Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
The British Journal of Social Work · Trabajo social
En la República Checa, más de siete de cada diez menores en acogimiento en familia extensa viven con sus abuelas y abuelos. ¿Qué hacen realmente los equipos de trabajo social que acompañan a estas familias? Veinticuatro entrevistas dibujan una labor de confianza paciente, de reformulación de la culpa y de lucha discreta contra el estigma, desde la familia hasta la escuela.
Traducción no oficial al español de Voices from the field: Exploring social workers’ experiences in supporting grandfamilies, de Adéla Souralová, Eliška Beránková y Linda Koshi, publicado en The British Journal of Social Work (Oxford University Press) (2025), doi: 10.1093/bjsw/bcaf069, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para la lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
La desestigmatización que propicia el trabajo social no es un mero aspecto incidental de su labor, sino que es intrínseca al proceso mismo.
Adéla Souralová, Eliška Beránková y Linda Koshi
Resumen
Este artículo explora las experiencias de profesionales del trabajo social en el acogimiento en familia extensa, en particular de quienes acompañan a abuelas y abuelos en la República Checa. Pese a su papel fundamental, las dificultades a las que se enfrentan siguen estando poco exploradas en la investigación sobre trabajo social. A partir de veinticuatro entrevistas en profundidad, el estudio pone de manifiesto la complejidad de su trabajo y muestra cómo concilian las obligaciones legales con las relaciones personales y el apoyo emocional. El texto ilustra cómo perciben su papel estas personas profesionales, desde la construcción de la confianza con la generación abuela y la gestión de las dificultades cotidianas hasta la búsqueda de reconocimiento por su trabajo y de un sentimiento de realización personal. También arroja luz sobre los esfuerzos, a menudo invisibles, que van más allá de las obligaciones legales y revelan objetivos más profundos. El texto muestra que su trabajo responde a la necesidad de desestigmatizar y normalizar configuraciones familiares que no se ajustan a las normas socioculturales, ayudando a las familias abuelas a adaptarse a sus nuevas circunstancias y a hacer frente a las expectativas sociales.
Profesionales del trabajo social desempeñan un papel crucial en el sistema de acogimiento familiar, ya que ofrecen un apoyo esencial a las familias de acogida. Sin embargo, sus experiencias siguen estando poco exploradas. Aunque la investigación recurre a su mirada, la atención suele centrarse en las familias de acogida, de modo que se comprende mal lo que significa trabajar como profesional del trabajo social en el ámbito del acogimiento. Salvo algunas excepciones notables (Schofield et al. 2011; Vetfuti, Goliath, and Perumal 2019; Tovaryšová and Řezáč 2022; Dunkerley et al. 2023), su perspectiva sigue en gran medida sin explorar.
Este artículo examina las experiencias de profesionales del trabajo social en el acogimiento en familia extensa. Nos centramos específicamente en quienes trabajan con abuelas y abuelos dentro de organizaciones de servicios sociales en la República Checa. Al examinar las dificultades con las que se encuentran, este estudio arroja luz sobre la complejidad de sus funciones, sus interacciones con las familias de acogida y las maneras en que responden a las exigencias del acogimiento en familia extensa. Mediante esta exploración, contribuimos a una comprensión más profunda de las experiencias decisivas del personal de trabajo social en este ámbito especializado del acogimiento.
Realizamos veinticuatro entrevistas con profesionales del trabajo social de organizaciones de acompañamiento con las que las familias de acogida están legalmente obligadas a colaborar. Nuestras entrevistas en profundidad se guiaron por las siguientes preguntas de investigación: ¿cómo perciben estas personas profesionales su papel en el acogimiento en familia extensa y qué significados atribuyen a su trabajo? ¿A qué dificultades se enfrentan en este contexto? Responder a estas preguntas permite colmar una laguna en la investigación sobre trabajo social y dar voz a actores clave del sistema de acogimiento.
El acogimiento familiar de larga duración, junto con la adopción, el acogimiento temporal, la tutela y la guarda, constituye un pilar esencial del cuidado familiar alternativo para menores que no pueden ser criados por sus madres y padres biológicos. Al desarrollarse en un entorno familiar, pretende permitir que la infancia crezca en un medio cercano a su propia familia (MPSV 2025a). Los contextos culturales familiares contribuyen a atenuar los riesgos conductuales (Conway and Hutson 2007). Los tribunales dan prioridad a los familiares como personas cuidadoras, salvo que ello contravenga el interés superior del menor (Act No. 89/2012 Coll. 2012). El acogimiento suele terminar con la mayoría de edad o con la plena capacidad jurídica.
El sistema de acogimiento distingue además entre acogimiento mediado y no mediado. En ambos casos, el tribunal toma la decisión final sobre la colocación del niño o la niña. Sin embargo, en el acogimiento mediado, las personas aspirantes al acogimiento que no tienen parentesco con la persona menor deben presentar primero una solicitud para que se les confíe un niño o una niña y comprometerse a seguir una formación específica. Tras someterse a una evaluación profesional, se inscriben en el registro de la autoridad regional encargada de la mediación del acogimiento. Una vez identificada una familia de acogida adecuada para un menor, la propuesta de colocación se somete al tribunal para su aprobación. En cambio, las personas cuidadoras no mediadas (familiares u otras personas cercanas) pueden dirigirse directamente al tribunal sin formación previa ni evaluación profesional. No obstante, el tribunal tiene en cuenta la opinión de la Autoridad de Protección Social y Jurídica de la Infancia al tomar su decisión (Act No. 359/1999 Coll. 1999; MPSV 2019). En la República Checa, el acogimiento en familia extensa representa más de dos tercios de todos los casos de acogimiento (Tovaryšová and Řezáč 2022), y más del 72 % de las personas acogedoras de la familia extensa son abuelas o abuelos, en su mayoría abuelas de sesenta años o más, que suelen ocuparse de nietas y nietos de entre seis y quince años (Lipová, Krbcová, and Tomanová 2019).
