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Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Australian and New Zealand Journal of Family Therapy · Terapia familiar

El Ackerman Institute: seis décadas de recorrido en cultura y diversidad. Una conversación con Evan Imber-Black

Más de sesenta años después de que Nathan Ackerman lo fundara, el Ackerman Institute de Nueva York sigue siendo uno de los lugares donde nació la terapia familiar. Deisy Amorin-Woods vuelve sobre su historia con Evan Imber-Black, que enseñó allí durante veintiséis años y dirigió Family Process. En el camino: el trabajo detrás del espejo con Peggy Papp, los rituales trastocados por la pandemia, los secretos que no siempre pueden revelarse de una sola vez y una convicción: la terapia familiar no puede mantenerse al margen de la política.

Autoría Deisy Amorin-Woods (Insight Counselling & Relationship Centre y Edith Cowan University, Perth, Australia Occidental); Evan Imber-Black (Mercy University, Nueva York)Primera publicación Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, 28 de febrero de 2024Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de The Ackerman Institute: a journey of culture and diversity over six decades. A conversation with Evan Imber-Black, de Deisy Amorin-Woods y Evan Imber-Black, publicado en Australian and New Zealand Journal of Family Therapy (Wiley) (2024), doi: 10.1002/anzf.1578, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

No podemos desligar la cuestión de la diversidad, incluidas la raza y la cultura, de la política.

Evan Imber-Black, en conversación con Deisy Amorin-Woods

Resumen

El Ackerman Institute for the Family, fundado en 1960 por el Dr. Nathan Ackerman, es uno de los institutos de terapia familiar más antiguos y respetados de Estados Unidos. Ackerman fue pionero en la integración de las aportaciones sistémicas en los contextos grupales, subrayó el papel crucial de la familia en la terapia y defendió el desarrollo y la aceptación de la terapia familiar. «El Ackerman» desempeñó un papel decisivo en el lanzamiento de Family Process, la primera revista dedicada a la actividad académica en terapia familiar. La diversidad y la inclusión han sido principios centrales de la filosofía del Ackerman, como se aprecia en sus programas, sus cursos de formación y la composición de su personal. Este compromiso ha dado lugar a un auténtico plantel de referentes de la terapia familiar que han contribuido de manera significativa tanto al Ackerman Institute como a la profesión, influyendo en las decisiones políticas y en las prácticas clínicas. Una de las pensadoras e innovadoras más estimadas y respetadas de nuestro campo, que desempeñó un papel fundamental en el legado de varias instituciones, entre ellas el Ackerman, es la Dra. Evan Imber-Black. Formó parte durante mucho tiempo del profesorado y dirigió el Ackerman Center for Families and Health. Su experiencia abarca el estudio de los rituales familiares y de los secretos familiares, con especial atención a la importancia de los rituales para aportar sentido, identidad y vínculo a través de culturas diversas y de los ciclos vitales de la familia. Como directora de Family Process durante 8 años, subraya la importancia de examinar el trabajo académico en el contexto de las culturas como una exigencia: no estamos fuera de la cultura, participamos activamente en ella. Este artículo se basa en una conversación con la Dra. Evan Imber-Black, mantenida en junio de 2023, que profundiza en sus experiencias personales y profesionales, su vínculo con el Ackerman Institute y su influyente trabajo sobre los rituales y los secretos familiares. A través de este recorrido, el artículo ilumina su compromiso con la diversidad y el impacto duradero de las aportaciones de la Dra. Imber-Black a la terapia familiar.

Puntos clave

  • Fundado en 1960 por Nathan Ackerman, el Ackerman Institute for the Family se ha ganado una reputación de primer orden por sus servicios clínicos innovadores, su formación y su investigación, así como por su compromiso con la diversidad y la inclusión.
  • Evan Imber-Black ha hecho una aportación extremadamente valiosa al campo de la terapia familiar gracias a su amplia implicación en el Ackerman Institute y en la revista Family Process.
  • Evan se sale de lo «obvio» y cuestiona el statu quo porque cree que es imposible separar la diversidad, incluidas la raza y la cultura, de la política.
  • Evan ha dedicado gran parte de su valioso trabajo a los rituales familiares y ha acompañado a numerosas familias a explorar sus rituales, comprenderlos mejor, crearlos y adaptarlos.
  • Los secretos pueden curar y pueden dañar, como en el caso del secretismo tóxico, y Evan ha desarrollado respuestas útiles a lo que describió como el caleidoscopio relacional que hacen girar los secretos.

INTRODUCCIÓN

El Ackerman Institute for the Family

El Ackerman Institute for the Family (antes Family Institute, y conocido hoy también como Ackerman Institute o simplemente «el Ackerman») es uno de los institutos de terapia familiar más antiguos de Estados Unidos y del mundo, y se ha ganado una reputación de primer orden por sus servicios clínicos innovadores y sus iniciativas de formación e investigación. Lo fundó el psiquiatra Dr. Nathan Ackerman en 1960. Nacido en Rusia, el joven Nathan emigró a Estados Unidos con su familia a los 4 años. Formado inicialmente como psicoanalista clásico, más tarde se interesó por incorporar las aportaciones sistémicas a los contextos grupales, atendiendo a pacientes y familias dentro del grupo. Tras la Segunda Guerra Mundial empezó a defender el papel de la familia en la terapia, y dedicó toda su carrera a promover el desarrollo y la aceptación de la terapia familiar como modalidad terapéutica. Sostenía que el bienestar psicológico del individuo era resultado directo del estado de la familia y estaba vinculado a él (Ackerman, 1958, 1966, 1970).

Para dar a conocer sus beneficios, Ackerman proyectaba películas que mostraban este nuevo método, y fue así pionero no solo de un nuevo tipo de terapia, sino también de la tradición de documentar en formato audiovisual el trabajo clínico, que se convirtió en uno de los pilares de la formación en terapia familiar (Ackerman, 1982).

En 1962, Nathan Ackerman unió fuerzas con Don Jackson y Jay Haley para crear la revista Family Process. Iniciativa conjunta del Ackerman Institute for the Family y del Mental Research Institute, Family Process nació como la primera revista dedicada a la actividad académica en terapia familiar. Sigue siendo una de las revistas más respetadas del campo. Tres de las seis personas que han dirigido Family Process hasta ahora formaban parte del profesorado del Ackerman (AIFTF, 2024). Sexta directora de la revista entre 2004 y 2012, la Dra. Evan Imber-Black formó parte también del profesorado del Ackerman Institute de 1995 a 2021. Ejerció una gran influencia durante su mandato y fue responsable de la publicación de números clínicos y de investigación sobre temas como el divorcio y las familias latinas. En ese periodo aparecieron las primeras traducciones al español, junto con resúmenes traducidos al chino. En el momento de redactar este artículo, la Dra. Melanie M. Domenech Rodríguez, de origen puertorriqueño, acababa de ser nombrada directora de Family Process, lo que afirma la importancia de la diversidad y celebra la pluralidad de culturas en la revista.

A lo largo de la historia del Ackerman, bajo la dirección de numerosas y diversas personas, el Instituto desarrolló y amplió sus programas clínicos y de formación. También desarrolló y amplió proyectos dirigidos a las necesidades de poblaciones específicas, para apoyar a familias afectadas por el sida, el acogimiento familiar y la adopción, la infertilidad, el género y la violencia, y a niñas y niños con necesidades especiales. Estos proyectos influyeron a su vez en los enfoques de formación y clínicos (AIFTF, 2024).

El Instituto creó asimismo varios centros. En 1990, bajo la dirección de Peter Steinglass, el Instituto integró sus proyectos en cinco centros temáticos, todos los cuales ofrecían oportunidades de formación, programas y servicios: The Center for the Developing Child and Family, The Center for Work and Family, The Center for Substance Abuse and the Family, The Center for Children and Relational Trauma y The Center for Families and Health, que la Dra. Imber-Black dirigió durante 15 años (AIFTF, 2024).

El Ackerman Institute for the Family ofrece servicios clínicos innovadores para parejas y familias; programas de formación de vanguardia, presenciales y en línea, para profesionales nacionales e internacionales, así como iniciativas de investigación centradas en el desarrollo de nuevos modelos de tratamiento y técnicas de formación. La clínica atiende a familias de configuraciones y orígenes diversos, entre ellas familias nucleares tradicionales, familias monoparentales, familias reconstituidas, familias gais y trans, y familias de todos los grupos socioeconómicos, religiosos, étnicos, culturales y raciales (AIFTF, 2024).

