Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Qualitative Social Work · Trabajo social
Veintidós niñas y niños de 6 a 17 años, en Suecia, que reciben apoyo de ONG porque un familiar bebe, tiene problemas de salud mental o es violento, hablan de su familia. A través de Hannah, Farhan y Vicky, el estudio muestra cómo, ante el desprecio, la desconfianza o la indiferencia de una persona adulta, la infancia negocia la cercanía y la distancia y recupera el control de su propia historia.
Traducción no oficial al español de Children’s agency when experiencing family-related adversities: The negotiation of closeness and distance in children’s personal narratives, de Stina Michelson, publicado en Qualitative Social Work (SAGE) (2023), doi: 10.1177/14733250211066823, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Los fragmentos de entrevista se presentan como citas en bloque; la nota a pie de página y las declaraciones finales del artículo (agradecimientos, ética, conflicto de intereses, financiación) se agrupan en las notas; no se reproduce la dirección de correspondencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
La negociación de la cercanía y la distancia por parte de niñas y niños puede funcionar como un medio para adquirir poder sobre lo que quizá sea lo único que se puede controlar en una situación vital difícil: la propia narrativa personal.
Stina Michelson
Resumen
Las perspectivas de niñas y niños sobre las adversidades familiares son importantes para la práctica y la teoría del trabajo social. La indagación cualitativa en sus narrativas personales puede contribuir a una comprensión más profunda de su empeño por afrontar relaciones y experiencias difíciles en el contexto familiar. El presente estudio explora la agencia infantil centrándose específicamente en cómo niñas y niños negocian relaciones y experiencias familiares difíciles en sus narrativas personales y a través de ellas. El análisis se basa en entrevistas centradas en quien narra, realizadas a 22 niñas y niños de entre 6 y 17 años que reciben apoyo vinculado a sus experiencias de adversidades familiares. Los hallazgos sugieren que negocian las relaciones y experiencias difíciles en términos de cercanía y distancia. Esto se manifiesta en su práctica narrativa de posicionarse y reposicionarse, y de posicionar y reposicionar a los demás, en su relato y a través de él. Los hallazgos se teorizan en relación con los conceptos de poder y de falta de reconocimiento. Por último, se discuten las implicaciones para la práctica y la investigación en trabajo social, con énfasis en cómo promover una actitud no instrumental hacia las perspectivas y experiencias de la infancia en el sistema de protección infantil. El presente estudio sugiere que este propósito se beneficiaría de una comprensión de la infancia y de su saber centrada en niñas y niños y de carácter narrativo.
Palabras clave: Infancia, narrativa, poder, agencia infantil, narrativas personales de niñas y niños, adversidades familiares
La infancia se ve afectada por el contexto familiar, y las relaciones familiares son aspectos importantes de la vida de la mayoría de niñas y niños (Corsaro, 2015). Como institución social, «la familia» ocupa un lugar destacado en la construcción de la niñez y de la infancia (Näsman et al., 2015). Además, la infancia se caracteriza en general por un desequilibrio de poder relacional (Matthews, 2007). La estructura generacional familiar suele ser asimétrica (Alanen, 2009), y las personas adultas con las que niñas y niños mantienen relaciones suelen tener poder sobre ellos (Matthews, 2007). Si bien el «poder adulto» en el contexto familiar puede entenderse en términos de cuidado, apoyo y orientación (Smith, 2014), también puede resultar problemático. Por ejemplo, Johnstone y Boyle (2018) han señalado que el ejercicio del poder se vuelve problemático cuando se utiliza para coaccionar o silenciar a otras personas. El presente estudio parte del supuesto de que las relaciones de poder familiares tienen implicaciones particulares para niñas y niños que viven adversidades familiares. En estos casos, su posición en el contexto familiar se caracteriza a menudo por el hecho de que dependen, en mayor o menor medida, de personas adultas que pueden carecer de la capacidad de usar su poder adulto conforme al interés superior del niño o la niña. Por ello, el énfasis en la familia como «escenario natural» de la infancia (Smith, 2014) puede resultar problemático para quienes tienen vínculos familiares con personas adultas que luchan con problemas psicosociales o que les exponen a diversas formas de maltrato.
Las niñas y los niños que se encuentran en esta posición pueden entenderse como relativamente impotentes, ya que pueden carecer de los recursos necesarios para escapar de personas adultas y circunstancias dañinas o para evitarlas (Johnstone y Boyle, 2018). No obstante, la infancia —al igual que la edad adulta— está formada por sujetos activos que construyen sentido en cada interacción (Prout y James, 2015), y la investigación previa ha mostrado que niñas y niños recurren a diversas estrategias para afrontar los problemas de familiares adultos y sus consecuencias (véanse, p. ej., Fjone et al., 2009; Kroll, 2004; Nesmith y Ruhland, 2008). Sin embargo, se sabe poco sobre cómo comprenden y negocian la ambigüedad de tener relaciones familiares con personas adultas que, en distinta medida, pueden carecer de la capacidad de usar su poder para cuidarles, apoyarles y orientarles. Por ello, el presente estudio tiene como objetivo explorar la agencia de niñas y niños que viven adversidades familiares, centrándose específicamente en el elemento de negociación presente en sus narrativas personales. La pregunta de investigación es: ¿qué hacen niñas y niños, en su relato y a través de él, cuando negocian relaciones y experiencias familiares difíciles para afrontar su situación?
El estudio se centra en niñas y niños que se enfrentan, o se han enfrentado, a una o varias adversidades en su contexto familiar durante la infancia. El concepto general de adversidades familiares se utiliza para abarcar tanto las circunstancias familiares como el maltrato infantil. Las circunstancias familiares —como el consumo problemático de sustancias, los problemas de salud mental o la delincuencia de los progenitores— y el maltrato infantil coexisten con frecuencia (Hughes et al., 2017; Spratt, 2012). Por ello, tiene sentido utilizar un concepto general para abarcar las diversas experiencias de adversidad que niñas y niños viven aquí y ahora.
