Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Nordic Psychology · Familia
¿Cómo afronta el estrés un niño o una niña de 4 años cuando su madre tiene un consumo problemático de sustancias? En Finlandia, el equipo de Noora Hyysalo pidió a 29 niñas y niños que completaran historias representadas con figuritas. Los relatos muestran figuras cuidadoras a veces empáticas y tranquilizadoras, a veces punitivas o ausentes, y, cuando nadie interviene, estrategias solitarias: magia, evitación, risa a destiempo, parentificación.
Traducción no oficial al español de Preschool children’s coping and caregiver support in families with maternal substance misuse: A qualitative study, de Noora Hyysalo, Minna Sorsa y Marjo Flykt, publicado en Nordic Psychology (Taylor & Francis) (2023), doi: 10.1080/19012276.2022.2085160, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan como listas; las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Cuando las figuras cuidadoras no intervenían, estas niñas y estos niños afrontaban la situación por sí solos, a menudo de manera desadaptativa.
Noora Hyysalo, Minna Sorsa y Marjo Flykt
Resumen
El consumo problemático de sustancias por parte de la madre afecta a los cuidados, lo que influye en las habilidades de afrontamiento de la infancia. Sin embargo, se sabe poco sobre cómo describen su afrontamiento en situaciones estresantes los hijos e hijas de madres con consumo problemático de sustancias. Estudiamos el afrontamiento y el apoyo de las figuras cuidadoras en 29 niñas y niños de 4 años reclutados en un centro de salud infantil que atiende a familias con consumo materno de sustancias en Finlandia. Las niñas y los niños completaron una versión revisada del Attachment Story Completion Task, que examinamos mediante un análisis de contenido cualitativo. Identificamos las experiencias infantiles de afrontamiento en situaciones estresantes con un apoyo óptimo y no óptimo de las figuras cuidadoras. Las experiencias de apoyo óptimo incluían (a) empatía, (b) solicitud, (c) intimidad, (d) tranquilización, (e) ejercer de modelo, (f) ayuda concreta y (g) alegría compartida. Las de apoyo no óptimo incluían (a) castigo, (b) abandono, (c) falta de respuesta, (d) agresión física, (e) protección agresiva y (f) parentificación. Las estrategias infantiles de afrontamiento sin intervención de una figura cuidadora eran (a) la magia, (b) la evitación, (c) la risa inapropiada, (d) la autosuficiencia o (e) la ausencia de estrategia. Nuestros resultados ponen de relieve que la infancia en edad preescolar cuyas madres consumen sustancias emplea diversas estrategias de afrontamiento en situaciones estresantes, que o bien incluyen el apoyo de una figura cuidadora, o bien revelan un apoyo no óptimo. Las niñas y los niños también tendían a recurrir a estrategias de afrontamiento desadaptativas cuando no intervenía ninguna figura cuidadora. Comprender cómo afronta el estrés la infancia en familias con consumo materno de sustancias es esencial para apoyar su desarrollo socioemocional y ofrecer intervenciones adecuadas.
Palabras clave: infancia en edad preescolar; cuidados; afrontamiento; consumo materno de sustancias; inicios de historias narrativas; cualitativo
Afrontar situaciones estresantes, una conducta inherente a la vida humana, exige que cada persona gestione y controle sus emociones, pensamientos, acciones y activación fisiológica, y que actúe en función de las señales del entorno para modificar las fuentes de estrés (Compas et al., 2001). En la primera infancia, el afrontamiento se caracteriza por la regulación de la acción y por respuestas esforzadas y orientadas a un objetivo ante los estresores (Skinner & Zimmer-Gembeck, 2007). Para niñas y niños, una relación sensible y de apoyo con la figura cuidadora se considera un recurso psicológico para afrontar situaciones estresantes, con consecuencias a largo plazo para un desarrollo cognitivo y socioemocional óptimo y para la salud mental (McElwain et al., 2015). Los hijos e hijas de madres con consumo problemático de sustancias viven a menudo cuidados poco sensibles, así como hostilidad e intrusividad por parte de la figura cuidadora (Belt et al., 2012; Hatzis et al., 2017; Mansoor et al., 2012), y esas experiencias pueden obstaculizar el desarrollo de su capacidad para afrontar situaciones estresantes. Sin embargo, la manera en que la infancia vive el apoyo de las figuras cuidadoras ante el malestar y cómo afronta los estresores con o sin ese apoyo siguen siendo poco comprendidas desde su propia perspectiva. Para responder a ello, examinamos mediante un análisis de contenido cualitativo las experiencias de niñas y niños de 4 años cuyas madres consumen sustancias, con el fin de esclarecer sus estrategias de afrontamiento en situaciones estresantes.
Además de las dificultades en los cuidados, el consumo materno de sustancias se asocia a diversos riesgos psicosociales, entre ellos problemas psiquiátricos y desventajas socioeconómicas (Kaltenbach, 2013), que crean entornos estresantes, incluso tóxicos, para el desarrollo infantil. Tales entornos y el estrés temprano pueden alterar la reactividad al estrés a través de varios mecanismos biológicos (Skinner & Zimmer-Gembeck, 2016). Además, esta población infantil puede encontrar a menudo dificultades en su desarrollo cognitivo y socioemocional (para una revisión, véase Huizink, 2015). Estos factores ambientales y del desarrollo, junto con los posibles efectos de la exposición prenatal a sustancias sobre las capacidades de regulación (Beauchamp et al., 2020), pueden afectar a la capacidad de los hijos e hijas de madres con consumo problemático de sustancias para afrontar situaciones estresantes.
Tradicionalmente, el estrés temprano se ha asociado no solo con estrategias de afrontamiento desadaptativas en la infancia, sino también con la falta de estrategias de afrontamiento adaptativas ante situaciones estresantes (Skinner & Zimmer-Gembeck, 2016). Sin embargo, la investigación también ha reconocido, por una parte, que no todas las niñas y todos los niños emplean estrategias desadaptativas ante acontecimientos vitales estresantes y que algunos pueden incluso prosperar pese a la adversidad (Cicchetti & Rogosch, 2009), en parte gracias a factores de protección como una relación segura con la figura cuidadora (Cicchetti & Rogosch, 2009). Por otra parte, el carácter adaptativo del afrontamiento depende tanto del contexto como del resultado, de modo que un afrontamiento desadaptativo puede conceptualizarse como una adaptación funcional (Wadsworth, 2015). Por ejemplo, los hijos e hijas de progenitores con consumo problemático de sustancias pueden afrontar la hostilidad de estos evitando los conflictos; sin embargo, aunque esa estrategia sea adaptativa en ese contexto concreto, es probable que afecte a su capacidad para afrontar estresores posteriores y que los predisponga a problemas de salud mental y a la psicopatología. Al mismo tiempo, la literatura sobre las estrategias de afrontamiento de la infancia vulnerable es hoy incompleta, sobre todo en lo que respecta a quienes viven con madres que consumen sustancias, porque la mayoría de los estudios sobre el afrontamiento infantil se han realizado con muestras de bajo riesgo.