Un rasgo clave del Ackerman es su compromiso con la diversidad en todas sus formas y a todos los niveles, y con los años ha ido celebrando cada vez más la diversidad y la inclusión. Así se aprecia en los programas que se han creado, en los cursos de formación disponibles, en el personal que trabaja en los distintos servicios y programas, y en la diversidad de las familias que acuden a los servicios, cuyas necesidades específicas se atienden en el Ackerman. La diversidad cultural es especialmente importante para el Ackerman, dado que ofrece servicios receptivos y culturalmente pertinentes a cada familia. Una iniciativa significativa en este sentido fue el Social Work and Diversity Program, creado por el Ackerman en 1992, del que se han graduado numerosas y numerosos terapeutas familiares de grupos minoritarios. Un gran porcentaje de quienes enseñan en el Ackerman u ocupan puestos en organismos comunitarios procede de grupos minoritarios, desde donde pueden influir en las decisiones políticas y en la práctica clínica (AIFTF, 2024).

Sobre la Dra. Evan Imber-Black

La Dra. Imber-Black es expresidenta de la American Family Therapy Academy. Su trayectoria profesional abarca más de 46 años y ha hecho una aportación extremadamente valiosa al campo de la terapia familiar. Mantiene un vínculo sólido con el Ackerman Institute, al que dedicó 26 años de su vida profesional. Formó parte de su profesorado de 1995 a 2021. Durante los últimos 15 años, de 2006 a 2021, dirigió el Ackerman Center for Families and Health, que contribuyó a crear.

Evan fue también directora del Family and Group Studies Program, que ofrecía formación sistémica a residentes de psiquiatría, y fundadora y directora del Urban Institute for Families and Family Therapy del Albert Einstein College of Medicine, en el Bronx (Nueva York). Este instituto innovador ofrecía formación en sistemas familiares a profesionales de salud mental de primera línea, que debían atender a personas en las situaciones familiares más difíciles sin ninguna formación para ello. Fue profesora del Departamento de Psiquiatría del «Einstein», con el que sigue vinculada. Actualmente, Evan es profesora y directora del máster en terapia de pareja y familia (Marriage and Family Therapy Master's Program) de la Mercy University.

Evan dirigió la prestigiosa revista Family Process durante 8 años, entre 2004 y 2012. Tuvo una gran influencia en la defensa de la diversidad y fue responsable de la publicación de temas como las familias latinas, tanto en su vertiente clínica como en la de investigación. También fue durante su mandato cuando aparecieron las primeras traducciones al español, junto con resúmenes traducidos al chino. Evan sigue vinculada a Family Process a través del New Writers' Fellowship Program, en el que acompaña y enseña el oficio de la escritura académica a estudiantes de terapia familiar, a personas recién tituladas y a profesionales (que se inician en la escritura). Los artículos se orientan a la justicia social y a las cuestiones sistémicas, y quienes participan proceden de grupos culturales diversos.

Ha escrito extensamente sobre ámbitos clave de la práctica. Dos de ellos destacan especialmente y son aquellos por los que es más conocida: los secretos familiares y los rituales familiares. Es autora de más de 75 artículos originales y de varios libros, entre ellos The Secret Life of Families (Imber-Black, 1999), Secrets in Families and Family Therapy (Imber-Black, 1993), Rituals for Our Times, escrito con Janine Roberts (Imber-Black & Roberts, 1998), Rituals in Families and Family Therapy, coeditado con Janine Roberts y Richard Whiting (Imber-Black, 2003 [1998]) y Families and Larger Systems (Imber-Black, 1988).

Evan fue invitada a presentar una ponencia en la reunión conmemorativa del 50.º aniversario de Family Process, titulada The Evolution of Family Process: Contexts and Transformations. En ella destacó el desarrollo y la evolución de la revista en sus contextos histórico y contemporáneo.

Evan participó en el número especial de Family Process sobre la COVID-19 con su artículo «Rituals in the time of COVID-19: imagination, responsiveness, and the human spirit» (Imber-Black, 2020).

Evan recibió en 1990 el premio de la American Family Therapy Academy a la contribución destacada a la teoría y la práctica de la terapia familiar (Award for Distinguished Contribution to Family Therapy Theory and Practice). En 1999 recibió también el premio a la trayectoria (Cumulative Contribution to Marriage and Family Therapy) de la American Association for Marriage and Family Therapy.

ÁMBITOS DE INTERÉS

La importancia de los rituales

Los rituales se sitúan en un tiempo, un contexto y una cultura, y han desempeñado un papel fundamental en la humanidad y en todas las culturas a lo largo de la historia (Imber-Black, 2002). Los rituales son potentes herramientas terapéuticas, y Evan ha escrito extensamente sobre sus beneficios. Con ello ha podido acompañar a numerosas familias en la creación y adaptación de sus rituales (Imber-Black, 2002). Los rituales familiares nos ofrecen orientación y valores, y nos dan un sentido de significado, identidad, seguridad y pertenencia. Crean un sentimiento de conexión con los distintos miembros de la familia y con la familia en su conjunto, al tiempo que aportan continuidad entre generaciones.

Todas las culturas tienen rituales que las anclan desde el pasado en el presente y el futuro. Los rituales están presentes a lo largo de todo el ciclo vital de la familia y sirven para acompañar los procesos de transición: se desplazan y cambian para reflejar y hacer posibles el desarrollo individual y los reajustes de las relaciones familiares. Exploran el desarrollo infantil, la adolescencia, la cultura familiar y las relaciones intergeneracionales, al tiempo que abordan la emoción y la cognición dentro de la familia (Imber-Black, 2002). Es importante reconocer que cada cultura tiene sus propios rituales, que la distinguen de las demás y ponen de relieve lo que es importante para ella. Por eso, reconocer los rituales culturales propios de cada familia es fundamental para comprender mejor a las familias y trabajar con ellas.

En mi propia cultura, la de mi país natal, Perú, hay algunos rituales familiares y culturales que se espera que sigamos como símbolo de respeto y de unidad dentro de nuestras familias. La cultura ocupa un lugar central en las familias peruanas (aunque el progreso y las influencias tecnológicas y económicas han tenido cierto impacto en ello). En su mayoría, las familias peruanas muestran un alto grado de unidad, propósito, responsabilidad e integración entre generaciones (Amorin-Woods, 2020).

Las transiciones del ciclo familiar no se marcan como se perciben desde la mirada occidental. La familia extensa se considera básicamente como se consideraría a la familia nuclear en Australia. Por ejemplo, es habitual que los abuelos vivan en hogares de tres generaciones. En mi experiencia, mi abuela vivió con nosotros hasta su muerte. No hubo, por tanto, una transición marcada por el traslado de los padres a una residencia. Otro ejemplo es el de los hijos a medida que avanzan hacia la educación superior. No se espera que «despeguen» como tal; lo que cambia es el nivel de responsabilidad que se espera de ellos. Así, puede esperarse que contribuyan al cuidado de los hermanos menores o del hogar. En su mayoría, las familias peruanas hispanas son patricéntricas: se centran en el padre como cabeza de familia, considerado la autoridad en el hogar (Church, 2010). En mi hogar, sin embargo, como nuestro padre se marchó pronto, nos criaron una madre sola, que pasó a ser el sostén económico de la familia (como educadora), y mi abuela materna. Esto obligó además a un reajuste familiar y cultural en cuanto a composición, dinámica y rituales.

Algunos de estos rituales se ven muy afectados por la migración. Es una de las razones por las que el proceso de adaptación resulta tan difícil para las personas recién llegadas. Según el país «de adopción», se espera que las familias migrantes renuncien a sus rituales. Se espera que adopten los rituales y las tradiciones del nuevo país como parte de la asimilación, y así ocurre sobre todo en Australia. Las personas migrantes me cuentan a menudo que renuncian a su sentido profundo de identidad, que les da significado y un sentimiento de «pertenencia».

El impacto de los rituales perdidos

Entre otras cosas, la función de los rituales es celebrar, sanar, dar la bienvenida, hacer el duelo, despedirse, reconocer las transiciones familiares y entrar en una nueva etapa de la vida (Imber-Black, 2005).

Tomemos, por ejemplo, a una niña de 6 años cuya madre va a un hospital de día para una intervención rutinaria; sin embargo, no vuelve. Cuando papá regresa sin mamá, se encierra en su habitación durante días. Es una vecina quien le dice a la niña que su madre ha muerto. Papá esconde su dolor, y en casa nunca se habla de la madre ni de su muerte.

