Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Social Sciences · Protección infantil
En Suiza, la apertura de un procedimiento ante la Autoridad de Protección de Menores y Personas Adultas se vive ante todo como una amenaza para la integridad parental. A partir de entrevistas con diez madres y padres, Aline Schoch y Gaëlle Aeby muestran cómo las familias se defienden de esta herida y qué les permite participar: un apoyo rápido, voz en el ritmo del procedimiento, medidas negociadas.
Traducción no oficial al español de Ambivalence in Child Protection Proceedings: Parents’ Views on Their Interactions with Child Protection Authorities, de Aline Schoch y Gaëlle Aeby, publicado en Social Sciences (MDPI) (2022), doi: 10.3390/socsci11080329, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las declaraciones finales del artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Generar confianza, reconocer el saber experto de madres y padres y tener en cuenta sus necesidades son claves para restablecer la integridad parental.
Aline Schoch y Gaëlle Aeby
Resumen
La protección infantil es un campo marcado por tensiones y una ambivalencia intrínsecas, ligadas a la intervención del Estado en la esfera familiar y a un doble mandato de ayuda y control. Este artículo se centra en la participación de madres y padres en los procedimientos legales de protección infantil y en la ambivalencia que experimentan en sus interacciones con la Autoridad de Protección de Menores y Personas Adultas de Suiza (CAPA). El objetivo es explorar la mirada de las figuras parentales sobre lo que consideran que obstaculiza o facilita, en sus interacciones con la CAPA, su plena participación en los procedimientos de protección infantil. El artículo se basa en un amplio proyecto de investigación interdisciplinario que incluye casos multiperspectiva recogidos en cuatro cantones de Suiza, y se centra en entrevistas en profundidad con diez madres y padres biológicos. Los resultados muestran que la ambivalencia es inherente a las interacciones entre las familias y la CAPA, puesto que la mera apertura de un procedimiento de protección infantil se vive como una amenaza para la integridad de las figuras parentales. Generar confianza, reconocer su saber experto y tener en cuenta sus necesidades son claves para restablecer la integridad parental, que parece ser un requisito previo fundamental para reducir la ambivalencia y favorecer la participación en los procedimientos de protección infantil.
Palabras clave: protección infantil, madres y padres, ambivalencia, reconocimiento, participación, integridad
Durante mucho tiempo, el campo de la protección infantil consideró las prácticas y políticas de protección como respuestas directas al maltrato y la negligencia hacia la infancia, pero recientemente se ha ido alejando de esta visión, al reconocer que dichas prácticas y políticas tienen sus propias dinámicas y determinaciones (Parton 2022), que pueden producir tensiones y ambivalencia intrínsecas a distintos niveles. Estas tensiones fundamentales se producen porque las autoridades de protección infantil tienen un doble mandato aparentemente contradictorio de ayuda y control (Böhnisch and Lösch 1973; Featherstone et al. 2014; Mitchell 2022) o, dicho de otro modo, de ayuda e intervención. Esto significa que las autoridades tienen el deber de intervenir en las familias recurriendo a medidas potencialmente coercitivas y restringiendo los derechos parentales para proteger a niñas y niños del maltrato y la negligencia y garantizar su bienestar. Numerosos estudios indican que implicar a las familias en los procedimientos de protección infantil da lugar a experiencias y emociones ambivalentes, aunque diferenciadas, tanto en las figuras parentales como en niñas y niños. Las intervenciones de protección infantil pueden llevar a experimentar sentimientos negativos como miedo, vergüenza, estigma, impotencia, falta de respeto o ira, así como sentimientos positivos (Bekaert et al. 2021; Cossar et al. 2016; Dale 2004; Dillon et al. 2016; Dumbrill 2006; Featherstone et al. 2014; Gibson 2019; Petersen 2018; Wolff et al. 2016; Quick and Scott 2019). Aspectos positivos como la confianza, el diálogo, el apoyo y el respeto son dimensiones relacionales de gran importancia para favorecer experiencias positivas, como indica la literatura disponible (Arbeiter and Toros 2017; Bekaert et al. 2021; Dumbrill 2006; Featherstone et al. 2014; Gallagher et al. 2012; Husby et al. 2018; Höjer 2011; Rüegger et al. 2021). Se ha demostrado que las experiencias positivas ayudan a implicar a las familias, lo cual es fundamental para obtener resultados positivos en las intervenciones de protección infantil (Gibson 2019; Arbeiter and Toros 2017). Además, los sentimientos ambivalentes de madres y padres son comprensibles, ya que la intervención del Estado en la esfera familiar privada se produce en un contexto de dificultades familiares preexistentes y puede tener un impacto biográfico importante, imprevisible y duradero en la vida de cada miembro de la familia.
En este contexto complejo, las autoridades de protección infantil deben garantizar el derecho a participar de las personas afectadas, tanto de las figuras parentales como de niñas y niños. Healy y Darlington (2009, p. 420) problematizan la noción de participación como «trabajar con» la persona usuaria y, al mismo tiempo, la exigencia de que el personal de protección infantil ejerza, cuando sea necesario, un poder contrario a los deseos de esa persona. Esto ilustra que las familias se encuentran en una posición (decisional) de menor poder que el personal profesional de la protección infantil (Featherstone et al. 2014). De ahí surge un conflicto cuando se entiende la participación como un proceso deliberativo (Habermas 1981) y se afirma que solo pueden tomarse decisiones legítimas deliberando de igual a igual con las personas afectadas (Willumsen and Skivenes 2005). La tensión estructural entre la participación y un contexto de posible coerción es inherente a la protección infantil legal y plantea enormes retos. Healy y Darlington (2009, pp. 421–22) constataron que las tensiones inherentes a los casos de protección infantil tienen su raíz en los múltiples roles y estatus de madres y padres, «como personas que cuidan, como ciudadanía titular de derechos y como sujetos de acusaciones de puesta en peligro de la infancia». Como argumentaremos, la sociología de la ambivalencia retoma la cuestión de los roles y ofrece explicaciones esclarecedoras para comprender la ambivalencia inscrita en las interacciones de los procedimientos de protección infantil. El concepto de ambivalencia sociológica ha sido utilizado en el ámbito de las relaciones familiares, en particular en el estudio de las relaciones y los roles intergeneracionales (Aeby et al. 2021; Connidis 2015; Connidis and McMullin 2002; Lüscher 2002; Lüscher and Pillemer 1998; Hillcoat-Nallétamby and Phillips 2011; Rappoport and Lowenstein 2007; Willson et al. 2003), pero no se ha aplicado al campo de la protección infantil (con la notable excepción de un estudio reciente sobre el acogimiento familiar de Järvinen y Luckow (2020)). Aunque la investigación ha señalado la ambivalencia y las tensiones organizativas presentes en el campo de la protección infantil, las ha explicado principalmente mediante conceptos de la teoría de la burocracia de ventanilla (street-level bureaucracy) de Lipsky (1980) (Koch et al. 2019). Por útil que esto resulte, en particular para comprender la mirada de el personal profesional, el concepto de ambivalencia aporta una perspectiva complementaria y necesaria cuando se consideran las interacciones reales entre actores (las figuras parentales) y su inscripción en un contexto social más amplio (con raíz en la teoría de las figuraciones de Norbert Elias (1983); véase también Hillcoat-Nallétamby and Phillips 2011).
