad y los enfoques basados en las fortalezas) no se han aplicado a la SSB como se ha hecho con otras poblaciones específicas (p. ej., mujeres que cometen delitos, jóvenes que causan daño sexual, personas con una enfermedad mental o una discapacidad intelectual que causan daño sexual) [9, 10]. La lógica es que estamos al comienzo de la construcción de nuestra base de evidencia sobre la SSB y desconocemos sus implicaciones a medio y largo plazo para ambos grupos de hermanos y hermanas (es decir, quienes han causado el daño y quienes lo han sufrido). Esto significa que hay que tener en cuenta las realidades de la prevención, el tratamiento, el desistimiento, la integración comunitaria y el apoyo tanto a las víctimas como a quienes han causado el daño, así como lo que es propio de la SSB y lo que no. La comprensión de estas cuestiones se desarrollará en relación con la SSB y llegará con el tiempo, al igual que una mejor articulación con otras teorías generales y el desarrollo de adaptaciones específicas.
Uno de los factores propios de la SSB es el papel de la familia en la situación de abuso. El sistema familiar es un factor contextual que puede precipitar el abuso y/o contribuir a mantener la conducta dañina cuando existe una cultura más amplia de abuso y disfuncionalidad. Del mismo modo, unas dinámicas familiares sanas pueden contribuir al cese del abuso y al desistimiento [1••, 2••, 16, 36] (véase la fig. 1).
![La interrelación de las dinámicas familiares en la etiología, la prevención y la respuesta al abuso sexual en la fratría [1••, 36]](/media/cms/95/9a/30b8c57f982123caa55978c80b9f.jpg)
El sistema familiar es un ámbito importante en la SSB, además de la persona menor que ha sufrido el daño y de la que lo está sufriendo; por ello, tener en cuenta a la familia es esencial para prevenir la SSB y responder a ella. Así lo pone de relieve una nueva guía de cartografía para responder a la SSB elaborada en el Reino Unido [37••]. Esto indica que desplazar la conversación de la conducta abusiva a los factores contextuales y prestar la misma atención al entorno familiar son componentes vitales. Tener en cuenta la dinámica familiar, la psicología y la conducta de cada persona y la relación entre los dos hermanos o hermanas es igual de importante para prevenir la SSB y responder a ella [38, 39••]. Esto indica un tipo distinto de implicación profesional, más larga, más intensiva, más inclusiva, más compleja y potencialmente más costosa, lo que significa que hay que pensar la SSB como algo que suele producirse dentro de una cultura de conducta sexual dañina, y no como una conducta abusiva que desencadena respuestas multiagencia centradas en individuos [1••, 36]. Un ejemplo podría ser una adaptación de la protección contextual («contextual safeguarding») al sistema familiar y a los servicios que lo rodean [6•, 7]. La protección contextual tradicional sitúa al niño o la niña en el centro de una serie de sistemas personales, comunitarios y profesionales que trabajan juntos para reducir el daño entre menores y ayudarles, en última instancia, a integrarse y a desenvolverse plenamente en la comunidad [6•, 7]. Desde la perspectiva de la SSB, habría que considerar el modelo de protección contextual y la forma en que los sistemas personal, familiar (familia nuclear y extensa), de iguales, comunitario y profesional se articulan para apoyar a los miembros de la familia afectados por este problema.
En los estudios y en la literatura se ha defendido que el foco de toda intervención eficaz ante el SSA debe anclarse en el entorno familiar, con un enfoque restaurativo basado en las fortalezas [1••, 2••, 51]. Este enfoque exige escuchar desde el principio las voces de todas las personas implicadas para comprender el contexto en el que se encuentran. Esta comprensión no se refiere solo a la conducta sexual en sí, sino también a otros factores contextuales, como la situación de convivencia, las dinámicas familiares y la crianza, la educación, la salud y el desarrollo, y el contexto social [37••]. Así lo propone la herramienta de cartografía de la SSB (SSBMT) desarrollada recientemente en el Reino Unido para ayudar a los equipos profesionales a pensar la complejidad de esta cuestión. Está firmemente anclada en todas estas estructuras sociales, y obtener una imagen adecuada de estos elementos es crucial para diseñar intervenciones eficaces [2••]. Esta recogida holística de información empieza por las niñas, niños y jóvenes y sus familias, y es un factor clave para obtener resultados positivos a largo plazo [2••, 49, 52]. Esto remite también al carácter crucial del trabajo multiagencia, ya que es necesario tener en cuenta todos estos aspectos distintos de la vida familiar [2••, 49, 53, 54].