Las niñas y los niños que se enfrentan a adversidades familiares constituyen un grupo heterogéneo, y su situación vital depende de muchos factores contextuales. No obstante, existen pruebas sólidas de que la experiencia de adversidades familiares en la infancia está vinculada a consecuencias negativas en su vida, tanto en el presente como en el futuro (véanse, p. ej., Dam y Hall, 2016; Spratt, 2012; Tinnfält et al., 2011). La investigación cualitativa que cuenta con niñas y niños como informantes ha aportado conocimientos sobre cómo comprenden su situación (Trondsen, 2012), sobre sus estrategias para afrontarla (Dam y Hall, 2016; Överlien, 2017), sobre su visión de la revelación (Tinnfält et al., 2011) y sobre el apoyo social (Munford y Sanders, 2020). Munford y Sanders (2020: 53–54) muestran que la juventud que ha vivido adversidades desde edad temprana describe numerosas experiencias de falta de reconocimiento, como verse ignorada, juzgada, tratada con desprecio y considerada indigna, en ámbitos clave de su vida cotidiana. Además, Aadnanes y Gulbrandsen (2018: 594) muestran que las personas jóvenes que han sufrido maltrato perciben el abuso psicológico y emocional y la negligencia como lo más doloroso. Un tema central es, por tanto, la perspectiva de niñas y niños sobre cómo sus experiencias han afectado a su propia persona.
Otros temas recurrentes en la investigación sobre las experiencias infantiles son el secreto y el miedo al estigma (Fjone et al., 2009; Hill, 2015). El concepto de «secreto familiar» recoge el hecho de que las adversidades familiares a menudo se mantienen ocultas y no se comunican, tanto dentro de la familia como frente al entorno. Callar puede ser también una estrategia que las propias niñas y niños utilizan para aliviar sentimientos de vergüenza y de indignidad (Munford y Sanders, 2020). Así, muchos niños y niñas en situaciones vitales difíciles nunca llegan a entrar en contacto con los servicios sociales (Archard y Skivenes, 2009; Heimer et al., 2018), y existe el riesgo de que no reciban el apoyo y la protección que necesitan.
Además, la investigación ha mostrado que, cuando niñas, niños y sus familias sí entran en contacto con el sistema de protección infantil, la infancia y las personas adultas expresan a menudo puntos de vista distintos sobre cuál es el problema (Heimer et al., 2018). Knezevic (2017: 471) sostiene que la credibilidad está distribuida de forma desigual debido a relaciones estructurales de poder como la relación entre persona adulta y niño o niña. Dado este desequilibrio de poder, existe el riesgo de que las perspectivas de la infancia queden marginadas en favor de las de las personas adultas, tanto familiares como profesionales del trabajo social (Heimer et al., 2018; Van Bijleveld et al., 2015). La investigación sobre la participación infantil en el sistema de protección muestra que, cuando profesionales del trabajo social se oponen a la participación, ello suele derivar de una concepción sociocultural de la infancia como vulnerable y necesitada de protección adulta (Van Bijleveld et al., 2015). En otras palabras, el énfasis en la protección suele prevalecer sobre el derecho de niñas y niños a participar (Heimer et al., 2018), lo que ha hecho que la infancia en situación de riesgo no sea escuchada en los servicios de bienestar social. En suma, las circunstancias familiares, organizativas y discursivas pueden privar a niñas y niños tanto de su derecho a ser escuchados como de la satisfacción de su necesidad de apoyo y protección adecuados.
El primer punto de partida teórico del presente estudio es la sociología de la infancia (Mayall, 2000; Prout y James, 2015). La infancia se entiende como individual y ligada al contexto, y niñas y niños se entienden como sujetos sociales que construyen sentido (Matthews, 2007; Prout y James, 2015). Aquí resulta pertinente el concepto de agencia. En el marco del estudio, la agencia se entiende como «la producción creativa de la vida social» (Prout y James, 2015: 23) y se utiliza como concepto general para abarcar la práctica infantil de actuar en las estructuras sociales y sobre ellas en la vida cotidiana, así como en las narrativas personales. Överlien (2017: 681) sostiene que las posiciones de sujeto de niñas y niños pueden verse limitadas, por ejemplo, por los discursos adultos sobre el hogar y la infancia. Subraya la importancia de investigar a niñas y niños, sus prácticas y sus posiciones discursivas con independencia de esas posibles limitaciones y restricciones. Munford y Sanders (2015) han mostrado que la búsqueda de agencia es central en las experiencias de la juventud, y Heimer et al. (2018) sugieren que centrarse en la agencia infantil es quizá aún más importante cuando niñas y niños se encuentran en situaciones vitales de vulnerabilidad. Poner el acento en la infancia como conjunto de actores que construyen sentido y tienen derecho a voz puede ayudar a no concebirla como víctima pasiva.
El segundo punto de partida teórico del estudio es un enfoque narrativo de las perspectivas y las voces de la infancia (Reissman, 2008; Squire et al., 2014). Las narrativas pueden verse como acciones sociales que se crean en un contexto y que se nutren de relatos culturales compartidos (Atkinson y Delamont, 2006). Las narrativas personales que cada persona construye sobre sí misma y sobre su vida reflejan diálogos anteriores y la voz del contexto en el que se sitúa (Hydén, 2014; Reissman, 2008). Esto significa que en el relato de niñas y niños puede oírse cómo otras personas les han posicionado. Sin embargo, la infancia no se limita a recibir pasivamente las palabras y acciones adultas: niñas y niños son sujetos que participan activamente en las interacciones y relaciones sociales (Prout y James, 2015). Al contar su historia, niñas y niños también se implican en una práctica narrativa de negociación de relaciones y experiencias. El presente estudio parte del supuesto de que esta práctica narrativa puede estudiarse centrando el análisis en cómo se posicionan y se reposicionan, y posicionan y reposicionan a los demás, en su relato y a través de él (Bamberg, 1997; Deppermann, 2015).