Solo en este escenario, ¿qué rituales se han omitido y perdido, y cómo es probable que esto afecte a esa familia y a la vida presente y futura de esa niña, a su sentido de identidad, a su lugar en el mundo? ¿Al significado que da a las relaciones?

El fuerte impacto de los rituales familiares durante la pandemia

La pandemia de COVID-19 tuvo un impacto profundo en personas y familias que no pudieron realizar sus transiciones por la falta de estos procesos y ritos de paso tan importantes. Una persona mayor que no puede ver a su familia cuando ingresa en una residencia; una persona joven que se gradúa en la universidad sin el apoyo de su familia; unos padres que no pueden viajar a otro estado para apoyar a una hija en grandes dificultades por graves problemas de salud mental, y que después no pueden viajar tras su muerte por suicidio. Son ejemplos reales que he visto durante la pandemia, con múltiples efectos entonces y en el futuro.

El trabajo de Evan sobre los rituales en este momento crucial de nuestras vidas ha sido útil y validante. Hizo una aportación importante al número especial de Family Process sobre la pandemia (Imber-Black, 2020), citada en el número especial de la ANZJFT sobre la COVID-19, del que fui editora invitada (Amorin-Woods, 2021a, 2021b).

Uno de los casos que encontré en mi trabajo durante la pandemia fue el de una madre que había emigrado recientemente a Australia y apenas dominaba el inglés. Le dijeron que, por las normas sanitarias, su marido no podía estar en la sala durante el parto. En el parto le dijeron: hay una anomalía grave en el bebé, y se llevaron al bebé enseguida, porque el personal médico tenía que operarlo de inmediato para salvarle la vida. Así, a la madre no se le permitió ver a su bebé y tampoco contó con el apoyo de su marido. ¿Cómo afecta entonces esta experiencia «sin rituales», de múltiples capas, a esta madre, a su marido, a su bebé y a esta familia?

Bajo los secretos familiares

Aunque el tipo de información y la función que cumplen los secretos varían enormemente, los secretos habitan en todas las familias y forman parte de ellas, ya sean ligeros y banales o dañinos y destructivos. La vergüenza, el miedo o el juicio ajeno son motivos poderosos para mantener bajo llave los secretos destructivos, sobre todo cuando se trata de secretos dañinos, tóxicos y destructivos como el abuso sexual, que puede ocultarse con facilidad, nunca se habla de él y rara vez se denuncia.

Este tipo de secretos tiene el poder de paralizar o aniquilar a la víctima, o a la persona que está en su centro. Niega la historia y la experiencia vivida de esa persona. Construir una casa sobre cuerpos enterrados debajo, sin reconocer ni hablar nunca de lo que allí yace, probablemente impedirá que la persona conecte consigo misma y con los demás, que avance y vea el horizonte, por espléndida que parezca la vista desde la cima. Sin embargo, al abrirse con delicadeza en el momento adecuado y en un lugar seguro, la persona puede acceder a un escenario más validante y realista, donde la impotencia puede convertirse en esperanza y el aislamiento en conexión, honrando al mismo tiempo la experiencia de dolor, de herida y de pérdida que yace bajo el secreto.

Cómo abordar los secretos en el espacio terapéutico

Como parte del proceso de trabajo en el difícil terreno de los secretos, Evan Imber-Black ha señalado la insatisfacción que le han producido los modelos que ignoran las ecologías complejas que afectan a las familias. Reflexiona sobre las familias con las que trabajó y que, como ella sabía, lidiaban con secretos que traían consigo historias ricas y a menudo dolorosas de sus propias familias de origen. Historias de migración, de guerra, de sexismo y de racismo; redes enmarañadas de relaciones con las instituciones (el trabajo, las escuelas, los hospitales, las iglesias y las sinagogas); y la inserción en una cultura más amplia que modelaba sus creencias sobre el secreto y la apertura (Imber-Black, 1993, p. 8).

Como muchos y muchas terapeutas a lo largo de nuestra formación y supervisión, Evan recibió a menudo consejos contradictorios sobre cómo manejar los secretos en el espacio terapéutico. Le habían enseñado a no permitir nunca que miembros de la familia se pusieran en contacto con ella individualmente entre sesiones familiares, por la posibilidad de que le contaran un secreto. De hecho, le habían indicado que informara a las familias, desde el primer contacto, de que se abstuvieran de contarle secretos, ya que se vería obligada a insistir en que los compartieran con toda la familia (Imber-Black, 1999, p. 11). Con el tiempo y una reflexión consciente, Evan comprendió pronto que este enfoque era insostenible, dado que la sala de terapia era precisamente el lugar donde debían escucharse las «voces silenciadas». Por eso dedicó gran parte de su amplio trabajo e investigación a desarrollar respuestas útiles a lo que describió como el «caleidoscopio relacional que hacen girar los secretos» (Imber-Black, 1999, p. 9).

Antecedentes de la entrevista

Hacía mucho tiempo que quería mantener esta conversación. El regalo de Evan a nuestra profesión ha sido amplio y significativo. Ha influido enormemente en el desarrollo, la formación y el enriquecimiento de muchos y muchas profesionales de nuestro campo. Su trabajo me ha cautivado especialmente, y su dedicación, su pasión y su manera de abrazar la diversidad y la cultura han sido una fuente de inspiración. Evan ha dedicado además gran parte de su trabajo a temas que pocas personas han tocado pese a su importancia y a su impacto en múltiples niveles, como es el caso de los rituales. Otro tema posiblemente tabú en los círculos sistémicos es el de los secretos, en el que los esfuerzos de Evan pueden considerarse increíblemente valientes, al centrarse en lo que a menudo puede ser una parte importante, pero descuidada, de las intervenciones terapéuticas.

Otro motivo de esta conversación con Evan ha sido su larga y variada implicación en el Ackerman Institute, que, como el Mental Research Institute, fue un «lugar de nacimiento» de la terapia familiar y ocupa un lugar central en nuestra historia profesional (Amorin-Woods et al., 2022). La variedad de funciones que Evan ha desempeñado en el Ackerman, así como su implicación en Family Process, no hacen sino resaltar su profundo interés y su vínculo con nuestra profesión, y la profundidad y amplitud de sus conocimientos. Además, y esto es importante, me atraía el deseo genuino y la pasión de Evan por solidarizarse con quienes están en los márgenes, y su capacidad para salirse de lo «obvio» e intentar cuestionar el statu quo explorando los elementos culturales de nuestra práctica. Como Evan lo expresa con concisión: creo de verdad que examinar nuestro trabajo académico en el contexto de nuestras culturas es una exigencia: no estamos fuera de la cultura, participamos activamente en ella.

Así pues, este artículo se basa en una conversación que mantuve con Evan Imber-Black el 22 de junio de 2023 por Zoom. Evan se encuentra en Nueva York, y yo, en tierra whadjuk noongar, en Perth (Australia Occidental). En esta conversación, Evan y yo profundizamos en algunas de sus experiencias personales y profesionales. Habla de su larga implicación en el Ackerman Institute for Families y en Family Process. Abordamos también sus principales ámbitos de interés, a saber, los rituales y los secretos familiares. Evan comparte reflexiones personales y profesionales sobre quienes la han influido, empezando por destacados pioneros de nuestro campo, colegas apreciadas y queridas como Peggy Papp, sus entregados estudiantes, procedentes de horizontes diversos y de distintos rincones del mundo, y por último, y quizá sobre todo, su querido y difunto marido, Lascelles.

LA CONVERSACIÓN

Deisy Amorin-Woods: Evan, es un verdadero placer conectar contigo. Para mí es un privilegio que hayas aceptado mi invitación a charlar.

Evan Imber-Black: Gracias. Y para mí es un honor estar contigo.

Deisy Amorin-Woods: Una de las cosas por las que me gustaría empezar es tu vínculo con el Ackerman Institute. Cuando pienso en el Ackerman Institute, pienso en el valioso trabajo que ha realizado a lo largo de los años, desde las primeras etapas de nuestro campo. También me viene a la mente tu implicación en el Ackerman, que sé que ha sido amplia y extremadamente valiosa. Tu enorme aportación como miembro del profesorado, junto a otras figuras influyentes y muy memorables. Peggy Papp, por ejemplo, que creo que no solo fue una colaboradora profesional, sino también una querida amiga tuya, y que falleció hace apenas un par de años.