Este artículo se centra en las madres y los padres y en su perspectiva, ya que se sabe poco sobre cómo viven sus interacciones reales con las autoridades suizas de protección infantil (Biesel et al. 2017; Schoch et al. 2020). En primer lugar describimos brevemente el contexto suizo y, a continuación, examinamos el concepto de ambivalencia y su aplicabilidad al campo de la protección infantil. Tras precisar nuestro enfoque metodológico, presentamos los resultados de nuestro análisis de datos cualitativos y exploramos los sentimientos ambivalentes de las figuras parentales implicadas en procedimientos legales de protección infantil, así como sus estrategias para interactuar con las autoridades. Por último, analizamos qué interacciones consideran que facilitan u obstaculizan su participación en los procedimientos.
En Suiza, la Autoridad de Protección de Menores y Personas Adultas (CAPA) es un órgano decisorio de carácter cuasijudicial que interviene ante las notificaciones de puesta en peligro presentadas por sospecha de maltrato o negligencia hacia un niño o una niña. La CAPA se encarga de conducir los procedimientos de protección infantil, lo que implica evaluar el bienestar del niño o de la niña (o encargar esa evaluación a un servicio social), reunirse con las personas afectadas en audiencias formales y adoptar decisiones legales de protección infantil con arreglo al derecho civil federal suizo (Schnurr 2017; Schoch et al. 2020). Conforme al sistema federal suizo, la organización de la CAPA, así como la de todos los demás servicios de apoyo a la protección infantil, es competencia de los cantones. Así, el sistema suizo de protección infantil se asemeja más bien a un mosaico de 26 regímenes cantonales (Jud and Knüsel 2019; Schnurr 2017). En general, durante los procedimientos de protección infantil, la CAPA sigue el principio de la ausencia de culpa, centrándose en el bienestar del niño o de la niña. Al elegir una medida de protección, la CAPA debe tener en cuenta los principios de proporcionalidad (la menor intervención posible, pero tanta como sea necesaria para garantizar el bienestar del niño o de la niña), complementariedad (complementar la acción de madres y padres, sin asumir responsabilidades que puedan cumplir por sí mismos) y subsidiariedad (asumir las tareas que las figuras parentales no realizan para garantizar el bienestar del niño o de la niña) (Fassbind 2016; Schnurr 2017).
Sin embargo, es fundamental señalar que, según el Código Civil suizo, la Autoridad de Protección de Menores y Personas Adultas solo está facultada para ordenar medidas de protección infantil, y por tanto para intervenir en la familia, si las figuras parentales no pueden o no quieren resolver las situaciones de puesta en peligro detectadas. Al margen de la protección infantil legal, organismos sociales como los servicios sociales generales o los servicios de infancia ofrecen asesoramiento o facilitan el acceso a servicios de apoyo no obligatorios para las familias y la infancia. A menudo se habla de la parte «voluntaria» del sistema de protección infantil en Suiza. Estos servicios (al igual que, por ejemplo, las escuelas o cualquier particular) pueden presentar una notificación de puesta en peligro si el bienestar del niño o de la niña parece estar en riesgo (Rosch and Hauri 2016). Así, la implicación «voluntaria» de una familia con servicios de apoyo puede convertirse en un procedimiento legal (involuntario) de protección infantil conducido por la CAPA. Para las madres y los padres, los límites entre estos dos tipos de servicios de protección infantil suelen parecer bastante difusos (Koch et al. 2019; Koch and Schoch 2022; Schnurr 2017).
La ambivalencia puede definirse como la coexistencia duradera de dimensiones positivas y negativas dentro de una misma relación (Lüscher 2002). Connidis y McMullin (2002) conceptualizaron la ambivalencia como contradicciones socialmente estructuradas que se manifiestan en la interacción. Así, la sociología de la ambivalencia se centra en la ambivalencia que una persona puede experimentar en las interacciones sociales, y no en la ambivalencia intrapersonal que puede sentir en un sentido psicológico. La ambivalencia sociológica surge de «expectativas normativas incompatibles en cuanto a actitudes, creencias y comportamientos asignados a un estatus» y, además, «remite a tendencias normativas opuestas en la definición social de un rol» (Merton and Barber 1976, pp. 10, 12). Normas y contranormas potencialmente en conflicto están integradas en la definición social de un rol y delimitan el abanico de comportamientos normativamente aceptables para cumplir distintas funciones (Merton and Barber 1976, pp. 17–19). Por ejemplo, el rol de médico requiere una «oscilación de comportamientos: entre el distanciamiento [afectivo] y la compasión, entre la disciplina y la permisividad, entre el trato personal y el impersonal» (Merton and Barber 1976, p. 8). En consecuencia, la ambivalencia es inherente a todo rol y puede entenderse como un «conflicto en situaciones pautadas y en la estructura social» (Merton and Barber 1976, p. 19). Por tanto, la relación entre «profesionales» y la llamada «clientela» —como la que existe entre una médica o un médico y su paciente— también debe entenderse como estructuralmente ambivalente (Merton and Barber 1976, p. 19).