Toda familia de acogida, ya sea en acogimiento mediado o no mediado, está legalmente obligada a firmar un acuerdo de acogimiento con la administración municipal con competencias ampliadas, con una autoridad local o regional o con una organización autorizada (denominada organización de acompañamiento) (Act No. 359/1999 Coll. 1999) y a recurrir a sus servicios. Estos servicios implican la colaboración con una persona profesional del trabajo social «de referencia» asignada a la familia, que la acompaña durante todo el acogimiento. Esta persona profesional ayuda en las cuestiones relacionadas con el acuerdo, se asegura de que la familia de acogida cumpla las 24 h obligatorias de formación anual, la pone en contacto con servicios de apoyo especializados, organiza el cuidado de respiro, facilita el contacto entre el niño o la niña y su madre y su padre biológicos, realiza visitas domiciliarias y presta asistencia profesional (Act No. 359/1999 Coll. 1999).
Se espera que las familias de acogida firmen el acuerdo de acogimiento principalmente con la autoridad local de protección social y jurídica de la infancia. No obstante, con el consentimiento de la autoridad local correspondiente a su lugar de residencia, pueden elegir otras entidades con las que firmar los acuerdos (MPSV 2025b); la negativa es excepcional, por ejemplo cuando existiría un conflicto de intereses. Por ello, las organizaciones que acompañan a las familias de acogida, con cuyos representantes hablamos durante nuestra investigación, desempeñan un papel clave en el sistema de acogimiento de la República Checa. Se trata, en la mayoría de los casos, de organizaciones sin ánimo de lucro y, con menor frecuencia, de organismos públicos subvencionados creados por regiones o municipios.
En las familias abuelas, el personal de trabajo social ayuda a abuelas y abuelos a hacer frente a las exigencias del cuidado y a las dificultades con las que pueden encontrarse. Su intervención moldea la dinámica familiar, influye en las relaciones entre menores y la generación abuela (Dolbin-MacNab, Smith, and Hayslip 2022) y configura la percepción de la madre o el padre biológicos (Wissö et al. 2022) y de la persona abuela (Souralová, Koshi, and Beránková 2025). Además, profesionales del trabajo social dan cuenta de la situación vital de las familias abuelas en diversos estudios.
La investigación ha puesto de relieve las diversas dificultades que afrontan las personas abuelas. Muchas de ellas derivan directamente de la formación repentina de la familia abuela y de los cambios de estilo de vida que conlleva (Baldock 2007; Davis et al. 2020). Las dificultades mencionadas en la literatura suelen estar relacionadas con la salud física y mental (Baldock 2007; Dolbin-MacNab, Smith, and Hayslip 2022; Kaylor-Tapscott and Sullivan 2024), con problemas económicos y con la precariedad financiera (Baldock, 2007; Williams, 2011; Davis et al., 2020; Dolbin-MacNab, Smith, and Hayslip 2022; Kaylor-Tapscott and Sullivan, 2024). El conflicto de roles es también un problema frecuente, ya que la generación abuela debe asumir la complejidad de convertirse en cuidadora a tiempo completo sin dejar de gestionar su propia identidad personal y social (Backhouse and Graham 2012; Taylor et al. 2016; Zuchowski et al. 2019).
La formación de una familia abuela suele desencadenarse por un acontecimiento traumático o una crisis que impide a la madre y al padre hacerse cargo de su descendencia, de modo que la función de cuidado recae en la generación abuela. A menudo, las abuelas y los abuelos no habían previsto que, en esta etapa de la vida, volverían a ser las principales personas cuidadoras de una criatura pequeña, y esa combinación de factores puede generar sentimientos de privación, de ruptura y de dolor (Langosch 2012). El resentimiento hacia su propio hijo o hija puede intensificarse al asumir este papel inesperado (Kelley and Whitley 2003). Strong, Bean, and Feinauer (2010: 46) señalaron que «en algunos casos, al ganar un nieto o una nieta, las personas abuelas pueden estar perdiendo a su propio hijo o hija» por muerte, adicción o maltrato infantil. Esta pérdida va acompañada con frecuencia de un duelo intenso (Pinson-Millburn 1996).
Al reflexionar sobre su experiencia profesional con las familias abuelas, profesionales del trabajo social reconocen tanto los beneficios como las dificultades del acogimiento en familia extensa. La revisión sistemática de Winokur et al. (2014) concluye que «la infancia en acogimiento en familia extensa obtiene mejores resultados en cuanto a problemas de conducta, conductas adaptativas, trastornos psiquiátricos, bienestar, estabilidad del acogimiento (entornos de acogida, número de acogimientos e interrupción del acogimiento), tutela y maltrato institucional que la infancia en acogimiento en familia ajena» (Winokur et al. 2014: 20). Así, la infancia permanece en un entorno conocido, con personas cuidadoras a las que conoce desde siempre, lo que facilita la transición al acogimiento y ayuda a mantener los lazos familiares (Peters 2005; Tovaryšová and Řezáč 2022). Además, la estabilidad del acogimiento proporciona un entorno coherente y duradero que favorece el bienestar del menor (Albert, Iaci, and Catlin 2004; Farmer 2010; Koh 2010; Winokur et al. 2014). En este contexto, Farmer (2010) centró su mirada en la perseverancia de las personas acogedoras de la familia extensa como su principal aportación: «las personas acogedoras de la familia extensa perseveran en el cuidado de menores con un alto nivel de dificultades más allá del punto en que las acogedoras ajenas a la familia solicitarían un cambio» (Farmer 2010: 442).
Sin embargo, estos beneficios quedan eclipsados por las dificultades que aborda la investigación sobre las familias abuelas (Brisebois 2013: 304). Profesionales del trabajo social señalan que las familias acogedoras de la familia extensa, y en especial las familias abuelas, son más exigentes de supervisar que las familias ajenas, debido a su compleja dinámica (Beeman and Boisen 1999). Las relaciones familiares tensas y el trauma asociado complican el proceso de cuidado y obligan a menudo al personal de trabajo social a mediar entre el menor, la madre o el padre biológicos y las personas acogedoras de la familia extensa (Peters 2005; Brisebois 2013). Esta mediación puede desviar recursos de la atención a las necesidades del niño o la niña. Otros obstáculos, como una cooperación difícil con la generación abuela cuidadora o la violencia doméstica, agravan estas dificultades (Gladstone, Brown, and Fitzgerald 2009; Holt and Birchall 2022). Peters (2005) sostuvo que reconocer estos problemas puede conducir a estrategias de trabajo social más eficaces. Abordar estas dinámicas exige recursos considerables y un enfoque matizado para equilibrar los intereses de todas las partes sin dejar de garantizar el interés superior del menor.