En este sentido, es importante tener en cuenta también las respuestas profesionales ante la revelación de una SSB. Estas reacciones están ligadas a la seguridad, los conocimientos y las competencias, y desempeñan un papel importante en lo que les ocurre a las y los menores y a sus familias. Cuando carecen de estas competencias clave, los equipos profesionales pueden minimizar, dramatizar o exagerar (para obtener acceso a servicios) las conductas de las y los menores, con efectos potencialmente perjudiciales para estas personas menores y sus familias [1••, 51], ya que estas reacciones se deben muy a menudo a una falta de conocimientos y de seguridad, específicamente para comprender cuándo las conductas sexuales en la fratría son abusivas [38, 52].
Las respuestas profesionales a la SSB contribuyen de forma decisiva a buenos resultados para la infancia que daña sexualmente a sus hermanos o hermanas, para la que ha sufrido el daño y para su familia [1••]. Quienes intervienen para apoyar a las familias afectadas por la SSB tendrán que tomar decisiones que pueden tener un impacto profundo en ellas (p. ej., decidir si las y los menores pueden seguir viviendo juntos en el mismo hogar). Esto significa que recae en cada profesional la responsabilidad de asegurarse de tener las competencias y los conocimientos sobre la evidencia existente, las buenas prácticas y los posibles efectos de sus decisiones. Una implicación profesional eficaz depende también de la seguridad con la que se abordan y planifican las intervenciones complejas que requiere la SSB. Sin embargo, en el Reino Unido, la investigación ha demostrado que la seguridad profesional suele ser baja ante las conductas sexuales dañinas de niñas, niños y jóvenes (CYP, por sus siglas en inglés). Esto se agrava en la SSB por las complejidades adicionales que la rodean. Aunque es un aspecto clave para obtener resultados positivos, la seguridad profesional varía mucho, es esporádica e irregular, y existe una enorme ansiedad profesional ante los casos relacionados con la SSB [1••]. En el Reino Unido, la seguridad profesional parece derivar además de la experiencia más que de una formación específica, pese a ser un elemento crucial para el enfoque y los resultados cuando una familia vive una SSB [2••]. Esta falta de seguridad se combina negativamente con la ausencia de itinerarios, políticas y estructuras nacionales coherentes, necesarios para planificar intervenciones sólidas con las familias afectadas por la SSB. La investigación realizada en el Reino Unido ha demostrado que los equipos profesionales a menudo se sienten poco preparados para trabajar en este ámbito [40]. Es uno de los factores agravantes que afectan a la seguridad en la toma de decisiones, lo cual es crítico dado el impacto de algunas de las decisiones que deben tomar. A ello se suman factores externos como la falta de conocimientos y de investigación sobre la SSB y unas competencias, una experiencia y una formación esporádicas [41•, 42]. En sus decisiones en ámbitos complejos como la SSB, los equipos profesionales se ven a menudo influidos internamente por su propia autoeficacia y su confianza [42]. En cambio, pese a estos factores que pueden comprometer la implicación profesional con las familias afectadas por este problema, existe en el Reino Unido el supuesto implícito de que quienes se ocupan de la SSB y de sus complejidades se sienten seguros en este ámbito, lo que añade presión a una cuestión ya de por sí tensa y llena de matices [41•, 43••]. La escasa seguridad y la falta de formación y de investigación sobre la SSB y sobre cómo llevar a cabo intervenciones eficaces conducen a resultados negativos para las y los menores y las familias que se encuentran en esta situación.