Existen también fuentes externas y estructurales de ambivalencia respecto a un rol. Lo más importante para el campo de la protección infantil es el contexto social de la interacción entre clientela y profesionales, caracterizado por un desequilibrio de poder a favor de estos últimos: los miembros de la Autoridad de Protección de Menores y Personas Adultas (CAPA), que tienen el poder de decisión y disponen de conocimientos especializados sobre el bienestar infantil. La clientela está formada aquí por madres y padres que sienten que, a ojos de la autoridad, están fracasando (Quick and Scott 2019, p. 486) y de quienes se sospecha que tienen problemas y necesitan apoyo. La relación entre familias y profesionales se caracteriza, por tanto, por una ansiedad de base en las figuras parentales, arraigada en la incertidumbre sobre «cómo están realmente las cosas» y cuál será el desenlace (Merton and Barber 1976, p. 23). Esto se aplica muy bien al contexto de los procedimientos de protección infantil, en los que pueden decidirse medidas coercitivas si el personal profesional las considera necesarias para garantizar o restablecer el bienestar del niño o de la niña. Además, las figuras parentales pueden esperar ser tranquilizadas y ayudadas gracias a los «conocimientos especializados» del personal profesional (Merton and Barber 1976, pp. 27–28). La autoridad o el poder del personal profesional puede reforzar la ansiedad parental, porque sus conocimientos especializados crean una dependencia respecto a él para resolver el problema. Un buen ejemplo serían los conocimientos especializados de la autoridad sobre las distintas medidas y sobre las ofertas de apoyo existentes en la región, que las familias difícilmente conocen. Algunas personas sienten además vergüenza por su incapacidad de resolver sus problemas por sí mismas y por necesitar ayuda profesional. Los sentimientos ambivalentes de madres y padres se ven alimentados también por el hecho de que, a diferencia de la clientela de un comercio, normalmente no pueden abandonar con facilidad la relación con el personal profesional. Por consiguiente, en el caso de los procedimientos legales de protección infantil, en los que la cooperación entre la familia y la autoridad es obligatoria y pueden adoptarse medidas de protección coercitivas, los sentimientos ambivalentes pueden aumentar todavía más. Además, la relación va acompañada del temor de las figuras parentales a no estar a la altura de lo que el personal profesional espera de su manera de actuar. Pueden sentirse frustradas u hostiles hacia el personal profesional, ya que este puede exigirles que abandonen hábitos y prácticas o pedirles que revelen información privada sobre actos potencialmente vergonzosos. Ello puede dañar su autoestima. La autoridad del personal profesional puede, por tanto, generar en las figuras parentales sentimientos ambivalentes que oscilan entre el respeto, la admiración, el amor y el miedo, el odio y el desprecio (Merton and Barber 1976, pp. 19–28).
Las cuestiones de poder son, en efecto, cruciales para comprender las tensiones y la ambivalencia que surgen de las interacciones. Incluso en una posición estructuralmente más débil, madres, padres, niñas y niños deben entenderse como actores sociales activos, cuya capacidad de acción depende de características variables, facilitadoras o restrictivas, de las estructuras sociales (Duncan 2019; Raithelhuber and Schröer 2018; Schoch et al. 2020). En palabras de Connidis y McMullin (2002, p. 558): «La ambivalencia es un concepto especialmente útil cuando se inscribe en un marco teórico que concibe la estructura social como relaciones sociales estructuradas, y a las personas como actores que ejercen su capacidad de acción al negociar relaciones dentro de las limitaciones de la estructura social».
Este aspecto relacional remite a la teoría del reconocimiento de Honneth (1995), con sus tres ejes de reconocimiento, y puede aplicarse a la relación entre profesionales y figuras parentales en el contexto de los procedimientos de protección infantil, como se mostró en un artículo anterior (Schoch et al. 2020). (1) El eje del amor está vinculado a experiencias de amor en las relaciones cercanas, como entre miembros de una pareja, de una familia o entre amistades, que generan confianza en sí. Las experiencias de violencia serían un signo de falta de reconocimiento en este eje y remiten a interacciones en las que las personas muestran una falta de empatía genuina y de consideración por los sentimientos de otra persona. (2) El reconocimiento en el eje de los derechos se realiza si las personas tienen derechos y reciben un trato igualitario, lo que es fuente de respeto de sí. Si se excluye a una persona de ciertos derechos, este eje del reconocimiento no se respeta. Desde esta perspectiva, los derechos deben garantizarse activamente a todas las personas afectadas durante los procedimientos de protección infantil. (3) El reconocimiento en el eje de la solidaridad puede experimentarse si se respetan las opiniones, los roles, el estatus, las actitudes o las competencias de otras personas. Esto refuerza su autoestima. Lo contrario del reconocimiento en forma de solidaridad se vive en forma de vergüenza, denigración o pérdida del honor. Esto se relaciona con reconocer los distintos roles, el saber experto y las opiniones divergentes de madres y padres, aunque puedan ser necesarias medidas de protección infantil. Las experiencias de desprecio en estos ejes del reconocimiento pueden conducir a la resistencia social, al conflicto y a la lucha por el reconocimiento de las personas de un modo que restablezca la dignidad perdida.
La teoría del reconocimiento puede ser un enfoque inspirador para definir y establecer la integridad en las interacciones sociales. La integridad puede definirse en general como un estado de solidez física y psicológica, así como la oportunidad y la capacidad de alcanzar las metas que cada persona se fija (Becker-Lenz and Müller-Hermann 2013, p. 212). Por tanto, si en los procedimientos de protección infantil las figuras parentales o la infancia sufren desprecio en lo que respecta al reconocimiento social de alguna de las formas mencionadas, por ejemplo violencia psicológica, falta de respeto por sus derechos o sus roles o un sentimiento de vergüenza, puede considerarse una vulneración de su integridad. Además, no sentir que se le escucha debidamente o encontrar falta de empatía al expresar una opinión restringe la capacidad de una persona para definir o alcanzar sus propias metas y, por tanto, merma su integridad. En consecuencia, proponemos articular la sociología de la ambivalencia, la teoría del reconocimiento y el concepto de integridad para analizar la perspectiva de madres y padres sobre sus interacciones con las autoridades de protección infantil.
Nuestros datos proceden de un proyecto de investigación interdisciplinario titulado «Integridad, autonomía y participación: ¿cómo viven niñas, niños, madres y padres los procedimientos de las Autoridades de Protección de Menores y Personas Adultas?». El estudio empírico constaba de tres partes: una parte cualitativa con observación participante de audiencias realizadas por la CAPA en 2019 (1a) y entrevistas multiperspectiva basadas en casos en 2019 y 2020 (1b), una encuesta cuantitativa en línea en 2021 y 2022 (2) y grupos focales en 2022 (3). Para este artículo utilizamos únicamente los datos de la parte 1b (entrevistas). Nuestro método de recogida de datos se basó en el método de trabajo de casos multiperspectiva, muy conocido en el trabajo social (Müller 2017). Implica integrar todas las perspectivas, a saber, las de madres y padres, niñas y niños y miembros de la CAPA, para contextualizar y conectar las experiencias subjetivas. Las entrevistas semiestructuradas fueron realizadas por personal investigador con experiencia y con formación especializada en el trabajo con poblaciones traumatizadas (Gorin et al. 2008, p. 280). El reclutamiento se llevó a cabo en colaboración con dos CAPA situadas en la región germanófona de Suiza y dos CAPA situadas en la región francófona.
