Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del francés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Clínica sistémica

El silencio en terapia: una presencia polisémica

A veces vivido como una incomodidad, a veces como un espacio de paz, parece decir algo sin palabras.

Por Yara Doumit Terapeuta familiar e interventora sistémica · Formadora y responsable pedagógica en Complexe Systémique

El silencio es un enigma. Fascina tanto como inquieta, y deja a quien ejerce la terapia y a quien consulta la impresión paradójica de un vacío lleno de significados.

Este fenómeno forma parte de la experiencia humana universal. Atraviesa las culturas, inspira las filosofías, estructura los rituales sociales. Solo después, en el marco terapéutico, adquiere una función específica y se convierte a veces en la herramienta más poderosa y más discreta del proceso de cambio.

Parte 1

Un lenguaje en hueco

Filosóficamente, el silencio se ha interrogado a menudo como un lenguaje en hueco. Para Heidegger, callar no es una ausencia sino una modalidad del decir. En Sein und Zeit, distingue el mutismo auténtico, que abre a la verdad del ser, del mutismo inauténtico, que oculta o huye.

La pausa fecunda

La persona medita y se reorganiza interiormente. El vacío se convierte en un espacio de maduración.

La contención evitativa

Faltan las palabras porque el dolor es demasiado vivo. El silencio protege de un contacto imposible.

Levinas, por su parte, subraya que el otro nunca se reduce a lo que dice: siempre excede su lenguaje. Callar se convierte entonces en un gesto ético, una manera de respetar esa alteridad evitando saturarla de discurso. Cuando quien ejerce la terapia se abstiene de hablar, manifiesta una disponibilidad radical y deja espacio a la otra persona sin intentar llenarlo con interpretaciones prematuras. Desde esta perspectiva, el silencio ya no es una ausencia sino una apertura.

La dimensión apofática

En las tradiciones llamadas de teología negativa, el silencio no significa el vacío sino la proximidad con el misterio. Se calla no porque no haya nada que decir, sino porque lo que habría que decir excede el lenguaje.

En psicoterapia, ciertas vivencias —duelos, traumas, revelaciones íntimas— son demasiado intensas o demasiado inéditas para formularse de inmediato. El mutismo de la persona, si se acoge con benevolencia, puede convertirse en el estuche de esas emociones indecibles. No se trata de llenar, sino de contener.

Parte 2

Un fenómeno socialmente codificado

Desde el punto de vista antropológico, como recuerda David Le Breton, el silencio siempre está socialmente codificado. En algunas sociedades puede significar vergüenza o sumisión; en otras, respeto o sabiduría.

En muchos países de Asia, callar es una manera de manifestar cortesía y contención. No se habla por hablar, y la ausencia de palabras puede equivaler a un asentimiento. En las sociedades occidentales contemporáneas, en cambio, dominadas por la sobrevaloración de la palabra y de la autoexpresión, la ausencia sonora suele interpretarse como un malestar o una resistencia.

En terapia intercultural, estas diferencias se vuelven cruciales: lo que desde la clínica se vive como reticencia puede ser en realidad una señal de respeto, y lo que parece una ausencia de respuesta puede expresar una presencia encarnada de otro modo.

Este fenómeno moldea también la temporalidad de los intercambios. En algunas culturas, las pausas largas se admiten e incluso se valoran: permiten mostrar que se reflexiona, que se concede importancia a lo que se acaba de decir. En otros contextos, una pausa de unos segundos se llena inmediatamente con una palabra, como si la ausencia de sonido se volviera insoportable.

Algunas personas soportan el vacío como un espacio de maduración; otras lo viven como una agresión o una negligencia. La capacidad terapéutica de tolerar y ajustar la duración de estos momentos forma parte integrante de la competencia clínica.

Parte 3

El alcance comunicacional

Si la filosofía y la antropología iluminan el valor de este fenómeno en la existencia humana, la sistémica revela su alcance comunicacional. La escuela de Palo Alto mostró que es imposible no comunicar. La ausencia de palabras, en este sentido, es un mensaje en sí misma. Estructura el ritmo de la interacción y produce efectos concretos en el sistema terapéutico: puede calmar, bloquear, provocar, reforzar la alianza o, por el contrario, generar tensión. Todo depende de su contexto y de su recepción.