La investigación centrada en profesionales del trabajo social en el ámbito del acogimiento formaba parte de un proyecto de investigación más amplio sobre las familias abuelas en la República Checa, centrado en las relaciones intergeneracionales, el cuidado cotidiano y las cuestiones de la abuelidad y de la condición de nieto o nieta. En la parte dedicada al personal de trabajo social que visita a las familias de acogida, intentamos captar el contexto de la vida cotidiana de estas familias. Consideramos que estas personas profesionales son actores clave del sistema de acogimiento, que influyen en la forma que adopta el cuidado diario prestado por la generación abuela. Muchas abuelas y muchos abuelos consideran a estas personas profesionales aliadas indispensables cuando se convierten en las principales personas cuidadoras. Nuestro objetivo era comprender la naturaleza de su trabajo, el sentido que tiene para las propias personas profesionales y las dificultades a las que se enfrentan.
Para los fines de nuestro estudio, contactamos con profesionales del trabajo social de organizaciones de servicios sociales. Los principales criterios de selección eran que trabajaran directamente con familias y que entre las familias a su cargo hubiera abuelas o abuelos acogedores. La muestra procedía de varias regiones de la República Checa. Realizamos veinticuatro entrevistas con veintisiete participantes (una entrevista se realizó con dos profesionales a la vez y otra con cuatro a la vez). Una persona participante fue entrevistada dos veces. La muestra presentaba cierto desequilibrio de género; esta desproporción refleja la distribución de género más general en el trabajo social en la República Checa. Para garantizar la confidencialidad, hemos omitido los nombres de las personas entrevistadas, de sus organizaciones y de la localización de estas.
Nuestras entrevistas semiestructuradas exploraron cómo ven su papel estas personas profesionales, el alcance de su trabajo, su contextualización en un marco sociocultural y jurídico y su relación con las familias. También nos interesaba el significado de este trabajo en la vida de las propias personas profesionales. Las entrevistas se estructuraron en varias secciones temáticas sobre los siguientes temas: cómo influye el personal de trabajo social en la práctica del cuidado, cómo apoya a las familias de acogida y cómo gestiona las cuestiones relacionadas con sus responsabilidades profesionales; el papel de estas personas profesionales dentro de sus instituciones y su implicación con las familias de acogida; y, por último, las estrategias de autocuidado, incluido el recurso a la supervisión y al apoyo entre pares.
Realizamos nuestra investigación de conformidad con las directrices éticas establecidas por la universidad (anónima). Para garantizar el respeto de los principios éticos, proporcionamos a cada participante, antes de su participación en la investigación, tanto una explicación verbal de los objetivos del estudio y de la naturaleza de las preguntas que se le harían como un formulario escrito de consentimiento informado sobre el estudio. El formulario de consentimiento se redactó en dos ejemplares, cada uno de los cuales incluía los datos de contacto del equipo de investigación. El equipo de investigación y cada participante recibieron un ejemplar. Se informó claramente a las personas participantes de su derecho a retirarse del estudio. Además, el equipo de investigación expuso los límites de la confidencialidad y del anonimato. Durante las entrevistas no se produjo ningún dilema ético ni daño potencial para las personas entrevistadas. Asimismo, ninguna persona participante interrumpió la entrevista de forma prematura ni expresó el deseo de retirarse de la investigación. Al contrario, a menudo nos encontramos con reacciones positivas ante el hecho de que nos interesáramos por sus experiencias personales.
Las entrevistas se grabaron, se transcribieron y fueron codificadas sistemáticamente por las tres personas del equipo de investigación con consentimiento informado. Utilizamos el análisis temático reflexivo (Braun and Clarke 2022) para identificar y analizar patrones de significado compartido en los datos. Cada integrante del equipo revisó las transcripciones de forma independiente y generó códigos preliminares a partir de temas iniciales. Los códigos generados por el trabajo independiente de cada integrante se compararon y discutieron después en equipo. Mediante un proceso continuo de discusión y reflexión dentro del equipo, logramos identificar los temas clave que se presentan en este artículo. En el apartado siguiente, presentamos los resultados de nuestro análisis y, al mismo tiempo, los ponemos en diálogo con la investigación pertinente para contextualizar nuestros resultados y compararlos con los estudios existentes. Este enfoque nos permite poner de relieve los puntos de convergencia o de divergencia y situar nuestros resultados en el debate académico más amplio. Dado el papel significativo que la literatura existente desempeñó en la interpretación de nuestros datos y en la elaboración de los temas, reflexionamos sobre cómo la investigación previa orientó nuestra comprensión de los resultados y dio forma a nuestro análisis, lo que ofrece un contexto más claro para los resultados.
Este artículo examina el acogimiento no mediado a cargo de abuelas y abuelos, en el que las personas cuidadoras a menudo carecen de formación, lo que dificulta que el personal de trabajo social maneje dinámicas familiares complejas. En primer lugar, explora el cuidado de las relaciones, puesto que estas personas profesionales construyen la confianza con la generación abuela sin dejar de ejercer su función de supervisión. En segundo lugar, aborda el cuidado de las personas acogedoras y de la infancia, centrándose en el apoyo necesario para hacer frente a las dificultades físicas, emocionales y relacionales. En tercer lugar, pone de relieve el autocuidado del personal de trabajo social, haciendo hincapié en las estrategias para asumir responsabilidades exigentes sin dejar de reconocer las satisfacciones de su trabajo.
La relación entre profesional y persona usuaria es un elemento fundacional del trabajo social y constituye el núcleo de todo el proceso de ayuda. Este compromiso personal permite a la persona profesional establecer y cultivar la confianza con las personas usuarias, lo que hace posible una colaboración eficaz.
En nuestras entrevistas se pusieron de relieve las diferencias entre las familias de acogida profesionales y las personas acogedoras de la familia extensa. Las familias de acogida profesionales suelen recibir una formación preparatoria y tener contacto con las organizaciones de servicios sociales antes de hacerse cargo de un niño o una niña. Tienden a apoyarse en el personal de trabajo social y a ponerse de acuerdo con él sobre las soluciones, como se observa en el siguiente fragmento.