En el estudio se recogieron datos de diez casos, que incluían como mínimo la perspectiva de un miembro de la CAPA y la de un miembro de la familia, ya fuera una figura parental o un niño o niña (1b). Las dos condiciones de inclusión eran que ya se hubiera tomado una decisión, para no interferir en el proceso decisorio, y que la última decisión (ya que a menudo hay varias decisiones a lo largo del tiempo) se hubiera tomado en el año anterior, para evitar sesgos de memoria y permitir a las personas participantes reflexionar sobre el conjunto del proceso. No obstante, este artículo se basa en un subconjunto de siete casos, ya que tres casos no incluían la perspectiva parental (véase la tabla 1).
Tabla 1 — Resumen de la muestra de datos.
En dos casos, las figuras parentales ya no formaban parte de la vida de sus hijos e hijas (un niño o niña con el padre fallecido y la madre en el extranjero; un niño o niña abandonado con un familiar que se convirtió en su familia de acogida). En el tercer caso no pudimos organizar una entrevista con las figuras parentales debido al inicio de la pandemia de COVID-19. A partir de estos siete casos obtuvimos un total de nueve entrevistas con diez madres y padres biológicos (seis madres y cuatro padres). El mayor número de participantes mujeres refleja la atención centrada en las madres en la protección infantil (Brandon et al. 2019). Nos centramos en familias con situaciones de puesta en peligro distintas de los meros conflictos sobre el régimen de visitas. La muestra no incluye ningún caso de abuso sexual. El método de reclutamiento a través de la CAPA probablemente ha provocado un sesgo de selección hacia los casos más sencillos. En efecto, es probable que las familias percibidas como poco cooperativas o muy insatisfechas tuvieran menos probabilidades de ser invitadas y menos disposición a participar en nuestro estudio. El hecho de que la notificación de puesta en peligro proceda principalmente de las propias figuras parentales parece respaldar esta hipótesis de sesgo de selección. De hecho, en todos los casos salvo uno, las madres y los padres relataron haber acudido por iniciativa propia a la CAPA para recibir apoyo en situaciones familiares conflictivas, incluso cuando esto ocurría en paralelo a una notificación de una tercera parte (tres casos). Solo en un caso (C3) la notificación procedió exclusivamente de una tercera parte. Sin embargo, incluso en los casos de autonotificación suele haber una persona profesional implicada que conoce la situación familiar y aconseja a la familia dar ese paso (por ejemplo, una maestra o un maestro en el C7). Por tanto, es probable que no todas las figuras parentales estuvieran intrínsecamente motivadas para acudir voluntariamente a la CAPA, sino más bien motivadas por la amenaza de que terceras personas pudieran hacerlo en su lugar (Koch and Schoch 2022). Todas las entrevistas se grabaron y transcribieron literalmente, salvo una, en la que se tomaron notas porque la madre o el padre entrevistado rechazó la grabación.
El diseño de estudio de casos multiperspectiva utilizado en este estudio está adaptado de un enfoque de análisis de casos graves o mortales de protección infantil conocido como laboratorio de casos dialógico-sistémico (Biesel and Wolff 2013). Analizamos los datos de las entrevistas en un proceso en dos pasos: primero se aplicó un enfoque reconstructivo, basado en el procedimiento integrativo de análisis reconstructivo (Kruse et al. 2011), a dos casos completos y a todas las personas entrevistadas en ellos (niñas y niños, madres y padres y miembros de la CAPA). En este primer paso analítico reconstruimos el sentido del caso concreto e identificamos los patrones y temas recurrentes relatados por las figuras parentales. Sobre la base de este conocimiento, el segundo paso analítico consistió en realizar un análisis de inspiración temática (Braun and Clarke 2006) en todos los casos. El análisis temático tiene por objeto identificar en los datos temas o patrones importantes en relación con la pregunta de investigación. Como estrategia de encuadre, con una perspectiva teóricamente informada pero abierta (Braun and Clarke 2006), nos centramos en los patrones recurrentes de las interacciones entre las figuras parentales y los miembros de la CAPA en los que las personas entrevistadas relataban haber vivido una participación obstaculizada o facilitada durante los procedimientos de protección infantil (un enfoque deductivo abierto). Con esta estrategia de análisis pudimos mantenernos cerca de los datos y detectar temas guiados por su definición de «relevancia clave» (keyness) (Braun and Clarke 2006, p. 82).
La mayoría de las figuras parentales no tenían claro si su decisión de presentar una notificación de puesta en peligro respondía a una motivación intrínseca o si era extrínseca, debida a la amenaza de que otras personas pudieran hacerlo en su lugar. Esto apunta a la primera ambivalencia estructural de ayuda y control en este campo: en cuanto la CAPA recibe una notificación de puesta en peligro (presentada por una figura parental o por una tercera parte, como la escuela, un servicio social o un particular), madres y padres están legalmente obligados a cooperar en la evaluación y, si es necesario, a aceptar medidas de protección infantil.
Las figuras parentales entrevistadas interpretan en primer lugar la intervención de la CAPA como señal de que, en general, deben de haber perdido el «control» (C2) de la situación o de que algo «iba realmente mal» (C5) en el sistema familiar. Algunas mencionan lo difícil que es perder el control y la influencia sobre la situación, y que pasaron por un proceso interno de reconocer que no eran capaces de apoyar lo suficiente a sus hijos e hijas, admitiendo que se sentían incapaces de resolver sus dificultades por sí mismas y que necesitaban apoyo. En este contexto de escalada, la CAPA solía verse como una solución de último recurso, «la última oportunidad» (C5) para evitar una colocación fuera del hogar (en el caso de una solicitud voluntaria), o como un callejón sin salida (cuando la notificación procedía de una tercera parte).