1
Defensivo

Protege del dolor o del juicio.

2
Estratégico

Quien, en plena adolescencia, calla ostensiblemente para resistirse a la terapia o desafiar a su familia convierte este mutismo en un arma relacional.

3
Reflexivo

La pausa traduce un trabajo interior, una digestión cognitiva o emocional.

4
Compartido

En las terapias de pareja y de familia, se convierte en un momento de alianza, en el que todas las personas toman conciencia juntas de algo profundo que todavía no encuentra palabras.

Del lado de quien ejerce la terapia, la ausencia de palabra es igualmente polisémica. Puede ser contenedora, cuando se evita responder de inmediato para permitir que una emoción se despliegue. Catalítica, cuando se mantiene voluntariamente un vacío que incita a la persona a expresarse más. Compartida, cuando quien acompaña simplemente permanece en la emoción con la persona consultante, sin intentar interpretar. Puede incluso ser paradójica, utilizada de manera estratégica para interrumpir un bucle relacional: callar precisamente cuando se espera de usted una respuesta verbal puede obligar al sistema a inventar otra modalidad de respuesta.

Parte 4

Las funciones terapéuticas

El mutismo puede, en primer lugar, disminuir la tensión emocional. En momentos de gran ansiedad, abstenerse de hablar unos segundos basta a veces para devolver al cuerpo y a la mente un respiro de reorganización.

También puede reforzar la alianza terapéutica. Tras una palabra dolorosa, una pausa respetuosa puede vivirse como una profunda muestra de escucha: la terapia reconoce la gravedad de lo que se acaba de decir al negarse a absorberlo demasiado deprisa con una explicación.

La ausencia de palabras favorece también el reencuadre. Al interrumpir el flujo habitual de las palabras, suspende el marco anterior y abre la posibilidad de uno nuevo. Como subrayan Watzlawick, Weakland y Fisch, el cambio nace a menudo de un desplazamiento de marco. El vacío se convierte entonces en esa brecha por la que se puede vislumbrar otra cosa.

Por último, estos momentos abren a la emoción. En una sesión familiar, cuando ya nadie habla, las miradas se cruzan, la atmósfera se carga y, de repente, la emoción se vuelve audible sin palabras. La pausa colectiva, lejos de estar vacía, está saturada de sentido y de vínculo.

Parte 5

Los riesgos y la metacomunicación

Esta dinámica entraña riesgos. El silencio puede malinterpretarse: la persona puede creer que la terapia ha perdido el interés por ella o la juzga. Puede convertirse en una defensa de quien ejerce la terapia, que calla para evitar sus propias incomodidades. También puede bloquear el proceso si dura demasiado sin ser metacomunicado.

Nombrar lo que ocurre

«Noto que nos quedamos en silencio. ¿Qué se está diciendo usted en este momento?». Con este gesto, lo no dicho deja de ser algo impensado y se convierte en un objeto de trabajo.

Tolerar estas suspensiones es también aceptar no saber, reconocer la alteridad y dejar que el sistema se reorganice a su ritmo. Es una ética de la paciencia y de la presencia.

Lo que hay que retener

El silencio no reduce al otro a palabras: le da la posibilidad de existir plenamente, de otro modo.

Referencias
  • Bateson, G., Jackson, D. D., Haley, J., & Weakland, J. (1956). Toward a theory of schizophrenia. Behavioral Science, 1(4), 251-264.
  • Frankl, V. E. (1960). Paradoxical intention: A logotherapeutic technique. American Journal of Psychotherapy, 14(3), 520-535.
  • Heidegger, M. (1927/1986). Être et temps. Gallimard.
  • Le Breton, D. (1997). Du silence. Métailié.
  • Levinas, E. (1974). Autrement qu’être ou au-delà de l’essence. Nijhoff.
  • Watzlawick, P., Beavin, J., & Jackson, D. D. (1967). Pragmatics of Human Communication. Norton.
  • Watzlawick, P., Weakland, J., & Fisch, R. (1974). Change. Norton.
Para profundizar
Cómo citar este artículo

Doumit, Y. (2025). Le silence en thérapie : une présence polysémique. Complexe Systémique. https://www.complexe-systemique.com

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