El estudio forma parte de un proyecto de investigación más amplio centrado en las perspectivas de niñas y niños sobre la experiencia de adversidades familiares durante la infancia. Se entrevistó a veintidós niñas y niños,1 de entre 6 y 17 años, sobre su persona, sus relaciones y su vida cotidiana. Todas las personas participantes fueron reclutadas en dos organizaciones no gubernamentales (ONG) suecas que ofrecen apoyo a niñas y niños que viven adversidades familiares. Esto implicaba, entre otras cosas, que todas las personas participantes sabían de los problemas de la familia y que ya habían recibido cierto apoyo, moldeado por ese contexto, sobre cómo enmarcar, comprender y afrontar su situación. Según lo que describieron, uno o varios miembros de la familia sufrían uno o más de los siguientes problemas: problemas de salud mental, problemas relacionados con el alcohol o las drogas, delincuencia o encarcelamiento, conductas agresivas o violentas, y conflicto o divorcio. Un tema recurrente en sus narrativas personales era la experiencia de abuso y negligencia de diversas formas. Buena parte de ellas, aunque no todas, tenía o había tenido contacto con los servicios sociales. Dos de las personas participantes vivían en una familia nuclear con su padre y su madre biológicos, y dos vivían en acogimiento familiar. La gran mayoría vivía en constelaciones familiares extensas, algunas con contacto esporádico o nulo con el familiar que identificaban como problemático.
El proyecto se llevó a cabo de acuerdo con los principios éticos recomendados para las ciencias sociales en Suecia, con la aprobación de la Autoridad Sueca de Revisión Ética. El reclutamiento comenzó con reuniones con las dos organizaciones para asegurar su apoyo al proyecto. Una vez obtenido el acceso, visité las organizaciones en varias ocasiones para conocer a niñas y niños y presentarles el estudio. Durante mis visitas, tuvieron la oportunidad de hacer preguntas y se les dio tiempo para considerar la invitación a participar. Se les informó del objetivo del estudio, del carácter voluntario de la participación y de su derecho a retirar su consentimiento en cualquier momento. También se les informó de que, si lo necesitaban, podían recibir apoyo emocional de la organización después de las entrevistas. Quienes decidieron participar dieron entonces su consentimiento por escrito. Para quienes tenían menos de 15 años, también se informó a sus representantes legales, que dieron igualmente su consentimiento por escrito. El diseño del estudio se guio por un enfoque narrativo y centrado en la infancia (Kearns, 2014; McNamara, 2011), y el objetivo constante fue que la participación resultara comprensible, segura y significativa para cada niña o niño. Con cada participante se mantuvieron dos entrevistas, con aproximadamente un mes entre ambas entrevistas, para crear un espacio seguro y dar tiempo a hablar de temas potencialmente delicados. Propuse algunos temas, preguntas y ejercicios basados en el interés general por las historias que contaban sobre su vida, pero me dediqué sobre todo a escuchar activamente y a seguir sus relatos (Hydén, 2014). Tengo experiencia profesional en orientación psicológica infantil, lo que resultó útil en nuestras conversaciones. Al final de la primera entrevista, cada participante recibió un cuaderno y se le dijo que, si quería, podía usarlo para anotar pensamientos, preguntas o ideas de temas antes de la segunda entrevista. Entre las dos entrevistas, transcribí la primera y formulé preguntas de seguimiento sobre los temas que habían surgido en ella.
Todas las entrevistas se grabaron y se transcribieron literalmente. A continuación, el material se analizó mediante un análisis narrativo temático y performativo (Reissman, 2008; Squire et al., 2014). En primer lugar, se reunió todo el material en el que niñas y niños hablaban de sí mismos en relación con el familiar que habían identificado como problemático. En segundo lugar, se realizó un análisis narrativo temático centrado en lo que decían sobre los problemas de sus familiares, las consecuencias en su propia vida y sus prácticas cotidianas para afrontar esas dificultades. El material se estudió primero caso por caso y luego de forma comparada, para identificar temas recurrentes. El análisis buscaba discernir temas transversales a los relatos más que temas que pudieran extraerse de cada relato (Squire et al., 2014). Mediante este análisis se desarrolló el tema que se convirtió en el eje principal del presente estudio: el empeño infantil por negociar relaciones y experiencias familiares difíciles en términos de cercanía y distancia. En tercer lugar, se integró un análisis narrativo performativo con el análisis narrativo temático (Reissman, 2008). Aquí, la atención se dirigió a cómo niñas y niños se narraban a sí mismos y narraban sus relaciones familiares, es decir, a su práctica narrativa. El análisis del posicionamiento (Bamberg, 1997; Deppermann, 2015) se utilizó como principal herramienta analítica. Deppermann (2015) sugiere que el concepto de posicionamiento puede servir para dilucidar cómo las personas despliegan y negocian sus identidades en su relato y a través de él. Como afirman Squire et al. (2014: 64), las posiciones que eligen las personas son «constituyentes de las narrativas», y el concepto de posicionamiento ayuda a centrar el análisis en cómo las personas recurren a recursos y relaciones discursivos en sus narrativas personales. Por ello, la atención se dirigió a cómo niñas y niños se posicionaban y reposicionaban, y posicionaban y reposicionaban a los demás, tanto en las historias contadas como en el acto mismo de contarlas. El trabajo interpretativo abordó también la cuestión del porqué, es decir, las posibles funciones de ese empeño infantil por reposicionarse a sí mismos y a los demás de esas maneras concretas. Las narrativas y los fragmentos de texto que se presentan a continuación se han traducido y editado para facilitar su lectura, sin alterar su significado.
Todas las niñas y niños participantes describen cómo su propia vida se ha visto afectada negativamente, de un modo u otro, por su familiar o por la situación difícil. El análisis muestra que otras personas les han posicionado (por familiares y, en el plano discursivo, por ideas sobre la infancia y la niñez) y que negocian estas experiencias orientándose entre la cercanía y la distancia en su relato. Los conceptos de cercanía y distancia pueden entenderse como los dos extremos de un continuo a lo largo del cual se desplazan al narrar. La orientación hacia la cercanía se caracteriza por la voluntad, expresada en el relato, de mantener una relación cercana y afectuosa con el familiar. La orientación hacia la distancia se caracteriza por la voluntad, expresada en el relato, de separar la propia vida de la del familiar, física o relacionalmente. Los resultados muestran que a menudo es la ambigüedad de la situación lo que obliga a niñas y niños a negociar sus relaciones familiares en términos de cercanía y distancia. Unos pocos se orientan «sin conflicto» hacia la cercanía en su relato, pero la mayoría parece implicarse en un proceso en el que, de forma directa o ambivalente, se orienta hacia la distancia. Las narrativas personales de tres participantes, Hannah, Farhan y Vicky (seudónimos), servirán de ejemplos ilustrativos a lo largo de esta sección de resultados. En conjunto, recogen los temas principales del empeño de todas las personas participantes por negociar relaciones y experiencias difíciles posicionándose y reposicionándose, y posicionando y reposicionando a los demás, en su relato y a través de él.