Aunque las propias figuras parentales relatan que en ciertos momentos se alegraron de la intervención de la CAPA, su contacto estuvo acompañado sin excepción de ambivalencia, con sentimientos que oscilaban a la vez entre lo negativo y lo positivo. Todas ellas relatan —en distinto grado y en distintas etapas— que también se mostraban escépticas, desconfiadas o ansiosas ante la CAPA. Además, no solo relatan haber recibido apoyo, sino también fuertes sentimientos negativos como dudas sobre sí mismas, autorreproches o vergüenza por depender de ayuda externa. Estos temas aparecían a menudo de forma implícita o en una formulación negativa, como se ve en la siguiente cita:
«No se trata de mi orgullo herido: ¿he fracasado como madre? Aunque dos han salido bien y el tercero ahora, eh, se pasa un poco de la raya, eh, sí, si una puede estar por encima de eso, entonces, creo, el contacto con la CAPA es bueno».
(C4)
Una madre menciona explícitamente que la experiencia más dolorosa durante el procedimiento de protección infantil fue sentir que la CAPA la percibía como una mala madre, como una amenaza para su propio hijo (C3). Curiosamente, todas las figuras parentales entrevistadas abordan la cuestión de poder ser sospechosas de ser una figura parental desatenta, dañina o mala. Otra madre describe explícitamente la intervención de la CAPA como «humillante», porque como madre una desea tenerlo todo «bajo control» y quisiera hacer «las cosas bien» (C2). Algunas figuras parentales mencionaron que les resultaba agotador, e incluso humillante, tener que revelar información privada, como sus dificultades familiares, una y otra vez ante distintas personas profesionales durante el procedimiento y, posiblemente, también ante profesionales de los servicios voluntarios consultados antes del procedimiento.
Con independencia del contexto o de las particularidades del caso, todas las figuras parentales entrevistadas mencionan que su rol parental fue puesto en cuestión. Esto se vive como hiriente o vergonzoso, rebaja su autoestima y puede interpretarse como una vulneración de la integridad parental, ya que —en términos de la teoría del reconocimiento— experimentar vergüenza se considera una falta de reconocimiento. Además, indica que la integridad parental podría verse amenazada per se por la mera apertura de un procedimiento de protección infantil.
Parece oportuno mencionar una observación importante, aunque no pueda desarrollarse en profundidad. La amenaza a la propia integridad parece ser aún más grave para las madres, ya que a menudo se las percibe como la «gestora principal del caso», según lo describió una madre (C5). Esto concuerda con investigaciones anteriores sobre la implicación diferenciada de madres y padres en la protección infantil (Brandon et al. 2019; Vogel Campanello et al. 2021; Aeby et al. 2021). Parece que, al centrarse en la madre como destinataria principal, los padres pueden quedar relegados a una posición marginal a lo largo del procedimiento.
Pese a la experiencia de una integridad parental amenazada, y pese a su escepticismo al inicio del procedimiento, la mayoría de las figuras parentales valoran su experiencia con la CAPA, en conjunto, como mayoritariamente positiva. Otras investigaciones informan de una valoración global mucho más negativa del procedimiento (Petersen 2018), como indica también nuestra encuesta cuantitativa. La razón de esta valoración global relativamente positiva en nuestra muestra cualitativa podría deberse al sesgo de selección que explicamos en la sección de materiales y métodos. En efecto, retrospectivamente, las figuras parentales describen las acciones y decisiones de la CAPA como legítimas en conjunto, dada su situación familiar en ese momento, aunque también relatan experiencias negativas como desconfianza o desacuerdos con el personal profesional en ciertas etapas o en ciertas situaciones del procedimiento. Por tanto, sin excepción alguna, las figuras parentales relataron haber vivido sentimientos ambivalentes durante los procedimientos de protección infantil y haber sentido una falta de reconocimiento en el adecuado desempeño de su rol parental.
Las figuras parentales parecen desarrollar estrategias de diferenciación y de desplazamiento narrativo como reacción a la amenaza fundamental que pesa sobre su integridad parental o, dicho de otro modo, a la falta de reconocimiento vivida en su rol parental y al estigma amenazante de ser familias potencialmente fallidas.
La estrategia de diferenciación consiste en evocar situaciones familiares peores, señalando que no pertenecen a la categoría de las clásicas familias «problemáticas» que suelen tener relación con la CAPA, como las figuras parentales que consumen drogas, descuidan la supervisión del niño o de la niña, le pegan, o no saben o no quieren saber nada de su conducta delictiva o de su absentismo escolar. Al adoptar esta estrategia, las figuras parentales toman distancia y se distinguen de otras personas (othering) y restan gravedad a su propio caso. Por ejemplo, una madre explicó que su caso no era tan «catastrófico» como otros, que su casa siempre estaba «limpia» y que a sus hijos e hijas nunca les faltaba «comida en la mesa» (C7). Las estrategias de diferenciación incluyen a menudo que las figuras parentales se presenten como competentes. Por ejemplo, un padre relata que recibieron mucha comprensión de la CAPA por su difícil situación, pero se pregunta si habría sido igual si «hubieran hecho algo mal» o si se hubieran mostrado «reacios» a cumplir sus deberes parentales y, por tanto, se les hubiera podido culpar de las dificultades (C5). En un caso (C1), el padre menciona que la CAPA lo legitimó como buen padre y valoró positivamente el desempeño de su rol parental al decirle que «no era una amenaza» para sus hijos e hijas. Además de una estrategia de diferenciación mediante la cual las figuras parentales se presentan como personas que cumplen bien su rol, algunas califican también explícitamente su encuentro con la CAPA como completamente libre de sentimientos de ser juzgadas negativamente. Cuando se les pide un consejo para otras familias en procedimientos de protección infantil, suelen decir que no hay que temer que la CAPA pretenda «simplemente quitarles al niño» (C5), sino que está deseosa de apoyar y ayudar a la familia a resolver sus problemas; por tanto, tendría sentido cooperar en lugar de oponerse.
En la mayoría de los relatos parentales pudimos identificar una estrategia de desplazamiento narrativo. En un momento dado, los relatos se desplazaban de la figura parental potencialmente fallida hacia el bienestar del niño o de la niña. En la mayoría de las presentaciones de las figuras parentales observamos un discurso de justificación que subrayaba el papel principal y el interés primordial de la CAPA, que es garantizar el bienestar infantil sin centrarse en las carencias de las competencias parentales. «Porque para la CAPA se trata del niño, no se trata de decir que lo has educado mal. Eso no lo hacen» (C5). En todos los casos salvo uno, las figuras parentales presentan a la CAPA como centrada en apoyar a la familia para resolver la situación familiar conflictiva y en su deber de centrarse en la infancia y no en las figuras parentales. Los miembros de la CAPA parecen desplazar a menudo el relato, apartándolo de las figuras parentales y orientándolo hacia el bienestar del niño o de la niña. Este énfasis parece acogerse a menudo con gratitud. Sin embargo, persiste el sentimiento ambivalente de las figuras parentales en cuanto al cuestionamiento del desempeño de su rol parental. Esta estrategia redistribuye además la responsabilidad hacia el niño o la niña: en algunos casos, las figuras parentales describen a su hijo o hija, con sus dificultades y problemas, como una parte del origen de los problemas familiares, como muestra la cita de esta madre:
«Porque en el fondo siempre pensé: soy una buena mamá, lo hago todo bien. Cuido bien de mi hijo. Está ingresado porque sencillamente no es posible de otro modo, por su situación. Con la escuela, con todo el asunto, sencillamente no era aceptable para, para la sociedad».