Profesional 1: Las familias de acogida de larga duración están más en sintonía con nosotros. Nosotros cuidamos, ellos cuidan, y no existe el mismo vínculo biológico que con las personas acogedoras de la familia extensa. Nos resulta más fácil ponernos de acuerdo en muchas cuestiones, porque saben que el Estado les ha confiado menores con limitaciones importantes.
Las personas acogedoras de la familia extensa, en cambio, se acercan con frecuencia al personal de trabajo social con desconfianza y lo perciben como un intruso sin derecho a inmiscuirse en sus asuntos familiares. La investigación de Gladstone, Brown, and Fitzgerald (2009) indicó que esta percepción afecta negativamente a la búsqueda de ayuda. Por estas y otras razones, Beeman and Boisen (1999) sostienen que las personas acogedoras de la familia extensa suelen ser más difíciles de supervisar, una opinión que coincide con lo que relataron las personas entrevistadas.
En los relatos de las personas entrevistadas, la desconfianza que sienten las abuelas y los abuelos acogedores hacia las organizaciones, y en particular hacia el personal de trabajo social, obedece a varios factores. La generación abuela puede considerarse plenamente competente para criar a su nieto o nieta, dado que ya crió a sus propios hijos. Esta experiencia le lleva a pensar que no necesita consejos externos. A ello se suma con frecuencia una diferencia de edad importante entre la persona abuela y la persona profesional de referencia de la familia: las personas cuidadoras mayores pueden considerar que profesionales más jóvenes y sin hijos carecen de la experiencia vital necesaria para dar consejos competentes. Además, las barreras lingüísticas pueden obstaculizar la confianza, sobre todo si la persona profesional no adapta su estilo de comunicación a las necesidades de la familia.
Las personas profesionales de nuestra investigación afirmaron distanciarse de esta función de control, que atribuyen a los servicios de protección de la infancia. En cambio, como ilustran los siguientes fragmentos, hicieron hincapié en su función de apoyo y se describieron como intermediarias, guías, confidentes y compañeras que acompañan a la generación abuela acogedora a lo largo del sistema de acogimiento.
Profesional 16: Me gusta mucho la palabra «acompañamiento», la idea de que caminamos junto a las familias de acogida. Somos como una barandilla, les damos apoyo y ayuda, y quizá la barandilla tenga otro significado, en el sentido de que intentamos mantener a la familia de acogida en un cierto camino en su recorrido vital.
En consonancia con los resultados de Dunkerley et al. (2023), las personas entrevistadas subrayaron la necesidad de una colaboración basada en la relación y en la confianza con las familias acogedoras de la familia extensa. Los primeros contactos se abordan con cautela: la persona profesional entra con cuidado en el entorno de la familia para comprender su dinámica, el lugar del niño o la niña y el funcionamiento familiar. Antes de que se haya establecido una relación estrecha, la persona profesional debe ofrecer sus servicios respetando la autonomía de la generación abuela acogedora (para resultados similares, véase Fulcher and McGladdery 2011), como expone Profesional 11:
Construyo la relación visitándolos y charlando de manera informal. Nuestro enfoque no consiste en presionar a las abuelas y los abuelos acogedores para que hagan nada. Simplemente ofrecemos opciones y respetamos sus decisiones.
Incluso una vez establecida la confianza, la responsabilidad de la persona profesional de mantener y cultivar la relación persiste. La confianza entre el personal de trabajo social y las familias acogedoras de la familia extensa es frágil. Las personas entrevistadas reconocieron implícitamente ser conscientes de esta fragilidad, y subrayaron cualidades como la amabilidad, la paciencia, la apertura y la honestidad para mantener estas relaciones.
Una vez establecida una relación estable y basada en la confianza, el personal de trabajo social puede guiar eficazmente a la generación abuela acogedora a través de la complejidad del sistema de acogimiento, ayudándola a comprender sus derechos y responsabilidades y facilitando el acceso a apoyo jurídico, médico o psicológico. La persona profesional se convierte también en un motor que impulsa a la generación abuela acogedora a cumplir su obligación legal de 24 h de formación anual. Como la mayoría de las abuelas y los abuelos acogedores muestran una actitud de rechazo hacia la formación (como también señalan Tovaryšová and Řezáč 2022), el personal de trabajo social intenta encontrar una opción sencilla pero útil, por lo general grupos de apoyo y formación individualizada mediante conversaciones a partir de materiales impresos y audiovisuales.
En este apartado, conceptualizamos el cuidado como el apoyo prestado mediante el acompañamiento tanto de la generación abuela como de la generación nieta. Este proceso se centra en tres ámbitos: en primer lugar, la mejora de las relaciones dentro de la familia abuela, donde el personal de trabajo social favorece una dinámica interna sana; en segundo lugar, el apoyo a la relación entre la familia abuela y la madre o el padre biológicos, cuya importancia en la dinámica familiar se pone de relieve; y, en tercer lugar, más allá de la familia abuela, las interacciones de la familia abuela con los entornos externos.
El aspecto más decisivo de las intervenciones de trabajo social en las familias abuelas es la reconfiguración y el fortalecimiento de las relaciones entre la generación abuela y la generación nieta, abordando tres cuestiones clave: 1) el trauma de las personas abuelas, 2) el trauma del niño o la niña y 3) la construcción de puentes entre generaciones.
Al abordar el trauma de las personas abuelas, el personal de trabajo social ofrece un apoyo emocional esencial y acceso a recursos psicológicos, reconociendo que la capacidad de abuelas y abuelos para cuidar de sus nietos está limitada por su propio trauma (Strong, Bean, and Feinauer 2010) y que sus problemas de salud mental y emociones como la culpa, la vergüenza, la ansiedad y la rabia pueden complicar su función de cuidado (Hayslip and Kaminski 2005). Dar prioridad a su bienestar psicológico es crucial para crear un entorno estable en la familia abuela. El personal de trabajo social guía a la generación abuela a través de un proceso de sanación interconectado, centrado en tres etapas clave simultáneas: 1) reconciliarse con el fracaso percibido de su propio hijo o hija; 2) adaptarse al nuevo papel de cuidado; y 3) integrar este papel en su biografía personal.
