Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Frontiers in Sociology · Terapia familiar
Cuando una madre o un padre desaparece detrás de un teléfono y la infancia se encierra en los videojuegos, ¿qué es exactamente lo que se regula? A partir de 47 sesiones filmadas con cinco familias atendidas en un centro de adicciones de París, Nathalie Duriez describe una terapia familiar centrada en la regulación emocional en doce pasos: la pantalla se convierte en un tercero que apacigua las tensiones, y la pérdida ambigua que genera reaviva a menudo heridas más antiguas.
Traducción no oficial al español de Emotion Regulation Focused Family Therapy With Contemporary Families Affected by Information and Communication Technologies, de Nathalie Duriez, publicado en Frontiers in Sociology (Frontiers Media) (2021), doi: 10.3389/fsoc.2021.633515, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan como listas y los intercambios clínicos como diálogos; no se reproduce la declaración de disponibilidad de los datos. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Hoy el tercero puede ser un ordenador, una tableta o un teléfono inteligente.
Nathalie Duriez
Resumen
En el mundo contemporáneo, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) han revolucionado las relaciones y la organización familiares. Los teléfonos móviles, las tabletas y los ordenadores están arraigados en la vida familiar cotidiana. Por ello, las familias se enfrentan a nuevos retos con el uso problemático de internet, que difumina las fronteras entre el mundo exterior y la esfera doméstica. A veces, estos cambios en la convivencia generan sufrimiento. ¿Cómo responden las y los terapeutas a estos nuevos retos que afrontan las familias contemporáneas? Teniendo en cuenta las estrategias de regulación emocional que subyacen al uso problemático de la tecnología, desarrollamos una terapia familiar centrada en la regulación emocional. Dentro del paradigma de la investigación sobre el proceso de cambio, que pretende explicar cómo la psicoterapia produce el cambio, examinamos este enfoque terapéutico innovador en un proceso exploratorio con el fin de afinar nuestra propia práctica. Realizamos una investigación cualitativa con cinco familias en terapia familiar en condiciones clínicas naturales para identificar las intervenciones de la terapeuta y las configuraciones familiares. El tema central fue las intervenciones de la terapeuta. Los resultados identificaron 12 subcategorías dentro de esta categoría. A partir de estas subcategorías construimos un modelo centrado en la regulación emocional en 12 pasos. Cada una de las intervenciones se ilustra con algunos extractos de las sesiones. Se discuten las consideraciones clínicas, las cuestiones metodológicas que limitan el presente trabajo y las recomendaciones para futuras investigaciones.
Palabras clave: relaciones familiares, familia contemporánea, uso problemático de internet, pérdida ambigua, terapia familiar centrada en la regulación emocional
Las mutaciones psicosociales han cambiado las configuraciones familiares y las preocupaciones en terapia familiar. Surgen nuevas maneras de «ser familia»: familias reconstituidas más frecuentes, homoparentalidad, adopción tardía, reproducción médicamente asistida, etc. Las familias también se enfrentan a cambios con el auge del uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El teléfono inteligente, la tableta, el ordenador y los objetos conectados forman ya parte del paisaje familiar y pueden estar alterando aspectos de la vida familiar, fenómeno acentuado aún más por el contexto de la pandemia de covid-19, con el teletrabajo y la cuarentena. El transhumanismo defiende la idea de que el ser humano puede ser «aumentado» por la tecnología (Leary, 1994; Drexler, 2005; Roux and Coeurnelle, 2016). «El ser humano puede “volverse más humano” gracias a la tecnología: una vida más larga, mayor inteligencia y creatividad» (Roux and Coeurnelle, 2020). Otras voces denuncian los peligros de estas prótesis cognitivas (Derian, 2013). Ser humano aumentado, «yo conectado»: las tecnologías de la información y la comunicación han revolucionado las relaciones humanas y la organización de las familias. ¿Podemos hablar también de familias «aumentadas»? El teléfono móvil se ha convertido en «una extensión de uno mismo» y ha llegado a interferir en la vida cotidiana de las personas, creando una nueva dinámica relacional. ¿Cuáles son los retos que encuentran las familias conectadas? Aunque el uso de internet nos facilita la vida, algunas personas parecen presentar un uso problemático de internet (UPI). Entre los diversos comportamientos en línea perjudiciales, el UPI se define como «preocupaciones, impulsos o comportamientos excesivos o mal controlados respecto al uso de internet que conducen a un deterioro y a malestar» (Weinstein and Lejoyeux, 2010, p. 277). ¿Qué implicaciones tiene para la evolución de las dinámicas familiares, los valores familiares y los procesos familiares? En su modelo multiteórico que describe el proceso por el cual las tecnologías afectan a la vida de pareja y de familia, Hertlein (2012) sugiere dos tipos de cambios en las relaciones: cambios en la estructura familiar de las relaciones y cambios en el proceso familiar. Si las familias están cambiando y la tecnología forma parte de ese cambio, la adopción de las tecnologías emergentes puede poner a prueba a las y los profesionales de la clínica familiar. ¿Cómo responde la terapia familiar a esta realidad clínica emergente?
Desde la perspectiva estructural-funcional, «la estructura familiar es el conjunto invisible de demandas funcionales que organiza los modos en que interactúan los miembros de la familia» (Minuchin, 1974, p. 52). La estructura familiar está determinada por límites, que son barreras invisibles que regulan el contacto entre sus miembros. Cuando Minuchin (1974) definió los límites, se refería a las reglas que sustentan las pautas transaccionales de las familias; es decir, cómo funciona el sistema más amplio (la familia nuclear), así como los subsistemas (progenitores e hijos) dentro de él. Los subsistemas se organizan jerárquicamente: el poder se distribuye adecuadamente dentro de cada persona y entre subsistemas, de modo que se espera apoyarse más en algunos miembros que en otros. Madres y padres deben afirmar su autoridad en una estructura jerárquica. El respeto de estas reglas en una familia hace posible la pertenencia. El uso de la tecnología puede modificar estas reglas y difuminar los límites entre trabajo y familia, con consecuencias negativas (Chesley, 2005). Por ejemplo, cuando una madre o un padre trabaja desde casa, las reglas propias de su sistema laboral pueden imponerse a las reglas familiares. La persona adulta, habitualmente atenta a su hijo, puede irritarse porque su hijo de 6 años la molesta en su trabajo. En cuanto al niño, las reglas del juego en línea pueden prevalecer sobre las reglas del hogar. La o el adolescente que debería sentarse a comer con su familia se niega a salir de su habitación porque está jugando en línea con sus amistades. Estas burbujas que permite la tecnología aparecen como subsistemas con límites a veces rígidos dentro del sistema familiar, regidos por reglas diferentes.