Nuestra primera narradora, Hannah (16 años), identifica a su padre como portador del problema. Lo describe como enfermo mental y lo presenta como una persona muy exigente. Hannah vive con su madre y sus hermanos e intenta, en la medida de sus posibilidades, evitar todo contacto con su padre. Cuando se le pide que describa su situación, dice:
Bueno, es como que… mi padre nunca ha sido muy amable conmigo. Me ha tratado fatal y a mis hermanos los ha tratado mucho mejor. Y, o sea, me ha dicho que soy fea, que hago las cosas mal. A veces comenta que como demasiado.
Hannah presenta a su padre como una persona injusta que la trata de forma distinta que a sus hermanos. Dice que «a veces se siente como el patito feo», lo que puede entenderse como un ejemplo de cómo atribuye su baja autoestima a las palabras y los actos de su padre. Entre otras cosas, la narrativa personal de Hannah ilustra una experiencia que relatan muchas de las personas participantes: la experiencia de que un familiar les atribuya el papel de portar el problema.
Farhan (16 años) es nuestro segundo narrador. Identifica a su tío, que antes estaba a cargo de su cuidado, como portador del problema. Según Farhan, las «creencias religiosas» de su tío eran la razón por la que limitaba su libertad y lo exponía a la violencia. Farhan recibió ayuda de los servicios sociales hace 2 años y ahora vive en acogimiento familiar. Presenta a su tío como alguien que «no ha sido muy bueno» con él y que desconfiaba de él constantemente. Atribuye a su tío la baja confianza en sí mismo que tenía antes y dice que, desde que se mudó a su familia de acogida, su vida «ha pasado del infierno al paraíso». A lo largo de su relato, Farhan subraya las dificultades derivadas de la desconfianza de su tío. Por ejemplo, su tío siempre sospechaba que salía con chicas cuando, en realidad, iba a actividades extraescolares para estudiar:
Es que no me creía. Así que le dije: «¡Pero puedes venir conmigo al instituto, pregunta en el instituto! Puedes ir a la actividad extraescolar y preguntar por mí. Si te dicen que no estoy, entonces puedes hacer lo que quieras, ¡entonces soy yo el que está mal!». Pero nunca lo hizo. No quería escucharme. Pensaba que tenía razón todo el tiempo. Pero no la tenía.
Farhan cuenta cómo intentó razonar con su tío sin éxito. Entre otras cosas, la narrativa personal de Farhan ilustra una experiencia que relatan muchas de las personas participantes: la experiencia de que un familiar les niegue su confianza.
Nuestra tercera narradora, Vicky (16 años), identifica a su padre como portador del problema y lo describe como «un alcohólico». La madre de Vicky ha fallecido y Vicky vive en acogimiento familiar. Presenta a su padre como una persona «pesada». Describe cómo llegó a estar tan cansada de que estuviera siempre «borracho y agresivo» que dejó de tener contacto con él hace 3 años. Aun así, también parece entender su situación actual como consecuencia de los problemas de su padre. Dice:
Ha elegido el alcohol antes que a mí y a mi hermano muchísimas veces. Te hace sentir que no eres importante, que no eres lo bastante importante para que lo deje.
Vicky también dice que «ni siquiera sus hijos son más importantes que el alcohol». En otras palabras, parece entender a su padre como alguien que ha elegido no darles prioridad ni a ella ni a su hermano. Entre otras cosas, la narrativa personal de Vicky ilustra una experiencia que relatan muchas de las personas participantes: la experiencia de que un familiar les relegue a un lugar sin importancia.
El análisis sugiere que las niñas y niños participantes ya han vivido que otras personas les posicionen de maneras problemáticas y que utilizan sus narrativas personales para afrontar esta experiencia de diversas formas. Su agencia narrativa puede oírse en su empeño por negociar la cercanía y la distancia reposicionándose y reposicionando a sus familiares en su relato y a través de él. Las narrativas personales de Hannah, Farhan y Vicky ilustrarán las dos prácticas principales observadas: reposicionarse y reposicionar a los demás.
Hannah ofrece un primer ejemplo. En el siguiente fragmento, está contando cómo ha decidido recientemente dejar de responder a los mensajes de su padre. Esto ha provocado una fuerte reacción en su familia, sobre todo por parte de su padre:
A veces me escribe, pero nunca le contesto. Porque estoy harta de él. Y sí, se enfadó conmigo hace unas dos semanas por eso. Me dijo que era inmadura, que tenía que comportarme mejor, que era tonta por no contestar a sus mensajes. Así que le dije: «Tengo mi propia vida, tengo el instituto, llego cansada del instituto. Trabajo tres días a la semana, estoy cansada, no tengo energía para mandar otro mensaje».
Aquí, Hannah da un ejemplo de cómo su padre le discute su forma de crear distancia. Tiene que negociar su voluntad de dar prioridad a sus propias necesidades con las expectativas de su padre. Su relato ilustra que su padre la ha situado como un problema, pero que ella, por su parte, se reposiciona como agente que toma decisiones acordes con sus propias necesidades.
Farhan ofrece otro ejemplo de cómo niñas y niños negocian la situación reposicionándose. Al recordar sus difíciles experiencias en casa de su tío, dice:
Es una cosa mala que me haya tratado así, pero lo bueno es que me he convertido en tan buena persona. No creo que hubiera sido la persona que soy hoy si me hubiera quedado en su casa. No lo creo.
Aquí, Farhan parece dar sentido a sus difíciles experiencias pasadas centrándose en el hecho de que lo llevaron a una vida mejor en el presente. Atribuye el cambio al hecho de haberse alejado de quien estaba a cargo de su cuidado: esa es la razón por la que ahora su vida es mejor. En otras palabras, la negociación reside en cómo Farhan negocia su propia identidad en relación con sus experiencias difíciles. En su relato, se reposiciona: de víctima pasa a superviviente.