La primera etapa del proceso de sanación consiste en ayudar a la generación abuela a reconciliarse con el fracaso percibido de su propio hijo o hija. Strong, Bean, and Feinauer (2010: 46) señalaron: «Cuando los abuelos asumen el cuidado, lo hacen a menudo en momentos de gran estrés y de crisis o de acontecimientos traumáticos». Esto pone de relieve que las familias abuelas se forman a menudo en circunstancias traumáticas, en las que la generación abuela asume el cuidado porque su hijo o hija no puede o no quiere desempeñar ese papel. En consecuencia, las personas abuelas tienen que afrontar el fracaso de su hijo o hija, lidiando con emociones complejas como la decepción y la ira, y preguntándose: «¿Es culpa mía que esto haya pasado?». El personal de trabajo social observa que abuelas y abuelos luchan con sentimientos de culpa y con el juicio social sobre el fracaso de su hijo o hija, como refleja la observación de Profesional 4:
Tienen un gran desafío para aceptar lo que ha pasado. Algunos lo dicen, otros no, pero se preguntan: «¿En qué nos equivocamos?». Si sienten que pueden permitírselo, lo dicen. Pero muchos se sienten condenados por la sociedad. La sociedad piensa que no fueron capaces de criar a su hijo y que, por eso, tienen que criar a sus nietos
El objetivo principal es ayudar a la generación abuela a reformular la situación y a ir más allá de la culpa y el arrepentimiento, que pueden interferir en su capacidad de cuidar eficazmente. Más aún, el personal de trabajo social procura reformular estas emociones negativas como una oportunidad para que abuelas y abuelos aborden las dificultades del pasado y contribuyan al bienestar y al futuro de sus nietos. Las personas profesionales subrayan que la persona abuela cuida ahora de un niño o una niña que a menudo ha vivido un trauma y que necesita su apoyo y su orientación. Este cambio de perspectiva es esencial, porque da a la generación abuela un sentido de propósito y le permite centrarse en el presente y el futuro en lugar de quedarse anclada en las decepciones pasadas.
Además, el personal de trabajo social anima a la generación abuela a ver a sus nietas y nietos con independencia de su madre y su padre, cuestiones que también han abordado otros estudios. Como señalan Taylor, Coall, and Karthigesu (2019), muchas personas abuelas temen que sus nietos repitan los errores de su madre o su padre, lo que conduce a prácticas de crianza problemáticas como la rigidez y la sobreprotección (Dolbin-MacNab and Keiley 2009), y a confundir a la generación de los progenitores con la de los menores, lo que puede interferir en el desarrollo del niño o la niña. Abordar el trauma de las personas abuelas es crucial, ya que los traumas no resueltos pueden repercutir negativamente en su función de cuidado y dar lugar a «estilos de crianza inadecuados, a la incapacidad de hablar de la historia familiar con el niño o a no comprender el trauma del niño» (Tovaryšová and Řezáč 2022: 54).
Al tiempo que aborda el trauma de la generación abuela, el personal de trabajo social tiene otra tarea: ayudarla a adaptarse al nuevo papel de cuidado y a superar el conflicto de roles. Se trata de una dificultad frecuente, ya señalada en estudios anteriores (Backhouse and Graham 2012; Taylor et al. 2016; Zuchowski et al. 2019), puesto que abuelas y abuelos deben asumir la complejidad de convertirse en cuidadores a tiempo completo sin dejar de gestionar su identidad personal y social.
Profesional 8: Están en un conflicto de roles. Les encantaría ser simplemente la abuela o el abuelo del fin de semana, mimarlos, y en lugar de eso tienen que poner límites a los niños y estudiar con ellos.
Además de facilitar la transición hacia el papel de abuela o abuelo que ejerce como madre o padre, el personal de trabajo social ayuda a la generación abuela a integrar este papel en su biografía personal. Las personas profesionales subrayan que, aunque sean las principales personas cuidadoras del niño o la niña, no son su madre ni su padre.
Profesional 11: La abuela acogedora insiste en que el niño la llame «mamá», pero el niño sabe que no es su madre. Entiende que es su abuela.
Estas expectativas pueden generar una confusión identitaria que dificulta la comprensión de la dinámica familiar por parte del niño o la niña. El personal de trabajo social insiste ante la generación abuela en la importancia de comprender su papel de principal persona cuidadora, distinto del de una madre o un padre, y en la necesidad de comunicárselo al menor de forma abierta y honesta.
El personal de trabajo social aborda el trauma del niño o la niña ayudando a la generación abuela a elaborar la historia del menor, a apoyar la formación de su identidad y a comprender su comportamiento. La mayoría de las personas entrevistadas subrayaron la importancia de elaborar la historia del niño o la niña, ya que la infancia busca respuestas para comprender lo que le ha ocurrido (véase también Steenbakkers, van der Steen, and Grietens 2019). Sin esta comprensión básica, a los niños y niñas les cuesta elaborar el trauma, formar una identidad personal sana y desarrollar en el futuro relaciones de confianza.
El personal de trabajo social desempeña un papel crucial a la hora de garantizar la transparencia sobre la historia del niño o la niña. Sin embargo, a muchas abuelas y muchos abuelos les puede resultar difícil, y a veces llegan a dar información inexacta sobre la madre o el padre del menor para intentar resolver una situación difícil. Las personas profesionales deben buscar con cuidado el equilibrio entre la defensa del bienestar del menor y la complejidad de las perspectivas de la generación abuela.
Profesional 23: Trabajamos con ellos para que el tema de los padres biológicos, aunque el contacto no sea continuo, no sea tabú. Ayudamos a esas familias a elaborar la historia familiar del niño, las orientamos para que trabajen con esos niños lo antes posible el hecho de que el niño simplemente tiene una mamá y un papá en alguna parte, y utilizamos diversas técnicas para elaborarlo, de modo que el niño entienda, dentro de los límites de sus capacidades y de su edad, por qué tiene que crecer fuera de su familia biológica.
Las personas entrevistadas enseñaban específicamente a abuelas y abuelos a integrar en el relato del niño o la niña los temas de la formación de la familia abuela y del papel de la madre y el padre biológicos, y les ofrecen orientación y apoyo para ayudar a la infancia a elaborar su historia personal de una manera adecuada a su etapa de desarrollo.