«Los dispositivos de comunicación personal transforman hoy al individuo en una célula comunicante que habita varios espacios al mismo tiempo, el del entorno inmediato y todos los espacios posibles virtualmente accesibles a través de sus conexiones tecnológicas (Guillaume, 1994)» (Caron and Caronia, 2005, p. 255). Diferentes afiliaciones entran en rivalidad. La noción de pertenencia aparece entonces como obsoleta, ya que las personas están vinculadas menos por una pertenencia común que por conexiones (Gaillard, 2009). Con esta posibilidad de conexiones externas, la modelización de la familia como sistema parece cuestionada, en la medida en que sus miembros ya no están unidos por lazos que serían jerárquicamente superiores a cualquier otro lazo (Gaillard et al., 2011). La sumisión a la autoridad paterna ya no es pertinente: la juventud es su propio juez y tiene autoridad sobre sí misma. Madres y padres podían antes controlar los juegos que ofrecían a su descendencia. Hoy la infancia puede «descargar sus propios juegos sin que la familia lo sepa. Esto puede invertir la estructura familiar, honrando desfavorablemente a la juventud o situándola en una posición de mayor poder, ya que con frecuencia sabe más de tecnología que sus progenitores» (Curtis et al., 2017, p. 114). «La familia, primera célula de pertenencia, está sometida a reconfiguraciones permanentes y atraviesa una crisis de la transmisión educativa. Asistimos así a una mutación generalizada de las instituciones y de los rituales sociales y comunitarios, que alimentaban el vínculo social dando sentido y regulando las conductas individuales» (Lascaux and Couteron, 2015, pp. 165–166). Las tecnologías amplifican el fenómeno de individualización de niñas y niños, que pasan menos tiempo con sus progenitores. La cohesión familiar1 se resiente (Caron and Caronia, 2005). Escots (2011) habla de una crisis epistemológica ligada al cambio del estatuto ontológico de las familias.
En las nuevas familias, la infancia ya no construye su identidad sobre la pertenencia, con un mandato de heteronomía, sino respondiendo a un mandato de autonomía: «¡Solo tú puedes y debes forjar tu identidad!». De ahí la necesidad de una elevada autoestima. Como los seres se estructuran según un modo «individual», el vínculo de pertenencia se disuelve casi por completo en un vínculo conectivo. Este modo conectivo de vinculación debe dejar a cada cual un espacio intacto de desarrollo personal. Su espacio se ha vuelto vital en la medida en que se impone como soporte de la necesaria visibilidad personal, del despliegue suficiente del yo de las personas, de la presentación de sí, diría Fourez (2004). La juventud ya no construye su identidad a partir de la pertenencia sino de la individualidad, que puede apoyarse en soportes digitales que podemos remitir a las «tecnologías del yo» descritas por Foucault (1982). Las y los jóvenes cuentan su historia a través de las redes sociales, registrando sus estados de ánimo y las actividades que han marcado su día. Las herramientas digitales permiten producir un relato de vida (Amri and Vacaflor, 2010), pero los receptores de estos mensajes, huellas de la identidad narrativa de la persona joven, son múltiples e inciertos. Los vínculos sociales mediados por ordenador, que la tecnología digital hace posibles, son «flotantes» (Perriault, 2009) y la construcción identitaria inducida por esta lógica sociotécnica será inestable (Coutant, 2011). Con estos recientes procesos de individualización surgen nuevas fragilidades: trastornos narcisistas, desregulación emocional, nuevas adicciones, etc. (Coutant, 2011; Duriez, 2018a).
El proceso de desinstitucionalización de la pareja y de la familia induce una «subjetivación» y una «afectivización» del vínculo. La relación con el otro es muy concreta, subjetivada y «afectiva», lo que implica una relación basada en la estima, medida constantemente, del otro y de uno mismo» (Gaillard et al., 2011). Las regulaciones dentro de la familia «ya no se dan en un modo institucional, se dan esencialmente en un modo emocional, de manera que hay un proceso de negociación tan continuo como tenso» (Gaillard, 2009, p. 18). Este cambio en los modos de regulación puede ser fuente de sufrimiento para algunos miembros de la familia que no se adaptan a esta actitud conectiva (Duriez, 2019).
La tecnología conlleva cambios en el proceso familiar, que pasa de relaciones en modo de pertenencia a relaciones en modo conectivo. Desde la perspectiva interaccionista-construccionista, el proceso familiar observa cómo los miembros de la familia desarrollan relaciones e interactúan a través de la comunicación, el comportamiento, los gestos, los rituales (Berger and Kellner, 1970) y las estrategias de regulación emocional (Duriez, 2017). Aparte de las situaciones sintomáticas (adicción, ciberacoso, acceso de menores a contenidos inapropiados, etc.), el principal problema parece ser el tiempo dedicado al uso de las TIC y sus consecuencias en las relaciones familiares (Hugues and Hans, 2001; Bacigalupe et al., 2014). En cuanto a las relaciones entre progenitores e hijos, para la o el adolescente, «un aislamiento excesivo en el mundo virtual puede significar un apego disminuido a los padres y a la familia. Un vínculo demasiado fuerte con una máquina en detrimento de otras relaciones con las personas del entorno, un periodo demasiado largo pasado en su presencia, sustituye, en cierta medida, a determinadas relaciones que son indispensables en el contexto del desarrollo social y emocional» (Derian, 2013, p. 356). La presencia generalizada de las nuevas tecnologías mediáticas en los hogares puede tener repercusiones relacionales en las parejas. Hertlein (2012) examina las consecuencias para las parejas y señala los efectos de la tecnología en la vida familiar cotidiana sobre la intimidad, los procesos de inicio y formación de las relaciones y el mantenimiento de la relación. Chesley (2005) demuestra que el uso del teléfono móvil a lo largo del tiempo está vinculado a un aumento del malestar psicológico y a una menor satisfacción familiar.
Por ejemplo, durante una terapia de pareja, una mujer explica que cada noche, cuando la pareja podría encontrarse una vez acostados los niños, su marido se lleva el móvil al baño y desaparece durante 30 min: «está y no está». Ella vive entonces una pérdida momentánea. Aunque esta experiencia puede surgir en el contexto de un divorcio, también puede existir cuando todos los miembros de la familia están juntos en casa. Las oscilaciones entre presencia y ausencia desestabilizan al entorno, que debe aprender a manejar el estrés debido a que nunca se sabe si la otra persona está realmente presente y disponible o si está encerrada en su burbuja tecnológica e inaccesible (Duriez, 2013). Esta experiencia de pérdida se convierte en un núcleo organizador de la dinámica familiar, ya que nuevos juegos ocultos regulan las relaciones: una persona está psíquicamente ausente, encerrada con el ordenador, mientras la otra siente la ausencia, la carencia. Esta experiencia nos remite al concepto de pérdida ambigua descrito por Boss (1999). En el contexto de una pérdida ambigua, es muy difícil integrar la ausencia del otro porque el otro está presente. La persona ya no está presente psíquicamente, pero sí físicamente, y también puede volver psíquicamente. El proceso de «desapego progresivo», etapa del duelo ante una pérdida real, no es posible. Las familias conectadas deben aprender a regular las emociones ligadas a la ambigüedad de la presencia, a la incertidumbre sobre la disponibilidad del otro.