Evan Imber-Black: Sí, bueno, ni siquiera hace tanto.

Deisy Amorin-Woods: Compartiste un pensamiento hermoso y sentido en memoria de Peggy: «Mucho antes de que nadie hablara del “uso del self del terapeuta”, Peggy logró convencer a sus colaboradores, bastante famosos, de que revelaran sus dificultades y sus éxitos, y dio así origen a la ética de la transparencia de nuestro campo» (Imber-Black, 2021).

Evan Imber-Black: Sí, es verdad. Era muy especial. La echo muchísimo de menos. Echo de menos nuestro trabajo juntas, nuestras conversaciones, nuestras salidas a Broadway y mucho más.

Deisy Amorin-Woods: Una pérdida enorme en tu vida personal y profesional. Otros nombres importantes que me vienen a la mente son Lynn Hoffman, Peggy Penn y Olga Silverstein, por citar algunos. ¿Qué puedes contarnos sobre el Ackerman Institute, tu implicación y tus vínculos allí, y cuánto tiempo desempeñaste las distintas funciones?

Evan Imber-Black: Trabajé en el Ackerman de 1995 a 2021. Allí dediqué la mayor parte de mi tiempo a formar a personas en formación, con supervisión en directo y el espejo unidireccional, ante un equipo de estudiantes avanzados. Durante los últimos 15 años dirigí el Center for Families and Health, que ayudé a fundar.

Deisy Amorin-Woods: Ya veo, así que dirigiste el Center for Families and Health, y creo que este centro formaba parte de cuatro o quizá cinco programas distintos en total, ¿es así?

Evan Imber-Black: Probablemente incluso más, pero no estoy segura. Una de las cosas maravillosas del Ackerman es que, si tenías una buena idea y estabas dispuesta a trabajar, podías poner algo en marcha. Y así hubo muchísimos proyectos, muchos centros, etcétera.

Deisy Amorin-Woods: Es muy alentador. Entonces, ¿cómo empezó todo? ¿Cómo surgió tu implicación en el Ackerman Institute?

Evan Imber-Black: Trabajé en el Departamento de Psiquiatría del Albert Einstein College of Medicine durante 10 años, de 1986 a 1996, formando a residentes de psiquiatría y a doctorandos en psicología en la terapia sistémica familiar. Luego llegó el momento de pasar a otra cosa. Peter Steinglass dirigía entonces el Ackerman. Quería que me incorporara al Ackerman, y decidí que era una buena idea. Así que pasé del Albert Einstein al Ackerman. Empecé entonces lo que fue un periodo de 20 años de mi carrera allí, y al mismo tiempo, durante los diez últimos, me convertí en directora de programa y profesora en la Mercy College School of Social and Behavioural Sciences, donde dirigí el programa de terapia de pareja y familia (Marriage and Family Therapy Program), cargo que sigo ocupando hoy.

Deisy Amorin-Woods: Tu aportación es inmensa; has participado en tantísimos ámbitos, en el Ackerman Institute, en el Albert Einstein College, en el Mercy College (hoy University). La lista es interminable. Te debemos un enorme agradecimiento por tu generosidad con nuestro campo. Tu trabajo ha ocupado un lugar central en mi propio recorrido. Sé que muchos colegas que vean este vídeo se identificarán con lo que digo, porque tu aportación ha tenido un gran alcance; por eso, cuando pienso en Evan Imber-Black, pienso en alguien curioso, inquisitivo, creativo e innovador, con un interés genuino y que se preocupa de verdad. Por supuesto, a esto hay que añadir tu valiosa aportación como directora de Family Process durante bastantes años, creo.

Evan Imber-Black: Sí, dirigí Family Process durante 8 años, de 2004 a 2012. Una de las cosas del Ackerman que creo que interesarían a quienes nos escuchan y nos ven es el trabajo que hice con Peggy Papp. Colaboré con ella durante 10 años. Trabajamos en algunos ámbitos, en particular los temas y las creencias familiares. Y eso dio lugar a un artículo sobre los temas familiares publicado en Family Process (Papp & Imber-Black, 1996). Trabajábamos con un dispositivo clásico de terapia familiar: o ella estaba en la sala y yo detrás del espejo unidireccional, o al revés. Éramos solo nosotras dos trabajando juntas durante 10 años, y fue sencillamente maravilloso.

Deisy Amorin-Woods: Qué bien. ¿Ya erais muy cercanas o fue con el paso del tiempo cuando se convirtió en amiga además de colega y colaboradora?

Evan Imber-Black: Estábamos empezando a conocernos, y luego este trabajo nos unió muchísimo.

Deisy Amorin-Woods: Me imagino que también sería divertido trabajar con tu amiga, ¿no?

Evan Imber-Black: Exacto, porque era mucho más que una colega.

Deisy Amorin-Woods: ¿Hay algo que te gustaría compartir sobre esa colaboración? ¿Algo que destaque de tu trabajo con Peggy?

Evan Imber-Black: ¡Ay, Dios, hay tantas cosas! Mira, una de las cosas que siempre me encantaban era verla trabajar en una sala. Estar yo detrás del espejo unidireccional y ver su increíble creatividad, su disposición a arriesgarse con una idea nueva… siempre me inspiró, diría yo.

Deisy Amorin-Woods: Parece que os complementabais.

Evan Imber-Black: Supongo. Creo que sí, sí… y nos divertíamos mucho.

Deisy Amorin-Woods: No hay nada mejor que divertirse en el proceso de aprender y de enseñar.

Evan Imber-Black: Así es, y de acompañar a otras personas en su formación.

Deisy Amorin-Woods: Entonces, ¿cuánto tiempo trabajaste como directora del programa del Center for Families and Health? También participaron otras personas, ¿no?

Evan Imber-Black: Correcto. Bueno, estuve 26 años en total en el Ackerman, y de 2006 a 2021 dirigí el programa del Center for Families and Health. Colaboré con muchas personas en el Ackerman y, cuando me fui, pasé el testigo a Andrea Blumenthal. Ya sabes que la pandemia, por supuesto, paralizó el Ackerman. Lo paralizó todo de un día para otro. Fue bastante increíble. Yo no veía una buena manera de hacer terapia durante la pandemia con el trabajo tras el espejo unidireccional. Eso no quiere decir que no hubiera gente que lo hiciera en el Ackerman, porque la hubo, y fue asombroso. Hice una consulta sobre un caso, y no acababa de creerme que estuviéramos, por así decirlo, entre comillas, «detrás del espejo», cuando no había ningún espejo. Observábamos en línea y podíamos deliberar entre nosotros mientras la terapeuta estaba en la «sala» con la familia. Así que la tecnología lo hizo posible. Si hubiera habido una pandemia sin la tecnología que tenemos hoy, todo se habría paralizado por completo. En cambio, pude impartir todos mis cursos en Mercy. Pasamos de un día para otro de lo presencial a lo virtual. Nunca había usado Zoom, así que tuve que estudiar bastante rápido y aprender a usarlo.

Deisy Amorin-Woods: Sí, desde luego fue una gran conmoción para nuestro sistema; llegó sin que nadie lo viera venir. Nos vimos obligados a adaptar los recursos de que disponíamos o a crear otros nuevos, y a lidiar con maneras nuevas y distintas de funcionar en lo personal y en lo profesional (Amorin-Woods et al., 2021). Afectó enormemente a todos los ámbitos de nuestra vida, a nuestra manera de ser, de relacionarnos y de hacer las cosas, introduciendo la imprevisibilidad y llevándose la noción de permanencia. Introdujo muchos cambios y, por supuesto, uno de los grandes retos fue su impacto en los rituales, de los que hablaremos muy pronto. Los rituales, claro, ocupan buena parte de tu trabajo, y son uno de los ámbitos de tu obra que más me gustan. Simplemente tuvimos que cambiar de forma inesperada, así, de golpe.

Evan Imber-Black: Sí, totalmente. Sí.

Deisy Amorin-Woods: Creo que escribiste un texto extraordinario (Imber-Black, 2020), un artículo especial durante la pandemia, sobre nuevas formas de pensar y maneras innovadoras de seguir tu línea, sobre cómo piensas y cómo has pensado a lo largo de los años. Y, ya sabes, la innovación ha estado muy presente en ti y en tu forma de hacer las cosas.