Otra práctica bastante destacada en los relatos infantiles es el acto de reposicionar a los demás de un modo u otro. Vicky, a través de su relato, reposiciona a su padre de «progenitor» a «persona». Dice: «Se llama Jonny, así que lo llamo Jonny y ya está. Siento que ha perdido el derecho a llamarse padre». Aquí, Vicky pone de relieve que su padre no cumple los requisitos de la paternidad. En el siguiente fragmento, cuenta una ocasión en que su padre estaba borracho y agresivo al teléfono:
Vicky: Y entonces le dije, porque notaba que estaba borracho, le dije: «Si sigues bebiendo, ya no eres mi padre. No tienes derecho a llamarte padre si ni siquiera puedes estar ahí para mí». Pero seguramente no se acuerda, porque estaba muy borracho. Pero creo que sabe, de todas formas, lo que quiero decir, lo que siento por él.
Persona entrevistadora: ¿Cómo te sentiste después de decirle eso?
Vicky: Sentí como un pequeño alivio.
Persona entrevistadora: ¿Qué fue… qué crees que hizo que fuera un alivio?
Vicky: Porque así por fin salía de mi vida.
Aquí, Vicky tiene que negociar el hecho de que su padre no está ahí para ella como debería estarlo un padre. Aunque quizá lucha con sentimientos de abandono, Vicky hace algo con la relación al orientarse hacia la distancia. A través de su relato, toma el control de la narrativa. El «alivio» puede entenderse como expresión de la ausencia de negociación, en la medida en que crear distancia narrativa puede funcionar como un medio para evitar la negociación. Vicky cuestiona la capacidad de su padre para ejercer la paternidad. Es el hecho de que no pueda «estar ahí» para ella lo que se aparta de la idea de lo que hace un padre o una madre. Vicky narra el episodio como un punto de inflexión y dice que ha supuesto un cambio en su propia vida:
Vicky: Bueno, ya no me afecta tanto
Persona entrevistadora: No
Vicky: Si está sobrio, pues mejor para él. Mañana me despertaré sintiéndome genial. Y si no está sobrio, mañana me despertaré igual y me sentiré genial. No me afecta para nada
Persona entrevistadora: No te afecta para nada
Vicky: O sea… lo único que podría hacer ahora mismo para que las cosas fueran mejor es ponerse en contacto
Vicky se presenta como alguien que ha logrado desvincular su bienestar del de su padre y de su forma de beber. Al reposicionarlo, le resta importancia en su vida. En la última frase, sin embargo, deja abierta la posibilidad de recuperar la relación en el futuro. Esto podría entenderse como una lucha interna o como una capacidad de aceptar la incertidumbre. Quizá Vicky esté gestionando dos proyectos a la vez: el de cuidar de sí misma y el de mantenerse abierta a un cambio en el futuro.
Como Vicky, Hannah negocia la relación reposicionando a su padre. Dice que «cuando la gente me pregunta si tengo padre, digo que sí, pero nunca podría decir que es un padre». Y continúa:
Hannah: Intento sacarlo de mi vida porque no lo quiero aquí
(pausa)
Persona entrevistadora: No lo quieres aquí
Hannah: No, es que, cuando la gente me pregunta qué veo en él, lo único que veo es… ni siquiera puedo llamarlo papá en ciertas situaciones. Porque me ha hecho muchísimo daño. Y es como, ¿por qué debería?, no tiene ningún… no se merece el papel de padre.
La negociación reside en el hecho de que Hannah tiene que gestionar las expectativas de otras personas sobre la relación mientras se orienta hacia la distancia. Al apartar narrativamente a su padre de su posición de «papá», Hannah parece facilitarse un poco sacarlo de su vida. Al examinar críticamente lo que es y lo que no es ser madre o padre, puede justificar esta elección ante sí misma y ante los demás. Destaca el hecho de que su padre le ha hecho daño como la razón principal por la que no cumple los requisitos de lo que un padre «es».
A Farhan le resulta bastante fácil mantener la distancia física con su tío. Dice que «él no quiere verme y yo no quiero verlo. No quiero hablar con él ni nada». Como algunas otras personas participantes, Farhan expresa seguridad en su orientación hacia la distancia. Sin embargo, la mayoría de niñas y niños expresa ambivalencia en su relato. Una razón de esta ambivalencia podría ser, por supuesto, que también sienten amor y afecto por sus familiares. Sin embargo, a continuación se presentan otras dos observaciones sobre la ambivalencia infantil: la ambivalencia de las personas adultas y las ideas del entorno sobre la relación entre progenitores e hijos.
En primer lugar, niñas y niños parecen tener una actitud más ambivalente hacia los familiares a quienes perciben, a su vez, como ambivalentes. En otras palabras, si la persona adulta aparece como imprevisible y como alguien que envía señales contradictorias, por ejemplo mostrando afecto un día pero no al siguiente, también la niña o el niño parece acabar en una situación ambivalente. Vicky, que en la primera entrevista tiene una opinión bastante clara sobre su padre, la matiza en la segunda cuando, como se ha mencionado, deja abierta la posibilidad de tener una relación en el futuro. En una conversación sobre buenas y malas decisiones, dice:
Una decisión que tomé fue cuando dejé de hablar con mi padre y lo bloqueé en todas partes. Porque me harté de que me llamara en mitad de la noche, borracho. Así que lo bloqueé en todas partes, y en aquel momento fue una buena decisión. Pero ahora está «sobrio» [hace el gesto de las comillas], según dice… Así que ahora he abierto, o sea, lo he desbloqueado. O sea, le he dado una segunda oportunidad y eso es algo de lo que estoy orgullosa, de haberme atrevido a darle una segunda oportunidad (pausa). Bueno, no ha salido tan bien, porque no le importa lo suficiente como para ponerse en contacto. Pero ahora tiene la oportunidad de ponerse en contacto… y me hace sentir bien que yo, por lo menos, hice lo que pude.