A partir de la corregulación simbiótica con las figuras cuidadoras durante la lactancia, el afrontamiento infantil evoluciona, en los primeros años y en la etapa preescolar, hacia acciones directas para buscar ayuda en las figuras cuidadoras y comprometerse con ellas como medio para evitar el estrés (Wadsworth, 2015). Sin embargo, como las respuestas de afrontamiento están moldeadas por el contexto y pueden responder a múltiples exigencias (Skinner & Zimmer-Gembeck, 2007), la literatura no muestra consenso sobre cómo categorizar el afrontamiento infantil (Compas et al., 2001). En su exhaustiva revisión, Skinner et al. (2003) propusieron una visión jerárquica del afrontamiento que distingue categorías de orden inferior y de orden superior. Las categorías de orden inferior (es decir, las estrategias de afrontamiento) remiten a tipos de acciones reconocibles, como la evitación, que describen categorías conceptualmente claras, exhaustivas y mutuamente excluyentes (Skinner et al., 2003). En cambio, las categorías de orden superior (es decir, las familias de afrontamiento) son multidimensionales y consisten en estrategias de afrontamiento agrupadas según sus funciones adaptativas (Skinner et al., 2003).
De la docena de familias de afrontamiento fundamentales identificadas por la investigación, la búsqueda de apoyo abarca cuatro estrategias —búsqueda de contacto, búsqueda de consuelo, ayuda instrumental y referencia social—, cuya función adaptativa es utilizar los recursos sociales disponibles para afrontar el estrés (Skinner et al., 2003; Skinner & Zimmer-Gembeck, 2007). La búsqueda de apoyo se reconoce como una de las familias de afrontamiento más comunes en todos los grupos de edad, y en la etapa preescolar se dirige a las figuras cuidadoras (Skinner & Zimmer-Gembeck, 2007). Las relaciones con las figuras cuidadoras son, por tanto, esenciales para configurar las formas adaptativas en que la infancia en edad preescolar afronta el estrés (Skinner & Zimmer-Gembeck, 2016) y, como tales, pueden comprenderse a la luz de la teoría del apego.
El apego implica un vínculo afectivo entre un niño o una niña y una figura cuidadora y, en la mayoría de las condiciones, se desarrolla durante el primer año de vida (Ainsworth, 1973; Bowlby, 1958). La necesidad motivacional fundamental de la infancia de vincularse con sus interlocutores sociales da lugar a la conducta de apego, es decir, a buscar consuelo y protección en las figuras cuidadoras en momentos de estrés y a explorar el entorno en situaciones de poco estrés (Bowlby, 1973). Además, las respuestas de la figura cuidadora y su sintonía con las necesidades infantiles, así como el ajuste dentro de la díada reguladora, subyacen al desarrollo de los sistemas de afrontamiento (Skinner & Zimmer-Gembeck, 2016). En el plano teórico, las experiencias con las figuras de apego impulsan la construcción de representaciones internas, o modelos operativos internos (MOI), sobre uno mismo, los demás y el mundo, que guían la conducta futura en las relaciones cercanas (Bowlby, 1973). Asimismo, se ha sugerido que, hacia la edad preescolar, los MOI de uno mismo (p. ej., merecedor o no de cuidados) y de los demás (p. ej., que responden o no responden) se extienden a la capacidad de afrontar estresores moderados distintos de los vinculados al apego (McElwain et al., 2015; Skinner & Edge, 2002). Sin embargo, el conocimiento sobre cómo el apoyo de las figuras cuidadoras configura el desarrollo del afrontamiento en la etapa preescolar sigue siendo limitado.
Se han desarrollado métodos representacionales y narrativos, como la MacArthur Story Stem Battery (MSSB; Bretherton et al., 1990a) y el Attachment Story Completion Task (ASCT; Bretherton et al., 1990b), para evaluar el apego desde los 3 años. Aunque los métodos narrativos se concibieron inicialmente para abordar las representaciones infantiles vinculadas al apego, también se han utilizado para captar de forma más amplia las características del mundo interno de la infancia (Holmberg et al., 2007). En ambos casos, los métodos narrativos se centran en la construcción de sentido mediante el lenguaje y la representación, integrando perspectivas intra e interpersonales (Oppenheim, 2006). De este modo, sostienen que cada persona construye sentido mediante representaciones internas, pero en diálogo con el entorno social. Las experiencias en la relación con la figura cuidadora, por ejemplo, moldean así las representaciones infantiles de forma recíproca (Oppenheim, 2006).
Para niñas y niños con una capacidad verbal limitada, los métodos narrativos pueden ser una alternativa a los autoinformes para reflexionar sobre las experiencias personales y relatarlas (Oppenheim, 2006). En la infancia vulnerable, cuyas habilidades de lenguaje y de juego simbólico pueden presentar retrasos, los métodos narrativos pueden recoger información fiable a partir de los 4 años (Holmberg et al., 2007). Estos métodos permiten a niñas y niños pequeños expresar sus pensamientos y sus experiencias con el entorno social de manera adecuada a su edad, normalmente utilizando muñecos y accesorios de forma funcional pero lúdica (Oppenheim, 2006). La capacidad de construir relatos coherentes y de comprender el significado de los acontecimientos emocionales puede influir en las habilidades de regulación emocional y contribuir además al bienestar socioemocional (Thompson, 2016).
Los estudios que utilizan relatos infantiles a partir de inicios de historias han empleado sistemas de puntuación cuantitativos que, pese a sus diferencias, incluyen por lo general la coherencia narrativa, el contenido temático —es decir, los temas que crea el niño o la niña— y las características de la ejecución —o la manera de contar las historias— (Holmberg et al., 2007; Oppenheim, 2006). Con esos sistemas, las puntuaciones totales de los temas pueden evaluarse por medios cuantitativos y comparando las diferencias entre distintos grupos. Sin embargo, al utilizar sistemas de puntuación cuantitativos, pueden pasarse por alto aspectos más detallados de las formas infantiles de afrontar los estresores. Como alternativa, las experiencias que la infancia expresa en forma narrativa pueden evaluarse cualitativamente y, a su vez, proporcionar una comprensión, una descripción y una explicación profundas del fenómeno estudiado (Flick, 2018). En nuestro contexto, el fenómeno de interés es el afrontamiento de la infancia vulnerable en edad preescolar en situaciones estresantes, que aún no se ha evaluado cualitativamente, salvo en algunos estudios con entrevistas realizados en edad escolar (p. ej., Cheetham-Blake et al., 2019; Normann & Esbjørn, 2020; Sotardi, 2018). Más allá de ello, la literatura no contiene ninguna investigación cualitativa realizada en edad preescolar y centrada en los relatos infantiles.