(C2)
La mayoría de las figuras parentales relatan incertidumbre y ambivalencia en los casos de desacuerdo con la visión de la CAPA, aunque mencionan que existían posibilidades de expresarlo. Esto indica una disputa sobre quién posee el saber especializado acerca del niño o de la niña: las figuras parentales o la CAPA. En conjunto, parece que la conformidad fue una estrategia utilizada con frecuencia, ya que los riesgos de expresar desacuerdo o de oponerse se consideraban demasiado altos. La oposición abierta se ve casi siempre como inútil, puesto que las familias ven claramente que la CAPA ocupa una posición de mayor poder y que no pueden abandonar la relación.
Un caso (C3) se distingue claramente de los demás por la manera en que las figuras parentales interpretan el rol de «buena» figura parental en el contexto de la intervención de la CAPA, en choque con las expectativas de esta. Además, merece destacarse su manera de expresar el desacuerdo o de plegarse a la CAPA. Sirve como ejemplo de los motivos por los que ciertas interacciones se perciben como intrusivas y se viven como una falta de reconocimiento que vulnera la integridad parental.
La situación era la siguiente: el niño de ocho años, con necesidades educativas especiales, fue ingresado en un centro durante dos años con el consentimiento inicial de su madre y su padre, separados. La madre no compartía la evaluación de las necesidades especiales de su hijo realizada por la CAPA y quería que volviera a casa. Por ello se trasladó a otro cantón, pero hubo dificultades para encontrar una oferta escolar adaptada a necesidades educativas especiales. La CAPA, deseosa de garantizar una educación especial al niño, decidió en consecuencia que el niño debía permanecer de forma permanente en un centro, con independencia del consentimiento de la madre y el padre.
El padre percibe a la autoridad de protección infantil como una autoridad incuestionable y está convencido de que no habría podido expresar su desacuerdo con la colocación permanente de su hijo sin que, como consecuencia, se restringieran sus derechos. Argumenta que no se pronunció contra la decisión de la CAPA porque temía que se interpretara como que no quería lo mejor para su hijo y, por tanto, como que no cumplía bien su rol parental. Desde su punto de vista, lo mejor para el niño era necesariamente acatar y hacer lo que dijera la CAPA, en tanto que organización experta. A diferencia del padre, la madre interpretó el desempeño de su rol parental oponiéndose, manifestando su desacuerdo con la autoridad de protección infantil y huyendo con su hijo a su país de origen. A su modo de ver, su huida fue un gesto de cuidado hacia su hijo, una manera de asumir su responsabilidad en su rol de madre. A raíz de la actuación de la madre, cuando poco después regresó a Suiza, la CAPA restringió los derechos parentales de ambos y volvió a ingresar al niño en un centro de forma permanente. Así, la familia vivió a la CAPA como una autoridad que controla, juzga e incluso castiga. Sin embargo, retrospectivamente, tanto la madre como el padre llegaron a considerar la decisión de la CAPA como la mejor solución dadas las circunstancias.
Un tema de fondo que surge en distintos casos es el del saber especializado, tal como lo describen Merton y Barber (1976). Una limitación de su teorización es que la autoridad y la posición de poder del personal profesional se conciben de forma bastante determinista y definen con fuerza la posición de poder inferior de las figuras parentales. Nuestros datos no respaldan una teorización tan determinista. Las interacciones pueden describirse más bien como disputadas, y el término «negociación» refleja mejor la naturaleza de las experiencias parentales, como muestran el caso anterior y el ejemplo siguiente.
Una madre describe sus sentimientos ambivalentes en una «reunión difícil», organizada por la CAPA y a la que asistieron numerosas personas profesionales de la protección infantil implicadas, durante una situación de escalada con su hijo (C2):
«Y el señor Miller [CAPA] se limitó a escuchar y se formó su opinión, y yo no sabía: ¿está de mi lado? ¿Me ha escuchado de verdad? ¿Lo ha entendido? ¿O son solo ellos los que tienen estudios, los que son realmente profesionales? ¿Su opinión cuenta entonces más que la de la mamá que dice “¡Eh, que es mi hijo!”? Se trata de él. Y de mí. Y yo lo conozco mucho mejor que ((risas)) todos ustedes, ahí sentados».
Retrospectivamente, dice que hoy se afirmaría mucho más como madre, con su saber especializado sobre sus hijos e hijas, y no se dejaría impresionar tan fácilmente por personas expertas (es decir, el profesorado) «que se supone que saben más». Los sentimientos ambivalentes de las figuras parentales surgen de la tensión entre percibir a la CAPA y confiar en ella como organización experta con amplia experiencia en protección infantil y en problemas familiares, y percibirse a sí mismas como las expertas en su hijo o hija. Han tenido una relación muy personal y duradera, que de repente queda cuestionada por la intervención y el saber experto de la CAPA. Al mismo tiempo, como se ha expuesto antes, las figuras parentales mencionan cierto grado de dependencia del apoyo y del saber especializado de la CAPA para resolver las dificultades de su familia, pero expresan también dudas sobre el conocimiento que la CAPA tiene de su familia, lo que hace visible una ambivalencia.
Nuestras entrevistas pusieron de relieve tres interacciones clave que las figuras parentales identifican como favorecedoras de su capacidad de acción y de su participación. En primer lugar, se sintieron respaldadas al recibir de la CAPA un apoyo rápido y adecuado cuando lo necesitaban. En segundo lugar, relataron haber sentido que se les concedía cierta autonomía en el procedimiento, por ejemplo cuando podían influir en su desarrollo temporal o, dicho de otro modo, en su ritmo. En tercer lugar, sintieron que podían negociar las medidas con la CAPA. Estas interacciones tienen en común que las figuras parentales se sentían reconocidas y respetadas en su integridad, lo que parece haber reforzado su confianza en la CAPA. Estas experiencias parecían ayudar a restablecer una integridad parental inicialmente amenazada.