¿Cómo responden las y los terapeutas a estos nuevos retos que afrontan las familias contemporáneas? Mesch (2006) propone un enfoque compositivo que incluye un trabajo sobre el uso de internet, la autoestima, el tiempo en familia y los conflictos familiares para reforzar la cohesión familiar. Bacigalupe et al. (2014) proponen un enfoque basado en las fortalezas para apoyar las relaciones familiares. «La confluencia de una inteligencia ambiental, un entorno de tecnología avanzada capaz de responder de manera inteligente a las necesidades humanas (Riva, 2005), una presencia conectada (Licoppe, 2004) y la conciencia continua de los demás a través de herramientas inalámbricas está favoreciendo una nueva manera de relacionarse en las familias» (Bacigalupe et al., 2014). Recomienda que quienes ejercen la terapia se familiaricen con las nuevas TIC. Jordan (2014) propone incorporar los videojuegos a la terapia como si fueran juegos de mesa. Curtis et al. (2017) proponen dar cabida a los videojuegos y destacar sus beneficios para ayudar a la persona joven a mantenerse implicada y activa en el proceso. Invitan a madres y padres a hacer lo mismo. «La persona cuidadora, mientras recibe el acompañamiento de la o el terapeuta, debería facilitar una conversación con el niño o la niña sobre los juegos a los que le gusta jugar o que le interesan» Curtis et al.(2017, p. 115). Liu et al. (2015) exploran tanto la eficacia de una terapia de grupo multifamiliar sobre la adicción a internet como los mecanismos subyacentes de esa eficacia. Identifican dos mecanismos: (1) mejorar la comunicación y la cercanía entre progenitores y adolescentes, (2) satisfacer las necesidades psicológicas de las y los adolescentes reforzando su comunicación y su relación con sus progenitores.
Trabajar las dificultades de comunicación está en el centro de los enfoques terapéuticos, ya se trate de la comunicación entre progenitores e hijos (Young Park et al., 2014) o de la comunicación en la pareja (Hertlein, 2012). Sin embargo, en la terapia familiar con familias conectadas quizá se tengan poco en cuenta las estrategias de regulación emocional que subyacen a esta mala comunicación. Cada vez más estudios analizan la correlación entre el uso problemático de internet (UPI) y la regulación emocional (Zhou et al., 2011; Hormes et al., 2014; Casale et al., 2016; Spada and Marino, 2017; Evren et al., 2018; Wei et al., 2018; Amendola et al., 2019; Hernandez et al., 2019; Karaer and Devrim, 2019; Faghani et al., 2020). Sideli et al. (2017) demuestran que una baja autoestima, una alta agresividad-hostilidad y una alta sociabilidad son factores de riesgo significativos del UPI. Internet permite la huida, la distracción, la evasión de una relación (Lee, 2014) o la procrastinación (Hernandez et al., 2019); en suma, «una forma de evasión para eludir ciertos aspectos de su realidad» (Hertlein and Hawkins, 2012). Schimmenti y Caretti (2017) muestran que el UPI puede considerarse una experiencia disociativa. Proponen el constructo clínico de trance disociativo videoterminal (VDT) y discuten su posible utilidad para la evaluación y el tratamiento de las personas que presentan un UPI. «Como mecanismo de defensa, la disociación permite a una persona evitar temporalmente el malestar emocional filtrando los estímulos excesivos o abrumadores (Bromberg, 1996)» (Schimmenti and Caretti, 2017, p. 65). En nuestra práctica con familias conectadas, estos estudios nos invitan a explorar la función del uso problemático de internet en relación con la regulación emocional. ¿Cómo mantiene este uso la homeostasis del sistema familiar?
Nuestras preguntas de investigación son las siguientes: ¿Cuáles son los efectos de las TIC en las relaciones familiares? ¿Qué dificultades encuentran las familias en relación con el uso de internet? ¿Cuáles son las líneas de trabajo pertinentes con las familias que viven en lo digital? ¿Cómo actúa la terapeuta?
Dentro del nuevo paradigma de investigación de resultados, centrado en identificar los procesos de cambio en las y los pacientes y en analizar las acciones de la terapeuta que producen esos cambios (Goldfried and Wolfe, 1996), se eligió un enfoque de investigación cualitativo y exploratorio. Para parte de la comunidad investigadora, «ya no es posible conformarse con estudios que se limitan a comparar los síntomas antes y después del tratamiento o en ausencia de él. Es necesario abrir la “caja negra” que ha funcionado entre ambos momentos» (Thurin, 2017, p. 57). Es lo que propone Greenberg (1986) con el concepto de «investigación sobre el proceso de cambio» (Change Process Research). Basada en el estudio detallado de terapias realizadas en condiciones «naturales», sus perspectivas son clínicas, prácticas y teóricas. En esta fase de nuestra investigación, el objetivo no es evaluar la psicoterapia, puesto que aún no está formalizada. El objetivo es identificar la experiencia de las familias con las TIC a través de su discurso, lo que la familia pide y cómo responde la terapeuta, para construir un modelo centrado en la regulación emocional para estas familias conectadas. Nuestra investigación tampoco es una investigación-acción, porque los datos de las terapias finalizadas preexistían a la investigación.
Nuestra investigación sobre los procesos de cambio (Duriez, 2007) y nuestra práctica clínica nos han permitido observar que, en determinados contextos, aunque sean adaptativas para la persona, las estrategias de regulación emocional de algunos miembros de la familia pueden ser fuente de sufrimiento para otros miembros, hasta el punto de que estos pueden llegar a cuestionar sus propias estrategias. Durante la terapia investigamos las estrategias de regulación emocional y cómo reaccionan ante ellas las demás personas. Si surge un problema, nuestra intención terapéutica es llevar a los miembros de la familia a una mayor aceptación del estilo de regulación emocional de cada cual, sin sentirse incomprendidos ni amenazados por las diferencias de estrategias de regulación emocional (Duriez, 2017). El proceso de formulación de hipótesis se destaca dentro del encuadre terapéutico en el contexto del encuentro intersubjetivo entre la familia y la terapeuta, que también vive sus propias estrategias de regulación emocional. Aplicamos el principio de circularidad entre la terapeuta y la familia, que puede definirse como «la capacidad del terapeuta para conducir su investigación a partir de la retroalimentación de la familia en respuesta a la información que solicita sobre las relaciones y, por tanto, sobre la diferencia y el cambio» (Selvini et al., 1980, p. 6).
El contexto de nuestra práctica fue un centro de atención, acompañamiento y prevención en adictología (CCSPA) de París que ofrece un servicio gratuito a las personas que viven en Île-de-France. No es necesaria una derivación profesional; las personas pueden acudir por iniciativa propia. El CCSPA está gestionado por el Groupe SOS y es un centro de formación en terapia familiar.
De los archivos de sesiones de terapia realizadas por la autora, se seleccionaron cinco familias porque mencionaban un uso problemático de las TIC. Se tomó una muestra de cuarenta y siete sesiones de terapia familiar grabadas en vídeo. Para proteger su identidad y garantizar la confidencialidad, se asignaron seudónimos a las familias. Estas cinco familias se presentan en la tabla 1.
Tabla 1 — Población.