El objetivo de nuestro estudio era explorar el afrontamiento de situaciones de conflicto cotidianas tal como lo describían, en relatos a partir de inicios de historias, niñas y niños de 4 años cuyas madres consumen sustancias. Partiendo de la perspectiva que subraya el apoyo de la figura cuidadora como la forma óptima de afrontar situaciones estresantes en la infancia, formulamos dos preguntas de investigación:
Al dar prioridad a la interpretación del contenido cualitativo de los relatos infantiles, se esperaba que nuestro enfoque cualitativo guiado por los datos para analizar los relatos a partir de inicios de historias ofreciera una comprensión profunda de las perspectivas infantiles sobre el afrontamiento de los estresores, ausentes por lo demás de la literatura sobre familias con consumo de sustancias.
Utilizamos los datos de un estudio prospectivo que siguió a hijos e hijas de madres con consumo problemático de sustancias desde los 2 hasta los 4 años y que recogió retrospectivamente información sobre el embarazo cuando tenían 2 años. Participaron en este estudio 29 niñas y niños de 4 años en edad preescolar (M = 49.2 meses, SD = 1.8 meses), reclutados en un centro de salud infantil del sur de Finlandia que atiende a familias con consumo materno de sustancias. Se utilizó un muestreo consecutivo, y se invitó a participar a todas las familias del centro que tuvieran un hijo o una hija de 2 años en el momento de la recogida de datos. Podían incluirse niñas y niños que vivieran con su madre o padre biológicos y/o con una familia de acogida. La muestra incluía dos pares de hermanos (véase la Figura 1 para el diseño del estudio prospectivo, el diagrama de flujo de participantes y los datos utilizados en este estudio).

La información descriptiva sobre la población infantil participante se presenta en la Tabla 1. Todas las madres (n = 28, porque dos de los niños tenían la misma madre) tenían antecedentes de consumo problemático de sustancias, aunque el consumo a lo largo de la vida de cada niño o niña variaba considerablemente. Los datos de los registros revelaron que, durante el embarazo, 18 de las madres (64.3%) tomaron medicación (p. ej., benzodiacepinas o sertralina) y/o sustancias ilegales (p. ej., cannabis o anfetaminas), dos (7.1%) consumieron solo alcohol y 15 (53.6%, n = 1 dato faltante) fumaron tabaco. Cuando los niños y las niñas tenían 4 años, tres de las madres (10.7%, n = 6 datos faltantes) declararon consumir medicación o sustancias ilegales, siete (25.0%) declararon beber alcohol y ocho (28.6%, n = 2 datos faltantes) declararon fumar. En Finlandia, las familias con consumo materno de sustancias reciben servicios sanitarios y sociales municipales gratuitos, amplios y a largo plazo. El trabajo social con la familia puede empezar a menudo durante el embarazo y prolongarse hasta la mayoría de edad, a los 18 años. Según la situación de la familia, los servicios pueden incluir un apoyo intensivo de profesionales del trabajo social y de la intervención familiar, servicio a domicilio, tratamiento familiar en régimen de internamiento de corta y larga duración, tratamiento ambulatorio (que incluye, por ejemplo, terapia familiar y terapia de sustitución para las madres) y una persona o familia de apoyo. El desarrollo infantil se sigue en centros especializados en mujeres con problemas de drogas, alcohol y medicación. Las familias de nuestra muestra también habían recurrido a esos servicios. A lo largo de su vida, la mayoría de las madres (n = 26, 92.9%, n = 1 dato faltante) habían recibido tratamiento por consumo de sustancias —por ejemplo, atención institucional intensiva o terapia de sustitución de opioides— o por problemas de salud mental, como psicoterapia o un ingreso en una unidad psiquiátrica. Veinticinco familias (89.3%) habían recibido servicios de trabajo social familiar y 20 (71.4%, n = 2 datos faltantes) habían seguido un tratamiento familiar en régimen de internamiento.
Tabla 1 — Información descriptiva de la población infantil participante (n = 29).
Nota. Falta parte de la información. El número de participantes figura entre paréntesis cuando difiere del total de la muestra. WPPSI-III = Wechsler Preschool and Primary Scale of Intelligence - Third Edition. Las puntuaciones inferiores a 70 son extremadamente bajas; 70-79, límite; 80-89, medio-bajas; 90-109, medias; 110-119, medio-altas; 120-129, superiores; 130 o más, muy superiores. a Desde el nacimiento hasta los 4 años.
Los datos se recogieron en el marco del trabajo clínico de dos profesionales de la psicología colegiados. La primera persona (doctorada en psicología) participó en el diseño del estudio y recibió formación en el uso de los relatos a partir de inicios de historias por parte de la primera autora, que contaba con fiabilidad investigadora en un método comparable destinado a la edad escolar, tenía experiencia clínica con el método para la edad preescolar y disponía del permiso de su creador para utilizarlo. La segunda persona (máster en psicología) participó en la recogida de datos tras empezar a trabajar en el centro y recibió formación de la primera. La participación en el estudio formaba parte del tratamiento de las familias, y todos los niños y niñas habían tenido contacto previo con el equipo de psicología. Para llevar a cabo el estudio, se invitó a cada niño o niña a una consulta de psicología, como parte de una evaluación individual, en el centro, en su escuela infantil o en el domicilio familiar. La duración de los relatos a partir de inicios de historias osciló entre 16 y 37 min. Por último, la recogida de datos tuvo lugar antes de que se formularan las preguntas de investigación del presente estudio.
Los relatos infantiles se evaluaron con el ASCT (Bretherton et al., 1990b). Utilizamos guiones revisados (con permiso de Timothy Page, Ph.D.; véase la Tabla A1) que incluían siete relatos: cinco del ASCT (es decir, «Zumo derramado», «Rodilla herida», «Monstruo», «Partida» y «Reencuentro») y dos relatos de alta intensidad, cada uno de los cuales representaba un fuerte conflicto que implicaba a un progenitor o que enfrentaba a ambos progenitores (es decir, «Tío Fred» y «Llaves perdidas»). Siguiendo el manual, propusimos también un relato inicial de calentamiento sobre una fiesta de cumpleaños y un relato final de cierre sobre un momento divertido en familia. La presentación de los relatos estaba estandarizada: la persona entrevistadora comenzaba el relato y pedía al niño o la niña que mostrara y contara lo que creía que pasaría a continuación. Para adaptarnos al contexto clínico, modificamos la presentación de las historias de modo que pudieran darse más indicaciones que en las instrucciones estándar si al niño o la niña le costaba implicarse en la tarea. Las historias incluían las figuras de la madre y del padre, un hermano o hermana menor (es decir, Jane o Bob) y/o un hermano o hermana mayor (es decir, Susan o George) del mismo género que el niño o la niña participante, con nombres traducidos al finés. En algunas historias se incluían también una abuela y/o un perro de la familia. Todas las historias se grabaron en vídeo. Durante la evaluación de un niño o una niña surgió un problema técnico, y solo se grabaron el calentamiento y las tres primeras historias (es decir, 7 min de grabación). En otra evaluación, un fuerte ruido de fondo tapaba a ratos los relatos. Las partes audibles de esas grabaciones se transcribieron y analizaron.