Vicky parece haber negociado la relación en términos de riesgo y haber decidido que está dispuesta a dar a su padre una segunda oportunidad aunque eso implique el riesgo de volver a sufrir. En su última frase, dice que le hace sentir bien haber hecho lo que pudo. Ahí reside su agencia narrativa, ya que se posiciona como alguien que no está indefensa en la situación. Cuando se le pregunta si volverá a ponerse en contacto con su padre, Vicky dice: «Voy a esperar a ver si se da cuenta de que debería ponerse en contacto. Cuando sienta que su hija es importante». Aquí la ambivalencia es bastante explícita, pero puede entenderse de distintas maneras. Una forma de interpretar el relato de Vicky es que anhela en secreto que su padre se ponga en contacto. Otra sería que es capaz de cuidar de sí misma y, al mismo tiempo, de tener esperanzas para el futuro.
En segundo lugar, la ambivalencia puede oírse en los relatos en los que niñas y niños parecen debatirse con distintos tipos de ideas familiares o sociales sobre cómo «debería» ser una relación entre progenitores e hijos. Algunas de estas personas, como Hannah, describen un contexto familiar en el que se «espera» que cada miembro de la familia esté a la altura de su papel. Cuando Hannah decidió dejar de responder a los mensajes de su padre, sus familiares reaccionaron:
Al principio como que lo entendieron, pero luego vino mi padre y empezó a dar pena. Así que se volvieron a enfadar conmigo. En plan: «¡Eso no se le hace a tu padre, eso no se hace!». Pero no entienden lo que me ha hecho.
Hannah ha decidido que no quiere tener ningún contacto con su padre, pero como a su familia le cuesta aceptar esta decisión, se encuentra en un proceso continuo en el que tiene que defender su decisión y mantenerse firme. Aquí, Hannah se posiciona como bastante vulnerable, ya que está completamente sola frente al enfado de varios familiares. Si no fuera por la resistencia de su familia, quizá no habría ninguna ambivalencia en su discurso. Además, al hablar de las palabras y los actos de su padre, Hannah relaciona su situación con la de otras personas cuando dice: «Me ha hecho muchísimo daño, y eso es algo que a los niños normalmente no les pasa». Con este relato, expresa su conciencia de lo «inusual» de su situación. También alude implícitamente a la idea cultural de cercanía entre progenitores e hijos y afirma que su experiencia se aparta de este ideal. Al narrar así sus experiencias, Hannah señala un tema central en la vida infantil cuando se enfrenta a los problemas de las personas adultas en el contexto familiar: la difícil experiencia de que otras personas les sitúen al margen de las normas socioculturales sobre lo que una familia «es». Aquí se hace patente la ambigüedad de la situación de niñas y niños, es decir, la ambigüedad de tener relaciones familiares con personas adultas que, en mayor o menor medida, pueden carecer de la capacidad de cuidarles, apoyarles y orientarles. Varias de las personas participantes en el presente estudio relatan el difícil equilibrio de distanciarse de su padre o de su madre en un contexto en el que las relaciones entre progenitores e hijos se consideran las más importantes.
El presente estudio muestra que las niñas y niños que viven adversidades familiares necesitan negociar relaciones y experiencias difíciles en términos de cercanía y distancia. Uno de los principales hallazgos del estudio es que quienes describen a sus familiares como personas autoritarias, agresivas, controladoras o desinteresadas son quienes expresan la orientación más fuerte hacia la distancia. Quienes se orientan hacia la distancia, como ilustran Hannah, Farhan y Vicky, hablan a menudo de que no pueden ser como son, de que su libertad está limitada, de que la vida es injusta y de que les cuesta confiar en los demás. En otras palabras, las «narrativas de distancia» de la infancia parecen exigir una reflexión sobre la agencia infantil en relación con los conceptos de poder y de falta de reconocimiento. Cabe sostener que las relaciones de poder familiares tienen implicaciones particulares para niñas y niños que viven adversidades familiares. Su posición en el contexto familiar se caracteriza a menudo por el hecho de que dependen, en mayor o menor medida, de personas adultas que pueden carecer de la capacidad de usar su poder adulto conforme al interés superior del niño o la niña. El poder adopta muchas formas (Johnstone y Boyle, 2018), y el presente estudio sugiere que, cuando las personas adultas usan su poder para coaccionar a la infancia, para atribuir a la niña o al niño el papel de portar el problema o para negarle reconocimiento, niñas y niños pueden afrontar la situación apartándose de ella. Munford y Sanders (2020) se apoyan en Honneth (1995) para describir la experiencia de la falta de reconocimiento como experiencias de desprecio, de falta de amor y de cuidado y de no ver la propia voz escuchada ni valorada. En otras palabras, enfrentarse a actos de falta de reconocimiento parece poner en cuestión el sentido más fundamental del propio valor humano. Así, la aportación central del estudio es la idea de que el ejercicio del poder por parte de las personas adultas se vuelve problemático para la infancia cuando implica la experiencia de no ser reconocida de diversas maneras. Las historias de Hannah, Farhan y Vicky muestran que, sea cual sea el tipo de problemas psicosociales de la persona adulta, el hilo común es un sentido del propio valor humano puesto en cuestión. Cuando la interacción entre la persona adulta y la niña o el niño implica actos de falta de reconocimiento, se vuelve urgente negociar la relación en términos de cercanía y distancia. La narrativa colectiva que surge de este estudio es una historia de respuestas razonables a la falta de reconocimiento.