La investigadora, autora del artículo, fue también la terapeuta de las familias. El doble papel de investigadora y clínica presenta ventajas, pues facilita tanto el desarrollo de investigaciones clínicamente pertinentes como la difusión de tratamientos basados en la evidencia en los servicios clínicos ordinarios (Yanos and Ziedonis, 2006). También plantea dificultades, con conflictos éticos entre el mandato clínico y las exigencias metodológicas. Para abordar esta cuestión, la terapia y la investigación no se realizaron en el mismo momento. Durante la terapia, el análisis de las sesiones lo llevaron a cabo distintos grupos de psicólogas y psicólogos en formación en terapia familiar, guiados por el mandato clínico. La presencia de un dispositivo de grabación y de un vídeo que registraba las interacciones formaba parte integrante del encuadre de la terapia familiar. Una vez finalizadas las terapias, se llevó a cabo la investigación, guiada por el mandato científico.
La investigación sobre el proceso de cambio (Greenberg, 1986; Watson and McMullen, 2016) incluye metodologías cualitativas que buscan dar sentido y conceptualizar los datos procedentes de las interacciones complejas del trabajo psicoterapéutico y, en consecuencia, contribuir al desarrollo teórico. Elegimos un análisis de contenido convencional (Hsie and Shannon, 2015), utilizado generalmente con un diseño de estudio cuyo objetivo es describir un fenómeno, en este caso las intervenciones de la terapeuta que abordan los retos que afrontan las familias, que ahora utilizan las nuevas tecnologías de forma creciente.
Los datos se obtuvieron de terapias familiares finalizadas. Pero un primer análisis de los datos comenzó durante la terapia. Trabajamos con las familias con la preocupación constante de cuestionar nuestra práctica, según una postura de práctica basada en la evidencia (EBP), que ofrece oportunidades para tender puentes entre la investigación clínica y la práctica, enriqueciendo la base de conocimientos y mejorando la atención a las y los pacientes. Hemos visionado y revisado las sesiones con distintos grupos de psicólogas y psicólogos en formación en terapia familiar, y también con estudiantes de máster, para permitir la emergencia de nuevas comprensiones y obtener una visión general del proceso terapéutico. A partir de esta exposición y de las notas clínicas redactadas tras cada sesión, identificamos los momentos pertinentes relacionados con un uso problemático de la tecnología. Visionamos las sesiones significativas de las cinco familias y transcribimos los pasajes pertinentes. Dos estudiantes de máster ayudaron a transcribir las sesiones de las familias I y S. Iniciamos la codificación abierta inicial sobre copias en papel de las transcripciones, anotando las categorías en los márgenes. Los procedimientos analíticos del análisis de contenido se acercan a la práctica de supervisión «línea por línea», que permite a quienes ejercen la terapia reflexionar sobre los significados del material clínico. Después iniciamos la codificación axial para relacionar las categorías con sus subcategorías.
Intentamos garantizar la credibilidad de nuestros resultados cualitativos de varias maneras, entre ellas la triangulación con colegas del grupo de formación en terapia familiar, con participantes en talleres (Duriez, 2018a, 2019) y con estudiantes de máster, utilizando más de una fuente para analizar los datos (Merriam, 1998).
Surgieron dos temas centrales: la experiencia de la familia con la tecnología y las técnicas terapéuticas. Las técnicas terapéuticas designan los medios precisos que se utilizan en terapia para alcanzar las distintas intenciones terapéuticas. La experiencia de la familia se expresa a través de las intervenciones exploratorias de la terapeuta. Por ello, consideramos un único tema central, las intervenciones de la terapeuta, que incluye tanto las indagaciones de la terapeuta para identificar la experiencia de la familia como las técnicas terapéuticas. Los resultados identificaron 12 subcategorías dentro de la categoría intervenciones de la terapeuta. La tabla 2 muestra estas 12 intervenciones de la terapeuta. Presentamos estas subcategorías en el orden cronológico observado durante la terapia. Para cada categoría, hemos distinguido estas intervenciones según las distinciones establecidas por Tomm (1988) en función de los supuestos de quien interviene (lineales o circulares) y de sus intenciones (orientadoras o de influencia).
Tabla 2 — Resultados.
Intervenciones de la terapeuta, con sus subcategorías.
Para cada subcategoría, recogemos algunas citas textuales o intercambios ilustrativos. Seleccionamos determinados momentos de la terapia según varios criterios: la repetición del tema evocado, la emoción expresada, la calidad de la reflexividad y lo que la familia señaló como momentos significativos. La autora tradujo estos intercambios del francés para este artículo, conservando la formulación original cuando el sentido era claro.
Durante la primera sesión, la terapeuta pide a cada cual una descripción del problema y sigue las secuencias de comportamientos que utilizan para explicarlo. Identifica el lugar de las pantallas en la vida familiar y su efecto en el tiempo en familia, los estudios, los deberes y la intimidad de la pareja. Indaga cómo influyen las TIC en la manera en que la familia establece reglas, roles y límites. Con esta información, la terapeuta puede trazar el mapa de la estructura subyacente de la familia. También evalúa la calidad del límite con el mundo exterior y la permeabilidad de ese límite.
La familia S es una familia conectada. El Sr. S, el padre, pasa mucho tiempo frente al ordenador. Opale, la hija de 16 años, pasa mucho tiempo con su teléfono inteligente. Logan, el hijo de 12 años, pasa mucho tiempo jugando a videojuegos. El padre, la hija y el hijo están encerrados en una burbuja tecnológica y la madre sufre esta falta de intercambio. Se siente abandonada o descuidada. La demanda inicial de terapia se refiere al uso excesivo del móvil por parte de Opale. Opale explica: «En realidad, cuando estoy con mis amigos, mi teléfono no existe. Lo que pasa es que, cuando llego a casa, empiezo a usarlo para chatear con mis amigos». Su madre se queja de la falta de comunicación con su hija. Opale describe el ritual de la tarde, cuando vuelve del instituto: «Le digo “hola”, me acerco a darle un beso, voy a la cocina, como y me encierro en mi habitación y ya no me vuelve a ver hasta la cena, y en realidad eso le molesta porque dice “¡haces como si yo no estuviera!”». La comunicación con los progenitores se convierte en fuente de estrés. Si el límite que separa al conjunto de la familia de otros sistemas es difuso en casa porque Opale mantiene un contacto virtual con sus amistades, ese límite se vuelve rígido cuando Opale está fuera con su grupo de amistades, porque en esos momentos suele cortar el contacto con sus progenitores.
El Sr. S trabaja mucho y, cuando está en casa, también trabaja: «No tenemos mucho tiempo juntos, mi mujer y yo, yo el primero, porque el trabajo me absorbe, todo lo administrativo, la contabilidad, etc.». «La huida en el trabajo limita la intimidad de la pareja. De vez en cuando, el sábado por la noche, planean ver juntos una película con el proyector. La hija y el hijo están en su habitación, jugando a videojuegos o viendo una serie. El Sr. y la Sra. S están cada cual frente a su ordenador, esperando a que el otro termine lo que está haciendo para poner el DVD. Pero no se lo dicen y se enfrascan en responder correos, leer las noticias, mirar las redes sociales, y luego se dan cuenta de que es demasiado tarde para empezar a ver una película. Así ocurre con todas las actividades comunes. El Sr. S está conectado constantemente. La Sra. S lo espera y acaba conectándose también, y ya no hacen nada juntos. El padre está desvinculado de la hija y el hijo. La madre está enmarañada con ellos. Sobrefunciona en el ámbito de la crianza y de las tareas domésticas.