Tabla A1 — Historias del attachment story completion task revisado (ASCT-R) utilizadas en el estudio.
Nota. Tabla modificada a partir de Page (2001). * Parte del ASCT (Bretherton et al., 1990b). ** Creada por Carolyn Zahn-Waxler. *** Parte de la MSSB (Bretherton et al., 1990a).
Los vídeos fueron transcritos literalmente por dos estudiantes de grado en psicología formados por la primera autora. Constituimos el conjunto de datos para el presente análisis de contenido cualitativo según el siguiente procedimiento. En primer lugar, excluimos las historias de calentamiento y de cierre, porque describían situaciones no estresantes. En segundo lugar, excluimos las historias en las que (a) la voz del niño o la niña en la grabación era tan poco clara que su relato no podía entenderse ni siquiera con el vídeo, (b) la persona entrevistadora daba indicaciones hasta el punto de influir en el contenido del relato, de modo que no podía interpretarse como propio del niño o la niña, y (c) el relato era demasiado breve (p. ej., una palabra) y no podía entenderse el desenlace de la historia. Por último, constituimos el conjunto de datos a partir de los pasajes en los que podía distinguirse el relato propio del niño o la niña a partir del inicio de la historia. En esa fase, decidimos incluir en el análisis tanto el contenido manifiesto (es decir, los textos transcritos) como el contenido latente (es decir, las características de la ejecución). Estas características abarcaban la conducta observada en el vídeo, como silencios, retraimiento, risas, tono de voz y la manera de manipular los muñecos. Se esperaba que apoyaran la interpretación y la comprensión de algunos relatos que, de otro modo, se veían limitados por las capacidades lingüísticas u otras particularidades.
Examinamos los datos mediante un análisis de contenido cualitativo (Hsieh & Shannon, 2005) con ATLAS.ti (versión 8.4.22). Aplicamos un enfoque convencional del análisis de contenido, porque nuestro objetivo era describir un fenómeno —es decir, las experiencias de la infancia vulnerable en edad preescolar con el apoyo de las figuras cuidadoras y con otras estrategias de afrontamiento sin intervención de estas en situaciones estresantes— y extraer de los datos una comprensión (Hsieh & Shannon, 2005).
La primera autora leyó todas las transcripciones y constituyó el conjunto de datos para el análisis de contenido según los criterios mencionados. Una vez delimitados los datos, la primera y la segunda autora crearon de forma independiente los temas y las unidades de sentido que surgían de los relatos infantiles. Un mismo relato podía aportar más de un tema y más de una unidad de sentido. La primera autora leyó todo el conjunto de datos y redactó reducciones de los relatos infantiles con sus propias palabras. Incluyó en el análisis tanto el contenido manifiesto como el latente, de modo que la interpretación del vídeo se utilizó para agrupar las reducciones y permitió interpretar algunos relatos en los que el niño o la niña no contaba ninguna historia y/o expresaba una solución solo con su conducta (p. ej., dando la espalda o saliendo de la sala). La segunda autora leyó 13 de las transcripciones y utilizó únicamente el contenido manifiesto. Después, las tres autoras discutieron los temas y las unidades de sentido que habían identificado para generar una nueva comprensión de los datos. A continuación, la primera autora siguió agrupando las reducciones de los relatos en nuevas categorías de sentido compartido y, durante el proceso, todas las autoras revisaron y discutieron juntas los resultados en varias ocasiones. Por último, la primera autora elaboró las definiciones de cada categoría y subcategoría, que el equipo de investigación revisó y precisó (véase la Tabla A2 para un ejemplo de registro de auditoría).
Tabla A2 — Registro de auditoría.
Nota. El registro de auditoría muestra cómo se derivaron las categorías de los datos originales en reducciones y en subcategorías. «Bob» designa al hermano menor. E = persona entrevistadora, N = niño o niña.
Para mejorar la fiabilidad global del estudio, seguimos una lista de verificación que describe las fases de preparación, organización y presentación del análisis de contenido (Elo et al., 2014). Además, evaluamos la fiabilidad del estudio cubriendo los elementos pertinentes de los criterios consolidados para la presentación de estudios cualitativos (COREQ; Tong et al., 2007).
El estudio recibió la aprobación ética del Comité de Ética del Hospital Universitario regional. El consentimiento informado para participar se obtuvo de quienes ejercían la tutela legal o, si los niños y niñas estaban en acogimiento, de profesionales del trabajo social. Durante la evaluación de los inicios de historias, solo estaban presentes el niño o la niña y la persona profesional de la psicología, salvo en tres casos en los que quisieron que su figura cuidadora se quedara en la sala. En virtud de la autorización ética, presentamos los resultados de forma que no puedan identificarse participantes ni familias concretas y, para proteger el anonimato, los extractos de datos se identifican únicamente por el género del niño o la niña, tal como aparece en los nombres de los relatos.
Identificamos las experiencias infantiles de apoyo óptimo y no óptimo de las figuras cuidadoras utilizado para afrontar situaciones estresantes. Estas experiencias aparecían en relatos en los que el niño o la niña describía intercambios óptimos o no óptimos entre él o ella y una figura cuidadora, o entre figuras cuidadoras, con el fin de apoyarle en el afrontamiento de los estresores cotidianos. En los relatos, la figura cuidadora podía ser un progenitor, un hermano o hermana, la abuela o el perro de la familia. Identificamos también estrategias infantiles de afrontamiento sin intervención de una figura cuidadora. Todas las categorías y subcategorías, sus descripciones y ejemplos de datos originales se presentan en la Tabla 2.
Tabla 2 — Categorías de afrontamiento, subcategorías, sus descripciones y ejemplos de datos originales.
Nota. «Jane» y «Bob» designan a los hermanos menores, y «Susan» y «George», a los mayores. El género del niño o la niña participante es el mismo que el del muñeco. E = persona entrevistadora, N = niño o niña.