Además, ayudan a la generación abuela a comprender el comportamiento del niño o la niña, que a menudo está influido por traumas pasados. Este aspecto decisivo de la intervención de trabajo social queda ilustrado por las observaciones de Profesional 16:
Criar a niños en acogimiento, ya sea en familia extensa o mediado, es realmente distinto. Esos niños, por lo que han vivido, tienen necesidades distintas y un funcionamiento distinto. Son niños que han sido traumatizados a una edad temprana, y quienes los cuidan tienen que saberlo.
Las personas profesionales declararon ayudar a abuelas y abuelos a comprender las manifestaciones conductuales de la infancia derivadas de traumas pasados. Este comportamiento problemático, que Mitchell (2018) caracterizó como «acting out», suele ser consecuencia de experiencias adversas tempranas. Las personas entrevistadas afirmaron que las expresiones de ira y otros comportamientos negativos de niñas y niños derivan con frecuencia de traumas anteriores. Al aclarar las causas subyacentes, el personal de trabajo social ofrece un marco para interpretar estos comportamientos y orientaciones sobre cómo responder a ellos y gestionarlos con eficacia.
El tercer ámbito clave es la gestión de las diferencias generacionales que dificultan la comprensión mutua entre la generación abuela y la generación nieta. Estas diferencias generacionales pueden manifestarse en perspectivas divergentes sobre las prácticas de crianza, los estilos de comunicación y las expectativas de comportamiento. En estas circunstancias, las personas profesionales actúan como intermediarias esenciales o «traductoras generacionales», que facilitan la comunicación y promueven la comprensión. La brecha generacional que el personal de trabajo social ayuda a salvar se debe a la diferencia de edad y a la evolución de las prácticas de crianza (como también señalan Baldock 2007; Dolbin-MacNab, Rodgers, and Traylor 2009). Como muchas personas abuelas desconocen los cambios producidos en este periodo, el personal de trabajo social ofrece intervenciones educativas para mejorar su comprensión de estas transiciones.
En la relación entre la familia abuela y la madre o el padre biológicos del niño o la niña, el personal de trabajo social se centra en dos tareas principales: ayudar a la generación abuela y a la generación nieta a relacionarse con la madre o el padre y facilitar el contacto directo entre la familia abuela y la madre o el padre. Estas dos tareas guardan una relación jerárquica, como se desprende de la siguiente afirmación:
Profesional 3: El niño necesita tener información y una relación con su madre o su padre biológico, aunque eso no tiene por qué significar siempre contacto físico. A veces el contacto físico puede ser problemático y no responde al interés superior del niño. Pero la relación es importante. Se puede tener una relación con una persona fallecida sin contacto físico. Abuelas y abuelos tienen que entenderlo.
El personal de trabajo social subraya la importancia y el significado de la relación con la madre o el padre biológicos por encima del contacto físico con ellos. Proporcionar información sobre la madre o el padre biológicos y fomentar una relación con ellos son dos tareas centrales en las que el personal de trabajo social ayuda a la generación abuela. Además de ayudar a abuelas y abuelos a guiar a la infancia a través de su historia personal de una manera adecuada a su etapa de desarrollo, estas personas profesionales desempeñan un papel clave en la configuración de la percepción que el niño o la niña tiene de su madre o su padre biológicos, decisiva para la construcción de su identidad.
El fragmento anterior subraya también que la imagen de la madre o el padre biológicos y la relación que se deriva de esa imagen son más importantes que el contacto físico. Esta perspectiva fue compartida por otras personas entrevistadas, que mencionaron situaciones en las que el contacto con la madre o el padre biológicos podía resultar traumático para el niño o la niña. En esos casos, el personal de trabajo social supervisa o facilita el contacto entre el menor y su madre o su padre biológicos para garantizar su bienestar. Al prestar este apoyo, el personal de trabajo social ayuda a manejar la delicada y compleja dinámica entre la familia abuela y la madre o el padre biológicos, dando siempre prioridad en sus intervenciones al interés superior del menor.
El personal de trabajo social extiende su apoyo más allá de las familias abuelas, actuando como intermediario entre las familias y las entidades externas. Acompaña a abuelas y abuelos a las oficinas de la administración, a los tribunales y a los centros escolares, y les ayuda a obtener asistencia jurídica y médica.
Investigaciones anteriores han señalado que muchas personas profesionales del trabajo social observan que la generación abuela oculta su función de acogimiento para evitar el estigma social. Baldock (2007) y Taylor et al. (2016) pusieron de relieve este estigma, en particular cuando la ausencia de la madre o el padre biológicos se debe a problemas como el consumo de sustancias. Esta ocultación es especialmente evidente en la comunicación con instituciones como la escuela, como señala Profesional 7.
Para evitar etiquetar y estigmatizar a los niños, abuelas y abuelos ni siquiera le dicen a la escuela que están en acogimiento. (…) Intentan evitar la etiqueta ocultándolo, pero en ese momento la escuela trabaja con su niño como con cualquier otro niño no traumatizado. Pero esos niños en acogimiento suelen ser niños traumatizados, que sufrieron privaciones tempranas, así que el trabajo con ellos tiene que ser un poco más sensible, un poco diferente. (…) Entonces eso no ocurre en la escuela, porque no lo saben, y el problema se agrava aún más. La estigmatización se produce de todos modos, porque al niño se le etiqueta como problemático, maleducado, con dificultades de aprendizaje, etcétera.
Paradójicamente, esta tabuización en la escuela agrava los problemas y conduce precisamente a la estigmatización que la generación abuela intenta evitar. En lugar de comprender las circunstancias particulares del niño o la niña, el profesorado puede malinterpretar sus comportamientos y calificarlo de «malo» o «lento» sin reconocer el trauma que hay detrás de esas conductas.
El personal de trabajo social anima a abuelas y abuelos a comunicar con transparencia. En muchos casos, las propias personas profesionales se ponen en contacto directamente con la escuela y ayudan al profesorado a comprender el comportamiento del menor en el contexto de su historia traumática. Sin embargo, la comunicación transparente por parte de la generación abuela no siempre garantiza el éxito. Peters (2005) señaló que muchas personas profesionales del trabajo social habían observado que el personal de la escuela pública percibía a los menores en acogimiento como niños «desechables» o «de usar y tirar», una forma de estigmatización que daña gravemente la autoestima del niño o la niña y añade una carga externa más que debe «quitarse de encima» (Peters 2005: 601). En nuestro estudio, ante estos casos de estigmatización institucional, el personal de trabajo social defiende el interés superior del menor y acompaña a abuelas y abuelos a las reuniones con la dirección del centro escolar para garantizar que se atiendan debidamente sus necesidades.