En primer lugar, la terapeuta interroga a la persona que inició la demanda de terapia sobre sus propios sentimientos. Generalmente es la madre quien pide la terapia y expresa su sufrimiento. Suele quejarse de la mala calidad de la comunicación y de la falta de apoyo que percibe en las tareas educativas o domésticas. Expresa un sentimiento de falta de respeto y de abandono, y un miedo al futuro.
A veces el problema ya no es el uso de internet, sino la respuesta parental al problema. El Sr. I también tenía momentos de ira hacia sus hijos, Carmen y Axel, que juegan en línea o chatean con sus amistades en lugar de hacer los deberes, cosa que la Sra. I le reprochaba. Un día dijo entonces: «¡No quiero seguir teniendo este tipo de relación conflictiva con mis hijos, no quiero ocuparme más de su educación!». La Sra. I se sintió abandonada en esta tarea: «Estoy completamente sola haciendo de “mala”, al menos para poner límites». La ira del Sr. I cuando hay problemas con Carmen y Axel no ha desaparecido: «Cuando Victor se enfada por algo, me lo dice a mí pero no a ellos. Yo le digo: “¡Ve a hablar con quien corresponde!”».
Según la técnica de la circularización (Tomm, 1987), la terapeuta interroga a las personas designadas como portadoras del problema sobre sus sentimientos. El uso de la tecnología puede remitir a distintos significados psicopatológicos según los motivos psicológicos subyacentes: placer, relajación, recentrarse en sí, conectar con las amistades, construir una burbuja protectora, afrontar la falta de disponibilidad emocional de los progenitores, afrontar un entorno familiar conflictivo.
Además de la comunicación familiar, varios rasgos de personalidad tienden a influir en el uso de la tecnología. Cuando alguien presenta baja autoestima, neuroticismo o búsqueda de sensaciones, el uso problemático de la tecnología puede verse incrementado por las pautas transaccionales de la familia.
Gauthier explica que, con su hermano, se encerraban en los videojuegos para escapar de los conflictos con su madre. Si se comunicaban con su madre, el ambiente era sistemáticamente conflictivo. Le dijo a su madre:
La terapeuta propone una visión circular de la situación con la intención de que cada cual asuma su responsabilidad en lo que ocurre. Por un lado, el uso patológico de las TIC ofrece a la persona adicta un refugio frente al estrés de la vida cotidiana, pero también impide a los demás miembros de la familia afrontar juntos los problemas. La terapeuta explica cómo los dos comportamientos, por ejemplo la huida en el trabajo del marido y la comunicación agresiva de la mujer, probablemente se perpetúan mutuamente, o al menos son una pequeña parte de un ciclo más amplio de comportamientos. La terapeuta identifica los bucles de retroalimentación positiva responsables del mantenimiento del problema y de la inseguridad emocional. Un ciclo negativo se define como una pauta interaccional previsible que se repite y organiza a la familia en torno a la inseguridad, más que en torno a la vulnerabilidad. Los ciclos negativos son agotadores y destructivos para el funcionamiento familiar. Uno funciona con una estrategia de evitación que choca con el otro progenitor; el cónyuge que funciona con una estrategia de confrontación, y en consecuencia uno u otro queda solo frente a la vida cotidiana. El Sr. S, atrapado en su adicción al trabajo, no es receptivo a las necesidades emocionales de su mujer, su hija y su hijo. La ira de la Sra. S le impide ser receptiva a las necesidades de la hija y el hijo. Nadie responde a las necesidades de apego del otro. La Sra. I sigue fantaseando con una familia unida:
El reencuadre sistémico fomenta la empatía entre los miembros de la familia, facilita la receptividad y ayuda a la familia a desescalar. Las defensas caen, la ira y la descalificación dejan paso a emociones más difíciles de expresar: el miedo, la herida y la tristeza. Se expresa el sentimiento de pérdida inducido por las burbujas tecnológicas. La Sra. R expresa el sentimiento de haber perdido a su hijo por los videojuegos.
La terapeuta rebota sobre esta experiencia de pérdida. Su intención es ayudar a la persona a identificar sus emociones y las consecuencias de esos sentimientos en su comportamiento hacia los demás. La terapeuta explora cómo la relación de algunas personas con las pantallas induce un sentimiento de pérdida ambigua en los demás miembros de la familia, que sufren esta indisponibilidad emocional. Las relaciones se moldean por la pérdida. La Sra. T dice de su marido: «¡Es como si no estuviera! Estoy embarazada de 8 meses, podría dar a luz en cualquier momento, pero no me ayuda a duchar a nuestra hija». Su marido, absorto en el juego en línea, ya no está ahí para ella, aunque atraviesa un momento en que necesita apoyo. Piensa que será difícil sacar adelante una familia con un hombre tan ausente.
Según Stern, «no se puede cambiar sin cambiar el pasado funcional, es decir, el pasado que se activa» en la interacción y que influirá en la percepción de lo que ocurre en el presente (Stern, 2003, p. 256). La falta de disponibilidad emocional de la persona dependiente puede reactivar una experiencia anterior de pérdida. La muerte de un ser querido o una separación dolorosa se mencionan de pasada en algún momento de la terapia. Durante la terapia, la Sra. V nunca habló de la muerte de su hermana. En la decimoctava sesión, habla de la relación tensa con sus padres y de su oposición a su matrimonio con su primer marido. Connota negativamente el matrimonio, evocando de forma bastante inesperada la muerte de su hermana, ocurrida en esa época. Este drama no había podido decirse. La terapeuta empieza a construir una hipótesis en torno a la no elaboración de este acontecimiento.
La evocación de este acontecimiento puede resultar estresante y emocionalmente exigente para la terapeuta. A veces es mejor esperar para abordar este material. La terapeuta espera a que la familia esté preparada para este trabajo, porque a primera vista el trabajo sobre el pasado y lo transgeneracional parece no tener relación con los problemas de las TIC. La terapeuta parte del supuesto de que la exacerbación de un sentimiento ambiguo de pérdida, ligado al uso de las TIC, debe de estar vinculada a una pérdida anterior. El sentimiento de pérdida ambigua aporta cierta continuidad con el pasado.
La terapeuta explora la relación con las pantallas en términos de regulación emocional según el modelo procesual de Gross (2014). ¿Es una huida del mundo real? ¿Procrastinación? ¿Una evasión de la relación de pareja? ¿Qué emociones se regulan mediante el uso de la tecnología?
Para el Sr. T, el póquer en línea le permite vivir con el neuroticismo.
La terapeuta propone una visión circular de la situación con la intención de ayudar a cada cual a comprender mejor sus diferencias en la gestión de las emociones. El Sr. T busca sensaciones con el juego para anestesiar las emociones negativas. La Sra. T pierde la confianza y se plantea dejarlo. El Sr. T queda afectado en su vulnerabilidad ante la pérdida. Juega para dejar de pensar que ella puede irse. Se observa una escalada del malestar de la pareja. La terapeuta pone de relieve la circularidad de las estrategias de regulación emocional y el callejón sin salida en el que está atrapada la pareja o la familia. En esta fase, la familia empieza a comprender la urgencia de cambiar las pautas emocionales ligadas a la pérdida para que no se repitan las antiguas pautas. La terapeuta sugiere estrategias alternativas. Por ejemplo, en el caso de la familia V, ayuda a la Sra. V a aceptar que sus hijos no compartan las emociones negativas.