Evan Imber-Black: Sí, y creo que fuimos un campo que rompió con una determinada manera de trabajar, la del psicoanálisis, para hacer algo muy radical. Ya sabes, Freud había dicho: No hables nunca con nadie más de la familia, no tengas nunca a un familiar en la sala, etcétera, bla, bla, bla. Y entonces llega la terapia familiar. Yo no formo parte de esa primera generación. ¡No soy tan mayor! Ya sabes, fue una época en la que la primera generación de terapeutas familiares hacía algo asombrosamente radical. Luego, la segunda generación, de la que formo parte, tomó en cierto modo el relevo y siguió inventando nuevas formas de trabajar, nuevas formas de formar a la generación siguiente y de escribir sobre ello.

Deisy Amorin-Woods: ¿Cuáles pudieron ser? ¿Qué son esas cosas sobre las que escribiste y en las que te centraste en tu artículo? Porque sé que lo que has escrito y lo que has hecho en tu carrera ha sido, estoy buscando la palabra adecuada… Como mujer latina, en particular, me gusta usar adjetivos para describir los enfoques de las personas: ¡disruptiva! Por la forma en que has dirigido equipos, por la forma en que has trabajado (con clientes y estudiantes), cuestionando el statu quo, buscando de manera innovadora las nuevas ideas que surgían. Sé que hace poco tuviste una graduación de estudiantes en el Mercy College que fue inspiradora.

Evan Imber-Black: Sí, lo logramos. Fue maravilloso.

Deisy Amorin-Woods: Sé que hace unos años, como decías, se te presentó de repente una tarea gigantesca, un gran proyecto para el 50.º aniversario de Family Process. Fue en 2011, creo que se te encomendó la extraordinaria tarea de reunir 50 años de evolución de Family Process (Imber-Black, 2011).

Evan Imber-Black: Sí, fue maravilloso. Mi ponencia, «The evolution of family process: contexts and transformations», se presentó en la reunión del 50.º aniversario de Family Process (Imber-Black, 2011). En ella sitúo el desarrollo de la revista en sus contextos histórico y contemporáneo. Fue un placer escribirla y presentarla. Como decía en el texto, revisé 2000 resúmenes para desarrollar sus ideas. Creo de verdad que examinar nuestro trabajo académico en el contexto de nuestras culturas es una exigencia: no estamos fuera de la cultura, participamos activamente en ella.

Deisy Amorin-Woods: Es impresionante. Naturalmente, ha habido una gran evolución y muchísimos cambios a lo largo de los años en cuanto al entorno, el contexto político, la cultura y la raza, las configuraciones familiares, y mucho material rico que habrá dado lugar a escritos a lo largo de las cinco décadas, en investigación y en práctica clínica. Y así tiene que ser, de todos modos. El material debe responder a los cambios que atravesamos.

Evan Imber-Black: Una de las cosas que me encantan y que sigo haciendo para Family Process es que, una vez al año, ofrezco una formación para nuevas plumas. Personas de todas partes presentan una idea en la que van a trabajar. Hay un comité (del que no formo parte) que elige a 10 jóvenes investigadoras e investigadores, que me envían un manuscrito terminado en verano. Están a punto de llegar a mi buzón, y luego nos reunimos en septiembre durante un día y medio para hablar del arte de la escritura académica. Y lo disfruto muchísimo. Hay personas de todo el mundo. Algunas son doctorandas y otras forman parte del profesorado novel. Después nos reunimos cuatro veces a lo largo del año, en sesiones breves, para ver cómo avanzan sus manuscritos y qué publicaciones consiguen sacar adelante. Así que para mí es una delicia ver el movimiento de la próxima generación.

Deisy Amorin-Woods: Qué privilegio, es muy inspirador. Me imagino que eso sin duda mantiene vivo tu interés…

Evan Imber-Black: ¡Sí, eso seguro! Dejé la dirección de Family Process en 2011 y desde entonces lo he hecho cada año con estas personas.

Deisy Amorin-Woods: Es algo muy especial, me alegra mucho oírlo. El hecho de que vengan de horizontes diversos, incluidos distintos orígenes culturales, me imagino. Me resuena especialmente como mujer nacida en Perú que emigró a Australia hace 40 años este año (llegué prácticamente siendo una niña y «crecí» aquí). Toda una evolución. Estas oportunidades nos permiten conectar con otras personas de nuestro mundo y nos ayudan a desentrañar cómo vemos el mundo y cómo nos vemos en él. Y lo que me viene a la mente son los rituales y lo que suponen también en relación con la migración. El impacto de la migración es enorme. Escucho con cariño tu emoción cuando hablas de estos estudiantes y tu entusiasmo al esperar sus manuscritos por correo, que te conectan de nuevo con el mundo, pese a la COVID, y con la próxima generación. De hecho, una de las cosas que me gustan del Ackerman Institute es que ha ido incorporando cada vez más una temática diversa. Lo valoro mucho porque ha evolucionado, y es una de las cosas que mencionaste en el texto que escribiste para el 50.º aniversario (Imber-Black, 2011). Eso es una verdadera evolución. Tengo mucha curiosidad e interés en hablar contigo de ello. Me alegra mucho oírlo (también como migrante) porque, como sabes, tenemos que asegurarnos de no trabajar de forma monocultural cuando en realidad somos una comunidad diversa. De hecho, casi el 50% de la población aquí en Australia procede de orígenes culturales distintos.

Evan Imber-Black: No lo sabía.

Deisy Amorin-Woods: Sí, así que debemos estar atentas y atentos y responder a ello en la forma de llevar nuestra práctica, de enseñar y de investigar. Tiene que responder a esa realidad. Sé que es algo con lo que tienes un compromiso, y lo valoro mucho. Quizá sea el momento de pasar a los rituales; antes mencionabas la COVID y cómo cambió las cosas (Amorin-Woods, 2021a). Sé que escribiste un artículo para Family Process en plena COVID (Imber-Black, 2020). Entre 2020 y 2021 escribí algunos artículos y edité un número especial sobre la COVID para nuestra revista, Australia and New Zealand Journal of Family Therapy (Amorin-Woods, 2021a; Amorin-Woods et al., 2020), y sobre los cambios repentinos, como describías antes, que se produjeron en todo el mundo. Cité uno de tus artículos. Creo que se titulaba «Rituals in the time of Covid: imagination, responsiveness and the human spirit» (Imber-Black, 2020). Así que me pregunto si puedes contarnos algo sobre ese artículo, sobre lo que descubriste.

Evan Imber-Black: Bueno, los rituales me siguen siendo muy queridos. Nuestros estudiantes de primer año del máster en terapia de pareja y familia (MFT) del Mercy College hacen una gran presentación sobre un ritual de su familia de origen, y es una de las mejores maneras de que estudien su propia familia y se conozcan entre sí más a fondo durante el primer semestre.

Deisy Amorin-Woods: Qué manera tan bonita de honrar las historias y las culturas de las personas, al tiempo que se facilitan la conexión y la unidad.

Evan Imber-Black: Sí, y disfruté muchísimo escribiendo ese artículo sobre los rituales para Family Process, por el impacto de la COVID en todo cuando estaba realmente en su punto álgido y la gente moría, y por su impacto en la vida de las personas. Todo, desde la fiesta de cumpleaños de un niño pequeño hasta una boda o un funeral, tuvo que cambiarse por completo, de modo que el cumpleaños de ese niño se convirtió en saludar a la gente desde la ventana, sin amigos a su lado para ayudarle a celebrarlo. Lo mismo con las grandes bodas previstas que hubo que cancelar. Creo que una de mis historias favoritas de ese artículo es la de una pareja que iba a celebrar una boda grande y bonita, pero tuvo que cancelarla. Aun así, decidieron ponerse igualmente la ropa de boda, ir a una iglesia y casarse ese día, y lo hicieron. Y cuando salían de la iglesia, la marcha de Black Lives Matter pasaba justo por delante de la iglesia, justo donde estaban. Los manifestantes los vieron. Ellos vieron a los manifestantes, y se saludaban y aplaudían. Y la joven pareja se unió a la marcha de Black Lives Matter. Así que, ya ves, estas cosas son inesperadas, por supuesto, e imprevistas, y creo que nos exigen cierta flexibilidad, porque, ya sabes, puedes planificarlo todo al detalle, pero algo lo va a desbaratar. Por eso hay que ser capaz de ser flexible, creativo e innovador. Y creo que eso es lo que me ha atraído de los rituales a lo largo de los años porque, sí, repetimos ciertos rituales. Tenemos ciertos rituales religiosos que se repiten cada año. Nunca son iguales. Nunca son iguales de un año a otro, porque nosotros somos distintos. Un año después, no somos la misma persona que éramos un año antes. Así que todo eso contribuye, creo, a la riqueza de cualquier ritual de tu vida cuando piensas en él, y a veces necesitamos inventar otros totalmente nuevos.