Las personas profesionales describen su experiencia con las familias de acogida como un proceso de larga duración que influye tanto en las satisfacciones como en las frustraciones que encuentran. Subrayan la realización que supone ver progresar a las familias a las que acompañan, lo que contribuye a su satisfacción general. Por otro lado, las situaciones de gran carga emocional, la falta de cooperación y los largos plazos necesarios para lograr avances significativos pueden provocar estrés y agotamiento profesional (Mosala and Wilson 2024). La falta de retroalimentación oportuna por parte de las familias complica aún más este trabajo, como explica Profesional 22:
Una de las grandes dificultades es la falta de retroalimentación inmediata por parte de las abuelas y los abuelos acogedores. Necesitamos saber que lo que hacemos sirve de algo, pero a menudo solo recibimos agradecimiento al cabo de mucho tiempo, a veces un año o más. Este reconocimiento tardío puede hacer que nuestro trabajo resulte menos gratificante.
Esto pone de relieve un problema más amplio del trabajo social: el coste emocional del reconocimiento tardío, que puede agravar los sentimientos de insuficiencia profesional y el agotamiento. Las reacciones dispares de la generación abuela acogedora complican aún más la experiencia y aumentan la complejidad emocional de la función. Para hacer frente a estas dificultades, las personas profesionales desarrollan estrategias que van de la supervisión profesional a rutinas de autocuidado. El autocuidado es también una parte importante del mantenimiento del bienestar emocional. En línea con los resultados de Peters (2005), las personas entrevistadas se sentían muy comprometidas con su trabajo, al que atribuían un sentido profundo que las motiva a continuar pese a las dificultades. Profesional 24 ilustró este sentido del propósito:
Esto tiene realmente sentido para mí. Veo los resultados, veo el sentido del trabajo y, sinceramente, me gusta mucho. No puedo decir que haya una sola familia a la que no quiera visitar o a la que me incomode ayudar.
El sentimiento de realización que procura ver avances y marcar una diferencia tangible impulsa a muchas personas profesionales del trabajo social. Incluso frente a la frustración y el agotamiento, la capacidad de apoyar a las familias y de ver resultados refuerza su sentido del propósito y su satisfacción profesional. Para algunas, este trabajo concuerda estrechamente con sus valores y objetivos personales, lo que hace que las dificultades merezcan la pena. Profesional 13 subrayó la admiración que sentía por la generación abuela acogedora, reconociendo la inmensa dificultad de su papel y la falta de apoyo adecuado:
Merecen un apoyo y una admiración enormes. Por desgracia, creo que en nuestro país hay muy poco apoyo. Los progenitores biológicos que no cuidan de sus hijos reciben apoyo y tienen todos los derechos, mientras que las abuelas y los abuelos acogedores tienen las obligaciones. Yo reduciría sus obligaciones y aumentaría el apoyo en todas sus formas. De verdad que no es fácil.
Esta afirmación refleja la tensión que sienten las personas profesionales entre las dificultades a las que se enfrentan y su admiración por la generación abuela acogedora. En nuestro estudio, al igual que en la investigación de Greeling (2016), la naturaleza exigente del trabajo social con las familias de acogida se ve compensada por el profundo sentido del propósito y la realización que estas personas profesionales obtienen de sus esfuerzos.
Este estudio ha explorado las experiencias y perspectivas de profesionales del trabajo social en el acogimiento en familia extensa, en particular de quienes acompañan a abuelas y abuelos en la República Checa. Al examinar las dificultades específicas a las que se enfrentan estas personas profesionales y sus interacciones con las familias de acogida, la investigación ha puesto de relieve el papel, a menudo ignorado, del personal de trabajo social en la gestión de dinámicas familiares complejas y en la promoción de resultados positivos para la infancia. Investigaciones anteriores han identificado la importante carga emocional y económica que recae sobre la generación abuela, y han mostrado cómo el trauma y el conflicto de roles complican su labor de cuidado (Strong, Bean, and Feinauer 2010; Brisebois 2013; Kaylor-Tapscott and Sullivan 2024). Diversos estudios han subrayado la necesidad de que el personal de trabajo social equilibre los intereses divergentes de la infancia, de las madres y los padres biológicos y de las personas acogedoras de la familia extensa para apoyar eficazmente a las familias abuelas (Peters 2005). Esto pone de manifiesto la necesidad de seguir explorando las experiencias de profesionales del trabajo social (Dolbin-MacNab, Smith, and Hayslip 2022; Wissö, Melke, and Josephson 2022).
El apoyo a las familias abuelas es un aspecto fundamental del trabajo que realizan profesionales del trabajo social. Sin embargo, más allá de sus intervenciones directas, estas personas profesionales desempeñan un papel importante en la desestigmatización y la normalización del acogimiento dentro de las familias a las que acompañan. Esta contribución es un elemento crucial, aunque ignorado, de su práctica, que impregna todo su enfoque. Uno de los objetivos centrales del personal de trabajo social es contribuir a desmontar el estigma asociado al acogimiento, tanto dentro de la familia abuela como en sus interacciones con la comunidad en general. La desestigmatización se produce en varios niveles.
En primer lugar, dentro de la propia familia abuela, el personal de trabajo social lleva a cabo una labor delicada pero esencial para ayudar a la generación abuela a elaborar sus emociones y su historia personal, abordando en particular el estigma vinculado a los fracasos percibidos en su papel de madres y padres (Hayslip and Kaminski 2005; Strong, Bean, and Feinauer 2010). Esto incluye ayudarla a superar los sentimientos negativos relacionados con las dificultades de su hijo o hija, lo que le permite cuidar de sus nietos con mayor confianza y resiliencia emocional. Una parte decisiva de este proceso consiste en fomentar una comunicación abierta sobre las dificultades a las que se enfrenta. Por ejemplo, el personal de trabajo social ayuda a abuelas y abuelos a afrontar y superar los sentimientos de vergüenza asociados a los fracasos de su hijo o hija, facilitando la reconciliación con su propia historia como madres y padres. Este apoyo permite a la generación abuela hablar de la complejidad de su situación familiar y del papel de la madre o el padre biológicos sin miedo a ser juzgada.