Todas las figuras parentales entrevistadas relatan que ganaron confianza en la CAPA cuando recibieron un apoyo rápido y adecuado en situaciones de emergencia. Como se menciona en la cita siguiente, se describió un punto de inflexión en el procedimiento (C2): «Cuando me di cuenta de que puedo hacer una llamada, me escuchan, escuchan mis preocupaciones. También se ocupan [en la CAPA] del resto de la familia, y actúan, y actúan bastante rápido y con mucha competencia». El sentimiento de poder contar con la CAPA para tomar medidas decisivas, y de que esta formaba equipo con la familia, favorece una relación de confianza entre la CAPA y las figuras parentales (por ejemplo, C2, C4, C5). En algunos casos, podía constituir un punto de inflexión en el desarrollo de la confianza hacia la autoridad.
Una importancia particular en el sentimiento de autonomía de las figuras parentales parece estar vinculada a la posibilidad de influir en el desarrollo temporal (el ritmo) del procedimiento (lo que corrobora Petersen 2018). Todas las figuras parentales relataron distintas fases durante el procedimiento: a veces sentían que el procedimiento no avanzaba lo bastante rápido; en otros momentos, sentían que los pasos siguientes llegaban demasiado deprisa para poder adaptarse emocionalmente, sobre todo si se contemplaba una colocación. El caso 7 es un buen ejemplo de una valoración global positiva de la intervención de la CAPA afectada negativamente por un mal momento: esta madre sola tenía dificultades con su hijo adolescente, que había abandonado la escuela. El personal profesional consiguió finalmente encontrar plaza en un centro con escolarización integrada, pero el adolescente tuvo que ingresar de inmediato, lo que obligó a cancelar unas vacaciones familiares largamente esperadas. Como resultado, tanto la madre como el hijo lucharon contra la medida cuando se anunció. Solo retrospectivamente coincidieron ambos en su utilidad. Las figuras parentales que vieron que la CAPA respetaba su necesidad de acelerar o ralentizar el procedimiento se sintieron reconocidas al ser comprendidas en sus necesidades y al recibir un apoyo individualizado y adecuado a su caso (en términos de la teoría del reconocimiento, en los ejes del amor y de la solidaridad). En estas interacciones participativas, las figuras parentales pudieron ganar confianza en la CAPA como interlocutora fiable y útil.
El sentimiento de participar se veía alimentado además por experiencias de estar «implicadas» (Bouma et al. 2018) de manera dialogada, con cierta influencia sobre el procedimiento. Muchas figuras parentales relatan que la CAPA «sugería» medidas o la manera de proceder (por ejemplo, C4, C2), lo que facilita el debate y la negociación e indica que hubo al menos momentos deliberativos en el proceso de decisión. Un padre divorciado (C1) describe cómo «en realidad, la decisión se tomó, digamos, juntos. O sea, juntos con la CAPA». Un debate y una negociación sobre las distintas posibilidades, así como estar informadas del contenido de los informes (C5) o tener la posibilidad de corregir el acta escrita de la audiencia (C1; C2), hicieron sentir a las figuras parentales que tenían cierto poder e influencia sobre el procedimiento.
Para una experiencia positiva, que restaure la integridad, parece esencial que las figuras parentales perciban el proceso como algo en lo que pueden influir y participar: un proceso en el que reciben apoyo, se las toma en serio reconociendo sus necesidades, se les concede cierta autonomía, se las reconoce como expertas en sus hijos e hijas, y sus deseos y puntos de vista se debaten.
Este artículo se basa en las experiencias de madres y padres en sus interacciones con la Autoridad de Protección de Menores y Personas Adultas (CAPA) en Suiza. Explora la mirada retrospectiva de las figuras parentales sobre las interacciones con la CAPA que obstaculizaron o facilitaron su participación durante los procedimientos legales de protección infantil. El campo de la protección infantil se caracteriza por tensiones debidas al doble mandato de ayuda y control/intervención y por el reto que supone la participación parental en un contexto de posible coerción, como señalaron Healy y Darlington (2009). Por ello, las figuras parentales relatan ambivalencia en sus interacciones con la CAPA. La sociología de la ambivalencia atribuye las causas de la ambivalencia a normas en competencia arraigadas en los roles sociales, como los de las figuras parentales o del personal profesional en las interacciones sociales. Nuestros datos muestran que las figuras parentales se muestran escépticas hacia la CAPA (a menudo al principio), en tanto que detentadora del poder, y sienten ansiedad o vergüenza ante la intervención, o dudan de sí mismas por no cumplir adecuadamente el rol de «buena» figura parental (Merton and Barber 1976). En el lenguaje de la teoría del reconocimiento, las figuras parentales no se sienten reconocidas en su rol, ya que experimentar vergüenza puede interpretarse como una vulneración de su integridad. Podríamos decir que su integridad parental queda fundamentalmente amenazada por la mera apertura de un procedimiento de protección infantil. En este contexto, las tensiones y la ambivalencia están en el centro de las interacciones entre las familias y las autoridades, aunque puedan reducirse considerablemente con el tiempo. El desequilibrio de poder entre profesionales y familias contribuye a la ambivalencia y puede generar sentimientos negativos, pero también positivos cuando se debaten y encuentran soluciones para apoyar a figuras parentales en dificultades.
Hemos mostrado distintas estrategias que las figuras parentales utilizan para afrontar esta amenaza a la integridad parental, como las estrategias de diferenciación y de desplazamiento narrativo, así como una oscilación entre la conformidad y la expresión del desacuerdo. Aunque puedan depender hasta cierto punto del saber especializado de la CAPA, también quieren restaurar su integridad siendo reconocidas como expertas en su propio hijo o hija y en su familia. Dado que la mayoría de las figuras parentales se sienten al principio ambivalentes, temerosas ante la intervención de la CAPA y amenazadas en su integridad parental, nuestros resultados sugieren que, con el tiempo y en interacciones concretas, la integridad parental puede restaurarse, lo que permite una participación plena. Por tanto, desde el punto de vista de las figuras parentales, parece crucial restablecer su integridad mediante una relación de confianza con la CAPA en la que experimenten reconocimiento y conserven cierto grado de autonomía, por ejemplo influyendo en el ritmo de avance del procedimiento (como respalda también la investigación de Petersen (Petersen 2018)), siempre que pueda garantizarse el bienestar del niño o de la niña. Por el contrario, si la integridad no se restaura, las figuras parentales experimentan dificultades recurrentes para expresarse, sentirse escuchadas o manifestar desacuerdo, lo que obstaculiza entonces la plena participación.