Las experiencias de apoyo óptimo de las figuras cuidadoras comprendían siete subcategorías: (a) empatía, (b) solicitud, (c) intimidad, (d) tranquilización, (e) ejercer de modelo, (f) ayuda concreta y (g) alegría compartida. En comparación, las experiencias de apoyo no óptimo comprendían seis subcategorías: (a) castigo, (b) abandono, (c) falta de respuesta, (d) agresión física, (e) protección agresiva y (f) parentificación.
La empatía se describía en experiencias en las que la figura cuidadora se mostraba empática ante el dolor del niño o la niña. La figura cuidadora se aseguraba de que recibiera ayuda, o su actitud empática ayudaba, por ejemplo, a curar una herida, y garantizaba así que el niño o la niña pudiera afrontar la situación.
La solicitud representaba experiencias en las que las figuras cuidadoras prestaban atención y cuidados a niñas y niños asustados, heridos o separados de sus progenitores. La solicitud de la figura cuidadora se observaba, por ejemplo, en su manera de ocuparse del niño o la niña y de estar presente para ayudarle a afrontar situaciones estresantes.
La intimidad recogía la ayuda que la figura cuidadora prestaba al niño o la niña para afrontar la situación mostrando cercanía emocional o estando disponible para recibir sus expresiones de intimidad. Estas experiencias incluían, por ejemplo, abrazos, besos, que el niño o la niña se sentara en el regazo de la figura cuidadora, que esta lo llevara en brazos, o que dijera «te quiero» o «te echo de menos» tras una situación estresante.
La tranquilización representaba las experiencias infantiles en las que una figura cuidadora ayudaba a afrontar el miedo asegurando que no había nada que temer (p. ej., diciendo que lo que había asustado era una tormenta, no un monstruo) o ayudando a expulsar la fuente del miedo (p. ej., echando a un monstruo del dormitorio o haciendo de fantasma para espantar al monstruo).
Ejercer de modelo se describía en experiencias en las que la figura cuidadora mostraba cómo afrontar una situación estresante; por ejemplo, enseñando a trepar a una roca de la que el niño o la niña se había caído antes. Estas experiencias incluían también intercambios exclusivamente entre figuras cuidadoras que servían para resolver el conflicto de forma adaptativa (p. ej., cuando un padre consolaba a una madre triste), lo que apoyaba el afrontamiento infantil en esa situación.
La ayuda concreta se observaba en acciones concretas de las figuras cuidadoras; por ejemplo, poner una tirita en la rodilla herida, llevar al niño o la niña al hospital tras una lesión, limpiar el zumo derramado o traer zumo nuevo para sustituirlo. Estas acciones se centraban en apoyar al niño o la niña de modo que pudiera afrontar situaciones ligeramente estresantes.
La alegría compartida recogía experiencias en las que niñas y niños afrontaban la separación de sus progenitores compartiendo momentos divertidos y lúdicos con otra figura cuidadora (es decir, la abuela). Estas experiencias incluían, por ejemplo, jugar al escondite, ir a un parque de atracciones o pasar la noche en una tienda de campaña.
Las experiencias de castigo presentaban a las figuras cuidadoras como malvadas y vengativas en momentos en que la infancia necesitaba su apoyo. Estas experiencias surgían en relatos en los que las figuras cuidadoras llevaban a los niños a la cárcel tras un accidente que habían provocado o se vengaban de ellos por el accidente. El castigo incluía también una experiencia en la que una figura cuidadora maltrataba a los niños cuando se suponía que debía cuidarlos.
El abandono surgía en experiencias infantiles en las que una figura cuidadora (es decir, la abuela), que se suponía que debía cuidar de los niños tras su separación de los progenitores, los dejaba solos. En un relato, los niños morían tras ser abandonados. Así, se les dejaba solos para afrontar la separación.
La falta de respuesta representaba una actitud de la figura cuidadora que no respondía al malestar ni a las necesidades infantiles. Estas experiencias aparecían en relatos en los que la figura cuidadora no reaccionaba cuando, por ejemplo, se repetía un accidente o un acontecimiento que daba miedo, o cuando el niño o la niña necesitaba ayuda para encontrar las llaves perdidas de sus progenitores.
La agresión física abarcaba experiencias en las que la figura cuidadora o el niño o la niña empujaba o golpeaba a otras personas en situaciones estresantes. Incluía también una experiencia en la que todos los miembros de la familia acababan heridos a causa de la agresividad del niño o la niña. En conjunto, estas experiencias implicaban formas agresivas de afrontar el malestar en la familia.
La protección agresiva aparecía en relatos en los que la figura cuidadora protegía al niño o la niña de su miedo, aunque de forma agresiva o brusca; por ejemplo, matando al monstruo que le daba miedo. Estos relatos mostraban una incoherencia en las estrategias de afrontamiento infantiles, que abarcaban a la vez protección y agresión por parte de la figura cuidadora.
Por último, la parentificación abarcaba experiencias en las que la figura cuidadora asumía el papel del niño o la niña y este actuaba como una persona adulta, en una inversión de roles, como medio para afrontar situaciones estresantes. Estas experiencias incluían relatos en los que la niña o el niño resolvía o apaciguaba los conflictos entre sus progenitores, o cuidaba y consolaba a un progenitor triste o enfermo.
Las estrategias infantiles de afrontamiento sin intervención de una figura cuidadora comprendían cinco subcategorías: (a) la magia, (b) la evitación, (c) la risa inapropiada y (d) la autosuficiencia o bien (e) la ausencia de estrategia.
La magia aparecía en relatos en los que niñas y niños gestionaban una situación estresante (es decir, el zumo derramado, el miedo a un monstruo o la tristeza de un progenitor) con una varita mágica o encontrando por arte de magia a otra persona adulta para sustituir a la que había fallecido. La magia les ayudaba a sobrevivir en esas situaciones sin recurrir a las figuras cuidadoras.
La evitación se identificó como la manera infantil de escapar, esconderse, desaparecer o desviar la atención hacia otra cosa, por ejemplo haciendo trucos con el muñeco del perro, durante una situación estresante. Esta estrategia de afrontamiento recogía las formas pasivas en que niñas y niños afrontaban situaciones que despertaban emociones.
La risa inapropiada representaba la manera infantil de afrontar situaciones estresantes con una reacción emocional inapropiada —es decir, la risa—, también ante el accidente cotidiano de derramar zumo o ante la tristeza de un progenitor. Estos relatos ilustraban las dificultades para expresar reacciones emocionales apropiadas en situaciones de malestar y, en un relato, se asociaba a la muerte de un progenitor.
La autosuficiencia describía la manera infantil de afrontar situaciones estresantes contando consigo mismo. Esta estrategia aparecía en relatos en los que el niño o la niña participante resolvía el problema implicándose personalmente en la historia en lugar de utilizar un muñeco; por ejemplo, fingiendo limpiar el zumo derramado del suelo o diciendo que no había ningún monstruo y acostando al muñeco del niño.