El presente estudio aporta conocimiento sobre lo que dicen niñas y niños cuando tienen la oportunidad de compartir sus narrativas personales sobre relaciones y experiencias difíciles en el contexto familiar. Esto es pertinente para la práctica del trabajo social, ya que la investigación previa (Archard y Skivenes, 2009) ha mostrado que el trabajo social con la infancia se caracteriza a menudo por una actitud instrumental hacia sus opiniones. Con frecuencia, niñas y niños no participan en el proceso de toma de decisiones. Aunque tal vez se les escuche, sus opiniones se descartan o se ignoran. Archard y Skivenes (2009) subrayan el derecho de la infancia a tener voz por derecho propio. Señalan la importancia de apoyar a niñas y niños para que formen su propia opinión, en lugar de descartarla atribuyéndola a la lealtad hacia sus progenitores o al desconocimiento de otras formas de vivir. El presente estudio invita a profesionales del trabajo social a escuchar con más profundidad qué cuentan niñas y niños, y cómo lo cuentan, sobre sus experiencias de falta de reconocimiento y también sobre sus fortalezas. Las personas adultas que trabajan con la infancia en situaciones vitales difíciles necesitan usar su poder para crear un espacio para esas narrativas. Para ello, es imprescindible entender a niñas y niños como sujetos de conocimiento (Heimer et al., 2018). Dado que las narrativas son importantes dispositivos de construcción de sentido (Överlien, 2017), aportan información pertinente sobre la situación y las perspectivas de la infancia. Cuando profesionales del trabajo social escuchan las narrativas personales de niñas y niños, obtienen conocimiento sobre cómo se posicionan y posicionan a los demás en su relato y a través de él. Se trata de información sobre cómo perciben y dan sentido a su propia situación y, por tanto, de información importante sobre sus necesidades.
Överlien (2017: 687) sostiene que «un discurso de victimización deja poco margen para la acción». Aquí cobra relevancia la cuestión de la edad. Es una suposición habitual que las niñas y niños más pequeños carecen, en mayor o menor medida, de la capacidad de reflexionar narrativamente sobre sí mismos y sus experiencias. Sin embargo, quizá se trate más de una cuestión de contexto de apoyo que de edad. El presente estudio sugiere que también la primera infancia se beneficiaría de recibir apoyo en un contexto que la anime a encontrar su voz y que le ofrezca oportunidades reales de explorar sus opiniones y experiencias. Un apoyo social basado en una comprensión de niñas y niños como actores sociales que construyen sentido, aun en situaciones vitales difíciles, podría ayudarles en su búsqueda de comprensiones alternativas de su situación y sus necesidades. El presente estudio sugiere que este tipo de apoyo social debería ofrecerse antes, tanto en lo que respecta a la edad como a la situación vital.
La fortaleza del estudio reside en que se basa en entrevistas repetidas con un número relativamente elevado de niñas y niños. Centrarse en las experiencias infantiles, más que en las categorías de problemas de las personas adultas, también puede considerarse una fortaleza, ya que pone de relieve la perspectiva de la infancia. Sin embargo, el hecho de que todas las personas participantes estuvieran recibiendo ya apoyo profesional influye en los relatos contados. Esto, a su vez, tiene implicaciones para la transferibilidad del estudio. Las niñas y niños que no tienen relación con el sistema de protección infantil ni con organizaciones de apoyo pueden dar otro sentido a su situación, y su agencia bien puede expresarse de otras formas. En otras palabras, las oportunidades de controlar la propia vida de la manera bastante explícita que describe el presente estudio dependen del contexto. Dicho esto, los hallazgos del estudio deberían ser pertinentes tanto para niñas y niños en situaciones similares como para profesionales del trabajo social, ya que ofrecen un marco para comprender la agencia narrativa infantil en relación con el poder de las personas adultas.
El estudio ha explorado la agencia de niñas y niños que viven adversidades familiares, centrándose específicamente en el elemento de negociación presente en sus narrativas personales. Se planteó la pregunta: ¿qué hacen niñas y niños, en su relato y a través de él, cuando negocian relaciones y experiencias familiares difíciles para afrontar su situación? El hallazgo principal es que necesitan negociar relaciones y experiencias difíciles en términos de cercanía y distancia cuando la interacción implica actos de falta de reconocimiento. Esto se manifiesta en su práctica de reposicionarse y reposicionar a los demás en sus narrativas personales. La negociación de la cercanía y la distancia por parte de niñas y niños puede funcionar como un medio para adquirir poder sobre lo que quizá sea lo único que se puede controlar en una situación vital difícil: la propia narrativa personal.
Complexe Systémique: lo esencial
Para la práctica sistémica, el artículo desplaza la mirada: el distanciamiento de una niña o un niño respecto de su padre o su madre no se lee como síntoma de una lealtad rota ni como alienación, sino como una respuesta razonable a la falta de reconocimiento. Hannah, que deja de contestar los mensajes; Vicky, que llama a su padre por su nombre de pila; Farhan, que se cuenta como superviviente: en cada caso, se reposiciona a la persona adulta para poder reposicionarse, y el relato se convierte en el único territorio que sigue bajo su control. El estudio muestra también el peso del sistema más amplio: los familiares que le recuerdan a Hannah que «eso no se le hace a tu padre» producen parte de su ambivalencia. Para profesionales, la tarea consiste en escuchar estos relatos sin instrumentalizarlos, sin verlos de entrada como una lealtad que corregir o una voz que proteger, y en abrir, antes y también para la primera infancia, espacios en los que explorar su propia versión. Límites: participantes que ya reciben apoyo de ONG, tres relatos en primer plano, fragmentos traducidos y editados. Para leer junto con el estudio sobre la gestión de la revelación en los relatos infantiles de violencia doméstica y el análisis del posicionamiento infantil en una atmósfera de secreto en terapia familiar.
Notas del original
1 A lo largo del artículo se utiliza la expresión «niñas y niños» (en lugar de «niñas, niños y jóvenes») para resaltar la posición social de las personas participantes como «niñas y niños» en relación con la posición social de las «personas adultas».
Agradecimientos. Quisiera dar sinceramente las gracias a las niñas y niños que participaron en el estudio.
Aprobación ética. El proyecto se llevó a cabo de acuerdo con los principios éticos recomendados para las ciencias sociales en Suecia, con la aprobación de la Autoridad Sueca de Revisión Ética, n.º 2019-02088.
Declaración de conflicto de intereses. La autoría declaró no tener ningún posible conflicto de intereses en relación con la investigación, la autoría o la publicación de este artículo.
Financiación. La autoría no recibió apoyo financiero para la investigación, la autoría o la publicación de este artículo.
Referencias
Aadnanes M, Gulbrandsen LM (2018) Meaning-making, conceptualizations, and dealing with violence. Qualitative Social Work 17(4): 594-610.