Una de las formas de abordar estas cuestiones de seguridad es mediante una formación coherente, que aumente los conocimientos y, por tanto, la seguridad para abordar la SSB. Un aumento de la seguridad, gracias a la formación profesional, puede multiplicar las intervenciones profesionales bien planificadas y conduce, en última instancia, a resultados positivos para quienes viven una SSB y para sus familias [43••, 44•, 45]. Planificar y llevar a cabo intervenciones de forma coherente depende también en gran medida de un trabajo multiagencia eficaz. De nuevo, debido al carácter esporádico de las intervenciones y a la falta de una política nacional articulada para abordar la SSB, este trabajo suele ser fragmentario, lo que da lugar a una «lotería del código postal» para quienes se encuentran en esta situación [1••]. La complejidad que rodea a la SSB requiere aportaciones profesionales diversas. Ello se debe a los distintos elementos de este trabajo que son necesarios para planificar intervenciones eficaces. Por ejemplo, habrá que trabajar con la persona menor que ha causado el daño (que puede haberlo sufrido también), con la que lo ha sufrido y con el círculo familiar más amplio, que a menudo vive en hogares distintos. Esto se complica aún más por la falta de un lenguaje compartido entre las distintas instituciones que trabajan en este ámbito [46–48]. Este trabajo exige a los equipos profesionales un conjunto variado de competencias, lo que convierte el trabajo multiagencia eficaz en una parte vital de las intervenciones [2••, 49, 50].
En el contexto del Reino Unido no existen políticas nacionales unificadas en relación con la SSB. Esto se debe al carácter esporádico de la investigación, la práctica y la comprensión en este campo. La investigación indica que algunos de los factores causales de la SSB están relacionados con las dinámicas familiares y con problemas no resueltos en las familias que afectan a las relaciones fraternas y al desarrollo. El impacto de la SSB tampoco se limita a la persona menor que ha sufrido el daño. Las madres y los padres [55], los hermanos y hermanas no implicados en el abuso [56] e incluso quien ha causado el daño [57] pueden verse profundamente afectados, tanto en el momento en que se identifica el abuso como a lo largo de su vida. La literatura sobre la resiliencia de las personas supervivientes de abuso sexual infantil indica que una serie de factores familiares pueden mejorar los resultados para ellas, entre ellos el apoyo emocional de ambos progenitores, la estabilidad familiar, la cohesión familiar y una crianza positiva [58]. Todos ellos pueden verse comprometidos en estas situaciones a causa de problemas no resueltos en la familia. Quienes han sufrido el daño pueden también alejarse, al crecer, de familiares que podrían haberles brindado apoyo, porque siguen viviendo la familia como un lugar emocionalmente inseguro [20•, 59•]. Los hermanos y hermanas pueden intentar evitar el contacto entre sí en la edad adulta a causa de problemas no resueltos, pero acontecimientos como bodas y funerales pueden volver a reunirles y convertirse en campos de minas emocionales que generan estrés en todos los miembros de la familia [59•].
Las respuestas habituales a la SSB en el Reino Unido, cuando se identifica en la infancia, implican servicios compartimentados para los distintos miembros de la familia: trabajo terapéutico con la persona menor que ha sufrido el daño, y evaluación e intervenciones con la que lo ha causado para reducir el riesgo. Cuando estos casos se identifican en la edad adulta en el Reino Unido, puede ofrecerse una terapia individual a la persona adulta que sufrió el daño en la infancia. Si el caso se trata en el sistema de justicia penal del Reino Unido, se ofrecerá normalmente un tratamiento para «delincuentes sexuales» [19]. Lo que suele faltar en este contexto, tanto en el sistema de protección de la infancia como más tarde, cuando las y los menores ya son adultos, son intervenciones que apoyen a toda la familia. La investigación sugiere que las respuestas a la SSB son más eficaces cuando trabajan con la familia como sistema, en lugar de respuestas individualizadas y aisladas para quien ha causado el daño y para quien lo ha sufrido [1••]. Es necesario abordar las relaciones familiares en su conjunto y, en la medida de lo posible, repararlas y restaurarlas siempre que se pueda.