Por último, la ausencia de estrategia ilustraba las dificultades infantiles para contar un relato coherente sobre cómo afrontar una situación estresante. Se observó, por ejemplo, en la incapacidad o la falta de disposición para contar la historia, o en una conducta ansiosa y retraída durante la evaluación con inicios de historias.
Niñas y niños expresaron recibir distintos tipos de apoyo de distintas figuras cuidadoras. La solicitud, la intimidad y la tranquilización provenían de todas las figuras cuidadoras (es decir, los progenitores, la abuela, un hermano o hermana y el perro de la familia). En cambio, la empatía solo se vivía con el padre y la abuela. Los progenitores, los hermanos y el perro de la familia se veían como modelos y aportaban una ayuda concreta para afrontar el estrés. Por último, la alegría compartida solo se vivía con la abuela. Entre las formas de apoyo no óptimo, el castigo provenía de los progenitores y de la abuela, mientras que las experiencias de abandono solo se referían a la abuela. Todas las figuras cuidadoras se describían como faltas de respuesta, y la agresión física se identificaba como procedente de los progenitores y de la abuela, además de los propios niños y niñas. Las experiencias de protección agresiva se describían con el padre y el perro de la familia. Por último, la parentificación solo se refería a experiencias de inversión de roles con los progenitores.
Algunas estrategias de afrontamiento infantiles solo se identificaron en determinados tipos de acontecimientos estresantes. Recibir apoyo a través de la empatía de la figura cuidadora se asociaba a las lesiones, mientras que la tranquilización solo estaba presente cuando el niño o la niña tenía miedo. El miedo infantil suscitaba también la protección agresiva de la figura cuidadora. La ayuda concreta solo se observaba en situaciones ligeramente estresantes (es decir, derramar zumo o hacerse daño en la rodilla) y, curiosamente, algunos niños y niñas no mostraban ninguna estrategia de afrontamiento en esas situaciones. La parentificación y la evitación solo se suscitaban en situaciones muy estresantes (es decir, el conflicto entre los progenitores o la muerte de un tío). Por último, ciertos tipos de afrontamiento tendían a aparecer juntos: la ayuda concreta solía acompañarse de intimidad, y la agresión física, de risa inapropiada.
Pese a la falta de consenso sobre cómo debe entenderse el afrontamiento infantil, el apoyo de las figuras cuidadoras se ha reconocido como un factor importante que configura y caracteriza su desarrollo (Compas et al., 2001; Skinner & Zimmer-Gembeck, 2016). Sin embargo, la investigación sobre el afrontamiento de la infancia vulnerable cuyas madres consumen sustancias está ausente de la literatura, y nuestro estudio aborda esa laguna. En particular, evaluamos las experiencias de niñas y niños de 4 años con el apoyo de las figuras cuidadoras para afrontar situaciones estresantes y qué otras estrategias de afrontamiento describían. Mediante un análisis de contenido cualitativo de los relatos de esta población preescolar, identificamos siete experiencias de apoyo óptimo y seis experiencias de apoyo no óptimo de las figuras cuidadoras para afrontar situaciones estresantes. Además, se identificaron cinco estrategias de afrontamiento sin intervención de una figura cuidadora.
El apoyo óptimo se observó en las experiencias infantiles de (a) empatía, (b) solicitud, (c) intimidad, (d) tranquilización, (e) ejercer de modelo, (f) ayuda concreta y (g) alegría compartida por parte de las figuras cuidadoras. Nuestros resultados concuerdan con la visión jerárquica del afrontamiento e identifican las experiencias infantiles como estrategias de afrontamiento conceptualmente claras y mutuamente excluyentes —que abarcan la búsqueda de contacto, la búsqueda de consuelo y la ayuda instrumental— que podrían clasificarse en la familia de afrontamiento de búsqueda de apoyo (Skinner et al., 2003; Skinner & Zimmer-Gembeck, 2007). Más concretamente, estas experiencias describen formas adaptativas en que la infancia afronta el estrés con la ayuda de las figuras cuidadoras (Cicchetti & Rogosch, 2009), lo cual es notable dada la vulnerabilidad de nuestra muestra. Cabe señalar que las experiencias de empatía y de ayuda concreta solo se identificaron en situaciones ligeramente estresantes, con menos probabilidades de activar la conducta de apego. Aun así, niñas y niños recurrían al apoyo de las figuras cuidadoras para afrontar estresores leves. Como sugiere la literatura previa (McElwain et al., 2015; Skinner & Edge, 2002), estos resultados pueden indicar que las experiencias anteriores con las figuras cuidadoras guían el afrontamiento infantil también de estresores distintos de los vinculados al apego.
El apoyo no óptimo se identificó en las experiencias infantiles de (a) castigo, (b) abandono, (c) falta de respuesta, (d) agresión física, (e) protección agresiva y (f) parentificación. Las figuras cuidadoras aparecían así representadas como incapaces de responder adecuadamente a la búsqueda de apoyo infantil en situaciones estresantes. Experiencias similares se han relacionado con dificultades en la interacción entre figura cuidadora e hijo o hija en familias con consumo de sustancias (p. ej., Hatzis et al., 2017) y pueden indicar una falta de disponibilidad, una incoherencia e incluso una parentalidad desorganizada y desorientada de la figura cuidadora, que a menudo subyacen al apego inseguro (Main & Solomon, 1986; Out et al., 2009). Estudios previos han revelado con frecuencia asociaciones entre la agresión física y la inversión de roles (es decir, la parentificación en nuestro estudio) y el apego inseguro o desorganizado (Macfie et al., 2008; Savage, 2014), que suele parecer frecuente en la infancia vulnerable (Cyr et al., 2010). Esto puede deteriorar las habilidades de afrontamiento al crear un desajuste en la díada reguladora (Skinner & Zimmer-Gembeck, 2016). Además, los efectos de la exposición prenatal a sustancias sobre las capacidades de regulación (Beauchamp et al., 2020) y las habilidades cognitivas reducidas que caracterizaban a muchos niños y niñas de nuestro estudio podrían aumentar su vulnerabilidad ante los grandes estresores vitales, predisponiéndolos así a una psicopatología posterior (Kobak & Bosmans, 2019). Estos resultados apuntan a vulnerabilidades extensas en la población preescolar de nuestro estudio cuyas madres consumen sustancias.