Cuando la familia está preparada, el pasado puede ponerse en perspectiva. La terapeuta explora los procesos transgeneracionales con el genograma (McGoldrick et al., 2020), el juego de la oca (Colpin and Rey, 2019) o un cuento sistémico (Duriez, 2020). Nuestro presupuesto es que la aparición de síntomas ligados al uso patológico de internet y de dinámicas familiares fuente de sufrimiento resulta del entrelazamiento entre las dinámicas transgeneracionales y los cambios sociales. El sentimiento de pérdida ambigua ha reactivado heridas psicológicas existentes de la vida de los progenitores, lo que ha intensificado la reactividad emocional entre quien tiene una herida traumática anterior y quien está encerrado en una burbuja tecnológica. Estos progenitores son vulnerables a la pérdida. En las cinco familias encontramos heridas no cicatrizadas originadas en traumas infantiles: separación conflictiva de los padres y negligencia (Sr. T), maltrato emocional (Sra. R y Sra. V), violencia en la familia de origen (Sra. I), abandono (Sr. I y Sra. V), migración (Sra. S), muerte (Sra. V). Por ejemplo, la terapeuta escribe un cuento sistémico con la familia I y evoca la adolescencia del Sr. I, cuando lo relegaron a un cuarto de servicio. La Sra. V también evoca una adolescencia difícil:
La familia empieza a establecer conexiones entre experiencias pasadas de ira en la familia de origen y la agresividad actual. Revivir los recuerdos traumáticos en un entorno terapéutico seguro es la clave para cambiar los aspectos desadaptativos del recuerdo. Esos momentos de gran activación parecen quedar grabados en la memoria emocional con una fuerza especial. Dan lugar a respuestas emocionales que la infancia no puede comprender. Las propias figuras parentales no las comprenden. Esto deja a la persona con potentes repertorios emocionales aprendidos que son difíciles de comprender porque están almacenados en la memoria emocional de manera no simbolizada. Durante la terapia, puede ser necesario suscitar en cierta medida la ira o una reacción emocional intensa para que se reelabore en la seguridad de la situación terapéutica.
Las intervenciones de la terapeuta pretenden ayudar a los miembros de la familia a aceptar sus diferencias, ya sea en relación con el uso de la tecnología, con sus valores o con sus estrategias de regulación emocional. La terapeuta cuestiona y deconstruye el «esquema de estar con2» (Stern, 1985) que se activa para interpretar lo que dice la otra persona. Juntos se sienten más seguros emocionalmente y pueden atender de forma más adecuada a las necesidades emocionales de cada cual. La palabra circula con más libertad, con respeto por la otra persona. El ajuste empático de la madre o del padre a las necesidades, los estados de ánimo y los miedos de la criatura la ayuda a interiorizar un sentimiento de seguridad procedente de esa figura parental, y esto contribuye a establecer una base de seguridad interna en la infancia.
En este entorno más seguro, los miembros de la familia pueden experimentar nuevas maneras de comunicarse. Juntos construyen nuevas narrativas de sus experiencias. La Sra. V y sus hijos construyen una narrativa común sobre el lugar de los videojuegos en la familia. Coinciden en que el repliegue en los videojuegos fue una consecuencia del ambiente conflictivo que existía en aquella época.
Juntos construyen nuevos rituales familiares. En el contexto de la cuarentena, se encuentran en lugares geográficos distintos. Las consultas se realizan por videoconferencia cada mes. Al mismo tiempo, Gauthier propone cada semana citas por videoconferencia con su madre y su hermano. La tecnología favorece ahora la cohesión familiar.
La intención de la terapeuta es ayudar a cada persona a utilizar la regulación emocional de manera flexible, coherente con sus objetivos y atenta a las necesidades de los demás. Esperamos que los miembros de la familia ganen en inteligencia emocional, aprendan a examinar el contexto antes de decidir si deben regular su emoción y cómo hacerlo, y tengan en cuenta y maximicen el bienestar intraindividual e interindividual a largo plazo. En las terapias muy avanzadas, algunas personas han podido reflexionar sobre lo que les transmitieron sus progenitores o generaciones anteriores. Saben que pueden rechazar ese legado. Comprenden mejor cómo se crearon durante su infancia los «esquemas de estar con el otro» y están preparadas para construir otros nuevos. Esta toma de conciencia aumenta la agencia en la propia vida y va en el sentido de la emergencia de un yo más fuerte. En la última sesión, la Sra. V resumió así su cambio:
El presente estudio da cuenta de una investigación sobre el proceso de cambio centrada en las intervenciones de la terapeuta con cinco familias conectadas. Podemos decir que estas familias están sanas: no hay síntomas graves en ellas. El uso de internet es problemático, pero la vida no se ha detenido. Las y los adolescentes van al instituto. Las personas jóvenes adultas y los progenitores van a trabajar. Estas cinco familias son familias contemporáneas puestas a prueba por los efectos de las nuevas tecnologías en su organización. Situaciones más graves, por ejemplo con un adolescente encerrado en su habitación día y noche, requerirían probablemente un enfoque diferente, más centrado en el sujeto y en su vulnerabilidad psíquica. Las intervenciones de la terapeuta ponen de relieve dinámicas familiares coherentes con investigaciones anteriores que han mostrado que el UPI y los problemas de relación interpersonal tienen una fuerte correlación. El enfoque familiar parece entonces indicado, en línea con las recomendaciones de Young Park et al. (2014) para adolescentes.
Aunque se presentan 12 fases para estas intervenciones, el proceso terapéutico tiene una fluidez que respeta las prioridades y las dinámicas de la familia como punto de entrada. Las intervenciones siguen el foco de la familia, no necesariamente según una progresión lineal prescrita sino de manera sistémica. La terapia familiar examina las interacciones familiares que mantienen los comportamientos problemáticos: las pautas transaccionales (Minuchin, 1974, y cibernética de primer orden), el «programa oficial» y el mapa del mundo (Elkaim, 1986, y cibernética de segundo orden) y las pautas de regulación emocional (Duriez, 2017, y cibernética de tercer orden). Comportamiento, cognición y afecto actúan conjuntamente para crear interacciones específicas que contribuyen a la transmisión intergeneracional. Esta consideración de la emoción no es nueva (Bowen, 1978; Johnson, 2004; Greenberg, 2015), pero con la investigación en neurociencias y epigenética conocemos hoy mejor la complejidad de las estrategias de regulación emocional, lo cual es esencial para percibir bien la circularidad en las relaciones interpersonales. Por ello, nuestro trabajo se ha centrado en las estrategias de regulación emocional, intencionales o automáticas, para identificar mejor los mecanismos de homeostasis. Bowen (1978) nos enseñó que cuanto más bajo es el nivel de diferenciación, más difícil resulta regular las emociones negativas. En las familias estudiadas observamos un bajo nivel de diferenciación. De hecho, podemos considerar la huida a una burbuja tecnológica como un proceso de triangulación que regula el estrés, la ansiedad o la tensión. Bowen constató que la tensión en una relación entre dos personas se alivia centrándose en una tercera. Hoy el tercero puede ser un ordenador, una tableta o un teléfono inteligente. Nuestra práctica clínica se inspira en el modelo de Bowen para ayudar a la persona a identificar su relación con el objeto tecnológico como un proceso de triangulación que evita comunicar sobre un problema.