Deisy Amorin-Woods: Bueno, tiene muchísimo sentido, Evan. Supongo que quizá la pandemia nos ha enseñado a conectar con nuestra flexibilidad y nuestra creatividad, porque no podemos ser tan estáticos ni tan rígidos en nuestra forma de hacer las cosas; como señalas claramente, no podemos repetir lo mismo, no de la misma manera, porque las cosas cambian y nosotros cambiamos. Las cosas tendrán un «matiz» completamente nuevo cada vez. Qué historia tan bonita la que has compartido de esa pareja que se casaba mientras pasaba la marcha de Black Lives Matter. Aunque esta pareja se vio obligada a casarse a pequeña escala, sin la familia presente, su boda desplegó allí mismo algo más grande, de mayor alcance en profundidad y significado, al unirse a su comunidad, y su comunidad a ellos, siendo testigos de un movimiento en acción para acabar con el racismo, la discriminación y la violencia sistémica: algo profundamente enriquecedor y del todo memorable. Como dices, el impacto de la pandemia en las familias y los rituales ha sido profundo: personas que se gradúan sin sus padres, familias que no pueden viajar ni estar junto a un ser querido en la última etapa de su vida, niñas y niños, mujeres que dan a luz sin sus parejas. El impacto es especialmente fuerte si añadimos otra capa, como la de dar a luz sola siendo recién llegada a Australia. Como describes y señalas en tu artículo, esto nos hace tomar conciencia de la importancia de considerar formas alternativas de estar con las personas y de hacer terapia, yendo más allá de lo obvio.

Evan Imber-Black: Sí, creo que sí. Es como con cualquier reto que se nos presenta, y en este caso, ya sabes, una enfermedad grave: de algún modo nos ayuda a recurrir a partes de nosotros mismos que ni siquiera sabíamos que estaban ahí.

Deisy Amorin-Woods: Así es… Me gustaría centrarme en los rituales culturales. ¿Se te ocurre algo que quieras compartir sobre este tema? Has escrito mucho sobre los rituales, pero también, en concreto, sobre los rituales culturales. Como migrante y como alguien que trabaja con personas de orígenes culturales y lingüísticos diversos, entre ellas estudiantes internacionales y personas indígenas australianas, me atrae mucho este tema y le presto mucha atención. Me pregunto: ¿cuáles son algunos rituales culturales? Sé que los propios rituales y las configuraciones familiares han evolucionado a lo largo de los años, y quizá ahora sean más visibles; diría que tal vez vemos con más apertura la diversidad de familias con las que trabajamos. ¿Puedes contarnos un poco sobre ello? Sobre tu trabajo en este ámbito en cuanto a la diversidad y su evolución, en el Ackerman Institute y en Family Process, los artículos que has visto, la evolución de la diversidad de configuraciones familiares: familias interculturales, familias reconstituidas, familias trans y familias bisexuales.

Evan Imber-Black: Creo que, en algunas partes del mundo, ahora mismo, afortunadamente ha habido poco a poco más apertura, más aceptación, más inclusión y más diversidad. Por supuesto, también hay muchos lugares donde no es así, y creo que, como terapeutas familiares, como terapeutas sistémicos, tenemos que prestar verdadera atención a ello y hacer algo al respecto. Aunque es estimulante que haya más aceptación de la diferencia y de la diversidad, al mismo tiempo debemos tener presente que hay también muchísimas personas que, mientras hablamos, sufren la falta de aceptación y la exclusión. Creo sinceramente que nuestro papel como terapeutas familiares, como terapeutas sistémicos, no es solo ser terapeutas: ¡también tenemos que ser políticos!

Deisy Amorin-Woods: Oh, totalmente. Es una de las muchas cosas que más valoro de ti: que no te da miedo cuestionar el statu quo.

Evan Imber-Black: Sí. Es parte de lo que me mantiene en marcha. De hecho, hay política en la terapia familiar como en todos los campos. Si creemos que no hay política, o que no podemos hablar de política, o que no podemos traer la política a nuestro trabajo y a nuestro campo, entonces no somos realistas. Creo que nos equivocamos, porque sabemos que no podemos descartar ese lado de las cosas: no podemos desligar la cuestión de la diversidad, incluidas la raza y la cultura, de la política.

Deisy Amorin-Woods: Totalmente; tenemos que ver, escuchar, reconocer y responder. Tenemos que alzar la voz si no vemos que esto se aplica en la práctica; de lo contrario, corremos el riesgo de caer en la trampa del tokenismo y de consentir esos comportamientos. Hay tokenismo en todo nuestro mundo, y hay casillas que se espera que marquemos, según las categorías en las que encajamos, para «demostrar» que hacemos lo correcto. Para que se nos vea «inclusivos», podemos, por ejemplo, escribir en un informe, como parte de una declaración de misión, un párrafo que diga: «somos inclusivos con las personas de todas las razas y culturas, géneros, creencias religiosas, orientaciones sexuales y capacidades», y dejarlo ahí, acumulando polvo; o incluir en un consejo de administración a una persona simbólica de otro origen cultural, pero sin escuchar su voz, sin aceptar ni valorar su punto de vista como digno de ser escuchado, simplemente para dar la impresión de que «somos culturalmente inclusivos». No se trata de eso: tenemos que ser auténticos. Lo que cuenta es lo que hacemos, no lo que escribimos o decimos que hacemos. Se trata de sumergirse de verdad en esa experiencia, de demostrar de manera significativa lo que decimos que hacemos y de integrar estos métodos en nuestras prácticas y en el tejido de las organizaciones de forma medible, y no porque tengamos que rendir cuentas ante una instancia superior para recibir financiación.

Evan Imber-Black: Es muy importante; creo que es primordial. ¿Sabes de qué me he dado cuenta y qué me mantiene en el Mercy College? Que nuestro alumnado es extremadamente diverso. Vienen de todas partes, de distintos países, de orígenes afroamericanos, latinos, asiáticos, etcétera. Y eso significa que, cualquier año, en cualquier clase en la que entre, voy a encontrar una variedad maravillosa de personas que vienen de orígenes distintos, de familias de origen muy diferentes, con experiencias distintas y puntos de vista distintos. Eso hace que el aprendizaje sea tan rico, de verdad, tan rico.

Deisy Amorin-Woods: Ya veo que sin duda enriquecería el aprendizaje tanto del alumnado como del profesorado. Así pues, los rituales familiares nos sumergen en la construcción de sentido, en las transiciones, y nos llevan a la comprensión, a la sanación, a la conexión. Cuando añades el elemento de la cultura, pasas a otra capa más. En ese momento se despliegan muchas cuestiones que hay que tener en cuenta, lo que genera, en consecuencia, un movimiento mayor. No creo que la gente se dé cuenta realmente de la enorme importancia de los rituales en la terapia familiar.

Evan Imber-Black: Sí, creo que es muy rico, es un recurso importante para quienes hacen terapia; quiero decir, eso es lo que descubrimos cuando empecé este trabajo con quienes entonces eran mis doctorandos y hoy son colegas, Dick Whiting y Janine Roberts: los rituales que vas a encontrar en cada familia van a ser diferentes. Y aquí, en este momento, tenemos una fiesta, Acción de Gracias. Seguramente has oído hablar de ella. Cuando pido a mis estudiantes que describan cómo es Acción de Gracias en su casa y en su familia de origen, cada una de las descripciones es diferente. Hay algo igual en el nombre: tenemos ese día en el que comemos ese pájaro estrafalario, un pavo, etcétera. Más allá de eso, la inventiva que la gente aporta a una reunión así es enorme. Y al mismo tiempo está la capacidad de afrontar las pérdidas, y creo que eso es lo que ha estado ocurriendo con toda la situación de la COVID. Así, afrontar un tipo de incertidumbre que no habíamos tenido antes, o que, si la tuvimos, no la percibíamos: todo eso entra en lo que le ocurre a un ritual y en por qué ningún ritual puede ser dos veces el mismo, sino que cada vez hay una sensación de singularidad.