Nuestros resultados indican también que la infancia vulnerable recurría con frecuencia a estrategias para afrontar el malestar sin intervención de las figuras cuidadoras. Estas estrategias incluían (a) la magia, (b) la evitación, (c) la risa inapropiada y (d) la autosuficiencia o bien (e) la ausencia de estrategia. Todas ellas podrían entenderse como adaptaciones funcionales que ayudaban a afrontar situaciones concretas, pero que probablemente resulten perjudiciales y desadaptativas a largo plazo (Wadsworth, 2015). Una excepción era la última categoría, la ausencia de cualquier estrategia, que recogía las dificultades generales y la reticencia para construir un relato y encontrar una estrategia de afrontamiento, en las que pudo influir un nivel de lenguaje más bajo. Sin embargo, esto también puede indicar una incoherencia en las representaciones internas y dificultades para comprender los acontecimientos emocionales (Kerns, 2013). En general, cuando las figuras cuidadoras no son una fuente de consuelo, niñas y niños aprenden a contar consigo mismos para afrontar los estresores y es probable que, en consecuencia, desarrollen relaciones de apego inseguras (Schechter et al., 2007; Skinner & Zimmer-Gembeck, 2016). Por tanto, los resultados sugieren también que, al afrontar las situaciones por sí solos, se veían obligados a regular su estrés por medios distintos de la búsqueda de apoyo. Esta dinámica concuerda con los resultados de otros estudios que muestran que, además de la búsqueda de apoyo, la infancia en edad preescolar recurre principalmente al retraimiento, la distracción y la acción directa ante los estresores (Skinner & Zimmer-Gembeck, 2007). Curiosamente, la evitación se ha reconocido como una estrategia de afrontamiento desmovilizadora que busca limitar la atención de las figuras cuidadoras y que puede observarse en entornos familiares que generan miedo (Davies & Martin, 2014). Más allá de ello, las estrategias de afrontamiento de la magia y de la expresión emocional inapropiada (es decir, la risa inapropiada en nuestro estudio), a menudo asociadas a los relatos de apego desorganizado (Duschinsky, 2020; Kerns, 2013), también podrían indicar entornos familiares estresantes, incluso tóxicos.
Además de los progenitores, la abuela, los hermanos y el perro de la familia aparecían a menudo como figuras cuidadoras que aportaban un apoyo tanto óptimo como no óptimo para afrontar el estrés. La implicación activa de todos los miembros de la familia podría deberse en parte a los inicios de historias, que introducían a esos personajes en los relatos. Sin embargo, niñas y niños de nuestro estudio, así como sus madres, se caracterizaban por haber recibido ya numerosos servicios sanitarios y sociales cuando llegaron a la edad preescolar, lo que podría sugerir vulnerabilidades ligadas al entorno de cuidados de esas familias. Es posible, por tanto, que el apoyo recibido de figuras cuidadoras distintas de los progenitores sirviera como factor de protección para quienes quizá vivieron un estrés tóxico relacionado con el consumo materno de sustancias en sus primeros años (Cicchetti & Rogosch, 2009). Este resultado concuerda también con los estudios que identifican a abuelas y abuelos como figuras importantes para apoyar el afrontamiento y el bienestar infantiles cuando los progenitores consumen sustancias (p. ej., Peterson Lent & Otto, 2018; Sheridan et al., 2011). Más de un tercio de los niños y niñas de nuestro estudio vivían además con sus abuelos o con una familia de acogida, lo que puede ayudar a explicar por qué algunos recurrían a figuras cuidadoras distintas de sus progenitores para afrontar situaciones estresantes.
Utilizamos dos listas de verificación distintas —una para el análisis de contenido (Elo et al., 2014) y otra para los estudios cualitativos (COREQ; Tong et al., 2007)— para examinar la fiabilidad del análisis de contenido cualitativo en cada fase. Según Elo et al. (2014), nuestro enfoque del análisis de contenido era convencional. Utilizamos un conjunto de datos preexistente que, aunque imponía limitaciones, contenía datos recogidos sistemáticamente y susceptibles de análisis. Las preguntas importantes relativas a la fiabilidad eran, en primer lugar, en qué medida el método narrativo de inicios de historias orientaba nuestros resultados al producir ciertos tipos de relatos. Por ejemplo, es probable que, en juego libre, niñas y niños hubieran contado relatos diferentes. No obstante, el método se ha reconocido como una herramienta valiosa y adecuada a la edad para comprender de forma más amplia las representaciones y el mundo interno de la infancia, en particular en lo que respecta a las experiencias vinculadas al apego y a la resolución de conflictos (Holmberg et al., 2007). Dimos prioridad a la transferibilidad de los resultados describiendo de forma detallada los datos, el método de muestreo y a las personas participantes, y mostrando un ejemplo de registro de auditoría (véase la Tabla A2) de cómo se derivaron las categorías de los datos originales.
En segundo lugar, el contexto de nuestra muestra influyó en nuestra interpretación de los resultados. Para ilustrar esa influencia, hemos destacado los complejos entornos de cuidados de niñas y niños (p. ej., variaciones en el consumo materno de sustancias, historiales sanitarios infantiles y lugar de residencia) con todo el detalle que permite el respeto del anonimato de las personas participantes. Además, hemos tenido en cuenta los sistemas sanitarios y de servicios sociales de los que disponen en Finlandia las familias con consumo de sustancias, muy diferentes de los de muchos otros países.
Por último, un sesgo de la investigadora puede haber influido en nuestros resultados, principalmente porque la primera autora había tenido contacto clínico con algunas de las familias participantes. Ese contacto pudo afectar a la interpretación de los relatos infantiles, pero probablemente también permitió una comprensión más profunda de sus experiencias. Para minimizar ese posible sesgo, dos investigadoras participaron en la creación de las categorías y las unidades de sentido que surgían de los relatos. Al analizar los resultados, utilizamos no solo el texto sino también el vídeo, para lograr una comprensión completa de experiencias infantiles que a veces quedaban mejor ilustradas por el juego que por las descripciones verbales. Todas las autoras discutieron las categorías elaboradas, confirmaron que no se solapaban y, cuando fue necesario, consultaron los datos originales para precisar los resultados. A diferencia de lo previsto por los COREQ (Tong et al., 2007), no dispusimos de notas de campo sobre nuestros datos, porque la recogida formaba parte del trabajo clínico. Devolver las transcripciones a las personas participantes y pedirles que verificaran los resultados tampoco era aplicable en nuestro estudio.