Corroborando hallazgos anteriores (Lee, 2014), el infrafuncionamiento, la falta de implicación y la irresponsabilidad del padre en los ámbitos de la crianza y de las tareas domésticas aparecieron en cuatro de las cinco familias. En la quinta, los progenitores están separados. La persona de la pareja que sobrefuncionaba solía ser la mujer. No podemos vincular este infrafuncionamiento con el UPI. En el caso de la familia I, es la mujer quien presenta un UPI, pero este uso no le impide asumir sus responsabilidades parentales; a veces incluso podía parecer demasiado invasiva según su hija y su hijo. Construye una relación ciberafectiva íntima con otro hombre para escapar de un sentimiento de abandono, para olvidar la falta de conexión con su marido y sus problemas de intimidad. Los hombres eluden las responsabilidades familiares y se apoyan en las mujeres. Las mujeres tienen que hacer frente a una carga mental más elevada y a sentimientos de soledad. Encontramos la pauta: «El cónyuge que sobrefuncionaba solía estar centrado en los demás, en contraste con el excesivo centramiento en sí mismo de la pareja que infrafuncionaba» (Lee, 2014, p. 381). En este marco, en el que la mujer da y el hombre toma, la terapia familiar contextual puede ayudar a considerar el equilibrio de la equidad en las relaciones familiares. Pero es realmente difícil con los hombres excesivamente centrados en sí mismos. Como Lee, observábamos rechazos y la ausencia de reconocimiento por parte de los hombres (el Sr. I y el Sr. S). «La vergüenza y un sentimiento de indignidad también frenaban las revelaciones de sí» (Lee, 2014, p. 379). No fue el caso de la pareja T, quizá por su juventud. Cuando la Sra. S intenta expresarse, su marido, incapaz de conectar con su emoción, con la empatía, acaba abandonando la sesión. Parece biológicamente imposible para él tener en cuenta las necesidades de su mujer. Una exploración de la literatura sobre la inteligencia emocional dinámica centrada en uno mismo y en los demás (Pekaar et al., 2020) podría permitirnos afinar las intervenciones.
En línea con la literatura (Mesch, 2006), nuestros resultados muestran que el principal problema al que se enfrentan las familias es el tiempo pasado en internet en detrimento del tiempo en familia. «El tiempo en familia es un componente importante que contribuye a la cohesión familiar. Facilita el desarrollo de una identidad colectiva y de experiencias compartidas» (Mesch, 2006, p. 125). Una cohesión familiar débil, la falta de comunicación y la pérdida de rituales reducen la percepción de pertenencia familiar y aumentan la individualidad. Esto genera sufrimiento (Crosnoe and Elder, 2004; Cavanagh, 2008; King et al., 2016). Este sufrimiento puede verse amplificado por la presencia de viejas heridas. ¿Podemos entonces considerar estas pautas relacionales, con una reorganización del tiempo en familia, como un nuevo reto para las familias contemporáneas? ¿Es un reto específico de las familias conectadas? Podemos suponer que, si no existiera esta posibilidad de escapar de las emociones negativas con la tecnología, habría una huida por otros medios (trabajar, tocar música, leer, hacer deporte, la jardinería, el bricolaje, las tareas domésticas, etc.). Ya hace 50 años, las y los adolescentes se encerraban en su habitación a escuchar música o a leer para sustraerse a la relación con sus progenitores. Los hombres salían a ver a sus amistades cuando no querían pasar la velada con su mujer. Lo nuevo es que la tecnología está al alcance de la mano, en el hogar, y ofrece actividades muy atractivas y adictivas.
Por tanto, el acompañamiento terapéutico debe permitir encontrar el sentido de este uso problemático, en lugar de erradicarlo sin tener en cuenta la función de este uso en términos de regulación emocional. Esta estrategia de regulación emocional puede ser procrastinación para el Sr. S, que ve series en lugar de trabajar, una huida para Baptiste, Simon y Lucas R, para Logan S, para Gauthier y Florent V, para la Sra. I y su hijo Axel, y una anestesia para el Sr. T. Como Bowen (1978), suponemos que el pasado influye en el presente, ya que las pautas relacionales pasadas siguen influyendo en el sistema familiar actual. Si la familia se ha vuelto rígida en una organización en la que predominan las estrategias de evitación, ¿puede ser una manera de afrontar un duelo o una separación de generaciones anteriores? Este recentramiento en los procesos transgeneracionales ayuda al sistema a volverse más flexible, a dejar de culpar y a asumir su propio papel en este funcionamiento rígido. A medida que la terapeuta y los miembros de la familia ven cómo las pautas se repiten de generación en generación, es posible identificar las reacciones automáticas de los miembros de la familia entre sí. La capacidad de actuar con mayor conciencia del proceso relacional puede conducir a cierta reducción del uso problemático de internet.
Nuestro enfoque se asemeja al de D’Amore, que también trabajó sobre el impacto de las pérdidas en las familias contemporáneas: «La familia que sufre rupturas podría replegarse sobre sí misma y organizarse como un sistema relacional en duelo, en el que la pérdida constituiría el núcleo organizador de su identidad y de sus experiencias» (D’Amore, 2010, p. 17). Suponemos que estas familias, en las que la dependencia de los objetos tecnológicos es tal que hace vivir a algunas personas un sentimiento de pérdida ambigua, son familias autoorganizadas en torno a la pérdida: unas personas se comportan de manera que las demás experimenten este sentimiento, mientras que otras viven este sentimiento de pérdida ambigua. De este modo, la identidad familiar se mantiene generación tras generación.
El estudio tiene varias limitaciones. Hay que ser muy prudente al generalizar los resultados. Se sugieren nuevas investigaciones con muestras más amplias y más homogéneas (por ejemplo, reclutando familias con el mismo problema) y estudios que pongan a prueba la validez ecológica de las intervenciones enumeradas en este estudio. Esta investigación no examina la eficacia del modelo presentado. Es solo una investigación exploratoria, realizada en condiciones clínicas naturales. Por eso la población es heterogénea, tal como existe en la cartera activa del centro. La duración de la atención no es la misma. La familia T se detuvo tras dos sesiones porque encontró una dinámica positiva. La Sra. T se expresó y se sintió escuchada. El nacimiento del bebé los llevó a una nueva dinámica. La confianza ha vuelto. La familia R no volvió después de que Simon se marchara a otra región para estudiar. El seguimiento individual de Baptiste continuó en un centro asociado. Las otras tres terapias son más largas.