Deisy Amorin-Woods: Como decías, cada ritual es diferente. El año que viene volverá a ser diferente en cada familia; está en constante variación. Me gustaría pasar al terreno de los secretos familiares, la otra pasión a la que has dedicado mucho trabajo. Durante más de 40 años has trabajado incansablemente para desarrollar respuestas útiles a lo que describes como el «caleidoscopio relacional que hacen girar los secretos» (Imber-Black, 1993). Así que, al presentar esta parte importante de tu trabajo, no podía pasar por alto el sentido agradecimiento a tu querido marido Lascelles en tu libro The secret lives of families (Imber-Black, 1999). Me gustaría leerlo, pero solo si te parece bien.

Evan Imber-Black: Sí, claro.

Deisy Amorin-Woods: «Doy mi amor y mi agradecimiento a mi marido, Lascelles W. Black, por todo lo que aprendimos a custodiar con ternura los secretos del otro. Nuestros largos paseos, nuestras conversaciones, que vinculaban los secretos con el racismo. Su reflexión cuidadosa sobre el color de la piel, los secretos que ha inspirado, su trabajo con personas con sida y sus secretos cruciales, su compromiso con la compasión y la justicia, que siempre me alienta. Su convicción de que yo podía escribir este libro y su generosidad, que me lo han hecho posible» (Imber-Black, 1999).

Evan Imber-Black: Gracias. Gracias por leerlo. Hacía mucho que no lo leía, así que me alegra mucho oírlo. Ya sabes, creo que nuestras conversaciones… porque, como te decía, trabajó durante muchos años en el ámbito del VIH-sida. También trabajó durante muchos años con personas sin hogar, y era más que inspirador ver las cosas que era capaz de hacer. Cuando nos mudamos a Nueva York y empecé a trabajar en el Departamento de Psiquiatría del Einstein, él empezó a trabajar en un albergue para personas sin hogar. Nunca olvidaré que, en muy poco tiempo, descubrió que en el albergue vivía un hombre cuya propia familia de origen vivía a dos manzanas del albergue, y nadie se había molestado en averiguarlo hasta que lo hizo Lascelles; entonces trabajó para que ese hombre volviera a conectar con su familia. Y era ese tipo de trabajo el que me parecía, vamos, enormemente inspirador, sin ninguna duda. Desde luego, como él había llegado de Jamaica a Estados Unidos, en realidad primero a Canadá y luego a Estados Unidos, toda la cuestión del color de la piel y de los secretos que la gente fabrica y guarda en torno al color de la piel fue otro ámbito muy importante de nuestras reflexiones, de nuestras conversaciones. Eso no dejaba de inspirarme a pensar cada vez más en los secretos y en lo que les ocurría a las personas: de qué se nos permite hablar y de qué no se nos permite hablar… ¿Y qué significa romper esa idea de que no se te permite hablar de algo, y ver qué pasa cuando lo haces?

Deisy Amorin-Woods: ¡Qué historia tan bonita! Verdaderamente especial, inspiradora y conmovedora. Gracias por compartirla, Evan. Supongo que el hecho de que vinierais de culturas distintas habrá enriquecido vuestro vínculo y las conversaciones que manteníais (sobre los secretos y sobre otras cosas), recorriendo juntos una vida con historias diversas en su trasfondo.

Evan Imber-Black: Sin ninguna duda.

Deisy Amorin-Woods: Siento mucho que lo hayas perdido.

Evan Imber-Black: Gracias. Gracias. Te lo agradezco de verdad.

Deisy Amorin-Woods: Tuvo una importancia primordial en tu vida… más allá del matrimonio.

Evan Imber-Black: Sí… durante 40 años.

Deisy Amorin-Woods: Así es… Me pregunto qué alimentó tu interés por explorar los secretos familiares y trabajar con ellos.

Evan Imber-Black: No sabría señalar una sola cosa; ya sabes, creo que fue encontrar en terapia a familias que se debatían entre… ¿Lo cuento, no lo cuento? Llevar eso a la sala de terapia e intentar resolverlo con las personas fue lo que me llevó a tratar de comprender este tema tan complejo. Así que trabajar con los secretos, igual que trabajar con los rituales, me apasionaba. Y creo que, para quienes están en este campo y buscan en qué especializarse… creo que hay que encontrar algo que te entusiasme de verdad, algo que mantenga tu interés y tu pasión durante años, y luego trabajar en ello, trabajar en eso. Luego escribir sobre ello, hablar de ello y debatirlo con otras personas. Eso es lo que creo que necesitamos cada uno de nosotros.

Deisy Amorin-Woods: Qué gran sugerencia. Porque es importante mantener vivo nuestro interés por la profesión, y para ello necesitamos encontrar ese elemento extra, un ámbito concreto que nos alimente, que mantenga nuestro interés y nuestra inspiración y haga fluir nuestra creatividad; si no, es probable que tiremos la toalla. En cuanto a los secretos en el espacio terapéutico, supongo que en nuestro campo recibimos muchos mensajes contradictorios, procedentes de distintas escuelas de pensamiento. Puede que nos digan: «siempre habrá secretos, así que si trabajas con parejas, si trabajas con familias, y en un momento dado un miembro de la familia se abre, no puedes hacer nada, debes dejarlo ahí, con esa persona». Por otro lado, puedes encontrarte con una situación en la que sientes que ese secreto tiene que revelarse, y hacerlo de inmediato: o lo abres tú o hay que compartirlo, porque tenemos que ser transparentes en este proceso, y tenemos que hacerlo ahí mismo. ¿Qué opinas de estas cuestiones?

Evan Imber-Black: Bueno, creo que cada persona tiene sus tiempos; cada persona necesita hablar de algo o no hablar de algo. Hubo una familia que Peggy y yo atendimos juntas. Yo era la terapeuta en la sala. Vinieron por algo terrible, terrible, que había ocurrido: su hija, que tenía una discapacidad intelectual, había sido violada repetidamente por vigilantes de seguridad de su edificio. La pillaban en el ascensor y la subían a la azotea, o la bajaban al sótano, y ella lo mantuvo en secreto. Lo mantuvo en secreto hasta que resultó que estaba embarazada. Eso es lo que los llevó a terapia. Pero, a medida que trabajábamos con ellos, veíamos en la madre algo muy inquietante, y sin embargo ella no quería hablar de ello; probamos distintas maneras de desentrañarlo, etcétera. Al final tuve una reunión individual con ella. Creo que esa es la parte de nuestro trabajo en la que hay que ser flexible. Ya sabes, los terapeutas familiares solían decir, y quizá algunos lo sigan diciendo: «tienen que estar todos. Tienes que tener a todo el mundo en la sala». Pues no necesariamente. Sí, si ves a alguien a solas, puede que te confíen un secreto, pero tendrás que averiguar qué hacer con él. Eso es lo que pasó en este caso: tuve esa reunión individual con ella y me reveló que había sufrido abusos sexuales de niña y que nunca se lo había contado a nadie. Y, ya ves, eran como 40 años guardando el secreto. Pero, cuando me lo contó, no quería traer a su familia y contárselo. Así que se trataba de pensar con ella quién necesitaba la información, a quién le ayudaría la información. Y de hecho, cuando empezamos a verlo así, pudo ver que para su hija iba a ser extremadamente importante oír esta historia y saber que se podía superar, supongo que lo diría así, y vivir una buena vida. No fue de la noche a la mañana, llevó tiempo, pero poco a poco se lo contó a su marido y se lo contó a su hija. Luego se lo contó a su hijo y después a su madre. Y esa fue la más difícil. Ensayamos mucho, hicimos juego de roles y practicamos, porque estaba decidida a que su madre no pensara que había sido culpa suya. Y así, ya sabes, las capas de complejidad con las que una se encuentra, no sé de qué otra forma llamarlo, cuando trabajas con un secreto; pero tenía que ser a su ritmo y en sus condiciones, no en las mías. Así que, ya sabes, cuando oigo a alguien decir «oh, yo no guardo secretos», le digo: «Bueno, pues buena suerte», porque hay que aprender a ser delicada y cuidadosa con los tiempos y con las necesidades de las personas cuando vas abriendo lo que suelen ser muchísimas capas del secreto.

Deisy Amorin-Woods: Totalmente. Planteas cuestiones muy importantes, porque a menudo hay distintas escuelas de pensamiento al respecto, y a menudo esa información nos limita. Sin embargo, cuando los desentrañas y te preocupas de hacerlo con respeto y con seguridad, podemos ampliar la visión de la familia y aumentar la comprensión. De lo contrario, parece que trabajamos de manera limitada y casi como si no estuviéramos haciendo un trabajo realmente eficaz, porque no lo estamos haciendo. El propio secreto es la parte rica del trabajo que hacemos. Así que, si se deja de lado, ¿cómo vamos a hacer el trabajo? ¿Cómo podemos apoyar como es debido a esta familia?