Ha habido algunos primeros indicios prometedores de que las respuestas basadas en algunos de los principios de la justicia restaurativa pueden ser útiles para las familias en estas situaciones [49]. La derivación desde los tribunales hacia un sistema de conferencias familiares en Australia [60] y un sistema similar de comisión de exención en Israel [61] apuntan en la misma dirección: estos enfoques no solo son sólidos, en la medida en que corresponde, a la hora de exigir responsabilidades a quien ha causado el daño, sino que tienen además potencial para una restauración y una rehabilitación familiares más satisfactorias. Estos enfoques subrayan la importancia de entender la familia como un «sistema traumatizado» y de que todo trabajo de restauración tenga en cuenta el trauma vivido no solo por cada persona, sino por la familia en su conjunto [1••, 20•, 36, 59•]. Todo ello debe equilibrarse con opciones de apoyo terapéutico para las personas adultas supervivientes que deseen recibir apoyo al margen de su familia.
La SSB no es una forma nueva o emergente de abuso sexual infantil, pero los discursos profesionales y académicos están cambiando a la luz de nueva evidencia que pone en primer plano la complejidad y el carácter multifacético de esta cuestión. El (re)descubrimiento profesional, práctico y académico de la SSB permite explorarla con matices, con un doble foco en el sistema familiar y en la conducta abusiva. La investigación, aunque limitada, indica que la SSB puede tener efectos significativos y duraderos a lo largo de la vida sobre el sistema familiar en general y sobre la víctima en particular [1••, 2••], lo que significa que las perspectivas, las políticas y las intervenciones deben replantearse para centrarse en el ecosistema en el que se produce la conducta problemática, en lugar de centrarse únicamente en las conductas, los actos y las respuestas de cada persona de la familia.
Complexe Systémique: puntos clave
El interés de esta revisión es sacar la conducta sexual en la fratría de la alternativa entre trivializar y dramatizar. Sin una definición compartida, actos realmente abusivos se toman por juegos infantiles, mientras que conductas inapropiadas sin intención de dominación se tratan como agresiones. El equipo propone fijarse primero en la diferencia de poder entre las y los menores, más que en su diferencia de edad, y considerar el contexto familiar: negligencia, hermanos y hermanas abandonados a su suerte, una cultura en la que no se respetan los límites corporales. Para la práctica sistémica, la lección es doble. Proteger a la persona menor que ha sufrido el daño sigue siendo la prioridad, pero las respuestas compartimentadas, terapia para una y programa para la otra, dejan de lado a las madres y los padres, al resto de la fratría y la cuestión de la convivencia. Pensar la familia como un sistema traumatizado abre la vía a enfoques restaurativos, sin renunciar a la responsabilidad de quien ha causado el daño. Se trata de una revisión narrativa británica, sin método sistemático, cuyas propuestas están aún por comprobar. Para leer junto con el artículo sobre una perspectiva sistémica de la violencia sexual y el estudio sobre la invisibilidad de la fratría en las intervenciones familiares.
Notas del original
Nota de la editorial Springer Nature se mantiene neutral con respecto a las reclamaciones jurisdiccionales en mapas publicados y afiliaciones institucionales.
Conflicto de intereses. La autoría declara no tener conflictos de intereses.
Derechos humanos y de los animales y consentimiento informado. Este artículo no contiene ningún estudio con seres humanos o animales realizado por la autoría.
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Traducción no oficial al español de Reviewing the Evidence on Sibling Sexual Behaviour: Impact on Research, Policy and Practice, de Kieran F. McCartan, Sophie King-Hill y Stuart Allardyce, Current Psychiatry Reports, vol. 26, n.o 3 (2024), doi: 10.1007/s11920-024-01487-3, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tabla presentada en forma de lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Este es el artículo original «Reviewing the Evidence on Sibling Sexual Behaviour: Impact on Research, Policy and Practice», publicado en Current Psychiatry Reports (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
McCartan, K. F., King-Hill, S., y Allardyce, S. (2024). Reviewing the Evidence on Sibling Sexual Behaviour: Impact on Research, Policy and Practice. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/reviewing-the-evidence-on-sibling-sexual-behaviour-impact-on-research-policy-and-practice (Obra original publicada en 2024 en Current Psychiatry Reports, 26(3), 37-44 (2024); republicada en 2024 por Current Psychiatry Reports, https://link.springer.com/article/10.1007/s11920-024-01487-3)
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