La primera limitación del estudio era que los datos preexistentes recogidos con el ASCT orientaban nuestras preguntas de investigación y pueden haber descartado otros objetivos importantes. No obstante, las preguntas de investigación respondían a una clara laguna de la literatura sobre el afrontamiento de la infancia vulnerable en edad preescolar cuyas madres consumen sustancias. Una segunda limitación era que el consumo materno de sustancias cuando niñas y niños tenían 4 años se midió solo mediante autoinforme, con muchas respuestas faltantes. Esa limitación dificultó una comprensión clara de las características del consumo materno en el momento del estudio. Sin embargo, los trastornos por consumo de sustancias son a menudo problemas crónicos que tienden a presentar recaídas frecuentes con el tiempo, lo que sugiere que el consumo grave durante el embarazo, mejor documentado, probablemente indicaba problemas posteriores de consumo. En tercer lugar, como utilizamos un análisis de contenido cualitativo distinto de los métodos tradicionales de análisis de los relatos infantiles, nuestros resultados no pueden generalizarse a otros grupos o poblaciones de hijos e hijas de madres con consumo problemático de sustancias más allá de nuestra muestra. Cabe señalar también que el método narrativo nos permitió explorar representaciones infantiles que no pueden interpretarse como sus experiencias reales. Aun así, el enfoque cualitativo nos permitió construir una comprensión e interpretar el sentido de las experiencias de la primera infancia vulnerable en un contexto naturalista de forma más profunda de lo que permiten los métodos de análisis tradicionales.
Nuestros resultados ponen de relieve que la infancia en edad preescolar cuyas madres consumen sustancias emplea diversas estrategias de afrontamiento que implican a las figuras cuidadoras. Como cuidar exige afrontar el estrés, algo que a menudo resulta difícil para madres y padres con consumo problemático de sustancias (Rutherford & Mayes, 2019), nuestro estudio sugiere que es importante, en el trabajo clínico, apoyar los cuidados que proporcionan los progenitores con consumo de sustancias, incluidas su sensibilidad y su función reflexiva, con intervenciones que comiencen durante el embarazo. Por ejemplo, se ha comprobado que las intervenciones basadas en el apego dirigidas a familias con consumo de sustancias (p. ej., Attachment and Biobehavioral Catch-up; Bick et al., 2013; Mothering from the Inside Out; Suchman et al., 2017) apoyan la sensibilidad y la función reflexiva parentales, así como la seguridad del apego y las capacidades de regulación infantiles. Además, es crucial enseñar a la infancia distintas estrategias de afrontamiento —por ejemplo, mediante intervenciones basadas en la terapia cognitivo-conductual (p. ej., Ruocco et al., 2018)—, porque la infancia vulnerable puede necesitar un repertorio de habilidades de afrontamiento más amplio que la de menor riesgo ante estresores incluso leves (Wadsworth, 2015).
Nuestros resultados indican varias orientaciones para la investigación futura. En primer lugar, es necesario esclarecer cómo se asocian un apoyo no óptimo o ausente de las figuras cuidadoras en el afrontamiento con el desarrollo socioemocional posterior de la infancia vulnerable. De forma más general, nuestros resultados plantean preguntas importantes sobre qué factores pueden explicar las diferencias en las estrategias de afrontamiento infantiles, a las que podrían responder diseños de estudio cuantitativos. En segundo lugar, nuestro enfoque guiado por los datos respaldó la visión jerárquica del afrontamiento al encontrar distintas estrategias que describen la conducta de afrontamiento de búsqueda de apoyo en la edad preescolar. Los resultados pueden así servir a futuros estudios que busquen hacer avanzar la jerarquía del afrontamiento y formular categorías de afrontamiento para la infancia vulnerable. Por último, pese al entorno de alto riesgo de estas niñas y estos niños, nuestros hallazgos de numerosas estrategias de afrontamiento adaptativas podrían indicar la plasticidad del cerebro y la importancia de los factores de protección para configurar las formas infantiles de afrontamiento (Skinner & Zimmer-Gembeck, 2016). Por ello, los estudios futuros deberían identificar qué factores protegen contra un desarrollo desadaptativo de las habilidades de afrontamiento de la infancia vulnerable.
Nuestro estudio ha puesto de relieve que la infancia en edad preescolar cuyas madres consumen sustancias vive tanto el apoyo de las figuras cuidadoras como un apoyo no óptimo al afrontar los estresores cotidianos. Cuando las figuras cuidadoras no intervenían, estas niñas y estos niños afrontaban la situación por sí solos, a menudo de manera desadaptativa. La función de las figuras cuidadoras de ajustar el nivel de estrés para que la infancia pueda aprender estrategias de afrontamiento adaptativas es esencial, porque se sabe que el afrontamiento infantil influye en el desarrollo socioemocional y en la psicopatología posterior. A partir de nuestros resultados, las intervenciones deberían, por tanto, dirigirse tanto a los cuidados como a las estrategias de afrontamiento infantiles para apoyar el bienestar de la infancia vulnerable.
Complexe Systémique: puntos clave
Pedir a niñas y niños de 4 años que completen historias representadas con figuritas nos acerca a lo que no podrían decir de otro modo: cómo, en su mundo interno, se afronta una rodilla raspada, un monstruo o una discusión entre progenitores. El interés sistémico del estudio es doble. En primer lugar, el apoyo no proviene solo de los progenitores: la abuela, los hermanos e incluso el perro de la familia aparecen como figuras cuidadoras, lo que invita a cartografiar toda la red de apego de un niño o una niña cuya madre consume sustancias, en lugar de limitarse a la díada madre-hijo. En segundo lugar, la magia, la evitación, la risa a destiempo o la parentificación pueden leerse como adaptaciones funcionales a un contexto imprevisible, que conviene reconocer como tales antes de intentar corregirlas. Los límites son importantes: solo 29 niñas y niños, datos recogidos con otros fines, consumo materno mal medido a los 4 años y una primera autora que había tenido contacto clínico con algunas de las familias. Puede leerse junto con la revisión realista de las intervenciones familiares para hijos e hijas de progenitores que consumen sustancias y el artículo sobre la vivencia emocional de la parentificación.
Notas del original
Agradecimientos. Queremos dar las gracias a las familias que participaron en esta investigación por su valioso tiempo y su esfuerzo. Este trabajo contó con el apoyo de una ayuda de la Finnish Cultural Foundation a la primera autora y de la facultad universitaria de la primera autora.
Declaración de conflicto de intereses. La autoría no declaró ningún posible conflicto de intereses.
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Traducción no oficial de Preschool children’s coping and caregiver support in families with maternal substance misuse: A qualitative study, de Noora Hyysalo, Minna Sorsa y Marjo Flykt, Nordic Psychology, vol. 75, n.o 3, pp. 273-294 (2023), doi: 10.1080/19012276.2022.2085160, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción, tablas presentadas como listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción del artículo original «Preschool children’s coping and caregiver support in families with maternal substance misuse: A qualitative study», publicado en Nordic Psychology (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Hyysalo, N., Sorsa, M., et Flykt, M. (2023). Preschool children’s coping and caregiver support in families with maternal substance misuse: A qualitative study. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/preschool-children-s-coping-and-caregiver-support-in-families-with-maternal-substance (Obra original publicada en 2023 en Nordic Psychology, 75(3), 273-294 (2023); republicada en 2023 por Nordic Psychology, https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/19012276.2022.2085160)
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