En segundo lugar, el personal de trabajo social desempeña un papel crucial en la desestigmatización de la relación entre las familias abuelas y las madres y los padres biológicos, guiando a la generación abuela en la construcción de una percepción equilibrada de la madre o el padre biológicos y facilitando un contacto adecuado. Al ayudar a abuelas y abuelos a reconocer la importancia de mantener una relación con la madre y el padre biológicos, estas personas profesionales favorecen un desarrollo sano de la identidad del niño o la niña. Sus intervenciones garantizan que se gestionen las interacciones potencialmente perjudiciales, dando siempre prioridad al bienestar del menor. De este modo, el personal de trabajo social fomenta la transparencia y la apertura, y contribuye a un entorno familiar más estable y emocionalmente resiliente.
En tercer lugar, el personal de trabajo social se esfuerza por superar el estigma que existe entre la familia abuela y la comunidad que la rodea (véase también Baldock 2007). Para ello facilita una comunicación transparente entre la familia abuela y las instituciones clave, como la escuela y las instancias judiciales, donde el estigma asociado al acogimiento se percibe con mayor intensidad. Por ejemplo, las personas profesionales animan con frecuencia a abuelas y abuelos a reconocer abiertamente su condición de familia de acogida en lugar de ocultarla, para evitar malentendidos o que el profesorado u otros miembros de la comunidad etiqueten negativamente a los niños y niñas (Peters 2005).
La actuación del personal de trabajo social responde al deseo de ayudar a las familias abuelas a normalizar su estructura familiar en el contexto de las ideas socioculturales sobre la familia y la crianza. En definitiva, la desestigmatización que propicia el trabajo social no es un mero aspecto incidental de su labor, sino que es intrínseca al proceso mismo. Mediante este apoyo, el personal de trabajo social contribuye a crear un entorno en el que las dificultades del acogimiento pueden abordarse y debatirse abiertamente, lo que nutre relaciones más sanas dentro de la familia y alivia el sentimiento de aislamiento que experimentan estas personas cuidadoras.
El enfoque cualitativo de este estudio ha brindado una valiosa oportunidad para comprender las dificultades y las motivaciones del personal de trabajo social, implicándolo directamente en la reflexión sobre su propio trabajo. Sin embargo, el estudio no incorpora la mirada de la generación abuela, de la infancia ni de las madres y los padres biológicos sobre las intervenciones del trabajo social, lo que podría ofrecer una comprensión más completa de su impacto. Además, sería útil incluir trabajo de campo, en concreto observaciones intensivas de la manera en que las personas profesionales se acercan a las familias y trabajan con ellas. La investigación futura podría basarse en los resultados presentados en este artículo y explorar las distintas perspectivas de todos los actores implicados.
El análisis de nuestros datos empíricos ha revelado un relato sobre la compleja dinámica de la práctica del trabajo social, que pone de relieve en particular la importancia de comprender el papel de estas personas profesionales más allá de sus interacciones con las poblaciones destinatarias. El trabajo del personal de trabajo social no se limita a las exigencias legales: abarca un compromiso personal y vínculos emocionales con las familias. Estas relaciones se caracterizan por la ambivalencia, ya que las personas profesionales deben tratar con una generación abuela que, al principio, puede resistirse a colaborar. Superar estos obstáculos puede generar un sentimiento de logro y de realización, aunque tales resultados no están garantizados.
Complexe Systémique: puntos clave
El artículo saca a la luz lo que la literatura sobre las abuelas y los abuelos que crían a sus nietos suele dejar en la sombra: la persona externa que debe hacerse aceptar dentro de un sistema familiar herido. La lectura sistémica es casi explícita. El trabajo social ocupa una tercera posición en el triángulo formado por la generación abuela, la madre o el padre ausentes y el niño o la niña: reformula la culpa de haber «fracasado» con el propio hijo o hija como una oportunidad de reparación, distingue la relación con la madre o el padre del contacto con ellos, ayuda al menor a construir un relato de sus orígenes y «traduce» entre dos generaciones alejadas. También trabaja sobre los límites del sistema, cuando el secreto guardado en la escuela produce exactamente el estigma que se pretendía evitar. Para la práctica clínica, estas referencias sirven para cualquier familia en la que abuelas y abuelos se convierten de hecho en madres y padres. Con una precaución: solo se oye el punto de vista de las personas profesionales, sin la generación abuela ni la infancia, en el contexto jurídico checo, y el análisis se mantiene cerca del discurso que la profesión sostiene sobre sí misma. Para leer junto con el artículo sobre las dinámicas familiares en el acogimiento en familia extensa y el artículo sobre ser madre o padre, sin serlo.
Notas del original
Agradecimientos. Queremos expresar nuestro sincero agradecimiento a todas las personas profesionales del trabajo social que, pese a la exigencia de su labor, compartieron generosamente sus puntos de vista y perspectivas durante las entrevistas. Sus aportaciones fueron inestimables para esta investigación. También queremos dar las gracias de corazón a las personas revisoras por sus comentarios atentos y constructivos, que mejoraron considerablemente la calidad de este artículo.
Financiación. Esta investigación ha contado con el apoyo de la Agencia de Subvenciones de la República Checa (Grant Agency of the Czech Republic) con el número de subvención GA23-06683S. Conflictos de intereses. No se declara ninguno.
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Traducción no oficial de Voices from the field: Exploring social workers’ experiences in supporting grandfamilies, de Adéla Souralová, Eliška Beránková y Linda Koshi, The British Journal of Social Work, vol. 55, n.o 6 (2025), doi: 10.1093/bjsw/bcaf069, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial son responsables de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción del artículo original «Voices from the field: Exploring social workers’ experiences in supporting grandfamilies», publicado en The British Journal of Social Work (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Souralová, A., Beránková, E., et Koshi, L. (2025). Voices from the field: Exploring social workers’ experiences in supporting grandfamilies. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/voices-from-the-field-exploring-social-workers-experiences-in-supporting-grandfamilies (Obra original publicada en 2025 en The British Journal of Social Work, 55(6), 2734-2754 (2025); republicada en 2025 por The British Journal of Social Work, https://academic.oup.com/bjsw/article/55/6/2734/8100450)
Para profundizar