Evan Imber-Black: Sí, bueno, ya sabes, la postura que he oído defender a algunas personas, que dicen a las familias: yo no guardo secretos, ya sabes, así que si me lo cuentas, se lo voy a contar a todo el mundo. Entonces no vas a enterarte de muchas cosas que son importantes.

Deisy Amorin-Woods: Sí, totalmente. Me gustaría pasar a tu experiencia personal vivida. ¿Qué te llevó a convertirte en terapeuta familiar, a implicarte en la práctica clínica y en la investigación, y a ponerte también el sombrero de directora de revista? Como decía al principio de nuestra conversación, eres una persona muy curiosa e innovadora en tu forma de explorar las cosas y de sumergirte en tu trabajo. Te interesa mucho abarcar distintos ámbitos para profundizar en tu comprensión. Y al hacerlo, profundizas también en la comprensión de tus estudiantes y de los y las clínicas a quienes acompañas. Así que me pregunto qué hubo en tu vida personal que te llevó a este campo.

Evan Imber-Black: Es una gran pregunta. Me había mudado de Chicago a California y tuve la oportunidad, casi por casualidad, de trabajar con lo que entonces se llamaban «grupos de encuentro» y, por sorprendente que parezca, el gobierno de Estados Unidos financiaba una beca para que estudiáramos los grupos de encuentro. Vamos, cuando lo pienso ahora, es como lo más loco que he oído nunca. Así que estaba en Berkeley, hacíamos esos grupos, y me entusiasmé mucho; estaba haciendo un máster y, de nuevo, estudiando más sobre la interacción grupal. Y luego, aunque era fascinante y sin duda ha nutrido gran parte de mi trabajo en terapia familiar, empecé a darme cuenta de que los grupos de desconocidos no me satisfacían mucho y de que quería trabajar más con familias reales. Y fue ese paso de trabajar con grupos de desconocidos a trabajar con hogares, con parejas, con madres, padres e hijos lo que me fascinó tanto. Tuve mucha suerte de conseguir una beca para mi doctorado en la University of Pittsburgh, donde conocí a la difunta Carol Anderson, que, por una feliz casualidad, trabajaba justo enfrente de donde estaba mi programa de doctorado y traía al menos una vez al mes a todas las grandes figuras de la terapia familiar de aquella época. Es decir, a toda la primera generación, que afortunadamente seguía viva entonces. Así que tuve la oportunidad de ir a talleres con todas esas personas cada mes durante 2 años. Todo eso se juntó de una manera muy feliz. Luego conseguí un puesto en la University of Massachusetts para enseñar terapia familiar. Estuve allí 5 años, y el motivo por el que me fui fue que era la única persona del profesorado que enseñaba terapia familiar. Estaba segura de que, si me quedaba, no iba a crecer; y ese fue el comienzo, y ¿qué puedo decir? El resto es historia. Karl Tomm me pidió que fuera a Calgary, en Alberta. Tengo que decir que eso fue lo mejor de todo, porque allí conocí a Lascelles y allí nos casamos.

Deisy Amorin-Woods: ¿Ah, sí? ¡Qué bonito!

Evan Imber-Black: Luego decidimos volver al Este, venir a Nueva York y hacer las cosas de las que te hablé antes.

Deisy Amorin-Woods: Es realmente especial. Qué evolución. Qué transformación. Cómo te condujo a tu camino…

Evan Imber-Black: Ya sabes, he tenido mucha suerte de estar en contextos muy variados. De tener estudiantes maravillosos en todos esos contextos y de seguir creciendo yo misma gracias a ello.

Deisy Amorin-Woods: Sí… y supongo que la belleza está en esa unión: has tenido un alumnado tan diverso que te ha enriquecido y te ha permitido crecer en tu profesión. Al mismo tiempo, tienes apertura para ello, porque a menudo, si no somos abiertos, si somos rígidos y cerrados, no podemos dejar que eso surja.

Evan Imber-Black: Tú lo sabes. Se trata de evolucionar. Tenemos que evolucionar con nuestros estudiantes. Nunca es… o mejor dicho, no existe el final de la historia. Es algo continuo.

Deisy Amorin-Woods: No se detiene, ¿verdad? Tenemos que seguir creciendo hasta el final. Así que, ahora que nos acercamos al final de la entrevista, me pregunto un par de cosas. Una de ellas es si hay un mensaje que quieras transmitir. Una perla de sabiduría, si quieres llamarla la «sabiduría Evan», que te gustaría transmitir a quienes nos ven o nos escuchan. Supongo que serán estudiantes, terapeutas familiares en formación, terapeutas en ejercicio, académicos y también personas en supervisión.

Evan Imber-Black: Hay que mantenerse abierto, abierto a nuevos pensamientos y a nuevas ideas. No te cases tanto con una sola manera de trabajar, porque eso te frenará. Dejarás de crecer y perderás el interés. Creo que una de las cosas que nuestro campo nos ha dado a todos es la capacidad de crecer con un nuevo caso familiar, o un nuevo caso de pareja, o con las nuevas ideas y modelos que llegan al campo. Así que creo que, mientras no te vuelvas rígido, las cosas irán bien. Así que hay que estar en constante movimiento, avanzar, en lugar de quedarse estancado.

Deisy Amorin-Woods: Suena maravilloso. Y, por último, ¿cómo te gustaría que te recordaran?

Evan Imber-Black: ¡Ay, madre mía! Bueno, me gustaría que mis colegas me recordaran como una colega buena, sólida, fiable, de confianza e inteligente. Me gustaría que mis estudiantes me recordaran como alguien que se preocupó profunda, profundamente por ellos, por su desarrollo y por encontrar para cada persona nuevas maneras que la ayuden a crecer.

Deisy Amorin-Woods: Evan, ha sido un verdadero placer mantener hoy esta conversación contigo. Te lo agradezco de verdad y la he disfrutado muchísimo.

Evan Imber-Black: He disfrutado mucho de esta entrevista, muchas gracias.

Complexe Systémique: puntos clave

La entrevista vale tanto por su forma como por lo que transmite. Deisy Amorin-Woods, nacida en Perú e instalada en Australia, no se limita a preguntar: entreteje en sus preguntas su propia historia migratoria, y la conversación misma se convierte en un pequeño ritual de reconocimiento entre dos generaciones. Destacan dos aportaciones clínicas. Sobre los rituales, Imber-Black recuerda que ninguno se repite nunca de forma idéntica, como mostró la pandemia: cuando el ritual previsto se viene abajo, hay que inventar otro, como la pareja que, tras una boda celebrada sin la familia, se unió a una marcha de Black Lives Matter. Sobre los secretos, rechaza la regla del «yo no guardo secretos»: una confidencia recibida en una sesión individual no obliga a revelarla, pero compromete a quien hace la terapia a pensar con la persona quién debería saberlo, cuándo y cómo. El texto sigue siendo un homenaje: dice poco de las tensiones internas del Ackerman y no discute los límites de sus modelos. Conviene leerlo como el testimonio de cómo una institución mantiene viva la diversidad, tanto a través de las personas que forma como de sus programas. Puede leerse junto con el artículo de Celia Falicov sobre la migración, la pérdida ambigua y los rituales y la entrevista con Karl Tomm, que llevó a Evan Imber-Black a Calgary.

Referencias

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Traducción no oficial al español de The Ackerman Institute: a journey of culture and diversity over six decades. A conversation with Evan Imber-Black, de Deisy Amorin-Woods y Evan Imber-Black, Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, vol. 45, n.o 1 (2024), doi: 10.1002/anzf.1578, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Traducción no oficial del artículo original «The Ackerman Institute: a journey of culture and diversity over six decades. A conversation with Evan Imber-Black», publicado en Australian and New Zealand Journal of Family Therapy (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido y maquetado por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Amorin-Woods, D., y Imber-Black, E. (2024). The Ackerman Institute: a journey of culture and diversity over six decades. A conversation with Evan Imber-Black. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/the-ackerman-institute-a-journey-of-culture-and-diversity-over-six-decades-a-conversation-with-evan-imber-black (Obra original publicada en 2024 en Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, 45(1), 93–108 (2024); republicada en 2024 por Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/anzf.1578)

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