Podría ser interesante llevar a cabo investigaciones separadas, con poblaciones más amplias y terapeutas distintos, sobre cada uno de los problemas presentados: adicción a los videojuegos en la adolescencia, adicción al trabajo en la edad adulta, ciberinfidelidad y adicción al póquer. Esto permitiría evaluar si es pertinente especificar el proceso de terapia familiar para cada uso problemático de internet y construir un acompañamiento terapéutico innovador para cada una de estas situaciones clínicas.
En tercer lugar, este estudio se ha centrado únicamente en las intervenciones de la terapeuta, sin tener en cuenta los comportamientos de la familia. Los datos sobre la dinámica familiar se recogieron en un contexto terapéutico. Sin embargo, el objetivo de la terapeuta no es el mismo que el de la investigadora. Una evaluación de la dinámica familiar con herramientas estandarizadas, como la evaluación de la cohesión con el FACES IV, habría sido más rigurosa.
La terapeuta-investigadora trabaja con su propia subjetividad. El yo de quien ejerce la terapia es un factor importante del proceso terapéutico. No hemos explorado aquí esta subjetividad. La elección de trabajar sobre las estrategias de regulación emocional y la relación que la propia terapeuta mantiene con los objetos conectados merecen ser exploradas. Sugerimos nuevas investigaciones centradas en la interacción entre terapeutas y clientes en este contexto. Ya examinamos anteriormente cómo quien ejerce la terapia regula sus propias emociones respecto al problema que la familia trae al encuentro terapéutico. De este modo ofrece a la familia un modelo alternativo de regulación emocional que introduce una diferencia en el sistema. Las estrategias de regulación emocional de quien ejerce la terapia son un componente central del proceso terapéutico (Duriez, 2018b).
En lugar de categorizar las intervenciones de la terapeuta con la teoría fundamentada, habría podido ser interesante construir cinco estudios de caso intensivos distintos (Duriez, 2009) para abordar la complejidad de cada caso clínico e identificar el proceso terapéutico en toda su singularidad para cada familia. Habría que seguir los cambios en las construcciones de los miembros de la familia a lo largo de todo el tratamiento de cada familia, con una medición de los problemas de las y los clientes, por ejemplo con la Generalized Problematic Internet Use Scale 2 (GPIUS2; Caplan, 2010) y con la Difficulties in Emotion Regulation Scale (DERS; Gratz and Roemer, 2004), en distintos momentos. Unas entrevistas posteriores al tratamiento con los miembros de las familias podrían aportar otra perspectiva.
Estos resultados han conducido a propuestas para un acompañamiento terapéutico innovador en terapia familiar, la terapia familiar centrada en la regulación emocional con familias conectadas. El trabajo terapéutico tiene dos direcciones: (1) el uso problemático de internet como estrategia de autorregulación desadaptativa y sus consecuencias tanto para la persona adicta como para su entorno, según el enfoque contextual, y (2) la elaboración de una pérdida anterior por parte de la persona que sufre, para tener un yo más fuerte, recuperar la autonomía y salir de la codependencia. Esperamos que este estudio enriquezca la práctica de la terapia familiar con familias conectadas.
Complexe Systémique: lo esencial
El mérito del artículo es desplazar la pregunta: la pantalla no es ante todo una adicción que erradicar, sino una estrategia de regulación emocional inscrita en un sistema. Leído desde Bowen, el ordenador o el teléfono inteligente se convierte en el tercero de un triángulo que alivia la tensión de una relación entre dos personas; leída desde Pauline Boss, la ausencia psíquica de un familiar físicamente presente se convierte en una pérdida ambigua, que a menudo reactiva pérdidas más antiguas, no elaboradas. Para la práctica clínica, la secuencia propuesta es útil: explorar el problema y las quejas, escuchar la perspectiva de la persona designada como paciente, construir con la familia el ciclo circular de las estrategias de regulación y, después, abrir lo transgeneracional cuando la familia esté preparada. La familia V, en la que la videoconferencia acaba sirviendo a la cohesión, recuerda que la tecnología no es el problema en sí. Los límites son claros: cinco familias heterogéneas, una terapeuta que es también la investigadora, ninguna medida estandarizada y una lectura del infrafuncionamiento paterno que convendría discutir en lugar de darla por sentada. Para leer junto con el artículo sobre las relaciones parentofiliales y la tecnología digital y el artículo sobre la pérdida ambigua y los rituales.
Notas del original
1La cohesión familiar se define como el «vínculo emocional que los miembros de la familia tienen entre sí» (Olson et al., 1983, p. 60).
2Stern conceptualiza el esquema de una manera de estar con desde la perspectiva subjetiva que se atribuye al bebé en interacción con la persona cuidadora.
Financiación. Este estudio se realizó en el marco de mi actividad como directora del programa DFSSU Family Clinic and Systemic Practices, en la Direction Formation de la Université Paris 8, que sufragó los gastos de publicación en acceso abierto de este manuscrito con el número de subvención CDE-2021-001014.
Declaración ética. La investigación presentada en este manuscrito se realizó a partir de los expedientes de cinco familias cuya terapia ha finalizado. Se trata de una investigación retrospectiva no intervencionista. Se obtuvo de todos los miembros de la familia el consentimiento informado por escrito para el uso de estos datos con fines de investigación, en particular las grabaciones de vídeo. Se les informó de que los datos podrían utilizarse para el análisis de la práctica y la investigación sobre el proceso de cambio. Se les informó de que eran libres de pedir que se borraran las grabaciones si cambiaban de opinión. Se les garantizó el anonimato, y en este texto se utilizan nombres ficticios como salvaguarda. De acuerdo con la legislación local y los requisitos institucionales, el estudio con participantes humanos no requería revisión ni aprobación ética.
Contribuciones de la autoría. ND fue la investigadora principal que formuló la pregunta de investigación, elaboró el protocolo del estudio, realizó los análisis de datos y redactó el manuscrito.
Conflicto de intereses. La autora declara que la investigación se realizó en ausencia de cualquier relación comercial o financiera que pudiera interpretarse como un posible conflicto de intereses.
Agradecimientos. Quiero dar las gracias a la Sra. Anne-Sophie Bruley, la Sra. Victoire Kalamarides, la Sra. Emmanuelle O’Grady y el Sr. Thomas Villemonteix por sus atentos comentarios y consejos durante la edición en inglés de este manuscrito.
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Traducción no oficial al español de Emotion Regulation Focused Family Therapy With Contemporary Families Affected by Information and Communication Technologies, de Nathalie Duriez, Frontiers in Sociology, vol. 6 (2021), doi: 10.3389/fsoc.2021.633515, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia (tablas presentadas como listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Este es el artículo original «Emotion Regulation Focused Family Therapy With Contemporary Families Affected by Information and Communication Technologies», publicado en Frontiers in Sociology (2021) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Duriez, N. (2021). Emotion Regulation Focused Family Therapy With Contemporary Families Affected by Information and Communication Technologies. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/emotion-regulation-focused-family-therapy-with-contemporary-families-affected-by-ict (Obra original publicada en 2021 en Frontiers in Sociology, 6, 633515 (2021); republicada en 2021 por Frontiers in Sociology, https://www.frontiersin.org/journals/sociology/articles/10.3389/fsoc.2021.633515/full)
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