Desde la perspectiva parental, hemos detectado dos puntos clave para que el procedimiento se viva de forma más participativa y menos coercitiva: actuar como una autoridad fiable y de apoyo, y dar a las figuras parentales la oportunidad de vivir el procedimiento como un proceso deliberativo (Habermas 1981). Estas interacciones, en las que las figuras parentales sienten que la CAPA ejerce de hecho un «poder con» ellas en forma de apoyo, concediéndoles cierta autonomía, favorecen su plena participación, como describe y corrobora también la investigación de Dumbrill (2006). Es una alternativa al uso del poder «sobre ellas» en forma de coerción (Dumbrill 2006). Esto se hace eco de nuestros resultados anteriores, en los que sostenemos que la integridad, la autonomía y la participación están estrechamente interrelacionadas y abogamos por conceptualizarlas como un nexo (Schoch et al. 2020).
Aunque los datos cualitativos de nuestro estudio presentan algunas limitaciones debido al pequeño tamaño de la muestra, los resultados del análisis sugieren una ambivalencia subyacente: las interacciones con la CAPA hacen sentir a las figuras parentales que no estuvieron a la altura de las expectativas de rol en cuanto a una parentalidad adecuada. Para participar plenamente, necesitan que su integridad se restaure mediante interacciones empáticas y de confianza en las que experimenten reconocimiento, a fin de reducir sus sentimientos ambivalentes y estar en condiciones de beneficiarse del apoyo de la CAPA. Con su enfoque teórico en los roles y en las expectativas sociales hacia la persona como titular de un determinado rol, el concepto teórico de ambivalencia complementa la noción estructural de ayuda y control/intervención. Configura también la mirada sobre las asimetrías de poder y aporta explicaciones sobre cómo estas alimentan la ambivalencia de las figuras parentales en sus interacciones con los miembros de la CAPA.
La fuerte atención a la experiencia parental en este artículo responde al llamamiento a reconocer a madres y padres como «personas con necesidades» (Featherstone et al. 2014). Para el personal profesional es un reto garantizar la integridad, la autonomía y la participación de las figuras parentales sin perder de vista el bienestar del niño o de la niña ni dejar de darle voz, y lograr una «práctica humana atenta a la familia» (Featherstone et al. 2014). Un énfasis excesivo en una relación de confianza y en un proceso cooperativo con las figuras parentales puede conllevar el riesgo de pasar por alto situaciones de puesta en peligro y de relegar la perspectiva del niño o de la niña. Precisamente porque las tensiones y la ambivalencia inherentes a los procedimientos de protección infantil siguen siendo irresolubles en cierta medida, es aún más importante reducir la ambivalencia apoyando interacciones que preserven la integridad, permitan la autonomía y garanticen así la participación de todas las personas afectadas.
Complexe Systémique: puntos clave
El artículo plantea una hipótesis valiosa para la práctica: antes de cualquier cuestión de competencia, la apertura de un procedimiento de protección hiere la integridad parental, y la participación solo se vuelve posible una vez reconocida esa herida. Las estrategias descritas —compararse con familias «peores», recentrar el relato en el niño o la niña, acatar en lugar de impugnar— son otras tantas maneras de salvar la cara en una relación de la que no se puede salir; leerlas como resistencia o negación sería un error de puntuación. La ambivalencia no es aquí un defecto de las figuras parentales, sino una propiedad del contexto de ayuda obligada, lo que invita a trabajar la relación antes que el contenido. Destacan tres palancas: un apoyo rápido cuando una crisis se agrava, voz en el ritmo del procedimiento y medidas negociadas en lugar de impuestas. Conviene mantener la prudencia: diez madres y padres reclutados por las propias autoridades, situaciones más bien sencillas a menudo notificadas por las propias familias, y una infancia casi ausente del análisis, un riesgo que el propio equipo reconoce. Para leer junto con el artículo sobre la resistencia parental en las relaciones no voluntarias y el artículo que cuestiona el paradigma de la participación.
Notas del original
Contribuciones de la autoría. Conceptualización, A.S. y G.A.; metodología, A.S. y G.A.; validación, A.S. y G.A.; análisis formal, A.S. y G.A.; investigación, A.S. y G.A.; curación de datos, A.S. y G.A.; redacción del borrador original, A.S. y G.A.; redacción, revisión y edición, A.S. y G.A.; visualización, A.S. y G.A. Ambas autoras han leído y aprobado la versión publicada del manuscrito.
Financiación. Este proyecto de investigación (número de subvención 177445) fue financiado por el Programa Nacional de Investigación «Welfare and Coercion: Past–Present–Future» (PNR 76) de la Swiss National Science Foundation (SNSF).
Declaración del comité de ética institucional. El estudio se realizó de conformidad con las directrices éticas de la Swiss National Science Foundation (SNSF) y fue aprobado por la Swiss National Science Foundation (SNSF).
Declaración de consentimiento informado. Se obtuvo el consentimiento informado de todas las personas que participaron en el estudio.
Agradecimientos. Queremos dar las gracias, en primer lugar, a todas las personas que participaron en esta investigación, en especial a las madres, los padres, las niñas y los niños que aceptaron contribuir con sus historias personales. Agradecemos los útiles comentarios de nuestras colegas Brigitte Müller y Michelle Cottier, así como la revisión lingüística de Margaret Oertig.
Conflictos de intereses. Las autoras declaran no tener ningún conflicto de intereses.
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Traducción no oficial al español de Ambivalence in Child Protection Proceedings: Parents’ Views on Their Interactions with Child Protection Authorities, de Aline Schoch y Gaëlle Aeby, Social Sciences, vol. 11, n.o 8, 329 (2022), doi: 10.3390/socsci11080329, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
El artículo original, «Ambivalence in Child Protection Proceedings: Parents’ Views on Their Interactions with Child Protection Authorities», se publicó en Social Sciences (2022) bajo licencia CC BY 4.0. Esta es una traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Schoch, A., y Aeby, G. (2022). Ambivalence in Child Protection Proceedings: Parents’ Views on Their Interactions with Child Protection Authorities. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/ambivalence-in-child-protection-proceedings-parents-views-on-their-interactions (Obra original publicada en 2022 en Social Sciences, 11(8), 329 (2022); republicada en 2022 por Social Sciences, https://www.mdpi.com/2076-0760/11/8/329)
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