Alanen L (2009) Generational order. In: Qvortrup J, Corsaro WA, Honig MS (eds), The Palgrave Handbook of Childhood Studies. Basingstoke: Palgrave Macmillan, pp. 159–173.
Archard D, Skivenes M (2009) Hearing the child. Child and Family Social Work 14(4): 391–399.
Atkinson P, Delamont S (2006) Rescuing narrative from qualitative research. Narrative Inquiry 16(1): 164–172.
Bamberg M (1997) Positioning between structure and performance. Journal of Narrative and Life History 7(1–4): 335–342.
Corsaro WA (2015) The Sociology of Childhood. Los Angeles: Sage.
Dam K, Hall EOC (2016) Navigating in an unpredictable daily life: a metasynthesis on children’s experiences living with a parent with severe mental illness. Scandinavian Journal of Caring Science 30(3): 442–457.
Deppermann A (2015) Positioning. In: De Fina A, Georgakopoulou A (eds), The Handbook of Narrative Analysis. Malden, MA: John Wiley and Sons, pp. 369–387.
Fjone HH, Ytterhus B, Almvik A (2009) How children with parents suffering from mental health distress search for ‘normality’ and avoid stigma: To be or not to be…is not the question. Childhood 16(4): 461–477.
Heimer M, Näsman E, Palme J (2018) Vulnerable children’s rights to participation, protection and provision: the process of defining the problem in Swedish child and family welfare. Child and Family Social Work 23(2): 316–323.
Hill L (2015) Don’t make us talk!’: listening to and learning from children and young people living with parental alcohol problems. Children and Society 29(5): 344–354.
Honneth A (1995) The Struggle for Recognition: The Moral Grammar of Social Conflicts. Cambridge: Polity Press.
Hughes K, Bellis MA, Hardcastle KA, et al. (2017) The effect of multiple adverse childhood experiences on health: a systematic review and meta-analysis. The Lancet Public Health 2(8): 356–366.
Hydén M (2014) The teller-focused interview: interviewing as a relational practice. Qualitative Social Work 13(6): 795–812.
Johnstone L, Boyle M (2018) The power threat meaning framework: an alternative nondiagnostic conceptual system. Journal of Humanistic Psychology. Available at: https://doi.org/10.1177/0022167818793289.
Kearns S (2014) Working reflexively with ethical complexity in narrative research with disadvantaged young people. Qualitative Social Work 13(4): 502–521.
Knezevic Z (2017) Amoral, im/moral and dis/loyal: children’s moral status in child welfare. Childhood 24(4): 470–484.
Kroll B (2004) Living with an elephant: growing up with parental substance misuse. Child and Family Social Work 9(2): 129–140.
McNamara P (2011) Right-based narrative research with children and young people conducted over time. Qualitative Social Work 12(2): 135–152.
Matthews SH (2007) A window on the ‘new’ sociology of childhood. Sociology Compass 1(1): 322–334.
Mayall B (2000) The sociology of childhood in relation to children’s rights. The International Journal of Children’s Rights 8(3): 243–259.
Munford R, Sanders J (2015) Young people’s search for agency: making sense of their experiences and taking control. Qualitative Social Work 14(5): 616–633.
Munford R, Sanders J (2020) Shame and recognition: Social work practice with vulnerable young people. Child and Family Social Work 25(1): 53–61.
Nesmith A, Ruhland E (2008) Children of incarcerated parents: challenges and resiliency, in their own words. Children and Youth Services Review 30(10): 1119–1130.
Näsman E, Alexanderson K, Fernqvist S, et al. (2015) Att se barn som anhöriga. In: Järkestig-Berggren U, Magnusson L, Hanson E (eds), Att Se Barn Som Anhöriga – Om Relationer, Interventioner Och Omsorgsansvar [To View Children as Next of Kin – on Relationships, Interventions and Care Responsibilities]. NKA: Barn som anhöriga, 2015(6), pp. 21–40.
Prout A, James A (2015) A new paradigm for the sociology of childhood? Provenance, promise and problems. In: James A, Prout A (eds), Constructing and Reconstructing Childhood. Contemporary Issues in the Sociological Study of Childhood. 3 rev ed. London: Routledge, pp. 6–28.
Reissman CK (2008) Narrative Methods for the Human Sciences. London: Sage.
Smith KM (2014) The Government of Childhood: Discourse, Power and Subjectivity. Basingstoke: Palgrave Macmillan.
Spratt T (2012) Why multiples matter: reconceptualising the population referred to child and family social workers. British Journal of Social Work 42(8): 1574–1591.
Squire C, Davis M, Esin C, et al. (2014) What Is Narrative Research?. London: Bloomsbury Academic.
Tinnfält A, Eriksson C, Brunnberg E (2011) Adolescent children of alcoholics on disclosure, support, and assessment of trustworthy adults. Child and Adolescent Social Work Journal 28(2): 133–151
Trondsen M (2012) Living with a mentally ill parent: exploring adolescents’ experiences and perspectives. Qualitative Health Research 22(2): 174–188.
van Bijleveld GG, Dedding CWM, Bunders-Aelen JFG (2015) Children’s and young people’s participation within child welfare and child protection services: a state-of-the-art review. Child and Family Social Work 20(2): 129–138.
Överlien C (2017) ‘Do you want to do some arm wrestling?’: Children’s strategies when experiencing domestic violence and the meaning of age. Child and Family Social Work 22(2): 680–688.
Traducción no oficial al español de Children’s agency when experiencing family-related adversities: The negotiation of closeness and distance in children’s personal narratives, de Stina Michelson, Qualitative Social Work, vol. 22, n.o 2, pp. 286-301 (2023), doi: 10.1177/14733250211066823, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Traducción no oficial del artículo original «Children’s agency when experiencing family-related adversities: The negotiation of closeness and distance in children’s personal narratives», publicado en Qualitative Social Work (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida y maquetada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Michelson, S. (2023). Children’s agency when experiencing family-related adversities: The negotiation of closeness and distance in children’s personal narratives. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/childrens-agency-when-experiencing-family-related-adversities-the-negotiation-of-closeness (Obra original publicada en 2022 en Qualitative Social Work, 22(2), 286-301 (2023); republicada en 2023 por Qualitative Social Work, https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/14733250211066823)
Para saber más