El estrés traumático continuo
Vivir en un entorno de guerra supone a menudo la exposición repetida a acontecimientos traumáticos, como la pérdida de seres queridos, los bombardeos y unas condiciones de supervivencia precarias. Este estrés puede provocar síntomas de estrés postraumático (TEPT) en los miembros de la pareja, lo que afecta a su capacidad de comunicarse y de responder emocionalmente el uno al otro. El TEPT provoca con frecuencia irritabilidad, insomnio y pérdida de interés por la vida, síntomas que minan la calidad de la relación.
Las pérdidas materiales y sociales
La destrucción de su entorno y la pérdida de los bienes materiales y del empleo generan un sentimiento de desvalorización y de impotencia. Esta precariedad económica puede debilitar rápidamente a las parejas, tanto más cuanto que el papel de sostén y de protección se ve alterado, a menudo de forma irreversible.
El aislamiento social y la ausencia de apoyo comunitario
En los contextos de refugio, la red social de apoyo suele quedar extremadamente reducida. Familiares y amistades pueden estar dispersos o desaparecidos, lo que crea un vacío social en el que la pareja se encuentra sola para afrontar las adversidades, y esto amplifica la tensión emocional dentro de la pareja.
El reparto desequilibrado de las responsabilidades
En periodo de crisis, los roles dentro de la pareja pueden desequilibrarse. Por ejemplo, uno de los miembros de la pareja puede asumir una mayor parte de la carga mental o física para proteger a la familia, lo que puede generar tensiones en torno al poder y a la dependencia.
Las diferencias de adaptación a los traumas
Cada miembro de la pareja puede reaccionar de manera distinta al trauma: unas personas se cierran emocionalmente, mientras que otras buscan consuelo. Estas diferencias en los estilos de afrontamiento pueden crear incomprensiones y conflictos, y dificultar la construcción de una respuesta común al trauma.
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